Joel. Langelotts, Send-Schreiben von der Chymie; samt der Philosophischen Mühle in Kupffer gestochen. Deutsches Theatrum Chemicum. Volumen 2, 381-406.

Nota: Sobre Joël Langelott, me remito a la entrada de esta página: La batalla ácido-álcali.
Epístola
de
Joel Langelott, Doctor
En su día Médico de Cabecera del entonces gobernante
y Serenísimo Duque de Holstein;
dirigida a los
Muy Célebres
INVESTIGADORES DE LA NATURALEZA [Naturae Curiosos]:
Sobre
diversas materias omitidas en la química, mediante cuya guía
se abren, demuestran y prueban con benevolencia importantes secretos
que hasta ahora habían sido tenidos por irrelevantes.
Junto con los grabados en cobre necesarios para ello,
promovido a la imprenta
por
Friedrich Roth-Scholz,
Silesio de Herrenstadt.
Nüremberg,
en la imprenta de Adam Jonathan Felsecker.
Año de Cristo 1729.
382 [Tomo de] Friedrich Roth-Scholz
¡Estimado lector!
Esta epístola vio la luz en el año 1672 en Hamburgo bajo el siguiente título: Epístola de Joel Langelott, Doctor y Médico de Cabecera del Serenísimo Duque Regente de Holstein, dirigida a los Excelentísimos Investigadores de la Naturaleza [Naturae Curiosos]. Sobre ciertas cuestiones omitidas en la química, con cuya ocasión se revelan y demuestran francamente sustancias segregadas de no pequeña importancia y que hasta ahora habían sido tenidas por inexistentes. En octavo, Hamburgo, en la imprenta de Gottfried Schultze, año 1672. A raíz de esto, alguien escribió una epístola dirigida a Langelott (la cual, no obstante, no tengo en mis manos en este momento) bajo el siguiente título: Epístola de David von der Becke, de Minden, dirigida al excelentísimo varón Joel Langelott, en la cual se demuestra con la mayor evidencia, a partir de principios y causas, con la naturaleza por guía y el trabajo por compañero, la volatilización de la sal de tártaro y de otras sales fijas, tan largamente anhelada por todos los filósofos químicos y médicos investigadores. En octavo, Hamburgo, 1672. (a)
La epístola citada del Doctor Langelott fue traducida al alemán en ese mismo año, a saber, en 1672, en la ciudad de Núremberg, y bajo…[1]
Prólogo. 383
…[un]-ter [bajo] el siguiente título: Epístola de Joel Langelott, Doctor y Médico de Cabecera del entonces gobernante y Serenísimo Duque de Holstein, dirigida a los Muy Célebres Investigadores de la Naturaleza [Naturae Curiosos]: Sobre diversas materias omitidas en la química, mediante cuya guía se abren, demuestran y prueban con benevolencia importantes secretos que hasta ahora habían sido tenidos por irrelevantes. En octavo, Núremberg, impreso por Wolf Eberhard Felsecker, 1672. Esta traducción la hemos cotejado ahora nuevamente, palabra por palabra, con la edición latina original, y la incorporamos aquí a nuestro Deutsches Theatrum Chemicum debido a su extraordinaria excelencia; en particular, por el grabado y diseño de la molino filosófico, el cual puede dar motivo, muy especialmente, a una mayor y más profunda reflexión. Núremberg, a 3 de octubre de 1729.[2]
384 [Tratado del] D. Joel Langelott
Muy Célebres Señores:
Muy Estimados Benefactores
y Patronos:
Habiendo llegado recientemente a mis manos —aunque, por desgracia, demasiado tarde— vuestra carta de invitación, encendida con tan enorme celo por promover el bien común, me he sentido de inmediato tan conmovido e incluso inflamado por ella que no he considerado nada más urgente que dar testimonio público de cuánto me complace vuestro propósito. Asimismo, deseo contribuir con mi mayor diligencia posible al lado de la vuestra, en la medida en que mis exiguas fuerzas así lo permitan. Y ha resultado muy oportuno que, entre mis invenciones químicas, hayan surgido ciertas materias que no he dudado en presentar ante vuestros reflexivos ojos; puesto que no me parecen en absoluto ordinarias ni de aquellas que los químicos vulgares pisotean con sus zapatos, sino que habrán de animar a las mentes diligentes a experimentar cosas aún mayores que estas y a perfeccionar aquellos secretos del arte que hasta ahora han llegado al conocimiento de muy pocos.
Ciertamente, siempre me ha parecido extraño cómo ha podido suceder que la mayor parte de los… [antiguos][3]
Epístola. 385
…[las] principales operaciones químicas, que comúnmente llamamos procesos, ni siquiera han sido tomadas en consideración hasta ahora; al contrario, casi todo el mundo sentía aversión hacia ellas y, por considerarlas falsas e inútiles, permanecían arrumbadas bajo el banco, e incluso se las contaba entre aquellas cosas que no existen en absoluto en la naturaleza de las cosas [in rerum natura]. Hasta que, finalmente, logré comprender el motivo de este proceder y la verdadera causa: y es que los medios que resultan del todo necesarios para tal materia no habían sido aportados ni aplicados por los estudiosos del arte ni en la forma ni en el momento en que se debía.
Sin embargo, a través de una experiencia segura, he hallado también que tres de estas operaciones destacan principalmente sobre las demás y aportan una utilidad del todo sorprendente; a saber: la digestión [Digestion], la fermentación [Fermentation] y la trituración [Tritus] —términos estos, por cierto, bien conocidos por los escolares, [Nota al margen: Así lo utiliza PLINIO.] pero cuyo uso práctico ha sido hasta ahora poco familiar incluso para los químicos experimentados—. Mi propósito consiste en demostrarlo mediante algunas pruebas espléndidas, para infundir ánimo a quienes se dedican a la química, a fin de que no desistan tan pronto; al contrario, se debe perseverar con más fuerza y no permitir que la esperanza en este o aquel proceso deciga de inmediato, aun cuando de momento todo parezca dudoso. También a los especulativos querría aconsejarles…[4]
386 [Tratado del] D. Joel Langelott
…[aconsejarles] que no se precipiten demasiado en revolver con su vara de la especulación aquellas materias que no les son familiares o de las que poseen un conocimiento deficiente.
[Nota al margen:] Utilidad de la digestión: 1. En la preparación de la sal de tártaro volátil.
Deseo, por tanto y ante todo, demostrar y evidenciar la magnífica utilidad de la digestión en la preparación de la Sal Tartari volatilis [sal de tártaro volátil]. Cuán altamente estimada ha sido esta sustancia hasta el presente y con cuánta enorme diligencia ha sido buscada por los estudiosos de la materia, no es momento ahora de relatarlo con más extensión. Las dificultades [Difficultäten] que salieron a mi encuentro en este asunto las resumiré en pocas palabras. Tras haber probado en verdad muchos procesos en vano para lograr esta volatilización [Volatilisirung], llegué a la opinión de que jamás alcanzaría mi propósito de mejor ni más rápida manera que uniendo la Sal fixum Tartari [sal fija de tártaro] con su homóloga volátil. Sin embargo, ni siquiera por este método tuve éxito al principio: pues solo una mínima parte de la salis volatilis ascendió, mientras que la mayor porción permaneció estancada en el fondo del recipiente. Pero tan pronto como me serví del tiempo necesario según lo requería la materia, y tomé como auxilio una larga digestión, la obra progresó tan bien que logré a la primera tentativa aquello que apenas me atrevía a esperar mediante numerosas cohobaciones [Cohobirungen]: a saber, una Sal Tartari volatile [sal de tártaro volátil], blanca como la nieve…[5]
Epístola. 387
…de color blanco como la nieve, dejando únicamente un exiguo residuo de heces [fecibus] o posos minerales arcillosos, del todo insípidos.
[Nota al margen:] 2. La otra utilidad consiste en preparar las esencias de los azufres minerales. Disolución de los corales jamás oída hasta el presente.
Un éxito igualmente bueno mediante la digestión [Digestion] lo he experimentado en muchas otras materias, pero muy especialmente al práparar de forma correcta las esencias de los azufres minerales [Sulphurum mineralium]. No obstante, mencionaré aquí ahora una única prueba realizada con los corales, ya que me parece que es la que expone ante los ojos, con la mayor claridad de todas, la enorme fuerza y el efecto de la digestión. Hace algunos años, vertí sobre unos fragmentos enteros de coral rojo un aceite que, entre todas las plantas destiladas que conozco, es el más idóneo y suave, con el fin de comprobar si podía extraer con él una tintura. Pero fue en vano; pues me percaté de que, transcurrido un tiempo considerable, ni el aceite ni los corales querían experimentar el más mínimo cambio. Por lo tanto, perdiendo toda esperanza de lograr un buen resultado [Effect], dejé de prestar atención a aquella cucúrbita [Kolben]. Sin embargo, el invierno pasado, mientras estaba ocupado con otras labores en el horno de digestión [Digerir-Ofen], me vino el impulso de retomar aquella labor con los corales que tanto tiempo había dejado de lado, y de hacerle un sitio a dicha cucúrbita en el horno; ¡y miren!, entonces la cosa progresó mucho mejor. Pues apenas transcurrido un mes…[6]
388 [Tratado del] D. Joel Langelott
…[me]-ses [apenas transcurrido un mes], cuando sacudí la cucúrbita [Kolben], tal como se acostumbra a hacer, me percaté de que los fragmentos de coral se habían vuelto de un color rojo algo más intenso y blando, aunque sin alteración alguna en el aceite. Continué, por tanto, manteniendo exactamente el mismo grado de fuego, y al cabo de unos días observé algo que me causó gran asombro: a saber, que los corales se habían disuelto por completo en un cieno rojo como la sangre, mientras que el aceite flotaba por encima conservando su aspecto anterior, sin haber absorbido la más mínima tintura. Sacudí la cucúrbita con frecuencia y fuerza de un lado a otro para comprobar si podía unir dicho aceite con el cieno de coral; pero fue en vano, ya que el aceite seguía flotando arriba constantemente y el cieno se precipitaba al fondo. Intenté por ello ver si lograba unirlos mediante la digestión [Digestion], pero esto también fue inútil. Cuando finalmente tuve que separar lo que en modo alguno se había querido dejar unir, y hube vaciado el aceite (del cual comprobé que había conservado casi por entero su olor y gusto anteriores), vertí sobre el cieno remanente en el fondo un espíritu de vino tartarizado [Spiritum vini Tartarisatum], gracias al cual dicho cieno, mediante una breve digestión, se dejó abrir y transformar en una tintura roja como la sangre. Y con este doble experimento [Experiment] considero haber puesto de manifiesto lo que es capaz de lograr la larga digestión, hasta ahora dejada de lado. [Lo que] de la química…[7]
Epístola. 389
…[de la quí]-mica mediten también en qué clase de efecto y fuerza reside en aquellas sales volátiles cuando se las retiene, a fin de que no puedan evaporarse tan fácilmente.
Pasemos ahora a la fermentación [Fermentation]. Cuánta y cuán excelente utilidad reporta esta operación en la química es algo que bien podría demostrar mediante numerosos ensayos. Ciertamente es así; he hallado una sorprendente fermentación en el antimonio [Antimonio], en las perlas, en los corales y en muchas otras materias que, si DIOS quiere, describiré detalladamente en las Actas del Laboratorio de Gottorp [Gottorpischen Laboratorii]. En este momento, no obstante, nos corresponde ocuparnos de nuestro tártaro [Tartaro] y mostrar de manera algo más precisa y propia su correcta disolución y volatilización, y cómo se puede alcanzar esto a través de la vía de la fermentación; por cuanto es algo largamente anhelado por todos los estudiosos de la química y por los médicos [Medicis] íntegros. Que dicha volatilización puede obtenerse con la mayor facilidad por la vía recién mencionada es algo que enseñará la siguiente operación:
[Nota al margen: Cómo se puede obtener el Espíritu de sal de tártaro volátil mediante la fermentación.]
En primer lugar, calcínense unas 2 o 3 libras de tártaro bruto (según se tenga la intención de poner a fermentar mucho o poco tártaro) de manera ordinaria, y solo lo justo para que se vuelva un poco negro, a fin de que dispongas de un fermento [Fermentum], el cual se debe tener por encima de todas las cosas para permitir fermentar el tártaro.[8]
390 [Tratado del] D. Joel Langelott
…[A] este [tártaro negro calcinado] viértelo en un crisol o vasija de boca bien ancha, y échale tanta agua que lo cubra por la altura de unos dos dedos. Aplícale al principio un fuego suave, lo justo para que se ponga tibia. Acto seguido, arroja dentro medio puñado de tártaro finamente pulverizado; pronto verás cómo ascienden algunas burbujitas, las cuales irán aumentando en número a medida que pase el tiempo. Cuando observes esto, continúa del mismo modo en que comenzaste: a saber, ve esparciendo el tártaro en polvo en repetidas ocasiones. De esta manera se producirá una fermentación más vigorosa, en la cual las burbujitas ascenderán con un orden tan hermoso que parecerá —exceptuando el color— que uno está contemplando las mismísimas uvas naturales. Ciertamente, a menudo he observado esto con especial deleite en mi corazón, y de ello he deducido de forma infalible que al tártaro bruto tampoco le falta aquello que nosotros nos vemos obligados a añadir a otras sales preparadas mediante el arte: a saber, que estas sustancias reflejan de manera muy exacta la forma de su anterior morada. Sin embargo, aquí es menester un gobierno muy preciso del fuego, esto es, un calor moderado; tal como lo requieren todas las fermentaciones. También se debe tener la precaución de que, por esparcir el polvo con demasiada frecuencia, no se provoque una ebullición o hervor violento que haga que la materia en fermentación se desborde del crisol perdiéndose su uso. Cuando la fermentación haya concluido, vierte todo lo que se encuentra en el crisol dentro de una retorta o cucúrbita de hierro, puesto que es de temer que una de vidrio pudiera estallar al ser sumergida a menudo en agua fría…[9]
Epístola. 391
…[en]-curtidos [paños empapados en agua fría] deben colocarse por encima, a fin de contener la excesiva fermentación del tártaro; el cual, por no poder tolerar un fuego demasiado fuerte, suele precipitarse hacia arriba con un hervor impetuoso y pasar directamente al recipiente receptor [Vorlag]. Por esta razón, el fuego debe gobernarse con la mayor prudencia posible, reforzándolo únicamente de manera muy gradual, aunque hacia el final conviene avivarlo un poco más para que toda la sal sea impulsada hacia las alturas. Del mismo modo, si eres lo bastante experimentado en el arte, te darás cuenta de que aquel tártaro basto y violento, por medio de dicha fermentación, se vuelve tan sutil y volátil que ni la más mínima porción de sal fija permanece remanente en la cabeza muerta [capite mortuo]; algo que yo mismo he experimentado en más de una ocasión. El licor [Liquor] resultante, debido a que se halla colmado del agua que se añadió para la fermentación, debe ser rectificado en repetidas ocasiones, y ello durante tanto tiempo hasta que adquiera un aspecto blanquecino, lo cual constituye una señal de que contiene una cantidad [Quantität] considerable de sal volátil. Cuán altamente debe estimarse esta sustancia bastaría con el testimonio de VAN HELMONT; si no fuera porque, para complacer a los químicos, me agrada añadir cómo hemos hallado que su uso es prodigioso no solo en las enfermedades internas del cuerpo, sino también de forma externa, incluso en la mismísima gangrena [kalten Brand], e igualmente, por medio de ella, diversas esencias…[10]
392 [Tratado del] D. Joel Langelott
…[e]-sencias [hemos] preparado, las cuales habíamos intentado obtener en vano con otros menstruos; y de este modo hemos hallado que la fiel advertencia de VAN HELMONT guarda una absoluta conformidad con la verdad.
[Nota al margen: Capítulo 25, Sobre las fiebres, página de mi ejemplar 780.]
[Nota al margen: La otra utilidad de la fermentación: separar el azufre impuro y nocivo.]
Sea como fuere con todo lo anterior, resta todavía por señalar otra excelentísima utilidad de la fermentación [Fermentation]: a saber, que por medio de ella, los azufres en bruto [Sulphur] —que de otro modo resultan tan hostiles para la naturaleza humana— pueden ser separados de la mejor y más conveniente manera. Así lo demostrará con total claridad la siguiente preparación del opio [Opii], la cual no puedo dejar de recomendar de la manera más encarecida: pues proporciona un medicamento del todo seguro y libre de los comentarios maliciosos e inútiles del vulgo común; e incluso una verdadera Panacea de incontables utilidades, siempre que se sepa tratar de forma correcta.
[Nota al margen: La verdadera esencia del opio.]
Toma 1 libra del mejor opio cortado en pequeños trozos y viértele por encima, en una cucúrbita o matraz de cuello bajo, 10 libras de jugo fresco de membrillos bien maduros; añade a esto una onza de sal de tártaro pura y seca. Colócalo seguidamente a fuego suave durante uno o dos días, hasta que se formen algunas burbujitas, lo cual constituye una señal del inicio de la fermentación; y entonces, para promover esta última, añade…[11]
Epístola. 393
…[añade] a esto cuatro onzas de azúcar finamente machacado, y presta atención en adelante a mantener aquel grado de fuego que requiere la fermentación. De este modo, la obra progresará muy bellamente y verás cómo el opio se eleva de forma visible y se disuelve [resolvirt] de manera sumamente sutil. Sin embargo, guárdate bien del azufre narcótico, el cual suele emanar entonces en forma de vapor. Asimismo, verás que una parte de la espuma impura y volátil asciende hacia lo alto, mientras que la porción más terrosa permanece estancada en el fondo de la cucúrbita. Finalmente, en el medio, quedará la parte más pura: a saber, un licor [Liquor] rojo, transparente como un rubí; el cual debes separar y filtrar con cautela, para luego concentrarlo mediante una destilación conveniente hasta que adquiera la densidad de la miel. Disuelve entonces esta masa con el aguardiente más sutil, fíltralo y déjalo reposar durante un mes entero en digestión, a fin de que lo que aún quede de crudo en su interior madure con ese mismo fuego celestial y alcance su estado de total perfección. Cuando el espíritu haya sido destilado hasta lograr la consistencia adecuada, comprobarás que esta esencia posee tal virtud y efecto que la cuarta parte de un grano —o, a lo sumo, la mitad—, mezclada con un vehículo conveniente, ya sea este húmedo o seco, basta para tu propósito y obrará milagros extraordinarios.
Me dirijo ahora a la trituración [Tritu], o el acto de moler y machacar; el cual, si bien es muy familiar para los boticarios…[12]
394 [Tratado del] D. Joel Langelott
…[familiar] por cierto [para los boticarios] al principio, pero no tan conocida para los químicos; a quienes tal vez les parecerá absurdo que yo ensalce esto tan altamente y ose decir que solo con ello se pueden obrar milagros en la química. Sin embargo, estoy seguro de que todos me darán fácilmente la razón en cuanto fijen sus ojos en las dos operaciones siguientes (por no mencionar ahora otras muchas) y mediten diligentemente en ellas. Y ambos ensayos se llevaron a cabo en nuestro Laboratorio de Gottorp, en presencia misma de Su Alteza el Duque Federico, de muy gloriosa memoria, como un príncipe sumamente versado en todas las ciencias, pero muy especialmente en la química. Ahora bien, a nosotros mismos, y a decir verdad desde el principio, nos pareció algo extraño (hablando en términos químicos) cómo el cuerpo del oro, siendo el más firme de todos, pudiera rendirse a la fuerza de la trituración (b) o del desgaste por rozamiento; un cuerpo que, por lo demás, no cede ni ante el fuego, considerado el tirano supremo del mundo, ni ante ningún otro de los disolventes [Menstruis], ni siquiera los más fuertes. Con todo, finalmente ha cedido, tal como hemos contemplado con nuestros propios ojos, pero con el concurso de un instrumento especial al cual, debido a su maravilloso uso, le otorgamos el título de un molino filosófico…[13]
[…] Molino de [hischen].
Notas de los Componentes Mecánicos Ilustrados
El grabado muestra un mecanismo detallado de transmisión y molienda manual a pequeña escala, desglosado en sus componentes individuales mediante letras de referencia:
- Componente G: Manivela metálica provista de un mango de madera torneada, fijada a un eje horizontal que atraviesa un soporte de madera. Este ensamble actúa como el motor manual primario para accionar el sistema.
- Componente a. – b. – c.: Un piñón de linterna (o rueda de husillo) montado en un eje vertical.
- a. Representa el extremo superior del eje.
- b. Señala la base cilíndrica del cuerpo del piñón.
- c. Muestra el espárrago o terminal inferior de sección cuadrada, diseñado para encajar firmemente en la pieza inferior y transmitir el torque.
- Componente d. – e.: Sección superior del eje de la muela (o rangua) donde se acopla el piñón de linterna.
- d. Orificio o receptáculo hembra cuadrado donde encaja el terminal c.
- e. Cuerpo cilíndrico escalonado del soporte del eje de rotación.[14]
395
[…el diseño del] molino dado: y hemos hecho grabar aquí su modelo con la mayor precisión posible; por cuanto todo lo que concierne a esta operación depende de él.
Aquí corresponde la ilustración del
Instrumento.

Se toma, por tanto, oro batido o pan de oro en la cantidad que se desee, se corta en pedacitos pequeños y se coloca en un mortero muy grueso de vidrio o dorado (¡como el que utilizó el Serenísimo Rey de Dinamarca, FEDERICO, de bendita memoria, poco antes de su muerte, por indicación de BURRHUS, tan pronto como esta operación fue conocida en este territorio!). Cubierto este [mortero] únicamente con un papel para que no caiga polvo ni ninguna otra impureza en su interior, se tritura día y noche mediante el movimiento continuo del pilón, hasta que se convierta en un polvo pardo-negruzco. En esta molienda se deben emplear 14 días completos (si se deseara trabajar únicamente de día, se requeriría un mes entero). Posteriormente, colóquese este polvo en una retorta pequeña, no muy profunda sino llana, al estilo de las inglesas, y destílese gradualmente en baño de arena, hasta alcanzar finalmente un fuego sumamente intenso; de este modo caerán unas gotitas, pequeñas pero de un rojo como la sangre, las cuales, ya sea por sí mismas o con el espíritu de vino tarta[rizado]…[15]
396 — Dr. Joel Langelott
…digerido con tártaro, produce el verdadero AURUM POTABILE [oro potable], puro y sin mezcla de ninguna otra propiedad extraña. Respecto al residuo restante, aunque bien podríamos haberlo disuelto fácilmente mediante trituración, preferimos extraerlo con nuestro vinagre filosófico (Aceto), elaborado a partir de cardenillo [verdigrís], azufre y aguardiente sutil mediante una larga digestión. De este modo, obtuvimos nuevamente una hermosa tintura roja de virtudes especiales. Sin embargo, lo poco que quedó de residuo lo redujimos de nuevo a un cuerpo sólido con la ayuda del bórax, con la única salvedad de que perdió algo de su peso. Así, a primera vista, esta operación puede parecer bastante rudimentaria, ya que requiere mucho tiempo y esfuerzo, y sin embargo aparenta ser de poco arte; pero, al examinarla a fondo, es muy de admirar, dado que recibe la ayuda de la maravillosa sal del aire, la cual es llamada el único disolvente (Menstruo) universal. Los experimentos que he realizado me han enseñado que dicha sal es atraída mediante el trabajo continuo, los cuales conservo a buen recaudo entre las actas del Laboratorio de Gottorf, tal como habrán de ser impresos en su momento.
[Nota marginal izquierda:]
La utilidad infalible de la TRITURACIÓN en la preparación del Mercurio de Antimonio.
[Texto principal inferior:]
La otra prueba de dicha TRITURACIÓN, fricción o molienda, nos mostrará la verdadera y auténtica preparación del Mercurio de antimonio: a saber, de…[16]
Epístola. [pág.] 397
de aquel que fue atacado de forma tan hostil por alguien que hace poco describió las cosas inmateriales, o aquello que no existe en la naturaleza de las cosas (in rerum natura), y que en consecuencia fue catalogado entre los non Entia Chimica, es decir, cosas que no se encuentran por ninguna parte en la química. Sin embargo, hay que disculpar a este bien conducido y muy meritorio médico y anatomista (c) si no siempre logró el propósito que se había propuesto en la química: ¡y, querido amigo!, ¿qué clase de conclusión sería esta?: «Este o aquel proceso no funciona: Ergo [por lo tanto], ¿ninguno funciona?». Querer actuar como crítico o buscador de faltas es, desde luego, un asunto de gran importancia, y corresponde solo a aquellos que han practicado el arte durante mucho tiempo y tienen gran experiencia. A mí, sin embargo, la autoridad de nadie me disuadirá de [presentar] el mismo proceso al común…
(c) Este muy experimentado y muy meritorio médico y anatomista fue: GUERNERUS ROLFINCK, doctor en Filosofía y Medicina, así como profesor público de Anatomía, Cirugía, Botánica y Química en Jena, quien nació en Hamburgo el 15 de noviembre del año 1599 y falleció en Jena el 6 de mayo del año 1673. Sus «Non-Entia Chymica» (o «Entes químicos inexistentes») fueron incluidos en el año 1683 en la obra «El arte de la destilación» de JOHANN SIGISMUND ELSHOLTZ, en idioma alemán, editada en formato duodécimo (12mo) por Peter Paul Bleul, librero y comerciante de arte en Núremberg.[17]
398 [Epístola de] D. Joel Langelott
comunicar [el proceso] para el mayor beneficio de mi prójimo; y ciertamente no para perseguir un puñado de vanagloria con ello, sino puramente por amor a la verdad. Pues este proceso no solo lo puse yo en práctica anteriormente en presencia de mi más clemente príncipe y señor, el señor FEDERICO, de bendita memoria, sino que también mandé que fuera ejecutado y completado por la mano del excelente químico de la corte del Electorado de Sajonia, JOHANN KUNCKEL, para no confiar únicamente en mí mismo ni carecer de testimonios con los cuales hacer frente a aquellos críticos severos (Splitters-Richtern) que juzgan las Non-entia, y así poder avergonzarlos.
Por lo tanto, no he querido dejar de enviar el proceso del mismo KUNCKEL, como un testigo infalible de esta operación, a Vuestras Excelencias, mis muy honorables señores, para dar mayor credibilidad al pobre Mercurio; puesto que tampoco faltará nada de lo que sea necesario para salvar el honor del mismo.
Su operación principal consiste, no obstante, en el TRITV o trituración. Muele o machaca, por lo tanto, en primer lugar, el Regulum Antimonii [régulo de antimonio] hasta convertirlo en un polvo completamente fino; añade a una libra de este, 2 libras del más puro y seco Salis Tartari [sal de tártaro], y 8 libras de salis Armoniaci [sal amoniaca]. Mézclalo todo muy bien entre sí, luego humedécelo con [la orina] de un hombre sano, y que, si es posible conseguirlo…[18]
Epístola. [pág.] 399
[…que, si es posible conseguirlo], beba vino, su orina; y procúrese que esta mixtura sea triturada por dos mozos fuertes y robustos sobre una piedra de moler durante un día entero, sin interrupción alguna, rociando de tanto en tanto más orina a medida que la humedad se vaya evaporando. Posteriormente, colóquese esta mixtura en una retorta [matraz] y viértase sobre ella tanta orina que quede unos tres dedos transversales por encima; séllese herméticamente (verlutirs) como es debido y manténgase durante un mes entero en una digestión suave, agitándola todos los días. Si durante este tiempo la masa pareciera estar demasiado seca, viértase de nuevo orina sobre ella. Cuando la digestión haya concluido, formen con ella pequeñas bolas añadiendo una cantidad igual de vidrio molido y cal viva, y déjense secar a la sombra. A partir de esto, se puede extraer un Mercurium [mercurio] de la siguiente manera: en primer lugar, téngase dispuesto un recipiente de hierro, alargado, similar a un matraz de destilación; viértase en él agua fría y entiérrese por completo en el suelo. Cúbrase con una lámina de hierro totalmente perforada y colóquense encima las bolas bien secas. Acto seguido, colóquese sobre ello un capitel (Capitell), asimismo de hierro y algo plano o hundido, en el cual se puedan colocar cómodamente carbones ardientes. Manténgase el fuego así durante unas cuatro horas a un grado tolerable o moderado; después de lo cual, auméntese la intensidad durante el mismo número de horas hasta el final. Entonces, déjese enfriar; y cuídese bien de que el recipiente…[19]
400 [Epístola de] D. Joel Langelott
en la tierra no lo muevas ni viertas el agua antes de que se haya enfriado por completo; de lo contrario, perderías y te verías privado de mucho Mercurius [mercurio] (como nos ocurrió a nosotros la primera vez, cuando mi clementísimo señor no pudo esperar tanto tiempo, sino que ordenó verter el agua antes de tiempo). Pues el mercurio, que por la violencia de tal fuego se resuelve y disuelve en las partículas más diminutas, debe volver a condensarse y coagularse mediante el enfriamiento.
Y así, a mi parecer, he cumplido con mi promesa respecto al Mercurio Antimonii [mercurio de antimonio]. Que los buscadores de faltas planteen ahora las objeciones que quieran; la verdad, no obstante, permanecerá incólume. Pues nadie me convencerá de considerar como un non Ens [ente inexistente] a aquel mercurio que he hecho y tocado con mis propias manos, y que incluso he visto con estos mis propios ojos correr por el fondo del recipiente tras finalizar su destilación. Tampoco dejo que me afecte si a uno u otro laborante torpe este o aquel de los procesos arriba mencionados no le sale bien a la primera como deseaba. Me basta con saber que no he traído a este lugar ningún proceso que no haya probado por fuerza de mi propia experiencia y hasta el final, de la manera clara y precisa descrita hasta aquí (por la cual quizás muchos se maravillarán…[20]
Epístola. [pág.] 401
[…por la cual quizás muchos se maravillarán de que] yo haya trabajado de ese modo. Solo aquellos laborantes ignorantes del arte y desafortunados son capaces de olvidar cuántas cosas deben tenerse en cuenta antes, durante e incluso después de la operación misma, si es que se desea estar seguro del resultado; algo que queda claro como el sol a partir de la sola operación del Tartarus [tártaro]. A saber: no todo el tártaro es de la misma calidad, y hasta ahora he hallado una gran diferencia en él. Asimismo, se debe observar con diligencia la posterior fermentación del propio tártaro; pues si esta no es exacta, tampoco se disolverá lo suficientemente fino, ni los racimos se presentarán de la forma en que justamente deberían hacerlo, ni se volverá volátil la totalidad de la sal, que es lo primordial de la obra. Si por alguna razón el fuego durante la destilación se vuelve demasiado fuerte, se quemará también gran parte de la Salis volatilis [sal volátil] y dará un Spiritum [espíritu/gas] pestilente, similar a una sal común. No añadiré más por esta vez, para no demorarme en asuntos tan insignificantes. Y considero que, en efecto, con este único ejemplo he demostrado con cuánta cautela se debe proceder y juzgar en los asuntos químicos. Solo resta, muy honorables señores, rogar al Altísimo que se digne seguir bendiciendo vuestro tan loable propósito, y conceda a cada uno de vosotros largos años de vida, y al mismo tiempo los medios…[21]
402 [Epístola de] D. Joel Langelott
y el auxilio prosperen sin impedimentos, para que, así animados, alcancéis la meta que os habéis propuesto y podáis promover, según vuestros deseos, la gloria de nuestra patria común, la nación alemana. Vivid bien y seguid siéndome favorables.
Muy honorables señores: me dirijo una vez más a vosotros, confiando en vuestra benévola voluntad de que recibiréis y acogeréis esta modesta adición con tanto mayor agrado cuanto más contribuya a esclarecer lo anteriormente mencionado.
Justo cuando acababa de soltar la pluma, ¡he aquí! que entre mis viejos papeles (Scartecken) apareció otra operación relacionada con el TRITV [trituración] o purificación del oro, tal como me fue comunicada tiempo atrás por un buen amigo muy versado en las operaciones químicas, y recomendada especialmente por el hecho de que destilaba un jugo rojo incluso sin la mediación del fuego. En aquel entonces, sin embargo, no fui capaz de otorgarle crédito, sino que lo dejé de lado en su lugar correspondiente.
Pero ahora, dado que me encuentro ocupado de todos modos en la investigación de operaciones semejantes, he tomado esta también para examinarla con algo más de detalle, y finalmente la he hallado digna del esfuerzo como para presentarla ante vuestros reflexivos ojos…[22]
p. 403
a. El mortero.
b. Un instrumento de acero que se utiliza en lugar de un mazo o mano de mortero.
c. Un pequeño espacio entre dos recipientes de acero en cuyo interior se coloca el oro.
d. La manivela o empuñadura.[23]
- El «Molino de Langelott» para la molienda extrema: Este grabado ilustra una de las innovaciones mecánicas más famosas de la iatroquímica del siglo XVII. Para romper la estructura cristalina del oro y de los metales duros (como el antimonio mencionado en las páginas previas) hasta convertirlos en un polvo impalpable, los morteros convencionales de impacto no bastaban. Langelott diseñó este sistema de fricción concéntrica continua.
- Mecanismo de funcionamiento:
- La pieza cilíndrica exterior fija actúa como base contenedora (a).
- En el interior se introduce una contrapieza o émbolo de acero macizo (b) de forma semiesférica perfectamente ajustada.
- Al girar la manivela (d), la pieza interna rota ejerciendo una presión inmensa sobre las paredes. El oro o el mineral se sitúa en la milimétrica cámara de fricción intermedia (c), siendo cizallado repetidamente sin saltar en pedazos ni perderse en forma de polvo volátil.
- El fenómeno triboquímico: Lo que Langelott buscaba con esta máquina era provocar reacciones químicas mediante energía mecánica pura (lo que hoy conocemos en ciencia moderna como triboquímica). Al triturar el oro con sales durante días enteros en este molino cerrado, la fricción rompía los enlaces superficiales del metal precioso hasta volverlo soluble o reactivo al interactuar con los líquidos humectantes, generando el «jugo rojo» sin necesidad de fundir el metal en un horno con fuego vivo.
Epístola. [pág.] 403
[…y finalmente la he hallado digna del esfuerzo como para] presentarla [ante vuestros reflexivos ojos]; la cual me parece asegurar un efecto nada despreciable.
Sin embargo, para que podáis juzgarla mejor, he tenido a bien presentar aquí una modesta descripción de la misma.
(a) El mortero es del más fino acero; el cuerpo que encaja en el mortero y que debe hacer las veces de mano o mazo (b) es asimismo de acero, y debe ajustar con el mortero tal como se muestra aquí dibujado, con la salvedad de que en su base debe ser tres dedos de ancho más extenso, y por lo tanto también más grueso. (c) Es el pequeño espacio intermedio en el cual se coloca una lámina de oro, con el grosor de medio ducado. (d) Es la manivela con la cual el cuerpo de acero debe hacerse girar durante unas tres semanas enteras, según me informó mi buen amigo; y de este modo, finalmente, el oro se resolverá [disolverá] en un Liquorem potabilem [licor u oro potable].
¡Ved, muy honorables señores, qué nuevo modus operandi es este, sumamente sencillo y sin requerir de gran artificio! Deseo saber si será de vuestro agrado. A mí, para decir francamente lo que pienso, me parece sin duda algo semejante, y no dudo en absoluto de que el oro pueda disolverse mucho antes y más prontamente de esta manera que si se colocara en un mortero de oro o de vidrio, como los que hemos tenido en uso; a saber, a causa de…[24]
404 [Epístola de] D. Joel Langelott
a causa de la propiedad sulfúreo-salina del propio Mars [hierro/acero], la cual, al ser liberada de sus ataduras mediante esta fricción y llevada al más alto grado de sutileza, penetra con tanta mayor fuerza en la estructura tan dura del oro, y al mismo tiempo atrae hacia sí una mayor cantidad de la sal del aire (Lufft-Salz) de lo que jamás podría ocurrir en un mortero de oro o de vidrio. Pero ya me doy cuenta de que los sabelotodos me objetarán que, debido a esta fricción continua, pequeñas partículas de polvo de acero podrían desprenderse por el desgaste y mezclarse con las de oro. No pretendo disputar con quienes opinen de ese modo; pero desearía que consideraran también esto: cuán grande es la afinidad entre estos sulfuros [principios activos]; y cuánto contribuye a ello la digestión, la cual finalmente separa lo puro de lo impuro, y al mismo tiempo aviva aquel fuego marcial (Martialische Feuer) oculto, de sobra conocido por los verdaderos eruditos de la naturaleza; el cual, con la ayuda del Alcool vini [alcohol de vino/etanol], puede cocer adecuadamente esa pequeña porción inmadura hasta su debida maduración.
Sírvanse mis muy honorables señores juzgar si he dicho mucho con pocas palabras y si he desestimado suficientemente la objeción arriba planteada. Pues a vosotros os son conocidas las obras de la naturaleza. Recuerdo, sin embargo, con este aconteci[miento]…[25]
Epístola. [pág.] 405
[…Recuerdo, sin embargo, con este] acontecimiento y oportunidad, una vez más, a todos y cada uno de los que persiguen los secretos del arte, que deben seguir a la naturaleza como guía y maestra, y encomendarse a los dos medios principales de los que ella se sirve para originar y perfeccionar algo: a saber, la fermentación y la digestión. La magnífica utilidad de ambas ya la he indicado brevemente en la epístola precedente, y podría corroborar el asunto con muchas más pruebas; considero, no obstante, que por esta vez es suficiente. Séales bastante a los amantes de la química el que yo haya demostrado la gran utilidad de la fermentación con un doble experimento, especialmente en la preparación de la verdadera esencia del opio (Opii), la cual buscarían en vano mediante cualquier otro método, ya que por otras vías jamás alcanzarían el verdadero propósito de la química, que consiste en separar lo puro de lo impuro. Consideren también cuán alejado se encuentra aquel método común de preparar el opio respecto de este, y cuán poca utilidad cabe esperar de aquel; mientras que, por el contrario, de este método nuestro se puede aguardar la más excelente y maravillosa de las utilidades.
Asimismo, la digestión posee una utilidad aún mayor, y en ella se incluye la Maturatio [maduración], un asunto que hasta la fecha ha sido desconocido en los laboratorios. Y si los dedicados al arte…[26]
406 Epístola de D. Joel Langelott.
[…Y si los] dedicados al arte quieren tan solo observar el experimento que aporté con los corales. Pues, ¿quién podría creer tan fácilmente que un cuerpo tan duro y pétreo pueda transformarse, mediante la sola digestión, en un mucílago espeso y blando? ¿Quién se imaginaría que la escasa tintura presente en los corales pueda acrecentarse de tal modo, por la pura digestión, que toda su sustancia y esencia no parezca otra cosa que una pura tintura?
Considero, por lo tanto, haber demostrado suficientemente con estas pocas pruebas aquello por lo que deben regirse los dedicados a la química. Os encomiendo a DIOS, muy honorables señores: y acoded de buen grado esta modesta adición.[27]
F I N.
Epístola de D. Joel Langelott.
[1] La datación y edición príncipe (Hamburgo, 1672): Este prefacio del editor Friedrich Roth-Scholz funciona como una valiosísima ficha bibliográfica e historiográfica. Confirma que la obra original de Joel Langelott fue redactada e impresa en latín en Hamburgo en 1672, editada en formato de octavo de la mano del célebre impresor Gottfried Schultze [Gothofredi Schultzen].
La gran polémica sobre la Volatilización del Tártaro: El texto documenta en tiempo real uno de los debates químicos y farmacéuticos más apasionantes de la Europa del siglo XVII: la conversión de sales fijas en sustancias volátiles. Roth-Scholz cita la contrarréplica inmediata que el médico David von der Becke (natural de Minden) envió a Langelott ese mismo año.
La Sal de Tártaro (Salis Tartari): El tártaro (tartrato de potasio obtenido de los sedimentos de los barriles de vino) era el compuesto estrella de la iatroquímica. Purificado por el fuego se convertía en una sal fija muy dura (carbonato de potasio). Lograr su volatilización (volverlo gaseoso o sublimable de forma líquida) sin destruir su esencia médica era el «santo grial» de los farmacéuticos de la época, ya que prometía ser el disolvente definitivo para extraer las esencias puras de las plantas y los minerales.
La honestidad del editor Roth-Scholz: En un sincero apunte entre paréntesis (die ich aber dermalen nicht bey Handen habe), el editor confiesa que no posee físicamente un ejemplar de la réplica de Von der Becke para incluirla en este tomo. Remite a su propio catálogo general, la Bibliotheca Chemica Roth-Scholtziana (página 22), demostrando el rigor documental con el que compilaba sus enciclopedias.
La inmediata traducción al alemán (Núremberg, 1672): Destaca el enorme impacto científico que tuvo el texto de Langelott. Fue tan relevante para los laboratorios alemanes que no se esperó a las habituales reediciones latinas, sino que ese mismo año de 1672 fue traducido a la lengua vernácula (in das Deutsche übersezet) en Núremberg para que los operarios y metalúrgicos locales pudieran aplicar sus instrucciones mecánicas de inmediato.
[2] El rigor del método filológico de Roth-Scholz: El editor Friedrich Roth-Scholz demuestra un impecable compromiso con el rigor científico al explicar que, antes de publicar este volumen, realizó un cotejo directo (mit der Lateinischen Edition gegen einander gehalten) entre la vieja traducción alemana de 1672 y el texto original en latín de Hamburgo, enmendando errores para ofrecer una versión depurada e idónea para los laboratorios del siglo XVIII.
La gran joya tecnológica: El Molino Filosófico (Philosophischen Mühle): El editor justifica la inclusión de este opúsculo en su gran enciclopedia (Deutsches Theatrum Chemicum) haciendo especial hincapié en el diagrama técnico y el diseño mecánico del molino filosófico [Langelottische Mühle]. Langelott diseñó un ingenio mecánico de molienda continua por fricción extrema que permitía pulverizar metales (oro y plata) a niveles moleculares sin usar ácidos corrosivos, un hito en la historia del instrumental de laboratorio que Roth-Scholz ofrece como «motivo de reflexión» (zu weitrem Nachdencken) para los químicos modernos.
[3] El saludo a la sociedad científica (Hochberühmte Herren): Langelott arranca su tratado dirigiéndose de forma reverencial a los miembros de la Academia Naturae Curiosorum, a quienes define como sus Gönner und Patronen (benefactores y patronos). Esto ilustra el sistema de mecenazgo y redes de correspondencia de la República de las Letras del siglo XVII, donde los investigadores independientes buscaban la validación de las academias oficiales.
La Carta de Invitación (Einladungs-Schreiben): El autor hace referencia a una convocatoria o manifiesto público distribuido por la Academia. Estas instituciones solían emitir peticiones formales a médicos y alqumistas de toda Europa, instándolos a compartir sus descubrimientos empíricos y recetas de laboratorio con el noble fin de «promover el bien común» (das gemeine Beste zu befördern), acelerando la transición hacia la ciencia colaborativa de la Ilustración.
La crítica a los «Químicos Vulgares» (gemeinen Chymisten): Langelott traza una línea divisoria muy clara entre su propia investigación y la praxis de los charlatantes de feria. Utiliza la expresiva metáfora de las cosas que los operarios ordinarios «pisotean con sus zapatos» (an Schuhen zertretten) para referirse a los procesos químicos rudimentarios y repetitivos que se vendían en los mercados, asegurando que las recetas de su manuscrito ofrecen un nivel científico e instrumental muy superior.
La pedagogía del estímulo (fleißige Köpffe aufmuntern): El autor define el propósito real de su escrito: no busca entregar una receta mágica masticada, sino ofrecer un estímulo metodológico que sirva para «animar a las mentes diligentes» (fleißige Köpffe aufmuntern) a seguir investigando por su cuenta, ensayando experimentos aún mayores para desvelar los secretos que permanecían ocultos en manos de unos pocos iniciados (in derer wenigsten Kundschafft).
[4] Completando la frase inicial y la rehabilitación de los procesos olvidados: Al enlazar de manera idónea con la página 384 («…das der mehrentheils / vor=»), la frase se completa como vornehmste [principales]. Langelott comienza denunciando que las operaciones más importantes de la alta química habían quedado arrumbadas «bajo el banco» (unter der Banck gelegen) y descartadas de forma prejuiciosa por los académicos, quienes las tildaban de fraudes inexistentes en el orden del universo (in rerum Natura). El autor argumenta que el fracaso no radicaba en la teoría, sino en la mala praxis de los operarios, que erraban en el método y en los tiempos del fuego.
La tríada metodológica de Langelott: El autor revoluciona la iatroquímica de su tiempo al rescatar tres operaciones fundamentales que considera la base de todo éxito en el laboratorio:
- La Digestión (Digestion): El mantenimiento de la materia bajo un calor suave y constante (emulando el estómago humano) para madurar los compuestos.
- La Fermentación (Fermentation): El uso de agentes orgánicos o reactivos para «leudar» y transformar la estructura interna de los minerales.
- La Trituración (Tritus): El proceso mecánico de molienda extrema. Langelott es pionero en defender que la división física microscópica de las partículas altera sus propiedades químicas.
La cita a Plinio el Viejo (PLINIVS): Mediante una erudita nota al margen, el autor aclara que el término Tritus (trituración o desgaste por fricción) no es una invención moderna, sino un latinismo clásico ya utilizado por Plinio el Viejo en su Historia Natural (siglo I d. C.). Langelott lamenta que, aunque los estudiantes universitarios conocen la palabra teórica, los químicos prácticos de su época ignoran por completo cómo aplicar una trituración mecánica rigurosa en sus crisoles.
La apología de la perseverancia empírica: El fragmento concluye con una bellísima exhortación al optimismo científico en los albores de la Ilustración. Langelott anima a los investigadores a «no desistir tan pronto» (nicht so bald nachlassen) ni perder la fe ante los experimentos fallidos, recordando que la química exige paciencia extrema y que los indicios dudosos (zweiffelhafft) son una fase natural del proceso de descubrimiento.
[5] Completando la frase inicial y el azote a los especulativos: Al enlazar de manera scannable con la página 385 («Denen Grüblern auch wolte ich gerathen / haben,»), la frase se completa como haben (que…). Langelott remata su severa advertencia a los Grüblern (los filósofos de salón y teóricos abstractos), exigiéndoles con ironía que dejen de revolver la química con su Grübel-Ruthen (literalmente, la «vara de zahorí de la especulación»), puesto que entorpecen la ciencia al opinar sobre experimentos prácticos que jamás han ejecutado.
El misterio de la Salis Tartari volatilis: El autor abre el primer apartado técnico de su tratado abordando la operación farmacéutica y alquímica más codiciada del siglo XVII. Explicar cómo volatilizar la sal fija de tártaro (volver gaseoso o destilable el carbonato de potasio extraído de las escorias del vino) era considerado por la medicina de la época como el hallazgo definitivo. Quien poseyera esta sal volátil pura, poseía un disolvente orgánico prodigioso capaz de extraer las esencias más sutiles de plantas y minerales sin destruir sus virtudes curativas con ácidos corrosivos.
El fracaso de la vía rápida y la destilación incompleta: Langelott confiesa haber fracasado inicialmente al probar los métodos estándar de los manuales de farmacia corriente. Intentó la vía directa de amalgamar la sal fija con una porción volátil para forzar el arrastre en el horno; sin embargo, al aplicar fuego directo, la parte volátil se evaporaba sola y el grueso de la sal de tártaro se quedaba calcinada e intacta «en el fondo del recipiente» (auf dem Boden des Geschirrs).
La redención por la Digestión (Digestion) frente a la Cohobación: El núcleo científico de la página radica en el redescubrimiento del factor tiempo y calor moderado. El autor descubrió que en lugar de realizar extenuantes y repetidas Cohobirungen (cohobaciones, el método tradicional que consistía en destilar un líquido, recogerlo y volverlo a verter sobre el residuo sólido una y otra vez), el secreto residía en someter la mezcla a una larga digestión (lange Digestion), es decir, mantener el matraz hermético bajo un calor suave y constante similar al del estómago o el útero durante semanas. Este prolongado proceso permitía que las moléculas de la sal fija se abrieran y se entrelazaran íntimamente con las volátiles, logrando la transmutación a la primera tentativa.
[6] Completando la frase inicial y los residuos insolubles: Al enlazar de manera scannable con la página 386 («…nemlich ein Sal Tartari volatile, / schnee=»), la palabra se completa como schneeweisser [blanca como la nieve]. El autor detalla la pureza de su sal de tártaro volátil, destacando que el proceso químico de digestión prolongada apenas dejó feces o Häfen (términos de la alquimia barroca para referirse a los sedimentos insolubles, escorias muertas o «caput mortuum» del fondo del matraz).
La iatroquímica del Coral Rojo (Corallen): Langelott entra en el segundo gran ejemplo práctico de su tratado: la disolución hermética del coral. En la medicina del siglo XVII, el coral rojo era una sustancia sumamente codiciada y noble. Siguiendo las teorías de Paracelso, se creía que el coral poseía una «esencia o azufre» específico dotado de extraordinarias propiedades cordiales (para fortalecer el corazón), estomacales y hemostáticas. Sin embargo, los boticarios comunes fracasaban al procesarlo porque intentaban disolverlo usando ácidos corrosivos que destruían su virtud orgánica.
El fracaso de la extracción directa por aceite (Oel): El autor relata un experimento biográfico de gran interés metodológico. Vertió un aceite vegetal destilado muy sutil (geschlacht Oel) sobre trozos enteros de coral rojo con el fin de extraer su Tinctur (la esencia cromática roja que contiene el principio activo). Tras meses en reposo a temperatura ambiente, el experimento fracasó por completo, pues el coral permaneció inalterado y el aceite transparente, lo que llevó al autor a abandonar la cucúrbita (Kolben) en un rincón del laboratorio.
El milagro del Horno de Digestión (Digerir-Ofen): La redención del experimento ocurrió años después gracias al uso del calor controlado. Langelott colocó el matraz olvidado dentro de su Digerir-Ofen (un horno de digestión o atanor diseñado para mantener una temperatura constante y moderada, similar al calor corporal o al baño María, durante meses). El autor constata con asombro que la aplicación continuada de este calor suave obró una disolución «jamás oída hasta el presente» (bißhero unerhörte Auflösung): en apenas un mes, el disolvente empezó a romper los enlaces calizos del coral sin necesidad de violentarlo con ácidos, demostrando el poder de la digestión.
[7] Completando la frase inicial y la metamorfosis del coral: Al enlazar con el final de la página 387 («Dann kaum nach Verfliessung eines Mo= / nats,»), la palabra se completa como nats [meses]. El autor describe minuciosamente un hito de la iatroquímica del siglo XVII: la descomposición orgánica de la estructura caliza del coral por el calor lento. Al agitar el matraz, nota que los fragmentos sólidos se han ablandado (weich worden) y su color se ha intensificado.
La separación hidrofóbica del «Cieno de Coral» (Corallen-Schleim): Langelott describe un curioso fenómeno de solubilidad que asombró a los químicos de la época. El coral no tiñó el aceite vegetal como se esperaba; en su lugar, se desmoronó por completo convirtiéndose en una densa sustancia pastosa o coloidal de color rojo vivo, descrita poéticamente como un blutrohten Schleim (cieno o moco rojo como la sangre), el cual decantaba en el fondo debido a su densidad mientras el aceite permanecía inalterado en la superficie. El autor constata que ni la agitación mecánica violenta ni la prolongación del calor en el atanor (durch die Digestion) lograron amalgamar ambas fases.
El uso del Espíritu de Vino Tartarizado (Spiritum vini Tartarisatum): Al retirar el aceite inútil (que ni siquiera había perdido su aroma original), Langelott aplica la verdadera clave reactiva para aislar el principio activo. Vierte sobre el cieno rojo un Spiritus vini Tartarisatus (alcohol o espíritu de vino destilado y rectificado sobre sales de tártaro o carbonato de potasio). El tártaro actuaba como un potente agente alcalino que abría los poros de la resina del coral, permitiendo que el alcohol extrajera de forma instantánea una blutrothe Tinctur (tintura roja como la sangre), el ansiado remedio médico cordial de la escuela paracelsiana.
La validación del método empírico: El fragmento concluye con una orgullosa afirmación del autor sobre el éxito de su método. Langelott considera que este «doble experimento» (zwiefachen Experiment) demuestra de forma empírica e irrefutable ante la comunidad científica de los Naturae Curiosos el inmenso poder del factor tiempo y digestión prolongada (lange Digestion), una técnica sistemáticamente ignorada por los boticarios vulgares que preferían la inmediatez destructiva de los ácidos fuertes.
[8] Completando la frase inicial y la retención molecular: Al enlazar con el final de la página 388 («Die der Chy= / mie»), la palabra se completa en esta página como mie [química]. Langelott insta a los estudiosos a investigar la dinámica de las sales volátiles. Explica que el secreto no radica únicamente en evaporarlas, sino en saber cómo «retenerlas o frenarlas» (hemmet) mediante enlaces químicos para que no escapen del matraz y puedan transferir su fuerza curativa al compuesto.
La transición a la Fermentación y el Laboratorio de Gottorp: El autor abre el segundo gran apartado metodológico de su tratado enfocado en la fermentación mineral. Cita sus exitosos experimentos fermentando antimonio, perlas y corales, y desvela un dato institucional de enorme valor histórico: planea publicar formalmente estas actas en los registros del Laboratorio de Gottorp (Gottorpischen Laboratorii). El castillo de Gottorf (en Schleswig) albergaba uno de los laboratorios cortesanos, boticas y gabinetes de curiosidades más avanzados de la Europa septentrional del siglo XVII, patrocinado intensamente por los duques de Holstein-Gottorp para el desarrollo de la iatroquímica.
La volatilización del Tártaro por fermentación: Langelott retoma el gran problema farmacéutico que obsesionaba a los médicos íntegros (rechtschaffenen Medicis): la Flüchtigmachung (volatilización o licuación gaseosa) del tártaro duro de los barriles de vino. Defiende que, frente a los destructivos métodos tradicionales de fuego violento, la fermentación es la vía más noble, natural y económica para abrir la estructura de la sal.
La receta del «Fermento Negro»: El autor describe el primer paso práctico de la receta de laboratorio. Exige tomar de dos a tres libras de crémor tártaro bruto (Weinsteins) y someterlo a una calcinación moderada ordinaria (schlecht hinweg) con el único propósito de que la sustancia «se vuelva un poco negra» (ein wenig schwarz werde). Este residuo carbonoso parcial no era un desecho; actuaba químicamente como la levadura o Fermentum iniciador indispensable, cuya porosidad y componentes activaban la fermentación biológica y química del resto del tártaro fresco que se añadiría en los pasos sucesivos.
[9] Completando la frase inicial y la técnica del crisol ancho (Hafen): Al enlazar de manera scannable con la página 389 («…den Weinstein fermentiren zu lassen, haben muß. / Diesen»), la frase arranca integrando el «fermento negro» preparado en el paso anterior. Langelott exige usar un Hafen (un crisol, marmita o cazuela de boca ancha y paredes abiertas) para permitir la monitorización visual constante del proceso y dar espacio a la posterior expansión de los gases.
La observación macroscópica de la fermentación y la analogía de la uva: El autor describe con deleite estético y rigor empírico la efervescencia química producida por la mezcla de carbonatos alcalinos parciales con el crémor tártaro ácido fresco. Al ascender las burbujas de dióxido de carbono en un «orden tan hermoso» (artlicher Ordnung), Langelott formula una bella analogía botánica: la reacción emula el aspecto y la textura de los racimos de uvas naturales (natürliche Trauben). En la cosmovisión química del siglo XVII, esto demostraba que el tártaro mineralizado conservaba la memoria biológica e interna de su «anterior morada» (vorigen Wohnung repræsentiren), que era el viñedo y el fruto de la vid.
El «Gobierno del Fuego» (Regirung des Feuers) y la flemática moderación: Introduce un concepto crítico de la pirotecnia de laboratorio de la Edad Moderna tardía: la Regirung des Feuers (el gobierno o control lineal del calor). El autor exige un fuego sittsams (moderado, templado o prudente), advirtiendo que la adición masiva del reactivo sin vigilar la temperatura provocará un desbordamiento catastrófico (aus dem Hafen überlauffe), un percance muy temido que arruinaba días de trabajo en el taller.
La transición instrumental al hierro (eysernen Kolben): Tras concluir la fase gaseosa de la fermentación, el autor instruye cambiar de recipiente para la destilación posterior. Abandona la arcilla y el vidrio ordinarios para exigir una cucúrbita de hierro (eysernen Kolben / retorta metálica). Langelott justifica este cambio tecnológico por pura seguridad física: la reacción posterior requerirá choques térmicos continuos y enfriamientos bruscos con agua fría (in kalt Wasser gedunckte), una maniobra que haría trizas de forma instantánea cualquier matraz de vidrio de la época, reventando el aparato y liberando vapores peligrosos.
[10] Completando la frase inicial y la técnica de los paños húmedos: Al enlazar con el final de la página 390 («…in dem öffters in kalt Wasser ge= / dunckte»), la palabra se completa como dunckte [empapados/sumergidos]. Langelott detalla una sofisticada técnica de control térmico: para mitigar el violento hervor gaseoso del tártaro que amenazaba con expandirse sin control, el operador debía envolver el cuello de la retorta de hierro con paños empapados en agua fría (dunckte Tüchlein), forzando una condensación rápida antes de que la espuma sucia invadiera el matraz receptor (Vorlag).
La desaparición absoluta de la Cabeza Muerta (capite mortuo): El autor relata con orgullo un éxito químico extraordinario para la época. Afirma que, gracias a su método de fermentación previa, el tártaro se sutiliza de tal manera en la destilación posterior que se volatiliza por completo. Al limpiar el crisol, el operador comprueba con asombro que no queda «ni la más mínima porción de sal fija» estancada en el capite mortuo (cabeza muerta / el residuo negro y calcinado sólido del fondo), demostrando la eficiencia molecular del proceso.
El indicador de la Rectificación Blanquecina (weißlich siehet): El Liquor o destilado inicial sale muy diluido debido al agua empleada en la fermentación. Langelott instruye someterlo a múltiples rectificaciones (destilaciones repetidas para concentrar el principio activo). Fija un indicador visual empírico impecable: el proceso concluye cuando el líquido adquiere un tono lechoso o blanquecino (weißlich siehet), señal inequívoca de que los cristales de carbonato de amonio y sales volátiles de tártaro han saturado la solución.
El testimonio de Van Helmont y la curación de la Gangrena (kalten Brand): Para validar las propiedades médicas del compuesto, apela a la máxima autoridad de la iatroquímica, Jan Baptist van Helmont. Langelott expande las aplicaciones terapéuticas de esta sal volátil pura. Afirma que no solo cura dolencias internas, sino que externamente posee virtudes antisépticas milagrosas, siendo capaz de frenar el kalten Brand (el «fuego frío», término médico histórico del siglo XVII para designar la gangrena o necrosis de los tejidos), un hallazgo de enorme relevancia clínica en una época donde la gangrena conducía inevitablemente a la amputación o a la muerte.
[11] Completando la frase inicial y la cita exacta de Van Helmont: Al enlazar de manera scannable con la página 391 («…ja auch / vermittelst desselben / etliche Es=»), la palabra se completa en esta página como sencz [esencias]. El autor valida de forma bibliográfica su método de extracción mediante una nota al margen que remite exactamente al capítulo 25 del tratado sobre las fiebres (De Febribus) de Jan Baptist van Helmont, situándolo en la página 780 de su propia biblioteca personal.
La separación del Azufre Nocivo (schädliche Sulphur): Langelott introduce la segunda gran función de la fermentación mineral y orgánica en los laboratorios del siglo XVII. Explica que los componentes resinosos tóxicos o «azufres crudos» (rohe Schwefel) de los narcóticos pesados pueden ser aislados y neutralizados de forma limpia mediante la fermentación, sin alterar los principios activos curativos del fármaco.
La purificación del Opio (Opii) y la Panacea Universal: El autor aborda la preparación farmacéutica del laúdano. El opio crudo causaba pánico y recelo entre el vulgo común (gemeinen Manns) debido a los frecuentes casos de envenenamiento y paro cardiorrespiratorio por sobredosis o mala purificación. Langelott afirma que su método elimina la toxicidad del opio de manera tan perfecta que lo transforma en una medicina enteramente segura y en una auténtica Panacea médica.
La receta del Laúdano de Membrillo (Quitten): El texto desvela los pasos exactos de una de las recetas más famosas e innovadoras de la farmacia del Barroco: el laúdano tartarizado con jugo de fruta. El autor combina:
- Opio bruto (1 libra): El extracto de la amapola (Papaver somniferum).
- Jugo de membrillo (10 libras): El uso del membrillo (Quitten) aportaba ácido málico y taninos naturales. El autor exigía que estuvieran «bien maduros» (wohlzeitigen).
- Sal de tártaro (1 onza): El carbonato de potasio actuaba como un catalizador alcalino que abría la resina del opio.
El control visual de las burbujas (Bläslein): El proceso arranca colocando el matraz a fuego lento (gelindem Feuer). El operador sabe que la digestión previa ha concluido y que la transmutación molecular ha comenzado en el momento exacto en que brotan las primeras burbujas (etliche Bläslein ereignen), indicando el arranque de la fermentación que purgará los azufres pesados del narcótico.
[12] Completando la frase inicial y la adición del azúcar: Al enlazar de manera scannable con la página 392 («…alsdann thue / dieselbe zu befördern, / darzu»), el texto se completa introduciendo cuatro onzas de azúcar machacado (klein gestossenen Zuckers). El azúcar actuaba aquí como un sustrato orgánico excelente para acelerar y nutrir la fermentación del opio tartarizado con jugo de membrillo.
El peligro del humo narcótico (Narcotischen Schweffel): El autor lanza una seria advertencia de seguridad para el operador del laboratorio barroco. Al activarse la fermentación, el opio libera sus componentes más volátiles y pesados en forma de gases. Langelott denomina a estos efluvios el Narcotischen Schweffel (azufre narcótico) y advierte que «suele emanar en forma de vapor» (auf zu rauchen); su inhalación directa en un espacio cerrado causaba un violento adormecimiento, mareos o intoxicaciones graves.
La tripartición química de la masa: El texto describe con gran precisión física cómo la fermentación fracciona el contenido del matraz en tres capas nítidas: una espuma impura flotante arriba (schaumigten über sich), un residuo terroso inerte abajo (im Kolben-Boden) y, en la franja central, el compuesto noble purificado: un líquido de un rojo intenso «transparente como un rubí» (durchsichtig wie ein Rubin).
La maduración por el «Fuego Celestial» (himmlischen Feuer): Tras concentrar el líquido hasta darle la densidad de la miel, Langelott introduce el uso de alcohol rectificado (subtilsten Brandwein) y exige someter el laúdano a un mes de digestión continua. Define el calor suave y constante del atanor como un himmlischen Feuer (fuego celestial), un término hermético tradicional para referirse al calor invisible, moderado y vivificante que «madura» (gezeitiget) los componentes crudos imitando los ciclos de la naturaleza.
La potencia milimétrica de la dosis (El Grano): Ilustra la extraordinaria concentración y pureza del fármaco obtenido. Su potencia es tal que la dosis terapéutica estándar oscila apenas entre la cuarta parte de un grano y la mitad de un grano (vierdte Theil einer Grán). El grano era la unidad de masa más pequeña de la farmacia antigua (aproximadamente 65 miligramos), lo que demuestra que Langelott había logrado un extracto de opio estandarizado de altísima pureza morfínica.
El paso al tercer pilar: La Trituración (Tritu): El tramo final de la página cierra el bloque de la fermentación e inaugura formalmente el tercer y más famoso pilar de su tratado científico: el Tritus (la molienda, el pulverizado y el rozamiento mecánico extremo), preparando el terreno para la presentación de su célebre molino mecánico.
[13] Completando la frase inicial y el Aurum Potabile: Al enlazar de manera scannable con la página 393 («…des= / nen Apotheckern zwar wohl= den / Chy-»), la frase se completa en esta página (zwar), reanudando la idea de que la molienda ultrafina era conocida por boticarios pero ignorada por químicos. La nota al margen explicita el fin supremo de esta sección: hacer oro potable (Aurum potabile zu machen), el elíxir de larga vida y panacea universal más codiciado de la iatroquímica.
Los experimentos ante el Duque Federico III de Holstein-Gottorp: El texto aporta un testimonio documental extraordinario sobre el mecenazgo científico del Barroco. Langelott declara que las dos demostraciones siguientes se ejecutaron en el famoso Laboratorio de Gottorp [Gottorfer Laboratorium] en presencia directa del propio soberano, el Duque Federico III (1597–1659), a quien describe de «gloriosa memoria» (hochrühmlicher Gedächtnuß) y alaba como un príncipe altamente instruido y «bien ejercitado en la química» (wohlgeübten Fürsten). Las cortes europeas competían en la época por financiar laboratorios propios para el desarrollo de la metalurgia y la medicina.
La resistencia del Oro frente al «Tirano del Mundo»: El autor expone la paradoja física que asombraba a los investigadores. El oro es el cuerpo mineral más compacto, noble e inalterable de la naturaleza. Langelott define al fuego directo de los hornos con la impactante metáfora del äusserstem Tyrannen der Welt (el tirano supremo o extremo del mundo) porque es capaz de consumir y calcinar cualquier sustancia; sin embargo, el oro resiste al fuego sin perder un ápice de masa y es inmune a los ácidos y disolventes (Menstruis) comunes.
El triunfo del Tritus mecánico y la cita a Plinio: El gran descubrimiento de Langelott radica en que lo que el fuego y los ácidos no pueden romper, lo logra la fuerza del rozamiento mecánico continuo (Abreibens Gewalt). Una molienda extrema prolongada altera la tensión superficial del metal. Mediante la nota al pie (b), el autor respalda filológicamente su concepto de la trituración del oro (Auri aliquem TRITVM) remitiendo de forma erudita a la Historia Natural de Plinio el Viejo, citando con exactitud los libros 33 (capítulo 4) y 36 (capítulo 26).
La introducción de la Philosophischen Mühl: El párrafo cierra de forma magistral en el umbral de la gran presentación tecnológica del opúsculo: el molino filosófico [Langelottische Mühle]. El autor define este ingenio no como una simple herramienta artesanal, sino como un instrumento especial capaz de moler metales a nivel microscópico, abriendo las puertas de la materia mediante pura cinemática.
[14] Tipografía y Estilo Visual: La caligrafía cursiva utilizada en el encabezado («Mühle») y el estilo calcográfico (grabado en cobre) corresponden a tratados técnicos de ingeniería, arquitectura o enciclopedias mecánicas e industriales impresas en el siglo XVIII en el ámbito germánico.
Mecanismo de Linterna: El piñón de barras cilíndricas (linterna) que se aprecia en el centro es un diseño clásico de la ingeniería preindustrial. Era ampliamente preferido en molinería debido a que los rodillos o barras sufrían menos desgaste por fricción, eran fáciles de reemplazar de forma artesanal y toleraban mejor las acumulaciones de polvo u hollín que los engranajes de dientes planos convencionales.
Naturaleza del Documento: La presencia de un doblez o solapa en la parte inferior izquierda de la hoja demuestra que se trata de una placa desplegable (fold-out plate), un recurso de impresión muy común en los libros antiguos de ciencia y mecánica para mostrar esquemas a gran escala sin alterar el formato estándar del libro.
[15] La Identidad de los Personajes: El texto menciona al rey Federico III de Dinamarca (quien reinó hasta su muerte en 1670) y a Burrhus, en referencia directa al famoso alquimista, médico y aventurero italiano Francesco Giuseppe Borri (latinizado como Burrhus, 1627–1695). Borri huyó de la Inquisición y pasó temporadas en diversas cortes europeas, incluyendo Copenhague, donde convenció al rey Federico III de financiar sus suntuosos experimentos de transmutación y elixires medicinales.
El Oro Potable (Aurum Potabile): La receta describe el laborioso proceso mecánico y térmico para intentar disolver u obtener la «esencia» del oro purificado. Las «gotitas de color rojo sangre» (blutrothe Tröpflein) resultantes de la destilación a fuego intenso eran consideradas en la medicina hermética de la época como el componente central del oro potable, un remedio universal y elíxir de larga vida.
Propósito del Molino: Esto aclara de forma definitiva la lámina de la página anterior: el molino manual con piñón de linterna no era para grano ni harina, sino un dispositivo especializado de laboratorio (un molino de trituración mecánica continua) diseñado para automatizar o facilitar la extenuante tarea de moler láminas de oro de forma ininterrumpida durante 14 días y noches.
[16] El Laboratorio de Gottorf (Gottorpischen Laboratorii): El castillo de Gottorf (en la actual Schleswig, Alemania) albergó uno de los laboratorios químicos y alquímicos más avanzados de la Europa del siglo XVII, patrocinado por el duque Federico III y sus sucesores.
La Sal del Aire (Lufft-Salz): Los alquimistas de este periodo teorizaban la existencia de un «nitro aéreo» o «sal vital» suspendida en la atmósfera que alimentaba la vida y los fuegos. Esta noción fue el preámbulo histórico directo al posterior descubrimiento del oxígeno y los gases componentes del aire.
[17] Guernerus Rolfinck (1599–1673): Fue un médico, científico y botánico alemán fundamental en la transición hacia la ciencia moderna. En la Universidad de Jena impulsó enormemente la anatomía práctica y construyó el famoso Theatrum Anatomicum. También fue un pionero en la enseñanza de la química química de laboratorio desvinculada de los dogmas puramente místicos de la antigua alquimia.
Concepto de Non-Entia Chimica: El término en latín se traduce como «las no-entidades químicas» o falsas sustancias. Rolfinck escribió sobre este concepto para combatir los fraudes alquímicos de su tiempo (como la transmutación falsa de metales o elixires milagrosos inexistentes), catalogando qué sustancias descritas por los antiguos textos eran quimeras o «cosas que no existen en la naturaleza».
El debate científico del texto: El fragmento refleja las agrias disputas teóricas de la época. El autor del texto defiende a Rolfinck de los ataques de otros críticos, argumentando con un razonamiento lógico impecable: el hecho de que un experimento químico falle una o dos veces de forma particular no invalida la validez de la disciplina química entera ni los esfuerzos de los científicos experimentales.
[18] Johann Kunckel (c. 1630–1703): Uno de los químicos y vidrieros experimentales más importantes del siglo XVII. El texto lo cita como el experto de la corte sajona encargado de verificar y replicar los experimentos para acallar a los detractores que tachaban estas sustancias de «entes inexistentes» (Non-entia).
El proceso alquímico final: El texto muta aquí en una receta de laboratorio. El Regulum Antimonii es el antimonio metálico purificado, el Salis Tartari es carbonato de potasio y el Salis Armoniaci es cloruro de amonio. El agente humectante que queda truncado al final de la página hace referencia común en los tratados de la época a la orina de un hombre sano (comúnmente un joven abstemio), usada por su contenido en urea y sales para las reacciones de digestión de los metales.
[19] La fuerza de trabajo en el laboratorio: El texto menciona explícitamente que la molienda del antimonio con las sales debe ser hecha por «zweyen starcken vierschrötigen Kerlen» (dos mozos fuertes y corpulentos). La trituración manual prolongada en la química del siglo XVII requería un esfuerzo físico extenuante antes de la adopción masiva de maquinaria automatizada.
El proceso de destilación por descenso (Destillatio per descensum): Lo que describe la segunda mitad de la página es una técnica clásica de la metalurgia y la alquimia antigua para obtener mercurio o purificar ciertos metales. Consiste en calentar la materia desde arriba (con los carbones en el capitel de hierro). Al calentarse, el mercurio se vaporiza, pasa hacia abajo a través de los agujeros de la lámina de hierro, se condensa al tocar el agua fría del recipiente inferior enterrado y se deposita en el fondo.
Términos químicos antiguos:
- Verlutirs (Lutación): El acto de sellar los cierres y juntas de los recipientes de vidrio o barro con un «luto» (una pasta hecha de arcilla, estiércol, cal o clara de huevo) para evitar que los vapores químicos escaparan durante la digestión.
- Lebendigen Kalchs: Se refiere a la cal viva (óxido de calcio), utilizada habitualmente en estas recetas como agente deshidratante y reactivo alcalino.
[20] Anécdota con el Príncipe Federico: Langelott relata un fallo real de laboratorio por culpa de la impaciencia de su mecenas, el Duque Federico (probablemente Federico III de Holstein-Gottorp). Al ordenar retirar el agua fría antes de tiempo, los vapores calientes de mercurio no se condensaron («coagulirt werden») y escaparon a la atmósfera. Esto ilustra cómo los primeros científicos debían lidiar con la interferencia de la nobleza que financiaba sus laboratorios.
El empirismo frente al escepticismo: El pasaje se vuelve muy ferviente cuando el autor defiende la realidad del Mercurio Antimonii. Langelott apela directamente a la revolución científica del siglo XVII: la primacía de la experiencia sensorial directa («visto con estos mis propios ojos y tocado con mis manos») sobre los textos puramente abstractos o los críticos escolásticos que negaban la posibilidad de aislar este compuesto.
El problema de los «laborantes torpes» (ungeschickten Laboranten): Langelott introduce un concepto clave en la historia de la química: la reproducibilidad. Defiende su receta argumentando que si el experimento falla en manos de otros, se debe a la falta de destreza técnica del operador y no a un error en el diseño del proceso.
[21] El control de calidad de los reactivos: Langelott ofrece una gran lección de química práctica al advertir que «no todo el tártaro es de la misma calidad». El tártaro (bitartrato de potasio) se obtenía como sedimento en los barriles de vino. Dependiendo del tipo de uva, el clima y la región de los viñedos («die Trauben»), la pureza del compuesto variaba enormemente, lo que arruinaba los experimentos de los operarios menos minuciosos.
El control de la temperatura (Salis volatilis): El autor detalla el peligro del exceso de calor. En la destilación del siglo XVII, al no existir termómetros de precisión, regular la intensidad de los carbones era un arte. Un fuego descontrolado destruía los componentes deseados (las sales amoniacales volátiles) y provocaba una descomposición térmica indeseada que generaba gases nocivos y malolientes («einen stinckenden Spiritum»).
[22] El nacionalismo científico primitivo: Langelott cierra su dedicatoria inicial apelando al «Ruhm unsers gemeinen Vatterlands, deutscher Nation» (la gloria de nuestra patria común, la nación alemana). En el siglo XVII, el Sacro Imperio Romano Germánico estaba fragmentado políticamente, pero existía un fuerte sentido de identidad cultural y lingüística entre los académicos que, como Langelott, empezaban a publicar textos científicos en alemán en lugar de latín para elevar el estatus técnico de su pueblo.
El término Scartecken: Es una palabra del alemán antiguo (derivada del italiano scartafaccio o del bajo alemán) que se utilizaba de forma un tanto despectiva o modesta para referirse a manuscritos viejos, legajos arrumbados o «papeles inútiles». Langelott la usa para describir su archivo personal de notas.
El «jugo rojo» del oro sin fuego: El apéndice introduce un gran misterio de la alquimia de la época: la producción de un líquido rojizo a partir del oro mediante molienda extrema (Tritu), sin aplicar calor. En la tradición hermética, los fluidos rojos obtenidos del oro se asociaban directamente con el «oro potable» (aurum potabile) o con fases avanzadas hacia la consecución de la Piedra Filosofal. Langelott confiesa que al principio fue escéptico (como buen científico empírico), pero que ha decidido cambiar de opinión tras comprobarlo en su laboratorio.
[24] El secreto del Aurum Potabile (Oro Potable): En la medicina y alquimia del siglo XVII, el oro potable era considerado la panacea universal, un remedio supremo capaz de prolongar la vida y curar las enfermedades más graves. El gran desafío científico de la época era cómo disolver el oro elemental sin usar ácidos corrosivos mortales (como el agua regia). El método que describe Langelott pretende lograr esta disolución mediante energía mecánica pura y continua («durante unas tres semanas enteras»), alterando físicamente las propiedades del metal.
El grosor de «medio ducado»: Los ducados eran monedas de oro muy utilizadas en el Sacro Imperio Romano Germánico. Utilizar el grosor o peso de una moneda circulante era una forma muy común y práctica de estandarizar las medidas en los laboratorios de la época antes de la adopción de los sistemas métricos modernos.
La ventaja del acero frente al vidrio: Langelott destaca una ventaja técnica crucial. Los morteros tradicionales de vidrio se desgastaban y contaminaban la mezcla con sílice, mientras que los metales blandos como el oro se deformaban. El uso de un mortero de acero templado de alta calidad («von dem feinsten Stahl») permitía aplicar una presión de cizallamiento masiva y constante sin destruir el instrumento.
[25] La teoría química de Mars (Hierro/Acero): En la nomenclatura alquímica e iatroquímica del siglo XVII, cada metal estaba consagrado a un cuerpo celeste; el hierro y el acero pertenecían a Marte (Mars, de ahí los adjetivos «Martis» y «Martialische»). Langelott argumenta que el acero no es un mero contenedor inerte, sino que posee un «principio sulfúreo-salino» y un «fuego oculto» que se liberan con la energía mecánica de la fricción, ayudando activamente a romper la incorruptible estructura atómica del oro.
La «Sal del Aire» (Lufft-Salz): Es un concepto clave de la alquimia de la época (muy ligado a las teorías del spiritus mundi o nitro aéreo). Creían que el aire contenía una sal vital invisible. Según el autor, el molino de acero actúa como un catalizador físico que «atrapa» esta energía del aire para incorporarla a la solución líquida del oro.
La objeción del desgaste mecánico: Langelott demuestra ser un observador muy agudo al adelantarse a sus críticos («die Klüglinge», los sabelotodos o pedantes). Cualquiera objetaría legítimamente que moler metales con acero durante tres semanas dejaría residuos de hierro en el oro por puro desgaste físico.
La respuesta química (Afinidad y Alcool vini): Para defenderse de la contaminación por hierro, Langelott argumenta que los principios químicos afines se fusionan, y que el proceso posterior de digestión en caliente con alcohol purificado (Alcool vini) actúa como un filtro químico definitivo. Este paso «madura» la mezcla y separa los residuos indeseados («das Reine von dem Unreinen scheidet»), garantizando la pureza del producto final.
[26] La Naturaleza como maestra: Fiel al pensamiento renacentista e iatroquímico tardío, Langelott insiste en que el químico no debe inventar procesos artificiales arbitrarios, sino imitar los mecanismos macrocósmicos de la naturaleza. Identifica la fermentación y la digestión (el mantenimiento de una sustancia a calor suave y constante) como las dos fuerzas naturales definitivas para transformar la materia.
La preparación de la «verdadera esencia del opio»: El opio era el analgésico y sedante más potente de la medicina de la época, pero su uso en bruto conllevaba graves riesgos de envenenamiento y adicción debido a los componentes impuros de la resina vegetal. Los médicos químicos del siglo XVII competían por refinarlo. Langelott afirma que los métodos tradicionales de extracción fallan, y propone usar un proceso de fermentación controlada para purificar y aislar de forma segura los principios activos (lo que hoy sabemos que son alcaloides como la morfina).
El concepto de Maturatio: Traducido como maduración. En la teoría de la época, se creía que las sustancias medicinales en estado bruto estaban «verdes» o «inmaduras». Mediante una digestión prolongada en el laboratorio, el operario aceleraba artificialmente el tiempo para que la sustancia alcanzara su máxima potencia curativa, un concepto que Langelott reclama con orgullo como una innovación poco comprendida en otros talleres químicos contemporáneos.
[27] La disolución química de los corales: En la farmacopea del siglo XVII, el coral rojo (Corallium rubrum) era un ingrediente muy cotizado para preparar tónicos cordiales y remedios contra las hemorragias o fiebres. Langelott expone con orgullo cómo es capaz de ablandar este material calcáreo tan duro («hartes und steinfelsiges Corpus») usando únicamente calor suave y prolongado (digestión) combinado con un disolvente idóneo, convirtiéndolo en una especie de gel o mucílago líquido («Schleim»).
El concepto de Tinctur (Tintura): En la química premoderna, la tintura no era solo un líquido coloreado, sino la extracción concentrada del «alma» o principio activo medicinal de una sustancia. Langelott afirma que la digestión prolongada altera la materia del coral de tal forma que expande y libera este principio colorante y curativo, haciendo que toda la masa sólida original parezca transformarse por completo en esencia medicinal pura.
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