Cuando Daniel de Morley (1140?-1210?) volvió a Inglaterra de su viaje, siguió decepcionado con lo que se enseñaba en su tierra, concretamente en Oxford, tal y como lo estaba cuando decidió viajar al continente unos años antes. Primero pasó por París, donde encontró una “ignorancia presuntuosa” que le lleva a encaminarse a Toledo como centro más famoso de la ciencia árabe, para oír a los más famosos filósofos del mundo. Y es en esta ciudad donde conociera a su mentor, Gerardo de Cremona, de quien recibiera sus enseñanzas desde las clases que impartía en la catedral de dicha ciudad. Morley volvió con un puñado de manuscritos, incluyendo muy posiblemente algunos de los tratados matemáticos y astronómicos que Gerardo había traducido al latín.
Escribió su Philosophia, o Liber de naturis inferiorum et superiorum1, nuestra única fuente de información sobre Daniel, para explicar las enseñanzas de Toledo al obispo Juan de Norwich (1175-1200), quien convenció a Morley de que no volviera a viajar y le explicara todo lo aprendido. Sus capítulos astronómicos se basan en Al-Fargani y otras autoridades árabes, aunque su filosofía aún está teñida por el Timeo y su astrología por Firmicus Maternus. No obstante, también incluye experiencias astrológicas curiosas y personales que él experimentara extramuros de Toledo, como el episodio que relata sobre la afluencia de agua en dos fuentes de agua dulce cercanas al Tajo, cuya afluencia de agua variaba según se encontraba la luna2. Morley recibió las enseñanzas del famoso Gerardo de Cremona, según varios testimonios del mismo Morley, que le llamaba Girardus Tholetanum, quien impartía docencia en la escuela catedralicia.
Arundel MS 377, 100r
Pero, para nosotros, lo importante es que Daniel de Morley pone, por segunda vez en la historia, a la alquimia entre las ocho ciencias en que se subdivide la ciencia natural. ¿Cuál fue el ambiente intelectual sobre estas artes que encontró Daniel de Morley en Toledo, famoso porque en dicha ciudad se explicaba públicamente el arte de la nigromancia?
En efecto, la noticia de que en Toledo se explicaba públicamente el arte de la nigromancia, parece estar respaldada por una tradición española bastante anterior, pues en la Disciplina clericalis, de Pedro Alfonso (1062-1140), la colección más antigua de fábulas y anécdotas de la Edad Media, compuesta después de 1106, se dice que los filósofos que no siguen las profecías, consideran la nigromancia como la séptima disciplina de las artes liberales. En la página 10 de la edición alemana de la Disciplina Clericalisdes Petrus Alfonsi3, dan este texto:
Enumerabo. Hae sunt artes: Dialectica, arithmetica, geometria, phisica, musica, astronomia. De septima vero diversae plurimorum sunt sententiae quaenam sit: Philosophi qui prophetias sectantur, aiunt nigromantiaın esse septimam. Aliqui ex illis videlicet qui prophetiis non credunt, philosophianı volunt esse septimam, quae res naturales vel elementa mundana praecellit. Quidam qui philosophiae non student, grammaticam esse affırmant.
Y Ángel González Palencia, Pedro Alfonso. Disciplina Clericalis, Madrid-Granada, C.S.I.C., 1948, pág. 19, este otro:
Philosophi qui prophetias sectantur, aiunt nigromantiaın esse septimam. Aliqui ex illis videlicet qui prophetiis non credunt, philosophianı volunt esse septimam, quae res naturales vel elementa mundana praecellit.
González Palencia, A., Pedro Alfonso. Disciplina Clericalis, Madrid-Granada, C.S.I.C., 1948, pág. 19
Y lo traduce así, pág. 111: «Los filósofos que cultivan la profecía, dicen que la nigromancia es la séptima de las artes. Algunos, entre ellos, los que no creen en las profecías, afirman que la séptima es la filosofía, que precede a todos los elementos humanos y a las cosas naturales». El texto de González Palencia nos parece más claro y, por lo tanto, también el de la traducción. Las artes enumeradas en el texto que precede son: dialéctica, aritmética, geometría, física, música y astronomía. El debate está, pues, en la última o sea la astronomía, que es reemplazada, para unos, por la nigromancia, y, para otros, por la filosofía. Parece, sin embargo, que guiarnos por el nombre no resuelve el caso. Para los primeros, la materia de la última disciplina, es decir, los cuerpos celestes, sería abordable por medio de la adivinación; y para los segundos, por medio de la razón natural o filosofía racional. En ambos casos, por lo menos así parece que lo considera el judío converso, no hay nada pecaminoso o delictivo. La situación en el siglo XIII ya era muy distinta, o al menos lo era para las fuerzas rectoras de la iglesia, que presentan el ejercicio o práctica de la nigromancia como ocupación diabólica, y, por lo tanto, sacrílega. Hasta qué punto se condena con esta actitud une actividad que hoy llamaríamos científica, es cuestión que nuestra época no puede dilucidar con exactitud. Pero es evidente que el poder eclesiástico, celoso de su predominio espiritual, que, como se sabe, abarcaba también lo temporal, veía con aversión y disgusto toda ocupación empírico-especulativa en los dominios de la naturaleza. También el archidiácono de Cuéllar, Dominicus Gundissalinus Hispalensis4, de mediados del siglo XII, en su obra De divisione philophiae, pone la nigromancia, además de la alquimia, entre las ocho ciencias en que se subdivide la ciencia natural:
Tunc scientia naturalis universalis est, quia octo sciencie sub ea continentur. A saber: alquimia, medicina, agricultura, navegación, espejos (specula), imágenes (imagines), juicios (iudicia) y finalmente scientia de nigromantia secundum physicam
Baur, L., Dominicus Gundissalinus, De divisione Philosophiae, Beiträge zur Geschichte der Philosophie des Mittelalters. Texte und Untersuchungen herausgegeben von Dr Cl. Baeumker und Dr G. F. von Hertling. IV, fasc. 2-3 (1903), 1-141.
Estas ciencias no forman parte de la filosofía natural, sino que están subordinadas a la física; es decir, su objeto de estudio lo proporciona la física. Desafortunadamente, Gundisalvo es extremadamente escueto al presentar estas ocho ciencias subordinadas, y algunas de ellas simplemente se nombran y no se discuten, como es el caso de la ciencia de los signos, la ciencia de las imágenes y la nigromancia. En cuanto a la alquimia, que aparece aquí por primera vez como disciplina científica reconocida, Gundisalino simplemente afirma que es la ciencia de la conversión de las cosas en otras especies («scientia de conversione rerum in alias species»)5.
Contemporáneo de Domingo Gundisalvo, y en relación con los arabizantes de Toulouse y la escuela de Chartres, está Bernardo Silvestris, autor, entre otras obras, de un tratado de geomancia astrológica traducido del árabe al latín, medio en prosa, medio en verso: el Experimentarius, en el que, según E. Garin, «compila y traduce a los “necromantes” de Toledo»:
«Ma un tipico esponente di Chartres, Bernardo Silvestre («Bernadins li Sauvagen I qui connoissoit toz les langages I des esciences et des arts» -come dice il trovatore), commenta l’ Eneide, ama gli autori, si proclama moderno nell’ Ars dictandi; imita gJi antichi («la bone ancienetez») nel suo poema, ma, a un tempo, compila e traduce I «necromanti» di Toledo nell’Experimentarius
Garin, E., L’educazione in Europa,(1400·1600), Bari, Laterza, 1957, 63. El Experimentarius es un tratado de geomancia astrológica en verso traducido del árabe. En uno de los manuscritos se dice: Experimentarius Bernardini Silvestris, non quia inventor fuit, sed fidelis ab arabico in latino interpres: C. Burnett, Ch.,’What is the Experimentarius of Bernardus Silvestris? A Preliminary Survey of the Material’, AHDIMA 44 (1977) 62-108. Thorndike, L., HMES, II (1925), 99-123.
Éste es el panorama que se encontró inglés Daniel de Morley, que antes de 1187 estuvo en Toledo. Entre 1175 y 1200 escribió su ya citado Liber de naturis inferiorum et superiorum, donde la ciencia se divide también, como hiciera Domingo Guldisalvo, en ocho disciplinas, a saber: derecho (deiudiciis), medicina, agricultura, espejos (de speculis), signos o señales (de praestigiis), reservando el séptimo y octavo lugar para la nigromancia y la alquimia respectivamente.
Arundel MS 377, 100v.
Más allá de la colocación histórica que algunos historiadores han dado a la inclusión de estas disciplinas, donde, mirando hacia adelante, afirman que
Lo crucial es observar cómo estas ciencias, y disciplinas peculiares como la nigromancia, la alquimia, la astrología o la «ciencia de los signos», pueden considerarse disciplinas naturales sin formar parte de la filosofía natural misma. De esta manera, cualquier cuestión sobre su legalidad o legitimidad pasa a un segundo plano: Gundisalino no intenta justificar estas disciplinas como partes de la física. Abre un «espacio epistemológico» en el que estas nuevas disciplinas, derivadas del movimiento de la traducción, podrían insertarse.
Polloni, N., “Gundissalinus and Avicenna: Some Remarks on an Intricate Philosophical Connection”, Documenti e studi sulla tradizione filosofica medievale, XXVIII (2017), 515-552, aquí 541.
Lo importante para nosotros es poder comprobar que la alquimia sólo fue insertada en estas divisiones tras lo aprendido en la península ibérica y cuyo origen está en dicho “movimiento de la traducción”. Es decir, desde el mozárabe que enseñó a Gerardo de Cremona, se observa una cadena de transmisión donde la alquimia parece estar fuertemente asentada entre las disciplinas de la «ciencia natural».
Berlin, Staatsbibliothek zu Berlin – Preußischer Kulturbesitz, lat. 4° 387, ff. 4r-47v. Cambridge, University Library, Kk.1.1, ff. 98ra-105ra. Oxford, Corpus Christi College, 95, ff. 1r-15v. Oxford, Oriel College (in deposito presso la Bodleian Library), 7, ff. 194v-196v. London, British Library, Arundel 377, 88r-103v. Este último ya fue transcrito por Karl Sudhoff en “Daniels von Morley «Liber de naturis inferiorum et superiorum», nach der Handschrift Cod. Arundel 377 des Britischen Museums zum Abdruck gebracht”, Archiv für die Geschichte der Naturwissenschaften und der Technik, 8 (1917/18), 1-40 ↩︎
Hilka, A. y Söderhjelm, W. (eds.), Petri Alfonsi Disciplina clericalis von Alfons Hilka und. I. Lateinischer Text, Helsingfors, Druckerei der Finnischen Litteratur-Gesellschaft, 1911. ↩︎
Villar García, J. M., Documentación medieval de la Catedral de Segovia (1115-1300), Salamanca, Universidad de Salamanca, Salamanca 1990, 109, n. 61. ↩︎
Polloni, N., “Gundissalinus and Avicenna: Some Remarks on an Intricate Philosophical Connection”, Documenti e studi sulla tradizione filosofica medievale, XXVIII (2017), 515-552. Baur, L. (ed.), “Gundissalinus, De divisione philosophiae”, Beiträge zur Geschichte der Philosophie und Theologie des Mittelalters », 4/2 (1903), 3-142. Aquí 20, 20 – 23. Burnett, Ch., «A New Source for Dominicus Gundissalinus’s Account of the Science of the Stars?», Annals of Science, 47 (1990), 361–374. ↩︎
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