Llegamos ahora a uno de los episodios más curiosos e interesantes de esta serie, donde veremos que la importancia de la creencia de la transmutación en oro hizo tambalear el sistema monetario internacional.
Tras siglos y siglos de esfuerzos alquímicos para transmutar un metal base en oro, tras el frenesí generalizado de la prensa científica y popular sobre la transmutación atómica a principios del siglo XX, el éxito, el momento culminante en la transmutación en oro de otro metal no fue en 1907, ni en 1919. Fue en 1941. La transmutación “convencional” de mercurio en oro se hizo usando neutrones rápidos y lanzados sobre mercurio. Eso sí, con la ayuda de un acelerador de partículas atómico. Rubby Sherr (1913–2013), Kenneth Tompkins Bainbridge (1904-1996) y Herbert H. Anderson (1913-2001), todos de Harvard, sintetizaron tres isótopos radiactivos de oro, todos ellos con una corta semivida[1]. En 1980 científicos de la Universidad de California en Berkeley usaron un acelerador de partículas para cambiar una pequeña cantidad de bismuto en la billonésima parte de oro por valor de un centavo. Todo ello con un coste de diez mil dólares[2]. En realidad, la investigación era más una curiosidad secundaria que un evento que pudiera cambiar el mundo o incluso un profundo logro científico.



Sin embargo, en la década de 1920, la fascinación pública con la naturaleza alquímica de las nuevas ciencias atómicas había llegado a tal punto que las consecuencias de la transmutación comenzaron a parecer muy relevantes en campos distintos de la religión y la ciencia. La posibilidad de que un alquimista, un radioquímico o un físico nuclear pudieran aprovechar los misteriosos rayos alfa (α) y beta (β) para sintetizar oro pareció a mucha gente que podría tener consecuencias fantásticas y alarmantes, especialmente para la economía mundial.
En los años de la Depresión hubo bastantes y profundas “ansiedades monetarias”. Tantas que, aunque parezca increíble, la alquimia moderna intensificó el cuestionamiento del patrón oro y del fundamento moral de la aspiración científica. A fines de la década de 1920 y principios de la de 1930, mientras Occidente se deslizaba hacia la Depresión, la prensa migró su imagen de la alquimia moderna, y comenzó a girar hacia discusiones sobre teoría monetaria y las preocupaciones económicas. La alquimia atómica rompió barreras no sólo entre el ocultismo y ciencia, sino también entre esos temas y la economía o teoría monetaria. Donde esto resultó ser más evidente fue en los temores sobre la estabilidad del patrón oro en la Gran Bretaña de la posguerra y en los Estados Unidos de América.

Este período fue testigo de varios llamamientos para abandonar un estándar monetario metálico. Tales llamamientos provenían a menudo de los que manejaban las manivelas del dinero, que lucharon contra el establishment monetario. Huno un movimiento insistente, aunque no siempre coordinado, impulsando reformas monetarias y económicas, que logró cierta visibilidad en los años 1920 y 30. Los esquemas que desarrollaron, aunque brevemente, fueron mediante conceptos como el “socialismo gremial”, el “crédito social” y el dinero estampado. Entre las figuras clave en Gran Bretaña y los Estados Unidos nos encontramos a Alfred Richard Orage (1873-1934), a Clifford Hugh Douglas (1879-1952, un militar ingeniero que fue pionero en el crédito social y la democracia económica) y Arthur Kitson (1859-1937), teórico monetario)[3].



Y esto ocurrió mucho más fácilmente gracias al giro que dieron unos pocos científicos desde sus campos hacia la economía, y las teorías económicas que se empezaban a desarrollas en los años 20. De nuevo nos encontramos a Frederick Soddy como el ejemplo perfecto que unió los campos de la teoría monetaria y la alquimia moderna. Soddy ganaba el Premio Nobel de 1921 en Química. Según el Comité de los Premios Nobel, se le concedió por su «importante contribución a nuestro conocimiento de los cuerpos radiactivos, y su trabajo pionero sobre la existencia y naturaleza de los isótopos»[4]. En mi opinión este cambió fue uno de los más grandes errores de Soddy. Su paso de la Química a la Economía en la década de 1920 dañó su status profesional como científico mucho más que cualquiera de sus declaraciones públicas sobre la alquimia.

No sabemos el porqué todavía de este cambio, aunque se especula que la carnicería y la tragedia de la Primera Guerra Mundial y las crisis económicas subsiguientes fueron las causas de ello[5]. No fue el único. Otra figura pública notable, como Ezra Pound (1885-1972), siguió un camino similar por motivos similares, aunque las simpatías políticas de Pound lo llevaron al fascismo, mientras que Soddy permaneció en la izquierda. Pero, en realidad, fueron los intereses alquímicos de Soddy los que le llevaron a conectar la Química con la teoría monetaria, en una especie de relación tanto moral como científica. Y es que, en cierto sentido, una moneda respaldada por el oro era ya «idea moral del dinero», ya que una moneda respaldada por oro es «una unidad monetaria constante e invariable con la que medir las obligaciones personales o públicas». El Patrón-Oro estaba destinado a garantizar la estabilidad tanto en la economía doméstica como en el comercio internacional, y fue casi un artículo de fe para la mayoría de los economistas durante muchos años. Tan irrevocable parecía todo esto que cuando el gobierno británico, en 1931 acabó finalmente devaluando el oro y abandonando el Patrón-Oro, sus predecesores, laboristas, se quejaron de que nadie les había dicho que podían hacer eso»[6].
Aquí también tuvieron algo que ver los ocultistas. Ellos usaron una concepción moral diferente del valor, que redefiniría la naturaleza de un Patrón-Oro. En 1907, año de las afirmaciones de transmutación de Ramsay, y tiempo de crisis económica, durante la cual una alarmante cantidad de oro británico se perdió en el Atlántico en su camino a los Estados Unidos, la pintora, escritora, ocultista y teosofísta Isabelle de Steiger (1837-1927) publicó su libro “On a Gold Basis: A Treatise on Mysticism”[7].

De Steiger, quien también fue Vicepresidenta de la Sociedad Alquímica, miembro de la Golden Dawn y una destacada defensora de la alquimia espiritual, eligió como editor al también ocultista y futuro miembro de la Sociedad Alquímica Philip Wellby para sacar el libro. Se lo dedicó a Mary Anne Atwood, «mi mejor maestra, la autora de ‘Una investigación sugerente sobre el misterio hermético‘»[8], y una de las principales iniciadoras del concepto de alquimia espiritual victoriana. De Steiger abogó por un estándar de oro místico, distinguiendo entre un falso sentido moderno del valor enraizado en el oro material y uno más permanente, base espiritual para el valor: «aunque la base falsa del oro material puede ser el objetivo de una degradadación de la Humanidad moderna, sin embargo, la verdadera religión que bendeciría a la Humanidad nunca se destruye, sino que es un lugar eterno construido sobre la perfecta Base de Oro de la Verdad Inmortal». De Steiger se apropió de la lógica del patrón oro y los términos por los cuales los economistas valoran el oro, es decir: su intrínseco y permanente valor para fundamentar así las preocupaciones espirituales y morales. De hecho, ella sitúa los imperativos morales de su espiritualidad mística en términos económicos que, después de la Guerra, se volverían los ejes centrales de las críticas lanzadas por los manipuladores del dinero en un sistema que, argumentaron, alentó el acaparamiento del dicho dinero, sofocado así una la circulación saludable, y evitando el acceso del trabajador a un reparto justo de la riqueza general de la sociedad. De Steiger advierte:
“Pero si un hombre, teniendo el oro de la verdad, lo acumula holgadamente, lo hará demasiado inactivo para tratar de sacarle interés, o por cualquier otro motivo lo usa mal, entonces ese hombre es rico en conocimiento pero pobre en amor a su prójimo; y siendo despreciado intelectualmente, le resultará difícil entrar en el reino, y la regeneración no se acercará a él. La regeneración es para los ricos y los pobres en la moneda de este mundo en la moneda de este mundo, si son ricos en un interés generoso, simpatía y respeto, y lleno de bondad hacia sus semejantes” [9].
De Steiger concluye su tratado de 349 páginas al agrupar en un marco místico conceptos de la permanencia que evoca el mundo material de la economía, el Patrón-Oro y las nociones de estabilidad, como el «átomo estable», derivado de la mística: pero también que hace eco de la ciencia de la radioactividad. Debajo del mundo de la transmutación material afirmado por los científicos atómicos y por los alquimistas se encuentra un substrato de valor espiritual inmutable:
“Junto al miedo también está el sentimiento gemelo: esperanza. Esperanza que florece en el futuro conocimiento de que el hombre puede tener la certeza de que detrás de todo hay una permanencia en el Infinito y en Dios Eterno, la Divinidad simbolizada para nosotros en la Revelación como nuestro Padre esperándonos, a sus hijos, para regresar voluntariamente, y con todo el conocimiento añadido a la experiencia, a nuestro lugar de nacimiento; no siendo más que más una posada temporal, pero la base dorada de la eternidad; Espero que el Átomo estable lo haga, al final de la morada del hombre en este Reino del Tiempo, tráelo por el camino real a casa de un palacio real de donde se extiende el ilimitado futuro de la Divinidad.”[10] (349, énfasis en el original)
Los problemas que se dieron frecuentemente con el patrón oro fueron entendidos por la mayoría de fines del siglo XIX y principios del siglo XX como referentes a la oferta de oro. Rara vez alguien cuestionó el valor intrínseco del oro, o que dicho material fue el requerido para estabilizar el mundo del comercio. Pero…
En la década de 1920, la “alquimia moderna” comenzó a sugerir a muchos que ningún material tenía un valor intrínseco inalterable. Si un metal puede cambiarse a otro, si la abundancia natural de un elemento podría cambiarse, o si el oro podría ser simplemente fabricado por un científico atómico científico o un alquimista, ¿cómo podría servir un metal para apuntalar un sistema monetario? Tales preguntas llevaron a pensar en escenarios alarmantes sobre el colapso de la economía mundial, y también provocaron que muchos comenzaran a repensar la naturaleza del dinero y a subrayar su base en el trabajo y la necesidad humana. Estas posturas priorizaron la ética de la acción humana en vez del valor permanente de un material. Incluso el motor que impulsa el trabajo humano (la energía) llegó a la vanguardia de muchas nuevas concepciones de dinero. Así como la noción de alquimia espiritual dio a los ocultistas victorianos y de principios del siglo XX un objetivo ético y espiritual no material para la investigación alquímica (incluso cuando dio paso a una visión espiritualizada de las transmutaciones de laboratorio reales y materiales), la energía creada por medio de transmutación atómica dio a los alquimistas modernos una justificación no material para perseguir la transmutación. La energía puesta para el beneficio del hombre llegó a ser vista, como lo llamaría Soddy, como una «alquimia real», como algo opuesto a la «alquimia falsa» de la mera transmutación de oro. Durante la década de 1920 y la Era de la Depresión, los temores de un colapso económico total y las esperanzas de una reestructuración causada por la “alquimia moderna” quedaron registrados, y de forma muy efectiva, en la ciencia ficción estadounidense.
La alquimia, y en particular la nueva comprensión, científicamente validada, de que la materia puede ser transmutada a través de varios procesos de bombardeo de energía no fue lo que espoleó a Gran Bretaña, a los Estados Unidos y a la Europa occidental a abandonar el patrón oro. Lo fueron otros factores como las numerosas crisis de mercado, la Primera Guerra Mundial y las cambiantes y dubitativas respuestas de los gobiernos a las depresiones. Todo esto ayudó a que Occidente se alejara del clásico Patrón-Oro, evolucionando hacia un nuevo sistema: el de Bretton Woods, donde el papel que había jugado el oro fue sustituido por el dólar americano. A partir de los acuerdos de Bretton Woods (complejo hotelero de New Hampshire, USA), emanados de las reuniones que se hicieron entre el día 1 y el 22 de julio de 1944, unas nuevas reglas de juego se pusieron en práctica. Reglas que exigían nuevas relaciones comerciales entre países, cuyo funcionamiento dependía de abandonar el proteccionismo de los ricos para salir, por medio del libre comercio, a buscar mercados. No extraña que los Estados Unidos fueran los impulsores de esto, ya que salieron de la II Guerra Mundial prácticamente indemnes, con una capacidad industrial que doblaba la de quince años antes, y acaparando más de la mitad del PIB mundial, con tan sólo el 7 % de la población hacia 1944. Y esos mercados que buscaban los norteamericanos debían de estar perfectamente lubricados, ser seguros. Una seguridad que ya no ofrecía el oro, sino el dólar, como moneda dominante y, prácticamente, hegemónica en las transacciones. Los bancos atesoraban dólares mientras vendían oro: cambiaban oro por dólares.

Es así como Fort Nox llegó a ser el depósito de oro más grande del mundo. Recordemos el barco británico cargado de oro que se hundió en medio del Atlántico camino de los Estados Unidos, para ser canjeado por dólares. Además, las monedas nacionales hubieron de reformarse y adquirir un carácter de convertibilidad. Es decir, había que saber, por ejemplo, cuantos francos eran un dólar. Es más, entre transacciones comerciales alentadas por el citado libre comercio dadas entre dos países, primero ambas monedas se calculaban en dólares para hacer las operaciones, aunque pronto hubieron de calcular su valor entre las dos: cuántos francos eran una libra esterlina, y así sucesivamente. Pero el dólar nunca perdió su referencia cambiaria.
Aún así, las posibilidades de transmutación que la alquimia moderna ofrecía hizo que nuevos problemas llamaran la atención sobre las propiedades de un patrón estándar metálico para el dinero (ya fuera un bimetalismo de plata y oro, o un patrón de oro puro), y a la naturaleza misma del dinero. A la vez, muchos ocultistas, y muchos científicos también, ayudaron a alimentar el apetito de la prensa popular por la alquimia. De esta manera, las transmutaciones alquímicas se convirtieron en un tema clave también para la ciencia ficción. Una nueva generación de ciencia ficción que fue escrita durante los años de la crisis monetaria y eventual abandono del patrón oro, entre el cambio de siglo y principios de la década de 1930.
Tal vez la elaboración más completa de la amenaza de la alquimia moderna para el patrón oro apareció en los fanzines de ciencia ficción de Hugo Gernsback entre 1926 y mediados de la década de 1930. Estas historias de ciencia ficción tuvieron como uno de sus temas más particulares los efectos de la alquimia moderna (es decir: las transmutaciones metálicas causadas por los instrumentos y la ciencia de la física nuclear y la radioquímica) en la economía mundial, y asó dicha temática para interrogarse sobre la naturaleza y los peligros de una moneda metálica. Sus autores imaginaron, de una manera que a Soddy le resultaría familiar, cómo la ciencia podría llevar a la sociedad más allá de las crisis y limitaciones que un sistema cambiario impuesto en las economías del siglo XX.

[1] Sherr, R., Bainbridge, K. T. y Anderson, H. H. “Transmutation of Mercury by Fast Neutrons”, Physical Review, 60(1941), 473-479.
[2] Levere, T. H., Transforming Matter: A History of Chemistry from Alchemy to the Buckyball, Baltimore, Johns Hopkins University Press, 2001, 1.
[3] Finlay, J. L., Social Credit: The English Origins, Montreal, McGill-Queens, University Press, 1972. Myers, M. G., Monetary Proposals for Social Reform, New York, Columbia University Press, 1940.
[4] Howorth, M., Pioneer Research on the Atom: Rutherford and Soddy in a Glorious Chapter of Science: The Life Story of Frederick Soddy, London, New World Publications, 1958, 224.
[5] Merricks, L., The World Made New: Frederick Soddy, Science, Politics, and Environment, Oxford, Oxford University Press, 1996, 108.
[6] Mayhew, N., Sterling: The History of a Currency. New York: Wiley, 2000, XI y 214-215.
[7] Londres, Philip Wellby, 1907
[8] Atwood, M, A., A Suggestive Inquiry into the Hermetic Mystery: With a Dissertation on the More Celebrated of the Alchemical Philosophers Being an Attempt Towards the Recovery of the Ancient Experiment of Nature, Londres, 1850.
[9] De Steiger, I., On a Gold Basis: A Treatise on Mysticism, London, Philip Wellby, 1907, 333.
[10] De Steiger, I., On a Gold Basis…, 349.
