Vamos a desvelar un pequeño detalle que nos facilitará mucho un paso muy importante. Se trata de cómo hay que presentar el oro en la vía de las amalgamas (bueno, y también en la de la manteca de antimonio), que usara Filaleteo. En realidad, el oro que presentaremos al mercurio de los filósofos (otras veces llamado mercurio doble, o mercurio triple, dependiendo de lo que incluyamos en la cuenta, si el azufre del hierro y la plata, o no) es un oro coloidal, que previamente ha sido disuelto en Agua Regia. No hay más misterio aquí.
Otra cosa bien distinta es cómo hemos disuelto el oro. Lo que presentamos al mercurio filosofal es el cloruro de oro que queda después de su disolución en Agua Regia y su calentamiento (más fuerte, o más suave), casi siempre en forma de cristales (de hecho es mucho mejor en cristales). A mí, en concreto, me gusta seguir a Ripley (aunque él use la vía de los acetatos, hay una variante que al final tienes que añadir oro) y a Llull en sus Accurtationes. Es decir: disuelvo el oro en Agua Regia y lo llevo a cloruro hasta diez veces, aunque con siete son más que suficientes. ¿Por qué? Pues porque, en efecto, la primera vez sí añades Agua regia al oro. Pero la segunda vez, y las siguientes está añadiendo Agua Regia, no al oro, sino al cloruro de oro, que es algo muy diferente. Os aconsejo hacer esto y así veréis cómo cada vez el resultado es diferente. El culmen es ver la manteca de oro, que suele salir en la sexta o séptima vez.

Pero ahora hay un problema: Es indispensable que el oro está bien preparado para su encuentro con el mercurio filosofal, como hemos dicho. Y resulta que el oro inicia su proceso de re-metalización inmediatamente, aunque nosotros no lo observemos al momento, y el proceso sea largo.



Y aquí viene el truco: para sujetar los cristales de cloruro de oro en su estado perfecto y para evitar su proceso de remetalización, al menos el tiempo suficiente para seguir tranquilamente con nuestro trabajo, es imprescindible añadir cloruro de amonio (NH₄Cl), Con este cloruro, añadido a otro cloruro, el de oro, podemos fijar los cristales indefinidamente. Es más, lo he probado en una disolución de oro, pero de 18 kilates, no de 24 K, con las subsiguientes impurezas, como las de cobre y también he conseguido unos bellos cristales de cloruro de oro (con el cloruro de amonio) listos para ser presentados al mercurio filosofal:


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Dictamen de una célebre facultad de derecho, en el que un esposo solicita asesoramiento sobre si el recipiente de plata de su esposa, transmutado en oro, no le pertenece a él, o al menos el usufructo del mismo
Responsum einer berühmten Juristen-Facultät: da sich ein Ehemann belehren lässet: Ob ihm das seiner Frauen…
