- INTRODUCCIÓN
- Sobre el gran Secreto del ANTIMONIO
- Al Lector
- ÍNDICE DE LOS CAPÍTULOS del primer tratado.
- Del Noble y Muy Docto Señor Alexander von Suchten, Doctor de la verdadera Filosofía y de la Medicina, al bondadoso Lector.
- DE SECRETIS (Sobre los Secretos)
- Sobre el veneno, el calor y el azufre del Mercurio Filosófico; y sobre el vidrio de Antimonio.
- Por qué no se ha transmitido más sobre el Mercurio Filosófico; por qué los quimistas se ven frustrados en su esperanza; sobre los diversos nombres de este magisterio; sobre el instrumento del médico, y sobre la verdadera digestión del Mercurio Filosófico y su estrella señalada.
- De la forma de la luna [plata], del Oro potable o azufre de los Filósofos; y sobre la vida doble del hombre, su alimento; y cómo el médico hace el oro de los médicos a partir de la luna [plata].
- Qué más es necesario que el médico sepa antes de usar el Oro Médico o Azufre Filosófico.
- NOTAS
INTRODUCCIÓN
Algunos datos biográficos.
Proveniente de la prestigiosa familia patricia de Danzig von Zuchta, anteriormente establecida en el Rin. Nacido hacia 1520 en Danzig. Alrededor de 1535, asistió a la escuela de eruditos/gimnasio en Elbing bajo la tutela del neerlandés Wilhelm Gnaphaeus. Desde el 14 de diciembre de 1538, nombrado canónigo de Frauenburg por su tío, incluyendo la posesión de bienes en Warmia. En 1541, publicó algunos poemas impresos por Wilhelm Gnaphaeus.
A partir del 19 de enero de 1541, estudió Filosofía y Medicina en Lovaina durante cuatro años; entre 1543 y 1545, posiblemente continuó sus estudios en Italia. Inicio de su principal actividad literaria. En 1541 viajó a Roma debido al proceso por acusación de herejía contra su tío Alexander Scultetus. Por instigación del obispo Johannes Dantiscus y Caspar Hanaus, perdió en 1545 sus bienes y su puesto de canónigo bajo el cargo de herejía («sacramentario»). Durante el proceso para recuperar sus bienes, recibió el apoyo del astrónomo Nicolás Copérnico.
En 1545 se encontraba en Königsberg, en la corte del duque Alberto de Prusia. El 28 de agosto de 1545 renunció a sus posesiones en Danzig y a toda su herencia en favor de su hermano Barthold. Mantuvo estrechas relaciones con miembros de la universidad fundada en 1544: Georgius Sabinus (rector) y Felix König (Polyphemus, bibliotecario ducal). Activo literariamente, escribió, entre otros, Vandalus (publicado en 1547) y varias elegías. En 1546 recibió una beca principesca.
Entre 1549 y 1553, trabajó en Weinheim y Heidelberg como alquimista, médico y bibliotecario en la corte del príncipe elector exiliado Otón Enrique (Ottheinrich). Tuvo acceso a sus «libros de arte» (Kunstbücher), redactó escritos religiosos y se declaró seguidor del paracelsismo. Entre 1554 y 1557, estuvo en la corte del rey Segismundo II Augusto en Polonia, probablemente en Cracovia. En 1554 fue nombrado su médico jefe (Archiater). En 1561, trató a Segismundo Augusto en Vilna (Lituania) durante un año. Obtuvo su doctorado en medicina en Italia.
En marzo de 1563, regresó al servicio del príncipe en Königsberg, actuando como consultor médico para la curación del duque Alberto. Entre 1564 y 1567, permaneció en Danzig debido a disputas hereditarias. En 1569 estuvo en Leipzig con el médico universitario M. Barth. El mismo año, se trasladó al Alto Rin y Alsacia, colaborando con el médico Michael Toxites. Publicó su obra De secretis antimonii en 1570 en Estrasburgo, obra fundamental de la quimiatría de la Edad Moderna temprana.
En 1570 asistió a la Dieta de Espira. Realizó actividades de laboratorio en el entorno del noble austriaco Johann Baptista von Seebach. El 31 de octubre de 1574, fue nombrado médico de los estados provinciales en Linz, al servicio de los «cuatro estamentos de la honorable provincia sobre el Enns». Falleció en una fecha indeterminada entre 1575 (expediente sobre su herencia) y 1590 (declarado fallecido en un acta procesal).
Sus obras.
- Chymische Schriften (Escritos químicos). Editado por Ulrich C. Dagitza. Frankfurt a.M., 1680 (incluye textos cuya autenticidad es disputada).
- Vom Antimonio Oder Spießglaß (Sobre el antimonio). En: Chymische Schrifften. Ed. por Ulrich C. Dagitza. Frankfurt/M., 1680, págs. 229-304.
- De Secretis Antimonij liber vnus (Libro primero sobre los secretos del antimonio). Es decir: Sobre el gran secreto del antimonio en lo que respecta a la medicina. Editado por Michael Toxites. Estrasburgo, 1570, con la impresión de cuatro elegías latinas propias (104-116), incluyendo su veredicto contra Galeno en Ad Apollinem in catarrho pestilentiali. Elegia quarta.
- Otras ediciones con títulos y compilaciones variantes: Mömpelgard: Jakob Foillet 1598, 1604 (a partir de esta edición se incluye por Suchten: Clavis Alchemiae De Secretis Antimonii, así como un fragmento de un Dialogus [sobre la hidropesía]).
- Otras ediciones: Editadas por Johann Thölde (paralela a su edición del Carro Triunfal del Antimonio). Leipzig: 1604, 1613; Núremberg: 1675. Traducción al latín de Georg Forberger (Basilea, 1575) y traducción al inglés (Londres, 1670, 1671). Aunque las ediciones inglesas sólo contienen el segundo tratado del antimonio, o Clavis Alchemiae De Secretis Antimonii. Sobre la tradición histórica, véase Carlos Gilly (2002).
- Antimonii Mysteria Gemina (Misterios gemelos del antimonio). Leipzig, 1604.
- De tribus Facultatibus (Sobre las tres facultades). En: Chymische Schriften. Ed. Ulrich C. Dagitza, 1680, págs. 357-382. Además: el tratado de Suchten De Vera Medicina (edición individual por Joachim Morsius, Hamburgo, 1621); su Dialogus Chymici Doctoris, & Philosophi praestantissimi (diálogo entre Alexander y Bernhardus con datos autobiográficos). Sobre manuscritos, véase Carlos Gilly (2002).
- XVII. Positiones, quibus liquide demonstratur. Quid Medicus sit, quid Medicina ipsius… (17 posiciones que demuestran claramente qué es un médico y su medicina…). Programa de reforma científica (c. 1561), incorporado en el tratado en prosa De vera medicina. En: Chymische Schrifften, 1680, págs. 462-486.
- Vandalus […] Addita Est Epistola / Lucretiae ad Eurialum. Danzig: Johannes Weinreich, 1547. Incluye un poema de G. Sabinus dedicado a Suchten, y de Suchten a Sabinus: Elegia de Morte Petri Bembi. Sobre el poema de dedicatoria manuscrito al duque Alberto, véase Molitor (1882).
- Zween Tractat, Vom Antimonio (Dos tratados sobre el antimonio). Mömpelgard, 1604.
- Poema latino Ad Carolum Salisburgensem (28 dísticos), posteriormente (1570) bajo el título: De Vera Medicina. En: Paracelso: Medici Libelli. Ed. Balthasar Flöter. Colonia, 1567.
- De Lapide Philosophorum (Sobre la piedra filosofal). En: Raimundo Lulio: Libelli aliquot Chemici. Ed. Michael Toxites. Basilea, 1572. (Sobre estas impresiones, véase Joachim Telle, 2006).
- Konsilium (Dictamen médico, 1563). Ed. Haberling (1929), pág. 202.
- De Visione (Poesía). En: Paulus Scalichius. Apologia, 1567.
- Ad Dialogum de morte (Al diálogo sobre la muerte). En: Valentin Weigel: De cristianismo. Halle, 1614, págs. 99-104.
- Dos poemas sobre perícopas bíblicas. En: Guilielmus Gnaphaeus: Prima Aelbingensis scholae foetura. Danzig, 1541. (Véase Franz Buchholz, «Die Lehr= und Wanderjahre des ermländischen Domkustos Eustachius von KnobelsdorfT. Ein Beitrag zur Kulturgeschichte des jüngeren Humanismus und der Reformation», Zeitschrift für die Geschichte und Altertumskunde Ermlands, 22 (1926), 61-134, 177-255, aquí 186).
- Correspondencia y dictámenes médicos: Cartas con Peter Sator, Balthasar Gans y Paul Skalich, y correspondencia con el duque Alberto de Prusia (GSTA Berlín). Para una lista detallada, véase Thomas Anselmino: Medizin und Pharmazie am Hofe Herzog Albrechts von Preußen (1490-1568). Hbg. 2003, passim (Reg.), Lauren Kassell: Medicin and Magic in Elisabethan England […]. Oxford 2005, 176-184, y Haberling (1929).
Fuentes y referencias.
- Carlos Gilly: Paracelsianism brings forth a fine hermetical treatise: Suchten’s ‘De tribus facultatibus’. En: Magia, alchimia, scienza dal ‘400 al ‘700. L’influsso di Ermete Trismegisto. Ed. por Carlos Gilly. Florencia 2002, Vol. 1, págs. 193-198.
- Wilhelm Haberling: Alexander von Suchten, ein Danziger Arzt und Dichter des 16. Jhd. (Alexander von Suchten, médico y poeta de Danzig del siglo XVI). En: Zeitschrift des Westpreußischen Geschichtsvereins. N.º 69, 1929, págs. 175-230.
- Wilhelm Haberling: Neues aus dem Leben des Danziger Arztes und Dichters Alexander von Suchten (Novedades sobre la vida del médico y poeta de Danzig Alexander von Suchten). En: Sudhoffs Archiv für Geschichte der Medizin und der Naturwissenschaften. N.º 24, 1931, págs. 117-123 (incluye la impresión de dos epigramas).
- Włodzimierz Hubicki: Alexander von Suchten. En: Sudhoffs Archiv für Geschichte der Medizin und der Naturwissenschaften. N.º 44, 1960, págs. 54-63.
- Oliver Humberg: Die Verlassenschaft des oberösterreichischen Landschaftsarztes Alexander von Suchten (†1575) (El legado del médico provincial de la Alta Austria Alexander von Suchten). En: Wolfenbütteler Renaissance-Mitteilungen. N.º 31, 2007, págs. 31-51.
- Wilhelm Kühlmann, Joachim Telle (Eds.):Corpus Paracelsisticum. Dokumente frühneuzeitlicher Naturphilosophie in Deutschland. Vol. 1: Der Frühparacelsismus. Primera parte. Tubinga: Niemeyer, 2001.
- Wilhelm Kühlmann: Art. ‘Suchten, Alexander von’. Publicado en: Frühe Neuzeit in Deutschland 1480-1520. Ed. por W. Kühlmann, Jan-Dirk Müller, et al. Berlín, Boston 2011 ss. [facilitado amablemente por el Prof. Dr. Kühlmann].
- Carl Molitor: Alexander von Suchten, ein Arzt und Dichter aus der Zeit des Herzogs Albrecht (Alexander von Suchten, médico y poeta de la época del duque Alberto). En: Altpreußische Monatsschrift. N.º 19, 1882, págs. 480-488.
- Karl Schottenloher: Pfalzgraf Ottheinrich und Alexander von Suchten (El conde palatino Otón Enrique y Alexander von Suchten). En: Zeitschrift für die Geschichte des Oberrheins. N. F. 41 (1928), págs. 602-604.
- Joachim Telle: Suchten, Alexander von. En: Killy Literaturlexikon. Autoren und Werke deutscher Sprache. Ed. por Wilhelm Kühlmann, Vols. 1-15, Gütersloh/Múnich 1988-1993, Vol. 11 (1991), págs. 279 ss.
- Joachim Telle: Johann Arndt – ein alchemischer Lehrdichter? Bemerkungen zu Alexander von Suchtens ‘De lapide philosophorum’ (1572) (Johann Arndt, ¿un poeta didáctico alquímico? Observaciones sobre el ‘De lapide philosophorum’ de Alexander von Suchten). En: Strenae Natalicae. Neulateinische Studien. Ed. por Hermann Wiegand. Heidelberg 2006, págs. 231-246.
- Rudolph Zaunick: Der sächsische Paracelsist Georg Forberger (El paracelsista sajón Georg Forberger). Con contribuciones bibliográficas sobre Paracelso, Alexander von Suchten, et al. Editado de forma póstuma por Hans-Heinz Eulner y Kurt Goldammer, Wiesbaden 1977 (Kosmosophie, Vol. 4).
- Corpus Paracelsisticum. Band I, Der Frühparacelsismus, Teil 1 () || Nr. 33 Alexander von Suchten an Medizinstudenten, 1570 aus: Von Suchten, De secretis Antimonij, Straßburg 1570.
- Corpus Paracelsisticum. Band I, Der Frühparacelsismus, Teil 1 () || Nr. 31 Alexander von Suchten an Herzog Albrecht von Preußen, 2. Juli 1561 aus: Wotschke( 1905).
- Corpus Paracelsisticum. Band I, Der Frühparacelsismus, Teil 1 () || Nr. 32 Alexander von Suchten an Herzog Albrecht von Preußen, 1563 aus: Ms.
Contenido del texto.
La edición que hemos usado para traducir el texto es la de Mümpelgardt, impresa por Jakob Foillet en el año 1604 y que incluye tras el texto, el conocido como «Segundo tratado del Antimonio», en referencia al que aquí vamos a poner, como si fuera éste el primero. Este «Segundo tratado» en realidad se titula Clavis Alchemiae, De Secretis Antimonii, y no fue impreso hasta 1604, de nuevo por Foillet. En cambio, De Secretis Antimonij apareció por primera vez en 1570 en Estrasburgo, como ya dijimos arriba. Este texto, además, le hizo famoso como, sino el mejor, uno de los mejores «antimonialistas» [1]. Los Antimonialistas, representados más famosamente por el Triumph Wagen Antimonii o Carro Triunfal del Antimonio (1604) de Basilio Valentín, no lograron nunca una buena fama, a pesar de todo. En otro juego de palabras espantoso, se nos dice que aquellos que usan antimonio van en contra (anti) de las ad-moni-ciones [advertencias] y el consejo de todos los filósofos. El propio von Suchten nos sorprende cuando admite en su Clavis Alchemiae, De Secretis Antimonii (Llave de la Alquimia, sobre los Secretos del Antimonio, 1604) que la fabricación de plata y oro a partir del antimonio es mera sofistería y una «fantasía lunática y melancólica».
Pero esta mala fama a inicios del siglo XVII no es debida al uso en sí del antimonio. El antimonio es la base fundamental de la conocida como «vía de las amalgamas». Concretamente el régulo marcial estrellado de antimonio. De hecho, van Suchten fue un fiel seguidor de esta vía, que alcanzó su máximo esplendor con Ireneo Filaleteo y su Entrada abierta al palacio cerrado del Rey, en las décadas finales de dicho siglo, quien llevó esta vía a una fama inaudita. Posterioremente, ya en el siglo XVIII, pequeñas obras, muy prácticas, completaron las lagunas dejadas por sus predecesores, o aclararon definitivamente la secuencia de esta vía por medio de detalles precisos. La vía de las amalgamas que trata van Suchten se puede resumir en pocos pasos: Hacer el régulo marcial estrellado de antimonio (primera amalgama), union con la plata (segunda amalgama), adición y unión con el mercurio (tercera amalgama). El objetivo inmediato es conseguir el «mercurio de los filósofos». Una cuarta amalgama sería la unión del oro con este «mercurio de los filósofos». Si bien le logra un polvo de transmutación, los siguientes pasos fueroon desesperantes para prácticamente todos los que intentaron avanzar, ya que dicho polvo de transmutación sólo es la conocida «piedra de primer orden», que sirve de mantenimiento del operador mientras sigue avanzando hacia la ·piedra de segundo orden» y después hacia la de tercer orden, o Piedra Filosofal. Casi todos desistían por desconocer un par de trucos operativos a partir de la medicina de primer orden, lo que ocasionó que esta vía fuera poco aceptada, dadas las dificultades que debían de salvar debido al desconocimiento.
Alexander van Suchten da unas explicaciones muy válidas hasta el «mercurio de los filósofos», que es lo obtenido inmediatamente después de las famosas diez «águilas», o volatilizaciones del mercurio. Pero ahí se para. No habla de cómo hay que presentar el oro al mercurio filosofal, ni cómo es la cocción final, por ejemplo. Ni tampoco del objetivo a conseguir en cada paso. De hecho, van Suchten parece renegar de esta vía en su Clavis, como ya hemos dicho. No importa, pues también renegó de Paracelso. Sin embargo, por su interés para el estudio de la alquimia, y de la vía de las amalgamas, hemos decidido traducir este primer tratado sobre el antimonio, dejando para más adelante el segundo, o Clavis Alchemiae De Secretis Antimonii.
Sobre el gran Secreto del ANTIMONIO

Del Noble y Muy Docto
ALEXANDER von SUCHTEN,
Doctor en la verdadera Filosofía y
Medicina;
Dos Tratados /
sobre el ANTIMONIO.
El Primero
Sobre el gran Secreto
del ANTIMONIO, llamado en alemán
Spießglas en lo que respecta a la
Medicina: impreso anteriormente.
El Segundo
CLAVIS ALCHEMIAE, (LLAVE DE LA ALQUIMIA)
SOBRE LOS SECRETOS DEL ANTIMONIO:
Escrito en su tiempo en honor al Noble Johann Baptista
von Seebach:
Pero ahora, para utilidad y agrado de todos los amantes de la Medicina
Química publicado por primera vez
junto con un fragmento del Diálogo
DE HYDROPE (Sobre la Hidropesía), del mismo Autor.
Impreso en Mömpelgard
por Jacob Foillet
en el año
1604.
Al Lector

Benévolo Lector: El dicho de Cristo: Nada hay oculto que no haya de ser manifestado, ni secreto que no haya de saberse (Mat. cap. 10), el cual no sin motivo ha sido repetido por Marcos y Lucas, ha sido verdad desde el principio del mundo; y de tiempo en tiempo, según la providencia de Dios y su ordenación sapientísima, ha sido puesto en obra y ha brotado en efecto.
Así se ve todavía hoy en día, que el Dios fiel no solo ha dejado brillar su Luz —la cual antes de esto, por su consejo secreto, había dejado lucir al mundo, pero que después, debido a la oscuridad humana y por causa de la ingratitud del mundo, permitió que fuera cubierta—, sino que en estos nuestros últimos tiempos la ha encendido de nuevo abundantemente. Esto es para que la oscuridad —que antes mantenía cautivo bajo su tiranía todo lo que era elevado y magnífico en el mundo— sea disipada y desunida: sino que también comunica abundantemente su Espíritu de Sabiduría y sus dones a todo aquel que se lo pide, según su medida, para sacar a la luz lo que se encuentra oculto en la Luz de la Naturaleza.
Pues, por no hablar de los más altos secretos que conciernen a la salvación eterna del hombre: ¿qué excelentes herramientas nos ha dado en este siglo recientemente transcurrido en toda clase de artes? De tal modo que, si se compara con los Antiguos, uno debe confesar que en un solo año surgen más cosas excelentes que antes quizás en todo un siglo: hasta el punto de que ahora se puede encontrar a un joven estudiante o alumno que es más hábil y perspicaz de lo que fue antaño un gran y famoso doctor y Lux mundi (Luz del mundo). Así se ve también que un hombre rinde a veces más en un arte en pocos años de lo que antes rindieron muchos en varios siglos. Como recientemente hemos tenido un excelente ejemplo en el magnífico arte de la Astronomía hemos tenido en TYCHO BRAHE, quien bien puede ser llamado Fénix y Triunfo del mundo Ártico: pues quien considere sus monumentos [obras], no puede negar que el mencionado Brahe, en veintitantos años, ha logrado más en Astronomía de lo que antes de él logró una gran cantidad de personas excelentes en mil setecientos años, contando desde Hiparco hasta nuestro tiempo.
Pero, ¿por qué me esfuerzo tanto con asuntos ajenos? El Arte del cual trata este librito es la Alquimia. ¿A quién le es desconocido que este Arte, antes de nuestro siglo, estuvo cubierto por profundísimas tinieblas? De tal modo que, aunque ya existían algunos libros sobre ella, estos eran como un tesoro escondido del que nadie podía sacar provecho, puesto que nadie podía entenderlos. Tampoco se sabía nada del uso de tal Arte hasta casi los tiempos del excelente Paracelso, quien la aplicó a la Medicina para auxilio de la debilidad humana. Lo que sin embargo en lo que el mencionado Paracelso mostró está a la vista de todos y no necesita que yo lo repita. Pues de tiempo en tiempo, Dios despierta maravillosamente a sus instrumentos para abrir los secretos de la Naturaleza que Él ha puesto y encerrado en ella, a fin de que nada permanezca oculto. Entre estos, el autor del presente librito es, sin duda alguna, uno de los más destacados.
Y ciertamente, no trato de este Arte en general, sino solo en particular, en lo que respecta al Antimonio o Spießglas: llamado así por los alemanes, sin duda, porque se asemeja al vidrio (Glas-Erz); aunque es sulfuroso y, entre otros minerales, causa en la fundición una sustancia puntiaguda o espinosa (spissigen Zeug) —que los fundidores suelen llamar «puercos» (Säu), porque rara vez puede ser debidamente procesada—.
En el Primer Tratado, describo la especie y naturaleza de este mineral en estilo filosófico (stylo Philosophico), explico la opinión de los antiguos filósofos, revelando qué es el Mercurio Filosófico (Mercurius Philosophicus), qué es el Instrumento Médico (instrumentum medicum), la Digestión Filosófica (Digestio Philosophica), la Forma de la Luna (forma lunæ), el oro potable (aurum potabile), el Bálsamo de la naturaleza (Balsamus naturæ), y cómo el médico hace su oro a partir de la Luna filosófica: donde doy a entender cuán groseramente yerran los alquimistas comunes y los «cocineros de oro» (Goldkocher), al no entender los escritos de los filósofos y, ahogados en la codicia, por pura avaricia terminan convertidos en mendigos.
Asimismo, cuál es la causa de que muchas enfermedades no puedan ser curadas con los remedios galénicos. Y aunque escribo de forma bastante incomprensible para los ignorantes —ya que no menciona ninguna manipulación práctica (Handtgriff) ni recetas—, ha sido predicado suficientemente para los entendidos y para aquellos que han estado en el Templo de Sofía (la Sabiduría).
Y es cierto que este tratadito salió de imprenta anteriormente. Pero puesto que los ejemplares están dispersos y son casi imposibles de conseguir, y habiéndome llegado el otro [tratado] junto con el fragmento —los cuales sirven excelentemente para explicar este mencionado tratadito e indican también muchas bellas manipulaciones (Handtgriff), mediante las cuales se llega a la Apertura de la Naturaleza (Eröffnung der Natur) y a la comprensión del primer tratado pueda llegar en cierta medida, lo he querido volver a publicar para el bien de los bondadosos amantes de la Alquimia Química y, con la mencionada adición —que, según mi conocimiento, nunca antes había sido publicada—, imprimirlo en esta forma. También, dado que algunas páginas iban a quedar vacías, he añadido las «Rapsodias sobre la Sal» adjuntas; a quien le plazca, puede hacer uso de ellas. En caso de que perciba que con esto te he servido, en el futuro te comunicaré cosas mayores y más secretas. Vale.
THEOPH. PARACELS.
lib. 3. de vita longa, c. 6.
«De la misma manera que el Antimonio refina el Oro, en esa misma forma y manera refina también el Cuerpo. Pues en él está la Esencia, que no permite que nada impuro permanezca junto a lo puro; y ningún experto en los escritos archidóxicos, ni ningún Espagirista, puede llegar a comprender del todo la fuerza y la virtud del Antimonio.
Pues en el primer Yle (Materia Prima), el Antimonio fue de tal modo proyectado y predestinado bajo el elemento del Agua, que su fuerza y virtud no fueron arrebatadas por ningún diluvio, a diferencia de los otros seres acuáticos, entre los cuales el Antimonio sobresale ante todos».
EL MISMO EN EL LIBRO SOBRE LA RENOVACIÓN Y RESTAURACIÓN.
«En el Primum Ens [Ente Primario] del Antimonio hay tal fuerza, que su esencia primera transmuta todo lo que toca o abarca por sí misma a partir de su propia naturaleza; tal como el Antimonio lo hace a través del fuego».
ÍNDICE DE LOS CAPÍTULOS del primer tratado.
PREFACIO DEL AUTOR.
Sobre las causas de este escrito, sobre qué cosas y por qué motivo se ha de escribir. pág. 1.
CAPÍTULO I.
Qué sea el Antimonio, el cual recibimos de las minas metálicas y compramos en las boticas, y cómo de él se hace el Mercurio Filosófico. pág. 4.
CAPÍTULO II.
Sobre el veneno del Mercurio Filosófico, su calor y su azufre: y también sobre el vidrio de Antimonio. pág. 8.
CAPÍTULO III.
Por qué no ha entregado más cosas sobre el Mercurio Filosófico: por qué los Químicos se ven frustrados en su esperanza, sobre la variada denominación de este Magisterio, sobre el Instrumento Médico, la verdadera digestión del Mercurio Filosófico y la estrella firmada (stella signata). pág. 15.
CAPÍTULO IV.
Sobre la forma de la Luna, sobre el Oro potable o Azufre de los Filósofos: y sobre la doble vida del hombre y su nutrición: y de qué modo, a partir de la Luna, el médico hace el oro de los médicos. pág. 29.
CAPÍTULO V.
Qué otras cosas es necesario que el médico sepa antes de que use el oro de los médicos o el Azufre de los Filósofos. pág. 43.
Errata sic corrige.
Pag. 5. lin. 22 verb. 1. legatur, plumbo. p. 17. l. 15. v. 4. lege umb. ibid. l. 18. mir. p. 21. l. 3. v. 2. warlich. p. 27. l. 20. v. 3. Widergeburt. p. 30. l. 4. v. 1. Leuthe. p. 32. l. 16. v. 6. es. p. 34. l. 2. v. 2 Melissa. ibid. l. 12. post v. 2. ?. p. 35. l. 6. v. 4. im. p. 44. l. 6. v. 6. Bono. p. 51. l. 12. v. 4. magico. p. 53. l. 20. argentum vivum. p. 54. l. 1. v. 4. Ferri. ib. l. 8. v. 4. antimonium. p. 58. l. 22. purificato. p. 59. l. 8. v. 4. numero. p. 60. l. 16. post v. 1. interpone nit. p. 61. l. 14. & 15. argentum vivum. p. 72. l. 14. congelatione. p. 95. titulo addatur, DE HYDROPE FRAGMENTUM. ibid. l. 10. ante v. Wie/ ponatur litera B. interrogationis nota: lin. 15. pro B. ponatur A. responsionis nota, & sic deinceps. p. 102. l. 22. v. 3. sonst. p. 103. l. 10. post v. aller/ interpone, Creaturen. p. 104. l. 9 v. 5. & l. 19. gallinum. ib. l. 10. und das nichts thut was Rebis nit thut. p. 118. l. 1. und sindt anatomia in maiori mundo. p. 119. l. 7. post v. 3. interpone mich p. 121. l. 3. klärlicher. p. 122. l. 20. v. 8. Wasser.
Cætera, si quæ præterea reperientur, errata, prudens & æquus lector facilè corrigere poterit: nam hic apponi ob temporis brevitatem non potuerunt, nec etiam magni momenti sunt.
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Del Noble y Muy Docto Señor Alexander von Suchten, Doctor de la verdadera Filosofía y de la Medicina, al bondadoso Lector.
Sobre las causas de este escrito, sobre qué cosas y por qué motivo se ha de escribir.
«Bondadoso y querido Lector: Dos cosas son las que me impulsan a escribir sobre la medicina concerniente al Antimonio, al que en nuestra lengua llamamos Spießglas: el tiempo y la necesidad de los enfermos.[2]
Puesto que Dios Todopoderoso, en estos últimos tiempos, se ha compadecido de la torpeza humana y de la debilidad, y nos ha revelado a través de hombres doctos algunos secretos en la naturaleza, mediante los cuales podemos conservar nuestro cuerpo y acudir en su ayuda en sus enfermedades; así también el enemigo de nuestra vida, Satanás[3], ha instigado a algunos escribas [eruditos] a enfurecerse contra tales dones de Dios y gritan,
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para que los candidatos a la Medicina se asusten y dejen de lado el granito de trigo para seguir a la paja; de modo que al final, el don de Dios se pierda de nuevo y la semilla del diablo permanezca en su lugar con honra.
Pero para que tal cosa no suceda, el tiempo exige[4] —puesto que conocemos este secreto y lo hemos experimentado por aquel que sopla donde quiere— que, por el deber que cada uno tiene con la verdad, nos opongamos a estos gritones para defender el don de Dios, y no dejemos la perla tirada ante los cerdos y los cerdos.
Así también nos obliga el amor al prójimo y la gran necesidad de los enfermos[5], para que no sean privados de la medicina consoladora en la cual, después de Dios, deben poner su esperanza; para no solo conservarles la misma, sino también para sacar mejor a la luz lo que todavía hay en ella oculto. Con esto no se busca nuestra vanidad, sino únicamente la gloria de Dios[6]. En su nombre queremos empezar a describir el mencionado Mineral; en ello no nos debe preocupar nada de lo que otros hayan escrito sobre él, ya sean antiguos o nuevos médicos o alquimistas. Tampoco queremos…
3
…describir nuestras opiniones, tal como podríamos haberlas sacado de Paracelso o de otros libros sobre esta materia, o como nos las hayamos imaginado; como es ahora la costumbre, que uno hace un abrigo nuevo con muchos parches viejos.
Sino que lo que sabemos con certeza, lo que nuestros ojos han visto, lo que nuestras manos han tocado y lo que la Experiencia[7] ha confirmado: de eso queremos hablar y escribir, todo para el bien de la juventud que desea aprender.
No a vosotros, galénicos, pues creéis encontrar en vuestros libros más secretos de los que hay en la naturaleza; ni tampoco a vosotros, paracelsianos, pues habéis aprendido de Teofrasto mucho más de lo que yo sé[8]; ni tampoco a vosotros, alquimistas, pues aquí escribo únicamente sobre medicina. Sino a vosotros, jóvenes candidatos a la medicina, que no estáis manchados por opiniones ni habéis jurado por las palabras de ningún maestro (in alicuius verba magistri); a vosotros me dirijo con este tratado, que ha sido escrito de forma clara y pura, sin afectación; lo suficientemente comprensible para los hombres piadosos, pero oscuro para el despreciador y el burlador, de los cuales (lamentablemente) el mundo actual está lleno».
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DE SECRETIS (Sobre los Secretos)
El Primer Capítulo.
Qué sea el Antimonio que recibimos de las minas metálicas y compramos en las boticas, y cómo de él se hace el Mercurio Filosófico.
«No es nuestra intención escribir o disputar sobre de dónde viene originalmente el Antimonio[9], como algunos relatan; pues si se tuviera que explicar su origen, resultaría un proceso largo y tendrían que traerse aquí cosas que es mejor que permanezcan ocultas: puesto que estas no conciernen al médico.
Sin embargo, se puede indicar que no es un metal[10], como algunos opinan: que sea una minera plumbi (mineral de plomo) o un plumbum adustum (plomo quemado), tal vez porque en la reducción se puede hacer plomo de él; pero en el fondo no es así. Pues del Argento vivo (Mercurio) también se puede hacer plomo fácilmente, y de ello no se sigue que el Argento vivo provenga del plomo. Por lo tanto, el Antimonio no es un metal, aunque haya sido creado por Dios…»
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a partir de una materia metálica[11], esto es, de mercurio vivo (Argento vivo), que ha sido cocido en las entrañas de la tierra con azufre. Pero no con azufre metálico, de lo contrario se habría convertido en metal[12]. Por tanto, el hecho de que no sea un metal es causado por la forma, no por la materia. Pues en materia, el metal y el antimonio son uno solo.
Ahora bien, este azufre que está en el antimonio[13] puede ser alterado mediante digestión, volviéndose tan claro y puro como el azufre metálico en el oro… Así, la diferencia en el azufre entre los metales y el antimonio[14] es que este puede ser transmutado, mientras que aquel no.
Por ello, el Antimonio es un metal imperfecto, y se llama Saturno en la Filosofía[15], de lo cual Rhazes escribe: ‘en el plomo se contienen el Sol [oro] y la Luna [plata] en potencia, no visiblemente’. También Pitágoras dice: ‘todo secreto está en el plomo’, etc. Este Saturno es el plomo que nosotros, los médicos[16], conocemos y debemos saber…
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…otros. Siendo que es nuestro, debemos saber cómo prepararlo y ‘cocerlo’, para que de él surja la medicina que contiene. Del mismo modo que a partir de una pirita de oro (Goldkies) o marchasita aurea, mediante el arte de la fundición se obtiene oro, así también mediante el arte se obtiene del antimonio el oro de los médicos (aurum medicorum)[17]…»
«…que todos los sabios desde el principio del mundo (entre los cuales hubo muchos reyes y señores) buscaron y alcanzaron, dejándonos su arte descubierto, a través del cual nosotros también podríamos participar de este tesoro inefable.»
«A este arte lo llamaron Alquimia[18], que es el arte de la preparación, el cual nosotros, los médicos, debemos conocer con tanta seguridad como un curtidor conoce sus tintes; y no consumir nuestro tiempo pasando hojas [de libros][19] o con otras artes que surgieron pronto por el malentendido del nombre tras la muerte de los primeros sabios egipcios, e inspiradas por Satanás, para que consumamos nuestros años de juventud de forma tan lamentable e inútil, sabiendo al final menos que al principio.»
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«Por tanto, nosotros los médicos debemos ocuparnos de nuestro oficio, preparando la medicina para el enfermo; y dejar de lado otras cosas para las que no hemos sido llamados, encargándoselas a otros que, por mero pasatiempo, gustan de ocuparse en cosas extrañas.»
«Ahora, sobre la preparación del antimonio[20], sabed que el antimonio es un mineral en el cual yace un metal que se llama Mercurius [Mercurio]. El médico debe extraer este Mercurio del antimonio[21]: pues el minero debe fundir y limpiar el antimonio de las tierras minerales; cuando esto se ha hecho, él ha cumplido con su parte, y entrega al médico su mineral, en el cual este debe seguir trabajando.»
«De la misma manera que el minero separa el antimonio del mineral en el que ha crecido, así también debe el médico separar el Mercurio del mineral en el que ha crecido; esto es, de las restantes humedades minerales y del mucho azufre terrenal del antimonio. Esta separación debe hacerse de modo que el esplendor metálico (splendor metallinus)[22] que se deja ver en el antimonio no se queme, sino que sea extraído de forma más elevada y mejor…»
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…tan pronto como se separa la escoria, aparece [lo que] entonces ya no es Antimonio, sino Mercurio de los Filósofos (Mercurius Philosophorum)[23]; se deja verter como cualquier otro metal y, al fundirse, es como un mercurio puro. Por esta señal se debe saber que ya no es Antimonio, sino Mercurio. Ambos están tan distantes entre sí como el oro y el mineral de oro; pues el mineral de oro no es oro, pero tiene oro en su interior, que el minero separa. Así pues, el Antimonio no es Mercurio, pero contiene Mercurio en su interior, el cual el médico debe separar.»
«Así se obtiene Mercurio del Antimonio, [como] del plomo se hace mercurio vivo (Argentum vivum), lo cual pertenece al médico; a partir de ello, él debe seguir elaborando plata, y de la plata, oro, y así su trabajo llega a su fin.»

El segundo Capítulo.
Sobre el veneno, el calor y el azufre del Mercurio Filosófico; y sobre el vidrio de Antimonio.
«Como ya se ha dicho del Mercurio, que es extraído del Antimonio a través del…»
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…arte de la separación, nadie debe pensar que con este trabajo la medicina esté terminada; pues este Mercurio es un crecimiento prematuro, lleno de veneno (gift)[24], y de ninguna manera debe usarse en los enfermos. Este veneno es únicamente la crudeza del Mercurio (Mercurij cruditas), pues es tan rudo como el mercurio común (Argentum vivum).»[25]
«Aunque ya haya sido coagulado por la naturaleza, el azufre solo se adhiere a él por fuera, no en su raíz. Por tanto, es tan rudo como el mercurio común y puede convertirse muy fácilmente en mercurio vivo, que es tan fluido y rudo como el otro. Así lo demuestra también la experiencia: si el oro se amalgama con este Argento vivo y siente un poco el calor del fuego, este huye del oro mucho antes que el mercurio común…»
«…de lo cual se deduce que el mercurio común (Argentum vivum vulgi) está mejor ‘cocido’ que este. También hay un calor mayor en él: pues si pones con él una amalgama de oro en una redoma (phiola) para coagular, la amalgama se volverá cada vez más blanda con el calor…»
10
«…y nunca se coagula, como nos ha sucedido: mientras que la amalgama de mercurio común (Argento vivo) pronto se vuelve dura y negra con el calor[26], y finalmente un polvo rojo; lo cual no puede ocurrir con este Argento vivo. Pues el calor en él es tan grande que el frío del oro no puede tener ninguna acción en su interior.»
«Así pues, el Mercurio no es otra cosa que mercurio vivo (Argentum vivum), al cual se adhiere un azufre mineral; y es un azufre sano y puro, aunque rudo e imperfecto[27]. Pero cuando es digerido [procesado con calor suave] y llevado a su perfección, entonces es el Arcano que tiñe su propio mercurio vivo y lo transmuta de su naturaleza venenosa en la medicina más noble, igual a la cual el mundo no posee otra.»
«Debéis saber también que este azufre, cuando alcanza su perfección, no es un cuerpo (Corpus), sino un caos, esto es, un espíritu[28]. Pues en la primera separación del antimonio, queda la Tierra (Terra), en la cual este espíritu residía, separándose todo ello como lo impuro de lo puro; pero, como se dijo antes, todavía no es medicina…»
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«…menos aún cuando todavía no ha sido separado y está mezclado con sus escorias; es decir, cuando sigue siendo Antimonio. Pues los accidentes (accidentia) que se adhieren a este Mercurio, como la humedad arsenical y el azufre terrenal, son venenos dañinos que fortalecen y aumentan la maldad del Mercurio, de los cuales todo médico debería guardarse…»
«…y no seguir el mal uso del antimonio vitrificado (vitrificati Antimonij). Pues aunque ese vidrio (vitrum) haya hecho mucho bien a muchos (como nadie puede negar ante la experiencia) y haya logrado lo que era imposible para todas las piezas y composiciones de botica (Apotekischen stücken), no es, sin embargo, la medicina correcta…»
«…pues la humedad y la tierra mineral venenosa (humidum & terreum minerale venenosum) no se han separado del Mercurio, como se cree, mediante la calcinación; al contrario, la tierra mineral se mezcla cada vez más con el Mercurio. Solo huye de él aquello en lo que reside la forma metálica (forma metallica), la cual no debe ser separada del Mercurio, sino extraída totalmente desde el centro hacia la superficie, para que las heces terrosas (feces terreæ)…»
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«…caigan. Pues ellas [las heces] no pueden mezclarse con la forma; pero cuando la forma es expulsada por el fuego y el compuesto se destruye, entonces las heces quedan mezcladas con el buen azufre, y lo que debería convertirse en medicina, se vuelve veneno por causa de tal calcinación.»
«Por tanto, se debe y se tiene que conservar la forma metálica[29], pues ella es un fuego vivo que lo realiza todo, lo que debe ocurrir en este trabajo hasta el final de la digestión completa (completæ digestionis). Sobre esto, los antiguos escribieron así: Como la ablución de los elementos se hace por la presencia del fuego, así la conjunción de lo que ha de ser purificado se hace por su ausencia.»
«El fuego en este mineral es su vida[30], a través de la cual es purificado; no con otro fuego artificial, como uno intenta mediante la calcinación, otro con la sublimación y un tercero con la evacuación. ¡Oh, qué medicina en vidrio diáfano, o sublimada en blanco y rojo, o en aceite, o en agua de rosas, o en aqua vitæ [aguardiente], o en fieltro! ¡Oh, médicos! ¿Qué dirá la posteridad cuando lea nuestros libros y vea tales tonterías…»
13
«…en ellos? [31]Con vuestros escritos no lográis nada más que confundir no solo a los médicos jóvenes, sino también a otros que no lo son, pero que honran a Paracelso por su elevado arte (el cual demostró en vida ante príncipes, condes y señores, algunos de los cuales aún viven).»
«Esto os da motivo para considerar mejor vuestro fundamento y notar claramente, a partir de vuestra práctica, que lo que aplicáis a los enfermos es una fantasía inventada. Si de verdad queréis tratar con el Antimonio, aprended primero a reconocer qué es, qué hay oculto en él y cómo debe ser sacado de las tinieblas a la luz, tal como Dios lo ha ordenado y destinado.»
«Entonces os avergonzaréis de vuestra agua de rosas y de semejante arte de remiendos. Yo os digo y os enseño que del Antimonio debe hacerse el Mercurio[32], y no un vidrio, ni un sublimado, ni aceite, ni agua; sino nuestro metal, el Mercurio, el cual, sin embargo, aún no es medicina[33], y debido a su naturaleza prematura y narcótica, no puede ser digerido en el estómago…».
14
«…y mucho menos llegará a los fines y lugares donde reside la enfermedad. Actúa solo en el estómago y provoca un vómito espantoso, no solo por su propia naturaleza, sino también por la del veneno mencionado que aún se adhiere al vidrio (vitrum). Esto impulsa con tal fuerza a nuestro Archeum [Arqueo] en el estómago, que este no puede tolerar la enfermedad mezclada con tal veneno, sino que debe expulsarla por arriba [vomitar].»
«Ahora bien, este Arqueo es una intelligentia y potentia Dei [inteligencia y poder de Dios], que sabe bien el daño que este veneno causaría si permaneciera en nosotros[34]. Por ello, para la salvación de nuestra vida, no permite que se quede mucho tiempo; expulsa a su enemigo y, con él, la enfermedad que está instalada en ese lugar.»
«Sobre este Arqueo Paracelsiano escribiremos claramente en el tratado sobre la administración de este misterio. Ahora continuaremos y trataremos con diligencia la digestión del Mercurio, y cómo el médico debe hacer plata a partir de él (según nos corresponde informar); y, por envidia de lo que se ha dicho, no callaremos nada.»
15
El tercer Capítulo.
Por qué no se ha transmitido más sobre el Mercurio Filosófico; por qué los quimistas se ven frustrados en su esperanza; sobre los diversos nombres de este magisterio; sobre el instrumento del médico, y sobre la verdadera digestión del Mercurio Filosófico y su estrella señalada.

Así nace el Mercurio de un azufre puro y virginal, que es la criatura más noble que Dios ha creado después del alma racional[35]. Pero es como un niño pequeño, que está desnudo y es pobre; por causa de su pobreza, es totalmente despreciado por los artistas que no buscan más que riqueza, y es arrojado bajo el banco.»[36]
«Pero Dios es la protección y el amparo de este niño, y a través de Él crece. Al nacer por segunda vez, es como un héroe fuerte y un omnium malorum dominator Hercules [Hércules, dominador de todos los males][37]. El desprecio que ahora pesa sobre él no le causa daño, sino que recae sobre el despreciador, quien al final deberá pagar muy caro por ello…»
16
«…pagar con la vida. El Mercurio sigue siendo siempre Mercurio, sí, hasta el fin del mundo debe permanecer[38]; mientras que los médicos pasados y presentes, junto con todos sus libros, perecerán, de modo que incluso su nombre ya no existirá: a excepción de aquellos a quienes el Mercurio ha convertido en médicos.»
«Tendría motivos suficientes para revelar algunos misterios de este Mercurio Mágico, y sin duda haría un gran servicio a los amantes de la verdad que aún no han bebido de la copa babilónica[39]. Pero al ver que el mundo está tan cegado y seducido por los nombres y títulos de los sofistas, que toma sus dichos y escritos por oráculos de Apolo (de los cuales los sofistas se sirven para ganar valor y para embotar, deshonrar y calumniar a otras personas a quienes Dios ha comunicado algo de la verdad)…»
«…para que las autoridades no se den cuenta ni vean al necio y al asno que tienen sentado detrás de las orejas: de lo contrario, se les podría quemar el asado en el asador.»
17
«…quemar. Por estas razones quiero callar todavía un tiempo; pero me duele que vosotros, amantes de la verdad, tengáis que pagar por los sofistas[40], quienes son sostenidos por muchos y pueden mentir impunemente al prescribir medicinas; sin embargo, con sus obras no pueden hacer realidad ni la más mínima letra de lo que escriben.»
«Pero como estos testarudos no quieren apartarse de su error (el cual, no obstante, sienten en sus corazones, y los más humildes entre ellos me lo han confesado), no son dignos de que les revelemos los Mysteria medicinæ [misterios de la medicina]. Por tanto, permanezca oculto lo que debe estar oculto por causa de nuestros pecados; Dios abrirá los ojos a los suyos, y yo ayudaré en ello tanto como nos sea posible.»
«Y digo más sobre el Mercurio: que es una medicina prematura, como una manzana verde y ácida o una uva dura que nunca es apta para comer, a menos que sea cocida y madurada por el Cielo[41]. Así también debe entenderse respecto a este Mercurio: debe ser madurado por el Cielo…»
18
«…con nuestros calores inventados de primer, segundo, tercer o cuarto grado; nuestro fuego artificial no sirve de nada aquí. Por tanto, [el Mercurio] no debe ser cocido ni en un baño de María, ni en cenizas, ni en arena, ni en estiércol de caballo, sino solo por el Cielo.»
«Tomad este ejemplo[42]: Ves una hermosa pera en el árbol; te gustaría comerla, pero está amarga, pétrea y dura. Si se queda en el árbol hasta que el tiempo la vuelva dulce, será deliciosa de comer. Pero si la arrancas y quieres digerirla [madurarla] tú mismo en un horno o con otro calor, ¿qué lograrás? ¡Qué diferencia habrá entre la pera que tú has procesado y aquella que el tiempo ha digerido! Verdaderamente, hay una diferencia muy grande.»
«Lo mismo les ocurre a los alquimistas que construyen hornos extraños e inventan digestiones sutiles, pero al final no logran nada con ello. Os diré la razón para que podáis comprender la verdadera digestión del Mercurio. Los alquimistas se engañan a sí mismos (¡oh, cuántos años estuve yo también enfermo en ese hospital!)…»
19
«…que se pueda fabricar artificialmente un fuego tan sutil por el cual una cosa se transforme en otra; pero es un gran error, en el cual no consideran que su fuego no es el fuego por el cual Dios obra inmediatamente. Puesto que su fuego no es el Instrumento del Dios Creador (Instrumentum Dei creatoris), ¿cómo quieren hacer aquello que solo compete a este instrumento divino y a ningún otro?»[43]
«Dios no necesita nuestro fuego, pues con él no crea ni madura nada; pero bien puede encenderlo a través de su instrumento ígneo (Igneum instrumentum), y aquello que ha creado, puede volverlo a la nada a través de él.»
«¿Qué madura el grano en el campo? ¿Qué madura los frutos en el jardín? ¿Qué las uvas en la vid? ¿No lo hace Dios a través del Cielo, que es Su instrumento? Si pudiéramos lograr estas cosas con nuestro fuego, seríamos mucho más de lo que somos. Pero a Dios no le ha placido que sea así, y por lo tanto, tampoco podemos hacerlo.»
«Pero ahora debemos y tenemos que…
20
«…madurar el Mercurio; pero nuestro fuego no puede madurar nada, por lo que se deduce que debemos tener el fuego correcto. ¿Pero de dónde debemos tomarlo? ¿Dónde lo buscaremos?[44] ¿En Platón? ¿En Aristóteles? ¿En Galeno? ¿En Avicena? Ellos no tuvieron nada de cierto sobre esta gran luz; especialmente Galeno, el blasfemo y ultrajador de Cristo.»
«¿Dónde lo encontraremos entonces? ¿En Paracelso? Él escribió mucho sobre ello, pero con tales sutilezas al modo cabalístico, que no lograréis percibirlo en sus escritos. ¿Debemos acaso subir al cielo y arrebatárselo a Dios de su mano? Tampoco. Ciertamente debe ser un hombre muy simple aquel que no pueda reconocer que en estas cosas yace un gran misterio.»[45]
«¿Qué pensáis? ¿Acaso esto les cayó del cielo a los antiguos magos? No; ellos realizaron un trabajo grande e indecible para alcanzarlo, y después lo redactaron y describieron en sus libros mediante parábolas, alegorías y metáforas. Si ahora alguien te dijera, seas galenista o paracelsista, …»
21
y te lo pusiera delante tan claramente que pudieras agarrarlo si quisieras: a nadie le llega de tal manera. Debemos pedir a Dios Su gracia y hacer lo que otros han hecho; se llama DONUM DEI [Don de Dios]. Si es de Dios, por tanto no es del hombre ni de la criatura; no podemos dar a nadie lo que no es nuestro, pero sí indicar dónde buscarlo y encontrarlo. Así, los magos han escrito muchos libros sobre ello, y cada uno lo ha tratado según el deseo de su corazón; tenemos muchos de esos libros, se han vuelto comunes, pero su contenido permanece oculto hasta que venga Helias y nos los explique.»[46]
«Pero debe decirse que los Alquimistas (no me refiero aquí a los sopladores de carbón que quieren hacer ricos a otros y ellos mismos siguen siendo mendigos) han llamado a este misterio Lapidem Philosophorum [Piedra Filosofal], Lapidem Benedictum [Piedra Bendita], Lapidem Sanctum [Piedra Santa][47]; por la razón de que Dios ha puesto esto en una materia terrenal, pétrea y despreciable. Los árabes lo han llamado Alquimia, porque la Alquimia…»
22
…es un instrumento que separa lo bueno de lo malo, y lo que no está maduro, lo hace madurar. Los astrónomos dicen que es Sol[48], que el Sol lleva todos los frutos de la Tierra a su perfección. Así, este Misterio, debido a la analogía, también ha sido llamado el Sol. Paracelso en muchos lugares lo llama aurum [oro][49], como en aquel lugar donde dice: ‘deja que el oro sea la semilla, sé tú la fuerza creciente’, etc. Todavía tiene muchos otros nombres en otras facultades y ciencias, que dejaré estar.»[50]
«Ahora bien, todos estos nombres le han sido dados por los hombres; pero Dios tal vez le ha dado otro nombre que aún permanece oculto para el ser humano. En Archidoxis se le llama quinta essentia [quintaesencia], y así es definida por Paracelso[51]: La quintaesencia es una materia que es extraída corporalmente de todas las plantas, de todo aquello en lo que hay vida, separada de toda impureza y mortalidad, sutilizada de la manera más pura y apartada de todos los elementos.»
23
En esta descripción enseña que este Misterio es vita creaturarum, sed vista corporea [vida de las criaturas, pero fuerza corpórea][52]. Pues en todas las cosas está la vida, pero no en todas de forma corpórea: ningún espíritu está bajo nuestro poder, por lo cual la vida se ha convertido en un cuerpo y ha sido dada por Dios a aquellos que le place.»
«¿Qué puede escribirse más claramente? Pues como se ha dicho, este fuego es la vida; y para que nadie sea engañado: no cualquier vida, sino la vida corpórea. ¿Qué hacemos ahora con nuestro fuego, que no es la vida, sino que está muerto para todas las cosas? Por tanto, aquel que quiera preparar la materiam medicorum [materia de los médicos], esto es, el Mercurio antes mencionado, debe estudiar en los libros en los que se enseña esta preparación, es decir, en los libros alquímicos, de los cuales tenemos muchísimos, buenos y malos, verdaderos y falsos.»
«Si quisieras reprocharme que no solo la gente común, sino también muchos grandes señores han trabajado durante mucho tiempo en la Alquimia con grandes gastos[53] y…
24
…entre los cuales ha habido muchos hombres valientes y eruditos, y sin embargo ninguno de ellos encontró nada: te doy por respuesta que este noble arte requiere un hombre sano[54], [pero] todos estos han estado enfermos: pues han tenido la codicia del dinero, la cual ha oscurecido sus sentidos, de modo que no comprendieron los términos que los magos utilizan en la descripción de este arte; solo buscaron con ferviente deseo aquello que no debían encontrar, y lo que se les permitía encontrar, no lo buscaron; por tanto, trabajaron en vano. ¿De quién es la culpa, del arte o del operario que no lo entiende?»
«La Alquimia es una virgen pura y eterna[55], no permite que ningún hominem rationalem [hombre racional] se acerque a ella; ella quiere un hominem mentalem [hombre mental/espiritual], de los cuales he visto pocos en nuestros tiempos. Que nadie se deje seducir por su razón (rationem)[56], pues ella no puede estar sin error; ya que mucho de lo que posee depende del ídolo: en la mente (mente) está la verdadera inteligencia (intelligentia vera), a esa debemos seguir, no a la razón, y así comprenderemos por qué los magos…
25
…han escrito cosas tan extrañas: también podréis comprender fácilmente qué es aquello que el médico debe saber por encima de todos los demás eruditos, puesto que Dios lo ha puesto en Su lugar para ayudar al enfermo: por ello le ha dado Su instrumento, que no ha dado a ningún otro hombre más que al médico solo. Por esta razón he tenido que incluir este capítulo y mostraros cómo procede esta digestión; a saber, que no es naturalis [natural], sino totalmente divina. La primera operación del minero es natural. La segunda, la del médico, también es natural[57]. Pero la tercera es divina[58], pues aquí solo Dios obra, y el médico se sienta en Su lugar, tiene el instrumento divino en la mano y hace con él lo que le ha sido ordenado.»
«Ahora bien, la acción ocurre de esta manera: Dios, cuando creó el mundo, pronunció una sola palabra y así se hizo. Así también aquí: tan pronto como el Mercurio siente este poder de Dios, ya no es Mercurio, sino Luna [plata][59]. Debido a esta acción tan rápida y maravillosa, esta obra se llama Magisterium [Magisterio], de la cual Para…
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…-celsus en Archidoxis escribe así: ‘Esto es un Magisterio que es extraído de las cosas sin separación y sin preparación elemental, atraído y conservado en tal materia mediante una adición’. Estas son las palabras de Paracelso y es verdad que este Mercurio se invierte por completo; lo que estaba en el interior, como la Estrella Señalada (Signat stern)[60], es extraído hacia fuera, pero ninguna parte es separada de la otra: la adición del instrumento, esto es, la Quintaesencia, atraviesa el Mercurio y permanece con él.»
«Y puesto que la Quintaesencia es la vida, invierte al Mercurio de tal manera que este ya no es nada distinto a esa misma vida. Así de rápido ocurre esta operación sin ninguna acción elemental. Del mismo modo que cada maestro artesano adorna su obra y le pone una marca por la cual se reconoce su obra maestra, así también Dios marca a esta Su criatura y le da el signo más noble que hay en el cielo[61]; Paracelso lo ha llamado la Estrella Señalada (Signat Stern), y dice que es su…
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tesoro, que ni el Papa ni el Emperador pueden pagar.»
«Paracelso se jacta mucho de este arte, y con razón, pues es donum Dei perfectum descendens à patre luminū [el don perfecto de Dios[62] que desciende del Padre de las luces]. No hay nadie que, al ver este signo que Dios permite aparecer, no deba quedar asombrado por ello, a menos que sea un necio para quien nada puede ser extraño ni maravilloso.»
«En este signo debéis reconocer la perfectam digestionem [digestión perfecta], que en el fondo no es otra cosa que la manifestatio occulti [manifestación de lo oculto]. El Mercurio es veneno por fuera y medicina por dentro; no debéis pensar en modo alguno que su veneno pueda serle quitado mediante la separación, como muchos han intentado a través de extrañas preparaciones: todo debe permanecer unido, y solo debe ocurrir la regeneratio [regeneración]. Pues a través del nacimiento, lo malo se vuelve bueno, y el veneno se vuelve medicina.»
«Por lo tanto, es sumamente necesario para todo médico conocer a fondo la Regenerationem[63], no según alguna opinión, sino con sus propios ojos…
28
…debe verlo, tocarlo con las manos y sentir su posibilidad en su entendimiento. Donde este conocimiento no esté presente en el médico, quiero que cada uno quede advertido: que se abstenga del Antimonio, pues no es para él[64]. Pero aquel que tenga sed sincera del conocimiento de la Naturaleza y esté versado en la Química, puede tomar el Antimonio en su mano. Lo que yo menciono, búsquelo en él: todo está en su interior; y si lo manejas correctamente, te debe ocurrir exactamente lo mismo que me ocurrió a mí.»
«Entonces verás que no he escrito este Tratado por odio o envidia, sino con corazón fiel para todos los amantes de la verdad[65]: no según mis propios pensamientos o especulaciones, sino por experiencia completa, tal como el tiempo me la ha revelado según la voluntad divina. Tras esta mi experiencia, quiero mostrar también el último trabajo manual en esta obra, y comunicar fielmente a los médicos piadosos qué es entonces el Antimonio y cuál es su fuerza medicinal activa.
29
El cuarto Capítulo.
De la forma de la luna [plata], del Oro potable o azufre de los Filósofos; y sobre la vida doble del hombre, su alimento; y cómo el médico hace el oro de los médicos a partir de la luna [plata].

«Ahora llegamos al otoño; el verano ha completado su obra y ha madurado el fruto[66]. El grano debe ser segado, la fruta recolectada y las uvas vendimiadas: para esto se requiere nuestro trabajo manual. Del mismo modo que al principio el campesino debe trabajar, labrar el campo y sembrar el granito, para después dejar que Dios obre, y al final retomar su trabajo, cortar lo crecido y separar el trigo (frumentum) de la paja (stipulam) el uno del otro: así debe y tiene que hacer también el médico. Lavar limpiamente con las manos la materiam medicam [materia médica], sembrar el Oro en su interior, dejarlo crecer según la bendición de Dios y, en el otoño, separar la medicina de su cuerpo y conservarla; para ello se requiere de nuevo su trabajo manual.
30
«Pues Dios no nos hace el pan a partir del grano[67], ni el vino a partir de las uvas; deben hacerlo los panaderos y los viticultores. Dios permite que del Mercurio crezca para nosotros la Plata, y nos la pone en la mano para que nosotros sigamos haciendo de ella el Oro con nuestras manos. Pues en esta Plata está nuestro Oro, como el granito en la espiga y el tallo.»
«Como se indicó en el segundo capítulo, la forma metallica que aparece en el Antimonio no debe ser expulsada por el fuego, sino que debe ser extraída tanto como sea posible, cuanto más tiempo mejor. Así pues, sabed que esta forma debe permanecer usq; ad albedinem lunæ [hasta la blancura de la plata][68]: entonces está en su grado más alto. También habéis oído que la forma es un fuego que purifica su propia materia, en la cual está, de toda impureza: ese mismo fuego es también la vida de la materia y de todos los metales; cuando la forma se aleja de ellos, ya no viven.»
«Ahora bien, el Mercurio ha tenido esta vida tan bien como la tiene ahora la Plata, y…
31
…en ambos hay una sola vida, que no cambia: al igual que un niño recién nacido tiene su vida tan completa como un hombre de cuarenta años, pero el niño no tiene la fuerza que posee el hombre[69]. Así, nuestro Mercurio es como un niño débil, pero la Plata es como un hombre fuerte; y hay tanto en uno como en otro, exceptuando la fuerza y el poder que el tiempo y el alimento dan a la materia; la materia crece a partir de ello, no la forma: en los vegetales [crece] según la cantidad, pero en el Mercurio, de un Loth no se hacen diez: solo la enfermedad crece hacia la salud; y si la forma es pura, la materia también es pura. Aunque estén juntos, no hay una perfecta mixtio [mezcla perfecta], pues uno puede ser separado del otro: lo cual debe hacer el médico en la medicina.»
«Pero si quieres hacer metales a partir de ello[70], entonces no debe ocurrir la separatio [separación], sino una mixtio vniuersalis [mezcla universal]: para que forma & materia se conviertan en un indiuiduum [individuo/unidad]. Aquel que esta Plata…
32
…tiene y conoce, posee aquello que ha sido buscado por todos los hombres desde el principio del mundo. Es una materia de la salud y de la riqueza: pues ambas fluyen de una sola fuente, que se llama Sapientia [Sabiduría]. El médico toma de ella su Oro, y el metalúrgico también el suyo: yo trato lo que corresponde al médico, lo otro permanece en su dignidad; la medicina es lo que yo he aprendido, lo otro no lo sé.»
«Por tanto[71], dejo estar la forma y solo digo que es un Corpus vivum [Cuerpo vivo], subiectum omnis mirabilitatis, & secretū secretorum Dei [sujeto de toda maravilla y secreto de los secretos de Dios]. Este Cuerpo no es de utilidad para el médico, por lo que debe apartarlo; se deja separar fácilmente: lo que queda es el aurum potabile medicorum [oro potable de los médicos] y el oleum coagulatum [aceite coagulado]. Cuando es líquido, es rojo como la sangre más sana; cuando está coagulado, es amarillo como el oro[72]; su verdadero nombre es Sulphur Philosophorum [Azufre de los Filósofos]. Cuando el médico alcanza este Azufre, su trabajo alquimista ha terminado.»
«Ahora quiero mostraros qué es la Perla que adorna al médico por encima de toda medicina:
33
…adorna: y por qué en este mineral está oculta la medicina más elevada, que no se encuentra en ningún otro crecimiento de la tierra[73]: no porque por ello no haya medicina en las hierbas, como pretenden algunos fantásticos alquimistas; sino que, así como en los metales hay algo que no hay en las hierbas, también en las hierbas hay aquello creado por Dios que los metales no tienen[74]; sobre lo cual quiero escribir un librito propio sobre el uso y la administración de este azufre, y explicar suficientemente las cosas en él.»
«Sabed ahora: el hombre tiene dos vidas en sí[75]; una es la vida del alma, la otra la del cuerpo tangible. El alma tiene una vitam longam immortalem [vida larga e inmortal]; la máquina [el cuerpo] una vitam breuem & mortalé [vida breve y mortal][76], esto es, diffolubilé [disoluble], porque la vida se separa del cuerpo[77]: no porque la vida muera, sino que se llama mortal porque, por la disolución, lo compuesto perece.»
«Esta vida corta se llama en medicina Bálsamo, porque es la medicina que preserva al cuerpo de la podredumbre, para que no se rompa, esto es, para que no enferme; y si cayera en la enfermedad, ella es también la…
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…medicina que debe sanarlo de nuevo; no la Salvia, la Melisa o la Endivia, sino que el Bálsamo debe hacerlo. Pues las hierbas alimentan solo al cuerpo tangible, pero no a la vida, esto es, al Bálsamo. Si ahora el Bálsamo está impuro (ya sea por una impressio coelestis [influencia celestial], de la cual surgen las grandes enfermedades, o por otros accidentes) y por ello no puede ayudar al enfermo con su alimento; pues a través del alimento él se fortalece. ¿Cuál es, pues, su alimento? Es aquello de lo que él es: quia ex quibus sumus ex ijsdem pascimur & nutrimur [porque somos alimentados y nutridos de las mismas cosas de las que estamos hechos].[78]«
«Ahora bien, nuestro cuerpo tangible, junto con su vida, ha sido hecho por Dios y tomado del mundo: lo que hay en el [mundo] grande, está también en el pequeño. Por eso el hombre es llamado Microcosmus [Microcosmos][79]. ¿De quién, pues, debe el hijo tomar lo que le falta, sino del padre? Pues para el padre, su hijo es lo más querido. Si el hijo tiene hambre, él lo alimenta; si está desnudo, él lo viste: y nuestro cuerpo necesita de ambos. Si la masa [del cuerpo] está enferma…
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…por calor o frío, debe ser vestida: lo tangible quiere res corporeas [cosas corpóreas], lo espiritual [quiere] spirituales [espirituales][80]. Si la enfermedad está en la masa [del cuerpo], se alimenta con la sustancia de las hierbas; si la enfermedad está en el Bálsamo, esto es, en la vida, debe ser alimentado de igual manera con el Bálsamo de las hierbas; así sanan ambas partes.»
«Pero aquí hay un gran punto a notar, y un secreto de toda la medicina. Si en la Epilepsia con Pæonia, visco quercino, etc., [o] en la Paralisi con Lauendula, etc., nuestro Bálsamo es alimentado, este Bálsamo de las hierbas no acude en ayuda de nuestro Bálsamo; pues la enfermedad no se aparta del enfermo. Aquí yace la piedra con la que Galeno, Avicena, etc., tropezaron fuertemente; y es verdad, y seguirá siendo siempre verdad lo que Paracelso escribe[81]: Hucque omnia excerpta sua retulit Hippocrates, corpusculumque illud præ manibus sumere, & obnoxium mori mortali remedio conservare decreuit [Y a esto refirió Hipócrates todos sus extractos, y decidió tomar aquel pequeño cuerpo entre sus manos y conservar lo que está sujeto a la muerte con un remedio mortal].
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Hasta el día de hoy, no hay otro arte entre los galenistas que aquel con el que quieren limpiar y sanar el bálsamo impuro de nuestro cuerpo con el bálsamo de las hierbas: y les es imposible de cumplir[82]; como se ve en la podagra, la lepra [y] la paralisi, donde con sus purgationibus no logran ni lo más mínimo, como es evidente: todavía quieren cegarnos con los ojos abiertos y convencernos de lo contrario, sin considerar que la obra del médico no consiste en palabrería, sino en la cura.»
«Cedemos y confesamos que, si la enfermedad está en la massa corporea, ellos tienen medicina suficiente para ello: pero para el Bálsamo, en el cual reside la mayor parte, Galeno y Avicena no conocieron ni experimentaron ninguna medicina. La razón[83] es que Galeno fue un pagano y estuvo sumergido en la idolatría: pues este conocimiento proviene (lector, entiéndeme bien) ex theologia. Si Galeno hubiera comprendido de ello ni la más mínima letra, habría escrito mejor sobre el fundamento de la medicina, lo cual Paracelso tuvo que hacer después de él.
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pero puesto que él blasfemó contra los Profetas y el Hijo de Dios, ¿cuál pudo ser su entendimiento en los mysterijs naturæ [misterios de la naturaleza]? ¿O qué sabéis vosotros, sus discípulos, del secreto de la medicina en la cual Dios obra? Verdaderamente, vuestro padre ha sido un hombre idólatra, ¿qué sois vosotros, sus hijos? No lo excusaréis diciendo: ‘si Galeno hubiera nacido en la Cristiandad y hubiera conocido a Cristo, habría escrito de otra manera’[84]. Decidme una cosa: ¿Cuándo nació Trismegisto? Pues bien, él supo más de Cristo que quizá cualquiera de vosotros; ¿quién le dio a conocer a Cristo? Las criaturas de Dios, que estuvieron tan presentes ante los ojos de Galeno como ante los de Hermes.»
«¿Por qué él, siendo un hombre tan erudito y poderoso como vosotros lo hacéis, no reconoció también a Dios a través de ellas? Bien querría decíroslo, pero la brevedad de este Tratado no lo permite; se hará en otros lugares.»
«Que alguien quiera pensar que la medicina del cuerpo tangible fue inventada primeramente por Galeno o Avicena, es también…
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…falso: estuvo presente entre los antiguos y diligentes padres de familia; Galeno, en su tiempo, la recogió del hombre común y, con sus Philosophicis rationibus [razones filosóficas], la retocó como un pintor retoca un cuadro; finalmente creó un Methodum [método], y quien no lo siguiera, no debía ser médico.»
«Sería correcto y bueno que se aceptara la verdadera enseñanza: pero puesto que las antiguas historias atestiguan que Portius Cato expulsó a los médicos de Roma[85], no por su destreza o arte de la medicina, sino porque comprendió bien el engaño con el que ellos se manejaban. ¿Cómo llegamos nosotros, los cristianos, a aceptar sus escritos como irreprensibles o como evangelios naturales (naturalia Euangelia)?»
«De aquello que fue inventado por los primeros médicos para servir a las enfermedades corporales, por ello damos gracias a Dios y a ellos; pero lo que otros han remendado con sus otiosis somnijs [sueños ociosos], no estamos obligados a mantenerlo; ni nadie puede darnos la razón de que oremos y busquemos los…
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…secretos de Dios en la Naturaleza y conocer la razón a través de otros libros justos de por qué en el bálsamo de las hierbas no reside esta fuerza para limpiar el bálsamo; ni tampoco debemos ser odiados por mostrar la causa a la juventud, como hago ahora en este tratado sobre el Antimonio.»
«Por tanto, vosotros, jóvenes amantes de la medicina, prestad mucha atención a que el bálsamo del Microcosmos no puede ser purificado por ninguna otra cosa que por el Balsam maioris mundi [Bálsamo del mundo mayor], que está oculto en todas las criaturas. Pero así le ha placido a DIOS: que el bálsamo espiritual no deba hacer esto, sino el corporal.»
«Por ello, la vida del mundo (Mundi vita)[86] ha tenido que convertirse en un cuerpo (corpus) en las criaturas; no en todas, sino en aquellas que han sido creadas en el centro Elementorum [centro de los Elementos]; en ellas el bálsamo es corporal y se llama quinta essentia [quintaesencia], la cual está en los metales, pero no de otra manera que como una semilla que debe crecer hacia su fruto, cuyo fruto es…»
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…el Oro, sobre el cual trata este Capítulo; y este Oro no es otra cosa que la vida del Microcosmos, aunque con esta diferencia: el bálsamo de nuestro cuerpo es un espíritu, pero este Oro es un bálsamo corporal, y por ser corporal, tiene fuerza y poder para limpiar y clarificar nuestro bálsamo, lo cual el bálsamo espiritual en otros simplicibus [remedios simples] no puede hacer. No entiendas que este Oro[87] expulse la enfermedad, sino que purga el bálsamo, a través de cuya purga nuestro bálsamo recupera su fuerza para expulsar la enfermedad y sanar el cuerpo.»
«Los primeros inventores de la Astronomía escribieron quod Sol purgat corpora [que el Sol purga los cuerpos], y por el Sol entendieron este nuestro Oro, y por el cuerpo el bálsamo del Microcosmos. Así pues, nuestro Oro no es otra cosa que la purgatio specifica [purga específica] de nuestro bálsamo[88]. Todos los laxatiua [laxantes] que han sido inventados y descritos por los médicos no tocan el bálsamo; por ello no solo la epilepsia, la gutta, la podagra, el cáncer, etc., permanecen sin sanar por ellos, sino incluso un simple dolor de muelas…
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…dolor y fiebres comunes. Aunque este Misterio yazca en una materia tan despreciable y espantosa, ¿debemos por ello rechazarlo y perseguirlo? ¿No daremos gracias a Dios por tan gran don, a través del cual somos liberados de las necesidades de nuestro cuerpo? Podéis pelear con Dios [preguntando] por qué no lo creó en la cassia o en el Mana; nosotros queremos tomarlo con gratitud allí donde está y usarlo según nuestra necesidad. Vuestra falta de entendimiento y vuestro corazón envidioso no deben confundirnos, sino alegrarnos al quitaros a vosotros, perseguidores de la verdad, las máscaras de carnaval y daros a conocer al mundo tal como sois.»
«Ahora, sobre la acción, sabed: cuando este Oro o Sulphur Philosophorum [Azufre de los Filósofos] entra en el cuerpo y es aceptado por nuestro bálsamo[89], entonces clarifica el bálsamo de la sangre del humo de las estrellas malévolas (à fumo maleuolarum stellarum). Pero si la enfermedad estuviera en aliquo membro principali [algún miembro principal], este Azufre debe ser fermentado[90] con la forma specifica, de lo contrario no tiene poder para actuar en los miembros.»
«Las Specifica transmutan este Oro…»
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…de una clase a otra. Pues de una clase es el bálsamo en la sangre, de otra en el cerebro, otra en el corazón, otra en el bazo, etc[91]. Todo esto debe un médico observarlo diligentemente para poder resistir al Cielo: pues por causa del Cielo han sido inventados los Mysteria. También es muy necesario mencionar que, si el bálsamo tuviera una enfermedad que estuviera por encima del Cielo[92], esto es, que la causa no proviniera del Cielo sino de Dios, tal enfermedad no está sujeta a nuestra medicina: por ello, algunas enfermedades permanecen en el hombre hasta que Dios se apiade de él, o hasta la muerte.»
«Asimismo, si uno o más de los siete miembros hubiera recibido una putrefacción por una mala medicina, esto es, que disminuyera en la sustancia de su cuerpo[93], no hay esperanza de restauración; por tanto, no se debe atribuir a esta medicina más de lo que puede hacer. A partir del bálsamo clarificado sigue después la salud[94], no inmediatamente en una hora, sino que de día en día aumenta…»
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…disminuye la enfermedad; el Azufre también debe ser administrado según la gravedad de la enfermedad, una vez o más a menudo; pero en la administración hay una manipulación secreta que nadie conoce excepto el médico a quien el Microcosmos le es bien conocido; sobre lo cual quiero indicar un poco en el quinto y último Capítulo.»
El quinto Capítulo.
Qué más es necesario que el médico sepa antes de usar el Oro Médico o Azufre Filosófico.

«Confieso que en lo anterior se ha dicho demasiado poco sobre el Oro[95]; pero la forma lunæ [forma de la plata] se interpuso en mi camino, de modo que no me fue permitido mencionar más sobre ello; pues si se hubiera de decir lo que habría que decir, también la forma tendría que ser descrita más claramente, lo cual de ninguna manera debe suceder, a menos que sea Allegoricè [alegóricamente], como nuestros antepasados…»
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…han hecho. Ahora bien, en este tratado no he querido tratar nada per similitudines [por similitudes], sino describir la cosa tal como es en sí misma. Además, al médico no le concierne la forma, solo a los metalúrgicos[96]; ellos encontrarán suficiente información al respecto en Petro Bombo Ferrariensi. Por tanto, el Antimonio ha sido suficientemente declarado y, como veis, de la manera más sencilla, para que nadie tenga que quejarse de que escribo de forma tan oscura que no se pueda entender.»
«Para concluir, debo advertir[97] a cada uno: aquel que no me comprenda, tampoco hará lo que yo enseño; por tanto, el Antimonio no es para él, sino que es un misterio de Dios que sobrepasa su entendimiento. Pero aquel que me comprenda, sin duda verá su esperanza cumplida por Dios y alcanzará aquello de lo que escribo. Ese mismo deberá saber entonces que con ello no ha encontrado toda la medicina, sino que solo debe empezar a aprender la medicina[98]. Pues, ¿de qué le sirve a uno tener una buena espada en la mano y poder…»
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«…defenderse con ella de su enemigo; debe saber de antemano cómo debe usarla. Así también el médico, aunque tenga el Sulphur Philosophorum [Azufre de los Filósofos] en la mano y no conozca la administración, ¿de qué le sirve? La scientia administrationis [ciencia de la administración] requiere un médico muy experimentado[99], no formado en la enseñanza de Galeno, sino en el conocimiento del Microcosmos. Por ello, sería necesario que se escribiera diligentemente sobre el uso (vfu) y la administración de este secreto; como de hecho he comenzado a hacer un libro especial; si Dios da gracia y descanso, no os será ocultado. Tanto os quiero dar a conocer aquí: que el Azufre no puede ser digerido en nuestro estómago (in nostro stomacho): si no es digerido[100], entonces tampoco es la medicina que debe ser. Pues su fuerza sale de él después de la digestión (post digestionem), no antes; el hombre tiene un don, que es de Dios: Paracelso lo llama el Archeum [Arqueo]. El oficio de este Arqueo es que haga carne humana a partir del pan, sangre a partir del vino y lo que el hombre es por lo demás; eso es lo que debe hacer a partir del alimento.»
«Ahora resulta que el hombre [cuando necesita] la medi…»
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«…cina no es alimento, por lo cual el Arqueo no puede hacer la medicina a partir del Azufre o del Oro. Así pues, se deduce que debe traerse otro Arqueo para que dicha digestión pueda ocurrir. Paracelso, en su libro sobre el Tártaro (de Tartaro), menciona esta digestión, [y] cómo nuestro estómago debe ser fortalecido; y dice que el Arcano es el Vitriolum [vitriolo]; es verdad, pero para vosotros, jóvenes médicos, está dicho de forma muy sutil y breve. Que nadie sea tan insensato como para creer que la medicina puede ser comprendida a partir de la letra de Paracelso. Os digo que aquel que sepa llevar a cabo esta digestión en el hombre posee un gran secreto; ningún médico mediocre lo sabrá, pues se requiere mucho para ello.»
«Por tanto, guárdese cada uno, aunque obtenga este Azufre a través de su diligente búsqueda y trabajo[101], de no abusar del don de Dios, ganando más vergüenza y burla ante los enfermos que honor con él. Si fuera posible explicaros esta digestión con pocas palabras, la adjuntaría a este Tratado; [pero] no…»
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«…puede hacerse, debido a los muchos arcanos que en ello se comprenden. Por tanto, este Tratado debe tratar solo sobre la preparación del Antimonio[102]; sobre el uso seguirá después otro librito, por el cual comprenderéis lo que Paracelso escribió sobre los arcanos y elixires en Archidoxis. El hecho de que en este Tratado no haya presentado ninguna receta ha ocurrido porque no quiero seduciros, pues las recetas son una seducción para los médicos jóvenes. Tampoco hay ninguna receta descrita jamás por Paracelso, referente al secreto de la medicina, que no tenga un occultum sensum [sentido oculto], en el cual no haya poco o demasiado; y tal cosa no ocurre sin grandes razones.»
«Así pues, el Tratado sobre el Antimonio tiene un fin, en el cual en el primer Capítulo se ha dicho qué es el Antimonio[103]; en el segundo, cómo se hace el Mercurio a partir de él; en el tercero, cómo es regenerado a través del Cielo; en el cuarto, cómo el médico debe hacer Oro a partir de la Plata; en el quinto, qué más le es necesario saber al médico…»
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antes de que use el Oro. Todo esto me he propuesto escribir sobre el Antimonio por el bien de los médicos jóvenes que no saben qué es el Antimonio[104], para que no sean seducidos por los galenistas, quienes no se avergüenzan de escribir sobre este mineral, el cual no han experimentado.»
«Lo que escribo sé que es verdad, y esta obra no ha pasado solo una vez por mi mano, y la conozco mucho mejor de lo que un zapatero [conoce cómo] sacar la horma del zapato[105]. ¿Por qué, entonces, no habría de escribir lo que es verdad?»
«Aunque el Diablo sea tan negro y maligno, no podrá morderme en este asunto. La medicina afecta al cuerpo y a la vida; aquel que escribe algo en ella que no puede demostrar con obras, es un asesino. Si los galenistas tuvieran que pagar por esto, ¿dónde quedarían ellos?»
«Por tanto, lector, si quieres trabajar[106], debes confiar en este camino de forma tan firme como una roca que es inamovible; pero te ruego que no te acerques illotis manibus [con las manos sin lavar/sin preparación]…»
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«…te acerques; esto es, que no te atrevas con aquello que no te pertenece. A vosotros, jóvenes médicos paracelsistas, también os quiero exhortar: no hagáis como la parte contraria, disputando mucho sobre la medicina en vuestros prefacios; no defendáis a vuestro preceptor solo con palabras, sino también con obras. Con palabras ganaréis a los galenistas tanto como los Apóstoles de Cristo ganaron a los paganos con la predicación: las obras lo hicieron entonces, y las obras deben hacerlo todavía. Cuanto más logréis con obras, tanto más crecerá el nombre de Paracelso. Pero tengo gran temor de que no cada uno que se jacta de ser paracelsista hará las obras de Paracelso: guardaos de escribir antes de tiempo, pues las rosas solo crecen a su debido tiempo: cuando llegue vuestro momento, ayudad a la verdad con palabras y obras; así triunfaréis sobre vuestros enemigos, como Theophrastus hizo en vida. Con esto, os he regalado este tratado sobre el Antimonio: y esperad uno mejor.»
FIN
NOTAS
[1] Sobre los antimonialistas: McCallum, R.I., Antimony in Medical History: An Account of the Medical Uses of Antimony and Its Compounds Since Early Times to the Present, Bishop Auckland, Pentland Press, 1999.
[2] Nota al margen [NM]: Occaſio scribendi. Motivo de escribir.
[3] NM: Gratia Dei. (Gracia de Dios). Sathanæ dolus. (Engaño de Satanás)
[4] NM: I. Tempus. (I. El Tiempo)
[5] NM: II. Aegrorum necessitas. (II. La necesidad de los enfermos).
[6] NM: Qua de re & quomodo scripturus sit. (Sobre qué asunto y de qué manera ha de escribir).
[7] NM: Experiẽtia. (Experiencia).
[8] NM: Quorũ gratia ſcribat. (Por gracia de quiénes escribe / Para quiénes escribe)
[9] NM: Por qué no escribe sobre el origen del antimonio
[10] NM: Que el antimonio no es un metal
[11] NM: Antimonij materiam esse metallicam. «Que la materia del antimonio es metálica.»
[12] NM: Cur nō sit metallum. «¿Por qué no es un metal?»
[13] NM: Sulphur Antimonij. «El azufre del antimonio.»
[14] NM: Differentia sulphuris Antimonij & metall. «Diferencia entre el azufre del antimonio y [el de los] metales.»
[15] NM: Antimonij Saturnus in Philosoph. «El Saturno del antimonio en la Filosofía [alquimia].»
[16] Saturnus Philosophicus medicorum est.«Es el Saturno filosófico de los médicos.»
[17] NM: Aurum medicorum ex Antimonio. «El oro de los médicos [procedente] del antimonio.»
[18] NM: Alchimia vera. «La verdadera alquimia.» (Refiriéndose a la preparación práctica de medicinas).
[19] NM: Alchimia alia. «Otra alquimia.» (Refiriéndose, de forma despectiva en el texto principal, a la teoría vacía o a las interpretaciones erróneas).
[20] NM: Antimonij preparatio. «Preparación del antimonio.»
[21] NM: Mercurij extractio. «Extracción del mercurio.»
[22] NM: Splendor Metallicus. «Esplendor metálico.»
[23] NM: Signa Mercurij Philosophici. «Signos (o señales) del Mercurio Filosófico.»
[24] NM: Mercurij venenum. «El veneno del Mercurio.»
[25] NM: Mercurij huius cruditas unde. «De dónde [proviene] la crudeza de este Mercurio.»
[26] NM: Mercurij philosophi calor. «El calor del Mercurio de los filósofos.»
[27] NM: Quale Sulphur huic Mercurio adhæreat. «Qué clase de azufre se adhiere a este Mercurio.»
[28] NM: Mercurij Sulphur spiritus est.«El azufre del Mercurio es espíritu.»
[29] NM: Forma metallica retinenda. «Se debe conservar la forma metálica.»
[30] NM: Formæ Antimonij, ignis. «La forma del antimonio [es] fuego.»
[31] NM: Digressio in Galenistas, qui medicamēta Paracelsi vutuntur nōdum intellectis. «Digresión contra los galenistas, que usan los medicamentos de Paracelso sin haberlos comprendido todavía.»
[32] NM: Redit ad Mercurij cofectionē. «Regresa a la confección (preparación) del Mercurio.»
[33] NM: Vide supra. «Véase arriba» (o lo anterior)
[34] NM: Deus convertit cibū in corpus hominis. «Dios convierte el alimento en el cuerpo del hombre.»
[35] NM: I. Mercurij Philosophici Laus. «I. Alabanza del Mercurio Filosófico.»
[36] NM: II. Contemptus. «II. El desprecio» (referido a cómo lo tratan los falsos alquimistas).
[37] NM: III. Defensio. «III. Defensa.»
[38] NM: IIII. Aeternit. «IIII. Eternidad.» (Continuando con la lista de atributos del Mercurio).
[39] NM: Cur nō plur. de hoc Mercurio patefecerit. «Por qué no revela más sobre este Mercurio.»
[40] NM: In Sophistas. «Contra los sofistas.»
[41] NM: Redit ad Mercurij perfectionem. «Regresa a la perfección (o maduración) del Mercurio.»
[42] NM: Exemplum à piro. «Ejemplo de la pera.»
[43] NM: Errans in igne. «El que yerra [se equivoca] respecto al fuego.»
[44] NM: Investigatio veri ignis. «Investigación del verdadero fuego.»
[45] NM: Cur ista tectius scribantur. «Por qué estas cosas se escriben de forma tan oculta [protegida].»
[46] NM: Helias artista vide in Tinctura phisicorū. «Véase Helias el artista en la Tintura de los físicos.»
[47] NM: I. Chymistæ. «I. Los Quimistas.»
[48] NM: III. (Continuación de la lista de atributos o nombres).
[49] NM: IV.
[50] NM: Huius Mysterij nomina varia. «Varios nombres de este Misterio.»
[51] NM: Quid sit. «Qué es.»
[52] NM: Quid Paracelsus per 5. essentiā intelligat. «Qué entiende Paracelso por quintaesencia.»
[53] NM: Obiectio quod pauci aliquid in chimia præstiterunt.«Objeción de que pocos han logrado algo en la química.»
[54] NM: Responsio. «Respuesta.»
[55] NM: Chemia virgo est. «La Química es virgen.»
[56] NM: Ratio seducit hominē. «La razón seduce al hombre.»
[57] NM: Medicin. instrumentū. «Instrumento de la medicina.»
[58] NM: Mercurij digestio diuina est. «La digestión del Mercurio es divina.»
[59] NM: Luna ex Mercurio. «Luna [plata] a partir del Mercurio.»
[60] NM: Stella signata.«La estrella señalada.»
[61] NM: In tinctura phisicorū. «En la Tintura de los físicos.»
[62] NM: Stella signata donum est. «La estrella señalada es un don.»
[63] NM: Regenerationis cognitio medico necesaria est. «El conocimiento de la regeneración es necesario para el médico.»
[64] NM: Quis ad antimonij tractationem aptus sit. «Quién es apto para el tratamiento del antimonio.»
[65] NM: II. Tractat. de administratione huius medicinæ. «II. Tratado sobre la administración de esta medicina.»
[66] NM: Per similitudines ostendit reliquos labores. «Muestra los trabajos restantes a través de similitudes.»
[67] NM: Deus nobis quædā perficienda relinquit. «Dios nos deja ciertas cosas por completar.»
[68] NM: Luna quādo in summo gradu. «Cuándo la Luna [plata] está en su grado máximo.»
[69] NM: Quomodo differt. «En qué se diferencia.»
[70] NM: Quomodo ex hac luna metalla facienda. «Cómo deben hacerse metales a partir de esta Luna [plata].»
[71] NM: Formæ huius laus. «Alabanza de esta forma.»
[72] NM: Aurum potabile. «Oro potable.»
[73] NM: Obiectio. «Objeción.»
[74] NM: Metalla Herbæ. «Metales [y] Hierbas.»
[75] NM: Vita hominis duplex. «La doble vida del hombre.»
[76] NM: I. Animæ. «I. Del alma.»
[77] NM: II. Corporis. «II. Del cuerpo.»
[78] NM: Balsami cibus. «El alimento del Bálsamo.»
[79] NM: Microcosmi nutrimētum vnde. «De dónde [proviene] el alimento del Microcosmos.»
[80] NM: Nutrimentum massæ. «El alimento de la masa [del cuerpo].»
[81] NM: De vita longa li. 2. c. 2. «De la vida larga, libro 2, capítulo 2.
[82] NM: Nulla apud Galenicos balsami nostri cura. «Ninguna cura para nuestro bálsamo entre los galenistas.»
[83] NM: Ratio. «La razón.»
[84] NM: II.
[85] NM: Medici expulsi Rom. «Médicos expulsados de Roma.»
[86] NM: Mundi vita corpus. «La vida del mundo [es] cuerpo.»
[87] NM: obseruatio quid aurū nostrum efficiat. «Observación sobre qué produce nuestro oro.»
[88] NM: Quare Galenicis remedijs nonnulli morbi non curentur. «Por qué algunas enfermedades no se curan con los remedios galénicos.»
[89] NM: De virtute nostri auri. «Sobre la virtud de nuestro oro.»
[90] NM: Fermentatio auri nostri. «Fermentación de nuestro oro.»
[91] NM: Varia Balsami natura. «Naturaleza variada del Bálsamo.»
[92] NM: I.
[93] NM: II.
[94] NM: Balsami affectus. «Afecto (o estado) del Bálsamo.»
[95] NM: Cur pauciora de auro scripserit. «Por qué escribió menos sobre el oro.»
[96] NM: II. Metallistæ. «II. Metalúrgicos.»
[97] NM: I. Admonit. «I. Advertencia.»
[98] NM: II. Administratio necesaria. «II. Administración necesaria.»
[99] NM: Administratio medicum requirit exercitatum. «La administración requiere un médico ejercitado.»
[100] NM: Sulphur nostrum in nostro stomacho non digeritur. «Nuestro Azufre no es digerido en nuestro estómago.»
[101] NM: admonitio sulphure nostro nō temere vtendum. «Advertencia de que nuestro azufre no debe usarse temerariamente.»
[102] NM: Tract. 2. de administ. «Tratado 2 sobre la administración.»
[103] NM: Conclusio & summa capitum. «Conclusión y suma de los capítulos.»
[104] NM: Quare scripserit hunc librum. «Por qué escribió este libro.»
[105] NM: Authoris experientia. «Experiencia del autor.»
[106] NM: admonitio ad lectorē. «Advertencia al lector.»
Alexander von Süchten. Sobre el gran secreto del antimonio (traducción).
INTRODUCCIÓN Algunos datos biográficos. Proveniente de la prestigiosa familia patricia de Danzig von Zuchta, anteriormente…
Paracelso el charlatán [II]. De su nacimiento e infancia.
A pesar del exagerado número de libros y artículos sobre la vida de Paracelso, son…
El fraude del alquimista en la Literatura (XI): El siglo XV.
A lo largo del siglo XV el relato entra en una fase en la que…
Átomos y Alquimia (XIV). De la ansiedad al miedo.
Ya hemos hablado en post anteriores sobre Silas Bent (1882-1945) y de su entrevista. Pero…
Johann Seger Weidenfeld: 5. El Alma Metálica, o Lunaria Caelica de Lull.
De las supercherías sobre la Piedra Filosofal.
Traducción al castellano de Geoffroy, E.-F., “Des supercheries concernant la pierre philosophale”, Histoire de l’Académie…
