Send-Schreiben von der Vortrefflichkeit der Chymischen Schrifften Petri Joh. Fabri. Deutsches theatrum Chemicum, volumen II, 551-566.

Presentación.
Todo, o casi todo, está dicho sobre Pierre-Jean Fabre (1588-1650) y poco más podemoa aportar a lo existente. Fabrefue un médico y alquimista oriundo de Castelnaudary. Publicó numerosas obras de medicina bajo su nombre latino de Petri Johannis Fabry. Está considerado como el mejor especialista de la peste de su época y como médico del rey Luis XIII. Afirmaba haber transformado plomo en plata. Sensibilizado con las ideas del alquimista Paracelso (1493-1541), tomó partido a favor del uso medicinal del antimonio en una auténtica guerra que enfrentó a partidarios y detractores de este violento purgante[1]. En 1615, se doctoró en medicina y abrió su consulta en Castelnaudary. Ejerció la medicina según los principios espagíricos, es decir, alquímicos, inspirados en la obra de Paracelso. Vamos seguidamente sólo a resaltar algunos de los hechos más notables de su vida.
1622. Fabre junto al lecho del Rey, en Castelnaudary
Nos encontramos en 1622. Tras haber sitiado Montauban, el joven rey Luis XIII marcha a la cabeza de su ejército, firmemente decidido a restablecer la autoridad real y el culto católico en todo el reino. Viene a desalojar a los hugonotes que controlan varias localidades del Lauragais.
En julio de 1622, en Toulouse, Su Majestad se encuentra en mal estado, a tenor de lo que relata Jean Héroard, el primer médico del rey, quien anota en su diario: «El día 4, lunes. Despierto a las tres y media de la madrugada, se queja, gritando y diciéndome que había tenido frío estando acostado en la cama, y que había dormido muy poco, con los ojos calientes y la cabeza pesada. Levantado, pálido, se siente débil y fatigado; vestido, calzado con botas, rezó a Dios, desayunó a las cuatro. Parte de Toulouse y llega a las diez y media a Villefranche de Lauraguais; a las once y media se vuelve a quejar de las mismas cosas que había hecho aquí arriba; come a pesar de todo. Va después a su habitación, a su gabinete; como su cama no había llegado, se tumba completamente vestido sobre un jergón que le habían preparado con paja fresca». Al amanecer, Luis XIII retoma la ruta hacia Castelnaudary con más de seiscientos carros cargados de munición de guerra y diez mil hombres que van a acampar en Castelnaudary.
Los cónsules de Castelnaudary reciben al soberano en la Capelette. Se trata de la capilla situada en el cruce de la carretera de Revel y la de Toulouse, que hoy en día hace las veces de panadería. Jean Héroard relata: «El día 5, martes. Llega a Castelnaudary, tras haber escuchado las arengas de los magistrados en el suburbio. Entrada a las once». El Rey de Francia se queja de unos dolores de vientre espantosos. Los cuidados que le prodiga su primer médico resultan ineficaces. El Rey manda llamar entonces a su lecho a los tres médicos de la ciudad: Clément Guilhermy, Jean Ferrand y Pierre-Jean Fabre. Tras auscultar al rey, Fabre diagnostica «una disentería perniciosa». El rey queda impresionado por su ciencia.
En Castelnaudary, el soberano, aun estando encamado, continúa gobernando. Fabre tiene todos los derechos. Le relata al rey que un caballero hugonote llamado Marc de Gaillard merodea por la región, despoja de sus bienes a los mercaderes en los caminos cerca de Castelnaudary y no duda en quitarles la vida. Fabre, que había tenido la oportunidad de tratar a dicho personaje, se queja amargamente de no haber cobrado. Luis XIII ordena al mariscal Bassompierre aplastar el Mas Saintes-Puelles, bastión hugonote «que se hace llamar ciudad, pero que no es más que un pueblo grande». Bassompierre hace derribar murallas y campanario a cañonazos y prende fuego a las casas que quedan en pie.
Fabre se esmeró en aliviar el dolor de vientre del rey y lo consiguió. Tanto es así que el jueves 14 de julio, sintiéndose un poco mejor, Luis XIII abandonó la ciudad de Castelnaudary a la cabeza de la «armada real». Continuó su marcha hacia Carcasona. Luis XIII se llevó a Fabre a la Corte y le concedió el codiciado cargo de Médico del Rey. Sin embargo, el esculapio chauriano (de Castelnaudary), salido de su provincia, no era hombre dado a complacerse entre cortesanos, sobre todo porque Jean Héroard y los demás colegas le tenían envidia y no dejaban de señalar doctamente que sus tratamientos tenían tanto efecto sobre el mal que padecía el rey como un síncope en una pierna de madera (un brindis al sol). Sintiendo soplar los vientos de la desgracia, Fabre regresó rápidamente a su consulta en Castelnaudary. Como es natural, fue al Rey a quien Pierre-Jean Fabre dedicaría su primera obra, el Palladium Spagyricum, un tratado médico contra la peste que hizo imprimir en Toulouse en 1624[2].
Hoy se sabe que el buen doctor Fabre tenía pocas posibilidades de curar a su real paciente. Este sufría una enfermedad intestinal grave, una dolencia que evolucionaba mediante crisis agudas de dolor de vientre alternadas con fases de remisión. Podría tratarse de la enfermedad de Crohn (que no fue descrita hasta 1932), a tenor del informe de la autopsia practicada al soberano en 1643: «Hemos encontrado […] los intestinos delgados desmesuradamente hinchados y de color pálido, nadando en una cantidad de serosidades sanguinolentas y purulentas, […] una úlcera ha vertido su materia purulenta, la cual se hallaba acumulada en todo el vientre, en la que nadaban los intestinos en cantidad de más de una chopina (aproximadamente medio litro)». El rey volvería a pasar por Castelnaudary tras la famosa batalla de 1632, es decir, diez años más tarde. Mientras tanto, la enfermedad y, tal vez, las pociones que le hacía tomar su médico Héroard, le habrían hecho perder todo el cabello. Luis XIII regresó a Castelnaudary tocado con una peluca. Le sentaba tan perfectamente que todos los caballeros de la Corte quisieron también llevar una peluca. La moda había comenzado.
1627. Cómo Fabre transforma el plomo en plata
La notoriedad de Pierre-Jean Fabre se vuelve inmensa el día en que realiza ante testigos el sueño de todos los alquimistas: una transmutación. En el Alchymista Christianus[3], relata la experiencia:
“El año del Señor de 1627, en Castelnaudary, el 22 de julio, día de la festividad de santa Magdalena, experimenté la virtud de esta famosa sal física, en presencia y con la ayuda de varias personas dignas de confianza. El reverendo Padre Anacleto y el venerable Padre Adriano, muy devotos religiosos de la orden de los Capuchinos, se encontraban allí, así como el señor de Sérignol, magistrado lleno de equidad, teniente presidencial en la senescalía de Lauragais, encargado de las investigaciones judiciales. En gran secreto, este último me asistió en casi todas las operaciones. Él mismo manejaba los fuelles y avivaba el fuego para que, en una experiencia tan rara, tan inaudita, tan increíble de transmutación metálica, no se pudiera concebir la menor sospecha de fraude. Medio grano de polvo de esta sal admirable, en el espacio de media hora, transformó una onza entera de mercurio (vif-argent) en plata absolutamente pura, mucho más limpia y brillante que la plata ordinaria. Este grano, recogido y pesado con cuidado, se reveló no solo más rojo, sino también más grande y pesado de lo que era primitivamente. Su potencia no se había agotado en absoluto en la primera transmutación de una onza de mercurio: todavía le quedaba algo y, gracias a ella, una dracma de plomo fue cambiada en plata pura y verdadera, en una última experiencia controlada”.[4]

Pierre-Jean Fabre cree haber logrado una transmutación, pero no hay ningún motivo para clamar al milagro. Lo que Fabre parece ignorar es que el mineral de plomo que utiliza contiene sin duda, en estado natural, plata. Se trata sencillamente de plomo argentífero procedente de una mina conocida desde la Antigüedad, situada a pocas leguas de Castelnaudary. «Hay una mina de plomo que parece bastante rica en plata» en La Loubatière, cerca de Salsigne, en la Montaña Negra, anotaba en 1777 el señor de Gensanne, comisario de los Estados del Languedoc[5]. En conclusión, Pierre-Jean Fabre cree, de buena fe, haber logrado una transmutación, pero muchas cosas se le escapan.

1628. El valor de Pierre-Jean Fabre, médico de la peste
En Castelnaudary, este 18 de diciembre de 1628, los cónsules de la ciudad están desesperados. La población muere en masa a causa de la peste. Los cadáveres son evacuados a carretadas por la puerta de la Baffe, abierta especialmente para su paso. La Iglesia invita a elevar oraciones ante lo que considera un castigo de Dios. Los cónsules mandan decir misas todos los días en la colegiata. Deciden hacer encender diez cirios de cera blanca, «de una libra y media de peso», ante el altar de san Roque y asistir ellos mismos a una misa, al término de la cual «harán un voto a Dios, para hacer cesar la epidemia, de ir, en cuanto los caminos estén libres y la enfermedad haya cesado, a visitar la capilla de Notre-Dame de Garaison cerca de Monléon-Magnoac, en Bigorra, y ofrecer a la misma una lámpara de plata que se mandará hacer a expensas del erario público, por un precio de trescientas libras». Y es que, por aquel entonces, se decía que allí se producían curaciones milagrosas desde que la Virgen se le apareció a una pastora. Garaison significa curación en gascón. Se celebra una misa cantada y tiene lugar una procesión del Santísimo Sacramento por toda la ciudad, a riesgo de propagar aún más el contagio.
La comuna de Castelnaudary también confía en la ciencia. Concede 75 libras mensuales de salario a los médicos Pierre-Jean Fabre y Guilhermy, «con la condición de acudir gratis tres veces por semana a Saint-Roch». Es, en efecto, en Saint-Roch, a las afueras de la ciudad, donde los «infectados» son recluidos en cuarentena. El cirujano que ejerce allí ya está enfermo. Se ordena encender hogueras con enebro cerca de los fosos y ante las puertas. Fabre y sus colegas médicos creen proteger así a la ciudad del «veneno pestilente». Él mismo lleva la máscara de cuervo en cuyo interior hace quemar romero y otras plantas aromáticas. En realidad, aunque él lo ignora, lo que lo protege no es su máscara, sino el largo abrigo de cuero que lo preserva de las picaduras de pulga. En aquella época se desconoce el papel de las ratas y las pulgas en la propagación de la peste.
En 1629, el maestro Valette, notario de Castelnaudary, tras haber recibido cerca de cincuenta testamentos de apestados o de sus familias, se asusta y huye a Laurabuc. Pierre-Jean Fabre, por su parte, se muestra especialmente valiente. Encargado por los cónsules de atajar la plaga, lo logra con tanto éxito que la ciudad le imprime su Tratado sobre la peste, el cual lo hará famoso.
La fama europea del médico de Castelnaudary
El alquimista chauriano continuará sus experimentos mucho (especialmente en una cuestión que para él era algo clave: volatilizar la sal y el Alkahest), después de 1627. Y Fabre afirma, en el capítulo XXX de su Manuscriptum ad Fridericum:
“Y aquel que en la preparación de esta sal y de su espíritu no haya trabajado mucho, no llegará fácilmente a este secreto [arcano], que es el misterio supremo de toda la naturaleza metálica, sumamente tedioso por su trabajo y sudor. Pues mucho se debe sudar o trabajar para perfeccionarlo. Pero el Liquor Alkahest compuesto es aún más laborioso de realizar y mucho más difícil de preparar: pues se compone del ácido de los minerales y de la sal pura de los animales y vegetales. Por lo cual, si algún alquimista no trabajara denodadamente en obtener las sales volátiles de estos y en purificarlas, jamás llegará a este arcano nuestro”.[6]

¿Quiere decirnos con esto que encontró la piedra filosofal, la cual se supone que permite fabricar oro? En absoluto y, bien al contrario, declara en una carta del 24 de octubre de 1642 a propósito del oro: «Si tuviera algo a mano, se lo ofrecería con gusto, pero, no sé por qué ley de un oscuro destino, estos misterios de la naturaleza me han sido negados hasta ahora». En 1636 Pierre-Jean Fabre publica en París otra obra que será una que le consolide la fama que ya tenía: «El compendio de los secretos químicos, donde se ve la naturaleza de los animales, vegetales y minerales enteramente descubiertos: con las virtudes y propiedades de los principios que componen y conservan su ser; y un Tratado de Medicina General»[7]. Fabre viaja mucho. Visita Alemania y permanece en Fráncfort. En 1650, su reputación ha cruzado las fronteras y sus numerosas obras son traducidas y publicadas en el extranjero. Se le hace llamar a Barcelona para organizar la lucha contra la peste que asola la capital catalana. Gozando de una excelente posición económica, Fabre adquiere el cargo de consejero del Rey y se convierte en cónsul de Castelnaudary. Posee la finca de Fabry, en los límites de Castelnaudary, donde aún hoy se puede ver una inscripción enigmática grabada sobre la puerta que hace referencia a la alquimia.
Tras haberse hecho olvidar durante una veintena de años, la «enfermedad contagiosa» golpeó de nuevo al Lauragais en 1652. En 1654, con su salud en declive, Fabre donó 1100 libras a los Cordeleros del convento de San Francisco para que celebraran cada día de su vida una misa rezada (messe basse) del Espíritu Santo y, tras su muerte, una misa de Réquiem. Legó a la colegiata de San Miguel de Castelnaudary su rica biblioteca, así como ocho piezas de tapicería. Pierre-Jean Fabre murió en 1658. Fue sepultado en la capilla de los Penitentes Blancos de la ciudad.
Epístola [Carta Misiva]
a un buen amigo,
sobre la excelencia
de los escritos químicos
o, más bien,
FILOSÓFICOS
del celebérrimo
PIERRE-JEAN FABRE.
En la cual se imparte, al mismo tiempo, una instrucción suficiente para la transmutación o transformación de los metales, así como sobre el modo de elaborar la Piedra Filosofal conforme a las enseñanzas de Fabre; comunicada como una notificación benévola.
Ahora bien, incorporada a la presente obra por Friederich Roth-Scholz, de Herrenstadt, Silesia.
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Nüremberg,
editado por Adam Jonathan Felsecker.
Año de Cristo 1729.[8]
552 | [Prólogo de] Friederich Roth-Scholz
¡Amado Lector!
Esta copia o transcripción de una carta dirigida a un buen amigo, sobre la excelencia de los escritos químicos o, más bien, filosóficos del celebérrimo PIERRE-JEAN FABRE, etc., salió a la luz hace algunos años editada por el librero Sr. Bartram Kramer en Kassel[9], y ciertamente sin la mención explícita del nombre del señor autor, excepto por el hecho de que al final figura: C. M. Profess[10]. Quién pueda ser este personaje es algo de lo que no podemos dar noticia alguna; pero sea como fuere, estas pocas hojas merecen, debido a su gran excelencia, no solo ser preservadas, sino también ser leídas con profunda atención, fin para el cual las hemos incorporado aquí. Dado que en nuestra BIBLIOTHECA CHEMICA, página 65 y siguientes, ya hemos ofrecido una noticia muy detallada sobre los escritos de PIERRE-JEAN FABRE, queremos añadir aquí únicamente, a propósito de la traducción al alemán de la que se habla en esta epístola, los títulos completos de ambas partes: «Todos los escritos químicos del perspicaz, mundialmente célebre e incomparable filósofo PIERRE-JEAN FABRE, Doctor en la verdadera Medicina y en su día Físico [médico] de la ciudad de Montpellier, reunidos todos ellos en dos partes; en cuya primera parte se contiene…»[11]
Prólogo. | 553
I. La Química Universal o Anatomía del Mundo Entero, es decir, de todas las cosas contenidas en él, junto con una clara información complementaria sobre qué es realmente la naturaleza, cómo y a partir de qué produce, nutre y preserva todas las cosas en los tres reinos; e igualmente cómo, a imitación de esta, debe confeccionarse la Piedra Filosofal [Lapis Philosophorum] mediante el arte espagírico. II. La Sabiduría Universal o Anatomía del Hombre y de los Metales, en la cual se muestra toda la medicina renovada a través del arte espagírico, junto con el descubrimiento de todas las enfermedades y de los sufrimientos [Pathematum] de las mismas, además de incorporar muchísimos arcanos sumamente útiles. Escrito originalmente por el autor en lengua latina de forma clara, preclara y muy comprensible, pero ahora traducido al alemán para el beneficio de los amantes de la filosofía y de las ciencias naturales que no conocen la lengua latina, y provisto de índices dobles. Publicado con el gratísimo privilegio de Su Majestad Imperial Romana y Católica, en formato cuarto, Hamburgo, editado por Lucas Eding, en la calle Verde, 1713[12]. Impreso por Georg Friederich Schulz. Todos los restantes escritos químicos del perspicaz, mundialmente célebre e incomparable filósofo PIERRE-JEAN FABRE, contenidos en este segundo volumen, son: I. Hercules Pio-Chymicus[13], pág. 1. II. Hydrographum Spagyricum[14], pág. 75. III. Alchymista Christia…[15]
554 | Prólogo de Friederich Roth-Scholz.
…[Christia]nus[16], pág. 181. IV. Secreta Chymica[17], o Secretos Químicos, pág. 291. V. Botica Espagírica, pág. 428. VI. Palladium Spagyricum[18], pág. 647. VII. Chirurgia Spagyrica[19], pág. 883. VIII. Alchymiæ Propugnaculum[20], o Baluarte de la Alquimia, pág. 917. En formato cuarto, Hamburgo, editado por Lucas Eding en la calle Verde, 1713; impreso por Georg Friederich Schulz. El señor traductor de esta valiosa obra se nombra a sí mismo al final de su prefacio: JACOB JEBSEN, antiguo juez provincial del Reino de Dinamarca en el condado de Oldemburgo. En los prefacios del señor traductor se halla un índice sumario de ambas partes, al cual queremos remitir al amado lector, dado que no consideramos necesario repetirlo aquí de forma detallada. Nüremberg, a 22 de octubre de 1729.[21]
⁂ )( ⁂ | 555
¡Mi señor!
Puesto que mi señor solicita mi parecer y opinión sobre lo que sostengo acerca de los llamados escritos químicos del mundialmente célebre señor FABRE, deseo complacerle en esto de buen grado según mi modesta capacidad. Digo, pues, sin timidez alguna y por razones bien fundamentadas, que se trata de una obra incomparable que descubre la naturaleza entera (si bien no es completamente perfecta); y es una lástima que, siendo una obra que trata sobre los más altos secretos de la naturaleza y del arte —de las cuales se hallan pocas, e incluso esta misma en su edición latina apenas se encuentra por haber sido toda ella agotada debido a su excelencia—, deba ser vulgarizada de este modo en lengua alemana y venderse por el precio irrisorio de un ducado (a), haciéndose accesible a este mundo desagradecido y anticristiano. No obstante, dado que la Divina Providencia lo ha dispuesto así (sin duda para ver si este mundo necio abre de una vez los ojos y decide buscar la verdadera sabiduría), impulsando al Sr. Lucas Eding en Hamburgo a editar esta valiosa obra y a promover su impresión a sus propias expensas, por lo cual…[22]
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(a) Actualmente se pagan por ella, en algunos lugares, de 5 a 6 florines [gulden].
556 | Epístola de…
…por lo cual el público le queda sumamente obligado [a Lucas Eding]. Así pues, sería valioso y de desear que absolutamente todo aquel que pretenda portar con honor y legítimo derecho el nombre de Estudiante de Filosofía [Studiosi Philosophiæ] tuviera esta obra en sus manos; es más, por así decirlo, debería preferir privarse de la comida antes que prescindir de estos escritos. Yo carecería por completo de entendimiento, o sería extremadamente parcial, si desaprobara aquello que los prudentes y, sin duda, experimentados directores y regentes de la Academia Espagírica de Roma[23] estiman en tan alto grado, tal como se puede comprobar en la carta emitida por dicha Academia de Roma al inicio de sus escritos químicos. Sí, me atrevo a decir con firmeza: quien no estime ni posea los escritos de FABRE, poco podrá jactarse de comprender la verdadera filosofía y química, y muchísimo menos el verdadero conocimiento de la naturaleza y de sus maravillosos efectos. Por tanto, si alguien duda de si el propio FABRE poseía el verdadero conocimiento de la naturaleza antes de pretender instruir a otros en ella, que lea y vuelva a leer con detenimiento (y no por encima) su primer libro de la Chymia Universalis, y que juzgue entonces si no halla después, en la totalidad de sus escritos, una pura imitación de la naturaleza.
Si alguien se pregunta: ¿están sus escritos fundados en la experiencia y la práctica empírica? Que lea entonces lo que él dice en el capítulo 13 del cuarto [libro], y…[24]
Escritos Químicos de P. J. Fabre. | 557
…en el capítulo 27 del quinto libro de su Chymia Universalis (por no mencionar otros lugares), confiesa que se ejercitó y trabajó durante 40 años en la química, y que, al igual que Pontano, erró seguramente mil veces, hasta que Dios se apiadó de él y le mostró el agua seca a partir de la cual se elabora el auténtico Azufre, etc[25]. Sí, confiesa además en el capítulo 13 de su Hydrographus Chymicus[26] que Dios finalmente tuvo misericordia de él y, por su piedad y bondad, le mostró la Fuente Química de los Sabios (la cual es, sin duda, la Fontina de Bernardo del Trevisano) tras el quincuagésimo año de su trabajo (y no de su edad, como erróneamente se imprimió), lo cual (¡Atención!) aconteció a través de muchísimos experimentos [Experimenta]. En efecto, no dudo en absoluto de que al final se convirtió en un verdadero Adepto [Adeptus], lo cual se juzga no solo por el conjunto de sus escritos si se leen con recto entendimiento, sino que se reconoce especialmente en el proceso de su Hydrographus, capítulo 13[27] y siguientes, y queda confirmado por la inscripción que hizo colocar sobre su puerta:
POR CAUSA DE LA PIEDRA, DESPILFARRÉ MIS BIENES.
PERO:
POR CAUSA DE LA MISMA, RECUPERÉ MUCHÍSIMOS MÁS.[28]
Admiro la Providencia del Altísimo al ver cómo los presuntuosos filósofos, cuyo…[29]
558 | Epístola de…
…muchos de los cuales únicamente ansían fabricar oro y plata (a quienes, no obstante, el velo de MOISÉS aún les cubre fuertemente los ojos), sin poseer el conocimiento de la naturaleza y confiando solo en procesos falsos; en lugar de esforzarse con esmero mediante la oración ferviente a DIOS y la lectura y meditación diligentes para llegar a reconocer las dos SUSTANCIAS nacidas de una ÚNICA raíz, de las cuales consta y de donde fluye la Fuente Química. Si leyeran con esmero estos escritos químicos, lo hallarían claramente a través de la iluminación divina, y entonces no necesitarían nada más que seguir de manera espagírica [spagyricè] el proceso tan benévolamente descubierto y prescrito por FABRE en su Hydrographus. No dudo de que para mi señor (quien, al igual que el rey SALOMÓN, estima los escritos de Fabre y la sabiduría verdadera y universal contenida en ellos en más alto grado que el oro) estas dos sustancias de raíz única, que constituyen el fundamento entero del reino mineral, le serán bien conocidas; de lo contrario, podría mencionar algo más al respecto, lo cual, sin embargo, no será necesario.
Quien lea los escritos de FABRE con recto detenimiento hallará que él recomienda en todo momento el verdadero temor de Dios como el principio de la sabiduría, para que se comience partiendo de este y, de ese modo, se implore a DIOS la verdadera sabiduría, al igual que hizo SALOMÓN, llevando así también su obra a un feliz término…[30]
Escritos Químicos de P. J. Fabre. | 559
…lleve a un feliz término; de lo contrario, os aseguro que por más que uno se imagine ser astuto y experimentado, sin el verdadero temor de Dios poco o nada logrará realizar.
Si alguien está interesado en el supremo y sumamente necesario Conócete a ti mismo [Nosce te ipsum], hallará la delineación [descripción detallada] del hombre entero, según el alma y el cuerpo, en el segundo libro de la Sabiduría Universal, pág. 676 y siguientes.
Si un médico [Medicus] desea conocer el verdadero fundamento de la medicina, y no limitarse a depender de recetas simples y de la rutina común [el letargo cotidiano], ¿qué le es más necesario que conocerse primero a sí mismo, y saber qué le resulta indispensable para su propia alma y cuerpo? Solo entonces podrá impartir también un buen consejo a los demás; pues quien no se conoce a sí mismo, ¿cómo le será posible conocer a otros? Si desea buscar una Medicina Universal, que acuda a la Naturaleza, la cual le mostrará el verdadero Bálsamo de Vida (el cual desciende desde lo alto) por medio del cual ella misma nutre y preserva absolutamente todo en el mundo entero, sobre y dentro de la tierra. Si posee este conocimiento y busca el camino para alcanzarlo, que acuda a FABRE; él le mostrará el camino y cómo puede hallarlo en los tres reinos (si bien en uno de forma más enérgica que en los otros). Sí, él pondrá la llave en su mano para abrir las puertas del misterio, de un misterio tan grande y divino (siempre que sepas proceder correctamente con ella), y para hallar el oculto y tan bien sellado Centro Concentrado [Centrum Concentratum]; porque este se halla…[31]
560 | Epístola de…
…[para que] no sea reconocido, ni visto, ni hallado fácilmente por aquellos hombres vanos, pedantes y apegados a este mundo necio); sino que lo ha escondido y ocultado por completo en las llamadas heces [Fæces] y excrementos, sobre lo cual se debe leer con detenimiento a FABRE en el segundo libro de la Sabiduría Universal, a partir de la página 755 y siguientes, especialmente en el tratado sobre la Pureza de la Naturaleza, pág. 775. Si alguien busca también medicinas particulares para esta o aquella enfermedad, o para este o aquel padecimiento [Affectu], y no desea permanecer ciego durante 30 años, tal como le ocurrió a FABRE (según confiesa en su prefacio al tercer libro de la Sabiduría Universal) en la lectura minuciosa de HIPÓCRATES y GALENO, que crea a FABRE como a un médico antiguo y sumamente experimentado; él le ofrecerá en dicho tercer libro una excelente instrucción sobre medicinas y remedios soberanos en los cuales puede confiar plenamente. Y si decide aplicar su esmero y poner manos a la obra para obtener la dulzura del vitriolo según lo indica FABRE en su Palladium, pág. 753, y elaborar así el espíritu y aceite dulce de vitriolo [Spiritum & Oleum Vitrioli dulce] (lo cual no es en absoluto común), obtendrá un medicamento divino y, de acuerdo con BASILIO, la tercera columna de la medicina entera. Confróntese Chirurgia Spagyrica, pág. 843.
Si, además, un boticario curioso está ansioso por saber cómo preparar, de un modo superior al ordinario [Modo ordinario], algo más que los medicamentos galénicos, hallará también su provecho [Conto] en la Botica Química de FABRE; es más, verá la enorme diferencia que hallará en sus medicinas…[32]
Escritos Químicos de P. J. Fabre. | 561
…[verá], si sigue en algunos aspectos el método de FABRE.
Asimismo, un cirujano [Chirurgus] extraerá no poco provecho de la Chirurgia Spagirica y tal vez halle en ella lo que hasta ahora le era desconocido; del mismo modo que encontrará en la Botica Química ungüentos [Unguenta] y emplastos singulares.
Pero si se trata de un mero metalúrgico [Metallurgus], que limita su búsqueda a los minerales [Mineralia] y metales [Metalla], y a la transmutación [Transmutation] de estos últimos, o que anhela elaborar una tintura [Tinctur] e incluso la mismísima Piedra Filosofal [Lapidem Philosophorum]; ¿dónde podría hallar una información [Information] más segura y sólida que en la obra de FABRE? Yo, que me he roto la cabeza con muchos autores (que me costaron más de 20 veces más que las obras [OPERA] de FABRE) sin hallar en ellos un verdadero conocimiento, puedo afirmar con certeza que, tras una larga y fastidiosa lectura y labor de laboratorio errónea [ensuciarse con carbón], finalmente no he encontrado nada más sólido que los escritos de FABRE.
Pues a menudo no se comprenden los modos de hablar ocultos e intrincados, las parábolas, los jeroglíficos e incluso, a veces, las palabras bárbaras [Voces barbaras] de los filósofos, por medio de las cuales el Arcano Químico se vuelve sumamente oscuro y tenebroso para los necios, pero queda al descubierto para los sabios; ¡véase el capítulo 9 del Baluarte de la Alquimia! Él nos los interpreta magistralmente y nos entrega su verdadero sentido [Sensum] y…[33]
562 | Epístola de…
…[y recto] entendimiento en su Hercules Pio-Chymicus; en la Chymia Universalis, pág. 562 hasta la 627, y en muchos otros lugares, se comprende con total claridad. Si [mi señor] todavía dudase de si la transmutación de los metales [Transmutatio Metallorum] es posible, los pasajes de las páginas 460, 466, 781 y 782 de la Chymia Universalis, entre otros, y especialmente el Baluarte de la Alquimia, le sacarán muy pronto de su ensueño; del mismo modo que el propio autor relata en el Alchymista Christianus haberla presenciado él mismo de diferentes maneras, a saber: tanto por la vía húmeda como por la vía seca [in via humida & sicca], pág. 212 y 279.
Si está ansioso por saber qué es realmente la Piedra Filosofal [Lapis Philosophorum], el tratado sobre la Pureza de la Naturaleza, pág. 775, pero mejor aún el Baluarte de la Alquimia, le ofrecerán suficiente instrucción y convencimiento al respecto.
Si estuviera ya plenamente convencido de la verdad de la transmutación, y de que la Piedra Filosofal (de la cual los necios ignorantes se mofan y se ríen) es un ser real e incuestionable, y se hallara por tanto preocupado por saber qué materia debe tomar para ello, mediante la lectura de FABRE y de otros buenos libros le constará que la materia de los metales es también la materia de la Piedra Filosofal. Por consiguiente, debe dedicarse a adquirir un conocimiento exacto [exacte Cognition] de la generación de los metales [Generation der Metallen], sobre lo cual encontrará en la obra de FABRE la instrucción más clara, en Chymia Universalis, pág. 460 y siguientes.[34]
Escritos Químicos de P. J. Fabre. | 563
…pág. 517. En el tratado sobre la Pureza de la Naturaleza, pág. 786 y siguientes; y en los Secretos Químicos, pág. 354 y siguientes.
Si le es ya conocido el modo de generación [Generation] de los metales, entonces también le será conocido el Axioma Filosófico [Axioma Philosophicum] de la naturaleza: Aquello de lo cual algo se hace, en eso mismo vuelve a disolverse; y aquello por medio de lo cual algo se hace, por medio de eso mismo es necesario que sea reducido. Siguiendo esta regla, podrá hallar con facilidad la materia de los metales y de la Piedra [Materiam Metallorum & Lapidis].
Pero si todo lo anterior le resultara demasiado prolijo, y no deseara romperse la cabeza con ello —cosa que, no obstante, sería del todo justo—, la propia naturaleza, bajo la guía de FABRE, pondrá una materia directa en su mano cuando afirma en la pág. 492 de la Chymia Universalis: «Puedes obtener únicamente a partir del vitriolo todo cuanto te sea necesario; porque el manantial de la naturaleza ha depositado solo en él lo que el arte requiere, siempre que logres volver volátil lo fijo, y fijo lo volátil». ¡Ahí tiene, pues, la materia! Pero entiéndala correctamente; porque la palabra Vitriol [vitriolo] es una piedra de tropiezo y, por tanto, despreciada por la mayoría debido a la ignorancia de quienes no la conocen; aun cuando entre los verdaderos conocedores de la naturaleza es indiscutible que el vitriolo constituye el Ente Primario de los Minerales [primum Ens Mineralium].
Y si además se hallara preocupado respecto a su elaboración, FABRE le muestra también las puertas y la llave para ello en la Sabiduría Universal, pág. 633 y siguientes, y en el Palladium Spagyricò…[35]
564 | Epístola de…
…[Palladium Spá]gyrico, pág. 658 y siguientes; confróntese Palladium Spagyricum, pág. 831. Y si [mi señor] es un operario [Laborant] y artista [Artist] diestro, encontrará allí una instrucción suficiente.
Si tampoco con esto quedara satisfecho, sino que prefiriera disponer de procesos explícitamente prescritos, el honesto FABRE no le dejará padecer carencia alguna de ellos; al contrario, hallará uno en el Hydrographus Spagyricus, pág. 174 y siguientes, y otro en el Baluarte de la Alquimia, pág. 952. En ellos puede probar su ventura, siempre que sea capaz de comprenderlos; pero si no los entendiera, no culpe bajo ningún concepto al benévolo FABRE, sino a su propio desentendimiento. Que lea, pues, sus escritos rectamente y con profunda meditación; tal vez halle la aclaración de los mismos, la cual se encuentra oculta aquí y allá; o bien, que asuma que no está predestinado para este misterio. Pues es un Don de Dios [Nam Donum Dei est]. Dado que FABRE ha realizado y enseñado casi todo lo que es necesario para la verdadera sabiduría o filosofía, conforme al orden de la naturaleza, ¿no debería acaso ser estimado en el más alto grado? O que se me muestre una filosofía mejor y más sólida. Sí, repito una vez más que absolutamente todo Profesor y Estudiante de Filosofía [Studiosus Philosophiæ] debería tenerlo en sus manos y tenerlo siempre ante sus ojos; es más, un profesor debería impartir cátedras [Collegia] sobre él con sus estudiantes. Pues enseñando aprendemos [Nam docendo discimus], si es que albergan la esperanza de convertirse algún día en verdaderos Sabios [Sophi]; máxime cuando existe todavía una gran diferencia entre un Filósofo [Philosopho] (amante de la sabiduría / amatore Sapientiæ) y un Sabio [Sopho]…[36]
Escritos Químicos de P. J. Fabre. | 565
…[Sabio] / pho (Sapiente). Que un estudiante de filosofía [Studiosus Philosophiæ] escuche una vez al año, o durante medio año, las cátedras [Collegia] o lecciones filosóficas [Lectiones Philosophicas], y dedique además el tiempo restante de sus estudios a la lectura de los escritos de FABRE; y que me diga luego ¿con cuál de los dos ha aprovechado más y ha comprendido mejor los fundamentos de la naturaleza y del arte [Fundamenta Naturæ & Artis]? Si se le presentara algo que no pudiera concebir o comprender, que solicite a su profesor [Professorem] una aclaración; y si este no pudiera dársela, que vean y reconozcan ambos lo que les hace falta, a saber: la Luz Divina. Por lo tanto, que acudan presurosos a DIOS, como manantial de la sabiduría, imploren iluminación y, junto a una oración fervorosa, una lectura diligente, la meditación y el poner manos a la obra [trabajo de laboratorio], no desesperen; al contrario, que tengan la firme confianza en DIOS de que Él les mostrará el camino de la verdad, tal como también hizo conmigo. No merece lo dulce quien no ha probado lo amargo [Dulcia non meruit, qui non gustavit amara]. Algunos dicen: «yo no soy químico [Chymist] ni alquimista [Alchymist], sino filósofo [Philosophus], ¿de qué me sirven entonces los escritos químicos de Fabre?». Uno no debe, sin embargo, tropezar con las palabras «Escritos Químicos», sino que debe examinar rectamente en FABRE ¿qué es lo que él comprende por QUÍMICA y ALQUIMIA? Se hallará entonces que él busca poseer la verdadera filosofía o, más bien, la verdadera sabiduría según el fundamento de la naturaleza.[37]
566 | Epístola sobre los Escritos Químicos de P. J. Fabre.
Este es, pues, mi modesto parecer [Sentiment] y opinión sobre los escritos del muy honorable FABRE, que mi señor ha solicitado de mí. Ciertamente sería de desear que hubiésemos podido ver, ya fuera de su propia mano o a través de sus hijos, la Philosophia Reformata [Filosofía Reformada] y otras obras que él prometió en la pág. 763 de su Chymia Universalis; puesto que, con toda probabilidad, habrían sido estructuradas de un modo mucho más compendioso [compendioser] y enérgico [nervöser]. Sin embargo, parece que los Hados [Fata] lo han dispuesto [disponiret] de otra manera, ya que, al menos hasta ahora, nada de ello ha llegado a mi conocimiento [Connoissance]. Ruego que se disculpe [excusiren] la extensión de esta carta. Si hubiera querido dar rienda suelta a mi pluma, no habría interrumpido todavía la escritura, pues aún quedaría muchísimo que decir sobre los méritos de los escritos de Fabre, los cuales, por desgracia, miles de personas no comprenden. Con todo, concluyo por esta vez, y nos encomiendo a todos bajo la protección del Altísimo.[38]
Adiós [Vale],
C. M., Profesor [Profs.]
[1] Kahn, Didier, Alchimie et paracelsisme en France (1567-1625), Genève, Droz, 2007, 171-194. Caudron, Olivier, “Le médecin rochelais Louis de Launay et la controverse sur l’utilisation médicinale de l’antimoine (1564-1567)”, Écrits de l’Ouest, 20 (2012), 243-256.
[2] Fabre, Pierre Jean, Palladium spagyricum Petri Ioannis Fabri doctoris medici Monspeliensis, Tolosae, apud Petrum Bosc, 1624.
[3] Fabre, Pierre Jean, Alchymista christianus, Tolosae, apud Petrum Bosc, 1632.
[4] Fabre, Pierre Jean, Alchymista christianus … / auctore Petro Ioanne Fabro, Tolosae Tectosagum, apud Petrum Bosc …, 1632, 182-183.
[5] Antoine de Genssane (1708-1785) fue un destacado ingeniero de minas, naturalista y geólogo francés de la Ilustración. La cita es del año 1778 y se refiere a Genssane, Antoine de, Histoire Naturelle De La Province De Languedoc, Partie Minéralogique Et Géoponique. Tome Quatrième, Comprenant les Diocèses d’Alet, Mirepoix, Rieux, Saint-Papoul & Carcassonne : le tout précédé d’un Discours sur l’art d’exploiter les Mines, A Montpellier, Chez Rigaud, Pons, & Compagnie, Libraires, M.DCC.LXXVIII, 284: “La Louvetière conſiſte en quelques maiſons iſolées au haut de la montagne noire. Il y a ici dans un ravin une Mine de plomb, qui paroît aſſez riche en argent ; mais la veine eſt peu conſidérable : le minéral y eſt diſtribué par filets dans un ſchiste entremêlé de pierre cornée”. (“La Louvetière consiste en unas pocas casas aisladas en lo alto de la Montaña Negra. Hay aquí, en un barranco, una mina de plomo que parece bastante rica en plata; pero la veta es poco considerable: el mineral está distribuido allí en filamentos dentro de un esquisto entremezclado con piedra córnea [cornubianita]”).
[6] Fabre, Pierre Jean, Manuscriptum ad sereniss. Holsatiae Ducem olim transmissum res alchymicorum obscuras … explanans,Norimberga, 1690, 40-41.
[7] Fabre, Pierre Jean, L’Abrégé des secrets chymiques, où l’on voit la nature des animaux, végétaux et minéraux entièrement découverts, avec les vertus et propriétés des principios qui composent et conservent leur être; et un traité de la médecine générale, Paris, Anthoine de Sommaville, 1636.
[8] La legitimación de la Transmutación en 1729: La portada anuncia sin ambages que el cuaderno contiene una «instrucción suficiente» (zulängliche Anleitung) para transmutar metales y fabricar la Piedra Filosofal (Lapis Philosophorum). Esto demuestra que, a pesar del avance de la química moderna institucional, la élite intelectual centroeuropea de la primera mitad del siglo XVIII seguía considerando la Crisopeya como una posibilidad científica real y digna de estudio bibliográfico riguroso.
[9] Johann Bertram Cramer (1702-1765). Hay otra edición: Send-Schreiben an einen guten Freund, von der Vortrefflichkeit der Chymisten oder vielmehr Philosophischen Schrifften deshochberühmten P[ierre]. J[ean], F[abre]., […] Nürnberg, 1730. No he encontrado la edición que cita el texto, aunque sí está referenciada en Mayer & Müller, Bücher-Verzeichnis von Mayer & Müller, Berlin. 121 (1892), 27: 608. Proceß, C. M., copia eines Briefes von d. Vortrefflichkeit der chymischen oder vielmehr philosophischen Schrifften des hochberühmten P. J. Fabri. Anleit. z. Transmutation der Metallen, wie auch wie der Lapis Philosophorum zu machen. Cassel, o. J. 2.— (608. Pross, CM., copia de una carta sobre la excelencia de los escritos químicos del muy célebre P. J. Fabri. Al mismo tiempo, instrucción para la transmutación de los metales, así como sobre cómo hacer la piedra filosofal (Lapis Philosophorum). Cassel, s. f. [sin año], 2.—).
[10] Cornelio Martini, profesor en la Universidad de Helmstedt.
[11] El rescate de manuscritos anónimos: El prólogo expone de forma fidedigna la labor arqueológica-textual que realizaban los editores de la Ilustración temprana. Al encontrar un opúsculo anónimo pero de gran calidad técnica e intelectual, Roth-Scholz decide «incorporarlo» (hier mit einverleibet) a su antología para evitar su pérdida. El formato epistolar servía para reseñar y recomendar de forma entusiasta las traducciones de otros textos mayores.
La defensa de la «Verdadera Medicina» (Wahren Artzney): Al calificar a Fabre como doctor de la verdadera medicina, el texto toma partido explícito por la Iatroquímica (la medicina química paracelsiana basada en el uso de minerales destilados, sales y antimonio) frente a la medicina galénica tradicional de las universidades, que todavía dependía de las sangrías y la teoría rígida de los humores. Montpellier fue uno de los grandes focos de esta renovación médica y farmacológica en el siglo XVII.
[12] Fabre, Pierre Jean, Des scharffsinnigen, weltberuffenen, und unvergleichlichen Philosophi Petri Johannis Fabri, Der wahren Artzney Doctoris und weyland Stadt-Physici zu Montpellier, Alle In Zwey Theile verfassete Chymische Schriften. 1, Darinnen im ersten Theile enthalten I. Die Universal-Chymie oder Anatomie der gantzen Welt, Das ist, Aller darinnen begriffenen Dinge, neben einer beyläuffigen klaren Information, was die Natur eigentlich sey, wie und woraus sie alle Dinge in den 3. Reichen producire, ernähre und erhalte, ingleichen wie, nach Imitation derselben, Der Lapis Philosophorum Durch Die Spagyrische Kunst Verfertiget werden müsse. II. Die Universal-Weißheit oder Anatomie des Menschen und der Metallen, Worin die gantze Medicin, nebenst einer Entdeckung aller Kranckheiten und der Pathematum derselben, durch die Spagyrische Kunst renoviret gezeiget wird, nebst beygefügten sehr vielen Nützlichen Arcanis. Anfänglich von dem Autore in Lateinischer Sprache klar, hell und sehr deutlich beschrieben, jetzo aber denen Liebhabern der Philosophie und der natürlichen Wissenschafften, welche der Lateinischen Sprache unkündig, zum besten ins Deutsche übersetzet, und mit Doppelten Registern versehen, Hamburg, Eding, 1713. Des scharffsinnigen, weltberuffenen, und unvergleichlichen Philosophi Petri Johannis Fabri, Der wahren Artzney Doctoris und weyland Stadt-Physici zu Montpellier, Alle In Zwey Theile verfassete Chymische Schriften. 2, Des Scharffsinnigen, Welt-beruffenen und unvergleichlichen Philosophi Petri Johannis Fabri, Alle übrige In diesem andern Volumine enthaltene Chymische Schrifften, Derer Specification an folgender Seite gefunden wird : Nebst einem Doppelten Register, so wol der Capitel, als der darin sich befindenden Merckwürdigen Sachen, Hamburg, Eding, 1713.
[13] Fabre, Pierre-Jean, Hercules Piochymicus. Tolosae Tectosagum, Apud Petrum Bosc, bibliopolam, 1634,
[14] Fabre, Pierre-Jean, Hydrographum spagyricum, Petri Ioannis Fabri, doctoris medici Monspeliensis. In quo de mira fontium essentia, origine, & tractatur, Tolosae Tectosagum, apud Petrum Bosc, 1639.
[15] La Alquimia como Microcosmos y Macrocosmos: El desglose del Tomo I refleja con exactitud la estructura del pensamiento hermético. Se divide en dos anatomías paralelas: la del mundo entero (Anatomie der gantzen Welt) o macrocosmos, que estudia cómo la naturaleza engendra los minerales en los tres reinos, y la del hombre (Anatomie des Menschen) o microcosmos. El objetivo del médico espagírico era comprender ambas para poder «imitar a la naturaleza» en el laboratorio.
La democratización del saber hermético en el siglo XVIII: El prólogo subraya el esfuerzo editorial de traducir estas obras complejas desde el latín académico al alemán vernáculo (zum besten ins Deutsche übersetzet). Esto responde a un fenómeno muy claro de la Ilustración temprana: la apertura del conocimiento oculto y de las ciencias naturales a una nueva clase burguesa de «Liebhabern» (aficionados y amantes de la filosofía) que no poseían educación universitaria formal pero deseaban experimentar en sus propios laboratorios domésticos.
Los tratados teológicos del Tomo II: La lista del segundo volumen introduce las obras maduras y más célebres de Fabre. El Hercules Pio-Chymicus (donde asimila los doce trabajos de Hércules a las doce operaciones de laboratorio) y el Alchymista Christianus demuestran el empeño del médico francés por fusionar de forma absoluta la fe cristiana con la transmutación de la materia, argumentando que las leyes del crisol eran un reflejo directo del misterio de la Creación y la Redención.
[16] Alchymista christianus, Toulouse, Bosc, 1632.
[17] L’Abrégé des secrets chymiques, où l’on voit la nature des animaux, végétaux et minéraux entièrement découverts, avec les vertus et propriétés des principes qui composent et conservent leur être; et un traité de la médecine générale, Paris, Pierre Billaine, 1636.
[18] Palladium Spagyricum, Argentorati, Zetzner, 1632
[19] Chirurgica spagyrica, Toulouse, Bosc, 1626.
[20] Propugnaculum alchymiae adversus quosdam misochymicos…, Toulouse, Bosc, 1612.
[21] La Alquimia en el estamento judicial y político: La revelación de que el traductor de la monumental obra de Pierre-Jean Fabre fue Jacob Jebsen, un juez de distrito real (Königl. Dännemärckischer Land-Richter), demuestra que el interés por la espagiria y el hermetismo en el siglo XVIII no estaba limitado a médicos o curanderos marginales. Las élites administrativas, jurídicas y políticas del norte de Europa participaban activamente en el coleccionismo, traducción y experimentación de textos químicos. Así, también aparece como traductor del latín al alemán del Der chemische Herkules.
La remisión al índice original como economía editorial: Roth-Scholz decide de forma pragmática no transcribir el sumario completo de los capítulos de Fabre para no engrosar innecesariamente el volumen (hier weitläufftig zu wiederholen nicht vor nöthig). Al remitir al lector a la edición de Hamburgo de 1713, asume que su público es una comunidad de eruditos con acceso a bibliotecas conectadas.
[22] El elitismo esotérico frente a la imprenta masiva: El autor de la epístola inicia su discurso con un lamento profundamente elitista, muy característico de los filósofos herméticos barrocos. Le ofende que los secretos sagrados de la naturaleza (höchsten Geheimnüssen der Natur) sean traducidos al alemán corriente y comercializados a un precio tan popular (Spott-Geld). Para la mentalidad hermética clásica, el conocimiento transmutador debía permanecer oculto en el latín académico para que solo los puros y eruditos tuvieran acceso a él, asumiendo que la democratización del libro corrompía el misterio.
La escasez de las ediciones latinas de Fabre: La carta aporta un dato bibliográfico de gran relevancia para la historia de la ciencia: a principios del siglo XVIII, las ediciones originales en latín de Pierre-Jean Fabre impresas en Francia estaban completamente agotadas en el mercado negro y de viejo europeo (weil es seiner Güte wegen alle aufgekaufft… fast gar nicht findet). Esta escasez extrema es la que justifica y legitima que la Divina Providencia permita la polémica traducción al alemán de Lucas Eding en 1713.
El editor como instrumento de iluminación: A pesar de sus quejas iniciales, el remitente termina elogiando el sacrificio financiero del librero de Hamburgo, Lucas Eding, quien asumió los costes de imprimir un volumen tan copioso en formato cuarto. La epístola plantea este esfuerzo comercial como una oportunidad espiritual para que el «mundo necio» (dumme Welt) abandone la ceguera intelectual y abrace los arcanos de la verdadera iatroquímica.
[23] El nombre de la Academia Espagírica de Roma también aparece en el remitente de una carta: Fabre, Pierre Jean, Des scharffsinnigen, weltberuffenen, und unvergleichlichen Philosophi Petri Johannis Fabri, Der wahren Artzney Doctoris und weyland Stadt-Physici zu Montpellier, Alle In Zwey Theile verfassete Chymische Schriften. 1, Darinnen im ersten Theile enthalten I. Die Universal-Chymie oder Anatomie der gantzen Welt, Das ist, Aller darinnen begriffenen Dinge, neben einer beyläuffigen klaren Information, was die Natur eigentlich sey, wie und woraus sie alle Dinge in den 3. Reichen producire, ernähre und erhalte, ingleichen wie, nach Imitation derselben, Der Lapis Philosophorum Durch Die Spagyrische Kunst Verfertiget werden müsse. II. Die Universal-Weißheit oder Anatomie des Menschen und der Metallen, Worin die gantze Medicin, nebenst einer Entdeckung aller Kranckheiten und der Pathematum derselben, durch die Spagyrische Kunst renoviret gezeiget wird, nebst beygefügten sehr vielen Nützlichen Arcanis, Hamburg,Eding, 1713, (o) (13 en la numeración del Munich Digitization Center): “Die Vorsteher und Regenten der Spagyrischen Academie zu Rom”.
[24] El hambre física por el alimento espiritual: La recomendación radical de «ahorrar de la propia boca» para adquirir el libro de Fabre refleja el cambio en el valor social de los textos impresos en 1726. Para los intelectuales premodernos, el libro técnico o filosófico no era un mero objeto de consumo o entretenimiento, sino un tesoro sagrado; la inversión económica en el saber iatroquímico se planteaba como un deber moral prioritario que justificaba el sacrificio físico.
La validación pontificia y romana de la Espagiria: La mención de la Academia Espagírica de Roma posee un inmenso valor histórico. Demuestra que, a pesar de que la Inquisición perseguía ciertas prácticas de magia o necromancia, el estudio científico de la transmutación metálica y la preparación de arcanos medicinales (la espagiria y la destilación química de Paracelso) gozaba de un notable respeto y protección en los círculos académicos de la propia península italiana y de los Estados Pontificios durante el siglo XVII.
El dogma de la imitación de la naturaleza (Nachfolgung der Natur): El autor de la epístola defiende la legitimidad epistemológica de Pierre-Jean Fabre recurriendo a la máxima aristotélica de que la ciencia perfecta es aquella que imita de forma exacta los pasos del macrocosmos (lauter Nachfolgung der Natur). Su tratado Chymia Universalis se plantea al lector no como una invención caprichosa o fantástica, sino como una transcripción fiel de las leyes físicas con las que la propia Providencia madura los metales bajo el suelo.
[25] Pan-Chymicus : Anatomia totius Universi, Francfurtum a. M., Johannis Beyeri, 1651, 429: “Scio quamplures Philosophos, qui artem habent completam & perfectam, me ex praecedentibus operibus non artem habere, olfecisse, quod quidem libenter fateor. Sed jam misertus est mihi Deus. Et aquas mihi patefecit aridas valde, ex quibus verum paratur Sulphur, cujus solius decoctio cum fermento perfecto absolvitur opus. Millies erravi super veram & legitimam materiam ut & Pontanus, quia verum ignem naturae, ut ipsemet Pontanus non habeam, nec uti eo sciebam, & ipsum applicare subjectis convenientibus & propriis ignorabam”. (“Sé que muchísimos filósofos, que poseen el arte completo y perfecto, han presentido por mis obras anteriores que yo no poseía el arte, lo cual confieso de buena gana. Pero Dios ya ha tenido misericordia de mí. Y me ha manifestado aguas sumamente áridas, a partir de las cuales se prepara el verdadero Azufre, con cuya sola decocción junto al fermento perfecto se consuma la gran obra. Mil veces erré respecto a la materia verdadera y legítima, al igual que Pontano, porque no poseía el verdadero fuego de la naturaleza —como el mismo Pontano—, ni sabía cómo usarlo, e ignoraba cómo aplicarlo a los sujetos convenientes y apropiados”).
[26] Hydrographum spagyricum, Petri Ioannis Fabri, doctoris medici Monspeliensis. In quo de mira fontium essentia, origine, & tractatur, Tolosae Tectosagum, apud Petrum Bosc, 1639, 246: “Lo que se ha dicho en los capítulos anteriores sobre la fuente Química es suficiente, si no me equivoco, para que los sabios conozcan esta fuente, de la cual se realizan maravillas en la naturaleza y en el arte. Dios finalmente ha tenido misericordia de mí, quien por su misericordia y benignidad, sin que mediara ningún mérito mío anterior, me mostró esta fuente y me la dio a conocer a través de muchísimas experiencias: esta noticia se la debo únicamente a Dios. Los medios de los que Dios se sirvió para mostrarme esta fuente secreta fueron todos los Tratados que se incluyen en el Musaeum Hermeticum impreso en Fráncfort; todos estos tratados áureos y eruditísimos me sacaron de los errores y me enseñaron la verdadera materia Física. A los autores de estos tratados les guardo una gratitud inmortal, y todo lo que hay en mí se lo ofrezco de buena gana”.
[27] Idem, XIII. De fontibus qui argentum viuum effundunt. 56; XIV. De fontibus qui bracteolas auri & argenti effundunt. 60; XV. Vndenam fontes limo turgentes, & omni fabulo priuati reperiantur. 63.
[28] «Propter lapidem bona mea dilapidavi…». Existe una peculiaridad histórica muy curiosa con estos versos: a pesar de que los historiadores de la ciencia los asocian al jesuita Jacob Gretser hacia el año 1600, no constan de forma explícita en ninguna de sus obras impresas conocidas. Hacia finales del siglo XVI, aparece esta frase célebre, aunque por entonces aún no universalmente reconocida como acertada: que un alquimista acaba finalmente por poder decir: «Por causa de la piedra despilfarré mis bienes», en los versos con los cuales, hacia el año 1600, el jesuita Jacob Gretser (nacido en 1560 en Markdorf junto al lago de Constanza, enseñó en Ingolstadt filosofía, moral y dogmática, combatió en numerosos escritos con lenguaje afilado a quienes se rebelaban contra la autoridad, ante todo a los protestantes, de modo que sus correligionarios lo llamaban malleolus haereticorum [el martillo de los herejes], pero también a los seguidores de Paracelso, y falleció en 1625) enfurecía a los paracelsistas, quienes por entonces (cf. pág. 45 en la Parte I) eran también los representantes de la alquimia:
La alquimia es una ciencia sin arte,
Cuyo principio es una parte con otra parte,
Su medio mentir denodadamente,
Su fin ir mendigando
O alimentar a los cuervos en la cruz,
Lo cual suele acontecerles a los paracelsistas,
Ver Kopp, Hermann, Die alchemie in älterer und neuerer zeit, Heidelberg, Carl Winter’s Universita tsbuchhandlung, 1886, 197. Efecto, la frase pronto se hizo célebre: Pruggmayr, Martin Maximilian, Scrutinium philosophicum de vero elixire vitae, Salisburgum, Sumptibus Joannis Baptistae Mayr, 1687, 45. El poema, cuyo original del jesuita Jacob Gretser no he podido encontrar se extendió por toda Europa y tuvo sus variantes. Sobre esta estrofa y sus variantes: Newman, William R. y Principe, Lawrence M., “Alchemy vs. Chemistry: The Etymological Origins of a Historiographic Mistake”, Early Science and Medicine, 3, No. 1 (1998), 32-65, esp. 53-55. Prinke, Rafa! T., “Beyond Patronage: Michael Sendivogius and the Meanings of Success”, en López Pérez, Miguel, Kahn, Didier y Rey Bueno, Mar (eds.), Chymia: Science and Nature in Medieval and Early Modern Europe, Newcastle upon Tyne, Cambridge Scholars Publishing, 2010, 175-231, esp. 177-178. Sobre Gretser atacando a la alquimia como “falsa teología”: Moran, Bruce T., Andreas Libavius and the Transformation of Alchemy: Separating Chemical Cultures with Polemical Fire. Sagamore Beach (Mass.), Science History Publications/USA, 2007, 112-116. Gretser, Jacob, Jacobi Gretseri Societatis Jesv Theologi Bavivs Et Maevivs : Ille, Vt Delirvs Alchymista, Antimonio: Hic, Tanqvam Insipiens Praedicans Helleboro nigro curatus …, Ingolstadii, Sartorius, 1605.
[29] La fe en el laboratorio a través de los años: El texto aporta una cronología conmovedora y extrema sobre la perseverancia científica premoderna. Al documentar que Fabre necesitó cuarenta años de errores (40. Jahr… wohl tausendmal geirret) y que no alcanzó la iluminación transmutadora definitiva hasta el quincuagésimo año de su trabajo diario (nach dem 50ten Jahr seiner Arbeit), el manual desvincula la Alquimia de un truco de magia rápido o un fraude de feria. Se define como una ascesis de vida basada en el ensayo y error empírico e ininterrumpido (durch viele Experimenta geschehen).
La corrección filológica del editor: La anotación entre paréntesis (nicht seines Alters, wie falsch gedruckt) posee un gran valor historiográfico. Demuestra el rigor con el que Roth-Scholz revisaba las erratas de imprenta de las ediciones antiguas de Hamburgo de 1713. Si se hubiera interpretado que Fabre halló la Piedra a los 50 años de edad, las fechas de sus títulos universitarios en Montpellier no cuadrarían; al aclarar que se refería a los 50 años de labor en el crisol, restituye la cronología real del médico francés, quien falleció siendo un anciano respetado.
[30] La denuncia de los buscadores de oro falsos (Sopladores): El texto establece una frontera moral tajante entre los codiciosos que buscan la alquimia solo por el enriquecimiento material (nur nach Gold und Silber machen trachten) y los auténticos filósofos. Al acusar a los primeros de tener los ojos tapados por el velo de Moisés, el autor denuncia la aproximación puramente literal y técnica al laboratorio, la cual conduce invariablemente a seguir «procesos falsos» y a la ruina económica.
La Alquimia como Teología Experimental: El manual insiste en que el éxito en el crisol es indisociable de la vida espiritual del operador. El descubrimiento de la raíz unificada de los metales no se alcanza mediante la fuerza bruta o la astucia humana, sino mediante la «oración ferviente» (inbrünstiges Gebet zu Gott) y la «iluminación divina» (Göttliche Erleuchtung). La iatroquímica de Fabre se plantea aquí como un acto de devoción donde el laboratorio es un templo.
El elogio cortesano y salomónico al destinatario: El remitente de la carta lisonjea a su corresponsal situándolo al nivel del rey Salomón por estimar el conocimiento teofilosófico por encima del valor comercial del oro. Al asumir que su señor ya conoce el misterio de las dos sustancias minerales del Hydrographus, el autor utiliza un sutil recurso retórico de complicidad esotérica muy común en la correspondencia selecta del siglo XVIII.
[31] El rechazo a la medicina rutinaria (Schlendrian): El texto lanza un ataque directo contra la práctica médica académica ortodoxa de principios del siglo XVIII, criticando a los doctores que se limitan a aplicar «recetas simples» y a seguir la rutina común (gemeinen Schlendrian). Frente a esta medicina pasiva, la epístola propone la vía de Fabre, un modelo médico-filosófico activo basado en el examen espiritual previo del propio terapeuta.
La procedencia celeste del Bálsamo Universal: La afirmación de que el verdadero bálsamo de vida «desciende desde lo alto» (so von oben herab kommt) conecta de forma directa el manual con las doctrinas cosmológicas de la Tabla de Esmeralda de Hermes. El médico-alquimista no inventa la curación; se limita a capturar mediante destilaciones el principio vital celeste que la Providencia derrama sobre la Tierra para sostener la vida de las criaturas.
La Llave de los Tres Reinos: El último párrafo explica que Fabre ofrece la guía práctica para aislar este bálsamo en cualquiera de las tres fronteras de la naturaleza (mineral, vegetal o animal). No obstante, introduce una pista operativa al advertir de que este principio se manifiesta «en uno de forma más enérgica que en los otros» (in einem kräfftiger, als im andern), sugiriendo al lector que el reino mineral y metálico encierra la matriz más densa y duradera para consolidar el Centrum Concentratum o la Medicina Suprema.
[32] La paradoja de la materia despreciada: El texto expone un dogma central de la alquimia: el secreto supremo se oculta deliberadamente bajo la apariencia de «inmundicia» (Fæces und Excrementa). Esta metáfora operativa buscaba apartar a los pedantes y codiciosos, obligando al verdadero investigador a buscar la pureza y la luz espiritual en los residuos minerales más humildes y descartados de la tierra.
La ruptura con el cautiverio galénico: El autor de la epístola presenta la obra de Fabre como un atajo de conocimiento extraordinario. Al revelar que el médico francés pasó treinta años «ciego» estudiando a Hipócrates y Galeno antes de abrazar la iatroquímica, el texto exhorta a los nuevos estudiantes a saltarse la rancia teoría universitaria tradicional para adoptar directamente la vía empírica y espagírica, ahorrándose décadas de errores conceptuales.
El hallazgo histórico del éter (La dulzura del vitriolo): La descripción de cómo extraer la «dulzura del vitriolo» (die Süsse des Vitriols) para elaborar el Oleum Vitrioli dulce posee un valor científico monumental. Lo que Fabre y Basilio Valentín describían con lenguaje místico como un «medicamento divino» y la «tercera columna de la medicina» era, en realidad, la primera síntesis documentada del éter. Este compuesto demostraba la enorme capacidad de la alquimia del siglo XVIII para aislar sustancias volátiles potentes capaces de interactuar directamente con el sistema nervioso humano.
[33] La transversalidad práctica de la Espagiria: El texto demuestra que la obra de Fabre no era un tratado místico abstracto, sino un compendio con aplicaciones directas en tres disciplinas profesionales del siglo XVIII: la cirugía (revelando ungüentos antisépticos y emplastos resolutivos para heridas), la farmacia (en la preparación de remedios específicos) y la metalurgia práctica (para los ensayos de fundición, purificación de vetas y transmutación metálica).
El desengaño bibliográfico del coleccionista: El testimonio del autor de la carta es de un valor sociológico inmenso al confesar que gastó pequeñas fortunas comprando costosos libros esotéricos en el mercado europeo (mehr als 20. mal so viel) que solo le produjeron fatiga intelectual y desengaño. Frente a la literatura críptica que conducía a la labor errónea y sucia (Sudeln), ensalza a Fabre como el autor más pedagógico, honesto y «sólido» de la época.
El código de los «Necios» y los «Sabios»: Al citar el noveno capítulo del Alchymiæ Propugnaculum (Baluarte de la Alquimia), la epístola justifica el uso intencionado de parábolas y voces barbaras. Esta barrera filológica no buscaba bloquear el avance de la ciencia, sino actuar como un filtro moral: el secreto de la transmutación química (el Arcano) debía ser incomprensible para los codiciosos (denen Narren), pero transparente para el verdadero médico y filósofo de la naturaleza (denen Weisen).
[34] El testimonio ocular del Adepto: La epístola subraya la autoridad de Pierre-Jean Fabre al recordar que el médico francés no teorizaba de forma abstracta, sino que afirmaba en el Alchymista Christianus haber ejecutado y contemplado la transmutación real con sus propios ojos (selbst gesehen zu haben erzehlet). Que un médico oficial de Montpellier ratificara bajo juramento haber operado con éxito tanto por la vía húmeda como por la seca otorgaba un peso científico extraordinario a sus manuales frente al escepticismo de la época.
La reivindicación de la Piedra como realidad física: El tercer párrafo sale en enérgica defensa del Lapis frente a las corrientes racionalistas que ya empezaban a ganar terreno en 1726, tildando de «necios ignorantes» (närrischen Ignoranten) a quienes se burlaban de la Crisopeya. Para el autor, la Piedra es un «reelles Wesen» (un ente físico, tangible y constatable en el laboratorio) que obedece a leyes naturales estrictas.
La clave de la Generación de los Metales: El cierre de la página desvela una de las máximas doctrinales más importantes del volumen: para fabricar el Elixir, el operador no debe buscar recetas artificiales extravagantes, sino comprender a fondo la metalogénesis natural (Generation der Metallen). Dado que la Piedra comparte la mismísima raíz material que los metales corrientes (Materia Metallorum), el trabajo en el crisol consiste simplemente en acelerar e imitar el proceso biológico y geológico que la Tierra emplea a lo largo de siglos para madurar los minerales imperfectos.
[35] El vitriolo como clave secreta universal: El fragmento central desvela una de las claves prácticas más importantes de toda la Alquimia centroeuropea del siglo XVIII al señalar abiertamente al vitriolo (Vitriol) como el disolvente total. El manual rompe el lenguaje críptico tradicional para entregarle al operador la materia prima directa. Quien domine el vitriolo domina los ácidos fuertes, el paso indispensable para realizar la transmutación metalúrgica.
La máxima operativa del Solve et Coagula: La instrucción de Fabre de «volver volátil lo fijo, y fijo lo volátil» sintetiza la regla práctica del laboratorio barroco. Consiste en tomar un mineral sólido fijo (los cristales de sulfato), destilarlo mediante fuego para extraer su espíritu gaseoso volátil (ácido sulfúrico) y luego utilizar ese líquido para disolver un metal, fijando el espíritu en una nueva estructura sólida cristalina purificada.
El desprecio del vulgo frente al saber del Adepto: Al calificar al vitriolo como una piedra de tropiezo, el autor de la epístola ilustra la brecha intelectual de la Ilustración temprana. El vulgo y los falsos médicos menospreciaban el vitriolo verde por considerarlo un mineral ordinario y barato empleado en los tintes textiles, sin sospechar que los «Natur-kündigern» (los verdaderos conocedores de la naturaleza) veían en él la matriz incorruptible y el primum Ens de toda la metalurgia hermética.
[36] La honestidad del autor frente al fracaso del alumno: El texto exonera firmemente a Pierre-Jean Fabre de cualquier fracaso experimental de sus lectores. Al calificarlo de «honesto» (redliche) y «benévolo» (wohlmeinenden), el autor de la epístola argumenta que los procesos prácticos del Hydrographus y del Baluarte son verdaderos e infalibles. Si el operario fracasa en el crisol, la culpa jamás reside en el libro, sino en el «desentendimiento» (Unverstand) del propio alumno o en su falta de perspicacia para conectar los pasajes complementarios dispersos intencionadamente a lo largo del volumen (so hin und wieder versteckt ist).
La predestinación divina en la Ciencia (Donum Dei): El pasaje introduce un dogma restrictivo fundamental al recordar que la Alquimia es un Donum Dei. Si un estudiante, tras leer con profunda meditación, permanece incapaz de descifrar las claves operativas del vitriolo o los disolventes, debe asumir con humildad que la Providencia Divina no lo ha elegido ni «provisto» (nicht versehen) para poseer el secreto transmutador, planteando la ciencia como una gracia espiritual y no como un derecho secular.
La distinción académica entre Filósofo y Sabio: Las líneas finales ofrecen una valiosa discusión epistemológica e institucional propia de la Ilustración alemana temprana. El texto insta formalmente a los profesores universitarios a instituir cátedras (Collegia) basadas en los libros de Fabre aplicando la máxima de docendo discimus. Justifica esta exigencia trazando una frontera conceptual tajante: el Filósofo es un mero estudiante, un «aspirante» o amante de la sabiduría (amatore Sapientiæ), mientras que el Sabio o Sophus representa el grado supremo del Adepto, aquel que ha unificado la teoría académica con la praxis real del laboratorio completando con éxito la Gran Obra.
[37] El desafío al plan de estudios universitario: El autor de la epístola lanza un audaz desafío pedagógico al afirmar que seis meses de lectura atenta de Pierre-Jean Fabre aportan un entendimiento de las leyes del universo infinitamente superior al de años enteros de asistencia pasiva a las lecciones de filosofía escolástica tradicional de las universidades (Lectiones Philosophicas). El manual sitúa el libro iatroquímico como la verdadera cumbre académica de la época.
La humillación del Catedrático y la Luz Divina: El segundo párrafo describe una escena institucional sumamente transgresora para el siglo XVIII: un alumno que acude a su profesor para resolver un enigma del vitriolo o los disolventes y un profesor que se ve obligado a confesar su ignorancia. El texto no utiliza esto para promover la soberbia, sino para exhortar a ambos a arrodillarse juntos y reconocer que carecen de «la Luz Divina» (das Göttliche Licht). La verdadera ciencia se plantea como un acto de humildad donde la universidad debe suppeditarse a la iluminación del Creador.
El testimonio personal del autor anónimo: La frase «tal como también hizo conmigo» (wie er mir auch gethan hat) posee un valor histórico inmenso. Revela de forma directa que el redactor de esta carta (el enigmático C. M. Profess. mencionado en la página 552) se consideraba a sí mismo un Adepto o un operador que había alcanzado el éxito en el laboratorio tras años de oraciones y meditación, validando las promesas de Fabre a través de su propia experiencia vivida.
La Alquimia como la Verdadera Filosofía: Las líneas finales desarman la resistencia de los filósofos puramente teóricos que rechazaban los textos químicos por considerarlos manuales mecánicos vulgares de fundidores. El texto aclara que en la obra de Fabre, la Química y la Alquimia no son meros oficios metalúrgicos, sino la física experimental sagrada: el único camino real para descifrar el pensamiento de la divinidad impreso en el «fundamento de la naturaleza» (Grund der Natur).
[38] La obra perdida de Fabre (Philosophia Reformata): El texto aporta un dato de enorme valor bibliográfico e histórico al documentar el lamento por la pérdida de la Philosophia Reformata. Pierre-Jean Fabre había prometido formalmente en su Chymia Universalis redactar un volumen final unificado que resumiera y simplificara todas sus recetas operativas. Al no haber sido publicado ni por él ni por sus herederos («sus hijos»), el autor asume con resignación que los Fata o el destino frustraron la aparición de este compendio, dejando incompleto el gran corpus iatroquímico francés.
El lamento por la incomprensión del vulgo: Al justificar el cierre de la epístola afirmando que «aún quedaría muchísimo que decir… que por desgracia miles de personas no comprenden», el redactor ratifica una vez más la mentalidad aristocrática del esoterismo de la época. La Alquimia y la espagiria se defienden hasta la última línea como disciplinas elitistas; la masa ordinaria está condenada a permanecer ciega ante los méritos del vitriolo y los arcanos, los cuales solo revelan su luz al Sabio genuino.
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