Una de las figuras más interesantes de la historia, no sólo de la alquimia, también de la filosofía, de la ciencia y de la religión de la Edad Media, fue el beato Ramón Llull [1]. Es imposible, por otra parte, ofrecer alguna línea directriz sobre su tratamiento historiográfico, dado el desmesurado volumen de publicaciones, por lo que me centraré preferentemente en lo que a su relación con la Alquimia se refiere. Su corpus alquímico, completamente pseudo-epigráfico, es de unos ochenta títulos, según Bernard Hauréau y Eugène Littré [2], aunque sólo una cincuenta de ellas son posibles de atestiguar antes de 1550 [3], como nos indicó Thorndike [4] y, ya en el siglo XVIII, Nicolás Lenglet Du Fresnoy enumeró hasta ciento cincuenta y siete [5]. Y en el siglo XIX, José Ramón de Luanco no dudaba en afirmar que Lulio alquimista era una imagen generada intencionadamente tras su muerte [6], opinión compartida por los hermanos Carreras y Artau, ya en el siglo XX. [7]
En sus obras auténticas, Llull no cesa de rechazar los postulados alquímicos, cuestión que se encargó de aclarar por partida triple uno de sus mejores investigadores, Armand Llinares, en los años sesenta del siglo pasado, en dos artículos y en una biografía [8]. En realidad, gran parte de los textos atribuidos a Llul no son sino resúmenes, extractos o partes aglutinadas de los cuatro textos pseudo-epigráficos más conocidos: el Testamento[9], ya reeditado por Deborah W. Singer [10] y tratado por Thorndike [11], el Codicilo[12], muy conocido en los siglos modernos [13], el De secretis naturae[14], que parece un remake delDe consideratione Quinta essentiaeRupescissa, según la opinión de Llinares [15] y su Lapidario[16].
En fin, la proporción de vocabulario árabe no asimilado en los textos, las continuas citas de unos a otros, la tradición manuscrita, el estilo y el exceso de anacronismos son argumentos suficientes para rechazar todo el corpus luliano en bloque. Bajo esta consideración, Eduardo Rogent hizo un alarde de investigación y presentó un listado de los textos, tanto alquímicos como filosóficos, de Lull en el año 1937 [17]. Desde hace varias décadas Michela Pereira (Universidad de Siena) se ha convertido en la máxima autoridad en la investigación de textos lulianos desde que elaborarauna revisión sistemática de los mismos donde separa a aquéllos que forman propiamente el corpus pseudoluliano, los que se incluyeron de forma ocasional y los que deben ser excluidos [18]. Por su parte, años antes, la señora Yates (1899-1981) quedó subyugada por la belleza de su teoría unificadora [19] y Jean Ryeul volvió con la figura de Lulio-alquimista que fue creada en la Edad Moderna [20]. Con todo, la alquimia pseudoluliana debe unirse al lulismo, de donde salió, si lo que queremos es saber su origen. Haré un inciso en este apartado para exponer más detalladamente cómo se desarrollaron una y otro desde el siglo XIV.
El siglo XIV
Jean Gerson
El desarrollo del lulismo en el siglo XV, al menos en sus inicios, vino determinado por unos hechos que hay que tener presentes si queremos ver su evolución. En primer lugar, la labor del Inquisidor de Aragón Nicolás Eimerich (1320-1399). Este dominico lanzó una serie de escritos contra los lulistas valencianos a los que acusaba de herejes, más concretamente de ser un fermentodeinquietudes[21]. Es cierto que en Valencia el lulismo tenía unos seguidores muy activos [22], especialmente entre los franciscanos [23]. El inquisidor incluyó cien proposiciones sacadas, supuestamente, de las veinte obras de Lulio a quien se condenaba. Su manual, sin embargo, no llegó a ser impreso hasta el año 1503 [24]. Eimerich cita expresamente al padre de dicha orden Pere Rosell, que tenía una escuela en Alcoy, al estudiante ilerdense Antoni Riera y al rector de Madrona, que explicó lecciones de lulismo en Valencia hasta 1390. Siempre según Eimerich, estos lulistas despreciaban la escolástica y exaltaban la mística y la inspiración divina de Llull. Tales “acusaciones” las incluiría en su Contra doctrinam Raymundi Lull, también de 1390 [25]. Antes, en el año 1376 obtuvo Gregorio XI una bula prohibiendo la enseñanza del lulismo. En estos momentos ya parece plenamente asentada la relación con la alquimia pseudoluliana, otra de las luchas del inquisidor, quien se hizo eco, en un manuscrito inédito [26], de un contradictorio juicio convocado por Juan XXII (1316-1334) entre alquimistas y filósofosnaturales en que aquéllos quedan convencidos de la falsedad de la Alquimia, puede que por comodidad. Sea como fuere, este ataque anti-lulista queda vinculado con la prohibición de la enseñanza del Arte de Lulio en la Universidad de París que fue promovido por su canciller Jean Gerson (1363-1429) entre los años 1395 y 1402. Tanto Gerson como Eimerich (o Eymarich) simpatizaban con un nominalismo moderno que, por su naturaleza, se oponía al realismo luliano [27].
Un segundo elemento a considerar fue el nacimiento de una contra-reacción que adquirió rasgos definitivos, con sus variantes, y que estuvo activa a lo largo de los siglos hasta la definitiva beatificación de Lull. En la península, los reyes Pedro IV y Juan I de Aragón resultaron ser firmes defensores de los postulados lulianos hasta el punto que Eimerich tuvo que exiliarse. Años más tarde, la bula Sententia definitiva de 1419 y promulgada por Martín V reconocía la autenticidad de la emitida por Gregorio XI, pero admitía que la obtención de la misma, en Avignon, fue inadecuada, por lo que anularon sus efectos. Por otra parte, en París se levantó contra el nominalismo de Gerson el albertista [28] Juan de Nova Domo y su discípulo Himeric van der Velde [29]. El albertismo de esta época amalgamaba las doctrinas de Alberto Magno, Aristóteles y Lulio.
La tercera consideración parece una evolución natural de todo lo anterior. El lulismo pasa a ser una nueva forma de defensa religiosa, seguramente, al amparo de los impulsos políticos, aunque sin que podamos determinar exactamente tal relación. Ya es claro desde el escritor Raimundo Sabunde (o Sibiuda) (¿-1486), catalán que enseñó en la Universidad de Tolosa. En concreto hizo desaparecer todo el aparato de letras y figuras hasta entonces omnipresente en los escritos lulianos y basó la explicación de sus argumentos a través de la naturaleza humana [30]. Respecto de Sabunde hay que considerar la posibilidad, casi certera, de que, en su acto de eliminar el aparato de letras y símbolos, incluyera el deseo, oculto en todo caso, de desvincular cualquier lazo entre la cábala hebraica y sus más que evidentes semejanzas con el Ars combinatoria de Lull, que ya era más que notorio en la península [31].
El siglo XV
En el siglo XV el centro del lulismo se desplazó desde Valencia a Barcelona al amparo de varios privilegios reales. Hay una larga serie de maestros lulianos en esta ciudad: Tomás Exemeno (1410), Pere Martí (1412), Joan Lleuguer (1425-1435), Antoni Sedacer (1425-1444), Gabriel Desclapés (1460-1462), Jaume Costa (1497-1505) y Joan Comte (1502-1506) entre otros [32]. Y no sólo hubo un desplazamiento, además se aprecia una expansión que se podría calificar de “potente”. Por ejemplo, desde Padua llegaron los maestros Bulons y Ros y de Barcelona derivó la Escuela Luliana de Mallorca, que adquirió bastante importancia [33].
Ramón Lull viajó quince veces a Italia. La primera de ellas a Roma en el año 1277 y la última a Messina en los años 1313 y 1314 [34]. Es un número suficiente para poder desarrollar la actividad y, además, para dejar seguidores, por lo que podemos decir que hubo lulistas en vida de nuestro protagonista. Por otra parte, los ecos de la actividad antilulista de Eymerich llegaron rápidamente a Italia, sin poder determinar si fue bajo la forma indirecta de un traspaso francés, cuestión conocida gracias a los documentos que existen en dicho país, como los del Archivo del Estado de Venecia [35] y otro más en la Biblioteca de la Colegiata de San Cándido [36]. El supuesto traspaso francés, siguiendo las palabras de Batllori, vino de mezclar textos pseudolulianos en obras que unían los de Arnau de Vilanova y Rupescissa [37]. Igualmente, como ocurrió aquí, surgió una reacción “antieimerichiana” a manos de Alfonso el Magnánimo, quien desde Castellnovo (Nápoles) daba licencia para enseñar lulismo el 17 de mayo de 1446 al carmelita inglés Landolfo de Columbia; y en 1449 hacía lo mismo con Joan Poblet, quien ya enseñaba en Mallorca, como dije antes [38].
Hay que establecer aquí una serie de consideraciones, extensibles, por otra parte, a toda cuestión sobre el lulismo. Se trata de reconocer las diferencias entre tres aspectos, también diferentes, por los cuáles podemos calificar separadamente a los personajes que se van a mencionar a continuación, o ya lo han sido. Por un lado hay seguidores de la doctrina luliana tal cual y donde quedan incluidos los Martí, Sedacer, Costa y otros. Ellos tienen también sus detractores, los antilulianos, como veremos. Por otro lado están los seguidores de un aspecto específico, la combinatoria de Lull. Se diferencian de los anteriores en que, si bien los primeros también aceptaban esta parte, no todos los segundos entendieron a los primeros. Es decir, todos los seguidores de la doctrina luliana practicaban y explicaban el Ars combinatoria pero no podemos decir que hubiera ningún caso contrario. Además, están muy próximos a la cábala cristiana y sus seguidores, cuando no se confunden. La tercera consideración es la presencia de los que llamaré pseudolulianos. Por supuesto, de encontrar semejanzas, estarían entre los seguidores de la combinatoria y los cabalistas cristianos. Por último, no hay que olvidar que sobre los tres tipos diferentes de lulismo italiano, como ocurriera aquí y en Francia, recayeron las acusaciones de los antilulistas; aunque la historiografía ha tendido siempre a resaltar esta cuestión en relación con el primer tipo.
Pico della Mirandola
Conocido desde la época misma de Lulio, los contactos con los catalanes se hicieron relevantes en este siglo, como he dicho antes. Así, en 1433, el citado Joan Bulons terminó su Lectura artis generalis en Padua, un texto que tuvo mucha difusión en la casa de Fantini Dandolo, luego obispo de Padua; y en 1449 acabó así mismo dos obras en la misma ciudad. Desde Venecia llegaron a Mallorca los lulianos Virgilio Bonarti de Brescia y Fray Mario de Passa, en 1458 y 1478 respectivamente [39]. Desde Noli, cerca de Génova, vino a Mallorca sobre el año 1414 el alquimista y copista de manuscritos Odoardus de Boxio. Por su parte, desde la misma ciudad de Génova llegó a Valencia el poeta Bartolomeo Gentile Fallamonica, amigo del citado Jaume Janer [40]. Que Pere Deguí tuviera que viajar hasta Mallorca desde Roma para defenderse de las acusaciones de herejía en 1483 [41] por parte del inquisidor dominico de Mallorca es una indicación del aumento del interés por el lulismo en la Italia del Renacimiento. También el lulismo francés ortodoxo influenció al italiano. Pier Leoni, médico de Lorenzo el Magnífico coleccionó manuscritos lulianos cuando estuvo en París, seguramente antes de 1475 [42]. Es posible que el interés por el Arte de Lulio de Pico della Mirandola (1463-1494) proceda de su estancia en París o de su contacto con Leoni[43], aunque existen otras posibilidades nada desdeñables, como sus más que posibles contactos, no más allá de dos años, con los judíos expulsados por Fernando e Isabel en 1492. Muchos se trasladaron a Italia donde transmitieron un renovado interés por la lengua hebrea y por la tradición mística judía, o sea, la Cábala. Sea como fuere, Pico incorporó la Cábala cristiana al movimiento renacentista italiano [44]. Personalmente, me inclino por la posibilidad de una amplia presencia de judíos en Italia procedentes de la península desde muchos años antes de la expulsión que influyó en Pico.
El siglo XVI
Jacques Lefèvre d’Étaples
París siguió aumentando su influencia durante el siglo XVI. La figura central fue Jacques Lefèvre d’Étaples (1455-1536), admirador de Pico, teólogo, humanista y místico. Situó a Lulio en una cadena de neoplatónicos que inició en pseudo-Dionisio, los Victorinos, Nicolás de Cusa (1401-1464) y Sabunde, todo ello dentro del marco de su deseo de contribución a la reforma de la Iglesia y de la Teología escolástica [45]. Lefèvre realizó la más importante, hasta entonces, difusión de los textos latinos fuera de Cataluña [46] y acogió las lecciones del franciscano Bernardo de Lavinheta desde 1515 [47].
Como dije arriba, es ahora cuando la ya asentada tradición lulista queda unida a la alquimia pseudo-luliana. Ésta pudo originarse en Cataluña durante el siglo XIV. Al menos hay 34 obras alquímicas escritas antes de 1500 atribuidas a Llull y donde vuelven a aparecer las letras y signos que quiso eliminar Sabunde en su intento de reintegrar la separatoria a la doctrina general. En general se aceptaron como verdaderamente lulianas, a pesar de ser repudiada en varias ocasiones por el propio Llull [48]. Hasta tal punto cobró auge este tipo de ediciones, la mayoría alemanas, desde el año 1514 que, durante los siglos XVI y XVII, sobrepasaron en número a las auténticas. Es decir, el lulismo, fuera de su origen territorial fue estudiado muchas veces en combinación con la alquimia, la cábala y la magia. Tenemos los mejores ejemplos en las figuras de Cornelio Agrippa (1486-1535), Giordano Bruno (1548-1600) y Johan Heinrich Alsted (1588-1638).
Se tiende a confundir que la adscripción de textos alquímicos a Lull parte de personas ajenas a la doctrina de su Arte aprovechando la posibilidad del mismo de dar cobijo a la alquimia. Esto no es cierto por completo ya que contamos con, al menos, dos testimonios directos de lulistas que practicaron la alquimia. Así mismo, no todos los lulistas aceptaban la alquimia pseudo-luliana. Por ejemplo, el desengañado Joan Seguí, doctor, penitenciario y canónigo de Mallorca [49]. Escribió el texto Vidas y hechos del admirable doctor y martir R. Lull, escrito para complacer a Felipe II [50]. Declaraba que la alquimia es contraria a la doctrina de Lull, y pone en duda que escribiese textos de este tipo, siempre por referencias ajenas. Lo leemos en el ejemplar de la Biblioteca Nacional:
“Como después de aver estado tres años en el bosque fue aver porque camino se yria mejor y mas facilmente a cobrar la Santa Tierra de Iresusalem y del libro que sobre esto escrivio de alquimia y como bolvio a Tunez. Después vino al reyno de Bolemia (sic), anduvo toda la costa de Bretaña y reyno de Inglaterra, adonde algunos no se en que fundamentos dizen que hizo grande cantidad de oro, del cual ay mucho numero de moneda en aquel reyno, como si la alquimia fuere conforme a su doctrina.” [51]
A continuación, Seguí, se descubre a sí mismo como un ex-seguidor fervoroso y fracasado:
“Quisiera tener más licencia de la que me concede el corto termino de disgresion para poder provar el error en que esta gente alquimista cae acerca desto y pensando en los libros de alquimia que andan por ay en nombre deste santo sean suyos; pero esto lo tengo declarado en la Bibliotheca [52] y dado muchas muestras de su engaño. […] Mayormente siendo la contraria opinion de los alquimistas a los quales desseo tanto bien como verles salidos deste error, y no queriendo salir del, quisiera verles tan desterrados del comercio humanos como ellos destierran las verdaderas letras y la philosophia de su entendimiento. Y porque no piensen que ando como ciego en cosas muy de propósito tengo escrita la disputa acerca desto en la Bibliotheca […], en la cual disputa se tratan también cosas tocantes a la operativa que traygo gravada en los callos que me causo en las manos quando segui la alquimica pertinacia”. [53]
Respecto del pseudolulismo, quizás debamos hacer caso de las palabras de Seguí en su Vida y aceptar que fue un falsario catalán el que, usando el nombre de Lull iniciase la alquimia pseudoluliana. Debía ser un gran conocedor de Inglaterra, por otra parte [54]. Existen manuscritos alquímicos lulianos en Italia desde el siglo XV, como el de Padua, la Ambrosiana de Milán [55], Picardiana, y otras.
Hay que hacer, no obstante algunas precisiones respecto de los diferentes tipos de personas que seguían las doctrinas de Lull, tanto a favor de la alquimia como en contra. Seguí era canónigo y escribió su Vida de Lulio a fines del siglo XVI. No es lo mismo que si tratamos con los ermitaños mallorquines, que fueron independientes hasta el año 1624, fecha en que Joan Mir dirigió la recién nacida Congregación de San Pablo y San Antonio, que él mismo fundara, desde dicho año hasta 1688, fecha de su muerte [56]. Esta independencia eremítica permitía unas libertades ajenas a las coordenadas por las que se pudo haber guiado Seguí. Como he dicho, desde el año 1460 hay constancia de la presencia de peninsulares, franceses e italianos en Mallorca para escuchar las lecciones del maestro Pere Joan Poblet. Contamos con una carta de Gabriel Descaplés, canónigo de Barcelona dirigida a sus amigos de Mallorca:
“Sol era aquell per lo qual de Itàlia, Gàllia y España no duptaven los homens tranfetar lo mar e visitar Mallorques per oir la seva disciplina.”[57]
Desde Italia vino Virgilio Bornati, de la Curia romana y relacionado con Pico della Mirandola [58]; desde Francia llegó un tal “Llibavius Gallus”, corresponsal de Trithemius y relacionado con Pico y, supuestamente, también con Paracelso, a quien conoció en Constantinopla en el año 1520 [59]. Por su parte, sabemos que Trithemio (Tritemio) dijo que Livabius debe gran parte de su ciencia a un ermitaño de Mallorca llamado Pelagio [60]. Todos estos visitantes difícilmente pudieron dejar de conocer de los experimentos alquímicos que se realizarían allí, o se habrían llevado a cabo unos años antes, y de los cuales también tenemos noticias, ya que en ellos también participaron extranjeros. Es el caso de fray Diego García, un ermitaño que vivía en Alcudia en las primeras décadas del siglo XV. Estuvo durante algunos años relacionado con un italiano del que poco sabemos. Éste se llamaba, o era conocido como “maestre Adoart” de Noli, copista de obras lulianas. Ambos hacían experimentos de alquimia [61] en una atalaya de Alcudia. Afortunadamente tenemos registrado lo anterior:
“Es cregué si feia d’alquimista, puis en dissapte 24 d’abril de 1417 ‘lo honrable mossen Palay Unis, caualler, lochtinent del noble mossen Olfo de Próxide, gouernador del regne de Mallorques, stant personalmen en lo loch de la torre en la qual le heremitatge fra Diego Garcia heremita, la qual torre est situade en la muntanya comuna de la parroquia de Alcudia. E atrobats aquí tres frares heremitans so es frare Antoni de Xeva, frare Gili Lombarde e frare Joan Coll e en Martí de Leya de Biscaya, foren requels e_a aquells monat per lo dit honorable lochtinent que mostrassen lo loch on lo mestre Adoart e frare Diego (qui eren en ciutat de Mallorques) fehien una aygua quis deya de era bona a for alquimia amb foch que contniuament cremava die e nit entorn des anys havia… dins una casa baxa… en una tornal o fornell sobra la qual hauia dues ampolletes de vidre amb virs alambins.”[62]
Hemos de volvernos a Italia para tratar la cuestión alquímica luliana. En concreto, durante el siglo XVI, asistimos a tres fenómenos bien definibles. El primero es que este pseudolulismo, que, repito, llegó de Francia casi con toda seguridad, logra superar al doctrinal, especialmente en cuanto a ediciones de uno y otro tipo se refiere. El segundo es la práctica desaparición de la presencia pseudoluliana en Italia hacia el tercer cuarto de siglo. Y el tercero es la irradiación hacia centroeuropa desde los viajeros italianos a Alemania y Austria; cuestión que no podemos separar del elemento gemelo del caso francés y cuya evolución fue, si cabe, más que espectacular
Liber se secretis naturae seu de quinta essentia (1542)
La preponderancia frente al lulismo puramente doctrinal, como he dicho, se puede observar en el número de publicaciones. Es curioso, por ejemplo, que siempre se publicase el mismo título en Venecia. Así, el 30 de mayo de 1514 aparecía el Liber se secretis naturae seu de quinta essentia [63], vuelto a editar dos años después, también en Venecia [64], al igual que ocurrió en 1521 [65], en 1542 [66] (aunque en esta ocasión fue junto al De mineralibus et rebus metallicis de Alberto Magno y en latín [67]) y en 1557 [68]. Esta fue la última publicación italiana de alquimia pseudoluliana del siglo XVI. Venecia era un centro editor de textos de este tipo durante la primera mitad del citado siglo. Por ejemplo, entre la primera edición de 1514 y la segunda de 1516 apareció impreso por vez primera el texto de alquimia Chrysopoeia [69] de Giovanni Aurelio Augurello (1454-1537) [70] dedicado al papa León X (1513-1521), esperando una rica subvención que llegó en forma de beca. Por supuesto, Augurello no faltaba en la biblioteca de Felipe II [71]. La obra editada en 1557 fue la última impresa en la Italia del siglo XVI. Esta cuestión, el porqué de tan súbita caída en las publicaciones, no ha sido estudiada con detenimiento. El caso es que unas décadas más tarde este clima atenuado sería, sin duda, favorable a los intentos de beatificación que apoyara Felipe II y de los que participó, recuerdo, el alquimista frustrado Juan Seguí, ya que el dominio volvía a ser del lulismo doctrinal.
Sin embargo, que no hubiese más ediciones no implica la inexistencia de seguidores de la alquimia pseudoluliana en Italia desde mediados del siglo XV. Es bueno repasar los nombres de algunos de ellos fuera de Venecia ya que nos dan una señal de la importancia que tuvieron. Así, el alquimista Giovanni Brachesco, nacido en Orzi Nuovi (cerca de Brescia) hacia el año 1455 escribió su Lignum vitae: dialogus R. Lulii maioricani in… Una de las colecciones de textos (doctrinales y alquímicos) más importantes existentes en Italia es la de Innichen o San Cándido [72] y fue iniciada por el veneciano Nicola Poli [73], amigo de la alquimia. Ettore Ausonio y su Trattato sopra l’arte dell’alchimia. Cavato de R. Lull son el ejemplo para las primeras décadas del siglo XVI [74]. Con fecha de 14 de diciembre de 1548, el “physico” y médico Michele Terpino editó el Libro della quinta essentia [75]. Pero el seguidor más afamado fue, sin duda, Alfonso II (1533-1597), el último duque de Ferrara y con bastantes aficiones alquímicas [76], de las que debemos felicitarnos ya que originaron los fondos existentes en Módena. Imitador de los Médicis, acogió en su corte a muchos especuladores (no hay constancia de ninguna transmutación), especialmente alquimistas, siendo engañado por alguno de ellos [77]. En este sentido, sorprenden ciertos paralelismos con la figura de Felipe II. Además, ambos se conocieron cuando Felipe “sólo” era príncipe. En su viaje a Mantua, durante su tránsito por Italia, de entre las personas que esperaban allí para recibirle se encontraba el Duque de Ferrara [78].
Encontramos algunos lulistas italianos fuera de Italia. De los tres tipos descritos, fueron los “expertos” en el Ars combinatoria los que más abundaron, especialmente en Alemania y en relación con la alquimia pseudoluliana. No olvidemos que incluso Descartes y Leibniz sintieron admiración por Lull, aunque fue temprana y luego la abandonasen. La impresión de textos pseudolulianos en Alemania siempre se realizó junto a otras obras, en forma de colecciones. Para Thorndike, las dos obras más populares de la primera mitad del siglo XVI, el De secretis naturae de pseudo-Lull y el Coelum Philosophorum de Felipe Ulstad sólo tienen un interés parcial para la historia de la alquimia, ya que, según él, su contenido se acerca a la medicina química [79]. Particularmente y estimando toda la categoría de este historiador, no he de estar totalmente conforme por varios motivos. En primer lugar, la medicina química se encontraba en estado casi embrionaria. Paracelso, en 1525 tenía 32 años y su fama ya empezaba a crecer, aunque no tanto como lo sería a partir de esta fecha, especialmente desde 1530, aproximadamente (antes dedicó diez años a la «docencia»). En segundo lugar, estos dos textos citados eran impresos juntos en Alemania, con seguridad desde 1525, y con alguna duda, anteriormente. Incluso de esa misma fecha encontramos un ejemplar en El Escorial con las dos obras conjuntas [80].
El compilador Lazarus Zetner, primero de la saga, ya incluyó a fines del siglo XVI textos alquímicos atribuidos a Lull en sus ediciones, según Batllori, aunque no he podido encontrar los textos de los años que él cita [81]. Valerio de Valeriis fue un pseudoluliano de Venecia que se afincó en Alemania, publicando allí su Aureum sane opus in quo ea omnia breviter explicantur, qua scientiarum omnium parens Raymundus Llullus…[82]
Aureum sane opus in quo ea omnia breviter explicantur, qua scientiarum omnium parens Raymundus Llullus…
En el siglo XVI bajará la importancia de Barcelona como centro de gravedad. Ahora será Castilla, Valencia y Mallorca los nuevos puntos de atención. Deguí introdujo el lulismo en Castilla. Debió ser él quien interesase al Cardenal Cisneros en las ideas lulianas [83]. El efecto fue la protección de los círculos lulianos de Alcalá y Valencia por parte del cardenal. En concreto, protegió al mallorquín Nicolás de Pax de la Universidad de Alcalá (que, a su vez, estaba en contacto con el entorno de Lefèvre en París). Pax editó una Vita de Lulio en 1519, además de dirigir varias ediciones en Alcalá [84]. En su contra, Pedro Ciruelo (aristotélico y profesor en Salamanca) criticó el Arte luliano, aunque más parece un impulso personal contra Pax dado el auge de su actividad pro-lulista en Alcalá [85]. En Valencia el asturiano Alfonso de Proaza (1445-1519), discípulo de Janer, establecía relaciones con Pax y con los lulistas mallorquines, además de realizar varias ediciones entre los años 1506 y 1515 [86].
Una segunda característica general puede dividirse entre el interés coleccionista de las obras de Lulio, la defensa de su ortodoxia, unos intentos de canonización y la aproximación entre éste y Escoto. Las colecciones más importantes fueron las del Cardenal Cisneros, la de El Escorial, la del monasterio de Poblet y las de algunos particulares, como las de Vileta en Barcelona y Bellver en Mallorca [87]. Sería un error ignorar que, por una parte, las impresiones lulianas estaban presentes en muchas colecciones más pequeñas y menos conocidas y, por otra, no se encontraban en otras donde la presencia del lulismo era ya tradicional (i.e. Barcelona). Así, para el primer caso, tenemos el ejemplo del inventario que hiciera Diego Hurtado de Mendoza (ca 1503-1575), el 10 de mayo de 1540, en el castillo de la Villa de Ayora, donde se encontraban doce cajas de libros (la mayoría impresos). Entre ellos había ejemplares como el Arbor Scientia Raymundi y una Suma Raymundi [88]. Para el segundo caso, no hay ninguno de Lulio entre los treinta y tres códices de la colección del doctor Micón, de Barcelona y profesor de Teología de la Universidad de dicha ciudad [89].
Pero volvamos a la figura de Pedro Ciruelo, ya que nos será útil para establecer las conexiones pertinentes entre el pseudolulismo, el hermetismo y la cábala. Un análisis, que está por hacer, nos dará la imagen de Ciruelo como un reflejo indirecto de lo que estaba ocurriendo en Italia, especialmente en las figuras de Reuchlin [90], Giorgio, Pico y, posteriormente, Bruno. ¿Qué hizo a Pedro Ciruelo atacar a la cábala casi medio siglo después de la expulsión de los judíos? François Sécret nos dio algunas claves de las que me hago eco [91]. Evidentemente sólo puede existir una razón: había cabalistas en la península a pesar de que no hubiera judíos. Es decir: la cábala cristiana nació aquí, y no, como se piensa generalmente, en Italia, cuestión de la que se ocuparon también Sécret [92] y Vajda [93]. Así mismo, a finales de la década de los años treinta del siglo XVI, parece ser que fuera bastante conocida. Aquí, el término cábala (etimológicamente: recepción) apareció por primera vez en su uso vulgar y popularizado. Por ejemplo, en la obra de Alfonso de la Torre Visión deleytable[94], un texto, por otra parte, bastante conocido en la Italia del siglo XVI [95]. Lo que hizo Ciruelo en su crítica detallada de la cábala fue revelarnos el desarrollo en el siglo XVI de todo un movimiento de ideas en torno a ella. Además, Ciruelo resultaba ser un perfecto y profundo conocedor de la misma. En sus paradoxae questionem numero decem [96], concretamente en la décima (Quaestio decima hebraica: de cabala Iudeorum) incluso nos describe los tres tipos de práctica cabalística y cómo se usan:
“Has tres cabale partes auto ille designat hac una dictione Ginath: que ponitur Genesis 2 ubi litera hebraica de cabala habet Ginathi., ortus voluptatis: nam primam ejus literam G. designatur Gematria prima species cabale: per N. Secunda: que dicitur Notharicum; per Th. Tertia speciaes que dicitur Themura. Est autem Gemataria (sic), ut aiunt numeratio.”
Por esos años no es difícil imaginar que Ciruelo ya conociese las conexiones establecidas por Pico en Italia entre la cábala y el pseudolulismo. Repasémoslas. Como Lull, Pico aceptaba la cábala y la apreciaba como cristiano, convencido de que ella era el testigo de una antiquísima tradición mística judía. Aunque Lull no emplease términos hebreos en su ars combinandi, Pico le reconocía como cabalista [97]. El sentido práctico que infundía Pico a sus conclusiones sobre la cábala no es otra cosa que llevar ad minimum el sentido general del que se “bañaba” todo el neoplatonismo renacentista: su núcleo hermético y mágico de carácter práctico. Esta practicidad permitía completar las especulaciones de pensamiento que se desarrollaban en cualquier sentido. Si tratamos de filosofía natural, encontramos su parte menos conocida, pero igualmente la más práctica y sublime, en la alquimia. Si nos acercamos al aspecto religioso, su faceta práctica y oscura la encontramos en la cábala; igualmente podemos decir de la astrología. Pero ¿y el lulismo? ¿Dónde entra desde esta perspectiva? El lulismo es la llave que une dos elementos clave para conformar la verdadera esencia renacentista. Por un lado cuando se trataba su Ars combinatoria (es decir: su parte práctica) se estaba respaldando y apoyando cualquier rincón por donde la mente de aquéllos hombres se atrevía a especular. Por otra, toda vez que se permitía lo anterior y su ponía en marcha, se unía con las facetas teóricas (tradicionales o primigenias y auténticas para esos hombres). Unidas una teoría (toda lo antigua que se pudiera retrotraer) y una práctica (todo lo actual que pudiera ser) aparecía visible, claro y nítido el verdadero sentido de toda actividad intelectual: el deseo unificador de todo pensamiento, único, “pan-cognoscitivo” o pansófico y monadista (que veremos expresado muchas veces en el siglo XVI y XVII, a manos de John Dee [98], y los rosacruces [99]). ¿Y el hermetismo? El hermetismo era esa teoría todo lo antigua y verdadera a la que se podían remontar para encontrar el verdadero conocimiento. No creo necesario un repaso historiográfico a la cuestión, ya que es un tema bastante conocido y desarrollado. Si aceptamos todo lo anterior es cuando podemos entender que desde Agrippa a Paracelso, desde Bruno a Lulio, desde la cábala a la alquimia nada parecía ser heterodoxo. O dicho de otra forma: el exceso de heterodoxia fue tan común y general que acabó siendo la ortodoxia o, cuanto menos, dejó de ser algo llamativo. Aún más, desde este punto, ¿qué nos impide pensar que alguien como Felipe II no viera ninguna contradicción, ni moral ni “ideológica” [100], entre apoyar experimentos alquímicos y considerarse el máximo defensor de la fe católica? Dejemos aquí esta cuestión y volvamos a los hechos históricos.
La defensa de la ortodoxia y los intentos de canonización empezaron en el Concilio de Trento. El canónigo de Barcelona Juan Luis Vileta (m. 1583) obtuvo del Concilio en 1563 la exclusión del Índice de Lulio [101]. Vileta enseñó el Arte en Barcelona, publicó una edición del Ars Brevis en 1582. En 1588 los jurados de Mallorca, impulsados por Juan Arce de Herrera (m. 1590), a quien el Santo Oficio le prohibió publicar unas Apologiae lullianae doctrinae, promovieron la beatificación de Lulio. El procurador de Mallorca en Madrid, el doctor Hugo Berard, presentó un informe a Felipe II, quien tenía un vivo interés por la causa, hacia 1589. Dicho interés se hizo efectivo cuando repitió, haciéndolos suyos, los privilegios reales concedidos por sus antecesores y escribió varias veces a Roma apoyando la causa [102]. Estos intentos fueron infructuosos hasta el año 1858, cuando el papa Pío IX confirmó su beatificación.
De nuevo hubo intentos de antilulistas, como es el caso del doctor Francisco Peña, auditor de la Rota. En el 1578 hace imprimir el Directorium del ya lejano Eymerich, adosado a la bula condenatoria atribuida a Gregorio XI. El intento de ver a Lull en el Indice de Sixto V y Clemente VIII no salió adelante. Por último, no podemos olvidar que, en esta fase del lulismo, estaban el arquitecto de El Escorial Juan de Herrera, autor de un Tratado del cuerpo cúbico conforme a los principios de R. Lulio, Pedro de Guevara, preceptor de las infantas Clara y Catalina y autor de varias obras lulistas, y Juan Arias de Lozoya, quién enseñó lulismo en Valencia y asesoró a Felipe II y Felipe III en asuntos lulianos.
Estos dos últimos aspectos, la defensa de la ortodoxia y los intentos de canonización fueron el reflejo de un proceso mediante el cual se intentó esclarecer la figura de un Lulio alquimistas, especialmente entre los inquisidores. En él podemos ver que aún entre estos mismos las posiciones no eran homogéneas. La base de actuación siguió siendo “eimerichiana”, sobrepasando el ámbito peninsular [103]. El fraile dominico Bernardo de Luxemburgo compuso un tratado sobre herejía de gran influencia y difusión en 1524 [104]. En él además de recordar los errores de Llull que atacó Eimerich, le atribuyó el De daemonum invocatione, una obra que era del marrano aragonés Raimundo de Tárraga [105]. Sea como fuere, e imitando al luxemburgués, otros tratadistas europeos le incluyeron como hereje durante todo el siglo XVI, como Prateolo, Gebrenardo y Bzovio [106]. Respecto de los tratadistas peninsulares especialistas en la herejía como fenómeno, su posición fue bien distinta. Usaron el mismo instrumento que los anteriores: los memoriales. Especialmente importante fue el titulado Trasumtum memorialis in causa pii eremitae et martyris Raimundi Lulii [107], de complicada datación, aunque podemos concretarla entre 1588 y 1594. En él quedan recogidas varias opiniones de lulistas hispanos de renombre, como Albertino, Riera, etc. Arnoldo Alberti, o Albertino (1480-1544) [108] era un especialista teórico en herejías, como muchos otros que intervinieron en la composición de censos o catálogos de herejes.
En su época abundan este tipo de jueces especializados encargados de llamar la atención, mediante sus tratados, sobre los contenidos de los textos [109]. Albertino defendió a Lulio claramente en uno de ellos, desaprobando la actitud archiconocida de Eimerich [110] y la más cercana del dominico Bernardo de Luxemburgo. En concreto, tras avisar de la moda de los catálogos de herejes, en un sentido acrítico, dijo que Llull fue “calumniosamente acusado de hereje”, que fue un católico íntegro y con “santas costumbres”. La importancia de sus palabras reside en que era un teórico de la Inquisición, que puso sus conocimientos a su servicio para el desarrollo de la actividad censora [111]. En el título del memorial nos encontramos con Juan Riera, lo que nos ayuda a delimitar la cuestión. Riera fue otro lulista bastante activo. No dudó en seguir enseñando la doctrina tras la prohibición por parte de Gregorio XI de 1559 [112]; lo hizo en la Universidad de Alcalá y en 1565, aunque causando problemas de cierta envergadura [113]. La alusión que se hace al citado Antonio Bellver (m. 1585), otro difusor importante del lulismo complementa la información sobre estos tratadistas. Escribió varias obras al respecto [114] y se vio envuelto en otra polémica cuando el cardenal Savello, por orden del Papa, escribió una carta al Inquisidor General de España, Gaspar de Quiroga, “protestando” por la difusión de las doctrinas de Llull en 1581. En ella se le citó expresamente en un tiempo en que ya se rumoreaba sobre el apoyo de elementos cortesanos, con Felipe II a la cabeza, en la cuestión [115].
Bellver, Antonio, Apologia lullianae doctrinae adversus Nicholai Eymerici calumnias. Biblioteca Pública del Estado en Palma de Mallorca, Ms. 1015.
Un punto común, tanto en los ataques como en las defensas, fue la discusión sobre si Lulio fue, o no, alquimista. Eimerich abordó en varias ocasiones esta cuestión, que fue rebatida por sus defensores, para quienes estaba claro que nunca lo fue y que renegó de tal condición en sus textos. Veamos cómo se responde a la acusación de Eimerich en el memorial:
“Doctrinam Lulli sic inspectam habuit Eimericus sortasse eo quod existimavit Lullum alchimistam existisse: & quedam volumina De alchimia edidisse & inde Lullum haereticum suspicatus fuit justa ea quae scribit ipse Eimericus in Directorio, parte 2, quaest. 9. Sed Lullus alchimista absit alchimistarum pottus fuit capitalis hostis, passim in suis libris alchimistas reprehendit alchimia refutat […] Nam Mirandibilus lib. 6 de metalis, cap. ult. [116] “de alchyimica” dicit: imposibile esse, par artem convertere unum metallum aliud & lib. De quaestionibus solubilibus per artem inventivam veritatus quaest. 40 per totam dictam quaestionem probat “imposibile esse per artem alchimiae convertere unum metallum in aliud sed in aurum verum licet per aliqua accidentia quod non est vere aurum appareat aurum”.
No obstante este rechazo, nunca se negó que no pudiera haber conocido la alquimia, como ocurriera con otros insignes de la Iglesia, como Alberto Magno (1193-1280) o Tomás de Aquino (1225?-1274), incluso se aceptaba esta posibilidad a las alturas del año 1700 [117]. Las referencias a la alquimia luliana son constantes durante todo el siglo XVI. El italiano Jacinio, en su bellísima Pretiosa Margarita Novella, de 1546, dijo que Lulio compuso muchos libros en los tiempos pasados sobre el arte de la transmutación, texto conocido aquí, ya que entró el mismo año de su edición [118].
Ya hemos hablado arriba de algunas de las relaciones entre el rey y la “herencia” de Lull; no obstante, se profundizará a continuación un poco más sobre esto. El origen del interés de Felipe II hacia la doctrina luliana (moral y alquímica) es incierto, dada la falta de datos concretos sobre ello, aunque es imposible negar que era bastante elevado y estuvo, casi con seguridad, entre sus educadores o los de las infantas. De cierto tenemos varias cosas. Cuando el 2 de mayo de 1576, ante el Notario Real Lucas Gracián Dantisco se hace entrega al Monasterio de El Escorial de los 4.546 volúmenes (impresos y manuscritos) que eran propiedad del monarca para los fondos de la Biblioteca [119], se sabe que, entre ellos iban, al menos, cinco textos de alquimia, de los veintidós de mismo contenido [120], atribuidos a Lull. Podemos enumerarlos: Raimundi Lulii maioricani philosophi excelentissimi super Alchimiam autem feliciter quitarum essentiarum liber tertius qui dicitur tertia distinctio, quae est decora corporum [121], Raymundi Lulii maioricani philosophiae codicilus, sive testamentum quod eiusdem theorica dicitur [122], Raymundi Lulii de virtutibus aquae vitae, et de modo faciendi et de aliis aquis diversis et variis experimentis in medicinis [123], Raymundi Lulii de figura elementali liber [124] y Liber lapidarii, qui alias dicitur practica lapidum pretiosorum, et de compositione lapidis mineralis per principia Raymundi Lulii [125].
No acaba, ni mucho menos el interés regio hacia Lull ya que, un año después seguía encargando a Arias Montano la búsqueda y compra de más textos de este autor para la Librería de San Lorenzo, razón por la que su “asesor” manda avisar de ello a los “visorreyes” de Aragón y Valencia [126]. Junto a sus apoyos a la causa luliana y conocedor del clima intelectual académico, tanto a favor como en contra, quedan casi agotadas las relaciones entre el monarca y el lulismo, a falta de investigaciones más profundas en un futuro. Hay que hacer alguna puntualización sobre afirmaciones vertidas acerca del citado interés de Felipe II por la figura de Ramón Lull. Según René Taylor [127], fue su arquitecto Juan de Herrera quien atrajo la atención del rey al respecto durante un viaje a Portugal, a donde le acompañó. Sin embargo, el rey siempre estuvo rodeado de lulistas desde su infancia, como hemos visto y, cuando sus libros fueron a El Escorial, como también hemos visto, ya se incluyeron algunos de alquimia pseudoluliana, por lo que las palabras de Taylor difícilmente se sostienen.
A la vez, en el año 1596, ya estaba plenamente asentado aquí que el De secretis naturae era un texto de Alquimia luliano. Un lulista anónimo lo transcribió a mano, junto a otros textos del mismo tipo, como el Rosarius minor, de Arnau, el De alchimia de Roger Bacon o los comentarios de la Tabla de Esmeralda que hiciera Hortulanus [128].
[1] Se dice de Raimond Llull (1235-1315), primogénito del Senescal de Mallorca, que fue cabalista, alquimista, astrólogo, teólogo, matemático, novelista, filósofo, músico, médico y poeta. Escribió unos 242 libros mayores, 7 obras de Medicina, 3 tomos de una recopilación de varios miles de proverbios, 63 volúmenes de Teología y 20 de Lógica y Metafísica. Tuvo una vida muy turbulenta. A los 30 años vuelve a Palma y, en el 1266 eligió ser un asceta. Conoció a Arnau en el 1287, estuvo en Montpellier (1277) y Roma (1286). Durante su gira europea va fundando escuelas. Desde 1299 a 1309 predica a los judíos de Palma, y a los musulmanes en Túnez. Su Ars Magna es una clave para el conocimiento de todas las ciencias. Tras su muerte generó una corriente de pensamiento, el lulismo, que llega a nuestros días y tuvo mucho auge en toda la Edad Moderna. Se le atribuye la preparación el bicarbonato de potasio.
Para una visión actual y de calidad del lulismo, es imprescindible: Amy M. Austin (ed. lit.), Mark D. Johnston (ed. lit.), A Companion to Ramon Llull and Llullism, Leiden, Brill, 2018.
[2] Listado completo en Littré, E. & Hauréau, B., Raymond Lulle, Histoire Littéraire de la France, 29 (1885), 1-386. Especialmente 271-291, nº CIII-CXXVIII y 371-386, nº CCLXI-CCCXIII.
[3] Giovanni Battista Nazari, de Brescia, dio un listado de 70 obras atribuidas a Lull en 1572 que sirvieron más tarde a Lenglet du Fresnoy. Nazari, G. B., Della tranzmutatione metallica, Brescia, Hermanos Mertelli, 1572, 143-145. Este es un texto presentado en forma de sueño. Para Du Fresnoy, Nazari fue mucho mejor compilador que alquimista.
[4] Thorndike, L., History of Magic and Experimental Science (HMES), 1934, IV, 3-64. Comentario crítico de todo el corpus en 619-662.
[5] Lenglet du Fresnoy, N. (comp), Histoire de la Philosophie Hermétique, París, Coustelier, 1742, III, 210-224.
[6] Luanco, J. R. de, Ramón Lull considerado como alquimista, Barcelona, 1870.
[7] Carreras y Artau, Tomás, Historia de la filosofía española, Madrid, 1943, II, 45-58: Filosofía cristiana de los siglos XIII al XV.
[8] Llinares, A. L’idée de la nature et la condamnation de l’alchimie d‘aprés le <Livre des Merveilles> de Raymond Lulle, La filosofia della natura nel medioevo. Atti del terzo congresso internazionale di filosofia medioevale, Milán, 1966, 536-541; Propos de Lulle sur l’alchimie, Bulletin Hispanique, 68 (1966), 86-94; RaymondLulle, París, Seghers, 1963.
[9] Manget, J. J., BibliothecaChemicaCuriosa, París, Chouet, 1702, I, 708-778.
[10] Singer, D. W., The alchemical testament attributed to Raymond Lull, Archeion, 9 (1928), 43-52.
[13] Pseudo-Lulio, Codicilus, seuVadeMecum, Rothomagi, Joannis Berthelin, 1651; LeCodicile, traduitparLeonceBouyssou, París, La Haute Science, 1953; París, Le Cercle du Livre, 1953.
[14] Pseudo-Lulio, DesecretisnaturaesuiviQuintaEssentialibriduo, Venecia, Petrum Schoeffer, 1542; Londres, Biblioteca del Trinity College, ms. 1.199; TratadodelaQuintaesencia o Secreto de la Naturaleza, Colonia, J. O. Birckmans, 1567; Milán, Casa Editrice Atanor di Todi, 1924.
[16] Pernam, P., Artisauriferae… accessitnovitervolumentertium, Basilea, Conrad Waldrick, 1610, III, 98 y Zetner, L. (ed), TheatrumChimicum, Argentorati, 1613, IV, 45.
[17] Rogent, E., Bibliografiadelesimpressionslullianes, Barcelona, 1937.
[18] Pereira, M., The alchemical corpus attributed to RaimonLull, The Warburg Institute Surveys and Texts, 18 (1989), 61-96. No obstante, hay que decir que, con el paso de los años, su trabajo van quedando algo obsoleto gracias al avance de la investigación. Que yo sepa, hay hasta tres manuscritos pseudo-lulianos que no catalogó. Dos de ellos serán editados en esta web. Además, lanzó a un primer plano la llamada alquimia medicinal, también muy aceptada y poco cuestionada. En mi opinión, esa teoría está forzada y algo tergiversada, teniéndola en «cuarentena». El objetivo principal de la alquimia es la transmutación y los demás, como el oro potable, con secundarios. En el caso que nos ocupa, parece que fuera al revés, cuando en realidad, renunciar al objetivo primario de los alquimistas, a la alquimia transmutativa, es similar a alguien que no busca eso, sino un producto secundario. No puede ser llamado alquimista aquél que tiene por objetivo no llegar al fin último de la alquimia. En cuanto a la alquimia pseudo-luliana, el objetivo final es transmutar los metales en oro y no, como defiende Pereira, la alquimia del elixir.
[19] Yates, F., The Art of Ramon Llull: An Approach to it through Lull’s Theory of the Elements, Journal of the Warburg and Courtland Institutes, 17 (1954), 115-173.
[20] Ryeul, J., La legénde de Raimon Lull, le “docteur illuminé, París, Omnium Littéraire, 1965.
[21] Al leerlos notamos el alto grado de popularidad que alcanzó. Se quejaba de tener que luchar contra “mercatores, sutores, sartores, cerdones, sullones, fossores, fabri, lignari, argentari, ferrarii, lanarii et pigmentari”; es decir: mercaderes, zapateros, zurcidores, obreros, labradores, artesanos, leñadores… París, Bibliothèque Nationale (=B.N.P.). ms. lat. 1464, fol. 38v.
[22] Hay una serie de obras (casi todas anónimas o atribuidas a Lulio mismo) fechadas en Valencia entre 1327 y 1338. Sobre esta cuestión: Tarré, J., Un quadrienni de producció lullística a València (1335-1338), Studia Monographica et Recensiones, VI (1951), 22-30.
[23] Concretamente la Orden Tercera de San Francisco.
[25] Roura Roca, J., Posición doctrinal de Fr. Nicolás Eimerich OP en la polémica luliana, Gerona, Publicaciones del Instituto de Estudios Gerundenses, 1959.
[29] Himerich transplantó las doctrinas lulianas a Colonia sin que pueda ser considerado como un lulista stricto sensu. Pudo ser quien introdujo a Nicolás de Cusa (1401-1464) en estas cuestiones durante su enseñanza en Colonia, que se prolongó hasta 1426. El interés del cusano por Lulio es evidente, ya que ningún otro autor está más presente en su biblioteca, usó manuscritos procedentes de la cartuja de Vauvert y adaptó, aunque muy libremente, las ideas lulianas, especialmente las místicas. Carreras y Artau, J., Orígenes de la filosofía de Raimundo Sibiuda (Sabunde), Barcelona, 1928.
[30] Sus obras, Liber creaturarum y Theologia naturalis así lo demuestran.
[31] Historiográficamente, se ha considerado que la cábala cristiana surgió en Italia y fue llevada a su máximo esplendor y desarrollo de la mano de Pico della Mirandola y Bruno, como por ejemplo Frances A.Yates, Giordano Bruno y la tradición hermética, Barcelona, Ariel, 1983 (ed. or.: 1964); pero los estudios de François Secret demuestran que la unión entre el cristianismo y la cábala hebraica, es decir, la cábala cristiana, ya estaba presente en la península antes de la expulsión de los judíos y su llegada a Italia (Sécret, F., Les débuts du kabbalisme chrétien en Espagne et son histoire de la Renaissance, Sefarad, 17 (1957), 36-48). Sea como fuere, hay que corroborar las palabras de Charles Singer: “Llull recibió una fuerte influencia neoplatónica y logró introducir al pensamiento neoplatónico elementos cabalísticos […], los cabalistas cristianos posteriores han sido considerados descendientes espirituales de Ramón Llull”, en Bevan, E. & Singer, Ch. (eds), The Legacy of Israel, Oxford, 1927, 274.
[32] Pedro IV de Aragón dio el primero en 1369 al mercader valenciano Berenguer de Fluviá y el primer privilegio para Barcelona se concedió en 1393. Sobre el lulismo en Barcelona, var la larga lista de artículos que publicase José María Madurell y Marimón entre 1945 y 1965.
[33] Esta escuela fue creada “oficiosamente” por Joan Poblet, quien enseñó entre 1449 y 1460 en Randa y Palma. Oficialmente la escuela data de 1481 y se incorporaría a la Universidad de Mallorca en 1483 (cuando la crea Fernando el Católico). Su primer titular fue Pere Daguí (o Deguí) quien impartió clases hasta el año 1487. Su discípulo más importante fue el cisterciense de Santes Creus Jaume Janer, que enseñó el Arte en Valencia (Ver Madurell y Marimón), estaba influenciado por el escotismo y puso de relieve en sus obras los aspectos metafísicos y cosmológicos de Llull. Sobre esta cuestión: Hillgarth, J., Some notes on Lullian Hermits in Majorca saec. XIII-XVII, Studia Monastica, 6 (1964), 299-328.
[34] Batllori, M., El Lulismo en Italia, Revista de filosofía, 2 (1943), 255-313.
[35] Batllori, M., Al margen de un incunable luliano, Razón y fe, 108 (1925), 444, n. 3.
[37] Sobre Ruspescissa: Bignami-Odier, J., Études sur Jean de Roquetallaide, París, 1952; Halleux, R., Essay sur les ouvrages alchimiques de Jean de Rupescissa, Histoire Littéraire de la France, 41 (1980), 65-80 y Multhauf, R., John of Rupescissa and the Origins of the Medical Chemistry, Isis, 45 (1954), 359-367.
[38] Avinyó, S., Història del lulisme, Barcelona, 1925, 249.
[39] Pons, A., Fra Mario de Passa, lullista i bibliòfil en Homenatge a A. Rubio i Lluch, 1936, 3, 317-337.
[40] McPheeters, D., The Italian Poet and Lullist Bartolomeo Gentile in XVIth Century Valencia, Symposium, 7 (1953), 375-379.
[41] Luego volvería en 1489 pero por otros motivos.
[42] Ruysschaert, J., Nouvelles recherches au sujet de la bibliothèque de Pier Leoni, médecin de Laurent le Magnifique, Académie Royale de Belgique. Buletin de la Classe des Lettres et des Sciences Morales et Politiques, 46 (1960), 37-65.
[43] Estuvo en la Universidad de París en 1485, aún dominada por el escolasticismo. Kristeller, P., Ocho filósofos del Renacimiento italiano, Madrid, F.C.E., 1996, 77-98.
[44] Hay muchos puntos de contacto entre el cabalismo y el lulismo. Justo cuando la Cábala alcanzó su máximo desarrollo (el Zohar fue escrito en la península hacia 1275), Llull tuvo en el monte Randa la visión que le reveló las dos figuras primarias de su Arte (y esto fue en el año 1274). Además, estas dos características del Arte Luliano (su base en los diez nombres o Dignidades) y la técnica de combinar letras, también son características de la Cábala (los nueve Sefirot y las 22 letras del alfabeto hebreo). Pero también hay diferencias esenciales: los Nombres en la Cábala están en hebreo y las letras que se combinan son hebreas; mientras que en el Arte de Llull los nombres están en latín y se combinan letras corrientes del alfabeto latino. Pero es imposible negar que el lulismo fue la forma medieval de la cábala cristiana.
[45] Renaudet, A., Préréforme et humanisme à Paris pendant les premières guerres d’Italie (1494-1517), París, 1953.
[46] Así lo hizo en Liber contemplationis (1504), Liber de amico et amato (1505) y Arbor philosophiae amoris (1516).
[47] Lavinheta era español, enseñó en Salamanca, llevó a París el lulismo catalán. De sus ediciones destaca Practica compendiosa Raymundi Lullii de 1523, donde el “ars combinatoria” es visto como un instrumento capaz de examinar todos los principios de las ciencias particulares. Además, Lavinheta incluyó aquí dos obras médico-alquímicas.
[48] Llinares, A. n. 8 (1966-b). Se hace necesario refrendar estas afirmaciones.
[49] Tenemos escasos datos biográficos de Seguí. Se sabe que este mallorquín perteneció a la catedral de Mallorca y fue procurador por este reino en la corte pontificia para la causa de Lull. También acompañó a Felipe II a Portugal. Residió hacia 1586 en Roma y tuvo correspondencia con el cardenal Paleotus (Paleotti) (Bolonia, 1522-Roma, 1597), quien escribió varias obras, entre las cuáles, la interesante Deimaginibussacrisetprofanis, Roma, 1594 y Debonosenectute, Roma, 1595. Sobre Paleoti: Prodi, P., Il cardinale Gabrieli Paleoti (1522-1597), Roma, Insituto Gráfico Tiberino, 1959 y Bruni, A., Vita Gabrieli Paleoti S.R.E. Cardinali… en Martène-Durand, A., Veterum Scriptorum… amplissima collectio, París, 1729, VI, col. 1387-1438.
[50] Seguí, J., Vidas y hechos del admirable doctor y martir R. Lull Mallorca, Gabriel Guasp, 1606. Biblioteca Nacional de Madrid, 2/6459.
[52] No he encontrado la citada Bibliotheca, que debe contener datos importantes para el tema que nos ocupa, a tenor de lo que sigue diciéndonos Seguí. La búsqueda aún no ha acabado. Agradezco a Juan Roselló Lliteras, director del Archivo Diocesiano de Palma de Mallorca su ayuda en este sentido. Faltan los resultados del Archivo Capitular y del fondo luliano de la Fundación Bartolomé March Servera, de reciente creación. De ello se encargan Magda, viuda de Lorenzo Pérez Martínez, Leonor y Fausto Roldán. Gracias a todos ellos. Respecto del Archivo Capitular se puede consultar los “cedulones del canónigo D. Juan Seguí”, en C.P.S., nº 15983.
[54] En el año 1312 (tres años antes de la muerte de Lull) Eduardo II de Inglaterra fue testigo de una transmutación ante alguien que se hizo pasar por Ramón Lull. Su sucesor, Enrique III hizo acuñar con el oro resultante los famosos “nobles de la Rosa” (llevan una rosa en el anverso).En realidad, el nacimiento de la alquimia pseudoluliana se nos complica ante estas noticias ya que, o bien nació estando en vida Lull o no hay tal alquimia pseudoluliana y sí una alquimia propiamente luliana y él mismo era alquimista. De cualquier forma el caso es único en la historia de la alquimia.
[55] Ottaviano, C., L’Ars compendiosa de R. Lulle avec un étude sur la bibliographie et le fond ambrosien de Lulle, Milán, 1930.
[57] Fechada en Gerona, 24 de mayo de 1460 y publicada por G. Llabrés en el Bolletí de la Societat Arqueológica Lul·liana, 5 (1894), 357-362.
[58] Farinelli, A., Viajes por España y Portugal, Roma, 1942, t. 1, 133-134.
[59] Muchos autores no dudan en suponer que fue Tritemio el maestro de Paracelso en cuestiones alquímicas.
[60] Tritemius, Apologia in Nepicho” en Erckhardt, J. G. von, Corpus historiam medii aevi, Leipzig, 1723, 2, XIII, col. 1830; Tritemius, Epistolarum familiarium libri II, Hageneaum 1536. Carta de Lubanius a Tritemio desde St. Quentin de 6 de junio de 1505 en 97-102. Carta de respuesta desde Spire (Spira) de 20 de agosto de 1505 en 211. Carta de Libanius a Tritemio desde España (sic) de 24 de junio de 1507 en 340. Sobre la relación entre ambos ver Sécret, F., Qui était Libanius Gallus, le maître de Jean Trithème?, Estudios lulianos, 6 (1962), 127-136. Pese al esfuerzo de Secret, la figura de Libanius sigue siendo poco conocida.
[61] Guasp, B., La vida ermitaña a Mallorca desdel segle XIII a l’actualitat, Palma, Sacrato Cors, 1946, 51-52.
[62] Archivo Histórico de Mallorca, Cédulas reales, Z.54.
[67] No hay duda de la familiaridad de Alberto en temas alquímicos en el De mineralibus, según Wyckoff, D., Albertus Magnus. Book of Minerals, Oxford, 1967. Sin embargo, no es tan clara dicha familiaridad en De coelo et mundo y sus Metereológicas, a pesar de que tanto Thorndike, L., II, 569-573 y Partington, J., Albertus Magnus on Alchemy, Ambix, I (1937), 9-13) no lo dudan.
[70] Según Lenglet Dufresnoy, pasó mucho tiempo en Venecia donde enseñó “belles-lettres”; murió a los ochenta y tres años en Treviso extremadamente pobre. Lenglet Du Fresnoy, N.(comp)., I, 471.
[72] Esta colección, junto a la de Venecia, se inició en vida de Lulio o durante los cien primeros años siguientes a su muerte. Las otras dos, la de Milán y la formada por los fondos que existen en varias bibliotecas y archivos de Roma son tardíos.
[73] Rubió, J., Los códices lulianos de la biblioteca de Innichen (Tirol). Revista de Filología española, 4 (1917), 303-340.
[78]Relación de fiestas que se ofrecieron al príncipe Don Felipe en varias ciudades de Italia. Biblioteca del monasterio de El Escorial, ms.II-V-4.
[79] Thorndike, L. Alchemy during de first half of the XVIth century, Ambix, 2 (1938), 26-37.
[80] Ulstad, Ph., Coelum philosophorum seu de secretis naturae, Friburgo, 1525, BME, 12-I-18.
[81] En su artículo sobre el lulismo en Italia, Revista de filosofía, 2 (1943), 255-313, cita ediciones de 1598, 1609, 1617 y 1651. Sin embargo, para Robert Halleux, la primera edición del Theatrum Chemicum es la aparecida en Ursel en 1606, en cuatro volúmenes, republicada en 1613 en Estraburgo. Sus herederos añadirán un quinto volumen en la edición de 1622. Cita Halleux dos ediciones más en 1659 y 1660. Halleaux, R., Lestextesalchimiques, París, 1979, 93.
[82] Francofurti, 1530. Citado en Batllori, M., 298, nota 32.
[83] Pérez M., L., El maestro Pere Daguí y el lulismo mallorquín de fines del siglo XV, en Batllori, M., Ramón Llull, Obres essencials, Barcelona, 1960, I, 291-306.
[84] D’Alós y De Dou, R., Los catálogos lulianos, Barcelona, 1918.
[87] D’Alós imprime en su obra los catálogos de Cisneros, Vileta y Poblet.
[88] March, J., Niñez y juventud de Felipe II, Madrid, Ministerio de Asuntos Exteriores, 1942, vol. II, 488.
[89] No confundir, como hicieran Nicolás Antonio y Torres Amat, con otro José Micón, astrólogo catalán que publicó en 1578 un Diario y juicio del cometa que apareció a los 8 de diciembre de 1577. Debemos estas aclaraciones y algunas más a Gregorio de Andrés, Los códices griegos del doctor Micón, Emérita, XXXVI (1968), 271-277.
[90] Reuchlin, Ioannes Phorcensi. De arte cabalistica libri tres, Hageneau, Thomam Anselmum Mense Martio, 1517.
[91] Sécret, F., Pedro Ciruelo: critique de la Kabbale,Sefarad, (19) 1959, 48-77.
[97] La concepción de la cábala de Pico está contenida en sus setenta y dos Conclusiones cabalísticas que, según él, confirman las relaciones de la religión cristiana con las bases de la sabiduría hebrea. Ver su Opera Omnia, Basilea, 1572.
[98] Dee, J., MonasHieroglyphica, Antwerpeae, William Silvius, 1566. Sobre John Dee: Waldstein, A., John Dee le sorcier de la regne, París, Rets, 1976 y Szulakowska, U., John Dee and European Alchemy, Durham, University of Durham School of Education, 1996.
[99] Es desde este punto donde queda plenamente justificado que los rosacruces situaran la vida de su fundador mítico, Christian Rosenkreutz, casi en los mismos años que Lull. Sería interesante un estudio comparativo de ambas vidas, ya que un análisis ligero nos revelará, sin duda, alguna sorpresa, especialmente, en cuanto a las coincidencias se refiere.
[100] Hay que ser sumamente cuidadoso cuando aplicamos “ideología” a Felipe II.
[101] Figuraba en la edición publicada en 1559 por Pablo IV.
[103] Sobre todas estas cuestiones: Pinto Crespo, V., La censura inquisitorial, inquietud e incertidumbre: el caso Ramón Llull (1559-1610), Miscelánea de la U.A.M., Madrid, 1982, 293-314.
[104] B. de Luxembourg, Catalogus haereticorum invocatione, París, J. Parvum, 1524.
[105] Tárraga ya fue distinguido perfectamente de Llull en la Santa Sede desde muchos años atrás: Pérez M., L., Intervención de Benedicto XIV en la causa luliana, Roma, 1966, 5.
[107] Sin lugar, autor, ni fecha de edición, R.A.H, ms. 14-10248. Hay ediciones impresas posteriores como la de Mallorca, Gabriel Guasp, 1627 y la de Roma de 1653, ambas adscritas a Juan Riera.
[108] Nacido en Mallorca, estudió en Lérida y Padua derecho civil y canónico, preparación suficiente para poder ser más tarde inquisidor de Mallorca, Valencia y Sicilia. En 1534 ya era obispo de Pati.
[109] Sobre esta cuestión: Pinto Crespo, V., Institucionalización inquisitorial y censura de libros, Madrid, 1980, 513-536.
[110] Albertino, A., Repetitio nova… De haereticis, Valentiae, 1534, fol. 100.
[111] No fue el único. Alfonso de Castro, escritor de los más conocidos catálogos contra los herejes del siglos XVI, no mencionó nunca a Lulio en su Adversus omnes haereses, Colonia, 1539. También el inquisidor de Sicilia, el castellano Luis de Páramo desaprobó la actitud de Eimerich hacia Lulio en su De origine et progressu officii Sanctae Inquisitionis, Madrid, ex Typographia Regia, 1598, 110-111.
[112] No obstante la prohibición romana, la oposición en Barcelona fue tal que el obispo de dicha ciudad, que ya tenía preparado el Indice para su publicación, se retractó de ello esperando información del Consejo (J. Avinyó, op. cit., p. 422). Los inquisidores de Barcelona fueron los encargados de “gestionar” el problema mediante una carta al Consejo el 16 de julio de 1559 (A.H.N., Inq., lib. 736, fol. 936). No tenemos la respuesta, pero en el catálogo de Valdés, de agosto del mismo año, ya no está Llull (Catalogus librorum qui prohibentur…, Pinciae, Sebastián Martínez, 1559).
[113] En una carta del Consejo al comisario de Alcalá se lee: “Francisco Riera, doctor en Teología y catedrático de Mallorca de la ciencia y arte de Ramón Lulio dio a S. M. la petición que será con esta. Verla éis, e informaréis al Consejo de lo en ella contenido y del parecer que tienen las personas que en esta Universidad vieron leer la dicha ciencia al dicho Francisco Riera, el año pasado de 65, para que visto todo se provea lo que convenga”. Madrid, 19 de diciembre de 1567. A.H.N., Inq., lib. 576, fol. 143.
[114]D. R. Lulli logicae compendium, Madrid, 1584 y unos Commentaria in logicam B. R. Lulii; Apologia lullianae doctrinae, que no llegó a imprimirse (Pérez Martínez, op. cit. pp. 197-198.)
[115] Carta fechada en Roma el 18 de septiembre de 1581. A.H.N., Inq., lib. 597, fol. 127.
[116] Se refiere a Pico della Mirandola y a su libro Apologia Disputatione, parte: “De magia naturalis & cabala”. Este texto se publicó en Roma, en 1487 y tuvo mucho eco en el Renacimiento. En la edición de 1572, pág. 100 dice que “magia naturalis licita est, & non prohibita”, y en la 104: “magia est pars practica scientiae naturalis”.
Custurer, J., Disertaciones Históricas del culto inmemorial del beato R. Lulio, doctor iluminado y mártir y de la inmunidad que goza su doctrina, Mallorca, en la emprenta de Miguel Capò, 1700.
[118] Janus Lacinius, Pretiossa margarita novella de thesauro ac preciosissimo lapide; Collectanea ex Arnaldo, Raymondo , Rhasi, etc, per J. L. nunc primum in lucem edita, Venecia, Aldo, 1546, B.N., R-33760. En p.160 leemos: “Epitome Raymundi Lulli: Praeteris temporibus plures libros secretos in arte transmutationem composuissem & librum omnium secretissimum de lapidibus pretiotis secundum virtutes suas composites.”
[119] Zarco Cuevas, J., Documentos para la historia del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Madrid, Imp. Helénica, 1916.
[121] Recordemos que este texto se publicaba con frecuencia en Europa en diferentes versiones. Es decir, con tres partes, como la citada, con dos (De secretis naturae suivi Quinta Essentia libri duo, Venecia, Petrum Schoeffer, 1542; Londres, Biblioteca del Trinity College, ms. 1.199) o en una (Tratado de la Quintaesencia o Secreto de la Naturaleza, Colonia, J. O. Birckmans, 1567; Milán, Casa Editrice Atanor di Todi, 1924).
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