En el mundo árabe, entre los siglos VIII y X, Geber y su escuela y al-Razi surgieron en Oriente como meteoros «que parecen haber dejado un resplandor en Occidente, en la España árabe, en donde la alquimia europea debía ser ignorada en el siglo XII».

Multhauf, Robert P., The origins of Chemistry, Londres, Oldbourne, 1966, 131.
Es prácticamente imposible relatar aquí los logros, o los alcances, que estos dos y otros alquimistas árabes consiguieron. Y hay, historiográficamente hablando, un largo camino desde las posiciones iniciales hacia la alquimia en al-Andalus hasta hoy, en que, como veremos, la situación es afortunadamente muy distinta. En fin, muchos estudios sobre la historia de la química en el siglo IX consideraron la alquimia como una precursora de la química, tal y como estaba establecido en el mundo helénico. Así lo hicieron Berthelot, Aldo Mieli y Arthur John Hopkins. Dado que los documentos que probasen la originalidad de la alquimia árabe no fueron encontrados, mientras el pensamiento greco-romano, acompañado de una rica documentación que hizo que los investigadores vieran a los tratados árabes meras transcripciones de los documentos originales helénicos, los cuáles pasarían luego a Europa. Pero unas notables diferencias entre ambos materiales, árabes y helenos, llevaron a J. Hopkins a pensar y a admitir que los alquimistas árabes quizás no fueron simples traductores de los manuscritos greco-egipcios y que era posible que estuvieran influenciados por fuentes chinas, iraníes y mesopotámicas.

Sin embargo, en la década de los años 20 del siglo pasado, las diferencias mencionadas atrajeron la atención que un grupo de investigación especializado en Filología, el cual, encabezado por Julius Ruska y su discípulo Paul Kraus, buscaron en los archivos y bibliotecas occidentales y orientales la prueba documental que diera soporte a la hipótesis de una verdadera, incluso genuina, alquimia árabe. Su formulación se basó en las novedades introducidas en la alquimia griega en las traducciones de principios del siglo XII y en las discusiones medievales encontradas en manuscritos alquímicos del siglo XIII y posteriores, que reconocían la larga existencia de esta práctica entre los árabes.

Estos hechos reafirmaron la idea de un nuevo tipo de alquimia, en relación con la desarrollada por los griegos. La persistencia de este grupo acabó dando sus frutos. Muchos manuscritos encontrados en las bibliotecas del mundo islámico indicaban la existencia de una fuente árabe para conceptos mayores de la alquimia como el “azufre” y el “mercurio”, los cuáles, obtenidos a partir de las transformaciones de los metales y su trabajo sobre ellos, servían incluso como una base para la alquimia cosmológica, o la idea china del “elixir”, el medicamento universal tanto para los metales como para la salud, además del “uno”, hecho a partir de los opuestos complementarios. Así pues, no sólo hubo una reformulación de la teoría alquímica desde el mundo islámico a partir del siglo IX, sino que, a consecuencia del estímulo dado por esta nueva teoría, se desató una frenética investigación en los laboratorios para aislar y reorganizar los opuestos complementarios de mil maneras diferentes. Esta actividad amplió la gama de medicamentos, aguas agudas, perfumes, condimentos, tintes y otros productos de diversos orígenes. Así, el concepto de «azufre» y «mercurio», originalmente aplicado solo a los metales, se extendió a la naturaleza en general, lo que brindó nuevas perspectivas a la alquimia y llenó las estanterías de médicos, orfebres, agricultores y muchos profanos con nuevos productos.
Esta alquimia también reveló tener unos trazos helénicos, como que los cuatro elementos aristotélicos fueron el núcleo tanto del “azufre” como del “mercurio”, aunque reorganizados bajo la influencia de las autoridades chinas, mesopotámicas y persas. De esta manera, se estableció una nueva alquimia, con alquimistas persiguiendo las proporciones, combinaciones y relaciones entre las substancias. A la vez hubo una coherencia teórica en su clasificación y en los planes, o marcos de pensamiento donde se incluía el trabajo práctico. Con todo, la alquimia nunca perdió su carácter ni llegó a ser vista como una pre-química.
Kraus, P., Jabir ibn Hayyan: Contribution à l’histoire des idées scientifiques dans l’Islam, Mémoires presentées a l’Institut d’Egypte, 44 y 45, El Cairo, 1942 y 1943, París, 1986. Ruska, J., “Die mineralogie in der arabischen Literatur”, Isis 1 (1913), 341-350.
Estudios como los de E. J. Holmyard y H. E. Stapleton señalaron la importancia de otras influencias, además de la griega en la alquimia, confirmando e incluso ampliando las obras de la escuela de Ruska sobre la alquimia árabe. Sin embargo, la influencia de la alquimia en la España musulmana aún se consideraba transitoria, tal como lo habían considerado los historiadores de la ciencia anteriores a la escuela filológica alemana en lo que respecta a la alquimia árabe.

Holmyard, E. J., Alchemy, Harmondsowrth, Penguin Books, 1957; (ed.), The Works of Geber, Englished by Richard Russell, 1678, Nueva York, E. P. Dutton & Co. Inc., 1928; Stapleton, H. E., «The Antiquity of Alchemy«, Ambix 5 (1953), 1-43.
Ruska escribió artículos al respecto destacando la importancia de la España musulmana en la transmisión de la ciencia y la alquimia griega y árabe al Occidente europeo. A diferencia de los materiales científicos, los autores y traductores de los textos alquímicos árabes son en su mayoría desconocidos, abundando, además, las atribuciones falsas; y J. R. de Luanco publicó su libro sobre la alquimia en España. Sin embargo, estos autores comenzaron su análisis en el término conocido como «reconquista» y, por lo tanto, hicieron especial hincapié en la absorción de la alquimia por la España cristiana, ignorando la obra de grupos hispanoárabes anteriores.
Ruska, J., «Alchemie im Spanien«, Zeitschrift für Angewandte Chemie, 46 (1933), 1-10.
Para quienes conocen la rica y variada cultura del mundo árabe, resulta extraño que una ciencia influyente como la alquimia no se hubiera practicado antes de su amplia introducción en el mundo cristiano. Esta idea fue confirmada por el trabajo de J. M. Millás Vallicrosa, quien descubrió en el claustro de Santa María de Ripoll que ya en el siglo X se producían traducciones en paralelo a la expansión del conocimiento islámico occidental. Sin embargo, hay que admitir que los manuscritos que encontró pertenecían a las matemáticas y la astronomía.
Millas Vallicrosa, J. M., Estudios sobre historia de la ciencia española. Valoración de la cultura románica, Barcelon<, C.S.I.C., 1949, 42ss.
En lo que respecta a la alquimia hispanoárabe, L. Thorndike y E. J. Holmyard aportaron pruebas de su gran desarrollo siguiendo sus propias líneas de investigación. Los tratados de Pseudo-Avicena y Pseudo al-Razi (de mayor alcance que los originales árabes) eran obras locales asociadas con manuscritos alquímicos traducidos en el siglo XII por Roberto de Chester y Gerardo de Cremona, de la escuela de traductores de Toledo. Se ha demostrado que la iniciación de Michael Scott en el mundo hispanoárabe tuvo lugar antes de que desarrollara su propia práctica alquímica y escribiera sus primeros manuscritos en la corte siciliana. Además, existe una farmacopea alquímica del siglo X, escrita por un monje llamado Teófilo y dedicada a un gobernante alemán, en la que se distinguen los procedimientos hispanoárabes de los árabes orientales, y cuya fuente árabe para el «oro español» ya ha sido felizmente encontrada.
Brown, J. W., An enquiry into the life and legend of Michael Scot, Edinburgh, D. Douglas, 1897. Sobre Theophilus: Ganzemüller, W, Die Alchemie im Mittelalter, Paderborn, Verlag Bonifacius Druckerei, 1938. Van Duzer, Chet, «An Arabic Source for Theophilus’s Recipe for Spanish Gold», en Speer, A., Zwischen Kunsthandwerk und Kunst: Die ‚Schedula diversarum artium‘, Berlin-Boston, De Gruyter, 2014, 369-378.

Parece que la alquimia se practicaba en la corte de Alfonso X y, por ello, sus manuscritos fueron ampliamente traducidos llegando a clasificar a la alquimia como uno de los componentes del Quadrivium y consolidándose ya entre los eruditos europeos. No es sorprendente que los principales nombres vinculados con la alquimia entre finales del siglo XIII y principios del XIV, como los de Arnaldo de Vilanova, Raimundo de Tárrega (durante mucho tiempo confundido con Raimundo Lull) y Juan de Rupescissa, procedieran de las fronteras entre los mundos hispanoárabe y cristiano. Sin embargo, existen dos evidencias del corpus alquímico hispánico que respaldan la hipótesis de la evidencia de una alquimia hispanoárabe más amplia, y distinta de su desarrollo en el Islam oriental.
La primera evidencia se encuentra en el manuscrito alquímico del siglo XIII, Tractatus mirabilis aquarum, de Pedro de España, donde se encuentran descripciones de las llamadas «aguas vigorosas» (tanto aqua ardens como aqua vitae), nombre que él dio al alcohol, cuyo descubrimiento posibilitó cambios en las prácticas médicas, farmacéuticas y extractivas en general. Pedro de España pudo haber aprendido alquimia de maestros árabes, quienes le dieron estas recetas.
Thorndike, L., A History of Magic and Experimental Science, Nueva York, 1958, vol. II, 488-513.

La segunda evidencia se encuentra en la obra alquímica del Geber latino, Summa Perfectionis Magisterii, donde se establecieron por primera vez los ácidos minerales, algo que modificó todo el trabajo futuro con metales. Petrus Bonus afirmó varias veces en su antología Pretiosa margarita novella, escrita hacia 1330, que el Geber latino era Geber Hispanus, originario de una ciudad árabe al sur de la península Ibérica, donde trabajó y vivió en el siglo XIII.

La perenne controversia Jabir-Geber, iniciada con M. Bertelot, fue continuada por P. Kreaus y E. J. Holmyard, y continúa con F. Sezgin. Aunque la nacionalidad del Geber latino sigue siendo objeto de controversia, ahora parece más probable que fuera español o italiano; sin embargo, es obligado considerar que la alquimia árabe desarrollada en el Islam occidental sirve de guía para sus escritos o los de su escuela. William Newman, tanto en artículos como en su tesis doctoral, daba por hecho que el autor el italiano Paolo de Taranto, una identidad aceptaba inmediatamente por los historiadores. Más tarde, Ahmad Y. Al-Hassan refutaba a Newman en el año 2009 ofreciendo la fuente original árabe, aunque de forma tan impetuosa que no gustó a los historiadores.
Berthelot, M., La Chimie au Moyen Age, Paris, Imprimerie Nationale, 1893), vol. I, 343-344; Kraus, P., Jabir ibn Hayyan: Contribution à l’histoire des idées scientifiques dans l’Islam, Mémoires presentées a l’Institut d’Egypte, 44 y 45, El Cairo, 1942 y 1943, París, 1986. Holmyard, E. J., (ed.), The Works of Geber, Englished by Richard Russell, 1678, Nueva York, E. P. Dutton & Co. Inc., 1928, xxi. Sezgin, F., Alchemie-Chemie-Botanik-Agrikultur bis ca 430 H. [Geschichte des arabischen Schrifttums, vol. IV], Leiden, E. J. Brill, 1971, 279-282. Newman, W., «New Light on the Identity of Geber», Sudhoffs Archiv 69 (1985), 76-90; «The Genesis of the Summa perfectionis», Archives intemationales d’histoire des sciences 35 (1985), 240-302; The Summa perfectionis of Pseudo-Geber : a critical edition, translation and study, Leiden-New York, E. .J. Brill, 1991, capítulo 2, 57-108. Refutanto a Newman: Hassan, Ahmad Y., Studies in Al-Kimiya’: Critical Issues in Latin and Arabic Alchemy and Chemistry, Hildesheim Georg Olms, 2009, 53-104.

Estos indicadores deberían vincularse a un contexto cultural y científico hispanoárabe contemporáneo más amplio, cuyo núcleo está constituido por obras científicas hispanoárabes relacionadas con la alquimia. Debe tenerse en cuenta que el núcleo de estas obras es la alquimia española, no la hispanoárabe. A continuación, debe ampliarse el material incluyendo textos relacionados con la alquimia encontrados en algunos tratados árabes sobre la naturaleza. A saber: tratados sobre plantas medicinales de Ibn Samajun y algunos fragmentos sobre el mismo tema de al-Zahrawi (Abulcasis, siglo X); fragmentos de tratados clasificatorios sobre botánica y medicamentos regionales de Ibn Wadif (siglo XI); tratados sobre conservación y extracción de esencias vegetales de Abu Zakariyya (siglo XII); y fragmentos de crónicas de entre los siglos IX y XII sobre el trabajo con metales, tintes y vidrio. Sin embargo, parece que una ampliación tan extrema dependerá necesariamente de la profundización tanto en el contexto histórico-cultural como en los estudios de los originales alquímicos hispanoárabes. Hasta ahora, este último consiste parcialmente en los manuscritos 926-947 del catálogo Derembourg de El Escorial.
Derembourg, H., Les manuscrits arabes de l’Escurial, Paris, E. Leroux, 1884.

Es difícil encontrar piezas de este rompecabezas, ya que se perdieron muchos manuscritos o documentos. En realidad, la historia de la alquimia en al-Andalus aún no está hecha, quedando como una asignatura pendiente. Sin embargo, desde hace unas décadas, la alquimia en al-Andalus se ha ido conformando gracias a la excelente trayectoria investigadora en varios departamentos bien diferentes, algunas veces colaboradores y complementarios. en primer lugar, la excelente investigadora del C.S.I.C. Maribel Fierro. Con una larga y extensa trayectoria, sus publicaciones han contribuido de forma decisiva a conformar una imagen más nítida de la alquimia en al-Andalus. De otro lado también es la directora del proyecto de investigación HATA (Historia de los Autores y Transmisores de al-Andalus), donde se recogen textos andalusíes de toda índole, considerendo como alquímicos a muchos de ellos. Como se dice en su web: La Historia de los Autores y Transmisores de al-Andalus (HATA) es un recurso bio-bibliográfico que ofrece información sobre las biografías de más de 5000 ulemas andalusíes y sobre las obras que escribieron y transmitieron. La información se presenta organizada en secciones disciplinares y dentro de cada sección por orden cronológico (siglos II/VIII-IX(XV). La mayor parte de las obras que aquí se incluyen bajo la alquimia corresponden a agricultura y botánica, campos sobre los que disponen de algunas visiones de conjunto para al-Andalus. En los últimos años se han hecho nuevas propuestas sobre la correcta atribución de las obras agronómicas escritas en al-Andalus, teniendo en cuenta la complejidad de los manuscritos, a menudo misceláneos, en los que se hallan recogidas dichas obras. En la información aquí recogida se han seguido por lo general las propuestas planteadas por el equipo de investigación de la Escuela de Estudios Arabes – CSIC de Granada dedicado a las ciencias de la naturaleza en al-Andalus, responsable de una serie que lleva ese título (Ciencias de la Naturaleza en al-Andalus. Textos y Estudios = CNATE).
De otro lado, desde la Universidad de Lovaina, en su Centre d’études orientales – Institut Orientaliste de Louvain, un grupo de profesores y doctorandos están realizando una muy fructífera tarea de investigación. Encabezados por el excelente e inagotable Sébastien Moureau, y seguido por autoridades reconocidas como Godefroid de Callataÿ, o por futuras promesas como Marion Dapsens, el grupo es, a día de hoy, lo mejor, junto al grupo de Maribel Fierro, en la conformación de una futura historia de la alquimia en al-Andalus.
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