Introducción.
Desde hace ya varios años, incluso décadas, la Historiografía ha venido demostrando mediante publicaciones que la mayoría de los conocidos como los padres de la Ciencia moderna así como también los de la Química creyeron firmemente en la alquimia, unas veces durante toda su vida y otras en algún momento de ella. Además de los famosos ejemplos de Robert Boyle (1627-1691) o del mismo Isaac Newton (1643-1727), no podemos olvidar los de Hermann Boerhaave (1668-1738), Georg Ernst Stahl (1659-1734) o Johann Joachim Becher (1635-1682), padre de la teoría del flogisto[1]. Todo ello sin repasar a otros científicos menos conocidos, aunque no menos importantes, y que desarrollaron sus actividades a caballo entre finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII, como el químico y farmacéutico Johann von Löwenstern-Kunckel (1630-1703), August Sigmund Frobenius (1700?–1741?), Johann Conrad Dippel (1673-1734) y tantos otros.
En ocasiones, estos padres de la Química, fuertemente influenciados por la alquimia, cuando no practicantes durante décadas, acabaron por renegar de sus creencias en sus publicaciones. Y a veces lo hacían de una forma obligada, aunque muy sutilmente: demostraban que, para refutar a la alquimia y sistematizar los experimentos ya fuera de ella, habían entendido sus bases intelectuales y de pensamiento así como también habían experimentado hasta en los más profundos rincones o se habían paseado por cualquiera de las diferentes “escuelas” operativas de los alquimistas. Todo ello con el fin de dar autoridad a esas nuevas posiciones que condujeron a la Química. Es decir: debieron demostrar que sabían de alquimia y que ese mismo conocimiento les condujo a las afueras de la propia alquimia. Así lo hicieron Boerhaave en sus Elementa Chemiae, Stahl en sus Fundamenta Chemiae, y Becher publicando mil quinientas operaciones químicas dentro del ámbito de la alquimia en su Chymischer Glücks-Hafen.

A lo largo de sus escritos, Stahl nos deja constancia de su enseñanza y aprendizajes alquímicos de su primera época, aunque luego los enlazaría con sus Fundamenta Chemiae, también conocido como Principios Filosóficos de la Química Universal. Las ediciones en latín y alemán de este libro constan de tres obras. La obra principal es un libro de texto de Química, el cual está encuadernado junto a dos breves tratados a modo de suplementos.
El primero era un texto alquímico de Stahl sobre los mercurios de los metales, la piedra filosofal y la medicina universal. Consideramos este texto de suma importancia y por ello nos hemos decidido a traducirlo aquí como testimonio del camino tortuoso que supuso el paso de la Alquimia a la Química moderna . El otro era un manuscrito de Isaac Hollandus sobre las sales y aceites de los metales, publicado por primera vez por Stahl.
En este primer suplemento, Stahl aborda directamente su enseñanza alquímica, donde llama la atención que lo primero que aprendió fue sobre la crisopeya (transmutación en oro) y la teoría de la materia, que nos lo muestra adosado a su interpretación de la historia de la alquimia, al entorno intelectual en el que situó su propia investigación alquímica, además del desarrollo de su lealtad hacia Johann Joachim Becher[2].

La publicación de esta compilación de tres obras es una larga historia. Se publicó por primera vez en 1720 en alemán, aunque su prefacio señala que se basa en un manuscrito en latín que circuló como una recopilación de notas de clase tomadas por los estudiantes de Stahl en sus cursos de química en Jena a mediados de la década de 1680, cuando enseñaba como conferenciante sin sueldo tras haber recibido su doctorado en medicina en 1684. La base latina de esta obra se publicó tres años más tarde, y la edición inglesa fue preparada por Peter Shaw (c. 1694-1763) —él mismo un conocido médico-químico, editor y traductor en Gran Bretaña— y publicada en 1730. Ni las traducciones ni el original latino fueron proporcionados por el propio instructor ni recibieron su permiso explícito. Más tarde, Stahl incluso lamentó la publicación de este libro. A pesar de su pesar, nunca negó que el libro de texto y sus suplementos representaran su enseñanza al comienzo de su carrera.
Stahl afirma, ya en la portada, que se trata de ‘una investigación histórica y experimental sobre el asunto de la mercurificación, o los mercurios de los metales, el mercurio animado y la Gran Obra Filosófica’. El tratado consta de tres secciones. La primera examina lo que Stahl llama mercurificación, la segunda la piedra filosofal y la tercera la medicina universal. Esta tercera sección, sin embargo, fue eliminada en la edición inglesa de Shaw, así como también el citado tratado adjunto de Hollandus.
Stahl abre su tratado alquímico con una disputa reciente. Werner Rolfinck (1599-1673), profesor de medicina y química en Jena, duda de la posibilidad de preparar mercurios a partir de los metales. Becher repudia la duda de Rolfinck con un tratado y proporciona un método. Por su parte, Johann Kunckel (1630-1703), Joel Langelott (1617-1680) y Theodor Kerckring (1638/40-1693) han convertido dicha preparación en ‘los experimentos comunes de cualquier químico insignificante’. Sin embargo, Andreas Cassius (1645-ca. 1700), tras probar más de quinientos procesos propuestos, vuelve a poner en duda la posibilidad de producir los mercurios de los cuerpos. Stahl se propone resolver estas afirmaciones contradictorias a través de la ‘experiencia’.
La mercurificación, según explica Stahl en la primera sección, consiste en extraer los mercurios de los metales. Considera primero la mercurificación del oro, y después las de la plata, el estaño, el plomo y, finalmente, el antimonio. Tras consultar a un número considerable de autores, Stahl concluye que se puede producir ‘mercurio líquido’ a partir de estos metales. Al referirse a los mercurios en plural, Stahl implica obviamente que cada cuerpo material, o al menos cada metal, posee su propio mercurio. A pesar de las diferencias entre los mercurios de los metales individuales, los mercurios extraídos químicamente son todos útiles para, como era de esperar, ‘su avance hacia el oro’. Sin embargo, el medio más eficaz es el mercurio animado o filosófico, imprescindible en la conocida vía de las amalgamas. Para su preparación, Stahl remite al lector al libro de texto que precede a este suplemento.»
La segunda sección es donde tiene lugar la investigación histórica sobre la ‘gran obra filosófica’. La autoridad histórica de Stahl es Suidas, el lexicógrafo bizantino del siglo XI. Según este autor, los antiguos egipcios, y más tarde los árabes, fueron capaces de crear una riqueza inmensa gracias al arte de transmutar metales base en plata y oro. Esa riqueza envalentonó a los egipcios para rebelarse contra sus gobernantes romanos. El emperador romano Diocleciano ordenó entonces quemar todos los escritos sobre el arte aurífico y matar a todos los que lo conocieran. Sin embargo, el conocimiento de ese arte se propagó entre los árabes.
Tras la historia de Suidas, Stahl continúa con la suya propia. Geber puso por escrito parte del conocimiento árabe, el cual se convirtió en la fuente para los siglos posteriores. Paracelso fue fundamental para difundir ese conocimiento en Europa. Aunque Basilio Valentín e Isaac Hollandus habían escrito sobre crisopeya anteriormente, su conocimiento estaba confinado en manuscritos. Las obras de Paracelso, por el contrario, circularon de forma mucho más amplia gracias a la imprenta.
A continuación, Stahl nombra tres órdenes o escuelas de crisopeya que surgieron después de Paracelso. La primera es la de los seguidores de Paracelso que consideran el vitriolo como la clave de la piedra filosofal. A esta escuela pertenecen figuras que hoy han pasado a ser algo oscuras, como un tal Jodocus van Rehe (sin fecha), un médico electoral de Brandeburgo llamado Müller —cuyo manuscrito fue copiado para su publicación por el profesor de Leipzig Friedrich Geisler (1636-1679)— y Adam Gottlob Berlich (fl. 1676-84), quien defendió una disertación inaugural en Jena sobre la medicina universal.
Siguiendo con la descripción del texto que hace Kevin Chang, la segunda escuela de crisopeya pone su esperanza en el nitro. Se trata de una doctrina defendida por Michael Sendivogius (1566-1636), aunque, hablando rigurosamente, él no es su autor. Según Stahl, el autor es más bien el legendario Alexander Seton, quien confió su habilidad para fabricar oro a su nuevo amigo Sendivogius, aunque se guardó para sí el método de preparación. Tras su muerte, Sendivogius se casó con su viuda y encontró unos pocos dracmas de la Tintura en la casa. También se apoderó de los manuscritos de su amigo y fingió ser su autor. La proposición fundamental de esta escuela es que la sustancia primordial de la piedra filosofal está dispersa como el aire por todo el mundo, y sirve como materia general vegetativa y nutricia tanto de vegetales como de animales y minerales. Esta sustancia primordial es, por tanto, el llamado nitro aéreo. Kenelm Digby (1603-1665) y Christopher Grummet son también defensores de esta doctrina del nitro[3].
El tercer orden de la crisopeya es la escuela del mercurio, la cual Stahl juzga que ha tenido el mayor número de devotos. Sus paladines son Filaleteo, von Suchten, Jean d’Espagnet y el autor de Marrow of Alchemy. Dado que el mercurio es el secreto de la crisopeya, todos ellos comienzan con la purificación del mercurio, aunque difieren en los medios para llevarla a cabo. El examen textual de Stahl concluye que los miembros de la escuela del mercurio sugieren tres materiales de los que depende la Gran Obra: el mercurio filosófico, el oro filosófico y el azufre filosófico.
El mercurio filosófico es el mercurio común animado o ‘impregnado de fuego interno o azufre metálico’. Al igual que el mercurio filosófico, el oro filosófico es más que el oro común. Es, como enseña Stahl en su libro de texto, oro sumamente sutilizado y llevado a un grado de movilidad fermentativa. Stahl no define formalmente qué es el azufre filosófico o el azufre metálico. En diferentes puntos de la discusión, o bien identifica el azufre metálico como la segunda tierra, sigue a Becher al ver la segunda tierra como el principio sulfuroso de la materia, o se une a [Johannes de] Monte-Snyder (fl. 1678) para considerarlo como una sustancia extraída del hierro y el cobre altamente purificados y atenuados».
Stahl considera la escuela del mercurio como la más prometedora de las tres. Para él, el enfoque con el nitro no parece tener ninguna probabilidad práctica de éxito, a pesar de que Becher enseñaba en su Physica subterranea que había encontrado el «alma del nitro» que podía revelar un gran secreto.La escuela del vitriolo es útil porque sugiere la extracción del azufre filosófico a partir del vitriolo. Para ello, el autor supuestamente pre-paracelsiano Isaac Hollandus propone un buen método en el segundo tratado añadido. De hecho, Stahl parece indicar que si el vitriolo ha de jugar algún papel en la Gran Obra, sería precisamente el de proporcionar el azufre filosófico. Sin embargo, la operación con el mercurio es «mucho más cierta y exitosa que la del vitriolo». Resulta un misterio por qué Shaw omitió la sección sobre la medicina universal en su traducción inglesa. En esa sección, Stahl estudia las enseñanzas que identifican la piedra filosofal con la medicina universal. Aunque esta medicina es rara, autores como Joan Baptiste van Helmont y Giuseppe Francesco Borri (1627-1695) sugieren su existencia. Por supuesto, no se trata de un medicamento solo para los minerales, sino también para los seres humanos. Para alcanzar sus efectos medicinales, no puede existir en la forma sólida de oro que produce la piedra filosofal. Se trata más bien de un «spiritus mercurii» o de una sustancia mercurial que abandona su fijeza para ganar penetración en las partes del cuerpo y en los humores.
Gran parte del discurso en el apéndice alquímico de Stahl se centra en relatos de procesos químicos prácticos. Uno de los pocos momentos de discusión teórica aparece en su análisis de las diferentes versiones de la escuela del mercurio. Para conceptualizar lo que ocurre, Stahl afirma que, una vez que el oro atenuado se entreteje entre la sustancia del mercurio correctamente preparado, este cambia la figura de las partículas del mercurio y las transforma a su propia semejanza. De ahí que el nuevo agregado, tras una alteración en el estado de la textura anterior de sus partículas (textura minimarum), pase de ser un cuerpo fluido a uno sólido, de volátil a fijo, de manera que del mercurio se convierta en un oro sutil.
Este pasaje supone que la colisión intercorpuscular puede «transfigurar» las partículas del mercurio y alterar su textura, produciendo así oro. También asume que la textura de las partículas puede determinar el estado fluido o sólido de la sustancia. Aparentemente, para la transmutación del mercurio en oro, Stahl no considera que la diferencia en su composición sea un problema importante. Conceptualizando la crisopeya a nivel corpuscular, Stahl razona que la transmutación puede lograrse alterando la figura de las partículas constitutivas del mercurio y su alineación o textura.
210

COLOFÓN
Sobre la Mercurificación o los Mercurios de los Metales y los Animados & los de la Gran Obra de los Filósofos.
SECCIÓN I
Sobre los Mercurios.
§. 1.
Mucho se propaga acerca de los Mercurios de los cuerpos [metálicos], y mucho se espera; pero los procesos prescritos defraudan tan a menudo la experiencia que Rolfincius, movido por su franqueza, llegó a negar totalmente en un escrito público la posibilidad de producirlos. Y aunque Becherus rebata a este en su estilo sarcástico y enseñe lo contrario en su Suppl. II[4], también Kunkelius, en sus dos Observaciones y en el apéndice Chymische Brillen [Gafas Químicas] contra los no-entes, apela a la demostración ocular[5], [y] Langelottus en su Epístola a los Curiosos de la Naturaleza [explica] el modo y
211
todas las cosas proponga prolijamente[6]; Kerkringius en su Comentario al Carro Triunfal del Antimonio pregunta: ¿Quién es hoy tan inexperto que no sepa preparar el vidrio de antimonio por este o por otros medios? &c. Así, lo que en tiempos de Basilio eran grandes arcanos, hoy son experimentos de químicos triviales &c[7]. No obstante, de nuevo Cassius, en su obra De Auro pág. 3, parece añadir dudas a este asunto cuando dice: De quinientos y más procesos acerca de este negocio, ni uno solo le resultó, por el cual le fuera lícito concluir la posibilidad del mismo[8].
§. 2. Sea lo que fuere de esto, en verdad el fundamento de la afirmativa es la experiencia: el instrumento principal de la verdad práctica es la Sal común, las Sales volátiles urinosas, y lo que de ambas consta, la Sal Amoníaco y la Sal de Tártaro. Pero la mayor promoción de la obra es la depuración y sutilización de la parte del antimonio regulino y de otros metales del Azufre adustible superfluo y de la tierra fecal.
§. 3. La Mercurificación del Oro, que parezca recomendable por suceder de un fundamento experimental, la damos de un librito antiguo inscrito como Alchymia vera, colección de varios procesos más verdaderos, con la siguiente descripción[9]:
Prepárese Sal amoniaco sublimada varias veces (seis veces) con igual peso de Sal gema, y finalmente una vez por sí sola. Prepárese Espíritu de vino tartarizado a partir de espíritu de vino rectificadísimo y Sal de Tártaro reverberada (en recipiente cerrado), de modo que el espíritu de vino adquiera un rojo sanguíneo, o se haga una tintura muy saturada de Sal de Tártaro.
Disuélvase Oro purificado por fusión en Agua Regia compuesta por una libra de Agua Fuerte y cuatro onzas de la Sal amoniaco superior (preparada disolviéndola al menos en Agua Fuerte). Destílese la solución hasta obtener una consistencia oleosa, la cual se pondrá a cristalizar hasta que cristalice por completo.
Los cristales se disolverán en Agua Regia reciente, se digerirán y, tras una destilación suficiente, se cristalizarán de nuevo; esto se repetirá por tercera vez. La cuarta vez, los cristales se disolverán en Vinagre destilado separado de la Sal común, se cristalizarán de nuevo o, al menos, se destilarán hasta obtener una densidad húmeda.
Esta materia densa y húmeda se disolverá y extraerá con Espíritu de vino por sí solo rectificadísimo. Mediante una destilación lenta, el extracto se reducirá a una consistencia oleosa. A esta sustancia añádase de la Sal Amoniaco finísimamente sublimada antes mencionada tanto como pesó el Oro tomado, y triturándolo en un mortero de vidrio redúzcase a un magma finísimo.
Si durante la trituración se evaporara el espíritu de vino y el magma se volviera demasiado denso, viértase un poco del mismo espíritu reciente destilado previamente de la materia; espésese mediante la evaporación espontánea de la humedad restante, de modo que pueda tomarse en forma de glóbulos.
Colóquense los glóbulos de tal forma en una fiola densa, y viértase sobre ellos la Tintura de Tártaro antes mencionada hasta una altura de tres dedos; ciérrese inmediatamente la fiola
212
de forma hermética, y colóquese en una bodega o en agua fría durante varios días. Pasados estos, colóquese en un aire al menos tibio, y transcurridos de nuevo algunos días, en agua levemente tibia, y déjese allí por varios días o semanas enteras, hasta que aparezca un sedimento mucilaginoso; cuando esto ocurra, trátese la materia gradualmente en una pequeña cucúrbita empezando por la destilación y sublimación al baño maría lento, y esto con tal cautela que, la primera vez, se destile en el baño de calor lento el Espíritu volátil hasta que quede un licor un poco más espeso, sobre el cual se verterá de nuevo lo que acaba de ser destilado y se retirará otra vez; repítase esto por tercera vez.
Entonces, aumentando sucesivamente el calor, evóquese toda la humedad; colóquese la cucúrbita en arena [baño de arena], y con un calentamiento sucesivo lento, si aún queda algo de humedad en ella, elimínese; y entonces, gradualmente, con un fuego intenso hasta el grado de incandescencia, pero muy oscura, llévese a cabo la sublimación más próxima, cuya medida también puede ser tal que, tan pronto como se vea que algo empieza a sublimarse, se mantenga el grado de fuego que rige en ese momento.
Lo que se haya sublimado, mézclese con el doble de aceite de Tártaro per deliquium[10], y desde una retorta de vidrio lutada [sellada con barro], habiendo aplicado un recipiente medio lleno de agua, destílese; así, todo lo que ha sido vivificado se recogerá en el agua dispuesta, a la cual también se le puede haber mezclado algo de Sal amoniaco para disolver.
Esta agua, retirando cualquier cosa corriente [mercurio líquido] que aparezca en ella, déjese reposar tranquila durante algunos días; de nuevo dejará caer al fondo un poco de lo que antes había retenido mezclado con la consistencia del agua; y más adelante, mediante la inmersión de una moneda de plata, se podrá examinar si todavía contiene algo de sustancia de mercurio; y aunque no aparezca más rastro de este, esta agua desprende sin embargo un fuerte espíritu urinoso volátil; este podrá ser separado de ella por destilación y el agua restante podrá desecharse.
En verdad, el espíritu destilado puede probarse instilando espíritu de Sal; si al contacto con este se precipitara algo de consistencia fangosa [o arcillosa], eso mismo también puede triturarse con vitriolo y sal común en cantidad proporcional y así ser revivificado.
§. 4. En lo que respecta a la Mercurificación de la Plata y de los metales más blandos, del Júpiter [estaño] y del Saturno [plomo], y finalmente también del Antimonio, de estos principalmente la Plata y el Plomo obtienen una gran ventaja de la Precipitación córnea[11], a saber, en cuanto se disuelven en Espíritu de Nitro [ácido nítrico] o Vinagre destilado , y se precipitan con Espíritu de Sal. De este modo, en efecto, la Plata se vuelve muy volátil.
Mientras tanto, merecen todavía consideración las palabras de Becher en su Phys. subt. terr. [Physica Subterranea] Secc. VI, c. 8, § 9, p. 540, donde dice: «Por este error aprendí a distinguir los mercurios que se hacen y la tierra que se arsenifica y mercurifica en la Sal, esto es, el Alkahest del Mercurio de los Filósofos”[12]; y aquí y allá, especialmente en Minera aren.; donde acerca del Menstruo fétido de Lulio dice, que el mercurio no es otra cosa que una sustancia Sulfúreo-metálica
213
reducida a una consistencia fluida y húmeda por el Fuego sobrevenido del Espíritu de la Sal común o más bien marina[13].
Sobre el Mercurio de este [Saturno], Becher en su Physica Subterranea pág. 409, n. 19 y en su Suppl. II, dice lo siguiente: Prepárese Saturno córneo [cloruro de plomo], disolviéndolo en Espíritu de Nitro [ácido nítrico] y precipitándolo con Espíritu de Sal; mézclese el precipitado con el doble de su peso de Sal común e incorpórense ambos con bolo [arcilla]; destílese con fuego fuerte: de este modo, una gran parte del Plomo pasará en forma foliada hacia el agua dispuesta, la cual, según se atestigua, puede ser totalmente vivificada en Mercurio corriente mediante una ligera destreza[14].
Un proceso descrito más de cerca se propone en la Concordantia Chymica pág. 330, n. 17, omitiendo sin embargo la mezcla de Sal común, que se sitúa solo en un segundo proceso. Las palabras suenan así: Tómese Plomo granulado finísimo e imbibido cuatro o cinco veces con Espíritu de Sal, secado y triturado; mézclese muy bien con partes iguales de Sal común; añádase tierra de Passau [arcilla de crisol[15]] al peso de ambos; mézclese de nuevo óptimamente, póngase en una retorta y, por grados, con fuego fuerte al aire libre, extráiganse los Espíritus, que llevarán consigo el Plomo casi foliado teñido de varios colores; mézclese todo el licor y la materia en el vaso receptor, añade también lo sublimado que estará en el cuello de la retorta, y destila de nuevo hasta la sequedad en una nueva retorta; precipita el líquido con Aceite de Tártaro, pero mejor con Sal de Tártaro, hasta que cese todo silbido[16], y encontrarás Mercurio corriente en el fondo; si esto no sucede, destila todo desde un alambique, revivifica lo destilado y precipita con Espíritu de Sal[17]. Donde debe notarse que en este lugar no se hace mención del Saturno córneo, como advierte brevemente en la pág. 333, num. 22: El Saturno córneo fundido sobre Aceite de Tártaro con el triple de Sal amoniaco sublimada dio Mercurio[18].
§. 5. Se encuentran varios modos prescritos para preparar el Mercurio del Antimonio, todos ellos concordantes en que requieren y recomiendan: 1) una atenuación, cuanto sea posible, sutilísima del Régulo, 2) Sal amoníaco, o Sales volátiles urinosas, de hollín, de orina[19], así como Sal común y también Vinagre.
Nosotros, además del proceso de Langelottus, recomendamos este otro, similar en cuanto a los materiales pero diferente en el modo de operar y en la proporción, por responder a la experiencia: Sublímese el Régulo de Antimonio con el cuádruple de Sal amoníaco, previamente sublimada por sí sola de la Sal común; tritúrense de nuevo las flores que asciendan con aquello que quedó en el fondo[20]; caliéntese el magma en digestión lenta durante dos o tres horas, de modo que la Sal amoníaco vaporice levemente en el vaso; entonces, aumentado gradualmente el grado de calor, aunque con moderación, llévese a cabo la sublimación.
Roto el vaso, extráigase y resérvese todo lo que ascendió; tritúrese de nuevo el sedimento restante en el fondo con el cuádruple de Sal amoníaco y realícese la sublimación como antes, repitiendo el trabajo hasta que todo el Régulo sea asumido,
214
resulte así sublimado. Mézclese con estas flores el doble de su peso de Sal de Tártaro en una fiola, y vertiendo agua que sobrepase el espacio de tres o cuatro dedos, disuélvase toda la sustancia salina. Cerrado el cuello de la fiola con una atadura fuerte, déjese reposar por dos o tres días, luego caliéntese con un calor tibio durante uno o dos días; transcurrido este tiempo, viértase toda la materia en una cucúrbita alta, a la cual se unirá un alambique con un emplasto de cera, y por espacio de algunas horas circúlese con calor suave.
Finalmente, sepárese por destilación el Espíritu de la materia residual en la cucúrbita hasta obtener una consistencia oleosa. Rectifíquese el Espíritu Urinoso de la flema superflua; lo restante se verterá de nuevo sobre aquella otra [materia] oleosa en la fiola original y se digerirá de nuevo lentamente por uno o dos días, se separará otra vez suavemente, y hágase esto por tercera vez. Entonces, consérvese el espíritu separado; si es necesario, viértase de nuevo sobre el magma residual una cantidad suficiente de flema y digiérase durante varios días con un calor bastante fuerte hasta que hierva.
Finalmente, sepárese la flema hasta obtener una densidad; séquese la materia espesa exhalándola suavemente, tritúrese para desmenuzarla y, en una cucúrbita lutada firme, aumentando sucesivamente el calor durante tres o cuatro horas, iníciese la sublimación. Todo lo que se sublime, tritúrese de nuevo con el doble de Sal de Tártaro (habiendo añadido u omitido la flema) y desde una retorta, cuyo cuello propio o uno añadido (que es mejor) esté sumergido un poco en agua en el recipiente dispuesto, destílese aumentando el fuego durante tres o cuatro horas, y finalmente con fuego de supresión.
De este modo se encontrará en el recipiente Mercurio; en el agua, en verdad, pueden introducirse finas láminas de plata, para que el mercurio, que en forma de vapor de maravillosa sutileza ha sido retenido dentro de ella, se deslice poco a poco hacia ellas y se concentre en las mismas, de las cuales podrá separarse por una simple destilación y conservarse con el resto[21]. Puede realizarse la operación más brevemente sin la extracción y cohobación del espíritu volátil, pero en ambos casos, al realizar la sublimación, debe procederse lentamente. Por este método, un peso equivalente a un tercio del Régulo tomado se convirtió efectivamente en mercurio, y el experimento mostró su certeza.
§. 6. También nos fue recomendado hace algunos años otro experimento, de cuyo género también se prescribe en la Concordantia Chymica: A saber, tritúrese bien sobre un pórfido una parte de Antimonio, o más bien de su propio Régulo, con dos partes de Sal de Tártaro, vertiendo tanta agua como baste para obtener una sustancia pastosa; mézclese al magma el cuádruple de Tártaro crudo finísimamente tamizado; introducido en una fiola, viértase agua hasta una altura de 2 o 3 dedos, y con el orificio cerrado y obturado, permítase reposar, agitando circularmente la materia al menos tres o cuatro veces cada día, sacudiendo el vidrio.
Cuando haya reposado así durante varios días, extráigase la materia y métase en una retorta tubulada de vidrio colocada al calor de la arena, esperando siempre hasta que la cucharada recién introducida ya no haga estruendo ni burbujee. Cuando se haya introducido
215
toda la materia haya sido introducida, auméntese el grado del fuego para que pueda secarse bien dentro de la retorta: entonces, extraída [la materia] por descenso, y habiendo aplicado finalmente de forma gradual un fuego de supresión, sea impelida hacia el agua colocada debajo, como en la operación de Langelottus.
Esta misma operación también la recomienda Becher en su Suppl. II, Thes. IV, num. 190, p. 791[22].
§. 7. Ciertamente, en el lugar citado, Becher propone los medios adecuados para la Mercurificación, los cuales quiere que sean de una textura alcalino-salina y como de una sustancia saponácea [jabonosa] sutilísima[23]. Bajo este nombre, recomienda por encima de otros una Sal compuesta de Sal amoníaco y Sal de Tártaro, tal como suele quedar en lugar del residuo en la preparación del Espíritu de Sal amoníaco volátil; y a esta compara la mezcla mencionada poco antes de Sal de Tártaro y Tártaro crudo.
En ambos casos, reconoce y recomienda especialmente el carácter alcalino fijo de la Sal de Tártaro vuelto voláti[24]l; lo cual los químicos más antiguos, y entre ellos los maestros Basilio Valentín e Isaac el Holandés, hacen de manera más general al prescribir para este asunto el Tártaro, o al decir que el Tártaro vivifica los metales. Principalmente Isaac el Holandés, en sus Opuscula editados en Fráncfort en 1667, p. 82, enseña a preparar el Tártaro del que habla, a saber, el verdadero licor foliado del Tártaro, mediante muchas incineraciones que vuelven a la Sal de Tártaro fluida y fusible por medio del Vinagre y del Espíritu de vino[25]. Sin embargo, consideramos que la Sal de Tártaro preparada así y llevada a tal fijeza, producirá más bien un efecto fijador que un efecto mercurificador.
Entretanto, merecen ser notadas las volatilizaciones de la Sal de Tártaro recomendadas por Becher en el lugar citado, entre cuyos procesos destacamos la atención sobre el título puesto al margen en el núm. 190: Modo de hacer Sal volátil a partir del Aceite de Vitriolo; aunque trata el asunto ligeramente en el contexto, en su obra Minera arenaria, donde revisa los pasajes que había omitido (n. 7, p. 861), quiere que se note: Preparación del Espíritu de Orina filosófico a partir del Vitriolo y su maravillosa eficacia[26].
¿Cómo se demuestra en el siguiente número 8 que esta Sal astral es el Vitriolo mercurial?[27] A lo cual parece encontrarse respuesta en la Concordantia Chymica p. 314, bajo el núm. 32: Toma Espíritu de Vitriolo muy fuerte, viértelo sobre Tártaro calcinado, después sepáralo con fuego lento, rectifica lo separado; será semejante al Espíritu de Orina[28]. Toma Oro, disuélvelo en Agua Regia muy fuerte, precipítalo con el espíritu precedente, digiérelo con fuego moderado, fíltralo. Consideramos los procesos bajo este núm. 32, y bajo el siguiente proceso último no. 33, como muy recomendables para diversas mercurificaciones[29].
Así también queremos que se note el Proceso VI, p. 299, donde dice: Disuélvase el Oro con tres Sales: Sal común, Nitro y Sal Gema [o Sal marina], a saber, al modo de Zwelfer[30]; precipítese la solución en agua en la cual haya Sal de Tártaro, lo disuelto, el licor que flota sobre el precipitado,
216
quizás después de una digestión previa, sea filtrado y precipitado de nuevo añadiendo Espíritu de Orina: este Oro precipitado, si se mezcla con Azufre y se cementa en un sublimatorio, se elevará en forma de Mercurio, del cual, si se separa la parte sulfúrea mediante los modos habituales en la revivificación de los Cinabrios, se obtendrá mercurio corriente[31].
En el Suplemento II de la Physica Subterranea, dice en el número 253, con el título lateral: Se hace Cinabrio a partir del Oro; y en el contexto del número 252 dice: «Hemos aprendido por la experiencia que el Oro, mediante ciertas Sales, por ejemplo, Nitro, Orina, Sal amoníaco (en la Concordantia se prescribe al menos Sal común), mediante la sola trituración y cocción con agua común, se resuelve de tal modo que muy fácilmente se transforma en Mercurio a través del mercurio, y con este, al añadirse principalmente Azufre común, se eleva en Cinabrio, y se convierte en mercurio corriente si se libera del Azufre»[32].
Habiendo interpuesto algunas cosas, propone una Mercurificación muy fácil de la Plata bajo el título lateral 254: Experimento de mercurificación de la Plata; lo cual se prescribe en lengua vernácula en el mismo lugar citado de la Concordantia núm. VI[33]. Bajo el mismo número del Suplemento, dice que los metales también pueden sublimarse con Sal amoníaco o con su Espíritu[34], y habilitarse de tal modo para la mercurificación que no les falte nada más que la revivificación: proposición con la que merece ser comparada la prescripción de las páginas y números alegados 314, 32 bajo el N.B. [Nota Bene]: «Toma el metal que quieras, disuélvelo en Espíritu de Orina, filtra lo disuelto y precipítalo (es dudoso si con Espíritu de vino o Espíritu de Vitriolo); sublima el polvo precipitado, y revivifica lo sublimado»[35]
§. 8. Merece notarse el resto de lo que Becher escribe en su Minera arenaria, pág. 898, a modo de comentario sobre el proceso de Lulio transmitido anteriormente: «Puesto que Lulio hace mención de cierto menstruo fétido, (…) este menstruo fétido no debe entenderse literalmente, a menos que alguien quiera ser engañado; y en lo que sigue: En la cuarta preparación, el menstruo fétido se toma de nuestra fiola meretricia[36], la cual ha fornicado con muchos y ha sufrido la reacción, pero sin embargo nunca concibió, sino que infecta con la enfermedad mercurial todo lo que toca»[37].
Para resolver estos problemas, parece brillar una luz en la Concordantia Chymica, pág. 429, núm. 38, y pág. 577, núm. 36, bajo el título: Transmutación del Espíritu del Mercurio. Recíbanse esencias de Azufre quintuplicadas, sublimadas con Espíritu de Sal de Orina; disuélvase este Azufre cristalino en Agua de Sal amoniaco fija; embébase esta solución en papel secante finamente cortado, de modo que se una como una masa; destílese por alambique, pasará un espíritu amarillento que debes rectificar; pasará con claridad cristalina, el cual debes conservar.
Nota: Circula este Espíritu de Mercurio en un vidrio bien cerrado y sellado herméticamente, hasta que ya no se eleve más, sino que permanezca totalmente fijo en el fondo. Así, mediante este, podrás extraer todas las Tinturas del Oro y de la Plata para uso médico. Debe notarse, sin embargo, que este Espíritu de Mercurio debe primero ponerse a putrefactar o digerir en estiércol de caballo durante un mes,
217
cerrando bien el vidrio para que no se evapore; así se vuelve dulce como el azúcar y suavemente oloroso como el Ámbar; SAP. SAT. DICT[38]. Lo cual parece explicar qué quiere decir Becher con las palabras citadas arriba: que el hedor del menstruo luliano no debe entenderse literalmente, a menos que alguien quiera ser engañado.
En cuanto a lo que [Becher] tiene en el lugar citado sobre el Licor virginal luciente y en la pág. 915 sobre el Licor diáfano acuoso hecho del Mercurio, igual en gravedad [peso], parecen estar elucidados en la Concordantia Chymica pág. 312, núm. 29. Donde se prescribe la preparación del Mercurio para que, según las últimas palabras, permanezca en el fondo la margarita [perla] o el Luz de las perlas, o el Agua de vida viva filosófica, que reduzca todos los cuerpos metálicos a la materia prima y al Aceite de los Filósofos[39].
Becher, por su parte, dice en el lugar citado: «Ciertamente sé que el Mercurio se aumenta a partir de la Sal común, y que a menudo, una vez aumentado, tiende hacia una diafanidad acuosa. Aquel que supiere separar (preparar) el Azufre de la sal[40], podrá asentirme y creerme que no solo el fulgor del Mercurio, sino también el esplendor de las margaritas [perlas][41] debe estar y decirse presente en este Azufre». En la citada Concordantia, este proceso se prescribe como el medio para confeccionar a partir de los metales el Mercurio de los cuerpos.
§. 9. Nuestras meditaciones sobre estos pasajes son las siguientes: En su Phys. subt. terr. Sect. VI. c. 8. num. 9. p. 539, dice Becher que existe cierto Menstruo húmedo mercurial sumamente permanente, con el cual se realizan las revivificaciones de los cuerpos [metales]; y en el verso de la página dice haber aprendido a distinguir en la Sal común la tierra que calcifica y mercurifica, es decir, el Alkahest, del Mercurio de los Filósofos[42]. En el lugar citado de la Concordantia, a saber, pág. 312, núm. 29 y 374, núm. 85, se ordena que las soluciones prescritas sean mezcladas y destiladas hasta obtener una oleosidad, se digieran durante ocho días o más, y en el fondo permanecerá la margarita &c. Donde consideramos que debe aplicarse una distinción: que no toda la sustancia tenga el mismo efecto, sino que aquello de lo cual esta materia se ha separado hacia abajo, sea intentado más bien para la separación de otra esencia, a saber, la arsenical[43].
§. 10. En lo que concierne al uso de estos Mercurios, el principal es la Perfección en el Oro, en cuanto que, digeridos durante algún tiempo con Oro muy atenuado o Cal de Oro filosófica[44], se coagulan con el mismo en un precipitado fijo, el cual, proyectado sobre Plata o sobre el mismo Oro en flujo, permanece como Oro bueno y fijo.
De esta operación debe notarse lo que tanto Alexander van Suchten como, a partir de él, Becher (praec. Concord. Chym. p. 112 §. 13) anotan: que tales mercurios fijados (a saber, simplemente mediante la digestión con el Oro) sostienen ciertamente la copela y el Agua fuerte; pero si se mezclan con Mercurio de Antimonio[45], se resuelven inmediatamente de nuevo en Mercurio. Y esto Becher
218

lo atribuye a que tales Mercurios, por una operación insuficiente, no han sido mezclados e íntimamente fijados con su propia tierra.
§. 11. Para este inconveniente, nuestro Autor suministra un doble medio en Minera arenar. p. 928, hacia el final, donde dice: Su vidrio es de tal naturaleza que da entrada a todas las cosas, conserva los metales en flujo, y fija los minerales volátiles y los vapores minerales; por lo cual los Antiguos, no sin razón, lo llamaban Luto de la Sabiduría y Sello. Pues preserva del fuego, para que los cuerpos no se quemen, y presta muchas cosas útiles, especialmente en el Oro hecho por el arte, por ser aún tierno, al cual otorga fijación, perpetuación y exaltación.
Y tras omitir unas pocas palabras: No ordena proceder inmediatamente a la copela con tal Oro tierno aún no suficientemente conectado, ni suficientemente dotado de un cuerpo terrestre conveniente a su esencia, sino que ordena fijarlo e incorporarlo antes con algún buen vidrio. Y en la misma pág. 929 propone expresamente el uso aumentatorio de dicho Mercurio metálico: Si en lugar de Saturno [plomo] crudo tomas sus humos de mercurio, si en lugar de Marte [hierro] crudo y de Venus [cobre] crudo tomas sus Azufres, y con ello embebes el Mercurio y, en lugar del vidrio corporal, lo inceras en el precipitado con Aceite de Vidrio &c.
Para la práctica de este asunto léanse (y entiéndase allí lo insinuado sobre el mercurio metálico) el Proceso tercero del Roseti Chymici. Sobre el Aceite de Vidrio, léase lo que se repite frecuentemente en la Concordant. VIII. Nota, y brevemente en la p. 347, num. 1 s.
§. 12. Debe notarse, sin embargo, respecto a las Mercurificaciones propuestas hasta ahora, que el mismo Becher, en esta última obra suya, la Concordantia Chymica, y en su juicio sobre la Vía Seca de la Tintura junto con varios químicos algo más rigurosos, parece rechazar este método de mercurificación mediante Sales; por cuanto no solo la parte sulfúrea arsenical de los [metales] imperfectos, sino también la propia esencia sulfúrea metálica, así como la poca cantidad de Oro de estos, resulta erosionada y eliminada por la digestión algo prolongada de la misma.
Hecho esto, tales mercurios metálicos no tendrían ninguna prerrogativa o ventaja sobre el Mercurio común: Por lo cual recomiendan más bien el otro modo o método de mercurificación mediante el Mercurio corriente común, propuesto francamente más arriba en la pág. 134. §. 26 bajo el título de Mercurio Filosófico.
Pero acerca de esta mercurificación mediante Sales resucitativas, advertimos —si es que la experiencia lo confirma— que si en esta operación dichas Sales despojan al mercurio metálico buscado de su Azufre [o al menos de su mayor parte] y lo embeben, se tome consejo de este hecho: que el azufre metálico sea exigido de nuevo de esas sales, se restituya a su propio mercurio y, así, sea animado de forma conjunta y copiosa de una sola vez; entonces se volverá apto tanto para el acrecentamiento metálico como para la operación Filosófica[46]. Compárese con esto lo que Becher trata sobre este asunto en su Sexta Minera desde la pág. 877 a la 901, hasta el §. 5.
219
Sectio II
De Mercurio Philosophico multiplicate fixato,
resoluto, refixato
seu
De Lapide Philosophorum
El conocimiento, ya sea útil o por simple curiosidad, nos ayuda a concluir nuestro tratado mediante la evolución histórica de esta obra, como si se le pusiera una corona; para que se sepa brevemente qué se dice a través de tantos volúmenes y con tan pocas palabras; qué se siente y juzga sobre tal cosa, y qué puede, en fin, concebirse y creerse.
Se ha transmitido, ciertamente, desde los tiempos más antiguos, que especialmente los egipcios, y también los árabes, conocieron el arte de transmutar los metales innobles en los más nobles, como en el Sol [oro] y la Luna [plata]; lo cual se confirma principalmente por la autoridad histórica de Suidas, quien relata: que los egipcios habían avanzado tanto en la ciencia de este arte, y que gracias a ella habían alcanzado tal riqueza y abundancia, que a menudo se rebelaban contra el Imperio Romano y provocaban sediciones; por cuya causa, el emperador Diocleciano, tras conocer la razón, ordenó quemar todos sus libros —que en aquel entonces eran solo manuscritos— redactados para la memoria de este trabajo, y se encargó de eliminar a los conocedores de tal materia.
No obstante, este arte se propagó, especialmente por los árabes, de donde muchos siglos atrás, por obra de Geber, un cierto régulo árabe, se conservan hasta nuestros tiempos algunos escritos sobre este asunto.
En el siglo precedente, como ya dijimos sobre la Quimia arriba en la pág. 2, § 6, tras la gran declamación de Paracelso por toda Europa, este estudio fue como revocado e inflamado con una fatalidad admirable; pues al recorrer el mundo sus escritos en gran número, gracias a la oportunidad del momento y a la bondad de la tipografía recién inventada, no solo invitó, sino que casi obligó mediante disputas a todos los médicos, físicos y cultivadores de la metalurgia hacia este arte. Pues, aunque antes de él, Isaac el Holandés y Basilio Valentín habían escrito cosas ciertamente más sólidas sobre este asunto que el propio Paracelso, sus escritos fueron, sin embargo, menos públicos y no fueron impresos, sino que permanecieron más bien suprimidos aquí y allá en forma de manuscritos.
220
Desde la época de Paracelso, se ha dedicado muchísimo trabajo a este asunto, aunque la mayoría de las veces ha sido estéril y no ha obtenido nada más que la tenaz esperanza de alcanzar alguna vez el objetivo y el amor por este estudio. Del mismo modo que la fama común afirma que el propio Paracelso recibió cualquier experiencia que tuviera en este negocio de un cierto Árabe, así también se cree hasta hoy que otros, ya sea mediante comunicaciones manuales fidedignas y manuscritos, o mediante diversos enigmas tanto de Paracelso como de otros, han rozado más de cerca el objetivo utilizando la mutua colación y concordancia como regla.
§ 2. Hay tres órdenes más famosos de estos, y algunos descendientes de ellos:
- Los del primer orden son aquellos que, con Paracelso como comentarista, esperan alcanzar el objetivo propuesto a partir del Vitriolo y fabricar la Piedra de los Filósofos.
- Los del segundo, bajo la guía de Sendivogius, quieren obtener lo mismo a partir del Nitro.
- Los del tercero, bajo un cierto autor anónimo Filaleteo, el comentarista Alexander van Suchten, el sincerísimo escritor Gaston Dulco Claveo [Gaston Le Doux] e interpretados por un tal D’Espagnet, buscan hacerse dueños de sus deseos a partir del Mercurio corriente y del Huevo.
§ 3. En lo que respecta al proceso a partir del Vitriolo, se prescribe tal cual y circula tanto en manuscrito como impreso bajo el nombre de Jodocus Justus van Rehe; y más manifiestamente lo expuso un cierto médico del Elector de Brandeburgo, Müllerus. En unos pocos folios cuidó de transcribirlo, aunque sin comprender el asunto, Fridericus Geisler bajo la rúbrica: Excellens viridis nostri Medicina Leonis [Excelente medicina de nuestro León verde]. Sobre esto se puede leer la disertación inaugural de Berlichius sobre la Medicina universal, cap. XI.»
La operación consiste en esto: que del Vitriolo se separen las partes más groseras, se conserven las esencias metálicas áureas más sutiles, se exalten mediante sutilizaciones adecuadas y, añadidas al Oro, lo disuelvan, se multipliquen por el mismo y, de ese modo, resulten en una verdadera Tintura.
Sobre la probabilidad o dificultad de esta opinión en la comparación de estos tres procesos, [se hablará] un poco más adelante con más detalle.
§ 4. En lo que respecta al Nitro, debe saberse que hace algunos lustros un tal Sendivogius dio por escrito una teoría y una enigmática prescripción de la Obra Alquímica, en la cual afirma, entre otras cosas, que la materia primera de la Piedra filosofal es el Aire, o más bien [que está] en el aire; pero que la concentración se encuentra en la Tierra, a la que él llama virginal, de donde debe ser extraída, purificada y, finalmente, reducida a la Piedra Filosofal, etc.
Dicen que el primer autor de esta materia fue un cierto Alejandro Seton (o Sidonio), con quien Sendivogius, estando como huésped en Inglaterra, cayó enfermo y guardó cama; fue maravillosamente restablecido por este y admitido en su intimidad, [obteniendo] el relato y la confesión de la posesión [de la Piedra], pero no obtuvo verdaderamente el modo de preparación.
221
Poco después de la muerte de este [Seton], se casó con su viuda, quien poseía algunas dracmas restantes de la Tintura preparada. De donde Sendivogius, habiendo obtenido la autoridad de la posesión, publicó muestras prácticas; por lo cual, instigado o tenido por verdadero poseedor, escribió algunas cosas que extrajo y concibió para sí tanto de los discursos como de los manuscritos memorables de su antecesor. Otros, sin embargo, y en especial Pantaleón[47], consideran que sus escritos enigmáticos concuerdan con la opinión de Filalete y de Suchten, pero que han sido mal entendidos por otros.
§ 5. Sea como fuere, ciertamente tuvieron tanta validez las proposiciones sobre el Aire escritas por el Autor, ya fueran enigmáticas o literales, que una gran multitud de hombres, mediante una sutil especulación sin una práctica experta, se atrevió ya no solo a asentir, sino a traer la luz misma.
La proposición de Sendivogius consistía sumariamente en esto: que la sustancia primordial de la Piedra Filosofal está dispersa universalmente y es de uso universal, vegetal, animal y mineral, siendo la que hace vegetar y la que nutre a todos y cada uno de estos.
Para que cumpla mejor su función, [esta sustancia] ha sido diseminada por todo el aire del universo, desde donde influye continuamente para el sustento y la vida; a través de los vapores, las lluvias y las nieves hacia la tierra para los Minerales y Vegetales; por el rocío de forma muy especial para los Vegetales; y por el aliento aéreo, que debe ser atraído mediante la inspiración, para los Animales.
Esta sustancia debe ser recolectada del Aire, purificada de los elementos heterogéneos que se le complican fortuitamente ya sea en el Aire, en su recolección o en las operaciones; debe ser digerida, finalmente fermentada con el Oro, y así debe ser coagulada en la Piedra de los Filósofos.[48]
Siguiendo esto al pie de la letra, algunos obtuvieron la Sal Nitro en sus operaciones. Otros, ya fuera por la diversidad del tiempo, de la recolección o del modo de operar, [obtuvieron] una sustancia análoga a la Sal común, tanto por la figura cuadrangular de sus cristales como por su sabor; aunque algunos aseguran que estos cristales se asemejan más a aquellos que quedan cuando se abstrae el espíritu de sal marina (spiritus salis communis) de un manojo de sal común, donde ciertamente la masa restante, disuelta y cristalizada, constituye cristales cuadrangulares como la sal común, pero que fulminan con los carbones como el Nitro.
Como la mayoría, tras haber visto ya sea por la figura o por este acto de fulguración, que el Nitro [procede] del rocío, de la lluvia y del aire, atraído mediante la Sal de Tártaro (Sal Tartari) y cosas similares, habrán leído de los cristales del propio Sendivogius y en sus XII Tratados inscritos bajo el título Nueva Luz Química, aquí y allá, y especialmente en el Epílogo, pág. 52 de la edición de Ginebra de 1671, donde está escrito manifiestamente: ‘Tal es la fuerza de atracción que posee aquel Sal Nitro de la tierra, que también fue Aire, y está unido a la gordura del Agua: cuando llueve, recibe del Aire aquella fuerza de vida y la une con el Sal Nitro de la Tierra, etc.’; especialmente con el comentario de Digby (Dygbaena) sobre la vegetación
222
de las plantas, mediante la sustancia nitrosa, se accediera a este encomio del Nitro universal: ‘Consintieron aquellos, fatigados por los trabajos que es necesario consumir en educar (extraer) aquella Sal del rocío o del agua de las lluvias, en una sola voz, digo, consintieron en el Nitro, y establecieron que de él debe separarse aquella gordura de la tierra (pinguedinem terrae), para que así se convierta de nuevo en Aire puro, que entonces debe ser unido al Oro y concentrado’.
También buscó conciliar una nueva autoridad a esta escena un cierto Christoph Grummet en un pequeño tratado escrito en lengua vernácula, al que titula Vom Blut der Natur oder Nitro [Sobre la Sangre de la Naturaleza o Nitro], donde mostró que mediante la simple fusión del Nitro con Vidrio Veneciano emergía un color purpúreo y amatista, o violáceo, según la diversidad de la operación. Sobre lo cual, aunque sea mal visto por Kunckel en el apéndice del Tratado del Fósforo admirable[49] —quien atribuye toda la cuestión a la Magnesia que utilizan en la clarificación del vidrio veneciano—, no obstante, la demostración misma, proceda del Nitro o de la Magnesia, merece una atención ulterior, aprobación y nota por su resultado; y esto sobre todo porque, si este color debe ser conciliado con el vidrio, es necesario el Oro inmediatamente, arte que, ignorada y ocultada durante tanto tiempo, ha sido finalmente devuelta al bien de la República curiosa química en el tratado Sol sine veste [El Sol sin vestiduras]; y de ese mismo arte también, si se asume demasiado croci Solis [azafrán de Oro], surge un color violáceo; y si esto sucede también en el presente experimento del Nitro, la cosa no es indigna de una indagación ulterior.
Si el Nitro es verdaderamente recomendable para la Obra Filosófica y en qué medida, lo veremos más abajo.
§ 6. El Mercurio, por su parte, obtiene hoy en día más votos [favorables], aunque no ciertamente bajo esa sustancia que se extrae de las minas; a menos que la casualidad presente uno más puro que otro, o mejor dicho, más imbuido de Azufreo de Fuego filosófico.
Sin duda, la autoridad de la mayoría recomienda la materia del Mercurio vulgar, o el que se vende habitualmente, por ser en todo gemelo [al filosófico] excepto en la sutileza, la consistencia y el peso: pues el Mercurio Filosófico es más espeso y pesado, aunque sea fluido, volátil y de color plateado. Sin embargo, aunque bajo esa sustancia que se obtiene comercialmente nada conduzca a la obra del Mercurio requerida, no obstante, como nosotros mismos creemos, puede ser dotado del fuego interno requerido[50] de tal manera que, en toda su sustancia, se convierta en Mercurio Filosófico.
§ 7. Quienes escriben sobre la práctica de este Magisterio, indican unánimemente que debe realizarse una purificación del Mercurio común de ciertas heces arsenicales que se le adhieren. Sobre el medio por el cual debe llevarse a cabo, unos buscan uno y otros otro. El sincerísimo Filaleteo, en el capítulo XI de su áureo Introitus Apertus, se apoya también en este fundamento cuando dice que los artistas perspicaces saben que la prole de Saturno es el lavado del Sol y de él [elimina] todas las impurezas,[51]
223
argumentando de lo mayor a lo menor, se concluye que lo mismo debe hacerse con el Mercurio, etc. Pero toda la cuestión se reduce a las causas subsiguientes, a saber: el Azufre metálico o el Fuego filosófico; y parece que debe reconocerse más bien una perfección positiva que una separación privativa a partir de aquella prole de Saturno.
§ 8. Para resumir toda la tesis en pocas palabras, los defensores de esta vía mandan preparar su Mercurio, y a partir de este y del Oro, mediante una digestión suave de varios meses, hacer la medicina. Sin embargo, respecto al modo más estricto y la guía en esta vía tan larga, principalmente Filaleteo, D’Espagnet y el autor del tratado Kern der Alchymie[52], han roto no poco el rigor del silencio filosófico, llegando incluso a una gran ‘envidia’. Especialmente Filalete lo dijo casi todo cuando se propuso corregir, con su característica franqueza, aquel insigne error sobre las Rotaciones necesarias y repetidas, y sobre el Oro de los Filósofos, así como sobre los fenómenos que ocurren en los diversos regímenes de la obra. Pues a partir de entonces se dio a conocer cómo el Mercurio, preparado con gran trabajo, puede ser tratado útilmente con el Oro, o incluso cómo puede perfeccionarse solo, sin él, de forma todavía más útil, con una insigne abreviación de los trabajos y del tiempo[53].
Considerando, pues, la práctica transmitida aquí y allá de forma dispersa en los tratados de estos autores, todo ello se resume en esto: que el Mercurio sea animado, y ello de forma suficiente; que el Oro sea preparado mediante atenuaciones derivadas de la operación y de sus materias fluidas, es decir, homogéneas para la Obra; que ambos sean unidos y cocidos o fermentados juntos, acto por el cual el Oro atenuado será todavía más atenuado por el Mercurio correctamente preparado y será conducido a una gran sutileza y plena volatilidad; pero poco a poco se entrelazará más tenazmente con la sustancia del Mercurio, cambiará la figura de sus partículas y las transformará a su semejanza, de donde su agregado, cambiada la condición de la antigua textura de sus partículas mínimas, pasará de fluido a sólido y de volátil a fijo, y del Mercurio resultará un Oro sutil.
Digo sutil, pues por esta misma operación el Oro añadido, grueso y corporal, se vuelve mucho más sutil y penetrante; por no hablar del mercurio mezclado con él, el cual, transformado ciertamente en una sustancia homogénea al oro añadido, una vez que este se ha vuelto sutil, también él mismo quedará asimilado en una sutileza similar.
§ 9. [El Oro] así preparado y atenuado una vez, es llamado Oro Filosófico, y la operación realizada por esta primera vez se llama Primera Rotación. Se debe mezclar, por tanto, con este Oro filosófico una nueva cantidad del Mercurio prístino, y de nuevo, aunque con un régimen mucho más suave, llevar a cabo la digestión, la cual se perfeccionará en un tiempo mucho más breve. Entonces se tiene la Tintura del primer [orden], o Medicina de segundo orden, y la segunda operación se llama [Segunda] Rotación. El Oro Filosófico nacido de la primera operación se llama Medicina de primer orden, pero aún no la verdadera Piedra…
224
…pues [apenas] tiñe. Por lo cual algunos, que hasta aquí han llegado felizmente, ignorantes de lo que sigue y no viendo ningún efecto tintóreo, se han indignado con la obra, han descuidado su continuación y han acusado al arte de falsedad.
Finalmente, debe repetirse por tercera vez esta misma operación con nuevo Mercurio, de donde [proviene] la Tercera Rotación y la Tintura, una parte de la cual tiñe cien partes de otro metal en Oro.
§ 10. Filaleteo llama a estos trabajos Rotaciones, o Circulación física, porque la sustancia fija, el Oro—vulgar en la primera operación, Filosófico en la segunda, y la Tintura misma en la tercera—, se volatiliza y de nuevo es reducida a lo mismo, es decir, a la fijeza.
Se llama Oro Filosófico porque está sumamente atenuado y sutilizado, reducido a una cal impalpable; la cual, bajo esta forma, unida a nuevo Mercurio, puede ser disuelta por este tanto más rápido, no de otro modo que —por un ejemplo más burdo— el Oro en hojas puede ser molido en amalgama con Mercurio común más fácil y rápidamente, como una manteca suavísima, que los granos de Oro del tamaño de semillas de cáñamo.
Pero si esta finísima cal es de nuevo fundida en masa por un fuego violento, añadiéndose sustancias finas vitrificantes, Bórax, Caput Mortuum de Vitriolo, Álcalis, etc., se convierte de nuevo en Oro común, y sus partes más diminutas se agrupan en granos más gruesos, de modo que se necesitaría una demora mucho más larga y una agitación más intensa para disolverlos.
«§ 11. Entretanto, no debe pasarse por alto una condición sumamente recomendable y notable de este Oro Filosófico para otros usos, la cual consiste en su Aumentación: por ejemplo, que el curioso investigador haya obtenido una porción de Oro Filosófico, ya sea por su propia industria o comunicada desde otra parte. Si expusiera toda esta [porción] con una cantidad (calidad) de Mercurioordinario para la segunda rotación, y la cosa saliera mal, ya sea por la ruptura de los vidrios o por un régimen incongruente, todo el tesoro se perdería.
Para evitar esto, debe saberse que el Oro Filosófico, una vez recibido en las manos, puede aumentarse en cantidad hasta el infinito; en esto consiste toda la Minera de Vida perpetua de Becher, a saber, cuando se mezcla un peso igual de Mercurio Sófico (según Claveo [Gaston Le Doux]), o incluso menor, con el Oro Filosófico, y se digiere o cementa con un prudente régimen de Fuego; pues de ese modo, una gran cantidad de Oro Filosófico perfeccionará una cantidad proporcionalmente pequeña de Mercurio en un tiempo mucho más breve, de modo que si, por ejemplo, se tuviera a mano una onza de Oro Filosófico, tratada de este modo, en el espacio de casi dos meses podría aumentarse en otro tanto. Lo cual también parece probable por el hecho de que el Oro tratado con cuatro partes de Mercurio para el objetivo pleno de la segunda rotación [requiere] de 8 a 9 meses…
225
; sin duda, una cuarta parte [de la materia] exigirá también una cuarta parte del tiempo.
Sin embargo, puede notarse una cosa: que algunos afirman que, mediante la repetición de tal aumentación, el Oro Filosófico también se aumenta simultáneamente en cantidad, de modo que la segunda aumentación puede realizarse en un tiempo más breve que la primera, la tercera más que la segunda, y así sucesivamente; hasta que la sexta o séptima [aumentación se logre] en el espacio de una semana: lo cual, dado que la proporción siempre se hace doble, puede dar como resultado una gran cantidad.
§ 12. Si ahora nos fijamos en los requisitos materiales de esta operación, encontraremos tres: el Mercurio; el Alma que debe introducírsele, o sea el Oro embrionario, el Azufre Áureo, fuego filosófico y fundamento de todo el resultado; y en tercer lugar, el Oro mismo. Sus requisitos instrumentales [son] la Decocción; los formales, la Confermentación o coagitación asimilatoria.
En verdad, los Filósofos sostienen que para la operación no se necesita esencialmente en absoluto el Oro común. Filaleteo enseña expresamente que su empleo retrasaría la Obra 190 días o más, cuando dice: ‘En el Sol del vulgo no encontrarás inmediatamente nuestro oro, pero a partir de él, digiriendo mediante nuestro mercurio durante 190 días, encontrarás esta misma y verdadera materia, que es nuestro NB: buscada por una vía más larga, NB: y todavía no tan potente como aquella que la naturaleza dejó a mano; es, sin embargo (si por supuesto se ha tomado el oro común), para la tercera rotación de la rueda’.
Encontrarás lo mismo en ambos, pero con esta diferencia: en el primero (donde no se ha tomado oro del vulgo), en siete meses; en el segundo, en el espacio de un año y medio. Asimismo, debes saber que en nuestro Oro llegarás al final dos o tres meses más rápido que en el Oro del vulgo, y sin embargo el Elixir en su primera perfección tendrá una virtud mil veces mayor, mientras que en la otra obra apenas es de cien veces; y en el mismo tiempo en que la tercera rotación de la primera sea perfecta, de esta última apenas podrá haberse completado la segunda.
Asimismo, una vez obtenido este Azufre (a saber, el del oro del vulgo), no creas que tienes la Piedra y su materia, la cual podrías buscar y hallar en una cosa imperfecta en siete días. Asimismo, con un trabajo más ligero debe hacerse la Piedra misma, de lo que encontrarás al comprar Oro corrientemente para la materia próxima de la piedra, etc. Y poco después: Si buscas nuestro oro en una cosa media entre lo perfecto y lo imperfecto, busca y hallarás.
§ 13. Queda de manifiesto, por tanto, que todo el negocio recae en el Oro Filosófico y en el Mercurio. En efecto, si el Mercurio es embebido ligeramente con el Oro Filosófico, se dice que está Animado: si este se amalgama con el Oro del vulgo, siempre que este haya sido legítimamente atenuado y preparado, lo resuelve mediante una demora más larga y la agitación del calor, de modo que, desmenuzado en pequeñísimas partículas, se difunda ampliamente dentro del Mercurio, y sea coagitado y volatilizado con el mismo por la fuerza del fuego; Finalmente…
226
…ciertamente en el mismo no solo se espese de nuevo, sino que espese al mismo Mercurio junto con él. Pero si se embebe con una gran cantidad de Oro Filosófico, es decir, [una materia] ya desde hace tiempo sumamente tenue y de un estado medio entre lo fijo y lo volátil, ciertamente se gana todo aquel tiempo en el que debía buscarse el Oro Filosófico a partir del Oro del vulgo.
§ 14. Si surgiera la duda sobre en qué sujeto es más fácil encontrar ese Oro Filosófico, nosotros confesamos sinceramente nuestro pensamiento: que creemos que la animación del Mercurio no es otra cosa que la introducción de una pequeña porción de Oro Filosófico dentro del mismo; de donde la consecuencia natural es: en cuya sustancia está la pequeña porción que debe introducirse en el Mercurio, en su misma porción está la gran porción que puede introducirse en el Mercurio.
§ 15. Como esta sustancia, ciertamente, se extrae de aquella sustancia desde la cual se introduce en el Mercurio, principalmente del Hierro o del Cobre, y sea un concreto que consta de mucha tierra fecunda o Azufre metálico: desde este mismo fundamento, no parecen absurdos quienes convierten también su mente hacia el Vitriolo. Pues siendo el Vitriolo nada más que Marte y Venus sutilmente disueltos, y dado que en Marte y en Venus late el Oro Filosófico, por consecuencia necesaria también latirá en el Vitriolo[54].
§ 16. Aquí, sin duda, respecto al modo de extracción, o sobre cómo deben separarse las partes superfluas y heterogéneas del Vitriolo, y cómo debe conservarse la [parte] buena, que es poca, existen diversas opiniones y prescripciones de procesos.
Algunos mandan proceder de la forma más sencilla: disolver el Vitriolo en Agua común de lluvia u otra [agua] tenue; digerir la solución, de modo que se asienten las heces amarillas u ocre, es decir, una buena parte del metal contenido con los ácidos más gruesos firmemente adheridos y algunas [partes] térreas, según el Vitriolo haya sido más o menos resinoso.
Cuando el sedimento ya no aumente más visiblemente, abstráigase la solución mediante una leve evaporación o abstracción en baño maría hasta que quede una tercera o cuarta parte; lo restante déjese enfriar, y lo enfriado calcínese con un calor suave hasta la blancura (albedinem), y de nuevo disuélvase y digiérase; repitiendo toda esta Obra tantas veces hasta que los cristales, al ser disueltos y digeridos de nuevo, ya no suelten más heces. Mandan destilar estos cristales, digerir y rectificar lo destilado, extraer del residuo o Caput Mortuum su propia Sal, purificarla igualmente y conjugarla con el nuevo Espíritu destilado y rectificado anteriormente; y mediante esta operación, mandan digerir, coagular y convertir en una Sal fija tintórea.
§ 17. Respecto a esta prescripción, debe notarse:
- que si ella se lleva a cabo con Agua común del modo prescrito, no solo se precipitan las partes inútiles del Hierro y del Cobre disueltos, sino toda su sustancia, y con ella todo lo que en la misma se contiene.
- Que se prescribe de forma inepta [la destilación] del Vitriolo así depurado, del cual la parte más poderosa…
227:
del metal contenido haya sido precipitada y separada [por la cristalización]. Pues aquella parte del Vitriolo de la cual se ha separado su parte metálica más potente por sedimentación, no cristaliza en absoluto, sino que, a semejanza de una sustancia melosa y untuosa, si toca el aire, se vuelve delicuescente; en cambio, todo lo que se une en cristales sigue siendo Vitriolo crudo y entero, que todavía conserva todas sus partes consigo. Por lo tanto, si algo ha de buscarse o esperarse aquí, debe buscarse en aquel magma untuoso.
§ 18. Otra vía emprende Isaac el Holandés sobre los Aceites de los metales[55], quien ordena calcinar el Vitriolo así depurado, o sus cristales, con un calor muy lento hasta que enrojezca, y ello en un vaso cerrado; a partir de este Vitriolo calcinado ordena hacer una solución con buena cantidad de Vinagre destilado y luego abstraerlo; entonces ordena disolver la materia residual con nuevo vinagre, abstraerlo de nuevo, y ordena repetir esto también tantas veces hasta que en esta solución tampoco caigan más heces; entonces, tras la última abstracción, ordena destilar el coágulo en una Retorta.
Donde aparecerán espíritus amarillentos, un Aceite rojo, y finalmente flores blancas en la Retorta, por el contrario, quedará una cierta Sal nívea fija, que debe ser embebida con su propio Aceite destilado, coagularse mediante una digestión suave, y esta imbibición, digestión, solución y coagulación debe llevarse a cabo tantas veces hasta que finalmente todo el compuesto resulte fijo, pero sumamente fusible como la cera y penetrante como el aceite, lo cual, promete, será la Piedra de los Filósofos, la Tintura de los Metales y la Medicina Universal de las enfermedades humorales.
§ 19. En la Concordancia de Becher sobre el Vitriolo se prescribe en todas partes esto mismo: a saber, la preparación del Aceite de Vitriolo, la extracción de la Sal del caput mortuum, y la conjunción de ambos. Deben notarse especialmente los procesos bajo los títulos: Precipitación de la Luna, p. 679. num. 55: Toma Vitriolo calcinado hasta la rojez, extrae con agua templada la Sal y, humedecido con Espíritu de vino, déjese fluir en el sótano; de este Aceite, instile gota a gota sobre una solución de Luna, precipita, y el agua queda buena para su último uso[56].
También merecen referirse aquí los procesos de la pág. 420. num. 4. y pág. 423. num. 14.: Disuélvase Vitriolo Húngaro en Vinagre destilado[57], abstráigase la solución por alambique hasta la sequedad; el Vitriolo seco reverbérese en un crisol lutado durante 12 horas, viértase de nuevo Vinagre destilado, y mediante una lenta abstracción llévese a la humedad[58].
De este Vitriolo rojo, sublímese una parte con tres partes de Sal amoníaco; finalmente, la materia se disuelva por delicuescencia; lo que fluyó, digiérase con Cinabrio por espacio de ocho días. Transcurridos estos, vertido el licor superfluo, láncese el Cinabrio sobre Luna fundida: no solo se manifestará un aumento de la Luna, sino también algo de Sol.
A esto también concuerda lo recomendado por Becher en Minerà arenar. p. 871[59]. El experimento del cinabrio del Conde Forgatsch, que del mismo modo se propone en
228
Concord. Chym. p. 430. num. 43[60].
Que el Vitriolo húngaro calcinado se digiera con Espíritu de vino [alcohol] durante algunos días; fíltrese el licor y evapórese hasta alcanzar la consistencia de un jarabe rojo. De este tómense tres onzas, y cinco onzas de Cinabrio, humedézcanse con Agua de Sal amoníaco (fija, tal como se describe en la misma pág. 430. Concord. Chym. n. 39)[61]; séquese lentamente, y repítase esta imbibición tres o cuatro veces.
Finalmente, el Cinabrio seco o bien se arroja en Plata fundida o bien —ya que de este modo se pierde el Mercurio, del cual en cinco onzas de Cinabrio hay al menos tres onzas y media— póngase la masa triturada en una retorta con Cal de Plata, para que lo que quede de ambos lados (pudiendo fundirse antes con vidrio, según Concord. p. 416. num. 11. y pág. 686 num. 83. durante algunas horas según pág. Miner. arenar. 89. y Concord. Chym. 405. num. 16[62]) se pruebe en copela y se separe en Agua fuerte [ácido nítrico].
Sobre este proceso dice Becher que él mismo lo probó y lo encontró verdadero, y que en él no se pierde nada de Plata y, sin embargo, siempre se adquiere algo de Oro.
En todos estos experimentos, se manifiesta una pizca de Azufre Áureo latente en el Vitriolo; sin embargo, al mismo tiempo, en todos ellos se reduce inmediatamente a un crecimiento real y al cuerpo fijo del Oro común. Para la Obra Filosófica, este debe ser retenido primero por algún tiempo en su sutileza mediante una sustancia volátil mercurial, lavado de todas las heterogeneidades accidentales que aún se adhieren, y finalmente coagulado junto con esta sustancia mercurial en un cuerpo fijo sutil.
Compárese esto con lo que Viganus (pág. 5) dice sobre el Vitriolo, donde afirma: que Boyle sublima el Vitriolo calcinado con Sal amoniaco para obtener el primer ente de Venus [Cobre]; y poco después: que sucede lo mismo si, del Vitriolo calcinado o de su caput mortuum [residuo de la destilación], se toma la Sal extraída mediante agua caliente en lugar del caput mortuum del Vitriolo, y se sublima con Sal amoniaco de la manera mencionada[63].
§. 20. Entretanto, dado que el mencionado Becher (Mineræ aren. pag. 909 y Phys. Subterr. Secc. VII. num. 2 desde el medio hasta el final) advierte que la separación purificadora de este azufre fijo de todas sus heterogeneidades se logra con menos éxito mediante menstruos [disolventes] líquidos corrosivos salinos que mediante concreciones semimetálicas; no cabe duda de que la operación con el Régulo marcial y el mercurio corriente metálico será mucho más segura que esta operación que ha de realizarse mediante el vitriolo o a partir de él, y tendrá un éxito mucho más feliz[64].
§. 21. «En cuanto a lo que concierne al Nitro [salitre], confesamos claramente que no se nos ocurre ninguna probabilidad práctica evidente, excepto aquella general por la cual Becher afirma, al inicio de su Physica, que la segunda tierra, el principio del azufre, yace oculta —como él dice— fuera de la mezcla, a saber, la…»
229
…metálica, en Nitro pág. 118, núm. 14[65]. Pero dado que el Autor es muy reservado respecto al modo de demostración, y además lo que menciona en Miner. aren. pág. 40, 877 sobre el Espíritu de Nitro que convierte la Plata en Oro es oscuro, no resulta posible esperar nada sólido expresado claramente sobre esta Obra[66].
Sin embargo, si a alguien se le revelara la demostración de esta sustancia, recuerde sin duda conjuntar y fijar la misma con Oro, y una vez fijada, cocerla de nuevo con un nuevo peso de la misma materia, y repetir esto. No obstante, para actuar con franqueza, manifestamos nuestra sospecha:
§. 22. Phys. Subterr. Sect. V. c. 2. n. 119. p. 359. Becher enseña a preparar un Espíritu de Nitro sutilísimo, que contenga el Ánima del Nitro y por ello reverdezca: dice que si pones este en una cucúrbita y disuelves en él un poco de Mercurio, luego lo evapores y con un fuego convenientemente más fuerte lo fuerces hasta obtener un Espíritu rubicundísimo; y cuando esté licuado, arrójalo sobre Bórax, para que fluya bien, hasta que el Bórax adquiera una apariencia vítrea: entonces viértelo, y hallarás un Vidrio de un elegante color azul.
Licua esto de nuevo, y en la proporción debida añade carbones, licua otra vez y vierte: hallarás el ánima del Mercurio (o quizás más correctamente del Nitro) condensada en medio del vidrio, habiendo pasado del azul a una transparencia como la del Rubí; para qué uso sirva esto, no ha de exponerse en este lugar, etc.[67]
En el capítulo subsiguiente, tercero, núm. 48. p. 421, dice: Todos los Mercurios de los cuerpos, cuando se evaporan, dejan una mancha roja en el Oro, atestiguando la presencia del ánima inmortal del Nitro. Podríamos en este lugar abrir el máximo arcano (entendemos respecto al ánima del Nitro); de hecho, en los capítulos precedentes ya hemos dicho todo el modo y todas las cosas, de modo que no queda nada, sino indicar dónde lo hemos dicho[68].
§. 23. Puesto que todos los Filósofos concuerdan en que, cuanto más cerca de la naturaleza metálica estén ya de hecho las materias que se han de tomar para su Obra, tanto mejor será la operación futura; concluimos que, de todos estos modos, el más conveniente parece ser aquel que procede de los Mercurios corrientes y de los Azufres regulinos [del antimonio]; siempre que se atiendan estas tres cosas:
- La animación del Mercurio, y si alguien mediante la adivinación fuera capaz de alcanzar esa otra sustancia que, en el reciente tratado Kern der Alchymie, en el Prefacio, Contexto y Apéndice, se recomienda en lugar de la Plata para la animación o amalgamación del Mercurio con el Régulo;
- La necesaria calcinación Filosófica del Oro, si este se utiliza, antes de que sea conjuntado con el Mercurio;
- Los grados del fuego para la Obra, si se hubiera añadido Oro corporal;
- La repetición de las rotaciones.
§. 24. Notamos de paso que, si alguien leyera el Tratado de Helvetius titulado Vitulus Aureus [El Becerro de Oro], encontrará que el artífice introducido en la historia narra a Helvetius esta sucinta descripción: que su Obra procedió de dos minerales, que se realizó en crisoles, que desde el principio hasta el fin no duró más de 4 días, y que no supuso más gastos que tres florines
230
holandeses[69]; si alguien lee esto, al mismo tiempo podrá descubrir por otra fuente qué es la calcinación Filosófica del Oro, para que entonces recuerde las palabras de Clavei: Y no importa si fue, o no, ese Azogue [mercurio] fluido, con tal de que haya sido purgado de toda suciedad y de toda sustancia ajena a la naturaleza del azogue; es más, cuanto más perfectamente haya sido cocido, tanto más próximo será al sujeto citado por Becher en Miner. Aren. p. 882, y a lo anotado en el Commentario memorabili Cuniculo 33. p. 881. 882[70].
§. 25. Puesto que ya, por todo lo dicho hasta ahora y por los ejemplos dados, brilla claramente la necesidad del Mercurio Filosófico, de donde sea que finalmente este se tome, y por mucho que diste, ya sea más cerca o más lejos, de la naturaleza metálica en razón de su pureza y fijeza; brillará al mismo tiempo qué operaciones con este fin son más o menos convenientes: de donde puede formarse de inmediato un juicio probable sobre cualquier proceso que se presente.
Incluso se lee que el propio Azufre común produjo un efecto muy notable en Concord. Chym. pág. 290. núm. 5. bajo el título: Proceso y Obra admirable del arte Químico, o una forma totalmente nueva de hacer la Tintura solo con humos continuos de Azufre[71]. Es una operación digna de reflexión.
Toda la obra consistía en lo siguiente: Luna [Plata] fundida en una patena o tiesto de vitrificación (Treibscherben)[72] durante 6 semanas, manteniéndola en flujo cada día y en incandescencia por la noche; y todos los días, cerca del recipiente que contenía la Plata, se arrojaban trozos de Azufre para que, al encenderse este —o mejor dicho, al ser impulsado violentamente parte en llama y parte en humo o flores—, el vapor (del cual se dice en el proceso: Que siempre corra un humo espeso de azufre sobre la plata) lamiera continuamente la superficie de la Plata fundida y se infiltrara en ella.
Para este fin, el propio horno fue construido ingeniosamente, con la Plata y su vasija colocada dentro de un tubo como si fuera bajo una teja, de forma continua pero en ninguna parte abierta excepto por el frente; una estructura que cualquiera puede concebir mentalmente si atiende al propósito, que es triple:
- Que la Luna [Plata] con su vasija pueda ponerse en el tubo;
- Que el Azufre pueda arrojarse de tal modo que se deslice hacia el recipiente que contiene la Plata;
- Que el humo del mismo pueda vagar y pasar continuamente sobre la Plata.
Se menciona que el efecto de esta operación fue que, con el transcurso de este tiempo, la materia se volvió primero negra, luego blanca, después amarilla y finalmente roja, incluso rubicundísima y sanguínea, y se convirtió en un [Azufre] sutilísimo. Este Azufre, que por sí solo no ingresaba en la Plata fundida, al ser arrojado sobre el doble de su peso de Oro fino, se mezcló con este y lo transmutó en una sustancia vítrea, la cual, al mezclarse en un momento con la Plata fundida, transmutó 164 partes de ella en Oro muy constante.
Durante el tiempo de 6 semanas, la materia fue extraída con frecuencia, desmenuzada mediante golpes y trituración, luego colocada de nuevo y continuada la sulfuración[73]; y se menciona que
231
la propia Luna [plata], al ser extraída, se encontró como una sustancia vítrea. Ciertamente, nosotros también creemos que se añadió con razón aquel elogio al título: Es una operación digna de reflexión.
Becher, en Min. aren., bajo la Minera cuarta pág. 88, expresa así sus pensamientos sobre este Proceso:
‘Montanus relata una historia memorable sobre la llama del Azufre actuando sobre el Oro fundido durante algún tiempo; y Morhof, en su Epístola a Langelottus, alega: «Me es conocida otra historia, por lejos mucho más memorable y con su práctica anexa, la cual tengo en manuscritos de un códice antiquísimo que merece fe, donde mediante la continua y artificiosa aplicación de la llama sulfúrea, la Luna [plata] se convierte en Vidrio y en Tintura, con observaciones no comunes.[74]
§. 26. Por la misma razón, Becher, en su Consilio (comprendido entre las páginas 74 a 104 de la Concord. Chym.), advierte con gran acierto que no debemos ignorar aquellos experimentos que presentan una transmutación verdadera y real (por ejemplo, de Plata en Oro), aunque sea sin lucro; pues de ellos se colige la verdad de que en algunos sujetos yace oculta aquella materia que los Filósofos llaman su fuego. Solo queda considerar más a fondo en cuáles yace de forma más copiosa y cómo puede extraerse, purificarse y fijarse más fácilmente.
Así suenan sus palabras en la pág. 95, lín. 2:
«De este modo, se aprende en estos trabajos la especie y la naturaleza del Fuego Filosófico, al cual se le sigue el rastro de la misma manera que a través de los rayos se puede llegar al Sol mismo; todo lo cual será después de gran provecho para aquel que sea capaz de trabajar en la Obra Universal».[75]
§. 27. A estas cosas añadimos nosotros con más claridad: que cualquier sustancia capaz de transmutar Plata en Oro de forma particular y sin lucro (siempre que sea sin un exceso excesivo de gasto), si se trata con Oro en lugar de Plata, y esto se repite tantas veces hasta que el Oro aparezca transformado en algo totalmente distinto —a saber, una sustancia completamente rubicunda y de fijeza media—; esta podrá después tratarse con Plata y ayudarse de vidrios fijadores, o bien aplicarse a obras mercuriales. Pues cualquier cosa que perfeccione la Plata y haga al Oro más que perfecto, convierte la Plata en algo perfecto.
Ciertamente, parece basarse en este mismo fundamento una nota sumamente notable que Becher pone en su Concordantia pág. 566, núm. 28 (y en el precedente 27): a saber, que el Extracto de Marte [Hierro], para ser introducido con lucro en la Plata, se ayude añadiendo Oro corporal.
Las palabras del número 27 son: Preparación del crocus de Marte: ‘Tómense partes iguales de Crocus de Marte [óxido de hierro] y Sal Amoníaco, sublímese cuatro veces, lávese con agua, séquese, e imbúyase 4 veces con la Dulzura de Saturno [acetato de plomo] preparada mediante espíritu de vino [alcohol]; arrójese esto sobre Oro y Plata, y hallarás provecho’.
En el número 28, al final del proceso, escribe: ‘NB. A la Plata se le puede añadir, según se desee, algo de Oro fino; yo, de 30 granos, obtuve después 40’.
232
En el mismo lugar, pág. 563, núm. 22, enseña a fermentar el Extracto de Marte [Hierro] con el Oro; a lo cual responde el núm. 24, pág. 806.[76]
§. 28. Debe notarse, a saber, que por consenso común de los escritos, la propia Tintura no ingresa inmediatamente en la Plata y los demás metales (excepto en el Mercurio); algo parecido a lo que se dijo poco antes en la pág. 230 sobre la Plata convertida en Tintura mediante sulfuración. Sino que primero debe fundirse con el Oro, proceso que Filaleteo propone sin ambages en el cap. 34.[77]
No deben pasarse por alto (pues fluyen de este mismo fundamento) los procesos de Concord. Chym. pág. 416, núm. 14, pág. 508, núm. 12 y el precedente núm. 11, y el resto basado en este fundamento; en especial la proposición del propio Becher, pág. 663, núm. 186:
«Receta: la cantidad que desees de Oro fino (ya sean lotos, marcos o libras); la misma cantidad de Plata fina; y la misma cantidad de Cobre; fúndelo todo; luego añade el doble de peso de Antimonio, viértelo, golpea el régulo del fondo y pásalo por el copelador; una vez pesado, y según su maleabilidad, mézclalo como al principio con Oro, Plata y Cobre, y fúndelo con Antimonio como antes para hacerlo maleable; y procede así toda la semana, hasta que el Oro fino se multiplique, etc.»[78]
A todo esto, aunque con un proceso más rudimentario, se prescribe:
«Receta: la Sustancia en la que se encuentra el Oro Filosófico, sepáralo de ella y mézclalo con Oro común, para que en él se fije, se depure de heterogeneidades y por él sea introducido en la Plata, que seguidamente aplicarás y se transmutará».
Pero a esto mismo apunta aquello de Becher cuando dice en algún lugar de su Phys. subterran. que en una ocasión introdujo una Tintura similar en el Oro, de donde contrajo un color purpúreo sin incremento de peso, la cual, sin embargo, al no estar fijada, fue reconcentrada en el Plomo.
§. 29. «Como ya dijimos anteriormente, los procesos particulares para obtener la Tintura se fundan, en parte, en el Antimonio común (del cual hemos tratado hasta ahora), y en parte en el Principio del Antimonio o en los Licores mercuriales.
Un ejemplo de esto último fue propuesto al mundo primeramente por Montesnyders, quien pretendía únicamente —a través de sus numerosos y grandes enigmas— conjuntar los Azufres metálicos del Hierro [♂] y del Cobre [♀], sumamente purificados y atenuados, con Oro igualmente disuelto de forma sutilísima; e ‘incerarlos’ mediante un licor de Antimonio, un Mercurial – Mantequilla de Antimonio rectificadísimo, conjuntarlos por sus partes mínimas y, finalmente, fijarlos[79].
Sobre esto puede consultarse el Tratado de experimentos Químicos de Digby[80], en sus primeras páginas, y compararse con las observaciones acerca de la Mantequilla de Antimonio en Concord. Chym. pág. 800, núm. 11, y los subsiguientes núm. 14, 15, 18, 19, 21; así como el largo proceso de la pág. 264 a la 277, que deben cotejarse entre sí; ídem pág. 201 y similares.
233
§. 30. «De otro modo son aquellos procesos que tienen por base los Aceites de Antimonio, en los cuales ingresa el Mercurio vivo real; como por ejemplo en Concordant. Chym. pág. 793, núm. 4, que es tal como sigue:
‘Disuélvase Oro en Agua Regia hecha de Nitro y Sal Amoníaco, digiérase y cohóbese frecuentísimamente, hasta que finalmente, mediante fuego de supresión, se sublime por completo en cristales o flores rubicundas. El Antimonio disuélvase en Agua fuerte, la cual debe abstraerse; el Mercurio restante por sí mismo en una cucúrbita se sublime repitiendo el proceso tantas veces hasta que en el fondo fluya, con un calor levísimo, a semejanza de un Aceite o cera. En dos partes de este Antimonio así fluido, póngase una parte de Oro sutilizado, y manténgase en esta liquidez continua hasta que, en un espacio de unas 4 semanas, se convierta en un Precipitado que penetra y tiñe, o mejor dicho, en un Precipitado fijo, que arrojado sobre Plata fundida u Oro, se convierta todo en su cantidad en buen Oro.
A esto mismo apunta el proceso prescrito en la pág. subsiguiente 808 y 809, núms. 31 y 32. El fundamento de todos ellos consiste principalmente en la preparación de una sustancia de antimonio tenuísima, la cual penetre, disgregue y se acreciente por átomos al Oro preparado para este fin mediante varias operaciones; y al repetir la obra varias veces, vuelva al Oro mismo sumamente penetrante y, por tanto, sutilísimo y capaz de difundirse y extenderse en una capacidad larguísima y amplísima, de donde pueda permear los demás metales mercuriales, y no solo acrecentarse a ellos materialmente, sino también cocerlos, madurarlos y reducirlos formal y efectivamente a un equilibrio perfectísimo.»
§. 31. «Si alguien, a partir del Proceso de Monte-Snyder o uno similar, llegara a conocer la suma atenuación del Oro por ellos requerida, y si no pudiera comprender el Oro Filosófico o la calcinación Filosófica del Oro común, invoque alguna de estas operaciones, recordando el Experimento de Digby en el Roseti Chymici núm. 6 y lo transmitido en los Experimentos Químicos de Digby; y de cosas similares colija que cualquier cosa que contribuya a la gran sutilización del Oro puede subordinarse a aquello que proporcione la máxima sutilización; pues no hay una diferencia específica, sino gradual. A esto se refieren también los procesos del Roseti Chymici del núm. I al VIII inclusive.»
§. 32. «Como conclusión de este comentario sobre la Tintura de los Filósofos, nótese que, si a manos de alguien llegara una sustancia de cualquier color, muy pesada, más o menos fija, ya sea por otra vía o por un trabajo vario y fortuito, investíguese su parentesco y miscibilidad con el Mercurio, el Oro y el Antimonio; y queden siempre grabadas en la memoria aquellas tres historias alegadas en la Phys. subterran. Secc. III. c. 3, pág. 139, núms. 14, 15, 16, y no menos la 17; así como otra en la Dissertación de Berlichius sobre la medicina universal y similares: Pues lo que sucede rara vez, puede, sin embargo, suceder.»
234
Si a alguien le fuera permitido ser tan feliz como para obtener algo semejante de cualquier modo —lo cual ocurre no raras veces por trabajos fortuitos, o por comunicación y don—, recuerde intentar la aumentación de esto de cualquier manera. En ese respecto, considere bien las advertencias e historia del autor del tratado Kern der Alchymie, y recuerde la diversidad que Filaleteo nota en la obra misma y en la preparación del Oro para la Obra en razón del color, para que no desperdicie su tesoro, tal como le sucedió al autor del citado tratado.
§. 33. Puesto que, en verdad, la cautela acerca de todas estas cosas está fundamentalmente circunscrita y definida por la bendición y providencia divina, que sin duda modera la cosa misma y su éxito según la variada intención y las diversas circunstancias morales; que cada cual se juzgue a sí mismo según esto, y espere para su obra o bien el éxito o bien la frustración.
Pues creemos que la cosa en sí, o el modo de conversión en Oro Filosófico, es, en una estimación física, más vil que la siembra del trigo o la mezcla de la masa del pan; pero su dimensión moral, tanto en su estimación como en su uso, es inestimable para quien la usa bien y mortal para quien la usa mal; y por lo tanto, consideramos que el moderamiento de la Divina Providencia es, sin duda, necesario en torno a estas cosas.»
SECCIÓN III.
De la Medicina Universal
§. 1. «Resta solo esto: que toquemos brevemente las alabanzas de la Medicina Universal, bajo cuyo especioso pretexto la mayoría de los hombres intentan encubrir su avidez y codicia por el Oro y las riquezas; por cuanto esta misma sustancia es llamada la medicina suprema, no solo de los metales, sino también de los hombres. Ciertamente, hay quienes sostienen que esta sustancia, debido a su suma penetrabilidad, puede alterar los humores para su mejora en la misma proporción en que otros minerales o el cinabrio crudo logran algo notable en tan gran desproporción de perfección.
En cuanto a la experiencia, esta es rara, a excepción de la Piedra de Butler, sobre la cual véase el Tratado de Helmont[81]; la historia de Francesco Borri, la fama y rumores de Polemann, y unas pocas historias similares.
Por su parte, Kunkel, en sus Observaciones, dice abiertamente lo siguiente: Que él mismo vio y leyó las actas de indudable fe del Laboratorio de Augsburgo, donde se había anotado en forma de diario cuántas marcas de metal vil (como antimonio) o plata habían sido transmutadas en este o aquel día en perfecto y buen Oro mediante la proyección de la Tintura.
235
Es bien sabido por el vulgo con cuánta curiosidad las familias Electorales y Ducales se dedicaron en aquellos tiempos a la búsqueda de uno u otro medicamento superior, y no escatimaron gastos para tales fines. Por lo tanto, es verosímil que, si una Tintura de tal eficacia médica existiera, sin duda se habrían realizado experimentos sobre ella en aquel tiempo; de donde se concluye, de forma no oscura, una negativa sobre la existencia de la cosa misma.
§. 2. Para evitar largas prolijidades: es posible que exista alguna sustancia que restaure sumamente la naturaleza humana incluso bajo una dosis pequeña, de modo que pueda realizar, casi en un momento, la derrota de los fermentos extraños que de otro modo solo se logra en un espacio de algunos días (y no siempre sin peligro incierto). Igualmente, puede concebirse con facilidad —y de hecho debemos concebirlo por experiencia, pues salta a la vista— que existen sustancias que, bajo una dosis mínima, producen lo contrario: a saber, que deprimen el Principio activo o la Naturaleza en pocos momentos, de tal modo que esta sucumbe por completo o queda muy debilitada.
Así, el Aceite de tabaco concentradísimo mata a un animal al instante por el simple contacto con la lengua (véase el Tratado del Elixir del árbol de la vida de Frundekius[82]); el Mercurio sublimado, con unos pocos granos, produce lo mismo en pocas horas; el Opio crudo, qué trastornos puede causar con el peso de uno o dos granos; el Humo del tabaco, incluso con una sola aspiración, cuánto puede nublar el intelecto (en aquellos no acostumbrados o de naturaleza ya debilitada), son cosas cotidianas.
Especialmente digno de notar es el caso del Vidrio de Antimonio, el cual, tras mil infusiones, produce efectos fuertemente eméticos sin que disminuya ni un grano de su peso; y cosas similares pueden verse en la Disputación sobre los pequeños inicios de grandes enfermedades de B. Ettmüller[83]. Es fácil, por tanto, encontrar en este punto un argumento desde lo opuesto.
Aunque, dada la probabilidad de la existencia de la Medicina Universal (entiéndase en relación con los vicios de los humores), no aparezca de inmediato dónde deba esperarse principalmente aquella; y aunque hayamos demostrado que la sospecha sobre el Oro mencionada anteriormente en la pág. 169. §. 1. bajo este título es improbable; no obstante, no es improbable aquella opinión que atribuye también a la Piedra de los Filósofos una gran energía medicinal.
En lo cual, sin embargo, no nos equivocamos en absoluto respecto a la tesis sobre el Oro, pues la Piedra de los Filósofos ya no es Oro, ni, como consta por lo dicho, está hecha de Oro común y crudo; sino que aquí subyace principalmente el Espíritu del Mercurio o una sustancia mercurial penetrantísima, concentrada y fijada por el Oro, pero de ninguna manera engrosada, sino tanto más exaltada en su penetrabilidad cuanto más puede ser agitada por el movimiento ígneo sin huir, y así ejercer operaciones admirables.
Porque, en verdad, el Mercurio que aún existe en volatilidad, aumentado por una sustancia volátil salina cruda e indigesta, a saber, el Mercurio sublimado, es de tanta energía, y todas las sustancias mercuriales mezcladas con sustancias crudas de Oro resultan de suma energía: por el contrario, es
236
probable que, si esa misma sustancia mercurial aumentara en fijeza al ser digerida con otra materia y, sin embargo, su penetrabilidad no se destruyera en absoluto, sino que más bien se multiplicara, entonces también podría ser de suma eficacia, aunque de un efecto diferente.
En cuanto a la práctica de la operación en esta parte, apenas conocemos a ningún escritor que haya escrito de forma más simple y totalmente literal que Claveus, en su obra sobre la Razón de engendrar la Piedra Filosófica, pág. 74, bajo el título de la Calcinación. Allí, enseña que la materia debe prepararse casi del mismo modo en que se prepara el Crocus de Marte impalpable; y tras su fijación, manda mantenerla en un Vaso de Hierro incandescente durante 8 días y noches (nycthemera).
De este modo, la materia se hincha a manera de fermento y se reduce a sustancias pequeñísimas e impalpables; mientras que una cierta sustancia impura que hasta entonces permanecía en ellas, se asienta en el fondo, siendo no solo ajena a la propia Tintura, sino también nociva si permaneciera con ella. El resto de la sustancia, así atenuada, se descubrirá que es de una rareza salina, a saber, soluble en cualquier licor, etc[84]. A estas palabras, por su verosimilitud, no solo les damos fe histórica, sino que, respecto al buen efecto médico de tal sustancia, nos atrevemos a prometer la máxima utilidad con la mayor probabilidad.
Que el Sumo y Sapientísimo Espagírico [Dios], a cuya admiración y gloria nos conducen e impulsan las cosas mínimas y las máximas, conceda a quien Él quiera el amor, la destreza y la sagacidad, así como los más felices éxitos y la utilidad física y moral de todo lo dicho hasta aquí.
A ÉL sea la GLORIA.»
[1] Principe, L., The aspiring adept : Robert Boyle and his alchemical quest, Chichester, Princeton University Press, 1998. Newman, William R., Newton the Alchemist: Science, Enigma, and the Quest for Nature’s «Secret Fire», Chichester, Princeton University Press, 2019. Powers, John C., Inventing Chemistry. Herman Boerhaave and the Reform of the Chemical Arts, Chicago and London, University of Chicago Press, 2012, esp. Capítulo 7: “From Alchemy to Chemistry”, 170-191. Chang, Kevin, “Georg Ernst Stahl’s Alchemical Publications: Anachronism, Reading Market, and A Scientific Lineage Redefined”, en Principe, L.M. (ed), New Narratives in Eighteenth-Century Chemistry. Archimedes New Studies In The History And Philosophy Of Science and Technology, vol 18. Springer, Dordrecht, 2007, 23–43.

Chang, Kevin, “The Great Philosophical Work: Georg Ernst Stahl’s Early Alchemical Teaching,” en Miguel López Pérez, Didier Kahn and Mar Rey-Bueno, eds., Chymia: Science and Nature in Medieval and Early Modern Europe (1450-1750), Cambridge, Cambridge Scholar Publishing, 2010, 386-396. Chang, Kevin, “From University to Court: The Reversal of Stahl’s Positions on Gold-Making” Ambix, 68(2–3) (2021), 214–230.
[2] Un estudio donde se analizan las formas en que dicho suplemento se relaciona con el libro de texto de química que le precede: Chang, Kevin, “The Great Philosophical Work: Georg Ernst Stahl’s Early Alchemical Teaching,” en Miguel López Pérez, Didier Kahn and Mar Rey-Bueno, eds., Chymia: Science and Nature in Medieval and Early Modern Europe (1450-1750), Cambridge, Cambridge Scholar Publishing, 2010, 386-396
[3] Se refiere al texto atribuido a Christopher Grummet Sanguis Naturae, or, A Manifest Declaration of the Sanguine and Solar Congealed Liquor of Nature By Anonimus, printed for A.R. and sold by T. Sowle, in White-Hart-Court in Grace-Church-street, 1696.
Esta traducción fue reeditada en 1981 en el volumen 38 de la colección The R.A.M.S. Library of Alchemy. Pero la atribución es algo injustificado, ya que este texto apareció previamente en Alemania. Aunque no corresponde a su Defension-Schrifft. Über das Nitrum, oder sogenannte Blut der Natur, und seine Person, wieder Kunckels Phosphoros Mirabilis und seine andere Schrifften; Als eine retorsion und fernere Gewissens. Anschuldigung, … nützlich und dienstlich zu lesen, 1679. En realidad corresponde a un texto editado dos años antes: Das Blut der Natur, Dreßden, in Berlengund des Autoris, Melchior Bergens, 1677.

Grummet describe este «licor oculto» o «sangre» como una sustancia solar y sanguínea presente en el Nitro (salitre). En su experimento del vidrio, Grummet afirma que al fundir nitro con vidrio veneciano se obtiene un color púrpura o amatista. Esto era una prueba, según él, de la presencia de una «semilla solar» en el nitro. Por otro lado, Grummet tuvo una polémica con Johann Kunckel, el descubridor del cristal de rubí (oro coloidal), con quien trabajó como asistente. El conflicto nació cuando Kunckel despreció públicamente el trabajo de Grummet, afirmando que el color púrpura no provenía del nitro, sino de la magnesia (manganeso) utilizada para clarificar el vidrio (ver nota 49). Grummet defendió que su proceso era estrictamente alquímico y demostraba la transmutación interna de los principios del salitre. Al afirmar que el nitro era como «sangre», sitúa su obra en la tradición de Sendivogius. Para él, el nitro no es solo un reactivo químico, sino el vehículo del espíritu universal. Al llamarlo «Sangre de la Naturaleza» subraya su papel como fluido vital que nutre a los tres reinos (mineral, vegetal y animal). Lo hizo en Defension-Schrifft. Über das Nitrum, oder sogenannte Blut der Natur, und seine Person, wieder Kunckels Phosphoros Mirabilis und seine andere Schrifften; Als eine retorsion und fernere Gewissens. Anschuldigung, … nützlich und dienstlich zu lesen, 1679.

Hay también una curiosa petición que le hizo Johann Seger Weidenfeld a Steingens: Sólo le pide: «Un libro anónimo de un verdadero adepto alemán llamado “sanguis naturae”, y que lo traiga a Inglaterra tan pronto como sea posible, ya que el señor van der Houve prometió mandárselo, pero aún no lo ha hecho, y más si es un libro muy necesario en alemán, que demuestra el uso del Nigri Nigrioris Nigro, donde se pueden confrontar todas la opiniones de los sabios, si es que se atreve a hacerlo uno mismo con total confianza”. El libro al que se refiere Weidenfeld es la traducción inglesa ya indicada antes de 1696, y que Weidenfeld seguramente había leído, aunque el que quería conseguir era el original alemán de Christoph Brummet, Das Blue des Natur. Y digo que seguramente tuvo entre sus manos sólo la versión inglesa porque en ella se afirma que el texto es anónimo, tal y como él dijo a Steingens, se lee:
“AL LECTOR. Cortés lector, sabiendo con certeza que el Autor (que era alemán y murió en aquel país, y por cuya muerte llegaron a mis manos estas dos partes y una tercera parte, que son bien aceptadas, y serán seguidamente publicadas) fue un verdadero maestro del secreto sobre el que escribió, así como un hombre de gran probidad y piedad…”
El diplomático jefe y secretario de Estado de Juan Guillermo de Baviera-Neuberg, Elector del Palatinado (1658–1716) Daniel Steingens desarrolló, en razón de su cargo, una amplia y diversa actividad desde Londres, no sólo en Inglaterra, sino también en otros países europeos. Así, por ejemplo, intercambiaba grabados de Alberti por planos de Blenheim de John Vanbrugh (1664-1726). Fulco, D., Exuberant Apotheoses: Italian Frescoes in the Holy Roman Empire: Visual Culture and Princely Power in the Age of Enlightenment, Leiden, Brill, 2016, 135. Gamer, J., Matteo Alberti: Oberbaudirektor des Kurfursten Johann Wilhelm von der Pfalz, Herzogs zu Julich und Berg etc., Dusseldorf, Padagogischer Verlag Schwann, 1978, 19-20.
[4] Becher, Johann Joachim, Supplementum secundum in Physicam subterraneam. Id est : Joannis Joachimi Becheri Spirensis, med. doct. Sacr. Caesar. majest. Consiliarii demonstratio philosophica, seu Theses chymicae veritatem, & possibilitatem transmutationis metallorum in aurum evincentes. Ad invictissimum romanorum imperatorem leopoldum. Encomium chymiiae Augustini Petræi. Nobilissima ars chemiæ, hominem fanum à morbis præservat, ægrum sanitat, restituit pauperem ab inopia, sublevat naturam, abdita eruit, animum folidâ scientia imbuit, nulli injuriam facit, omnibus prodest, & tandem ad ipsam dei cognitionem adducit, Francofurti, impensis Joh. Davidis Zunneri. Anno M DC LXXV (1675).

[5] «Chymische Brille» (La gafa química) es una obra breve y polémica de Johann Kunckel von Löwenstern, publicada en 1677 bajo el título «Chymische Brille, contra Non-Entia Chymica» (a menudo vinculada a sus «Chymische Anmerckungen», Wittenberg 1677). Kunckel escribió esta obra como respuesta directa a los «Non-entia chemica» (no-entidades químicas) de Werner Rolfinck. Rolfinck (fallecido en 1673) fue un erudito que puso en duda la existencia de ciertas sustancias alquímicas. En la «Chymische Brille», Kunckel defiende la existencia de los mercurios metálicos (metalline Mercuries) y otros principios alquímicos frente a las críticas. En ella, diferencia entre las verdaderas entidades químicas y los espejismos o engaños. Kunckel define la química como el arte de disolver cuerpos sólidos, separar lo disuelto, apartar lo puro de lo impuro y fabricar medicamentos eficaces. Clasifica la química más dentro de las artes (Artes) que de las ciencias puras (Scientiis). El título implica que Kunckel quería ponerles a los críticos de la alquimia unas «gafas químicas» para que pudieran ver con mayor claridad la realidad de los fenómenos. La obra es un ejemplo de los debates científicos de finales del siglo XVII, en los que se estaba redibujando la frontera entre la alquimia tradicional y la química temprana. El título completo es: Chymische Anmerckungen: darinn gehandelt wird von denen Principiis Chymicis, Salibus Acidis und Alkalibus, Fixis und Volatilibus, in denen dreyen Regnis, Minerali, Vegetabili und Animali; wie auch vom Geruch und Farben, Job Wilhelm Fincelii Erben, Wittenberg, 1677, página 160-192.


[6] Langelottus, Joel, Epistola ad Praecellentissimos Naturae Curiosos. De quibusdam in Chymia praetermissis, quorum occasione Secreta haud exigui momenti … deteguntur & demonstrantur, Hamburgi, Gothofredum Schultz, 1672. Humberg, Oliver, Joel Langelott, Arzt und Alchemist am Hofe Friedrichs III. In: Ulrich Kuder u. a. (Hrsg.): Die Bibliothek der Gottorfer Herzöge. Nordhausen: Bautz 2008, S. 79–90.
[7] Kerckring, Theodor, Theodori Kerckringii doctoris medici Commentarius in Currum triumphalem Antimonii Basilii Valentini, à se latinitate donatum, Amstelodami, apud Henricum Wetstenium, 1685. Cita en 250 (a): “Quæ tempore Basilii summa erant arcana, temporibus nostris jam sunt vulgaria Chymicorum opera : quotus enim quisque, qui nomen suum inter veros chymicos profitetur, ignorat modum conficiendi mercurium ex antimonio; vel hoc, quo Basilius docet, vel alio modo: nam varios jam excogitaverunt artifices varii, & quisque utitur eo, qui sibi probatur maximè”. “(a) Las cosas que en tiempos de Basilio eran los más altos arcanos, en nuestros tiempos son ya obras vulgares de los químicos: pues, ¿quién hay que profese su nombre entre los verdaderos químicos que ignore el modo de confeccionar el mercurio a partir del antimonio; ya sea por este [método] que Basilio enseña, o por otro modo? Pues ya varios artífices han ideado varios [métodos], y cada uno utiliza aquel que más le convence»:

[8] Cassius, Andreas, Andreae Cassii D. Hamburgensis De Extremo Illo Et Perfectissimo Naturae Opificio Ac Principe Terraenorum Sidere Auro, Hamburgi, Georgii Wolfii, 1685. Aunque da como referencia la página 3, en realidad se encuentra en la página 111: “Sea como fuere, confieso con franqueza que, de más de quinientos experimentos sobre la mercurificación de los metales, ni uno solo me ha resultado de tal modo que se pudiera concluir su posibilidad. Más aún, creo verdaderamente que, si por azar se hubiera encontrado algún mercurio en trabajos de este tipo, este habría estado más bien mezclado y adherido a los minerales (así como no pocas veces se encuentran tres o cuatro minerales sembrados juntos en una misma matriz), pero no hecho de ellos ni extraído de sus principios.” [Quicquid sit, è quingentis & ampliùs circà mercurificationem metallorum experimentis, ne unum quidem mihi evenisse candidè fateor, è quo possibilitatem ejus concludere licuisset: quin reverà credo, si quis è contingenti mercurius in laboribus hujusmodi repertus fuerit, eundem admixtum potiùs atqve adhærentem mineris (sicut non rarò tria vel quatuor mineralia in unâ matrice simul seminata reperiuntur) non verò ex iis factum aut è principiis eorum fuisse extractum]:

[9] Se refiere a la colección de textos de I.P.S.M.S., Alchimia Vera Das ist: Der wahren vnd von Gott hochbenedeyten, Naturgemessen Edlen Kunst Alchimia wahre beschreibung, Etliche kurtze vnd nützliche Tractätlein, Gedruckt im Jar nach Christi Geburt 1604. Concretamente al texto número ocho: “Lux lucens in tenebris. Modus mercurio solis zu machen”, páginas 84 a 112:

[10] Es el carbonato de potasio que ha absorbido humedad del aire hasta volverse líquido; actúa aquí como un agente fundente y liberador.
[11] Precipitación córnea: Se refiere a la formación de cloruros metálicos (como el Luna Cornea o cloruro de plata), que tienen un aspecto ceroso o córneo y son pasos intermedios para volatilizar el metal.
[12] Becher, Johan Joachim, Joh. Joachimi Beccheri, D. Spirensis … Physica subterranea profundam subterraneorum genesin, è principiis hucusque ignotis, ostendens. … & Specimen Beccherianum, fundamentorum, documentorum, experimentorum, subjunxit Georg. Ernestus Stahl, Lipsiae : Apud Joh. Ludov. Gleditschium, 1703, 540: “& hac errore didici Mercurios facere , & in sale arsenificantem ac mercurificantem terram , id est Alkaest à Mercurio Philosophorum distinguere”:

[13] Becher, Johan Joachim, Johannis Joachimi Becheri … Experimentum Novum Ac Curiosum De Minera Arenaria Perpetua: Sive Prodromus Historiae, Seu Propositionis Praep. D. D. Hollandiae Ordinibus ab Authore factae, circa Auri extractionem mediante Arena littorali, per modum Minerae perpetuae seu operationis magnae fusoriae cum emolumento. Loco Supplementi Tertii in Physicam suam subterraneam, Francofurti, impensis Mauritii Georgii Weidmanni, MDCLXXX, 60-63.
[14] Becher, Johan Joachim, Joh. Joachimi Beccheri, D. Spirensis … Physica subterranea profundam…, 204-205: “Præpara Saturnum cornuum, id est, solve plumbum in aqua forti, & præcipita spiritu salis; calx præcipitata vocatur Saturnus cornuus : quem misce anatico pondere salis communis : & rursus anatico pondere, quantum totum ponderat, terræ alicujus non fluentis, ut terræ passaviensis : optimè mixtum destilla per gradus, per retortam, & non pauca pars Saturni transcendet in vas recipiens instar foliorum metallicorum, ut in speculis utimur, prorsus fluidorum, ut ipsis ad plenam mercurificationem nihil præterquam brevis manipulatio desit, quam indiscriminatim luci exponere, nefas esset.» Supplementum secundum in Physicam subterraneam…, 409, nº29:

[15] Se refiere a una arcilla refractaria de alta calidad usada para proteger la materia y permitir que el fuego fuerte actúe sin romper el vaso.
[16] La reacción entre el destilado ácido y la Sal de Tártaro (alcalina) produce una efervescencia que el autor llama «silbido». Cuando cesa, el mercurio se libera y cae al fondo.
[17] Becher, Johan Joachim, Urna sortis fortuitae chymica, seu Concordantia chymica et collectio major 1500 processuum chymicorum / congesta a Joh. Joach. Bechero, Francofurti : impensis Joh. Georgii Schiele, 1682. No confunfir con Kieser, Franz, Cabala Chymica, Concordantia Chymica, Azot Philosophorum Solificatum: drey unterschiedliche … und zuvor nie außgegangene Tractätlein … In welcher I. Der rechte Grundt … aller natürlichen und übernatürlichen Dingen erkläret wirdt. Im II. Viel schöner Vergleichungen … etlicher alten unnd newen Philosophischen Schriften, von wahrer Bereytung deß Philosophischen Steins, Coligiret von Alexandro von Süchten … Im III. Augenscheinliche Erklärung aller und jeder Particularitäten, fürnembsten Handgriffen unnd Vortheylen, so zu rechter Bereytung des wahren Philosophischen Steins … erfordert werden, Mülhausen, Spieß, 1606. En realidad es la versión en latín de Chymischer Glücks-Hafen, Oder Grosse Chymische Concordantz Und Collection Von funffzehen hundert Chymischen Processen, Franckfurt, Schiele, 1682, 330-331:

[18] Chymischer Glücks-Hafen…, 333: Toma Grafito pulverizado, 1 onza; Sal Amoníaco, 4 onzas; mezcla, sublima y destila con fuerza; recibirás un espíritu azul, precipítalo con Aceite de Tártaro por delicuescencia, y tendrás Mercurio. Lo mismo sucede si mezclas Sal Amoníaco con Espíritu de Sal y lo destilas.
[19] La mención de sales de hollín y orina apunta a la búsqueda de un amoníaco muy activo, capaz de penetrar la dureza del antimonio.
[20] Son los vapores que se solidifican en la parte superior del vaso durante la sublimación. El autor pide mezclarlos de nuevo con el residuo del fondo (el «cuerpo») para que la Sal amoníaco termine por «espiritualizar» todo el metal.
[21] El autor sugiere usar láminas de plata dentro del agua del receptor para «atrapar» los vapores de mercurio más sutiles que, de otro modo, se perderían. Esto confirma la afinidad entre el mercurio y la plata.
[22] Becher, Johan Joachim, Supplementum secundum in Physicam subterraneam. Id est : Joannis Joachimi Becheri Spirensis, med. doct. Sacr. Caesar. majest. Consiliarii demonstratio philosophica, seu Theses chymicae veritatem, & possibilitatem transmutationis metallorum in aurum evincentes. Ad invictissimum romanorum imperatorem leopoldum. Encomium chymiiae Augustini Petræi. Nobilissima ars chemiæ, hominem fanum à morbis præservat, ægrum sanitat, restituit pauperem ab inopia, sublevat naturam, abdita eruit, animum folidâ scientia imbuit, nulli injuriam facit, omnibus prodest, & tandem ad ipsam dei cognitionem adducit, Francofurti, impensis Joh. Davidis Zunneri. Anno M DC LXXV, 88: “190: Forma de hacer sal volátil del aceite de vitriolo”: Esto sucede por el mismo método con el vitriolo, ya sea espíritu o aceite de vitriolo, y aceite de tártaro o bórax. Además, si en aceite de tártaro o en una lejía común arrojaras sucesivamente tártaro pulverizado y aplicaras una digestión moderada en un recipiente cerrado, y una vez finalizada la reacción o la fermentación de las burbujas, destilaras la materia líquida, por una razón similar [obtendrás] el espíritu urinoso…”

[23] Naturaleza Saponácea: Becher busca una sustancia que actúe como un «jabón» químico, capaz de disolver la grasa metálica (el azufre) para liberar el mercurio.
[24] Sal de Tártaro Volátil: El autor explica que para vivificar los metales no basta con la sal fija, sino que debe ser «volatilizada» mediante el espíritu de vino o el vinagre para que pueda penetrar los cuerpos.
[25] Hollandus, Johannes Isaac, Deß weit und breit berühmten Johannis Isaci Hollandi Geheimer und biß dato verborgen gehaltener trefflicher Tractat, von ihm genant: Die Hand der Philosophen, mit ihren verborgenen Zeichen, Frankfurt, Götze, 1667, 82-86:

“Operatio tartari, o del Tártaro. Así se prepara el Tártaro, y esto es muy bueno y tiene los cuatro Elementos en él, pero no como las demás cosas, especies y hierbas. Todas las cosas que Dios Todopoderoso ha creado a partir de los 4 Elementos tienen en sí los elementos sucios e impuros; y tales cosas no se pueden limpiar de otro modo que no sea mediante destilar, sublimar, calcinar, cementar, etc. Y de tal forma se pueden purificar los elementos con gran trabajo. No se encuentra ninguna cosa en el mundo que sea como el Tártaro; pues Dios no ha dejado en él ninguna impureza, por cuanto él mismo se separa del vino, como el agua [se separa] del fuego. Y el tártaro no toma ninguna impureza del vino, del mismo modo que el agua tampoco [la toma] del fuego; sino que cuando hay impureza en el agua, ésta la deja en el fuego, para que el fuego las queme y las convierta en nada; pues el fuego consume toda impureza, y con el fuego se deben limpiar todas las impurezas de los elementos. Sin embargo, el fuego es en sí mismo frágil, a saber, que no es fijo; pues cuando Dios corrompió los 4 elementos, corrompió al mismo tiempo el fuego con ellos; de ahí que el fuego no sea fijo.

Pero el Tártaro es un fuego sin aire ni llama, fijo y puro; por tanto, nadie puede separar el elemento del tártaro, por cuanto es un corpus glorificatum (cuerpo glorificado). Ninguna cosa puede destruir al tártaro, ni el fuego puede quemarlo. El Tártaro es ese fuego fijo del cual escribimos tan a menudo en nuestros libros. Si el fuego tiene el poder de limpiar todos los elementos corrompidos, de quemar todas las impurezas y de consumirlas, y también de hacer fijos a todos los demás elementos; ¿qué no hará este, que es fuego sobre fuego, cuando entre en los elementos impuros? En verdad te digo que el Tártaro tiene el poder de hacer fijas todas nuestras cosas cuando está preparado, y en él se esconden todas las cosas ocultas, cuya descripción sería demasiado larga. Pero sin el Tártaro no se puede realizar ninguna obra perfecta en el Arte, así como tampoco la «Mano» puede ser preparada sin el Tártaro; pues si no existiera el Tártaro, el Arte sería falso. Por tanto, el Tártaro es el Maestro de la Alquimia; por ese motivo los Maestros lo consideran su fuego fijo, que quema todo aquello que no es fijo, etc. Toma tártaro blanco bueno de un buen vino del Rin, lava el polvo hasta que quede limpio, hasta que el agua salga clara de él, y esto debe hacerse con agua de pozo pura. Luego sécalo al sol, muélelo finamente sobre una piedra con un buen vinagre de vino destilado, y sécalo (otra vez) al sol. Después, vuelve a humedecerlo sobre la piedra con vinagre fresco hasta formar una papilla espesa, y de nuevo sécalo. Esto debes hacerlo al menos 10 veces o más. Este tártaro así imbibido, ponlo en un recipiente fuerte y adecuado para ello, y ciérralo muy bien, aproximadamente con el grosor de una mano. Toma entonces otro recipiente todavía más grande; llénalo con cal viva, coloca dentro el recipiente con el tártaro, y termina de llenar el recipiente grande con cal viva todo alrededor del tártaro, de modo que este quede en el medio, como la yema en un huevo. Sella entonces también este recipiente con toda la firmeza que puedas, con el grosor de una mano grande, y deja que todo se seque suavemente por sí solo. Haz en tu fogón, donde mantengáis fuego a diario, un agujero grande; llénalo con cal viva, coloca dentro el recipiente y rellénalo alrededor con cal viva, pero deja al descubierto la panza del recipiente. Sobre él, mantened vuestro fuego encendido durante 8 semanas, y mantenedlo caliente día y noche; después, en un calor de brasas, pues cuanto más se calcine, mejor. Tras esto, saca con cuidado el recipiente pequeño de la cal, ábrelo y vierte el tártaro en una gran cantidad de vinagre destilado; deja que repose o se aclare durante 3 días. Decanta lo claro en otro recipiente; vierte sobre los sedimentos (feces) más vinagre, hiérvelo y deja que se aclare como antes, y júntalo con lo anterior. Haz esto tantas veces hasta que no salga nada más de ello; desecha los sedimentos y evapora tu vinagre, y congela toda la sal en seco. Disuélvela de nuevo en una gran cantidad de vinagre, como antes, deja que se asiente una vez más y decanta lo claro de los sedimentos. Vierte más vinagre encima y repite esto hasta que no queden más sedimentos.
Entonces, ponlo en un crisol abierto y déjalo al rojo vivo en un horno durante 24 horas. Luego, disuélvelo de nuevo y déjalo reposar así disuelto durante 3 horas para ver si todavía asienta algunos sedimentos. En caso de que los asiente, se deben clarificar de nuevo hasta que no deje más sedimentos. Entonces, congélalo en seco. Después, imbibe el Tártaro sobre un vidrio con aqua vitæ hasta formar una papilla clara, y sécalo al sol o sobre cenizas calientes en un vidrio. Vuelve a embeberlo y secarlo; haz esto 100 veces o más, cuanto más mejor y cuanto más se purgue mejor. Luego, sécalo en un vidrio que pueda soportar el fuego, séllalo muy bien por debajo, colócalo sin tapa sobre un horno y deja que se funda. Cuando se haya fundido, retira el vidrio y ábrelo; se congelará al aire tan claro como el cristal, y ante el fuego se fundirá como la mantequilla. Este es el Fuego de los sabios Filósofos, y su fuego fijo, del cual escriben de manera oculta y que los simples no comprenden. Cuando está así preparado, es un tesoro precioso, pues con él se fijan todas las cosas volátiles. Sí, pon Mercurio en un crisol, un poco de este Tártaro encima; ponlo al fuego y deja que actúe, y así el Mercurio se volverá fijo. En los distintos trabajos menores se debe preparar de esta manera, pues quien trabaje con él sin estar preparado, no llegará a ninguna perfección; podrá ciertamente lograr la apariencia de la Plata y del Oro, pero quienes trabajan con sales no preparadas se engañan a sí mismos y a todos los que les creen, etc.
[26] Becher, Johann Joachim, Experimentum novum de Minera arenaria perpetua, Londini, Typis T. N. & venales prostant apud Marcum Pardoe, sub signo Corvi Nigri è regione Palatii Bedfordiensis in viâ Regiâ vulgo dictâ The Strand. 1680, Index: “Sinopsis o Catálogo de los Pasadizos Secretos que yacen ocultos en esta Minera Arenaria, para aquellos que estiman que he escrito con excesiva claridad y que he transgredido el silencio filosófico, para que sepan cuánto he callado. 7: La preparación del espíritu de orina filosófico a partir del vitriolo, y ¿de qué clase es su admirable eficacia? p. 23”
[27] Sal Astral / Vitriolo Mercurial: Sugiere que el vitriolo contiene una «sal astral» o principio mercurial oculto que, al unirse al tártaro, crea un disolvente tan potente como el espíritu de orina, pero de origen mineral. Becher, Johann Joachim, Experimentum novum de Minera arenaria perpetua, Londini, Typis T. N. & venales prostant apud Marcum Pardoe, sub signo Corvi Nigri è regione Palatii Bedfordiensis in viâ Regiâ vulgo dictâ The Strand. 1680, Index: “Sinopsis o Catálogo de los Pasadizos Secretos que yacen ocultos en esta Minera Arenaria, para aquellos que estiman que he escrito con excesiva claridad y que he transgredido el silencio filosófico, para que sepan cuánto he callado. 8: Sal hoc astrale Vitrioli est Mercuriale, quomodo demonstretur. p. 24.
[28] Espíritu de Orina Filosófico: No se trata de orina real, sino de un amoníaco químico altamente purificado y «animado» mediante el vitriolo, capaz de «abrir» el oro para su mercurificación.
[29] Becher, Johann Joachim, Chymischer Glücks-Hafen, Oder Grosse Chymische Concordantz Und Collection Von funffzehen hundert Chymischen Processen, Franckfurt, Schiele, 1682, 313-314:

[30] De los varios sitios donde Zwelfer lo da, nos quedamos con este: Zwelfer, Johann, Pharmacopoeia regia, seu Dispensatorium novum locupletatum et absolutum, annexâ etiam Mantissa spagyrica: in quibus vera et accurata methodo selectissimorum medicamentorum compositiones et præparationes traduntur, … authore Joanne Zwelfer, Palatino…, Noribergae, Typis & Sumptibus Balthasaris Joachimi Endteri, Anno M. DC. XCIIL, 449-450: AZAFRÁN DE ORO o SOL PÚRPURA (Crocus Auri seu Solis Purpureus):« Aunque el modo de preparar este Crocus fue descrito en nuestras Animadversiones [Observaciones], bajo el título: Sobre el cuerno de ciervo; me place, no obstante, introducirlo de nuevo en este lugar, como su sede competente. Y es tal como sigue: Toma (℞): Oro purísimo, purificado por medio de Antimonio y laminado sutilmente, media onza. Sal de Nitro [Salitre] óptimamente purificada. Sal común, o gema, de cada una ocho onzas. Alumbre crudo, cinco onzas. Mézclense e introdúzcanse en una cucúrbita de vidrio; sobre los cuales viértase una cantidad suficiente de agua común para la disolución de dichas sales. Cuézanse después en arena, con fuego moderado, hasta alcanzar la espesura o la sequedad original de las sales. El Oro se disolverá totalmente y se mezclará con las sales; sobre las cuales, de nuevo, viértase agua común en cantidad suficiente para la disolución de dichas sales y del oro; fíltrese la solución del Sol, que será amarilla y de color áureo; sobre la cual, gota a gota, instílese…» También se puede leer, por ejemplo, en Pharmacopoeia regia, seu Dispensatorium novum locupletatum et absolutum…, Norimbergae, Endterus, 1675, 319.

[31] El autor afirma que el oro puede «retroceder» hasta convertirse en cinabrio (sulfuro de mercurio) y luego ser liberado como mercurio líquido. Becher, Johann Joachim, Chymischer Glücks-Hafen, Oder Grosse Chymische Concordantz Und Collection Von funffzehen hundert Chymischen Processen, Franckfurt, Schiele, 1682, 299: Mercurio Animado Solar, o Cinabrio de Oro: «Muele Oro con 3 Sales: Salitre, Alumbre y Sal común; después deja que hierva en agua común y deja que se evapore hasta la sequedad. Disuélvelo de nuevo en agua común y, cuando todo esté disuelto, precipítalo con Aceite de Tártaro (Weinstein-Oel); deja que el licor pase por el filtro y precipítalo de nuevo con Espíritu de Orina (Spir. urinæ). Cuando esté precipitado, decanta el licor con cuidado y vierte sobre el Oro precipitado agua común y Mercurio vivo; bate o golpea esto bien entre sí, y así el Mercurio se convertirá en un polvo de color marrón castaño. Debes lavar bien este polvo de toda salinidad; y si pones tal polvo en un crisol y lo reverberas con fuego fuerte, se volverá fijo. Pero si primero lo mueles con Azufre y después lo pones a reverberar, todo el Oro se irá con el Azufre; si esto se recoge en un sublimatorio, se tiene el verdadero Cinabrio de Oro, el cual puede ser fijado por sí mismo, o revivificado mediante Aceite de Tártaro, o si se destila con la Luna, saldrá un mercurio corriente en el cual hay mucho del Azufre del Sol. NB. Cuanto más volátiles se vuelvan los metales en los corrosivos y se sublimen con Mercurio, y luego se pueda revivificar el sublimado, tanto más Mercurio Metálico se obtendrá…»

[32] Becher, Johann Joachim, Supplementum secundum in Physicam subterraneam. Id est : Joannis Joachimi Becheri Spirensis, med. doct. Sacr. Caesar. majest. Consiliarii demonstratio philosophica, seu Theses chymicae veritatem, & possibilitatem transmutationis metallorum in aurum evincentes. Ad invictissimum romanorum imperatorem leopoldum. Encomium chymiiae Augustini Petræi. Nobilissima ars chemiæ, hominem fanum à morbis præservat, ægrum sanitat, restituit pauperem ab inopia, sublevat naturam, abdita eruit, animum folidâ scientia imbuit, nulli injuriam facit, omnibus prodest, & tandem ad ipsam dei cognitionem adducit, Francofurti, impensis Joh. Davidis Zunneri. Anno M DC LXXV, 112-113: “252. Se debe distinguir entre el oro solo [puro] y el mixto: Objetarás que es contra la naturaleza del oro huir del fuego y volverse volátil, a lo cual se responde: que se debe distinguir entre el oro solo y por sí mismo, y entre el oro preparado mediante añadiduras. Pues así lo hemos aprendido por la experiencia: que el oro, mediante ciertas sales (como por ejemplo: nitro, alumbre, sal amoníaco), por la sola trituración y cocción, con la mediación de agua común, se resuelve de tal modo que pasa facilísimamente a través del Mercurio hacia el Mercurio con él [el mercurio] y, añadiendo sobre todo azufre común, se eleve en forma de cinabrio (253: Aurum fit Cinabrio); y así, todo cuerpo que se eleva con el Mercurio en cinabrio, pasa a la volatilidad del Mercurio y se convierte en Mercurio corriente, una vez que se libera del azufre.Que los metales pueden ser elevados en cinabrio mediante el Mercurio y el azufre, ya lo observó hace tiempo Geber (Libro 2, parte 1, cap. 6) sobre el oro, cuando dice: que verdaderamente el azufre es tintóreo se evidencia por esto, porque mezclado con el azogue [argentum vivo], lo transforma mediante la sublimación en un color rojo que llaman cinabrio; y que cuando se amalgama con los cuerpos (metales) y se sublima con una fuerte ignición desde los cuerpos, de tal modo que la sutileza de ellos (su parte mercurial) asciende con él, [de color] citrinísimo [amarillo intenso]…

[33] Becher, Johann Joachim, Supplementum secundum in Physicam subterraneam…, página 113, nº 254: “Experimentum mercurificationis argenti: además, si el mismo mercurio común se agudiza, o se precipita con nitro o con sal común, y se añade a la cal de plata ya sea pura, o cristalizada por el espíritu de nitro, y se sublima conjuntamente, la parte más poderosa de la plata asciende con el Mercurio, y se convierte fácilmente en mercurio corriente. También los metales pueden ser sublimados y sutilizados con sal o espíritu amoníaco, y de tal modo habilitarse para la mercurificación, que no les falte nada excepto el tercer requisito, a saber: la revivificación…

[34] El autor marca una duda importante: ¿con qué precipitar la solución de metal en espíritu de orina? Sugiere espíritu de vino o de vitriolo, lo cual conecta con la «vía del vitriolo» de Basilio Valentín.
[35] Becher, Johann Joachim, Chymischer Glücks-Hafen…, 314: «NB. ℞. Metallum quale vis, solv. in sp, solutum filtra, & ppta cum s. v. præparatum sublima, sublimatum revifica.»

[36] Becher usa una metáfora potente: el menstruo es como una «prostituta» porque reacciona con todos los metales («fornica con muchos») y los descompone («infecta con la enfermedad mercurial»), pero no crea un cuerpo sólido por sí misma.
[37] Becher, Johann Joachim, Experimentum novum de Minera arenaria…, Londini, Typis T. N. & venales prostant apud Marcum Pardoe, sub signo Corvi Nigri è regione Palatii Bedfordiensis in viâ Regiâ vulgo dictâ The Strand. 1680, 61: “Reliqua vide in Clavicula, sed quoniam Lullius mentionem cujusdam Menstrui Fœtentis faciat, ad cujus investigationem aliâ sanè, & quidem Cabalistica Salomonis Clavicula opus esset, neque enim illud Menstruum Fœtens juxta literam intelligendum esse, nemo non videt, qui non eludi velit. Ut autem hujus Menstrui vera Genealogia compareat, opus foret, illa Magna quatuor Menstrua admirabilia in Orbe Philosophico perlustrare.”

[38] SAP. SAT. DICT.: Palabra suficiente para el sabio. Becher, Johann Joachim, Chymischer Glücks-Hafen…, 429-430, nº 38: “Transmutatio spiritus mercurii ad hoc opus”.
[39] Johann Joachim, Chymischer Glücks-Hafen…, 312-313: “Sobre la confección del Mercurio de los Cuerpos a partir de los Metales. Primero hágase el agua inscrita como Aqua Vitæ Philosophica. Toma (℞): Agua compuesta de 2 libras de Salitre y Vitriolo calcinado a partes iguales, y 1 libra de Alumbre; rectifíquese en una libra de esta agua, disuelve una o dos libras de Mercurio crudo, abstrae [destila] el agua, y quedará la Cal en el fondo. Vierte y abstrae esta agua sobre la Cal del Mercurio, ya sea dos o tres veces, en cenizas o en baño maría; saca después la cal y, en un plato vidriado, mézclala y frótala con 8 Loth de Sal Amoníaco; luego ponla en una Cucúrbita de vidrio y llévala a digestión o putrefacción, y se convertirá en un agua clara y límpida. También puede dejarse añadida bajo el principio del agua, e imponerse junta por 8 o más días a putrefacción, y después se abstraerán las aguas hasta la Oleosidad. Nota (NB): Toma (℞) 1 libra de la nueva agua antes dicha; disuelve en ella 4 o 6 Loth de Sal Amoníaco y 12 Loth de Mercurio Sublimado; mezcla después ambas soluciones y conjúgalas, y puestas en un solo vidrio, llévense a las cenizas o arena cálida; llévense las aguas hasta la Oleosidad, póngase el residuo a putrefacción por 8 días o más, como se hizo arriba, y en el fondo quedará la Margarita o Luz de las Perlas, o agua de Vida viva filosófica; y esta agua reduce todos los Cuerpos metálicos a la Materia prima y al Aceite de los Filósofos.”

[40] El Azufre de la Sal: Becher insiste en que el secreto está en extraer el azufre oculto en la sal común, lo que permite «aumentar» el mercurio y darle ese brillo perlado.
[41] Es un nombre poético para el estado de la materia cuando ha alcanzado una pureza cristalina y una luz interna radiante. Es el agente que finalmente puede reducir cualquier metal a su «aceite» o esencia.
[42] El autor aclara que el Alkahest (disolvente universal) extraído de la sal no es lo mismo que el Mercurio de los Filósofos, aunque ambos nazcan de una raíz común.
[43] La esencia arsenical: Advierte que en el fondo del vaso, junto a la «margarita», puede quedar una sustancia arsenical que debe ser separada con cuidado, pues tiene una naturaleza distinta.
[44] El uso de estos mercurios es coagularlos con la Cal de Oro para crear un precipitado fijo capaz de transmutar la plata. Johann Joachim, Chymischer Glücks-Hafen…, 312, nº 29: Ver nota 36. 374, nº 85: Sobre la confección del Mercurio de los Cuerpos a partir de los Metales. Primero hágase el Agua de vida Filosófica descrita abajo. «Toma: Agua compuesta de 2 libras de Salitre y Vitriolo calcinado, una libra de cada uno o la cantidad suficiente; y rectifíquese en una libra de Oro. En una libra de esta agua, disuelve una o dos libras de Mercurio crudo, abstrae [destila] el agua fuerte, y quedará la Cal en el fondo. Vierte y abstrae esta agua, o bien otra nueva, dos o tres veces más sobre la Cal del Mercurio en cenizas o arena; saca después la cal y, en un plato vidriado, mézclala y frótala con 8 loth de Sal Amoníaco ; luego ponla en una cucúrbita de vidrio y llévala a digestión, y se convertirá en un agua clara y límpida. También puede dejarse añadida bajo el principio del agua fuerte, e imponerse junta por 8 o más días a putrefacción, y después se abstraerán las aguas hasta la Oleosidad. Seguidamente (NB): Toma 1 libra de la nueva agua fuerte antes dicha; disuelve en ella 4 o 6 [partes] de Sal Amoníaco y 12 loth de Mercurio sublimado siete veces. Mezcla después ambas soluciones, conjúgalas y, puestas en un solo vidrio, llévense a las cenizas o arena cálida; abstráiganse las aguas hasta la Oleosidad, póngase a putrefacción por 8 días o más, como se hizo arriba. Y en el fondo quedará la Margarita o luz preclara, o el Agua de vida viva Filosófica; y esta agua reduce todos los cuerpos metálicos a la materia prima y al Aceite de los Filósofos.»

[45] Aunque el oro resultante resista el fuego (copela) y el ácido (agua fuerte), el Mercurio de Antimonio es capaz de «deshacerlo» y devolverlo a su estado líquido, lo que demuestra la increíble potencia que persiste en el antimonio (el «lobo») sobre los cuerpos fijos. Alexander von Suchten trata del “mercurio del antimonio” en sus dos tratados del antimonio. Suchten, Alexander von, Deß Edlen und Hochgelarten Alexandri von Süchten … Zween Tractat Vom Antimonio: Der Erste Von der grossen Heimligkeit deß Antimonii …, Der Ander Clavis Alchemiae, De Secretis Antimonii …, Mümpelgardt, Foillet, 1604. En el primer tratado Von der grossen Heimligkeit deß ANTIMONII (Sobre el gran Secreto del ANTIMONIO), en 7 y 8. En el segundo tratado, Clavis Alchemiae. De Secretis Antimonii («La Clave de la Alquimia de Alexander von Suchten, sobre los Secretos del Antimonio), en 53, 71, 74 y 87.

[46] Becher advierte de un peligro real en la «vía húmeda» con sales: si la digestión es demasiado larga, las sales no solo limpian las impurezas (el arsénico), sino que se «comen» el alma del metal (su azufre), dejando un mercurio que no es mejor que el común de la tienda. La Solución: El autor propone un remedio fascinante: si las sales han robado el azufre del metal, hay que extraer ese azufre de las propias sales y volverlo a unir al mercurio. Solo este mercurio «re-animado» tiene la potencia necesaria para la Gran Obra. Mercurio Filosófico vs. Común: Se subraya que el objetivo no es solo obtener un líquido que corra, sino una sustancia que mantenga su «fuego» interno (el azufre).
[47] Pantaleón es un autor que intenta «ordenar» el caos de las metáforas alquímicas mediante la concordancia. Su verdadero nombre era Franz Gassmann, un médico alemán del siglo XVII y que adoptó el nombre de «Pantaleón» (que en griego significa «el que compadece a todos» o «león total») para publicar sus tratados. A diferencia de otros autores que oscurecían el Arte, Pantaleón se propuso como un «guía» para los que estaban perdidos. Su obra más famosa es el Bifolium Metallicum (Noribergae, Fürstius, 1679). Pantaleón es valorado por ser uno de los primeros en afirmar que Sendivogius, Filaleteo y Alexander von Suchten no se contradicen. Él sostiene que, aunque usen nombres distintos (Nitro, Mercurio, Agua), todos se refieren a la misma Cosa Única. Así defiende que la «proposición sobre el Aire» de Sendivogius es compatible con la «vía del Mercurio» de Filaleteo.
[48] Sobre la inspiración y el aliento, el texto dice explícitamente que los animales (incluidos nosotros) atraemos esta «sustancia primordial» mediante la respiración (inspiratione attrahendum). Sobre el rocío (Rorem), dice que es el vehículo «especialísimo» para los vegetales. Esto conecta con la vía del rocío de la que muchos autores hablan, pero aquí Sendivogius lo sitúa como una parte de un sistema universal más amplio. El autor añade que, tras recolectarla del aire y purificarla, esta “sustancia primordial” debe ser fermentada con oro para coagularse en la Piedra.
[49] Kunckel von Löwensterns, Johann, V. Curiose Chymische Tractätlein; I. Chymische Anmerckungen, darinn gehandelt wird von denen Princip. Chym. Sal. Acid. & Alcalibus; Fixis & Volatilib. in denen 3. Regnis; wie auch vom Geruch und Farben etc. mit Anhang einer Chymischen Brille, contra Non-Entia Chym. II. Nützliche Obsevationes von den Fixen und flüchtigen Saltzen, Auro & Argento Potabili; Spiritu Mundi u. d. g. wie auch von den Farben und Geruch der Metallen, Mineral. &c. III. Epistola, contra Spiritum Vini sine Acido. IV. De Phosphoro Mirabili; dessen leuchtenden Wunder=Pilulen; sampt einem Discurs vom Nitro. V. Probier=Stein, de Acido & Urinoso, Sale Calido & Frigido; contra Herrn D. Voigts Spir. Vini Vindicatum. Wobey zugleich angehänget wird: Christoph Brummets Tractätlein vom Blut der Natur. Nebst einer Vorrede: De doctis et nobilibus Empiricis: D. Johannis Philippi Burggravii, Med. Francof. ad Moenum, Franckfurth und Leipzig, Wolffgang Christoph Multz, 1721. Publicado en 1678 originalmente como Öffentliche Zuschriftvom Phosphoro mirabile und dessen leuchtenden Wunderpillen: Johann Kunckels, Chur-Fürstl. Sächs. geheimten Kammer-Dieners und Chymici, Oeffentliche Zuschrifft Von dem Phosphoro Mirabili und Dessen leuchtenden Wunder-Pilulen, Leipzig, Rußwur, 1678, 12-21 y sobre la magnesia, página 21. Por cierto, aquí es donde podemos ver la polémica entre Kunckel y Grummet sobre el texto del segundo, “Das Blut der Natur”, tan sólo un año después de su primera edición. En la portada leemos: “Samt angehängtem DISCURS Von dem weyland recht benahmten NITRO, Ietzt aber unschuldig genandten Blut der Natur.” (Junto con un DISCURSO anexo sobre el antaño bien nombrado NITRO, pero ahora llamado inocentemente Sangre de la Naturaleza). Kunckel lleva un tremendo ataque a las ideas sobre el nitro vertidas en este texto de Grummet. En la página 31 leemos: “¿Debe llamarse al Nitro la Sangre de la Naturaleza? Ítem: ¿Consiste solo de aire y es una sal universal? No he querido dejar de exponer públicamente mis pensamientos y experiencia sobre la reciente charlatanería de llamar al nitro «la sangre de la naturaleza», ante el deseo de algunos; sino que, por el contrario, me hallo muy dispuesto y preparado para ello. Y aunque tengo ante mí a un héroe de las palabras altanero, espero, sin embargo, que para enfrentarlo no sea necesario el garrote de Hércules ni las armas de Aquiles (de las cuales él se ha servido jactanciosamente), como suele requerirse para encontrarse con caballeros honorables; sino que para demostrar las fantasías de este autor, me valdré únicamente de las armas químicas ordinarias: el crisol, las tenazas y el carbón.

[50] El autor sostiene que el mercurio común puede transformarse en filosófico si se le dota del «fuego interno requerido».
[51] Prole de Saturno: el régulo de antimonio, o el antimonio, que limpia al oro.

[52] Se trata de la traducción al alemán de “La médula de la alquimia” de Ireneo Filaleteo que hiciera Johann Langen: Kern der Alchymie : das ist ein durch Erfahrung bewährter Tractat, welcher eröffnet, das geheime und hochverborgene Geheimnß des Elixirs der Weisen ; abgetheilt in zwey Theile (Médula de la Alquimia: es decir, un tratado probado por la experiencia, el cual revela el secreto y profundamente oculto misterio del Elixir de los Sabios; dividido en dos partes), Leipzig, Verlegts Valentin Adler, Leipzig, 1685:
[53] Perfección vs. Separación: El texto hace una distinción filosófica importante: el uso de la «prole de Saturno» (antimonio) no solo sirve para «separar» lo impuro, sino para otorgar una «perfección positiva» a la materia. También menciona la posibilidad de perfeccionar el Mercurio solo, sin oro (sine eodemadhuc utilius solus perfici possit). Por último, el autor elogia a Eireneo Filaleteo por haber roto el secreto y explicado los regímenes de la obra.
[54] Este parágrafo 15 es una defensa técnica de la vía del Vitriolo. Si el vitriolo contiene hierro y cobre disueltos, y el hierro contiene el azufre áureo, entonces el vitriolo es un camino legítimo para obtener la semilla del oro.
[55] Se refiere al texto publicado por el propio Stahl en este libro.
[56] Becher, Johan Joachim, Urna sortis fortuitae chymica, seu Concordantia chymica et collectio major 1500 processuum chymicorum / congesta a Joh. Joach. Bechero, Francofurti, impensis Joh. Georgii Schiele, 1682, 679, nº 55: “Præcipitatio Lunæ. ℞. Vitrioli ad rubed. calcin. Extrahe aqua calid. Sal & spirit. vini madefact. sine in cella fluere, de hoc Oleo instilla guttatim Lunæ solutæ præcipitat. & aqua ad ulteriorem usum bona manet.” (Precipitación de la Plata. Tómese: Vitriolo calcinado hasta el rojo. Extraiga con agua caliente la sal y humedézcala con espíritu de vino (alcohol); déjese fluir (disolver) en una bodega [lugar fresco/húmedo]. De este aceite [líquido concentrado], vierta gota a gota sobre plata disuelta; esta se precipitará, y el agua restante quedará en buen estado para usos posteriores.)

[57] Ácido acético.
[58] Becher, Johann Joachim, Chymischer Glücks-Hafen, Oder Grosse Chymische Concordantz Und Collection Von funffzehen hundert Chymischen Processen, Franckfurt, Schiele, 1682, 420. num. 4. y pág. 423. num. 14.


[59] Becher, Johan Joachim, Johannis Joachimi Becheri … Experimentum Novum Ac Curiosum De Minera Arenaria Perpetua: Sive Prodromus Historiae, Seu Propositionis Praep. D. D. Hollandiae Ordinibus ab Authore factae, circa Auri extractionem mediante Arena littorali, per modum Minerae perpetuae seu operationis magnae fusoriae cum emolumento. Loco Supplementi Tertii in Physicam suam subterraneam, Francofurti, impensis Mauritii Georgii Weidmanni, MDCLXXX, 871: «… a los demás entre sí, luego añádase encima el atramento rojo preparado: Y de ahí en adelante se usará sucesivamente, después el crisol requiere ser cubierto, y cuidar diligentemente el fuego, y pasada cada vigésima cuarta hora conviene realizar lo mismo, retirando primero del crisol una onza de aquello que haya sido fundido, y suministrando en su lugar una onza de Luna [plata], para que se funda, después de licuada métase la lagartija roja [posiblemente un compuesto de mercurio o azufre], y posteriormente úsese lo preparado, luego tápese el vaso, y así cada veinticuatro horas se reintegra el orden mismo, y así hasta el infinito.
Sin embargo, será justo advertir dos cosas, a saber: una, que no se anteponga una cosa a las otras, sino que se ejecute la norma arriba asignada. La otra es introducir una varilla de hierro en el crisol; con la cual se rompa la cutícula dura que se forma a partir de los metales a modo de costra; por lo tanto, cuatro o seis veces, si fuera necesario, entre el día y la noche, rómpase la costra cada día con la varilla de hierro, para que se licue y se mezcle, pues así se hace según el deseo.
Hasta aquí Caneparius [Pietro Maria Canepari]; cuya oscuridad, según su costumbre, tanto en el estilo como en los términos y en la manipulación, no deja de ser obvia para nadie en este proceso, hasta el punto de que este proceso necesitaría de todo un comentario, el cual yo podría suministrar, si creyera que es mi oficio corregir los trabajos de otros, enmendar lo mal puesto, suplir lo omitido y explicar lo oscuro.
No obstante, si alguien deseara conocer el fundamento, o más bien el rudimento de este proceso, elabore el experimento que recibí en otro tiempo de un cierto Conde Húngaro y Magnate filo-químico de nombre Adam Forgatsch, General del Reino de Hungría, lo probé y lo hallé verdadero; recomendable al menos por este solo nombre: que nada de Plata se pierde en este proceso; y sin embargo, siempre se adquiere algo de Oro. Si en verdad esto sucede con cualquier vitriolo, lo ignoro…» Poner retrato de Forgatsch.
[60] Becher, Johann Joachim, Chymischer Glücks-Hafen, Oder Grosse Chymische Concordantz Und Collection Von funffzehen hundert Chymischen Processen, Franckfurt, Schiele, 1682, 430, nº 43:


“Parte V. G. Forgatsch. ℞. [Tómese] una libra de Vitriolo Húngaro calcinado hasta el rojo, viértase sobre él vinagre destilado tres o cuatro veces, extráigase la quintaesencia del Vitriolo, digiriendo durante algunos días en un baño de arena, hasta que no aparezca ningún verdor en el vinagre; derrámese el vinagre para que la materia se evapore hasta la rojez; [tómense] 3 Loth de esta quintaesencia de vitriolo enrojecida, y 10 Loth del mejor cinabrio. Mézclense bien todas estas cosas entre sí, humedézcanse con agua de sal amoníaco, séquense; repítase esto tres o cuatro veces. Guarda este polvo para su uso.” En la Alemania y Centroeuropa del siglo XVII, las unidades “Loth” y “Libra” no estaban estandarizadas como hoy, pero podemos usar los valores más comunes de la época para los tratados químicos: 1 Libra (Pfund) = 32 Loth = ~467 – 500 g. 1 Loth = ~14.6 – 15.6 g. El Conde Ádám Forgách de Ghymes et Gács (en eslovaco: Adam Forgáč; 1601 – 10 de junio de 1681) fue un soldado y magnate húngaro en el Reino de Hungría, que se desempeñó como Juez Real (Judex Curiae) desde el 13 de octubre de 1670 hasta su muerte. Fue el hijo mayor del Barón Zsigmond Forgách, Palatino de Hungría.
[61] Becher, Johann Joachim, Chymischer Glücks-Hafen…, 410, nº 39: “Agua fija de Sol [Oro] y Sal [Amoníaco]. ℞ [Tómese]: 1 libra de Sal Amoníaco y 2 libras de Cal viva. Muélanse bien ambos juntos; échense a cucharadas en un crisol al rojo vivo; déjese reposar bien; luego sáquese, vuélvase a machacar y viértase agua caliente encima; fíltrese (per filtrum). Coagúlese este agua en una vasija de Waldenburg o de vidrio sobre un baño de arena; repítase el proceso con cal viva por tercera vez y coagúlese de nuevo; déjese disolver [por humedad] en la bodega. Es el agua fija para esta obra.” Vasija de Waldenburg: e refiere a una cerámica técnica muy famosa en los siglos XVI y XVII (procedente de Sajonia), conocida por resistir altas temperaturas y ácidos.
[62] Becher, Johann Joachim, Chymischer Glücks-Hafen…, 416, nº 11:

“℞ [Tómese]: Nitro y Antimonio por partes iguales (ana), mézclense, háganse deflagrar; fúndase con la misma cantidad de vidrio veneciano; esto da un fundente rojo fijo. Luego, si el Cobre, el Zinc o el Plomo son sulfurados, tostados y fundidos con Plata purificada, y [se mantienen] cubiertos con este vidrio durante 12 horas, se produce una separación”. Becher, Johann Joachim, Chymischer Glücks-Hafen…, 686-687, nº 83: Introducción mediante un vidrio de Antimonio. ℞ [Tómese]: Antimonio y Nitro a partes iguales (ana) 1 libra; vidrio veneciano blanco 1 libra. Muélase todo bien pequeño y junto; mézclese bien y déjese fluir hasta que esté claro; viértase en un molde de fundición. Así tendrás una hermosa materia marrón, que es vidrio de antimonio fijo. Luego, ℞ [tómese]: buen oro en polvo o grano que pase la prueba del oro; póngase el mismo (del tamaño de habas o guisantes) con un grosor de 2 dedos en un crisol, y colóquese una placa de acero encima, y bien sellado, calcínese bien durante 3 o 4 horas y déjese enfriar. Luego golpea el azufre de la placa y lávese bien en la batea. Luego, ℞ [tómese]: láminas de cobre, calcínense con el oro en polvo y azufre amarillo; y séllese en el crisol como antes; luego también lávese de la negrura como arriba.
Luego, ℞ [tómese]: 2 partes del vidrio de antimonio preparado y 1 parte de azafrán (Crocus Martis, óxido de hierro), muélanse y mézclense bien; así el polvo está listo. Luego, ℞ [tómese]: 4 Loth de este polvo de cemento y ceméntese 1 Loth de plata laminada en el crisol sellado durante varias horas; finalmente déjese fundir, luego sumérjase en Plomo, refínese [por copelación] y sepárese. Si perdieras algo de la plata en este u otros cementos, búscala y halla de nuevo dicha plata mediante la inmersión y el refinado del cemento de Hierro. Becher, Johan Joachim, Johannis Joachimi Becheri … Experimentum Novum Ac Curiosum De Minera Arenaria…, 89: “Digo, pues, como conclusión de toda esta Séptima Mina: Buscad vuestro Azufre áureo en aquellos sujetos en los que se encuentra de forma abundante y copiosa; sutilizadlo, purificadlo y conciliadle el flujo mercurial; pero no procedáis inmediatamente con él a la Copela, sino fijadlo e incorporadlo primero con algún buen Vidrio, y finalmente sometedlo a la prueba. Pero cuidad de no ser engañados con el Agua Fuerte [ácido nítrico], como me sucedió a mí en La Haya, donde el Agua Fuerte, preparada con un nitro no depurado y que contenía mucha sal común, resultó ser más Agua Regia que Agua Fuerte; por lo cual, disolvió el propio Oro corporal en lugar de separarlo, como demostré después ante los ojos mediante la precipitación del Mercurio. Por tanto, aquel que sepa refinar sin Copela (lo cual se hace por Vitrificación) y separar sin agua fuerte (lo cual se hace por precipitación), operará con mayor provecho. Y esto es todo sobre la Séptima Mina, vulgar y grosera, la cual, sin embargo, puedes convertir inmediatamente en Filosófica si, en lugar del Saturno [plomo] crudo, tomas su Mercurio; si en lugar del Marte [hierro] y Venus [cobre] crudos, tomas su Azufre y con él empapas el Mercurio; y en lugar del vidrio corporal, usas Aceite de Vidrio en el precipitado. Te alegrarás de lo dicho y de lo hecho”. Becher, Johann Joachim, Chymischer Glücks-Hafen…, 405, nº 16: ℞ [Tómese]: 1 libra de Plomo amalgamado con igual peso de Mercurio; añádase 1 libra de Antimonio; déjese fundir suavemente para que no se queme; mézclese bien, viértase y pulverícese. Luego déjese fundir Plata fina; añádase poco a poco el mismo peso del polvo anterior; cúbrase con vidrio; déjese fundir por 12 horas. La Plata da mucho Oro, especialmente cuando este trabajo se repite varias veces con polvo fresco.

[63] Se refiere a Johannes Franciscus Vigani Veronensis (1650?-1712). En su Medulla chymiae : variis experimentis aucta, multisque, figuris illustrata (Londini, Impensis Henrici Faithorne, & Joannis Kersey, 1683), página 5, leemos: D. [Domino] Boyle, a partir del Colcóthar de vitriolo previamente endulzado con agua de lluvia, sublimándolo con el doble de cantidad de Sal amoníaco, prepara su Ens Veneris, que es un medicamento bastante noble; el mismo Colcóthar endulzado, y reducido a cataplasma con agua de clara de huevo, a menudo derrota al cáncer de mama no ulcerado.
El «Ente de Venus» (Ens Veneris) fue uno de los preparados médicos y químicos más famosos de Robert Boyle. Este Ens Veneris no era más que una preparación de cloruro férrico con trazas de cobre. Boyle lo obtenía sublimando una mezcla de Vitriolo de Hungría (sulfato de cobre, aunque él descubrió que el hierro presente en el vitriolo era el componente clave) y Sal Amoniaco (cloruro de amonio). En la terminología de la época, un «Ens» (Ente) era la esencia espiritual o la virtud máxima de una sustancia. Boyle creía que, mediante la sublimación, lograba extraer la parte más pura y curativa del mineral, convirtiéndola en una sustancia volátil que el cuerpo podía absorber fácilmente. Boyle no lo veía como un experimento alquímico para transmutar metales, sino como un “remedio heroico”. Se utilizaba principalmente para tratar el raquitismo (una enfermedad común en esa época), combatir el insomnio y las fiebres y como un tónico general para la sangre. Lo interesante es que Boyle, a pesar de sus métodos modernos, seguía utilizando el lenguaje de la Iatroquímica (la química aplicada a la medicina) de seguidores de Paracelso como Crollius y Hartmann. El «Ente de Venus» es un ejemplo perfecto de la transición entre la alquimia mística y la química farmacéutica. La receta de Robert Boyle para el Ens Veneris detalla una sublimación precisa utilizando vitriolo calcinado y sal amoniaco para obtener cloruro férrico, descrito como flores doradas con propiedades medicinales, según explica su tratado sobre la reconciliación de medicinas específicas. Este proceso implicaba calcinar vitriolo de Hungría, mezclarlo con sal amoniaco y calentar la mezcla para recolectar los cristales resultantes, los cuales Boyle recomendaba en dosis mínimas para calmar espíritus y fortalecer huesos. La preparación del “Ens Veneris”, una “medicina para los pobres …porque con 5 chelines se puede preparar tanta cantidad que alcanzaría para servir a 100 personas pobres», se puede leer en: Boyle, Robert, Some considerations touching the vsefulnesse of experimental naturall philosophy propos’d in familiar discourses to a friend, by way of invitation to the study of it, Oxford, Printed by Hen. Hall … for Ric. Davis, 1663, 163-168.
[64] Becher, Johan Joachim, Johannis Joachimi Becheri … Experimentum Novum Ac Curiosum De Minera Arenaria…, 909: “Pero es bien sabido, como también atestiguan Basilius [Basilio Valentín] y la propia Experiencia, que el Azufre áureo en tal Marte [hierro] y Venus [cobre] es de gran valor y copioso; solo que abunda en impurezas terrestres, y no posee un Mercurio suficiente ni idóneo para que pueda fijarse y así convertirse en oro corporal”. Becher, Johan Joachim, Joh. Joachimi Beccheri Physica Subterranea: Profundam Subterraneorum Genesin è principiis hucusque ignotis, ostendens ; Opus Sine Pari, Primum hactenus & Princeps… Experimentum Novum ac curiosum de minera arenaria perpetua, Lipsiae, Gleditsch, 1703, 546-548, nº2: “Ahora expondremos qué es lo homogéneo o lo heterogéneo. Se debe saber que en la naturaleza nada es heterogéneo con respecto a la simetría del todo; pues todas las cosas coexisten natural y suavemente, y cada una es perfecta a su modo y necesaria respecto al todo. Sin embargo, si consideramos la mezcla, se llaman heterogéneas aquellas cosas que son de distinta mezcla, es decir, que una vez mezcladas no cohesionan; como si mezclaras madera con carne, o una manzana con oro. Así, entre las cosas subterráneas, son heterogéneas aquellas que no persisten en la mezcla; como el estaño, el cual, a excepción del plomo, vuelve frágiles a todos los metales con los que se mezcla; lo mismo debe entenderse del oricalco [latón].

Y entre las piedras, las vitrificables [que se hacen vidrio] no se mezclan con aquellas de las que se prepara la cal viva. Pues así como todas las piedras son opacas o diáfanas, así todas se convierten o bien en Vidrio o bien en Cal. Las piedras que dan cal no se vitrifican; pues si se vitrificaran, no podrían reducirse a cal, y así no existiría la cal en la naturaleza de las cosas.
Por el contrario, las piedras que se vitrifican no dan cal, porque se convierten en vidrio antes de que puedan ser calcinadas; si no fuera así, no existiría el vidrio en la naturaleza. Por tanto, es un axioma común: Las piedras vitrificables no dan cal; y al contrario, las piedras de cal no dan vidrio. Y debido a esta diferencia, estos dos géneros de piedras se mezclan muy difícilmente, y en su mixtura son como heterogéneas. Después, también se llaman heterogéneas aquellas que no cohesionan, especialmente en los metales, los cuales deben ser totalmente homogéneos entre sí, de modo que cualquier parte de ellos conserve su redondez y homogeneidad. Por otra parte, muchas cosas parecen ser heterogéneas, pero en realidad entran en una mezcla homogénea con los metales; como son sus principios, a saber, esas tres tierras de las que se habla en la Sección 3 de este libro.
Y sobre este fundamento, diversas tierras y piedras entran en la mezcla de los metales; con ocasión de cuya entrada, no puedo dejar de relatar al lector un experimento insigne, el cual se desarrolla de la siguiente manera: Glauber, en el tratado al que puso por título Proserpina, entre otras de sus naderías, enseña cómo mediante el aceite de vitriolo puede extraerse la tintura de las piedras preciosas; y que esa tintura extraída se concentra en una piedra con la que tiñe la Luna [plata].
Pero, puesto que todas sus obras son meros sueños vanos, engaños e imposturas, o en parte pura conjetura, así también sucede con este experimento, el cual es falsísimo. Pues el aceite de vitriolo, en verdad, se tiñe, pero no por las piedras; sino que esa coloración procede de la propia naturaleza del aceite de vitriolo. Yo mismo sudé mucho para enmendar el proceso y que tuviera éxito, pero todo fue intentado en vano.
Entonces tomé un camino totalmente distinto; observé, en efecto, que a las piedras les falta el tercer principio, a saber, la metalicidad. Por lo cual sospeché que las piedras tienen una gran armonía con el principio del Mercurio, y que por él se disuelven fácilmente. Tomando, pues, un sujeto mineral que, por encima de los demás, rebosa de un Mercurio penetrante y copioso, comencé a pulverizarlo y a mezclarlo en cierta proporción con piedras trituradas, y a licuarlas; e hallé una mezcla metálica; pues el mineral del cual hablo, había embebido totalmente la piedra, que era un granate. En la masa licuada no observé nada heterogéneo, ni vidrio ni escorias; de donde concluí firmemente, como también demostró el peso, que toda la cantidad del granate había asumido una naturaleza metálica; lo cual demostró el régulo [botón metálico], en el cual descubrí que se ocultaba la tintura de los granates.
Me alegré sobremanera por haber encontrado el modo de resolver cualquier piedra con poco esfuerzo; pues fui más allá y traté de este modo la hematita, la rúbrica [ocre rojo] y varias otras piedras, e incluso tierras, como el esmeril, el bolo arménico, etc., no sin provecho. Y el lector, si es sabio y entiende lo que aquí escribo, me dará grandes gracias; pues encontrará el modo no solo de preparar medicamentos excelentísimos, sino también otras cosas.
En este lugar solo he querido mostrar que las tierras y las piedras, aunque parezcan casi heterogéneas con los metales, son sin embargo homogéneas, y entran esencialmente en la mezcla metálica: de ahí que los metales consten de tales principios, a saber, de tierras, lo cual es certísimo y lo he demostrado extensamente en la Sección 3.”
[65] Becher, Johan Joachim, Joh. Joachimi Beccheri, D. Spirensis … Physica subterranea profundam subterraneorum genesin, è principiis hucusque ignotis, ostendens. … & Specimen Beccherianum, fundamentorum, documentorum, experimentorum, subjunxit Georg. Ernestus Stahl, Lipsiae : Apud Joh. Ludov. Gleditschium, 1703, 118-119, nº 14: “Y para poner ante los ojos del lector curioso, con palabras breves y claras, sin ambigüedad alguna, los fundamentos de toda esta teoría y práctica sobre los principios de los seres subterráneos, digo que: en los metales y en las piedras existen tres tierras diferentes. La primera se encuentra, fuera de su mezcla, en las piedras o en la sal álcali. La segunda se encuentra en el nitro. La tercera se halla en la sal común. Estas tres tierras, cuando se mezclan sin ninguna otra adición, constituyen un metal verdadero y genuino o, según la variación de la práctica, constituyen. De donde concluyo que tanto los metales como las piedras constan también naturalmente de ellas, como demostraremos en los capítulos siguientes de esta sección, y específicamente en el libro 2. Pues esta es nuestra opinión particular, confirmada por la práctica: que los metales y las piedras constan de tres tierras simples; y la evidencia de estas no [debe buscarse] a partir de lo consecuente, cuando ya están mezcladas y existen de hecho en la mezcla, sino a partir de lo antecedente, en cuanto que son miscibles y, una vez mezcladas, constituyen verdaderamente el cuerpo del cual se establece que son principio. Así, en este género de filosofar, conviene argumentar de lo antecedente a lo consecuente; puesto que los sujetos subterráneos homogéneos son insolubles sin una nueva descomposición. Ahora, expuesta nuestra opinión en general, nos apresuraremos a la explicación de los tres principios, a saber, de las tres tierras, según nuestro pensamiento, de forma específica.»

[66] Becher, Johann Joachim,Joh. Joachimi Beccheri Physica Subterranea: Profundam Subterraneorum Genesin è principiis hucusque ignotis, ostendens ; Opus Sine Pari, Primum hactenus & Princeps, Experimentum Novum ac curiosum de minera arenaria perpetua, Lipsiae, Gleditsch, 1703, 877: “Pero como estos misterios, por otras razones, no deben divulgarse entre el vulgo, me abstengo con razón, y solo recomiendo el uso del Espíritu de Nitro [ácido nítrico], preparado adecuadamente; apoyado en el testimonio de aquellos que conocen la verdad de mis palabras. Pues digo que tal Espíritu reporta a su poseedor mucho más beneficio de la conversión de la Luna [plata] en Oro que el que el Banco o aquella célebre Banca de Ámsterdam paga anualmente en intereses por cada cien a sus depositarios: por lo cual ese licor obtuvo entre algunos el nombre de TRIBUTARIO RÚSTICO”.

[67] Becher, Johann Joachim, Joh. Joachimi Beccheri Physica Subterranea: Profundam Subterraneorum Genesin è principiis hucusque ignotis, ostendens ; Opus Sine Pari, Primum hactenus & Princeps, Experimentum Novum ac curiosum de minera arenaria perpetua, Lipsiae, Gleditsch, 1703, 359-360:

“…no necesita calor alguno) destilará hacia el recipiente receptor, y esta destilación durará, así como el espíritu verde, mientras dure el humo rojo: pero aquí se detiene cuando se ha completado la primera reacción. Es evidente, pues, que este espíritu verde procede de la reacción; una vez terminada esta, cambia inmediatamente el recipiente y guárdalo en un vaso cerrado. Pues es sumamente sutil, y un humo rojo flotará sobre él durante muchos días. Sin embargo, perderá su verdor después de algún tiempo y aparecerá acuoso, aunque al principio fuera intensamente verde.
Y así, este [espíritu] verde procede de todos los metales si el Agua Fuerte [ácido nítrico] es suficientemente fuerte, excepto del oro; el cual, no obstante, hace lo mismo en otro disolvente. Sé que algunos atribuirán este verdor a la reacción y lo considerarán un color ficticio; pero yo, apoyado en una experiencia singular, lo atribuyo a la naturaleza del nitro. Cuyo espíritu, habiendo sufrido en esta reacción cierta separación de sus partes, emite primero la parte más sutil, en la cual el alma del nitro, enrarecida, reverdece; hasta que, densificada por el frío, es cubierta por la acuosidad restante.
A este espíritu sutil del nitro, por tanto, lo llamaremos Aéreo, el cual se mezcla en esta fermentación mineral; y que, tal como dijimos en la fermentación vegetal, lanza burbujas que buscan lo alto y se resuelven en el aire. Por lo demás, este espíritu aéreo no está vacío, sino que, a semejanza del aire vegetal, arrastra consigo las átomos más sutiles del cobre (\(\)) o de cualquier metal, sin calor alguno (salvo el que procede de la propia reacción), a través de la altísima cucúrbita, y las retiene invisiblemente; las cuales podrás hacer visibles si pones este Gas minerale, que brotó como el vegetal y animal de la reacción de la fermentación, en una cucúrbita, y disuelves en él un poco de Mercurio (\(\)), lo evaporas después y con un fuego más fuerte lo fuerces a convertirse en un precipitado de lo más rojo; el cual, una vez inyectado en bórax licuado para que fluya bien, hasta que el bórax adquiera una naturaleza vítrea: entonces viértelo, y hallarás un vidrio elegantemente azul. Licúa esto de nuevo e inyecta carbones en la proporción debida, licúalo otra vez y viértelo: hallarás el alma de Venus [cobre] condensada en medio del vidrio a partir de su azulado, diáfana como un rubí; para qué utilidad sirva, no ha de exponerse en este lugar para no perturbar el orden. Baste haber puesto claramente ante los ojos un único efecto de la fermentación, y ciertamente análogo a la fermentación vegetal y animal.
Ahora abordaremos aquella sustancia que es análoga al fermento y a las heces. Una vez cesada la reacción del humo rojo y de las gotas blancas que brotan, y apartados los líquidos verdes del vaso, podrá abrirse el alambique y exponerse al calor para que todo se disuelva. Cesada toda operación y solución, hallarás en el fondo un polvo amarillo, el cual nosotros consideramos como las heces, aunque sean homogéneas al cobre (tal como también las heces, comúnmente llamadas Weinhefen [levaduras de vino], están mezcladas en el vino dentro del mosto).
Pues, una vez resuelto y atenuado el cuerpo del cobre, sus partes más pesadas caen; como en el mosto fermentado, cuya naturaleza explicaremos en el libro segundo, en el capítulo especial sobre la anatomía del cobre. Y así tienes el otro efecto de la fermentación mineral, análogo a las heces de la fermentación vegetal. Ya, impón toda la solución en una pequeña retorta y destila desde una cápsula de arena vacía; recibirás un espíritu verde sutilísimo y hermosísimo, constante en su verdor, pero no tan volátil como el Gas mismo; a este espíritu lo ponemos frente al espíritu de vino, como la sustancia espirituosa del vino fermentado. Por lo tanto, a este espíritu verde…»
[68] Becher, Johann Joachim, Joh. Joachimi Beccheri Physica Subterranea: Profundam Subterraneorum Genesin è principiis hucusque ignotis, ostendens ; Opus Sine Pari, Primum hactenus & Princeps, Experimentum Novum ac curiosum de minera arenaria perpetua, Lipsiae, Gleditsch, 1703, 421, nº 48:

“…unde omnes Mercurii corporum, cum evaporant, rubram maculam in argento relinquunt, immortalem nempe nitri animam attestantes. Possemus hoc loco maximum arcanum aperire, imo in præcedentibus capitibus jam totum, modum, & omnia diximus, ut nihil supersit, nisi indicare ubi dixerimus; sed malis non…»
[69] Helvetius, Johann Friedrick, Johannis Friderici Heluetii Vitulus aureus, quem mundus adorat & orat, in quo tractatur de rarissimo naturae miraculo transmutandi metalla, nempe quomodo tota plumbi substantia vel intra momentum ex quavis minima lapidis veri philosophici particula in aurum obryzum commutata fuerit Hagae Comitis, Amstelodami, apud Johannem Iansonium à Waesberghe, & viduam Elizei Weyerstraet, 1667, 38-39: “In crucibulo autem à principio ad finem usque in Igne aperto perficitur operatio: Opus verò totum non diutius nisi quatriduo & inchoatur & planè consummatur, in quod Opus totum non impenduntur impensæ plures tribus florenis” («Por lo demás, la operación se lleva a cabo en un crisol, desde el principio hasta el fin, a fuego abierto; y ciertamente la obra entera se inicia y se consuma totalmente en no más de cuatro días, y en toda esta Obra no se invierten más gastos que tres florines.»)
[70] Becher, Johann Joachim, Joh. Joachimi Beccheri Physica Subterranea: Profundam Subterraneorum Genesin è principiis hucusque ignotis, ostendens ; Opus Sine Pari, Primum hactenus & Princeps, Experimentum Novum ac curiosum de minera arenaria perpetua, Lipsiae, Gleditsch, 1703, 881-882:

“Mina Filosófica de Claveus, o Aumento perpetuo del Sol, la Luna y el Mercurio. Tómese una dracma de mercurio animado, y mézclese con él una dracma de plata o de oro reducida a cal por el modo ordinario mediante el mercurio. Estas dos dracmas, a saber, del mercurio animado y de la cal de plata o de oro mezcladas juntas, cuézanse primero a fuego lento, y después aumentando el fuego gradualmente hasta la ignición máxima, por espacio de diez días, hasta que se conviertan en un polvo blanco o leonado (rojizo). A este polvo debe añadirse después un peso igual del mismo mercurio animado, mezclándolo y cociéndolo como antes, hasta que se transforme en polvo y adquiera un color blanco o cetrino; y repitiendo esto varias veces, manteniendo la igualdad del peso, todo el mercurio animado se convertirá en un polvo blanco, rojo o citrino. Este polvo se forma en píldoras mezclándolo con clara de huevo y, arrojándolo poco a poco sobre una pequeña porción de oro o plata [fundidos], se transmutará en oro o plata purísimos, repite las sustancias y añade esto: El mismo mercurio animado (gracias al cual dijimos que el mercurio común se une más gustosamente con la cal de oro que el agua se mezcla con el agua) se aumenta al infinito si se mezcla de nuevo con oro y con nuevo mercurio, mediante el arte que ya hemos descrito. Aunque nuestro autor ha transmitido el arte de manera clara y fiel, el lector encontrará no pocas dificultades en la práctica; pues los filósofos químicos, por más fielmente que hayan actuado con sus lectores, nunca han querido quedar ligados a sus propias palabras, al igual que los políticos. En todo escrito, se debe atender más al sentido y a la materia que al modo de escribir y a la letra: pues no menos en la filosofía hermética que en la jurisprudencia, la circunstancia varía el derecho. Así, si nuestro autor parece variar en esto, ya sea porque tome ahora dos o ahora tres partes de mercurio animado, o ahora recomiende el mercurio común animado, o ahora prefiera el mercurio de los cuerpos, o ahora mande pasar el oro y la plata por amalgamación a través de un cuero y destilar por retorta, y sin embargo esto no tenga éxito en la práctica: entonces se debe saber que el autor se explica a sí mismo en otros lugares, o quiere ser entendido según el sentido y no según la letra. Por ejemplo, cuando varía en el peso, él mismo se explica: Así, la cal de oro es de una única onza, y el mercurio animado [también]; sin embargo, si se mezclaran más de tres onzas de mercurio animado, o incluso hasta cinco, no habría ningún peligro, pues la ‘semilla’ se disolvería más rápido, aunque se concretaría y coagularía más lentamente. Asimismo, el mercurio se extrae con gran arte del estaño, plomo y cobre, y se mezcla con la cal de plata o de oro, como se ha transmitido anteriormente; se cuece y se reduce a cuerpo de plata u oro. Pero ninguno de todos los cuerpos metálicos, mezclado con la cal de oro, se muda más rápida y perfectamente que el mercurio. Y en el tratado sobre el modo de engendrar la piedra filosofal, [se describe] el mismo proceso con más circunstancias…”
[71] Becher, Johann Joachim, Chymischer Glücks-Hafen, Oder Grosse Chymische Concordantz Und Collection Von funffzehen hundert Chymischen Processen, Franckfurt, Schiele, 1682, 290, nº 5:

V. ☿ [Mercurio] Proceso y obra maravillosa del Arte Químico, o una manera completamente nueva de hacer la Tintura solamente con sulfuración continua. Es una operación digna de reflexión. Mi compañero y fiel colega ha hecho una tintura por un camino corto de la siguiente manera: mandó fabricar tubos de barro de media vara de largo; puso uno en un horno de viento a dos dedos de altura sobre la rejilla, de modo que quedara un poco inclinado hacia atrás; después colocó en medio dos copelas que habían sido preparados para ello, y los aseguró por debajo y a los lados con un luto (masilla de sellado) fuerte, para que los discos no pudieran caerse; y los empujó hacia atrás de tal manera que el disco posterior quedaba a un buen dedo de distancia del fondo, y el otro quedaba suspendido justo al lado en el medio, para que pudiera arrojar azufre por debajo hacia el extremo de los tubos o al fondo, de modo que el azufre subiera y luego se desplazara hacia adelante sobre…»
[72] Tiesto de copelación o recipiente refractario.
[73] Describe un proceso para crear una «tintura» alquímica utilizando azufre y plata.
[74] Becher, Johann Joachim, Experimentum novum de Minera arenaria perpetua, Londini, Typis T. N. & venales prostant apud Marcum Pardoe, sub signo Corvi Nigri è regione Palatii Bedfordiensis in viâ Regiâ vulgo dictâ The Strand. 1680, 26:

“Montanus de Flamma Sulphuris super Cupro liquato per aliquot tempus reagente, allegante Morhofio in Epistola ad Langelottum memorabilem recenset Historiam. Alia & longè memorabilior cum annexâ Praxi mihi nota, & in scriptis ad manus Historia est ex Codice Vetustissimo, loco, Veritatem merente, ubi mediante continuâ Artificiosâ applicatione Flammæ Sulphureæ, Luna, sive Argentum in Vitrum, & tincturam convertitur, cum observationibus non vulgaribus: Cornelium Drebbel particulare quoddam Chymicum habuisse, ejus familiares, & cognati fatentur, quanquam nihil amplius de eo resciant, quàm quod recordentur, se continuè odorem flammæ sulphureæ in ædibus ejus sensisse, quod semper Sulphur deflagraret. Quid vel communes flammæ, si certo, & continuo gradu, sive Plumbum, sive Stannum, vel Ferrum, aut Cuprum lambant, atq; in Pulveres impalpabiles ea convertant, circa illorum perfectionem,» (Montanus relata una historia memorable sobre la Llama de Azufre actuando durante algún tiempo sobre el cobre fundido, según cita Morhof en su epístola a Langelott. Me es conocida otra historia, mucho más memorable y con su práctica anexa, que conservo escrita de un códice antiquísimo, digno de crédito por su veracidad, donde mediante la aplicación continua y artificial de la Llama de Azufre, la Luna (es decir, la plata) se convierte en vidrio y en tintura, con observaciones nada comunes. Los familiares y parientes de Cornelius Drebbel confiesan que él poseía cierto secreto químico (particulare), aunque no saben nada más al respecto, salvo que recuerdan haber sentido continuamente en su casa el olor de la llama de azufre, pues siempre estaba quemando azufre ¿Qué no harían incluso las llamas comunes si, con un grado constante y cierto, lamieran ya sea el plomo, el estaño, el hierro o el cobre, y los convirtieran en polvos impalpables, en lo que respecta a su perfección…»). Daniel Georg Morhof (1639-1691), D.G. MorhofI De metallorum transmutatione ad virum nobilissimum & amplissimum Joelem Langelottum serenissimi principis cimbrici archatrum celeberrimum epístola, Hamburgi, Ex Officina Gothofredi Schultzen prostant & Amsterodami. Apud Joannem Janssonium à Waesberge. M. DC. LXXIII (1673)
[75] Becher, Johann Joachim, Chymischer Glücks-Hafen, Oder Grosse Chymische Concordantz Und Collection Von funffzehen hundert Chymischen Processen, Franckfurt, Schiele, 1682, 95:

2. So lernet man bey diesen Arbeiten die Art/ und Natur des Philosophischen Feuers/ welchem man gleichsam auf die Spuhr kommen/ und wie durch Strahlen zu der Sonnen selbsten kommen kan/ welches alles nachmahlen einem/ der in dem Universal arbeiten kan/ sehr wohl zu statten kommt.
[76] Becher, Johann Joachim, Chymischer Glücks-Hafen…, 566, nº 28:

«Separación a partir del Hierro (♂): Tómese Hierro (♂) fundido con Antimonio (♁), machacado y tamizado; por cada 8 Loth [aprox. 120g] de esto, viértase media medida de buen Vinagre (🜇) fuerte. Póngase en digestión y revuélvase todos los días, por la mañana y tarde; hágase esto durante 8 o 12 días. Luego fíltrese o déjese reposar, y después evapórese por ebullición. Luego, fúndanse 2 Loth de Plata (☽) con 4 Loth de Plomo (♄), y añádase encima un Loth de este polvo [el residuo del vinagre]. Cuanto más tiempo fluya sobre ello, mejor será; igualmente si se añade el polvo con frecuencia. Al final, sométase a copelación (abgetrieben) y sepárese. NB [Nota Bene]: A la Plata (☽) se le puede añadir, si se desea, algo de Oro (☉) fino; yo, de 30 granos, obtuve después 40 granos. Ítem NB: En media medida de Vinagre debe incluirse Alumbre (⚵) y Sal Amoníaco (⚹), un Loth de cada uno, disuelto o pulverizado.»
[77] Philalethes, Eirenaeus, Introitus apertus ad occlusum regis palatium, Amstelodami, Johannes Janssonius a Waesberge, 1667, 77-78, cap. XXXIV: De la Proyección. Toma cuatro partes de tu Piedra perfecta, ya sea roja o blanca (o de ambas para la Medicina): fúndelas en un crisol limpio. Toma una parte de esta mezcla pulverizable por cada diez partes de Mercurio purificado; calienta el Mercurio hasta que comience a crepitar, luego arroja tu mezcla, la cual lo penetrará en un abrir y cerrar de ojos; aumenta el fuego hasta que se funda, y obtendrás una Medicina de orden inferior. Toma una parte de esta y añádela a una gran cantidad de metal bien purgado y fundido, el cual será transmutado por este medio en el más puro oro o plata (según hayas tomado Azufre rojo o blanco). Ten en cuenta que es mejor realizar una proyección gradual, pues de lo contrario podría haber una pérdida notable de la Medicina. Cuanto mejor purgados y refinados estén los metales, más rápida y completa será la transmutación.

[78] Becher, Johann Joachim, Chymischer Glücks-Hafen…, 663-664, nº 186:

“Asuntos de Moneda (Müntz-Sachen). El sistema monetario es una obra alta e importante cuando hay un suministro continuo de metal y trabajadores de moneda fieles y entendidos. Sin el arte de separar el oro, no se puede lograr mucho provecho…
- [Receta técnica]: Toma Cobre (♀), 3 Loth, 3 Marcos y 3 Pfennig de Oro (☉) fino; y 3 Loth, 3 Marcos y 3 Pfennig de Plata (☽) fina. Déjalo fundir y añade dos veces su peso de Antimonio (♁)… después de haberlo hecho maleable, procede así toda la semana…»
- Precipita las escorias restantes con Hierro (♂) y Cobre (♀), Tártaro crudo y Oro (☉); conserva el Régulo (König) o somételo a soplado (verblase); pues en él se encuentra tu Oro (☉) y Plata (☽) que quedaron retenidos en la primera colada.
- Las escorias que queden después, fúndelas con Pirita de Oro (☉), piedra de plomo de roca rica, Talco de Oro (☉), Granates, Zinc y otras especies Solares (☉), como Granates o Granos de Oro (☉); así absorberán el Oro (☉) volátil y se asentarán en un Régulo (König); añade esto a lo anterior del N.2 y deja que se someta a soplado.»
- «Las escorias de Antimonio (♁) que queden, fúndelas con Nitro (🜇), Sal Álcali (⚯) y Sal Común; déjalas fluir y coagúlalas en Oro (☉).»
- «Luego funde esto con Oro (☉) y calcínalo… así tu Oro (☉) se multiplicará; a veces puede ser introducido sobre el ensayo como oro dorado; la utilidad se demostrará por sí sola.»
- NB: «Esta Plata (☽) de las escorias (en las cuales hay poco Oro (☉) y mucha Plata (☽)) la he visto convertir más de 20 veces por el difunto Joan Dobricio, Doctor en Medicina, en Oro (☉) constante en la fundición y el flujo… en la mina de Zuchmantel. Este es el verdadero Azafrán o Azufre (🜍) que puede graduar la [plata]…»
[79] Monte-Snyder, Johannes de, Tractatus de medicina universali. Das ist von der Universal Medicin, wie nemlich dieselbe in denen dreyen Reichen der Mineralien, Animalien und Vegetabilien zu finden und daraus zu wege zu bringen, durch ein besonders Universal Menstruum, welches auff und zuschliessen, und jedes Metall in Materiam primam bringen kan, auch wie dadurch das fixe unzerstörliche Gold in ein warhafftes Aurum potabile zu bringen, so sich nimmermehr wieder in ein fix Gold- Corpus reduciren lässet, Gott zu Ehren, und dem menschlichen Geschlecht zu sonderbahrem Trost und Nutzen anitzo wiederüm zum Druck befördert, und mit einer kurtzen gründlichen Erklärung auch beygefügeten Spagyrischen Grundregeln illustriret durch A. Gottlob B., Franckfurt und Leipzig, In Verlegung Thomae Mat thiae Götzens sel. Erben, 1678. Metamorphosis planetarum. Das ist: Eine wunderbarliche Veränderung der Planeten und Metallischen Gestalten in ihr erstes Wesen, mit beygefügtem Proceß und Entdeckung der dreyen Schlüssel, so zur Erlangung der drey Principia gehörig, und wie das Universale Generalissimum zuerlangen, in vielen Örtern dieses Büchleins beschrieben. Anietzo wiederumb zum Druck befördert durch A. Gottlob B., Franckfurt a.M, Verlegts Georg Heinrich Oehrling / Wetzslar, druckts Ernst Winkler, 1700.
[80] Digby, Kenelm, A choice collection of rare secrets and experiments in philosophy as also rare and unheard-of medicines, menstruums and alkahests : with the true secret of volatilizing the fixt salt of tartar / collected and experimented by the honourable and truly learned Sir Kenelm Digby, Kt., Chancellour to Her Majesty the Queen-Mother ; hitherto kept secret since his decease, but now published for the good and benefit of the publick by George Hartman, London, Printed for the author, and are to be sold by William Cooper, and Henry Faithorns and John Kersey, 1682, 58: A Work with Butter of {antimony}. 61: Butter of {antimony} to extract the Tincture of ☉. 78: Butter of {antimony} without Sublimate.
[81] La historia de la Piedra de Butler fue popularizada por Jan Baptista van Helmont, quien pasó de ser un escéptico a un creyente absoluto tras presenciar sus efectos. Butler era un alquimista irlandés que terminó encarcelado en los Países Bajos. Van Helmont relata que Butler poseía una «piedra» o polvo que no se consumía al usarse. No era una medicina que se ingiriera de forma común, sino que funcionaba por contacto o inmersión. Lo que más fascinaba a Van Helmont era su método de aplicación, que parecía desafiar la lógica médica de la época: Inmersión en aceite: Butler sumergía su piedra en aceite de oliva y luego aplicaba una gota de ese aceite en la frente o en el lugar del dolor. El toque de la piedra: A veces, simplemente bastaba con que el paciente tocara la piedra con la lengua. Sin pérdida de sustancia: La piedra no perdía peso ni tamaño tras curar a cientos de personas, lo que la definía como un verdadero agente catalizador alquímico. Curaciones «imposibles: Van Helmont describe varios casos que él mismo supervisó: La curación de la erisipela: Un hombre con una infección grave en la pierna sanó en una hora tras aplicarse el aceite «impregnado» por la piedra. Eliminación de venenos: Se decía que podía neutralizar cualquier veneno o enfermedad infecciosa (como la peste) casi instantáneamente. Restauración del «Arqueo»: Para Van Helmont, la enfermedad era un desequilibrio del Archeus (la fuerza vital espiritual del cuerpo). Él creía que la Piedra de Butler no atacaba los síntomas, sino que enviaba una señal vibratoria o espiritual que obligaba a la fuerza vital del paciente a corregirse a sí misma. Van Helmont utilizó la Piedra de Butler como prueba de que existía una Medicina Universal que no dependía de las purgas o sangrías de la medicina tradicional (galenismo). Para él, era la evidencia de que la naturaleza contenía secretos capaces de restaurar la salud de forma casi divina. William Butler tuvo un final tan dramático como sus curaciones. Tras ser liberado de prisión en los Países Bajos (donde Van Helmont lo conoció), continuó con sus prácticas excéntricas y fue acusado de falsificación. Intentó huir de sus problemas legales viajando a España, pero su suerte se terminó en el mar: murió en un naufragio el 29 de enero de 1617. A pesar de ser uno de los químicos más brillantes de su tiempo, Van Helmont fracasó en la recreación de la piedra por tres razones principales: Falta de la «Materia» clave: Van Helmont creía que la piedra no era un compuesto químico ordinario, sino que contenía una sustancia vital o «gas» (término que él mismo acuñó) que no podía ser atrapado mediante procesos de laboratorio estándar. El incidente del espionaje: Un asistente llamado Higgins intentó espiar a Butler por una ventana para ver qué polvo añadía a sus mezclas. Sin embargo, Higgins se cayó de su taburete, el ruido alertó a Butler y este detuvo el proceso inmediatamente, ocultando el ingrediente final para siempre. Van Helmont terminó sus días bajo arresto domiciliario por la Inquisición, dedicándose a investigar el crecimiento de las plantas (como su famoso experimento del sauce), pero siempre lamentando no haber descifrado el secreto de Butler.
[82] Frundeck, Johann Ludwig von, Tractatus de elixire arboris vitae, id est, Medicinâ meâ Universali : quae omnibus morbis in genere, desperatissimis etiam, & qui pro incurabilibus vulgò habentur, felicissimo successu acommodari potest … / conscriptus & publici juris factus a Johanne Ludovico à Frundek, Hagae-Comitis, ex Typographia Adriani Vlacq, 1660, 132:

«En todos los venenos, tanto los ingeridos como los aplicados externamente —tales como el arsénico, el mercurio sublimado, el aceite de tabaco concentrado (el cual mata a un hombre en un momento con el solo contacto de la lengua), el napelo (acónito), la cicuta y otros de cualquier género— se administra [mi remedio] con mis perlas concentradas, en cualquier licor, para provocar, si fuera posible, el sudor; permitiendo también, si se tratara del inicio [del envenenamiento], un emético suave, como el vitriolo solar (el cual aventaja a todos los demás). Y es un remedio excelentísimo, ya sea que se entienda como curativo o como preventivo.»
[83] Etmuller, M., Parva Magnorum Morborum Initia / … In Illustri Philurea Ordine, Sub Præsidio … Dn. Michaelis Ettmülleri, Phil. & Med. D. … ad diem XIII. Octobris, A.R.S. M.DC.LXXVI. Sub Specimine Disputatorio publicè ventilanda proponit Autor-Respondens Maximilianus Preuss, Vratisl, Lipsiae, Typis Spörelianis, 1676, §. 46:

Sobre la sutileza de los corpúsculos: «Es evidente que estos corpúsculos son sumamente sutiles. Pues no es ese cuerpo denso del antimonio, por ejemplo, tal como se presenta a los ojos, lo que constituye la formalidad del veneno que en él se esconde, sino algo mucho más sutil oculto en su interior. Lo atestiguan las copas de antimonio (infusa antimonialia), impregnadas de corpúsculos que no son palpables por ningún sentido, y estos son tan pocos y sutiles que, aunque infundas cien veces el mismo trozo de vidrio de antimonio en vino nuevo, notarás que apenas ha perdido nada de su peso o volumen externo. Sin embargo, el vómito provocado por cada una de las infusiones demuestra que el vino ha sido impregnado con ciertas partículas.»
[84] Le Doux, Gaston, De recta et vera ratione progignendi lapidis philosophici, seu salis argentifici & aurifici dilucida & compendiosa explicatio. Ad illustrissimum Principem dei gratia electorem sancti romani imperi, archiepiscopum coloniensem, episcopum leodiensem. Authore Gastone Claveo subpræside particulari Nivernensi, Nivernis, ex officina Petri Roussin typographi D. Ducis Nivernensis & Rethelensis. M. D. XCII., 1592, 62-63:

“Pues la Calcinación, según la definición de Geber, es la pulverización de una cosa seca mediante el fuego, a través de la privación de la humedad que consolida las partes. Parecía que debía decirse más correctamente que es la liberación absoluta de humor indefinido mediante la cocción. Además, propone como causa de la calcinación que el polvo se fije mejor y de forma más perfecta, y que se disuelva con mayor facilidad en agua. Pues la experiencia enseña que toda clase de material calcinado es más fijo y de más fácil disolución que lo no calcinado, ya que el cuerpo, atenuado en partes sutiles y mínimas, se mezcla más fácilmente con el agua. Por lo tanto, una vez que esto se ha efectuado con calor externo, se disolverá más fácilmente en agua. Por medio de esta calcinación, nuestro polvo se hincha a modo de fermento debido al calor ígneo prolongado, por cuya fuerza ha sido dividido en partes muy menudas; y una cierta tierra impura se asienta en el fondo del vaso, y se separa por sí misma del polvo rojo. Esta [tierra] debe ser desechada, pues no es de la naturaleza de la sal. A esta misma [tierra] vil, condenada, la llaman vituperada [despreciable]. Es, con respecto a las sustancias eficaces restantes, como una hez inútil, y pertenece al género de tierra que con un calor excelente se funde en vidrio. Esta calcinación debe realizarse en un vaso de tierra por un espacio de ocho días. Así tendrás la más verdadera sal aurífica roja, cuyo color será como el de la sangre quemada. Y se disolverá en cualquier licor. Pues todas las cosas verdaderamente calcinadas, como hemos dicho, se aproximan a la naturaleza de la sal y, por lo tanto, es necesario que coincidan en sus propiedades…»
Georg Ernst Stahl y la alquimia
Introducción. Desde hace ya varios años, incluso décadas, la Historiografía ha venido demostrando mediante publicaciones…
Alexander von Süchten. Sobre el gran secreto del antimonio (traducción).
INTRODUCCIÓN Algunos datos biográficos. Proveniente de la prestigiosa familia patricia de Danzig von Zuchta, anteriormente…
Paracelso el charlatán [II]. De su nacimiento e infancia.
A pesar del exagerado número de libros y artículos sobre la vida de Paracelso, son…
El fraude del alquimista en la Literatura (XI): El siglo XV.
A lo largo del siglo XV el relato entra en una fase en la que…
Átomos y Alquimia (XIV). De la ansiedad al miedo.
Ya hemos hablado en post anteriores sobre Silas Bent (1882-1945) y de su entrevista. Pero…
