Johannis Garlandii, seu Hortulani, Compendium Alchimæ, oder Erklärung der Smaragdischen Tafel Hermetis Trismegisti. Deutsches Theatrum Chemicum. Vloumen 2, 499-530.

- Presentación
- Introducción y prólogo.
- Capítulo I: El oro alquímico frente a oro natural.
- Capítulo II: Inicio de la división de la Materia.
- Capítulo III: El Caos Primordial o Massa Confusa.
- Capítulo IV: La Teoría de la Generación de los Metales.
- Capítulo V: El matrimonio místico de los metales
- Capítulos VI a X: La fijación del Alma en el Cuerpo.
- Capítulos XI a XIII: La Alquimia como Microcosmos de la Creación
- Capítulo XIV: La fitoquímica y el nacimiento del Mercurio Vegetal.
- Capítulo XV: El mito del Homúnculo y la Generación Espontánea.
- Capítulo XVI: La muerte y resurrección del Mercurio.
- Capítulos XVII a XIX: La vía puramente interna (No añadir nada extraño).
- Capítulo XX: La destilación del alcohol como disolvente de la Quintaesencia.
- Capítulo XXI: La bifurcación entre Alquimia Metálica y Espagiria.
Presentación
Mucho se ha escrito alrededor de este texto, de su impacto histórico posterior, de su autoría (aún no certificada, a pesar de los intentos que con escaso éxito han ido apareciendo), de sus manuscritos y de sus ediciones impresas. Lamentablemente, las noticias son escasas y los resultados no aparecen tras múltiples esfuerzos inanes. En esta ocasión vamos a dejar de lado eso exactamente: el “alrededor” del texto y nos vamos a centrar en su contenido, que, como ocurre muchas veces en la historia de la alquimia y de los textos que se estudian, es, sorprendentemente, lo menos analizado. Es decir: de nuevo se ha dejado atrás el qué dice el texto en favor de todo un aparato crítico que lo envuelve. Y eso es justo lo que no vamos a repetir ahora. Es cierto que el Compendium Alchimiae es un título clásico que agrupa tratados breves o resúmenes sobre los procesos de transmutación y la Piedra Filosofal. Sobre todo, eso: Es un texto de alquimia práctica. Y nunca podemos dejar de ver este texto desde esta perspectiva. Es una explicación sobre el proceso alquímico para hacer la Piedra Filosofal, y no otra cosa. También es cierto que Johannis Garlandii se refiere a Juan de Garlandia (c. 1195–c. 1272), un famoso filólogo y poeta inglés que enseñó en París y al que se le atribuyeron erróneamente varios tratados alquímicos en los siglos posteriores, como este que ahora editamos en la versión que diera Friedrich Roth-Scholtz en su Deutsches Thetrum Chemicum. Y Hortulani / Ortholanus, por su parte,es el nombre clave de un alquimista del siglo XIV (a menudo confundido o fundido con Garlandia) conocido por escribir el que fuera y es uno de los comentarios más influyentes sobre la Tabla de Esmeralda. Es generalmente aceptado que la Tabla de Esmeralda, el texto central que este libro explica, es un texto críptico atribuido al mítico Hermes Trismegisto. Es la base de la filosofía hermética y contiene la famosa máxima oculta: «Lo que está abajo es como lo que está arriba». Sin más, analicemos el contenido del texto, apartando, como hemos dicho, toda la parafernalia alrededor, sunque no olvidaremos algunos aspectos formales particulares de esta edición. Hay que notar que los comentarios son secuenciales.
Introducción y prólogo.
Es curiosa la Vida que abre, a modo de introducción, el texto. De ella hay que resaltar la mención a Bostonus Buriensis, que no es otro que John Boston de Bury (fallecido c. 1410), un monje benedictino inglés de la abadía de Bury St Edmunds, famoso por compilar el Catalogus scriptorum ecclesiae (un catálogo monumental de autores eclesiásticos y académicos medievales). Su mención sirve como fuente de autoridad para validar la lista de obras que presumiblemente sigue en la siguiente página. Al presentarlo formalmente como «Grammaticus & Poeta» antes de enlazarlo a la alquimia de la portada anterior, el editor Roth-Scholz buscaba arraigar la autoridad del libro en un erudito medieval legítimo y respetado por la Iglesia y la academia, elevando así el estatus místico del compendio alquímico y dando continuidad a la construcción del mito de Garlandia. Por supuesto, no puede faltar el anacronismo cronológico: El texto afirma que Garlandia floreció en el año 1040, bajo el reinado de Haroldo I de Inglaterra (Haroldo Harefoot), y menciona la dispensa papal de Benedicto IX a Casimiro I de Polonia en esa misma fecha. Sin embargo, el Juan de Garlandia histórico vivió en el siglo XIII (c. 1195–1272). Este desfase de dos siglos es un error historiográfico común en los compendios renacentistas y barrocos, derivado de la confusión entre diferentes manuscritos y crónicas medievales. También nos llama la atención el uso de la rima como recurso de marketing barroco: El poema de cuatro líneas en alemán funciona como un reclamo para captar la atención del lector. Al afirmar que «vale mucho dinero» si se entiende bien, el editor juega con el doble sentido característico de la alquimia: la ganancia económica de la transmutación material frente al valor inestimable de la iluminación espiritual.
Como no podía ser de otra forma, la alquimia que aquí se presenta es una alquimia piadosa y cristiana. Es sumamente característico de los tratados alquímicos medievales y de su posterior recuperación barroca comenzar con una oración devota. Para el alquimista, la transmutación de la materia no era un mero proceso químico o técnico, sino un don divino revelado por Dios únicamente a los puros de corazón. Es un precepto que no admite discusión: la propia oración ya legitima la práctica científica bajo el amparo de la fe cristiana. Con ello, el autor nos desvela su propósito moral. En efecto, Hortulano justifica la escritura de su comentario no por orgullo o codicia, sino como un acto de caridad cristiana: salvar a sus «queridos amigos» de los falsos alquimistas o «sopladores de carbón» (engañadores que arruinaban a la gente prometiendo oro falso). La alquimia se plantea aquí como una vía de conocimiento verdadero y revelado.
Tras esa introducción formal a la Tabla de Esmeralda con el fin de la oración, nos introducimos de inmediato el núcleo del libro: la transcripción de los misterios escritos en la mítica esmeralda de Hermes. Sigue el mito del hallazgo en la cueva. El párrafo inicial perpetúa una de las leyendas más famosas de la alquimia: que la Tabla de Esmeralda fue descubierta por Alejandro Magno (o por Sara, la esposa de Abraham, según otras versiones) en las manos del mismísimo cadáver de Hermes Trismegisto, sepultado en una recóndita caverna (en Hebrón). Este relato dotaba al texto de un aura de revelación divina y secreto milenario.
Tras el famoso axioma central del ocultismo occidental, dogma de la analogía universal «Lo que está abajo es como lo que está arriba» queda asentada definitivamente la correspondencia absoluta entre el macrocosmos (el universo, los astros) y el microcosmos (el ser humano, los metales en el crisol). En una especie de “filtro cósmico”, el texto describe de forma alegórica la preparación del «Telesma» o la Piedra Filosofal. Al adjudicarle como padres al Sol (fuego/azufre) y la Luna (agua/mercurio), y como vehículos al Viento (aire) y la Tierra, el tratado expone que la Gran Obra requiere la conjunción y el equilibrio perfecto de las cuatro fuerzas elementales de la naturaleza. Además, no sólo llegará el éxito en lo material, sino que éste vendrá acompañado de la iluminación espiritual y el fin de la ignorancia. La desaparición del «Unverstand und Dunckelheit» (la ignorancia y la oscuridad) promete al operador una transmutación mental e intelectual; el conocimiento absoluto de las leyes de la naturaleza disipa las tinieblas de la mente humana.
Al definir el secreto hermético como la fuerza que «supera a toda cosa sutil y penetra todo lo sólido» (o la fuerza que todo lo penetra), el texto describe las propiedades que los filósofos de la época atribuían a la Piedra Filosofal y a la «Medicina Universal»: una sustancia espiritualizada capaz de alterar la estructura física más íntima de cualquier cuerpo o metal común. Resalta seguidamente el «Schloß am Meer» (castillo junto al mar), otra traducción literal de las enigmáticas descripciones geográficas o alegóricas que Hortulano usó para ocultar su verdadera identidad o procedencia monástica. No podía faltar el tópico de la modestia (Humilitas). Hortulano abre su prólogo definiéndose a sí mismo como «el menor entre los sabios» y «no digno». Este era un recurso retórico obligatorio en los textos académicos y espirituales de la época. Servía para demostrar que el autor no escribía por soberbia intelectual, sino por pura benevolencia y mandato superior.
A continuación, el autor nos indica algo que ya hemos advertido antes: La práctica frente a la teoría («el trabajo de mis manos»). Hortulano promete explicar las oscuras metáforas herméticas no mediante teorías abstractas, sino a través del trabajo de laboratorio (im Wercke aber mit der Arbeit meiner Hände). La alquimia se define aquí como una disciplina eminentemente práctica y empírica. El cierre del prólogo reafirma la mentalidad teocéntrica del alquimista premoderno. Los textos herméticos pueden ser intencionadamente incomprensibles y oscuros para los profanos, pero Hortulano asegura que la iluminación divina (el Espíritu Santo) es la verdadera guía y llave capaz de descifrar cualquier código u obstáculo textual.
Capítulo I: El oro alquímico frente a oro natural.
Este capítulo se inicia con la defensa epistemológica de la Alquimia al dedicarlo íntegramente a desglosar las cuatro palabras iniciales de la Tabla de Esmeralda (Verdadero, sin mentira, cierto y lo más verdadero de todo). Hortulano utiliza el comentario para validar la disciplina frente a los escépticos de la época. Argumenta que la Alquimia no es una superstición o un fraude, sino un conocimiento legítimo sustentado por una metodología clara: la experiencia empírica y el ensayo en laboratorio (durch die Erfahrung also befunden).
El autor defiende una tesis muy audaz y común entre los alquimistas apologistas: el oro transmutado artificialmente en el crisol es superior al extraído directamente de las minas de la Tierra. Al pasar por un proceso de purificación radical y fuego controlado, el oro filosófico queda libre de impurezas minerales, lo que potencia sus virtudes místicas, metalúrgicas y curativas. Es el oro alquímico frente a oro natural, ése al que se referían los alquimistas cuando decían que ellos hacían un oro más puro que el oro.
Capítulo II: Inicio de la división de la Materia.
El Capítulo II introduce el desglose de la famosa dualidad hermética. Al citar la frase de la Tabla «Lo que está aquí abajo», Hortulano comienza a guiar al lector hacia la separación operativa de la materia prima en sus dos componentes fundamentales, un proceso clave en las fases iniciales de la Gran Obra.En cuanto al concepto del «Fermento» y el «Alma», Hortulano desvela aquí una clave de la metalurgia mística: la parte inferior que queda en el fondo del recipiente actúa como «fermento» o base material (la Tierra), mientras que el vapor purificado que asciende es la fuerza vital o «Alma» (Seele). La alquimia barroca heredó esta visión orgánica de la materia, donde los minerales no se consideraban objetos inertes, sino cuerpos dotados de un principio espiritual activo que el operador debía «despertar» (erwecket).
Sigue otra gran máxima: la de la Separación y Conjunción. El texto resume el famoso axioma operativo Solve et Coagula (disuelve y coagula). Primero se debe ejecutar la separación radical de los componentes (Scheidung) y luego unirlos nuevamente (Zusammensetzung). Solo a través de este ciclo de purificación e integración es posible obtener la Piedra Filosofal y obrar los «milagros de la naturaleza».
Capítulo III: El Caos Primordial o Massa Confusa.
Al comenzar el Capítulo III, Hortulano interpreta el origen de la Piedra haciendo una clara analogía con el Génesis bíblico. Define la «sola cosa» de la que brota el todo como una «masa mezclada» o «materia entremezclada» (vermischten Klumpen), equivalente al caos primordial a partir del cual el Creador organizó los elementos del universo.
En el cierre del Capítulo III, Hortulano insiste en que la materia prima de la Piedra Filosofal no es una sustancia exótica o ajena al mundo, sino un compuesto ordinario que engloba la matriz aristotélica de los cuatro elementos básicos (Wasser, Lufft, Erde, Feuer). El secreto de la Gran Obra no reside en buscar ingredientes extraños, sino en saber balancear y purificar estos componentes universales creados por la divinidad. Es la legitimación de los Cuatro Elementos.
Capítulo IV: La Teoría de la Generación de los Metales.
El Capítulo IV expone uno de los pilares más importantes de la alquimia premoderna: la creencia de que los metales son seres vivos que se reproducen de manera orgánica dentro de las entrañas de la Tierra. Hortulano traza un paralelo directo con la zoología: al igual que un caballo engendra a otro caballo, el oro debe engendrar oro (das Gold zeuget Gold). La Piedra actúa aquí como un catalizador biológico que acelera este proceso natural. De paso, ya nos va cerrando las posibilidades operativas, dejando el camino entres dos vías clásicas: la de las amalgamas o la de la manteca de antimonio.
Sigue desvelando las metáforas: El Sol es el Oro. Aunque nos suene a redundancia, el autor rompe el lenguaje críptico de Hermes Trismegisto al declarar abiertamente al lector la equivalencia química de los símbolos astrológicos. Al traducir el «Sol» de la Tabla directamente como el metal Oro sólido refinado, Hortulano asienta la base práctica del laboratorio, preparando el terreno para explicar en la página siguiente por qué la «Luna» representa a la Plata viva y receptiva. Otro paso más, por cierto, en la definición de las vías que puede seguir.
Capítulo V: El matrimonio místico de los metales
El Capítulo V profundiza en la teoría de la reproducción metálica. Al denominar a la unión de las sustancias como una Schwängerung (preñez o impregnación), Hortulano integra la terminología biológica dentro de la idea de la metalogénesis medieval. El oro actúa como el principio activo o semen masculino que fertiliza la matriz pasiva y receptora de la plata (la madre), imitando los procesos de gestación de la naturaleza. Hortulano describe un fenómeno químico muy concreto que los alquimistas consideraban un «milagro» (ein Wunder): cuando el oro macizo (el elemento más fijo y denso) se disuelve adecuadamente mediante ácidos fuertes (como el agua regia), sus componentes se separan de tal manera que el metal se vuelve volátil («espiritual») y se evapora ante el calor imitando el comportamiento del azogue o mercurio vivo (fleucht vom Feuer, gleich wie ein Quecksilber). En el siguiente pasaje se explica la función operativa de los componentes. El oro disuelto y espiritualizado es el portador de la «tintura» o poder colorante/transmutador. La plata disuelta actúa como el cuerpo fijador y el vehículo translúcido en forma de agua clara que acogerá dicha tintura para consolidar la Piedra Filosofal.
Es llamativo observar de nuevo cómo Hortulano apoya sus teorías místicas en la praxis artesanal de los orfebres (Goldschmiedte). Al explicar que el oro y la plata puros por separado resisten la fundición fácil pero se derriten rápido al combinarse, el texto demuestra que la alquimia del siglo XIV estaba estrechamente ligada a las observaciones metalúrgicas reales y a la química práctica de los talleres, resaltando así el saber empírico de los plateros y orfebres.
Siguiendo con la más pura descripción operativa de la práctica, Hortulano habla ahora de la fijación del mercurio fugaz- El texto describe el nudo gordiano de la Gran Obra: lograr que la Medicina o elixir fluya y actúe antes de que el principio volátil (der lebendige Mercurius) escape en forma de vapor por la acción del fuego (ehe der lebendige Mercurius weg fleucht). La unión del oro (fijo) y la plata (matriz) busca «amarrar» ese espíritu gaseoso para estabilizarlo en el crisol.
Llegamo ahora a otra máxima de la Tabla de Esmeralda: a la exégesis del «Vientre del Viento», desglosando así una de las alegorías más poéticas de la Tabla de Esmeralda. Explica que el proceso de sublimación (donde los gases suben y bajan dentro del matraz) es un combate elemental (streiten sie mit einander). El «viento» o aire se define aquí mediante una cadena analógica puramente hermética: el viento es aire, el aire es el aliento vital (Leben) y la vida es el Alma (Seele), que es el motor espiritual que reanima la materia muerta. Pero cuidado con esta interpretación, pues lo mismo se puede aplicar al proceso de putrefacción. El problema aquí es que la terminología aplicada puede ser variada cuando en realidad están describiendo un mismo proceso. Es decir: hay una sublimación y una putrefacción.
Hortulano recurre a una alegoría biológica muy común en la Edad Media para ilustrar la química de los metales: la analogía del crecimiento infantil. Al igual que un recién nacido depende de la leche materna para desarrollarse, el espíritu volatilizado en el matraz necesita asentarse y nutrirse de la base mineral sólida (la «Tierra» o sedimento del fondo), proceso denominado aquí «fermentación de su Tierra».
Es ahora cuando se llega a la importancia de la «Larga Cocción» (Lange Kochung). El texto desvela un secreto operativo crítico sobre el control del fuego. Si el operador detiene el proceso antes de tiempo y no concede a la amalgama la cocción prolongada necesaria, la sustancia se quedará estancada en la fase intermedia de la Albedo (semejante a la madre en la blancura o plata). Para alcanzar la Rubedo (el oro del padre), se requiere una maduración absoluta, aunque el peso específico y noble ya se haya consolidado en la materia.
Capítulos VI a X: La fijación del Alma en el Cuerpo.
El título del Capítulo VI introduce el objetivo culminante de la Alquimia. La perfección de la Piedra Filosofal no se logra mientras los elementos sigan volando o evaporándose; se alcanza únicamente cuando el principio volátil y vital (el Alma / Seele) es capturado y obligado a permanecer de manera permanente y fija (bleibend seyn) dentro de la estructura densa del metal (el Cuerpo / Leibe).
El texto explica de forma magistral el pasaje de la Tabla de Esmeralda sobre la fuerza que «se convierte en tierra». Para Hortulano, la perfección máxima no es un espíritu gaseoso que escapa, sino lograr que el principio vital gaseoso (el viento, el aire, el óleo) sea absorbido por completo por el sedimento mineral del fondo, condensándose en una «piedra fija» (fixer Stein) que contiene el espíritu atrapado en la materia. Es laespiritualización de la Tierra.
El fragmento central ofrece uno de los ejemplos de divulgación más claros de la historia de la Alquimia. Para explicar el concepto místico de «multiplicación» (cómo unos pocos gramos de Piedra Filosofal pueden transmutar kilos de plomo en oro), el autor utiliza la analogía de la masa madre: al igual que una pizca de masa madre contagia y transforma un barreño entero de harina cruda convirtiéndola en fermento viviente, la Piedra Filosofal actúa como una «levadura metalúrgica» que reorganiza los átomos de los metales inferiores a su propia imagen noble.
Hortulano insiste en una de las advertencias éticas y técnicas más repetidas de la tradición hermética al elogiar la paciencia frente a la violencia: la Gran Obra no admite prisas ni brusquedades (nicht mit Gewalt… nicht eilend). El fuego debe ser gobernado de forma paulatina y «delicada» (sänfftiglich). Los falsos alquimistas solían destruir sus amalgamas al aplicar ráfagas de calor excesivo en los hornos, mientras que el verdadero Adepto imita la sutil y lenta maduración con la que la propia naturaleza gesta los metales en el subsuelo.
Por supuesto, y a pesar del uso de obviedades, no podemos dejar pasar la equivalencia entre Separación y Disolución: El texto ofrece una valiosa definición metodológica al equiparar la instrucción de la Tabla de Esmeralda («separar» / scheiden) con la operación química de la «disolución» (auflösen). Para limpiar la materia, primero es indispensable romper sus enlaces físicos densos, licuándola o transformándola en sales solubles, lo que permite apartar mecánicamente las «heces» e impurezas inertes de los verdaderos principios activos y puros de la materia. Y lo mismo para la “purificación trinitaria elemental”: La exégesis de Hortulano amplía el sentido físico de la Tabla al detallar que la purificación no solo separa lo grueso de lo delgado, sino que limpia los tres elementos volátiles del compuesto (el fuego, el aire y el agua del matraz) de cualquier residuo terrestre o carbonoso, asegurando que la sustancia resultante alcance un estado de pureza cristalina absoluta antes de encarar las fases finales de la proyección.
A continuación Hortulano aborda uno de los pasajes más “dinámicos” de la Tabula Smaragdina: la circulación de la materia en el matraz de destilación (el vaso hermético), o el misterio del ascenso y descenso cósmico. El movimiento de subida al «cielo» (vaporización) y bajada a la «tierra» (condensación) representa un ciclo de purificación continua donde el espíritu limpia progresivamente al cuerpo físico.
Una de las claves prácticas que desvela este capítulo es la asimetría en las proporciones de los componentes. El autor afirma explícitamente que el operador debe disponer de una «grosen Quantität» (gran cantidad) de la parte volátil en comparación con la parte fija. Sin un exceso de este principio espiritualizado y sutil, la base terrestre pesada jamás podría ser «arrastrada» o elevada en el proceso de sublimación. Esta primacía cuantitativa del Espíritu.
El texto reduce la complejidad de los cuatro elementos aristotélicos a una dualidad operativa mucho más simple y manejable en el laboratorio barroco: lo Fijo (Cuerpo/Tierra) y lo Volátil (Espíritu/Aire). El éxito de la Gran Obra depende enteramente de que el espíritu volátil sea lo suficientemente fuerte como para disolver el cuerpo, de modo que ambos puedan fundirse y reestructurarse en un nuevo estado de perfección mineral. Es la amalgama de los opuestos.
A continuación Hortulano desvela una regla de oro de la tradición hermética: la materia debe ser disuelta en su propia agua elemental (das Wasser des Steins), no en ácidos extraños. Los alquimistas barrocos insistían en que «la naturaleza se alegra con la naturaleza», por lo que el disolvente ideal de la Gran Obra debía proceder de la misma sustancia original purificada en las fases previas. En la condensación del Espíritu en Cuerpo, o el ciclo de evaporación y condensación es donde se transforman las cualidades de la materia. Al ascender, lo denso o sólido se espiritualiza (wird geistlich); al enfriarse y descender, el gas espiritual se corporiza (wird leiblich), atrapando las energías sutiles del aire dentro de una estructura mineral sólida. Hortulano concluye que la Piedra resultante de este proceso posee una naturaleza mixta o andrógina sumamente poderosa. Al haber viajado repetidamente entre el fondo del matraz (la tierra) y el cuello del vaso (el cielo), ha asimilado simultáneamente las propiedades celestiales (volátiles y puras) y las terrenales (fijas y estables), convirtiéndose en el agente transmutador perfecto.
Más adelante, Hortulano desglosa los efectos de la consecución de la Gran Obra y expande el significado de la mítica «gloria del mundo» de la Tabla de Esmeralda. Para el alquimista, la obtención de la Piedra no solo colma una ambición material disipando la pobreza (Armuth), sino que actúa de forma simultánea a nivel espiritual disipando la aflicción (Bekümmernüß) y a nivel físico actuando como la Panacea Universal que sana cualquier enfermedad (heilet er alle Kranckheiten). Es la triple virtud de la Piedra Filosofal.
Sin decirlo abiertamente, hortulano da un salto y pasa a la explicación de la Multiplicación del Polvo de Proyección, a la que se refiere hablando de la fijación del Mercurio (Vincere Mercurium). En efecto, detalla la capacidad del polvo de proyección para coagular el mercurio vivo líquido (das lebendige Quecksilber… machet es gestehend oder hart). El mercurio corriente, considerado por los alquimistas como un espíritu escurridizo e imperfecto, queda domado y fijado de forma inmediata bajo el influjo de la Piedra, transformándose en oro macizo. Todo ello, claro está, omitiendo que hay que fundir el mercurio convertido en polvo para que se vuelva oro macizo.
Capítulos XI a XIII: La Alquimia como Microcosmos de la Creación
El inicio del Capítulo XI introduce el concepto de la Cosmogonía Alquímica. El autor afirma que el proceso llevado a cabo por el operador dentro del matraz (dieses Meisterstück) no es una mera receta metalúrgica, sino una repetición a escala humana y a pequeña escala de los mismos pasos y leyes que el Dios Omnipotente empleó para ordenar el caos primordial durante la creación del universo entero (Schöpffung der ganzen Welt).Hortulano profundiza en la cosmogonía hermética comparando de forma exacta la materia prima del laboratorio con la Massa Confusa o el caos previo a la creación del mundo. Para los alquimistas medievales, el operador actúa como un reflejo del «Creador Supremo» (höchsten Schöpffers): toma una sustancia amorfa y desordenada y, mediante el uso inteligente del fuego, separa sus componentes para otorgarles una nueva identidad pura. Es la llamada “Rectificación de la Materia”, donde no basta con separar los elementos de los cuerpos; cada uno de ellos debe purificarse individualmente de forma radical. Este proceso limpia las cualidades energéticas de la materia, asegurando que al volver a unirse, no se destruyan entre sí, sino que cooperen para formar la estructura incorruptible de la Piedra.
El fragmento final celebra la fase de la Conjunction (de los opuestos, evidentemente) o, si se quiere, síntesis alquímica. Al reunir los elementos previamente rectificados y purificados, el laboratorio es testigo de «cosas prodigiosas» (wunderliche Dinge). La amalgama resultante ya no es una mezcla inestable de minerales contrarios, sino un compuesto armónico y superior que ha superado la corrupción natural de los metales corrientes.
A continuación el texto ofrece una clasificación sistemática de la materia propia del pensamiento de la Edad Media, o premoderno: Mineral, Vegetal y Animal, cada uno en su propio reino. Hortulano sostiene que la verdadera sabiduría hermética consiste en comprender que las leyes de los cuatro elementos rigen de forma idéntica en los tres reinos. La Alquimia es, por tanto, una ciencia unificada de la vida orgánica e inorgánica.
La revelación del Mercurio Filosófico: En las líneas finales se expone uno de los mayores secretos operativos de la obra de Garlandia: el Mercurius Philosophorum. Hortulano simplifica la búsqueda de la materia prima indicando que no hace falta recolectar ingredientes de los tres reinos por separado; el principio unificador y la semilla de la Piedra se hallan concentrados en un solo elemento debidamente preparado, que actúa como el disolvente y el alma de la Obra del Sol.
Por supuesto, Hortulano sintetiza las tres fases cromáticas universales de la Gran Obra: la Nigredo (el color negro, que representa la putrefacción y muerte de la materia), la Albedo (el color blanco, que representa la purificación y la plata filosófica) y la Rubedo (el color rojo, que marca la fijación final y el oro del Sol). Lograr que estos tres colores cristalicen sucesivamente en un solo vaso es la prueba visual de que el operador progresa correctamente. La secuencia es harto conocida: La muerte operativa como paso a la multiplicación. Al igual que el grano de trigo, los metales comunes deben «morir» en el crisol antes de renacer en una forma noble y multiplicada. La Conjunction es la resurrección física de la materia, donde las partes purificadas se vuelven a integrar dando lugar a un elixir capaz de «contagiar» su propia perfección y producir «mucho fruto» (bringet er viel Früchte) al proyectarse sobre plomo o mercurio común.
Hortulano cierra el tratado con un característico juego de palabras esotérico dirigido al lector: «Si conoces la preparación… te he dicho la verdad; si no la conoces, tampoco te he dicho nada». Esta sentencia resume la filosofía de los Adeptos tardo medievales a modo de advertencia hermética del secreto: el texto está escrito en un código analógico que solo cobra sentido para aquel que ya posee el don espiritual o la práctica empírica de laboratorio, permaneciendo opaco y carente de significado para los profanos o los meramente codiciosos. Toda la exégesis de la Tabla de Esmeralda concluye unificando los cuatro elementos, los tres reinos y las fases cromáticas en una sola y única sustancia fundamental: el Mercurio Philosophico.
Capítulo XIV: La fitoquímica y el nacimiento del Mercurio Vegetal.
El Capítulo XIV expone un experimento de botánica hermética muy común en los laboratorios premodernos. Al enterrar los jugos cáusticos y lechosos de estas tres plantas específicas en el «estiércol filosófico» (im Miste) a temperatura constante, el autor afirma haber obtenido gotas de mercurio líquido real. Desde la perspectiva de la química moderna, esto responde a la reducción de sales minerales presentes en la savia de ciertas plantas o a una interpretación analógica de los destilados espesos, pero para Hortulano demostraba empíricamente que el reino vegetal albergaba la misma matriz que el reino mineral.
Capítulo XV: El mito del Homúnculo y la Generación Espontánea.
El Capítulo XV aborda uno de los pasajes más oscuros y fascinantes del esoterismo occidental: la creación del Homúnculo o vida artificial animalizada en el matraz. Basándose en la teoría medieval de la generación espontánea (que creía que la carne podrida engendraba gusanos por sí sola), Hortulano describe que la putrefacción hermética del mercurio puro da vida a unos seres larvarios.
El texto describe un proceso de selección natural dentro del vaso de vidrio (starcken gläsern Geschirr): los gusanos luchan entre sí hasta que «nur einer bleibet» (solo queda uno). Es el canibalismo alquímico de la materia.Esta criatura única y arquetípica representa la condensación de toda la fuerza vital animal de la materia y debe ser alimentada con gotas de mercurio vivo para desarrollarse. Es el mismo principio biológico que más tarde popularizaría Paracelso en el siglo XVI para la creación de vida en matrices artificiales.
El desenlace de la receta animal asienta uno de los conceptos más radicales del hermetismo medieval tardío: la Piedra es un «lebendiges Geschöpff» (una criatura viva). Al asimilar el Homúnculo resultante a la figura de un sapo (Kröte), Hortulano no habla de zoología real, sino de un compuesto orgánico purificado capaz de absorber la «tintura» metálica de tal manera que su propio cuerpo celular actúa como un puente biológico para transmutar el plomo.
Capítulo XVI: La muerte y resurrección del Mercurio.
El Capítulo XVI sintetiza la naturaleza cíclica del metal rey mediante la analogía crística de la muerte y la resurrección (welcher sich selbst tödtet, wieder auferstehet). Para que el mercurio mineral común se eleve al rango de Piedra Filosofal y se transforme en oro puro, primero debe sufrir una destrucción química absoluta de su forma densa para renacer con un cuerpo espiritualizado incorruptible.
Capítulos XVII a XIX: La vía puramente interna (No añadir nada extraño).
El Capítulo XVII introduce una discusión clásica sobre la metodología operativa. Hortulano defiende que la Gran Obra es enteramente endógena: no requiere ingredientes artificiales externos, sino únicamente la supresión de las escorias e impurezas del propio compuesto original (ohne allein daß die Uberflüßigkeiten werden weggethan). El oro y la plata son los únicos componentes legítimos necesarios en el crisol.
El texto expone de manera nítida la base de la química premoderna heredada de Geber: La teoría Azufre-Mercurio de la metalurgia medieval. Se creía que todos los metales de la Tierra nacían de la cópula de dos principios universales en el subsuelo: el Azufre (el principio masculino, cálido, seco y fijador) y el Mercurio (el principio femenino, frío, húmedo y volátil). Hortulano añade aquí el Arsénico como un catalizador capaz de espiritualizar la mezcla si se licúa en forma de «óleo».
El autor introduce una dura crítica al mercado al afirmar que «el destructor de la Piedra es la piedra tal como se encuentra a la venta». Con ello advierte a los falsos alquimistas y aficionados de que los ingredientes en bruto que se vendían en las boticas o comercios ordinarios de la época estaban llenos de impurezas muertas y que la auténtica «materia de los filósofos» requería una preparación interna secreta antes de ser operativa, en una clara advertencia contra el fraude comercial.
La expresión «eheliche Verknüpffung» (unión o lazo conyugal) define de nuevo el núcleo de la Crisopeya: el matrimonio místico entre Cuerpo y Espíritu. El arsénico purificado y el aire del mercurio actúan como los mediadores nupciales que permiten que el espíritu volátil (gaseoso) y el cuerpo metálico denso (sólido) dejen de repelerse en el crisol y se fundan de forma definitiva en un lazo indestructible.
Hortulano introduce en el siguiente pasaje el concepto de la aceleración del proceso alquímico a través de menstruos o «aguas» vegetales capaces de corroer los metales nobles (Gold und Silber) en cuestión de horas. Es la búsqueda de la vía rápida u «Obra Breve».En la historia de la alquimia, esto marca la distinción entre la Vía Húmeda u Obra Larga (que requería meses de lenta digestión en el destilador) y la Vía Seca u Obra Corta, donde el uso de reactivos enérgicos y flujos potentes permitía acortar los tiempos de manera drástica (eilend gemacht in einem Tage).
Ahora Hortulano aborda uno de los mayores desafíos ontológicos de la alquimia medieval: cómo interactuar con sustancias gaseosas e invisibles (lo que más tarde la química moderna llamaría gases). El autor argumenta que las energías espirituales puras de la naturaleza son imperceptibles para el ojo humano (wegen der Subtilheit… nicht sehen können) y que la única forma de atraparlas y operar con ellas en el crisol es obligarlas a adoptar un «cuerpo vivo» sólido o denso. Es la materialización del “Espíritu Invisible”.
El texto describe de forma poética pero técnicamente precisa el proceso físico de la destilación en un alambique. Mediante el uso de «bequeme Instrumenta» (retortas y matraces de vidrio), el operador altera la temperatura del sistema; el espíritu gaseoso invisible choca contra las paredes frías del cuello del vaso, se transforma en gotas de «agua» (Gestalt eines Wassers), fluye hacia abajo (lauffet herab) y se deposita en el receptor. Este líquido destilado es el espíritu corporizado tras la condensación, algo indispensable, pues los alquimistas repetían que sólo lo que ha sido antes humo puede penetrar los cuerpos.
Se advierte, incluso en un tono solemne, al lector de que el principio activo de la Piedra pertenece a la naturaleza ígnea celestial pero no es fuego común destructivo (ist gleichwol kein Feuer). El fuego de los filósofos es un calor vivificante y ordenatorio que, en lugar de carbonizar los metales, purifica sus enlaces y permite la unión conyugal de los elementos para consolidar la transmutación final.
El fragmento siguiente resume a la perfección el doble propósito de la Alquimia de los siglos XIV y XV, heredera de la árabe. El Elixir no posee un fin puramente crematístico de transmutación metálica (das lebendige Quecksilber fix zu machen); es, ante todo, la Medicina Suprema o Panacea Universal. Basándose en la teoría galénica de los cuatro humores corporales, el texto afirma que la Piedra purifica el organismo expulsando los «malos humores» (bösen Humoren) y frenando la «corrupción del cuerpo», actuando como un bálsamo de longevidad.
Capítulo XX: La destilación del alcohol como disolvente de la Quintaesencia.
El Capítulo XX introduce la manipulación práctica del agua ardiente (brennende Wasser). Tras advertir de la dificultad de limpiar el espíritu de sus residuos acuosos (Phlegmate), Hortulano describe la obtención de un alcohol rectificado tan potente (brennend und verbrennend Wasser) que es capaz de consumir el lino por completo, en la famosa prueba de pureza de los destilado que se hacía sobre este tipo de tela. Este alcohol de altísima pureza no se buscaba como un fin en sí mismo, sino como el menstruo o disolvente idóneo para extraer y vehicular el «óleo vivo» o Quintaesencia de los minerales.El texto detalla una operación sutil: utilizar el espíritu de la Quintaesencia ya extraído como un catalizador interno para volatilizar y elevar (Spiritualisch zu machen) la masa pesada de los otros tres elementos que aguardan en el fondo de la retorta. Este ciclo de alimentación mutua asegura que toda la «fuerza corpórea» sea purificada de sus lazos terrestres ordinarios, preparando la cristalización final de la Piedra, espiritualización elemental.
También se nos advierte del peligro de interpretar los textos herméticos de forma literal. Muchos «sopladores» desinformados de la época arruinaban su salud y cometían “profanaciones teóricas” buscando sangre real, cuando el texto medieval de Hortulano utilizaba la palabra únicamente como una analogía de correspondencia: dado que la sangre es el vehículo de la vida en el microcosmos humano, el líquido rojizo y rectificado del alambique es el vehículo vital que reanima los metales en el microcosmos del laboratorio.
Hortulano detalla la técnica de la cohobación (verter el líquido destilado de vuelta sobre el residuo seco que quedó en el fondo) buscando la fijación progresiva de la materia. Al mezclar el polvo negro con la «sangre rectificada» y el «Agua del Fuego», el operador obliga a la porción fija a absorber el espíritu líquido una y otra vez. Es un ciclo de retroalimentación elemental diseñado para impregnar el cuerpo con las energías del aire y el fuego.
El paso final de la página introduce el uso del horno de reverbero para la calcinación. Al someter la materia viscosa a un calor ígneo extremo, se destruyen los últimos lazos impuros del compuesto, reduciéndolo a una ceniza o cal blanca (Kalck). Esta cal pura y fija (Cal Filosófica) es la matriz idónea que, al unirse de nuevo con el Agua del Fuego, consolidará los cuatro elementos purificados bajo la forma de la Piedra Perfecta.
Hortulano vuelve a conectar la praxis del laboratorio con el núcleo doctrinal de la Tabla de Esmeralda. El «Agua de la Vida» no es un reactivo ordinario; al haber asimilado las energías de la destilación, condensa en una matriz líquida la dualidad hermética: la sutileza del espíritu (Spiritualische) y la estabilidad del cuerpo (Corporalische), lo que le permitiría penetrar instantáneamente en cualquier metal base, a modo de una especie de unificación del poder espiritual y corpóreo.
El tratado describe el desenlace de la Coagulación. Tras los sucesivos viajes verticales dentro del alambique, los elementos pierden su volatilidad salvaje y quedan «amarrados» o fijos (fix bleiben) en el fondo del recipiente gracias al lazo unificador de la Quintaesencia. El resultado físico es el Elixir Mercurii, una medicina y piedra cristalina translúcida que representa el triunfo del orden sobre el caos mineral.
Capítulo XXI: La bifurcación entre Alquimia Metálica y Espagiria.
El Capítulo XXI establece una frontera metodológica y de seguridad muy clara dentro del laboratorio. Hortulano advierte al operador de que los reactivos químicos extremos y corrosivos empleados en las páginas anteriores para disolver metales duros (como el arsénico o el alcohol altamente concentrado que consumía el lino) son destructivos para el organismo humano (wäre auch gefährlich zu trincken). Para elaborar el elixir medicinal o terapéutico, conocido en la tradición de Paracelso como medicina espagírica, se debe rebajar la agresividad del destilador.
El fragmento central ofrece una explicación teórica fundamental sobre la estabilidad de los medicamentos antiguos. El autor señala que los principios activos volátiles (los «espíritus» de las plantas o minerales) se evaporan y disipan con extrema facilidad si se dejan solos en el agua. Para «amarrar» esas propiedades curativas y que no se pierdan con el tiempo, es imprescindible mezclar el destilado con las sales minerales estables extraídas de la propia base sólida del compuesto, lo que la Tabla de Esmeralda define metafóricamente como la Tierra que actúa como nutridora (Seine Ernährerin ist die Erde). No olvidemos que el objetivo es la conservación del Espíritu a través de la Tierra.
El texto detalla un problema práctico de las boticas bajomedievales al explicar que si el aguardiente se rectifica en exceso buscando la fórmula de la «sangre humana» metalúrgica, la densidad grasa y resinosa de los aceites esenciales de las plantas medicinales (durch die Oeligkeit) rompería el equilibrio de la mezcla, alterando su sabor y arruinando su capacidad de conservación a largo plazo. La perfección medicinal radica en el equilibrio exacto entre el líquido sutil y sus sales fijas.
El texto cierra con una dramática advertencia médica e intelectual al señalar que quienes alteran la receta introduciendo minerales extraños fabrican un «Wasser des Todes» (Agua de la Muerte). En la Edad Media (y en la Edad moderna también), la falta de estandarización química hacía que muchos aficionados mezclaran sales de plomo, mercurio y arsénico con ácidos mal destilados, creando venenos letales en lugar de la Panacea Universal.
Al final del tratado, Hortulano insiste de forma tajante en la pureza endógena de la Gran Obra apoyándose de nuevo en Geber. El gran error de los falsos operarios era buscar añadidos exóticos como el tártaro del vino o las cenizas de los recipientes. El autor recuerda que la Alquimia Hermética es una ciencia de la purificación interna: el cuerpo, el espíritu y la tierra necesarios deben nacer de la misma y única sustancia original (da nichts fremdes hinzu gethan wird), eliminando simplemente las humedades e impurezas sobrantes.
El tratado sella su exégesis volviendo a la rima y a las analogías del pan del Capítulo VI. Se consuela al operario recordándole que la porción mineral fija del fondo (la Tierra) no necesita ser abundante; unas pocas sales puras actúan como una «levadura cósmica» capaz de fijar y teñir toda la masa líquida del alambique, consolidando el milagro de la Piedra Bendita. Este detalle técnico es muy preciso y valioso para el operario, pues es cierto que la porción de sal es mínima. Incluso, en ocasiones es innecesaria su presencia, pues el aceite (o azufre), como elemento intermedio entre lo fijo y lo volátil, “guarda memoria” de sus vecinos, tanto de la sal, como del mercurio.
COMPENDIO DE ALQUIMIA
de
JUAN DE GARLANDIA
o
HORTULANO,
el Inglés,
o bien,
Explicación
de la
Tabla de Esmeralda
de
HERMES TRISMEGISTO.
Traducido del latín al alemán, y ahora aquí incorporado por Friederich Roth-Scholz, de Herrenstadt, Silesia.
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Nüremberg,
editado por Adam Jonathan Felsecker.
Año de Cristo 1729.
500 | [Obra de] Juan de Garlandia
VIDA
de Juan de Garlandia,
excelentísimo filósofo.
JUAN DE GARLANDIA, gramático y poeta, se consagró por entero desde los años de su tierna infancia a las buenas artes y a las disciplinas que aquella época ofrecía. Posteriormente, al avanzar el curso de sus años, mientras Inglaterra era devastada por la incursión de los daneses, abandonó los gimnasios [centros de estudio] de su patria y se trasladó a realizar estudios ultramarinos. Allí absorbió las ciencias liberales en mayor abundancia y a boca llena, como si bebiera de la mismísima fuente. Con esta asidua diligencia e industria tras una honesta educación, la cual dedicaba a estos estudios, superó fácilmente a absolutamente todos los que aprendían junto a él. Dicho trabajo no fue en absoluto inútil, de modo que de inmediato se ganó un nombre de extraordinaria gloria. En efecto, cautivados por su destreza y elocuencia, ciertos nobles lo retuvieron bajo condiciones honorables para que instruyera a la juventud en los elementos de la lengua latina y la poesía. Por ello, en poco tiempo fluyó hacia él un gran número de estudiantes, a quienes incitó hacia los estudios honestos mediante lecciones públicas. Finalmente, para beneficio de la posteridad, [escribió] muchas obras menores, de las cuales Boston de Bury, en su gran catálogo, registra casi todos los siguientes títulos.
Vida. | 501
Sobre los términos oscuros de la Química [Alquimia]. Libro I.
Diccionario para explicar los asuntos de la Química.
Sobre el acento. Libro I.
Quien desee conocer la norma de la Santa Iglesia.
De los misterios de la Iglesia. Libro I.
Inglaterra, hacia dónde te diriges, mientras lo tuyo…
Uno de todos. Libro I.
Mientras buscan el beneficio descuidando…
Obra satírica. Libro I.
Escribo, al fin, una nueva sátira.
Sobre los milagros de la Divina María. Libro I.
Hizo Dios una maravilla, mientras el maravilloso…
Epitalamio de la misma [la Virgen María]. Libro I.
Se erige la noble perfección del mundo.
Obra de los sinónimos. Libro I.
Para que no parezca que llevo agua al mar.
Obra de los equívocos. Libro I.
Augusto ti. to. César o bien…
Cómputo y tabla. Libro I.
El Hortelano [Ortolanus]. Libro I.
Alabanza, honor, virtud y gloria.
El Cornuto, o tratado de los dísticos. Libro I.
Sobre la penitencia. Libro I.
La gema áurea. Libro I.
Y escribe el predicho Boston que él floreció en muchas otras cosas en el año 1040 de la encarnación del Mesías, reinando Haroldo en Inglaterra. En ese mismo año, el Papa Benedicto IX nombró rey de Polonia al monje y diácono Casimiro. Véase el Compendium Alchimiæ de Juan de Garlandia, publicado en Basilea, 1560, página 172 y siguientes.
502 | Vida de Juan de Garlandia.
Este librito vale mucho dinero
si lo logras entender correctamente;
ningún otro libro te podrá enseñar mejor
el arte de los hilos de oro [la alquimia].
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COMPENDIO DE ALQUIMIA
de
JUAN DE GARLANDIA
o
HORTULANO,
excelentísimo filósofo,
o bien,
Explicación de la Tabla de Esmeralda.
⁂ )( ⁂ | 503
DE LA QUÍMICA [ALQUIMIA]
DE HERMES TRISMEGISTO.
Oración de Hortulano.
Alabanza, honor, poder y gloria sean a ti, Señor, DIOS Omnipotente, junto con tu amado Hijo JESUCRISTO y el Consolador, el Espíritu Santo. A ti, Santísima Trinidad, que eres el único Dios verdadero y hombre perfecto, te doy gracias. Después de haber conocido las cosas perecederas de este mundo malvado, y para que no fuese tentado por sus deseos, me has apartado de ellos por tu gran misericordia. Sin embargo, dado que veo que muchísimos en este arte están siendo engañados al no dar con el camino correcto, te ruego, SEÑOR mi DIOS, que me permitas apartar del error a mis queridos amigos mediante la ciencia que me has concedido; para que, una vez reconocida la verdad, puedan alabar tu santo y gloriosísimo Nombre, el cual sea honrado y bendecido por la eternidad, ¡Amén!
Las palabras de los misterios de HERMES, las cuales estaban escritas en una
504 | [Obra de] Juan de Garlandia
…[Tabla de Es]meralda, la cual fue hallada en sus manos dentro de una cueva oscura en la que fue encontrado su cuerpo humano.
La Tabla de Esmeralda.
Verdadero, sin mentira, cierto y lo más verdadero de todo es: que lo que está aquí abajo es igual a lo que está allá arriba. Y lo que está arriba es igual a lo que está aquí abajo, para obrar los milagros de una sola cosa. Y así como todas las cosas fueron creadas de una sola cosa, por la voluntad y el mandato de un Único [Creador] que la ideó: así también brotan y provienen todas las cosas de esta única, sola y exclusivamente a través de un único camino y por un orden conveniente. El Sol es su padre, la Luna es su madre; el viento lo llevó en su vientre; su nutridora o nodriza es la Tierra. Este es el padre de toda la perfección de este mundo entero. Su poder es perfecto cuando se convierte en tierra. Debes separar la tierra del fuego, y lo sutil de lo espeso o grosero, con gran delicadeza, con gran entendimiento y arte. Sube de la tierra al cielo, y vuelve a descender a la tierra,
Compendio de Alquimia. | 505
…y recibe de este modo el poder de lo más alto y de lo más bajo. Así obtendrás la gloria de todo el mundo y, por lo tanto, se alejará de ti toda ignorancia y oscuridad. Esta es la fuerza más fuerte de todas las fuerzas, porque supera a toda cosa sutil y penetra todo lo que es denso y sólido. Así fue creado el mundo. De aquí se pueden realizar prodigios si se sabe aplicar convenientemente, de la manera en que se ha indicado. Por esta razón he sido llamado el triple Mercurio, porque poseo tres partes de la sabiduría de todo el mundo. Queda así completo todo lo que he dicho acerca de la obra del Sol.
506 | [Obra de] Juan de Garlandia
Prólogo.
Yo soy ciertamente llamado HORTULANO, un jardinero, [cuyo nombre proviene] del huerto o del castillo junto al mar, cubierto con la piel de Jacob; el menor entre los sabios, y no digno de ser llamado discípulo de la sabiduría. No obstante, el amor hacia mi buen amigo me impulsa a proponerme explicar, de cierta manera, las palabras del padre de los filósofos, a saber, de HERMES. Aunque tales palabras se consideran muy oscuras y ocultas, yo las describiré, sin embargo, con agudeza, y a través de la obra y el trabajo de mis manos te explicaré todo su orden y el secreto de los sabios encerrado en sus palabras. Pues el discurso oculto de los sabios no puede ser un obstáculo allí donde obra la enseñanza del Espíritu Santo.
Compendio de Alquimia. | 507
CAPÍTULO I.
Que el arte de la Alquimia es verdadero y cierto.
Dice, pues, el Filósofo: Verdadero. Porque es verdaderísimo (muy verdadero) que el arte de la Alquimia nos ha sido concedido. Sin mentira. Dice esto para refutar a aquellos que afirman que el arte está lleno de mentiras, es decir, que es falso. Cierto, dice él, esto es, hallado así a través de la experiencia; pues lo que se ha ensayado y experimentado, eso es cierto y verdadero. Lo cual equivale a decir que el oro producido mediante el arte es verdaderamente bueno. Y añade: Lo más verdadero de todo, en grado sumo, porque el oro que se obtiene por medio del arte supera al oro natural en todas sus propiedades, tanto en lo que respecta a la medicina como en otras cosas.
CAPÍTULO II.
Que la Piedra debe ser dividida en dos partes.
A continuación, él expone el efecto de la Piedra y dice: Lo que está aquí abajo.
508 | [Obra de] Juan de Garlandia
Dice esto por la siguiente razón: porque la Piedra se divide mediante el arte en dos partes principales, a saber, en la parte superior, que asciende hacia lo alto, y en la parte inferior, que permanece fija y clara. Y, no obstante, ambas partes coinciden en fuerza y virtud, y por eso dice él: Lo que está aquí abajo es igual a lo que está allá arriba, e igualmente a la inversa. Ahora bien, es necesario saber que tal división debe realizarse obligatoriamente para obrar los prodigios de una sola cosa, es decir, de la Piedra. Pues la parte inferior es la Tierra, la cual es llamada nutridora y fermento. Y la parte superior es el Alma, la cual vivifica y despierta a toda la Piedra. Por lo tanto, cuando se ha llevado a cabo la separación y se pone en práctica la conjunción, se realizan muchos milagros en la obra secreta de la naturaleza.
CAPÍTULO III.
Que la Piedra contiene en sí los cuatro elementos.
Asi como todas las cosas provienen de una sola, etc. Aquí ofrece él un ejemplo de toda la obra y dice: Así como todas las cosas han provenido de una sola, entiéndase, de una masa mezclada o materia entremezclada, por el consejo…
Compendio de Alquimia. | 509
… y la voluntad de un Único [Creador], esto es, a través de la creación del Dios Omnipotente: así todas las cosas han surgido de esta única cosa. Esto significa que, del mismo modo que todas las cosas surgieron y provinieron de aquella masa mezclada por una providencia —es decir, únicamente por el mandato y la orden de Dios, de manera maravillosa—, así también nuestra Piedra es engendrada y proviene de una materia mezclada que contiene en sí todos los elementos, a saber: el Agua, el Aire, la Tierra y el Fuego, los cuales fueron creados por Dios; y de ellos nuestra Piedra nace de forma maravillosa.
CAPÍTULO IV.
Que la Piedra tiene padre y madre, a saber, el Sol y la Luna, u Oro y Plata.
Así como vemos que, por ley natural, un animal engendra otros animales de su misma especie, de igual modo ocurre en el arte: el oro engendra oro mediante el poder de multiplicación de la antes mencionada Piedra. De aquí se deduce también: Su padre es el Sol, entiéndase, el Oro. Y dado que en toda generación natural se requiere un receptáculo adecuado y dispuesto para la semilla, que posea una igualdad y semejanza con el padre, de igual modo ocurre…
510 | [Obra de] Juan de Garlandia
…en esta generación artificial será necesario que el oro disponga de un receptáculo adecuado para su semilla y su tintura, el cual concuerde con él y posea una afinidad idéntica con el oro mismo; y este es el Plata de los Sabios. De aquí se deduce también lo siguiente: Su madre es la Luna, o la Plata.
CAPÍTULO V.
Que la unión de la Piedra recibe el nombre de la Preñez [Concepción].
Debe observarse con diligencia que la unión de estos dos cuerpos es necesaria en este arte, tanto para la Obra al Blanco como para la Obra al Rojo. Y existen dos razones para ello. La primera es que, siendo el oro el más noble de los metales, el más denso, perfecto y fijo, cuando es disuelto de tal manera que sus partes queden radicalmente separadas, se vuelve espiritual y huye del fuego, exactamente igual que el mercurio vivo, lo cual es ciertamente un prodigio. Esto sucede a causa de su propio calor, y en ese estado posee una tintura incalculable, la cual es llamada la Semilla Masculina. Por el contrario, cuando la plata es disuelta en un agua clara, permanece fija como antes y carece de tintura; no obstante, una vez que ha sido preparada, [está lista] la tintura…
Compendio de Alquimia. | 511
…para recibir[la] y hacerla fija. En el temperamento [equilibrio] de lo cálido y lo frío, esta es llamada la Semilla Femenina, y es entonces cuando se dispone su unión. Asimismo, la segunda razón por la cual ambos cuerpos se unen es esta: porque la plata no se deja fundir fácilmente, al igual que el oro, si se toma cada uno por separado en estado de licuación; no obstante, cuando se unen, se disuelven y se derriten con gran facilidad. Esto lo saben los orfebres cuando preparan una soldadura para el oro. Por lo tanto, si en nuestra Piedra existiera solo uno de los dos, la Medicina jamás podría fluir con facilidad mediante una sola operación, y carecería de tintura; e incluso si aportara alguna tintura, no teñiría [transmutaría] más de lo que ya contuviera en sí misma, pues no habría un receptáculo para la tintura. Pero nuestro secreto, cuando alcanza su perfección final, está dispuesto de tal modo que se obtiene una Medicina que fluye antes de que el Mercurio vivo se evapore. Por consiguiente, su unión es indispensable, pues estos dos, cuando se igualan en la composición de la Piedra, combaten entre sí en el vientre del viento, y esto es lo que él dice a continuación: El viento lo llevó en su vientre. Es bien sabido que el viento es aire, y el aire es la vida, y la vida es el alma. Y ya he hablado del alma más arriba,
512 | [Obra de] Juan de Garlandia
la cual vivifica a toda la Piedra; y por lo tanto, el viento debe llevarla de un lado a otro para que dé a luz a través de la maestría. Y a continuación sigue que ella toma su alimento de su madre, a saber, de la Tierra, por lo cual él dice: Su nutridora es la Tierra. Pues del mismo modo que un niño que no tiene alimento no puede llegar a la edad adulta, así nuestra Piedra jamás alcanzaría su efecto sin la fermentación de su Tierra. Dicha fermentación es llamada su alimento. Pues de este modo es engendrada por un padre, con la unión de la madre y el alimento de la nodriza; es decir, muchos hijos son semejantes al padre, los cuales, si no reciben una larga cocción o maduración, serán semejantes a la madre en la blancura, pero conservarán el peso del padre.
CAPÍTULO VI.
Que la Piedra es perfecta cuando el Alma permanezca fija en el Cuerpo.
A esto le sigue de inmediato: Padre [origen] de todos los tesoros del mundo entero. Pues en la preparación de la Piedra, la operación es al mismo tiempo la maestra, a la cual el Filósofo llama el padre…
Compendio de Alquimia. | 513
…de toda perfección, es decir, de todos los secretos y tesoros del mundo entero, esto es, una perfección de la Piedra que se encuentra en este mundo. A continuación dice: Este es: como si quisiera decir, «mira, yo te lo muestro». Después de esto, dice el Filósofo: ¿quieres que te enseñe cuándo el poder de la Piedra es perfecto y completo? A saber: cuando se haya transformado en su propia tierra. Y por eso dice él: Su poder es perfecto y entero si se convierte en tierra. El poder, a saber, el de la Piedra, es entero, esto es, perfecto y completo, cuando haya vuelto a convertirse en tierra. Esto significa que cuando el Alma de la Piedra, de la cual se ha hecho mención más arriba (la cual alma es llamada viento, es decir, un aire u óleo en el que reside todo el poder y la vida de la Piedra), se haya transformado en una tierra y se convierta en una piedra fija, de modo que toda la sustancia de la Piedra quede fermentada por su nutridora, esto es, por la Tierra, y la Piedra entera se transforme en un fermento. Exactamente del mismo modo que al hornear pan, un poco de levadura [masa madre] nutre y leuda una gran cantidad de masa, y transforma a su vez toda la sustancia de la masa en levadura, la cual posee exactamente ese mismo poder en otra masa. Así quiere el Filósofo que nuestra Piedra sea…
514 | [Obra de] Juan de Garlandia
… fermentada, de modo que actúe como un fermento sobre la multiplicidad o cantidad de otros cuerpos [metales].
CAPÍTULO VII.
De la purificación de la Piedra.
A continuación, él expone de qué manera debe ser multiplicada la Piedra; sin embargo, establece en primer lugar la purificación de la Piedra y la separación de sus partes, diciendo: Debes separar la tierra del fuego de forma artística y sutil, lo sutil de lo espeso delicadamente, con gran entendimiento, esto es, de manera agradable y paulatina; no con violencia, sino con arte; entiéndase, sin prisa, sino con gran sabiduría, a saber, en el estiércol filosófico. Debes separar, esto es, disolver. Pues la disolución es una separación de las partes. [Separar] la tierra del fuego, lo sutil de lo espeso, esto es, las heces [sedimentos] y la impureza respecto al fuego, al aire y al agua, y de toda la sustancia de la Piedra, de manera que la Piedra permanezca completamente pura y sin inmundicia.
Compendio de Alquimia. | 515
CAPÍTULO VIII.
Que la parte de la Piedra que no es fija debe superar a la parte fija, y elevarla junto con ella.
Después de que la Piedra ha sido preparada de este modo, queda apta y dispuesta para ser multiplicada; y es entonces cuando [el Filósofo] establece su multiplicación y su fácil fundición para penetrar con fuerza tanto en los cuerpos duros como en los blandos, diciendo: Sube de la tierra al cielo y vuelve a descender a la tierra. Aquí debe observarse con mucha atención que, aunque nuestra Piedra se divida en la primera operación en cuatro partes —que son los cuatro elementos, como se ha dicho más arriba—, no obstante, consta únicamente de dos partes principales: una, a saber, la que asciende hacia lo alto, la cual es llamada la No Fija o Volátil; y la otra, que permanece fija abajo, y es llamada Tierra o fermento, la cual nutre y fermenta a toda la Piedra, tal como se ha mencionado. De aquella parte que no es fija se debe poseer una gran cantidad, y se le debe añadir repetidamente, mediante nuestro arte, a la Piedra —la cual ha sido purificada en extremo y librada de toda suciedad— hasta que, por la fuerza del espíritu no fijo, eleve a toda la Piedra hacia lo alto para sublimarla y volverla sutil,
516 | [Obra de] Juan de Garlandia
…y esto es lo que él dice: Sube de la tierra al cielo.
CAPÍTULO IX.
Cómo la Piedra volátil debe ser hecha fija nuevamente.
Después de esto, se debe hacer que esa misma Piedra, que ha sido así elevada o sublimada, se vuelva fácilmente líquida sobre un mármol empleando un óleo, o bien mediante un elemento que haya sido extraído de esa misma Piedra en la primera operación, el cual es llamado el Agua de la Piedra; y se la debe cocer [o asar] mediante repetidas sublimaciones, hasta que, por la fuerza de la fermentación de la Tierra que ha sido elevada junto con los cuerpos, la Piedra entera descienda de nuevo desde el cielo hacia la tierra y permanezca fija, esto es, fluida. Y esto es lo que él dice: Vuelve a descender a la tierra, y recibe de este modo el poder de lo más alto, a saber, a través de la sublimación, y de lo más bajo, entiéndase, a través del descenso. Y de esta manera lo que es corpóreo se vuelve espiritual en la sublimación, y lo que es espiritual se vuelve corpóreo al descender.
Compendio de Alquimia. | 517
CAPÍTULO X.
De la utilidad del Arte y del efecto de la Piedra.
Y entonces obtendrás el premio de la claridad del mundo entero. Esto significa que, a través de esta Piedra dispuesta de tal modo, poseerás la gloria de todo el mundo. Por consiguiente, se alejará de ti toda oscuridad, es decir, toda pobreza, aflicción y cualquier enfermedad; pues cuando la Piedra está preparada de esta manera, sana todas las dolencias. Y esta es la fuerza más fuerte de todas las fuerzas, porque no se puede hallar en este mundo ningún poder tan grande que pueda compararse con el de esta Piedra. Ella supera a toda cosa sutil y penetra todo lo sólido: esto significa que vence y transforma al mercurio vivo, volviéndolo consistente o duro, debido a que ella misma es sutil; y penetra otros cuerpos duros, densos y férreos, pues supera a toda cosa sutil y penetra todo lo sólido.
CAPÍTULO XI.
Que esta obra maestra es comparable a la creación del mundo entero.
Después de esto, el Filósofo ofrece un ejemplo sobre la composición de la Piedra,
518 | [Obra de] Juan de Garlandia
…y dice: Y del mismo modo que este mundo fue creado, así también es hecha nuestra Piedra. Pues, al principio, el mundo entero y todo lo que en él se encuentra no era más que una masa mezclada o un montón revuelto, tal como se ha mencionado anteriormente; y después, por la sabiduría del Creador Supremo, esa misma masa o montón fue dividido en cuatro elementos, rectificado y separado de manera maravillosa. Mediante dicha separación, [los elementos] se volvieron diferentes u opuestos entre sí. De igual manera, pueden realizarse diversas operaciones en el compendio de nuestra Piedra u obra, a través de la separación de los distintos elementos a partir de cuerpos diferentes. Por lo tanto, se producirá una unión maravillosa; es decir, cuando separes los elementos, ocurrirán cosas prodigiosas que se adaptan a lo compuesto en nuestra obra y a la confección de nuestra Piedra, mediante la unión de los elementos rectificados. El modo y la manera en que acontecen estos prodigios se muestra aquí; a saber, la forma de trabajar en esta obra ha sido indicada en este lugar.
Compendio de Alquimia. | 519
CAPÍTULO XII.
Una alusión oculta sobre cuál es la Materia de la Piedra.
Por esta razón he sido llamado HERMES TRISMEGISTO. Puesto que el Filósofo enseña aquí de manera oculta la composición de la Piedra mediante la cual esta se elabora, se nombra primero a sí mismo para que sus discípulos o hijos, al adentrarse en esta ciencia, recuerden su propio nombre. Después de esto, él menciona de qué está hecha la Piedra, diciendo: Porque poseo tres partes de la sabiduría de todo el mundo. Pues todo lo que se encuentra en el mundo y posee materia y forma está compuesto por los cuatro elementos. Por consiguiente, existen innumerables partes en el mundo, las cuales el Filósofo divide en tres campos principales, a saber: el Mineral (cosas que se forman en la tierra), el Vegetal (cosas que crecen de la tierra) y el Animal (aquellas que tienen vida). De todos ellos en su conjunto, y también de cada uno en particular, poseía el Filósofo un conocimiento verdadero aplicado a la Obra del Sol, o del Oro. Por ello afirma tener las tres partes de la sabiduría de todo el mundo, cuyas tres partes, no obstante, se hallan contenidas simultáneamente en una sola Piedra, a saber: en el Mercurio de los Sabios.
520 | [Obra de] Juan de Garlandia
CAPÍTULO XIII.
Por qué la Piedra es llamada la Perfecta.
Por esta razón, esta Piedra es llamada la Perfecta, porque posee en sí la naturaleza animal, vegetal y mineral. Esta Piedra es trina [triple] y, sin embargo, es una sola; tiene cuatro naturalezas, que son los cuatro elementos, y tres colores, a saber: el negro, el blanco y el rojo. También es llamada el granito de trigo el cual, si no muere, se queda solo. La Piedra tiene asimismo cuatro colores según los cuatro elementos, la cual, si no es muerta, se queda sola. Pero cuando ha sido muerta, como se ha dicho, y es unida de nuevo en la Conjunción, produce mucho fruto, a saber, una perfección, si se la mezcla con las antes mencionadas partes de la naturaleza. ¡Oh, querido lector!, si conoces la preparación de la Piedra, te he dicho aquí la verdad; pero si no la conoces, entonces tampoco te he dicho nada. Queda así cumplido lo que se ha dicho acerca del efecto de la Piedra del Sol, tanto respecto a sus naturalezas como a sus tres colores, sus cuatro naturalezas y sus cuatro colores en una sola cosa, a saber, únicamente en el MERCURIO FILOSÓFICO.
Compendio de Alquimia. | 521
CAPÍTULO XIV.
Por qué la Piedra es Vegetal.
Que la Piedra es vegetal lo sé yo, que de ello hablo, porque se elabora a partir del jugo de tres plantas combinadas; a saber: del jugo del mercurial [bot. Mercurialis] y de la raíz marina [bot. Radix maris], la cual produce una leche blanca, y del jugo de la celidonia [bot. Chelidonium / hierba de las golondrinas]. Y después de haber permanecido en el estiércol durante veinte días, vi brotar y fluir de allí el Mercurio, el cual no presentaba diferencia alguna en comparación con el otro mercurio común. Por lo tanto, la Piedra proviene de las cosas vegetales.
CAPÍTULO XV.
Por qué la Piedra es Animal.
Que la Piedra es también animal lo sé yo, que lo digo; pues si se separan los elementos del Mercurio y se mezclan de nuevo juntos con el mismo peso, sin añadir ninguna otra cosa —sea lo que fuere—, en un recipiente de vidrio grueso con una embocadura pequeña, y se coloca en estiércol blando a un calor suave, en el plazo de tres meses nacen unos gusanos espantosos, de los cuales solo uno sobrevive, el cual es alimentado y nutrido a partir del mercurio vivo. Este…
522 | [Obra de] Juan de Garlandia
…crece tanto como un sapo, cuya figura es espantosa; y este animal es, en sí mismo, un elixir para el plomo. Por consiguiente, la Piedra es una criatura viva.
CAPÍTULO XVI.
Cómo la Piedra es Mineral.
Que ella es, por el contrario, mineral, se evidencia a partir de esto: porque sobre ella se realiza la proyección, y se transforma en un metal. Por tanto, nadie debe dudar de que ella es la Piedra del Mercurio, la cual se mata a sí misma, resucita, se vivifica y se transforma a sí misma en oro.
CAPÍTULO XVII.
Diferentes opiniones acerca de la Piedra de los Sabios.
Sobre esto dice otro Filósofo: «Es una piedra, una medicina, a la cual no se le añade nada extraño, excepto únicamente que se eliminan las superfluidades». Lo cual yo entiendo así: aquello en lo que debe transformarse no le es extraño, a saber, el oro y la plata. Después de esto, existen dos ayudantes mediante los cuales el trabajo se realiza con mayor facilidad, y aun así cada uno de ellos es un destructor que echa a perder toda la obra si no es…
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…eliminado. Los ayudantes, por el contrario, son estos: el azufre preparado y el arsénico, cuando este último ha sido reducido a la forma de un óleo. La propiedad del azufre consiste en endurecer al Mercurio y llevarlo a la perfección junto con él, tal como testifica Geber al decir: «El poder del azufre que no quema endurece al mercurio vivo y lo mata [fija]». Por su parte, la propiedad del arsénico es esta: que vuelve a toda la Piedra espiritual y viva, siempre que sea preparado de la manera debida. Pues es llamado un viento, un aire y un óleo incombustible. Por lo tanto, quien no desee emplear el óleo extraído del Mercurio, puede tomar en su lugar arsénico preparado. El destructor de la Piedra es la piedra tal como se encuentra a la venta [en los comercios]. Pero en este pasaje, el Filósofo habla de la Piedra que realiza la unión conyugal entre el Cuerpo y el Espíritu; habla del aire que ha sido extraído del Mercurio, tal como ya se ha mencionado.
CAPÍTULO XVIII.
Qué cosas pertenecen a la confección de la Piedra.
Existen además muchos ayudantes secundarios que se adaptan muy bien para abreviar esta obra, entre los cuales se encuentran las sales, los vitriolos y el alumbre, así como ciertas aguas de
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…[de] cosas vegetales; pues a partir de ellas se elaboran ciertas aguas que disuelven los cuerpos al instante y en breves horas, tales como el oro y la plata. Y a causa de esta agua del oro y de la plata, se la mezcla con la Piedra previamente preparada, o con aquella que ha sido purificada de toda cosa extraña, y entonces la obra se realiza apresuradamente en un solo día, lo cual de otro modo requeriría tres meses. Asimismo, se puede realizar también de otra manera con una velocidad acelerada. El agua de alumbre convierte de inmediato el arsénico sublimado en un óleo. Del mismo modo, debe elaborarse un agua a partir de sustancias vegetales que retire en un instante el fuego y la inflamabilidad del azufre, el cual permanece entonces blanco e incombustible. Y de esta manera, existen prodigios creados por DIOS que se adaptan muy bien a la preparación de nuestra Piedra; por lo tanto, hay muchos caminos que, sin embargo, conducen todos a un mismo fin. Esto mismo se halla en la preparación de la Piedra Filosofal, con la cual debemos darnos por satisfechos. El Filósofo ha dicho: «Toma la piedra bendita, la cual no es una piedra, ni posee tampoco la naturaleza de una piedra, y separa de ella los elementos».
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CAPÍTULO XIX.
Qué es la Piedra.
Observe que aquí el Filósofo nombra a la Piedra y dice que es aquello de lo cual los elementos pueden ser extraídos mediante el arte. Por consiguiente, a partir de su unión en la obra de la Alquimia, se obtiene una sustancia semejante a una piedra, a la cual él llama «bendita»; por cuanto se encuentra más allá de los cuatro elementos, siendo una Quintaesencia [quinto ser], la cual es llamada el Espíritu de la Piedra. Y dado que un espíritu no puede ser visto ni comprendido por nosotros a menos que se convierta en un cuerpo, ese mismo espíritu, por el noble poder de su naturaleza, ha adoptado un cuerpo vivo en el elemento más noble, a saber: en la esfera del fuego; y, no obstante, permanece en su naturaleza espiritual y, por lo tanto, no es en absoluto fuego, ni posee tampoco en sí la naturaleza del fuego en lo que a su ser en sí y por sí mismo respecta. Cierto es que no podemos ver un cuerpo espiritual ardiente debido a su sutileza en estado de pureza. Y por ello, a través de instrumentos adecuados [utensilios de laboratorio] y mediante los sentidos del artista —cuya sutil esfera es mutable—, dicho espíritu se transforma en la apariencia de un agua, fluye hacia abajo y se separa; y entonces es llamado todavía un espíritu, y une la obra con los elementos en la transmutación, la cual…
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…es de doble naturaleza, a saber: que el Elixir sea preparado para hacer fijo al mercurio vivo, y que se convierta en un Elixir para la preservación de la vida humana, para eliminar todas las superfluidades de los malos humores y para expulsar toda corrupción del cuerpo.
CAPÍTULO XX.
Cómo se debe elaborar la Piedra.
Si, por lo tanto, deseas elaborar a partir de esto la Piedra de los Sabios, hazlo de la siguiente manera: Separa los espíritus con tanta diligencia como te sea posible, pues jamás lograrás hacerlo de un modo tan sutil que no retenga algo del flegma [residuo acuoso] de la sustancia del viento. Dicho espíritu se separa de golpe y es llamado el agua ardiente [alcohol]. La señal de esto es la siguiente: si uno empapa en ella un pañuelo de lino y le prende fuego, el pañuelo, sin embargo, no se quema. Y si lo separas [destilas] aún más, será llamado un agua ardiente y comburente, en la cual, si sumerges un pañuelo, este se quemará por completo. Por lo tanto, toma el óleo vivo que ha sido espiritualizado con el espíritu de la Quintaesencia. Asimismo, resulta útil volver espirituales los otros tres elementos con ese mismo espíritu, el cual retiene en sí su poder corpóreo. De esta manera, se separa todo el flegma superfluo de la mencionada Piedra, hasta que se vea que lo…
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…[que] el óleo mantenga la supremacía y no quede nada de la flegma junto a él, y permanezca en reposo como una pez [brea]. Y cuando el agua ardiente se mezcla con la sustancia y se agita bien hasta que se vuelve corpórea, viértela entonces gota a gota; entonces será llamada sangre humana rectificada, que es lo que buscan los alquimistas. Por esta razón, es llamada también el Aire o el Viento, y de esto habla el Filósofo cuando dice: El viento lo llevó en su vientre. Y de este modo posees dos elementos en el poder de la Quintaesencia, a saber: el flegma y el aire.
Después de esto, toma la antes mencionada sustancia que ha quedado rezagada como una pez y separa de ella todo el óleo superfluo en un alambique de vidrio [literalmente: yelmo de vidrio], hasta que no quede nada de óleo en su interior; entonces toda la sustancia aparecerá negra y seca. Con ella haz un polvo mezclándolo con la sangre humana rectificada y déjalo reposar así durante unas tres horas; después viértelo gota a gota, y eso será llamado entonces el Agua del Fuego. Hazlo una vez más por segunda vez, y será llamado Agua del Fuego rectificada; y de este modo posees tres elementos en el poder de la Quintaesencia, a saber: el aire, el fuego y el agua. Acto seguido, toma la citada sustancia y calcínala en un horno de reverbero hasta que se convierta en una cal; y con esa misma cal mezcla el Agua del Fuego rectificada; entonces posees…
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…tú los cuatro elementos con la Quintaesencia, los cuales han sido ahora espiritualizados mediante el espíritu. Esta es el Agua de la Vida [lat. Aqua vitae] que tanto se busca en el arte de la Alquimia; ella sana y quebranta toda solidez, y posee la virtud de penetrar [los cuerpos]. Esta es el agua que posee el poder de lo más alto, es decir, un poder espiritual, y posee el poder de lo más bajo, esto es, un poder corpóreo. Y esto es lo que dice el Filósofo: que lo que está arriba es igual a lo que está abajo, e igualmente a la inversa, para realizar prodigios en una sola cosa. Y es de suma utilidad que esta Quintaesencia conserve en todo momento su poder, la cual posee la fuerza de los cuatro elementos, y de este modo pueden realizarse prodigios a través de ella. Pues al albergar semejante poder, se pueden efectuar también muchos milagros en la obra de la Alquimia por medio de ella.
Más adelante dice el Filósofo que ella asciende de la tierra al cielo; esto significa que los cuatro elementos suben de la tierra hacia el cielo, a saber, junto con el espíritu de la Piedra. Y después de esto, añade él que ella vuelve a descender a la tierra; esto es, cuando los cuatro elementos han ascendido, descienden acto seguido nuevamente hacia la tierra, de tal manera que permanezcan fijos en la unión de la Quintaesencia; y lo que queda es una piedra transparente, la cual contiene de forma perfecta en sí misma el ELIXIR DE MERCURIO.
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CAPÍTULO XXI.
Un Agua de la Vida.
Si deseas elaborar un Agua de la Vida para la preservación de la vida humana y para curar todas las flaquezas [enfermedades], hazlo de la siguiente manera: Toma un aguardiente [agua destilada] que esté muy bien rectificado, pero de él no debes hacer «sangre humana»; pues si se convirtiera en sangre humana —tal como se ha descrito antes—, perdería su poder de atracción por la oleosidad en virtud de las plantas, perdería por completo su sabor y, por lo tanto, no sería idóneo para ser conservado. Tampoco debes emplear para esto un «agua ardiente y comburente» [alcohol de alta graduación]; la razón es que sería tan fuerte y corrosivo que destruiría toda la obra, y además resultaría peligroso de beber. Por el contrario, dado que toda la perfección de cualquier piedra reside en el poder de su Tierra —la cual es llamada nutridora o fermento, como testifica el Filósofo al decir: Su nutridora es la Tierra—, y puesto que sin dicho fermento el espíritu de la Piedra no puede conservarse de forma duradera, carecería de la perfección de su virtud. Por consiguiente, otorgamos al agua el poder de su Tierra, y entonces esta alcanza su efecto pleno y absoluto; y esto es lo que dice el Filósofo: Su poder es perfecto.
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Y cuando se vierte de nuevo sobre la Tierra, entonces es llamada un Agua de la Vida. Y si la destilas repetidas veces apartándola de su Tierra, se convertirá en una rectificada y perfecta Aqua vitae.
Debes saber, por lo tanto, que en esta Piedra una pequeña cantidad de Tierra posee un poder y una virtud inmensos, y no debes preocuparte si dicha Tierra es escasa; pues del mismo modo que un poco de levadura [masa madre] eleva y leuda una gran masa de harina, así también este poco de Tierra que la Piedra contiene en sí es suficiente para la nutrición absoluta de toda la Piedra. Guárdate, por consiguiente, de buscar una Tierra diferente, tal como pretenden hacer algunos al afirmar que el poder del tártaro [crémor tártaro] es la Tierra de la Piedra; otros dicen que son las haces del vino calcinado y otros aseguran que es la ceniza del vidrio. Pero todos ellos yerran, y de este modo un ciego guía a otro ciego y ambos caen en la fosa; pues creen estar elaborando un Agua de la Vida, pero lo que fabrican es un Agua de la Muerte. Porque ninguna Tierra extraña debe introducirse allí, tal como testifica Geber al decir: «Es una sola piedra, una sola medicina, a la cual no se le añade nada extraño, excepto únicamente que se elimina lo superfluo». Del mismo modo, a esta Aqua vitae no se le incorpora nada extraño, sino que simplemente se le retiran todas las humedades sobrantes, y eso es, a partir de ese momento, la Piedra Bendita.
Minería extraordinaria mediante la amalgamación con mercurio de Johann Heinrich Rudolff
Johann Heinrich Rudolffs, Extra-Ordinair Bergwerck, durch die Amalgamation mit Qucksilber. Deutsches Theatrum Chemicum, volumen 2,…
Instrucción sobre la amalgamación de Johann Heinrich Rudolff
Johann Heinrich Rudolffs, Unterricht von der Amalgamation. Deutsches Theatrum Chemicum. Volumen 2, 407-430. ELEMENTOS DE…
Johann Seger Weidenfeld: 7. El Aqua Vitæ de Paracelsus
Pag. 115. Chyr. Min. Tome de las aguas de melisa, rosas, alhelí, salvia, bálsamo, una…
Epístola sobre la química, junto con la molienda filosófica grabada en cobre de Joel. Langelott
Joel. Langelotts, Send-Schreiben von der Chymie; samt der Philosophischen Mühle in Kupffer gestochen. Deutsches Theatrum…
Johann Seger Weidenfeld: 6. El Aqua Vitæ de Paracelsus
Pag. 508. Tom. 1 Tomar del Alcohol del Vino desecado tres libras, de las Flores…
La batalla ácido y álcali
Ácido y álcali en la química del siglo diecisiete Durante la segunda mitad del siglo…
