
Una de las cosas más necesarias para llegar a la Piedra Filosofal, en según qué vías, es el Azufre de la Naturaleza. Es una sustancia blanca, que, como nos dejó dicho Newton en el manuscrito de la imagen inferior, es la quinta esencia de la tierra de los metales, el espíritu de la tierra de los metales sublimado y convertido en tierra foliada, lo cual es la materia primera y próxima de los metales.

«natura considerata in hac Arte, & prima metallorum materia. & habet reduci super terram adhuc, ut si aliquid de spiritu remanserit cum terra, dictus spiritus sublimetur per sublimationem
ignis tertii gradus et convertatur in terram foliatam quae dicitur quinta essentia terrae metallorum et ab aliquibus philosophis argentum vivum vel mercurius vel sulphur naturae . Et terra tunc inferius manens dicitur faex et scoria et pulvis damnatus quo non indiges, quia est pulvis vituperatus qui modica sufflatione evanescit. Tamen argentum vivum exuberatum est terra corporis cum menstruo simul transiens per alembicum: et sulphur naturae est spiritus metallorum sublimatus et conversus in terram foliatam, quae est prima et proxima materia metallorum Prima materia dicitur etiam terra foliata. Est autem…»

Si logras tenerlo, el final está muy cercano, pues ésta es la tierra en la que debes sembrar la semilla, o el fermento, ya sea del oro, o de la plata, en esa operación conocida por FERMENTATIO. «Uno quemará sus plumas, el otro fundirá sus nieves», decía Basilio Valentín en La Doce Llaves. Una vez unidos la tierra con la semilla, esa tierra (foliada, no olvidemos) donde ha de sembrarse el germen, similar a cuando nos dicen que al trabajo del alquimista se parece al del agricultor, sólo hay que esperar que el fruto, la Piedra Filosofal, aparezca.

Su elaboración siempre ha estado escondida en los textos y su explicación, aunque aparece en multitud de ellos, nunca lo hace con la suficiente claridad, pues se consigue tras una larga elaboración. En toda la serie de operaciones entra la de la sublimación y el objetivo es una sustancia sólida, muy ligera, que apenas pesa, en forma de hojas de árbol, o de plumas que, al asentarse recibe el nombre de «terra foliata», como ya hemos dicho. Al conseguirlo, prácticamente tenemos hecho el noventa por ciento de la Gran Obra. Luego hay que extraerla con mucho cuidado. A veces lo hacían con una pluma de ave en la que quedaba adherida, para luego ponerla en otro lugar. Es el Mercurio de los Filósofos, el alma de los metales.
Es sobre esa tierra, repito, en la que hay que sembrar el fermento. Johann Daniel Mylius (ca. 1583-1642), nos dejó dos grabados en su Philosophia Reformata (Francofvrti, Lucas Jennis, 1622) (leer) que nos lo muestran:


Como en Alquimia, para todo hay una abreviatura, una Abrevatio, o Accurtatione, aquí no iba a ser menos. Un amigo alquimista me indicó cómo hacer el Azufre de la Naturaleza en apenas unos minutos. Y digo minutos porque no tardé ni media hora. Me debéis entender que no diga los componentes.
Se trataba de unir dos cosas por un lado, y dos cosas por otro. Y una vez dispuestas, unirlas todas. Las imágenes a continuación son de la primera vez que lo hice. Luego, jugando con las proporciones, dí con la forma de extraer el máximo azufre de la Naturaleza con el compuesto. Es decir: sacar el máximo rendimiento.















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