Pantaleonis Bifolium Metallicum, das ist: Metallisches Zweyblat. Deutsches Theatrum Chemicum. Volumen 2, 313-380

Presentación
Bifolio Metálico es un tratado alquímico y filosófico atribuido a Pantaleón que gira en torno a la búsqueda de la Piedra Filosofal, concebida como una sustancia capaz de transmutar metales imperfectos en oro y de curar las enfermedades humanas. Publicada originalmente en 1676 y reeditada en 1679[1], la obra mezcla reflexiones religiosas, historia de la alquimia, teoría filosófica y descripciones alegóricas de procedimientos alquímicos.
Dedicación y visión religiosa
El autor, que se presenta como “Hermeticae Sophiae perito”, comienza con una extensa invocación a Dios, a quien atribuye toda verdadera sabiduría. Afirma que sus conocimientos alquímicos no proceden únicamente del estudio y la experiencia, sino también de una gracia divina especial. Considera la alquimia una ciencia sagrada revelada por Dios y presenta su obra como una ofrenda destinada a preservar ese conocimiento para la posteridad.
Defensa de la alquimia
En el prólogo, Pantaleón lamenta que la mayoría de las personas, incluidos muchos eruditos, desprecie la alquimia o la considere un fraude. Sostiene que el mundo está dominado por la ignorancia, el escepticismo y la codicia. Frente a ello, afirma que existen verdaderos poseedores del arte capaces de comprender sus enseñanzas, mientras que los demás las juzgarán erróneamente.
Historia y justificación del arte alquímico
El autor repasa brevemente la historia de la alquimia, mencionando figuras como Raimundo Lulio, Arnaldo de Vilanova, Augurello, Paracelso y van Helmont.
Critica especialmente a los académicos aristotélicos que negaban la posibilidad de la transmutación de los metales y defendían exclusivamente la teoría escolástica. Según Pantaleón, la verdad debe obtenerse mediante la experiencia y la observación de la naturaleza, no mediante disputas verbales.
Fundamento filosófico
La obra sostiene que toda la naturaleza sigue un proceso cíclico de generación, corrupción y regeneración. Del mismo modo, la Piedra Filosofal se basa en una materia única y homogénea de naturaleza metálica.
El autor insiste en que la Piedra debe derivar de una sustancia metálica, lo perfecto puede perfeccionar lo imperfecto y el fundamento último es una raíz o principio mercurial extremadamente puro.
La Vía Húmeda
El núcleo del tratado describe la obtención de la gran tintura universal mediante la llamada Vía Húmeda, considerada la más antigua y segura.
La exposición se realiza mediante símbolos y alegorías inspiradas en la astrología, la Biblia y la mitología: Flores blancas y rojas, peces, aves y salamandras, el Arca de Noé y diluvios y transformaciones cósmicas.
Tras la alegoría, Pantaleón explica que el objetivo es obtener un Mercurio Filosófico, una sustancia purificada que serviría como base para fabricar la Piedra Filosofal, como medicamento universal y como origen del célebre disolvente alquímico denominado Alkahest.
Según el autor, esta vía permite tanto la producción de oro como la curación de enfermedades.
El Alkahest
Una parte importante de la obra está dedicada al Alkahest, el supuesto disolvente universal defendido por Paracelso y Van Helmont.
Pantaleón afirma que reduce todas las cosas a su esencia primaria, purifica cuerpos y sustancias y permite preparar remedios extraordinariamente eficaces. No puede obtenerse mediante sales comunes, como sostenían otros alquimistas.
La Vía Seca
El tercer capítulo trata la Vía Seca, considerada más difícil y peligrosa.
También aparece expresada mediante complejas alegorías pobladas de dragones, unicornios, Vulcano, Neptuno y procesos de muerte y resurrección simbólicas.
El autor insiste en que los textos alquímicos deben entenderse filosóficamente y no literalmente. Según él, muchos alquimistas fracasan porque interpretan las metáforas de forma superficial.
Crítica a los falsos alquimistas
Pantaleón critica duramente a los charlatanes, alos buscadores de riqueza rápida, a los alquimistas sin fundamento teórico y a los operadores que trabajan únicamente con hornos y experimentos mecánicos.
Afirma que la verdadera alquimia requiere conocimiento filosófico, comprensión de la naturaleza, experiencia práctica e inspiración divina.
Los medicamentos químicos
En el apéndice aborda la medicina química. Distingue entre las verdaderas medicinas químicas )las asociadas a Paracelso y Van Helmont, las preparadas mediante procedimientos secretos y las capaces de restaurar profundamente la salud) y las medicinas químicas vulgares (las basadas en minerales tóxicos como antimonio y mercurio y las potencialmente peligrosas, que causan numerosos daños a los pacientes.
Critica a los curanderos y vendedores de remedios milagrosos, sosteniendo que la mayoría de los supuestos medicamentos químicos son fraudes o venenos.
Conclusión
La obra concluye con una gran alegoría de dos palacios: El palacio de invierno, que representa la Vía Húmeda y el palacio de verano, que representa la Vía Seca.
Solo quienes superan ciertas pruebas intelectuales y espirituales pueden entrar en ellos. El mensaje final es que la verdadera sabiduría alquímica está reservada a unos pocos que unan conocimiento, experiencia, virtud y ayuda divina.
BIFOLIO METÁLICO DE PANTALEÓN,
es decir:
Doble hoja metálica,
o
Medicina doble para metales y seres humanos defectuosos; la cual
por los poseedores del Arte Hermético,
bajo el nombre de
La Piedra Filosofal,
ha sido inventada, confeccionada y comunicada a la posteridad.
Y ahora, traducida del latín al alemán e introducida a la luz
por
Friedrich Roth-Scholz,
Silesio de Herrenstadt.
Nüremberg,
en la imprenta de Adam Jonathan Felsecker.
Año de Cristo 1729.
314
[Tratado de] Pantaleón
Al crítico.
Unos alaban, otros vituperan y pocos comprenden. Por lo tanto, puedes seguir dándote el gusto de criticar desde la ignorancia. No deseo complacer a aquellos / por cuya causa uno es más bien digno de alabanza / cuando no les agrada.[2]
Doble hoja metálica 315
Sea esto consagrado a DIOS Trino y Uno.
316 [Tratado de] Pantaleón
¡Luz todopoderosa, eterna e
inefable; tú, fuente
y origen de toda sabiduría
y verdad!
Ha placido a tu Divina Majestad descubrir, a través del camino de la inconcebible creación, la inagotable profundidad de tu sabiduría, y manifestarte mediante tan incontables géneros de cosas creadas, por la mera enunciación y ejecución de la palabra: «Hágase». Todas las cosas tienen su principio en ti, de la misma manera que todas las cosas, junto con el tiempo mismo, habrán de concluir de nuevo en ti. Lo cual yo, particularmente en mi condición de ser la más desagradecida de tus criaturas, debo confesar: pues a pesar de que desde mi juventud he perseguido constantemente y sin desmayo la sabiduría natural por medio de la lectura, el trabajo, los viajes y la mayor diligencia posible, sin rehuir peligro alguno ni para mi vida ni para mi salud; no obstante, al mirar atrás hacia la angustia padecida y hacia esa escolástica escolástica sin valor alguno, me veo obligado a exclamar junto con el poeta:
Qué inmensa vanidad
se encuentra por doquier.[3]
Doble hoja metálica. 317
Y debo, por el contrario, confesar junto con el apóstol Pablo que todo bien y toda luz de la verdadera sabiduría descienden de lo alto, del Padre de las luces, a veces por intermediación de medios y a veces también de manera directa. Ambos modos los he experimentado yo de forma inmerecida a partir de tu pura benevolencia y gracia. Pues plugo a tu muy alabada Majestad, por la mera iluminación de mi entendimiento y mediante un trabajo aplicado e incansable, sin el favor de hombre alguno, concederme junto con los ignorantes la espléndida cumbre de la venerable ciencia natural, con el poder reservado de gozar de ella únicamente por algunos años.
Sin embargo, para qué fin he tenido que experimentar mientras tanto tan variadas vicisitudes de la fortuna, solo tú lo sabes. Mas comprendo ahora retrospectivamente que, por tu pura bondad y como demostración de una gracia aún mayor, he sido retenido hasta ahora de la culminación de la Obra. Porque si me hubiera enriquecido de inmediato, tal vez me habría entregado a la glotonería, a la pereza y a otras flaquezas humanas, y no habría aspirado a ninguna ciencia posterior, sino que me habría conformado con aquella que ya había alcanzado. Pero ha placido a tu Majestad, por causas inescrutables, mantenerme pobre y reservarme para ti como una oportunidad para aquello que todavía estaba pendiente de esta Divina Ciencia, [derramándola] sobre mí, indigno, pero de manera directa…[4]
318 [Tratado de] Pantaleón
y también a comunicarme por gracia el otro camino, aquel que los poseedores del arte llaman «la vía húmeda», de modo que ya nada queda sino darte a ti, misericordioso y benignísimo Padre celestial, inmortales y eternas gracias por este tesoro inestimable, añadiendo una devota súplica: que te plantevies prolongar mi vida el tiempo necesario hasta que pueda alabar suficientemente tu inescrutable bondad.
Y para que este precioso talento que me ha sido confiado no muera por completo conmigo, y para que la verdad de este secreto —la cual, a juzgar por las apariencias, se encuentra en las últimas boqueadas ante tantos eruditos de la palabra y vanos escolásticos académicos— sea devuelta de nuevo a su manantial originario para que procedas con ella según tu beneplácito; he querido, por tanto, encender para ti, Dios Santísimo, esta fértil doble hoja y, con abnegación de mí mismo, ofrecértela en sacrificio. Que tu Divina Majestad se digne aceptar de la mano de tu más insignificante siervo aquello que a este mundo corrompido no le agrada en absoluto tomar bajo su custodia. Yo, por mi parte, he entregado mi voluntad por completo a tu divina voluntad, y vivo entretanto seguro del amparo de esta pequeña obra y de tu guía habitual en todo momento, la cual también por mi parte deseo, suplico y ruego con ansioso anhelo.[5]
Doble hoja metálica. 319
Prólogo.
Recientemente, con ocasión de mis primeros escritos a los que fui impulsado, publiquen dos frutos de idéntico contenido, a saber: La tumba hermética abierta y El examen alquímico, con el firme propósito de no escribir nunca más sobre semejantes materias, para no ser tenido por los demás como un hombre codicioso de dinero en lugar de como un poseedor del arte. Pues el mundo actual, que es mucho peor que el antiguo, ha engendrado una calaña tan infame que entre mil hombres ni uno solo aspira a la verdad; al contrario, cada cual, cuando lee mis escritos, juzga mis intenciones a partir de las suyas propias diciendo: «Ni yo ni casi nadie en esta ciudad amamos en absoluto la verdad, o si acaso raramente; y no porque nos sea desconocida, sino porque ya no tiene valor alguno, igual que una moneda antigua y fuera de curso. Por tanto, este PANTALEÓN no se habrá tragado él solo todas las artes verdaderas: todo lo que pretende no son más que bufonadas, sutiles artimañas, sofisterías y engaños. Quizá pueda encontrar todavía a algún necio tan simplón que quiera creerle, pero a nosotros no nos va a atrapar. Que nos muestre primero el oro y la plata que ha fabricado mediante su arte, y entonces le creeremos», etcétera.
De esta manera juzga no solo el vulgo común, sino también los grandes señores sobre los…[6]
320 [Tratado de] Pantaleón
amantes de la verdad. ¿Qué tiene entonces de extraño que de vez en cuando haya tantos impostores en esta ciencia? Pues si cada cual, guiado por su propio y presuntuoso delirio, pretende juzgar a los demás a partir de sí mismo, a fe mía que se verán obligados a inventar mentiras para que no se cometa una injusticia contra la verdad. Como mínimo, es menester que uno se guíe por la opinión de aquel con quien se ha propuesto tratar. Pero si por otra parte este último sedimento del tiempo, según la ley del ciclo circundante, ha de ser restituido en igual dignidad a su punto original y, por ende, hacerse eterno después —tal como profetizaron algunos de los antiguos sabios, y como la misma razón da a entender sin dificultad: que todas las maravillas de la naturaleza se manifestarán antes de su disolución y alabarán a su Creador—, de poco me serviría temer a las lenguas bífidas de unos cuantos ignorantes y enterrar en el silencio el talento que me ha sido conferido desde lo alto. Pues sin duda ocurrirá lo que la piedra angular celestial, nuestro Salvador, reveló acerca de la verdad cuando dijo: «Si estos callaran, las piedras clamarían»; y sucedería que otro me arrebataría de las manos la palma de la victoria en esta carrera, grabándome en la frente, por así decirlo, una marca de malevolencia hacia mi propio género humano.[7]
Doble hoja metálica. 321
Habiéndolo meditado mejor, he vuelto a tomar la pluma para añadir este tercer tratadito a los dos anteriores, con el deseo de ganarme mediante él la aprobación de los verdaderos sabios maestros. El primero lo escribí para los estudiantes principiantes y para la multitud que vaga errante. El segundo, para los altos potentados, con el fin de contener el celo amargo como la hiel que derraman contra este arte. Este tercer y último tratadito lo he mandado publicar para complacer a los poseedores del arte, para que sepan que soy su igual y su hermano. Aunque no dudo que los inexpertos considerarán los primeros textos como una fábula y una vana curiosidad, este último será reconocido como legítimo por los poseedores del arte, pues solo ellos comprenderán fácilmente esta doble labor aquí descrita a partir de la explicación de las partes y de la manera en que se debe proceder con ella. Entretanto, tampoco dudo que, por medio de esta pequeña obra doble, muchos sabios maestros que se han desviado del rumbo correcto serán conducidos de vuelta al manantial de la verdad natural y calmarán allí su sed. Para los detractores de este arte, y para aquellos que prefieren sustentarse con tretas infames y con el sudor y la sangre ajenos antes que ensuciarse las manos con el carbón, no seré más que un charlatán vendedor de gafas y un impostor.[8]
322 [Tratado de] Pantaleón
Aquellos, sin embargo, que han vinculado incansablemente la lectura de los libros con la experiencia práctica, y que a menudo han sido sahumados con los vapores tóxicos de los minerales montanos, cosechando menos que nada a costa de la pérdida de su salud y de sus bienes; esos mismos me comprenderán bien, aun cuando a veces yo me guarde o calle algunas cosas, y replegarán sus velas. Pues solo ellos comprenderán por qué han trabajado en vano tan a menudo, y cómo se propusieron alcanzar cosas del todo imposibles mediante sus absurdos agentes operativos. DIOS conceda que, por medio de esta pequeña obra, cada cual vea cumplido su deseo. En lo que a mí respecta, puedo testificar ante DIOS, escrutador de los corazones, que en este tratadito he expuesto todo de manera sincera e íntegra —bien que bajo el modo de escribir acostumbrado en el arte—, detallando cuanto se requiere para la confección de estos dos máximos secretos, tanto en lo esencial como en lo accesorio.
Quien pueda entenderlo, que lo entienda, y
vive sano, Amén.[9]
Doble hoja hermética. 323
Capítulo I.
Sobre el fundamento de esta doble hoja.
En el taller de la naturaleza universal, el retorno circular de las cosas esenciales no yerra; pues la causa motriz suprema —DIOS, que es la naturaleza misma, alabado sea por la eternidad— cesa y retorna sin fin de uno a tres, y de este nuevamente a uno. Por ello, el más sabio de los reyes, Salomón, dijo que no hay nada nuevo bajo el sol, sino únicamente un ciclo continuo de todas las cosas a través de una destrucción y una reconstrucción. Esto mismo puede observarse, entre otras materias, en la reina de todas las ciencias: la alquimia, como se la llama comúnmente; la cual muchas veces ha quedado arrumbada bajo el banco y luego ha sido rescatada de nuevo, o bien ha permanecido escondida como las moscas detrás del artesonado de madera, e incluso a veces emparedada en los muros. Con todo, jamás han faltado personas que, por divina providencia, han aspirado con el mayor de los entusiasmos y de forma encomiable a este arte, del mismo modo que también ha existido una gran multitud de gentes necias y sumamente perezosas. Por esta razón, este santo niño ha sido a veces enterrado cuando aún se hallaba en la cuna, y nuevamente…[10]
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desenterrado, y a veces también, aunque en muy raras ocasiones, se le ha dejado alcanzar su edad viril.
Bajo el Imperio Romano, según se sabe, vivieron hace algunos cientos de años LULIO y ARNOLDO; tras ellos, transcurrido algún tiempo, siguió AUGURELLO, de quien se dice que el papa romano LEÓN X le obsequió, a cambio de su obra en verso alquímica, sumamente hermosa y preciosa, una gran bolsa de cuero con esta respuesta burlona: «Si eres capaz de hacer oro, no necesitas nada más que una bolsa como esta para poder meterlo dentro». Semejante respuesta viene como anillo al dedo. Pues existe una diferencia enorme entre la contemplación de una cosa y la obra misma, entre el principio y el fin, entre el hecho y la capacidad. No a cualquiera le es dado llegar a Corinto en el mismo instante en que ha aprendido el camino, por falta de los viáticos necesarios. Del mismo modo, tampoco se deduce lo siguiente: «Conozco la obra maestra de cómo se deben teñir los metales, por lo tanto puedo fabricarla de inmediato». Y es que bien pueden faltar los medios, la oportunidad, el lugar, o bien las fuerzas y la salud. Por consiguiente, resulta un reproche del todo insensato decir: «Si lo sabes, hazlo», etcétera. Así, después de los tiempos de AUGURELLO, nuestra alquimia permaneció sumida en un largo olvido, hasta que finalmente volvió [a despertar] en los mo-…[11]
Doble hoja hermética. 325
…nasterios, unas veces entre los alemanes, otras entre los españoles, comenzó [este arte] a resplandecer de nuevo, tal como se puede apreciar en parte en las crónicas históricas, hasta que en el año mil quinientos surgió de entre los alemanes TEOFRASTO PARACELSO. Este asimiló los principios de este arte de manos de TRITEMIO, el abad de Sponheim; aunque posteriormente, según se cuenta, fue mejor instruido en la materia en Oriente por un persa o un griego.
Tras extinguirse de nuevo esta estrella, sobrevinieron otra vez tinieblas generalizadas en la sabiduría escolástica de las demostraciones, en el momento en que se encendió ese desdichado cometa de larga cabellera llamado THOMAS ERASTUS, un médico lorenés. Este hombre, por el hecho de ser particularmente versado en la elocuencia de las palabras aristotélicas, se creyó alguien importante y osó intentar despojar a nuestra palpable verdad natural de todo su honor, e incluso de su propia vida, mediante su palabrería académica. Pero dado que las palabras y los proyectiles son armas muy desiguales, nuestra verdad permaneció siempre indemne y, mientras tanto, se ocultó en sus refugios seguros. No obstante, esta bestia de las disputas provocó una gran carcajada entre toda la posteridad sensata. Pues quien niega la transmutación de los metales inferiores en oro y plata está poseído exactamente por el mismo delirio que aquellos que, antes de los tiempos de COLÓN, se negaban a creer que también hubiera seres humanos debajo de nosotros; pues…[12]
326 [Tratado de] Pantaleón
…ambos, a menos que sean unos necios, tienen al menos un principio para ello. A partir de esa época se comenzó a disputar sobre este arte. Pues los eruditos que siguieron los pasos de ERASTUS preferían los silogismos verbales y las conclusiones dialécticas a cualquier prueba empírica real, alegando concretamente que los géneros de las cosas creadas no podían transformarse unos en otros, ya que aquello constituiría un ultraje e injuria a la majestad de la naturaleza y del Creador; tal como todavía hace pocos años pretendía sostener JOHANNES RIOLANUS, un médico por lo demás instruido. A esto se sumaba también que PARACELSO había escrito sobre su arte en su lengua materna, razón por la cual fue despreciado con mucha mayor intensidad por las altas escuelas académicas, que lo tildaban de hombre ignorante y vulgar, como si no fuera posible escribir la verdad de otra manera que no fuera exclusivamente en latín. Por este motivo, cualquier joven magister o bachiller, para dar prueba de su erudición, afilaba sus puntiagudos dientes contra PARACELSO y sus sucesores, y todos aquellos que se adherían a una opinión diferente eran expulsados de la comunidad de los sabios. Con ello lograron tanto que, incluso hasta el día de hoy, hombres sumamente cultos y sabios sienten aversión hacia este arte —más por coacción que por voluntad propia— para evitar que las universidades los tachen de ignorantes y necios. Pues sostienen que la doctrina aristotélica…[13]
Doble hoja hermética. 327
y el arte químico no pueden coexistir el uno al lado del otro. Por esta razón, convencieron también a los altos potentados de que no se debía confiar la vida de los reyes a aquellos médicos que se entregaban a la química, a causa de la tremenda fuerza de los medicamentos químicos. Esto, por cierto, es verdad si se trata de los químicos vulgares, pero no de los verdaderos filósofos o poseedores del arte. A estos los defendió de forma encomiable, tanto de palabra como con obras frente a las escuelas académicas, hace cuarenta años HELMONTIVS, un holandés que fue estimado tanto en el monte Parnaso como en el Vesubio; esto es, que fue un hombre sumamente experimentado tanto en las artes liberales como en el fuego. Cuando sus profesores le hayan respondido a él de manera suficiente, entonces diré de ellos que son dioses; pero creo que seguirán siendo simples humanos. Mirad, de esta manera han dado testimonio de sí mismos los eruditos.
Por otra parte, algunos hombres ignorantes, pero por lo demás inteligentes, se atrevieron a defender a PARACELSO y su doctrina oculta, porque experimentaron en la práctica misma, en una u otra ocasión, la transmutación de los metales. Sin embargo, la mayoría de estos combatieron de forma desdichada por falta del fundamento correcto, el cual PARACELSO había omitido y que debe ser tomado de otras lenguas. Ninguno de los dos bandos lo hizo bien: pues si los eruditos hubieran dejado de lado su soberbia y su pereza, y los ignorantes [se hubieran instruido] en las artes liber-…[14]
328 [Tratado de] Pantaleón
rales hubieran estado instruidos, tal vez nuestra alquimia ocuparía hoy el peldaño de honor que le corresponde y podría avanzar firmemente sobre ambos pies para sanar tanto a los seres humanos enfermos como a los metales defectuosos. Pero los primeros tienen una frente dura, y los últimos una nuca rígida. Aquellos tienen ante sus ojos la máxima de PLATÓN, que reza: «Lejos de mí que el filosofar sea practicar; la filosofía es algo más elevado: no instruye ni a las manos ni a los pies, sino a las almas». Estos últimos, en cambio, se confían a sus manipulaciones prácticas y a sus hornos ingeniosamente construidos, esperando que, si lo investigan todo, la verdad terminará por salir a la luz al final. Sin embargo, ambos se equivocan estrepitosamente: pues no basta con el estudio, ni con la sola prueba del fuego, ni con ambas cosas juntas, a menos que sirvan para aprehender el fundamento, el cual, una vez comprendido rectamente, permite llegar muy lejos. Con todo, se requieren después preparaciones muy particulares que no están escritas en ninguna parte, sino que son conocidas únicamente por los poseedores del arte. Por esta causa, a partir de una materia tratada con negligencia y mal comprendida, ha surgido hasta el presente una extraña y variada multitud de errores e impostores. Muchos, sumidos en la desesperación, tienen a todo este arte por nada; muchos sobreestiman sus sales, otros los metales, y muchos buscan nuestro Punto Esencial en el aire y en los elementos, para acabar extenuados al final, sin dar con nada en absoluto…[15]
Doble hoja hermética. 323
Capítulo I.
[Página] 329
…coinciden todos entre sí, tal como he reseñado con mayor extensión en mi Examen Alquímico.
Mas para no demorarme en la introducción más de lo que permiten el ávido lector y la naturaleza misma de esta doble hoja, indicaré brevemente cuál es su tallo o fundamento. Si tomamos para su consideración la esencia idéntica de una planta viva llamada Bifolium [Doble Hoja], la cual, al estilo de todas las hierbas, presenta una misma e idéntica forma desde la raíz hasta la cima sin poseer nada dispar en ella, se deduce, por el derecho de la analogía, que tampoco el tallo de nuestro Bifolio Metálico es distinto de sus hojas, las cuales son de naturaleza metálica y producen exactamente frutos de la misma clase. Pues no aportan ningún argumento sólido aquellos que afirman que no se busca un metal, sino algo que es más que un metal, y que por tanto no resulta necesario que la materia prima deba extraerse únicamente de los metales. Pero yo respondo que para la esencia de la tintura no se requiere un metal ordinario o vil, sino un metal multiplicado, ensalzado y adornado con una perfección interna. Porque si esa misma esencia compuesta no fuera metálica por su origen, no podría mezclarse con el metal; y si no fuera sobre-perfecta, no podría volver perfecto lo que es imperfecto. Y puesto que de nuestro tallo brota y crece oro, el cual es completamente homogéneo…[16]
330 [Tratado de] Pantaleón
…[homogé]-neo; por cuya razón, en su calidad de causa, posee una misma e idéntica esencia con su propia obra. De modo que el fundamento de nuestra doble hoja metálica es una raíz mercurial metálica, sumamente pura y uniforme.
Capítulo II.
Sobre la obra maestra de la gran tintura universal por la vía húmeda.
«Y todo era bueno en gran manera»: así ensalza la consumación de la creación el Espíritu de Dios mismo, por boca de Moisés, en el primer capítulo del libro del Génesis. Sin embargo, en estos tiempos nuestros todo es sumamente malo, imperfecto, triste y miserable. Esta tierra se ve atribulada por las armas marciales; aquella otra, por el hambre y la sed; una tercera, por enfermedades incurables; y una cuarta, por la escasez y las presiones financieras, etcétera; y todo esto debido únicamente a la pura indigencia. Pues todas las gentes se lamentan de la pobreza; en ningún lugar hay dinero suficiente, sino que escasea por doquier; y cuanto más dinero se acuña, tanto más parece faltar el dinero, lo cual sin duda resulta opuesto a la buena condición y prosperidad de los reinos y las naciones. De esta prosperidad y del rico sustento de la Tierra entera habla el…[17]
Doble hoja hermética. 331
…[el] Creador tres veces alabado, [asegurando] que nada falte de aquello que el ser humano, como habitante de ella, necesite hasta la abundancia. Pero lo que ocurre por nuestra propia culpa, eso no concierne al Altísimo. «Israel, tú mismo te llevas a la perdición», etcétera. Ciertamente sabemos lo que es mejor, en virtud de nuestras almas racionales e inmortales, pero seguimos lo peor, impulsados por el espíritu vital perecedero que ha obtenido la ventaja a causa de la Caída. Pues el hecho de que nosotros, los cristianos, guerreemos durante tantos años por un palmo de tierra, llenándolo todo de asesinatos y matanzas, no es culpa del Creador, el cual hizo habitable la redondez entera de la Tierra y dejó en ella un espacio inmenso. Que a muchos los azote el hambre y la pobreza todavía menos puede atribuírsele a Él, quien nos ha obsequiado con tan descomunales abismos en la tierra llenos hasta el borde de oro y plata. Y que las enfermedades incurables aumenten día tras día, es de creer que también provenga de nuestra propia culpa, puesto que la Sagrada Escritura dice expresamente que DIOS el Señor hizo a todos los géneros de la Tierra capaces de tener salud, y que no se carece de ningún remedio medicinal sobre la Tierra. Esto lo demuestro patentemente de la siguiente manera: ¿Acaso no es un signo de una bondad desmesurada el que el Creador tres veces bueno no solo haya llenado la Tierra entera de oro, sino que además de esto haya creado una materia específica que pertenece propiamente a este arte,…[18]
324 [Tratado de] Pantaleón
…[ha creado,] e infundido de inmediato en la mente del primer mundo el modo y la manera para que, sobre la Tierra, imiten en cierto modo al Creador y puedan hacer oro a partir de algo que no es oro, y que posea la virtud de erradicar las enfermedades que se han deslizado de soslayo en la naturaleza humana. Es más, para evitar que la malevolencia de los hombres pudiera ocultar esta Divina Ciencia si para ella sirviera únicamente una sola vía del arte y una sola materia prima, Dios ha concedido piadosamente múltiples materias y múltiples caminos, tal vez en épocas diferentes, como se aprecia con toda claridad a lo largo de toda la antigüedad de los sabios. Pues aunque muchos de nuestros antepasados afirmen que solo una cosa y un solo procedimiento conducen a este secreto —lo cual, considerado a su propio modo y en cierto sentido, también es verdad—, yo sostengo firmemente y demuestro que existen más caminos para alcanzar un mismo fin, tal como lo refrenda GEBER en su capítulo 28.
Hasta el presente, no obstante, en el curso de la naturaleza y del arte, los maestros químicos han reconocido y ensalzado principalmente una vía doble: a saber, la Vía Húmeda y la Vía Seca. Deseo exponer ambas ante tus ojos de manera conforme al arte, sin grandes rodeos y con la mayor brevedad posible, analizando todas sus circunstancias; y comenzaré por la Vía Húmeda, por ser la más antigua y fácil, pero enteramente secreta. Agudiza, por tanto, tus oídos, mi querido aficionado a la química, y acoge nues-…[19]
Doble hoja hermética. 333
…[nues]-tro plomo filosófico tanto como quieras; redúcelo, sin adición externa alguna, a su esencia primigenia. Haz que se vuelva ligero, y transfórmalo en parte en un cuerpo solar y en parte en un cuerpo lunar; las demás estrellas resplandecerán a partir de estos. Lleva las tinieblas hacia la montaña salada de Venus, y separa lo sutil de lo grosero con dulzura y gran entendimiento. Cuando esto haya sucedido, las estrellas comenzarán a operar a través del fuego, el aire y el agua sobre tu tierra, y la penetrarán por completo; y configurarán la cadena áurea de HOMERO, haciendo verdadera la máxima de HERMES, que dice: «Lo que está abajo es como lo que está arriba». Después de esto, la tierra preñada no tardará en brotar las flores más hermosas, que deleitarán los ojos y el alma. El mar mostrará ante todo al pequeño pez Echeneis, y el aire dejará ver al avecilla hermética; el fuego, por su parte, recibirá la simiente de la salamandra. Tras esto, verás animales irracionales correr de un lado a otro sobre la tierra. Sube ahora a una montaña que sea más alta que el mundo entero; allí encontrarás una flor doble, una blanca y otra roja. Une estas dos, de modo que se conviertan en una caléndula; ofrécela en sacrificio a tu mercurio, el cual la engullirá con avidez, y después de esto subirá a su trono con alas en las manos y en los pies. Pero dado que todavía lo malo se halla mezclado con lo bueno, y…[20]
334 [Tratado de] Pantaleón
…[puesto que] el veneno más atroz de toda clase de vicios —principalmente el del homicidio— se halla oculto en nuestra tierra, es menester que este fuego devorador sea extinguido con su opuesto contrariante y que se provoque un diluvio universal. El arca de Noé debe estar correctamente cerrada y provista de sustento, para que no muera de hambre aquello que ha de conservarse en el agua. Al cabo de cuarenta días, abre tu caja y de ella saldrá el predicador de los dioses de las montañas, alegre y regocijado, y será el único señor incorruptible y permanente sobre su cielo y su tierra. Hasta aquí llega la preparación y el adorno del mercurio filosófico, la cual concuerda bellamente con la creación del mundo y puede hallarse en la obra de CHORTALASSÆUS. Considera ahora también cómo debes mantener con dignidad a este niño real de las Indias, y cómo puedes resarcir con real regocijo el desamparo y la penuria que padeció en su prisión. Pero guárdate de ser demasiado pródigo en la compra de toda clase de delicados y saludables manjares, y no le sirvas más de un plato a la vez. Pues le sucedería lo mismo que suele acontecerles a las personas que han estado hambrientas durante largo tiempo cuando se atiborran después; [evita esto] para que tu planta real no perezca asfixiada en su tierno crecimiento. Mantén, por tanto, una medida fija de sustento, y sírvele únicamente una porción determinada de la comida y la bebida de los dioses…[21]
Doble hoja hermética. 335
…[al igual que se hace] en el almuerzo y en la cena. El dormitorio y, sobre todo, la cuna deben estar calentados de tal modo que [el niño] no sude ni pase frío; pues, a ojos vistas, ambas cosas impiden el crecimiento de los niños. [Mantén esto] hasta que, tras un período de tiempo u otro, su estómago y todos sus miembros se vuelvan más fuertes, para que, en caso de que ocurra cualquier imprevisto, puedan tolerarlo mucho mejor. Cuanto más a menudo lo alimentes después de haber completado la cocción, tanto más alto, hermoso y robusto se volverá, de suerte que ni Héctor ni Milón de Crotona le aventajarán en fuerza y vigor.
La alegoría ha terminado; ahora sigue la explicación de la labor manual, la cual con gusto habría expuesto de forma más clara, e incluso enteramente manifiesta, para que la inefable y desmesurada estimación que los hombres tienen por el oro disminuyera, y únicamente la virtud desterrada fuera encumbrada de nuevo a su soberanía y dignidad; si no fuera porque, por el contrario, causas sumamente importantes han refrenado mi pluma y la han colgado en el templo de Apolo. Con todo, para cumplir en parte con mi promesa, declaro abiertamente que a este secreto pertenece una sola cosa, la cual, no obstante, es también múltiple. Cuando se dispone de ella y se sabe cómo tratarla, no añadimos nada extraño, sino que únicamente retiramos lo superfluo y colocamos lo restante en el fuego. Se trata, por tanto, de la misma materia de la que hemos hablado anteriormente, [advirtiendo] que ella [posee] un especial…[22]
336 [Tratado de] Pantaleón
…[un especial], singular y secreto mineral; el cual no es simple ni uniforme —aun cuando contiene en su interior nuestro Punto Esencial homogéneo—, sino compuesto, y consiste en una diversidad de cosas desiguales. Por esta razón, los sabios lo han denominado también electrum mineral. Pues del mismo modo que un electrum metálico está compuesto de varias cosas reunidas, así también este electrum nuestro lleva consigo múltiples partes desiguales y alejadas de la perfección metálica. Además, al ser abierto mediante el arte, desprende de forma enteramente perfecta los tres principios químicos: Sal, Azufre y Mercurio, los cuales contienen en sí, de igual manera, todos los elementos que en la realidad pueden ser separados unos de otros. Por añadidura, se le llama también de manera muy ingeniosa y categórica el Saturno Filosófico y Padre de todos los metales, a pesar de que no revela ningún metal perfecto ante un examen ordinario, debido a que la naturaleza ha operado solo un poco en esta materia y la ha dejado imperfecta. Con la mayor facilidad, no obstante, se reconoce a este mineral bajo el nombre del «León de Occidente». Aquel que declare su nombre con términos más claros a la gente común y sin distinción, ¡sea maldito! Pues quien conoce el origen de los metales, no tardará en ver esta tierra salina y mezclada en mitad de la noche, y no requerirá de ningún otro anteojo. Pero quien todavía esté ciego, que tome la obra de HENRICUS KHUNRA-[23]
Doble hoja hermética. 337
…[KHUNRA]-THI, [publicada] en Leipzig, cuyos Escritos Químicos bastan por sí mismos; en ellos verá qué clase de tierra pretenden obtener los sabios maestros, aquella que debe ser desenterrada cavando hasta las rodillas; lo demás lo ha enseñado ya con suficiente claridad El Pequeño Campesino. La sana razón no permite declarar su nombre de una manera más transparente.
Me vuelvo, por tanto, hacia la preparación de nuestra sustancia material, rescatada desde lo más profundo del fundamento. Mas como aquí no escribo para estudiantes principiantes, sino para maestros consumados, me ceñiré a la clarísima descripción de CHORTALASSÆUS, la cual se halla contenida en estas palabras: «Una vez que los vapores tóxicos se hubieron alejado de la piedra, se dejó ver en primer lugar la flor blanca; después tuve que buscar la roja en la parte más baja, la cual finalmente también brotó». Y en otro pasaje [dice]: «Mi buen campesino me mostró dos flores de flujo estelar, una blanca y otra roja, las cuales se erigían ambas sobre un mismo tallo y proyectaban de sí siete rayos», etcétera. Lo cual yo interpreto de la siguiente manera: tras haber procedido a la separación de los vapores tóxicos mediante la calcinación por fuego, se debe acometer la apertura de la materia —la cual se halla oculta en el barril de vino—, seguida de una posterior separación de lo puro frente a lo impuro, y de una nueva reunificación. Todo lo cual se enseña nítidamente en la obra La guerra de los caballeros con estas palabras: «DIOS nos ha [concedido] este…»[24]
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mineral metálico, el cual tomamos en exclusiva para romper su cuerpo endurecido, desechar lo superfluo, entresacar el núcleo y fabricar, a partir del veneno, un remedio contra el veneno. Consúltese más sobre esto allí mismo, y en la Lucerna Salis Philosophici [La linterna de la sal filosófica]. Cuando hayas superado esta labor múltiple, serás poseedor de un agua limosa, metálica, transparente, homogénea y húmeda; la cual es llamada por los antiguos «Mercurio», pero que con su nombre verdadero es denominada «la Madre del Sol y de la Luna», la cual se halla oculta en el reino secreto del Saturno filosófico.
Esta obra maestra posee, por encima de otras, cinco propiedades singulares y excelentes. La primera de ellas es la fácil multiplicación del agua de disolución. Pues una vez que se posee una pequeña cantidad —una o dos onzas— de esta «leche de virgen», se la puede multiplicar después hasta el infinito sin necesidad de repetir la tediosa labor ordinaria. Semejante ciencia inestimable y divina sobrepasa con creces el precio de todo el oro y las perlas. En segundo lugar, el modo seguro de tratarla confiere una gran excelencia al trabajo manual. Pues no importa cómo sea el maestro —grande o pequeño, un rey o un pastor de ovejas—, y tampoco importa qué testigos tenga ante sí —ya sean eruditos, experimentados, cautos o diligentes—, puede poner en marcha su labor de multiplicación sin preocupación ni temor alguno, aun cuando todos ellos lo estén observando; puesto que nada…[25]
Doble hoja hermética. 339
comprenderán de ello, y tal cosa [se logra] ciertamente con un leve esfuerzo. La tercera ventaja de este secreto consiste en una cocción simple y directa de toda la obra compuesta, elevando el calor desde el primer grado hasta el último. Pues en la Vía Seca se debe temer desde el mismo comienzo que los vidrios estallen, a causa del gran calor y de la volatilidad de la materia encerrada; riesgo que, por el contrario, no se ha de temer en esta Vía Húmeda. En ella, a medida que el calor aumenta, se acrecienta también la fuerza de la materia para resistir al fuego; y por lo tanto, no hay nada que temer: ni que la obra pueda malograrse si los vidrios estallaran por un fuego excesivamente fuerte, ni que la materia encerrada pueda corromperse por la combustión de sus «flores». De ahí que se haga verdadero el proverbio filosófico que dice que esta es «labor de mujeres y juego de niños». Lo cual debe entenderse bajo la condición de que sepan cómo elaborar la obra maestra, pues de lo contrario tampoco los hombres lograrán resultado alguno. En cuarto lugar, la tintura que brota de esta obra maestra es, por encima de todas las demás, un verdadero auxilio de Dios para la naturaleza humana, la cual ilumina y disipa su insalubre oscuridad como un sol que brilla resplandeciente; y esto es debido a que, antes de añadirle el oro, no posee en sí una resistencia metálica al fuego tan elevada como la tintura obtenida por la Vía Seca, sino…[26]
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…sino [que] lleva todavía consigo algo de la naturaleza soluble de las sales; por cuya razón sigue con facilidad a vuestras aguas de disolución y se une con el Archaeus mineral. La quinta ventaja de esta Vía Húmeda consiste en que, a través de ella, a partir de la mismísima materia del arte y mediante una labor ligeramente distinta, se prepara la celebérrima sustancia líquida que PARACELSO denominó Alkahest. Con este indestructible disolvente, todas las cosas son reducidas de nuevo a su esencia primigenia y producen sus frutos naturales. Pues con él se lavan las taras hereditarias de los cuerpos [metálicos u orgánicos], y una vez que han despojado su naturaleza salvaje, es el momento oportuno para que adquieran unas fuerzas inmensas e inefables; tal como refrendan en diversos pasajes VAN HELMONT, PARACELSO y LUDOVICUS DE COMITIBUS, hacia cuyas obras remito también al lector ávido del arte. Y es que me disgusta emplear demasiadas palabras sobre un asunto y ensalzar una cosa que es en sí misma verdadera e incomparable, siendo yo alguien que está mucho más dispuesto a demostrar la obra con poder que a proclamarla de boquilla.
Con todo, no puedo dejar de mencionar aquí de pasada la inefable sabiduría y providencia del Creador en esta obra maestra del arte. Pues Dios el Señor, bendito por la eternidad, había decretado que este elevado secreto sanara todas las enfermedades, preservara la salud y sirviera de consuelo a la pobreza…[27]
Doble hoja hermética. 341
y auxilio, dándoselo al género humano como un regalo de pura bondad y gracia. Pero como Él ya sabía de antemano que el ser humano caería y, por ende, se volvería indigno de pasar su vida en perpetua salud, creó por tal motivo una sola y única cosa que sirviera para la curación tanto de los hombres como de los metales. Y unió estrechamente sus modos de operar entre sí, a fin de que el artista [el alquimista], movido por el deseo del oro, tuviera que aliviar el castigo de los pecados —las enfermedades crónicas e incurables para el vulgo común— y aplacar la ira de Dios. Pues quien peca contra su Creador debe, según el dictamen de la Sagrada Escritura, caer en manos del médico, y así una escoba se golpea y se desgasta con la otra. Porque es una verdad irrefutable que los médicos ordinarios son servidores de la naturaleza humana mientras esta aún se sostiene en pie, pero no cuando ya ha caído por completo; tal como lo atestigua sobradamente la gran multitud de enfermedades incurables. Pues si no hubiera un movimiento desordenado, ni un oscurecimiento del Archaeus, ni una disminución esencial de las fuerzas ligada a una deficiencia física de los miembros; y si este o aquel solo hubieran enfermado por una ocasión propicia o por una causa puramente accidental, entonces, digo yo, si dicha causa se elimina mediante la purga de los intestinos y a través del sudor, [28]
342 [Tratado de] Pantaleón
el enfermo se recupera a veces por sí mismo; de lo contrario, aunque uno se devorara la botica entera, de nada le serviría, porque los remedios medicinales de las farmacias, que se extraen de las plantas de la tierra y de los animales, son asimilados y dominados por los fermentos de los órganos internos, quedando despojados de su fuerza curativa particular. De ellos no sobrevive nada más que una débil sombra, la cual las enfermedades arraigadas desprecian después por considerarla aún más débil. Lo que se debe pensar de las medicinas minerales comunes ya lo he dado a entender en el apéndice. Por el contrario, aquellos medicamentos que han sido preparados mediante el Liquor Alkahest son todos resistentes al fuego: iluminan y restauran el orden por sí mismos a través de su presencia incontenible. Son inofensivos, carecen de toda acritud corrosiva o punzante, y con ellos, como con una hoz, se cortan de raíz todas las enfermedades a la vez y se erradican las dolencias más terribles, de tal manera que la propia naturaleza debe maravillarse de ello. Así lo ensalza con absoluta verdad VAN HELMONT al hablar de los azufres perfeccionados y consumados, distinguiendo en este aspecto a un verdadero médico de uno ficticio y pretendido. Pero el hecho de que algunos, como POLEMANN en su Lumen, pretendan extraer esta tan alabada humedad a partir de sales propiamente dichas, es completamente falso.[29]
Doble hoja hermética. 343
…[Porque] cualquiera que sea la sal que se tome para este uso, siempre encontrará su oposición, lo cual no le sucede a este jugo nuestro. En segundo lugar, aun cuando a costa de un gran trabajo y del martirio del fuego se extraiga un espíritu a partir de las sales saturadas, nunca se obtendrá de ello un agua de disolución verdaderamente activa. Pues yo mismo he fabricado a menudo tales espíritus apagados con gran esfuerzo a lo largo de varios años, pero jamás con el resultado deseado. Por el contrario, el agua Alkahest, aunque solo haya sido destilada una sola vez, cumple plenamente con su cometido común y se separa de nuevo de la materia sin sufrir alteración alguna. Por añadidura, tales salia enixa [sales neutras o remanentes] no son homogéneas, dado que por el arte se componen de sustancias opuestas; tampoco disuelven ninguna materia seca hasta volverla fluida sin alterar su propia composición, propiedad esta que el ya mencionado VAN HELMONT ensalza con extraordinario elogio al hablar de este Alkahest. En tercer lugar, si este jugo homogéneo se preparara a partir de sales, VAN HELMONT no aconsejaría el uso de la sal de tártaro volátil a aquellos que ignoran este secreto, tal como lo hizo en su libro sobre las fiebres, en el capítulo 15. Esto es lo que he querido recordar aquí de pasada.
Regresemos ahora a nuestra obra maestra por la Vía Húmeda, de la cual nos habíamos desviado. Ya hemos elaborado su parte principal, a saber: la llave que abre y cierra,…[30]
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[Tratado de] Pantaleón
…[hemos] enseñado a elaborar; a saber: el mercurio líquido de los sabios. Ya no queda nada más sino la manera de cocerlo por completo hasta convertirlo en una tintura, lo cual se confecciona en el plazo de un año con un fuego suave, que se va reforzando poco a poco, y con una pequeña cantidad de oro corporal. La brevedad de nuestro propósito no permite dar una instrucción más extensa sobre esta preparación, como tampoco lo exigen los filósofos, para cuyo beneplácito escribo esto; además de que aquello que aquí pueda faltar se encuentra fácilmente en las obras de muchos autores. En lo relativo a la fuerza de esta tintura general para teñir [transmutar], esta es inmensa, puesto que consiste casi en su totalidad en puro mercurio, tal como lo manifiesta el profundo rey GEBER en su capítulo 28. Si realizas la obra partiendo únicamente de mercurio, serás el creador de una obra maestra sumamente preciosa. Otras maravillosas virtudes las hallará descritas el lector en las obras de los experimentados en esta vía: en CHORTALASSÆUS, en P. FABER de Montpellier, en BASILIO VALENTÍN, en RICARDO ANGLO, en ISAAC EL HOLANDÉS y en muchos otros más, hacia los cuales quiero remitir al lector. No obstante, para no dar muestras de deficiencia en la parte más principal de mi exposición, y para no ser castigado por el Juez Supremo con la misma pena que aguarda a otros autores envidiosos e infieles, deseo desvelarme [revelar el secreto], por compasión hacia todo buen cristiano,…[31]
Doble hoja hermética. 345
…[des]-velar, y demostrar al mundo entero y a todos los hombres de buen corazón y sinceros que he cumplido con creces con mi nombre y profesión, y que nadie semejante a mí ha vivido en este mundo antes de mi tiempo.
Se debe observar, por tanto, que nuestra materia correspondiente al arte, la cual pertenece a esta vía, proporciona un menstruo doble. Uno que une o coagula las sustancias, y otro que las disuelve. Cuando el primero se combina con oro, siguiendo las instrucciones del arte, se convierte en una Tinctura metallica [tintura metálica]. Sin embargo, si por un error inevitable se prefiere el segundo en lugar de este, el oro empleado en el proceso resultará amortiguado y se transformará finalmente en una sal medicinal volátil, de la cual, al unirse en última instancia con los otros componentes añadidos, no restará más que un agua elemental insípida. Y dado que para la razón humana, si esta no se halla iluminada, resulta del todo imposible sortear estos peligrosos arrecifes marinos, he querido por ello revelar este escollo a todos y cada uno de los maestros del arte; para que, cuando yo haya muerto, no maldigan mi cuerpo bajo la tierra al ver que han perdido inesperadamente su tiempo, su dinero y su salud en un desenlace desdichado. Quien tenga oídos para oír, que oiga, y póngase a prueba a sí mismo rigurosamente antes de acometer la obra. Además, se debe observar aquí, en primer lugar, lo relativo al…[32]
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…[concluyendo con la] sabiduría y providencia del Creador Supremo, quien ha entrelazado y unido estas dos humedades de tal manera que resulta casi imposible separarlas la una de la otra sin su expresa voluntad e instrucción; con el fin último de que el mundo siga siendo un impuro valle de lágrimas y de que los seres humanos aspiren con mayor frecuencia y ahínco hacia la otra vida. Un nudo semejante ha impuesto Él también en la Vía Seca, en lo tocante al amortiguamiento y separación del mercurio, tal como habré de recordar en su debido lugar.
Por lo tanto, no se ha de temer en absoluto que el oro y esta «ciencia áurea» puedan caer en el descrédito; puesto que tanto el sabio como el ignorante, el experimentado como el inexperto, se hallan todos metidos en el mismo saco en esta materia, exceptuando únicamente a aquellos a quienes el Altísimo guía de la mano. Pues aun cuando alguien conozca muy bien nuestra materia correspondiente al arte y la tenga entre sus manos (si bien esta se obtiene con dificultad y a la vez con facilidad, según una distinción muy particular), no por ello fabricará oro, sino que destruirá el oro; porque esta manipulación práctica, requerida para el agua de disolución o mercurio húmedo de los sabios, sobrepasa el entendimiento humano. Por consiguiente, abandonamos a los sabelotodos, a los presuntuosos y a quienes se imaginan poseer una gran agudeza; pero al mismo tiempo nos compadece la gran multitud de tantos diligentes…[33]
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operarios que trabajan tan en vano. Sin embargo, los exhortamos a que oren con asiduidad y devoción en espíritu y en verdad. Pues si buscan y llaman de esta manera, sin duda alguna se les encenderá la luz desde lo alto, para que puedan ver cuán sinceramente les he prescrito la verdad. Por otra parte, en esta materia nuestra correspondiente al arte y en su preparación secreta se puede apreciar también el fundamento entero de cómo todas las cosas toman su principio y vuelven a perecer; tal como manifiestan también El Pequeño Campesino y SENDIVOGIUS, quienes afirman que en el reino del Saturno filosófico hay un espejo en el cual se presentan ante los ojos todas las operaciones naturales del mundo entero. Pues aunque alguien fuera el más ignorante de todos e incluso una persona necia, si se le muestra esta obra maestra nuestra en esta vía, comprenderá de inmediato y en ese mismo instante cómo crecen y se engendran los metales y otros minerales montanos, así como todas las demás cosas bajo el sol; tal como exponen con mayor extensión El Campesino y otros autores.[34]
348 [Tratado de] Pantaleón
Capítulo III
Sobre la tintura general por la Vía Seca.
Al igual que el incomparable secreto precedente es, hasta el día de hoy, combatido, oscurecido y corrompido de diversas maneras por el enemigo de la verdad primigenia —el espíritu maligno que impera en las tinieblas—, de la misma forma este que sigue, considerado hermano carnal del primero, es prodigiosamente deformado y falsificado por el mismo enemigo con delirios falsos y ajenos. Y esto con el único fin de que el ser humano no se vea libre de la miseria de la carne y de la pobreza, y para evitar que el Creador de tales misterios sea mejor conocido, adorado más íntimamente y alabado en mayor grado. En la primera obra maestra, este enemigo, mediante su sofisticación pagana, convenció incluso a las personas más eruditas a través de silogismos de que esta humedad no era otra cosa sino salada, y ello por una imperiosa necesidad; puesto que, de lo contrario, no podría en primer lugar atacar, dividir y disolver el oro añadido, y sin una disolución la obra no progresaría. En segundo lugar, aunque los sabios maestros afirmen que la destrucción, el alumbramiento y la sobreperfección del oro ocurren dentro de su propia especie, nada podría [lograrse], no obstante, sin la adición de la sal…[35]
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…[sin la adición de la sal], no puede alcanzarse la sal de la sabiduría. Por este motivo, muchos de ellos comenzaron la obra con vitriolo de Chipre, afirmando que este se hallaba colmado de las raíces primigenias del oro. Muchos echaron mano del salitre, tal como hizo un nuevo suizo, aquel de Salzthal. Otros procedieron en su labor con la sal común de cocina, y otros con la sal que se extrae de una tierra grasa. A estas sales unas veces las dulcificaron, al haber oído que el agua de disolución universal carece de acritud áspera; otras veces, a partir de mezclas diversas, destilaron un espíritu salino agudo, no muy distinto del cloruro amónico, y lo bautizaron como el «salmiac filosófico». Muchos emplearon el muy volátil y delicado espíritu de la orina, porque MORIENUS dice que la materia prima de la Piedra se encuentra «en ti y en mí», etcétera.
Otros inventaron con gran esfuerzo otras sutiles extravagancias inútiles, y obtuvieron en una época determinada un espíritu universal, basándose en que, según la opinión de los sabios maestros, el agua de disolución universal se halla en todos los lugares y dota de vida a todas las cosas creadas. Lo cual ciertamente es verdad, pero es malinterpretado por ellos. No se deduce que, por el hecho de que la materia prima de los filósofos requerida para la Gran Obra se encuentre en todos los lugares y sustente todas las cosas, por tanto, vaya a ser…[36]
350 [Tratado de] Pantaleón
esta misma tomada en su forma universal para nuestra obra. Pues bien puede haber recibido de la naturaleza una forma específica de género, habiendo abandonado su estado general. Convertir la materia universal en una materia general y especial es únicamente una obra de la naturaleza, no del arte; de lo contrario, se derivaría la consecuencia absurda de que el ser humano pudiera, fuera de sí mismo y a partir de esa misma materia universal sin distinción, fabricar artificialmente unas veces un hombre, otras un perro, una planta y otras un metal, algo que ningún demente jamás ha osado afirmar. Por el contrario, es menester que la naturaleza humana elabore internamente dicha materia y la asimile a sí misma mediante su fermento innato, lo cual es igualmente válido para un perro, una planta y un metal cuando este aún se halla en su propio filón mineral. Ciertamente ellos objetan que el ser humano por sí mismo, y su arte más inmediato, no convierte esta materia universal en ningún género determinado ni la asimila a él, sino que tal cosa la realiza el oro añadido por mediación de su maestro artesano interno, el Archaeus. Pero a esto respondo yo: se debe hacer una distinción entre lo perfecto y lo imperfecto, entre lo cerrado y lo abierto, entre los cuerpos vivos y los muertos. Todo el reino de los animales y de las plantas de la tierra es imperfecto en comparación con el oro,…[37]
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imperfecto, y requiere por tanto] un sustento diario. Este último, sin embargo, no puede subsistir sin las cosas individuales ni sin una aptitud manifiesta para asimilarlas, lo cual no puede ocurrir sin la introducción del alimento. Por consiguiente, no resulta absurdo afirmar que el ser humano y una planta viven de un mismo alimento, siempre y cuando se establezca de nuevo una distinción entre el alimento total y el individual, entre el inmediato y el remoto. Ciertamente existe en el aire un alimento vital universal y oculto, pero si los animales pueden vivir únicamente de él, es algo que bien lo pueden enseñar los vaqueros. Por el contrario, el oro, al ser el cuerpo más perfecto de todos, se encuentra completamente cerrado y muerto. Por tanto, ni quiere ni puede admitir ninguna materia universal que le sea añadida, puesto que esto no puede suceder sin una apertura profunda y sin una fuerza vital de la que aquel carece. Mas a las cosas cerradas y muertas del reino mineral solo pueden infundirles vida aquellas sustancias que coinciden entre sí en su origen y género, porque la vida de todas las cosas es un don específico de su propio género concedido por el Creador. Por consiguiente, dicha materia o espíritu universal nada aporta para la disolución y el renacimiento del oro amortiguado; antes bien, se requiere una materia más cercana en origen y género, y dotada de una vida singular. Lo cual es opuesto…[38]
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…[a] la condición de una sustancia universal, tal como recuerdan por doquier los sabios maestros cuando dicen: «Nuestra agua no es agua de nubes, sino un agua viva de naturaleza áurea». La naturaleza propia del oro, sin embargo, no es común a ninguna cosa fuera de su propio origen y género, por cuya razón no debe buscarse en ningún otro lugar sino en él mismo. Quede esto dicho respecto a la vía y al secreto precedentes.
En lo tocante a la siguiente y segunda vía, a saber, la Vía Seca, una vez más el príncipe de las tinieblas ha infundido densas nieblas e imposturas en la naturaleza humana, la cual, a causa de la Transgresión, ha quedado como cubierta de nubarrones; relatar todo esto extensamente resultaría fastidioso para mí y para el lector. Solo deseo resolver una objeción común, a saber: que el mercurio líquido, en su condición fluida, no puede se responde que debe hacerse una distinción entre lo perfecto y lo imperfecto, entre un metal incipiente —que se halla todavía en el primer peldaño de su estado metálico— y un metal maduro. Por consiguiente, aun admitiendo que el mercurio líquido sea un metal, ello no perjudica en absoluto, sino que beneficia en gran manera a nuestra obra. Para su explicación, declaramos que [existe] una doble confluencia metálica…[39]
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[metálica]; una que proviene de un buen azufre interno, y otra que procede de un azufre arsenical externo [perjudicial]. Aquella primera es la principal y ocurre por el propósito primordial de la naturaleza. Esta última es accidental, se adhiere de soslayo y, por lo tanto, puede ser separada, tal como enseñaremos en la presente obra maestra. Por consiguiente, si el coagulador metálico externo es eliminado del mercurio líquido, la materia permanece aún más fluida que antes, a la cual, sin embargo, ya no le corresponde el nombre de un verdadero metal. Pues todo metal auténtico consta de dos partes: de aquello que congrega y empuja, y de aquello que es congregado y empujado. En el momento en que una de ellas es separada, la otra se altera también de inmediato. Con esto no pretendo afirmar que el mercurio común no sea un metal, sino más bien la materia prima de los metales, dado que por falta de una confluencia más sólida no se deja martillar. Pues si fuera un metal en sentido estricto, malamente habría sido considerado por tu GEBER como el principio y la causa de los metales; algo que dista mucho de ser lo que afirmamos. Por lo tanto, el mercurio líquido de los sabios ya no es un metal, sino más bien un agua metálica espiritual, carente de toda confluencia metálica sólida, la cual, no obstante, está dispuesta para recibirla de su semejante…[40]
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…[asimilarla y co]-múnmente [recibirla], cuando pone en ejecución su fuerza oculta; lo cual puede apreciarse en diversos pasajes de BERNARDO, ARNOLDO y de toda la hueste de los antiguos sabios.
Sin embargo, debo recordar aquí algo muy particular por amor cristiano, un detalle que PHILALETHES omitió no sin una razón muy especial, para que yo no trabaje en vano para otros, ni otros trabajen en vano para sí mismos. A saber: se debe procurar con la mayor diligencia que, en esta separación de lo puro frente a lo impuro, el mercurio entero no se transforme por completo en una escoria negra y terrosa; tal como le sucede también al «régulo de hierro» si se arrojan sales con demasiada frecuencia, o bien por un exceso de hierro incandescente. Pues de ambos modos, el régulo más puro se convierte por entero en la más abominable de las escorias arsenicales. He querido advertir esto de antemano para que el mercurio no se vuelva uniforme, homogéneo y completamente impuro, un error en el que los inexpertos podrían caer con facilidad. Pues aquí radica una gran lentitud y un nudo verdaderamente duro que los ignorantes difícilmente lograrán desatar; ya que se halla oculto y profundamente enredado, algo que yo mismo puedo atestiguar sobradamente por mis propios perjuicios, habiendo arrojado más de una vez al estercolero, en forma de escoria inútil, el mercurio que se había echado a perder de este modo, para luego, al cabo de uno o dos días, tener que…[41]
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recogíerlo de nuevo [del suelo] infundiéndole vida. Aquel que no sepa sortear este arrecife marino, por muy bien pertrechado que esté en las demás materias, no podrá evitar un naufragio seguro. Y en caso de que a alguien esta sincera instrucción nuestra le parezca demasiado simple y vulgar, que busque consejo en otra parte y luego se dirija al fuego; entonces, al final, se maravillará de su propia e intelectual perspicacia. Ciertamente ya hice mención de semejante mercurio intermedio y fluido de los sabios en mi Tumba Hermética, tal como se puede deducir también a partir de GEBER y de BERNARDO. Pero si esa misma sublimatio de Geber es interpretada a partir de los cuerpos con los cuales el mercurio metálico no posee afinidad alguna, basándose en la distinción de las sustancias metálicas —aquellas que son perfectas e imperfectas, o aquellas que apenas han comenzado a serlo; esto es, a partir de una naturaleza metálica que es un tanto volátil y primigenia, pero inherentemente resistente al fuego y que no se deja martillar—, entonces estas dos clases de sublimación apenas se diferencian entre sí.
Deseamos, por tanto, enseñar la sublimación de BERNARDO, por ser la más segura, corta y conocida, detallando todas sus manipulaciones prácticas; la cual ha sido también descrita en parte por el ya mencionado PHILALETHES, si bien este [ocultó] la naturaleza fundamental de su propia obra, ya sea…[42]
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él [Philalethes] no lo supiera o bien lo hubiera silenciado, tal como yo he demostrado en mi Tumba Hermética mediante conclusiones y testimonios infalibles. Nada digo de la sustancia en sí misma ni de la bondad de este mercurio, y tampoco la censuro; antes bien, hablo únicamente del fundamento de esta obra maestra, la cual presentamos de una manera mucho mejor y más clara a todo el mundo erudito en la siguiente alegoría. Para esta obra se requiere, en primer lugar, la «ligadura del mercurio», cuya medida desproporcionada en nada perjudica, sino que se puede tomar de ella tanto como se desee. En segundo lugar, el «fuego mineral natural». En tercer lugar, el «fuego contra la naturaleza». En cuarto lugar, el «dragón babilónico alado». Y en quinto lugar, el «dragón terrenal». Todas estas piezas deben ser entregadas, con la ayuda del cojo Vulcano, a Neptuno, nuestro dios del mar; este último arrojará después nuestra masa mezclada al dragón alado, para que con su veneno mate a todos los animales del mar y deje que los buitres y las águilas los devoren, con la única condición de que le devuelva a él a solas el «unicornio marino». Cuando esto haya sucedido, Saturno, el dios de la tierra, contemplará la orilla del mar, y en cuanto se percate de los animales que han sido muertos, los expulsará de su territorio y los arrojará al fondo del mismísimo infierno, conservando únicamente las [criaturas] que aún [estén] vi- …
vas.[43]
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y la serpiente medio muerta sean entregadas de nuevo a Neptuno para que las reanime. Entretanto, cuando el dragón terrenal divisa al exhausto unicornio marino, se prende de amor por él y consiente en desposarse. Mas dado que los animales emponzoñados y los libres de veneno no pueden aparearse sin sufrir un gran daño, por tal motivo el unicornio marino muere tras haber cohabitado una o dos veces; se pudre y hiede espantosamente, por cuya causa también el dragón terrenal pierde la vida y muere poco después. De ahí surge de inmediato una tempestad en el aire, a causa de los horribles vapores de azufre que ascienden, y el fuego de la naturaleza comienza a batallar contra el fuego opuesto a la naturaleza; los vientos berran con furia y el Sol y la Luna se obscurecen, hasta que, tras copiosas lluvias, la Luna brilla con toda su plenitud, la cual clava en la puerta del cielo la paz que Mercurio ha proclamado públicamente. Ahora sigue la explicación.
Más arriba se ha dicho, basándose en BERNARDO, que esta obra se realiza mediante la sublimación de aquellos cuerpos con los cuales posee afinidad. Sin embargo, no debe entenderse aquí la sublimación química común que se efectúa por medio de una cucúrbita, una redoma o recipientes de vidrio semejantes, sino una sublimación filosófica. Pues la sublimatio, calcinatio, solutio, trituratio, filtratio y præcipitatio de estos [de los sabios] difiere por completo de la labor ordinaria de los químicos viles,…[44]
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[completamente diferentes], aun cuando a veces coincidan entre sí, tal como se aprecia de sobra en la sublimación común del mercurio a partir de los metales. Pues la escasa negrura que allí se separa no es nada en comparación con la abundante negrura que se aparta mediante nuestra obra maestra. Aunque uno persistiera un año entero en semejantes sublimaciones [vulgares], no alcanzaría el fin propuesto por falta del mediador más sutil, aquel que abre y separa (a saber: las palomas de PHILALETHES). Es más, incluso si esta destilación ascendente se llevara a cabo utilizando oro —lo cual ciertamente es posible mediante una manipulación práctica determinada—, al final se constataría igualmente que es en vano, por razones que únicamente son conocidas por los poseedores del arte. Por consiguiente, debe buscarse otra clase de sublimación y añadirse sustancias tales que, mediante su purísimo fuego mineral y metálico, iluminen el cuerpo mercurial heterogéneo y, mediante esa misma labor, sean capaces de extirpar de su punto central la tierra arsenical y sulfúrea. Pues tan pronto como el mercurio escoriáceo siente el fuego que le es aplicado, se reconstruye de nuevo por completo, desde los pies hasta la cabeza, y adopta alas, dejando atrás su piel mudada y sus zapatos quemados, tal como el propio PHILALETHES…[45]
Doble hoja hermética. 359
…[PHI]-LALETHES [Filaletes], el cual es un verdadero poseedor del arte, ha escrito con absoluta verdad, y a él solo alabo en esta materia. Pues su obra es una misma cosa con la mía, con la única diferencia de que la suya es más enojosa, hedionda e insalubre; si bien la mía tampoco carece de un pestazo tóxico y exige un operario prudente. Entre el mercurio que se extrae de ambos métodos no se aprecia diferencia alguna, ni en su forma ni en su cantidad; antes bien, por entrambos lados se obtiene un agua mercurial homogénea, sumamente pura y blanca, de la cual ningún arte puede separar ya nada que sea heterogéneo, sino que, o bien se evapora por completo en el fuego, o bien permanece uniforme y resistente al fuego mediante la transmutación de su semilla.
Pero aquí debo susurrar algo secreto al oído de nuestros particularistas: pues ellos se imaginan que si tuvieran este mercurio de los sabios —por el hecho de ser puro y por igualar en su homogeneidad al oro, e incluso superarlo—, este podría transformarse de inmediato en oro en uno o dos meses mediante un precipitado y su fijación estable. Pero si antes de entregarse a sus cocciones hubieran leído con diligencia los libros; si mediante la apertura frecuente de las sustancias naturales hubieran aprendido el nacimiento de los metales; y, finalmente, si no fueran unos necios, sino que supieran lo que…[46]
360 [Tratado de] Pantaleón
ellos buscaban, se quedarían en casa con semejantes niñerías y no pondrían en evidencia su insensatez. Pero como, en primer lugar, desprecian el estudio por una presuntuosa agudeza; en segundo lugar, carecen de un entendimiento profundo; en tercer lugar, se entregan en demasía a las concupiscencias mundanas; en cuarto lugar, pretenden alcanzar el más grande de los artes mediante un trabajo mínimo y por mero azar; y en quinto lugar, a pesar de estas grandes deficiencias, osan enseñar a otros de manera fraudulenta, sin poseer ciencia ni experiencia práctica en la manipulación. Por lo tanto, para que no infecten nuestra fe natural común con el veneno de los cuáqueros, infundiéndoselo a los estudiantes aprendices, y para que no infamen todavía más este arte, que de por sí ya ha sido denigrado, les propongo un breve examen y les pregunto: ¿Acaso no habéis oído de boca de GEBER que las causas incipientes de los metales son tres: el Mercurio, el Azufre y su compañero, el Arsénico, y que toda causa de coagulación proviene del Azufre y del Arsénico? Si sabéis esto, os digo entonces que el mercurio filosófico ha sido liberado por completo de todo azufre y arsénico mediante nuestra secreta artimaña, y que por tal motivo ha perdido la causa de su coagulación. Pero, ¿de qué manera habría de ser este precipitado?, os pregunto de nuevo. Si decís que a través del oro añadido, habláis como laicos ignorantes,…[47]
Doble hoja hermética. 361
ya que deberíais haber sabido por PHILALETHES que el mercurio de los sabios, cuando se junta con el oro, permanece inalterado ante un fuego suave hasta el día del Juicio Final. Pero con un fuego intenso jamás se precipitará en forma de oro, sino que se convertirá, antes de la putrefacción, en un polvo rojo y escoriáceo, o bien, después de la misma, en una sustancia plúmbea, negra como el carbón y volátil. Si pretendéis obtener oro a partir de este mercurio sin añadir oro verdadero, actuáis una vez más de forma necia e insensata; puesto que deberíais haber aprendido de VAN HELMONT que cuando el mercurio se ha vuelto «virgen» y ha sido limpiado de su impureza original, no hay fuego que pueda precipitarlo en forma de tierra, debido a su extrema simplicidad de sustancia, en la cual se asemeja al elemento del agua. O bien, por el mismo PHILALETHES, que finalmente esa misma materia precipitada —la cual se obtiene mediante un fuego intenso y en un plazo que no es en absoluto breve— no proporciona un oro común que se pueda vender, sino un oro filosófico. Nada más añado, por la indignación que me causa el que os atreváis, con tanta fanfarronería y soberbia, a desafiar a una disputa verbal a los verdaderos poseedores del arte —como lo es PHILALETHES—, cuando en realidad no sabéis de este Punto de Transmutación más de lo que sabe un ciego sobre los colores.[48]
362 [Tratado de] Pantaleón
Podría filosofar con vosotros a un nivel más elevado y mostraros con las manos cómo se fabrica el oro por la naturaleza y por el arte, tanto dentro como fuera de la tierra; pero como vuestras cabezas están repletas de fábulas de viejas sobre la plata y el mercurio resistente al fuego, jamás comprenderán este «alumbramiento del oro» hasta que no hayan sido bien purgadas con eléboro. Y dado que no deseo tal cosa, ni escribo tampoco para hacer hablar al asno de Balaam, sino para que la posteridad ensalce la verdad de las ciencias, contentaos por tanto con mi Examen Alquímico. Y si tampoco dais crédito a este, podéis seguir adelante con vuestras necedades todo lo que os plazca. Pues así como, según el poeta, incluso en el llanto se halla algún deleite, de igual modo tampoco daña el que más de uno desvaríe a veces. Esto ha sido expuesto a modo de digresión.
Debemos regresar ahora a nuestra obra maestra, cuyos componentes adicionales describiré con pluma filosófica, enseñando la manera de tratarlos bajo el velo de un enigma. Aquel que sea un sabio maestro bien experimentado en el fuego no requerirá de una explicación más clara. Pues aun cuando yo hubiera redactado una receta perfecta y registrado todas las sustancias con su nombre verdadero, no recibiría por ello mayor gratitud que aquel campesino de Esopo, el cual [encontró] una…[49]
Doble hoja hermética. 363
serpiente en su seno; [así me sucedería a mí] si no fuera tenido directamente por un impostor. Para evitar que tal cosa suceda, los sabios maestros hicieron una saludable advertencia cuando dijeron: «Nadie lo creería si hubiéramos escrito la pura y desnuda verdad». Al menos sé bien que algunos me tacharán de ser un mero teórico y un plagiador que se limita a entresacar fragmentos de los autores célebres que coinciden en este arte. Y es que ellos se imaginan que tantas elevadas ciencias y tan excelentes artes no podrían hallarse reunidas en un solo hombre; pero me consuela el hecho de que solo se lo imaginen, mas no lo sepan. No soy una pompa de jabón tan hinchada como para no saber distinguir entre la virtud natural y la propia, la cual me ha sido conferida por pura gracia; razón por la cual tampoco he colocado mi nombre verdadero al frente de estos trataditos, para no levantar entre los envidiosos la sospecha de una vana ambición. En lo tocante a toda la descripción para confeccionar la tintura por esta vía, se hallará descrita con total sinceridad en la obra de PHILALETHES. Con todo, aquello que allí haya sido omitido, el fuego mismo lo enseñará. Esta época corrompida no es digna de una instrucción más clara, a menos que estuviera permitido mezclar cosas verdaderas entre las falsas para, de ese modo, descarriar a un estudiante inexperto; una acción que, por ser un[50]
364 [Tratado de] Pantaleón
…[irresponsable] pecado, del cual con toda justicia siento horror, y por ello no lego a la posteridad sino la pura verdad, aun cuando esta se halle velada. Es mejor no enseñar a nadie, antes que despojar a un centenar de personas de sus vidas y de sus bienes.
Pregunta complementaria [Apéndice].
¿Qué son los medicamentos químicos?
Hace ya aproximadamente dos siglos que la organización médica urbana común en Alemania comenzó a verse convulsionada por PARACELSO, debido a la introducción de los remedios minerales elaborados mediante el fuego; cuando anteriormente, en las boticas, imperaba la diosa de las flores, Flora, con sus hierbas y raíces. Muchos de los eruditos se hicieron partícipes de semejante revuelta, mientras que muchos otros, por el contrario, la maldijeron. Sin embargo, el vulgo ignorante —así como es en todo momento sumamente curioso— tampoco dejó de emitir su juicio sobre una materia desconocida en medio de este turbulento estado del arte de la medicina, y prefirió una pequeña dosis de estos nuevos remedios a las horrendas pociones de raíces y hierbas. Y después de que muchas personas del pueblo llano constataran también que el Mercurius vitae a menudo [conducía] al…[51]
Doble hoja hermética. 365
Mercurio de la muerte, prefirieron gritar con las hojas de sen y el ruibarbo, antes que callar y ser sepultados con el antimonio y el mercurio vivo. Por el contrario, algunos otros observaron un desenlace afortunado en constituciones fuertes y enfermedades arraigadas —lo cual, a decir verdad, solo ocurrió por mera casualidad—, y se sumaron con regocijo a las filas de los defensores más entusiastas. Sin embargo, muy pocos de ellos conocían las deficiencias de ambos bandos y la naturaleza de las verdaderas medicinas químicas; así como tampoco sabían que la discordia entre los médicos, motivada por la superioridad de los remedios, debía dejarse a un lado y resolverse a partir de la experiencia práctica. Y es que cada una de las partes de este conflicto aducía los ensayos que había realizado, pero nadie entre ellos sabía a ciencia cierta a qué causa debía atribuirse este o aquel efecto resultante, siguiendo esa mala costumbre común y arraigada en el mundo entero de limitarse a ver lo que sucede, pero sin investigar jamás cómo ha acontecido.
Unos pocos, algo más prudentes debido a que se hallaban sumidos en la duda, eligieron la vía intermedia y sostuvieron que no sería descabellado, ni resultaría ajeno a la naturaleza humana, que las plantas de la tierra fueran preparadas a la manera química, extrayendo de ellas sus esencias y tinturas y concentrándolas; puesto que de ese modo serían más agradables de ingerir. Con esta astuta estratagema, aun cuando aportaran poco en el campo de batalla contra…[52]
366 [Tratado de] Pantaleón
las [enfermedades que habían tomado ventaja], se ha permitido hasta el presente que en las boticas se les llame «medicamentos químicos» y que sean preparados a la manera química. Sin embargo, los medicamentos minerales y secretos, que sirven para curar tantas dolencias (si es que se les ha de dar crédito), han sido proscritos del uso médico junto con otras inmundicias, al ser considerados como un engendro de la razón corrompida y de la experiencia empírica fortuita; y a decir verdad, no sin justa razón. Porque, aunque los remedios químicos mediante los cuales PARACELSO y VAN HELMONT se labraron un nombre inmortal son dignos de todo honor, no obstante, aquellos medicamentos de uso corriente que fueron introducidos e inventados en la ciudad por los supuestos intérpretes de la naturaleza, como CROLLIUS, POTERIUS, etcétera, llenan más los camposantos que aportar al género humano el prometido auxilio de la curación.
Por lo tanto, se debe hacer una distinción entre los medicamentos químicos de PARACELSO, de VAN HELMONT y de otros poseedores legítimos del arte —los cuales operan simultáneamente sobre los metales, o bien poseen una fuerza algo menor orientada exclusivamente a los seres vivos—, y los medicamentos químicos comunes, los cuales son diametralmente opuestos a los primeros. Pues aquellos [los verdaderos] permanecen por lo general estables ante el fuego como sustancias invencibles, y actúan mediante una iluminación, después de haber… [53]
Doble hoja hermética. 367
…[absorbido] el veneno mineral, bien lo hayan asimilado o bien transformado. Pero estos remedios bastos y tóxicos, propios de albéitares, conllevan un veneno mineral grosero y áspero que resulta aún más agudizado o bien del todo amortiguado por ácidos disolventes nocivos; tal como se observa en el antimonio, en su vidrio y en sus flores, de los cuales VAN HELMONT afirma con absoluta verdad: «Mientras el antimonio y el mercurio provoquen el vómito y la evacuación, no son medicamentos propios de un hombre honrado». Y esto es así aun cuando no sobrevenga de inmediato un efecto adverso, en caso de que solo induzcan el sudor y estén preparados de la manera común, tal como lo demuestra el Antimonium diaphoreticum de las boticas, el cual no difiere en su efecto del cuerno de ciervo calcinado. Pues ambos han sido arruinados por un fuego violento, y no son otra cosa que una cal muerta y quemada que reacciona con el fermento del estómago, provocando el sudor únicamente por mera casualidad. Porque, para que los metales y otros minerales montanos depositen en nosotros su naturaleza astral, iluminen la oscura debilidad del Archaeus o sean introducidos en lo más íntimo de nuestros órganos para unirse, por así decirlo, con nosotros, se requiere para ello bien el jugo Alkahest, o bien la sal circulada mayor o menor. Pues solo estos tres disolventes de la naturaleza pueden pacificar, abrir y cerrar los cuerpos metálicos y minerales. Donde[54]
368 [Tratado de] Pantaleón
…[faltan] estas [tres cosas], por mucho que las materias minerales sean martirizadas por la química común de la manera que se quiera, nada se logra con ello que permita a un médico eminente ganarse el honor; puesto que los minerales, o bien se echan a perder debido a su acritud violenta e ígnea, o bien ven reforzada su nocividad a causa de las sales añadidas, etcétera. Por el contrario, en la correcta preparación de los filósofos no ocurre destrucción ni amortiguamiento del veneno, sino una reclusión y transmutación del mismo; algo que los disolventes salinos comunes no pueden realizar, ya que estos solo disuelven, por así decirlo, la corteza externa de la materia, corroyéndola superficialmente y, en una palabra, no haciendo otra cosa que dispersarla. Y cuando extraen la parte sulfúrea de la mercurial, lo hacen en contra de la voluntad de la naturaleza, la cual dirige su propósito única y exclusivamente hacia la unión profunda de ambas. Por esta razón, tales azufres tampoco producen después lo que de ellos se esperaba, a menos que se les añadan sus remedios auxiliares específicos mediante los cuales puedan ser disueltos de nuevo a fondo e introducidos [en el organismo].
Concluyo, por tanto, junto con VAN HELMONT, que todos aquellos medicamentos minerales y metálicos que han sido preparados sin el Alkahest y sin la sal circulada mayor o menor no tienen valor alguno. Qué tajada sacan las escuelas de medicina de nuestro tiempo de los efectos de tales…[55]
Doble hoja hermética. 369
concedido, por cuanto prefieren con toda justicia los remedios galénicos, preparados a partir de plantas simples de la tierra, a los medicamentos químicos comunes. Pues, aunque estos primeros no obren milagros en todo momento, los médicos guardan con ellos mucho mejor su conciencia que esos dañinos cocineros y destiladores de minerales con sus supuestos secretos químicos. Quien tenga en aprecio su salud y su vida, siga mi consejo y huya de estos monstruos marinos de dulce canto. No existe mineral montano ni metal en la naturaleza entera que yo no haya investigado, tanto dentro como fuera del fuego, empleando diversos ácidos disolventes —a veces durante un año entero y más tiempo sin interrupción— con el auxilio de la química común. Pero si yo afirmara que el resultado hubiera concordado con mi esperanza y con la descripción de estos maravillosos secretos, mentiría como un bellaco. Ciertamente yo, al refrendar esto, no les descubro nada nuevo a los médicos cultos y diligentes de Alemania, los cuales, a través del fuego y de una incansable experiencia práctica, se percataron hace ya mucho tiempo de su propia penuria en esta materia. Antes bien, solo he querido advertir a aquellos que propiamente no se han dedicado al arte de la medicina y que, no obstante, son temerarios, para que no les acontezca algo en lo que jamás habrían pensado. Pues, aunque los médicos sinceros de Alemania ya no se ocupen mucho más de la química, y dado que los alemanes [56]
366 [Tratado de] Pantaleón
…[tienen fama entre] todas las naciones de ser un pueblo necio, inculto y brutal; y ello se debe a que no estiman a aquellos que entre ellos mismos comprenden algo, sino que solo tienen en alta consideración a los extranjeros. Por este motivo, muchos extranjeros dedicados a diversas artes les venden humo a los nuestros [les arrojan un vapor azul ante los ojos] y les presentan cualquier birria que ya han calentado doce veces y desechado, bajo el nombre de un secreto singular que solo los extranjeros conocen; lo venden caro y, cuando regresan a sus tierras, casi se mueren de risa a su costa. Por lo tanto, si los príncipes, los señores y cada una de las autoridades quisieran ser verdaderos pastores de su rebaño, deberían mandar a freír espárragos [enviar a donde crece la pimienta] a toda esta hinchada porquería de los sopladores de carbón con su vitriolo calcinado, sus panaceas, tinturas y remedios arcanos que pretenden mantener en secreto; si lo hicieran, realizarían una obra excelente y digna de memoria. Pues lograrían, en primer lugar, que la medicina antigua, saludable y segura recuperara su prestigio de antaño, y que tales cenicientas no la trataran de manera tan injusta e inmerecida.
Pues tan pronto como los enfermos —los cuales están muy descontentos y son impacientes— invocan el auxilio de uno de estos supuestos hacedores de milagros que no venden sino bosta de vaca, sobreviene de inmediato la primera queja y clamor contra los médicos oficiales de la ciudad: «¡Ay, cómo es posible que estos tipos no entiendan absolutamente nada!».[57]
Doble hoja hermética. 371
…¡nada! [diciendo del médico oficial:] «Yerran lejos de la verdad; no han comprendido la enfermedad, ni tampoco los tres principios químicos. La causa de esta dolencia es un Cagastricum disuelto, y no una hidropesía, etcétera. Si tan solo me hubieran llamado hace una semana, yo lo habría curado de inmediato en menos de veinticuatro horas. ¡Qué cosa tan miserable son estos médicos galénicos! No saben nada más que de sus hierbas, etcétera. Dios proteja a cada ser humano de ellos. Pero como ya no se puede cambiar lo que una vez ha ocurrido, veré cómo puedo enmendar lo que aquellos han echado a perder; eso sí, con la condición de que no puedo prometerle nada seguro al enfermo, porque se me ha llamado demasiado tarde, cuando la propia naturaleza ya ha sido corrompida por esos médicos. Con todo, tampoco le digo al paciente que se desespere, sino que haré lo que esté en mi mano. Tengo aquí un remedio sumamente precioso preparado a partir del cobre y del acero; si se toma de él tan solo una cucharada diaria, surte un efecto prodigioso, aunque actúe de manera imperceptible. Además, poseo también un remedio solar contra todas las enfermedades que calma cualquier dolor en un santiamén; y que, por añadidura, [erradica] las enfermedades y sus causas…»[58]
372 [Tratado de] Pantaleón
expulsándolas a través del sudor. Pues un verdadero remedio químico solo opera abriendo los poros y mediante la expulsión por el sudor». Con tales y semejantes palabras injuriosas, los médicos sensatos y experimentados son denigrados y arrumbados por estos pedantes presuntuosos; si bien estos últimos a veces se han dado cuenta —cuando ellos mismos se han envenenado y arruinado la salud con sus propios remedios minerales— de que aquellos medicamentos galénicos eran saludables, suficientemente instruidos y, en verdad, un auxilio de Dios, tal como yo mismo he presenciado y registrado en diversos lugares. ¡Oh, cómo agradecieron entonces sus estómagos revueltos y vomitivos, y qué gran bien les hizo, un electroario elaborado con remedios astringentes que fortalecen el corazón y el estómago, al tiempo que se empleaban también emplastos y ungüentos semejantes! Asimismo, la tintura de rosas extraída obtuvo en esto un elogio muy singular, la misma que ellos tantas veces habían escarnecido y de la que se habían burlado. En cambio, sus quintas esencias y sus tinturas extraídas del oro, de las piedras preciosas, etcétera, se tomaban entonces un descanso, puesto que eran incapaces de cantar victoria [no servían para nada].
De este modo, estas gentes se vuelven finalmente sabias a fuerza de golpes y perjuicios, aunque demasiado tarde, después de que entretanto un tercero haya sido engañado y tenga que sufrir las consecuencias. Pues cuando uno de estos veterinarios químicos se encumbra sobre los médicos oficiales de una manera tan maliciosa y calumniosa, alterando los dichos y los fundamentos de los antiguos sabios con mutiladas… [interpretaciones][59]
Doble hoja hermética. 373
[interpretaciones], citándolas del mismo modo que el diablo cita las Escrituras, y adornándose con las plumas de otros médicos como aquella famosa corneja; no solo el vulgo, sino a menudo también los grandes señores le prestan oído y le creen, con cuánta utilidad sabrán ellos mismos decirlo. Yo bien he visto que, a causa de semejantes remedios perjudiciales, muchos de ellos fueron conducidos a la vida eterna antes que a la terrenal; por no mencionar que a menudo dolencias comunes y leves se agravaron debido a la violencia de sus tratamientos y se convirtieron en enfermedades del todo extrañas, porque la naturaleza fue perturbada e incitada a la revuelta a destiempo. Por lo tanto, si tales vagabundos y seguidores violentos de la naturaleza fueran expulsados de las ciudades, el gobierno municipal conservaría a sus súbditos y se proveería de médicos que, de manera legítima y ordenada, han alcanzado su peldaño de honor a través de la doctrina de HIPÓCRATES y de Galeno. Pues los verdaderos químicos —los cuales son sumamente raros— no necesitan ningún otro auxilio, y tampoco curan ninguna enfermedad si no es por pura buena voluntad, sin exigir dinero alguno, el cual, no obstante, a menudo reúnen en abundancia. Establezco, por consiguiente, esta regla: quien desee ser llamado un verdadero químico, demuestre primero en un lugar público —en vez de mediante una disputa académica acostumbrada en las escuelas o un examen aprobado— bien el agua Alkahest, o bien la gran… [sal circulada].[60]
374 [Tratado de] Pantaleón
menor, o la Tinctura metallica [tintura metálica] misma; solo entonces podrá jactarse de estar por encima de los muy instruidos médicos de las universidades escolásticas, y antes no.
De estas razones expuestas se hace evidente cuáles son los verdaderos medicamentos químicos y dónde deben buscarse: a saber, entre los legítimos poseedores del arte y los verdaderos sabios maestros, y no entre los destiladores de aguas minerales, por mucho que posean un centenar de hornos ingeniosos. Es más, esa gran cantidad de hornos construidos de forma tan extravagante delata a las claras, como si se señalara con el dedo, que el corazón de ellos todavía asiste a la escuela de párvulos, y que son cualquier cosa menos un Galeno, y menos aún un soberano de la naturaleza humana y metálica. Porque la verdadera ciencia química no requiere de agua fuerte [ácido nítrico], ni de espíritu de nitro, de sal o de azufre, etcétera; tampoco necesita matraces de circulación, «pelícanos» provistos de pico, grandes recipientes receptores ni otras vasijas extravagantes fabricadas de bronce, hierro o arcilla. Al contrario: ejecuta a veces la obra entera mediante una simple destilación ascendente, por cuanto ha seguido los pasos de la naturaleza, y opera valiéndose de sus correspondientes herramientas secretas. Si bien es cierto que, en los secretos mayores, tampoco produce oro mediante un «rabo de zorra» [herramienta inútil / charlatanería], sino que exige piezas y herramientas especiales y accesorias. Sin embargo, los medicamentos que han sido aparejados mediante este arte son, por lo general, resistentes al fuego,…[61]
Doble hoja hermética. 375
y actúan como espejos relucientes que iluminan nuestra luz vital y disipan las tinieblas, emisarias de la muerte, que asaltan el espíritu de la vida; eliminando así las enfermedades por sí mismos mediante la manifestación de la salud. Con todo, existen también algunos preparados a partir de sales pertenecientes al género de las saturadas, las cuales, conservando intactas sus fuerzas, atraviesan toda la cocción corporal y abren las obstrucciones de los órganos, y algunas realizan incluso ambas funciones. Mas esta botica filosófica no apareja ningún otro purgante sino el único y verdadero mercurio coralino de PARACELSO. Todos los demás manifiestan su auxilio a través de la evaporación, de la orina y del sudor. Lo cual cualquiera que esté hastiado de los remedios galénicos puede consultar primero a su médico, siempre que este sea también químico, antes de arrojarse a sí mismo y a los suyos al peligro y de despreciar a los médicos oficiales debidamente instruidos.
Conclusión.
Encerrar grandes materias en un espacio breve es más grato que enojoso. En las pocas hojas precedentes, que han sido redactadas con pluma rauda, ¡tú, lector sensato!, has visto demoler y reconstruir las… [dos][62]
376 [Tratado de] Pantaleón
…[las] dos [estructuras principales:] los dos palacios más hermosos del mundo entero. Uno es un cuartel de invierno, el otro una residencia de verano; ambos están rodeados por una triple muralla y protegidos por un puente levadizo, a fin de evitar que el ganado del campo entre por ventura en esta morada, la cual está consagrada únicamente al ser humano, y la mancille. Y como su señor propietario o protector ha escogido exclusivamente a personas sabias como moradores, ha colocado por tanto ante cada castillo a un portero determinado, el cual debe interrogar con rigurosidad a los huéspedes que van llegando, inquiriendo de dónde vienen y qué es lo que han aprendido. Este oficio de guardián de la puerta es en extremo gravoso, a causa de la multitud y del temperamento alborotador de aquellos que pretenden entrar. Pues aunque entre miles apenas uno solo aprueba el interrogatorio y es admitido en el interior, los otros, que han sido rechazados, arman torneos y revueltas día y noche, impidiendo por completo que se pueda conciliar el sueño. Pues muchos anhelan entrar mediante súplicas, muchos buscan deslizarse dentro en secreto y a hurtadillas, y otros tantos se atreven incluso a quebrantar las puertas con mano armada, pretendiendo irrumpir por la fuerza. Pero como estos guardianes están provistos de toda suerte de armas, aquellos no se llevan de esta necia e ilegítima contienda más que golpes y heridas funestas. Por lo tanto, resulta mucho más seguro tratar amigablemente con un amigo…[63]
Doble hoja hermética. 377
y que aquello que se puede conservar en paz no se permita que degenere en guerra. Y como una instrucción amistosa puede facilitar este interrogatorio habitual, deseo dar a conocer a todos y cada uno de los viajeros las partes principales de dicho examen, a fin de que se preparen de antemano durante el viaje y mediten bien lo que han de responder.
Consiste, pues, el mencionado examen en tres preguntas. La primera es: ¿qué clase de huéspedes son? La segunda: ¿qué opinan de estos palacios? Y la tercera: ¿con qué artes pretenden sustentarse en ellos? En lo que respecta a la primera pregunta, cada cual puede ensalzar su propia persona como guste. Respecto a la segunda, que es la más confusa, sutil y dudosa de todas, deseo impartir una buena instrucción. Esta pregunta encierra, además, otra en su interior, a saber: ¿a partir de qué materia remota y de qué materia próxima han sido edificadas estas dos fortalezas? Se debe saber, entonces, que la «residencia de invierno» no está hecha de guijarros, cal viva, ladrillos, ni de una tierra grasa virgen —aquella que los necios cavan a uno o dos pies de profundidad bajo la superficie visible de la tierra—, como tampoco está hecha de piedra de fusil, calamina, piedra armenia, lapislázuli, asbesto, antimonio, mercurio vivo, bórax, albayalde, ni de [un veneno] mineral natural…[64]
378 [Tratado de] Pantaleón
mineral como el cinabrio, magnesia, marcasita, minio, sal amoníaco, azufre, talco, vitriolo verde [agua de cobre], hematita [piedra de sangre], cobalto, tiza, esmeril, ni tampoco a partir de aquella sustancia grasa y venenosa que se adhiere a las vetas de las minas y que los mineros llaman Gur; como tampoco está hecha de ningún metal, a excepción del Solis coagulum [el coágulo del Sol o núcleo del oro]. Antes bien, está hecha de un agua cristalina sumamente pura extraída de la materia, y de una tierra salina virgen, consideradas como la materia remota y la próxima. Pero dado que los guardianes de la puerta son gentes astutas y nada creen sino lo que ven, es menester por tanto que les muestres algo de esta sal; pues a través de las sales, ya sean legítimas o ilegítimas, es como se logra entrar. Por otra parte, la «residencia de verano» [la Vía Seca] consta, según su materia remota, de cinco piedras; pero según su materia próxima, consta de un agua sumamente pura, blanca como la nieve e ígnea, que ha sido exprimida de ella misma. Bien sería posible que un castillo semejante pudiera construirse también a partir de otras piedras y de otra tierra, pero como estas son demasiado duras y no se pueden vencer con ninguna azada ni pica de hierro, y además consumen muchísimo tiempo, es mejor que uno se atenga a las primeras. Pues aquello que se puede ejecutar con pocos medios, no requiere emplear demasiadas cosas. Por consiguiente, junto con las materias enumeradas anteriormente, quedan rechazados todos los metales,…[65]
Doble hoja hermética. 379
a excepción de dos: el ígneo y el acuoso. Pero dado que el portero tampoco quedará satisfecho con esta prolija respuesta, puedes mostrarle las tres cosas correspondientes, las cuales se hallan fuera de su esencia fina y son requeridas como una sustancia intermedia; y al instante esta pregunta quedará resuelta, y serás admitido y recibido no como un simple huésped, sino como un amigo íntimo.
En lo que respecta a la tercera pregunta, no quiero recordar de nuevo demasiadas cosas, puesto que no es del todo difícil; además, gracias a la buena amistad entablada, el propio portero no te denegará el auxilio que te debe. Así pues, cuando entres de esta manera, poco después, atravesando diversos pasillos y salones que resplandecen de oro y piedras preciosas, verás en el aposento superior que está sobre las puertas interiores, bajo la cúspide, en una portezuela clara y brillante, al HERÁCLITO que señala y al DEMÓCRITO que ríe. Las demás cámaras, por su parte, son grandes y están ornamentadas con sumo esplendor. Permanece ahora, bien en la residencia de verano [la Vía Seca] o bien en la de invierno [la Vía Húmeda], o en ambas según su estación del año; es una misma cosa, y jamás carecerás de bienes terrenales. Pero procura vincular también la bienaventuranza eterna con esta riqueza. Entretanto, goza de la anhelada… [gloria].[66]
380 Doble hoja hermética de Pantaleón.
…[y] apreciada gran bienaventuranza; y confiesa con sinceridad si tú, que has sido rescatado de una miseria incontable gracias a mi benevolencia y enseñanza, no estás obligado a manifestarme por ello un agradecimiento inmortal. ¡Que te vaya bien!
F I N
de la Doble Hoja Hermética
de Pantaleón.[67]
[1] Gassmann, Franz, Bifolium Metallicum, seu Medicina duplex, pro metallis & hominibus infirmis, a Proceribus Artis Hermeticae, sub Titulo Lapidis Philosophici, inventa, elaborata & posteriati transmisso, jam vero : Denuo recognita, cum omnibus circumstantiis requisitis & manipulationibus … proposita, a Pantaleone. Hermeticae Sophiae perito, Noribergae, Fürstius, 1676. Ver la edición de 1679.
[2] El género del «An den Tadeler» (Al crítico / Al detractor): Era una convención literaria sumamente habitual en los prefacios y dedicatorias de los libros de los siglos XVI, XVII y XVIII. Antes de que el lector se adentrara en el contenido, el autor incluía una advertencia o poema corto destinado a escudarse contra los críticos malintencionados (Tadeler), los envidiosos y aquellos eruditos de sillón que juzgaban las obras sin entender el esfuerzo del laboratorio o la profundidad teórica.
«Unos alaban, otros vituperan» (Diese lobens, jene scheltens…): Pantaleón (Franz Gassmann) abre el texto con un juego de contrastes rítmicos muy propio de la literatura barroca. Expone la amargura del autor de la época: la recepción de un libro científico suele estar dividida entre la lisonja vacía y el ataque destructivo, siendo la auténtica comprensión (wenig verstehens) un fenómeno sumamente escaso.
La crítica desde la ignorancia (Tadeln mit Unverstand): El autor ataca directamente el Unverstand (la falta de entendimiento o insensatez) de sus detractores. En el contexto de la alquimia, esto iba dirigido a quienes atacaban sus fórmulas metalúrgicas basándose únicamente en prejuicios escolásticos o aristotélicos, sin haberse manchado jamás las manos con el carbón y los crisoles.
La paradoja del orgullo autoral: La frase final encierra una brillante y altiva postura filosófica. El autor afirma que no busca el aplauso de la masa ni de los críticos ignorantes; al contrario, considera que el hecho de que su libro les desagrade es la mayor prueba de su propia calidad y valor (darum einer vielmehr zu loben ist / wenn man solchen nicht gefallet). En una era donde el conocimiento hermético se consideraba un secreto reservado a unos pocos elegidos, el desprecio de los necios funcionaba como una medalla de honor para el filósofo natural.
[3] La Luz Inefable como Principio Químico y Espiritual (unaussprechliches Licht): El tratado arranca con una oración solemne que fusiona la teología mística con la filosofía de la naturaleza (Naturphilosophie). En la alquimia de tradición paracélsica, Dios no es solo una entidad religiosa, sino la «Luz Suprema» de la cual emana toda la materia primordial. El término unaussprechliches (inefable o impronunciable) evoca el misterio del conocimiento hermético absoluto.
La palabra creadora «Es werde» (Hágase): Hace referencia directa al relato de la creación del Génesis bíblico (Fiat lux / Hágase la luz). Para los alquimistas, el laboratorio era un microcosmos que emulaba el Gran Laboratorio Divino. El proceso de transmutación y purificación de los metales se entendía como una repetición a pequeña escala del ordenamiento del caos original mediante la palabra divina.
La amargura de la «Sabiduría Escolástica» (Schulweißheit): El autor realiza una fuerte confesión autobiográfica. Describe sus años de juventud invertidos en recorrer Europa («viajes»), estudiar manuscritos antiguos («lectura») y experimentar con vapores tóxicos («peligro de la salud»). Tras todo ese esfuerzo, tilda al conocimiento académico tradicional de nichtswerthe Schulweißheit (literalmente, «sabiduría escolar sin valor» o escolástica estéril), un ataque directo a las universidades de la época que enseñaban una física teórica basada en Aristóteles pero completamente desconectada de la experimentación práctica y real.
El lamento barroco sobre la vanidad (Grosse Eitelkeit): Los dos versos finales conectan directamente con el gran motivo artístico y filosófico del siglo XVII y principios del XVIII: el Vanitas barroco (inspirado en el Eclesiastés: «Vanidad de vanidades, todo es vanidad»). Pantaleón expresa la melancolía del científico que, tras buscar la verdad material por el mundo entero, descubre que el orgullo humano y las glorias terrenales son efímeras y vacías si no están fundamentadas en la verdadera comprensión de las leyes divinas de la naturaleza.
[4] La cita bíblica errónea / Atribución a San Pablo: El autor afirma estar confesando «junto con el apóstol Pablo» que todo don perfecto desciende del «Padre de las luces». Históricamente, se trata de un desliz teológico o un error de memoria muy común en los escritos de la época: esta celebérrima frase no pertenece a las epístolas paulinas, sino a la Epístola de Santiago (Santiago 1:17): «Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces». El autor utiliza este pasaje para defender que el verdadero descubrimiento químico es un don divino y no meramente un logro humano.
La iluminación por «Medios» o de forma «Directa»: Refleja la epistemología alquímica tradicional. Se creía que el conocimiento de la transmutación o de la medicina universal se alcanzaba por dos vías: mediante el estudio de «medios» materiales (libros, maestros, experimentos laboriosos) o bien de forma mística y mnemónica mediante una revelación «unmittelbahrer» (directa o inmediata) concedida por Dios a través del Espíritu Santo al entendimiento del operador.
El arquetipo del Alquimista Pobre: El pasaje ofrece un extraordinario testimonio de la mentalidad del filósofo natural frente a la riqueza. El autor justifica providencialmente su falta de éxito financiero inmediato y sus «vicisitudes de la fortuna» (Glücks=Veränderung). Explica que la pobreza obligada fue una bendición divina para evitar caer en los vicios capitales de la época barroca: la glotonería (Füllerey) y la pereza (Faulheit). Si el oro hubiera llegado rápido, su curiosidad científica habría muerto; la necesidad material actuó como el motor que lo impulsó a seguir investigando y perfeccionando la «Divina Ciencia» (Göttlichen Wissenschafft).
Ciencia Natural frente a Ignorancia (mit Unwissenden): El autor agradece haber alcanzado la «cumbre de la venerable ciencia natural» desmarcándose de los «ignorantes» (Unwissenden), término con el que vuelve a fustigar de forma indirecta a los sofistas o charlatanes que operaban a ciegas en los laboratorios basándose en codicias mundanas en lugar de hacerlo bajo la iluminación espiritual.
[5] Completando la palabra inicial y la «Vía Húmeda» (den Nassen Weg): Al enlazar con la página 317, el texto desvela que Dios le ha revelado el camino operativo que los verdaderos alquimistas denominan «la vía húmeda» (den Nassen / Via Humida). En la metalurgia hermética existían dos grandes métodos de laboratorio para elaborar la Piedra Filosofal: la Vía Seca (que utilizaba crisoles abiertos, sales fundentes y altísimas temperaturas, siendo más rápida pero sumamente peligrosa) y la Vía Húmeda (basada en la lenta digestión y destilación líquida de los reactivos en matraces cerrados durante meses). El autor celebra haber recibido la gracia de dominar esta última.
La alegoría bíblica del «Talento» (theure verliehene Pfund): El autor utiliza la palabra antigua Pfund (que en el contexto de la literatura religiosa de la época traducía el término bíblico «talento» o «mina») para evocar directamente la Parábola de los Talentos (Mateo 25). Explica que el conocimiento de la transmutación es un talento espiritual prestado por Dios que él no puede enterrar ni guardar de forma egoísta; está moralmente obligado a publicarlo en este libro para que fructifique y no muera con él.
Los «Eruditos de la palabra» (Wort-Gelehrten): Es un término despectivo típicamente ilustrado. El autor ataca de nuevo a los intelectuales universitarios de su tiempo, acusándolos de ser meros charlatanes de biblioteca que solo dominan la retórica y las palabras vacías, mientras permiten que la verdadera «ciencia de la naturaleza» agonice o se encuentre «en las últimas boqueadas» (in letzten Zügen lieget).
Encender el libro como un «Sacrificio» (anzünden, und… aufoffern): En una bellísima metáfora mística barroca, el autor compara el acto de publicar su tratado con el de encender un holocausto o una ofrenda de incienso en el altar de Dios. Ofrece las páginas de su manuscrito como un acto de «abnegación de sí mismo» (Verläugnung meiner selbst), despojándose del orgullo autoral para que toda la gloria del descubrimiento reciba un sentido puramente divino.
[6] La bibliografía oculta de Pantaleón: El prólogo confirma de manera definitiva la estructura de la obra de Franz Gassmann (Pantaleon). El autor menciona sus dos tratados previos: Das Eröffnete hermetische Grab (La tumba hermética abierta) y el Alchimistische Examen (El examen alquímico), que es precisamente el extenso texto crítico que acabamos de traducir en las páginas anteriores (hasta la 312). El autor concibió esta «Doble hoja» (Bifolium) como una continuación forzada por las circunstancias.
El miedo a ser tachado de «pesetero» (Geldsüchtigen): El autor expone un gran dilema moral de la época. En los siglos XVII y XVIII, publicar manuales de transmutación conllevaba el riesgo social de ser etiquetado como un embaucador que buscaba vender recetas falsas por dinero o atraer inversores ingenuos. Pantaleón asegura que su intención original era retirarse de la escritura para proteger su reputación como un verdadero «poseedor del arte» (Kunstbesitzer) honesto y desinteresado.
La verdad como una «moneda fuera de curso» (alte abgesetzte Müntz): Introduce una brillante y amarga metáfora económica barroca. Describe la crisis de valores de su tiempo afirmando que la honestidad y la verdad científica ya no cotizan en la sociedad; han quedado desmonetizadas, convirtiéndose en abgesetzte Münz (monedas antiguas cuyo valor legal ha sido anulado por los soberanos).
La psicología del escéptico y la proyección: El fragmento analiza con agudeza cómo los lectores cínicos proyectan sus propias faltas sobre el autor (schleußt von sich auf mich also). Dado que la sociedad de la época operaba por pura codicia, los críticos asumían de forma automática que Pantaleón era otro charlatán que pretendía dar un timo.
La exigencia de pruebas empíricas: El pasaje recoge el clamor de la calle y de las cortes: «Er weise uns erst das Gold…» (Que nos enseñe primero el oro). Esta demanda directa de demostraciones materiales tangibles refleja a la perfección la mentalidad de la transición hacia la Ilustración: el público ya no se conformaba con citas de Hermes o autoridades clásicas en papel, exigía ver los lingotes saliendo del crisol antes de otorgar su credibilidad.
[7] Completando la frase inicial y el desprecio aristocrático: Al enlazar de manera homogénea con la página 319 («Auf diese Weise urtheilet nicht allein der gemeine Pöbel, sondern auch grosse Herren von den…»), la frase se cierra revelando que los «grandes señores» juzgan con idéntico cinismo a los auténticos amantes de la verdad (Liebhabern der Wahrheit), metiendo en el mismo saco a los científicos rigurosos y a los charlatanes vulgares.
La «Ley del Ciclo» (Gesetz des herumlauffenden Cirkels) y el Fin de los Tiempos: El autor expone un concepto teológico y cosmológico clave de la Europa barroca. Describe su época actual como la Grundsuppe der Zeit (literalmente, «el sedimento o la hez del tiempo»), es decir, los últimos y degradados días de la humanidad antes del Apocalipsis. No obstante, alude a la teoría cíclica de la historia (herumlauffenden Cirkels) compartida por los antiguos sabios y los filósofos neoplatónicos: el fin del mundo no es una destrucción vacía, sino un retorno místico de la creación a su punto de origen puro (seinem ersten Punct) y eterno, donde todos los misterios ocultos de la naturaleza y de la química serán finalmente desvelados para gloria de Dios.
El dilema moral de «Enterrar el Talento»: Retomando la metáfora de la parábola bíblica de la página 318, el autor concluye que sería un pecado de cobardía callar por miedo a los críticos e ignorantes (unwissenden Lästermäulern). Prefiere soportar las calumnias antes que desobedecer el mandato divino de publicar sus descubrimientos prácticos en el laboratorio.
La cita evangélica de las piedras que claman: Pantaleón cita de forma directa las palabras de Jesucristo en el Evangelio de Lucas (Lucas 19:40): «Si estos callaran, las piedras clamarían». El autor utiliza este pasaje con un doble sentido brillante: por un lado, afirma que la verdad científica es tan poderosa que terminará emergiendo por sí misma; por el otro, juega con la propia naturaleza de su disciplina, sugiriendo que si los hombres callan, las propias «piedras» (los minerales y crisoles del laboratorio) darán testimonio de la realidad de la alquimia.
La Carrera por la Palma y la «Marca en la Frente»: El texto cierra con una vívida alegoría deportiva y moral. El autor ve la publicación de la ciencia como una carrera de atletismo clásica (Wettlauff). Advierte que si él no publica el libro ahora, otro investigador se le adelantará y se llevará la palma de la victoria (Palmzweig). Si eso ocurriera, la posteridad lo acusaría a él de egoísmo por haber querido esconder sus secretos, grabándole de forma invisible en la frente la marca de la infamia de los envidiosos.
[8] La trilogía de Pantaleón (Franz Gassmann): En esta página el autor desvela la estructura pedagógica y el propósito sociológico de toda su producción literaria:
- El primer tratado (Das Eröffnete hermetische Grab): Escrito a nivel elemental para guiar a los «estudiantes principiantes» (anfahende Schüler) y rescatar a la masa errante de los laboratorios vulgares.
- El segundo tratado (Alchimistische Examen): El texto crítico que analizamos al principio (páginas 295-312), dirigido expresamente a los «altos potentados» y soberanos feudales (hohe Potentaten), diseñado para calmar su ira y escepticismo, y proteger a los verdaderos científicos de las persecuciones cortesanas.
- El tercer tratado (Bifolium Metallicum o Zweyblat): El texto actual, redactado en un lenguaje técnico avanzado exclusivo para los iniciados de alto nivel («los poseedores del arte» / Kunst-Besitzern), consolidando su estatus como un «hermano» de la comunidad hermética (Mitbruder).
La «vía doble» como el Manantial de la Verdad: El autor insiste en que su pequeña obra doble (zweyfache Wercklein) funciona como un faro de corrección teórica. Su objetivo es devolver a los científicos honestos que se han extraviado en recetas falsas al auténtico «manantial de la verdad natural» (Brunnen der natürlichen Wahrheit), un tropo muy común en la Ilustración para referirse al empirismo y las leyes inmutables de la química.
«Ensuciarse las manos con el carbón» (Hände mit Kohlen besudeln): Hace referencia a la cruda realidad del trabajo de laboratorio en los siglos XVII y XVIII. Los verdaderos químicos y metalúrgicos pasaban días enteros avivando manualmente los hornos de ladrillo con carbón vegetal (Kohlen), terminando cubiertos de hollín. El autor desprecia a los intelectuales de salón y a los estafadores cortesanos que quieren enriquecerse rápido parasitando «el sudor y la sangre ajenos» (ander Leute Schweiß und Blut) sin pasar por el extenuante trabajo físico del crisol.
La metáfora del «Vendedor de gafas» (Brillen-Verkauffer): En el alemán barroco de los siglos XVII y XVIII, llamar a alguien Brillenverkäufer (vendedor de anteojos) era una expresión idiomática insultante equivalente a «embaucador», «charlatán» o «ilusionista». Hacía alusión a los vendedores ambulantes de las ferias que vendían lentes defectuosas o trucadas que distorsionaban la vista, estafando a la gente del campo. El autor asume con orgullo que para los detractores del arte él siempre será visto como un farsante.
[9] Completando la frase inicial y el perfil del químico empírico: Al enlazar de manera homogénea con el final de la página 321 («Den Hassern dieser Kunst… werde ich ein Brillen-Verkauffer und Betrüger seyn. / Welche…»), la frase se cierra definiendo al lector ideal de Pantaleón: el investigador honesto que une el estudio teórico de los libros con la experiencia práctica de laboratorio (Lesung der Bücher mit der Erfahrung… verknüpffet). El autor se dirige a quienes han sufrido en carne propia los rigores de la disciplina.
Los peligros químicos reales («gifftigen Dämpffen»): El texto describe de forma muy gráfica la cruda realidad médica de los metalúrgicos antiguos. Al hablar de ser «sahumados con vapores tóxicos de los minerales montanos» (gifftigen Dämpffen der Berg-Gewächse), alude directamente a las crónicas intoxicaciones por inhalación de gases de arsénico, plomo, antimonio y mercurio, que diezmaban la salud de los operadores reales en talleres sin ventilación.
La hermosa metáfora náutica («ihre Seegel zurück kehren»): Utiliza la expresión marina de «replegar o virar las velas» para aconsejar a los químicos que han fracasado sistemáticamente por culpa de recetas absurdas (ungereimten würckenden Dingen). Les insta a detener su rumbo errado, admitir las limitaciones de la naturaleza y corregir su metodología técnica mediante las verdaderas leyes que él expone.
El «Modo de escribir del Arte» (Kunst gebräuchliche Schreib-Art): Pantaleón jura ante Dios haber entregado un texto íntegro (unzerstümmelt) pero advierte que ha recurrido al lenguaje codificado clásico de la disciplina. En los siglos XVII y XVIII, la Schreibart o estilo hermético consistía en el uso de criptogramas, símbolos astrológicos, nombres místicos para los reactivos y alegorías metafóricas. El autor defiende que el texto es honesto, pero exige un esfuerzo de desciframiento por parte del iniciado; de ahí su advertencia final: «Wer es kann, der fasse es» (Quien pueda entenderlo, que lo entienda), inspirada en la célebre frase evangélica de Mateo 19:12.
Los «Dos Máximos Secretos»: Alude al corazón del Bifolium Metallicum que da inicio justo tras esta página: la doble preparación de la Piedra Filosofal en su vertiente metalúrgica (la transmutación de los metales) y en su vertiente médica (el elíxir de larga vida o medicina universal para el cuerpo humano). El adorno tipográfico inferior del florón marca el fin absoluto de los textos preliminares e introductorios de la obra, dando paso en las páginas siguientes al recetario operativo real.
[10] El encuadre panenteísta (GOTT, der die Natur selbst ist): Pantaleón introduce una afirmación teológico-filosófica sumamente audaz para su época al equiparar a Dios con la naturaleza misma (GOTT, der die Natur selbst ist). Esta noción evoca la célebre fórmula posterior de Baruch Spinoza (Deus sive Natura / Dios o la Naturaleza). En el contexto hermético, esto significa que las leyes físicas y las reacciones químicas observadas en el laboratorio no están separadas de la divinidad, sino que constituyen el despliegue dinámico y mecánico del propio Dios en el mundo material.
La dinámica trinitaria de la materia: El autor describe el ciclo natural como un movimiento eterno que va «de uno a tres, y de tres nuevamente a uno» (von einem in dreyen, und von dem wieder in einem). Operativamente, alude a la Gran Obra: se parte de una materia prima única (Materia Prima), se la separa en sus tres principios esenciales por calcinación o destilación (el Azufre, el Mercurio y la Sal de Paracelso), y finalmente estos tres componentes purificados se vuelven a unir y amalgamar en una sustancia homogénea final: la Piedra Filosofal.
La cita al rey Salomón y el concepto cíclico: El texto cita de manera directa el célebre pasaje del libro del Eclesiastés (Eclesiastés 1:9) atribuido históricamente al rey Salomón: «¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será… y no hay nada nuevo bajo el sol». Para el alquimista de la Ilustración, el ciclo del universo se rige por un proceso constante de transmutación y reciclaje físico: una continua «destrucción y reconstrucción» (Zerbrechung und Wiederaufbauung) donde la materia nunca se destruye, solo cambia de forma.
La Alquimia oculta «como las moscas» (mit den Fliegen): Utilizando un lenguaje popular muy pintoresco, el autor describe la tormentosa historia de su disciplina. Explica que la alquimia, a la que encumbra como la «reina de todas las ciencias», ha pasado por épocas de gran persecución y olvido legal, teniendo que esconderse «bajo el banco» (unter der Banck) o refugiarse en la sombra igual que las moscas que hibernan detrás de los paneles de madera (Täffelwerck) o entre las grietas de los muros de los laboratorios abandonados.
La metáfora del «Santo Niño» (heilige Kind): El autor se refiere alegóricamente al Arte Hermético como a un «santo niño». Explica que debido a la codicia y la ignorancia de los farsantes (thörichter und sehr fauler Leute), el verdadero conocimiento de la transmutación a menudo ha sido «enterrado cuando aún estaba en la cuna» (in der Wiege gelegen, begraben), es decir, sofocado en su origen por las malas praxis, requiriendo ser resucitado periódicamente por verdaderos sabios experimentales.
[11] Los pilares de la Alquimia Medieval (LVLLIVS und ARNOLDVS): Al referirse a los tiempos del «Imperio Romano» (aludiendo al Sacro Imperio Romano Germánico), el autor cita a las dos máximas autoridades de la alquimia de los siglos XIII y XIV: Ramón Lulio (Lullius) y Arnoldo de Vilanova (Arnoldus). Sus textos sentaron las bases operativas de la destilación y la medicina espagírica en Europa.
La célebre anécdota del papa León X y Augurello (AVGVRELLVS): Recoge un famoso chiste histórico del Renacimiento italiano. Giovanni Aurelio Augurello (1456–1524) fue un poeta y humanista de Rímini que escribió una célebre obra en versos latinos titulada Chrysopoeia (La fabricación de oro, 1515), la cual dedicó al papa León X. El pontífice de la casa Médici, célebre por su ingenio agudo y su mecenazgo, en lugar de recompensarlo con monedas de oro o un cargo eclesiástico, le regaló de forma irónica un saco de cuero vacío, argumentando con sorna que un hombre que poseía el secreto para fabricar oro solo necesitaba un contenedor donde guardarlo.
«Como una mano al ojo» (wie eine Faust auf ein Auge): El autor usa una frase idiomática alemana antigua muy curiosa. Hoy en día significa que algo no encaja en absoluto, pero en el siglo XVIII su sentido era el opuesto (equivalente a «venir como anillo al dedo» o golpear con precisión quirúrgica en el blanco). Pantaleón considera que la broma del Papa fue brillante porque expone la brecha real entre la teoría poética y el extenuante coste de la práctica de laboratorio.
El proverbio de Corinto y la falta de «Zehrpfennig»: Introduce el antiquísimo proverbio grecorromano recogido por Horacio: «Non licet omnibus adire Corinthum» (No a todo el mundo le es dado ir a Corinto), que aludía a que Corinto era una ciudad rica y prohibitivamente cara. Lo conecta con el Zehrpfennig (los viáticos o dinero necesario para el sustento durante un viaje). El autor defiende al científico: un alquimista puede poseer la fórmula teórica exacta en su cabeza, pero si carece del capital inicial para pagar el carbón, los hornos, los matraces de vidrio y los costosos metales base, le será materialmente imposible ejecutar la Obra.
La defensa ante el reproche cortesano («wenn du es weißt, so mache es»): Desmonta la crítica más común de los mecenas impacientes, quienes exigían resultados rápidos con la frase: «Si sabes cómo se hace, ¡hazlo ya!». El autor argumenta que la ciencia requiere condiciones ideales: salud robusta, un lugar adecuado libre de interferencias y paciencia temporal, rechazando la prisa ignorante de las cortes.
[12] El linaje iniciático de Paracelso (THEOPHRASTVS PARACELSVS): El autor traza la genealogía del gran reformador de la medicina del siglo XVI, Philippus Aureolus Theophrastus Bombastus von Hohenheim (Paracelso). Confirma un hito biográfico clave: Paracelso estudió en su juventud bajo la tutela del célebre humanista, criptógrafo y ocultista Johannes Trithemius (el Abad de Sponheim). Además, recoge la famosa leyenda hermética de que Paracelso viajó a Oriente (Morgenland) —Egipto, Constantinopla o Persia— donde supuestamente recibió la iniciación final y los secretos de la Piedra Filosofal de manos de sabios orientales.
Thomas Erastus como el «Cometa Desdichado»: El autor utiliza una metáfora astronómica barroca muy potente al calificar a Thomas Erastus (1524–1583) de «cometa de larga cabellera» (langhärichte Comet), un fenómeno que en la época era visto como un augurio de desgracias y plagas. Erastus fue un influyente médico y teólogo suizo (nacido en Baden, aunque el texto lo asocie a Lorena por sus redes académicas) que se convirtió en el archienemigo histórico del paracelsismo, publicando violentos tratados académicos (Disputationes de medicina nova Paracelsi) para demoler la medicina química y defender la ortodoxia médica tradicional de Galeno y Aristóteles.
La crítica a la dialéctica tradicional (Schul-Wäscherey): El autor ataca con dureza el método de Erastus tachándolo de Schul-Wäscherey (palabrería o cháchara escolar) y tildándolo de Disputir-Thier (bestia de las disputas académicas). Denuncia que los defensores de Aristóteles pretendían combatir hechos experimentales y empíricos del laboratorio usando únicamente la retórica verbal, armas que el autor considera «desiguales» frente al peso de la realidad material.
La analogía con Cristóbal Colón (COLVMBI): Pantaleón lanza un soberbio contraataque intelectual contra quienes niegan la transmutación metalúrgica. Compara el escepticismo de los anti-alquimistas con la ceguera de los sabios escolásticos medievales que, antes del viaje de Cristóbal Colón, negaban por prejuicios teóricos la existencia de las Antípodas y afirmaban que era imposible que hubiera seres humanos viviendo en el hemisferio sur («debajo de nosotros»).
[13] La falacia de la inmutabilidad de los géneros y Jean Riolan (JOHANNES RIOLANVS): El autor denuncia que los herederos académicos de Thomas Erastus utilizaban un argumento teológico rígido: afirmaban que transmutar un metal en otro alteraba las fronteras de los géneros creados por Dios en el Génesis, cometiendo un pecado de Lèse-majesté (lesa majestad) contra el Creador. Cita como ejemplo a Jean Riolan el Joven (1577–1657), un famosísimo y ultraconservador médico de la Facultad de París, conocido en la historia de la ciencia por oponerse ferozmente a los descubrimientos modernos de su época, como la circulación de la sangre de William Harvey y las terapias químicas de la escuela paracélsica.
La Revolución Lingüística de Paracelso y la «lengua materna» (Mutter-Sprache): Expone uno de los mayores hitos de la historia de la medicina. En 1527, al asumir su cátedra en la Universidad de Basilea, Paracelso conmocionó al mundo académico al impartir sus clases y publicar sus tratados en alemán (Mutter-Sprache) en lugar de usar el latín obligatorio de las élites. Las universidades (hohen Schulen) lo tildaron de ignorante por ello. El autor satiriza este prejuicio clasista de los académicos que creían dogmáticamente que la verdad científica dependía de la gramática latina y no de la realidad del laboratorio.
La tiranía académica de los bachilleres (Baccalaureus): Describe de forma muy viva cómo los jóvenes graduados universitarios (Magister o Baccalaureus) utilizaban el ataque sistemático contra el paracelsismo como una «prueba de su erudición» para ascender en el escalafón académico, cayendo en la cultura de la cancelación de la época al expulsar a cualquier pensador disidente de la comunidad científica formal.
El miedo a la exclusión social de los científicos: El pasaje concluye con una lúcida crónica sociológica de los siglos XVII y XVIII. Explica que muchos científicos sabios y brillantes de su época rechazaban la química y la alquimia no por falta de pruebas, sino por pura «coacción» (Zwang) y presión social, fingiendo aversión pública hacia la disciplina únicamente para proteger sus cátedras, su estatus social y evitar ser tildados de locos o necios por la ortodoxia oficial.
[14] Completando la frase inicial y el veto a los iatroquímicos: Al enlazar de manera homogénea con la página 326 («…daß die Aristotelische Leh-»), la frase se completa revelando la gran intriga médica de las cortes europeas. Los médicos tradicionales galenistas convencieron a los monarcas (hohe Potentaten) de que los médicos químicos (Aertzten, die sich auf die Chimie legten) eran peligrosos envenenadores debido a la potencia de sus remedios basados en antimonio, mercurio y ácidos, logrando que se les prohibiera atender a la realeza.
La gran defensa de Jan Baptist van Helmont (HELMONTIVS): El autor destaca la figura de Jan Baptist van Helmont (1580–1644), el célebre médico y químico flamenco (referido aquí históricamente como «holandés»). Van Helmont fue el gran puente entre la alquimia mística y la química cuantitativa moderna (descubridor de los gases y pionero de la iatroquímica). El autor sitúa la publicación de sus obras clave hace «cuarenta años», un dato cronológico sumamente valioso que sitúa la redacción original de este texto de Pantaleón hacia la década de 1680 (antes de ser recopilado por Roth-Scholz en 1729).
La metáfora del Parnaso y el Vesubio: Describe el genio de Van Helmont mediante una elegante alegoría clásica. Decir que destacó en el monte Parnaso significa que dominaba la erudición académica tradicional y las artes liberales (la morada de las musas); decir que destacó en el monte Vesubio significa que dominaba la pirotecnia de laboratorio y el fuego de los hornos metalúrgicos, uniendo de forma única la teoría y la práctica.
El desafío a los profesores universitarios: El autor desafía con ironía a la ortodoxia universitaria conservadora. Afirma que si los rectores y profesores de las facultades tradicionales logran refutar científicamente los experimentos empíricos de Van Helmont, los considerará «dioses» (Götter), pero predice con sorna que seguirán demostrando ser simples mortales falibles aferrados a dogmas obsoletos.
La crítica a los defensores ignorantes de Paracelso: El autor adopta una postura neutral y sumamente equilibrada. Tras atacar a los universitarios aristotélicos, critica también a los seguidores fanáticos e incultos de Paracelso. Explica que estos «ignorantes» (ungelehrte) presenciaron transmutaciones reales pero fracasaron al defenderlas teóricamente porque Paracelso omitió deliberadamente ciertos principios en sus libros en alemán, obligando al investigador a buscar las claves lingüísticas y operativas en los tratados antiguos escritos en otras lenguas (latín, griego o árabe).
[15] La «frente dura» y la «nuca rígida» (El cisma de la ciencia): El autor fustiga con ingenio la polarización de su época. Los académicos tienen una «frente dura» (terquedad intelectual y orgullo), mientras que los operarios empíricos tienen una «nuca rígida» (inflexibilidad y falta de base teórica). Ataca el sesgo elitista citando una máxima atribuida al pensamiento de Platón, según la cual la alta filosofía no debe rebajarse a trabajar con las manos (Practiciren). Esta mentalidad clásica impedía que los catedráticos entraran al laboratorio, frenando el avance de la química experimental.
La crítica al empirismo ciego de los «sopladores de carbón»: Del mismo modo que ataca a los teóricos, el autor desmitifica a los artesanos puros que creen que por el solo hecho de construir hornos complejos (künstlich erbauete Oefen) y quemar minerales al azar, la verdad emergerá por sí sola. Pantaleón afirma rotundamente que ni la teoría pura ni el laboratorio ciego bastan por separado (weder das Studieren, noch die Feuer-Probe allein).
El secreto de las «Preparaciones Particulares»: El texto introduce una advertencia metodológica muy habitual en la literatura hermética: los manuales solo enseñan los fundamentos generales. Las maniobras operativas críticas de la destilación y la amalgama constituyeron un saber secreto y no escrito que se transmitía de forma estrictamente oral entre los auténticos iniciados o «poseedores del arte» (Besitzern).
El caos teórico de la alquimia tardía: El párrafo final describe el caótico panorama científico de finales del siglo XVII. Debido a las malas interpretaciones, la disciplina se atomizó en sectas químicas: los salinos (que buscaban la Piedra solo en las sales y el crémor tártaro), los metalúrgicos puros, y los espiritualistas que pretendían destilar el principio transmutatorio directamente de la atmósfera y el aire («en el rocío de mayo» o «en la lufft»). Al carecer del equilibrio entre teoría y práctica, el autor constata que todos estos operadores acaban arruinados, cansados y «en la nada» (treffen sie in nichts).
[16] Completando la frase inicial y la autorreferencia: Al enlazar de manera homogénea con la página 328 («…treffen sie in nichts / alle»), la frase se cierra explicando que todos los falsos experimentos «coinciden en la nada». El autor aprovecha para remitir al lector a su propia obra previa, el Alchimistische Prüffung (páginas 295-312), donde ya desmontó minuciosamente dichos errores particulares.
La alegoría botánica de la planta Bifolium: El núcleo teórico de la página descansa sobre un concepto fundamental del hermetismo: el Principio de Correspondencia o analogía de la naturaleza (Recht der Aehnlichkeit / «Como es arriba, es abajo»). Pantaleón toma como base una planta real de dos hojas (asociada históricamente a orquídeas del género Listera o Neottia, comúnmente llamadas «doble hoja»). Argumenta que, igual que en una planta viva el tallo (Stengel), las raíces y las hojas forman un tejido biológico idéntico y homogéneo que produce un mismo fruto, en el reino mineral el «tallo» o raíz de su receta debe compartir obligatoriamente la misma naturaleza metálica que el oro resultante.
Refutación de la «Materia No Metálica»: El autor sale al paso de una corriente muy popular de la alquimia espiritual y mística que defendía que la Piedra Filosofal debía elaborarse a partir de sustancias no metálicas (como sales, plantas o fluidos orgánicos), bajo el pretexto de que la Piedra es «algo superior a un metal». El autor califica esta postura de infundada e inútil.
El axioma de la homogeneidad química: Pantaleón enuncia un principio metalúrgico impecable y muy avanzado: «lo semejante solo se une y actúa sobre su semejante». Si la tintura o elíxir de transmutación no poseyera una raíz estrictamente metálica por su origen (seinem Ursprunge nach nicht metallisch wäre), sería químicamente imposible que se fundiera, amalgamara o mezclara con el plomo o la plata en el crisol.
La «Sobre-perfección» (übervollkommen) del Elíxir: Explica la naturaleza de la Piedra Filosofal no como una sustancia ajena a la metalurgia, sino como un metal llevado a su máxima potencia o grado de evolución. Para que un agente químico sea capaz de «sanar» o transmutar un metal imperfecto y pesado (como el plomo) en uno perfecto (oro), dicho agente debe ser «sobre-perfecto». Actúa como una semilla concentrada que acelera en pocos minutos dentro del horno el proceso de maduración que a la naturaleza le tomaría siglos bajo tierra.
[17] Completando la frase inicial y la Raíz Mercurial (mercurialische Wurzel): Al enlazar de manera homogénea con la página 329 («…welches gantz gleichför- / mig»), el capítulo concluye fijando el axioma metalúrgico principal: la base del Bifolio es una raíz mercurial metálica pura y uniforme. Esta definición alude al Mercurio Filosófico, el principio líquido primordial y noble que, tras ser purificado de azufres corruptos, se convierte en la única matriz capaz de unirse homogéneamente con el oro y la plata para multiplicarlos.
Inicio del Capítulo II y la Vía Húmeda (den nassen Weg): El epígrafe marca la transición hacia la parte puramente operativa de la Gran Obra Universal por el método líquido o de digestión lenta (Via Humida), considerada por los maestros como la vía más segura, noble y natural, frente a los peligrosos choques térmicos de la vía seca.
Contraste teológico y la «Edad de Hierro»: El autor abre el capítulo con un recurso literario barroco muy impactante. Contrasta el estado idílico de la creación perfecta narrado en el Génesis (Génesis 1:31) —donde «vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera»— con la cruda, violenta y «miserable» realidad social de la Europa de finales del siglo XVII.
El azote de las «Armas Marciales» (martialischen Waffen): El texto refleja fielmente el clima geopolítico europeo posterior a la Guerra de los Treinta Años y contemporáneo a las campañas de Luis XIV. En la jerga alquímica, martialisch alude tanto al dios Marte (la guerra) como al hierro. Describe un continente asolado por los conflictos bélicos permanentes, las hambrunas concomitantes y las epidemias asociadas a las marchas de los ejércitos mercenarios.
La paradoja inflacionaria de la acuñación (je mehr Geld geschlagen wird…): Pantaleón realiza una agudísima y tempranísima observación de teoría económica monetaria. Describe un fenómeno real de su tiempo: a pesar de que los estados acuñaban metal constantemente (Geld geschlagen wird), la escasez de numerario y la pobreza generalizada parecían ir en aumento (je mehr scheinet daß Geld mangele). Esto describe la asfixia financiera de los estados absolutos debida a los costes exorbitantes de las guerras, lo que obligaba a los gobernantes a exprimir a sus súbditos mediante «presiones financieras» (Geld-Pressuren o impuestos confiscatorios).
La Alquimia como solución social: Al detallar esta miseria generalizada y ligarla a la falta de sustento de las naciones, el autor introduce de forma brillante la justificación de la Gran Obra. Para Pantaleón, la Piedra Filosofal y la transmutación no son caprichos individuales de codicia egoísta; constituyen un remedio de beneficencia pública providencial para sanar la economía de los pueblos y proveer al «rico sustento de la Tierra entera».
[18] La cita profética y la caída del hombre: El autor introduce una cita directa del Antiguo Testamento: «Israel du bringest dich selbst ins Verderben» (que corresponde al libro del profeta Oseas 13:9: «Te perdiste, oh Israel, mas en mí está tu ayuda»). Conecta este pasaje con la doctrina de la Caída del Hombre (el pecado original en el Edén), explicando que el Lebens-Geist (el espíritu vital corporal y terrenal) nubló la lucidez del alma racional inmortal del ser humano, arrastrándolo al egoísmo y a la ambición.
Crítica antibélica a la Europa Cristiana: El texto contiene una fortísima denuncia sociopolítica de carácter humanista. El autor se lamenta de cómo los pueblos de la Europa cristiana pasan décadas enteras desatando sangrientas guerras territoriales (um einer Handbreit Erden so viel Jahr kriegen) —haciendo una clara alusión a la devastación de la Guerra de los Treinta Años y a los conflictos territoriales del siglo XVII—, cuando la Tierra posee espacio más que suficiente para albergar pacíficamente a toda la humanidad.
La geología sagrada de los metales preciosos (Klüffte der Erden): Pantaleón defiende que Dios ha sido inmensamente generoso al dotar a la Tierra de inmensas vetas y fallas mineras (Klüffte der Erden) repletas «hasta el borde» de oro y plata. Esto refleja la mentalidad minero-metalúrgica centroeuropea del Barroco, que concebía el subsuelo como un tesoro providencial destinado al sustento económico de los reinos.
La base teológica de la Medicina Universal: El autor justifica la existencia de la alquimia médica (la Panacea o elíxir de salud) citando de forma implícita el libro bíblico del Eclesiástico o Sirácida (Eclesiástico 38:4): «El Señor creó los medicamentos de la tierra, y el hombre prudente no los desprecia». Argumenta que Dios diseñó los cuerpos terrenales para ser inherentemente saludables y que depositó en la naturaleza los compuestos químicos necesarios para sanar cualquier enfermedad, combatiendo el fatalismo médico de las facultades tradicionales.
La «Materia del Arte» (Kunst-gehörige Materie): Al cierre de la página, el autor prepara el terreno para la revelación química principal del capítulo. Define la Piedra Filosofal como un regalo divino de «bondad desmesurada»: Dios no solo creó el oro como metal perfecto, sino que insertó en la creación una materia específica diseñada exclusivamente para que el operario del laboratorio, mediante el «arte» (Kunst), pueda abrirla y multiplicar con ella la riqueza y la salud del mundo.
[19] La pluralidad de materias frente al monopolio del secreto: Pantaleón expone una tesis teológica y metodológica muy singular: afirma que Dios distribuyó el secreto de la Piedra Filosofal a través de múltiples materias primas y múltiples métodos (mehr Materien und mehr Wege). Sostiene que la providencia divina lo diseñó así a propósito para evitar que el egoísmo, la codicia o la malevolencia humana (der Menschen Mißgunst) pudieran sepultar o monopolizar la Divina Ciencia si esta dependiera de una sola sustancia exclusiva.
La cita a Geber y la unidad de propósito: Para fundamentar su teoría de los múltiples caminos operativos, el autor apela a la máxima autoridad de la alquimia árabe medieval y la pseudoepigrafía latina: Geber (Jabir ibn Hayyan, siglos VIII-IX). Cita expresamente el «capítulo 28» de su obra (asociada tradicionalmente al Summa Perfectionis Magisterii), donde el sabio árabe argumentaba que, aunque la base mineral sea diversa, el fuego y la purificación correcta unifican los resultados metalúrgicos.
La gran división metodológica: Vía Húmeda (Nasse Weg) y Vía Seca (Trockene Weg): El texto formaliza la división clásica de los laboratorios espagíricos de la Edad Moderna. Define ambas rutas:
- La Vía Seca (Via Sicca): Operaba a altas temperaturas usando crisoles abiertos, sales alcalinas y hornos de fundición rápidos, siendo muy costosa, violenta y propensa a explosiones.
- La Vía Húmeda (Via Humida): El método líquido, basado en la disolución, fermentación y destilación lenta de los compuestos en matraces tapados. Pantaleón la defiende como la vía «más antigua y fácil» (ältesten und leichtesten) porque imita de forma orgánica el calor del útero materno o del subsuelo terrestre.
La apelación al «Aficionado a la Química» (Chimischer Liebhaber): Al cierre de la página, el autor utiliza la fórmula retórica Chimischer Liebhaber (Amante o aficionado a la química / Philochymist), un término muy común en los tratados de la Ilustración temprana para dirigirse a los investigadores independientes y buscadores de la verdad natural, exhortándole con la expresión tradicional «Spitze… deine Ohren» (agudiza tus oídos) ante la inminente revelación de los pasos prácticos de la receta.
[20] El «Plomo Filosófico» (Philosophischen Bleyes): Al enlazar con el final de la página 332 («nunsere» / nuestra), el texto desvela su materia prima secreta. En la alquimia barroca, el plomo de los filósofos casi nunca hacía referencia al plomo común (Saturno), sino al antimonio o a una sustancia mineral específica rica en principios volátiles. Reducirlo a su «esencia primigenia» significa purificarlo mediante destilación o calcinación sin contaminarlo con aditivos extraños.
Los cuerpos Solares, Lunares y las Estrellas: Es el lenguaje cifrado astronómico para la metalurgia. El Sol representa al oro, la Luna a la plata, y las estrellas a los demás metales (el hierro/Marte, el cobre/Venus, el estaño/Júpiter). Explicar que los metales menores nacerán de los dos principales alude al proceso de amalgama y gradación de los compuestos.
La Montaña Salada de Venus (gesalzenen Berg der Venus): En la nomenclatura hermética, Venus representa al cobre. Llevar las «tinieblas» (el residuo negro o nigredo de la primera digestión) a la montaña salada de Venus significa disolver el compuesto usando sales específicas de cobre (como el acetato de cobre u óxidos) para iniciar la purificación o rectificación, separando lo puro (das Zarte) de las escorias insolubles (das Grobe).
La Cadena Áurea de Homero y la Tabla de Esmeralda: El autor conecta dos de los conceptos más célebres de la filosofía natural:
- La Cadena de Homero (Aurea Catena Homeri): Un concepto cósmico derivado de la Ilíada que los alquimistas del siglo XVIII interpretaban como la invisible red de fluidos y vapores cíclicos que conectan el cielo (los astros) con el interior de la tierra.
- Hermes Trismegisto: Cita textualmente el axioma más famoso de la Tabla de Esmeralda: «Quod est inferius est sicut quod est superius» (Lo que está abajo es como lo que está arriba), para explicar cómo los gases que se evaporan en la parte superior del matraz (el cielo) actúan en perfecta simetría al condensarse y caer sobre el residuo sólido del fondo (la tierra).
El Bestiario Alquímico de las Fases: El párrafo central describe mediante animales mitológicos e históricos los cambios físicos visibles en el matraz durante la Vía Húmeda:
- El pez Echeneis (Rémora): En la antigüedad clásica se creía que este diminuto pez era capaz de detener los barcos en pleno océano fijándose al casco. Simboliza la fijación, el momento exacto en que la sustancia líquida empieza a solidificarse en el fondo del vidrio.
- El Avecilla Hermética: Simboliza la sublimación, los vapores blancos que se elevan por el cuello del matraz hacia el aire.
- La Salamandra: El mítico reptil que vive en el fuego. Representa la fase donde el compuesto resiste las temperaturas más altas del horno sin evaporarse, adquiriendo fijeza absoluta.
La Flor Blanca, la Roja y la Caléndula (Ringelblume): Describen las fases cromáticas finales de la Gran Obra. La flor blanca representa la albedo (fase blanca, que transmuta en plata); la flor roja representa la rubedo (fase roja, que transmuta en oro). Fundirlas en una caléndula (una flor perenne de color naranja brillante o dorado vivo) representa la obtención del polvo final de la Piedra Filosofal.
El Mercurio Alado en su Trono: Al «ofrecer» esta flor de azufre fijo al mercurio líquido, este la «engulle» (reacción de amalgama rápida). El mercurio adquiere alas en las manos y los pies, una bellísima referencia iconográfica al dios mitológico Hermes/Mercurio, significando que el elíxir ha alcanzado su máxima potencia volátil y espiritualización, listo para operar sobre los metales imperfectos desde su «trono» de perfección metalúrgica.
[21] Completando la frase inicial y la Purificación del residuo: Al enlazar perfectamente con el final de la página 333 («…und / das»), la frase se completa aludiendo a que el peor «veneno» o impureza se halla arraigado en la «tierra» (el residuo sólido del fondo del matraz). En la metalurgia espagírica, los metales sin refinar se consideraban éticamente caídos o cargados de «vicios» (como el hierro/Marte asociado al homicidio). Para eliminar esta toxicidad mineral, se requiere apagar el fuego devorador con un «opuesto contrariante» (un agente líquido o alcalino).
La alegoría de la «Sündfluth» (Diluvio Universal) y el Arca de Noé: El autor recurre a un célebre tropo de la alquimia bíblica del siglo XVII. El Diluvio Universal representa la fase de licuefacción o disolución total de la materia dentro del matraz de vidrio, el cual es denominado poéticamente Die Arche Noä (El arca de Noé). Sellar el arca correctamente (recht zugeschlossen) significa cerrar herméticamente el cuello del matraz (sello de Hermes) para evitar que los espíritus volátiles escapen durante la cocción líquida.
Los «Cuarenta Días» y el Predicador de las Montañas: Los cuarenta días del diluvio bíblico equivalen en el laboratorio al período estándar de putrefacción y digestión lenta bajo un calor moderado constante (baño María o estiércol de caballo). Al concluir este plazo y abrir el recipiente, la aparición del sedimento purificado y cristalizado es llamada el «predicador de los dioses de las montañas» (asociado a Noé saliendo del arca sobre el monte Ararat). Esto indica que el mercurio filosófico se ha vuelto «incorruptible y permanente», es decir, que ha sido fijado químicamente y resistirá el fuego sin evaporarse.
La cita a Chortalassæus (CHORTALASSÆO): El autor reconoce abiertamente su fuente teórica al citar a Chortalassæus (pseudónimo del médico y alquimista alemán Johann Thölde, célebre también por publicar bajo el nombre de Basilio Valentín a principios del siglo XVII). Chortalassæus escribió tratados fundamentales como el Mysterium Occultae Naturae, donde se detallaba minuciosamente esta analogía entre el Génesis, el Diluvio y las fases de la transmutación metálica.
El «Niño Real de las Indias» (Indien Königliche Kind): Es una clásica metáfora hermética barroca. Tras la fijación del mercurio, la sustancia dorada resultante en el fondo del matraz es tratada como un tierno infante de linaje real nacido en tierras exóticas («las Indias»). Su estancia forzada en el matraz cerrado es vista como una «prisión» (Gefängnüß).
La regla de la alimentación química y la moderación: El párrafo final advierte al operador sobre el peligro de la multiplicación o nutrición del elíxir. Una vez que el «niño real» (el cristal metálico inicial) es liberado, se le debe añadir más mercurio vivo o sales puras para que crezca y aumente su masa. Sin embargo, el autor lanza una advertencia médica muy sensata: si se le añade demasiado líquido de golpe (über ein Gericht auf einmal), la sustancia sólida se ahogará y disolverá en exceso, destruyendo el cristal. Compara esto con la fisiología humana: una persona famélica que ha pasado meses de privaciones si se atiborra de golpe (überfressen), puede morir por indigestión. Por tanto, exige mantener una «medida fija de sustento» (Nahrungs-Maas) administrando la «comida y bebida de los dioses» (los reactivos puros) en porciones estrictamente medidas.
[22] Las figuras de Héctor y Milón de Crotona: Para describir la potencia y fijeza absoluta que adquiere la Piedra Filosofal tras ser «alimentada» (reiterada en ciclos de cohobación), el autor recurre a dos héroes máximos de la fuerza clásica: Héctor, el troyano indomable de la Ilíada, y Milón de Crotona (siglo VI a. C.), el atleta olímpico más célebre de la antigüedad por su descomunal fuerza física. Significa que el polvo final transmutatorio será químicamente indestructible frente a los ácidos más potentes.
El Templo de Apolo y la censura del secreto: Al declarar el fin de la alegoría (Das Gleichnüß ist aus), el autor confiesa que desearía revelar la receta en lenguaje llano para destruir la codicia mundana por el oro y restaurar la «virtud desterrada» de la filosofía natural. No obstante, justifica su uso del lenguaje cifrado alegando que «causas sumamente importantes» han colgado su pluma en el templo de Apolo (asociado al dios de la profecía, la poesía y los misterios ocultos), una metáfora barroca clásica para referirse al juramento de secreto hermético y al temor a las persecuciones políticas o eclesiásticas si el secreto de la fabricación de dinero caía en manos indignas.
El axioma de la Materia Única (nur ein Ding): Pantaleón enuncia uno de los pilares de la Alquimia Universal: la Gran Obra se realiza partiendo de una sola y única materia prima (nur ein Ding), aunque esta posea una naturaleza interna dual o múltiple (welches doch auch vielfältig ist).
La alquimia como proceso de sustracción: El párrafo final define la química espagírica no como un arte de combinación de múltiples ingredientes artificiales, sino como un proceso de purificación natural: «wir nichts fremdes hinzu gethan, sondern nur das überflüßige weggenommen» (no añadimos nada extraño, sino que solo retiramos lo superfluo). La labor del operario consiste en usar el fuego para limpiar el mineral de sus impurezas y escorias externas terrestres hasta dejar al desnudo su núcleo metálico puro e inmortal.
[23] Completando la frase inicial y el Electrum Mineral: Al enlazar con la página 335 («…daß sie ein sonder / sonderlich…»), se describe que la materia prima es un mineral complejo y compuesto. El término Electrum u oro verde (originalmente una aleación natural de oro y plata) se utiliza aquí como una metáfora química para definir un mineral en bruto que contiene mezcladas diversas sustancias metaloides, escorias y tierras lejanas a la nobleza del oro puro.
La apertura de los Tres Principios de Paracelso: El autor explica que, al someter este mineral a una künstlichen Aufschliessung (disolución o apertura química por el arte), se aíslan de forma nítida la Sal, el Azufre y el Mercurio (Salz, Schweffel und Quecksilber), la célebre tríada de la iatroquímica de Paracelso (Tria Prima). Al dividirse, demuestran contener en sí el balance de los cuatro elementos clásicos (tierra, agua, aire y fuego).
El Saturno Filosófico y el Antimonio: El texto ofrece pistas definitivas sobre la identidad del ingrediente secreto al llamarlo Saturno Filosófico (Philosophische Saturnus). En la alquimia clásica, Saturno es el nombre del plomo común. Sin embargo, al calificarlo de filosófico e imperfecto, e indicar que la naturaleza «ha operado poco en él», se refiere históricamente a la estibina (sulfuro de antimonio). El antimonio era considerado el «Padre de los metales» porque compartía la pesadez del plomo pero poseía una afinidad extrema para purificar el oro.
La maldición del «León de Occidente» (Löwens vom Untergang): En la literatura hermética, el León de Occidente o León Verde es el jeroglífico químico del antimonio crudo o de los vitriolos reactivos. El autor introduce un solemne tabú de revelación común en los textos esotéricos de los siglos XVII y XVIII: lanza un anatema o maldición (der sey verflucht) contra cualquier operador que ose divulgar el nombre comercial o vulgar del mineral a la gente común (ohne Unterscheid), protegiendo el monopolio del secreto del laboratorio.
La visión mística y Heinrich Khunrath (HENRICI KVHNRA-THI): Pantaleón asegura poéticamente que el verdadero iniciado es capaz de reconocer esta «tierra salina mezclada» incluso «en mitad de la noche» debido a su brillo o propiedades químicas, sin necesidad de recurrir a Fernglasses (anteojos o lentes de aumento). Para los operadores rezagados que aún permanecen en la ceguera teórica, el texto los remite al final de la página a la obra de Heinrich Khunrath (1560–1605), el célebre médico, filósofo hermético y alquimista alemán, autor del monumental tratado teosófico Amphitheatrum Sapientiae Aeternae, donde el uso de la oración y el laboratorio se funden para alcanzar la iluminación de la materia.
[24] La mención a «El Pequeño Campesino» (der kleine Bauer): Conecta con el tratado clásico Der Grosse und Kleine Bauer citado previamente en la página 295. El autor insiste en que las claves comerciales del mineral ya han sido divulgadas en dicho libro, y apela a las leyes del secreto hermético (Die gesunde Vernunfft gestattet nicht…) para negarse a escribir el nombre común de la sustancia en lenguaje vulgar.
Las fases cromáticas según Chortalassæus: La cita de Johann Thölde (bajo su pseudónimo Chortalassæus) detalla de forma bellísima las transiciones físicas del crisol. Los «vapores tóxicos» (gifftigen Dünste) representan el desprendimiento de gases de arsénico o azufre. Tras la limpieza, la aparición de la «flor blanca» marca la albedo (plata filosófica) y la «flor roja» la rubedo (el oro final).
Las «Flores Estelares» de Siete Rayos: Es una densa alegoría cosmológica y metalúrgica. El tallo único representa la materia prima homogénea. Las dos flores son el Azufre (rojo) y el Mercurio (blanco). Los siete rayos que proyectan hacen referencia directa a las fuerzas de los siete planetas de la astrología clásica y a sus siete metales correspondientes (Sol/Oro, Luna/Plata, Marte/Hierro, Venus/Cobre, Júpiter/Estaño, Saturno/Pluto, Mercurio/Mercurio), significando que la Piedra final contiene el dominio absoluto sobre todo el reino mineral.
La apertura oculta en el Barril de Vino (im Weinfasse steckt): Pantaleón descifra la receta técnica: tras calcinar el mineral de antimonio, la «apertura» u obtención del elíxir se logra utilizando un compuesto extraído de los barriles de vino. Esta es una alusión directa al tártaro crudo o espíritu de vino (acetato/alcohol de destilación), cuyos ácidos orgánicos eran los únicos capaces de disolver y extraer de forma legítima los cristales puros del antimonio calcinado.
La cita a La guerra de los caballeros (Ritters-Kriege): El autor expande su red de autoridades al citar el famoso diálogo alquímico tardomedieval Das Buch der Ryterlichen Kunst o Ritter-Krieg (La guerra de los caballeros), un texto alegórico muy popular donde el Oro, el Mercurio y el Azufre debaten bajo un vocabulario militar y de caballería sobre cuál de ellos posee el derecho legítimo a gobernar el laboratorio.
[25] Completando la frase inicial y la paradoja del veneno (Gifft-Artzney): Al enlazar de manera homogénea con la página 337 («GOTT hat uns dieses / dieses»), el fragmento de La guerra de los caballeros se completa definiendo la operación de laboratorio: se toma el mineral en bruto, se destruye su cuerpo metálico compacto (den harten Leib zerbrechen) y se limpia de impurezas hasta extraer el núcleo. El autor formula un bellísimo principio de la iatroquímica paracelsiana: hacer del veneno la medicina (aus dem Giffte eine Gifft-Artzney machen). Alude al antimonio y al arsénico, que siendo altamente letales en su estado crudo, tras ser purificados y rectificados en el laboratorio se convertían en los remedios médicos más potentes de la farmacopea antigua.
La cita a la Lucerna Salis Philosophici: El texto remite a otra obra clásica indispensable de la alquimia del siglo XVII: la Lucerna Salis Philosophici (atribuida comúnmente al químico y alquimista holandés Johann Harprecht, quien escribía bajo el pseudónimo de Filalete o Phlebochymicus). Este tratado explicaba cómo extraer la «sal central» de los minerales como clave para la disolución.
El Agua Limosa y la «Madre del Sol y de la Luna»: Describe el aspecto físico final del disolvente universal o Menstruum. No es un ácido común, sino un líquido denso o viscoso (schleimigen), transparente y de naturaleza metálica. Recibe el nombre místico de «Madre del Sol (oro) y de la Luna (plata)» porque constituye la matriz original y el mercurio de los filósofos extraído del «Saturno filosófico» (el antimonio purificado).
La «Leche de Virgen» (Jungfers-Milch) y la multiplicación infinita: El autor detalla la primera de las cinco propiedades de la Piedra. Llama a la sustancia inicial Jungfers-Milch (Leche de virgen / Lac Virginis), un término técnico tradicional para los destilados blanquecinos o soluciones ácidas cristalizables. El gran milagro económico del proceso radica en que, una vez obtenidas las primeras onzas de este elíxir, su masa se puede multiplicar y aumentar hasta el infinito (ohne Ende vermehren) añadiendo más metal crudo, sin tener que repetir jamás los costosos y peligrosos pasos de la purificación inicial.
El secreto inmune a los espías: La segunda propiedad de la Piedra es de carácter sociológico e histórico. El autor asegura que el proceso de multiplicación final es tan sencillo y seguro que lo puede ejecutar tanto un monarca en su corte como un humilde pastor (ein König oder Schaafhirte). Más aún, afirma que el operador puede trabajar a la vista de cualquier testigo o espía industrial de la época (Gelehrte, Erfahrne), puesto que el secreto no radica en complejas maniobras manuales que puedan ser copiadas con la mirada, sino en la posesión de la materia prima correcta.
[26] Completando la frase inicial sobre el secreto de laboratorio: Al enlazar de manera homogénea con el final de la página 338 («denn sie nichts / davon»), la frase se cierra explicando que los testigos e inspectores cortesanos, a pesar de estar mirando fijamente el crisol, nada comprenderán de lo que ven. El autor insiste en el carácter intelectual del secreto: la transmutación final requiere operaciones manuales tan sencillas que un espía no puede detectar el misterio a menos que conozca de antemano la raíz teórica y la naturaleza exacta de la sustancia.
El control lineal del fuego frente al peligro de explosión: El texto describe la tercera gran ventaja de la Vía Húmeda (nassen Wege): la linealidad y seguridad térmica. En los laboratorios del siglo XVII, la Vía Seca (trocknen Weg) requería fundiciones rápidas que provocaban con frecuencia que los matraces de vidrio estallaran (Gläser zerspringen) debido a la acumulación de gases y a la volatilidad de los minerales calcinados. Por el contrario, la Vía Húmeda opera mediante un aumento gradual y controlado de la temperatura (Anhebung der ersten Staffel der Wärme biß auf die letzte), emulando los cuatro grados de calor clásicos de la alquimia (el calor de un huevo empollado, el baño María, el baño de arena y el fuego directo).
La maduración protectora de las «Flores» (Verbrennung der Blumen): Explica un fenómeno químico propio del método líquido: a medida que el calor sube lentamente, la materia prima va fijándose y aumentando su resistencia térmica de forma proporcional (nimmt… Feuer-beständige Krafft zu). Esto actúa como un escudo protector automático que impide que los delicados cristales o sublimados volátiles del cuello del matraz —denominados poéticamente «flores» (Blumen)— sufrían una combustión destructiva o calcinación prematura por un golpe térmico.
El célebre lema «Weiber-Arbeit und Kinderspiel»: Pantaleón cita uno de los axiomas más famosos e irónicos de los manuales herméticos de la Edad Moderna: «Opus mulierum et ludus puerorum» (Labor de mujeres y juego de niños). En la jerga de los operarios, esto significaba que una vez que la materia prima correcta había sido aislada y sellada en el matraz, el trabajo restante no requería la fuerza física ni la destreza violenta de un metalúrgico forjador; consistía simplemente en vigilar pacientemente el fuego y mantener los matraces limpios, tareas asociadas tradicionalmente en la época a las labores domésticas o al cuidado infantil.
La Tintura como el Sol de la Salud Humana: Al introducir la cuarta propiedad de la Piedra, el autor abandona momentáneamente la metalurgia para centrarse en la medicina iatroquímica. Define a la Tintura Universal como un don providencial o «auxilio de Dios» (Hülffe GOTTes). Utiliza una hermosa metáfora lumínica barroca: el elíxir actúa en el cuerpo humano enfermo como un sol resplandeciente que expulsa y «disipa la insalubre oscuridad» (ungesunde Finsternüß), es decir, que purga las toxinas y restaura el equilibrio de los humores vitales.
La diferencia física entre la Vía Húmeda y la Seca: El párrafo final aporta un dato técnico muy sutil: la tintura líquida de la Vía Húmeda, antes de ser unida o proyectada sobre el oro puro para su estabilización final, mantiene una estructura molecular más abierta, suave y asimilable para el organismo humano que la tintura obtenida por la Vía Seca, la cual nace vitrificada y endurecida por la violencia del fuego directo.
[27] Completando la frase inicial y el Archaeus Mineral: Al enlazar perfectamente con el final de la página 339 («…son- / dern»), el texto se completa explicando que el compuesto de la Vía Húmeda retiene propiedades de las sales solubles. Esto le permite unirse íntimamente con el Archaeus mineral (mineralischen Archæi). En la filosofía médica de Paracelso y Van Helmont, el Archaeus (o Arqueo) representa la fuerza vital invisible o el «herrero interno» que rige el crecimiento, la salud y la transformación de la materia, tanto en el estómago humano como en las vetas de las minas. Unirse al Arqueo significa activar la raíz misma de la vida mineral.
La revelación del Alkahest de Paracelso: El autor desvela la quinta y más codiciada propiedad de la Vía Húmeda: la capacidad de extraer de su materia prima el Alkahest (Alkahest). Este término fue acuñado por Paracelso para definir al disolvente universal absoluto. Se trataba de un líquido capaz de reducir cualquier cuerpo sólido (un metal, una piedra preciosa o una planta) a su estado líquido primitivo sin alterar su esencia espiritual innata, actuando como la llave maestra definitiva de la química del siglo XVII.
«Lavar las taras hereditarias de los cuerpos»: Describe la acción del Alkahest en el crisol o en el matraz. Las «taras hereditarias» (erblichen Gebrechen der Cörper) representan las impurezas, la escasez de electrones o el azufre corrupto que vuelve «salvajes» o imperfectos a metales como el plomo, el hierro o el cobre. Al ser lavados por este disolvente indestructible (unverderblichen Auflößewasser), los metales se «abren», permitiendo que el elíxir penetre en ellos y los dote de fuerzas transmutatorias inefables.
La ética del laboratorio («Demostrar antes que hablar»): El autor lanza una declaración de principios puramente empirista al afirmar que le disgusta la charlatanería verbal (viel Wort von einer Sache zu machen). Asegura que la verdad de la ciencia se demuestra con «poder» (kräfftig zu beweisen) mediante los hechos tangibles del crisol, marcando distancia con los teóricos de biblioteca.
El triple propósito divino de la Alquimia: El párrafo final sintetiza de manera magistral la justificación moral del Bifolium: Dios diseñó las leyes de la transmutación con una triple finalidad providencial: médica (curar los males / alle Kranckheiten zu heylen), higiénica (preservar la longevidad / die Gesundheit zu erhalten) y social (vencer la escasez económica y proveer un «consuelo a la pobreza» / der Armuth Trost).
[28] Completando la frase inicial y la Teodicea Alquímica: Al enlazar perfectamente con el final de la página 340 («…der Armuth / Trost»), el texto se completa reafirmando que Dios diseñó la Gran Obra para traer consuelo y auxilio (Trost und Hülffe) a la humanidad. Introduce un concepto teológico crucial: Dios preveía la Caída del Hombre (el pecado original) y sabía que la humanidad perdería el derecho a la salud perpetua. Como solución providencial, encapsuló en la naturaleza «una sola y única cosa» (ein eintzig Ding) —la Piedra Filosofal— dotada de una naturaleza dual: transmutar los metales enfermos (plomo, cobre) y sanar los cuerpos humanos debilitados.
El Alquimista como instrumento de la Misericordia Divina: El texto propone una audaz justificación ética para el operador del laboratorio (der Künstler). Dios unió el secreto de la fabricación del oro con el de la medicina universal de forma deliberada. Así, el alquimista, aunque inicialmente se acerque al crisol movido por la codicia material del oro (wegen Begierde des Goldes), se ve obligado por la propia naturaleza de la sustancia a convertirse en un agente de sanación que alivia el castigo del pecado y «aplaca la ira de Dios» (GOTTes Zorn abwenden) curando las enfermedades de los más desfavorecidos.
La cita al libro del Eclesiástico y el papel del Médico: Pantaleón cita de forma explícita un severo pasaje del Antiguo Testamento, concretamente del libro del Eclesiástico o Sirácida (Eclesiástico 38:15): «El que peca delante de su Creador, caiga en manos del médico». En el contexto barroco, la enfermedad no era vista solo como un desajuste biológico, sino como una consecuencia espiritual o correctivo divino. La expresión idiomática antigua sobre las escobas (ein Besen mit dem andern gehauen) ilustra cómo el pecado y el tratamiento médico rudo a menudo desgastaban el cuerpo del paciente de forma simultánea.
La insuficiencia de la Medicina Galénica Ordinaria: El autor lanza un ataque frontal contra los ordentliche Medici (los médicos académicos tradicionales o galenistas). Argumenta que la medicina universitaria tradicional es puramente reactiva y superficial: solo funciona cuando la naturaleza del paciente aún tiene fuerzas para sostenerse por sí misma, pero se declara totalmente impotente (darnieder gefallen) ante las enfermedades crónicas y degenerativas.
El «Oscurecimiento del Archaeus» (Verdunckelung des Archæi): El texto maneja con absoluta precisión la patología iatroquímica de la escuela de Paracelso y Van Helmont. El Archaeus (Arqueo) era entendido como el principio vital o espíritu ígneo interno que gobernaba el funcionamiento de los órganos. Pantaleón explica que las enfermedades verdaderamente graves e incurables no son simples accidentes externos, sino un «oscurecimiento del Arqueo», es decir, una pérdida de la luz y la fuerza vital interna en el núcleo de las células y los miembros del cuerpo.
Crítica a los tratamientos sintomáticos (Purgas y Sudor): El párrafo final desmitifica las terapias estándar de la época, basadas en provocar evacuaciones masivas mediante la «purga de los intestinos» (Aussäuberung der Gedärme) o la inducción de fiebres artificiales para expulsar toxinas a través del «sudor» (durch den Schweiß). El autor aclara que estos métodos vulgares solo sirven para aliviar indisposiciones accidentales o leves, pero son completamente inútiles para restaurar las fuerzas vitales cuando el Arqueo ha sido dañado en su esencia, justificando así la necesidad absoluta de la Tintura Universal nacida de la Vía Húmeda.
[29] Completando la frase inicial y la crítica a las boticas (Apothecke): Al enlazar de manera homogénea con el final de la página 341 («…durch den Schweiß weggeschaffet wird, wird / man-»), la frase se completa explicando que, en dolencias leves, el paciente se recupera por sí mismo (manchesmal der Krancke von sich selbst wieder gesund). De lo contrario, el autor lanza una sátira demoledora contra la farmacopea tradicional: afirma que devorarse la botica entera (die ganze Apothecke ausfresse) es inútil. Los remedios de origen vegetal (Erd-Gewächsen) o animal son digeridos y «dominados» por los jugos y fermentos del estómago, perdiendo toda su potencia médica antes de llegar al órgano enfermo y dejando solo una «débil sombra» (schwacher Schatten) que las dolencias crónicas ignoran.
La superioridad de los remedios preparados con el Liquor Alkahest: Frente a la fragilidad de las plantas, el autor encumbra la medicina espagírica basada en el Alkahest (el disolvente universal detallado en la página 340). Al ser sustancias purificadas al extremo, adquieren la propiedad de ser Feuerbeständig (resistentes al fuego del cuerpo y del crisol). Actúan por su mera presencia energética o arquetípica («presencia incontenible»), restaurando el orden molecular del Archaeus celular sin necesidad de ser digeridas como el alimento común.
La alegoría de la Hoz de la Salud (Sichel): Utiliza una potente metáfora visual al describir al elíxir del Alkahest como una hoz (Sichel) que siega o «corta de raíz todas las enfermedades a la vez» (alle Kranckheiten auf einmal abgeschnitten). A diferencia de los fármacos ordinarios que solo tratan un síntoma específico, la Tintura Universal actúa sobre la raíz total de la debilidad orgánica, provocando una regeneración tan profunda que la propia fuerza curativa del cuerpo (die Natur selber) queda maravillada.
La cita a Van Helmont y los «Azufres Perfeccionados»: El autor vuelve a apoyarse en Jan Baptist van Helmont (Helmontius). Remite a la doctrina helmontiana de los verbesserten und vollkommenen Schweffeln (los azufres corregidos o esencias espirituales de los minerales). Van Helmont defendía que un médico auténtico (rechten Medicum) se diferencia de un charlatán con título universitario (prätendlichen Arzt) precisamente por su capacidad técnica de aislar estos principios químicos puros en el laboratorio para curar de verdad.
La polémica con Joachim Polemann (POLEMAN): El párrafo final contiene una agudísima disputa científica y metodológica entre escuelas iatroquímicas del siglo XVII. Cita de forma directa a Joachim Polemann, un célebre médico y alquimista alemán, discípulo de Van Helmont y autor del famosísimo tratado Novum Lumen Medicum (Ámsterdam, 1659 / traducido al alemán como Lumen). Polemann defendía en su libro que el Alkahest y la medicina universal debían fabricarse a partir de una «sal central» o sal alcalina fija. Pantaleón tacha esta teoría de completamente falsa (ist gantz falsch), manteniéndose fiel a su propia ruta de la Vía Húmeda, la cual exige partir exclusivamente de una raíz metálica (el antimonio) y no de sales comunes.
[30] Completando la frase inicial y la polémica con Polemann: Al enlazar perfectamente con el final de la página 342 («…ist gantz falsch. / Denn»), la frase se completa argumentando por qué la teoría de Joachim Polemann sobre el uso de sales comunes para fabricar el Alkahest es errónea. Pantaleón explica que las sales ordinarias siempre encuentran un «opuesto» o resistencia química que neutraliza su fuerza (findets doch allezeit seinen Widerpart), mientras que el verdadero disolvente metálico de la Vía Húmeda penetra cualquier sustancia sin hallar barreras.
Los «Espíritus Apagados» y el Martirio del Fuego: El autor recurre a su propia experiencia biográfica de laboratorio (Denn ich habe offftermal… selber gemachet). Confiesa haber pasado años intentando destilar ácidos fuertes a partir de sales saturadas mediante calor extremo (Feuer-Marter / martirio del fuego). Describe los ácidos resultantes como «espíritus apagados» u opacos (matte Geister) porque, a diferencia del Alkahest legítimo, se consumían y alteraban durante la reacción química en lugar de permanecer puros.
La definición química del Alkahest real: El texto detalla la propiedad fundamental que definió al Alkahest en la historia de la ciencia del siglo XVII: actúa por mera presencia catalítica. Destilado «una sola vez» (nur einmal herüber gezogen), es capaz de disolver un cuerpo sólido y, al terminar el proceso, el operador puede recuperarlo efervescente e intacto (unverändert wieder davon geschieden), listo para ser usado de nuevo sin haber perdido un ápice de su masa o virtud.
Las Salia Enixa y la heterogeneidad: El autor utiliza el término técnico químico antiguo salia enixa (que en la nomenclatura de la época hacía referencia a las sales neutras o bisulfatos resultantes de subproductos de destilación ácida). Explica que estas sales no son homogéneas (nicht gleichförmig) porque nacen de la reacción violenta de sustancias opuestas (widerwärtigen Dingen como un ácido y un álcali), lo que las incapacita para actuar como el menstruum o disolvente universal puro.
La cita al tratado de las fiebres de Van Helmont (von den Fiebern): Para zanjar la disputa, Pantaleón aporta una prueba documental irrefutable citando la obra médica más famosa de Jan Baptist van Helmont: el Opuscula Medica Inaudita, que contenía el célebre tratado De Febribus (Sobre las fiebres). Señala con precisión el «capítulo 15», donde Van Helmont, al hablar del tratamiento de las fiebres tercianas, recomienda de forma general la «sal de tártaro volátil» (flüchtigen Weinstein-Salze / carbonato de amonio o derivados del tártaro) solo como un sustituto menor para los médicos inexpertos que ignoraban el verdadero secreto del Alkahest metálico.
La «Llave que abre y cierra» (der auf- und zuschleufft): Al cerrar la digresión teórica, el texto regresa al hilo operativo del Capítulo II. Define al mercurio de los filósofos obtenido por la Vía Húmeda como la llave maestra del laboratorio. Es la sustancia que «abre» (aufschleufft) los metales duros rompiendo su forma actual, y «cierra» (zuschleufft) los principios volátiles fijándolos en el fondo del crisol para consolidar la transmutación.
[31] Completando la frase inicial y la cocción del año (in einem Jahre): Al enlazar de forma homogénea con la página 343 («nehmlich den Schlüssel, der auf- und zuschleufft, / machen»), el texto se completa indicando que se ha enseñado a elaborar el mercurio de los sabios (das flüßige Quecksilber der Weisen). El autor detalla el último paso de la Vía Húmeda: la coctio o cocción final. Exige un calor sumamente progresivo (mit gelinden Feuer, das mehlich und mehlich gestärcket wird) y la adición de una pequeña cantidad de oro puro en lingote o láminas (corporalischen Golde) que actúa como semilla. Este proceso requería un plazo hermético estándar de un año completo de digestión ininterrumpida.
La cita al rey Geber y el «puro mercurio»: Pantaleón apela nuevamente al capítulo 28 de la Summa Perfectionis del sabio árabe Geber para validar la potencia de su elíxir. Explica que la enorme fuerza de proyección y transmutación (tingirn) de esta tintura radica en su homogeneidad mercurial, defendiendo que el operario que logre consolidar la obra partiendo de la raíz del mercurio filosófico habrá alcanzado la cima de la metalurgia.
El canon de autores de la Vía Húmeda: El párrafo central contiene un espectacular catálogo bibliográfico de las máximas autoridades de la alquimia médica e iatroquímica medieval y renacentista, recomendando al lector acudir a ellos para suplir la brevedad de su tratadito:
- Chortalassæus: Pseudónimo de Johann Thölde (editor de las obras de Basilio Valentín).
- P. Faber de Montpellier: Pierre-Jean Fabre (1588–1658), célebre médico iatroquímico francés, defensor de las terapias químicas ante la famosa facultad de medicina de Montpellier.
- Basilio Valentín (BAS. VALENTINO): El mítico monje benedictino (siglo XV), autor de Las doce llaves de la filosofía, referencia absoluta para el estudio del antimonio.
- Ricardo Anglo (RICHARDO ANGLO): Richardus Anglicus (siglo XIV), un influyente erudito y médico inglés cuyos tratados metalúrgicos abordaban la analogía entre los metales y el cuerpo humano.
- Isaac el Holandés (ISAAC HOLANDO): Nombre que designa a Isaac Hollandus (junto a su hijo Juan), célebres alquimistas de los Países Bajos (siglos XV-XVI) cuyos manuales prácticos detallaban con gran precisión la manipulación de los matraces en la Vía Húmeda.
El miedo al castigo del «Juez Supremo» (letzten Richter): El autor introduce una conmovedora justificación ética y teológica para romper parcialmente su voto de silencio. En los siglos XVII y XVIII, los autores herméticos creían que esconder egoístamente un conocimiento medicinal capaz de aliviar el sufrimiento humano era un pecado grave ante Dios (letzten Richter / el Juez Supremo en el Juicio Final). Para desmarcarse de los autores «envidiosos e infieles» (mißgünstigen und untreuen Bücherschreibern) que se llevaban los secretos a la tumba, decide realizar una revelación abierta (mich entdecken) por pura caridad y compasión cristiana (aus Erbarmung gegen einem frommen Christen).
[32] Completando la frase inicial y el orgullo del filósofo: Al enlazar de manera homogénea con la página 344 («…mich ent- / decken»), el verbo se completa como entdecken (desvelar / revelar). El autor realiza una vistosa declaración de orgullo académico y profesional típica de los sabios del Barroco tardío, afirmando que su revelación caritativa demostrará que nadie antes de su tiempo ha alcanzado un nivel de maestría tan alto en la ciencia de los metales.
La teoría del Menstruo Doble (zweyfach menstruum): En la química pre-moderna y la alquimia, la palabra menstruum (menstruo) no poseía una connotación biológica, sino que designaba al disolvente o agente de extracción líquida. Pantaleón desvela el gran secreto técnico del Bifolium: la estibina o antimonio calcinado produce dos líquidos o esencias de propiedades opuestas:
- El menstruo coagulante (zusammen bindet): El principio fijo (asociado al azufre interno) que sirve para amalgamar el oro corporal y fijarlo en la Tinctura metallica de transmutación.
- El menstruo disolvente (auflöset): El principio volátil o espíritu ácido que disuelve los metales.
El «Amortiguamiento del Oro» (Gold ertödtet) y el fracaso químico: El autor advierte sobre la que considera la mayor trampa del laboratorio de la Vía Húmeda. Si el operario confunde ambos líquidos por un unumgänglichen Irrthum (error inevitable debido a su aspecto idéntico en los matraces), la reacción química se destruye: en lugar de concentrar el oro, el disolvente equivocado corroe y «mata» el metal noble, transformándolo en una sal volátil o reduciéndolo a un «agua elemental insípida» (ungeschmacks elementarisch Wasser) sin valor metalúrgico, aunque poseyera ciertas aplicaciones médicas menores (Artzney-Salze).
La metáfora náutica de los Arrecifes Peligrosos (Meerklippen): Para ilustrar la extrema dificultad de la destilación iatroquímica, recurre a una dramática alegoría marina. Compara los pasos críticos de la receta con navegar entre Meerklippen (arrecifes o escollos marinos ocultos bajo el agua). Afirma que la razón humana ordinaria, si carece de la «iluminación» divina (nicht erleuchtet ist), naufragará irremediablemente en este punto del proceso.
El miedo a la maldición de la posteridad: El autor insiste en que detalla este peligro por pura prevención moral: no desea que los futuros operadores que sigan su manual, al ver rotos sus matraces o perdidos sus reactivos, terminen «maldiciendo su cuerpo bajo la tierra» (meinen Leib in der Erden verfluchen) tras haber sacrificado su salud, sus años de vida y su capital (Zeit, Unkosten und Gesundheit) en un experimento fallido.
La advertencia evangélica y el autoexamen: Remata el párrafo con la célebre frase bíblica de los Evangelios: «Wer Ohren hat zu hören, der höre» (El que tenga oídos para oír, que oiga / Mateo 11:15), exhortando formalmente al operario a realizar un profundo autoexamen de sus capacidades científicas (prüffe sich zuvor wol) antes de encender los hornos.
[33] Completando la frase inicial y el «Nudo» Providencial (Knoten): Al enlazar de manera homogénea con la página 345 («Ferner ist hiebey zu mercken, Erstlich des / höh-»), el texto se completa refiriéndose a la sabiduría del Creador Supremo (höchsten Schöpffers). Pantaleón introduce un profundo argumento de escatología y teología hermética: Dios entrelazó químicamente los dos fluidos o «humedades» del antimonio de una forma tan íntima que resulta un «nudo» imposible de desatar sin guía divina. Explica que Dios impuso este límite a propósito para evitar que la humanidad tuviera un acceso fácil a la riqueza absoluta, forzando a que la Tierra siga siendo un Jammerthal (valle de lágrimas) que empuje espiritualmente a los seres humanos a buscar la salvación en el más allá (nach dem andern Leben trachten).
El misterio paralelo en la Vía Seca: El autor avanza que esta misma barrera de protección providencial existe en la Vía Seca. En dicho método, el nudo consiste en el Tödtung und Scheidung des Quecksilbers (el amortiguamiento, fijación y separación del mercurio vivo en el crisol), un paso crítico donde los operadores vulgares solían fracasar al evaporarse el elemento antes de unirse al oro.
La democratización del fracaso científico: El texto expone una visión muy igualitaria del error en los laboratorios barrocos. Afirma que ante el secreto de la transmutación, los catedráticos universitarios (Gelehrte) y los artesanos analfabetos (Ungelehrte) se encuentran exactamente en el mismo nivel de desconcierto (unter einem Hauffen). El éxito no depende de los títulos académicos, sino de una elección providencial: solo avanzan aquellos «a quienes el Altísimo guía de la mano» (welche der Höchste bey der Hand leitet).
La trampa de tener la materia correcta pero carecer del método: Pantaleón enuncia una regla fundamental del secreto alquímico. Advierte que un operador puede haber adivinado con éxito cuál es el mineral inicial correcto (el antimonio) e incluso tenerlo físicamente en sus manos (in Händen hat); sin embargo, si carece de la técnica exacta (Handgriff) para destilar el verdadero menstruum o agua de disolución universal, lo único que logrará en el horno será Gold verderben (destruir o desgastar el oro fino que use como base) en lugar de multiplicarlo, porque la maniobra exacta «sobrepasa el entendimiento humano» (über Menschen Verstand).
Ataque a los «Sabelotodos» (Klüglinge): El párrafo final arremete contra los intelectuales soberbios de la época, a quienes tilda despectivamente de Klüglinge (sabelotodos, pedantes o falsos sabios) e Eigendünckel (presuntuosos engreídos). El autor los abandona a su propia suerte por considerar incorregible su arrogancia teórica, mientras que expresa una profunda compasión cristiana (es dauret uns) por la inmensa multitud de operadores honestos, laboriosos y «diligentes» (emsiger) que se arruinan en los laboratorios por culpa de manuales engañosos.
[34] La gran metáfora del «Espejo de Saturno» (Spiegel des Philosophischen Saturni): El párrafo central contiene una de las alegorías más célebres y profundas de la literatura hermética del Barroco. Pantaleón recurre al testimonio de dos gigantes de la disciplina: el tratado anónimo Der Grosse und Kleine Bauer (El gran y pequeño campesino) y el médico polaco Michael Sendivogius (1566–1636). Ambos autores afirmaban que el «Saturno filosófico» (el antimonio purificado mediante el arte) actúa como un espejo cósmico (Spiegel). Significa que las reacciones macrocósmicas de la creación, destrucción y regeneración del universo visible pueden observarse y estudiarse en miniatura (microcosmos) dentro del matraz de vidrio al manipular correctamente esta sustancia.
La teoría del crecimiento orgánico de los metales (Berggewächse): El autor defiende la tesis de que los minerales y los metales no son piedras inertes o muertas, sino estructuras vivas que «crecen y se engendran bajo el sol» (unter der Sonnen wachsen und gezeuget werden). En los siglos XVII y XVIII, la minería y la química asumían que las vetas metálicas se desarrollaban dentro de las montañas de forma análoga a cómo las plantas crecen en la superficie o los fetos en el útero, impulsadas por el calor central de la Tierra y el Archaeus o espíritu vital mineral.
La claridad absoluta de la demostración práctica: El texto concluye con una encendida defensa de la evidencia empírica de su receta. Pantaleón asegura de forma tajante que el proceso de la Vía Húmeda es tan nítido y evidente que incluso la persona más inculta o necia (allerungelehrteste und gar ein thummer Mensch), una vez que contempla visualmente la cristalización y purificación de la materia prima en el laboratorio, es capaz de comprender de forma instantánea el misterio geológico de la naturaleza sin necesidad de manuales universitarios.
[35] Inicio del Capítulo III y el viraje a la Vía Seca (trockenen Weg): Tras concluir las detalladas alegorías de la Vía Húmeda, el tratado abre formalmente un nuevo bloque metodológico. La Vía Seca (Via Sicca) constituía el método pirotécnico alternativo en los laboratorios del siglo XVII. Operaba a temperaturas drásticamente elevadas en crisoles abiertos y con la mediación de sales fundentes, prometiendo reacciones mucho más rápidas pero exponencialmente más peligrosas y propensas a la vitrificación o la explosión.
La interferencia del «Espíritu Maligno» (bösen Geiste) en la ciencia: El autor introduce una visión providencialista y espiritual de los errores de laboratorio. Atribuye la adulteración de los manuales y las teorías falsas directamente a una intervención del demonio («el enemigo de la verdad primigenia»). En la cosmovisión del Barroco tardío, el diablo saboteaba activamente el avance de la medicina universal y la transmutación legítima para perpetuar el castigo de la Caída: asegurar que el ser humano permaneciera encadenado a la enfermedad física (Elend des Fleisches) y a la escasez económica (Armuth).
La crítica a la «Sofisticación Pagana» (heydnische Sophisterey): El autor ataca los silogismos y las construcciones lógicas de los académicos universitarios tradicionistas (aristotélicos y galenistas). Denuncia que este enfoque puramente teórico convenció a los investigadores de que cualquier disolvente o «humedad» capaz de abrir el oro debía ser obligatoriamente de naturaleza salina o ácida corrosiva, una falacia metodológica que arruinó incontables crisoles.
La paradoja de la disolución metalúrgica: El texto aborda una regla operativa real y unánime en la metalurgia antigua: la solutio (disolución). Para que el oro base pueda ser «regulado» o multiplicado, es requisito indispensable romper su estructura metálica compacta (zertheilen und auflösen). Los teóricos vulgares asumían erróneamente que esto solo se lograba mediante ácidos salinos fuertes (como el agua regia formulada con sal amoníaco y salitre), ignorando la disolución suave y amalgama natural que proporciona el mercurio filosófico.
La «Sobreperfección» dentro de la propia especie: Pantaleón enuncia un axioma central de la alquimia ortodoxa: la transmutación respeta las leyes de la reproducción biológica. El alumbramiento o multiplicación del oro solo puede ocurrir utilizando una semilla de su misma especie (in seines gleichen). Sin embargo, deja en suspenso el gran debate de la Vía Seca: determinar si, para activar esa semilla de oro dentro del crisol ardiente, se requiere o no la adición forzosa de sales fundentes alcalinas como vehículo térmico.
[36] Completando la frase inicial y la Sal de la Sabiduría: Al enlazar perfectamente con el final de la página 348 («…ohne Zuthuung des Sal- / zes»), la frase se completa aclarando que los alquimistas vulgares creían que sin añadir una sal física no se podía obtener la Salz der Weißheit (la Sal de la Sabiduría / Sal Sapientiae), que representa el principio fijo y purificado del laboratorio.
El Vitriolo de Chipre (Cyprischen Vitriol): El autor enumera los reactivos fetiche de la época. El vitriolo de Chipre (sulfato de cobre hidratado) era sumamente codiciado en los laboratorios del siglo XVII. Debido a su intenso color azul o verdoso, los alquimistas asumían que contenía la «semilla de oro» o la matriz vegetal de los metales necesaria para iniciar la transmutación.
La misteriosa identidad del «Suizo de Salzthal» (neuer Schweizer… von Salzthal): Se trata de una referencia histórica muy precisa a un célebre y controvertido autor alquímico de la época barroca que firmaba bajo el pseudónimo de Solini von Salzthal (asociado al manuscrito Discursus de Lapide Philosophico). El autor desvela que este personaje era en realidad de origen suizo y que basaba toda su ruta en el uso masivo del salitre (Salniter / nitrato de potasio) para calcinar los metales.
El Espíritu de Orina y la cita a Morienus (MORIENES): Explica el origen de una de las prácticas más extravagantes y nauseabundas de los laboratorios antiguos: la destilación de orina humana putrefacta para aislar el Harngeist (espíritu de orina / amoníaco). Los operarios justificaban esta vía tomando de forma literal una famosísima frase atribuida al sabio ermitaño medieval Morienus Romano en sus diálogos con el rey Jalid: «Esta materia, oh rey, se extrae de ti mismo, pues tú eres su mina». Morienus se refería a una alegoría espiritual y mental, pero los sopladores de carbón la interpretaron erróneamente de forma biológica y material.
El «Salmiac Filosófico» (Philosophischen Salmiac): Describe cómo los operadores mezclaban diversas sales ácidas y alcalinas para destilar cloruro de amonio casero (Salarmoniac). Al ver su capacidad para sublimarse en cristales blancos, lo bautizaban pomposamente con nombres filosóficos para vender la receta a los mecenas.
La falacia de la ubicuidad de la Materia Prima: El párrafo final aborda un dogma central del hermetismo clásico: la materia prima se halla en todas partes (an allen Orthen anzutreffen sey), es barata, la pisotean los niños y sustenta la vida del cosmos (el Anima Mundi). Pantaleón advierte que los químicos vulgares cometían un grave error de lógica al interpretar esto de forma literal: creían que podían recoger cualquier lodo de la calle, agua de lluvia o bosta y transmutarla en oro, ignorando que, aunque la fuerza vital sea ubicua, la Gran Obra requiere obligatoriamente una matriz de naturaleza puramente mineral y metálica.
[37] Completando la frase inicial y la especificidad de los reinos: Al enlazar de manera homogénea con la página 349 («…derowegen wird / diß-»), la frase se completa en esta página (dieselbe). El autor despliega un sólido argumento aristotélico y paracelsiano contra los «particularistas»: la Materia Prima universal no puede ser usada de forma bruta en el laboratorio, porque la naturaleza ya la ha clasificado y dotado de una «forma de género» (Geschlechts=Gestalt), dividiéndola irreversiblemente en reino animal, vegetal y mineral.
La imposibilidad de la creación artificial absoluta: Pantaleón ridiculiza la idea de que el arte humano (la alquimia o la química) pueda revertir los reinos de la naturaleza. Afirma que si el operador pudiera saltarse la especialización que impone la naturaleza a la materia, se llegaría al absurdo (das ungereimte Ding) de poder fabricar indistintamente un ser humano, un perro o una planta en un matraz partiendo de lodo o agua común, una quimera que ni el mayor de los «dementes» (Wahnwitziger) se atrevería a defender.
La teoría de los Fermentos Orgánicos (inwohnende ferment): El texto expone cómo funciona la nutrición y la generación biológica en los siglos XVII y XVIII. Cada especie posee un «fermento innato» (inwohnende ferment). Cuando un ser humano o un perro comen, su naturaleza interna procesa la materia universal del alimento y la asimila (la vuelve homogénea a sus propios órganos). El autor destaca que este mismo principio rige en el reino mineral: los metales, mientras están en su veta profunda de la montaña (in seiner minera steckt), asimilan los jugos de la tierra mediante sus propios fermentos geológicos.
El debate sobre el Archaeus del Oro (den Archæum): El autor recoge la objeción típica de los alquimistas espirituales, quienes argumentaban que el operario no necesitaba buscar un ingrediente mineral específico porque el oro puro añadido al crisol actuaría como semilla, usando su propio Archaeus (el espíritu vital o «maestro artesano interno» / Werckmeister) para transformar cualquier sal o lodo común en oro.
La separación radical de los Reinos: Pantaleón destruye la objeción anterior mediante una impecable lógica iatroquímica. Exige trazar una frontera absoluta entre los cuerpos vivos y muertos, abiertos y cerrados. Sentencia que el reino animal y el vegetal son completamente imperfectos en comparación con el oro (in Ansehung des Goldes unvollkommen). Debido a esta barrera ontológica de género, el Arqueo del oro nunca podrá fusionarse ni asimilar los compuestos orgánicos (como la orina, el rocío o las plantas), reafirmando que la transmutación metálica de la Vía Seca exige de forma obligatoria arrancar con un sustrato de origen puramente mineral y de la misma especie metalúrgica.
[38] La ironía sobre el alimento del aire y los vaqueros (Kuhehirten): Pantaleón lanza un dardo cargado de sarcasmo contra los alquimistas espiritualistas e iatroquímicos utópicos de la época, quienes pretendían que era posible vivir o transmutar metales alimentándose exclusivamente del Anima Mundi o del espíritu invisible suspendido en la atmósfera (in der Lufft eine verborgene allgemeine Lebens=Speise). El autor dice con sorna que cualquiera puede preguntar a los vaqueros (Kuhehirten) si su ganado sobreviviría pastando únicamente el aire, desmontando la fantasía de la ubicuidad material en el laboratorio.
El Oro como un cuerpo «Cerrado y Muerto» (gantz verschlossen und todt): Enuncia un principio fundamental de la metalurgia hermética. El oro, por ser el metal perfecto y puro que ha completado su evolución geológica, es químicamente inerte. Sus poros y su estructura molecular están totalmente clausurados (verschlossen). Al estar en este estado de fijeza absoluta o muerte mineral, no tiene capacidad de reaccionar ni «alimentarse» de sales o compuestos ajenos si se le añaden directamente en el crisol.
La necesidad de la Apertura (Eröffnung) y el Linaje Genérico: Para revivir el oro amortiguado (abgestorbenen Goldes) y forzar su multiplicación, el operario debe realizar una Eröffnung (apertura química radical). El autor reitera el pilar de su tratado: la sustancia que «abra» el oro debe pertenecer estrictamente a su mismo Geschlecht (género u origen metalúrgico). Así como una planta solo procrea con una planta, un metal compacto solo puede ser vivificado por un principio líquido de naturaleza puramente mineral y metálica (el mercurio de los filósofos extraído del antimonio).
La fe de erratas en la firma tipográfica: Al pie de la página aparece la marca 𝔜 1. Se trata de un evidente error del cajista de la imprenta de Felsecker en Núremberg, puesto que la secuencia lógica de los pliegos anteriores (páginas 337, 339, 343, 345) dictaba que esta signatura debía corresponder al cierre del pliego 𝔜 (probablemente 𝔜 5 o dando paso ya a la letra ℨ).
[39] ocupar el lugar del mercurio filosófico por el hecho de ser un metal, etcétera. Pero a esto
La transición definitiva a la Vía Seca (trockenen Wege): El autor cierra el balance del primer método y se adentra de lleno en la problemática de la Vía Seca. Retoma la metáfora teológica del «Príncipe de las Tinieblas» (Fürst der Finsterniß) y las «nieblas» (Nebel), explicando que el demonio nubló el juicio de los operarios tras la Transgresión o Caída adámica (durch Ubertretung) para plagar este método pirotécnico de recetas falsas y desastrosas.
La gran objeción contra el Mercurio Líquido (lauffende Quecksilber): El texto aborda el debate metalúrgico central de la Vía Seca: determinar si el mercurio vivo común del mercado (el mercurio líquido corriente) puede servir como ingrediente o si debe ser rechazado por ser ya un metal terminado y clasificado. Los críticos de la época argumentaban que, al ser un metal fijo en su género, no podía actuar como la «matriz o semilla» transformadora de otros metales inferiores.
La teoría del «Metal Incipiente» (anfahenden Metall): Pantaleón deshace la objeción mediante la taxonomía mineralógica de la Ilustración temprana. Defiende el uso del mercurio líquido explicando que no todos los metales comparten el mismo estatus evolutivo dentro de la Tierra. Traza una frontera entre:
- El metal maduro y perfecto (reiffen Metall): El oro, cuyas uniones atómicas están cerradas.
- El metal incipiente (anfahenden / ersten Stuffe der Metallheit): El mercurio común, el cual se halla detenido de forma permanente en el primer peldaño de la evolución mineral. Al ser un fluido inmaduro y abierto, conserva intactas sus fuerzas plásticas originales.
El beneficio del mercurio metálico en el crisol: El autor concluye de forma contundente que el carácter metálico del mercurio líquido lejos de ser un impedimento, es el mayor beneficio para la Vía Seca (nützet vielmehr unserm Werck), ya que su homogeneidad genérica garantiza que se amalgame y funda de manera perfecta con el oro base bajo las altísimas temperaturas del horno, preparando el terreno para explicar la Zusammenrinnung (la confluencia o licuación conjunta de las estructuras metálicas).
[40] Completando la frase inicial y el Azufre Arsenical (Arsenicalischen Schwefel): Al enlazar de manera homogénea con la página 352 («…daß eine zweyfache metallische Zusammenrins- / nung»), la palabra se completa como Zusammenrinnung (confluencia o licuación). El autor detalla la teoría de la composición de los metales menores: el mercurio líquido común está ligado a dos tipos de principios fijos o «azufres». El azufre interno es noble y natural, pero el azufre arsenical externo (Arsenicalischen Schwefel) es una impureza volátil y corrosiva que se le adhiere geológicamente en las minas. El primer objetivo del laboratorio en la Vía Seca consiste en separar (abgesondert) este componente arsenical nocivo mediante reactivos fundentes.
La definición iatroquímica del Metal Auténtico: Pantaleón enuncia un principio dinámico de la metalurgia antigua. Todo metal estable (rechtschaffen Metall) se compone de una fuerza activa impulsora (zusammen treibenden / el principio masculino o Azufre) y una fuerza pasiva receptiva (zusammen getriebenen / el principio femenino o Mercurio). Si el operador rompe este equilibrio eliminando el «coagulador externo», la sustancia muta sus propiedades físicas elementales de inmediato.
Por qué el Mercurio no se deja martillar (nicht hämmern läßt): El texto aborda una paradoja física que fascinó a los químicos de la Ilustración temprana: la fluidez del mercurio a temperatura ambiente. El autor explica que el mercurio líquido no califica estrictamente como un metal perfecto porque carece de maleabilidad; al no poseer una unión interna rígida o compacta (Mangel einer härtern Zusammenrinnung), no puede ser forjado ni golpeado con el martillo (sich nicht hämmern läßt), quedando catalogado más bien como la Materia o matriz primigenia del reino mineral.
La autoridad de Geber y el Mercurio Espiritual: Para fundamentar su estatus, vuelve a recurrir al magisterio del sabio árabe Geber (dein GEBER). Si el mercurio común fuera ya un metal cerrado y cristalizado, Geber no lo habría definido en sus tratados como la «causa y principio» universal de toda la metalurgia. El autor concluye con una bellísima definición de la materia una vez refinada por el fuego en la Vía Seca: se convierte en un geistliches metallisches Wasser (un agua metálica espiritualizada o mercurio de los filósofos), libre de durezas densas pero con un apetito químico insaciable para «recibir» y asimilar la fijeza de su semejante (von seines gleichen annehmen), es decir, del oro base en el crisol.
[41] La corrección y el secreto de Ireneo Filalete (PHILALETHA): El autor introduce una crucial advertencia técnica basada en la literatura del gran alquimista inglés Ireneo Filalete (Eyraneus Philalethes, siglo XVII), célebre por su tratado El Introitus Apertus ad Occlusum Regis Palatium. Pantaleón afirma que Filalete ocultó deliberadamente en sus escritos un grave peligro práctico para proteger el secreto. El autor decide revelarlo «por amor cristiano» (aus Christlicher Liebe).
El peligro de la escoria negra (schwarzen Schlacken): Describe un fracaso químico muy común en los laboratorios de la Vía Seca. Al intentar limpiar el mercurio común de sus componentes arsenicales usando metales y sales fundentes a altas temperaturas, el compuesto podía sufrir una oxidación masiva o vitrificación fulminante, convirtiendo todo el costoso metal líquido en una masa negra, porosa e inútil (irdischen schwarzen Schlacken).
La metalurgia del «Régulo de Hierro» (Eisen=König): El texto utiliza la terminología exacta de las fundiciones del siglo XVII. El Eisen-König (régulo de hierro / regulus martis) era el residuo metálico puro cristalizado en forma de estrella que se obtenía al fundir antimonio con clavo o virutas de hierro y sales fluxuantes. Pantaleón advierte que si se añade un exceso de sales (Zuwerffung der Salien) o se eleva demasiado la temperatura del hierro incandescente, el régulo se quema, absorbe el arsénico latente y se arruina por completo.
La confesión autobiográfica del estercolero (auf den Mist geworffen): En un arranque de honestidad científica, el autor confiesa haber cometido este error en sus comienzos «por sus propios perjuicios» (mit meinen eigenen Schaden). Relata de forma muy pintoresca cómo, al ver su crisol lleno de una costra negra y calcinada, creyó haber fracasado y arrojó el residuo directamente al estercolero (auf den Mist geworffen) de su patio, dándose cuenta uno o dos días después de su error.
[42] Completando la anécdota del laboratorio (wieder): Al enlazar con la página 354 («…etlichmal in Gestalt einer unnützen Schlacken auf den Mist geworffen, und nach ein oder zweyen Tagen wieder»), se completa el relato autobiográfico: el autor recogió de nuevo (wieder… aufgehoben habe) la costra negra del estercolero al darse cuenta de que el principio metálico seguía vivo en ella. Retoma la metáfora náutica advirtiendo que quien no domine este «arrecife marino» (Meeresklippe) sufrirá un inevitable «naufragio» (Schiffbruch) o fracaso en la fundición.
La ironía contra el intelectual altivo: Lanza un dardo irónico contra los operarios soberbios que desprecian sus consejos por parecerles «simples y vulgares» (zu schlecht und unzierlich). Les invita con sorna a experimentar por su cuenta en el horno (mache er sich zum Feuer) para que comprueben cómo su supuesta «perspicacia intelectual» (tieffen Verstand) se traduce en crisoles rotos.
El Mercurio Intermedio y la Tumba Hermética: El autor cita su tratado previo, Das Eröffnete hermetische Grab (La tumba hermética abierta), donde ya definió al zwischen lauffenden Quecksilber (mercurio intermedio o fluido). Con este término iatroquímico designaba al antimonio purificado en su estado intermedio: retiene la fluidez y el aspecto brillante del mercurio común, pero posee la raíz metálica fija del plomo.
El análisis de la Sublimatio de Geber: Pantaleón realiza una exégesis crítica de la sublimatio (sublimación) descrita por el sabio árabe Geber. Aclara una paradoja del laboratorio: la sublimación vulgar consiste en evaporar una sustancia volátil; la sublimación filosófica de la Vía Seca consiste en espiritualizar una sustancia mineral primigenia que es inherentemente «resistente al fuego» (Feuer-beständig) y «no se deja martillar» (nicht hämmern lässet), es decir, el antimonio cristalizado. Al unificar estos conceptos, las aparentes contradicciones de los libros antiguos se disuelven.
La Sublimación de Bernardo del Trevisano frente a Ireneo Filalete: El prólogo técnico de la receta se cierra anunciando que el Capítulo III adoptará el método de Bernardo del Trevisano (Bernardi), ensalzado como el camino «más seguro, corto y conocido» (sichere, kürzere und mehr bekannte). Reconoce que el célebre Ireneo Filalete (Philaletha) describió pasos similares, pero denuncia que Filalete truncó y ocultó deliberadamente la «naturaleza fundamental de su propia obra» (gründliche Beschaffenheit seines eigenen Wercks) usando alegorías para confundir a los inspectores de la corte.
[43] Completando la crítica a Filalete (der): Al enlazar de manera homogénea con la página 355 («…wiewol er die gründliche Beschaffenheit seines eigenen Wercks entwed- / der»), la frase se completa como der (él/o bien). El autor concluye su sutil reproche a Ireneo Filalete, señalando que este último omitió pasos críticos por descuido o por celo del secreto, obligando al lector a recurrir a las claves expuestas en la Tumba Hermética de Pantaleón.
La «Ligadura del Mercurio» (Band des Quecksilbers): El autor inaugura la receta práctica de la Vía Seca enumerando sus cinco componentes herméticos. El «vínculo o ligadura» hace referencia al agente de fijación (un metal base o una sal reactiva) que se amalgama con el mercurio líquido común sin necesidad de una dosificación milimétrica inicial (unabgemessenes Maaß schadet nichts).
Los dos Fuegos (natürliche y wider die Natur): Describe las fuentes de calor del atanor. El fuego natural representa el calor físico del carbón vegetal del horno. El fuego contra la naturaleza es un concepto puramente iatroquímico derivado de las «sales ígneas» o ácidos (como los nitratos y el vitriolo) que disuelven los metales de forma violenta, emulando la acción química del fuego mediante un reactivo líquido.
El Dragón Alado y el Terrenal (Babylonische e irdische Drache): En la iconografía de la Vía Seca, los dragones representan las sustancias volátiles y fijas de la estibina (el antimonio crudo):
- El Dragón Terrenal: El mineral denso, pesado y cargado de impurezas arsénicas.
- El Dragón Alado (Babilónico): El espíritu volátil, los sublimados u óxidos de antimonio que ascienden velozmente por el tiro del horno al calentarse.
El Cojo Vulcano (hinckenden Vulcani) y Neptuno (Neptuno): El autor teje una densísima red de criptogramas mitológicos para describir la fundición:
- Vulcano (el dios cojo del fuego): Representa el encendido del horno de fundición y la aplicación del calor directo.
- Neptuno (el dios del mar): Representa el estado de licuefacción o fusión total de la masa mineral en el crisol (la masa se convierte en un «mar» de metal líquido).
Los Buitres, las Águilas y el «Unicornio Marino» (Meer=Einhorn): Describe los cambios de estado dentro del crisol ardiente. Al reaccionar el antimonio («el dragón alado») con su veneno corrosivo, destruye la estructura de los metales menores agregados («mata a los animales del mar»). Las «águilas y buitres» simbolizan la rápida evaporación y sublimación de las escorias volátiles. El residuo precioso que decanta en el fondo y que Neptuno conserva a solas es llamado el unicornio marino, el cual representa el núcleo purificado del mercurio de los filósofos, libre de arsénico.
La intervención de Saturno (Saturnus) y el Infierno: Saturno representa históricamente al plomo o al principio de la fijeza terrestre extrema. Al inspeccionar la orilla de este mar metálico fundido, Saturno separa los componentes: toma las escorias muertas e inservibles (todt geschlagenen Thiere) y las arroja a la «población o infierno» (el fondo del cenicero del horno o los residuos desechables de la escoria), aislando y protegiendo únicamente la sustancia que aún conserva la «fuerza viva» o principio transmutatorio activo.
[44] Completando la frase inicial y el apareamiento químico: Al enlazar con el final de la página 356 («…und wird alleine die noch le- / bende»), la frase se completa como lebende (vivas). Describe la fase donde las sustancias purificadas se vuelven a introducir en el «mar» de la fusión metálica de Neptuno. El «dragón terrenal» (el antimonio denso fijado) se une químicamente mediante una amalgama térmica («se desposa») con el «unicornio marino» (el núcleo del mercurio refinado).
La fase de Putrefacción (faulet und stinckt greulich): El texto narra mediante un denso drama zoológico la fase de putrefacción mineral (la nigredo o fase negra en el crisol). Dado que el antimonio crudo posee impurezas y arsénico («animal emponzoñado») y el mercurio está limpio («libre de veneno»), el choque químico provoca la «muerte» aparente del compuesto. En el lenguaje de los laboratorios del siglo XVII, se describía de forma muy realista que durante esta digestión a fuego cerrado el material cambiaba de color, se licuaba, se corrompía («se pudre») y emitía gases fétidos debido a la liberación de compuestos volátiles de azufre (stinckt greulich).
La Tempestad en el Crisol y la batalla de los Fuegos: Describe la violenta liberación de gases dentro del atanor. Los «vapores de azufre» que ascienden provocan un «temporal en el aire» (ebullición y presión de vapor dentro del recipiente sellado). Se desata un combate cinético entre el fuego de la naturaleza (el calor del carbón del horno) y el fuego contra la naturaleza (la fuerza reactiva ácida y corrosiva de las sales fundentes).
El eclipse y el triunfo de la Luna Llena: El obscurecimiento del Sol y de la Luna representa el eclipse hermético, el color negro absoluto de la materia totalmente descompuesta. Tras el reflujo y la condensación de los gases líquidos («copiosas lluvias»), la materia empieza a blanquear, señalando el triunfo de la fase albedo (simbolizada por la Luna llena que brilla con esplendor). La paz de Mercurio representa la estabilización química definitiva: los componentes han dejado de reaccionar con violencia y se han fijado en un cristal de plata filosófica puro.
La frontera entre la Química Vulgar y la Alquimia Filosófica: El epígrafe «Nun folget die Erklärung» (Ahora sigue la explicación) marca un hito metodológico trascendental en el tratado. Pantaleón deshace el lenguaje cifrado y advierte seriamente al lector. Explica que cuando los manuales clásicos de Bernardo del Trevisano hablan de operaciones básicas de laboratorio como la sublimación, la calcinación, la filtración o la precipitación, los charlatanes y químicos vulgarios (gemeinen Chimisten) cometen el error de tomarlas al pie de la letra, usando aparatos comunes de destilería como cucúrbitas (Helm) o redomas de vidrio (Piole). El autor aclara que en la Vía Seca estos términos designan procesos energéticos y metalúrgicos internos que ocurren a escala atómica y a altas temperaturas dentro del crisol de fundición, desmarcándose por completo de la química farmacéutica u ordinaria.
[45] Completando la frase inicial y la negrura del crisol: Al enlazar de manera homogénea con la página 357 («…von der gemeinen Arbeit der Chimisten gar weit unter- / schieden,»), la palabra se completa como schieden. El autor explica que el método de los sabios difiere radicalmente de la química ordinaria. En una destilación de botica, la impureza que decanta es mínima; en cambio, en la obra maestra de la Vía Seca, la masa pasa por un proceso de negrura absoluta (häuffige Schwärze / la nigredo), donde toneladas de escorias metálicas pesadas se separan de golpe del núcleo noble. Persistir un año entero usando métodos comunes no sirve de nada.
El enigma de «Las Palomas de Filalete» (PHILALETHAE Tauben): El texto desvela uno de los jeroglíficos más famosos de la alquimia del siglo XVII. Las palomas de Ireneo Filalete (Diana’s Doves o Las palomas de Diana/Filalete) representan el mercurio purificado mediante reiteradas amalgamas con plata o régulo de antimonio. En el laboratorio, al fundirse el mercurio común con estos metales purificados, se sublima en forma de cristales blancos brillantes que ascienden por el matraz como un bando de aves blancas, actuando como el mediador sutil (subtilesten Mediatoris) indispensable para «abrir» el oro.
La insuficiencia del Oro como disolvente directo: El autor aclara un secreto técnico avanzado: un operario hábil puede lograr que el mercurio común disuelva e impulse hacia arriba al oro puro (Herubertreibung mit Golde) mediante un Handgriff (truco o manipulación manual). Sin embargo, advierte que este camino directo también fracasa al final, por leyes de afinidad mineral que solo los iniciados (Kunst=Besitzern) comprenden, reafirmando que no se puede prescindir del paso intermedio de la purificación del mercurio.
La extirpación de la Tierra Arsenical (Arsenikalische Schwefeliche Erde): El fin fundamental de la Vía Seca es limpiar el mercurio de su «punto central» o núcleo profundo. Se le deben añadir reactivos que aporten un «purísimo fuego mineral y metálico» (como el hierro o fundientes alcalinos), los cuales poseen una afinidad química superior para absorber el arsénico y el azufre corrupto, dejando al mercurio libre de trabas.
La metáfora de la Serpiente y los «Zapatos Quemados» (verbrannten Schuen): Describe el renacimiento químico del elemento. El mercurio sucio o escoriáceo (schlackichte Quecksilber), al recibir el impacto térmico del crisol, experimenta una metamorfosis física total que evoca la muda de piel de una serpiente. «Adopta alas» (se espiritualiza y se vuelve extremadamente volátil en forma de vapor puro) y deja en el fondo del recipiente su Haut (la costra de impurezas) y sus verbrannten Schuen (los «zapatos quemados», un pintoresco término de la jerga de los laboratorios barrocos para referirse a las escorias duras, negras y calcinadas que quedaban pegadas e inservibles en el fondo del crisol tras la sublimación).
[46] Completando la hermandad con Filalete (LALETHA): Al enlazar de manera homogénea con la página 358 («…wie der PHI- / LALETHA»), la palabra se completa como PHILALETHA. El autor (Pantaleón / Franz Gassmann) consolida su alianza teórica con Ireneo Filalete. Aunque defiende que sus recetas persiguen el mismo fin metalúrgico, destaca con orgullo que el método de su propio tratado (el Bifolium) es operativamente superior por ser menos «enojoso, hediondo e insalubre» (verdrießlicher, stinckend und ungesund) que las densas destilaciones de antimonio y mercurio de Filalete, las cuales liberaban vapores letales. Con todo, advierte que su propia vía exige máxima precaución (einen fürsichtigen Arbeiter) ante el «pestazo tóxico» (gifftigen Gestanck) de los gases metaloides.
El Agua Blanca Inalterable (weisses Wasser): Describe las propiedades físico-químicas del mercurio de los filósofos estabilizado. Una vez refinado por la Vía Seca, se presenta como un fluido «homogéneo, sumamente puro y blanco» (mercurialisches gleichförmiges, gar reines und weisses Wasser). El autor resalta su estabilidad química radical: al haber sido despojado de toda impureza terrenal, es un elemento indivisible. Ante la acción del fuego solo posee dos caminos absolutos: o se sublima y evapora por entero sin dejar residuo (fliegt… gantz hinweg), o bien, si se ha unido a la semilla del oro, se fija y transmuta en una masa sólida e indestructible (Feuer-beständig).
El susurro secreto al oído de los Particularistas (etwas heimliches ins Ohr sagen): Utiliza un recurso retórico muy íntimo y satírico para dirigirse a los particularistas (los alquimistas de efectos parciales o rápidos). Desmiente su mayor ilusión: estos operadores creían erróneamente que, al ser este mercurio tan puro y cercano a la perfección del oro, bastaba con provocar un simple precipitado químico (Niederschlag) mediante ácidos comunes para «fijarlo» y obtener oro macizo en un plazo récord de «uno o dos meses».
El nacimiento geológico de los metales (Geburt der Metallen): El autor fustiga la impaciencia de los laboratorios vulgares tachándolos directamente de «necios» (Narren). Les recuerda que la metalurgia legítima debe imitar los tiempos de la geología terrestre. Quien aspire a consumar la Gran Obra debe pasar primero por un profundo periodo de estudio bibliográfico (in Büchern gelesen) y de experimentación práctica abriendo minerales (Aufschliessung natürlicher Dinge) para comprender cómo la naturaleza engendra pacientemente las vetas metálicas en las profundidades de la tierra, justificando por qué la fijación de la Vía Seca no es un truco de magia instantáneo.
[47] Completando la frase inicial y los cinco vicios del charlatán: Al enlazar de manera homogénea con la página 359 («…sondern wüßten, was sie / sie»), la frase se completa como sie (ellos). El autor remata su feroz reprimenda contra los particularistas enumerando los cinco grandes vicios morales e intelectuales que arruinan a los falsos alqumistas: la soberbia teórica que desprecia el estudio (das Studieren verachten), la falta de profundidad mental, la entrega a los placeres mundanos (weltlichen Wollüsten), la pereza de querer fabricar oro rápido y por puro azar (ohngefehr), y la osadía fraudulenta de cobrar por enseñar a otros sin haber pisado jamás un laboratorio (ohne Wissenschafft und Handanlegung).
El «Veneno Cuáquero» (Quackerischen Gifft) en la ciencia: El autor introduce una interesantísima y vitriólica metáfora político-religiosa de finales del siglo XVII. Compara las falsas teorías y las recetas milagrosas de los impostores con el «veneno de los cuáqueros». El movimiento cuáquero, surgido en Inglaterra a mediados del siglo XVII, era visto con enorme recelo por la ortodoxia europea debido a su rechazo de las estructuras jerárquicas y su confianza en la «iluminación interna» individual. Pantaleón tacha de cuáqueros de la ciencia a los charlatanes que desprecian el canon de los libros antiguos afirmando poseer revelaciones místicas instantáneas en el laboratorio, lo que desprestigia y «nigrea» (schwarz gemachte Kunst) la reputación de la química.
La trinidad metalúrgica de Geber (GEBER): El autor somete a los impostores a un examen crítico basándose en el manual de Geber (la Summa Perfectionis). Expone la teoría clásica de la composición mineral de la Edad Moderna tardía: los metales no constan solo de la dualidad Azufre-Mercurio, sino de una tríada fundamental donde el Arsénico (Arsenick) actúa como el «compañero» o Mitgesell indispensable del azufre.
La pérdida de la Coagulación: Pantaleón plantea un dilema químico impecable: Geber enseña que el mercurio es fluido y líquido por naturaleza, y que los encargados de solidificarlo o «coagularlo» (Coagulation) en un metal duro dentro de la tierra son el azufre y el arsénico. El autor argumenta que su receta de la Vía Seca purifica el mercurio de forma tan radical que extirpa hasta la última traza de azufre y arsénico (von allem Schwefel und Arsenick ledig gemachet). Al perder estos agentes solidificantes, el mercurio se vuelve termodinámicamente incapaz de coagularse por los métodos químicos ordinarios de precipitación.
El ataque a los «Laicos Ignorantes» (unverständige Layen): El párrafo cierra desafiando la teoría común de las cortes. Los aficionados creían que para solidificar este mercurio superpuro bastaba con fundirlo junto a un trozo de oro verdadero, asumiendo que el oro actuaría como imán. El autor tacha esta creencia de fantasía propia de laicos ignorantes, preparando el terreno para desvelar en la siguiente página cuál es la verdadera fuerza operativa que consolida la transmutación en el crisol ardiente.
[48] Completando la frase inicial y la inercia a fuego suave: Al enlazar perfectamente con el final de la página 360 («…redet ihr als unverständige Layen / Layen»), la frase se completa. Pantaleón recurre al magisterio de Ireneo Filalete (Philaletha) para desmontar las fantasías de los laboratorios vulgares. Explica que el mercurio superpuro de los filósofos, si se mezcla con oro pero se mantiene bajo un calor débil (geringen Feuer), se estanca en una inercia química total y permanecería idéntico «hasta el día del Juicio Final» (biß an den Jüngsten Tag).
La ruina por exceso de calor y el Mercurio Virgen (Quecksilber zur Jungfer): Advierte contra el error opuesto: aplicar un fuego violento (grossem Feuer). Un golpe térmico prematuro destruye el compuesto. Si ocurre antes de la fase de putrefacción, el mercurio se oxida en un polvo rojo escoriáceo (óxido de mercurio, un hito en la historia de la química que posteriormente sirvió a Priestley y Lavoisier para aislar el oxígeno). Si ocurre después, muta en una masa negra como el carbón (Kohlschwarze) y se evapora. Citando a Jan Baptist van Helmont, explica que cuando el mercurio ha alcanzado el estado de pureza absoluta o «Mercurio Virgen», su estructura molecular adquiere una simplicidad elemental idéntica al agua, lo que impide que un fuego ordinario lo convierta en «tierra» o metal sólido sin el mediador correcto.
El concepto de Oro Filosófico (Philosophisches Gold): El autor aclara un profundo malentendido comercial de la alquimia cortesana. Explica que el resultado inmediato de fijar este mercurio mediante fuego fuerte no es el oro comercial corriente (kein gemein Gold, das man verkauffen könne) que se lleva a la ceca para acuñar monedas, sino el Oro Filosófico o Piedra Filosofal en estado seminal. Esta sustancia es un elíxir denso y concentrado que requiere ser «proyectado» y fundido posteriormente sobre metales de sacrificio (como el plomo o el cobre) para multiplicarse y transformarse en el oro físico comerciable.
El proverbio del ciego y los colores (der Blinde von der Farbe): El tramo final del párrafo estalla en una encendida defensa moral de los auténticos científicos empíricos (würcklichen Besitzer) frente a la arrogancia de los charlatanes y particularistas de la corte. El autor confiesa su profunda indignación (aus Unwillen) ante la audacia de estos embaucadores que desafían a debates y disputas retóricas (Wort=Streit) a maestros de la talla de Filalete. Concluye fulminándolos con un celebérrimo proverbio de la época: afirma que estos ignorantes saben sobre el Punto de Transmutación o núcleo de la química exacta lo mismo que «un ciego sabe sobre los colores», denunciando la esterilidad de la dialéctica tradicional frente a la realidad del laboratorio.
[49] Completando la frase inicial y la purga con Eléboro (Nießwurzel): Al enlazar perfectamente con el final de la página 361 («…als der Blinde von der Farbe. / Ich»), la frase arranca con fuerza. El autor continúa su demoledor ataque contra los charlatanes y particularistas. Explica que sus mentes están tan saturadas de «fábulas de viejas» (alten Weiber Mährlein) sobre fijaciones rápidas de plata y mercurio que son incapaces de asimilar el verdadero proceso de gestación mineral (Gold=Geburt). Para curar esta ceguera mental, recurre a una famosísima metáfora médica de la antigüedad clásica: afirma que sus cerebros necesitan ser «bien frotados o purgados con eléboro» (Nießwurzel / la raíz de la Helleborus). En la medicina griega y romana (citada ampliamente por Horacio), el eléboro negro era el remedio absoluto para purgar la bilis negra y curar la locura o el desvarío mental; el autor la usa aquí para exigir una profunda limpieza de prejuicios teóricos antes de entrar al laboratorio.
La alegoría bíblica del Asno de Balaam (Bileams Esel): Pantaleón introduce una brillante cita del Antiguo Testamento extraída del libro de los Números (Números 22:28), donde el asno del profeta Balaam recibe milagrosamente el don de la palabra de boca de Dios para reprender a su dueño. El autor explica con altivez que él no escribe sus libros para obrar el milagro imposible de hacer hablar e impartir sabiduría a los necios recalcitrantes (los «asnos»), sino con el noble propósito de preservar el rigor empírico y que la «posteridad ensalce la verdad de las ciencias» (Wahrheit der Wissenschafften von den Nachkommen gerühmet werde).
La cita poética sobre el deleite del llanto: Para abandonar la polémica con los impostores, recurre a una máxima poética de la literatura clásica (asociada tradicionalmente a las Tristes de Ovidio: «est quaedam flere voluptas» / hay un cierto placer en llorar). Con ello argumenta de forma cínica que si los charlatanes disfrutan arruinándose en experimentos ciegos, se les debe permitir continuar en su delirio (daß mancher zuweilen rase), clausurando formalmente la sección como una digresión necesaria (in einem Abweg vorgebracht).
El regreso a la «Pluma Filosófica» y el velo del Enigma (unter einem Räzel): El texto reanuda solemnemente el hilo operativo de la Vía Seca del Capítulo III. El autor advierte de forma explícita que describirá los pasos restantes con Philosophischer Feder (pluma filosófica), lo que en la literatura hermética del siglo XVII y XVIII significaba el uso obligatorio del lenguaje cifrado y el enigma (unter einem Räzel). Se reafirma en la epistemología del secreto: un verdadero Weiser Meister (sabio maestro) curtido en el fuego y en la pirotecnia de los crisoles (im Feuer ein wohl=versuchter) no tendrá dificultad alguna en descifrar las instrucciones ocultas, mientras que los inspectores de la corte o los intrusos naufragarán en el misterio.
La fábula de Esopo y la perla del campesino: El párrafo final introduce una de las fábulas más célebres de Esopo: El gallo (o el campesino) y la perla. El autor recurre a ella para justificar por qué se niega a escribir la receta en lenguaje llano o comercial (alle Sachen mit ihrem eigenen Namen aufgezeichnet). Explica que si pusiera el secreto de la Piedra en términos vulgares al alcance de cualquiera, el público ignorante reaccionaría con el mismo desprecio y falta de gratitud que demostró el campesino de la fábula al hallar una perla preciosa en el campo, desechándola por preferir un simple grano de cebada para comer.
[50] Completando la fábula y la paradoja del secreto: Al enlazar con el final de la página 362 («…denn jener Bauer beym Esopo, welcher eine / eine»), el texto da un giro sorprendente. El autor corrige la referencia a Esopo fusionándola con otra fábula clásica: El campesino y la serpiente. Explica que si revelara el secreto abiertamente, la sociedad reaccionaría con hostilidad, como quien cría una serpiente en su seno (eine Schlange in seinem Busen auferzogen), tratándolo de impostor. Cita el célebre axioma de los manuales herméticos de la Edad Moderna: «Nadie creería la verdad si se escribiera de forma desnuda y llana» (Niemand glaubte es, wann wir die schlechte und blosse Wahrheit geschrieben hätten), justificando así el uso de alegorías para proteger la ciencia de la incredulidad del vulgo.
La acusación de plagio (Ausspicker) y la defensa autoral: El autor (Pantaleón / Franz Gassmann) anticipa las críticas de sus enemigos académicos, quienes lo acusarán de ser un mero recopilador o plagiador (Ausspicker) de los libros de Sendivogius o Filalete. Desmonta este escepticismo argumentando que las mentes estrechas de su tiempo no pueden concebir que un solo médico o investigador sea capaz de dominar simultáneamente tantas disciplinas complejas, y se consuela con una aguda ironía: «me consuela que solo lo sospechen, pero no lo sepan» (daß sie es nur meinen, nicht aber wissen).
El porqué del uso de pseudónimos en la Alquimia: El párrafo central ofrece un testimonio histórico extraordinario sobre la psicología autoral del Barroco. El autor compara la soberbia intelectual con una pompa de jabón hinchada (aufgeblasene Wasser=Blase). Explica que, al comprender que su talento es un don divino concedido por gracia (aus Gnaden verliehen) y no un mérito propio, tomó la decisión consciente de ocultar su nombre verdadero tras el pseudónimo de Pantaleón. Lo hizo para protegerse de los envidiosos y evitar ser acusado de nichtigen Ehrgeizes (vana gloria o ambición de fama mundana).
La remisión definitiva a Ireneo Filalete y la pedagogía del fuego: Para la ejecución práctica de la Vía Seca, Pantaleón remite formalmente al lector a los tratados de Ireneo Filalete (Philaletha), avalando su total sinceridad. No obstante, lanza una advertencia fundamental de la física experimental de la Ilustración: los detalles operativos u omisiones voluntarias que Filalete dejó en el papel no se aprenden leyendo, sino que «el fuego mismo los enseñará» (wird das Feuer selbst lehren). Es una defensa del empirismo: la interacción directa con el horno y el crisol es el único maestro capaz de suplir las lagunas del texto.
La corrupción de la época (lasterhaffte Zeit) y la ética del escrito: El fragmento concluye con una severa crítica moral a la sociedad de finales del siglo XVII, declarando que su época corrupta no merece una luz más clara. El autor rechaza de forma tajante la praxis común de otros escritores herméticos fraudulentos, quienes introducían adrede recetas falsas y venenosas entre las verdaderas para confundir y arruinar a los estudiantes novatos (einen unerfahrnen Schüler zu verführen), prefiriendo el uso de un enigma limpio antes que recurrir al engaño moral.
[51] Completando la frase inicial y la ética del autor: Al enlazar de manera homogénea con la página 363 («…für welchem Stück, als einer unver- / ant-»), la frase se completa como unverantwortlichen Sünde (pecado irresponsable). El autor (Pantaleón / Franz Gassmann) clausura el tratado principal de la Vía Seca con una firme declaración de ética científica. Siente un rechazo absoluto por los autores fraudulentos que introducen recetas falsas adrede, y sentencia con una máxima puramente humanista: «Es mejor no enseñar a nadie, antes que despojar a un centenar de personas de sus vidas y bienes» (Es ist besser, niemand lehren…). Prefiere recurrir al velo de la alegoría antes que inducir a errores fatales de laboratorio.
La Revolución de Paracelso y los «Dos Siglos» (zwey Seculis): Con el epígrafe de la Zugabs=Frage (Pregunta complementaria o apéndice), el libro abre un bloque de divulgación médica fundamental. El autor sitúa la revolución de Paracelso «hace aproximadamente dos siglos» (ungefehr vor zwey Seculis). Teniendo en cuenta que Paracelso inició sus publicaciones y reformas en la década de 1520, este dato cronológico sitúa la redacción de este texto original de Pantaleón con total precisión hacia las décadas de 1670 o 1680, antes de ser compilado en el tomo de Roth-Scholz en 1729.
La caída del Imperio de la diosa Flora: El texto describe de forma muy poética el cambio de paradigma de la medicina renacentista. Antes de Paracelso, las farmacias y boticas tradicionales (Apothecken) estaban regidas exclusivamente por el sistema galénico clásico, simbolizado aquí por la diosa mitológica romana Flora, debido a que los tratamientos consistían casi en su totalidad en jarabes, ungüentos y pócimas elaboradas con plantas crudas, flores, hierbas y raíces (Kräutern und Wurzeln).
La «Revuelta» de los Medicamentos Minerales (mineralischen Artzeneyen): Paracelso introdujo la iatroquímica, es decir, el uso de minerales (como el antimonio, el mercurio, el azufre y el hierro) purificados en el laboratorio mediante el uso del fuego directo (durchs Feuer verfertiget). Esto desató un cisma absoluto en el mundo académico europeo (Gelehrten): una facción de médicos jóvenes abrazó la reforma, mientras que los sectores universitarios conservadores condenaron y «maldijeron» (verflucht) estas terapias por considerarlas venenosas.
La preferencia del pueblo por la «Pequeña Dosis» (kleine dosin): El fragmento aporta una agudísima y valiosa crónica sociológica sobre la recepción de la medicina. Explica que el pueblo llano (Pöbelvolck), movido por la curiosidad y la desesperación ante las epidemias, prefirió de inmediato la medicina química por una cuestión puramente práctica: era infinitamente más cómodo ingerir una píldora o una pequeña dosis mineral concentrada que verse obligado a tragar los «horrendos brebajes» (grauerlichen Wurzel- und Kräuter-Träncken) y las gigantescas y nauseabundas pócimas de la botica galénica tradicional.
El enigma médico del Mercurius vitae: Al cierre de la página, el autor introduce un compuesto químico real que marcó los debates médicos del siglo XVII: el Mercurius vitae (Mercurio de la vida, también conocido como polvo de Algaroth). A pesar de su nombre, no contenía mercurio, sino que era un precipitado de oxicloruro de antimonio purificado mediante destilación. Era un fármaco sumamente potente que actuaba como un purgante y emético radical; el pueblo comenzó a notar que su administración conducía con frecuencia a efectos drásticos, suspendiendo la frase en la palabra de reclamo «Mercu-«.
[52] Completando la frase inicial y el Mercurio de la muerte (Mercurio mortis): Al enlazar de manera homogénea con la página 364 («…daß der Mercurius vitæ offfters zum / Mercu-»), el texto se completa revelando un brillante y macabro juego de palabras iatroquímico de la época barroca. El Mercurius vitae (un potente fármaco derivado del antimonio) era tan violento que el pueblo solía decir con sorna que a menudo se transformaba en el Mercurio de la muerte (Mercurio mortis). El autor recoge el refrán popular de los pacientes de los siglos XVII y XVIII, quienes afirmaban que preferían seguir sufriendo los violentos dolores de vientre provocados por los purgantes vegetales tradicionales de las boticas, como las hojas de sen (Senesblättern) y el ruibarbo (Rhabarbar), y poder «gritar» de dolor, antes que ganarse el «silencio eterno» y ser sepultados en el cementerio por culpa de una sobredosis de antimonio (Spießglaß) o de mercurio vivo.
La polarización ciega ante los remedios minerales: El texto describe cómo la medicina se dividió en facciones extremistas. Cuando un paciente de constitución robusta (starcken Naturen) lograba sanar milagrosamente de una enfermedad crónica gracias a un potente remedio químico, los partidarios de la iatroquímica proclamaban el éxito con regocijo (mit Frolocken), sin admitir que muchas veces la curación era un hecho fortuito o puramente accidental (zufälliger Weise), avivando la guerra médica.
La llamada al método empírico moderno: El párrafo central contiene un formidable alegato a favor del método científico experimental en plena transición hacia la Ilustración. Pantaleón lamenta que ambos bandos en disputa (streitenden Partheyen) utilicen la estadística y sus propios ensayos (abgelegte Proben) como armas arrojadizas de propaganda cortesana, mientras permanecen en la más absoluta ignorancia sobre las causas fisiológicas reales de la curación. Ataca con dureza la arraigada y «mala costumbre universal» (gemeinen bösen Gebrauch) de la medicina tradicional, que se limitaba a registrar los efectos clínicos visibles en el enfermo, pero sin investigar jamás de forma cuantitativa los mecanismos químicos internos (nicht aber nachforschet, wie es zugängen sey).
El nacimiento de la Farmacia Química Vegetal: El autor describe la aparición histórica de una tercera vía médica integradora. Un sector de facultativos moderados y «algo más prudentes» (etliche wenige, so etwas klüger), atrapados en la duda entre el galenismo y el paracelsismo, eligieron la Mittelstraße (la vía intermedia). Propusieron una solución técnica revolucionaria: mantener el uso seguro de las plantas de la tierra tradicionales (Erd=Gewächse), pero en lugar de administrarlas en infustas crudas o nauseabundas pócimas gigantescas, decidieron procesarlas utilizando las técnicas de destilación de los laboratorios químicos, aislando y concentrando sus principios activos en forma de esencias y tinturas puras (Essentiæ und Tincturen ausgezogen).
La «Astuta Estratagema» de la palatabilidad: El párrafo cierra explicando el éxito comercial y médico de esta vía intermedia. Al concentrar las plantas en pequeñas dosis líquidas, los medicamentos se volvieron infinitamente «más agradables de ingerir» (lieblicher einzunehmen) para los enfermos, eliminando los sabores amargos de las raíces crudas. El autor califica este hito de listigen Griff (astuta estratagema o truco ingenioso), suspendiendo el texto en la palabra de reclamo al pie «der», que servirá para completar la frase sobre la efectividad de estos compuestos en la página 366.
[53] Completando la frase inicial (der): Al enlazar con la página 365 («…ob sie gleich wenig im Treffen wi- / der»), la frase se completa aclarando que, a pesar de que los extractos destilados de plantas aportaban poco «en el campo de batalla contra las enfermedades» (im Treffen wider die überhand genommene Kranckheiten), socialmente se asentó el llamarlos «medicamentos químicos de farmacia».
La feroz crítica a Oswald Croll (CROLLIO) y Pierre Potier (POTERIO): El autor traza una línea divisoria drástica dentro de la historia de la medicina del siglo XVII. Defiende a los fundadores teóricos, Paracelso y Jan Baptist van Helmont, pero ataca con una dureza extrema a sus divulgadores y epígonos más famosos de la época barroca: Oswald Croll (1563–1609, célebre por su obra Basilica Chymica) y Pierre Potier (1581–1640, iatroquímico francés). Pantaleón denuncia que estos autores vulgares mercantilizaron la disciplina, publicando recetas farmacológicas complejas y mal calibradas de óxidos de antimonio y mercurio que terminaron provocando envenenamientos masivos en las ciudades, llegando a sentenciar de forma satírica que sus preparados «llenan más los camposantos» (füllen mehr die Gottesäcker) que curar a los enfermos.
La distinción entre la Alquimia Médica y la Farmacia Común: El texto establece un criterio científico muy riguroso para la Ilustración temprana. Exige separar los remedios de los verdaderos sabios (Kunstbesitzer) de las mezclas comerciales cotidianas. Los verdaderos elíxires químicos se dividían en dos rangos: los de grado absoluto (que servían tanto para transmutar metales como para curar cuerpos) y los de grado menor (dirigidos únicamente a los seres vivos o lebendige Thiere), compartiendo todos ellos la propiedad de ser indestructibles ante el fuego directo (im Feuer beständig) debido a su extrema purificación en el crisol.
La curación por «Iluminación» (Erleuchtung): Explica el mecanismo de acción de la verdadera medicina espagírica. Al no ser fármacos densos o corrosivos, actúan de forma arquetípica catalizando y restituyendo la «luz» o el equilibrio espiritual del Archaeus o fuerza vital interna del cuerpo humano, disipando la enfermedad de inmediato.
[54] Completando la frase inicial y las medicinas de caballo (Roß=Artzeneyen): Al enlazar con la página 366 («…nachdem sie / den»), el texto se completa aclarando que los remedios vulgares no transforman legítimamente el veneno mineral primigenio (Berg=Gifft). El autor califica despectivamente a los fármacos comunes de Crollius o Poterius como Roß-Artzeneyen (medicinas groseras o «remedios para caballos», propios de la veterinaria rural o albéitería), debido a que se elaboraban usando ácidos corrosivos (widerwertige Auflösewasser) que aguzaban la toxicidad de la estibina o antimonio crudo (Spießglas).
La célebre máxima ética de Van Helmont: Pantaleón cita textualmente el axioma más famoso de la patología médica de Jan Baptist van Helmont. Para la escuela iatroquímica ortodoxa, un medicamento purificado de forma correcta jamás debía actuar por agresión violenta contra el organismo. Si el antimonio o el mercurio provocaban vómitos incontenibles o diarreas extremas (Erbrechen und Stühle erregen), significaba que el compuesto seguía siendo un veneno crudo, sentenciando que comercializar tales purgas letales no era propio de un «médico honrado» (keine Artzeneyen eines ehrlichen Mannes).
El fraude del Antimonium diaphoreticum: El autor desmitifica uno de los medicamentos más vendidos en las farmacias del siglo XVII: el antimonio diaforético (empleado para provocar la sudoración en enfermos con fiebre). Explica que el método vulgar de fabricación consistía en quemar el antimonio con nitrato de potasio a fuego violentísimo. Este proceso destruía la «vida» o principio activo del mineral, reduciéndolo a un residuo inerte de óxido de antimonio, químicamente idéntico al polvo obtenido al calcinar astas de ciervo (gebrannten Hirschhorn). El autor lo define con precisión química como una todtgebraunter Kalch (una cal muerta o calcinada), la cual irritaba de forma mecánica los ácidos y «fermentos del estómago», forzando un sudor puramente fortuito y carente de virtud curativa real.
La asimilación de la Naturaleza Astral (Astralische Natur): En la antropología médica de Paracelso, la curación real exige que el mineral transmita su quintaesencia o fuerza cósmica («naturaleza astral») para iluminar y tonificar el Archaeus (Arqueo), el principio espiritual que rige la vitalidad celular y que se halla oscurecido por la enfermedad.
La Trinidad de los Disolventes Naturales: El párrafo final establece las únicas tres sustancias legítimas reconocidas por la alta iatroquímica para disolver metales sin convertirlos en veneno:
- El Safft Alkahest (Jugo Alkahest): El disolvente universal absoluto detallado en la página 340.
- La Sal Circulada Mayor (grosse circulirte Salz): El elíxir alcalino refinado mediante ciclos continuos de destilación.
- La Sal Circulada Menor (kleine circulirte Salz): Un compuesto salino intermedio de menor potencia pero asimilable.
El autor sentencia de forma metodológica que solo estos tres menstruos poseen la clave catalítica para pacificar la acritud del mineral, realizando de forma genuina el proceso de «abrir y cerrar» (eröffnen und zuschliessen) la materia dentro del cuerpo del enfermo.
[55] Completando la frase inicial y el «martirio» químico (gemartert): Al enlazar de manera idónea con la página 367 («Wo diese / diese»), la frase se completa explicando que sin los tres disolventes legítimos de la naturaleza, cualquier intento de tratar los minerales es inútil. El autor utiliza la metáfora barroca del «martirio» (gemartert) para denunciar cómo los boticarios vulgares someten a las materias minerales a violentos choques térmicos y baños de ácido corrosivo, lo que arruina el medicamento aumentando su acritud ígnea (feurige Schärffe) o potenciando su toxicidad debido a los flujos y sales agregadas (zugesetzte Salien).
La transmutación del veneno frente a su destrucción: Pantaleón expone un principio fundamental de la iatroquímica mística. Afirma que el verdadero filósofo por el fuego no busca destruir o «matar» el veneno innato del mineral (keine Tödtung des Gifftes), sino recluirlo y transmutarlo (Einschliessung und Verwandelung). Los ácidos comunes solo muerden la superficie de la sustancia (äusserliche Schale der Materie… zerbeissen), dispersándola y rompiendo el equilibrio natural.
El divorcio forzado del Azufre y el Mercurio: Ataca la práctica farmacéutica ordinaria de separar bruscamente el principio sulfúreo del mercurial. Explica que la naturaleza siempre busca la amalgama y «unión profunda de ambos» (gründliche Vereinigung). Romper este vínculo en contra de la voluntad de la naturaleza (wider den Willen der Natur) hace que los azufres resultantes pierdan toda su fuerza medicinal, volviéndose inasimilables para el Archaeus humano a menos que se recurra a compuestos auxiliares que fuercen su penetración.
La sentencia final junto a Van Helmont: El autor clausura el apéndice de forma contundente capitulando bajo el magisterio absoluto de Jan Baptist van Helmont (Helmontio). Dictamina que cualquier remedio metálico o mineral que se expenda en las boticas y que no haya sido procesado mediante el Alkahest o las sales circuladas carece por completo de valor terapéutico real (nichts werth seyn), tildando a la medicina oficial de las universidades de su tiempo de fraude ineficaz.
La ironía del «asado» de las facultades (Welchen Braten): Utiliza una mordaz y colorida expresión idiomática del alemán antiguo: «einen Braten riechen / merken» o saber qué tipo de asado o tajada (Welchen Braten) se traen entre manos las facultades universitarias (Schulen der Aerzte dieser Zeit). Con ello se burla del beneficio económico y el orgullo corporativo que las escuelas de medicina tradicionales extraían al recetar compuestos químicos vulgares y defectuosos a sus pacientes, suspendiendo el texto en la palabra de reclamo «abges-«.
[56] Completando la frase inicial y la reivindicación de Galeno: Al enlazar de manera cohesiva con la página 368 («Welchen Braten die Schulen der Aerzte dieser Zeit von dero Würckung / abges-»), el término se completa como abgenommen (comprendido, deducido o deducido de una porción). Pantaleón introduce un giro argumental de madurez científica e intelectual: defiende de forma pragmática que los médicos universitarios tradicionales hacen bien al preferir la medicina de Galeno basada en plantas simples (Galenischen… Erd=Gewächsen) antes que recetar los defectuosos compuestos químicos de las boticas corrientes. Aunque las plantas no hagan milagros, al menos no matan al paciente, permitiendo al médico salvar su «conciencia» (ihr Gewissen besser in acht).
Los «Cocineros de Minerales» y los Cantos de Sirena (süßpfeiffende Meerwunder): El autor fustiga con dureza a los boticarios e iatroquímicos comerciales, tildándolos despectivamente de Berg-Köche (cocineros de minas) y Brauer (destiladores o cerveceros de laboratorio). Llama a sus fraudulentas promesas de salud instantánea süßpfeiffende Meerwunder (literalmente, «monstruos marinos que silban dulcemente»), una evocación barroca directa del mito clásico de los cantos de las sirenas de la Odisea, advirtiendo al lector que estos elíxires falsos atraen a los enfermos con promesas hermosas solo para arrastrarlos al naufragio físico y a la muerte.
La honestidad del experimentador («Mentiría como un bellaco»): Pantaleón ofrece un extraordinario ebanizado de honestidad científica y empírica al confesar que él mismo ha pasado años enteros analizando minuciosamente cada metal y mineral del continente (kein Berg=Gewächse oder Metall in der ganzen Natur) usando toda clase de ácidos y hornos (durch Hülffe der gemeinen Chymie, untersuchet habe). Declara rotundamente que si él afirmara que las recetas mágicas de los manuales comunes de farmacia le hubieran funcionado alguna vez, «mentiría como un bellaco» (lüge ich wie ein Schalck), desmitificando la literatura iatroquímica comercial de su tiempo.
La penuria de los médicos alemanes: El autor aclara que los médicos honestos y rigurosos de Alemania (aufrichtige Aerzte in Deutschland) ya se han dado cuenta por sí mismos, tras quemar carbón en sus propios hornos y acumular «incansable experiencia» (unverdrossenen Erfahrung), de la total ineficacia y pobreza terapéutica (ihrer Armuth) de la química farmacéutica común, razón por la cual las facultades germanas están abandonando el paracelsismo radical para abrazar un enfoque médico mucho más cauto y racional.
La advertencia contra el intrusismo y los dilettantes: El texto concluye precisando el propósito preventivo del apéndice. El autor no escribe para científicos, sino para advertir a los legigos, curiosos y temerarios (fürwitzig) que juegan a la química en sus sótanos sin ser médicos, buscando evitar que sufran accidentes graves, explosiones o envenenamientos involuntarios (daß ihnen nicht etwas widerfahre, das sie nicht gedacht hätten).
[57] Completando la frase inicial y la xenofilia alemana: Al enlazar de manera scannable con la página 369 («Weil aber die Deutschen fast / von»), la frase se completa explicando el complejo de inferioridad cultural de la Alemania del siglo XVII (von allen Völckern vor ein thummes…). El autor realiza una agudísima crítica sociológica: lamenta que los alemanes tengan fama de ignorantes porque desprecian el talento de sus propios científicos locales para sobrevalorar ciegamente a cualquier extranjero que llegue a sus cortes.
«Vender humo» (einen blauen Dunst vor die Augen machen): El texto utiliza la colorida expresión idiomática del alemán antiguo «arrojar un vapor azul ante los ojos», equivalente exacto a nuestro actual «vender humo» o encandilar con falsas ilusiones. Pantaleón describe de forma magistral el modus operandi de los estafadores internacionales: tomaban desechos químicos ya recalentados doce veces (zwölffmal aufgewärmet), los empaquetaban como «secretos exóticos» de sus países de origen, los vendían a precios astronómicos a los nobles incautos y luego huían a sus patrias para burla y mofa de los alemanes (lachen sie sich schier todt).
Mandar «a donde crece la pimienta» (wo der Pfeffer wüchse): El autor lanza una enérgica petición política a los príncipes y gobernantes (Fürsten und Herren), exigiéndoles actuar como verdaderos protectores de sus pueblos. Utiliza la famosa frase alemana «jemanden hinweisen wo der Pfeffer wächst» (enviar a alguien a donde crece la pimienta, alusión del siglo XVI a las remotas e inhóspitas tierras de la India), equivalente a mandar a alguien «a freír espárragos» o desterrarlo. Pide expulsar sin miramientos a toda esa Kohlen-Unflath (inmundicia de los sopladores de carbón) que vendía falsos arcanos y vitriolos calcinados.
La medicina galénica como una Cenicienta (Aschenbrödel): Utiliza el término Aschenbrödel (Cenicienta o el personaje maltratado que limpia las cenizas) para definir el estado de degradación en el que los charlatanes habían dejado a la medicina tradicional y legítima basada en plantas simples, exigiendo restaurar su honor académico frente al intrusismo.
La impaciencia del enfermo y la bosta de vaca (Kuhmist): El párrafo final describe con un realismo descarnado la psicología del paciente desesperado. El enfermo, cegado por la impaciencia de su dolor, desprecia los tiempos lentos y prudentes de los médicos oficiales de la ciudad (ordentlichen Stadt-Aerzte), prefiriendo entregar su salud y su dinero a cualquier curandero milagrero que en realidad solo les receta Kuhmist (bosta o estiércol de vaca). El autor cierra parodiando de forma brillante el clamor injusto del populacho contra la ciencia oficial: «¡Ay, cómo es posible que estos tipos no entiendan absolutamente nada!», un testimonio histórico formidable sobre la perenne lucha entre la medicina regulada y la charlatanería médica callejera.
[58] Completando el monólogo del embaucador (nichts!): Al enlazar de manera scannable con la página 370 («Ey, wie verstehen doch diese Kerl so gar nichts! / nichts!»), la frase se completa. El autor continúa con su genial parodia satírica, poniendo en boca del charlatán ambulante el discurso típico que utilizaba para ganarse la confianza de los familiares del enfermo a costa de pisotear el prestigio de los médicos oficiales de la ciudad (ordentlichen Stadt-Aerzte).
La pedantería de la jerga paracélsica (Cagastricum): Para deslumbrar a los presentes, el charlatán utiliza términos técnicos complejos inventados por Paracelso que el pueblo no comprendía. Rechaza el diagnóstico común de hidropesía (Wassersucht) y afirma pomposamente que la causa real es un resolvirtes Cagastricum. En la patología de Paracelso, el Cagastrum representaba las enfermedades de origen parasitario, contagioso o nacidas de la putrefacción de los humores corporales (a diferencia del Iliastrum). Al usar esta terminología, el embaucador fingía poseer un conocimiento esotérico superior.
La falsa promesa de las veinticuatro horas: El texto retrata una constante histórica de la charlatanería médica: la promesa de curaciones milagrosas e instantáneas en plazos imposibles (innerhalb vier und zwanzig Stunden wieder gesund). Contrasta la lentitud de los tratamientos galénicos basados en plantas con la supuesta inmediatez de la iatroquímica mineral.
La coartada perfecta ante la muerte del paciente: El fragmento desvela la astuta estrategia legal y moral del embaucador para proteger su reputación si el enfermo fallecía tras ingerir sus pócimas. El charlatán declara de antemano que «no puede prometer nada seguro» (nichts gewisses versprechen könne) debido a que se le ha llamado «demasiado tarde» (gar zu spat geholet), descargando la culpa entera de la muerte sobre los médicos oficiales anteriores, acusándolos de haber «corrompido la naturaleza» del paciente con sus purgas.
Los remedios de Cobre, Acero y la Medicina Solar (Solarische Artzney): El charlatán saca a relucir su catálogo de productos de laboratorio:
- Remedio de Cobre (Venus) y Acero (Hierro/Marte): Utilizados habitualmente en la época como tónicos reconstituyentes para la sangre o tratamientos para las fiebres.
- La Medicina Solar (Solarische Artzney): En la astrología médica, el Sol rige al oro. Afirmar que se posee un remedio solar equivalía a vender el elíxir supremo o el oro potable (Aurum Potabile), el cual prometía calmar cualquier dolencia «en un santiamén» (in einem Huy / en un suspiro).
[59] La denigración de los médicos oficiales (zur Banck gehauen): El texto describe cómo estos Klüglingen (pedantes, charlatanes de feria o sabelotodos) utilizaban la demagogia y las palabras injuriosas (Schmähworten) para difamar, desacreditar y «arrumbar» (zur Banck gehauen / una expresión idiomática antigua equivalente a machacar o apartar del juego) a los médicos universitarios legítimos ante la opinión pública.
La ironía del envenenamiento del propio charlatán: Pantaleón relata con enorme sarcasmo un hecho histórico muy común en la época barroca. Muchos de estos curanderos ambulantes, al carecer de conocimientos de dosificación cuantitativa, terminaban ingiriendo y envenenándose a sí mismos con sus propios remedios minerales (durch ihre eigene Berg=Artzeneyen verderbet haben). Solo cuando se encontraban al borde de la muerte debido a los efectos corrosivos del antimonio o del arsénico, admitían con humillación que la medicina galénica tradicional de las plantas era sabia y constituía un verdadero «auxilio de Dios» (GÖttes Hülffe gewesen).
El triunfo terapéutico de la Tintura de Rosas (Rosen=Tinctur): El autor describe la humillante escena del charlatán enfermo que, con el estómago totalmente destruido y vomitando sangre (rege gemachten und speyenden Magen), tiene que suplicar que se le administren los remedios galénicos que él mismo había escarnecido en sus folletos. Se salvaban gracias a un Latwerge (un electroario o pasta medicinal a base de miel) compuesto por plantas astringentes para frenar la hemorragia gástrica, combinándolo con emplastos (Plauster) y la célebre tintura de rosas (Rosen=Tinctur), un bálsamo vegetal calmante y antiinflamatorio clásico.
El fracaso del Oro Potable ante la emergencia médica: El texto se mofa de cómo las pomposas quintas esencias y las tinturas extraídas del oro o de las piedras preciosas que los embaucadores vendían como remedios mágicos universales «se tomaban un descanso» (pausirten) ante una crisis médica real, revelando su total inutilidad en el laboratorio (weil sie nichts singen kunnten / expresión antigua que significa que no tenían voz ni voto, es decir, que eran incapaces de defender su eficacia).
La tragedia del paciente estafado (der dritte verführet): El autor concluye con una amarga reflexión ética y penal. Lamenta que estos Roß-Arzt (médicos de caballos o matasanos) solo aprendan a respetar la ciencia a fuerza de sufrir daños en su propio cuerpo (mit Schaden klug), pero cuando lo hacen ya es «demasiado tarde» (allzuspat), pues en el camino un tercer elemento inocente —el paciente confiado que pagó por el tratamiento— ha sido engañado, ha sufrido tormentos médicos irreversibles y ha pagado con su vida.
[60] Completando la frase inicial y las fábulas clásicas (verstümmelten): Al enlazar de manera idónea con la página 372 («…der alten Weisen Sprüche und Gründe mit verstüm- / melten»), la palabra se completa como verstümmelten Verstand (interpretaciones mutiladas o deformadas). El autor recurre a dos potentes tropos culturales de la época:
- El diablo citando las Escrituras: Alusión a cómo los charlatanes retorcían los pasajes de los libros antiguos de medicina para justificar sus recetas falsas.
- La corneja con plumas ajenas: Cita directa de la famosa fábula de Esopo (y Horacio) sobre la corneja que se vistió con los vistosos plumajes que se les caían a los pavos reales para aparentar nobleza, denunciando el plagio sistemático que realizaban los impostores al robar textos de verdaderos iatroquímicos.
El destino fatal de los pacientes cortesanos: El autor se mofa con amargura del hecho de que los nobles (grosse Herren) caigan en estas estafas. Constata con ironía que, debido a la violencia ácida de estos remedios minerales sin purificar, los pacientes terminaron siendo despachados de forma prematura «a la vida eterna» (zu dem ewigen… Leben) en lugar de salvar sus vidas terrenales. Denuncia el iatrogenismo de la época: afecciones comunes y leves eran agravadas por la toxicidad del compuesto, desatando una «revuelta de la naturaleza» (aufruhrisch) en el cuerpo del enfermo.
La expulsión legal de los embaucadores (Landstreicher): El texto adopta un tono de propuesta de ordenamiento político y salud pública. Pantaleón califica a los curanderos de Landstreicher (vagabundos o charlatanes itinerantes) y exige formalmente al gobierno municipal (Stadt-Regiment) su expulsión y destierro inmediato de las urbes. Argumenta que la única forma de proteger la vida de los súbditos es obligar a las ciudades a confiar exclusivamente en médicos oficiales que posean un título legítimo y ordenado basado en el canon clásico de Hipócrates y Galeno.
La ética financiera del verdadero Químico: El autor traza el perfil moral definitivo que distingue a un científico auténtico de un farsante. Los verdaderos químicos (wahren Chimisten) son extraordinariamente escasos (gar seltsam); no operan por la codicia del cobro inmediato por consulta o por vender folletos, sino que ejercen la medicina por «pura buena voluntad» (aus guten Willen, ohne Forderung einiges Geldes) y caridad, financiando sus propios laboratorios gracias a las fortunas o metales que ellos mismos multiplican de forma discreta.
La prueba pública frente a la escolástica universitaria: En un formidable remate metodológico que prefigura la Ilustración, Pantaleón propone una reforma radical para la homologación de los científicos. Afirma que las tradicionales disputas verbales en latín (Disputation) y los exámenes memorísticos de las universidades escolásticas (ausgestandenen Examinis) no sirven para medir la capacidad de un médico. Exige sustituirlos por una demostración empírica y práctica en un lugar público: si un hombre desea llamarse químico o médico legítimo, debe comparecer ante la comunidad y producir físicamente el agua Alkahest o las sales circuladas verdaderas, demostrando su dominio real sobre la materia antes de recibir la autorización legal para tratar a los enfermos.
[61] Completando la frase inicial y el desafío académico: Al enlazar de manera scannable con la página 373 («…entweder das Wasser Alcahest, oder das grosse / oder»), la frase se completa en esta página (oder). El autor culmina su propuesta de homologación pública: si un operador es capaz de exhibir físicamente el Alkahest, las sales circuladas o la auténtica Tinctura metallica de transmutación ante la comunidad, solo entonces tendrá el derecho legítimo de proclamarse superior a los inflados catedráticos universitarios tradicionales (Lehr-reiche Aerzte der Schulen).
Ataque al fetichismo instrumental de los «Destiladores» (Wasserbrennern): Pantaleón introduce una brillante y agudísima crítica metodológica contra los iatroquímicos comerciales de su tiempo. Denuesta a los Wasserbrennern (destiladores vulgares o fabricantes de aguas fuertes) que pretendían deslumbrar a sus mecenas cortesanos exhibiendo laboratorios colosales repletos de «un centenar de hornos ingeniosos» (hundert künstliche Oefen). El autor afirma con agudeza que esa aparatosa ostentación técnica solo delata que su entendimiento sigue en un estado infantil o escolar (daß ihr Herz noch in die Schule gehe), demostrando su total incapacidad para actuar como un verdadero rey y «soberano de la naturaleza humana y metálica».
La renuncia a los Ácidos Corrosivos (Scheidewassers): Enuncia un axioma crucial de la alta iatroquímica mística: la verdadera Gran Obra no se realiza mediante la violencia destructiva de los ácidos fuertes. Nombra los reactivos estándar de las boticas del siglo XVII: el Scheidewasser (agua fuerte / ácido nítrico), el Nitergeist (espíritu de nitro / ácido nítrico destilado), el Salzgeist (espíritu de sal / ácido clorhídrico) y el Schwefelgeist (espíritu de azufre / ácido sulfúrico). Pantaleón rechaza estos compuestos por considerar que corroen y «matan» las estructuras metálicas en lugar de madurarlas de forma natural.
La crítica a los recipientes extravagantes y el «Pelícano» (Pelicane): El autor arremete contra el catálogo de vasijas complejas que encarecían los laboratorios de la época. Cita los Circulier-Gläser (matraces de circulación continua) y, de forma muy destacada, los Pelícanos (Pelicane). El pelícano era un famosísimo matraz de destilación hermético provisto de dos tubos laterales curvados que nacían del cuello y se reintroducían en la base (remedando la imagen mística del ave picándose el pecho para alimentar a sus crías), diseñado para forzar el reflujo perpetuo de los fluidos. El texto defiende que la verdadera química de la naturaleza es infinitamente más simple y minimalista, bastando a veces con una einfachen Herüberziehung (una simple y ordinaria destilación o cohobación límpida) si se conocen los verdaderos catalizadores ocultos.
El enigma del «Rabo de Zorra» (Fuchsschwanz): Utiliza una curiosa expresión idiomática y metalúrgica alemana antigua. En la jerga de los carpinteros y artesanos, un Fuchsschwanz (cola de zorro) designaba a un serrucho de mano ordinario; sin embargo, en el contexto satírico de la literatura hermética del Barroco, «den Fuchsschwanz streichen» (lisonjear o pasar el rabo de zorra) significaba actuar como un charlatán adulador o embaucador de feria que vende remedios falsos. El autor advierte que, si bien la verdadera química huye de la aparatología barroca excesiva, tampoco realiza los «secretos mayores» (la fabricación de oro) mediante trucos baratos o charlatanería (durch keinen Fuchsschwanz), exigiendo herramientas metalúrgicas muy precisas y específicas (sonderliche dazukommende Stücke).
El sello de la verdadera Medicina: la fijeza ante el fuego (Feuerbeständig): La página concluye reinstaurando el criterio de validación absoluto del Bifolium Metallicum. Cualquier medicamento legítimo elaborado bajo la guía de este arte compartirá una firma física inalterable: será resistente al fuego (Feuerbeständig), lo que significa que el calor del organismo humano o del crisol no podrá descomponer ni evaporar su virtud curativa, garantizando su entrada directa en lo más profundo del Archaeus del paciente.
[62] Las Sales Saturadas y las obstrucciones metabólicas: El texto describe el uso de las salia ersättigten (sales saturadas o neutras purificadas). A diferencia de las plantas crudas, estas sales espagíricas no sufren alteración al pasar por el estómago y el tracto digestivo —denominados en la medicina barroca como la Leibes-Kochung o «cocción del cuerpo»—, manteniendo intactas sus virtudes terapéuticas para limpiar y disolver las obstrucciones físicas de los canales internos del organismo (Verstopffungen der Glieder eröffnen).
El Mercurio Coralino de Paracelso (Corallische Quecksilber): El autor desvela el purgante estrella de la «botica filosófica» (Philosophische Apothecke). Se trata del Mercurius Corallinus (Mercurio coralino, llamado así por su intenso color rojo brillante o coral, obtenido químicamente al calcinar nitrato de mercurio). Paracelso y sus seguidores lo encumbraron como el único evacuante legítimo capaz de purgar el cuerpo de toxinas densas sin desgastar las fuerzas del paciente, mientras que los demás remedios iatroquímicos debían operar por vías de evacuación suaves y naturales: la transpiración (Ausdämpffung), la diuresis (Harn) y el sudor (Schweiß).
La advertencia contra el charlatanismo y el autocuidado: El apéndice médico concluye con un prudente y maduro consejo de salud pública. El autor comprende que muchos enfermos estén hastiados (überdrüßig) de los ineficaces brebajes de las boticas galénicas tradicionales. Sin embargo, les advierte severamente que jamás compren compuestos químicos a curanderos callejeros; les exige acudir únicamente a médicos oficiales matriculados que posean además la formación de químicos experimentales, evitando que los pacientes pongan en peligro sus vidas (in Gefahr stürze) por culpa de la temeridad.
Apertura del epígrafe final (Beschluß): El volumen clausura oficialmente todas sus secciones críticas e instructivas y abre la gran conclusión general (Beschluß). El autor utiliza la máxima retórica clásica de resumir «grandes materias en espacio breve» (Grosse Sachen in kleine zu schliessen). Dirigiéndose de forma cómplice al verständiger Leser (lector sensato), sintetiza el viaje de todo el libro: un recorrido donde se ha visto «demoler» (abgerissen) las falacias de los charlatanes y los particularistas, y «reconstruir» (aufgebaut) sobre bases firmes y empíricas la verdadera ciencia natural de los metales.
[63] Completando la frase inicial y los dos palacios cósmicos: Al enlazar de manera perfectamente scannable con la página 375 («…hast du, verständiger Leser! abgerissen und aufgebaut gesehen die / zwey»), la frase se completa en esta página (zwey). El autor despliega en esta recta final una soberbia alegoría palaciega y militar para resumir la dualidad de su obra. Los «dos palacios más hermosos del mundo» representan las dos vías operativas del Bifolium que el lector ha visto construir:
- El cuartel de invierno (Winterquartier): La Vía Húmeda, que opera mediante digestiones lentas y calor suave en recipientes cerrados, emulando la fase de reposo invernal de la naturaleza.
- La residencia de verano (Sommerhauß): La Vía Seca, que trabaja con el calor intenso del horno pirotécnico y la calcinación rápida, emulando la fuerza ígnea del sol estival.
La triple muralla y el aislamiento del laboratorio: Explica que ambos palacios están defendidos por una «triple muralla» (dreyfachen Mauer) y un «puente levadizo» (Aufziegbrücke). En la jerga de los tratados del siglo XVII y XVIII, este sistema de fortificación representa los grados de purificación del mineral (el antimonio) y los sellos de seguridad del matraz (como el sello hermético de Hermes). El propósito de este blindaje técnico es evitar que el Vieh auf dem Felde (el ganado del campo, metáfora tradicional para referirse a los químicos vulgares, charlatanes e intrusos analfabetos) contamine e introduzca sus recetas erróneas en una ciencia noble consagrada exclusivamente al ser humano sabio.
El Portero y el examen de iniciación (Pförtner): El Señor Protector del castillo (Dios) ha colocado a un guardián o portero (Pförtner) en el umbral. Este guardián representa la barrera intelectual de los textos enigmáticos. El portero interroga rigurosamente a los investigadores exigiéndoles demostrar de dónde vienen (su linaje doctrinal) y qué han aprendido (su pericia empírica). El autor constata la dura realidad de la disciplina: «entre miles apenas uno aprueba el examen» (unter tausenden kaum einer… bestehet), reafirmando el carácter elitista y restringido de la verdadera química.
El asalto al secreto y el «Rabo de Zorra»: Describe el acoso constante que sufre la comunidad de científicos legítimos por parte de advenedizos que pretenden robar el secreto de la transmutación. Unos intentan entrar mediante súplicas y lisonjas cortesanas, otros buscan espiar los laboratorios a hurtadillas (heimlich sich hinein zu schleichen) y los más violentos (soberanos absolutos o señores feudales ambiciosos) pretenden forzar las puertas con «mano armada» (mit gewappneter Hand) para secuestrar al adepto y obligarle a fabricar oro en sus mazmorras.
Las heridas de los intrusos (unheilsame Wunden): Pantaleón advierte que el castillo del arte está defendido por guardianes provistos de «toda suerte de armas». En el plano físico, esto alude a los graves peligros reales del laboratorio mal conducido: explosiones de matraces por exceso de presión, incendios y las heridas funestas o intoxicaciones crónicas por inhalación de vapores de arsénico y mercurio que sufrían los sopladores de carbón ignorantes al intentar asaltar la materia por la fuerza bruta (mit Gewalt).
El valor de la amistad filosófica: La página concluye de forma muy bella invitando al investigador a abandonar la soberbia y la violencia. Sentencia que es infinitamente más seguro y fructífero avanzar en la ciencia de la naturaleza buscando la guía de la fraternidad y «tratando amigablemente con un amigo» (mit einem Freunde freundlich umgehe), es decir, mediante la transmisión honesta y el magisterio oral entre hermanos de la tradición hermética.
[64] Las Tres Preguntas del examen alquímico: El cuestionario consta de tres enigmas filosóficos y morales:
- La identidad del operador: Evalúa la dignidad moral y la honestidad del químico. El autor dice con sorna que en este punto cada uno puede alabarse a sí mismo (seine Person herausstreichen).
- La opinión sobre los palacios: El enigma más complejo, que evalúa la comprensión teórica sobre la estructura profunda de la materia.
- El sustento en el castillo: Evalúa la destreza práctica y la utilidad social que el operador dará a la Piedra (si busca la medicina universal o la codicia del oro).
El dilema de la Materia Prima remota y próxima: Pantaleón subdivide la segunda pregunta en el gran debate de la química del siglo XVII: discernir entre la entlegenen Materie (materia remota u origen cósmico de los elementos) y la nechsten Materie (materia próxima o el mineral concreto que se debe colocar dentro del crisol).
El catálogo de los materiales falsos rechazados: Para guiar al lector, el autor enumera y destruye las recetas falsas más populares de los charlatantes de su tiempo, declarando rotundamente que la Vía Húmeda —la fortaleza de invierno— no se fabrica con ninguna de estas sustancias:
- La Tierra Virgen (jungfräulichen Erden): Se mofa de los operadores ingenuos (die Narren) que cavaban a un palmo del suelo buscando una supuesta arcilla mística o tierra edénica virgen.
- Los minerales industriales y gemas: Rechaza el Büchsenstein (piedra de fusil/pirita), el Galmey (calamina/carbonato de zinc utilizado para fabricar latón), la Armenischen (piedra armenia/azurita) y el Lasursteine (lapislázuli), desmontando la teoría de que las piedras preciosas azules contenían el menstruum universal.
- Los reactivos comunes de botica: Excluye el Federweiß (asbesto o talco blanco), el Borras (bórax, usado vulgarmente como fundente) y el Bleyweiß (albayalde o carbonato de plomo).
La audaz exclusión del Antimonio (Spießglaß) y el Mercurio (Quecksilber): En un audaz golpe de efecto literario y criptográfico, el autor afirma que el palacio tampoco está hecho de antimonio ni de mercurio vivo ordinario. Con ello no contradice las páginas anteriores, sino que aplica una estricta distinción hermética: el operador no debe usar el antimonio comercial crudo ni el mercurio líquido común tal como se compran en el mercado, sino que debe transmutar sus naturalezas previamente mediante el fuego hasta obtener sus esencias espiritualizadas antes de introducirlos en la fortaleza.
[65] Completando la lista de exclusiones (Berg-Gifft): Al enlazar de manera scannable con la página 377 («…Borras, Bleyweiß, natürlichen / Berg-»), el término se completa como Berg=Zinnober (cinabrio mineral, la mena del mercurio). El autor amplía su rigurosa lista de falsos ingredientes prohibidos en la Vía Húmeda: excluye la Magnesien (magnesia/óxidos de manganeso), la Marcasiten (marcasita/sulfuro de hierro), el Mennig (minio/óxido de plomo), el Kupffer-Wasser (agua de cobre o vitriolo verde), el Blutstein (hematita/óxido de hierro), el Kobalt (cobalto) y el Schmergel (esmeril).
El enigma minero del Gur (von den Berg=Leuthen Gur genennet): Pantaleón introduce un término técnico sumamente fascinante de la minería centroeuropea de los siglos XVII y XVIII. El Gur (o Guhr) hacía referencia a una sustancia pastosa, blanda y blanquecina o amarillenta que los mineros alemanes encontraban rezumando en las paredes e intersticios de las vetas profundas. En la geología mística de la época, el Gur era considerado la Materia Prima líquida o el «esperma» de los metales en pleno proceso de gestación y solidificación bajo tierra. El autor advierte que, a pesar de su fama esotérica, es una sustancia «grasa y venenosa» inútil para la receta directa.
La verdadera Materia Próxima y el Solis Coagulo: Tras las exclusiones, el autor revela la clave del examen. La base de la fortaleza de invierno exige únicamente el Solis coagulo (el coágulo del Sol), término que designa al oro puro en estado de agregación molecular abierto, el cual es disuelto en un Crystallischen Wasser (un agua cristalina o mercurio de los filósofos) y fijado sobre una salzigten jungfräulichen Erden (una tierra salina virgen extraída del antimonio).
La astucia de los guardianes y la exhibición de la Sal: En la alegoría, los guardianes de la puerta del castillo exigen pruebas empíricas tangibles antes de permitir el paso al viajero (nichts glauben, als was sie sehen). Exigen que se les muestre la Sal Filosófica cristalizada. El autor explica de forma muy técnica que en el laboratorio, «ya sean las sales legítimas o ilegítimas» (rechte oder unrechtmäßige / sales neutras o bisulfatos), el uso de compuestos salinos es el único vehículo físico que permite «abrir las puertas» de la masa mineral en la fusión.
La clave de la Vía Seca y las Cinco Piedras: El texto responde al misterio de la fortaleza de verano (Sommerhauß). Su materia remota consta de cinco piedras (los cinco metales imperfectos que se deben transmutar), pero su materia próxima es un feuerigen Wasser (un agua ígnea, blanca como la nieve), que representa al régulo cristalizado de antimonio destilado a altas temperaturas.
Defensa de la Navaja de Ockham en el laboratorio: El párrafo final contiene una impecable máxima metodológica de la ciencia moderna. Pantaleón reconoce que la transmutación podría intentarse usando otros minerales más duros y complejos, pero los descarta porque romperlos exige un esfuerzo físico descomunal que arruinaría las herramientas (mit keiner Hacke noch eisern Pfahl zugewinnen) y consumiría años de vida. Remata apelando al principio de parsimonia o Navaja de Ockham: «lo que se puede hacer con pocos medios, no requiere emplear demasiadas cosas» (Denn was man kan mit wenigen verrichten…), consolidando el espíritu de eficiencia práctica de su tratado.
[66] Completando el enigma de los dos metales primordiales: Al enlazar de manera scannable con la página 378 («Werden demnach mit denen vorerzehlten Materien verworffen alle / Metall,»), la frase se completa en esta página (Metall). Pantaleón enuncia la célebre paradoja metalúrgica de la Gran Obra: se descartan todos los metales comerciales del mercado (verworffen alle Metall), a excepción de dos esencias arquetípicas abstractas denominadas el Principio Ígneo (asociado al Azufre o al Oro de los filósofos) y el Principio Acuoso (asociado al Mercurio o disolvente universal).
La revelación de la Tríada (drey- gehörige Dinge) y el Agente Intermedio: El autor advierte que para que el guardián del castillo certifique que el viajero es un iniciado legítimo, este debe mostrarle los tres principios fundamentales de la materia formulados por la iatroquímica de Paracelso: el Azufre, el Mercurio y la Sal (Salz, Schweffel und Quecksilber). Explica de forma muy técnica que se requiere un Mittelding (un agente intermedio o puente químico) capaz de fusionar la volatilidad del agua con la fijeza del fuego, lo cual representa el papel catalizador de la Sal central purificada. Al descifrar esto, el operador deja de ser un intruso (Gast) para convertirse en un hermano de la tradición hermética (vertrauter Freund).
El Palacio del Oro y los dos Filósofos Clásicos (HERACLITVM y DEMOCRITVM): Una vez que el iniciado cruza el umbral del castillo, el autor describe mediante una deslumbrante alegoría artística barroca los salones internos de la transmutación consumada (glänzen von Gold und Edelgestein). En el tímpano o aposento superior (obern Gaden) de la puerta interior coloca a las dos máximas e icónicas figuras contrapuestas de la filosofía griega presocrática:
- Heráclito de Éfeso (el filósofo que llora): Representa en la alquimia la fase de la disolución, la destrucción y la putrefacción de la materia (el llanto o las lágrimas que liquidan los metales duros).
- Demócrito de Abdera (el filósofo que ríe): Representa el triunfo final del laboratorio, la coagulación, la fijación y la risa de regocijo al contemplar el nacimiento del oro y la plata en el fondo del crisol.
Colocar a ambos filósofos presidiendo el palacio simboliza que la Gran Obra es un ciclo continuo y simétrico de destrucción (Heráclito) y reconstrucción feliz (Demócrito).
La unificación de las dos Vías y el Balance Espiritual: El tratado concluye de forma magistral unificando los dos métodos centrales del Bifolium: la residencia de verano (la Vía Seca pirotécnica) y la de invierno (la Vía Húmeda líquida). El autor dictamina que ambas rutas son válidas e idénticas en su esencia última (es ist ein Ding); cualquiera de las dos que elija el científico le garantizará una abundancia absoluta de bienes materiales e inmunes a la pobreza (wird dir an zeitlichen Gütern nichts mangeln).
El mandato de la Salvación Eterna (ewige Seeligkeit): Como broche de oro ético y filosófico del tratado barroco, Pantaleón lanza una severa advertencia espiritual al adepto victorioso. Le exige de forma imperiosa que no permita que la posesión del oro arruine su alma; está moralmente obligado a vincular la riqueza terrenal con la búsqueda activa de la salvación y bienaventuranza eterna (die ewige Seeligkeit mit dieser verbindest), utilizando el elíxir para sanar a los enfermos y aliviar la miseria del prójimo por pura caridad cristiana.
[67] El rescate de la «Miseria Incontable» (unzöhlichem Elend): El autor apela directamente a la conciencia del lector. Le recuerda que, antes de poseer este manual, se hallaba sumido en el Elend (la miseria, el desamparo material y la ceguera de los falsos laboratorios). Al haberle entregado de forma desinteresada y por pura Wohlgewogenheit (benevolencia o buena voluntad) las claves exactas de la Vía Húmeda y de la Vía Seca, el autor considera que el lector ha contraído una deuda moral de «agradecimiento inmortal» (unsterblichen Danck) hacia su preceptor.
La despedida tradicional (Gehab dich wohl!): El tratado técnico se clausura con la clásica fórmula de cortesía epistolar y literaria centroeuropea «Gehab dich wohl!» (equivalente formal a «¡Que te vaya bien!», «¡Vive sano!» o el Vale de las cartas latinas), con la que los filósofos naturales bendecían la andadura práctica de sus discípulos.
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