Johann Heinrich Rudolffs, Unterricht von der Amalgamation. Deutsches Theatrum Chemicum. Volumen 2, 407-430.

ELEMENTOS DE LA AMALGAMACIÓN
de Johann Heinrich Rudolff, de Dresde,
o
Instrucción fundamental
sobre en qué consiste la
AMALGAMACIÓN,
junto con los medios auxiliares y el fin principal que persigue, además de la
PRÁCTICA
adjunta de algunos minerales, vitriolos y menas investigados en los últimos años mediante este método y movimiento (Modum & Motum), así como los procesos y manipulaciones útiles para ello.
Promovido de nuevo a la imprenta debido a su rareza,
por
Friedrich Roth-Scholz,
de Herrenstadt, Silesia.
Nüremberg,
en la imprenta de Adam Jonathan Felsecker.
Año de Cristo 1729.
408 [Prólogo de] Friedrich Roth-Scholz
¡Benévolo lector!
Después de haberme tomado muchas molestias para conseguir este tratado, finalmente lo obtuve el 22 de octubre del año 1718 desde Mossbach, gracias a la especial amabilidad del señor Friedrich Heyn, inspector mayor de minas (Ober-Berg-Inspector) de la corte ducal de Gotha y recaudador de diezmos mineros (Zehendner) en dicho Mossbach; y ciertamente acompañado del siguiente informe:
«Adjunto envío también un ejemplar de la »AMALGAMACIÓN, (a) puesto que no se puede »conseguir nada semejante en ninguna librería, »ya que el autor lo hizo imprimir únicamente para »sí mismo. Si fuera necesario, aún puedo ofrecer »un par de ejemplares más; quedan a su servicio». Dado que desde hace ya algunos años no [se encontraba] ningún ejemplar de este tratado…
(a) Cuyo título completo reza así: Elementos de la Amalgamación o instrucción fundamental sobre en qué consiste la amalgamación, junto con los medios auxiliares y el fin principal que persigue, además de la práctica adjunta de algunos minerales, vitriolos y menas investigados en los últimos años mediante este método y movimiento (Modum & Motum), así como los procesos y manipulaciones útiles para ello; entregado a la imprenta para el mayor estudio y utilidad de los amantes de la naturaleza y del arte, por Johann[1]
Prólogo. [pág.] 409
[…Dado que desde hace ya algunos años no se encontraba ningún ejem]plar más de este tratado, y habiéndome sido este solicitado con frecuencia, espero hacer un buen servicio a los amantes [de esta ciencia] al insertar el mismo en la segunda parte de nuestro Deutsches Theatrum Chemicum, lo cual llevo a cabo por la presente. Núremberg, 26 de septiembre de 1729.
Johann Heinrich Rudolff, de Dresde, en formato cuarto (4to). Arnstadt, impreso con los tipos tipográficos de Meurer. Año 1712. Con una extensión de 6 pliegos.
410 [Tratado de] Johann Heinrich Rudolff
¡Benévolo lector!
Si bien el Creador sapientísimo de toda la naturaleza ha encerrado tan severamente la semilla de los metales en el reino mineral —a diferencia de los otros dos reinos— tras la lamentable caída por el pecado de Adán, de modo que entre muchos cientos de miles de hombres vivos apenas uno u otro puede hallarla, extraerla, putrefactarla, calcinarla, digerirla y, de este modo, despertarla a una nueva vida y multiplicarla; no obstante, en su bondad, Él ha permitido al mismo tiempo a los conocedores de la naturaleza investigar ciertos procesos particulares (Particularibus) concernientes al perfeccionamiento de los metales, y emplearlos pacíficamente con gran provecho para Su gloria y para el sustento del prójimo. De entre estos, cuatro procesos particulares son los principales, los cuales proceden en su totalidad de la medicina universal (Universali): el 1.º es la AMALGAMACIÓN, el 2.º la MERCURIFICACIÓN, el 3.º la VITRIFICACIÓN y el 4.º la EXTRACCIÓN DE LOS SULFUROS [principios activos] de los metales y minerales. Puesto que estos procesos particulares arriba enumerados tienen su fundamento seguro tanto en la naturaleza como en la experiencia, quiero comenzar con la amalgamación de los metales y minerales y escribir algo fundamental sobre ella; para luego [tratar] los demás procesos particulares, en la medida en que hayan sido corroborados por mi propia experiencia…[2]
Traducción fluida al español
Instrucción sobre la Amalgamación. [pág.] 411
[…en la medida en que hayan sido corroborados por mi propia experiencia,] habrán de seguir [a esta]. (a) Puesto que esta materia se recomienda por sí misma, he considerado innecesario emplear palabras elegantes bajo un orden riguroso; por el contrario, tal como la naturaleza suele proceder en su producción dentro de los tres reinos del mundo, a saber: avanzar por una vía sencilla (simplici via), de lo general a lo especial y a lo perfecto (à Generali ad Speciale & Perfectum), yo me valgo de igual manera de este método en lo sucesivo. Por ello, es de esperar que nadie me reproche la secuencia de la obra (exceptuando a Momo [los críticos maliciosos] y a los inexpertos en estos asuntos del arte conforme a la naturaleza). Permanezca el curioso lector benévolo hacia mí, y aguarde en adelante los otros restantes procesos particulares (Particularia).
Las eras de oro pertenecen ahora a Marte, las de hierro a las Musas:
¡Ay! Si no posees nada de oro, ¡vaya!, lee estas líneas.
MAIER.
Pues no todo lo nuevo, que ahora recibe tal nombre, tuvo recién entonces su origen primario: sino porque así nos lo parece a nosotros, al no haberlo visto antes.[3]
(a) De los cuales [los otros tratados] no he vuelto a ver nada hasta la fecha, como tampoco sé si el señor autor sigue aún con vida.
412 [Tratado de] Johann Heinrich Rudolff
DE LA AMALGAMACIÓN
en general.
La amalgamación, o incorporación, llamada también comúnmente Verquickung [reavivamiento con mercurio], de los metales nobles entre sí y a partir de sus menas, es, por lo que se sabe, un invento de unos 200 años de antigüedad. Hasta el presente, no ha sido conocido más que por unos pocos químicos, como TEOFRASTO [Paracelso], SUCHTEN [Alexander von Suchten], ÁLVARO ALONSO BARBA, LANGELOTT y algunos otros. Fueron, no obstante, las tan ricas minas de plata de Potosí, Lima y otros lugares de las Indias Occidentales las que dieron motivo a los administradores mineros de allí para implementar esto. Pues, mientras que anteriormente se alzaban varios centenares de fundiciones sobre aquellos cerros, las cuales resplandecían por la noche como si toda la montaña estuviera ardiendo, la necesidad y la escasez de madera ante semejante consumo dieron pie a la invención y manipulación de este método. A este le siguieron asimismo, en algunos lugares, el Reino de Hungría y el Principado de Transilvania, como en Kremnitz y Schemnitz, junto a los ríos Sava, Drava y Tisza, mediante el lavado de oro y la amalgamación, [logrando extraer] su oro sin recurrir a grandes fuegos…[4]
Instrucción sobre la Amalgamación. [pág.] 413
[…y sin recurrir a grandes fuegos, su oro] y menas auríferas, arenas finas (Schliche) y gredas (Letten), procesándolas mediante la amalgamación con mercurio. Sin embargo, cuando se observa cómo se realizaba antiguamente esta amalgamación, parece haber sido sumamente simple en comparación con la actual; puesto que algunos viejos libros de ensayo ilustran la ingenuidad de aquellos procedimientos, los cuales, en tiempos remotos, se practicaban incluso en Kremnitz con las menas y tierras ricas en oro. Allí, la incorporación de las arenas minerales se llevaba a cabo utilizando masa madre (Sauer-Teige) para efectuar la unión con el mercurio (anquicken). Esto fue así hasta que, hace unos años, se fundieron en hierro unos molinos especiales de amalgamación que fueron presentados en Viena a Su Majestad Imperial LEOPOLDO [Leopoldo I de Habsburgo], y posteriormente trasladados a Hungría. Según me informó un cierto maestro de forja y comerciante de nuestra región de las Altas Montañas (Ober-Gebürge), que venía de Venecia y Viena, dichos aparatos eran idénticos en su invención a mis propios molinos de hierro. Y bien puede ser así, ya que a lo largo de casi 30 años, además y paralelamente a mis funciones oficiales para el Electorado de Sajonia, me he dedicado por entero a estas labores de amalgamación, habiendo mandado fundar progresivamente tres modelos de molinos de hierro perfeccionados, basados en nuevas invenciones, en diversas herrerías de la región del Harz y de nuestras Altas Montañas, los cuales han sido distribuidos a otras regiones. Es posible que algunos buenos amigos hayan difundido más ampliamente esta invención, la cual, no obstante, por parte de los plateros…[5]
414 [Tratado de] Johann Heinrich Rudolff
y orofres [era considerada] completamente diferente de sus propios molinos, en los cuales muelen y procesan sus residuos de plata (Silber-Kräße). Y es una lástima que el ya hace tiempo fallecido Orschall —quien hace treinta años en Dresde, siendo un muchacho, me traía a casa diversas menas y gredas provenientes del valle de Plauen (Plauischen Grunde) de allí, y que durante su servicio llegó a comprender algo de la amalgamación— abusara de su buen ingenio, se marchara y fuera a presentar y desarrollar dicho método en Bohemia ante un noble señor. Más tarde, gracias al apoyo obtenido en otros lugares, se convirtió en un buen laborante e incluso llegó a ser funcionario de minas (Berg-Beambter) en Hesse; sin embargo, terminó perdiendo la fama que había alcanzado, e incluso la vida, debido a su mala conducta, a la instigación contra grandes señores y a la poligamia (Vielweiberey), falleciendo finalmente en un monasterio en Polonia. Y esto a pesar de haber adquirido grandes y buenos conocimientos sobre la amalgamación y de haber publicado algunos conocidos y pequeños tratados químicos; si bien en la práctica, debido a las razones arriba mencionadas, no cosechó bendición ni éxito alguno.
Para pasar ahora en detalle (In specie) a la amalgamación particular, la cual ha sido ejecutada por mí en privado con gran esmero, trabajo y costo en mis horas libres (horis successivis), se ha de exponer brevemente lo siguiente.[6]
Instrucción sobre la Amalgamación. [pág.] 415
MATERIA
sobre la cual versa la Amalgamación.
De lo anteriormente expuesto se desprende que la amalgamación de los habitantes de las Indias Occidentales se dirigía principalmente a sus tan ricas menas de plata en Potosí, Lima y otros lugares más. Hungría y Transilvania, por su parte, se sirven para la amalgamación en parte de las menas y tierras auríferas, y en parte también de las arenas de oro extraídas de los ríos Sava, Drava y Tisza. Con respecto a este último río, que proviene de Transilvania, quiero anotar aquí de paso (obiter annotiren) —a propósito de sus ricas arenas de oro— lo mencionado por un autor francés (quien describió en su día los destinos de los altos favoritos, empezando por Sejano, el predilecto del emperador TIBERIO, en todos los reinos, hasta llegar al final del mariscal francés DE BIRON). Al referirse este autor en el siglo pasado (capítulo V) a GEORG SETSCHY, el príncipe transilvano (quien inicialmente fue monje, luego secretario de la reina ISABEL, finalmente, como se ha dicho, mediante intrigas con el Gran Turco llegó a ser Gran Príncipe en Transilvania, y también obtuvo últimamente la dignidad de cardenal por intercesión del emperador FERNANDO; pero al final, debido a una correspondencia sospechosa con el Gran Turco, por orden del mencionado emperador…[7]
416 [Tratado de] Johann Heinrich Rudolff
[…por orden del] general [del mencionado emperador] en Hungría, CASTALDO, fue masacrado a traición en uno de sus propios castillos), informa lo siguiente: que entre su gran tesoro de muchos millones, el cual fue inventariado por los comisarios imperiales, se encontraron también 35 pepitas de oro que le habían sido obsequiadas desde el río Tisza, las cuales pesaban 19 libras de oro. Ahora bien, todos estos ríos arriba enumerados desembocan en el seno del río principal de la noble Alemania, el Danubio. El río Rin, junto a estos, alberga también su propio oro y procesos de amalgamación; a saber: 1. en Coira, 2. en Maienfeld, 3. en Eglisau, 4. en Säckingen, 5. en Augst, cerca de Basilea, 6. en Neuenburg, 7. en Seltz, 8. en Worms, 9. en Maguncia, 10. en Bacharach, 11. en Bonn, y en varios lugares más hasta el 12.º, Dordrecht, en Holanda. El oro que se cría en el Rin posee una pureza de 18 quilates y 2 granos de fino, con el cual los señores príncipes electores del Rin y las ciudades imperiales acuñan monedas de oro que llevan el nombre de florines de oro del Rin (Rheinische Gold-Gülden). Sobre esto, el curioso autor de las Cartas interceptadas (segunda sección, cuarto paquete, en la correspondencia 205.ª) introduce el término de la «vaca lechera de oro» (goldtragende Kuhe), la cual emplean para el lavado de oro en la corriente del Rin; y de allí toma motivo para hacer una digresión hacia los cuatro renombrados ríos de la noble montaña de Fichtelberg, a saber: el Meno, el Naab, el Éger y el Mulda, así como otros…[8]
Instrucción sobre la Amalgamación. [pág.] 417
[…así como otros] arroyos más que desembocan en los que acabo de mencionar, como el Schwarza, considerado un arroyo muy rico en oro en Turingia, y otros similares. Entre ellos concluye el Elba, el tercer río principal de Alemania, con su propio oro. Añado aquí, tal como hice con los dos primeros ríos, los lugares situados a lo largo del Elba donde se obtienen sus lamas o arenas auríferas (Gold-Schlich), a saber: en Litoměřice (Leutmeritz), en Bohemia; en Pirna y Mühlberg, en la región de Meissen; y en Torgau, Magdeburgo y Lauenburgo junto al castillo, a unas 5 millas de Hamburgo, en Sajonia. Ahora bien, el oro de todos estos ríos principales y sus afluentes es corpóreo y puro, el cual se concentra separándolo de la arena y se extrae de ella de forma muy rústica atrapándolo con el mercurio (Quecksilber); un proceso que en algunos lugares se realiza incluso asumiendo la pérdida de este último. A este propósito, quedaría por debatir entre los físicos y metalúrgicos una cuestión fundamental de la naturaleza: ¿Acaso el oro de lavado ha sido arrancado y arrastrado desde las vetas más internas de las montañas por el Diluvio Universal (Sündfluth) y, en parte, por los manantiales de agua surgidos posteriormente, o bien se origina y madura primigeniamente en el agua debido a una fuerza mineral (Mineralischen Krafft) activada por el fuego del Sol (Sonnen-Feuer)? ¿O acaso una tercera vía (Tertium) es la causa de ello? Aquel noble varón, tan benemérito respecto a toda la naturaleza del mundo y en especial sobre el reino mineral, el señor…[9]
418 [Tratado de] Johann Heinrich Rudolff
El Dr. Becher, consejero imperial de cámara y de minas, a quien el mencionado autor de las Cartas de los paquetes también cita del mismo modo, demuestra que incluso la arena o las lamas (Schliche) que ya han sido lavadas y desechadas vuelven a ofrecer oro al buscador en el plazo de un año. Cómo suceda esto, suspendo mi modesto juicio (Judicium) hasta más adelante; si bien, en la exposición posterior sobre la amalgamación, no puedo contenerme de abordar algo que el lector experimentado bien podría aprovechar.
En lo tocante a su extracción de oro a partir de la arena de duna mediante la vitrificación, de la cual informa su Trifolium Hollandicum: yo también realicé en el año 1678 en Dresde, exactamente por aquel tiempo, una vitrificación semejante con arena; pues esta arena de duna no contiene oro de forma corpórea, sino únicamente de manera potencial (potentialiter). En su lugar, he tomado nuestra arena de río en ciertos parajes y siempre he extraído oro de ella —así como de otras tantas menas inmaduras semejantes— por medio de la amalgamación, tal como dará mayores explicaciones mi dictamen elaborado en el año 1698 y aquí adjunto sobre el mineral de Oberwarth y otros. Cuál fue la causa por la que los señores Estados Generales de Holanda abandonaron la obra principal [el proyecto a gran escala], tras unos ensayos que en su momento resultaron tan certeros y ricos…[10]
Instrucción sobre la Amalgamación. [pág.] 419
[…Cuál fue la causa por la que se abandonó la obra principal] de dicho proyecto, se pasará por alto por esta vez, informando al respecto lo siguiente: que yo he ido más allá mediante experimentos semejantes y, en lugar de la fundición de la arena (la cual, no obstante, es practicable y lucrativa), he sustituido dicho proceso por la amalgamación. He hallado un gran beneficio en esto, logrando extraer cobre, plata y oro por medio del mercurio (Quecksilber) a partir de las arenas de la mayoría de los ríos y arroyos, de las gredas pobres, de los talcos dorados (Gold-Talcken), de la mica común (Glimmer), del fango (Moder), del schorl (Schirl), del Eisermann [hematita/oligisto] y sustancias similares; las cuales, ya sea concentradas en lamas (Schliche) o simplemente mezcladas con la ganga (Berge), antes o después de la calcinación (rösten), reaccionaban al imán revelando que contenían hierro. Si bien la producción de hierro metálico por medios artificiales lograda por el ya mencionado doctor Becher es sumamente notable —un experimento que ejecutó con gran acierto desde el punto de vista físico (physicè) y que dedicó en su momento a Su Majestad Imperial, el gran LEOPOLDO—, el mío ciertamente no es inferior, si no es que más noble: el demostrar en poco tiempo y sin recurrir a grandes fuegos la obtención de cobre, plata y oro a partir de un hierro semejante en estado embrionario (embryonirten Eisen); metales que previamente, al someterse al ensayo por fuego (Feuer-Probe), no daban muestra alguna de metal, o bien contenían muy poco. Y lo que es más importante (importanteste): lograr mediante un método secreto (per secretum modum) que se extraiga una cantidad de plata y oro de una ley aún más alta, sin añadir ningún otro aditivo metálico;[11]
420 [Tratado de] Johann Heinrich Rudolff
[…sin añadir ningún otro aditivo metálico;] pues de introducir aditivos particulares (Particulier), al modo de los sofistas [falsos alquimistas], no hago ningún caso.
Sigue ahora, por tanto:
MATERIA
por medio de la cual se efectúa la Amalgamación.
Esta no es otra cosa, como ya se ha mencionado, sino el Mercurius o mercurio (Quecksilber), el primer metal por nacimiento, digno de admiración entre los demás y madre de la generación de todos los restantes. Por esta razón, al ser extraído de su mena (Minera), manifiesta también un gran deseo de atraer hacia sí a los metales fijos, a causa de su afinidad (Verwandnis), y de mezclarse con ellos. Si se hubieran de detallar todas las virtudes y utilidades mediante las cuales este metal se hace compatible (sociabel) en todas las operaciones de los tres reinos de la naturaleza, se originaría un tratado bastante extenso. Permanézcase, por consiguiente, únicamente en el ámbito de la amalgamación, lamentando, no obstante, que este mercurio no se encuentre en todas las provincias de Alemania, o que en la actualidad se halle rara vez. En Istria, sin embargo, junto al pequeño río Idrijca (Hydra) —de donde quizás haya derivado su nombre latino Hydrargyrum—, entre Venecia y la fortaleza de Palmanova (Nova Palma), cerca de la ciudad de Gorizia (Göritz), este metal ha tomado una sede permanente (perennem sedem) como por divina providencia (GOTTes Schickung)…[12]
Instrucción sobre la Amalgamación. [pág.] 421
[…ha tomado una sede permanente;] puesto que anualmente se extrae de estas montañas una cantidad enorme y sorprendente de muchos miles de quintales (Centner), la cual en la actualidad (de præsenti) se entrega, en virtud de un contrato, a una rica viuda de un comerciante. Dicha entrega la efectúa el inspector imperial de tales minas, el señor barón de Stampffer. Esta dama se hizo hace algún tiempo con el monopolio de dicho mercurio —el cual anteriormente poseían Hamburgo y Breslavia— tras haber adelantado cerca de 2 millones [de florines] a Su Majestad Imperial. Todo este transcurso me lo relataron en Dresde, hace 9 años, el entonces residente holandés ante la corte real polaca, monsieur Schade, y asimismo el señor profesor Kirchmayer, de Wittenberg, tras la llegada de ambos desde Holanda. De hecho, esta viuda adinerada, que cuenta con dos contables a su servicio, manifestó a los dos caballeros mencionados que, si alguien le suministrara desde Sajonia tan solo un cuarto de quintal de mercurio —ya fuera del natural o bien del fabricado artificialmente a partir de plomo (aus Bley gefertigten), del cual el difunto señor Kirchmayer presenció en su día algunos experimentos en mi propia casa—, ella le adelantaría una tonelada de oro (1. Tonne Goldes) como fondo editorial y para la posterior continuación de la obra. De lo cual se deduce cuán codiciado es este metal en todas partes; debido, presuntamente, a los procesos de amalgamación ya establecidos en numerosos lugares,
[…ya][13]
422 [Tratado de] Johann Heinrich Rudolff
[…los procesos de amalgamación ya establecidos en numerosos lugares,] puesto que con ello se procede o se avanza mejor en la refinación de los metales que con la fundición. Esto, sumado al monopolio que se acaba de mencionar, provocó que hace unos años el precio del mercurio aumentara de 100 taleros (Thalern) a cerca de 300 taleros por quintal (Centner); si bien posteriormente y hasta el presente se puede obtener a un talero y medio, o incluso menos, por libra. Ante esto, es de lamentar que en el distrito de los Altos Montes Metálicos (Ober Erz-Gebürgl.) de Meissen, así como en Vogtland y en la región de Bayreuth (Bareythischen), en las fronteras del Fichtelberg y otros parajes, no se realicen búsquedas e investigaciones (Recherches) más diligentes respecto a este metal o su mena (Mineræ), promoviendo algunas exenciones o privilegios (Freyheiten) para los descubridores; pues allí se podrían hallar muchas tierras de cinabrio (Cinober-Erden). Sin embargo, se carece del conocimiento necesario para ello, y un minero entre mil no sabe que el mercurio se extrae del cinabrio o de otras tierras rojas similares, ni que este es tan costoso. Por lo tanto, quiero mencionar aquí de paso, como complemento, las clases de minas de mercurio en Istria; datos que no solo me relató de viva voz el ya mencionado maestro de forja y comerciante, el señor Bielig, sino que también el secretario real polaco y electoral sajón de minas en Dresde, el señor Lichtwer, a su feliz regreso de Hungría y, por ende, de Istria —así como anteriormente de Suecia y Noruega y sus explotaciones mineras—, me mostró los más hermosos especímenes (Stuffen) de mercurio.[14]
Instrucción sobre la Amalgamación. [pág.] 423
[…me mostró. / …me han sido mostra]das. Esta mena consta comúnmente de cuatro clases:
- Es una mena de cinabrio, tal como se nos importa desde Hungría, Transilvania, el Perú en las Indias Occidentales y otros lugares, aunque en menor cantidad.
- Se encuentra una piedra de color negro parduzco que, al ser frotada o rayada, se vuelve rojiza y posee un gran peso.
- Se halla una pizarra gris, sumamente blanda y quebradiza, de tal modo que, cuando se la presiona fuertemente con las manos, brota de ella el mercurio (Quecksilber) limpio.
- Es una greda o arcilla de color blanco grisáceo en la cual se ha asentado [el metal], presentándose en su interior como perlas, donde las gotas de Mercurius se muestran en estado puro.
- El célebre GLASER, químico de Francia, menciona también una mena de mercurio (Mineram Mercurii) que él mismo examinó, con estas palabras: «Por lo general, el mercurio se encuentra en diversos lugares rodeado de una tierra mineral, de la cual se le separa mediante destilación con una retorta de hierro, tal como yo mismo he visto en una mina de mercurio cercana a una aldea cuando se viaja desde Gorizia —una ciudad esclava [eslava]— hacia Liubliana (Lubiana), la capital de Carniola (Crainten); esta es tan fructífera y abundante que, por lo común, 12 libras de esta mena, que tiene el aspecto de una tierra gris, rinden más de 4 libras de mercurio…»[15]
424 [Tratado de] Johann Heinrich Rudolff
[…más de 4 libras de mercurio,] obtenido mediante la retorta de hierro. A esto se ha de añadir todavía:
- El Mercurius virgineus, o el llamado mercurio virgen (Jungfer-Quecksilber) que corre libre por las montañas, dotado de una fuerza y un efecto maravillosos. Este se halla en estado completamente líquido en muchos lugares además de Istria, impulsado hacia la superficie de la tierra por el calor central (Centralischen Wärme); algo semejante se encuentra cerca de Cracovia en Polonia, y también se le puede hallar en la frontera polaco-silesia, entre las raíces de los árboles, y ciertamente solo hacia el mes de septiembre.
Aunque este último no se encuentra en tan gran abundancia, desde Istria se transportan anualmente más de 2000 quintales (Centner) del mismo. Yo mismo he hallado cinabrio en forma de granos, similares a guisantes y lentejas, en los arroyos de una determinada propiedad en Bohemia, a unas 10 millas de Zittau; e igualmente lo encontré en las casas de los campesinos, en la tierra misma cuando cavaban, sobre la cual se asentaba una tierra rojiza que ellos, con buen criterio (wohl raisoniret), llamaban «la madre del cinabrio». Una libra de este cinabrio rinde tres cuartos de libra de mercurio y, además de esto, contiene todavía 16 Groschen de oro nativo o puro, junto con algo de hierro. Este último elemento es el que causa que el Mercurius se separe limpiamente de su Coagulatore [agente coagulante], el azufre, cuando se le expone a la acción del fuego. Sin embargo, en aquel entonces, ante el Tribunal de Tierras de Bohemia (Böhmischen Land-Tafel) en Praga…[16]
Instrucción sobre la Amalgamación. [pág.] 425
[…en aquel entonces, ante el Tribunal de Tierras de Bohemia en] Praga, no se permitió que los extranjeros o forasteros pudieran explotar minas en el reino. Lo cierto es que en los alrededores de este noble distrito minero yacen ocultos los tesoros de dos reinos. Asimismo, resulta oportuno mencionar aquí una propiedad muy notable del mercurio (Quecksilber) que atañe al propósito arriba expuesto de la amalgamación. Ha existido hasta ahora una leyenda o, mejor dicho, una queja en estas montañas, según la cual los valones o extranjeros (Welschen) habrían hechizado (verbannet) las mejores regiones donde existían ricas menas de plata o de oro, de tal manera que nadie pudiera extraer nada de ellas mediante la fundición o cualquier otro método. No obstante, de ningún modo pudieron dirigir su maleficio contra la amalgamación, la cual en aquel tiempo era desconocida y no se hallaba en uso. Y aun admitiendo el caso (posito casu) de que hubieran conocido este modum amalgamandi [método de amalgamar], tampoco habrían podido embrujarlo; puesto que los conocedores de la naturaleza saben bien, y los médicos (Medicis) corroboran, que el mercurio es sumamente eficaz contra todos los encantamientos y obras diabólicas (incantationes & operationes Diabolicas) o espíritus malignos, tal como se mencionará más adelante en la sección práctica a propósito del mineral de Zwickau.[17]
426 [Tratado de] Johann Heinrich Rudolff
A continuación se presentan
los
MEDIOS
conducentes a este fin.
Inicialmente y de manera principal han de tomarse en consideración, en primer lugar, las aguas de amalgamar (Anquick-Wasser), las cuales pueden ser de muchas clases: sal, alumbre (Alaun), vitriolo, vinagre y todas las lejías compuestas a partir de sales alcalinas (salibus alkalibus), debiendo elegirse una u otra según el conocimiento que se tenga de las menas o metales. Sin embargo, uno de estos medios supera a todos los demás, a saber: el Tartarus o tártaro (Weinstein), el cual es el emperador de todos los otros, tanto en la amalgamación como en la separación del oro respecto de la plata y de otros metales, ya sea que esto se realice por la vía seca —mediante precipitaciones en fusión y colada— o por la vía húmeda —mediante la disolución (Solution) y la extracción—; si bien este método no es aún conocido por todos ni por cualquiera en la actualidad.
Estas aguas y lejías —entre las cuales tampoco deben olvidarse las aguas de cementación (Cæment-Wasser), que brotan de los socavones y pozos mineros en forma de agua vitriólica verde, de la cual Hungría y Suecia, junto con otras regiones, poseen abundancia— reavivan por completo tanto la mena como el Mercurium [mercurio], de modo que este último [pueda unirse] mejor…[18]
Instrucción sobre la Amalgamación. [pág.] 427
[…de modo que este último] penetre mejor en las lamas (Schliche) o menas, y atrape lo mejor de ellas.
- Se han de tomar en consideración los molinos de hierro mencionados anteriormente, los cuales fui perfeccionando poco a poco, a base de ensayo y error (per errorem), dando instrucciones a los modelistas para fundir otros nuevos de la misma clase, tanto en la región del Harz —cerca de Ilsenburg, en el condado, en las ferrerías de allí— como en nuestras Altas Montañas (Ober-Gebürge), habiéndose fabricado sucesivamente en altos hornos similares. No quiero mencionar el esfuerzo, los viajes y los costes dedicados a esto a lo largo de muchos años; gracias a lo cual, sin embargo, puedo dar a otro una instrucción completa en un solo día mediante los planos (Abrisse).
- La máquina que impulsa 4, 8, 12 o incluso más de estos molinos de hierro a la vez mediante la fuerza del agua o las manos humanas, si se quiere proceder a gran escala de forma eficiente (compendieuse); obra para la cual diversos e importantes maestros de obras y mecánicos (Mechanici) ya han contribuido en parte hasta ahora, y en parte podrán seguir aportando en el futuro.
- Los hornos de calcinación (Röst-Oefen), ya sean uno o varios, la importancia que revisten y cómo las menas se fijan (figiret) y mejoran mediante el fuego de la llama, lo saben muy bien los peritos en minería. Por ello, el señor doctor Kellner, de Nordhausen, [publicó] además de sus escritos sobre asuntos de fundición ya editados en años pasados —e implementados por Orschall y Zumpe—, otro tratado sobre…[19]
428 [Tratado de] Johann Heinrich Rudolff
[…el señor doctor Kellner, de Nordhausen, publicó otro tratado] sobre la fundición especial de menas, cuyo manuscrito —que data de los tiempos y labores del príncipe elector AUGUSTO, de bendita memoria— yo siempre había mantenido en secreto, y que ahora, con cierto desagrado, debo ver publicado. En dicho tratado se encuentra tal o cual información sobre esta clase de hornos de calcinación o de reverbero (Flammier-Oefen) y su utilidad; algo sobre lo cual también el célebre GLAUBER, mucho tiempo antes, en sus Libris Furnorum [Libros de los hornos], ofreció una explicación bastante amplia a todo el mundo, por lo que considero innecesario extenderme más en ello. Al fin y a la cabo, cualquiera que disponga de harina, agua y masa madre (Sauer-Teig), sabrá bien cómo encontrar o construir un horno adecuado para obtener su pan.
- Las retortas de hierro o de barro, de invención especial, mediante las cuales el Mercurius [mercurio] debe ser separado del amalgama (Amalgamate) por destilación (im herüber ziehen) sin sufrir pérdida alguna (ohne Abgang), de tal manera que la retorta se conserve intacta para poder ser utilizada de forma continua en múltiples ocasiones.[20]
Instrucción sobre la Amalgamación. [pág.] 429
Por último, y a modo de conclusión,
debe mencionarse el
FIN
de la Amalgamación.
A saber: la obtención de los dos metales fijos, la plata y el oro, los cuales no solo son lo bastante relevantes (relevant) como para amortizar ya en el primer año el capital requerido para los gastos, sino también para suministrar (fourniren) en lo sucesivo un excedente de capital y ganancias (Ausbeute) igualmente elevado. No hago mención del cobre obtenido en el proceso, ya que este debe compensar (compensiren) los costos de separación exigidos. El Mercurius o mercurio comprado, que es lo que más eleva los costos iniciales, se conserva casi en su totalidad; y esto, sumado a los molinos de hierro y las retortas, según el inventario (pro Inventario), representa pura ganancia e interés (Intereße).
Con todo, respecto al buen metal y rendimiento resultantes, no podría comprometerme —en caso de ser requerido— a un incremento (in augmentatione) mayor que el de obtener una cantidad de metal noble el doble de alta que la primera vez. Si bien, según el dictamen adjunto sobre la práctica (Praxin) de la obra de amalgamación, anteriormente se propusieron (propo[niert]) 200 partes en oro y 6 partes en plata a partir de la mena de Oberwarth (Minera Oberwartensi)…[21]
430 J. H. R. [Johann Heinrich Rudolff] Instrucción sobre la Amalgamación.
[…anteriormente se propusieron / …fueron pro]puestas [y analizadas en] Dresde, habiéndose extraído [los metales]; por lo cual la utilidad de tal amalgamación resulta sumamente elevada y digna de estima. No quiero abordar por esta vez los restantes fines médicos, químicos y mecánicos (Fines Medicos, Chymicos & Mechanicos).
MAIER
El Mercurio, en calidad de madre del Oro, una vez que encuentra a su hijo errante a través de extraños elementos y aguas, lo recibe en su propio seno y le enseña qué debe o qué no debe llevarse a cabo.
Quien no sepa disolver o sutilizar el metal,
no toque el cuerpo, y deje en paz al Mercurio.[22]
[1] La rareza de las ediciones de autor: El inspector de minas Friedrich Heyn explica una práctica muy común entre ciertos eruditos y técnicos del Barroco: imprimir libros en tiradas extremadamente reducidas sufragadas por el propio autor («der Autor solche vor sich auflegen lassen»), destinados únicamente a regalar a colegas o mecenas. Esto convertía la obra en una rareza bibliográfica absoluta que no pasaba por el circuito comercial de las librerías («in keinem Buch-Laden zu bekommen»).
Los cargos de la administración minera: El texto aporta nombres de cargos oficiales del Sacro Imperio Germánico muy específicos de las regiones ricas en yacimientos:
Ober-Berg-Inspector (Inspector Mayor de Minas): Alto funcionario estatal encargado de supervisar la ingeniería, la seguridad de las galerías, la producción metalúrgica y el rendimiento de los distritos mineros ducales.
Zehendner (Recaudador del Diezmo Minero): El encargado de cobrar el impuesto del «diezmo» (Berghauptmanns-Zehnt), que correspondía al soberano o príncipe territorial sobre todo el mineral valioso (oro, plata, cobre) extraído de la tierra.
El Ducado de Sajonia-Gotha: El texto ubica el origen del hallazgo en Mossbach bajo la jurisdicción de Gotha. Toda esta zona de Turingia y Sajonia Central poseía una tradición minera de vanguardia europea, donde los ingenieros y ensayadores de metales registraban minuciosamente sus secretos de laboratorio.
[2] La teología aplicada a la ciencia: El texto refleja el pensamiento barroco temprano (1712), donde los fenómenos naturales se justificaban mediante la teología cristiana. Rudolff explica que los metales son difíciles de extraer y purificar porque Dios «escondió su semilla» como consecuencia del pecado original de Adán. Por lo tanto, el trabajo del metalúrgico o químico se consideraba una labor casi sagrada de redención material, orientada a «despertar a la vida» los minerales en favor de la humanidad.
Los «Tres Reinos de la Naturaleza»: Al mencionar «denen andern beyden Reichen» (los otros dos reinos), el autor se refiere a la clasificación clásica premoderna que dividía la naturaleza en tres grandes grupos: el reino animal, el reino vegetal y el reino mineral. Sostiene que el mineral es el más complejo y oculto de todos.
Los cuatro pilares de la metalurgia química: Rudolff divide la gran obra química sobre las menas en cuatro operaciones esenciales (Particularia):
- Amalgamatio: La unión de metales con mercurio.
- Mercurificatio: La reducción de un cuerpo metálico a su forma mercúrica o el aislamiento de su mercurio filosófico.
- Vitrificatio: El proceso de calcinar o fundir un mineral hasta convertirlo en escoria vítrea para separar las impurezas.
- Extractio Sulpherum: La separación del «azufre» de los metales (que en la teoría del Tris Primus de Paracelso no significaba el azufre común, sino el principio de combustibilidad, color y alma de cada sustancia).
El binomio Natur y Experienz: Para Rudolff, las teorías no tienen validez si no están respaldadas por un fundamento doble: el orden intrínseco de la naturaleza y la corroboración práctica en el laboratorio mediante la experimentación real («Experienz»).
[3] El método científico inductivo primitivo: Rudolff rechaza conscientemente la retórica barroca sobrecargada («zierliche Worte») en favor de una exposición directa. Elige estructurar su manual imitando el orden natural: à Generali ad Speciale & Perfectum (ir de las leyes generales a los casos específicos y purificados), un pilar conceptual clave en la transición hacia los textos técnicos modernos de metalurgia.
La figura mitológica de Momo: El autor cita a «Momo» (Momo en dativo), el dios de la mitología griega que personificaba el sarcasmo, la burla y la crítica injusta. En la literatura académica de los siglos XVII y XVIII, aludir a Momo era un tropo muy común para blindarse de antemano contra los críticos envidiosos o los rivales de oficio.
La cita de Michael Maier (1568–1622): El poema en latín está firmado por Maierus, haciendo referencia a Michael Maier, el célebre médico, consejero imperial de Rodolfo II y destacado filósofo hermético alemán. Los versos juegan con la ironía de las «Edades de la Historia» de Hesíodo: la era actual de las guerras pertenece al hierro (Marte), pero quienes buscan la riqueza material del oro deberían dedicarse a la lectura y estudio de la naturaleza química.
[4] El término Verquickung: En la antigua metalurgia alemana, el mercurio recibía el nombre de Quecksilber («plata viva»). Por tanto, el proceso técnico de añadir mercurio para atrapar el oro o la plata de las rocas molidas se denominaba en el gremio minero germano como Verquickung (literalmente, «vivificar» o «reavivar con mercurio»).
Las autoridades citadas: Rudolff enumera cronológicamente a los grandes expertos mundiales de la disciplina:
- Teofraesto (Paracelso, 1493–1541): El gran reformador de la medicina y la iatroquímica.
- Alexander von Suchten (c. 1520–1575): Un influyente químico y médico polaco-alemán que escribió extensamente sobre los secretos del mercurio y el antimonio.
- Álvaro Alonso Barba (1569–1662): Sacerdote y metalúrgico español afincado en el Alto Perú (actual Bolivia), autor de Arte de los metales (Madrid, 1640). Este tratado fue la biblia de la minería barroca mundial y fue traducido rápidamente al inglés y al alemán debido a que revelaba por primera vez el secreto industrial español del «beneficio de patio» (amalgamación a gran escala).
- Joel Langelott: El mismo autor que leímos en las páginas previas de este volumen.
El impacto ecológico en Potosí: El pasaje describe una realidad histórica fascinante. En los primeros años de la colonización española de América (mediados del siglo XVI), la plata del Cerro Rico de Potosí se extraía mediante fundición en hornos nativos llamados huayras. Esto requería cantidades ingentes de leña y carbón vegetal, provocando una devastadora deforestación en la cordillera de los Andes («Mangel des Holzes», escasez de madera) que hacía brillar las montañas por las noches debido a los cientos de fuegos abiertos.
La Amalgamación como solución energética: Ante la crisis de combustible, la introducción del método de Bartolomé de Medina (basado en triturar el mineral con sal, magistral y mercurio a temperatura ambiente) salvó la industria colonial al no requerir calor de hornos. Rudolff explica que este modelo americano de «amalgamación en frío» fue imitado posteriormente por las grandes potencias mineras del Imperio Austríaco en Europa Central (Kremnitz y Schemnitz, hoy Eslovaquia), aplicándolo a los sedimentos auríferos de grandes ríos como el Danubio, el Sava o el Drava.
[5] La masa madre en la metalurgia primitiva: Rudolff menciona un detalle técnico arcaico fascinante: el uso de Sauer-Teige (masa madre o masa agria de panadería) en Kremnitz para procesar el oro. En los siglos XV y XVI, los mineros descubrieron de forma empírica que los ácidos orgánicos derivados de la fermentación de la masa ayudaban a limpiar la capa de óxido superficial de las partículas microscópicas de oro. Al quedar el metal «desnudado», el mercurio (Mercurio) podía adherirse a él mucho más rápido para formar la amalgama, un proceso rústico que antecedió al uso de reactivos industriales controlados.
Los términos mineros germanos:
- Schliche (Lamas/Arenas finas): Residuo mineral fino que resulta de triturar y lavar las menas con agua antes de la fundición o el beneficio químico.
- Letten (Gredas/Arcillas mineras): Capas de tierra arcillosa y húmeda que suelen acompañar a las vetas metálicas y que contienen oro libre atrapado de forma aluvial.
El Emperador Leopoldo I y los molinos de hierro: Se alude a Leopoldo I de Habsburgo (Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico entre 1658 y 1705). Bajo su mandato, los reinos de Hungría y Bohemia experimentaron una fuerte modernización técnica en la extracción de metales preciosos para financiar las costosas guerras contra el Imperio Otomano. La introducción de molinos de trituración y fricción hechos de fundición de hierro («von Eisen gegossen») supuso un salto de eficiencia brutal frente a los antiguos morteros de piedra o madera.
La geografía minera alemana: El autor cita dos de las regiones metalúrgicas e industriales más avanzadas del norte y centro de Europa:
- El Harz: Un macizo montañoso de Alemania Central célebre por sus minas de plata, cobre y plomo (como las de Rammelsberg), y por la altísima especialización de sus talleres metalúrgicos y fraguas hidráulicas («Hämmern am Harze»).
- Ober-Gebürge: El término hace referencia al Erzgebirge (Montes Metálicos), la gran cordillera que divide Sajonia de Bohemia y que fue la capital tecnológica de la minería europea durante todo el periodo barroco.
[6] El procesamiento de las escorias (Silber-Kräße): Los plateros y orfebres de la época utilizaban molinos a pequeña escala para moler las Kräße (o Krätze), que eran las limaduras, polvos de raspado y escorias acumuladas en los talleres. Rudolff aclara que sus grandes molinos mineros de hierro industriales eran mecánicamente muy superiores y distintos a estos dispositivos artesanales de taller urbano.
El caso de Johann Christian Orschall (c. 1657–c. 1689): El «Orschal» al que se refiere el texto es un personaje histórico real y muy célebre en la literatura metalúrgica barroca. Orschall comenzó efectivamente como un humilde ayudante en Dresde y se convirtió en un metalúrgico brillante, famoso por escribir tratados sobre la fundición del cobre y el vidrio de rubí artificial (utilizando oro). Tal como relata Rudolff con tono de censura moral, la vida de Orschall fue turbulenta: trabajó en las minas de Hesse, se vio envuelto en agrios pleitos políticos con la nobleza local y escándalos personales de bigamia/poligamia («Vielweiberey»), lo que lo obligó a huir a Polonia, donde se refugió en un monasterio antes de morir prematuramente.
El Valle de Plauen (Plauenscher Grund): Es un estrecho valle geológico situado a las afueras de Dresde, surcado por el río Weißeritz. Históricamente fue una zona de intensa actividad minera e industrial de donde se extraían carbón, minerales ricos y arcillas especiales utilizadas en los laboratorios de ensayo y fundiciones de la corte sajona.
El concepto de Horis successivis: Es una expresión en latín científico que significa «en horas sucesivas» o fragmentadas; es decir, en sus ratos libres o momentos de descanso tras cumplir con sus obligaciones oficiales principales como funcionario del Electorado de Sajonia. Esto demuestra que muchos de estos avances metalúrgicos se gestaban en laboratorios domésticos privados financiados por los propios investigadores.
[7] La materia prima de la amalgamación: El encabezado en latín (Materia circa quam versatur Amalgamatio) delimita el objeto de estudio. Rudolff vuelve a contrastar los dos grandes focos geográficos de la metalurgia química global: el modelo americano (virreinatos de España), volcado en la plata masiva de Potosí y los distritos mineros cercanos a Lima, frente al modelo centroeuropeo (los dominios de los Habsburgo), especializado en el oro aluvial lavado de las arenas de grandes cuencas fluviales.
Las digresiones históricas del Barroco: Es un rasgo sumamente característico de los tratados científicos de los siglos XVII y XVIII intercalar largas anécdotas políticas y morales. Al mencionar el río Tisza (Theiße) y su legendaria riqueza en pepitas de oro, Rudolff abre un paréntesis historiográfico para citar a un «autor francés». Esta obra es casi con certeza el célebre libro Histoire des favoris (Historia de los favoritos) de Pierre de Matte, un texto político muy leído en la época que analizaba la trágica caída de los hombres más poderosos de la historia.
Los personajes históricos citados: El autor traza una línea de paralelismo moral entre grandes validos caídos en desgracia a través de los siglos:
- Sejano: El astuto jefe de la guardia pretoriana de Roma, ejecutado tras conspirar contra el emperador Tiberio.
- El Mariscal de Biron (Charles de Gontaut): Célebre militar francés decapitado en 1602 por traición y conspiración contra el rey Enrique IV de Francia.
- Georg Setschy (Jorge Martinuzzi / «Fráter György», 1482–1551): El texto comete una ligera alteración gráfica en el apellido (Setschy por Utješenović / Martinuzzi). Fue un monje paulino que se convirtió en el verdadero hombre fuerte de Transilvania y Hungría Oriental, secretario de la reina Isabel Jagiellon. Maniobró políticamente de forma brillante y peligrosa entre el Imperio Otomano («el Gran Turco») y el Sacro Imperio Romano Germánico. El emperador Fernando I de Habsburgo le consiguió el capelo cardenalicio, pero al sospechar que Martinuzzi mantenía pactos secretos con los otomanos, ordenó su asesinato en el castillo de Alvinc en 1551.
[8] El asesinato del cardenal por el general Castaldo: El texto cierra la sangrienta anécdota de la página anterior. El general imperial Giovanni Battista Castaldo (1493–1563) fue enviado por Fernando I de Habsburgo para vigilar y, en última instancia, eliminar al cardenal Jorge Martinuzzi tras acusarlo de aliarse en secreto con Solimán el Magnífico. El asesinato se ejecutó a sangre fría en el castillo de Alvinc. Rudolff resalta que al confiscar los bienes del clérigo se hallaron 35 pepitas gigantescas extraídas del Tisza que sumaban 19 libras, un dato que usaban los metalúrgicos de la época para certificar la inmensa riqueza aluvial de la cuenca del Danubio.
La ruta del oro del Rin (Rheingold): El autor traza el mapa completo de la explotación del oro a lo largo del Rin desde su origen en los Alpes suizos (Coira, Maienfeld, Eglisau), pasando por la frontera franco-alemana (Basilea, Worms, Maguncia, Bonn) hasta su desembocadura en los Países Bajos (Dordrecht). Esta mención histórica confirma que el lavado de oro fluvial era un recurso constante en toda la Europa Central renacentista y barroca.
La ley del oro del Rin y los florines: Rudolff aporta una cifra técnica exacta: 18 quilates y 2 granos. En el antiguo sistema de ensayo germánico, el oro puro constaba de 24 quilates y cada quilate se dividía en 4 granos. Una ley de 18 quilates y 2 granos (aproximadamente un 77% de oro puro) era la aleación estándar fijada por las leyes monetarias del Sacro Imperio para la acuñación del Rheinischer Gulden (Florín renano), la moneda de intercambio comercial más estable de la región.
La metáfora de la «vaca de oro» y la geografía del Fichtelberg: El texto cita una obra literario-política de la época (Cartas interceptadas) que usaba de forma satírica o costumbrista el término de la «vaca de oro» del Rin para referirse a la inagotable fuente de ingresos que representaba el lavado de arenas para las arcas de los príncipes electores. De ahí pasa a mencionar los ríos que nacen en el macizo montañoso del Fichtelgebirge (Alemania Central), un área que durante siglos combinó leyendas de tesoros alquímicos con una industria minera pesada real muy próspera.
[9] La geografía del oro en el Elba: Rudolff completa su trilogía de los grandes ríos auríferos de Alemania detallando la cuenca del Elba y afluentes célebres como el Schwarza en Turingia. Traza la ruta comercial del oro fluvial siguiendo el curso del río desde Bohemia (Litoměřice) y cruzando los principales ducados sajones (Pirna, Torgau, Magdeburgo) hasta las proximidades del puerto de Hamburgo.
El «oro corpóreo» y la pérdida de mercurio: El autor define este oro como corporalisch und pur (físico, libre y nativo, no combinado químicamente dentro de filones de cuarzo complejos). Explica que la técnica tradicional de los lavadores de oro locales era muy rudimentaria («sehr rude»): concentraban las arenas pesadas (Gold-Schlich) y les añadían mercurio directamente para que amalgamara las pepitas microscópicas. Rudolff critica que en muchos de estos lavaderos artesanales el mercurio simplemente se volatilizaba al aire o se vertía al agua por falta de equipos de destilación adecuados («mit des letztern Verlust», con la pérdida de este último), lo que generaba ineficiencia económica y contaminación.
El gran dilema geológico del siglo XVIII (Diluvianismo frente a Generación Espontánea): Este párrafo expone perfectamente la encrucijada teórica de la ciencia premoderna antes de la geología moderna:
- La hipótesis diluviana o catastrofista: El oro procedía de los filones profundos de las montañas y fue arrancado mecánicamente por el impacto del Cataclismo Bíblico del Diluvio Universal (Sündfluth) y la erosión posterior de los ríos.
- La hipótesis alquímica/astrológica: Los metales no eran estáticos, sino que «crecían» y «maduraban» de forma orgánica en los lechos de los ríos gracias a una matriz mineral latente en el agua, la cual era fecundada y cocida por los rayos térmicos del Sol («Sonnen-Feuer»).
[10] La teoría de la regeneración de los metales: El pasaje alude a una creencia firmemente asentada en la química de la época: los metales tenían la capacidad de «crecer» de nuevo de forma orgánica. Becher afirmaba que si se dejaban reposar las arenas ya lavadas («ausgewaschene und hingeworffene Sand») durante un año, la matriz mineral de la tierra, preñada de las fuerzas del aire y el sol, volvía a «engendrar» partículas de oro libre. Rudolff adopta una postura científica prudente («suspendo mi modesto juicio»), pero no descarta el fenómeno.
El proyecto del oro de las dunas y el Trifolium Hollandicum: Se hace referencia a un famosísimo proyecto industrial y comercial que Becher propuso a los Estados Generales de Holanda (el gobierno de las Provincias Unidas). Becher afirmaba haber descubierto un método para extraer oro masivo de las arenas comunes de las dunas holandesas mediante vitrificación (fusión a altas temperaturas con fundentes para formar un vidrio del cual se precipitaba el metal). Publicó esta propuesta en su opúsculo Trifolium Hollandicum (El trébol holandés, 1679).
Oro corpóreo frente a potencial (Potentialiter): Rudolff explica que intentó replicar el experimento de Becher en Dresde en 1678, y llegó a una conclusión crucial para la metalurgia analítica: la arena de las dunas del mar no tiene oro libre metálico («kein corporalisch Gold»), sino que sus componentes contienen los elementos químicos necesarios para formarlo o liberarlo solo bajo condiciones extremas de fundición. Frente a esto, defiende su propio método: la amalgamación en frío aplicada a arenas de río que albergan menas «inmaduras» («unzeitigen Mineren»), un proceso que ya había certificado en sus dictámenes mineros oficiales de 1698 sobre los yacimientos de Oberwarth (Austria/Hungría).
[11] La sustitución de la fundición por amalgamación: Rudolff expone aquí el gran valor comercial de su método. Johann Joachim Becher proponía derretir toneladas de arena en grandes hornos (vitrificación) para extraer el oro, un proceso viable pero que consumía cantidades prohibitivas de leña. La genialidad de Rudolff consistió en sustituir la fundición por la amalgamación en frío, logrando capturar los metales valiosos usando mercurio directamente sobre los sedimentos molidos.
Diccionario de términos mineros y mineralógicos antiguos:
- Gold-Talcken: Falsos talcos o láminas minerales con brillos amarillentos que solían confundirse con el oro o que lo albergaban en proporciones microscópicas.
- Schirl (Schorl): Nombre tradicional germano para las turmalinas oscuras o negras, asociadas frecuentemente a las vetas de estaño y oro en las rocas graníticas.
- Eisermann (Hombre de hierro): Término minero antiguo de Sajonia para referirse a las variedades compactas de hematita o hierro especular (oligisto).
- Rösten (Calcinación): Proceso previo que consistía en calentar el mineral al fuego sin llegar a fundirlo, con el objetivo de eliminar el azufre, el arsénico y romper la dureza de la piedra para facilitar la molienda.
El «Hierro Embrionario» (embryonirten Eisen): Fiel a la teoría iatroquímica, Rudolff creía que los metales nobles (oro y plata) se gestaban en el interior de la tierra dentro de una matriz o «embrión» de hierro. Al pasar el imán («durch den Magnet berühret»), comprobaba que estas arenas de río contenían óxidos de hierro magnetizados que servían de nido al oro libre microscópico.
La crítica al ensayo por fuego (Feuer-Probe): El autor destaca que los métodos tradicionales de los ensayadores basados en fundir pequeñas muestras en crisoles (Feuer-Probe) a menudo daban un falso negativo («no contenían metal»), porque las partículas de oro aluvial eran tan sumamente finas que se volatilizaban o se perdían en las escorias. Su método químico lograba recuperar el oro que los ensayos tradicionales daban por inexistente.
[12] La crítica a los «sofistas»: Rudolff abre la página desmarcándose de la alquimia fraudulenta. En el argot técnico de la época, los «sofistas» eran los charlatanes que afirmaban poder transmutar metales mediante polvos o aditivos secretos («Particulier»). El autor defiende que su método es puramente físico-químico y honesto, basado en las leyes naturales de la materia.
El Mercurio como el «Metal Madre»: El encabezado latino (Materia per quam conficitur Amalgamatio) introduce el agente químico indispensable: el mercurio. Siguiendo la teoría de la Edad Media y del Renacimiento (la teoría del Azufre-Mercurio), se creía que el mercurio era la materia prima primordial, fluida e incorruptible a partir de la cual la naturaleza «engendraba» el resto de los metales en el interior de la tierra («derer übrigen Zeuges-Mutter aller»).
El concepto de Afinidad Química (Verwandnis): El autor describe de forma antropomórfica la propiedad física del mercurio de disolver y alearse con el oro y la plata diciendo que tiene un «grande y ferviente deseo» («grosses Verlangen») de unirse a los metales estables o fijos debido a su parentesco o afinidad natural.
La geografía mítica y real del mercurio en Europa: El texto lamenta la escasez de yacimientos de mercurio en territorio alemán y describe detalladamente la que fue una de las minas más ricas e importantes del mundo: Idrija (situada en la región histórica de Istria / Carniola, en la actual Eslovenia).
El río Hydra e Hydrargyrum: El autor hace una etimología popular muy curiosa y errónea de la época al asociar el nombre latino del mercurio (Hydrargyrum, que en realidad procede del griego hydor [agua] y argyros [plata], es decir, plata líquida) con el río Idrijca (Hydra).
Localización geopolítica: Describe con precisión la ubicación de las minas en los confines del Imperio de los Habsburgo: entre la República de Venecia, la célebre fortaleza renacentista en forma de estrella de Palmanova (Nova Palma) y el condado alpino de Gorizia (Göritz). Junto con las minas de Almadén en España, este complejo de Idrija abasteció de mercurio a toda la industria minera europea y americana durante siglos.
[13] El barón de Stampffer y las minas imperiales: El texto cita al barón von Stampffer (perteneciente a una célebre dinastía de ingenieros y administradores mineros austriacos), quien gestionaba para los Habsburgo las rentas de Idrija. El mercurio se medía en Centner (quintales germanos, equivalentes a unos 50 kg actuales).
El monopolio financiero de la viuda y el préstamo al Emperador: El fragmento describe un mecanismo financiero clásico del Barroco. Para costear sus guerras, el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico pedía préstamos masivos a grandes familias de banqueros y comerciantes (en este caso, a una influyente viuda de la alta burguesía comercial). A cambio de un colosal adelanto de 2 millones de florines, la Corona le otorgaba el monopolio absoluto de la distribución del mercurio europeo, desplazando a los centros tradicionales de Hamburgo y Breslavia. Las redes comerciales de la viuda estaban centralizadas en Ámsterdam, la capital financiera y de distribución de materias primas del siglo XVII y XVIII.
El profesor Kirchmayer y los personajes diplomáticos:
- Monsieur Schade: Diplomático y enviado de las Provincias Unidas de los Países Bajos (Holanda) ante la corte de Dresde (donde el Elector de Sajonia era simultáneamente rey de Polonia).
- Georg Kaspar Kirchmayer (1635–1700): Célebre profesor e intelectual de la Universidad de Wittenberg. Fue un erudito muy polifacético que escribió sobre retórica, zoología y química. El autor utiliza la fórmula piadosa germana seel. (selig, «el difunto/que en gloria esté»), indicando que Kirchmayer ya había fallecido cuando se editó el texto.
La fabricación de mercurio a partir de plomo: El pasaje desvela un secreto de laboratorio sumamente codiciado. La viuda de Ámsterdam estaba tan interesada en romper el monopolio minero tradicional que ofreció una fortuna legendaria (una «tonelada de oro», término de la época para referirse a una suma fija de 100.000 florines) a cualquiera que lograra producir industrialmente mercurio artificial a partir de plomo. El plomo (Bley) y el mercurio están muy próximos en densidad y propiedades; por ello, los iatroquímicos experimentales (incluido el propio Rudolff en sus demostraciones domésticas ante Kirchmayer) ensayaban métodos de transmutación o alteración de metales base mediante aditivos alcalinos.
La demanda global por la amalgamación: El propio Rudolff concluye con un análisis económico de mercado impecable: el precio y el ansia internacional por conseguir mercurio en los puertos como Ámsterdam no se debía a fantasías místicas, sino a la altísima demanda industrial real originada por la adopción masiva de la amalgamación en los distritos mineros de todo el mundo.
[14] La fluctuación de precios y los Taleros (Thaler): El texto aporta datos económicos precisos sobre la inflación del mercado químico barroco. Debido al acaparamiento comercial de la viuda de Ámsterdam y a la explosión de la demanda minera, el quintal de mercurio (unos 50 kg) triplicó su valor de 100 a 300 taleros. El talero de plata era la moneda fuerte de los estados alemanes. Rudolff aclara que el mercado se estabilizó después a 1.5 taleros la libra, permitiendo que la amalgamación siguiera siendo más rentable que el gasto en carbón y madera de los hornos de fundición («Schmelzen»).
La ignorancia sobre el Cinabrio (Cinober): El autor lanza una dura crítica a la falta de formación de los mineros tradicionales («der tausende Bergmann», el minero común entre mil) de las ricas regiones sajonas y bávaras (Meissen, Vogtland, Bayreuth). El cinabrio (sulfuro de mercurio, HgS) se presenta en la naturaleza como una llamativa piedra o tierra de color rojo bermellón intenso. Rudolff se queja de que los mineros locales descartaban estas «tierras rojas» por pura ignorancia, sin saber que contenían el valiosísimo mercurio, e insta a los príncipes a conceder Freyheiten (privilegios fiscales o derechos de explotación libres de impuestos) a los buscadores que lograran localizar nuevos yacimientos nativos.
Los informantes oficiales (Bielig y Lichtwer): Para demostrar que sus datos sobre las minas imperiales de Istria (Idrija) son fidedignos, Rudolff cita a dos autoridades que examinaron los minerales de primera mano:
- El señor Bielig: Identificado finalmente por su apellido, es el maestro de forja y tratante de metales que viajaba de Venecia a Viena y que validó los molinos de hierro en la página 413.
- El señor Lichtwer: Alto funcionario de la Corona (Berg-Secretarius o Secretario de Minas de la corte de Dresde). Los secretarios de minas realizaban auténticos viajes de espionaje industrial y misiones diplomáticas por las potencias mineras aliadas o rivales (Escandinavia, el Imperio Austríaco, las fronteras italianas) para recolectar Stuffen (término minero alemán para muestras o especímenes de minerales cristalizados de alta calidad) y estudiar los avances tecnológicos extranjeros.
[15] Clasificación de las menas de mercurio en el siglo XVIII: Rudolff ofrece un catálogo empírico muy preciso de cómo se presenta el mercurio en la naturaleza:
- Clase 1 (Cinabrio cristalino): Reconoce su procedencia global, citando las minas de Hungría, Transilvania y los yacimientos de Huancavelica en el Perú (esencial para el beneficio de la plata de Potosí).
- Clase 2 (Cinabrio masivo/rico): Describe un mineral oscuro y pesado que revela su verdadera naturaleza al hacer la prueba de la raya («angetrieben, röthlich wird»), desprendiendo el característico polvo bermellón.
- Clase 3 (Mercurio nativo en pizarra): Un fenómeno real en Idrija, donde la roca matriz (pizarra bituminosa) es tan rica en mercurio líquido elemental atrapado en sus poros que exuda gotas puras al fracturarse o presionarse.
- Clase 4 (Amalgamas o calomelanos en arcilla): Gotas de mercurio nativo dispersas en matriz arcillosa que brillan como pequeñas perlas minerales.
Christophe Glaser (c. 1615–c. 1672): El «GLASER» citado es el célebre farmacéutico y químico suizo-francés, demostrador de química en el Jardin du Roi de París y autor del influyente manual Traité de la Chymie (1663). Rudolff traduce e introduce una cita directa de Glaser para respaldar su descripción de los yacimientos centroeuropeos.
Geografía histórica centroeuropea: La cita de Glaser describe la ruta minera balcánica de los Habsburgo:
- Goritz (Gorizia): Calificada como ciudad «esclava» (Sclavonischen), un término de la época germana para referirse a las poblaciones de habla o influencia eslava (eslovena).
- Lubiana (Liubliana): La actual capital de Eslovenia.
- Crainten (Carniola / Krain): El antiguo ducado alpino del Imperio Austríaco.
Rendimiento metalúrgico excepcional: Glaser (y por extensión Rudolff) destaca la extraordinaria riqueza de estas tierras grises: 12 libras de mineral rinden más de 4 libras de mercurio metálico puro mediante destilación por retorta de hierro. Esto equivale a un rendimiento superior al 33%, una ley de mineral asombrosamente alta para la época.
[16] El concepto de Mercurius Virgineus (Mercurio Virgen): En la minería antigua, se denominaba «mercurio virgen» o Jungfer-Quecksilber al metal que aparecía en estado líquido nativo, puro y brillante en las grietas de las rocas, sin necesidad de someter el mineral a un proceso previo de tostado en hornos. Debido a su pureza inmediata, los alquimistas y médicos le atribuían propiedades medicinales y energéticas «maravillosas» superiores al mercurio destilado artificialmente.
La teoría del «Calor Central» de la Tierra: El texto menciona que este mercurio líquido es expulsado a la superficie por la Centralischen Wärme. Esto nos conecta con las teorías geológicas del siglo XVII y XVIII (muy defendidas por autores como Athanasius Kircher en su Mundus Subterraneus), que concebían el interior del planeta como un gigantesco horno central o pyrophylacium. Se creía que el calor subterráneo vaporizaba los metales y los empujaba hacia la corteza, donde se condensaban al enfriarse.
El fenómeno estacional de las raíces y el mes de septiembre: La afirmación de que el mercurio brotaba en las raíces de los árboles de Silesia solo en septiembre responde a observaciones climáticas de los mineros. Al final del verano, las lluvias abundantes y los cambios de presión en terrenos permeables ricos en mercurio nativo hacían que el metal pesado fuera lavado del subsuelo y se acumulara visiblemente en los huecos y raíces superficiales de los bosques.
La química del Cinabrio y el Hierro: Rudolff demuestra un conocimiento metalúrgico impecable en el penúltimo párrafo. El cinabrio es químicamente sulfuro de mercurio (HgS). El autor explica que el mineral de Bohemia contiene trazas de hierro de forma natural; desde el punto de vista químico, el hierro actúa como un agente reductor que posee mayor afinidad por el azufre que el propio mercurio. Al calentar la mezcla («wann er durch das Feuer darzu gebracht wird»), el hierro atrapa el azufre (el Coagulatore), permitiendo que el mercurio se libere de forma gaseosa y pura para ser condensado fácilmente.
La Böhmische Land-Tafel de Praga: El texto se interrumpe aludiendo a un registro judicial e institucional de gran importancia: las Tabulae Terrae o libros catastrales y de registro de la nobleza en el Reino de Bohemia. Cualquier descubrimiento importante de oro u otros metales regulados por las regalías mineras de la Corona debía ser registrado formalmente ante este tribunal en Praga.
[17] Proteccionismo minero en Bohemia: El texto abre detallando la resolución del tribunal de Praga. En el siglo XVII y XVIII, las leyes mineras (Bergordnungen) del Reino de Bohemia eran sumamente proteccionistas. La Corona prohibía de forma estricta que «extranjeros» (Fremde) explotaran los yacimientos locales, buscando salvaguardar las regalías y la riqueza metalúrgica de la región (el «distrito de dos reinos», en alusión a las fronteras entre Bohemia y Sajonia).
La leyenda de los «Valones» y los «Hechizos» mineros: Rudolff recoge un mito folclórico muy arraigado en los Montes Metálicos de Alemania central. Los mineros locales llamaban de forma genérica Wallonen o Welschen a los prospectores extranjeros calificados (procedentes del Flandes francófono, Valonia o el norte de Italia) que recorrían secretamente los bosques buscando vetas ricas de oro o plata. Al poseer conocimientos geológicos superiores, encontraban las mejores menas y sabían cómo tratarlas. Cuando los mineros locales intentaban fundir el mineral remanente de esas mismas minas y fracasaban por motivos químicos (presencia de arsénico, azufre o refractariedad), lo atribuían de forma supersticiosa a un «hechizo de atadura» (verbannet) lanzado por los extranjeros para que la piedra no entregara su metal al fuego.
El Mercurio como escudo apotropaico: El pasaje ilustra de forma magnífica la transición del pensamiento mágico a la química científica. El autor recurre a una justificación mixta:
- Por un lado, una explicación técnica real: los valones no pudieron sabotear la amalgamación porque era un método químico en frío que ellos no usaban.
- Por otro lado, apela a una creencia médica y alquímica medieval según la cual el mercurio, por ser un metal fluido, volátil y «vivo», poseía virtudes protectoras contra la brujería, los demonios y las incantationes Diabolicas. Los médicos barrocos aún recetaban llevar amuletos de mercurio o ungüentos a base de este metal para repeler males espirituales y contagios.
Adelanto del mineral de Zwickau: Rudolff cierra el párrafo anunciando que en la sección de aplicaciones prácticas del libro demostrará cómo la amalgamación logró resolver y extraer metales valiosos de las complejas y rebeldes menas complejas de Zwickau (una gran ciudad minera e industrial de Sajonia), allí donde los metalúrgicos tradicionales creían que las rocas estaban embrujadas.
[18] Las Aguas de Amalgamar (Anquick-Wasser): El encabezado latino (MEDIA ad hunc Finem ducentia) introduce las sustancias químicas intermedias necesarias para el proceso. El mercurio por sí solo a veces no puede alearse con el oro si las partículas metálicas están recubiertas de suciedad, óxidos o grasas. Las «aguas de amalgamar» eran soluciones ácidas o alcalinas preparadas en el laboratorio para limpiar químicamente la superficie de los metales, facilitando el contacto físico inmediato con el mercurio.
El Tártaro como el «Emperador» de los reactivos: Rudolff eleva al Tartarus (bitartrato de potasio o crémor tártaro) a la categoría suprema de Imperator de la química metalúrgica. Destaca su asombrosa versatilidad tanto para la metalurgia de alta temperatura o vía seca (donde actuaba como un excelente fundente y reductor en los crisoles de fundición) como para la vía húmeda (la química de soluciones y precipitados), logrando disociar finamente el oro de la plata.
Las Aguas de Cementación (Cæment-Wasser): Hace referencia a un fenómeno hidrogeológico y minero real muy aprovechado en la época barroca. En las minas de cobre y hierro de Hungría y Suecia (como las famosas minas de Falun), el agua de filtración de las galerías subterráneas disolvía los sulfatos de cobre de las rocas, convirtiéndose en un «agua vitriólica verde» altamente ácida y cargada de iones metálicos. Los mineros descubrieron que al hacer pasar esta agua sobre chatarra de hierro viejo, el cobre se precipitaba de forma natural en estado puro (un proceso de sustitución galvánica que llamaban «cementación»). Rudolff recomienda usar estas aguas ácidas residuales de las minas como un reactivo económico y sumamente eficaz para limpiar las lamas de mineral antes de añadir el mercurio.
[19] La optimización por ensayo y error (Per errorem): Rudolff utiliza esta expresión en latín para admitir con honestidad científica que sus molinos industriales de hierro no nacieron perfectos, sino que requirieron años de correcciones basadas en los fallos operativos. Destaca las fundiciones de Ilsenburg (en el Harz), un centro metalúrgico de vanguardia mundial en el siglo XVII y XVIII gracias a la excelente calidad de su hierro colado. El autor presume de que sus planos («Abrisse») simplifican tanto la ingeniería que cualquier técnico puede aprender a fabricar el molino en un solo día.
La automatización mediante energía hidráulica: El punto 3 describe un sistema de engranajes y árboles de transmisión centrales capaces de mover baterías enteras de 4, 8 o 12 molinos de amalgamación simultáneamente. Al conectarse a una rueda hidráulica de río («durch das Wasser… treibet»), la planta minera alcanzaba una escala de producción masiva e industrializada («compendieuse»), minimizando el costoso uso de mano de obra humana.
El término alquímico Figiret (Fijación): En la metalurgia iatroquímica, los hornos de calcinación (Röst-Oefen) no solo servían para eliminar impurezas volátiles como el arsénico o el azufre mediante el fuego de la llama («Flammen-Feuer»). Se creía que el calor suave lograba «fijar» (figiret, del latín figere) las sustancias espasmódicas o volátiles de la piedra, convirtiéndolas en metales fijos, estables y aptos para ser atrapados por el mercurio.
David Kellner y Johann Gottfried Zumpe:
- David Kellner: Fue un célebre médico, químico y ensayador de metales de Nordhausen, autor de numerosos manuales de metalurgia práctica muy populares en el entorno minero alemán a finales del siglo XVII.
- Johann Gottfried Zumpe: Destacado maestro metalúrgico y funcionario de fundiciones de Sajonia que, junto al ya mencionado Orschall (página 414), aplicó y expandió los métodos de ensayo descritos por Kellner. Rudolff cita estos tratados contemporáneos para convalidar que la tecnología de sus hornos está alineada con los mayores expertos del sector.
[20] El recelo por los secretos de laboratorio: Rudolff expresa un vívido testimonio del antiguo celo profesional barroco al quejarse de que un antiguo manuscrito técnico que él guardaba bajo llave haya sido impreso y revelado al público («con cierto desagrado debo ver publicado»). El texto liga el origen de estos documentos a la época del Elector Augusto de Sajonia (1526–1586), un monarca apasionado por la alquimia práctica y la metalurgia, quien llegó a construir laboratorios gigantescos en su palacio de Dresde («Laboratorium Chymicum») atendidos por él mismo y su esposa.
Johann Rudolf Glauber (1604–1670) y sus hornos: Se cita al célebre químico e ingeniero alemán Glauber (descubridor del sulfato de sodio o «sal de Glauber»). Su obra maestra, Furni Novi Philosophici (Ámsterdam, 1646-1650), traducida aquí al latín como Libris Furnorum, revolucionó la metalurgia europea al enseñar por primera vez a construir hornos de reverbero experimentales de tiro forzado sumamente eficientes. Rudolff utiliza una magnífica metáfora culinaria: saber diseñar un horno de calcinación en minería es algo tan básico e intuitivo como el que un panadero sepa fabricar un horno para cocer su masa de pan.
La destilación del amalgama (Ohne Abgang): El punto 5 describe la fase de cierre del beneficio minero. Una vez que el mercurio líquido ha «atrapado» el oro y la plata en los molinos formando una pasta densa (el amalgama), se requiere separar los metales. Para ello se introducía la pasta en una retorta cerrada de hierro o arcilla refractaria y se calentaba. El mercurio se evaporaba, pasaba por el cuello del recipiente («im herüber ziehen») y se condensaba en un receptor con agua fría para ser reutilizado. El oro y la plata, al no ser volátiles, quedaban depositados en el fondo en forma de esponja metálica pura.
La eficiencia del instrumental: Rudolff enfatiza que el diseño de sus retortas garantiza una operación ohne Abgang (sin mermas ni pérdidas de vapor de mercurio), un factor crucial tanto para la rentabilidad económica del taller como para prevenir el gravísimo hidrargirismo (envenenamiento por mercurio) de los operarios.
[21] La viabilidad económica del proyecto minero: Rudolff dedica las conclusiones de su introducción teórica a un riguroso análisis financiero del negocio minero. Sostiene que la inversión inicial de capital («das zum Unkosten erforderte Capital») se recupera por completo durante el primer año de operaciones gracias a la enorme eficiencia extractiva del oro y la plata mediante el mercurio. El término Ausbeute era el concepto técnico legal en la minería alemana para referirse al dividendo neto o beneficio limpio que se repartía trimestralmente entre los accionistas de la mina (Gewerken).
El balance de costos y subproductos: El autor diseña una ecuación de costos muy inteligente para tranquilizar a los inversores:
- El Cobre como amortizador: Las menas fluviales solían ser complejas y contener cobre. Rudolff prefiere no contabilizar este metal base como ganancia neta, sino destinar su valor de venta exclusivamente a cubrir las tasas de refinación y separación («Scheide-Kosten») en la casa de la moneda.
- El Mercurio como activo fijo: El mercurio era, con diferencia, el reactivo más caro de adquirir en el mercado de Ámsterdam (como se vio en la página 422). No obstante, el autor insiste en que, gracias a sus retortas herméticas (página 428), el metal líquido no se gasta ni se consume en la reacción, sino que «se conserva casi en su totalidad». Por tanto, el mercurio pasa a formar parte del inventario físico duradero de la planta minera («pro Inventario»), convirtiéndose en un activo fijo reutilizable junto a la maquinaria hidráulica y los molinos de hierro.
El rendimiento de la Minera Oberwartensi: El autor alude a las menas de Oberwarth (hoy la región de Oberwart en Burgenland, en la frontera histórico-minera entre Austria y Hungría). El fragmento final introduce las proporciones analíticas de los ensayos metalúrgicos previos del laboratorio de Rudolff. Los números de partes denotan la ley o el «ensayo de quilates» del complejo mineral del este del Imperio de los Habsburgo, sirviendo como preámbulo directo al apéndice práctico del libro.
[22] Cierre de la sección técnica: El autor pone punto final a la parte teórica del beneficio del mineral de Oberwarth confirmando que los datos experimentales fueron verificados y procesados en los laboratorios de Dresde («pe Dresden-diffitæ», usando una fórmula latinizada para indicar la dispersión o el análisis de las muestras en la capital sajona). Declara además de forma pragmática que prefiere ceñirse al rendimiento económico y metalúrgico del invento, dejando a un lado las disputas teóricas sobre las aplicaciones farmacéuticas (Medicos) o las propiedades físicas abstractas (Mechanicos) del mercurio.
La alegoría alquímica de Michael Maier: Rudolff cierra su prefacio recurriendo nuevamente a una bellísima cita en latín del médico y místico Michael Maier (1568–1622). El poema utiliza el lenguaje codificado y antropomórfico propio de la alquimia clásica:
El Mercurio como «Madre»: Se retoma la teoría metalogénica de que el oro nace en la tierra a partir de una matriz mercúrica.
El Oro como «Hijo errante»: El oro nativo microscópico disperso en las arenas de los ríos o mezclado con rocas extrañas («per aliena Elementa & Aquas») es visto como un hijo perdido. La amalgamación con mercurio líquido es, poéticamente, el regreso de este hijo al «seno materno» («in gremium suum recipit»), donde el mercurio purifica y ordena la estructura del metal precioso.
La advertencia final a los profanos: El dístico latino final («Solvere qui nescit…») actúa como un aviso de seguridad y un reproche hacia los intrusos o falsos operarios: aquel que carezca de los conocimientos científicos y teóricos necesarios para disolver (solvere) o refinar (subtiliare) adecuadamente los metales complejos, hará mejor en no manipular la materia física (Corpus) ni desperdiciar el costoso mercurio.
Johann Seger Weidenfeld: 7. El Aqua Vitæ de Paracelsus
Pag. 115. Chyr. Min. Tome de las aguas de melisa, rosas, alhelí, salvia, bálsamo, una…
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Joel. Langelotts, Send-Schreiben von der Chymie; samt der Philosophischen Mühle in Kupffer gestochen. Deutsches Theatrum…
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