A lo largo del siglo XV el relato entra en una fase en la que no parece interesar a los literatos y la secuencia habida hasta ahora se rompe, no encontrando ningún testimonio literario que recoja todos los elementos que encierra el mismo. Sí, en cambio, hay ejemplos que muestran uno o varios componentes del cuento (como podemos ver en Las mil y una noches). De otra parte, es muy llamativo el contraste que hay entre su práctica desaparición y el aumento de datos en los documentos que servirían tanto para alimentar cualquier parte del contenido de la historia como para refrendar la figura literaria del alquimista estafador y tramposo. Así, las alusiones a los alquimistas como personajes que estaban presentes en toda trama relacionada con cualquier falsificación de metal y de moneda trascienden el ámbito literario y van apareciendo, cada vez más, en otros escenarios. En algunos de ellos, bastante serios, sentenciosos y solemnes, se añaden nuevos componentes a la figura del falsario alquimista y ahora son relacionados, por ejemplo, con prácticas mágicas y con pactos diabólicos, por lo que entran de lleno en el ámbito de la herejía religiosa.
Así, el agustino Godschalcus Hollen (1411-1481) hace toda una narración histórica que empieza con Abraham sobre el fraude en las monedas (tanto en el peso como en su ley), sigue con las malas artes de los alquimistas en este sentido y las adosa a la práctica mágica[1]. Lo cierto es que en agosto del año 1466 el alquimista Bartolomeo di Antonio da Pistoia es detenido por heréje y encantador de demonios[2]. Por otra parte, durante todo el siglo XV se van multiplicando los casos de fraude registrados en los documentos oficiales. Hubo falsificadores de moneda y multiplicadores de metales profesionales por toda Europa, y hay casos registrados en Inglaterra[3] e Italia[4]. También hubo alquimistas expertos en transmutar metales viles en oro y plata que recibieron ayuda regia[5]. Esta cuestión del apoyo regio a los artisans del metal resulta ser muy interesante, por cuanto saca a la luz algunos aspectos curiosos que, si bien no aparecen explícitos en el relato, se dan por supuestos y sirven como punto de partida del mismo. La visión del alquimista como alguien capacitado en el trabajo de amejoramiento del metal para su posterior circulación monetaria, tan típico de la Europa central, tiene también una fuerte base anterior en el mundo árabe. Si bien dudamos de la existencia de corrientes de influencias de uno a otro. Hay tratados de técnica monetaria ya en el siglo X en Yemen, en el siglo XIII en Egipto y en el siglo XIV en Marruecos, como el texto titulado Dawha al-mushtabika fi dawabili dar assika compuesto por Abu-l-Hasan Ali Ibn Yusuf al-Hakim hacia la segunda mitad de dicho siglo. Todos ellos tratan, en un momento u otro, de la formación del oro y la plata en términos alquímicos[6]. Además, los practitioners de cualquier clase tenían su propia ubicación, y en El Cairo, los verificadores autorizados de monedas tenían su ubicación en la calle de los alquimistas de dicha ciudad nada menos que en el año 1081[7].
Más llamativo fue el caso de Federico I de Brandenburgo (1371-1440). Se dice que Federico dio un resumen al Emperador Segismundo (1368-1437) poco después de 1408, además de acompañarle al Concilio de Constanza. Tanto Segismundo como Federico estaban muy interesados en la alquimia, siempre según Peters. Fue la mujer del Emperador, Bárbara de Cilli, quien les introdujo dicho interés, además de hacer lo mismo con su hijo Juan, primogénito de Federico, quien se apasionó tanto por la alquimia que su padre le desheredó del margrave, indemnizándole, por ello, con la provincia de la Alta Franconia. Federico llegó a pactar con el duque Juan Sagan, que decía poseer el secreto de la Piedra Filosofal, que le apoyaría si se lo daba a su hijo antes de tres años. El duque Juan Sagan se gastó tanta riqueza investigando para obtener la Piedra que se endeudó hasta comprometerse con el margrave Alberto a cederle el principado de Bayreuth, cesión hecha efectiva el 10 de enero de 1455[8]. También en Francia el rey Carlos VII y algunos allegados suyos vivieron varios contactos con la Alquimia y los alquimistas, tanto en el aspecto tan material que estamos tocando ahora, como en el medicinal[9], que culminaría con el proceso al alquimista Giles de Rais (1404-1440).
El hecho de tan cercanas relaciones entre la realeza, las monedas y los alquimistas, de su constancia y repetición obedece a motivos concretos en los cuáles, los intereses son mutuos y los beneficios esperados, mayores para los reyes. La identificación de un estado con su monarca tuvo en la moneda su mejor vehículo y apoyo. La moneda representaba, en última instancia al rey y al estado, era la imagen de ambos. Y una buena imagen resultaba fundamental[10]. Del mismo modo, una alteración de la moneda, ya sea rebajando su ley o falsificándola, podría traducirse por una autoridad débil. Esto fue perseguido por los monarcas. Pero, al contrario, buscaron profesionales, alquimistas, que potenciaran con su arte, el sistema monetario. Y nada mejor que poder tener oro y plata a partir de otro metal. En este punto, la realeza se entregó a ellos. Es más los buscó y los acogió, les proporcionó cobertura legal y lugares e instrumentos para trabajar: o sea, nuestro personaje del señor necio del relato que nos ocupa. Por tanto, durante el siglo XV ocurre un hecho curioso. No hay, excepto la versión de las Mil y una noches[11] y que es la única continuadora del relato, una narración semejante. Pero sí que abundan, en cambio, todos los elementos que podrían ser capaces de generar un cuento de este tipo: poderosos que acaban engañados, alquimistas falsificadores, multiplicadores de oro, etc. Parece algo contradictorio que, al menos, no se recogiera esta situación sino en posteriores opiniones críticas, y repetimos, sin abundante reflejo en la literatura. También, volvemos a insistir, llama la atención que la Literatura no recogiera este ambiente en sintonía con la profusión de datos históricos repartidos por todos los lugares en su totalidad. Decimos en su totalidad porque sí que hay testimonios literarios que guardan en su contenido alguna relación con la Alquimia.
En la poesía medieval francesa, además de El sueño del viejo peregrino, ya citado, otro largo elogio de la Alquimia se encuentra en el poema Le Temps recouvré de Pierre Chastellain, escrito hacia el año 1454, versos 1289 a 1918, y la defensa explícita de la misma en los versos 1436 a 1470[12]. El pasaje tiene lugar bajo los auspicios de dos doctores de la materia: Geber y Avicena, además de Sócrates, Platón y Aristóteles. Hallamos en el texto mucho vocabulario alquímico, sobre todo cuando trata el tema de la transmutación de los metales, que es algo presentado por Chastellain como una experiencia personal que cambió “al maestro Jehan de Meung” (verso 1877)[13]. No obstante, la diferencia con el poema alquímico de Jehan de Meung Roman de la Rose es que el Román presenta al Alquimia en diálogo con la Naturaleza (l’Ars simia Naturae)[14], mientras que Chastellain se pregunta por el diálogo entre la Alquimia y el artífice, como hace en el verso 1821 y en los siguientes versos 1880-1881:
<Celuy qui d’arquimiye est maistre
De fin argent fin or fait naistre>
Por tanto, el lenguaje alquímico es una cuestión de sabiduría (verso 1472), de “haute philozophie” (verso 1500), y necesita una larga meditación tras la lectura de los libros escritos en “belle rethoricque” (verso 1486). Y, sobre todo, la revelación por “acción divina” es necesaria antes de pasar a la práctica (verso 1512). También en la poesía inglesa del siglo XV encontramos el poema The Three Kings of Cologne, con reminiscencias altomedievales, emparentado con los libros de caballería y con las gestas en algunas de sus versiones y que cuenta una historia de los valores predominantes brillantemente resuelta a través de la Alquimia[15].
Pero, dejando atrás a estos alchemical praisers y volviendo al siglo XV, falta por destacar que encontramos bastantes reminiscencias en la obra del ya citado Tommaso Guardati, o Masuccio Salernitano, o Masuccio da Salerno (Salerno o Sorrento, 1410 ca. – Salerno, 1475), concretamente en Il Novellino, escrito hacia 1450; y en el florentivo Arlotto Mainardi, o il Piovano o Pievano Arlotto (1426-1468), un sacerdote famoso por sus escritos repletos de un tono burlesco, apoyados en la literatura popular que floreció por todo el Renacimiento.
[1] Godschalcus, H., Praeceptorium divinae legis Domini Gotscalci, Colonia, J. Guldenschaef, 1481. Edición manejada: Colonie, Koelhoff, 1489, clxxix-clxxx: De moneta et Alchimia: “Tertio sic peccant quae documenta reipublicae inferunt, puta monetas falsificando in ponderibus vel valore vel argentum semiplene depurgando.” El padre Hollen, sajón, alcanzó fama dentro de su Orden por ser muy amante de la disciplina, por el ejercicio de la doctrina y por su elocuencia. Ver Crusenio, N., Nicolai Crusenii (+ 1629) ord. S. Augustini pars tertia monastici augustiniani completens epitomen historicam ff. Augustinensium A magna unione usque ad an. 1620 cum additamentis rev.mi p. M. Fr. Josephi Lanteri, Valladolid, Ludovicus de Gaviria, 1890, caput XXXIV De P. Augustino Interamnensi, XXXII Generali: “Vixit in eadem Congregatione Saxonica Godescalcus Hollen, natione Saxo, vir religiosus disciplinaeque amantissimus, doctrina et eloquio celebris, ut testatur Praeceptorium ab illo editum Norimbergae anno MCCCCXCVII, ubi etiam suum opus quadragesimale impressit P. Reinardus a Laudenburch, Theologus praestantissimus, ac concionator disertissimus”.
[2] Ceppari Ridolfi, M. A., Maghi, streghe e alchimista a Siena nel suo territorio (1458-1571), Siena, Edzioni Il Leccio, 1999, 47-51: “L’alchimista incantatore di demoni”.
[3] CPRPRO, 3 de junio de 1415, Enrique V, vol. 1: Perdón a Roberto, Obispo de Hereford “provided that he be is not a counterfeiter of Money, multiplier and sweater of gold and silver…” CPRPRO, 23 de marzo de 1416, Enrique V, vol. 2: Perdón a Thomas Robert de Lichfeld, “Skryvener andlymnour for all treasons, forfeitures, felonies, misprisions, multiplication, sweating and clipping of gold and silver”. CPRPRO, 6 de Julio de 1416, Enrique V, vol. 2: Comisión para Richard Wyot, John Uvedale, Richard Wallop y John Skyllyng “to enquire about all counterfeiters, falsifiers, sweaters, clippers and multipliers of the king’s money in the county of Southampton”. CPRPRO, 10 de Julio de 1416, Enrique V, vol. 2: Comisión pra averiguar cuántos multiplicadores había en Nothingham. CPRPRO, 6 de diciembre de 1447, Enrique VI, vol. 5: “… forged 40s. in groats of false metal, to wit, copper, tin, alcam and other false metal;”. CPRPRO, 13 de junio de 1417, Enrique V, vol. “: Perdón al monje John Broune porque no era “multiplier and sweater of gold and silver coined”. CPRPRO, 20 de febrero de 1442, Enrique VI, vol. 2: “forged at Bradeford a hundred groats of false metal, to wit of brass, copper, quicksilver and electrum.” CPRPRO, 27 de febrero de 1444, Enrique VI, vol. 4: falsificadores de moneda. Archivo General de Simancas (AGS), Cancillería, Registro del Sello de Corte 149309,131, 17 de septiembre de 1493: Para que el licenciado Pedro de Mercado, alcalde mayor de Córdoba, remita a Catalina de Torres, monja profesa de Santa Cruz de dicha ciudad, ante frey Bernaldino de Guaza, visitador general de la Orden de Santa Clara de Castilla, y que en unión con el prior de San Pablo y del chantre de la iglesia de la citada Córdoba, haga pesquisa acerca de la acusación formulada contra tal religiosa de que ‘so color de hazer alquimia… falsaua los reales’.
[4] Giovanni Villani (Florencia, 1280-1348) refiriéndose a la falsificación del florin, escribe: «Feciono venire da Siena certi maestri falsatori di moneta, e nell’Alpe di Castro avevano ordinato e cominciato a falsare la detta moneta nuova e i quattrini e furono condannati tutti e tre al rogo come falsari» (en Villani, G., Questo libro si chiama la Nuova cronica, nel quale si tratta di più cose passate, e spezialmente dell’origine e cominciamento della città di Firenze, poi di tutte le mutazioni ch’ha avute e avrà per gli tempi: cominciato a compilare nelli anni della incarnazione di Iesù Cristo MCCC, Firenze, Sansone Coen, 1844-1845, vol.12, 53). Y en vol. 8, 56: “Nel detto anno MCCCXLV, avendo in Firenze grande difetto, e nulla moneta d’argento, se non la moneta da quattro, che tutte le monete d’argento si fondieno e portavansi oltremare; e valea la lega d’once XI e mezzo di fine più di libre XII a·ffiorini la libra, ond’era grande isconcio a’ lanaiuoli e a più altri artefici, temendo non calasse troppo il fiorino a moneta; sì·ssi ordinò il divieto che niuno traesse della città e contado ariento sotto certa gran pena; e ordinossi e fecesi nuova moneta d’argento di soldi IIII di piccioli l’uno, o XII quattrini, di lega di buono argento d’once XI e mezzo di fine per libra; e i soldi XI e danari X de’ detti grossi pesavano una libra, e soldi XI danari VIII ne rendea la zecca, e grossi due rimanea per l’overaggio al Comune. E trassesi di zecca di prima a dì XII d’ottobre del detto anno, e fu molto bella moneta colla ‘mpronta del giglio e di santo Giovanni, e chiamavansi i nuovi guelfi; ed ebbe grande corso in Firenze e per tutta Toscana, e per lo caro dell’argento tornò il fiorino a valuta di libre III e soldi II di piccioli, e meno. Prima ci erano guelfi XV e mezzo per fiorino d’oro. Ma in quelli dì certi mali fattori cittadini, alquanti di casa i Bardi, e Rubecchio del Piovano, fatti venire da Siena certi maestri falsari di monete, e nell’alpe di Castro avieno ordinato di falsare la detta moneta nuova e quattrini. Furonne presi due e arsi, e confessaron per loro che, detti tre de’ Bardi la facieno loro fare, citati e non compariti, furono condannati al fuoco come falsari.”
[5] CPRPRO, 6 de julio de 1444, Enrique VI, vol. IV: John Cobbe pide al rey poder operar sobre ciertas materias por medio del “art of Philosophy”, to wit, to transmute imperfect metals from their proper sort into gold or silver in order to await or mature all experiments and examinations, such as any gold or silver growing in any mineral”. CPRPRO, 7 de abril de 1446, Enrique VI, vol. IV: Licencia a los caballeros Edmund de Trafford y Thomas Assheton, además de a sus sirvientes para poder conseguir su arte de transmutación de metales. CPRPRO, 4 de Julio de 1446, Enrique VI, vol. IV: Licencia “to pursue their art of transmutation of metals” a William Hurteles, Alexander Worsley, Thomas Bolton y George Horneby. CPRPRO, 30 de abril de 1452, Enrique VI, vol. IV: Licencia para lo mismo a John Mistelden.
[6] Khaled, R. «Traité inédit de technique monétaire», Revue numismatique, 6e série – Tome 30, année 1988 pp. 207-226.
[7] Goitein S.-D., «Artisans en Méditerranée orientale au haut Moyen Âge», Annales. Économies, Sociétés, Civilisations. 19e année, N. 5, 1964. pp. 847-868, en especial 851. También es aconsejable sobre la vida de los grupos laborales Lévi-Provençal, E., Séville musulmane au début du xiiè siècle. le traité de ibn abdun, París, Maisonneuve & Larose, 2001 (ed. or. 1947).
[8] Peters, H., «Die Chemie des Markgrafen Fiedrich I von Brandenburg», Mitteilungen aus dem Germanischen National Museum, s.n. (1893), 98-108.
[9] Vallet de Viriville, Auguste Histoire de Charles VII, roi de France, et de son époque, Tome troisième, 1444-1461, Veuve J. Renouard, 1865.
[10] Piron Sylvain. Monnaie et majesté royale dans la France du XIVe siècle. In: Annales. Histoire, Sciences Sociales, 51e année, N. 2, 1996. pp. 325-354.
[11] Este cuento lo encontramos también en Las mil y una noches (Noches 779-781; se prolongará en relato novelesco hasta la noche 831) y lo único que aclara es la existencia de los que «ejercen el arte de la alquimia y engañan a la gente robándoles sus riquezas». Pero en esta historia se trata de un persa, mago, que va a raptar e intentar matar a Hasan. Lo referente a nuestro tema es la existencia de unos polvos amarillos (un Kohol amarillo) que llama «piedra filosofal» que convierten todo el cobre en oro puro. No es, pues, una parte de los materiales convertidos en oro –el que limado y espolvoreado en el matraz, y tampoco el mago, verdadera diferenciación- huye con el dinero del engañado para comprar en un lejano país, los tabardit, tabarmukko alejandriques.
[12] Deschaux R. (ed), Le Temps Recouvré (1454) de Pierre Chastellain et de Vaillant, poétes du XVe siècle, Genève, Droz, 1982.
[13] El final de la disgresión de Meung sobre la alquimia en los versos 16069 a 16152. Strubel, A. (ed), Roman de la Rose, París, Le livre de Poche, 1992.
[14] Frappier, J, » Jean. «Aspects de l’hermétisme dans la poésie médiévale», Cahiers de l’Association internationale des études francaises, 15 (1963), 9-24.
[15] Warton, T., The history of the English Poetry, Londres, Thomas Tegg, 1824, 4 vols, vol. 3, 11, nota m. El poema en concreto tiene muchas versiones, pero la más antigua en lengua inglesa esta contenida en la British Library, ms. Harley 2407/13.
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