Bened. Nicolai Petraei, Critique über die Alchymistischen Schriften. Deutschen Theatrum Chemicum, Volumen 2, 1-86.

Presentación
Poco sabemos del autor, Benedictus Nicolaus Petraeus, fallecido en agosto de 1717. Nació y murió en Hamburgo. Fue un intelectual clásico de la época que combinó la medicina y la ciencia oculta. Se formó en la prestigiosa Universidad de Halle (Saale) y obtuvo su doctorado en Medicina en Utrecht en el año 1699, regresando posteriormente a Hamburgo para ejercer como médico de la ciudad. A nivel histórico, Petraeus es especialmente conocido entre los investigadores por haber sido uno de los más importantes editores y recopiladores de los escritos atribuidos a Basilio Valentín (el legendario e influyente monje benedictino alquimista). Petraeus no solo publicó y tradujo estas obras, sino que incluyó en ellas comentarios y recetas muy codiciadas por los espagiristas de la época, como el famoso proceso para elaborar la medicina Phalaia.[1] Fue un ávido buscador y coleccionista de textos herméticos. Mantuvo correspondencia activa con otros eruditos y visionarios de su época (como Friedrich Breckling) persiguiendo catálogos y copias de manuscritos químicos medievales y renacentistas (como los de Heinrich Nollius). Se sabe por registros históricos que Petraeus pertenecía a ese círculo de eruditos que valoraba infinitamente más una copia manuscrita bien ejecutada que un libro impreso.[2] Tras su fallecimiento en 1717, una parte sumamente valiosa de sus notas, transcripciones y manuscritos alquímicos pasaron a formar parte de los fondos históricos de la Staats- und Universitätsbibliothek Hamburg. Muchos de los códices catalogados bajo el fondo Ms Alchim de esa biblioteca que vas a consultar llevan de fondo su firma, su letra o pertenecieron directamente a su biblioteca personal.[3] Su obra cumbre como editor se publicó originalmente en Hamburgo en 1717 bajo el título general de «Fr. Basilii Valentini Chymische Schriften» (Escritos químicos del Hermano Basilio Valentín), un compendio colosal en tres volúmenes conocido también en los círculos académicos como el Basilius Innovatus. Para esta edición, Petraeus recopiló y cotejó minuciosamente diversos «manuscritos antiguos muy raros» (Alten MSten) para enmendar los errores de ediciones previas. Lo que hace tan valiosa la edición de Petraeus (que fue tan exitosa que se siguió reimprimiendo a lo largo del siglo XVIII, por ejemplo en 1740 y 1769) es su extenso prefacio crítico (Vorrede). En él, Petraeus realiza un minucioso juicio sobre la autenticidad de la literatura alquímica, analiza la misteriosa identidad biográfica del propio Basilio Valentín y añade notas marginales sobre otros alquimistas y procesos secretos de la época.
Sobre su Crítica sobre los escritos alquímicos (Bened. Nicolai Petraei, Critique über die Alchymistischen Schriften) abre el segundo volumen del Deutschen Theatrum Chemicum con un propósito eminentemente metodológico y analítico. Por una parte, incluye historias de proyecciones (Projections-Historien), el paso final de la Gran Obra alquímica, consistente en arrojar una pequeña cantidad de Piedra Filosofal sobre un metal vil derretido para transmutarlo. Petraeus se dedica a examinar de forma escéptica y documental las crónicas modernas sobre supuestos éxitos en este proceso. De otro, el texto somete a examen las confusas teorías de la época sobre cuál debía ser el componente inicial o sustancia base para arrancar los trabajos de laboratorio, o Materia Prima Philosophica.
Haciendo un uso inicial de gran escepticismo, nuestro médico y teólogo Petraeus abre su obra con una advertencia sumamente pragmática e ilustrada. Afirma que en su época (finales del siglo XVII y principios del XVIII) avalar o recomendar públicamente libros de alquimia se había convertido en una actividad de alto riesgo para el prestigio de un intelectual. El mercado de la época estaba saturado de manuales fraudulentos de falsos transmutadores, por lo que urgía ejercer una profunda cautela antes de ensalzar incluso a los llamados «Autores Classicos» de la disciplina.
El texto de Petraeus lanza una agria crítica contra la mentalidad puramente materialista de su época. Lamenta que la sociedad solo busque el enriquecimiento rápido («Reich, reich!»). Para ilustrar las extremas dificultades de descifrar los manuales auténticos de química, recurre a una genial analogía eclesiástica: afirma que los verdaderos sabios ocultan el núcleo de sus secretos «in petto» (fórmula jurídica vaticana utilizada cuando un Papa nombra secretamente a un cardenal sin revelar su nombre en público). De igual modo, los alquimistas protegían el secreto de la Materia Prima bajo un denso velo alegórico bautizado como el Caos Físico (Chao Physico).
Petraeus insiste en que los tratados de alquimia no están escritos para el público general, sino estrictamente para los Filiis Artis (Hijos del Arte), una denominación tradicional de origen medieval que designaba a la comunidad iniciática de operadores que poseían el subtiliori ingenio (el ingenio más agudo). El autor defiende que, incluso si los antiguos maestros hubieran eliminado voluntariamente sus alegorías oscuras (Kunst-Wörtern), la ejecución física en el laboratorio seguiría requiriendo una destreza técnica excepcional.
Uno de los puntos más llamativos de este texto es el proyecto académico de la Alquimia Universitaria que lanza el sutor. En efecto, Petraeus articula una defensa muy moderna para la profesionalización de la química de laboratorio. Lamenta que la alquimia práctica se mantenga en la clandestinidad de los talleres privados, lo que empuja a los investigadores a la ruina financiera («Unkosten») y al error metodológico («Confusionen»). Su propuesta consiste en crear cátedras oficiales financiadas por el Estado («grosse Herren und Potentaten») y dotar a los científicos de un sueldo público digno («vergnüglicher Besoldung») para que puedan instruir metódicamente a los alumnos seleccionados («würdigen Subjectis») mediante la reproducibilidad empírica de experimentos rigurosos («curiöse Experimenta»).
La reforma de Leipzig: Tanckius y el Canon Científico. Para legitimar su propuesta, el texto invoca al médico y astrónomo alemán Joachim Tanckius (1557–1609), profesor en la prestigiosa Universidad de Leipzig en el umbral del siglo XVII. Tanckius fue un firme defensor de la iatroquímica paracelsista y propuso una audaz reforma de los planes de estudio de la Facultad de Medicina: argumentaba que la academia tradicional no debía limitarse a la teoría anatómica de los clásicos griegos y romanos (Hipócrates y Galeno), sino que debía incorporar obligatoriamente los textos metalúrgicos y operativos del sabio árabe Geber. Solo combinando la medicina y la química se podía romper la capa exterior de la materia («Cortice Rerum Naturalium») y desvelar los mecanismos internos de la vida.
La defensa presupuestaria de la Ciencia frente a los ministros. La conclusión de la anécdota del Príncipe Elector Federico III, que muy hábilmente introduce Petraeus, desvela un magnífico argumento contable a favor de la investigación científica del Barroco. Frente a los burócratas cortesanos que consideraban el laboratorio un pozo sin fondo de pérdidas presupuestarias, el soberano demuestra que la ciencia es un gasto insignificante si se compara con los suntuosos placeres aristocráticos tradicionales: mantener un solo perro de caza costaba en las perreras reales más dinero al año que financiar cuatro líneas de investigación metalúrgica y destilación («vier Chymischen Operationen»).Fijar el coste anual de su laboratorio en unos cien florines de oro del Rin (hundert Rheinische Gold-Gulden) constituía una inversión modesta para un príncipe de la época, demostrando que su motor principal no era la codicia de oro fácil, sino la pura curiosidad intelectual e ilustrada: el «Ergötzung» (deleite espiritual) de descifrar las misteriosas fuerzas y mecanismos internos de la Creación.
La corrupción burocrática del laboratorio cortesano. Petraeus realiza un certero diagnóstico político sobre el fracaso de los grandes proyectos científicos estatales. El problema radica en que los reyes y emperadores carecen de tiempo físico debido a las abrumadoras cargas de la alta política («Regierungs-Affaren»), viéndose obligados a delegar la administración y supervisión («Direction») de los laboratorios en sus ministros («Ministris»). Al ser estos altos funcionarios unos completos profanos en química e iatroquímica, terminaban financiando a estafadores, charlatanes y aventureros que prometían milagros imposibles, arruinando los presupuestos públicos y provocando que de tales iniciativas «gar selten was gutes» (raras veces algo bueno) pudiera nacer.
Meritocracia y el origen de las Sociedades Científicas. Como alternativa al fracaso cortesano, el autor propone una hoja de ruta pionera para la Ilustración centroeuropea. En primer lugar, el fomentodel talento nativo (Lands-Kinder): Propone un sistema de becas públicas para seleccionar a jóvenes brillantes nacidos en el propio territorio («Lands-Kinder» / hijos de la tierra), en lugar de contratar a costosos e intrigantes alquimistas extranjeros. En segundo lugar, el viaje de estudios (Studium reisen): Estos jóvenes debían viajar financiados por el Estado por los grandes centros de la República de las Letras europea para formarse rigurosamente en metalurgia, farmacia y minería. Y en tercer y último lugar, la institucionalización de las Academias: A su regreso, estos científicos nativos debían ocupar cátedras universitarias oficiales o actuar como asesores técnicos del soberano (Consiliariis Chymicis / Consejeros Químicos) con un encargo institucional revolucionario: fundar corporaciones estatales de investigación que prefiguraban las célebres Academias de Ciencias y las primeras Sociedades Químicas («dergleichen Societäten») del siglo XVIII.
CRÍTICA de BENEDICTUS NICOLAUS PETRAEUS,
Doctor en Medicina y Médico Práctico en Hamburgo,
sobre los Escritos Alquímicos y sus autores.
Que trata acerca de sus modernas historias de proyección, así como de la Materia Prima Filosófica y de muchas otras cosas más.
Enriquecida tanto con algunas Anotaciones, como también aumentada en la propia Crítica, y sacada de nuevo a la luz por Friedrich Roth-Scholz, de Herrenstadt, Silesia.
Núremberg, por Adam Jonathan Felsecker. Año de Cristo 1729.
2 | Crítica de Bened. Nicol. Petraeus
Hoy en día las cosas en el mundo han llegado a tal punto que uno, con justa razón, debería pensárselo dos veces antes de inmiscuirse en la recomendación de libros alquímicos, o bien antes de emplear tanto esmero y esfuerzo en promover a los autores clásicos (a) que de ello [tratan]…
Nota a pie de página (Bloque inferior):
(a) Que me he tomado la molestia de editar a estos autores clásicos desde el año 1717 es algo bien conocido por los amantes de semejantes escritos; tal como también lo testifica detalladamente el índice en el prólogo de la primera parte de nuestro Deutsches Theatrum Chemicum, pág. 17 y siguientes. No obstante, todavía quedan bastantes pendientes que, si DIOS me concede vida y salud, habrán de seguir de igual manera; en parte dentro de este Theatrum Chemicum o en parte también por separado, tal como ya han aparecido Alanus, Artephius, Becher, el Conde Bernardo, Ripley, Sendivogius, Synesius, Basilio Valentín, El Corazón Paterno Abierto y otros más. Asimismo, en esta segunda parte se presentan igualmente algunos que a los…
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…[trataban], escritos mejor que todos los demás, para sacarlos a la luz del día corregidos y aumentados. Y es que todo cuanto respira anhela de inmediato el dinero y los bienes materiales; y, tal como dice la sentencia de Basilio Valentín en su Carro Triunfal, pág. 312, el mundo entero grita hoy en día únicamente: ¡Rico, rico! Sí, de buena gana me haría rico, como decía aquel Epicuro: «Si el cuerpecito tuviera algo, el almita también encontraría algo».
Sin embargo, como los señores Adeptos ocultan y esconden de tal manera semejantes pepitas de oro en sus escritos —guardándose por lo general lo mejor in petto (en el pecho), tal como hace el Papa con los cardenales—, resulta que ni el más astuto teórico ni el operario de laboratorio son capaces de emerger de este caos físico (Chaos Physicum). De ahí proviene que se emitan tantos juicios severos e impacientes al respecto, teniendo que aplicar aquí el proverbio italiano: Cento Carri di belli pensieri non pagono un Qvadrino di debito, es decir, Cien carros llenos de bellos pensamientos no pagan ni un centavo de deuda.
No obstante, y a pesar de todo esto, los espíritus sensatos y curiosos que profesan un amor sincero hacia la sabiduría oculta, y que no pretenden irrumpir de inmediato con las manos sin lavar en el santuario de la naturaleza (Sacrarium Naturae) o el lugar sagrado de la alquimia, [encontrarán] mucho…
Nota a pie de página (Bloque inferior):
…[los cuales] no resultarán desagradables para aquellos espíritus amantes de la verdad y conocedores del Arte y la Naturaleza.[4]
4 | Crítica de Bened. Nicol. Petraeus
… albergarán un sentimiento diferente al respecto y juzgarán este estudio exactamente del mismo modo en que Hipócrates habla sobre la medicina en su Ley: «La medicina es la más excelsa de todas las artes; pero, debido a la ignorancia tanto de quienes la ejercen como de aquellos que juzgan a estos a la ligera, es considerada casi la más baja de todas las artes».
Es decir: La medicina es el arte más preclaro de entre todas las artes; pero, a causa de la ignorancia de aquellos que en parte la practican, así como de aquellos que con osadía juzgan a esta misma, es tenida por la peor de todas las artes.
Tales [espíritus sabios] no se preocuparán en absoluto si en el futuro aparece uno u otro pomposo maquiavélico, o algún codicioso hermano de Mammón, manifestando un colosal desagrado hacia todos estos recalentados escritos de los fabricantes de oro, alegando que con ellos se cumple el dicho: «Mucho ruido y pocas nueces» [literalmente: mucho grito y poca lana]; y que tales obras brillan hermosamente por fuera como las pompas de jabón con las que se divierten los niños, las cuales, si uno pretendiera asirlas y contemplarlas bien, antes de que pudiera darse cuenta, se desvanecerían de nuevo en puro viento y agua; y que casi no se ha visto a nadie que se haya vuelto sabio gracias a semejantes libros, ni que haya aprendido a hacer tanto oro con ellos como para poder mantenerse a sí mismo y a los suyos conforme a su dignidad (pro dignitate); y tantas otras objeciones similares que son [proferidas por] este mundo codicioso de oro y por los muy carnales Esprits des Moutons [espíritus borreguiles]…[5]
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…[que los de]tractores echan en cara burlonamente a los amantes de esta secreta sabiduría filosófica, para desviarlos (detourniren) del cultivo de esta alta ciencia; ¿y alegando que por lo tanto es mucho mejor y más seguro vivir según el método ordinario, y sacrificar la curiosidad (Curiosité) propia más bien a los asuntos mundanos y del Estado (Welt- und Staats-Affairen), o a la profesión a la que uno se ha dedicado, en lugar de sumergirse en un estudio que está ligado a tantos acertijos enrevesados, incertidumbre y vaciedad?
Para responder a esto, se admite de muy buena gana que aquellos espíritus indiscretos que están excesivamente entregados a la pepita de oro, y que no aprecian nada más que aquello que pueda reportar grandes sumas de dinero de inmediato y sin mucho esfuerzo, hacen sumamente bien en apartarse por completo de este arte y de la lectura de libros alquímicos. Y es que no están dotados en absoluto con los requisitos (Requisitis) que esta filosofía exige de forma absoluta, y que sus autores —especialmente Geber en sus escritos químicos y Espagnet en su Arcanum Hermeticae Philosophiae Opus— recalcan suficientemente. Pues tales personas, que están tan obsesionadas con ello, harían mejor en vivir a la manera corriente y según el contenido de las siguientes rimas:
Poema de cierre:
Aquel que aspire de inmediato al oro, y solo quiera hacerse grande,
que se quede en el mundo terrenal, como un hombre rústico, a ras de suelo.[6]
6 | Crítica de Bened. Nicol. Petraeus
No está hecho para el Arte, por más que tenga entendimiento,
así pues, que busque su fortuna en las vanidades ordinarias;
que cuide bien sus monedas y que no gaste en golosinas
lo que su Margarita trajo a su bolsillo.
Que preste a usura cien por ciento y se mantenga fuera de la red,
hasta que la amarga muerte le tienda por fin su trampa.
¡El verdadero filósofo solo se eleva hacia el Cielo
y se ríe de aquello que el mundo pueda criticar en él!
Cuerpo del texto principal (Bloque inferior):
Por lo tanto, no es un prodigio tan extraordinario que sean tan pocos los que logran aprender algo provechoso de estos escritos, aun cuando los lean con la mejor de las intenciones. Esto se debe a que, por lo general, no los ruminian (meditan) con la atención, serenidad y paciencia que se requeriría y que este estudio exige de manera absoluta.
Y además, se encuentran muchos dominados por el capricho que, en cuanto creen haber comprendido una materia o una operación en los libros, la defienden con uñas y dientes y se niegan a apartarse de ella, incluso si se les demuestra lo contrario con argumentos y una razón enteramente lógica. Y finalmente, tampoco todos están capacitados para ad… [quirir esto].[7]
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… dquirir lo que los filósofos han prescrito mediante oscuros términos técnicos y acertijos únicamente para los Hijos del Arte (Filiis Artis) y para aquellos dotados de un ingenio filosófico más sutil (subtiliori ingenio Philosophico), quienes gozan de un entendimiento singularmente iluminado por encima de los demás. Y, suponiendo (posito) que ellos lo hubieran servido todo de una manera mucho más clara, ¿se deduciría de ahí acaso que la praxis no habría de resultar de todos modos sumamente difícil de ejecutar?
Al fin y a cabo, esto se observa a diario en la cristiandad de hoy en día: qué pocos cristianos íntegros se encuentran que organicen su vida verdaderamente según la ley del Evangelio. Y esto a pesar de que los versículos bíblicos nos lo exponen de una forma tan abierta y nítida como jamás un filósofo podrá llegar a manifestarlo respecto a su piedra (Lapide); y, sin embargo, se falla por doquier en esta praxis tan sumamente necesaria, de la cual dependen la salvación y la bienaventuranza del alma y, por ende, ¡mucho más de lo que jamás dependerá de la piedra (Lapide)!
¿Por qué, entonces, habríamos de escandalizarnos si muchos, debido a su indignidad, torpeza e impaciencia (Impatience), son completamente incapaces de distinguir la luz de las tinieblas en los libros filosóficos, o si se rompen los sesos con ellos, del mismo modo en que las moscas o las mariposas se queman con gran facilidad en una luz encendida, la cual no por ello debe ser arrojada lejos? Sobre cómo uno debe esforzarse con el mayor celo por aprender la sabiduría oculta a partir de estos escritos, es al… [go…][8]
8 | Crítica de Bened. Nicol. Petraeus
…[al]go que demuestra muy bien el Conde Bernardo en su antigua edición francesa impresa en Amberes en el año 1565 (b), cuyos pasajes no se encuentran de forma tan expresiva (expressif) en la versión alemana Bernardo Innovato de Caspar Horn. [Dice Bernardo:] «No pienses entenderlo a la segunda, ni a la tercera, ni a la décima vez; sino que siempre lo entenderás más cuantas más veces lo repitas».
Es decir: No pienses en absoluto que puedes comprender estos libros a la segunda o tercera vez, ni tampoco a la décima, sino que los entenderás cada vez mejor cuanto más diligentemente los repitas. Y poco después añade además: «Bien se debería poner empeño en ello, pues para estudiar Leyes, Decretos, Teología, Medicina o para aprender un Arte Mecánico, un hombre emplea fácilmente seis o siete años. ¡Y en esta preciosa Ciencia solo se pretende dedicar un mes, o cinco, o seis! ¡Ay, de to…» [das…]
Nota a pie de página (Bloque inferior):
(b) Esta edición de los escritos del Conde Bernardo la he estado buscando en vano durante muchos años; por lo tanto, ruego encarecidamente a los señores que posean esta o cualquier otra edición francesa que tengan a bien comunicármela. Esto es tanto más necesario cuanto que deseo volver a editar los escritos del Conde Bernardo —los cuales ya publiqué en el año 1717 basándome en la edición de Horn—, sirviendo así al bien público. Yo no solo sabré alabar públicamente semejante favor, sino que tampoco dejaré de devolver con profunda gratitud las ediciones que amablemente se me presten.[9]
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… [toutes les autres ne sont riens au regard d’elle] / todas las demás no son nada en comparación con ella, etc. Bien se debería emplear todo el empeño en esto; pues uno dedica fácilmente seis o siete años a estudiar como es debido Leyes, Teología o Medicina, o incluso a aprender un arte mecánico, ¡y en esta magnífica ciencia se pretende apenas aplicar cinco o seis meses! ¡Ay! Verdaderamente todas las demás ciencias no son nada que se pueda computar frente a esta, etcétera.
Además, puesto que a todo artífice se le debe otorgar crédito en su propio arte, se poseen suficientes testimonios (Testimonia) de muchísimos filósofos que confiesan sinceramente, todos a una, haber aprendido esta alta ciencia a partir de los libros, como es el caso de Basilio [Valentín], Bernardo [de Treviso], [Nicolás] Flamel y varios otros, cuyos pasajes específicos (Loca) son alegados en el tratado Sudum Philosophicum, páginas 137 y 139.
Por lo tanto, resulta de máxima necesidad para aquel que desee consagrarse a este noble arte con seriedad y con todo el apego (Attachement), el agenciarse los libros filosóficos, y asimilar hasta convertirlos en su propia savia y sangre (in Succum & Sanguinem vertiren) a dichos autores —pero solo a los de la mejor reputación y de probada fidelidad (sed optimæ notæ & probatæ fidei)—, es decir, a los mejores de todos. Y si, a pesar de toda esta lectura, uno no fuera capaz de comprender de inmediato todas sus floridas figuras retóricas y el sentido oculto que encierran, que tenga paciencia y se conforme provisionalmente con aquello que ya haya logrado aprender de ellos, hasta que DIOS, con el tiempo, le muestre mejores medios y vías para superar (surpassiren) todas las dificultades restantes. Pues, aunque…[10]
10 | Crítica de Bened. Nicol. Petraeus
… [aunque] la lectura de libros, cuando se realiza con reflexión y buen entendimiento, otorga una gran luz, no todo se consigue únicamente con ellos, sino que es más que verdadero lo que Gottlieb de Gnadenstein dice en la obra de Hanneman, Ophir Auriferum: «Conocer la verdadera materia en esta Obra Divina no convierte a uno de inmediato en filósofo. Si bien, en su sentido correcto, es una labor de mujeres y un juego de niños, si falta un buen instructor o maestro vivo (vivus Præceptor), también faltará la máxima perfección de la Obra. No existe ningún hombre con una visión tan clara que, aun conociendo la materia, pueda aprender el Arcano completo únicamente a partir de los libros, etc.»
De acuerdo con esto, aquí no cabe apresurarse en absoluto, sino que se deberá ascender peldaño a peldaño à l’Escalier des Sages (por la escalera de los sabios), subiendo la escala de los sabios, y comenzando y ejecutando todo con piedad, diligencia y humildad (in Pietate, Sedulitate & Humilitate). Si esto lo tuvieran en cuenta todos los aficionados que proceden con tanta precipitación (præcipitant) en el trabajo, y que de inmediato elaboran y ponen en práctica (in Praxin setzen) toda clase de procesos sofísticos que se les ofrecen de cualquier manera (quovis modo), ya sean caros o baratos —en los cuales a veces puede haber cosas buenas, pero la mayoría de las veces no se encuentra ni ton ni son (ny rime ny raison)—, en lugar de comprender primero uno que otro buen fundamento a partir de los libros o de manuscritos (MStis) acreditados, se ahorrarían muchísimos esfuerzos, dinero y trabajo baldíos.[11]
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por lo cual a menudo se deshonran a sí mismos y hunden este arte en el mayor descrédito. Con tales caballeros se cumple el dicho: «No quiero principios, no quiero filósofos, solo quiero experiencia»; a pesar de que Sendivogius afirma expresamente: «Es muchísimo mejor trabajar primero con la cabeza y la imaginación, antes que emplear de inmediato las manos y generar gastos». Sobre lo cual se puede consultar además la instrucción de Bassaeus Melusinus contra los procesos alquímicos falsos, impresa en Halle en formato octavo (in 8vo) en el año 1619.
Queda todavía la objeción más razonable (allerraisonabelste), cuando se dice que ¡es mucho mejor atender a la profesión propia que abrazar el peligroso estudio de la alquimia! La cual se deja valer en parte, pero no en su totalidad (in tantum sed non in totum). Desde luego, el aficionado debe examinarse primero a sí mismo para ver si tiene la intención de emprender este estudio únicamente de forma teórica (theoretice) o también, al mismo tiempo, de forma práctica (practice). Si solo desea hacerlo de forma teórica para su propio entretenimiento, apenas podrá perjudicar a su oficio; pero si desea pasar a la práctica (ad Praxin), debe mentalizarse de que se trata de un arduo camino lleno de peligrosos azares (arduum Iter periculosæ plenum Aleæ), y de que tiene ante sí un viaje largo y peligroso antes de poder entrar en el Jardín donde se yergue el árbol en el que crecen las manzanas de oro; y debe examinar minuciosamente su propia persona y su situación, para ver si posee una absoluta paz en su espíritu y si su género de vida (Genus Vitæ) está dispuesto de tal manera que pueda [soportar] con… todo lo adverso, ocurra lo que ocurra.[12]
12 | Crítica de Bened. Nicol. Petraeus
… [y] sepa gobernarse con la máxima prudencia (Prudence). Quien, por lo tanto, no se halle lo suficientemente capaz (bastant) en este autoexamen, ni tenga tampoco los medios económicos suficientes para gastar en ello —tal como la mayoría de los filósofos, como Geber, Raimundo Lulio, Isaac de Holanda y Thomas Norton, han señalado suficientemente en sus sentencias, afirmando que la alquimia no quiere a ningún menesteroso—; y quien tampoco pueda dedicarle la paciencia ni aplicar sus sentidos de la manera en que es debido, hará desde luego mucho mejor en apartarse de la práctica (ad Praxin) y no esforzarse en arriesgarlo todo para hollar la cumbre más alta de esta filosofía.
Pues lo que el Rey Geber y el Conde Bernardo hicieron por amor a esta ciencia, muy probablemente hoy en día ya no le saldría bien a miles de personas; dado que el primero tuvo que empeñar su reino entero a causa de los cuantiosos y baldíos costes invertidos en ella, tal como él mismo relata en el prefacio (Præfation) de su Libro de la Divinidad (Libri Divinitatis), y el segundo tuvo que hipotecar todo su condado antes de alcanzar su feliz propósito final.
Puesto que, como se ha dicho, en este estudio se presentan tantas y tan graves dificultades, a través de las cuales el aficionado —exactamente igual que un navegante con un barco de buenas velas— debe abrirse paso entre olas marinas sumamente altas, bravas y tormentosas, se puede valorar fácilmente cuán intensamente este impetuoso… [viaje…][13]
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… navegación (Schifffahrt) podría facilitarse, y qué gran utilidad reportaría, si los grandes señores y potentados mantuvieran hoy en día en sus academias, junto a las demás ciencias —cuyo valor o desvalor dejamos de lado—, también a profesores de Alquimia (Professores Alchymiæ). Estos profesores no deberían tratar otra cosa sino experimentos rigurosos (curiöse Experimenta), fundamentados sólidamente en los principios de este arte, y contando con un salario gratificante (vergnüglicher Besoldung), instruirían a aquellos alumnos dignos (würdigen Subjectis). De este modo, se les enseñaría lo que de otra manera apenas serían capaces de aprender, si no fuera a costa de muchísimo tiempo, numerosos y graves errores, gastos exorbitantes y confusión absoluta.
Ya hace cien años que el docto profesor de Leipzig, Tanckius, sostenía la misma opinión al afirmar que en las universidades se debería explicar a Geber junto a Galeno e Hipócrates; pues así uno no se quedaría estancado en la corteza de las cosas naturales (Cortice Rerum Naturalium), sino que alcanzaría el núcleo mismo de la Naturaleza.
Ciertamente, por la historia es bien conocido que grandes emperadores, reyes y príncipes se han dedicado ellos mismos a este estudio con el mayor celo, como el emperador Rodolfo II, el príncipe elector Augusto de Sajonia, y Federico III, príncipe elector del Palatinado. Sobre este último relata Penotus à Portu que una vez, estando completamente a solas sin que nadie más estuviera presente, le preguntó qué decía la gente sobre él. A lo cual Penotus replicó: «Dicen que Vuestra Alteza Serenísima gasta la mayor parte de sus ingresos en la…» [búsqueda…][14]
14 | Crítica de Bened. Nicol. Petraeus
… [bús]queda de la Piedra (Lapidis). A lo cual el Príncipe Elector respondió: «Que él lo hacía única y meramente para su deleite (Ergötzung), y que no pretendía alcanzar con ello riqueza alguna, sino investigar las variedades de la naturaleza que le resultaban sumamente gratas; y que a sus ministros, cuando estos le desaconsejaban tal estudio, les daba por respuesta que gastaba mucho más en la caza, y en mantener a un solo perro, de lo que invertía en cuatro operaciones químicas; pues los gastos que a lo largo del año destinaba (employrte) a la alquimia no ascendían a mucho más de cien florines de oro del Rin (Rheinische Gold-Gulden)».
Y de igual modo ocurrió con muchos otros grandes señores que destinaron sumas aún mayores a este fin, de los cuales algunos obtuvieron también resultados reales (was Reelles). No obstante, dado que los monarcas están ya más que saturados con los altos asuntos y tareas del Estado y del gobierno (Landes- und Regierungs-Affaren), y por lo tanto ellos mismos no pueden supervisar este arte con la debida dedicación, viéndose obligados a delegar la dirección (Direction) de tales trabajos en sus ministros (Ministris) —quienes a menudo entienden poco o nada de la materia—, raras veces puede resultar algo bueno de ello.
Si, por el contrario, los soberanos seleccionaran (choisirten) a súbditos capaces e hijos nativos de su tierra (Lands-Kinder), y los enviaran a viajar con el único fin de consagrarse a este estudio hasta que hubieran recopilado un buen bagaje de conocimientos, para nombrarlos después profesores de esta ciencia en las universidades, o bien sus consejeros químicos (Consiliariis Chymicis) y médicos de cámara (Leib-Medicis) —quienes habrían de fundar tales sociedades científico-químicas—, resultaría sumamente fácil comprender que gracias a ello podría [alcanzarse algo grande].
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… podría con el tiempo llevarse a cabo (effectuiret), y se sacarían a la luz maravillosos milagros tanto en la medicina —lo cual es lo primordial— como en las materias metálicas (in rebus Metallicis). Pero ¿qué más se puede decir? Parece ser que la era de Elías Artista (Seculum Eliæ Artistæ) aún no se ha aproximado tanto, por cuanto todavía hoy en día existen médicos de alta graduación —quienes por derecho propio deberían ser los que más recomendaran este estudio, y de cuyos discípulos auténticos (genuine discipeln) el célebre Rolfinck ha formado y sigue formando tantos— que enemistan al máximo esta ciencia en las grandes cortes, y consideran todo este asunto, e incluso las proyecciones reales ya acontecidas (geschehene Projectiones), como una pura quimera (pure Chimære), un truco de magia (tour de passe passe) o una ilusión mágica.
Y mediante tales representaciones han llevado las cosas al extremo de que en las academias se prefiere nombrar antes a diez profesores que remienden léxicos o índices de fraseologías oscuras, disputas y tecnicismos metafísicos, o que al estilo de la Sorbona en Francia deban debatir la teología y la filosofía con toda clase de sutiles distinciones de tal modo que ambas partes suden de lo lindo sin llegar a saber quién tiene la razón, antes que ver a un solo profesor que enseñe la verdadera física restaurada (Physicam veram restitutam) o la filosofía de los adeptos (Philosophiam Adepticam). No obstante, tales caballeros, que por mero capricho (par Caprice) pretenden ser los únicos sabios, niegan toda transmutación y, con ella, al mismo tiempo la razón y la experiencia (Rationem & Experientiam), de quienes dice el campesino: «Si no fueran docto…» [res…][15]
16 | Crítica de Bened. Nicol. Petraeus
… [Docto] res o magísteres, bien se ejercitarían todavía en la verdadera filosofía; pero hoy en día se avergüenzan de tener que seguir aprendiendo, por el mero hecho de ser personas graduadas. Ya no se precisa una refutación de su postura, puesto que muchos hombres doctos la han realizado de forma más que superflua.
Con todo, es lamentable que tales personas de altos estudios prefieran tantear las cáscaras vacías y dejen marchar descuidadamente el núcleo; y que, por falta de conocimiento de lo interno y de la ciencia aplicada, prefieran tragarse la insalubre sopa de los posos, en lugar de aproximarse a los manantiales de agua fresca y desear beber del arroyo de la vida, tal como dice Basilio [Valentín] en su Carro Triunfal. De este modo, ellos son en gran parte la causa de que esta ciencia, en vez de emitir su luz cada vez con mayor brillo, sea por el contrario sumamente oscurecida, despreciada y ridiculizada.
De un parecer enteramente distinto eran los célebres profesores y médicos de cámara Noll, Hartmann, Maier, Tacke, Becher y Tanckius; este último solía tildar a los detractores de este arte como «tarugos toscos que no saben nada», siguiendo el ejemplo de Paracelso, quien en la lengua de los suizos los llamaba «bacantes cornudos», y Basilio otorga también títulos muy refinados en su Carro Triunfal a aquellos que no quieren ensuciarse las manos con carbón ni desean aprender nada más. El celebérrimo Conring declamaba ciertamente con dureza (acriter) contra la secta de Paracelso (Sectam Paracelsi), pero sin embargo nunca …[16]
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… [nie] / nunca negó la transmutación de los metales, la cual confiesa abiertamente en su Apología contra Borrichius: «¿Acaso ardo yo en odio hacia los químicos, yo, que he defendido la verdad de la mismísima crisopeya (χρυσοποιητικῆς) en el undécimo capítulo del segundo libro?». Es decir: «¿Debería yo odiar la química, si he defendido la verdad del arte de hacer oro en mi libro?».
También el célebre señor Leibniz, aun cuando no fue un gran devoto de ella, razona al respecto de forma muy sensata en las Miscellanea Berlinensia: «Por lo demás, aquello que considero poco verosímil, no por ello me atrevería a declararlo imposible. Ciertamente, de no estar convencidos por los experimentos, difícilmente creeríamos que exista algo en la Naturaleza como la pólvora». Esto es: «Sin embargo, lo que me parece tener poca semejanza con la verdad, no por ello lo puedo juzgar como totalmente imposible. Con seguridad, difícilmente creeríamos que exista algo en la naturaleza como la pólvora para los cañones si no viéramos experimentos diarios de ello».
Con lo cual concuerda también el excelente moralista pagano Séneca en el Libro 4 De Virtutibus: «No definas sobre las cosas dudosas, sino mantén tu juicio en suspenso, y nada afirmes sin haberlo experimentado; porque no todo lo verosímil es de inmediato verdadero, así como, muy a menudo, lo que al principio parece increíble no es continuamente falso. Pues con frecuencia la Verdad adopta la apariencia de la Mentira, y con frecuencia la mentira se encubre bajo el aspecto de la verdad».
Es decir: De las cosas inconcebibles no se debe determinar nada, sino detenerse con la opinión propia en suspenso, y no se debe asegurar nada que no haya sido experimentado, porque no todo lo que parece ser verdadero lo es en realidad…[17]
18 | Crítica de Bened. Nicol. Petraeus
… es [en realidad]; del mismo modo en que, a menudo, aquello que al principio parece increíble, no siempre resulta ser falso e incierto: pues con frecuencia la verdad es tenida por mentira, y con frecuencia una mentira posee la apariencia de una verdad.
El sumamente renombrado profesor de medicina, Del Boë Sylvius, compartía un parecer (Sentiment) enteramente distinto. Sucedió que en su época un francés llamado Grandeville se encontraba en Leiden, de quien se tenía la opinión de que era un poseedor (Possessor) [del secreto]. Puesto que este Grandeville realizó finalmente una proyección ante el todavía vivo profesor de química Le Mort (quien me lo ha contado a mí en persona), logrando teñir (tingiret) con un solo grano cinco granos en oro, Sylvius buscó por todos los medios entablar conversación con él. Sin embargo, no tuvo demasiada fortuna en ello, debido a que este filósofo no deseaba ser muy conocido.
Con todo, Grandeville frecuentaba a menudo la compañía de un doctor alemán, por entonces aún joven y médico en ejercicio (Medicinæ Practico), a quien apreciaba bastante. Pero dado que visitaba a este doctor muy a menudo, y a este a veces no le venía bien —por la razón de que en aquella época todavía no tenía en gran estima este estudio y tenía la cabeza demasiado llena de las manías universitarias (Universitäten-Grillen)—, ordenaba con frecuencia que dijeran que no estaba. Cuando el artista (Artista) se percató de esto, se dirigió a él en una ocasión cordialmente (cordialement) con estas palabras: «Mi señor doctor, ¿por qué rehúsa mi conversación, si yo no le exijo nada a cambio, sino que, por el contrario, bien podría darle algo?». Este, sin embargo, reflexio…[18]
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… [el joven médico alemán] no reflexionó especialmente en ello en aquel momento y lo dejó pasar, hasta que más tarde, en su vejez —cuando ya se había convertido en un aficionado [a este arte]—, me confesó a menudo entre lágrimas su arrepentimiento por haber dejado escapar, debido a su ignorancia (Ignoranz), tan hermosa oportunidad (Occasion), habiendo rechazado siempre a este artista (Artisten) con semejante frialdad (froideur).
Por lo tanto, en lo tocante a la verdad de la transmutación metálica, nadie que desee hacer uso de la razón será capaz de derribar el siguiente argumento fundamental, el cual se yergue como una roca inconmovible: «Si en los juicios, donde se ventilan la fortuna, la vida, la reputación o la estimación de las costumbres de un hombre, se debe otorgar fe a dos o tres testigos tanto por ley divina como por derecho civil; con cuánta mayor equidad habrá de aplicarse esto a la Alquimia, la cual se convence como enteramente verdadera no ya por tres o cuatro, sino por casi innumerables razones, analogías, ejemplos y testigos».
Es decir: Si en los procesos judiciales —donde no solo se sentencia la vida, sino donde también se juzga el honor del nombre— se debe creer a dos o tres testigos de conformidad tanto con la ley divina como con la secular, ¿cuánto más se le habrá de conceder tal credibilidad a la alquimia? Puesto que la verdad de la misma puede ser demostrada no solo con razones lógicas, analogías, ejemplos innegables y tres o cuatro testigos, sino con una cantidad casi innumerable de ellos. Exponer más razones sobre esto resulta del todo innecesario, debido a que ya existen libros enteros [llenos] con…[19]
20 | Crítica de Bened. Nicol. Petraeus
… [llenos] con ello; y las historias de proyección (Projections-Historien) ocurridas hace poco tiempo y sumamente conocidas son, en verdad, tan innegables que no veo cómo —incluso si uno deseara mantener la duda sobre toda la antigüedad— se podrían refutar de manera racional.
De Johann Friedrich Böttger es bien sabido que transformó en buen oro trece monedas de dos groschen en Berlín, en la farmacia del señor Zorn, en presencia de numerosos testigos; y que antes de que esto saliera a la luz (eclatiret), hizo que un cierto laboratorista de aquel lugar —quien a mí mismo me mostró todavía el crisol empleado— tomara ocho loth de mercurio y ocho loth de plomo. Llevó su polvo de color pardo rojizo, del tamaño de una pequeña semilla de cáñamo, envuelto en un poco de cera, sobre el mercurio caliente, y enrolló esta mínima cantidad de polvo junto con el plomo, dejándolo fundir. De este modo, el Saturno (plomo) o el mercurio se transmutaron de inmediato, en un octavo de hora, en oro puro sin dejar residuo alguno.
Un experimento sumamente extraordinario (rar) fue el que realizó un gran rey con esta tintura (Tinctur): al proyectar Su Majestad misma dicho polvo sobre vidrio, el vidrio se volvió maleable (malleabel), de tal manera que se podía martillar. Esto viene a confirmar con mayor fuerza que el vidrio maleable (Vitrum malleabile), que en su día fue ofrendado por un artífice al emperador Tiberio, bien pudo haber sido fabricado de igual modo mediante una tintura metálica. También es célebre que Paul Hübner, quien falleció a causa de ello en la reciente peste de Danzig, poseía una verdadera tintura particular (Particular-Tinctur)…[20]
sobre los Escritos Alquímicos. | 21
… poseía, y que él mismo la podía fabricar, es algo bien conocido en toda Danzig; y a partir de tres libras de vitriolo de Chipre (Vitrioli Cyprici) logró teñir (tingiret) primero ochenta, luego cien, y después ciento veinte ducados, viviendo de ello.
También el teniente general sajón Otto Arnold von Paykull (c) realizó la prueba de su tintura particular (Particular-Tinctur) fabricada por él mismo —de la cual una parte transformaba seis partes de plomo u otro metal en oro— algún tiempo antes de su ejecución en Estocolmo, con la esperanza de conservar gracias a ello su vida. Previamente, durante la noche, todas las materias correspondientes para ello habían sido preparadas sin el conocimiento del general Paykull; al día siguiente, él aplicó una cierta proporción de su tintura y, junto con el plomo, la fundió…
Nota a pie de página (Bloque inferior):
(c) A quien no se debe confundir aquí con el señor Johann Reinhold Patkul, noble de Livonia y quien fuera consejero secreto (Geheimten Rath) y ministro plenipotenciario (Plenipotentiario) ante Su Majestad del Zar, así como general en jefe de sus tropas, etc. A este último tuve la gracia de conocerlo en persona en el año 1705 en Leipzig, en la casa del señor Dr. Georg Beyer; y no solo era un verdadero cristiano, sino también un gran filósofo y un auténtico adepto (Adeptus), sobre lo cual podría contar aquí muchas cosas si el tiempo y la ocasión lo requirieran; tal como él mismo lo testificó con la mayor magnanimidad en el año 1707 al momento de su sumamente ignominiosa muerte.[21]
22 | Crítica de Bened. Nicol. Petraeus
… fundido conjuntamente (zusammen-geschmeltzt), se obtuvieron de allí ciento cuarenta y siete ducados, de todo lo cual fueron testigos presenciales (augenscheinliche Zeugen) el médico de cámara real, el Dr. Urban Hiarne, el coronel Hamilton y varios otros.
Frente a esto, ciertamente se podría objetar de nuevo que «tantas cabezas, tantas mentes, tantas opiniones» (quot Capita tot Sensus, tot Sententiæ), y que también hombres de alta erudición podrían resultar demasiado crédulos en este punto. ¿De qué habría servido otorgar tanta confianza a esos supuestos adeptos, en especial al tan afamado Caetano, si él, a pesar de todas sus promesas tan a menudo repetidas y de la enorme paciencia que se le mostró, no fue capaz de producir ninguna suma considerable de dinero?
Si bien uno no tiene en absoluto la intención de defender la conducta (Conduite) de este italiano, vuelto desgraciado por su propio capricho (Caprice), ni de hablar en su favor en contra de la justicia, se tendrá que admitir, no obstante, que sus numerosas (nombreuse) proyecciones realizadas en muchos lugares son dignas de justa admiración; puesto que con una cantidad sumamente pequeña de su tintura (Tinctur) tiñó (tingirt) muchas libras de metal, mostrando así al mundo la veracidad del aforismo de Lulio (Dictum Lullii): «Teñiría el mar, si de mercurio fuera» (Mare tangerem, si Mercurius esset); el cual fue vertido en versos por Augurellus de la siguiente manera:
«Si una mínima parte de aquello fuera arrojada por las olas
del mar, y si el mar fuera entonces mercurio (plata viva),
¡todo el inmenso mar podría convertirse en oro!»[22]
sobre los Escritos Alquímicos. | 23
… no sea tan absurdo, o que al menos pueda ser posible; especialmente porque en las crónicas de las proyecciones encontramos no pocos ejemplos de que los adeptos demostraron públicamente (publice demonstriret) ante el mundo pruebas tan excelsas y variadas. Sobre la realidad de estas pruebas, hasta el día de hoy, ninguno de los que estuvieron presentes ha tenido la menor duda, a excepción de unos pocos de los cuales se dice, según el conocido refrán: «¿De qué sirven las antorchas o las gafas a quien no quiere ver?».
Sin embargo, con mucha razón (Raison) se ha dudado de si era posible que Caetano, con semejante conducta tan asombrosamente antifilosófica (unphilosophischer Aufführung), pudiera ser él mismo el artífice de este misterio (Artifex hujus Mysterii), tal como él siempre pretendió, incluso hasta el momento de su muerte. Puesto que se ha hablado de forma muy diversa a favor y en contra (pro & contra) al respecto, se habrá de tomar todo esto en una consideración un poco más madura, dejando no obstante al libre albedrío de cada cual lo que desee creer o pensar de ello.
Es, por tanto, la última historia de proyección, aquella que aconteció con Caetano (d) en Cüstrin, sumamente… [notable / remarquable].
Nota a pie de página (Bloque inferior):
(d) En el año 1709, el día 23 de agosto, entre las 11 y las 12 horas, fue colgado en la horca común de los ladrones fuera de la fortaleza de Cüstrin, ante el suburbio corto. Véase la Relatio Historica sobre el ahorcamiento de Caetano. Compárese Europäische Fama, parte 92, pág. 636 y siguientes; asimismo, la Einleitung [Introducción]…[23]
24 | Crítica de Bened. Nicol. Petraeus
… notable (remarquabel); puesto que él [Caetano] entregó, cada uno en un papel por separado (à parten Papier), un granito de su tintura roja y otro tanto de su tintura blanca —ambos del tamaño aproximado de media semilla de mijo—, junto con dos puntas de cuchillo llenas de un polvo grisáceo aunque granujiento, al cual denominaba su mercurio filosófico (Mercurium Philosophicum), el cual, probado posteriormente sobre un metal incandescente, demostró ser todavía volátil (flüchtig).
A continuación, se mezcló una punta de cuchillo de este polvo con el granito de tintura roja, y la otra punta con la tintura blanca, y se colocó cada mezcla por separado (à part) en una fiola (Phiole). Se vertió sobre ellas la medida de un dedo de aguardiente (Brandtwein) y se mantuvieron en digestión (digeriret) durante treinta días sobre dos lámparas distintas dentro de una caja cerrada.
Cuando finalmente se abrió la fiola con la tintura blanca, el espíritu de vino (Spiritus Vini) se había evaporado (evaporirt) y el polvo se había fijado de forma un tanto compacta a las paredes del vidrio. Acto seguido, se rompió el cuello de la fiola (abgesprenget), se desprendió el polvo raspándolo, se removió bien y, arrojando una cantidad equivalente al tamaño de una lenteja sobre cinco libras de mercurio (Mercurii), ¡se obtuvieron de allí cuatro libras y media de plata pura (feinen Silber)! Durante toda esta manipulación, Caetano no intervino para nada con sus … [manos…]
Nota a pie de página (Bloque inferior):
… [Ein] / [In]troducción a la historia de nuestro tiempo a partir de los periódicos que llegan diariamente, entrega XIX, pág. 1660. Todo este proceso lo puede leer detalladamente el benévolo lector en la Historia Erudita de Melissantes, en formato octavo (in 8vo), Erfurt, 1712, páginas 522 a 549.[24]
sobre los Escritos Alquímicos. | 25
… [manos] en las operaciones, y muchos testigos estuvieron presentes durante la apertura de las fiolas (Phiolen) y presenciaron esta proyección.
Una vez concluida esta, y mientras uno de los señores asistentes sostenía en su mano la fiola abierta con el polvo restante —el cual pesaba aproximadamente una dracma (Drachma)—, Caetano se la arrebató repentinamente de las manos bajo el pretexto (prætext) de que deseaba realizar otra proyección sobre cobre, el cual ya se encontraba en estado de fusión.
Sin embargo, antes de que alguien pudiera sospecharlo, arrojó dicha fiola junto con el polvo al interior del horno de fundición incandescente ante el que se encontraba, de tal modo que el vidrio estalló en cien pedazos; y dijo al mismo tiempo: «Que él ya había demostrado que comprendía la multiplicación, puesto que quedaba patentemente a la luz del día que el polvo gris, o sea su Mercurio Filosófico (Mercurius Philosophicus), se había multiplicado; de lo contrario, no se habrían podido teñir de cuatro a cinco libras de mercurio, sino que el granito que él había entregado apenas habría alcanzado para teñir de diez a doce loth».
Añadió que ofrendaba semejante tesoro al alma de su difunta esposa, por ser precisamente el Día de Todos los Fieles Difuntos (aller Seelen Tag), y que él todavía podría ejecutar algo mucho mayor, siempre y cuando no se le tomara por un embaucador (Fourben), sino por un verdadero filósofo.
Ocho días después se abrió la segunda fiola, y a partir del polvo contenido en ella, utilizando un hilo de hierro (Eysen-Drath), se extrajo una mínima mota de polvo y se arrojó sobre una moneda incandescente de dos tercios de tálero (Zwey-Drittel-Stück), ¡y la misma se transmutó… [en oro puro].[25]
26 | Crítica de Bened. Nicol. Petraeus
… [la m]isma se transmutó de inmediato en oro puro (fein Gold). Al ver esto, el distinguido caballero que sostenía firmemente dicha fiola (Phiole) con ambas manos empleó una gran precaución (Præcaution) para conservarla; sin embargo, Caetano fingió (fingirte) que deseaba limpiar el cuerpo de la fiola con un pañuelo (Schnup-Tuch), bajo el pretexto de apreciar mejor la cantidad (Quantum) de polvo.
En ese preciso instante, vertió entre uno y dos loth de agua fuerte (Aquafort) en el interior de la fiola sobre el polvo transmutatorio (tingirende Pulver); el cual se disolvió de inmediato, quedando al mismo tiempo todo arruinado. A raíz de esto, el italiano perdió por completo y de forma definitiva todo su crédito (Credit).
Si bien a partir de esta extraña historia —plagada de profundas reflexiones— no se puede demostrar con total certeza que él mismo fuera capaz de fabricar la piedra (Lapidem), aun cuando mostró el proceso de la multiplicación; puesto que bien pudo haber obtenido tanto la tintura (Tinctur) como el polvo de aumentación (Augmentations-Pulver) por medios lícitos o ilícitos (per fas & nefas). Con todo, constituye al menos un magno testimonio (Testimonium) de que en aquellas fiolas se hallaba oculto, por fuerza, un tesoro considerable.
De lo contrario, no las habría destruido ni malogrado de forma tan descuidada y por pura insensatez, ganándose con ello una difamación (diffamirt) aún mayor; o bien es que debía poseer una reserva mucho mayor de estos polvos de aumentación, con la cual podía compensar con creces semejante pérdida, o acaso comprendía el secreto de la multiplicación en su cantidad misma, tal como se creyó firmemente y de manera constante en la corte de Baviera (Bäyrischen Hofe), y que…[26]
sobre los Escritos Alquímicos. | 27
… de modo que se puede presumir (præsumiren) de una u otra manera que meramente su propio capricho (Caprice) u otros conceptos imaginarios le impidieron mostrar realidades aún mayores.
Si se considera además que, cuando vio que inevitablemente habría de morir, suplicó de rodillas que se le concedieran tan solo algunas semanas más de tiempo, pidiendo que se le mantuviera bajo custodia en cualquier otro lugar —puesto que Cüstrin le resultaba sumamente hostil—; a cambio, él entregaría durante ese tiempo una cantidad considerable de oro, y sucesivamente (nach advenant) una cantidad aún mayor. Y si llegado el caso volvía a fallar (manquirte), se le podría imponer una muerte mucho más cruel.
Si se le hubiera otorgado este aplazamiento, tal vez para salvar su vida —ya que jamás las cosas habían llegado con él a semejantes extremos (ad extrema)— se habría visto obligado por la fuerza (par force), por una vez, a abandonar su loca obstinación (Caprice) y a cumplir su palabra.
Asimismo, antes de la ejecución tomó la Sagrada Hostia en repetidas ocasiones sobre dicho juramento, ratificando con gran solemnidad que moría como un verdadero adepto (Adeptus). Y tras la ejecución, los monjes que lo acompañaron hasta la muerte confesaron igualmente que poseían sólidas razones (Raisons) para tenerlo por un adepto (pro Adepto). Todo esto bien podría dar motivos para creer que él debía poseer algún conocimiento real de este arte, especialmente si se sopesa, además, que los sofistas o bien … [los charlatanes…][27]
20 | Crítica de Bened. Nicol. Petraeus
… también aquellas personas que han obtenido el polvo de proyección (Projections-Pulver) por azares del destino (sondersliche Fata) particulares, sin saber cómo fabricarlo por sí mismas, buscan por lo general adular (zu flattiren) de todas las maneras imaginables a los grandes monarcas y a sus ministros (Ministres) para conservar el favor que se han ganado.
Por el contrario, Caetano arremetió con furia en todos los lugares donde estuvo, ante las grandes cortes; y contra cualquiera que lo mirara con recelo o desdén, sin el menor miramiento (sans aucun regard), y que no lo reconociera de inmediato como un verdadero adepto (pro vero Adepto) —lo cual resultaba imposible de juzgar (dijudiciren) basándose únicamente en las proyecciones ejecutadas y en la loca conducta (Conduite) que mostraba—, Caetano descargaba sobre él un odio implacable.
Un proceder enteramente distinto mostró Wenceslao Seiler (Wenceslavs Seilervs), quien, como es bien sabido, también obtuvo de un monasterio una gran cantidad de polvo de proyección sin conocer en absoluto este arte. Si bien Seiler también engañó a muchas personas falsificando y vendiendo una tintura imitada, debido a que no se atrevía a sufragar con su tintura verdadera (veritablen) los excesivos y disolutos gastos (depensen) que realizaba; llegó incluso a tal grado de descaro que mandó acuñar su propia efigie en monedas falsas —compuestas mitad de oro y mitad de plata, cuyo color había alterado (exaltirt) en su superficie— e intentó ponerlas en circulación fraudulentamente.
A pesar de que por esta razón fue duramente acusado ante el Emperador, supo infiltrarse e insinuarse (zu insinuiren) de tal manera que el Emperador le confiscó el resto de su tintura para poner fin a semejante sofistería, de modo que todas … [sus deudas…][28]
sobre los Escritos Alquímicos. | 29
… [el Emperador] pagó sus deudas, y lo nombró Barón SEILER VON SEILERBURG y maestro de ceca hereditario (erblichen Münz-Meister) en Bohemia; tal como se contiene todo ello, de forma más detallada, en la obra de BECHER, Magnalia Naturæ, impresa en Londres en formato cuarto (4to) en el año 1680.
Es una lástima que la esfera astral y magnética (Astral- und Magnetische Kugel) de este hermano Seiler o Wenzel —fabricada mediante la influencia concentrada de los astros (concentrirten Influential Astrorum), la cual rodaba hacia el lugar donde yacían enterrados el oro y la plata y allí se detenía, y que el propio Emperador ensayó y halló certera con su propia mano— se perdiera durante el asedio de la ciudad de Viena debido al saqueo de un carro, junto con el librito para fabricarla.
Mencionar aquí las numerosísimas proyecciones realizadas por Caetano en Viena, Múnich, Bruselas, Berlín, etc., sería del todo excesivo, y sobre algunas de ellas ya ha hecho mención el docto profesor Hannemann en sus Dissertationes Chymicæ. Especialmente notable (remarquabel) resulta que las monedas de dos tercios de tálero (Zwey Drittel-Stücke) que Caetano tiñó (tingiret) conservaran su forma y su cuño original tras la transmutación.
Él meramente las ponía al rojo vivo (geglüet) y arrojaba la tintura sobre ellas, la cual se extendía de inmediato como si fuera un aceite y penetraba en el metal incandescente como el agua en una esponja; luego las volvía a introducir en el fuego, dejando que se calentaran al rojo vivo por completo, y después las enfriaba. Asimismo, tiñó con frecuencia en vasos de vidrio abiertos, tal como sucedió en Berlín, cuando su pretendida tintura estaba en proceso de elaboración y casi a la mitad de su maduración…[29]
30 | Crítica de Bened. Nicol. Petraeus
… [estando casi] lista, vertió unas pocas gotas amarillas de ella sobre dieciséis libras de mercurio (Mercurii) en una botella de cuello estrecho (Bouteille mit einem engen Halß), la cual previamente había sido bien sellada (lutirt) con buen luto (Luto) y yeso.
Colocó el vidrio abierto directamente en el fuego y, aplicándole de inmediato un calor intenso en el horno de viento (Wind-Ofen) mediante soplado durante media hora, la mezcla comenzó a borbotear con tal fuerza que parte del mercurio saltó hacia las cenizas. Acto seguido, arrojó el envase de vidrio al agua; este estalló con un fuerte estallido (Knall) partiéndose en dos. Al fundir de nuevo la materia en un crisol limpio y granularla en agua, se obtuvieron de allí casi las dieciséis libras de plata buena (gutes Silber).
Algunos días antes de su última fuga y retirada (Retirade) de Berlín hacia Fráncfort del Meno —lugar donde fue arrestado (arretiret) de nuevo—, Caetano se encerró en una cámara junto con su amante (Maitresse), o la madre de esta, y su lacayo (Heyducken). Selló todas las rendijas de las puertas y realizó una proyección secreta de muchas libras de oro. Al salir de la estancia, se topó (rencontriret) con una sirvienta robusta (dicken Magd) que estaba a su servicio y le arrojó el oro en su delantal (Schürze), diciéndole: «¡Mira, aquí lo tienes!».
Aseguran que la pieza era de un peso tan colosal que la criada juró que por poco se le cae de las manos. Acto seguido, Caetano tomó ese oro consigo para emprender el viaje. Se dice también que en Viena transmutó una gran porción de plomo de una sola vez ante el emperador LEOPOLDO, al igual que en Bruselas ante el Príncipe Elector…[30]
sobre los Escritos Alquímicos. | 31
… [v]ia de Baviera (zu Beyern), donde se dice que transmutó trescientas libras de plomo de una sola vez; sobre la cual última se hizo interrogar a un cierto caballero (Cavallier) que por aquel entonces viajaba por Berlín y que había estado presente, el cual no negó semejante colosal proyección junto con muchas otras.
Si bien es cierto que Caetano imitó en gran medida al Barón Seiler en su disoluto estilo de vida (dissoluten Lebens-Art), prometiendo mucho y cumpliendo poco, conforme al proverbio italiano (Italiänischen Sprich-Wort): «Y como napolitano, ancho de boca y estrecho de mano» (E come Neapolitano, largo di bocca, stretto di mano), vendiendo falsas tinturas particulares (Particularatia) a cambio de dinero —cumpliéndose de nuevo en su caso aquello de: «Las bellas palabras y los malos hechos engañan tanto a sabios como a locos» (Belle parole & cattivi fatti ingannano e savi e matti)—; y que buscó financiación de grandes potentados (Potentaten) y se hizo asignar salarios, como el que se le otorgó en Viena de mil florines (tausend Gülden) al mes.
Todo lo cual podría sembrar por completo la confusión en los buenos juicios (Sentimens) que todavía se pudieran albergar sobre su ciencia, tan firmemente pretendida en todo momento; de manera especial cuando casi todos los autores de libros filosóficos pretenden sostener que la Alquimia está consagrada únicamente a las personas piadosas, o bien que tendría que volver piadosos a los impíos.
Con todo, se debe establecer asimismo que no existe en el mundo regla alguna tan exacta que no pueda tener sus excepciones (Exceptiones) —lo cual es más que bien conocido por los señores políticos y juristas—, y que los adeptos (Adepti) son seres humanos exactamente igual que todos los demás, y por consiguiente estos también pueden caer fácilmente en un estado pervertido y … [soberbio].[31]
32 | Crítica de Bened. Nicol. Petraeus
… [en un] espíritu soberbio (hochmüthigen Sinn), a saber, cuando sueltan demasiado las riendas a todas sus pasiones innatas. Puesto que a partir de numerosas circunstancias se puede presumir (præsumiren) que Caetano obtuvo su tintura (Tinctur), o el conocimiento de la misma, de una manera prohibida e ilícita; por cuanto a menudo, de repente (subito), en medio de la mayor alegría se quedaba completamente callado y suspiraba profundamente en su interior, habiendo confesado también ante los monjes que eran sus confesores (Beicht-Vätter) que él merecía bien la muerte, pero no por causa (ex Capite) de su arte de adepto (Adepterie).
No es, por tanto, maravilla alguna que la venganza lo siguiera pisándole los talones, y que él siguiera ciegamente a su fantasía y capricho (Caprice), viéndose obligado a arrojar al viento todos los consejos más sensatos (saniora Consilia) que le daban sus amigos. Que también muchísimos otros muy célebres y verdaderos adeptos (Adepti) se comportaron igualmente de una manera no del todo lícita, es algo que testifican, por un lado, numerosos pasajes de sus propios escritos —donde a menudo, de forma innecesaria, dejaron entremezclar muchas sofisterías santurronas, añadiendo grandes juramentos de que se trataba de la pura verdad; véase Batzdorf en la primera parte—, y por otro lado, las historias de sus propias vidas.
De ello se puede hallar abundante información en los versos libres (Knüttel-Versen) del piadoso de Delle, quien fuera ayuda de cámara (Kammer-Diener) del emperador RODOLFO II, el cual, tras reseñar (recensiret) detalladamente la punible conducta de aquellos, concluye finalmente de este modo:
Poema de cierre:
¡Mira cómo les ha ido a todos aquellos
que pretenden, con fasto y ostentación, … [vivir]!**[32]
sobre los Escritos Alquímicos. | 33
Continuación del poema (Bloque superior):
Con soberbia, terquedad y altivez,
presentándose con orgullo y delicadeza;
no son, sin embargo, más que sombras de este mundo.
¿De qué te sirve tu oro y tu dinero,
si tu alma se hubiese perdido?, etcétera.
Que él haya aceptado salarios mensuales tan elevados es algo que ya entonces se le reprochó en Viena; a lo cual él mismo respondió en su publicada Informatione del Fato, alegando que, puesto que por las antiguas crónicas filosóficas es bien sabido que el filósofo MORIENO, aun habiendo sido un eremita, aceptó una costosa y magnífica asignación (Tractament) del rey JALID, tampoco a él se le podía echar en cara que hiciera lo mismo. Máxime cuando el dar y el recibir debían ocurrir, con toda justicia, de forma recíproca (reciproquement) por ambas partes; y asegurando que él ya había dado más de lo que había recibido.
Sobre LULIO refiere también, a partir de Mutius, el erudito BORRICHIUS en su De Ortu et Progressu Chemiae, que al haber escrito este numerosos libros en Génova, Italia, la nobleza genovesa se vio estimulada por ello a ofrecerle fondos, los cuales él necesitaba para su viaje a la Tierra Prometida.
Lo que el difunto señor KUNCKEL relata en su Laboratorium Chymicum sobre BEUTER coincide notablemente con el proceder (procedere) de Caetano; puesto que aquel también vendió aquí y allá procesos falsos a cambio de dinero, tal como yo mismo he visto todavía algunos de ellos en manuscritos (MS.) de su autoría…[33]
34 | Crítica de Bened. Nicol. Petraeus
… en la cual el autor, a quien él se las había comunicado, había escrito: «Por estos dos procesos de Mercurio (mercurio) y Júpiter (estaño) le he entregado a DAVID BEUTER ochocientos táleros (Rthlr.) en dinero contante y sonante, lo cual puedo demostrar con su propia firma manuscrita, bajo la cual me juró solemnemente que yo lo hallaría de ese modo y no de otro, en el año 1608».
Qué asombrosas condiciones imponen a veces los adeptos (Adepti) y cuán pesadas las vuelven finalmente, es algo que refrenda aún más la siguiente y extraña historia. Puesto que el señor consejero de la cancillería real danesa (Königliche Dänische Herr Cantzley-Rath), DIPELIUS, me ha concedido la gracia de publicarla (publiciren), no puedo dejar de exponerla aquí con todas sus circunstancias:
Un cierto barón, llamado SCHMOLTZ VON DIERBACH, nativo de la Gran Polonia y que por aquel entonces ostentaba el rango militar de teniente coronel (Obrist Lieutenant-Charge), se encontraba en Lissa bebiendo en una taberna (Wirths-Hause) con otros oficiales de su misma condición. Entraron en una disputa (Discurs) sobre la alquimia, y los demás buscaban provocarlo (chocquiren) con expresiones burlonas (raillanten Expressiomen), puesto que sabían que el padre de este barón —a quien él mismo había ayudado en su juventud en dicho laboratorio— había dilapidado fundiendo (verkochet) casi todo su patrimonio, obligando con ello a su hijo a buscar fortuna en la milicia (Milice).
En esta disputa, sin embargo, el barón defendió a la alquimia caballerosamente (ritterlich) tan bien como pudo; y con ello conmovió a un adepto extranjero (fremden Adeptum) que se encontraba sentado en esa misma sala, el cual tomó la resolución de consolarlo y compensarlo (soulagiren) firmemente por los daños sufridos, por lo que, tras haberle tomado previamente un jura… [mento…][34]
sobre los Escritos Alquímicos. | 35
bajo condiciones bastante duras, le obsequió media libra de una cierta tintura particular (Particular-Tinctur), de la cual una parte transformaba más de seiscientas partes de plata fina (fein Silber) en el mejor oro. Del mismo modo en que el señor DIPELIUS y otros investigadores (Curiosi) no solo palparon tal sustancia con sus propias manos en Fráncfort del Meno, sino que también la vieron proyectar (projiciren) en repetidas ocasiones.
En esos ensayos, él ponía al rojo vivo tanta plata fina como deseaba teñir (tingiren) y, al aplicar su tintura sobre ella, la transformaba de inmediato sin necesidad de fundirla. Guardaba la tintura en una cajita de plata dorada, y esta se presentaba bajo la forma de un polvo fino de color rojo pálido o color ladrillo. Cuando se observaba este polvo a través del microscopio (Microscopium), se apreciaban pequeñas esferas redondas de dos tipos de color (couleur): unas rojas y otras amarillas como naranjas amargas (Pomeranzen).
Él mismo afirmaba que su tintura no era otra cosa sino una extracción del oro (Extractio Solis), para la cual requería fácilmente veinte libras de oro por cada libra de tintura, aunque podía fundir de inmediato el cuerpo blanco remanente (restirende weisse Corpus) para convertirlo de nuevo en oro.
El adepto le hizo entrega también de una copia manuscrita de este proceso particular (Particular-Proceß), advirtiéndole asimismo que poseía una tintura universal (Universal-Tinctur) obtenida de esa misma fuente (Brunnen), la cual podía fabricarse en menor tiempo y con menores costes. Aseguró solemnemente que el disolvente (Solvens) para esta obra se extraía de la orina (Urin) y del espíritu de vino (Spiritu Vini), requiriendo un tiempo considerable para su elaboración (Elaboration). Qué…[35]
36 | Crítica de Bened. Nicol. Petraeus
… [en] lo demás, las extrañas condiciones (Conditiones) que este barón tuvo que aceptar, y cómo a pesar de ello actuó en repetidas ocasiones en fraude de ley (in Fraudem Legis), cayendo por ende en enojosas desgracias (Fatalitäten), sería demasiado prolijo incluirlo aquí detalladamente (specialiter).
Entre tales compromisos, uno de los más duros consistió en que el adepto (Adeptus) le impuso la obligación de que, durante el plazo de siete años a contar desde el día de la primera recepción, no podría gastar (depensiren) semanalmente una cantidad mayor al valor de un ducado (Ducaten) obtenido de la tintura.
Transcurridos estos siete años —los cuales ya habían pasado hacía año y medio cuando el señor DIPELIUS lo conoció en Fráncfort—, el barón compensó con creces aquella anterior austeridad forzada, adoptando de inmediato un estilo de vida desmesurado y fastuoso (unmäßigen Staat), especialmente en Viena. Y han transcurrido ya quince años desde que el señor DIPELIUS entabló amistad con este barón, vio todo esto y lo escuchó de su propia boca.
Previamente, el barón había residido algunos años en Wertheim del Meno, y también durante un tiempo en Silesia, donde, acuciado por la necesidad, tuvo que empeñar la mitad de su tintura (Tinctur) en un monasterio de jesuitas (Jesuiter-Kloster) a cambio de diez mil táleros (Rthlr.); la cual, sin embargo, le fue robada poco después por su propio sirviente (Knecht). Desde aquel momento, tuvo que mantenerse de forma muy precaria junto con su esposa y un hijo, a pesar de poseer una inmensa riqueza latente, ya que a toda costa deseaba cumplir con su juramento (Eyd). Esta extrema necesidad lo condujo precisamente a [presentarse ante el] señor…[36]
37 | sobre los Escritos Alquímicos.
DIPELIUS para revelarle su situación, con el fin de obtener, mediante su mediación, un anticipo (avancirt) de unos pocos cientos de táleros (Rthlr.) de otros buenos amigos. Así podría subsistir durante el año y medio restante, puesto que ya había gastado por adelantado (anticipirt) los ducados semanales y, además, en virtud de su obligación jurada (eydlichen Obligation), estaba obligado de por vida a no volver a ingresar jamás en ningún servicio militar o de la corte (Kriegs- oder Hof-Bedienung), sino a vivir siempre como un ciudadano privado (privatisiren).
A veces le asaltaban pensamientos ridículos, llegando a creer que el mismísimo Diablo (Teuffel) le había entregado aquella tintura (Tinctur). No solo por el hecho de que algunas de las condiciones (Conditiones) que debía acatar bajo juramento le parecían sumamente sospechosas (suspect); como, por ejemplo (par exemple), el no legar nada a iglesias, escuelas u hospitales; el no permitir que ni un solo grano (Gran) de ella llegara a manos de ningún doctor, cirujano-barbero (Barbier) o boticario (Apothecker); e incluso, en caso de engendrar hijos, el no enviarlos a ninguna escuela pública.
Sino también debido a otras dos circunstancias que él mismo observó en la propia tintura: la primera, que cuando la llevaba en su bolsillo (Sacke) casi siempre llenaba la cajita entera, pero si esta permanecía un tiempo sobre la mesa (Tafel), apenas ocupaba la mitad. La segunda, porque la plata que de este modo se transformaba en oro aumentaba tanto en su peso, lo cual él consideraba sobrenatural (übernatürlich); pues, en presencia del señor DIPELIUS, tomó netamente un quentin (Qvenlein) de plata fina, equivalente a sesenta granos (Gran). Sobre esta pieza, al ponerla al rojo vivo (glüete), aplicó la doceava parte de un grano de su tintura, ¡y la barra pesó después setenta y dos granos! A este incremento lo consideraba él… [37]
38 | Crítica de Bened. Nicol. Petraeus
… [como si fuera un prodigio] de brujería (Zauberey). No obstante, se le despojó de todos estos escrúpulos (Scrupel) mediante razones (Raisons) válidas, las cuales él finalmente comprendió, quedando apaciguado. Esta fue también la causa principal por la que buscó expresamente (expresse) con gran esfuerzo al señor DIPELIUS en Fráncfort; puesto que ya había leído algunos de los primeros escritos de este, los cuales lo persuadieron (persuadirten) de que Dipelius debía albergar casi la misma opinión que su liberal adepto (liberalen Adepto) respecto a la iglesia y las escuelas.
Por lo tanto, aun cuando la vida y conducta de Caetano y de otros muchos filósofos hayan sido de tal naturaleza que bien se habría podido desear que fuesen distintas y, en cierta medida, más conformes a las reglas y a la moral cristiano-secular ordinaria, se obra sumamente mal al ir demasiado lejos en este punto. Es un error pretender imputar todo de inmediato y sin consideración (sonder Consideration) como una carga a los amantes de este noble arte, o dejar correr en exceso la bilis y la saliva (Galle und den Geiffer), ¡como si únicamente en la Alquimia se encontrara puro fraude o demencia (Betrug oder Wahnwitz), mientras que en las demás ciencias y profesiones reinaran solo la cordura y la santidad!
Pues, supongamos incluso que uno u otro filósofo hubiese emprendido acciones enteramente contrarias (contraire Acten) a la denominada manera razonable (raisonablen Methode) de vivir, las cuales un hombre común o un ojo político avizor (Argus Politicus) no fuesen capaces de comprender en absoluto con su entendimiento; sucede exactamente igual con los Hermanos de la Rosa Cruz (Fratres Rosæ Crucis) y los filósofos místicos (Philosophi Mystici), quienes no actúan sino conforme a una [regla] dura e indecorosa para el mundo…[38]
39 | sobre los Escritos Alquímicos.
han pretendido revelar sus misterios (Mysteria); tal vez siguiendo el ejemplo de IRENAEUS PHILALETHES, quien también condujo a GEORG STIERKAMP —como este mismo relata en su prólogo sobre El núcleo de la alquimia— a través de rodeos (per Ambages) y digresiones, ¡de tal suerte que este tuvo que abandonar su trabajo con la pérdida total de su obra!
¿Acaso se les puede reprochar verdaderamente semejante proceder? Máxime cuando no se pretende exigir nada inhumano que se oponga directamente (recta) a toda moral razonable y al proceder cristiano. Yo considero que se les debe reprochar aún menos de lo que se le critica a un hombre rico el que custodie bajo llave sus tesoros de forma tan segura en su arca; de modo que también aquel que aspire a ganar algo de ellos, a heredarlos, o a hacerse con ellos de cualquier otra manera, deba amoldarse por completo a su temperamento (Humeur) y soportar todas las cargas antes y hasta que su deseo le sea concedido. Todo lo cual, no obstante, frente a los tesoros filosóficos, no debe ser considerado sino como una nimiedad (Bagatelle).
Puesto que tampoco se halla que todos los cristianos y juristas sean de una misma opinión ni que deseen proceder con igual rigor en todas las cosas —aun cuando a veces fuera sumamente necesario—, ha habido asimismo, por el contrario, filósofos (Philosophos) que han procedido con singular franqueza y que no han hecho gala en absoluto de una sofistería simulada (simulirten Sophisterey); tal como es el caso de las [obras] de SEBASTIAN SIEBENFREUND, cuyas [instrucciones] filosóficas…[39]
40 | Crítica de Bened. Nicol. Petraeus
fue en extremo sincera y carente de interés personal; (si bien su excesiva complacencia, y el hecho de haberle mostrado además la proyección (Projection) al escocés a quien él había curado, le costó la vida en Wittenberg, conforme al contenido de su fatal historia).
Sucedió que cuando él viajó a Polonia para atender al Gran Canciller (Groß-Cantzler), quien yacía postrado por una grave enfermedad (Maladie), dejó provisionalmente en manos de su íntimo compañero de viaje y compatriota (Lands-Mann) la supervisión de su obra filosófica. Al regresar a casa tras haber completado la cura (Cur), y hallar que su amigo había impulsado (poussiret) con gran éxito los trabajos (Labores) que se le habían confiado, fingió que le faltaba dinero. Su amigo se lo ofreció de inmediato de la mejor voluntad; sin embargo, él se negó rotundamente a aceptarlo, argumentando que solo lo había hecho para ponerlo a prueba (probiren), a pesar de que habría tenido el mayor fundamento (Raison) para aceptarlo, ya que había llevado a su compatriota a todas partes consigo de forma libre y franca (frey und franc).
A este adepto se le podría atribuir con todo derecho el mismo elogio que JOCISCUS otorga en su prefacio (præf.) a OPORINUS, quien fue el amanuense (Amanuensis) de THEOPHRASTUS PARACELSUS durante cuatro años enteros: «Erat in Oporino, quod sciunt, quotquot eum norunt, omnes, veritatis studium maximum, illæsus candor & inviolabilis integritas». Es decir: Había en Oporinus —lo cual saben bien todos los que lo conocen— un purísimo celo por la verdad y una inalterable rectitud, por lo cual él también entonces … [40]
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… no aprobó en absoluto la vehemente y extravagante conducta de PARACELSO, sino que finalmente se separó de él. De la política de las cortes (Hof-Politique) entendía también muy poco aquel anciano filósofo bohemio llamado JOHANNES DE LAAZ, o LASNIONGRA, que vivió hace unos trescientos años (y de quien todavía se puede encontrar un pequeño tratado en el volumen 4.º del Theatrum Chemicum).
Sucedió que cuando él hubo comprendido de su maestro, ANTONIO DE FLORENCIA, todo lo concerniente a la piedra (Lapide), se propuso viajar por el mundo y visitar a toda clase de operarios de laboratorio. Entre otros lugares, llegó ante una gran reina que estafaba a muchos comerciantes utilizando cobre blanco y oro falso. Él, con toda fidelidad, aconsejó a los mercaderes que se apartaran de ella, lo cual por poco le cuesta muy caro.
Y puesto que este pasaje (Locus) está descrito en un muy divertido latín monacal (Münchs-Latein), bien vale la pena descifrarlo (dechiffriren) palabra por palabra (verbotenus) a partir de sus abreviaturas tradicionales, y transcribir aquí el extracto de aquel antiguo manuscrito (MS.) del año 1440, escrito sobre pergamino, cuyo título reza así: Via Universalis, compuesta por el célebre Johannes de Laaz, filósofo experto en el Arte de la Alquimia. [El extracto dice]:
«Yo, por mi parte, habiendo oído hablar en varias lenguas acerca de la reina de divina memoria del rey Sigismundo, diciendo que era experta en el Arte Física, me presenté ante ella y realicé con ella un examen sobre el Arte Física; astutamente, no obstante, me respondió aquella mujer. Vi que ella tomó mercurio y arsé…» [nico…][41]
42 | Crítica de Bened. Nicol. Petraeus
… [Arse] nico, y otras cosas que ella misma conocía bien, y a partir de ellas elaboró un polvo que blanqueaba el cobre (Cuprum dealbavit); pasaba óptimamente el ensayo, pero no soportaba el martillo (malleum non sustinuit), y con ello cometió muchos engaños entre los hombres.
Asimismo, le vi otra cosa: que fabricaba un polvo y, sobre cualquier metal que lo espolvoreara, al calentarlo, el polvo penetraba en la masa del cuerpo, la cual se asemejaba a la plata pura refinada en el crisol de copela (argenti puri in testa combusti); sin embargo, cuando se fundía, volvía a convertirse en el cobre que había sido antes, y así vi por parte de ella muchas falsedades.
Nuevamente le vi que tomó Crocus Martis (óxido de hierro), Crocus Veneris (óxido de cobre) y otros polvos, los mezcló conjuntamente y con ello fabricó un cemento; y cuando se tomaba una parte con una parte de oro y de plata y se unía en esto, aparecía oro puro tanto por dentro como por fuera. Pero cuando se fundía por completo, perdía todo el color rojizo, y de este modo muchos comerciantes resultaron engañados por esto. Vi por su parte muchas trampas y engaños, y la corregí con mis palabras. Ella, por tanto, quiso encarcelarme, pero me alejé de ella en paz porque Dios me prestó su ayuda.
Texto principal en alemán (Bloque inferior):
Habiendo quedado, pues, suficientemente aclarado que algunos poseedores (Possessores) o filósofos se comportaron de manera bastante desordenada en su estilo de vida, y habiendo demostrado que, por el mero hecho de haber obtenido las tinturas, no se convirtieron ni mucho menos en dueños de todas sus pasiones innatas, no es entonces un prodigio tan grande que la mayoría de ellos haya dejado sus escritos de forma bastante confusa. Con ello han alarmado (allarmiret) enormemente a muchos lectores, sumiéndolos casi en la desesperación.[42]
43 | sobre los Escritos Alquímicos.
Pues, ¡cuánto estruendo (Lerm) no ha causado en el mundo la tan afamada Materia ex qua o Materia prima Philosophorum (Materia Prima de los Filósofos)! Dándose el caso de que en muchos textos se lee: «Maldito sea aquel que llame a la Materia por su propio nombre», o bien «No existe otra Materia sino la nuestra», y tantas otras sentencias solemnes de caza que resuenan al respecto.
Sobre esta cuestión se han roto verdaderamente la cabeza muchísimos autores de concordancias (Concordanzien-Schreiber), tales como Myliis Lagneus y su comentador Veillutil en su Harmonie Mystique (París, 1636, en formato octavo), Battista Nasari en la Concordanza dei Philosophi (Brescia, 1599, en formato cuarto), Potier, etc. E incluso algunos, como L. B. de Rain en su Laboratorium Chymicum vulgare, impreso en Viena en 1686 en formato cuarto, mandaron grabar ilustraciones de los hornos químicos (Chymischen Ofen) y de toda clase de vasos de destilación (Destillir-Gläser) siendo destrozados a golpes de porra por los propios filósofos.
Y así, semejantes intérpretes de la filosofía pasaron casi todo el tiempo de sus vidas dedicados a la especulación (Ausspeculirung) de esta tan sumamente secreta Materia prima, sacando a la luz acertijos y figuras alegóricas casi más terribles aún que los de los propios adeptos.
Si bien no se puede negar en absoluto que los filósofos más antiguos debieron de adorar y ocultar (cachiren) con gran empeño una particular Materiam Universalissimam Macrocosmicam (Materia Universalísima Macrocósmica) o Mercurium Catholicum indetermnatum (Mercurio Católico indeterminado), y que a esta misma materia —aun siendo una sola— la llamaron con mil nombres distintos; con todo, si uno no es capaz de desentrañarla, no debe orientar todos sus pensamientos de forma tan estricta hacia ella,[43]
44 | Crítica de Benedictus Nicolaus Petraeus
sino que se hallan todavía más sujetos (Subjecta) en los tres reinos [de la naturaleza], a partir de los cuales se pueden producir elixires universales alternos (Universalia Subalterna) mediante el Arte Filosófico. Y uno no establecería un juicio en absoluto errado si, por encima de todos los demás en el Reino Mineral (in Regno Minerali), quisiera otorgar la primacía al vitriolo.
Puesto que en él se contienen un ácido volátil y uno fijo sumamente afines a los metales (Acidum volatile & fixum Metallis amicissimum), y una sal milagrosa (Wunder-Salz), la cual es el medio idóneo para unir el espíritu, el cuerpo y el alma; por lo que justamente merece ser llamado un sujeto de toda maravillosa prodigiosidad (Subjectum omnis Mirabilitatis), tal como el Dr. J. J. BECHER afirma respecto al mercurio.
A partir de él, a saber, mediante un sutil y variado análisis (varia subtili Analysi) y método, bien sea por la separación de sus principios y su posterior reconjunción (separat. principior. & reconjunct.), o por una simple purificación y cocción (simplici purificat. & excoctione), o bien de forma aritmética por adiciones, sustracciones y divisiones (per additiones, subtract. division.), mediante el solve & coagula [disuelve y coagula], convirtiendo lo fijo en volátil (fixa volatili fando) y fijando de nuevo lo volátil (& volatilia iterum figendo), se pueden producir verdaderas y colosales realidades (wahre und grosse Realitäten).
Perran, por tanto, en extremo aquellos que pretenden que entre los filósofos nada debe entenderse en su sentido propio (propriè), sino todo en sentido metafórico (Metaphor.), y que desean ver interpretado aquello que BASILIO [VALENTÍN] escribe de forma tan nítida sobre el vitriolo como si se refiriera a una materia misteriosa e ignota para ellos mismos. Cuestión que el erudito CASPAR HORN ha refutado ya suficientemente en su docto prefacio (Præfation) sobre el Bernhardus Innovato.
¿Y por qué no se ha de creer llanamente en las palabras de BASILIO, si él mismo asegura con tanta frecuencia en su Universal del Mundo que la Piedra (Lapis) puede ser fabricada a partir del vitriolo, y aún en esta…[44]
45 | sobre los Escritos Alquímicos.
… [en] esta nueva edición se añade un pasaje (Locus) de un antiguo manuscrito (MS.) que faltaba en las ediciones anteriores, donde él vuelve a decir expresamente (expresse): «¡Así pues, quiero detenerme en mi escritura y dar cuenta de la esencia de la Piedra, la cual se halla verdaderamente en el vitriolo como un mineral, y que se extrae de él mediante una destreza y manipulación singulares!».
Y de igual modo habla bellamente sobre ello PAULUS STEINER, Hermano de la Rosa Cruz Dorada (Aureæ Crucis Frater), en su manuscrito (MS.) en formato folio titulado El Conocimiento (die Kemniß): «El vitriolo es infaliblemente la materia de la Piedra (Materia Lapidis), pues su espíritu ácido (Spiritus acidus) es el vinagre común o agua mineral, mediante el cual se extrae magnéticamente el extraordinario vinagre filosófico fuerte —aquel que no moja las manos— y el Azoth universal, integrándose al mismo tiempo en un agua mercurial».
«Si a tal mercurio se le añade posteriormente una sal metálica (Metallisch Salß) y azufre (Schwefel) —siendo los tres de una misma sustancia y esencia, y proviniendo originalmente de un solo origen— y se cuecen conjuntamente (ausgekochet), de ello no puede resultar otra cosa sino la Piedra (Lapis)».
Si se desea ir todavía más lejos y sopesar (consideriren) lo que el romano MORIENO dice al rey JALID (Calid): «Oh Rey, en ti mismo está lo que buscas» (O Rex, in Te est quod quæris); y lo que [Isaac el] HOLANDÉS escribe tan bellamente sobre la Piedra de la Orina, tratado impreso conjuntamente en la recopilación La mano de los filósofos (Fráncfort, 1666); y si se toman como auxilio las antiguas alegorías contenidas abundantemente, en especial, en la Gloria Mundi o Tabla del Paraíso, [entonces…][45]
46 | Crítica de Benedictus Nicolaus Petraeus
… [to]mar, y reflexionar bien en su interior; a saber: «No es más que una sola fuente en la Tierra de la cual se extrae esta agua; se halla en un lugar enteramente secreto, de tal modo que su agua fluye por el mundo entero; esta cosa es conocida por todos y se encuentra en todo momento en cada ser humano. La materia de nuestra Piedra se halla en el mundo, esto es, en el microcosmos (la pequeña Welt), y no en las salvajes montañas de piedra ni en el seno de la tierra; sino entre el Cielo y la Tierra, en el aire, como en un menor mundo (minori Mundo); se extrae de un lugar oscuro donde jamás es vista, etc.».**
De este modo, uno puede deducir muy bien y de manera racional que muchos de los antiguos maestros pusieron igualmente a trabajar esta agua o la orina (Urin) del ser humano. Cuestión que podría deducirse de forma mucho más prolija si la ocasión lo permitiera aquí, y resultaría fácil de demostrar que el «mar salado de los filósofos», o aquel «mar en el cual nadan los dos peces sin espinas» del tratado de LAMBSPRING, así como la «fuente surgente de la Naturaleza», ¡pueden interpretarse por completo como la orina!
Asimismo, la operación filosófica completa podría deducirse a partir de la gran ilustración (grossen Figur) que se halla en la Aurelia occulta Philosophica y en el Theatrum Chemicum, donde los símbolos de los planetas están inscritos en los siete rayos de la estrella, junto con siete figuras en sus círculos redondos. Con lo cual coincide que, hace aproximadamente quince años, en Fráncfort del Meno, en la botica de SALZWEDEL…[46]
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… [Salz]wedel ocurrieron proyecciones (Projectiones) con un aceite rojo en forma líquida (Forma fluida) sobre Saturno (plomo) y Mercurio (azogue), lo cual es más que verdadero y suficientemente conocido; tal como de ello ha hecho informe Horlacher en su prefacio (Præfation) sobre El sol resplandeciente de FABRI, y C. H. E. D. en su Itinere Anglicano & Batavo.
Sin embargo, que tal aceite de sal fijo y rojo (rothe fixe Salß-Oel) había sido fabricado a partir del fósforo (ex Phosphoro), es algo que ellos no mencionaron. Según yo mismo lo he olido y saboreado, olía como fósforo quemado (verbrandter Phosphorus) y sabía casi como un bálsamo de copaiba (Balsamus Copaivä), aunque más agradable. Además, el difunto maestro del poseedor o ayudante de botica ADAMS —de quien este heredó dicha tintura— había trabajado intensamente (laboriret) en ello; y todo lo que el mencionado poseedor había anotado de forma confusa sobre esto en sus años de juventud, conducía directamente al fósforo (Phosphorum).
Yo mismo no solo he visto, sino que ejecuté personalmente (selber verrichtet) la proyección con cuatro gotas de este aceite sobre un quentin (Quentin) de mercurio vivo (Mercurii vivi) en Münster, Westfalia. Previamente compré por mi cuenta todo lo necesario, como el crisol (Tiegel), el mercurio, un poco de cera (Wachs) y bórax (Borax), para que no me quedara la menor duda (Dubium). Y después de que el poseedor me vertiera cuatro gotas de la tintura —pues no quería soltar el frasco de sus manos— sobre la cera extendida, la uní moldeándola y coloqué todo conjuntamente en el crisol con las demás materias, puse un gran carbón encima y, en la forja, de manera gradual [47]
48 | Crítica de Benedictus Nicolaus Petraeus
mediante soplado; y en tan solo un octavo de hora (einer halben viertel Stunde) se obtuvo de allí el oro más hermoso, con el peso exacto de un ducado (bey einem Ducaten schwer).
Si se sopesan conjuntamente las sentencias filosóficas citadas anteriormente junto con esta posibilidad real, y se ha aprendido cuán bellamente el fósforo (Phosphorus) o el ácido de la orina (Acidum Urinæ) atacan al oro, y si se desea creer lo que se mencionó arriba en la historia del señor Dipelius sobre la orina y el espíritu de vino (Spiritu Vini), entonces uno habrá de abandonar sus prejuicios (Præjudicia) y tendrá que reconocer, por fuerza, que en la orina reside también un verdadero disolvente (Solvens) o agente (Agens) filosófico.
Pues en lo tocante a las objeciones de que tal materia macrocósmica (Materia Microcosmica) es rechazada en la mayoría de los libros filosóficos debido a que no procede del Reino Metálico (ex Regno Metallico) y, por consiguiente, no puede unirse íntimamente con los metales, etc., todo ello viene a importar muy poco al asunto.
Y es que, si se pretendiera aceptar esto de forma tan llana, parecería entonces que los filósofos rechazan todas las materias del mundo entero, todos los metales y minerales. Sin embargo, se establece claramente que, mientras permanezcan en su forma metálica pura, no constituyen la materia de nuestra Piedra, aun cuando se tome de ellos el punto de partida o el inicio. Y exactamente lo mismo ocurre con la orina: mientras permanezca únicamente en su forma animal (Animalischen Form), no es apta para la Obra y constituye tan solo una gran medicina para los seres humanos; pero si a partir de ella se desea elaborar una medicina para los metales imperfectos (unsaubere Metallen), se la debe conducir e introducir hacia los metales, tal como [Isaac el] HOLANDÉS afirma muy acertadamente.[48]
49 | sobre los Escritos Alquímicos.
De acuerdo con esto, es entonces seguro y evidente que —puesto que el espíritu imperecedero de DIOS está derramado en todas las criaturas y de cada cosa se puede extraer una luz natural, tal como afirma el piadoso Johann Arndt— la Naturaleza no debe ser considerada tan pobre como para que el ser espiritual de la sabiduría se halle depositado única y exclusivamente en una sola materia o cuerpo salino.
Por el contrario, se pueden hallar múltiples sujetos del Arte (Subjecta Artis) a partir de los cuales se pueden extraer la Sal, el Azufre y el Mercurio (Sal, Sulphur & Mercurius) —el cuerpo, el espíritu y el alma— para volver a unirlos de forma indisoluble.
El secreto reside principalmente en poseer la llave correcta (rechten Schlüssel) y la verdadera elaboración filosófica (Elaboration) de la materia; y en que las sustancias que no parecen estar completamente sometidas a la naturaleza metálica sean metalizadas (metallisiret), reforzadas con el azufre del Sol o de la Luna (Sulphure Solis vel Lunæ), y de este modo, conforme a la Naturaleza, la semilla sea sembrada en el campo y cocida (decoquiret) hasta alcanzar la fijeza permanente (beständigen Fixität).
De manera excelente discurre sobre esto el denominado ARTEPHIUS en su Practica o Opere Animali (la cual, según mi conocimiento, aún no ha sido impresa en lengua alemana, y yo la tengo por una obra de [Isaac el] HOLANDÉS): «No creas en absoluto a aquellos que sostienen firmemente que existe una sola materia, pues ellos no han contemplado las cosas naturales en su profunda profundidad (profondität). Nosotros sabemos con total certeza que a partir de tres mercurios [49]
50 | Crítica de Benedictus Nicolaus Petraeus
—extraído cada uno por separado (separat) de una materia de los tres reinos [de la naturaleza]—, cuando han sido debidamente preparados (debite præpariret), se pueden elaborar tres obras o piedras (Lapides) perfectas, cada una conforme a su propia naturaleza, etcétera.
Y JOHANNES PAUPERUM afirma en su Abbreviatio de secretis: «Muchos caminos han sido hallados y practicados por los grandes filósofos, y también muchas especies y vías han sido descubiertas y descritas por ellos, según estuviera dotado el uno de una mejor reflexión y entendimiento que el otro; de ahí que se encuentren tantas variedades de opiniones y dimensiones de las cosas y de los cuerpos minerales entre los filósofos, entrando uno por una vía y el otro, a su vez, por otra, etc.».
Esto lo confirma (confirmiret) también [Isaac el] HOLANDÉS en su hermoso tratado manuscrito (Tractatu MS.) De Lapide Composito o Elixir Philosophico, cuando dice: «El Arte se puede extraer de todas las cosas que constan de los cuatro elementos, y existen principalmente cuatro géneros de piedras».
«La primera es la Piedra Mineral (Lapis Mineralis), piedra que se puede obtener a partir de todos los minerales y metales. La segunda se denomina Piedra Vegetal (Lapis Vegetabilis), la cual se puede extraer de todas las plantas, hierbas, frutos de los árboles, etc., la cual contiene en sí más virtudes que ninguna de las otras, y es la piedra más preciosa de todas tanto para los seres humanos como para los metales».
«La tercera piedra, la Piedra Animal (Lapis Animalis), se obtiene a partir de todos los animales, aves, peces, de la sangre, la orina (Urina), los excrementos (Priveten), etcétera».[50]
51 | sobre los Escritos Alquímicos.
La cuarta piedra se llama Piedra Compuesta (Lapis Compositus), y se extrae a partir de muy diversas materias, quedando unificada mediante el Arte y la destreza en una sola piedra metálica.
«DIOS, que ha creado todas las cosas —añade [Isaac el Holandés] más adelante— sin disminuir en nada su propio tesoro, nos ha dispuesto materias más que suficientes para colmar nuestro anhelo, siempre y cuando estemos dispuestos a conocerlas y sepamos prepararlas como es debido».
A esta doctrina de la Piedra Compuesta de [Isaac el] HOLANDÉS han seguido también algunos escritores modernos, quienes han establecido que es completamente imposible elaborar la Obra hasta su máxima perfección basándose en un solo y único sujeto (Subjecto). Por el contrario, sostienen que junto a él se debe confeccionar otra composición complementaria, dentro de la cual la parte activa (wirckende) y la parte pasiva (leydende) deban interactuar (exerciren) mutuamente de forma natural hasta que se alcance la victoria.
Cuestión que el Dr. MOEBIUS pretende demostrar detalladamente a partir de la práctica (ex Praxi) en su Luz Mercurial (mercurial-Licht). Puesto que, por lo tanto y según se ha dicho, uno no necesita buscar con tanta angustia la materia correcta, ni emprender a causa de ello grandes y costosos viajes hacia Hungría, Transilvania (Siebenbürgen), o las Indias Orientales y Occidentales (Ost- und West-Indien), sino que esta se puede obtener abundantemente en cualquier lugar y producirse a partir de muy diversos sujetos, tanto de forma natural como artificial (tam naturaliter quam artificialiter), según le plazca al artista filosófico;
se evidencia entonces patentemente a partir de esto cuán sumamente necesario es que uno se agencie toda clase de libros filosóficos y, de forma muy especial, manuscritos raros (rare MS.), para [estudiarlos] con diligencia y con una profunda refle… [xión…][51]
52 | Crítica de Benedictus Nicolaus Petraeus
estudiar a fondo, para así —una vez que se ha elegido una buena materia— formar gradualmente en la cabeza las operaciones filosóficas (Philosophische Operationen) sucesivas y, posteriormente, cuando se disponga de un fundamento bastante firme, ponerlas incansablemente por obra siguiendo su secuencia (Suite).
Sin embargo, puesto que tales manuscritos (MScripta), así como los libros impresos, se hallan o se leen la mayoría de las veces sumamente defectuosos (vitieus), incompletos e incluso mal traducidos (übel vertirt), se evidencia de igual modo cuán sumamente necesario es ejercer en ellos una diligente y honesta crítica (Critique). Esto consiste en confrontar y cotejar (conferiren) los ejemplares unos con otros, en corregir de nuevo los pasajes (Loca) mal traducidos de lenguas extranjeras y, allí donde algo haya sido omitido y el verdadero sentido (Senfus) alterado, restituirlo de la mejor manera posible.
De esta labor, si bien es cierto que algunos hombres curiosos y doctos como TANCKIUS, CASPAR HORN y CARDILUCIUS han realizado un buen comienzo, hasta la fecha han sido muy pocos los que han querido proseguir (prosequiren) o continuar semejante estudio crítico (Studium Criticum). Mientras que, por el contrario, en todas las demás ciencias y, de forma muy especial, en la Literatura, todo esto ha ocurrido de manera tan sobreabundante que apenas se encuentra ya un autor latino o griego que no comparezca en su máximo esplendor (lustre).
Pero, ¿para qué gastar muchas palabras? El mundo se queda pegado a la apariencia externa, al ornamento de una magnífica, agradable y bien estudiada elocuencia (Eloquence); pero en lo que atañe al estudio de la alquimia, aunque…[52]
53 | sobre los Escritos Alquímicos.
… ¡el Conde Bernardo la antepone por mucho a todas las demás ciencias! «¡Ay! ¡Todas las demás ciencias no son nada en comparación con ella!» (Helas! toutes les autres sciences ne font rien au regard d’Elle!). Sin embargo, hoy en día se piensa que uno emplearía su tiempo de muy mala manera si, siguiendo el ejemplo del filósofo francés FLAMEL, viajara durante 21 años enteros.
(Que este fue un verdadero adepto (Adeptus) lo ha probado suficientemente contra NAUDÉ, el bibliotecario del CARDENAL MAZARINO, el digno de alabanza autor S. D. E. M. SPON, Doctor en Medicina, en su prefacio (Præfation) sobre la Bibliotheque des Philosophes Chimiques, impreso en París en formato octavo en 1672 [^2]; así como BORELLUS en su Dictionario antiquarum vocum Gallicarum).
Y todo ello para viajar de un lado a otro y buscar a toda clase de personas e investigaciones curiosas, con el único fin de aprender a comprender un buen manuscrito (MScript.) filosófico que se tiene entre manos; tal como hizo el mencionado FLAMEL con su libro manuscrito e iluminado con oro de ABRAHAM EL JUDÍO.
Para recordar, aunque sea brevemente, la utilidad de esta crítica (Critique) y cotejo (Collationirung) de los ejemplares tanto impresos como manuscritos, considérese únicamente el pasaje (Locum) del tratado El pequeño campesino (Kleinen Bauern), pág. 106, donde dice: «Ahora queremos proceder con los asuntos prometidos anteriormente, y contemplar los efectos (Effectus) y virtudes (Virtutes) de nuestra inagotable fuente, etc. Siéntate por lo tanto y anótalo bien, pues mucho depende de ello». Sin embargo, después de esto no sigue absolutamente nada sobre el tema, sino que arranca hablando del fundamento … [de los..][53]
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los tres principios (trium principiorum), y consta al final (in fine), allí donde concluye esta disputa: «Falta el resto» (Reliqua desiderantur). Semejante defecto, no obstante, todavía se halla en los manuscritos (MScriptis); y se introduce de manera figurada la historia de un médico del rey de Inglaterra, la cual le fue contada en una ocasión al autor, bajo la cual se esconden entonces los verdaderos efectos (Effectus) de esta preciosa fuente.
Es una lástima que del resto de los escritos pertenecientes al autor de El pequeño campesino, CHORTOLASSAEUS, o sea el Dr. GRASSAEUS de Stralsund (tal como él mismo se firmaba en algunas cartas de su correspondencia epistolar dirigidas al Dr. Göstel o Jestel), nada más haya sido publicado (publiciret) a través de la imprenta.
Escritos de los cuales se sirvió el denominado Filius Sendivogii, es decir, JOHANNES HARPRECHT, para sus libros filosóficos editados en su día —tales como Lucerna, Salis Philosophici, Sudum Philosophicum, etc.—, y él mismo confiesa que estas obras debían de ser tan diáfanas que cualquier sastre o zapatero, con tal de que entendiera el latín, sería capaz de aprender de ellas el misterio más elevado de la filosofía.
Y se dice que él [Harprecht], debido a que estaban escritos con una caligrafía sumamente ilegible, los vendió por una buena suma de dinero (eine gute Summa Geldes), por lo que fueron transportados hacia Livonia (Liefland). Lugar donde él, finalmente, cambió también su nombre, contrajo matrimonio con una mujer rica y, posteriormente, bajo el nombre de JOHANN HISKIA CARDILUCIUS, publicó todavía numerosas y muy conocidas obras sobre medicina y química (Medicin. Chym.).
Cuán confuso e incompleto [es el estilo] de los [escritos] de [Isaac el] HOLANDÉS…[54]
sobre los Escritos Alquímicos. | 55
… [sus] escritos también han sido transferidos (transferiret) y traducidos desde la lengua holandesa, es algo bien conocido; y un aficionado (Liebhaber) haría sumamente bien si buscara reunir, confrontar (collationirte) y traducir (vertirte) todos los escritos —tanto los ya impresos como los todavía inéditos— de este gran filósofo.
(Sobre el cual PENOTUS emite un juicio (Judicium) verdaderamente excelente al afirmar: «No se debe esperar a ningún otro Elías Artista (Eliam Artistam) sino al conjunto de los escritos de ISAAC EL HOLANDÉS; pues este ha hablado de forma tan diáfana que nada se le antepone». Y COCHEIM de Hollrieden, en el prólogo de su tratado químico, afirma rotundamente que todos los que han seguido a HOLLANDUS han tenido que aprender de él como si se tratara de un nuevo Hermes).
Sustituyendo de la mejor manera posible las lagunas (Defecten) y las erratas (Errata), y reuniéndolos todos bajo un orden determinado en un volumen en lengua alemana; los cuales, hasta donde llega mi conocimiento, han ido apareciendo en diversas épocas:
Catálogo bibliográfico razonado:
1. De Salibus & Oleis Metallorum in Alchymia vera [Sobre las sales y los aceites de los metales en la verdadera alquimia], impreso en formato duodécimo (12mo) en 1604. Este tratado ha sido incorporado también en la obra del Dr. GEORG ERNST STAHL, Fundamenta Chymiae dogmaticae & experimentalis, en formato cuarto (4to), Núremberg, 1723, pág. 237 y siguientes. Así como también ha sido integrado en lengua alemana en la obra del Dr. G. E. Stahl, Chymia rationalis & experimentalis, en formato octavo (8vo), Leipzig, 1729, pág. 521 y siguientes.
2. Opera Mineralia; sive de Lapide Philosophico [Obras minerales; o sobre la piedra filosofal], todas ellas contenidas en formato octavo (8vo) en el Theatrum Chemicum, Volumen III, pág. 304.[55]
56 | Crítica de Benedictus Nicolaus Petraeus
3. Opera Mineralia, sive de Lapide Philosophico, omnia, duobus libris comprehensa. Nunquam antehac edita, ac nunc primum ex optimis Manuscriptis Teutonicis exemplaribus fidelissime in Latinum sermonem translata, à P. M. G. [Obras minerales, o sobre la piedra filosofal, todas ellas comprendidas en dos libros. Nunca antes editadas, y ahora por primera vez traducidas con la mayor fidelidad al latín a partir de los mejores ejemplares manuscritos alemanes, por P. M. G.]. En formato octavo (8vo), Midelburgo, impreso por Richard Schilders, tipógrafo de los Estados de Zelanda, 1600. Consta de un alfabeto completo y 5 pliegos (1. Alph. plag. 5.). En esta edición se encuentra igualmente el tratado de HOLLANDUS De tribus Ordinibus Elixiris & Lapidis Theoria [Sobre los tres órdenes del elixir y la teoría de la piedra] que publicara PENOTUS; no obstante, estas ediciones varían entre sí.
4. Opera Mineralia, & Vegetabilia, sive de Lapide Philosophico, quæ reperire potuimus, omnia. Nunquam antehac edita, ac nunc primum ex optimis manuscriptis Teutonicis exemplaribus fiedelissime in Latinum sermonem conversa. [Obras minerales y vegetales, o sobre la piedra filosofal, todas las que hemos podido hallar. Nunca antes editadas, y ahora por primera vez vertidas con la mayor fidelidad al latín a partir de los mejores ejemplares manuscritos alemanes]. En formato octavo (8vo), Arnhem, en la imprenta de Jan Jansson (Joannem Janssonium), 1616. Consta de un alfabeto completo y 5 pliegos (1. Alph. plag. 5.).
5. Opus Vegetabile [La obra vegetal], traducida al alto alemán (verhochdeutschet) a partir de manuscritos neerlandeses originales y publicada por el «Hijo de Sendivogius», conocido como J. F. H. S. [Johann Friedrich Harprecht, Silesius]. En formato octavo (8vo), Ámsterdam, por Henricus Betkius, 1659. Consta de 9 pliegos (Bogen). Este tratado fue reeditado también en el año 1695 en Ámsterdam, o más bien en Leipzig, por Johann Caspar Meyer, librero de aquel lugar. Consta de 9 pliegos (Bogen).
6. Tractatus de Lapide Philosophico, oder vom Stein der Weisen [Tratado sobre la piedra filosofal, o de la piedra de los sabios]. En formato octavo (8vo), Fráncfort, a expensas de Thomas Matthias Götz, impreso por Blasius Ilsner, 1669. Consta de 11 pliegos y medio (11½. Bogen).[56]
sobre los Escritos Alquímicos. | 57
7. Die Hand der Philosophen, mit ihren verborgenen Zeichen [La mano de los filósofos, con sus signos ocultos]. Así como también su Opus Saturni con anotaciones (mit Annotationibus). Asimismo, las Opera Vegetabilia, en la medida en que se han podido investigar hasta la fecha. En formato octavo (8vo), Fráncfort, a expensas de Thomas Matthias Götz, 1667. Consta de un alfabeto completo y 1 pliego (1. Alph. und 1. Bogen).
8. Das dritte Theil des Mineral-Wercks [La tercera parte de la obra mineral], en la cual se contienen las ilustraciones (Figuren) e instrumentos de laboratorio de los que se hace mención en sus otros escritos. Junto con otras excelentes manipulaciones ocultas (Hand-Griffen) de las que nada se había publicado (publiciret) hasta la fecha. En formato octavo (8vo), Fráncfort, a expensas de Thomas Matthias Götz, 1666. Consta de 11 pliegos (11. Bogen), junto con un fragmento de su Cabala con ilustraciones (c. fig.).
(De esta Cabala falta (manqviret) todavía casi más de la mitad, junto con todos los dibujos, caracteres (Characteren), planetas y horas astrales; y precede a la explicación de cómo se ha de fabricar el Gran Elixir de los Filósofos a partir de los excrementos humanos (ex stercore humano), sobre el cual HOLLANDUS afirma que gracias a él había obtenido todos sus bienes y riquezas; todo lo cual, junto con varios otros tratados, aún no ha sido traducido del holandés original).
9. Isaci de Vitriolo & ejus Oleo secretissimo [Tratado de Isaac sobre el vitriolo y su aceite secretísimo], incluido en los cuatro pequeños tratados publicados en Bautzen (Budissin), 1677, en formato octavo (in Octavo).
10. Chymische Operationes [Operaciones químicas], publicadas por R. H. C. en formato octavo (in 8vo), Gardelegen, a expensas de Ernst Heinrich Campen, 1714. Consta de un alfabeto completo y 3 pliegos (1. Alph. und 3. Bogen).[57]
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Continuación del catálogo bibliográfico razonado:
11. Tractatus de Urina [Tratado sobre la orina], de cómo se deben extraer todas las tinturas a partir de su espíritu (Spiritum). El número 12, véase bajo De Monte, Philosophia adrop [^1].
12. Fragmentum de Opere Philosophorum [Fragmento sobre la obra de los filósofos], contenido en el Theatrum Chemicum, Volumen II, pág. 126.
13. Ex theoriis Joh. Isaaci Hollandi Fragmentum [Fragmento de las teorías de Juan Isaac el Holandés]. En formato octavo (8vo). Véase Tractatus aliquot Chemici singulares, en formato octavo (8vo), Hofgeismar (Geismariæ), 1647.
14. Opus Saturni, oder Philosophische Betrachtung des Bleyes [La obra de Saturno, o consideración filosófica del plomo]. Véase más arriba el número 7, La mano de los filósofos. Este tratado se encuentra también en las siguientes ediciones de la obra de BASILIO VALENTÍN, El Carro Triunfal del Antimonio (Triumph-Wagen Antimonii), en formato octavo (8vo): Leipzig, 1604, pág. 476; asimismo Leipzig, 1611, pág. 465; asimismo Leipzig, 1624, pág. 465. Así como también en la edición aparecida en 1676 en Núremberg, pág. 362 y siguientes.
Texto principal de balance filológico (Bloque inferior):
BORELLUS, en su Bibliotheca Chimica, hace también mención de algunos otros tratados de HOLLANDUS, pero yo dudo fuertemente de que hayan sido impresos, a excepción de unos pocos fragmentos en el Theatrum Chemicum y en COMBACH.
Quien confronte y coteje (conferiret) la edición impresa en latín de Bremen en formato cuarto (in 4to) de 1664, así como otras versiones del Proceso Universal a partir de la sal marina de JOHANN SAIGNER, con la obra en francés contenida en Les Oeuvres du R. P. Gabriel de Castaigne, publicada en París en 1661 en formato octavo, hallará todavía en esta última muchas cosas que han sido omitidas (ausgelassen) en las otras. Y quien, a su vez, compare la descripción de CASTAIGNE con un manuscrito en muy antiguo fran… [cés…][58]
sobre los Escritos Alquímicos. | 59
… [un manuscrito en muy antiguo fran]cés de la obra de Sᴀɪɢɴᴇʀ, hallará en él todavía mucho más que puede servir para la ilustración (Illustrationem) de este proceso. Y, entre otras cosas, encontrará en el prólogo la confirmación (Confirmation) de la historia, por lo demás bien conocida, de Rᴀɪᴍᴜɴᴅᴏ Lᴜʟɪᴏ.
[Cuenta la historia] cómo este estudió en la alta escuela de París junto con Rɪᴄᴀʀᴅᴏ, hijo del rey de Inglaterra, entablando con él una gran familiaridad y confianza, tal como suelen hacer los jóvenes estudiantes. Poco tiempo después, cuando este joven Rɪᴄᴀʀᴅᴏ se convirtió en rey de Inglaterra tras el fallecimiento de su señor padre, Lᴜʟɪᴏ habría viajado con él, y allí le habría revelado abiertamente que dominaba el arte de hacer oro y plata.
Le propuso que, si el Rey le prometía solemnemente emprender la guerra contra los sarracenos (Saracenen), él le proporcionaría tanto oro y plata como fuera necesario para mantener con ello a cien mil hombres durante siete años enteros; prometiéndole además, aparte de lo que requiriera para el pago de sus soldados, una suma adicional de un millón en oro. El joven Rey aceptó la promesa, pero no la cumplió, sino que desvió su ejército contra Francia; por lo cual Lᴜʟɪᴏ se vio obligado a trabajar (laboriren) denodadamente y fue mantenido bajo una estricta custodia y cautiverio (Verwahrung).
De esta historia hacen mención también Mɪᴄʜᴀᴇʟ Mᴀɪᴇʀ en su Symbola Aureæ Mensæ y el célebre señor profesor Mᴏʀʜᴏғ en su Epistola de Transmutatione Metallorum, extrayéndola del Testamentum Abbatis Westmonasteriensis (el Testamento del Abad de Westminster).[59]
60 | Crítica de Benedictus Nicolaus Petraeus
no obstante, difieren algunas circunstancias. Puesto que este proceso (Proceffus) de Sᴀɪɢɴᴇʀ, aun cuando resulta algo laborioso (operös), no proviene en absoluto de la nada (de nihilo) ni es digno de ser desechado; tal como el mencionado Pᴀᴅʀᴇ Dᴇ Cᴀsᴛᴀɪɢɴᴇ (Pere de Chataigne) testifica, asegurando que la obra de Sᴀɪɢɴᴇʀ es verdadera, y que una dama muy virtuosa de la provincia del Delfinado (Dauphiné) la elaboró por completo, habiéndole mostrado a él mismo la proyección (Projection) tanto para lo Blanco (plata) como para lo Rojo (oro), tal como se contiene más detalladamente en su citado libro.
De este modo, se puede valorar fácilmente cuán útiles resultarían todos estos cotejos (Collationes) para un investigador (Curioso) que deseara trabajar (laboriren) en ello, con el fin de formarse previamente una idea (Idée) cabal y necesaria antes de ponerse manos a la obra. Existe asimismo un proceso universal (Proceffus Universalis) denominado el Universal, perfecto o Lapis Philosophorum, que consta de Sol (oro), Luna (plata) y Mercurio (azogue), editado en Fráncfort en formato cuarto (in 4to) en el año 1619, el cual es bastante claro y encierra en sí excelentes razones (Raisons) filosóficas.
Sin embargo, quien se tome la molestia de realizar todavía uno que otro cotejo (Collationes) con ejemplares manuscritos, podrá extraer de ello una comprensión aún mejor. En el caso de la Aurora Consurgens o Aurea hora, tal como está impresa en el Volumen I del Artis Auriferæ, Basilea, 1610, falta (manqviret) el primer tratado completo, el cual consta de doce capítulos; el cual el librero e impresor Wᴀʟᴅᴋɪʀᴄʜ, según él mismo confiesa en su prefacio (Præloquio), omitió deliberadamente (mit Fleiß… hat ausgelassen) por un celo piadoso (ex pio Zelo), debido a que en él [se contenían] muchos misterios (Mysteria) de la Sagrada Escritura aplicados mística y alegóricamente (mystice & allegorice) en contra de su… [60]
sobre los Escritos Alquímicos. | 61
propio sentido, habían sido aplicadas a la Piedra (Lapide). Con todo, él [Waldkirch] habría obrado mucho mejor si hubiera dejado a un lado esos escrúpulos de conciencia (Gewissens-Scrupeln), los cuales solo existían en su imaginación, y hubiera permitido que este primer tratado se imprimiera conjuntamente. Y es que, en todos los antiguos escritos filosóficos —que están plagados de acertijos y analogías—, cada parte se refiere siempre a la otra, y es obligatorio mantenerlos en su conexión (Connexion) original, tal y como fueron escritos.
De igual modo, aquel que posea todavía este primer tratado en manuscrito (MS.), constatará que las comparaciones alegóricas de la Piedra con los pasajes de la Escritura (Schrifft-Oertern) no son en absoluto tan profanas como WALDKIRCH se imaginó. Aquel que se tome la molestia de anotar para sí tales pasajes defectuosos (defectueuse Passagen) y cotejos de procesos (Collationes Processuum) que sean en cierta medida razonables (raisonnabel), y que al mismo tiempo busque o pueda adquirir una noticia (Notice) suficiente sobre la mayoría de los escritores alquímicos (Scriptoribus Alchym.), leerá todos estos escritos con una utilidad muchísimo mayor.
Y será capaz de emitir un juicio (Judicium) mucho más preciso que aquel que simplemente pasa por encima de ellos a ciegas (blindlings) y lo asume y acepta todo sin distinción, o lo alega como si hubiera sido dicho desde el mismísimo Trípode del oráculo (quasi ex Tripode dictum esset). Pues, aunque es cierto que «no todos son buenos cocineros por el mero hecho de portar cuchillos largos», y que han sido muy pocos los verdaderos adeptos (veri Adepti) de entre los que han escrito sobre la Piedra (de Lapide), también se cumple, por contra, aquello de:
«A menudo el hortelano habla de forma muy oportuna» (Sæpe Olitor valde opportuna locutus);
o como dice PROPERCIO (PROPERTIUS):
«No debes sobrecargar la barca de tu ingenio» (Non est Ingenii cymba gravanda tibi).[61]
62 | Crítica de Benedictus Nicolaus Petraeus
Dístico elegíaco de apertura:
«Que un remo surque las aguas y el otro roce las arenas;
así estarás seguro: la mayor tormenta está en medio del mar».
De modo que uno puede, asimismo, aprender cosas excelentes de aquellos autores de quienes no siempre se sabe con certeza si fueron filósofos (Philos.); y con frecuencia se halla en los nuevos escritores, así como en procesos manuscritos, aquello que los antiguos ocultaron en demasía bajo acertijos, o que incluso les era a ellos mismos completamente desconocido. Y es que la experiencia alquímica (Experientia Alchym.) es capaz de producir algo nuevo casi de año en año, tanto en la invención (Invention) de materias particulares como en su elaboración (Elaboration).
Y aun cuando muchos adeptos (Adepti) parezcan sostener una opinión contraria (contrairer) al afirmar: «Nuestro Arte no consiste ni se perfecciona en la multitud de las cosas» (Ars nostra in rerum multitudine non consistit nec perficitur), desechando todos los procesos ambulantes (circumforaneos), con todo, esto solo debe aceptarse bajo un cierto respecto y con un grano de sal (certo respectu & cum grano salis). A saber: que en la obra de ellos, si uno es capaz de desentrañarla, no se requieren semejantes indagaciones (Inqvisitiones); y que se debe buscar la sal de la sabiduría (Sal Sapientiæ) —pues «ninguna de nuestras obras vale nada sin sal» (nulla senza sale Opera nostra vale)— principalmente en aquella sustancia donde se halle más próxima y de la mejor manera.
Asimismo, mientras uno no haya comprendido correctamente los verdaderos fundamentos del Arte (vera fundamenta Artis) a partir de sus libros, debe guardarse de toda confusión (Confusionen) y de procesos mal fundamentados.
Puesto que, por lo tanto, la hipótesis (Hypothesis) de que se pueden emplear diversas materias filosóficas para la Obra (Werck) se mantiene firme,[62]
sobre los Escritos Alquímicos. | 63
de igual modo un lector experimentado y un verdadero estudiante de la filosofía (Studiosus Phil.) puede edificarse perfectamente a partir de toda clase de escritos. Tras haber ejercido previamente una diligente crítica filosófica (Philosof. Critique), debe examinarlo todo y retener lo bueno; sin embargo, la praxis no consiste en la multiplicidad (non consistit in multitudine). Por el contrario, una vez que el operador ha concebido una firme convicción (Persuasiones) y poderosas razones tanto teóricas como prácticas (Rationes tam theoreticas quam practicas), debe permanecer fiel a ellas, buscando entonces ejecutarlas correctamente y conducirlas hacia el fin deseado (ad finem optatum).
Que Sᴇɴᴅɪᴠᴏɢɪᴜs no fue un verdadero adepto (Adeptus realis) (c), sino que su [tintura] … [proviene de…]
Nota a pie de página (Bloque inferior):
(c) Véanse los Escritos Químicos de Michael Sendivogius, en la breve advertencia previa que Fʀɪᴇᴅᴇʀɪᴄʜ Rᴏᴛʜ-Sᴄʜᴏʟᴢ hizo imprimir en el año 1718 en Núremberg al frente de dichos escritos, donde se halla una información más abundante sobre la vida y las obras de Sᴇɴᴅɪᴠᴏɢ. El señor Dr. Jᴏʜᴀɴɴ Lᴜᴅᴡɪɢ Hᴀɴɴᴇᴍᴀɴɴ, en su obra Jason, página 15, párrafo 23, estuvo pésimamente informado al relatar una historia sobre Sɪᴛᴏɴɪᴏ respecto a la transmutación del plomo en oro, la cual aconteció en el año 1602 en Enkhuizen; él, ciertamente, oyó campanas, pero no supo dónde repicaban.
Y el señor Dr. Hᴀɴɴᴇᴍᴀɴɴ erró mucho más en la narración de esta crónica de lo que el noble Sᴇɴᴅɪᴠᴏɢ se engañó en sus propias esperanzas. En ello, el señor Dr. Hᴀɴɴᴇᴍᴀɴɴ tiene ciertamente razón al afirmar que Sᴇɴᴅɪᴠᴏɢɪᴜs no [obtuvo] la tintura de oro de manos de la viuda supérstite de Sɪᴛᴏɴɪᴏ (a la cual él, tras… [la muerte de este, tomó por esposa…])[63]
64 | Crítica de Benedictus Nicolaus Petraeus
… [que él] obtuvo la tintura (Tinctur) de manos de un inglés, es algo que se lee en su Vida, impresa en el año 1683 en formato duodécimo (12mo), asimismo en Bᴏʀʀɪᴄʜɪᴜs, De Ortu & Progressu Chemiae. Por lo tanto, se debería dudar con toda justicia de si aquel proceso a partir del nitro de la tierra (Proceſſus ex Nitro Terræ) que se encuentra aquí y allá bajo su nombre, y que también figura en el Puerto de la Fortuna (Glücks-Hafen) de Bᴇᴄʜᴇʀ, [es realmente eficaz] en la práctica (in der Praxi) o si es algo…
Nota a pie de página (Bloque inferior):
… [con el tiempo contraido matrimonio] / [con la cual] había contraído matrimonio en su momento), sino que Sᴇɴᴅɪᴠᴏɢɪᴜs ya la había aprendido del propio Sɪᴛᴏɴɪᴏ, a quien muchos años antes había ayudado en Altdorf a preparar la tintura, la cual este le enseñó con total sinceridad. Del mismo modo, mantuvieron una constante relación de amor y amistad mutua en Polonia hasta el mismísimo fin de Aʟᴇxᴀɴᴅᴇʀ Sɪᴛᴏɴɪᴏ. En señal de gratitud, Sᴇɴᴅɪᴠᴏɢɪᴜs contrajo matrimonio con la viuda supérstite del tantas veces mencionado Sɪᴛᴏɴɪᴏ; tal y como testifica detalladamente la advertencia previa de los Escritos de Sendivogius, editados en formato octavo (8vo) en Núremberg en 1718.
El retrato de Mɪᴄʜᴀᴇʟ Sᴇɴᴅɪᴠᴏɢɪᴜs se encuentra en la primera parte de la Galería de Retratos Filosóficos (Philosophischen Bilder-Saal) de Friedrich Roth-Scholz, impreso en formato cuarto (4to), Núremberg, 1728, pág. 22, con la siguiente inscripción:
«MICHAEL SENDIVOGIUS, llamado WOYSKY. Noble polaco, Consejero de Tres Emperadores y Celebérrimo Filósofo y verdadero Adepto. Nacido en el año 1566, fallecido en el año 1646. De la colección de FRIEDRICH ROTH-SCHOLZ. Grabado en Núremberg por C. C. Fleischmann».[64]
sobre los Escritos Alquímicos. | 65
… [si es realmente eficaz en la práctica o si es algo] capaz de mostrar resultados reales (etwas reelles)? Sin embargo, puesto que a partir de uno que otro manuscrito (MStis) se puede comprobar además que casi ese mismo proceso (Process) fue entregado por escrito en Flesinga (Flissingen), Zelanda, en el año 1638, por su propio amigo Aʟᴇxᴀɴᴅᴇʀ Sɪᴛᴏɴɪᴜs —llamado también Cᴀʀɴᴏʙᴇ— a un médico en ejercicio (Medico Practico) de La Haya llamado Aɴᴅʀᴇᴀs ᴀʙ Hᴀʙᴇʀɴғᴇʟᴅ.
(Quien también escribió algunos tratados químicos, tales como De Peste ex quintuplici Ente y Elixir aureum). Esto ocurrió poco antes de que Sitonio se embarcara hacia Inglaterra con la intención de concluir allí su vida en paz. Y en dicho manuscrito declaró expresamente (expres) haberle comunicado el proceso con la mayor fidelidad, con todos sus requisitos (Reqvifitis) y sin defecto alguno, de tal manera que todo debe ser entendido al pie de la letra, según suena el texto, y libre de figuras retóricas (sonder Tropis).
Asimismo, el hecho de que Cʜʀɪsᴛɪᴀɴ Gᴏᴛᴛғʀɪᴇᴅ B. ᴠᴏɴ Sᴇɴᴅɪᴠᴏɢ entregara (extradiret) exactamente este mismo proceso —con grandes seguridades y tal y como lo había recibido en su lecho de muerte de manos de su difunto señor padre Mɪᴄʜᴀᴇʟ Sᴇɴᴅɪᴠᴏɢɪᴏ (si bien en las biografías de Sendivogius solo se hace mención de una única hija)— a un mayor general polaco (Pohlnischen General Major);
todo esto viene a confirmar (confirmirt) aún más que dicho proceso no debe ser en absoluto descuidado o menospreciado (negligiren). Especialmente por cuanto el autor de la Curiosa investigación de algunos minerales asegura que la elaboración (Elaboration) del mismo le resultó sumamente exitosa siguiendo la descripción dada; con lo cual se puede confrontar y cotejar (conferiret) además la correspondencia (Correspondence) de Sᴇɴᴅɪᴠᴏɢɪᴜs…[65]
66 | Crítica de Benedictus Nicolaus Petraeus
… [SEN] DIVOGII / [de Sen]divogius con el químico de Waldeck, la cual se encuentra en la Década Curiosa de COHAUSEN.
Tᴜʀɴʜᴇɪssᴇʀ (f) fue un gran paracelsista (Paracelſist), tal y como se advierte suficientemente a partir del prefacio (Præfation) de su Onomasticum sobre los términos extranjeros de Paracelso y en sus demás tratados. Nació aproximadamente hacia el año 1530 y falleció el 8 de julio del año 1596 en Colonia del Rin (Cölln am Rhein), habiendo sido sepultado allí en el Monasterio de los Predicadores (Dominicos), según relata SCHAUBERT en su Informe sobre el alto Arte de la Voarchadumia, impreso en el año 1600 en formato octavo (in Octav), donde le rinde un gran elogio.
Elogio que él bien merecía (meritret), por haber sido un hombre de gran ingenio y espíritu; aun cuando se le pretenda imputar el asesinato (Mord) de Sɪᴇʙᴇɴғʀᴇᴜɴᴅ, el cual se dice que aconteció en el año 1593 en Wittenberg. Pues en la crónica manuscrita de este suceso (la cual fue editada de forma muy mutilada en el Quadratus Alchymicus), se refiere que Lᴇᴏɴʜᴀʀᴅ Tᴜʀɴʜᴇɪssᴇʀ, tras el homicidio (Entleibung) de Siebenfreund, huyó hacia Italia, donde halló un fin desesperado y desdichado; lo cual, sin embargo, SCHAUBERT relata de una manera diferente. En la Biblioteca Real de Berlín (Königlichen Bibliotheck zu Berlin) se custodiaba antaño un manuscrito (MS.) bajo el título: De Transmutatione Veneris in Solem [Sobre la transmutación de Venus (cobre) en el Sol (oro)], … [66]
sobre los Escritos Alquímicos. | 67
… [So]lem / [en el] Sol (oro), que él pretendió haber elaborado (elaboriret) por sí mismo hacia los años 1583 y 1584; por lo cual se le concedió a él y a sus hijos una pensión anual de 500 táleros (Rthlr.). De esto se podría deducir, en cierta medida, que debió de poseer una verdadera tintura particular de minería (Berg-Particular).
Gᴇʀᴀʀᴅᴜs Dᴏʀɴᴇᴜs también tradujo (vertirt) muchos libros de Tʜᴇᴏᴘʜʀᴀsᴛᴜs Pᴀʀᴀᴄᴇʟsᴜs al latín, o realizó extractos de ellos. Sin embargo, dado que era holandés de nacimiento, no siempre pudo comprender (assequiren) adecuadamente el sentido ni el idioma suizo (Schweizerische Idioma) de Pᴀʀᴀᴄᴇʟsᴏ, sino que con mucha frecuencia erró en ello, tal como señala el Dr. Tᴏxɪᴛᴇs en su Onomasticon Paracelsi.
Hᴜɢᴏ ᴀ̀ Bᴀʀᴍᴀ, o bien S. M. T. F. P., fue un fraile paulino (Frater Paulinus) llamado Tᴀʟʙᴇʀᴜs. Su tratado en latín Saturnia Regna (editado por lo demás en formato dieciseisavo —in Sedec.— en el año 1657) ha sido traducido al alemán e impreso conjuntamente en La triple antorcha química (dreyfachen Chymische Fackel); si bien se omitieron en él una o dos ilustraciones (Figuren).
El autor del tratado Particularis ex Universali se llamaba Rᴏᴛʜᴍᴀʟᴇʀ y falleció en Hanau. Su materia (Materia) consistía en una tierra roja, una mena roja de plomo (rothe Minera plumbi) o minio natural (Minium naturale), la cual traía de Nitra (Neutra), en Hungría. Con ella, y por mediación del mercurio virgen (☿ virginio), ejecutaba su operación del Tere Tere. No obstante, su proceso es rechazado en el prefacio (Præfation) sobre D’Esᴘᴀɢɴᴇᴛ, impreso en la sección posterior junto al comentario de Pʜɪʟᴀʟᴇᴛʜᴀs sobre la Epístola de Ripley. Asimismo, el autor de El mercurio del doble caduceo [de la doble vara de serpientes] …[67]
68 | Crítica de Benedictus Nicolaus Petraeus
… [del báculo / del d]oble caduceo, cuyo nombre verdadero es Sᴀᴘʜɪʀ (abreviado mediante un anagrama a partir de la palabra Sᴘɪʀᴀ, la cual estampó en la portada de su libro), no fue en absoluto un filósofo práctico (Practicus Philos.). Tal como asegura Lᴇɴᴛɪʟɪᴜs en su Iatromnemata Theoretico-Practica, conoció muy bien a este autor, refiriendo que se veía obligado a ganarse el pan con la escritura y que ni siquiera era capaz de destilar agua de rosas (Rosen-Wasser).
Sobre el barón Sᴄʜʀᴏᴇᴅᴇʀ, quien publicó un tratado sobre la fabricación de oro en formato duodécimo (in 12mo) (g), escribe también el señor Von Rosenroth en una epístola manuscrita (Epist. MS.) dirigida a Mᴏʀʜᴏғ.
(Este Rosenroth es, sin duda, aquel Vir Nobilis cuya ciencia química elogia Morhof tan elevadamente en su Epistola de Transmutatione Metallorum, pág. 117). En ella cuenta que Schröder era muy conocido de uno de sus buenos amigos, quien le aseguró que no era capaz de demostrar nada real (nichts reelles præstiren), sino que toda su praxis de laboratorio se fundaba en meras conjeturas (lauter Muthmaßungen).
Lo mismo casi puedo atestiguar yo respecto al barón Uʀʙɪɢᴇʀᴜs, Bᴏʀɢʜᴇsᴇ o C. de Siebenburen, sumamente conocido por sus escritos, quien falleció hace tan solo unos años en Sajonia. Si bien es cierto y seguro que en sus aforismos se halla oculta una verdad, la cual el duque Fᴇᴅᴇʀɪᴄᴏ de Sajonia-Gotha —a quien dedicó (dediciret) dichos aforismos— experimentó (experimentiret) siguiendo el proceso dado por él, hallándola certera y justa, tal como también…
Nota a pie de página (Bloque inferior):
(g) Se encuentra en la primera parte de nuestro Theatrum Chemicum, pág. 219 y siguientes.[68]
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… [como] / en aquel tiempo se acuñó una moneda química (Chymische Münze), del tamaño de una pieza de ocho groschen. En uno de sus lados constaba en la parte superior: «à Numine Lumen» [La luz proviene de la Divinidad] junto con el símbolo del Sol (☉) y de la Luna (☽); en el centro, un triángulo doble; y abajo, un fénix (Phœnix) que porta el símbolo del antimonio en su cabeza y sostiene en su pico la Sal, el Azufre y el Mercurio (Sal, Sulphur, Mercurium), junto con las palabras «suscipio & reddo» [Recibo y devuelvo], Gotha, 1685.
En el otro lado rezaba: «Fridericus D. G. Dux Sax. I. C. & Mont.» [Federico, por la gracia de Dios, Duque de Sajonia, Jülich, Cléveris y Berg], y abajo el nombre Sᴏʀʙᴇʀɢᴇʀ, a partir del cual, mediante un anagrama (per Anagramma), se extrae el nombre Bᴏʀɢʜᴇsᴇ.
Con todo, el propio Vʀʙɪɢᴇʀᴜs, aun cuando inició este proceso (Process) en varias ocasiones, jamás pudo conducirlo correctamente a su perfección debido a numerosas desgracias y contratiempos (Fatalitäten). Entretanto, el autor de las Imparciales reflexiones sobre los escritos alquímicos rinde un elogio muy singular tanto a Pʜɪʟᴀʟᴇᴛʜᴀs como a Vʀʙɪɢᴇʀᴜs, afirmando que ambos han escrito sobre este misterio con la mayor claridad que jamás se haya visto.
Esto resulta notable por cuanto dicho autor juzga con extrema dureza (sehr hart taxiret) al resto de los escritores filosóficos, y no desea en absoluto que se escriba nada más sobre la Piedra (de Lapide); si bien las razones (Rationes) que él alega, aunque en parte son buenas, no se pueden validar por completo. Eᴜɢᴇɴɪᴜs Pʜɪʟᴀʟᴇᴛʜᴀs escribió muchos libros, pero por todos aquellos que lo conocieron en Londres, Inglaterra, fue considerado meramente como un filósofo especulativo (pro Philosopho Speculativo), y vivió de forma bastante pobre (pauvre). Porial contrario, el anónimo Iʀᴇɴæᴜs Pʜɪʟᴀʟᴇᴛʜᴀs habría ejecutado una proyección (Projection) ante el rey Cᴀʀʟᴏs II…[69]
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… tal como el difunto barón Uʀʙɪɢᴇʀ aseguró con firmeza haber escuchado en persona de la propia boca de este gran Rey [Carlos II de Inglaterra]. Las siglas D. I. W., autor del tratado Mineralisches Gluten [El gluten mineral], Perlen-Baum [El árbol de perlas], etc., corresponden a una mujer llamada Dᴏʀᴏᴛʜᴇᴀ Jᴜʟɪᴀɴᴀ Wᴀʟʟɪᴄʜɪɴ, de la cual hace mención también el librito Mercurius Metallicus Coronatus.
Sɪɴᴄᴇʀᴜs Rᴇɴᴀᴛᴜs es el pseudónimo del autor Sᴀᴍᴜᴇʟ Rɪᴄʜᴛᴇʀ. El Traite de la poudre de projection [Tratado del polvo de proyección], impreso en Bruselas (Brux.) en 1707, fue elaborado por un doctor en medicina llamado Lᴀ Bʀᴏssᴇ. Asimismo, la Alchymia denudata [La alquimia al desnudo], al igual que la Sancta Veritas Hermetica [La sagrada verdad hermética], fueron escritas por Jᴏʜᴀɴɴ Eʀʜᴀʀᴅ Nᴇɪᴛʜᴏʟᴅ, etcétera.
Semejantes noticias (Nachrichten), a menudo sumamente necesarias, sobre la vida y la condición de tantos antiguos y modernos escritores alquímicos (Alchym. Scribenten), así como de sus escritos —quienes en parte adoptaron un nombre encubierto, o bien no se nombraron en absoluto, ocultándose bajo cifras (Chifren) o letras iniciales, bajo cuya máscara (Larve) se escondieron de igual modo numerosos sofistas (Sophisten) y otros operarios químicos de laboratorio, aunque algunos también dieron a conocer al mundo su verdadero nombre—, se hallan la mayoría de las veces de forma muy escasa (sehr sparsam).
Por ello, muy a menudo, y en especial cuando se trata de la antigüedad, estas noticias deben ser rastreadas y reunidas a partir de numerosos libros raros y de manuscritos (MStis) e informes (Relationen) ocultos. Y es que, exceptuando a los célebres polímatas (Polyhistores) Mɪᴄʜᴀᴇʟ Mᴀɪᴇʀ en su Symbola Aureæ Mensæ, Bᴏʀʀɪᴄʜɪᴜs y Mᴏʀʜᴏғ, casi nadie desde entonces ha querido aplicar diligencia alguna en esta materia…[70]
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diligencia alguna; pues lo que el Dr. Sᴏ̈ʟᴅɴᴇʀ ha remendado de mala manera en su Fegfeuer [Purgatorio], basándose meramente en narraciones ajenas, ya sean verdaderas o falsas (ex aliorum Narrationibus sive veris sive falsis), no puede en absoluto pasar por una crítica (Critique) bien fundamentada.
En el catálogo manuscrito (Catalogo MS.) de escritos químicos de Isᴀᴀᴄ Vᴏssɪᴜs —cuya biblioteca junto con sus manuscritos (MStis) fue adquirida por la Universidad de Leiden en Holanda— se encuentra todavía un tratado titulado: Vitæ quorundam Chymicorum [Vidas de algunos químicos]. No puedo asegurar si este es el tratado de Lᴇᴏ́ɴ ᴇʟ Aғʀɪᴄᴀɴᴏ (Leonis Africani) De Vitis Philosophorum Arabum [Sobre las vidas de los filósofos árabes], del cual Mᴏʀʜᴏғ hace mención en su Epistola de Transmutatione Metallorum, afirmando que se halla entre los citados manuscritos.
En todo caso, en el catálogo de estos manuscritos que el difunto Mᴏʀʜᴏғ escribió con su propia mano (mit eigener Hand), el título figura únicamente de forma abreviada, tal como se ha mencionado, y no contiene indicación alguna sobre Lᴇᴏ́ɴ ᴇʟ Aғʀɪᴄᴀɴᴏ.
En la Biblioteca Imperial (Kayserl. Bibliotheck) se dice que existió antaño un curioso libro bajo el título: Nicolai Asvero Iconologia Virorum Illustrium cum figuris (h) [Iconología de varones ilustres con ilustraciones, de Nicolás Asvero], en el cual debían de estar grabados en cobre (in Kupffer… gestochen) los retratos de algunos filósofos y descritas sus vidas. Lo cual, tal vez, podría concordar (accordiren) en cierta medida con aquel manuscrito alquímico (MSto Alchym.) en formato folio (in Fol.) que el señor consejero de la cancillería Dɪᴘᴇʟɪᴜs vio en Fráncfort del Meno, el cual fue extraído del castillo de Praga (Prager Schloß) durante la última Guerra de Bohemia… saqueado.
Nota a pie de página (Bloque inferior):
(h) Véase la Introducción sobre cómo se deben coleccionar los retratos de hombres célebres y eruditos, del maestro Sɪɢɪsᴍᴜɴᴅ Jᴀᴄᴏʙ Aᴘɪɴᴜs, en formato octavo (8vo), Núremberg, 1728, pág. 131.[71]
72 | Crítica de Bened. Nicol. Petraeus
Este manuscrito (MS.) fue confeccionado por orden (auf Ordre) del emperador RODOLFO II, tal como consta escrito en sus primeras páginas; y se dice que en él hay pintadas muchísimas ilustraciones con los colores más hermosos que el ojo humano pueda contemplar, junto con todos los colores del Arte (Coloribus Artis) tal y como van apareciendo a lo largo de la Obra.
En la parte superior de todas las ilustraciones aparece retratado el propio Emperador, acompañado por algunos de sus consejeros y laboratoristas (los cuales, sin embargo, no son mencionados por sus nombres). La descripción versa sobre el Mercurio del Sol (ex Mercurio Solis), aunque se dice que su latín no es del todo correcto o normativo.
Un célebre pintor holandés (Holländischer Mahler) pidió un plazo de seis años y muchos miles de florines (Gülden) para poder copiarlo, y aun así no fue capaz de garantizar que los colores resultaran tan bellos como los del original. La Vida de RAIMUNDO LULIO fue descrita por COLLETET en su libro: La Clavicule ou la Science de RAYMOND LULLE par le Sieur Jacob, París, 1647, en formato octavo (in 8vo). Asimismo, la de SEGRI [Juan Segura] en lengua española: Vida del admirable Dottor Roman Lull, compuesta por JUAN SEGRIEN Malonq. [Mallorca], 1605, en formato octavo (in 8vo). Asimismo, la de CAROLUS BOWILLUS [Charles de Bouelles], Veromond. Samarobrinus, París, impreso en los talleres de Ascensius (apud Ascens.), en el año 1511.
Asimismo, la de OSWALD von HOGHELANDE en sus Historiae Transmutationis Metallorum, Colonia (Col.), 1604, en formato octavo (in 8vo). Las vidas de FLAMEL y del COSMOPOLITA [Alexander Seton / Sendivogius] se encuentran en la obra de BORELLUS, Le Tresor des Recherches & Antiquitez Gauloises & Francoises, París, 1655, en formato cuarto (in 4to). La Vida de ALBERTO MAGNO fue recopilada a partir de numerosos autores e impresa en Bruselas en 1637, en formato octavo (in 8vo), bajo el título: Abrege de la Vie du B. Albert le grand Eueque de Ratisbonne tiré des Auteurs Anciens [Abregé de la vida del Bienaventurado Alberto el Grande, obispo de Ratisbona, extraída de los autores antiguos].[72]
sobre los Escritos Alquímicos. | 73
Sobre Eᴅᴡᴀʀᴅ Kᴇʟʟᴇʏ (Edvard. Kellæo) se debe consultar la obra de Mᴇʀɪᴄ Cᴀsᴀᴜʙᴏɴ, A True and Faithful Relation of What Passed for Many Yeares Between Dr. John Dee and Some Spirits, Londres, 1659, en formato folio (in Fol.); así como el Theatrum Chemicum Britannicum de Eʟɪᴀs Asʜᴍᴏʟᴇ (Eliæ Ashmols).
De estos y de muchos otros artistas filosóficos (Philosophischen Artisten) se posee todavía, en cierta medida, la descripción de sus vidas. Sin embargo, respecto a la vida del incomparable adepto alemán (Teutschen Adepti) Bᴀsɪʟɪᴏ Vᴀʟᴇɴᴛɪɴᴏ (Basilii Valentini) (i) impera un absoluto silencio (altum Silentium). Al punto de que incluso el erudito Tᴏʟʟɪᴜs, en su Sapientia Insaniens, considera su nombre como un nombre ficticio (nomen fictum) y pretende realizar a partir de él una asombrosa derivación etimológica:
A saber: Basilius derivaría de regalis [real] o proles Reguli [vástago del régulo / antimonio]; y Valentinus, de valendo [ser fuerte] o la potencia (potentia) con la cual penetra todas las cosas. Tollius se vio movido a este razonamiento (Raison) meramente por el hecho de que el emperador Mᴀxɪᴍɪʟɪᴀɴᴏ jamás pudo averiguar ni investigar el monasterio en el cual se decía que había vivido Basilio.
De igual modo, Mᴏʀʜᴏғ, en su Epistola de Transmutatione Metallorum, alega casi exactamente lo mismo; e igualmente Mᴏʟʟᴇɴʙʀᴏᴄ, en su Tractatus de Arthritide vaga scorbutica, menciona asimismo que él mismo preguntó al respecto al abad del Monasterio Benedictino de Erfurt (Bened. Closters zu Erffurth); pero recibió por respuesta que este no sabía absolutamente nada del asunto, y que no había podido hallar su nombre en la matrícula (Matricel), donde no obstante están inscritos los nombres de todos los monjes. Bien puede ser, sin embargo, que el abad no se tomara la molestia de revisar correctamente todos los registros antiguos, o bien que…[73]
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el propio Bᴀsɪʟɪᴏ no estuviera matriculado en dicho monasterio [de Erfurt], sino en el monasterio de Walkenried (Walckenriedt), en el cual antiguamente también residieron monjes benedictinos. Del mismo modo en que el Dr. Wᴇɪᴛɪᴜs atestigua en la obra de Rᴇʏʜᴇʀ, De Nummis Chymicis [Sobre las monedas químicas], asegurando que un viejo investigador (Curioso) le había confirmado que Basilio se había alojado allí durante un tiempo considerable.
Y en lo tocante a las investigaciones de los Emperadores, Mᴏʀʜᴏғ no aduce nada específico al respecto. Si bien es cierto que el emperador Mᴀxɪᴍɪʟɪᴀɴᴏ I fue el primero que mandó registrar las antiguas historias y crónicas en los monasterios, no se sabe nada con certeza sobre si tales pesquisas concernieron también a la alquimia.
Esto se puede comprobar suficientemente en el capítulo 9 (De pseudonymis & Anonymis) de su Polyhistor, donde se evidencia que él [Morhof] se fundó meramente en el testimonio de Rᴀsᴄʜɪᴜs, el cual Pʟᴀᴄᴄɪᴜs cita en su Catalogus Pseudonymorum. Sin embargo, Morhof revocó allí mismo esa primera opinión suya tras haber leído la Historia de Erfurt de Jᴏʜᴀɴɴ Mᴀᴜʀɪᴛɪᴜs Gᴜᴅᴇɴᴜs (Duderstadt, 1675, en formato octavo —in 8vo—), quien fuera natural de Erfurt.
En dicha obra leyó que en aquella misma época, a saber, en el año de Cristo de 1413 (A. C. 1413), el sabio Bᴀsɪʟɪᴏ Vᴀʟᴇɴᴛɪɴᴏ (Basil. Valent.) vivió en el Monasterio de San Pedro (St. Peters Closter), y que fue sumamente asombroso en la medicina y en las ciencias naturales (natürlichen Wissenschafften). Que Basilio habitó en el mencionado monasterio casi exactamente en la época que indica esta crónica, es algo que confirman además los dos manuscritos (MSta) que en esta nueva edición se añaden al tercer tomo de sus escritos junto con… [74]
sobre los Escritos Alquímicos. | 75
añadido (beygefüget worden); por cuanto en ellos se menciona expresamente la cifra del año en que vivió; a saber: «En el año 1417 (A. 1417), yo, Bᴀs. Vᴀʟ., tomé… etc.». Y también en lo relativo a la preparación de su Phalaja, la cual él mismo comunicó a Jᴏʜᴀɴɴ vᴏɴ Eʙᴇʀs, en Eberß-Felde, en el año 1401 (A. 1401), tal como se puede leer allí mismo.
Es infalible que aún han de hallarse ocultos, aquí y allá, en diversos lugares y en manos de aficionados investigadores (curieusen Liebhabern), más manuscritos (MS.) de Bᴀsɪʟɪᴏ o copias de los mismos, a partir de los cuales se podrían aportar todavía mejores informaciones (Informationes) sobre su ciencia y su vida monacal (Closter-Leben), si tales textos fueran publicados (publiciret).
Tal es el caso del manuscrito de Bᴀsɪʟɪᴏ titulado Via Veritatis [El camino de la verdad] (k) —del que se afirma que es sumamente claro—, el cual podía encontrarse antaño en Dürnstein (Thurnstein), un convento secular (Freystifft) de la Baja Austria a orillas del Danubio, no lejos de Krems (Crems), en posesión de los Canónigos Regulares (Canonici Regulares).
Asimismo, en la Biblioteca de Viena (Wienerischen Bibliotheck) han de hallarse todavía manuscritos (MS.) de Bᴀsɪʟɪᴏ que difieren enormemente de las versiones impresas, tal como Mᴏʀʜᴏғ señala en su Epistola de Transmutatione Metallorum, pág. 233. También existe un tratado impreso en Fráncfort en 1613, en formato cuarto (in 4to), bajo el título: Secretos ocultos de la secreta flor de oro y de la Piedra, de HERMES TRISMEGISTO y BASIL. VAL. [Lapis]
Nota a pie de página (Bloque inferior):
(k) El cual yo mismo [Friedrich Roth-Scholz] añadí como apéndice en el año 1718 a los Escritos Químicos de Michael Sendivogius, en formato octavo (8vo), página 223 y siguientes. Se encuentra también este «Camino hacia la verdad» en el llamado Wasserstein der Weisen [La piedra acuática de los sabios], página 175 y siguientes.[75]
76 | Crítica de Benedictus Nicolaus Petraeus
… [Lap.] Phil. c. fig. / [Piedra] Filosofal con ilustraciones (cum figuris). El hecho de si este libro contenía las llaves reales o si hubiera podido arrojar alguna otra luz y mejora sobre los escritos de Bᴀsɪʟɪᴏ, lo dejaré sin determinar, puesto que jamás he visto dicho libro. Asimismo, el propio Bᴀsɪʟɪᴏ no solo confirma por sí mismo en su tratado De las cosas naturales y sobrenaturales (capítulo 6) y en muchos otros pasajes que fue un monje perteneciente a la orden religiosa de los benedictinos (Benedictiner-Orden), sino que, además, hace mención en varios lugares de su Carro Triunfal acerca de los medicamentos contra la nueva enfermedad de los franceses (Frantzosen-Kranckheit).
Esta enfermedad, según sostienen muchos historiadores (Historici), no comenzó de forma repentina hacia el año 1493, época en que el rey FERNANDO el Católico (FERDINAND. Cath.) libraba la guerra contra CARLOS, rey de Francia, introduciéndose en su ejército a muchos soldados contagiados con esta epidemia (Seuche), quienes habrían regresado (retourniret) con COLÓN (COLUMBO) desde América. Por el contrario, ya era conocida desde mucho tiempo antes, a saber, hacia el año 1270, por los antiguos médicos (Medicis).
Tal es el caso de [Guillermo] ᴅᴇ Sᴀʟɪᴄᴇᴛᴏ, quien vivió en aquella época y trató sobre ella en un capítulo especial de su antigua Cirugía, bajo el título: De pustulis albis & icissuris & corruptionibus, quæ fiunt in Virga & circa præputium propter coitum cum Meretrice vel fœda, vel alia de causa [Sobre las pústulas blancas, grietas y corrupciones que se producen en el miembro y alrededor del prepucio a causa del coito con una prostituta o mujer sucia, o por cualquier otra causa].
También Gᴏʀᴅᴏɴɪᴜs, profesor de Montpellier (Monspeliensis), y Vᴀʟᴇsᴄᴜs [de Taranta], quienes vivieron antes y en la época de Bᴀsɪʟɪᴏ, dejaron ya constancia de algo de ello; e incluso algunos pretenden demostrar la existencia de esta epidemia a partir de Pʟɪɴɪᴏ y Mᴀʀᴄɪᴀʟ (MARTIALI). Parece, por tanto, que…[76]
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… [Parece, por tanto, que] / [que] el propio Bᴀsɪʟɪᴏ tituló a este mal (Morbum) como una «nueva plaga de la guerra» o enfermedad de los hombres de armas surgida recientemente en aquella época, tal como THÖLDE lo estampó [en su edición]. Esto se debió a que en las sangrientas guerras husitas (Hussiten-Kriegen) de aquel entonces, libradas bajo el emperador SIGISMUNDO (Sigismundo) —en las cuales, sin duda, sirvieron muchos soldados de muy diversas naciones—, tal vez ya se manifestó esta epidemia (Seuche).
A esta afección él la denominó la «enfermedad de los galos» (Gallier Kranckheit), heredada recientemente por nosotros; tal vez por la misma razón (Raison) por la cual una nación busca atribuir el origen de la misma a la otra, como los franceses a los italianos, y viceversa (& vice versa). Sin embargo, puesto que las crónicas de los husitas no mencionan nada específico al respecto, y dado que en la época de Bᴀsɪʟɪᴏ no ocurrieron otras guerras —a menos que él hubiera alcanzado una edad sumamente avanzada—, se debe dejar que todo esto descanse únicamente en meras conjeturas (bloße Muthmaſſungen).
Posteriormente, en su Carro Triunfal, Basilio hace mención además de su patria (Vatter-Landes), señalando que nació en la Alta Alemania (Hoch-Teutschland), por encima del Rin, y por lo tanto presumiblemente en Alsacia (Elsaß). Refiere también que en su juventud viajó a Holanda e Inglaterra, y que después consumó asimismo un arduo viaje hacia Santiago [de Compostela] (St. Jacob) en calidad de peregrino (Pilgrim).
Añade que sus hermanos de orden (Ordens-Brüder) fueron todos químicos (Chymisten); a partir de todo lo cual se puede deducir de forma suficiente que Bᴀsɪʟɪᴏ vivió bajo este nombre como un religioso (Ordens-Mann) en los monasterios alemanes, habiendo obrado milagros (Miracula) tanto en las curas médicas (Curen) como en el arte de los adeptos (Adepterie). Solo… [que…][77]
78 | Crítica de Benedictus Nicolaus Petraeus
… [es] una lástima que ya no poseamos sus manuscritos (MS.) originales en aquella lengua alemana genuinamente antigua (recht alter Teutscher Sprache) conforme al siglo de su época; sino que, por el contrario, los sabelotodos de los copistas (super-kluge Copiisten) los han corrompido y mutilado (verdorben, zerstümmelt) en gran medida, remendando cosas aquí y allá (hineingeflicket) y omitiendo aquello que no les venía en gana, habiendo alterado el estilo (Stylum) y cometido abusos semejantes. Todo lo cual se podrá constatar, en parte, a partir de esta nueva edición corregida.
A dónde han ido a parar los manuscritos (MSta) de Bᴀsɪʟɪᴏ que aún restaban en el Monasterio de Erfurt, es algo que señala el celebérrimo doctor Wᴇᴅᴇʟɪᴜs en el programa (Programmate) que publicó en su día. El cual, dado que contiene una curiosa crónica (curieuse Relation) sobre la vida y las obras de Bᴀsɪʟɪᴏ, bien vale la pena que sea traducido (vertiret) palabra por palabra del latín al alemán. (l)
Por lo tanto, no se puede aceptar con total conformidad la opinión del difunto Cʟᴜᴠᴇʀɪᴏ (Cluveri), la cual expone en su Curieuser Welt-Mercurius a propósito de los escritos de Bᴀsɪʟɪᴏ. Pues él afirma que los libros del ficticio Bᴀsɪʟɪᴏ (erdichteten Basilii) son de tal naturaleza que no concuerdan en absoluto con el texto árabe (Arabischen Text) a partir del cual fueron traducidos al alemán en tiempos del emperador Fᴇᴅᴇʀɪᴄᴏ (Kayser Frider.); (texto árabe del cual él mismo aseguró verbalmente haberlo leído en la Biblioteca del Papa [la Biblioteca Vaticana]). Y añade que hay tantas lecturas variantes [78]
79 | sobre los Escritos Alquímicos.
en él; de suerte que, sin duda alguna, quienes le siguieran habrían de sepultarse de lleno en el foso de los sofistas (Sophistische Grube). Con todo, ¡nadie querría negar que en este Bᴀsɪʟɪᴏ, una vez que haya sido previamente purificado y se hayan restituido sus pasajes mutilados (das Gestümmelte), no se halle descrito algo capaz de llenar el bolsillo!
Pues, en primer lugar, él [Cluverio] pasa muy a la ligera por encima de este supuesto texto árabe (Arabischen Text), y no aduce de él ni los títulos ni pasaje (Loca) alguno mediante el cual pudiera demostrarse que las obras impresas de Bᴀsɪʟɪᴏ hayan sido en modo alguno traducidas (vertiret) o fragmentadas a partir de dicho texto.
En segundo lugar, él mismo confiesa que el manuscrito árabe que vio difiere enormemente (weit differiret) de las versiones impresas; de lo cual no se puede en absoluto concluir (concludiren) que estas últimas hayan sido mal vertidas o tomadas de aquel, por más que en muchos pasajes hubieran podido concordar (accordiret) entre sí.
En tercer lugar, parece asimismo que el difunto señor Cʟᴜᴠᴇʀɪᴏ insistió con tanta vehemencia (so scharff urgiret) en esta tesis del Basilio ficticio (erdichteten Basilio) principalmente con el único propósito de agraviar (Tort zu thun) a Cʟɪɴɢɪᴜs —con quien se había enzarzado en una enconada disputa—, el cual había defendido con virilidad (mascule defendiret) a Bᴀsɪʟɪᴜs en su Wegweiser [Guía / Estrella Polar], habiendo mandado imprimir en él diversas explicaciones (Explicationes) sobre sus Llaves [1].
En lo que atañe a lo que se ha ejecutado de forma especial en esta nueva edición de los escritos de Bᴀsɪʟɪᴏ, se ha de saber que en su primer tomo —donde se contienen las Llaves, el De Microcosmo, la Occulta Philosophia y el Carro Triunfal, etc.—, debido a que… [se carecía… / weiln man…][79]
80 | Crítica de Benedictus Nicolaus Petraeus
… [porque] / [puesto que] no se disponía de ningún manuscrito (MS.) antiguo de ello, no se alteró gran cosa, exceptuando algunas erratas de imprenta (Druck-Fehler) evidentes. Con todo, las ilustraciones (Figuren) de las Llaves fueron grabadas en cobre de forma muchísimo más precisa (accurater gestochen), y se añadió además una nueva ilustración a partir de la edición de Tʜᴏ̈ʟᴅᴇ [Johann Thölde].
En el segundo tomo, no obstante, se corrigió y mejoró de forma sobresaliente, a partir de un manuscrito (MS.), el Berg-Buch [Libro de las Minas]; puesto que en él se encontraban muchísimos pasajes (Loca) completamente trastocados e inteligibles. Por ejemplo (E. g.):
- Libro 1, cap. 14: «A través de todas las fuentes» (durch alle Brunnen), corregido por «curvaturas / meandros» (pro Krümmen).
- Cap. 17: «Donde hay un soplo de acumulación para que se coagule» (Wo ist etwas Hauffen blasen, daß es gestehen solte), corregido por «un soplo incandescente» (pro heiß-blasendes).
- Cap. 29: «Esta harina tampoco hace eso, y se halla además asentada con tal sal que constituye un vapor sano y pestilente» (das thut dieses Mehl auch nicht, und ist weiter mit solchem Saltz gelegen, daß es ein gesunder stinckender Dunst ist); corregido por «esta harina tampoco hace eso, sino que permanece como un sedimento constante, de suerte que está constituida de tal modo que, etc.» (pro, das thut dieses Mehl auch nicht, sondern bleibet ein steter Satz, damit es so geschaffen, daß 2c.).
- Libro 2, cap. 3: «Lo cual la pizarra no hace, como la cera con filones de un gris verdoso» (welches das Schieffer nicht thut, als das Wachs mit grüngreissigen Gängen); corregido por «el cual es tan denso y pizarroso como una cera, con filones verdes y verduscos» (pro, welches so derb schieffericht als ein Wachs, mit grünen-grünsichten).
- En el mismo capítulo (Eodem Cap.): «Se encuentran también filones de plata, etc., donde siempre un color es más duro o más blando que el otro, operando a través de la naturaleza de forma cautelosa y muy ordenada» (Es finden sich auch Silber-Gänge 2c. da immer eine Farbe härter oder milder, dann die andere, durch die Natur würcket vorsichtiglich und gar ordentlich); corregido por «han sido formados por la naturaleza; allí donde se cruzan o entrelazan es donde resultan más ricos, pues la naturaleza opera con previsión, etc.» (pro, durch die Natur gewürcket worden, da sind sie am reichsten, da sie durch einander fallen; dann die Natur würcket vorsichtlich, 2c.).
- Cap. 5: «Por completo violento» (ganz hefftig), corregido por «en filones continuos / metalífero» (pro ganghafftig).
Y de este modo, también se han reincorporado e introducido aquí y allá pasajes enteros que habían sido omitidos (ausgelassen). Quien [confronte] la edición de Estrasburgo (Straßburger Druck) del Berg-Buch con las ediciones de Hamburgo (Hamb. Edit.) de dicha… [ciudad][80]
sobre los Escritos Alquímicos. | 81
… [con las de] Stadtländer, hallará una considerable inexactitud y traslocación de los capítulos; por cuanto a veces, en la edición de Estrasburgo, se lee en un capítulo lo que en la de Hamburgo se encuentra en otro posterior. Todo lo cual, lejos de poder conciliarse, no ha hecho sino generar una confusión (Confusion) aún mayor; y dado que la edición de Hamburgo era la más completa (completeste), se ha optado por seguir esta última.
Puesto que el propio Bᴀsɪʟɪᴏ asegura tanto en su Universal del Mundo como en los prólogos de la primera y segunda parte de su Berg-Buch [Libro de las Minas] que él mismo escribió dicha obra, se le debe otorgar necesariamente el debido crédito. No obstante, si se examinan todos los ejemplares impresos de ella en diversas épocas —los cuales han aparecido publicados unas veces bajo el nombre de Bᴀsɪʟɪᴏ y otras bajo el nombre de Nɪᴄᴏʟᴀᴜs Sᴏʟᴇᴀ, el Bohemio (Nɪᴄᴏʟᴀɪ Sᴏʟᴇæ Bᴏᴇᴍɪ)— y se observa cómo difieren (differiren) y se apartan tanto unos de otros, casi se estaría facultado a dudar de ello.
De forma muy especial, por cuanto Eʟɪᴀs Mᴏɴᴛᴀɴᴜs señala en su prólogo a la edición del Librito sobre la Minería de Sᴏʟᴇᴀ —impresa en Brzeg (Brieg) en el año 1600 en formato cuarto (in 4to)— que el manuscrito original (Original-MS.) de este texto poseía una caligrafía sumamente parecida a la mano de PARACELSO (Hand des Pᴀʀᴀᴄᴇʟsɪ), ¡como si él mismo lo hubiera escrito de su propio puño!
Además, en el librito mismo se cita de forma explícita al propio Tʜᴇᴏᴘʜʀᴀsᴛᴜs [Paracelso]. De suerte que, o bien el autor Sᴏʟᴇᴀ debió de haber leído a la fuerza los escritos de aquel, o bien fue el mismísimo Tʜᴇᴏᴘʜʀᴀsᴛᴜs quien confeccionó la obra por sí mismo. Con todo, puede… [perfectamente… / … can es gar wohl seyn…][81]
82 | Crítica de Benedictus Nicolaus Petraeus
… puede perfectamente ser que Pᴀʀᴀᴄᴇʟsᴏ, en caso de haberlo escrito él, lo tomara prestado de Bᴀsɪʟɪᴏ, habiendo añadido aquí y allá algo de su propia cosecha. Tal como Pᴇɴᴏᴛᴜs y Pᴇᴛʀᴜs Sᴇᴠᴇʀɪɴᴜs, en sus epístolas sobre los escritos de Tʜᴇᴏᴘʜʀᴀsᴛᴜs Pᴀʀᴀᴄᴇʟsᴏ, le imputan la culpa de haber dejado entremezclar en sus obras muchas cosas fragmentadas (verstümmelt) extraídas de los antiguos filósofos y cirujanos (Chirurgis) que vivieron antes de él.
Por lo demás, el librito de Sᴏʟᴇᴀ, publicado originalmente en Brzeg (Brieg) por Eʟɪᴀs Mᴏɴᴛᴀɴᴜs —médico de cabecera de la corte del príncipe de Anhalt (Fürstlichen Anhaltischen Leib-Med.)—, fue reeditado en Fráncfort del Meno (Franckfurth am Mayn) en el año 1618 en formato cuarto (in 4to) bajo el título Bergwercks-Schatz [Tesoro de las Minas].
Posteriormente, Gᴇᴏʀɢ Cʟᴀʀᴏᴍᴏɴᴛᴀɴᴜs, el silesio (Silesius), entregó a la imprenta en Jena, en el año 1626 en formato octavo (in 8vo), el Último Testamento de Bᴀsɪʟɪᴏ. Sin embargo, en dicha edición corrompió gravemente (sehr corrumpiret) los libros de minería, habiendo omitido (weggelassen) hojas enteras (gantze Blätter) y todo aquello que Eʟɪᴀs Mᴏɴᴛᴀɴᴜs citaba a propósito de Tʜᴇᴏᴘʜʀᴀsᴛᴜs [Paracelso].
En el libro tercero o Universal del Mundo, el cual es considerado el mejor libro de Bᴀsɪʟɪᴏ, se han cambiado muchísimas palabras, sustituyéndolas por otras más antiguas que poseen casi exactamente el mismo sentido (einerley Sinn). Esto se ejecutó expresamente (express) debido a que el manuscrito (MS.) que se empleó para ello, el cual había sido redactado en el año 1630 (A. 1630), fue considerado al menos como una copia fielmente transcrita a partir de un original sumamente antiguo.
Además, gracias a esto se han reincorporado e introducido pasajes (Passagen) e historias enteras procedentes de dicho manuscrito que faltan (manqviren) en todas las demás ediciones impresas, y que no obstante… [82]
sobre los Escritos Alquímicos. | 83
… manifiestamente (offenbahr), a juzgar por el estilo (Stylo), que debieron de figurar en los manuscritos (MS.) más antiguos. Tal es el caso de la crónica (Historie) que concierne a aquel hermano de la Orden Franciscana (Francisc. Ordens) quien, por haber querido dictar el proceso de la Piedra (Proceſs des Lap.) a un hombre indigno y malvado, el Diablo (Teuffel) le ennegreció el rostro [dejándolo ciego], etc.
Este antiguo modo de hablar muestra claramente que el relato fue registrado así por el propio Bᴀsɪʟɪᴏ. Sin embargo, en las primeras ediciones impresas, debido a que consideraron estas terribles maldiciones (starcke Flüche) como algo poco filosófico, las omitieron deliberadamente (mit Willen ausgelassen). Con todo, Cᴀʀᴅɪʟᴜᴄɪᴜs mencionó algo de estas historias, pero ni de lejos de forma tan detallada como se ha impreso aquí a partir del mencionado manuscrito.
En el libro cuarto se ha insertado, justo al principio, un prólogo del propio Bᴀsɪʟɪᴏ que asimismo faltaba (manqviret); y en las recetas transmutatorias de metales particulares (Proceſſu Partic.) del Sol (☉ / oro), la Luna (☽ / plata), Marte (♂ / hierro), Venus (♀ / cobre), etc., se han corregido y mejorado diversas cosas, tal como cualquiera podrá comprobar fácilmente.
El tratado La revelación de las manipulaciones ocultas ha sido reimpreso siguiendo fielmente la Dyas Chymica del Dr. Hᴇɴʀɪᴄᴜs Cᴏɴᴅᴇsɪᴀɴᴜs —autor a quien Cᴏᴄʜᴇɪᴍ von Hollrieden rinde enormes elogios en su Reductio Errantium in rectam Viam—, por cuanto dicha versión se halló más completa (completer) y conforme a la antigua fraseología.
Al final (In Fine) de la sección sobre la preparación del espíritu de vino ígneo (feurigen Wein-Geistes), se ha añadido (adjungiret) otra práctica con incremento (cum Augmento) de Luna (☽ / plata) y Mercurio (☿ / azogue), junto con un par de procesos particulares y una nueva ilustración de un horno de sublimación (Sublimir-Ofens) extraída directamente de los manuscritos.
El libro quinto ha sido reimpreso íntegramente según la edición de Cᴀʀᴅɪʟᴜᴄɪᴜs, debido a que tal… [proceder…][83]
84 | Crítica de Benedictus Nicolaus Petraeus
… [es] mucho más completo, tal como se puede apreciar con mayor detalle en el prólogo dispuesto al frente [por Cardilucius]. Las Conclusiones o discursos de cierre, junto con los suplementos (Supplementis), han sido añadidos en su totalidad a partir de la Dyas Chymica, acompañados por las anotaciones del propio CONDESIANUS (cum notis ipsius CONDESIANI); en medio de los cuales se han intercalado además, aquí y allá, diversos fragmentos extraídos de manuscritos (ex MStis).
En la tercera y última parte, con la cual se han incrementado de forma enteramente novedosa las obras de Bᴀsɪʟɪᴏ, se contienen en primer lugar los tratados de aquel llamado ETSCHENREUTER en manuscrito (in MS.), los cuales habían permanecido ocultos hasta la fecha. Estos han sido minuciosamente confrontados y cotejados (collationiret worden) con una inmensa cantidad de copias escritas —de las cuales no hubo una sola que no presentara sus propias variantes de lectura (variantes Lectiones)—, textos que se ha tenido por costumbre titular como los Scripta Medicinalia [Escritos Médicos] de Bᴀsɪʟɪᴏ.
El hecho de si estos fueron confeccionados por el propio Bᴀsɪʟɪᴏ —por cuanto él mismo declara expresamente en su Carro Triunfal que es su firme propósito instituir un testamento memorable (denckwürdiges Testament) y legarlo en su ancianidad, recopilando todas las curas médicas (Curen) que ejecutó y llevó a feliz término—, o bien si fueron elaborados por algún otro de sus hermanos de orden (Confratren), tal vez bajo su instigación y ruego, es algo que se deja al arbitrio de la crítica filosófica (Philosophischen Critique) dilucidar.
Sea como fuere, basta con constatar que fueron escritos por monjes (von Mönchen geschrieben) en la misma época en que Bᴀsɪʟɪᴏ vivió, habiendo sido resguardados en el anonimato y el secreto (ins Verborgene hingeleget); y que en ellos se encierran hermosas crónicas históricas y medicamentos (Medicamenta) que bien merecen que uno especule sobre ellos con una profunda reflexión filosófica (Philosophischen Nachdencken). Y puesto que también el señor CONDESIANUS [mencionó] algunas [84]
sobre los escritos alquímicos. [pág.] 85
maniobras sobre la preparación de los medicamentos de BASILIUS en su Dyade editada; por lo tanto, estas se han anexado de igual modo a esta tercera parte. Y además, se añaden algunos procesos raros y particulares ex MS. [de un manuscrito] de BASILIUS, junto con la descripción de su Phalaja, a partir de la cual se puede deducir aproximadamente el número de año, como ya se mencionó anteriormente, en que vivió. Luego, finalmente y para concluir, se ha puesto fin con el célebre Processu Vitrioli [proceso del vitriolo] de JODOCUS VON RHEE, y su Particular, tal como se contienen en el CARDILUCIO. En toda esta labor, mi propósito principal ha sido animar aún más a los rectos amantes [de este arte], para que también en cierta medida se esmeren por restituir, con todas sus fuerzas, a los autores filósofos clásicos aquello que de algún modo les haya sido arrebatado de su esplendor y antigüedad debido a copias extrañas de diversa índole y a la corrupción del texto; y al mismo tiempo, buscar y recuperar aquello que todavía pudiera faltar en esta edición renovada de BASILIUS, y finalmente restituir por completo a este muy elogiado autor su antiguo ornamento y decoro.
A quienes, por el contrario, consideren este esfuerzo y recomendación como una Obra de Lana Caprina [una insignificancia o pérdida de tiempo], y solo la miren por encima, y que de inmediato y sin rodeos, sino tras mucho estudiar, meditar y cotejar, quieran desentrañar los Sacra Naturae [los sagrados secretos de la naturaleza], se les remite, como es justo, a la ley que HIPÓCRATES pronuncia sobre la medicina:
86 | Crítica de B. N. P. sobre los Escritos Alquímicos.
… dice (spricht): «Por lo demás, las cosas sagradas se comunican a los hombres sagrados; a los profanos les está vedado (fas non est), antes de que hayan sido iniciados en los misterios de la ciencia» (Cæterum res Sacræ ſacris hominibus…). Lo cual, en lengua alemana, podría verterse aproximadamente de este modo:
Poema alegórico de cierre:
Un Momo (Momus) cree, es verdad, que magnas y prodigiosas obras
ejecuta la Naturaleza, mas no es capaz de comprenderlas en absoluto;
pues aunque el bien oculto en los escritos le complace,
él, con extrema ceguera, acusa y ataca sin cesar el estilo (Stylum).
Bien codicia el oro, mas no abriga en su alma la menor voluntad
de someterse, en sagrado y reverente silencio, a la ley (Lex) de los sabios.
Con todo, conforme al sentir de Cos (Coi Sinn), esta ley ha de mantenerse firme:
¡Por esta puerta no ingresará jamás ningún hermano de Midas (Midas-Bruder)!
Término:
F I N
Colofón e Inventario de Sección:
[Este es el término de la]
Nueva Vorrede [Nuevo Prólogo]
del Dr. Bᴇɴᴇᴅɪᴄᴛᴜs Nɪᴄᴏʟᴀᴜs Pᴇᴛʀᴀᴇᴜs, Doctor en Medicina (Med. Doct.),
dispuesto originalmente al frente de los
Escritos Químicos de BASILIO VALENTÍN, editados en formato octavo (in 8vo) en Hamburgo en 1712.
El cual nosotros [Friedrich Roth-Scholz] hemos incorporado y añadido aquí, corregido y aumentado, bajo la forma de una
C R Í T I C A
sobre los
Escritos Alquímicos.[85]
[1] Lawrence M. Principe, “The Development of the Basil Valentine Corpus and Biography: Pseudepigraphic Corpora and Paracelsian Ideas”, en Didier Kahn e Hiro Hirai, Pseudo-Paracelsus. Forgery and Early Modern Alchemy, Medicine and Natural Philosophy, Boston, Brill, 2019, 2022, 137-159. Mike A Zuber, “The Duke, the Soldier of Fortune, and a Rosicrucian Legacy: Exploring the Roles of Manuscripts in Early-Modern Alchemy”, Ambix, 65-2 (2018), 122-142.
[2] Mike A Zuber, Spiritual alchemy from the age of Jacob Boehme to Mary Anne Atwood, 1600–1900, PhD tesis, Faculty of Humanities (FGw), Universirty of Amsterdam, 2017.
[3] Staats- und Universitätsbibliothek Hamburg, Cod. alchim. 649, 1-14: ALCHEMISCHE BEGRIFFE UND ZEICHEN. Überschrift: Characteres in chymicis occurentes variis et auctoribus et MStis excerptae. Nach einer Vorlage vonPAUL GLANDORP (1626-1696; STRIEDER 4, 418-419) aus dem Jahre 1662zusammengestellt von BENEDICTUS NICOLAUS PETRAEUS. Cod. alchim. 650: Fasz. I geschrieben in der 2. Hälfte des 16. Jh.s; Fasz. II-V geschrieben von B. N. Petraeus (vgl. alchim. 649). Laut PITISCUS aus dem Besitz von Gottfried Jacob Jaenisch. Cod. alchim. 651: Alchemische Sammlung des B. N. Petraeus IV: 390-391: JOHANN GRASSE: Drei Briefe an Melchior Jestel zu Stralsund. – Zu Johann Grasse (nach 1560-1618) vgl. KILLY 4, 368-370. Jestel (Jöstel) aus Dresden war um 1599 Professor für Mathematik in Wittenberg, vgl. Cod. math. 213a. – Die Briefe werden erwähnt von B. N. Petraeus in seiner Vorrede zu den Werken des Basilius Valentinus, vgl. Neue Vorrede, in: Fr. Basilii Valentini Chymische Schriften, Fünfte Edition, Hamburg 1740, Bl. a2r-f8v, hier Bl. e2v. Cod. alchim. 652: Alchemische Sammlung des B. N. Petraeus V.
[4] La pragmática del refrán: Al citar en italiano «Cento Carri di belli pensieri non pagono un Qvadrino di debito», el autor advierte que las teorías abstractas o las fantasías mentales no sirven para pagar las deudas reales ni para obtener resultados en el crisol; se requiere una praxis operativa rigurosa. Las manos sin lavar: La expresión latina «mit ungewaschenen Händen» (manibus illotis) es un giro retórico clásico que censura a los ignorantes o profanos que pretenden acceder a los misterios más sagrados de las ciencias de la naturaleza (Sacrarium Naturae) de forma temeraria, ruda y sin la debida preparación intelectual o moral previa.
[5] El argumento de autoridad: Hipócrates y la defensa de la Alquimia. Petraeus acude al texto clásico de la Lex (La Ley) de Hipócrates para blindar epistemológicamente la alquimia de laboratorio. El argumento es de una lógica impecable para la época: si la medicina (el arte de curar el cuerpo humano) es vilipendiada y rebajada injustamente a la categoría de charlatanería debido a los malos médicos («Ignorantz derjenigen, so Sie… practiciren») y a los críticos ignorantes que opinan sin saber, lo mismo ocurre con la alquimia (el arte de sanar y perfeccionar los metales). Los errores de los falsos sopladores de carbón no invalidan la legitimidad de la verdadera ciencia química hermética.
Sátira contra los críticos: Los «Espíritus Borreguiles» y el Dios del Dinero. El autor arremete contra la psicología de los detractores empleando epítetos muy duros y barrocos:
- Hermanos de Mammón (Mammons-Bruder): En el Nuevo Testamento, Mammón es la deificación de la avaricia, la riqueza material y las ganancias deshonestas. Petraeus acusa a los críticos de rechazar los libros de alquimia no por rigor científico, sino porque su mente codiciosa no encuentra en ellos una fórmula rápida y fácil de enriquecerse de inmediato.
- Mucho ruido y pocas nueces: Utiliza el proverbio clásico germánico «viel Geschrey und wenig Wolle» (mucho grito y poca lana), comparando los tratados herméticos con pompas de jabón infantiles que se disuelven en agua y aire si se intentan tocar. Esta era la objeción típica de la naciente ciencia mecanicista y racionalista.
- Esprits des Moutons (Espíritus borreguiles): Hacia el final de la página inserta este galicismo (Esprits des Moutons). Con él ridiculiza a los intelectuales de moda de la Ilustración que atacan la alquimia simplemente por imitar de manera gregaria y ciega la opinión de las corrientes mayoritarias de la corte, comportándose como un rebaño de ovejas incapaz de juzgar con un criterio filosófico propio.
[6] Presión social e iatrografía barroca: El desvío de la vocación. El primer párrafo retrata de manera fidedigna las tensiones profesionales de la República de las Letras germánica a inicios del siglo XVIII. El texto recurre a préstamos del francés cultos y cortesanos (como detourniren para desviar, o Welt- und Staats-Affairen para asuntos políticos) para describir los consejos pragmáticos que recibían los jóvenes intelectuales. La sociedad burguesa y las cortes los empujaban a buscar profesiones lucrativas, estables y seguras en la burocracia o el derecho, en lugar de «perder el tiempo» en laboratorios rodeados de oscuros enigmas que el mundo tachaba de Nullität (futilidad o nulidad absoluta). El verdadero perfil del filósofo: El aval de Geber y D’Espagnet.Petraeus ejecuta aquí un giro argumental brillante y elitista: concede la razón a los críticos, pero redefine quién es el lector legítimo de la alquimia. Sostiene que los codiciosos que buscan oro fácil hacen perfectamente en rendirse y abandonar los libros herméticos. Para justificarlo, invoca a dos autoridades incuestionables:
- Geber (Jabir ibn Hayyan, s. VIII-IX): El gran sabio de la alquimia árabe medieval (cuyos textos latinos del Corpus Geberis fijaron la base operativa europea). Geber exigía en sus prefacios una paciencia infinita, un alma pura y una mente matemática excelsa como requisitos previos indispensables.
- Jean D’Espagnet (s. XVII): Cuyo tratado Arcanum (que precisamente cerraba el índice de este tomo II en la página 22) advertía explícitamente en sus primeras líneas que el Arte Hermético rechaza a los avariciosos y solo se revela a los amantes de la contemplación pura de la Naturaleza.
Análisis formal de la rima satírica
Los versos que cierran la hoja actúan como una sentencia moral tajante. En el Barroco tardío, la poesía rimada insertada en tratados en prosa servía para fijar máximas de forma nemotécnica en el lector. Al calificar al buscador de oro vulgar como un «Grober» (hombre rústico, tosco o grosero), Petraeus dictamina que la ambición materialista rebaja al ser humano y lo encadena a la tierra material («bey der Erden»), incapacitándolo para la iluminación espiritual y científica del auténtico adepto.
[7] Análisis del cierre lírico: Usura vs. Filosofía La última estrofa del poema traza una frontera moral insalvable entre el burgués materialista y el adepto a la ciencia. Petraeus ridiculiza al hombre común aconsejándole de forma satírica que regrese a sus mezquinas finanzas cotidianas: cuidar el dinero del dote matrimonial («Was sein Margrete ihm gebracht») y practicar la usura especulativa («wuchre Cent pour Cent»). Frente a esta vida atada a la tierra, el texto define al rechter Philosoph (verdadero filósofo) como un espíritu que se eleva hacia lo espiritual («schwingt sich nur Himmel an») y permanece completamente inmune a las burlas de la sociedad ignorante («Verlachet was die Welt…»). Errores metodológicos en el laboratorio barroco: Al retomar la prosa, el autor diagnostica las dos causas principales por las cuales incluso los investigadores bienintencionados fracasan en la alquimia:
- Falta de rumiación mental: El texto emplea el latinismo académico ruminiren (rumiar). Los tratados herméticos no estaban diseñados para una lectura rápida, sino para un proceso de meditación circular, lenta y profunda («Gelassenheit und Gedult»), donde cada alegoría debía ser desglosada mentalmente docenas de veces antes de encender el fuego del crisol.
- Obstinación y fanatismo teórico (Caprice): Petraeus introduce la expresión jurídica latina mordicus defendiren (defender mordiendo, es decir, con terquedad absoluta). Critica con dureza la psicología del falso científico que, al encapricharse con una hipótesis errónea sobre la Materia Prima o un proceso químico, se vuelve inmune a la evidencia experimental y rechaza la Gegen-Raison (contrarrázon o contraargumento lógico), cayendo en un dogmatismo estéril.
[8] El núcleo conceptual de la página radica en un audaz paralelismo moral:
- Si los seres humanos fracasan masivamente al intentar cumplir los mandamientos del Evangelio, a pesar de que la Biblia es infinitamente más clara de lo que jamás lo será ningún manual sobre la Piedra Filosofal (Lapide), es perfectamente lógico que la mayoría fracase en la alquimia.
- Petraeus introduce un recordatorio ascético típicamente barroco: la Practiqve de la fe es mucho más prioritaria que los experimentos metalúrgicos, ya que en ella reside el Seelen Heyl und Seligkeit (la salvación y la felicidad eterna del alma).
La metáfora de la llama y los falsos sabios. Hacia el final del folio se despliega un emblema visual muy común en la literatura del siglo XVII y XVIII: los malos estudiantes y los buscadores de oro codiciosos son comparados con moscas y mariposas nocturnas que vuelan directas hacia una vela encendida, destruyéndose a sí mismas («gar leichtlich versängen» / se queman fácilmente) debido a su propia ceguera. El autor concluye que la culpa de esta destrucción no es de la luz (el conocimiento químico verdadero), sino de la imprudencia de los insectos (los falsos científicos), por lo que la ciencia no debe ser desechada por los errores de los necios.
[9] Petraeus acude a una de las máximas más famosas de Bernardo de Treviso (el Conde Bernardo, s. XV) extraída de una rarísima edición en francés antiguo de 1565 [^4]. El fragmento enfatiza la necesidad de la lectura circular y repetitiva frente a la impaciencia de los falsos químicos. Bernardo denunciaba que la gente pasaba seis o siete años de exigente disciplina universitaria para graduarse en Leyes, Cánones (Decretos), Teología o Medicina, pero pretendía dominar los secretos últimos del universo y la transmutación metalúrgica («cette precieuse Science») dedicándole apenas unos pocos meses.
El detective del libro: El SOS bibliográfico de Roth-Scholz (Nota b)
La nota al pie de página ofrece un testimonio histórico fascinante sobre la intrahistoria del mercado del libro antiguo y la investigación bibliográfica en el siglo XVIII:
- El editor Friedrich Roth-Scholz interrumpe el texto para lanzar un desesperado llamamiento a los bibliófilos y coleccionistas de Europa central («suche ich schon viel Jahre vergeblich» / la busco en vano desde hace muchos años).
- Revela su método de trabajo: en 1717 había editado a Bernardo basándose en la traducción alemana secundaria de Caspar Horn (médico del siglo XVII). Sin embargo, al comprobar que Petraeus afirma que la edición original francesa de Amberes de 1565 es infinitamente más precisa y «expressif», Roth-Scholz se obsesiona con localizar un ejemplar físico real para cotejarlo, depurar los errores de traducción y ofrecer una nueva edición crítica impecable para el publico (la comunidad científica). Promete devolver los ejemplares prestados con gratitud y honrar públicamente el nombre de los prestamistas.
[10] La legitimidad de la Alquimia Libresca: El contraargumento a la transmisión oral. Un debate fundamental en la historia de la ciencia hermética era si el secreto de la Piedra Filosofal solo podía transmitirse de forma oral de maestro a discípulo (el canal de los «iniciados») o si era posible extraerlo mediante el estudio autodidacta de textos impresos. Petraeus toma partido firme por la vía bibliográfica aportando un axioma del derecho medieval: «cuilibet in arte sua credendum est» (a todo experto se le debe creer en su materia). Invoca para ello los testimonios autobiográficos de tres colosos de la disciplina que declararon haber alcanzado el éxito desentrañando códices antiguos:
- Basilio Valentín: El monje iatroquímico.
- Bernardo de Treviso: Quien pasó décadas contrastando manuscritos griegos y árabes.
- Nicolás Flamel (Flamello): El célebre escribano parisino del siglo XIV, cuya leyenda afirmaba que logró descifrar el misterio de la transmutación tras dedicar veintiún años de su vida a estudiar de forma obsesiva las ilustraciones de un enigmático libro antiguo de papiro (el Libro de Abraham el Judío).
El método de estudio: Succum & Sanguinem.Para describir el nivel de absorción intelectual exigido por la disciplina, Petraeus recurre a una bellísima e intensa metáfora médica clásica de origen humanista: el estudiante debe asimilar los textos escogidos hasta introducirlos «in Succum & Sanguinem» (en la savia y en la sangre). No basta con memorizar las palabras; el lector debe digerirlas metafóricamente de tal modo que el intrincado mapa conceptual de los procesos químicos se convierta en parte de su propia estructura orgánica y mental.
Filtro de calidad contra la charlatanería.En un mercado saturado de manuales apócrifos y recetas falsas de timadores callejeros (los llamados «sopladores»), el texto introduce una advertencia académica restrictiva de orden crítico. El bibliófilo solo debe adquirir libros de autores «sed optimæ notæ & probatæ fidei» (de la mejor nota y de fe probada o fidedigna), perfilando así el nacimiento de la bibliografía crítica moderna que Friedrich Roth-Scholz materializaba en este compendio.
[11] El enigma del «Juego de niños y labor de mujeres». El texto cita una de las máximas más paradójicas y célebres de la literatura hermética occidental: la afirmación de que la Gran Obra es «ein Werck der Weiber, und Spiel der Kinder» (en latín, opus mulierum et ludus puerorum). Con esta frase, los autores clásicos querían indicar que, una vez que se descubría la escurridiza Materia Prima y se comprendía el secreto del régimen del fuego, el proceso químico posterior requería operaciones tan sencillas, monótonas y lineales que se asemejaban a las labores domésticas femeninas del hogar (como lavar la ropa o cuidar el horno) o a un mero entretenimiento infantil. Sin embargo, Petraeus advierte de inmediato que alcanzar esa sencillez es imposible sin un vivus Præceptor (un maestro vivo) que supervise el trabajo físico del crisol.
La Escalera de los Sabios y las virtudes del laboratorio
- La Escalera (à l’Escalier des Sages): El uso de este galicismo hace referencia a la famosa iconografía alquímica barroca que representaba los grados de transmutación y purificación de la materia como los peldaños de una escalera que el operador debía trepar pacientemente.
- La tríada ética: El avance por estos peldaños no requiere astucia comercial, sino tres virtudes monásticas y académicas explícitas: Pietate (devoción y respeto al creador), Sedulitate (asiduidad y constancia en el trabajo diario) y Humilitate (humildad espiritual para aceptar los fracasos del laboratorio).
Crítica a los «Procesos Sofísticos» sin ton ni son. El autor arremete contra el floreciente mercado negro de recetas químicas falsas que se vendían en la época («theuer oder wohlfeyl» / caras o baratas). Califica estos métodos de «sofísticos» y utiliza la expresión francesa «ny rime ny raison» (ni rima ni razón / sin ton ni son) para denunciar que carecían de cualquier lógica mecanicista o iatroquímica. Lamenta que los aficionados gasten fortunas experimentando con estas fórmulas absurdas antes de estudiar de manera rigurosa los fundamentos teóricos en libros oficiales o en MStis (abreviatura académica barroca para Manuscriptis / manuscritos autorizados).
[12] Crítica al empirismo ciego: El desprecio de la teoría. Petraeus lanza una ácida crítica contra los operarios empíricos puros (a menudo llamados peyorativamente «sopladores de carbón»), quienes despreciaban los libros académicos bajo la máxima latina satírica: «Principia nolo, Philosophos nolo, solam Experientiam volo» (No quiero principios teóricos ni sigo a los filósofos, solo me importa la práctica del laboratorio).
Para rebatir este error metodológico, invoca al célebre médico y adepto polaco Michael Sendivogius (1566–1636), una de las mayores autoridades de la historia de la química. Sendivogius defendía que la verdadera transmutación se diseñaba primero mediante el intelecto y la visualización mental («mit dem Kopff und der Imagination»). Trabajar a ciegas en el crisol sin un mapa conceptual riguroso solo conducía a la ruina económica («Unkosten») y al desprestigio institucional de la propia disciplina. Como lectura defensiva adicional, recomienda un libro real de alerta bibliográfica: el tratado del médico Edo Neuhaus (bajo el pseudónimo de Bassaeus Melusinus), editado en Halle en 1619, especializado en desmontar los fraudes y falacias de los laboratorios descontrolados.
A este respecto, ver también: Curieuse Untersuchung Etlicher Mineralien, Thiere und Kräuter, insonderheit derer sich die Sophisten in praeparirung des Lapidis bedienen : Nebst Entdeckung der meisten hierbey vorgefallenden Sophistereyen und falschen Processen, wie auch völliger Anweisung zu der wahren Materie, und rechten Bereitung des philosophischen Steins …Von einem Liebhaber der curieusen Wissenschafften …, Frankfurt, 1703: Investigación curiosa de varios minerales… Junto con el descubrimiento de la mayoría de las sofisterías y falsos procesos que ocurren en ella», publicada en 1703.
El discernimiento: Theoretice vs. Practice. Al abordar la objeción social de que la alquimia apartaba a los hombres de sus oficios productivos burgueses, el autor introduce una distinción epistemológica muy fina:
- Vía Teórica (theoretice): Se considera un estudio seguro, digno y humanista. Leer estos tratados como una rama de la filosofía naturalista para el mero «Belustigung» (entretenimiento o deleite intelectual) no daña la carrera de un médico o un jurista.
- Vía Práctica (practice): Es un territorio radicalmente hostil. Petraeus la define mediante una dramática sentencia latina que evoca los dados de la fortuna y el peligro extremo: «arduum Iter periculosæ plenum Aleæ» (un camino arduo y plagado de un juego de azar peligroso).
El mito del Jardín de las Hespérides y las Manzanas de Oro. Para describir el éxito final de la Gran Obra, el texto recurre a la alegoría clásica del Jardín de las Hespérides, aquel lugar de la mitología griega defendido por un dragón donde crecía un árbol de manzanas de oro. En el imaginario hermético del siglo XVIII, este árbol simbolizaba la obtención de la Piedra Filosofal y la medicina universal. No obstante, el autor advierte que nadie puede penetrar en este edén científico si carece de «völlige Ruhe in seinem Gemüthe» (una paz mental absoluta y un espíritu imperturbable) y de un estilo de vida (Genus Vitæ) blindado éticamente para soportar los inevitables reveses económicos y operativos del laboratorio.
[13] El axioma de la riqueza: La Alquimia no es para menesterosos. Petraeus expone una realidad socioeconómica insoslayable de los laboratorios del siglo XVIII: la investigación experimental requería una inmensa fortuna inicial en materias primas, hornos especiales, carbón constante y sopladores de vidrio.
El texto ridiculiza a los «Ubel-Belesene» (los mal leídos o ignorantes) que se autoengañaban creyendo en recetas milagrosas que prometían transmutaciones «mit dem nichts Kosten» (sin costar nada).
Los sacrificios feudales: Reinos y Condados empeñados. Para disuadir a los operadores imprudentes, Petraeus recurre a dos impactantes ejemplos históricos de pérdidas patrimoniales extremas:
- El caso del Rey Geber: Alude a la leyenda de Geber como monje o rey soberano, citando el prefacio de un texto apócrifo real en el mercado del libro antiguo: el Libri Divinitatis (Libro de la Divinidad), donde el autor ficticio confiesa haber desangrado las arcas de su propio estado en experimentos infructuosos antes de descifrar la Gran Obra.
- El caso de Bernardo de Treviso: Quien, según las crónicas históricas recopiladas por Roth-Scholz, gastó de forma efectiva toda la herencia de su linaje y tuvo que hipotecar sus señoríos y su condado feudal en Italia para financiar sus viajes por Europa y Egipto en busca de manuscritos verdaderos, logrando el éxito solo en la vejez absoluta.
La metáfora náutica de la ciencia barroca. Hacia el final del folio se despliega un recurso alegórico sumamente característico de la literatura barroca de viajes y descubrimientos científicos: la investigación en el laboratorio es equiparada con una travesía marítima peligrosa. El verdadero filósofo no es un operario pasivo, sino un capitán o navegante (Schiffer) que debe pilotar una nave fuerte (wohlbesegelter) para resistir y romper las olas de la duda, los fracasos operativos y la incomprensión social («stürmichte Meeres-Wellen»), un viaje tan turbulento que pocos logran concluir sin naufragar económicamente.
[14] El patronazgo real y la anécdota cortesana de Penotus. La segunda mitad del folio enumera las cortes que funcionaron como los grandes laboratorios financiados de la Edad Moderna europea:
- Rodolfo II de Habsburgo (1552–1612): El célebre emperador del Sacro Imperio que convirtió su castillo de Praga (el Callejón del Oro) en la capital mundial del esoterismo, la astronomía (protegiendo a Tycho Brahe y Kepler) y la alquimia experimental.
- Augusto de Sajonia (1526–1586): Príncipe elector que, junto a su esposa Ana de Dinamarca, construyó un inmenso y puntero complejo de laboratorios farmacéuticos y de destilación en Dresde conocido como el Goldenes Haus (La Casa de Oro).
- La anécdota de Federico III del Palatinado: El texto introduce un diálogo testifical narrado por el médico y filósofo hermético francés Bernard Georges Penot (conocido académicamente en latín como Penotus à Portu, 1519–1617). El diálogo retrata de forma humana y realista la vulnerabilidad política de los gobernantes que financiaban la ciencia: el soberano, preocupado por los rumores de su corte, inquiere en privado a su médico qué murmura el pueblo de él, descubriendo que la opinión pública criticaba con severidad que sus arcas presupuestarias se desangraran financiando la investigación hermética.
[15] El mito del Elías Artista y el ataque a Rolfinck. Petraeus recurre a una célebre profecía paracelsista de gran calado en el Barroco tardío: la venida de Elías Artista (Elias Artista), una figura mesiánica y simbólica que, según los escritos de Paracelso, aparecería en los tiempos últimos de la humanidad para desvelar todos los secretos ocultos de la naturaleza, transmutar los metales viles y reformar las ciencias. El autor lamenta que su época (Seculum) aún esté lejos de esa iluminación debido al dogmatismo de los médicos academicistas.Lanza un dardo directo contra los seguidores de Werner Rolfinck (1599–1673) —médico, científico y catedrático en la Universidad de Jena conocido por sus disecciones anatómicas y por haber construido uno de los primeros laboratorios químicos universitarios de Alemania—. A pesar de sus aportaciones a la química experimental pura, Rolfinck y su escuela eran firmes detractores de la alquimia crisopeyica y de las historias de transmutación, denunciando en las cortes reales que los supuestos éxitos de proyección en el crisol eran meras ilusiones ópticas o fraudes de prestidigitación. Petraeus los ridiculiza empleando el galicismo cortesano «tour de passe passe» (juego de manos / truco de magia).
La crítica a la Escolástica Universitaria y la Sorbona. El segundo párrafo ofrece una feroz e ilustrada sátira contra la decadencia de los planes de estudio en las universidades del siglo XVIII. El texto contrapone la vana erudición libresca a la ciencia aplicada:
- La crítica lingüística: Censura que las universidades financien a profesores dedicados únicamente a compilar glosarios de fraseologías muertas y abstractos términos de la metafísica escolástica que no producen ninguna utilidad médica o técnica para la sociedad.
- El modelo de la Sorbona: Utiliza a la Universidad de París (la Sorbona) como el contraejemplo por excelencia del oscurantismo dogmático. Describe los debates universitarios de la época como combates de boxeo verbal basados en hilvanar «subtilen Distinctionen» (sutiles distinciones lógicas heredadas de la escolástica medieval) donde los debatientes terminan exhaustos y sudorosos («brav schwitzen») sin que nadie aporte un solo dato empírico o descubra una verdad real.
- La Física Restaurada: Frente a este estancamiento, el autor reclama la implantación académica de la Physicam veram restitutam (la verdadera física restaurada, término que hace alusión al movimiento de renovación de la filosofía natural que buscaba desbancar al aristotelismo) y de la Philosophiam Adepticam (la ciencia operativa de los verdaderos químicos).
[16] La soberbia académica y la metáfora de los posos. Petraeus cierra la sátira popular concluyendo que la soberbia académica impide a los catedráticos seguir aprendiendo tras recibir sus títulos doctorales («weil sie graduirte Personen, noch lernen sollen»). El autor recupera la metáfora botánica y gastronómica del Barroco tardío: la ciencia universitaria oficial prefiere conformarse con las cáscaras de los frutos («Hülsen») y devorar una sopa espesa hecha con posos residuales de los vasos («ungesunde Grund-Suppe»), haciendo alusión directa al conocimiento escolástico estéril. Frente a ello, la alquimia iatroquímica ofrece el Kern (el núcleo fructífero de la materia) extraído directamente del Bach des Lebens (el arroyo de la vida), concepto acuñado por Basilio Valentín para definir el agua mercurial pura y los elixires medicinales de laboratorio.
El frente de defensores de la Química Médica. Para demostrar que la alquimia y la medicina química gozaban de defensores académicos del máximo nivel institucional, Petraeus despliega un impresionante catálogo de médicos de cámara (Leib-Medici) y profesores universitarios alemanes de los siglos XVI y XVII:
- Nollius (Heinrich Nolle, s. XVII): Médico hermético y filósofo de la naturaleza, seguidor del pensamiento paracelsista.
- Hartmannus (Johannes Hartmann, 1568–1631): Una figura clave de la historia de la ciencia europea: ostentó en la Universidad de Marburgo la que es considerada la primera cátedra oficial de Química Médica (iatroquímica) del mundo (fundada en 1609).
- Mayerus (Michael Maier, 1568–1622): Médico de cámara del emperador Rodolfo II de Praga, célebre erudito, filólogo y autor del monumental libro de emblemas alquímicos y musicales Atalanta Fugiens.
- Tackius (Johann Tacke, 1617–1675): Profesor de medicina y elocuencia en la Universidad de Gießen y médico de la corte de Hesse-Darmstadt.
- Becherus y Tanckius: Johann Joachim Becher y Joachim Tanckius, ya analizados en los folios previos por su empeño en introducir a Geber en las aulas.
Los insultos de Paracelso y los «Bacantes Cornudos». El texto detalla el lenguaje sumamente agresivo y satírico empleado tradicionalmente por los químicos contra los médicos galenistas conservadores. Tanckius los llamaba «Marz Grob-Holz» (leña basta o tarugos toscos). Paracelso los atacaba en su dialecto suizo tildándolos de «gehürnete Bacchanten» (bacantes cornudos), un término que en las universidades del Renacimiento y el Barroco designaba peyorativamente a los estudiantes novatos, rudos, vagos e ignorantes que asistían a las aulas sin comprender nada. Del mismo modo, Basilio Valentín insultaba en sus obras a los médicos que rechazaban la praxis de laboratorio por miedo a ensuciarse las manos con el hollín y el carbón de los hornos («die Hände nicht gerne mit Kohlen besudeln»).
La postura equilibrada de Hermann Conring. Al final de la página se introduce la figura de Hermann Conring (1606–1681), polímata, jurista y profesor de medicina en la Universidad de Helmstedt. Conring fue un célebre intelectual de la Ilustración temprana que atacó con vehemencia teórica las raíces místicas y marianas de la Sectam Paracelsi (la secta de los seguidores de Paracelso). Sin embargo, tal como Petraeus dejará ver en el salto de la siguiente página, Conring respetaba profundamente la validez de los experimentos químicos puros aplicados a la farmacopea.
[17] Hermann Conring y el término griego Crisopeya. El texto rescata un pasaje de Hermann Conring en su agria disputa intelectual contra el polímata danés Ole Borch (Borrichius). Conring demuestra que, pese a sus feroces críticas contra los excesos místicos de los paracelsistas, él jamás negó la posibilidad física de alterar la estructura metálica. Utiliza explícitamente el término en griego clásico χρυσοποιητική (chrysopoietiké / Crisopeya, el arte técnico de fabricar oro), defendiendo que la transmutación se rige por leyes naturales racionales que la medicina teórica debe estudiar y no despreciar.
Leibniz y la analogía de la Pólvora. La inclusión de Gottfried Wilhelm Leibniz (1646–1716) dota a la página de un peso epistemológico monumental. El texto cita un artículo de las memorias científicas de la Academia de Berlín (Miscellanea Berolinensia). Leibniz aplica una lógica experimental brillantemente moderna: advierte que la mente humana tiende a tildar de «imposible» aquello que simplemente no comprende o que le parece inverosímil.
Para demostrar este sesgo cognitivo, propone el ejemplo de la pólvora («pyrius pulvis» / Büchsen-Pulver): si un científico del pasado no hubiera visto jamás los efectos empíricos diarios de la deflagración de este polvo negro, habría dictaminado con total suficiencia racional que era físicamente imposible que una pizca de polvo generara una energía cinética capaz de derribar murallas o propulsar cañones. Por tanto, al no comprenderse aún los mecanismos últimos de la química metálica, la transmutación no puede declararse una quimera a priori.
El escepticismo metodológico de Séneca. Petraeus apuntala el armazón metodológico de la Ilustración temprana trayendo a colación una máxima de la filosofía estoica de Séneca. El texto condensa el núcleo del escepticismo científico: la obligación del investigador de mantener la mente en suspenso («suspensam tene sententiam») ante los fenómenos que desafían el conocimiento de su época. Advierte sobre dos grandes trampas del intelecto:
- Verosimilitud falaz: Algo puede parecer lógicamente verdadero y bello sobre el papel, pero ser falso en la realidad del laboratorio.
- Incredulidad prejuiciosa: Un fenómeno puede parecer de entrada completamente increíble («incredibile videtur»), pero ser una verdad física rigurosa. Concluye con una frase bellísima: la verdad a menudo viste ropajes que la confunden con la mentira, y viceversa, por lo que solo la Experientiam (el experimento repetido) puede actuar como juez.
[18] Franciscus de le Boë Sylvius y la Escuela de Leiden. El texto introduce como testigo de autoridad a una de las figuras estelares de la revolución científica del siglo XVII: Franciscus de le Boë Sylvius (1614–1672), célebre médico, anatomista y profesor en la Universidad de Leiden (Holanda). Sylvius fue el gran sistematizador de la iatroquímica, defendiendo que todos los procesos fisiológicos del cuerpo humano —como la digestión o la respiración— se basaban en reacciones químicas de ácidos y bases, desbancando la teoría clásica de los humores galénicos.
Dado que comprendía la medicina desde el prisma de la química de laboratorio, Sylvius poseía un «Sentiment» (juicio o mentalidad) radicalmente abierto a examinar los fenómenos metalúrgicos y las crónicas de transmutación, alejándose del dogmatismo escéptico de otros rectores universitarios.
El testimonio de Le Mort y la Proyección de Grandeville. Petraeus aporta un dato testifical de incalculable valor para la historia de la ciencia barroca al citar al químico Jacob Le Mort (1648–1718), quien sucedió a Sylvius en la prestigiosa cátedra de química y medicina de Leiden. El autor resalta un detalle historiográfico directo: «der mir es selber erzehlet» (quien me lo ha contado a mí mismo en persona), lo que sitúa la crónica en un plano de veracidad testifical directa.
Le Mort presenció en su juventud cómo un enigmático operador francés, el señor Grandeville, calificado en el texto como un «Possessor» (un poseedor legítimo de la Piedra Filosofal) y un «Artista» (un operador de laboratorio magistral), ejecutaba una proyección real en el crisol: arrojó un solo grano del polvo transmutatorio y logró teñir y fijar («tingiret») de forma inmediata cinco granos de metal base en oro puro.
Las «Manías Universitarias» y el reproche del Alquimista. La segunda mitad de la página describe una deliciosa escena de sociología académica. Grandeville prefiere la compañía de un joven médico clínico alemán en lugar de los grandes catedráticos solemnes. No obstante, el joven médico, imbuido de los prejuicios teóricos de la escolástica tradicional, consideraba la alquimia una pseudociencia indigna.
El texto define esta soberbia académica de forma satírica como tener la cabeza llena de «Universitäten-Grillen» (manías, grillos o caprichos universitarios), lo que llevaba al joven a esconderse y negar las visitas del sabio. El reproche final de Grandeville en francés cortesano («cordialement») condensa la paradoja del saber hermético: el adepto no busca el dinero ni los títulos del académico; es el académico quien, atrapado en sus prejuicios, huye del hombre que posee las llaves de los secretos más profundos de la naturaleza.
[19] El arrepentimiento del académico: Un Topos de la literatura hermética- El desenlace de la crónica de Leiden introduce un motivo literario y moralizante muy potente en los tratados barrocos: el llanto del anciano erudito («er offt mit Thränen gegen mir bereuet hat»). El joven médico alemán que despreció al operario Grandeville por culpa de su soberbia académica y sus prejuicios universitarios termina sus días dándose cuenta de su monumental error. El uso del galicismo «froideur» (frialdad / desdén) enfatiza la altivez cortesana y distante con la que la ciencia oficial solía tratar a los químicos empíricos, una ceguera intelectual que el anciano paga con un amargo e irreversible remordimiento bibliográfico.
Epistemología jurídica aplicada a la Ciencia del siglo XVIII. Petraeus ejecuta una formidable pirámide argumental uniendo el derecho procesal penal, la teología y el método científico:
- El canon legal de los testigos (De censu & capite): El texto recuerda que, bajo las leyes del Sacro Imperio (el derecho civil romano) y los mandamientos bíblicos (el derecho divino), la declaración jurada de dos o tres testigos («duobus aut tribus testibus») es legalmente suficiente para expropiar los bienes de un ciudadano («de censu»), arrebatarle la vida en el cadalso («de capite») o destruir su honor público («fama sive existimatione morum»).
- La asimetría probatoria de la Alquimia: El autor razona que, si la sociedad confía ciegamente la vida y la muerte de los hombres a un número tan reducido de testimonios, resulta un completo absurdo racional e histórico negar la validez de la transmutación química. La crisopeya y la iatroquímica no se apoyan en vagas conjeturas; cuentan con un corpus robusto compuesto por «rationibus» (principios de la física mecanicista), «similitudinibus» (analogías de la historia natural), «exemplis» (experimentos reproducibles de laboratorio) y una lista «propemodum innumeris» (casi innumerable) de catedráticos, médicos reales y monarcas que testificaron haber visto el proceso con sus propios ojos.
[20] Böttger en la Farmacia Zorn: La receta de la transmutación. El texto aporta una de las crónicas más famosas y detalladas de la historia de la alquimia berlinesa: la transmutación ejecutada por el joven boticario Johann Friedrich Böttger (1682–1719) en octubre de 1701. El relato posee un enorme rigor documental para la época al citar el escenario exacto —la célebre farmacia del científico Zorn (An der Stechbahn) en Berlín— y al aportar el testimonio del laboratorista que conservaba el crisol físico del experimento.
La página detalla paso a paso la receta operativa metalúrgica de la proyección:
- Se funden partes iguales de Mercurio y Plomo (identificado mediante su nombre alquímico clásico y planetario: Saturnus). En la metrología antigua alemana, un Loth equivalía aproximadamente a unos 14.6 gramos.
- Se toma una cantidad minúscula de la Piedra Filosofal en su estado de máximo refinamiento (descrita como un polvo «braun-rothes» / pardo rojizo) del tamaño exacto de un grano de cáñamo («Hanff-Körnlein»).
- El polvo se encapsula en cera de abejas. Este paso era un truco técnico fundamental en los laboratorios barrocos: la cera impedía que el polvo volátil se evaporara instantáneamente al tocar el metal ardiente, permitiendo que se hundiera y se disolviera en el fondo de la aleación líquida.
- En tan solo un octavo de hora («einer halben viertel Stunde» / unos siete minutos y medio), la masa se estabiliza, transformándose en oro puro de alta ley sin dejar escorias («sonder Abgang»). Este suceso causó tal conmoción que el rey Federico I de Prusia persiguió a Böttger para capturarlo, obligándolo a huir a Sajonia, donde el príncipe Augusto el Fuerte lo encerró en un laboratorio bajo estricta vigilancia. Al no lograr fabricar más oro, Böttger aplicó sus conocimientos químicos a la arcilla, descubriendo en 1708 la fórmula secreta de la porcelana blanca europea (porcelana de Meissen).
El mito del Vidrio Maleable (Vitrum Malleabile) y el Gran Rey. La segunda mitad del folio aborda uno de los grandes enigmas de la historia de la tecnología antigua: el vidrio maleable. Petraeus relata que un «gran rey» (probablemente el propio rey de Prusia o Augusto de Sajonia) experimentó proyectando la tintura alquímica sobre vidrio fundido, logrando cambiar sus propiedades físicas estructurales hasta volverlo «malleabel» (capaz de deformarse bajo los golpes del martillo sin fracturarse).
El autor utiliza este éxito de laboratorio barroco para validar un célebre relato recogido por los historiadores romanos Plinio el Viejo y Petronio: la crónica del artesano que se presentó ante el emperador Tiberio (siglo I d.C.) portando un jarrón de vidrio revolucionario. Al ser arrojado contra el suelo del palacio imperial, el jarrón no se rompió, sino que sufrió una abolladura que el propio artífice reparó de inmediato enderezando el material con un martillo. Según la leyenda, Tiberio, temiendo que este nuevo material devaluara el valor del oro y la plata de las arcas imperiales, ordenó decapitar al inventor para que el secreto no se difundiera. Petraeus defiende la veracidad histórica del invento sosteniendo que el artesano romano debió de utilizar una «Metallische Tinctur» (finitura o medicina química) idéntica a la descubierta por los alquimistas modernos.
La Peste de Danzig y la Tintura Particular. Hacia el final de la página se menciona al operador Paul Hübner y la epidemia de peste que asoló la ciudad báltica de Danzig (Gdańsk) en 1709. En el argot de la química dieciochesca, una «Particular-Tinctur» no era la Piedra Filosofal universal absoluta (capaz de transmutar cualquier materia e inmortalizar el cuerpo), sino una fórmula química restringida o menor que solo servía para purificar metales específicos o actuar como un fármaco paliativo concreto.
[21] El Vitriolo de Chipre y la alquimia de Danzig. Al inicio del folio se cierra la crónica del boticario Paul Hübner de Danzig. Se aporta un dato técnico operativo: el uso del «Vitrioli Cyprici» (vitriolo de Chipre o sulfato de cobre pentahidratado). En la iatroquímica del siglo XVIII, los vitriolos eran considerados sustancias salinas fundamentales debido a su capacidad para disolver metales y actuar como bases para reactivos de destilación. Hübner utilizaba esta sal para obtener los «Ducaten» (ducados de oro de alta pureza) que financiaban su sustento diario.
El drama de Paykull: Alquimia como rescate en el cadalso. La sección central narra uno de los episodios político-científicos más dramáticos de la Gran Guerra del Norte (1700–1721). El teniente general de caballería Otto Arnold von Paykull (1662–1707), de origen báltico pero al servicio del rey de Polonia y elector de Sajonia, fue capturado por las tropas suecas del rey Carlos XII en la batalla de Varsovia (1705). Acusado de alta traición, fue condenado a morir decapitado en Estocolmo.
Para intentar conmutar su sentencia de muerte, Paykull ofreció un trato extraordinario a la corona sueca: reveló ser un químico experimentado y poseer una «Particular-Tinctur» capaz de multiplicar el oro industrialmente a partir del plomo, prometiendo fabricar toneladas de metal precioso para el tesoro sueco si se le perdonaba la vida. Para evitar engaños, los magistrados suecos diseñaron un experimento con un blindaje de seguridad ciego: prepararon los crisoles y el plomo en secreto por la noche («unwissend præpariret») para asegurarse de que el militar no introdujera oro de forma fraudulenta. Al día siguiente, bajo estricta vigilancia judicial, Paykull arrojó su compuesto y la transmutación resultó un éxito rotundo. De las barras resultantes se acuñaron las famosas monedas conocidas como los «Ducados de Paykull» (con la inscripción Hoc aurum arte chemica conflavit O. A. v. Paykull). Pese al éxito empírico, la implacable rigidez política de Carlos XII prevaleció y Paykull terminó siendo ejecutado en el cadalso en Estocolmo en febrero de 1707.
El error de identidad resuelto: La aclaración de Roth-Scholz (Nota c). La nota al pie de página es un monumento a la precisión bibliográfica e historiográfica de Friedrich Roth-Scholz, resolviendo una de las mayores confusiones de la Europa barroca:
- La homonimia trágica: Debido a la similitud de los apellidos y a que ambos sufrieron ejecuciones espantosas en el mismo año (1707) y en el mismo contexto bélico, la opinión pública solía confundir al militar alquimista Paykull con el célebre aristócrata y político de Livonia Johann Reinhold Patkul (1660–1707).
- El testimonio de Patkul en Leipzig: Roth-Scholz interrumpe el texto de Petraeus para aportar una memoria autobiográfica: confirma que conoció personalmente a Patkul en 1705 en la ciudad de Leipzig, en los talleres y salones del Dr. Beyer. El editor eleva a Patkul a la categoría de «wahrer Adeptus» (auténtico sabio iluminado).
- La muerte de Patkul: Patkul, que actuaba como diplomático uniendo las fuerzas de Rusia y Sajonia contra Suecia, fue entregado a Carlos XII y sufrió un destino aún más cruel que Paykull: fue condenado a morir por el suplicio de la rueda (rompimiento de huesos) en Kazimierz. Roth-Scholz ensalza cómo afrontó este martirio político con un espíritu «großmüthigst» (magnánimo) y con una profunda entereza mística y cristiana.
[22] Los testigos de Estocolmo y el tesoro de Paykull. El primer párrafo concluye la famosa crónica del experimento de rescate del general Paykull en el castillo de Estocolmo. Petraeus aporta la cifra exacta del rendimiento metalúrgico: 147 ducados de oro de alta pureza («hundert sieben und vierzig Ducaten»). Para blindar la veracidad del suceso frente a los escépticos de la Ilustración, el texto nombra como testigos oculares («augenscheinliche Zeugen») a dos de las máximas autoridades institucionales del Reino de Suecia:
- Urban Hiarne (Urban Hiärne, 1641–1724): Célebre médico de cámara de la corte real («Königliche Leib-Medicus»), naturalista, poeta y primer director del Laboratorio Químico Estatal de Estocolmo. Hiarne analizó las monedas resultantes mediante ensayos de copa e iatroquímica rigurosa, validando la pureza del oro transmutado.
- El Coronel Hamilton (Obriste Hamilton): Alto oficial del ejército sueco que custodió al prisionero durante el proceso legal de control para evitar cualquier fraude o contrabando de metal dorado.
El caso del Conde Caetano: El alquimista aventurero. El texto introduce la objeción clásica del racionalismo de la época, sintetizada en el proverbio latino de Terencio «quot Capita tot Sensus» (tantas cabezas, tantos pareceres), acusando a los científicos de ser víctimas de una credulidad ingenua («leichtgläubig»). Como prueba irrefutable de fraude, los escépticos esgrimían la biografía del célebre aventurero italiano Domenico Manuel Caetano (autoproclamado Conde Caetani o Cayetano, c. 1670–1709).Caetano recorrió las cortes absolutistas de Europa (Madrid, Viena, Berlín, Múnich) encandilando a reyes y príncipes con promesas de transmutación masiva para financiar los presupuestos estatales. Recibió inmensas sumas de dinero y laboratorios fastuosos, pero al ser incapaz de cumplir sus promesas a gran escala («keine erkleckliche Summen»), terminaba huyendo de noche. Su andadura terminó de forma trágica y espectacular en 1709: el rey Federico I de Prusia, enfurecido por sus engaños y deudas, lo mandó capturar y lo hizo colgar en una horca monumental completamente recubierta de oropel brillante en la plaza de Küstrin.Petraeus ejerce un notable juicio crítico y distanciado: no pretende justificar la escandalosa conducta («Conduite») del italiano, pero rescata un hecho técnico. Sostiene que Caetano sí poseía una cantidad mínima de un polvo tintóreo real con el que ejecutaba pequeños ensayos ante testigos («nombreuse… projectiones»), demostrando de forma micro-química que la alteración estructural de los metales era un hecho físico real, por más que fuera un estafador en la macro-economía cortesana.
El aforismo de Lulio y los versos de Augurellus. Hacia el final del folio se cita una de las máximas hiperbólicas más famosas y poéticas de la historia del hermetismo universal, atribuida tradicionalmente a Raimundo Lulio: «Mare tingerem, si Mercurius esset» (Teñiría/transmutaría el océano entero, si este estuviera compuesto de mercurio líquido). Esta frase ilustraba el concepto teórico de la «multiplicación» o potencia geométrica infinita que supuestamente poseía la Piedra Filosofal en sus grados más altos de pureza.
Para prestigiar académicamente el adagio, Petraeus inserta tres versos en latín clásico extraídos del célebre poema didáctico e iatroquímico Chrysopoeia (Venecia, 1515), obra del humanista, filólogo y poeta renacentista italiano Giovanni Aurelio Augurello (Augurellus, 1456–1524). Augurello tradujo la sentencia de Lulio a hexámetros dactílicos de gran belleza estética, comparando la proyección del polvo en el crisol con arrojar una pizca de tintura sobre un océano metafórico de plata viva («Argentum Vivum») para transmutar la inmensidad de las aguas en oro puro («Immensum verti Mare posset in Aurum»).
[23] El refrán de las antorchas y la ceguera ideológica. El texto superior defiende la validez de los testimonios históricos apelando a un conocido proverbio popular germánico de origen medieval: «Was helffen Fackeln oder Brill dem, der da nicht sehen will» (¿De qué le sirven las antorchas o los lentes a aquel que cierra los ojos y se niega a ver?). Petraeus argumenta que la resistencia de los científicos racionalistas a aceptar las transmutaciones presenciadas por comisiones judiciales y médicos reales no se debe a una falta de evidencias empíricas («publice demonstret»), sino a un prejuicio ideológico ciego que rechaza la observación directa del laboratorio.
El debate sobre Caetano: ¿Sabio o impostor? El autor plantea una penetrante duda metodológica sobre el Conde Caetano. Distingue entre el fenómeno químico y la catadura moral del operador:
- La conducta antifilosófica (unphilosophischer Aufführung): Los verdaderos filósofos herméticos se caracterizaban tradicionalmente por la prudencia, el ascetismo, el retiro espiritual y el desprecio por los lujos materiales. Caetano, por el contrario, llevaba una vida extravagante de lujos, deudas, engaños políticos y soberbia cortesana.
- El dilema del Artifex Mysterii: Petraeus se pregunta si un hombre con un comportamiento tan inmoral e indigno podía ser realmente el creador e inventor (Artifex) de una sustancia tan sagrada como la Piedra Filosofal. Deja la cuestión abierta al lector («pro & contra»), sugiriendo una hipótesis muy común en la época: que Caetano no era un verdadero adepto, sino que había robado o comprado una pequeña cantidad de polvo transmutatorio real a un verdadero sabio moribundo, utilizándola en las cortes para estafar a los reyes hasta que se le agotaron las existencias.
El documento de la ejecución: Una precisión cronológica absoluta (Nota d). La nota al pie (d) es un documento historiográfico de primer orden que fija con precisión de relojero el trágico final del Conde Caetano en Prusia:
- Fecha y hora exactas: La nota señala que fue ejecutado el 23 de agosto de 1709, entre las 11 y las 12 de la mañana. Coincidentemente, hoy es 23 de agosto, marcando el aniversario exacto de este ajusticiamiento barroco.
- El escenario de la humillación: Fue colgado fuera de la fortaleza de Cüstrin (Kostrzyn nad Odrą), en el suburbio de la ciudad. El texto recalca de forma punzante que se le ajustició en la «ordinairen Diebs-Galgen» (la horca ordinaria de los ladrones comunes). Para un hombre que pretendía el título de Grande de España y Conde imperial, ser colgado en la estructura destinada a los criminales de la peor estofa —además de que el rey mandó recubrir la horca con láminas de oropel dorado para burlarse de sus falsas promesas de fabricar oro— constituía la máxima degradación social posible.
- Fuentes bibliográficas: Friedrich Roth-Scholz añade las referencias de control de la República de las Letras para que el lector pueda verificar la crónica, remitiendo a la Relatio Historica del suceso y a la famosa revista histórica y política mensual Europäische Fama (Parte 92, pág. 636), una de las publicaciones periódicas más importantes del ámbito alemán a principios del siglo XVIII.
[24] El protocolo del control ciego: El desglose de los reactivos. Este folio es uno de los más célebres y valiosos de la iatroquímica barroca, ya que ofrece el acta literal del minucioso experimento de control ciego que la comisión judicial y científica de Prusia impuso al Conde Caetano en la fortaleza de Cüstrin antes de enviarlo a la horca. Para evitar cualquier tipo de truco de prestidigitación o contrabando de metales, los comisarios aislaron al prisionero y le confiscaron sus reactivos puros, obligándole a entregar las muestras envueltas por separado en pliegos de papel («à parten Papier»):
- Las Tinturas (Tinctur): Entregó una pizca de tintura roja (destinada a la fabricación de oro) y otra de tintura blanca (destinada a la plata), ambas de un tamaño microscópico equivalente a la mitad de una semilla de mijo («Hirse-Korn»).
- El Mercurio Filosófico (Mercurium Philosophicum): Un polvo grisáceo y granulado que actuaba como el vehículo aglutinante. Los científicos de la comisión lo ensayaron sobre metal al rojo vivo comprobando que era un compuesto «flüchtig» (volátil, que se sublimaba o evaporaba sin dejar rastro metálico), descartando así que contuviera limaduras de oro o plata ocultas.
El proceso físico-químico: Digestión térmica y destilación. La receta operativa describe de forma fidedigna las técnicas tradicionales de la iatroquímica del siglo XVIII:
- El disolvente: Se utiliza aguardiente o alcohol destilado de alta graduación, identificado en latín académico como el Spiritus Vini (espíritu de vino). Su función era disolver las esencias salinas de las tinturas y el polvo gris.
- La digestión (digeriret): Las vasijas de vidrio de cuello largo (Phiole / fiolas) se sellaron herméticamente y se introdujeron en una cámara o caja térmica cerrada («verschlossenen Kasten»). Recibieron un calor indirecto, lineal y constante durante exactamente treinta días («dreyßig Tage») mediante dos lámparas de aceite independientes («diversen Lampen»). Este proceso de incubación química imitaba el calor uterino de la tierra para madurar los minerales.
- La fijación y la rotura del vidrio: Tras el mes de incubación, el alcohol se había evaporado por completo («evaporirt»). El compuesto transmutatorio se había adherido fuertemente como una costra mineral al vidrio. Para extraerlo sin alterar la muestra, los operarios ejecutaron la técnica del «abgesprenget» (romper el cuello del recipiente aplicando un hilo al rojo vivo alrededor del vidrio para provocar un choque térmico limpio), raspando el polvo resultante con un punzón.
El rendimiento metalúrgico: Cuatro libras y media de plata pura. El clímax del experimento oficial arroja cifras extraordinarias: se tomó una cantidad minúscula del polvo fijado, del tamaño de una simple lenteja («einer Linsen groß»), y se proyectó sobre cinco libras de mercurio líquido hirviendo (unos 2.3 kilos). La reacción alteró de forma inmediata la estructura atómica del azogue, fijándolo y transformándolo en 4.5 libras de plata fina de la más alta ley («feinen Silber»).
El dato fundamental que Petraeus resalta para defender la realidad de la transmutación metalúrgica es que «hat der Cajetani keine Hand mit» (Caetano no intervino para nada con sus manos); el italiano estuvo encerrado en su celda bajo custodia militar mientras los científicos e inspectores estatales de la corona prusiana ejecutaban de forma independiente todas las pesadas, destilaciones y fundiciones en sus propios crisoles de control, lo que invalidaba técnicamente cualquier sospecha de fraude o truco de magia cortesano.
Las fuentes hemerográficas: Melissantes y la Gelehrte Historie. La nota al pie de página ofrece un magnífico mapa de la naciente prensa científica y de las publicaciones periódicas de la Ilustración alemana:
- Las gacetas diarias: Remite a las noticias de la entrega XIX de los periódicos oficiales de la época («täglich einlauffenden Zeitungen»), demostrando que el suceso de Cüstrin fue cubierto como una noticia de estado de gran relevancia geopolítica y financiera.
- Melissantes: Es el célebre pseudónimo del geógrafo, historiador y polímata de Turingia Johann Gottfried Gregorii (1685–1770). Roth-Scholz insta al lector a acudir a la monumental obra de Melissantes Gelehrte Historie (Historia Erudita), editada en formato octavo en la ciudad de Erfurt en 1712, donde se transcribió de forma íntegra y a lo largo de veintisiete páginas (págs. 522-549) el diario oficial de laboratorio y los testimonios notariales firmados por los jueces y boticarios que custodiaron el milagro metalúrgico de Caetano antes de su trágico final.
[25] El sabotaje de Caetano: Un golpe de efecto teatral. El relato alcanza su punto de máxima tensión dramática y revela la asombrosa psicología criminal del Conde Caetano. Al verse acorralado por el éxito del control ciego —donde los científicos estatales habían demostrado la efectividad de sus reactivos sin dejarle intervenir—, Caetano comprende que si los comisarios de la corona prusiana conservan el frasco con el compuesto original (que pesaba una «Drachma», aproximadamente 3.6 gramos), los boticarios reales podrán analizarlo químicamente en Berlín, descubrir sus componentes e industrializar la fórmula sin volver a necesitarlo.
Para proteger su monopolio y su vida, simula que va a realizar un nuevo ensayo sobre cobre derretido, le arrebata la vasija al asistente del tribunal y la lanza al fondo del horno incandescente («Schmeltz-Ofen»). Al estallar el vidrio («in hundert Stücken zersprang»), el reactivo remanente se consume irremediablemente en las llamas, destruyendo la única prueba física pura del secreto.
La justificación hermética: La Multiplicación y la ofrenda de las Almas. Tras cometer el sabotaje, Caetano despliega una brillante retórica defensiva para transformar su acto de desacato en una victoria científica y piadosa:
- La teoría de la Multiplicación: Argumenta que la destrucción del frasco carece de importancia porque el experimento ya ha demostrado de forma fehaciente la regla de la «Multiplication» (el proceso alquímico mediante el cual la Piedra Filosofal aumenta su potencia transmutatoria exponencialmente al ser digerida con el Mercurius Philosophicus). Sostiene que la minúscula muestra inicial entregada jamás habría tenido la fuerza para transformar 5 libras de metal base si el proceso de incubación en la fiola no hubiera multiplicado su energía de forma geométrica.
- El Día de los Difuntos (aller Seelen Tag): Para conmover a los jueces y al devoto público cortesano del siglo XVIII, Caetano justifica el sacrificio del valioso polvo afirmando que lo entrega como una oblación mística destinada a la salvación del alma de su difunta esposa («der Seele seiner verstorbenen Frauen»), aprovechando que el calendario litúrgico marcaba la festividad del Día de los Fieles Difuntos.
- El honor del Filósofo contra el Fourben: El texto introduce el galicismo peyorativo «Fourben» (del francés fourbe / pícaro, tramposo o embaucador). Caetano exige airadamente que las academias y el rey dejen de tratarlo como a un timador de feria y le reconozcan el estatus sagrado de «wahren Philosophen» (verdadero filósofo de la naturaleza).
El ensayo de la segunda Fiola: El control microscópico. El último párrafo demuestra que la comisión científica prusiana no se dejó amedrentar por el sabotaje. Guardaron bajo estricta llave la segunda fiola (la que contenía la tintura roja para fabricar oro) y esperaron ocho días antes de abrirla. Para evitar que Caetano pudiera repetir su maniobra, los investigadores introdujeron un protocolo de micro-análisis: utilizaron un finísimo alambre de hierro («Eysen-Drath») para extraer apenas una mota microscópica de polvo mineral («ein klein Stäubgen»).La arrojaron sobre una moneda oficial incandescente de la época: un «Zwey-Drittel-Stück» (una pieza de plata equivalente a dos tercios de tálero o Gulden, moneda de curso legal muy común en el norte de Alemania). La mota de polvo rojo reaccionó con la plata al rojo vivo, iniciando una transmutación instantánea que Petraeus desglosará en la página 26.
[26] El segundo engaño: La destrucción mediante Aquafort. La narración del experimento de Cüstrin alcanza su desenlace definitivo desvelando la desesperada audacia de Caetano. Tras haber destruido el primer frasco de plata arrojándolo al horno, la comisión judicial prusiana redobló la vigilancia. El texto describe de forma muy plástica cómo el comisario real sostenía la vasija de oro con ambas manos («in beyden Händen fest hielte») aplicando la máxima «Præcaution» (precaución) para evitar un nuevo ataque.Caetano recurre entonces a una estratagema teatral típicamente cortesana: finge («fingirte») un gesto de cortesía y pulcritud, sacando un pañuelo de bolsillo («Schnup-Tuch») con la excusa de limpiar el hollín del vidrio para evaluar el volumen («Quantum») del mineral. En un descuido del oficial, introduce subrepticiamente ácido nítrico, denominado en la iatroquímica barroca como el «Aquafort» (agua fuerte). El ácido corroe instantáneamente la costra mineral fijada en el vidrio, desnaturalizando sus propiedades operativas y arruinando el reactivo («alles verdorben wurde»). Este doble sabotaje colmó la paciencia de los jueces, provocando que el italiano perdiera de forma absoluta su «Credit» (confianza e inmunidad política) y sellando su destino hacia el cadalso.
El balance epistemológico: La hipótesis del robo (Per fas & nefas). Petraeus elabora una penetrante conclusión metodológica sobre la autenticidad de Caetano que resulta clave para la historia de la ciencia:
- La procedencia de los reactivos: El autor determina que el éxito de los ensayos metalúrgicos controlados por el Estado demuestra que los compuestos químicos eran verdaderos. Sin embargo, recalca que esto no convierte a Caetano en un sabio genuino. Introduce la célebre locución latina «per fas & nefas» (por el derecho o por la violación del derecho / por medios lícitos o ilícitos), sugiriendo que el aventurero obtuvo las muestras de la verdadera Piedra Filosofal y del polvo multiplicador («Augmentations-Pulver») robándoselas a un verdadero maestro o comprándolas de contrabando.
- El dilema de la destrucción: El texto razona que el sabotaje es, paradójicamente, un «Testimonium» (prueba irrefutable) de la validez del compuesto. Si Caetano hubiera sido un mero charlatán con polvos falsos hechos de arena o tiza, habría permitido que los científicos los analizaran para ganar tiempo. Destruirlos de forma tan desesperada, asumiendo el castigo y la difamación pública («diffamirt»), certifica que el frasco contenía una sustancia metalúrgica revolucionaria que no podía dejar en manos del Estado prusiano.
La conexión con la Corte de Baviera. El folio alude al pasado biográfico del Conde en la corte de Múnich. Antes de su llegada a Berlín, Caetano había servido al príncipe elector Maximiliano II Emanuel de Baviera (el «Bäyrischen Hofe»). En Múnich ejecutó espectaculares ensayos y prometió sanear las inmensas deudas contraídas por el estado bávaro durante la Guerra de Sucesión Española. El texto confirma que en la corte de Baviera los ministros y naturalistas mantuvieron una fe ciega en que el italiano dominaba el secreto de la multiplicación cuantitativa de los metales, una reputación que le permitió circular por las cancillerías de Europa como un valioso activo geopolítico antes de su ejecución en Cüstrin.
[27] El pacto desesperado por la vida: Oro a cambio de tiempo. El texto describe con un descarnado dramatismo psicológico la capitulación final del Conde Caetano ante el tribunal de Prusia al verse al borde del cadalso («daß er hat sterben sollen»). El prisionero intenta desesperadamente negociar un aplazamiento de su sentencia de muerte ofreciendo un pacto de producción metalúrgica regular: solicita ser trasladado fuera de la prisión de la fortaleza de Cüstrin —un espacio que le resultaba «entgegen» (hostil, lúgubre y funesto)— a cambio de fundir y entregar periódicamente al tesoro real una «portion Gold» (una cantidad considerable de oro puro), aumentando el volumen de forma progresiva (utilizando el galicismo cortesano «nach advenant»).Para convencer a los severos magistrados prusianos, Caetano llega a aceptar una cláusula penal atroz: si volvía a incumplir su palabra («wieder manquirte»), la corona tendría el derecho legal de someterlo a un tormento y a una muerte sumamente más crueles («viel einen schärffern Tod anthun») que la simple horca. Petraeus ejerce una sutil empatía analítica al sugerir que, al verse arrastrado por primera vez en su vida «ad extrema» (a las últimas consecuencias ante el patíbulo), el aventurero italiano se habría visto obligado «par force» (por la fuerza del miedo a la muerte) a deponer su habitual soberbia y a revelar las fórmulas completas de su laboratorio para conservar la cabeza. Sin embargo, el rey Federico I rechazó de plano la oferta, ordenando que se cumpliera la sentencia de forma inmediata.
El juramento sobre la Hostia y el testimonio de los Monjes. Para la mentalidad confesional y profundamente religiosa de la Europa del siglo XVIII, la segunda mitad de la página aporta la prueba testifical y teológica más poderosa a favor de la autenticidad científica de Caetano:
- La comunión solemne: El texto resalta que antes de subir al patíbulo, Caetano recibió el sacramento de la comunión y tomó la Sagrada Hostia en repetidas ocasiones («die Hostie etlich mahl darauf genommen»). Bajo los códigos morales y religiosos del Barroco, jurar en falso o comulgar en pecado mortal a las puertas de la muerte equivalía a condenar de forma voluntaria la propia alma al infierno eterno. El hecho de que Caetano consumiera la hostia ratificando solemnemente ante Dios que era un «wahrer Adeptus» (un auténtico sabio poseedor del secreto) convenció a muchos cronistas de que no mentía.
- El veredicto de los confesores: El relato se cierra con el testimonio de los monjes franciscanos o jesuitas que le ofrecieron auxilio espiritual en las últimas horas y lo escoltaron del calabozo a la horca comunes de los ladrones. Los religiosos declararon ante las autoridades locales que, tras escuchar sus confesiones y revelaciones privadas de laboratorio, poseían sólidas razones ideológicas y científicas («wichtige Raisons») para dictaminar que el ajusticiado debía ser considerado un verdadero filósofo hermético («pro Adepto zu halten»), rehabilitando su honor científico en el mismo momento de su deshonrosa muerte política en la fortaleza de Cüstrin.
[28] Psicología del impostor cortesano: Caetano frente a la adulación. Petraeus ofrece un brillante análisis de psicología social sobre los falsos sabios de la Europa barroca. Explica que aquellos aventureros que poseían la tintura por puro azar (generalmente robada o comprada, descrita bajo la fórmula clásica de los dados del destino: «durch sondersliche Fata») pero carecían del conocimiento científico para sintetizarla de nuevo en el crisol, recurrían por lo general a la adulación servil («zu flattiren») ante los soberanos y sus ministros («Ministres») para mantener su protección institucional.
Caetano, poseedor de un orgullo patológico, rompió esta regla cortesana: en lugar de ser sumiso, exigía de forma violenta que se le rindieran honores de gran filósofo naturalista («pro vero Adepto»). El texto introduce el galicismo «sans aucun regard» (sin consideración alguna), detallando que si un científico o ministro lo miraba con escepticismo legítimo —puesto que evaluar su competencia era imposible debido a su extravagante e inmoral conducta o «Conduite»—, Caetano lo convertía en objeto de un odio ciego y vengativo, lo que aceleró su aislamiento político y su posterior ejecución en la fortaleza de Cüstrin.
El caso de Wenzel Seiler y el robo del Monasterio. Para contrastar la soberbia de Caetano, el autor introduce una de las crónicas más célebres de la historia de la alquimia de la corte de los Habsburgo en Viena: la andadura del fraile agustino Wenzel Seiler (Wenceslaus Seiler, c. 1648–1681). Seiler encarnaba a la perfección el arquetipo del operador que halla el compuesto transmutatorio de forma accidental: siendo un joven monje en el convento de San Agustín de Brno, descubrió enterrado en un sótano un antiguo alijo con un misterioso polvo rojo transmutatorio abandonado por un clérigo fallecido. Al carecer por completo del saber químico elemental («sonder die Kunst zu wissen»), huyó del monasterio con el tesoro para ofrecer sus servicios en Viena.
El fraude numismático y la astucia ante el Emperador Leopoldo I. La página detalla las operaciones de falsificación económica y las extravagancias financieras de Seiler en Austria:
- La tintura adulterada: Al llevar un estilo de vida de lujos desenfrenados y gastos disolutos (identificados mediante el galicismo de la contabilidad barroca «depensen»), Seiler tuvo miedo de agotar su reserva del polvo original verdadero (su tintura «veritable»). Por ello, comenzó a fabricar mezclas fraudulentas de tiza y cobre para estafar a aristócratas vieneses vendiéndolas como el elixir auténtico.
- La moneda de la impostura: El texto relata un audaz fraude monetario. Seiler llegó al «Grad der Unverschämtheit» (grado de descaro o insolencia) de acuñar monedas compuestas por una aleación base de plata y cobre de baja ley, alterando químicamente su superficie mediante un baño de color (operación metalúrgica denominada en latín académico «exaltirt hatte in der couleur») para que simularan ser piezas de oro macizo. Además, estampó en ellas su propio retrato, desafiando el derecho de regalía exclusivo del soberano.
- La insinuación ante el Trono: A pesar de ser denunciado criminalmente por falsificación de moneda ante el emperador Leopoldo I de Habsburgo, Seiler desplegó una prodigiosa capacidad de intriga y seducción cortesana («zu insinuiren»). En lugar de terminar en la horca como Caetano, convenció al Emperador ejecutando ante él una transmutación testifical real en 1675, empleando una inmensa vasija de bronce que transformó parcialmente en oro (pieza que se conserva hoy en el Kunsthistorisches Museum de Viena). Leopoldo I, fascinado por el experimento pero deseando atajar el caos financiero y las estafas en su corte, le perdonó la vida, confiscó la reserva del polvo para evitar que continuara la «Sophisterey» (sofistería) y lo nombró maestro de la ceca imperial tras otorgarle un título de nobleza bajo el nombre de Von Reinburg.
[29] El ascenso de Seiler von Seilerburg y la crónica de Becher. El primer párrafo concluye la fascinante elevación social del antiguo fraile agustino Wenzel Seiler bajo el amparo de Leopoldo I. El Emperador no solo saneó sus finanzas personales, sino que lo invistió con el título noble de Baron Seyler von Seylerburg y le otorgó el codiciado cargo de director hereditario de la Real Casa de Moneda en el Reino de Bohemia.Para refrendar la veracidad histórica de este ascenso, Petraeus cita una fuente bibliográfica cumbre de la historia de la ciencia del siglo XVII: el tratado Magnalia Naturæ (Londres, 1680, editado en formato cuarto o 4to), redactado por el célebre médico, economista y químico alemán Johann Joachim Becher (1635–1682). Becher, que se encontraba en Viena como consejero comercial del Imperio, fue testigo directo de las operaciones de Seiler y actuó como el cronista oficial que documentó el caso para la comunidad científica europea.
El enigma de la esfera astral buscadora de metales. El texto introduce un relato sorprendente de alta tecnología hermética y radiestesia barroca: la «Astral- und Magnetische Kugel» (esfera astral y magnética). Según Becher y Petraeus, Seiler diseñó un artefacto esférico cargado alquímicamente mediante correspondencias celestes («Influential Astrorum») que funcionaba como un detector físico de metales preciosos: al ser arrojada al suelo, la bola rodaba de forma autónoma atraída por las fuerzas magnéticas minerales hasta detenerse exactamente sobre el punto de la tierra donde se hallaban tesoros o vetas ocultas de oro y plata.El texto resalta un extraordinario aval institucional: el propio Emperador Leopoldo I probó el artefacto con su propia mano («mit eigner Hand probiret») en los jardines imperiales certificando su efectividad. Sin embargo, este valioso secreto científico se perdió de forma trágica durante el histórico Sitio de Viena de 1683 (cuando los ejércitos del Imperio Otomano asediaron la capital austríaca): en medio del caos de las evacuaciones, un carro de suministros que custodiaba la esfera y el manual manuscrito de fabricación («das Büchlein») fue asaltado y saqueado por las tropas, perdiéndose el invento para siempre.
La metalurgia de la tintura oleosa y la conservación del cuño. Al retomar el análisis de las proyecciones del Conde Caetano —repasando su andadura geopolítica por Viena, Múnich, Bruselas y Berlín recopilada en las tesis del profesor Johann Ludwig Hannemann de la Universidad de Kiel—, Petraeus detalla un fenómeno químico-numismático sumamente «remarquabel» (notable): el polvo rojo de Caetano poseía una penetración capilar tan extrema que transmutaba la plata en oro sin alterar la morfología física exterior del metal base.
El folio describe minuciosamente la técnica metalúrgica de laboratorio empleada por el italiano:
- Calentamiento superficial (geglüet): Colocaba la moneda de plata fina (el «Zwey Drittel-Stück») en el crisol hasta que el metal alcanzaba un estado de incandescencia pura al rojo vivo, expandiendo sus poros moleculares sin llegar a licuarse o fundirse.
- La absorción capilar: Al arrojar la tintura concentrada sobre la pieza incandescente, esta cambiaba de fase licuándose de inmediato como un aceite fino («als ein Oel extendirte»). El texto recurre a una brillante e ilustrativa analogía física: el compuesto líquido penetraba e impregnaba el metal sólido «wie Wasser in einen Schwamm» (como el agua penetra en una esponja), alterando la composición íntima de los átomos de plata hasta transformarlos en oro.
- El templado final: Se volvía a introducir la pieza en el horno para asegurar la fijación homogénea del color en el núcleo del metal, procediendo finalmente a su enfriamiento. Gracias a este refinado método de absorción en seco, la moneda transmutada en oro conservaba con absoluta nitidez su forma, sus relieves y el cuño heráldico original («Form und Gepräge behalten»), impidiendo que los inspectores de la ceca detectaran alteración física alguna en la prensa de acuñación.
[30] Técnica iatroquímica: El sellado con Luto y el Horno de Viento. El primer párrafo detalla una compleja operación metalúrgica de laboratorio para fijar el mercurio volátil empleando la técnica del sellado hermético barroco:
- El envase (Bouteille): Se utiliza una botella de vidrio grueso de cuello estrecho, idónea para soportar presiones y reflujos de gases.
- El luto de filósofo (Luto): El texto emplea el término técnico «lutirt» (sellado o enmasillado) con buen «Luto» (lutum sapientiae o barro de sabiduría). Se trataba de una masilla química refractaria compuesta de arcilla, cal, arena, yeso y clara de huevo que los boticarios aplicaban alrededor de las juntas y cuellos de los vidrios para blindarlos contra el fuego directo, impidiendo que los vapores tóxicos del mercurio escaparan.
- El Horno de Viento (Wind-Ofen): Un tipo de horno metalúrgico barroco diseñado para alcanzar temperaturas extremas mediante un tiro forzado de aire soplado («zu blasen lassen»). El choque térmico final en agua fría («Knall») servía para quebrar el molde vítreo y liberar la amalgama de plata fina estabilizada sin mermas de peso («sechzehen Pfund»).
La novelesca huida de Berlín y el oro de la sirvienta. La segunda sección describe la espectacular huida de Caetano de Berlín antes de que los agentes del rey de Prusia lo capturaran. El relato muestra los usos cortesanos y la terminología de influencia francesa típica del siglo XVIII (como «Retirade» para retirada, «arretiret» para arrestado, o «rencontriret» para encontrarse).
Las precauciones de seguridad: Caetano se encierra con su círculo íntimo —su amante («Maitresse») y su escolta personal o «Heyducken» (término de origen húngaro empleado en las cortes alemanas para referirse a los criados o guardaespaldas armados vestidos a la usanza oriental)— sellando incluso las rendijas de las puertas con tiras de papel para evitar que los espías de la corte atisbaran el humo o el resplandor del crisol.
El gesto teatral con la criada: Al concluir la transmutación masiva, Caetano ejecuta un soberbio y magnánimo acto de arrogancia arrojando el lingote de oro en el delantal («Schürze») de la sirvienta de la casa («dicken Magd»). El testimonio de la mujer sobre la «Schwere» (la extrema densidad y peso específicos del oro auténtico) sirvió a los cronistas de la época como prueba testifical de que la barra no era un engaño de cobre dorado, sino metal noble macizo. Caetano recuperó la pieza de manos de la sorprendida sirvienta y la utilizó para financiar su fallida huida hacia Fráncfort del Meno, donde fue finalmente interceptado por los dragones prusianos que lo condujeron a la horca de Cüstrin.
[31] La proyección masiva de Baviera ante el caballero testigo. El folio abre con el informe de una operación de escala industrial en la corte de Múnich: la transmutación de trescientas libras de plomo (aproximadamente 140 kilos) ejecutada por Caetano bajo el patronazgo del Elector de Baviera. Frente a las sospechas de exageración, Petraeus introduce un control testifical de la República de las Letras: un noble o militar de rango («Cavallier») que presenció físicamente el experimento en Múnich y que, al ser interrogado formalmente por eruditos al pasar por Berlín, refrendó rigurosamente la veracidad de la colosal proyección.
La sátira italiana sobre el carácter de Caetano. El autor traza un crudo paralelismo entre el disoluto estilo de vida («dissoluten Lebens-Art») de Wenzel Seiler y el de Caetano, recurriendo a dos aforismos populares italianos que ilustran la desconfianza hacia los operarios meridionales en el ámbito germánico:
- «Largo di bocca, stretto di mano» (Ancho de boca, estrecho de mano): Ridiculiza la pomposa elocuencia de Caetano, pródigo en promesas de toneladas de oro ante los reyes, pero tacaño, esquivo y fraudulento a la hora de operar de forma constante en el crisol. Petraeus le acusa de traficar con falsas recetas menores («Particularatia») para estafar a incautos y mantener sus lujos.
- «Belle parole & cattivi fatti…» (Bellas palabras y malos hechos engañan a sabios y a locos): Refleja la asombrosa capacidad de fascinación de Caetano, capaz de embaucar tanto a la burguesía como a los ministros más experimentados de la corte imperial de Viena, donde logró que se le asignara un astronómico estipendio público de mil florines mensuales («tausend Gülden») sin haber estabilizado la producción.
La paradoja ética de la Alquimia: La excepción de los Juristas. El tramo final del folio aborda un profundo dilema de la filosofía natural barroca. Existía un firme consenso doctrinal en los manuales herméticos que dictaminaba que la Piedra Filosofal era un don divino que Dios solo concedía a hombres de alma pura y santa, o bien que su hallazgo poseía una fuerza moral que transformaba instantáneamente a los pecadores en santos. La escandalosa conducta de Caetano —soberbio, estafador y disoluto— rompía por completo este dogma, sembrando la confusión («Verwirrung») entre los teóricos de la ciencia.Para resolver esta contradicción, Petraeus ejecuta un brillante giro argumental de corte pragmático y legalista, apelando al saber práctico de los gobernantes («Politiced») y los magistrados («Juristen»): recuerda el axioma jurídico de que no existe regla universal que carezca de sus debidas excepciones («Exceptiones»). Los verdaderos poseedores del secreto («Adepti») no son ángeles incorpóreos; son seres de carne y hueso sometidos a las flaquezas de la psicología humana, propensos a caer en la codicia, el descontrol moral o la soberbia, por lo que la vileza del operador no invalida la realidad de la física transmutatoria descubierta en su crisol.
[32] El secreto psicológico de Caetano: Confesión Ex Capite. Este folio ofrece un extraordinario retrato de la torturada psicología de Caetano en sus últimos días de prisión. Petraeus aporta detalles íntimos sobre su comportamiento que refuerzan la famosa hipótesis del robo de la Piedra Filosofal: relata que el italiano, aun en momentos de banquete o alegría cortesana, sufría repentinos ataques de melancolía y silencio («subito… gantz stille geworden»), lanzando profundos suspiros.El dato clave radica en la confesión confidencial que hizo a los monjes franciscanos antes de subir al patíbulo: admitió explícitamente que tenía bien merecida la pena de muerte impuesta por el rey de Prusia, aclarando sin embargo que su culpa no derivaba jurídicamente («nicht ex Capite») de su actividad científica o de haber engañado con su «Adepterie» (arte de adepto), lo que confirmaba de manera indirecta que las transmutaciones controladas de las fiolas habían sido reales, pero que sobre su conciencia pesaba un crimen oculto o el robo violento de los reactivos a su verdadero creador. Al dejarse arrastrar por su indomable «Caprice» (capricho/soberbia), ignoró los consejos prudentes («saniora Consilia») de sus allegados, apresurando su trágico final.
Los juramentos falsos de los manuales: La cita a Batzdorf. Al cerrar el expediente de Caetano, Petraeus generaliza su crítica hacia la honestidad de la literatura hermética europea. Advierte que incluso los autores legítimos e indiscutibles (los verdaderos «Adepti») incurrían con frecuencia en graves faltas morales al redactar sus obras.Cita como autoridad al médico y alquimista sajón Heinrich von Batzdorf (pseudónimo de Johann Georg Grüber, s. XVII), cuyo tratado denunciaba que los maestros introducían deliberadamente en sus capítulos recetas e instrucciones falsas de carácter engañoso y santurrón («scheinheilige Sophistereysen»), blindándolas bajo solemnes y terribles juramentos sagrados para confundir intencionadamente a los lectores profanos y proteger el secreto, incurriendo así en perjurio.
Rodolfo II y las crónicas rimadas de Johann von Delle. La tercera sección traslada el marco histórico a la legendaria corte del emperador Rodolfo II de Habsburgo en el castillo de Praga (el Hradčany), el mayor centro de mecenazgo esotérico y científico de la Edad Moderna. Petraeus introduce como cronista testifical a Johann von Delle (procedente de los Países Bajos), quien sirvió como ayuda de cámara («Kammer-Diener») y poeta áulico del Emperador.Delle, que convivió diariamente en Praga con docenas de alquimistas, astrónomos y aventureros internacionales que acudían a postularse ante el trono imperial, redactó una extensísima crónica satírica rimada empleando el estilo métrico tradicional germánico conocido como los «Knüttel-Versen» (versos libres o de rima pareada simple, de carácter popular y satírico). Delle se dedicó a reseñar («recensiret») y denunciar la punible y fraudulenta conducta («straffbare Aufführung») de los intelectuales de la corte, resumiendo sus biografías en la estrofa moral que abre al pie del folio, advirtiendo sobre el trágico destino que aguarda a los científicos que se dejan corromper por el ansia de lujo, fasto y ostentación («mit Pracht und Prangen»).
[33] El cierre lírico: Un Topos ascético barroco. Los versos que abren el folio completan la sátira de Johann von Delle. El texto recurre a una de las advertencias teológicas y morales más arraigadas del Barroco: el pasaje evangélico de Marcos 8:36 («¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?»). Petraeus sitúa esta sentencia justo después de narrar el ajusticiamiento de Caetano para recordar al lector que la riqueza transmutatoria («Gold und Geld») carece de valor real frente a la fragilidad de las vanidades terrenales, calificadas poéticamente como meras sombras de este mundo («Schatten dieser Welt»).
La defensa de Caetano y el precedente de Morieno y el Rey Jalid. El texto desvela un valioso fragmento autobiográfico de la estrategia jurídica de Caetano extraído de su propio manifiesto de defensa impreso: la Informatione del Fato (Información sobre el Destino). Al ser atacado por los ministros de la corte de Viena debido a su astronómico sueldo de mil florines mensuales, el italiano se defendió apelando a la historia fundacional de la alquimia árabe medieval:
- Morienus (Morieno el Romano, s. VII): Legendario eremita cristiano de Jerusalén que dominaba el secreto de la Piedra Filosofal.
- El Rey Calid (Jalid ibn Yazid, c. 668–704): Príncipe omeya de Damasco obsesionado con la transmutación. Jalid sacó a Morieno de su retiro ascético y, tras presenciar el éxito de sus crisoles, lo colmó de fastuosos estipendios y palacios reales. Caetano argumentaba que si un santo eremita aceptó legítimamente el cobijo financiero («Tractament») de un monarca soberano, resultaba hipócrita que la corte austriaca pretendiera que él operara gratis, defendiendo con el galicismo «reciproquement» que el mecenazgo es un intercambio de doble vía donde él ya había aportado al Estado más valor científico que el oro recibido en sus salarios.
Raimundo Lulio en Génova y la historiografía de Borrichius. Para apuntalar el armazón de precedentes institucionales, Petraeus cita al célebre médico, filólogo y químico danés Ole Borch (Borrichius, 1626–1690) en su monumental tratado historiográfico De Ortu et Progressu Chemiae (1668). Borrichius recogía las crónicas del historiador italiano Mutius, detallando que cuando Raimundo Lulio se instaló en la República de Génova para redactar sus manuales iatroquímicos, la alta nobleza mercantil genovesa financió masivamente sus laboratorios mediante suscripciones públicas voluntarias. Lulio aceptó estas donaciones porque requería acumular urgentemente un inmenso capital líquido para fletar los barcos y sufragar sus misiones de cruzada y evangelización hacia la «gelobte Land» (la Tierra Prometida / Tierra Santa).
Kunckel y el fraude de Beuter: La falsificación de procesos en manuscritos. El último párrafo establece una certera analogía criminalística citando a una de las mentes científicas más brillantes del siglo XVII: Johannes Kunckel (Kunckel von Löwenstern, 1630–1703), célebre químico experimental, vidriero mayor de la corte de Brandeburgo e inventor del famoso cristal de rubí de oro. En su obra póstuma fundamental Laboratorium Chymicum (1716), Kunckel denunciaba las andanzas de un célebre estafador del siglo XVII llamado Beuter.Beuter aplicaba un «procedere» (un modus operandi) idéntico al de Caetano: al carecer de conocimientos de verdadera metalurgia, se dedicaba a falsificar cuadernos de notas de laboratorio ficticios que contenían supuestas fórmulas magistrales para enriquecerse. Beuter vendía estos cuadernos clandestinos bajo la forma de valiosos e inéditos manuscritos («MS.» / manuscriptis) a médicos y aristócratas ricos por sumas exorbitantes. Petraeus aporta aquí un valioso testimonio de control bibliográfico personal al afirmar: «wie ich dann noch einige dergleichen in MS. von ihme gesehen habe» (como yo mismo he visto todavía algunos de esos manuscritos suyos), confirmando que estos manuales de fraude químico seguían circulando en el mercado negro de libros y colecciones de Europa central durante el siglo XVIII.
[34] El recibo del fraude: Los ochocientos táleros de Beuter. El folio abre con el cierre de la prueba documental contra el estafador David Beuter. Petraeus aporta la transcripción literal de una nota manuscrita hallada en un cuaderno de laboratorio fechado en 1608. El texto desvela el elevado precio de la charlatanería barroca: una víctima pagó la colosal suma de ochocientos táleros imperiales («acht hundert Rthlr. baar Geld») a cambio de dos fórmulas falsas destinadas a la transmutación del mercurio («Mercurii») y del estaño (designado mediante su correspondencia planetaria clásica: «Jovis» / Júpiter). El estafador selló el engaño mediante su firma autógrafa («Handschrifft») y un juramento sagrado, ilustrando cómo los falsos químicos explotaban la codicia y la credulidad de los compradores de libros.
El informante de la Cancillería Danesa: El consejero Dipelius. Para certificar el origen legítimo de la nueva e insólita crónica que ocupará las siguientes páginas, el autor introduce un aval institucional de la diplomacia europea: el señor «Dipelivs», quien ostentaba el alto cargo de consejero de la cancillería de la corte real de Dinamarca («Königliche Dänische Herr Cantzley-Rath»). Dipelius custodió este informe testifical en sus archivos privados y le otorgó a Petraeus el permiso formal para sacarlo a la luz («zu publiciren vergönnet»), dotando al relato de un sólido estatus de veracidad documental frente a los escépticos de la Ilustración.
La disputa de la taberna de Lissa: El honor de la Alquimia. La crónica se sitúa en una hostería o taberna («Wirths-Hause») de la ciudad de Lissa (Leszno, Polonia), un importante núcleo de guarniciones militares y tránsito comercial en el siglo XVII. El protagonista es el barón Schmoltz von Dierbach, un alto oficial con el rango de teniente coronel («Obrist Lieutenant») al mando de las tropas de la región. El texto recurre a vívidos galicismos cortesanos y castrenses de la época (como «Discurs» para debate, «chocquiren» para chocar/ofender, «raillanten Expressionen» para expresiones burlonas, o «Milice» para la milicia) para describir una tensa escena de camaradería militar bebiendo («beym Trunck»).Los camaradas del regimiento se burlaban del barón recordándole el trágico destino de su linaje: su propio padre había sido un buscador de oro obsesivo que acabó desangrando la fortuna familiar en los crisoles —proceso descrito mediante el expresivo término popular barroco «verkochet» (dilapidado en la cocina del laboratorio)—, dejando al joven noble arruinado y obligado a enrolarse en el ejército para sobrevivir. A pesar de la humillación pública, el teniente coronel defendió el honor científico de la alquimia de forma «ritterlich» (caballerosamente), argumentando que los fracasos de su padre se debían a errores operativos individuales y no a una falsedad de la ciencia.
El Adepto anónimo y la promesa de consolación (Soulagiren). El clímax de la escena ocurre en el mismo salón de la taberna. Un enigmático viajero extranjero, calificado en el texto como un auténtico «fremden Adeptum», presenciaba la discusión en silencio desde otra mesa. Conmovido por la nobleza y la lealtad teórica del militar arruinado, el sabio toma una decisión ejecutiva: intervenir para resarcir, aliviar y compensar económicamente (empleando el galicismo de la compasión barroca «soulagiren», del francés soulager) las pérdidas patrimoniales que la familia del barón había sufrido por culpa de los falsos químicos. Sin embargo, como era norma estricta en la tradición hermética, antes de hacerle entrega del tesoro, el adepto exige al militar someterse a un riguroso e inquebrantable pacto de juramento sagrado («eydlich») cuyas enigmáticas condiciones se desarrollarán en la página 35.
[35] El milagro de Fráncfort y la absorción en seco. La página describe el asombroso obsequio del adepto anónimo al teniente coronel Schmoltz von Dierbach: media libra de polvo transmutatorio. Para certificar el suceso, el texto recurre de nuevo al testimonio del consejero de la cancillería real danesa, el señor Dipelius, y a una comisión de investigadores y científicos independientes denominados en el latín de la época como los «Curiosi» (los curiosos o virtuosos de la ciencia empírica).La comisión examinó la sustancia físicamente en Fráncfort del Meno, ejecutando ensayos repetidos mediante la técnica de la penetración capilar en seco: la barra de plata fina («fein Silber») se calentaba al rojo vivo («durchglüete») y, al espolvorear la tintura sobre su superficie, el metal base mutaba instantáneamente en oro macizo de alta ley sin necesidad de alcanzar el punto de fusión líquida («ohne es zu schmelzen»), un fenómeno físico que desafiaba los conocimientos metalúrgicos tradicionales.
El nacimiento de la Alquimia Microscópica: Las esferas Pomeranzen. El pasaje más revolucionario de este folio radica en el uso de la tecnología óptica moderna aplicada al análisis del polvo hermético: «wann man dieses Pulver durchs Microscopium besahe» (cuando se observaba este polvo a través del microscopio). El microscopio compuesto, perfeccionado a finales del siglo XVII por científicos como Robert Hooke y Anton van Leeuwenhoek, se introduce aquí en el laboratorio iatroquímico para desmantelar el misterio de la materia prima.Bajo la lente, el polvo de color ladrillo revelaba una microestructura regular compuesta por diminutas esferas perfectas («runde Kugelgen») ordenadas en una combinación bícroma («zweyerley couleur»): unas eran de un rojo profundo y otras exhibían un tono anaranjado brillante semejante al de las «Pomeranzen» (las naranjas amargas de Sevilla, fruto exótico muy codiciado en los jardines barrocos centroeuropeos por su simetría y color vivo). Esta descripción microscópica pretendía demostrar que la Piedra Filosofal no era un simple residuo mineral pulverizado al azar, sino un compuesto cristalino altamente ordenado a nivel molecular.
La metalurgia de la Extractio Solis. El texto desvela la naturaleza química del compuesto según la teoría de los adeptos. Se define como una «Extractio Solis» (una extracción de la esencia del Sol, término alquímico clásico para designar al oro puro). El proceso requería una inmensa inversión económica inicial: se debían disolver veinte libras de oro de veinticuatro quilates para sintetizar apenas una sola libra de polvo tintóreo concentrado.La parte material del oro que no se convertía en el elixir rojo quedaba depositada en el fondo del matraz bajo la forma de un residuo calcinado de color níveo, denominado académicamente en latín como el «restirende weisse Corpus» (el cuerpo blanco remanente). Al ser retirado del ácido y fundido de nuevo en el crisol, este sedimento recuperaba instantáneamente sus propiedades físicas y su densidad originales regresando a ser oro puro, lo que demostraba que el proceso no destruía el metal noble, sino que extraía su «alma» o principio colorante activo.
Iatroquímica orgánica: La síntesis a partir de orina (Urin) y alcohol. El tramo final desvela la fórmula secreta para la obtención de la «Universal-Tinctur» (el elixir absoluto) de forma más rápida y económica. El adepto confiesa que el agente catalizador o disolvente primordial (el «Solvens») no provenía de ácidos minerales corrosivos como el agua fuerte, sino de dos fuentes orgánicas y biológicas fundamentales en la química del siglo XVIII:
- La Orina (Urin): Utilizada masivamente en los laboratorios barrocos para la extracción de sales amoniacales, urea y compuestos nitrogenados. Cabe recordar que fue precisamente investigando la destilación de la orina en busca de la Piedra Filosofal como el químico alemán Henning Brand descubrió accidentalmente el fósforo en el año 1669.
- El Espíritu de Vino (Spiritu Vini): Alcohol destilado de alta graduación empleado como vehículo de purificación y menstruo.
La digestión térmica y la maduración («Elaboration») de estas dos sustancias unidas en un matraz sellado requería un tiempo considerable («ziemliche Zeit»), simulando los flujos de la vida orgánica para crear la medicina universal.
[36] El voto de pobreza forzado: El límite de un Ducado semanal. El folio desvela las asombrosas y restrictivas condiciones («Conditiones») morales y financieras que la fraternidad de los adeptos imponía a quienes recibían el don del elixir sin ser científicos consolidados. El barón Schmoltz von Dierbach recibió la media libra de tintura bajo un estricto pacto sagrado: durante siete años no podía fundir ni gastar (utilizando el término contable barroco «depensiren») una cantidad superior a un ducado de oro a la semana.Esta regla protectora buscaba impedir que el repentino flujo de riqueza desestabilizara la economía local, llamara la atención de los espías de los príncipes absolutos o corrompiera la moral del beneficiario. Al romper estas pautas, el militar incurrió jurídicamente en un fraude de ley («in Fraudem Legis»), atrayendo sobre su linaje funestas desgracias feudales («verdrießliche Fatalitäten»).
El derroche en la Corte de Viena y la cronología de Dipelius. El segundo párrafo ofrece un magnífico cuadro de costumbres barrocas. En cuanto expiró el plazo de los siete años de voto de austeridad forzada, el barón dio rienda suelta a su reprimida ambición aristocrática, desplegando un estilo de vida de excesos, lujo y ostentación desmesurados («unmäßigen Staat») en los palacios de Viena, capital del Sacro Imperio.El texto aporta una valiosa coordenada cronológica para los historiadores del libro: el consejero de la cancillería danesa, el señor Dipelius, conoció al barón en Fráncfort del Meno cuando el veto de los siete años ya llevaba año y medio vencido, y acumulaba quince años de amistad directa con él al momento de cederle esta crónica notarial a Petraeus, lo que sitúa los hechos entre finales del siglo XVII y el primer tercio del siglo XVIII.
El empeño con los Jesuitas y el robo del sirviente. La sección final narra las peripecias geográficas y la ruina material del barón, reflejando las tensiones institucionales de la época:
- Wertheim y Silesia: El aristócrata deambuló por Alemania central y la frontera polaco-austríaca (Silesia) huyendo de las sospechas y las deudas.
- El préstamo de los Jesuitas: Al verse asfixiado económicamente por su tren de vida, ejecutó una operación financiera inaudita: acudió a un colegio o monasterio de la Compañía de Jesús («Jesuiter-Kloster») en Silesia y entregó como garantía prendaria la mitad de la tintura verdadera a cambio de un inmenso préstamo en efectivo de diez mil táleros imperiales («zehen tausend Rthlr.»). Esto demuestra que los jesuitas centroeuropeos, grandes conocedores de la iatroquímica, consideraban que el polvo rojo era un activo financiero real, tangible y de colosal valor colateral.
- La traición del criado (Knecht): El clímax dramático ocurre cuando el sirviente personal del barón («seinen eigenen Knecht»), conocedor del valor de la sustancia custodiada, sustrae el alijo y huye con el tesoro transmutatorio. Al perder el reactivo y verse encadenado por un pavor sagrado a cumplir el juramento («Eyd») de no multiplicar el metal fuera de las reglas divinas, el barón se vio reducido instantáneamente a una paradoja viviente: cayó en la indigencia más extrema, teniendo que subsistir de forma mísera junto a su esposa e hijo («sehr kümmerlich… behelffen müssen») mientras poseía teóricamente en sus manos las llaves de una riqueza mineral infinita («grossen Reichthum»).
[37] El veto de la Hermandad: La obligación de Privatisiren. El folio describe el absoluto desamparo financiero en el que cayó el barón Schmoltz von Dierbach tras el robo de su alijo, obligándolo a mendigar un auxilio económico a través del consejero danés Dipelius. La severidad del pacto iniciático hermético bloqueaba todas sus vías normales de subsistencia aristocrática: la «eydlichen Obligation» (obligación jurada) le prohibía taxativamente volver a vestir el uniforme castrense o aceptar cargos burocráticos en los palacios reales («Kriegs- oder Hof-Bedienung»), forzándolo a vivir permanentemente en el anonimato como un ciudadano retirado (utilizando el galicismo de la burguesía ilustrada «privatisiren»). Al haber consumido ya por adelantado («anticipirt») el crédito de sus ducados regulados, el noble se hallaba atado de manos por el pavor sagrado a romper su voto.
El pacto sospechoso: ¿Ciencia o intervención del Diablo? El pasaje central ofrece un fascinante testimonio sobre las fronteras entre la teología, la brujería y la filosofía natural en el siglo XVIII. El barón confesó a Dipelius que temía que el elixir proviniera del demonio («ob ihm der Teuffel diese Tinctur gegeben») debido al carácter marcadamente anticlerical, antisocial y hermético de las restricciones impuestas por el adepto extranjero:
- El veto a la caridad institucional: Tenía estrictamente prohibido donar o testar sus ganancias a los tres pilares del bienestar social barroco: las iglesias (perjudicando las limosnas), las escuelas y los hospitales de caridad.
- El embargo al estamento médico: No podía transferir ni una mínima pizca de la sustancia a los profesionales oficiales de la salud y la ciencia: los médicos universitarios («Doctor»), los cirujanos-barberos («Barbier», quienes ejecutaban las sangrías y cirugías menores) o los boticarios («Apothecker»). Esta cláusula buscaba evitar que la corporación médica institucionalizara o mercantilizara el Arcano.
- El aislamiento educativo de la estirpe: El veto se extendía a su descendencia, prohibiendo de forma radical que sus hijos asistieran a las academias o instituciones de educación pública («öffentliche Schule»), forzando un linaje de herederos educados de forma privada y al margen del control del Estado.
Anomalías de laboratorio: El volumen variable y el milagro del peso. Para refrendar las sospechas de una intervención sobrenatural («übernatürlich»), el barón aportó dos anomalías físicas observadas directamente en el comportamiento de la materia dentro de su laboratorio:
- El efecto neumático/térmico: El polvo variaba de volumen de forma inexplicable: cuando la cajita de plata dorada se mantenía guardada en la calidez de su casaca o bolsillo («Sacke»), el mineral se expandía ocupando todo el receptáculo, pero al dejarlo expuesto sobre la frialdad de la mesa de trabajo («Tafel»), la sustancia se contraía reduciéndose a la mitad, un fenómeno que hoy se asocia a la extrema higroscopidad o a cambios de presión en compuestos volátiles.
- La ganancia geométrica de masa: El clímax científico de la página detalla un riguroso experimento de pesada ejecutado ante los ojos del consejero Dipelius en Fráncfort del Meno, empleando las unidades de la metrología de precisión de los boticarios alemanes: se tomó un «Qvenlein» (un quentin o quinta, equivalente exacto a 60 granos o unos 3.6 gramos) de plata pura. Tras calentarla al rojo vivo, se le espolvoreó apenas la doceava parte de un grano de polvo (una cantidad infinitesimal de aproximadamente 0.005 gramos). Al enfriarse el lingote mutado en oro, la balanza registró un peso final de 72 granos.
Esta ganancia neta de 12 granos de masa física real a partir de una mota invisible de reactivo constituía un absoluto imposible físico para la ciencia mecanicista y la ley de conservación de la materia, lo que convenció al barón de que el polvo operaba mediante fuerzas mágicas o preternaturales, sembrando el pánico en su conciencia devota.
[38] El consuelo racional de Dipelius frente al temor de la Brujería. El folio abre resolviendo el pánico místico que atenazaba al barón arruinado. Tras constatar en la balanza la inexplicable ganancia de masa metálica y recordar los vetos anticlericales del contrato, el noble estaba convencido de haber firmado un pacto fáustico de hechicería o nigromancia («vor Zauberey»).Sin embargo, el consejero danés Dipelius desmanteló sus temores empleando sólidas explicaciones de la física naturalista dieciochesca («gültige Raisons»), haciéndole comprender que los cambios de peso y volumen se regían por leyes sutiles de la materia y no por artes del diablo. El texto desvela que el barón había viajado a Fráncfort con gran fatiga («expresse… mit grosser Mühe») persiguiendo a Dipelius debido a que la lectura de las primeras obras impresas de este sabio demostraba un pensamiento teológico avanzado y liberal («liberalen Adepto») idéntico al de la hermandad hermética, defendiendo que el embargo a legar dinero a escuelas e iglesias oficiales buscaba proteger el Arcano de la corrupción institucional de los estados, no desafiar a la divinidad.
Epistemología defensiva: La falacia del ataque generalizado. En el segundo párrafo, Petraeus articula un brillante manifiesto metodológico en favor del honor de las ciencias de laboratorio. Ejerce una notable neutralidad y madurez crítica: concede abiertamente a los escépticos ilustrados que las biografías y conductas de operadores como el Conde Caetano o el Barón Seiler fueron moralmente deplorables, desordenadas y contrarias al ordenamiento cristiano-burgués tradicional («Christ-Weltlichen Morale»).Sin embargo, denuncia con ferocidad retórica que los detractores caigan en una burda falacia de generalización, dejando correr su rabia y prejuicios (descritos de forma visceral y barroca como arrojar la bilis y la saliva: «die Galle und den Geiffer will fliessen lassen») para dictaminar que la alquimia entera es un nido de estafas o locura («Betrug oder Wahnwitz»). El autor aplica una lógica comparada impecable: resulta un absurdo sistemático tachar a la química de pseudociencia por culpa de los timadores, mientras se pretende sostener con ingenuidad que en las facultades oficiales de medicina, derecho o teología («denen andern Wissenschafften») solo habitan sabios santos, íntegros y perfectos («lauter Klugheit und Heiligthum»). Los vicios de los profesionales no anulan el estatuto de verdad de la disciplina.
El Argus Politicus y la irrupción de los Rosacruces. El tramo final introduce una penetrante categoría de análisis político-filosófico. Petraeus advierte que las acciones y métodos de laboratorio de los verdaderos investigadores a menudo resultan completamente opuestos («contraire Acten») a los cánones de la vida común burguesa (la «raisonablen Methode»). Para describir la mirada inquisitorial y censora del Estado absoluto sobre los científicos independientes, utiliza el concepto clásico del «Argus Politicus» (el Argos Político o el ojo avizor del gobernante, en alusión al gigante mitológico de los cien ojos que todo lo vigilaba), un término empleado en los siglos XVII y XVIII para definir la censura y la vigilancia policial de los ministros cortesanos.El entendimiento común de la burocracia estatal es incapaz de asimilar las lógicas superiores de los verdaderos sabios, estableciendo un paralelismo directo con la misteriosa e influyente fraternidad de los Hermanos de la Rosa Cruz («Fratres Rosæ Crucis») y los filósofos místicos («Philosophi Mystici»). Los rosacruces —cuyos manifiestos conmocionaron la intelectualidad alemana desde inicios del siglo XVII— operaban bajo un estricto velo de invisibilidad y secreto, adoptando ante la sociedad modos de vida que el mundo juzgaba como extravagantes, toscos o indecorosos («der Welt unanständigen»), pero que constituían una armadura ascética indispensable para proteger las verdades más profundas de la física y la espiritualidad universal, un desarrollo que Petraeus continuará desglosando en la página 39.
[39] El desvío metodológico: Philalethas y Stierkamp. El folio analiza una de las estrategias retóricas y pedagógicas más habituales de la literatura hermética occidental: el uso deliberado de los desvíos lógicos y las alegorías engañosas, descritos mediante la locución latina clásica «per Ambages» (por rodeos o ambages).
Petraeus aporta un célebre caso de la historia de la ciencia del siglo XVII: las frustrantes tentativas del investigador Georg Stierkamp (Stierkius) al intentar descifrar los manuales del famoso adepto inglés Irenaeus Philalethes (pseudónimo de un autor cuya identidad real sigue debatiéndose entre George Starkey y Thomas Vaughan). Stierkamp confesó amargamente en el prefacio de su obra Der Kern der Alchymie (El núcleo de la alquimia) que las calculadas digresiones y los laberintos terminológicos de Philalethes lo confundieron de tal manera que acabó destruyendo sus propios reactivos y arruinando sus hornos, viéndose obligado a abandonar por completo la investigación experimental con una pérdida patrimonial absoluta («mit Verlust seines Wercks»).
La propiedad privada del conocimiento: La metáfora del Arca. El autor asume una posición firmemente defensiva en favor de los maestros que ocultaban el saber. Para legitimar el secreto ante los científicos racionalistas de la Ilustración, recurre a una brillante analogía económica del derecho civil barroco: argumenta que si la sociedad civil ampara de forma legal y legítima el derecho de un terrateniente o un comerciante rico a guardar celosamente sus monedas de oro en un arca de hierro cerrada («feste im Kasten verwahret») —obligando a cualquier pretendiente, sirviente o heredero a someterse pacientemente a su carácter («Humeur») y a soportar duras tareas antes de recibir una parte de la fortuna—, con cuánta mayor legitimidad los sabios de la naturaleza poseen el derecho de blindar el mapa de sus experimentos.
Los bienes materiales del comerciante son una simple nimiedad o bagatela («Bagatelle») si se comparan con el valor inestimable de los «philosophischen Schätze» (los tesoros de la filosofía de los adeptos), que otorgan la salud del cuerpo y el conocimiento de los mecanismos del universo; por ende, el estudiante debe aceptar las duras pruebas de la lectura laberíntica como un filtro ético elemental.
El fin de la simulación: Sebastian Siebenfreund y la vía de la honestidad. El tramo final de la página traza un giro histórico fundamental hacia la transparencia científica de la Ilustración temprana. Petraeus reconoce que no todos los editores compartían la rigidez del secreto y introduce una corriente alternativa compuesta por «Philosophos» que avanzaron con una singular «Aufrichtigkeit» (franqueza o rectitud operativa), rechazando de forma tajante el uso de la «simulirten Sophisterey» (la sofistería simulada o las recetas falsas entrelazadas que Batzdorf denunciaba en la página 32).El máximo exponente de esta escuela de honestidad metodológica es el médico y alquimista alemán del siglo XVI Sebastian Siebenfreund (Siebenfreund von Schweinau). Siebenfreund redactó tratados de iatroquímica y metalúrgica redactados en un alemán vernáculo sumamente nítido y directo, desprovisto de oscuros símbolos astrológicos o poesía enigmática, buscando que los boticarios y metalúrgicos pudieran reproducir las destilaciones en sus laboratorios de manera lineal y segura, un catálogo que Petraeus continuará analizando en el salto a la página 40.
[40] El martirio de Sebastian Siebenfreund en Wittenberg. El folio describe el trágico final de Sebastian Siebenfreund (médico y alquimista del siglo XVI introducido en la página 39). Su biografía encarna el peligro geopolítico al que se exponían los científicos poseedores del Arcano en la Europa renacentista y barroca. Siebenfreund rompió la regla del secreto por pura compasión humanitaria: tras emplear sus conocimientos médicos e iatroquímicos para salvar la vida de un viajero escocés enfermo, cometió la imprudencia de ejecutar ante él una transmutación testifical en el crisol («die Projection gezeiget»).El paciente, movido por la codicia, traicionó a su benefactor delatándolo ante las autoridades de la ciudad universitaria de Wittenberg (Sajonia). El texto califica el desenlace de «fatalen Historie» (historia fatal), puesto que el soberano local mandó arrestar y ejecutar a Siebenfreund para confiscar sus reactivos y sus cuadernos de notas.
La prueba de fidelidad del compatriota. El segundo párrafo ilustra los códigos de lealtad exigidos en las redes de investigadores clandestinos. Antes de partir en una misión diplomática y médica hacia Polonia para curar al Gran Canciller de la Corona («Groß-Cantzler»), postrado por una grave dolencia («Maladie»), Siebenfreund confió las llaves de su laboratorio y la maduración de sus compuestos (sus «Labores») a un compatriota alemán («Lands-Mann») que ejercía como su ayudante técnico y compañero de viaje («Reise-Compagnon»).A su regreso, para evaluar si el ayudante se había corrompido por la codicia al custodiar el secreto, el maestro fingió una quiebra financiera. Al comprobar que el compatriota reaccionaba con generosidad ofreciéndole sus propios fondos, el adepto desveló la estratagema aclarando que solo era un examen de control («ihn zu probiren»), celebrando haber encontrado a un socio digno con el que viajar de forma libre, segura y soberana (utilizando la fórmula cortesana de la época «frey und franc»).
Paracelso y el testimonio de Johannes Oporinus. Para prestigiar la figura del asistente honesto, Petraeus introduce un documento de inestimable valor para la historiografía de la ciencia universal: el testimonio sobre Felipe Teofrasto Paracelso (1493–1541), el gran reformador suizo de la medicina y la iatroquímica del Renacimiento. Cita como testigo directo al célebre humanista, filólogo e impresor suizo Johannes Oporinus (Johann Herbst, 1507–1568), quien sirvió durante cuatro años como secretario personal y amanuense («Amanuensis») de Paracelso durante su turbulento periodo como médico municipal en la ciudad de Basilea.El autor extrae la semblanza de la biografía redactada por el erudito Andreas Jociscus (Silesius) en su prefacio («in præf.») de 1567. La máxima latina ensalza el perfil ético de Oporinus: «illæsus candor & inviolabilis integritas» (un candor intacto y una integridad inviolable). El valor de esta cita en el tratado de Petraeus radica en que Oporinus, a pesar de haber roto posteriormente su relación con Paracelso debido al carácter irascible y errático del maestro, jamás mintió sobre la validez científica de sus curaciones ni sobre la autenticidad de sus destilaciones químicas. Al ser Oporinus un hombre de «lautere Wahrheit» (purísima verdad) reconocido en la República de las Letras, sus diarios actuaban como la prueba testifical definitiva de que los milagros médicos de Paracelso no eran fraudes sofísticos, sino ciencia experimental legítima.
[41] El desenlace de Oporinus y la introducción de Johannes de Laaz. El primer párrafo clausura de forma definitiva la memoria de Johannes Oporinus, aclarando que, a pesar de reconocer la veracidad médica de las curaciones de Paracelso, sus temperamentos chocaron debido a la «hitzige und wunderbare Aufführung» (vehemente y extravagante conducta) del maestro suizo, lo que provocó su separación definitiva. Acto seguido, Petraeus introduce una crónica bohemia del siglo XV protagonizada por Johannes de Laaz (Laznioro o Lasniongra). Laaz fue un célebre erudito, viajero e iatroquímico checo. El texto aporta una precisa referencia bibliográfica para los coleccionistas del siglo XVIII, remitiendo al lector al cuarto volumen del monumental Theatrum Chemicum (la célebre enciclopedia de textos alquímicos editada por Lazarus Zetzner en Estrasburgo durante el siglo XVII), donde se custodiaba su tratado.
El linaje de Florencia y el viaje contra los fraudes. El relato detalla que Laaz completó su educación científica bajo la guía del maestro Antonio de Florencia. Tras dominar los secretos de la Piedra Filosofal (el «Lapide»), emprendió una peregrinatio academica por las cortes de Europa para auditar a los metalúrgicos y operarios de laboratorio.Su rectitud metodológica e ilustrada chocó frontalmente con la corrupción de la «Hof-Politique» (la política e intrigas cortesanas): al presenciar cómo una poderosa soberana utilizaba aleaciones engañosas de cobre blanco (cobre arsenical que imitaba la apariencia de la plata fina) y oro falso de baja ley para estafar a las redes de comerciantes y banqueros internacionales («Kauffleute»), Laaz ejerció un papel de auditor independiente advirtiendo formalmente a los mercaderes del fraude. Esta denuncia pública encolerizó a la corona, situando al filósofo al borde de una represalia fatal.
El desciframiento del manuscrito sobre pergamino de 1440. Para prestigiar la crónica, Petraeus y el editor Roth-Scholz ejecutan una labor de arqueología bibliográfica de primer orden. El autor explica que el pasaje original estaba redactado en lo que los ilustrados denominaban de forma satírica el «Münchs-Latein» (latín monacal o macarrónico medieval, alejado de la pureza clásica del Renacimiento).El texto se extrajo directamente de un valioso manuscrito físico real («alten MS.») fechado exactamente en el año 1440 y escrito sobre pergamino («auf Pergament geschrieben»). Roth-Scholz se tomó el metódico esfuerzo de descifrar («dechiffriren») palabra por palabra («verbotenus») las intrincadas abreviaturas, ligaduras y taquigrafías paleográficas medievales del pergamino para ofrecer a la comunidad científica de 1729 una transcripción nítida impresa en caracteres latinos de caja romana.
El examen a la Reina Bárbara de Cilli. La sección final inicia la transcripción en latín clásico de la obra Via Universalis. La monarca aludida como la esposa del rey y emperador Sigismundo de Luxemburgo es la célebre y controvertida emperatriz Bárbara de Cilli (1392–1451), conocida en las crónicas de la época por su gran inteligencia, sus extensos conocimientos de química aplicada (el «Arte Physica») y sus laboratorios privados.Johannes de Laaz relata cómo se introdujo en las cámaras reales para someter a la Emperatriz a un riguroso examen teórico sobre física y metalurgia («feci Examen cum ea»). Describe que la soberana respondió a sus preguntas de forma sumamente astuta («Astute… respondit») y detalla el inicio de la receta química fraudulenta que observó directamente sobre el crisol real: el uso combinatorio del mercurio líquido («Mercurium») y el arsénico («Arsenicum») para blanquear los metales, una operación metalúrgica de amalgamas que Petraeus desglosará en la página 42.
[42] Las recetas de fraude de la Emperatriz Bárbara de Cilli. El texto latino describe detalladamente tres sofisticados procesos de falsificación metalúrgica ejecutados en el siglo XV por la emperatriz Bárbara de Cilli, demostrando un profundo conocimiento de la química de las aleaciones superficiales:
- El blanqueamiento del Cobre (Cuprum dealbavit): Mediante la amalgama de mercurio y vapores de arsénico, lograba que el cobre adquiriera el color blanco brillante de la plata fina. El texto aporta un criterio de control físico de los ensayadores medievales: la pieza superaba el examen visual y de raspado («optime probam»), pero delataba su falsedad bajo el choque mecánico, puesto que no resistía los golpes del martillo («malleum non sustinuit») debido a la extrema fragilidad que el arsénico confiere al cobre.
- La cementación superficial del Oro: Mezclaba óxido de hierro calcinado (Crocus Martis) y óxido de cobre (Crocus Veneris) para crear un compuesto decapante («Cimentum»). Al calentar las monedas de baja ley en este lecho, los ácidos liberados disolvían los metales viles de la capa exterior, dejando una superficie enriquecida de oro puro tanto por dentro como por fuera («intus & exterius»). No obstante, el fraude se descubría al refundir la pieza por completo («cum fundebatur totum»), momento en que los metales se aleaban de nuevo homogéneamente, perdiendo el revestimiento rojizo («rubedinem amittebat») y recuperando su baja ley real, estafando así a los comerciantes («Mercatores»).
- La huida de Laaz: Johannes de Laaz confiesa haber amonestado verbalmente a la soberana por sus engaños («correxi eam verbis»). Al verse descubierta en sus fraudes monetarios por un experto, la Emperatriz ordenó su arresto inmediato («voluit me incarcerare»), logrando el bohemio escapar de la fortaleza en paz gracias a la protección divina («quia Deus juvit me»).
Balance metodológico: Pasiones humanas y escritos confusos. En el bloque inferior en alemán, Petraeus retoma el hilo conductor de su tesis epistemológica e iatroquímica. Utiliza los casos de Caetano, Seiler y los fraudes cortesanos de Bárbara de Cilli para dictaminar una gran conclusión psicológica sobre la comunidad de investigadores: el hecho de que un operario haya descubierto o heredado el Arcano de las tinturas metalúrgicas («Tincturen») no opera un milagro moral automático en su alma; estos hombres seguían encadenados a sus pasiones, vicios y soberbia innatos («angebohrnen Affecten»).Esta inestabilidad mental y ética se reflejó directamente en sus libros. Al escribir poseídos por el miedo, el desorden o el deseo de confundir a los codiciosos, redactaron sus tratados de forma deliberadamente caótica y fragmentaria («verworren»), utilizando el galicismo de la agitación barroca «allarmiret» para describir el impacto psicológico en los estudiantes, quienes a menudo caían en la absoluta desesperación («Verzweiffelung») al intentar descifrar los laberintos de los crisoles.
Sobre Barbara de Cilli (nacida alrededor de 1390; † 11 de julio de 1451): Märkische Forschungen. Verein für Geschichte der Mark Brandenburg, 4 (1847/50), Berlin, Ernst & Korn, 1850, 157-158: En Alemania, en la corte del emperador Segismundo, donde solían prevalecer los asuntos monetarios más opresivos, la emperatriz Bárbara, tía del margrave Juan el Alquimista, hizo de las ciencias naturales y la alquimia sus estudios favoritos. Después de la muerte del emperador, viviendo en su sede de viuda en Königsgräz, tenía la reputación de entender el arte de la orfebrería, y Juan de Laaz, un alquimista bohemio, que había intentado en vano comprender lo verdadero en las universidades de Italia y de los escritos de sus predecesores, también buscó a la emperatriz Bárbara para convencerse de su arte. Sin embargo, solo descubrió que la emperatriz no lo hacía mejor que las fábricas de Inglaterra bajo el rey Eduardo IV. Tomó plata debida, arsénico y un tercer ingrediente, que no nombró, ante los ojos del observador, e hizo un polvo con él, con el que coloreó monedas de cobre de blanco; también roció cobre caliente con un polvo penetrante y así les dio el brillo plateado: de manera similar hizo su oro.
Duggan, Anne J., “Queens and Queenship in Medieval Europe”, Proceedings of a Conference Held at King’s College London, April 1995, Woodbridge, Boydell Press., 2002, 78, nota 21.
[43] El anatema del nombre: El secreto de la Materia Prima. Petraeus aborda el núcleo del laberinto criptográfico de la literatura hermética: la búsqueda de la sustancia inicial o Materia Prima (Materia ex qua). Para proteger este eslabón fundamental de la codicia del vulgo, los textos medievales y barrocos lanzaban terribles maldiciones sagradas («Verflucht sey, wer die Materia mit eigenen Nahmen nennet» / Maldito sea quien la llame por su nombre real), forzando el uso de metáforas biológicas, mitológicas o señas de caza («Weyd-Sprüche»). Esta dispersión provocó un colosal ruido e incertidumbre teórica («Lerm») en la República de las Letras.
La edad de oro de los «Escritores de Concordancias». Para intentar hallar un denominador común entre miles de metáforas contradictorias, nació en los siglos XVI y XVII la disciplina académica de los autores de concordancias (Concordanzien-Schreiber). El texto despliega una impresionante cartografía bibliográfica de estos filólogos e iatroquímicos:
- Mylius Lagneus y Veillutil: Alude al médico y erudito francés David Lagneau (Lagneus), autor de la célebre Harmonia seu Consensus Philosophorum Chemicorum (París, 1611), comentada y vertida al francés en 1636 por Veillutil bajo el título Harmonie Mystique.
- Battista Nazari: Célebre escritor italiano, autor de la Concordanza dei Philosophi (Brescia, 1599, en formato cuarto o 4t.). Nazari dedicó su vida a desmantelar de forma crítica las alegorías de los textos italianos y medievales.
- Potier (Pierre Potier / Poterius, s. XVII): Médico de cámara del rey de Francia y iatroquímico que intentó unificar los criterios farmacológicos de las sales y minerales.
El enigma iconográfico: Los filósofos con porras. El pasaje más sorprendente y valioso para los historiadores de la iconografía de la ciencia es la mención al tratado Laboratorium Chymicum vulgare (Viena, 1686) del autor L. B. de Rain (pseudónimo de un alquimista austriaco de la corte de los Habsburgo). Petraeus describe unos enigmáticos grabados calcográficos contenidos en dicho libro donde se representaba a los propios sabios de la naturaleza («Philosophi») empuñando grandes mazos o porras («mit Keulen») para reventar, romper y hacer añicos sus propios hornos metalúrgicos («Chymischen Ofen») y vasos de vidrio de destilación («Destillir-Gläser»).Esta impactante alegoría visual plasmaba la desesperación absoluta de los teóricos avanzados que, tras pasar la vida entera sumidos en la especulación abstracta («Ausspeculirung») de la Materia Prima sin pisar el laboratorio empírico, terminaban maldiciendo la disciplina y destruyendo sus instalaciones al comprender que los manuales de los adeptos habían diseñado un mapa conceptual tan intrincado que generaba acertijos más terribles y oscuros que la naturaleza misma.
El Mercurio Católico y la sustancia Universal. En el bloque final, el autor introduce los términos definitivos de la física cosmológica de la Ilustración temprana: la «Materiam Universalissimam Macrocosmicam» (Materia Universalísima Macrocósmica) y el «Mercurium Catholicum indetermnatum» (Mercurio Católico o Universal indeterminado). El adjetivo «católico» se empleaba en su raíz etimológica griega clásica (katholikos / universal). No designaba al mercurio líquido del azogue común de las minas, sino a un éter, fluido o principio energético primordial esparcido por todo el macrocosmos capaz de catalizar la vida y alterar la estructura íntima de los metales. El autor admite el hecho histórico de que los antiguos ocultaban (empleando el galicismo cortesano «cachiren», del francés cacher) este principio bajo mil pseudónimos («mit tausend Nahmen»), pero introduce una pauta de pragmatismo científico: si el investigador es incapaz de descifrar este absoluto cosmológico, no debe obsesionarse estérilmente con él, sino avanzar hacia operaciones químicas reales y tangibles.
[44] El Vitriolo como la verdadera sustancia física: Regno Minerali. Petraeus ejecuta aquí un giro pragmático fundamental, alejándose del lenguaje alegórico e inalcanzable del «Mercurio Católico» analizado en la página 43 [^1]. El autor prescribe una materia prima concreta del Reino Mineral («Regno Minerali») al alcance de cualquier boticario: el vitriolo (principalmente el vitriolo verde o sulfato de hierro, y el vitriolo azul o sulfato de cobre).Para la iatroquímica del siglo XVIII, el vitriolo era la sustancia química más fascinante del laboratorio debido a sus componentes ocultos: contenía un ácido concentrado (el ácido sulfúrico), definido en el latín de la época como un «Acidum volatile & fixum» que mostraba una extrema afinidad reactiva con los metales base («Metallis amicissimum»). La cristalización de sus componentes generaba una sal milagrosa («Wunder-Salz») que los operadores consideraban el vehículo perfecto para coordinar las tres dimensiones de la transmutación: el espíritu (los gases volátiles), el cuerpo (el residuo metálico fijo) y el alma (el principio colorante activo). El autor lo eleva a la categoría de «Subjectum omnis Mirabilitatis» (sujeto de toda maravillosa prodigiosidad), una denominación de máxima excelencia metodológica que el célebre médico y economista Johann Joachim Becher aplicaba al mercurio.
Las operaciones de laboratorio y la matriz matemática de la Química. El segundo párrafo ofrece una magnífica síntesis de las técnicas experimentales de la Ilustración temprana, demostrando cómo la alquimia adoptaba de forma progresiva una estructura matemática y cuantitativa racional:
- Varia subtili Analysi: El análisis sutil mediante destilaciones repetidas en retortas.
- Separat. principior. & reconjunct.: La separación y aislamiento de los principios elementales para volverlos a unir en proporciones purificadas.
- Excoctione: Procesos de cocción o digestión térmica prolongada bajo fuego controlado.
- La analogía aritmética (per additiones, subtract. division.): Para describir la manipulación de las sustancias, el autor utiliza la terminología de las operaciones matemáticas básicas (adición de reactivos, sustracción o filtrado de impurezas y división de los componentes salinos).
- Solve & coagula: La gran máxima de la praxis de laboratorio que ordenaba disolver el sólido en ácido para espiritualizarlo («fixa volatili fando») y evaporar o condensar el líquido para fijar y cristalizar lo volátil («& volatilia iterum figendo»), obteniendo así resultados empíricos tangibles o verdaderas realidades («wahre und grosse Realitäten»).
El ataque a los «Hiper-Metafóricos» y el aval de Basilio Valentín. El tramo final articula una feroz crítica metodológica contra aquellos intelectuales místicas y teosóficos que pretendían que la literatura hermética no poseía una base química real, sosteniendo de forma errónea que nada debía leerse de manera literal («propriè») sino estrictamente en sentido figurado o espiritual («Metaphor.»).Petraeus rebate este error metodológico apelando a la máxima autoridad de la iatroquímica alemana: el monje benedictino Basilio Valentín. Recuerda que en su influyente tratado Universal des Wehrt (Universal del Mundo), Basilio Valentín declaraba de forma rotunda y literal que la Piedra Filosofal (el «Lapis») se sintetizaba físicamente operando con vitriolo mediante destilaciones sucesivas. Para blindar su argumento, Petraeus se apoya en el trabajo de control bibliográfico realizado en el siglo XVII por el médico Caspar Horn, quien en su prólogo del Bernhardus Innovato (obra cuya edición francesa original Roth-Scholz buscaba desesperadamente en la página 8) ya había refutado con solidez académica a los intérpretes que pretendían disolver la realidad física de los crisoles en vagas interpretaciones místicas.
[45] Filología iatroquímica: El fragmento recuperado de Basilio Valentín. El folio abre aportando un valioso testimonio sobre el rigor filológico y crítico empleado por el editor Friedrich Roth-Scholz y el autor Petraeus. Revelan que para esta edición de 1729 lograron localizar un rarísimo y antiguo códice manuscrito («alten MS.») de Basilio Valentín [^1]. Al cotejarlo con las ediciones impresas previas del mercado librero alemán, descubrieron que los editores anteriores habían censurado o extraviado un pasaje fundamental («mangelnder Locus»).
En dicho fragmento, el célebre monje benedictino reiteraba de manera rotunda («expresse saget») que la verdadera esencia de la Piedra Filosofal se encuentra físicamente depositada en la estructura mineral del vitriolo, requiriendo para su obtención una destreza experimental y manipulaciones de laboratorio muy singulares («sonderlicher Geschicklichkeit und Handgriffen»).
El manuscrito Rosacruz de Paulus Steiner y el Spiritus Acidus. Para consolidar la centralidad científica del vitriolo, Petraeus introduce una autoridad de los círculos herméticos alemanes del siglo XVII: Paulus Steiner, identificado explícitamente bajo su rango iniciático como hermano de la orden de la Rosa Cruz Dorada («Aureæ Crucis Frater»). Steiner redactó un tratado que circulaba de forma restringida en un gran cuaderno manuscrito en formato folio («MS. in Folio») titulado Die Kemniß (término del alemán antiguo derivado de Kenntnis, que designa el Conocimiento Directo o la Gnosis de la naturaleza).El texto de Steiner desglosa los pasos iatroquímicos de la destilación del vitriolo:
- Spiritus acidus: Al calentar el vitriolo verde a fuego extremo en una retorta, se desprenden densos vapores blancos que, al condensarse, forman el espíritu ácido del vitriolo o ácido sulfúrico concentrado. Steiner lo define como el «vinagre común o agua mineral».
- El Vinagre Filosófico que no moja las manos: Este ácido concentrado actuaba como el disolvente primordial para extraer el «Azoth» universal (el principio vital de los metales) mediante una atracción molecular denominada poéticamente como una extracción magnética («Magnetisch extrahirt»). La amalgama resultante generaba el agua mercurial («Mercurialisch Wasser»).
- La tríada de Paracelso de un solo origen: La receta operatoria de la Rosa Cruz culmina aplicando la ley trinitaria de la iatroquímica paracelsista: la Gran Obra se alcanza uniendo el Mercurio (el agua destilada del vitriolo), la Sal Metálica fija y el Azufre (el principio inflamable), con la particularidad científica de que los tres componentes deben ser extraídos originalmente de una misma y única sustancia mineral madre (el propio vitriolo). Su cocción prolongada en un matraz sellado («ausgekochet») conduce de forma indefectible a la cristalización de la Piedra («Lapis»).
El axioma de Morieno y las antologías de Fráncfort. El tramo final de la página recopila las sentencias más célebres de la historiografía hermética universal para guiar el criterio del lector:
- O Rex, in Te est quod quæris: Cita el adagio místico que el ermitaño Morieno le espetó al príncipe omeya Jalid ibn Yazid (Calid). Esta frase («Oh Rey, en ti mismo está lo que buscas») poseía una doble lectura: en la vertiente mística, aludía a que la iluminación y la perfección espiritual residen en el alma del propio hombre; en la vertiente iatroquímica aplicada, señalaba que los componentes para la purificación de los metales se extraían de sustancias ligadas a la propia vida orgánica y biológica del ser humano.
- Isaac el Holandés y la Piedra de la Orina: Vinculado al axioma de Morieno, alude al tratado del célebre iatroquímico centroeuropeo Isaac Hollandus (o su hijo) sobre la destilación de la orina, impreso originalmente en la famosa antología de Fráncfort del Meno de 1666 titulada Hand der Philosophen.
- Gloria Mundi y la Tabla del Paraíso: Remite a dos de los tratados alegóricos y emblemáticos más leídos del siglo XVII (incluidos frecuentemente en el Museum Hermeticum), especializados en hilvanar metáforas botánicas y bíblicas sobre la maduración de las sales minerales en el laboratorio.
[46] El desciframiento del enigma del Microcosmos (Minori Mundo). El folio abre transcribiendo un célebre y enigmático acertijo cosmológico recurrente en los manuscritos herméticos de los siglos XVI y XVII. Los maestros medievales describían la materia prima como una fuente universal que fluye por el mundo entero, conocida por el vulgo pero ignorada en su valor, y ubicada en un lugar oculto del microcosmos humano («in minori Mundo» / «in der kleinen Welt»), aclarando que no debía buscarse en las minas ni en las cordilleras pedregosas («nicht in den wilden Stein-Bergen»).Petraeus aplica un implacable filtro de racionalismo iatroquímico para desmitificar el acertijo: dictamina de forma tajante que, desprovisto de alegorías, el texto se refiere llanamente a la orina humana («den Urin des Menschen»). La orina, como fluido biológico derivado de los procesos de la vida, contiene de forma natural agua, compuestos nitrogenados y sales minerales que los iatroquímicos utilizaban masivamente como reactivos base.
La clave de Lambspring: Los Peces sin Espinas y el Mar Salado. Para refrendar su interpretación materialista y desbancar a los intérpretes puramente místicos, el autor decodifica tres de las metáforas visuales más famosas de la emblemática hermética:
- El Mar Salado de los Filósofos (gesalzene Meer): Nombre alegórico que los autores daban a la orina concentrada y evaporada debido a su elevado contenido en cloruro de sodio y sales amoniacales.
- Los dos peces sin espinas de Lambspring: Alude al célebre libro de emblemas del siglo XVI redactado por el filántropo alemán Lambspring (Das Buch von Lambspring, incluido en el Museum Hermeticum). El emblema representaba a dos peces nadando en un mar, que los metafísicos interpretaban como el espíritu y el cuerpo. Petraeus aclara que en la mesa de laboratorio, los «peces sin espinas» («Zwey Fische sonder Gradten») designaban de forma muy precisa a las dos sales cristalinas principales que precipitan de forma pura, blanda y soluble en el fondo del matraz al destilar la orina: el fosfato amónico magnésico y las sales de amoníaco.
La estructura estelar de la Aurelia Occulta. El segundo bloque remite a un mapa iconográfico fundamental de la enciclopedia editada por Roth-Scholz: la gran lámina («grossen Figur») contenida en el tratado Aurelia Occulta Philosophorum (obra anónima del siglo XVII reeditada en el volumen II del Theatrum Chemicum). Este grabado representaba una gran estrella de siete rayos coronada por los caracteres y símbolos astrológicos y metalúrgicos de los siete planetas clásicos (Sol/Oro, Luna/Plata, Mercurio/Azogue, Saturno/Plomo, Júpiter/Estaño, Marte/Hierro y Venus/Cobre), rodeada por siete medallones o círculos redondos («runden Circkeln») que ilustraban las fases de la destilación iatroquímica. Petraeus defiende que este mapa estelar no era una carta mágica o mística para invocar espíritus, sino un detallado diagrama de flujo técnico que esquematizaba las temperaturas del horno y los tiempos de maduración ácida necesarios para extraer las sales de la orina.
La Botica Salzwedel de Fráncfort. El último párrafo aterriza la argumentación teórica en una crónica de control empírico situada en la realidad farmacéutica del siglo XVIII, aportando una coordenada testifical exacta fechada unas dos décadas atrás («vor ungefehr funffzehn Jahren»): un experimento controlado ejecutado en la célebre botica de Salzwedel en la ciudad ferial de Fráncfort del Meno (un establecimiento puntero en la elaboración de fármacos destilados y análisis metalúrgicos), cuyo desarrollo operativo y rendimientos químicos Petraeus pasará a desglosar en la página 47.
[47] El gran descubrimiento: El Aceite Rojo de Fósforo. Este folio representa un hito fundamental en la transición de la alquimia hermética hacia la química moderna e ilustrada. Petraeus conecta de forma revolucionaria los enigmáticos «aceites rojos» de transmutación cortesana con el fósforo elemental («ex Phosphoro»). El fósforo había sido descubierto apenas unas décadas antes, en 1669, por el boticario de Hamburgo Henning Brand al destilar intensamente orina evaporada (el «mar de los filósofos» que Petraeus precisamente descifró en la página 46). El autor cita dos fuentes de la literatura científica barroca que atestiguaron estas proyecciones líquidas («Forma fluida») sobre plomo («Saturnum») y mercurio:
- Conrad Horlacher: Médico y físico del siglo XVII, autor de la traducción y prefacios de las obras del iatroquímico francés Pierre Jean Fabre (Sonne Fabri).
- C. H. E. D.: Siglas de un erudito de la época que describió sus viajes de inspección de laboratorios por Inglaterra y Holanda («Itinere Anglic. & Batav.»).
Petraeus resalta con orgullo que, aunque estos cronistas documentaron el fenómeno físico de la proyección líquida, carecían del conocimiento analítico para advertir que la matriz secreta del compuesto era el fósforo.
Análisis organoléptico y la herencia del boticario Adams. Para demostrar su tesis con rigor empírico, el autor ejecuta una de las primeras descripciones organolépticas sistemáticas de un reactivo alquímico:
- El olor: Al someter el aceite rojo al fuego, desprendía el característico y penetrante olor a ajo y azufre propio del fósforo blanco oxidado o quemado («verbrandter Phosphorus»).
- El sabor: El autor llegó a saborear la tintura («geschmecket»), describiendo un gusto denso, resinoso y amargo muy similar al del «Balsamus Copaivä» (el bálsamo de copaiba, una oleorresina medicinal extraída de árboles sudamericanos de la cuenca del Amazonas, sumamente cotizada en las boticas europeas del siglo XVIII por sus propiedades antisépticas), aclarando que el compuesto químico era más suave y aromático («doch lieblicher»).
El texto rastrea el origen del alijo citando al ayudante de botica («Apotheckers-Gesellen») llamado Adams, quien había heredado los viales y unos cuadernos de notas juveniles manuscritos de su difunto maestro boticario. Al auditar estos textos confusos, Petraeus descubrió que todas las fórmulas de laboratorio apuntaban de forma inequívoca al aislamiento del fósforo.
El control experimental ciego de Petraeus en Münster. La segunda mitad del folio detalla un soberbio ejercicio de método científico y control ciego contra el fraude ejecutado por el propio Petraeus en la ciudad de Münster (Westfalia). Para blindarse absolutamente contra los trucos de manos o el contrabando de metales que practicaban estafadores como Caetano, el autor introdujo un estricto protocolo de seguridad:
- Independencia de insumos: Él mismo acudió al mercado local a comprar con su dinero todos los componentes físicos del ensayo: el crisol refractario de arcilla («Tiegel»), el mercurio líquido puro («Mercurii vivi»), el bórax («Borax», empleado como fundente metalúrgico para limpiar las escorias) y la cera de abejas («Wachs»).
- El aislamiento del reactivo: El poseedor Adams se negó a soltar el vial original de sus manos por miedo a un robo. Accedió a verter estrictamente cuatro gotas («vier Tropffen») de la tintura fluida sobre una lámina de cera que Petraeus sostenía. El autor envolvió el polvo y el plomo en la cera protectora —el clásico truco iatroquímico para evitar que el compuesto volátil se evaporara antes de tocar el fondo del crisol caliente— y colocó el paquete en el horno de la forja («Schmiede») bajo un lecho de carbón constante para iniciar la digestión térmica gradual.
[48] El éxito metalúrgico de Münster y el Acidum Urinæ. El folio abre con el clímax del control experimental ciego que Petraeus ejecutó en Münster (Westfalia), cuyo protocolo técnico se inició en la página 47. Tras someter la amalgama de cera, mercurio, bórax y las cuatro gotas de aceite de fósforo al fuego forzado de la forja durante apenas siete minutos y medio («einer halben viertel Stunde» / un octavo de hora), la masa se estabilizó de forma homogénea. El autor constató la transmutación al extraer del crisol una pieza de oro de la más alta ley con la densidad y el peso neto exactos de un ducado oficial («das schönste Gold bey einem Ducaten schwer»).Petraeus utiliza este éxito de laboratorio para blindar la teoría química de Johann Dippel analizada previamente: argumenta que el fósforo —bautizado académicamente en el latín de la época como el «Acidum Urinæ» (el ácido de la orina)— posee una afinidad reactiva y corrosiva tan refinada sobre el oro que actúa como el «Solvens» (disolvente) o «Agens» (catalizador químico activo) primordial de la naturaleza, instando a los científicos académicos de la Ilustración a abandonar sus prejuicios teóricos («Præjudicia») contra las sustancias de origen biológico.
La refutación de la objeción del Reino Metálico. La sección central de la página aborda una de las disputas metodológicas más intensas entre la alquimia medieval y la química moderna. Los detractores racionalistas afirmaban que era imposible transmutar metales empleando una sustancia de origen orgánico o humano (la «Materia Microcosmica» / materia del microcosmos), argumentando que los elixires debían extraerse obligatoriamente del Reino Metálico («ex Regno Metallico») para poder unirse de forma íntima y homogénea con las aleaciones del crisol.Petraeus rebate esta postura mediante un impecable contraargumento molecular: explica que ninguna sustancia mineral o metálica, por el mero hecho de hallarse en su estado nativo o bruto («in ihrer Metallischen Form verbleiben»), es apta para actuar como la Piedra Filosofal. Tanto los minerales como la orina animal deben perder primero su estructura biológica o atómica original a través de la calcinación y la destilación en la retorta; solo tras romper esa forma exterior se libera el principio o quintaesencia pura común a todos los reinos de la naturaleza.
Iatroquímica aplicada: De la Medicina Humana a la Medicina de los Metales. El último tramo del folio establece una bellísima distinción operativa basada en los manuales del célebre iatroquímico medieval Isaac el Holandés (Hollandus):
- La Vía Animal (Animalischen Form): La orina destilada de forma simple produce sales y compuestos amoniacales excelentes para la farmacopea tradicional, actuando como una gran medicina terapéutica para sanar el cuerpo de los seres humanos.
- La Vía Metalúrgica (Medicin auf unsaubere Metallen): Si el científico desea transformar ese compuesto orgánico en un reactivo capaz de «sanar» y transmutar los metales imperfectos, corruptos o sucios («unsaubere Metallen», término empleado en el siglo XVIII para designar al plomo, al estaño o al cobre), el operador debe obligatoriamente amalgamar y proyectar las sales ácidas directamente sobre los metales incandescentes en el crisol («muß man ihn zu den Metallen leiten»), unificando los flujos de la vida orgánica con la metalurgia aplicada.
[49] Teología Natural Barroca: Johann Arndt y el panpsiquismo químico. Petraeus abre la página apuntalando los fundamentos espirituales y cosmológicos de su teoría iatroquímica. Recurre a un argumento de teología luterana de enorme calado en la Alemania del siglo XVIII: invoca al teólogo ascético y místico Johann Arndt (1555–1621), cuyo célebre tratado Vier Bücher vom wahren Christentum (Cuatro libros sobre el verdadero cristianismo) sentó las bases del pietismo centroeuropeo. Arndt defendía el concepto del panpsiquismo místico: dado que el espíritu incorruptible de Dios satura la creación entera y se halla derramado en todas las criaturas, de cualquier brizna material de la naturaleza es posible extraer una chispa divina o luz natural («ein natürliches Licht zu scheiden»).Petraeus aplica este axioma teológico al laboratorio: rebate de forma radical el dogma hermético medieval que pretendía que la Piedra Filosofal solo podía nacer de una única y secreta sustancia mineral exclusiva. Sostiene que la naturaleza es infinitamente rica y que el científico puede aislar los tres principios de Paracelso —el tríptico del «Sal, Sulphur & Mercurius» que rige la materia— operando con múltiples cuerpos y sales diferentes, siempre y cuando se extraigan el cuerpo (la sal fija), el espíritu (el mercurio volátil) y el alma (el azufre inflamable) para unificarlos en un compuesto indisoluble.
El proceso de Metalización: El Sulphur Solis vel Lunæ. El segundo párrafo detalla la técnica metalúrgica para estabilizar las esencias extraídas de los reinos orgánicos o biológicos (como el aceite de fósforo u orina analizado en la página 48). El autor explica que el secreto radica en poseer la «rechten Schlüssel» (la llave correcta de la destilación). Si una sustancia no posee una morfología puramente metálica, el operador debe forzar su «metallisiret» (metalización).Para ello, el compuesto volátil se debe enriquecer en el crisol con el azufre del Sol o de la Luna (términos académicos latinos para designar al principio colorante activo extraído del oro [Sulphure Solis] o de la plata [Sulphure Lunæ]). Utiliza una bellísima y clásica metáfora agrícola barroca: el oro actúa como una semilla fecunda que se siembra en la tierra mineral del crisol («der Saame im Acker gesäet»), sometiéndose a una cocción prolongada («decoquiret») en el horno hasta que los átomos mutan alcanzando una fijeza molecular permanente y resistente al fuego directo («beständigen Fixität»).
El misterio de Artephius y la hipótesis de Isaac el Holandés. El último bloque introduce una penetrante pieza de crítica bibliográfica e historiográfica: la cita al tratado Practica o Opere Animali atribuido al célebre alquimista medieval Artephius (c. siglo XII). Petraeus aporta un valioso dato sobre el mercado del libro antiguo al confirmar que, según su conocimiento de archivista, este texto jamás había sido traducido ni impreso en lengua alemana vernácula («noch nicht in Teutscher Sprache gedruckt ist»).Inmediatamente ejecuta un brillante ejercicio de atribución autoral: sostiene que, por el estilo analítico de las recetas y las técnicas de laboratorio empleadas, el texto no pertenece en realidad al sabio medieval, sino que se trata de un manuscrito pseudoepigráfico redactado en el siglo XV por el iatroquímico flamenco Isaac el Holandés (Hollandus). La cita de Artephius/Hollandus cierra el folio censurando la ceguera metodológica de los operadores que insisten en buscar una sola materia base, acusándolos de ignorar la inmensa densidad y la profunda profundidad («profondität») de los mecanismos internos de la naturaleza mineral, abriendo la puerta a la teoría de los «dreyen Mercuriis» (los tres mercurios o aguas primordiales) que se desarrollará al reverso.
[50] La pluralidad de las vías y la Abbreviatio de Johannes Pauperum. El folio abre concluyendo la luminosa tesis de Artephius/Hollandus iniciada en la página 49. Defiende que si los tres mercurios o aguas minerales primordiales se extraen y se procesan de forma correcta («debite præpariret»), el investigador puede consolidar tres piedras filosofales («Lapides») independientes y perfectas.Para refrendar este pluralismo metodológico frente al dogmatismo escolástico, Petraeus invoca al filósofo medieval Johannes Pauperum (Juan de los Pobres, pseudónimo vinculado tradicionalmente a la tradición franciscana de los siglos XIII y XIV) en su célebre opúsculo Abbreviatio de secretis. Pauperum argumentaba que la República de los Químicos no poseía un único camino rígido, sino una inmensa red de vías empíricas que los antiguos maestros descubrieron y describieron de forma legítima según los grados de su entendimiento y su capacidad de reflexión mental («Nachsinnen und Verstande»), justificando así la aparente contradicción de fórmulas en los catálogos de libros antiguos.
El manuscrito de Isaac el Holandés: Los Cuatro Elementos y los Tres Reinos. El núcleo conceptual de la página radica en la inserción de un valioso fragmento inédito del iatroquímico flamenco Isaac el Holandés (Hollandus), extraído directamente de un cuaderno manuscrito de su archivo privado («Tractatu MS.») titulado De Lapide Composito (Sobre la Piedra Compuesta). Hollandus asume los axiomas de la física aristotélica al recordar que el Arte puede operar sobre cualquier cuerpo que esté compuesto por la combinación de los cuatro elementos primordiales (Tierra, Agua, Aire y Fuego). Sistematiza la Gran Obra dividiendo los elixires en géneros o familias («Geschlechte der Steine») perfectamente coordinados con los reinos de la historia natural:
- Lapis Mineralis (La Piedra Mineral): El método tradicional de la metalurgia operativa, sintetizado a partir de los minerales de las minas, el azufre, el antimonio y los metales puros.
- Lapis Vegetabilis (La Piedra Vegetal): Extraída del reino botánico mediante la destilación de plantas, hierbas y frutos. Hollandus eleva este elixir a una categoría de máxima excelencia médica y química, afirmando de forma sorprendente que contiene en sí más virtudes activas («Kräffte») que ninguna otra sustancia, actuando como el tónico más precioso («allerköstlichste») tanto para la cura de las enfermedades del cuerpo humano como para el perfeccionamiento de las aleaciones.
- Lapis Animalis (La Piedra Animal): El territorio de la iatroquímica orgánica y biológica que Petraeus venía defendiendo en los folios anteriores. Se extrae de los flujos de la vida animal, de las aves, los peces, la sangre (reactivo muy codiciado por su contenido en hierro y sales), la orina («Urina», la matriz del fósforo) y los excrementos o letrinas (denominados mediante el término clásico del alemán antiguo «Priveten», del latín privatum / letrina o pozo ciego, empleados en las boticas para la extracción de nitrato de potasio y sales amoniacales), abriendo la puerta a la definición de la cuarta piedra que se desglosará al pasar la hoja.
[51] El Lapis Compositus y el equilibrio de los Opuestos. El folio abre completando la clasificación de las piedras filosofales iniciada por Isaac el Holandés en la página 50 [Anualidad XVII]. Se define el «Lapis Compositus» (la Piedra Compuesta), la cual no se rige por un único componente mineral aislado, sino por una síntesis artificial que unifica elementos procedentes de los reinos orgánico e inorgánico.Petraeus utiliza este concepto para introducir una ley fundamental de la química física del siglo XVIII: la necesidad de coordinar la dualidad reactiva de la materia, dividida académicamente entre las partes activas o agentes («wirckende Theile») y las partes pasivas o reactivas («leydende Theile»). Ambas sustancias debían interactuar, luchar y madurar de forma natural en el lecho térmico del matraz (proceso descrito mediante el expresivo término corporativo «exerciren müssen») hasta que la cristalización homogénea del elixir coronara el éxito o la victoria («biß der Sieg gewonnen»). Como autoridad moderna de esta vía dual, el texto cita el tratado Anatomia Camphorae o Mercurial-Licht del médico e iatroquímico alemán Gottfried Moebius (Moebius, 1611–1664), célebre por sus estudios empíricos basados en la reproducibilidad práctica («ex Praxi»).
La democratización de la Materia: El rechazo a los viajes exóticos. El segundo bloque de la página articula una magnífica y liberadora tesis ilustrada en favor de la accesibilidad de la ciencia. El autor arremete contra el mito romántico y minero de que las materias primas transmutatorias solo podían extraerse en los yacimientos metalúrgicos más remotos, exóticos y peligrosos del planeta.El texto enumera los cuatro grandes destinos de las fortunas y expediciones de la época: las ricas minas de plata de Hungría, los yacimientos de oro de Transilvania (designada mediante su nombre histórico germánico «Siebenbürgen»), y las flotas coloniales procedentes de las Indias Orientales y Occidentales («Ost- und West-Indien»).Petraeus argumenta que emprender esos costosos y arriesgados viajes («grosse kostbahre Reisen») constituye un completo sinsentido metodológico. Apoyándose en la teología de Hollandus, recuerda que Dios ha depositado las semillas químicas de la naturaleza de forma democrática y universal en cualquier rincón del suelo. La materia prima no requiere fletes ultramarinos; se halla en abundancia en el entorno cotidiano del investigador (como el vitriolo o la orina analizados en los folios previos), lista para ser aislada por el operador «tam naturaliter quam artificialiter» (tanto por procesos naturales como por artificios mecánicos del laboratorio), según dicte el libre albedrío del científico.
El valor del Manuscrito Raro (Rare MS.) en la Ilustración, La conclusión del folio justifica de forma directa la existencia misma de la enciclopedia editada por Friedrich Roth-Scholz. Puesto que la sustancia base se encuentra en cualquier lugar, el verdadero factor diferencial para el éxito no es el dinero para viajar, sino el capital intelectual.El investigador tiene la obligación absoluta de adquirir un corpus robusto compuesto por tratados impresos y, de forma muy prioritaria, por manuscritos raros («rare MS.» / manuscriptis). En una época de transición donde miles de cuadernos de notas de los iatroquímicos del siglo XVII seguían bajo llave en colecciones privadas, localizarlos, transcribirlos y estudiarlos con una rigurosa reflexión mental («Nachdencken») constituía la única llave verdadera para descifrar los grados del fuego y los tiempos de incubación ácida del crisol.
[52] El método mental del laboratorio: Diseñar la Suite en la cabeza. El primer párrafo establece una pauta metodológica brillantemente moderna para la investigación experimental: el operador no debe encender los hornos de forma impulsiva o empírica. Siguiendo el consejo de Sendivogius analizado en la página 11, el científico debe estudiar primero los textos selectos para formar conceptualmente en su mente («im Kopff zu formiren») el mapa completo de las reacciones y operaciones sucesivas («Philosophische Operationen»). Solo cuando disponga de un armazón teórico firme, podrá ejecutar los pasos de forma práctica y constante siguiendo la secuencia lineal o serie experimental (utilizando el galicismo de la sistemática barroca «nach der Suite»).
El nacimiento de la Filología Crítica Aplicada a la Ciencia. El núcleo de la página constituye el manifiesto fundacional del Studium Criticum (el estudio crítico) aplicado a la literatura científica, justificando de forma explícita el monumental esfuerzo editorial que Friedrich Roth-Scholz materializaba en este compendio:
- El diagnóstico de corrupción (Vitieus & Übel vertirt): Petraeus denuncia que tanto los códices manuscritos («MScripta») como las ediciones impresas del mercado europeo estaban plagados de erratas graves, mutilaciones de capítulos («incomplet») y pésimas traducciones secundarias (utilizando el galicismo «übel vertirt», del francés vertir / traducir).
- Las tres reglas del análisis filológico: Define los tres pasos obligatorios del editor científico moderno:
- Conferiren: Confrontar y cotejar los distintos ejemplares físicos y variantes manuscritas para identificar las alteraciones de los copistas.
- Loca restaurar: Enmendar y traducir fielmente desde las lenguas extranjeras (árabe, griego, latín, francés) los pasajes distorsionados.
- Restituiren: Reconstruir el verdadero sentido y el mapa semántico conceptual original (el «Senfus») de los procesos de laboratorio allí donde los impresores comerciales del pasado hubieran omitido datos técnicos esenciales.
El canon de los filólogos de la Química y el contraste humanista. Para honrar a los pioneros de esta arqueología bibliográfica aplicada a los laboratorios, el texto cita a tres grandes médicos y eruditos alemanes del siglo XVII:
- Tanckius (Joachim Tanckius): Profesor en Leipzig que depuró los textos de Geber.
- Caspar Horn (Caspar Hornius): Médico que tradujo y anotó críticamente los tratados del Conde Bernardo de Treviso.
- Cardilucius (Johann Hiskia Cardilucius): Célebre médico, iatroquímico y editor barroco de Núremberg que consagró su carrera a cotejar y publicar los textos médicos de Paracelso despojándolos de añadidos apócrifos.
El autor lamenta de forma amarga que las universidades dediquen fortunas sobreabundantes y ejércitos de filólogos a pulir la elocuencia y la gramática («Eloquence») de los poetas y filósofos de la antigüedad clásica, logrando que no quede un solo autor griego o latino que no brille en su máximo esplendor institucional («vollkommenen lustre comparire»), mientras abandonan en el completo olvido y la ruina textual a los grandes tratados científicos de la física de la naturaleza.
[53] El debate sobre Nicolás Flamel: La defensa de Spon contra Naudé. El folio abre recuperando la emotiva cita en francés de Bernardo de Treviso analizada en las páginas 8 y 9 («toutes les autres sciences ne font rien…») para contrastarla con el escepticismo de la intelectualidad racionalista francesa. Petraeus introduce el gran debate historiográfico que dividía a la República de las Letras sobre la veracidad de Nicolás Flamel (1330–1418).El célebre erudito, científico y bibliotecario real Gabriel Naudé (Naudæus, 1600–1653) —famoso por fundar y organizar la monumental Biblioteca Mazarina en París bajo el mecenazgo del cardenal Julio Mazarino— había publicado un severo ensayo crítico (su Apologie pour tous los grands personnages qui ont esté faussement soupçonnez de magie, 1625) donde tildaba la historia de Flamel de completo mito popular y fraude bibliográfico, argumentando que un simple escribano medieval jamás habría tenido los conocimientos químicos para transmutar.Para desbancar el escepticismo de Naudé, Petraeus aporta dos contrarréplicas e importantes avales de la erudición francesa:
- El Dr. Spon (S. D. E. M. Spon): Siglas que identifican al respetado médico, helenista y arqueólogo lionés Jacob Spon (1647–1685). Spon redactó el prefacio crítico de la monumental antología Bibliotheque des Philosophes Chimiques, editada en París en 1672 por Guillaume Salmon [^2]. Spon utilizó actas notariales, registros parroquiales y las dotaciones de hospitales financiadas por Flamel para demostrar que su inmensa y repentina fortuna económica era un hecho histórico indiscutible queNaudé no podía refrenar.
- Borellus (Pierre Borel, 1620–1671): Médico de cámara del rey Luis XIV y un erudito bibliógrafo autor del Dictionario antiquarum vocum Gallicarum (o su Bibliotheca Chimica, 1654), quien documentó las andanzas de Flamel y autentificó el rastreo de sus cuadernos de notas de laboratorio.
El viaje de los veintiún años y el Libro de Abraham el Judío. El texto detalla el núcleo del calvario metodológico y bibliográfico de Flamel como el arquetipo del investigador autodidacta. Flamel adquirió por una moneda de cobre un rarísimo y enigmático tratado antiguo escrito sobre cortezas de árbol y bellamente iluminado con láminas de oro: el legendario Libro de Abraham el Judío.Al ser incapaz de comprender las alegorías y los caracteres caldeos del manuscrito («MScript. Philosoph.»), no encendió los hornos a ciegas; por el contrario, inició una peregrinatio iniciática que le llevó a viajar a lo largo de veintiún años enteros («gantzer 21. Jahr») por los caminos de Francia y España (haciendo el Camino de Santiago) en busca de médicos, rabinos y eruditos curiosos que pudieran ayudarle a desentrañar el mapa conceptual de la sustancia base, alcanzando el éxito solo tras esa inmensa disciplina de maduración intelectual.
La prueba de la mutilación: El fraude detectado en El pequeño campesino. En la segunda mitad de la página, Petraeus ofrece un flagrante y divertidísimo ejemplo práctico que demuestra de forma matemática la urgente necesidad de la filología crítica (Critique) y el cotejo físico (Collationirung) de las ediciones comerciales para proteger a los estudiantes de los fraudes de los tipógrafos.Invoca el texto del popular tratado de alquimia alemán del siglo XVII titulado Der Kleine Bauer (El pequeño campesino). Al revisar la página 106 de las ediciones corrientes del mercado librero, el texto generaba un clímax de máxima expectación: el autor anunciaba solemnemente que iba a revelar de forma directa, sin velos ni metáforas, los pasos operativos, los efectos («Effectus») y las virtudes («Virtutes») de la inagotable fuente de la materia prima («unerschöpflichen Brunnens»), pidiendo al lector que se sentara y tomara nota con el máximo celo debido a la gravedad del secreto.Sin embargo, Petraeus desbanca el engaño denunciando de forma satírica que en los libros vulgares «Es folget aber weiter nichtes hiervon» (después de esto no sigue absolutamente nada sobre el tema); el impresor comercial, por prisa, censura o por haber copiado un manuscrito mutilado, saltaba abruptamente de renglón y arrancaba en la línea siguiente hablando de una materia completamente ajena (el «fundamento de la tierra»), dejando al lector burlado en medio de una frase interrumpida, un vacío textual que Petraeus se encarga de subsanar en la página 54 confrontando el texto con los códices puros.
[54] La censura de los talleres: Reliqua Desiderantur. El folio abre analizando la resolución de la mutilación textual de El pequeño campesino denunciada en la página 53. Al confrontar las versiones espurias impresas con los códices puros antiguos, Petraeus descubrió que las imprentas comerciales estampaban al final del pliego la clásica fórmula de la censura o el vacío editorial de los archivistas: «Reliqua desiderantur» (en latín, el resto se echa de menos o falta el resto).Para subsanar este corte, el autor revela que el núcleo secreto de la receta (los verdaderos efectos o «Effectus» del aceite de fósforo) se hallaba camuflado bajo el velo literario de una conversación clínica mantenida con el médico personal del rey de Inglaterra, una técnica de encriptación alegórica muy común para despistar a la censura de los estados absolutistas.
El desenmascaramiento de Chortolassaeus y el Dr. Grassaeus. El segundo párrafo ofrece una revelación de un valor historiográfico colosal para la bibliografía dieciochesca: la desanonimización y fijación de autoría del tratado Der Kleine Bauer (El pequeño campesino), una de las obras más leídas y controvertidas del siglo XVII. Petraeus desvela de forma definitiva que bajo el enigmático pseudónimo latinizante de Chortolassaeus se ocultaba en realidad la mente del médico e iatroquímico alemán Johannes Grassaeus (Grassee, c. 1560–1618), natural de la ciudad portuaria báltica de Stralsund («von Strahle-Sunde»). El autor certifica su descubrimiento mediante un control diplomático impecable: cotejó la caligrafía y las rúbricas de las cartas originales de la correspondencia epistolar privada («Correspondenz-Briefen») que Grassaeus cruzaba con el médico cortesano Dr. Göstel, donde el sabio de Stralsund desvelaba su verdadera identidad civil.
La Alquimia democrática y el mercado negro de manuscritos ilegibles. La página describe un fascinante episodio de transmisión clandestina de saberes en los circuitos herméticos de Europa septentrional involucrando a Johannes Harprecht (quien escribía bajo el anagrama de Filius Sendivogius / el hijo de Sendivogius, ya catalogado en el índice de la página 18 [Anualidad VII] por su tratado sobre la sal filosófica). Harprecht se apoderó de los cuadernos de notas inéditos de Grassaeus y los integró de forma literal en sus propias obras maestras impresas (como el Sudum Philosophicum o su Lucerna).Harprecht elogiaba la transparencia pedagógica de los escritos de Grassaeus empleando una fórmula radicalmente democrática: afirmaba que el texto poseía una claridad tan absoluta que cualquier humilde artesano, sastre o zapatero («ein jedweder Schneider oder Schuster») de los gremios urbanos sería capaz de descifrar por completo el misterio último de la física natural en su taller, con la única y elitista condición académica de que el artesano dominara el latín para leer la sintaxis iatroquímica.Debido a que el alijo de papeles originales de Grassaeus presentaba una caligrafía taquigráfica barroca prácticamente indescifrable («sehr unleserlich geschrieben»), Harprecht decidió monetizar el secreto: vendió los manuscritos a un rico coleccionista báltico por una colosal fortuna en efectivo («eine gute Summa Geldes»). Los códices fueron empaquetados y contrabandeados en barco a través del mar Báltico hacia Livonia («Liefland», región histórica que abarca las actuales Estonia y Letonia), ilustrando las rutas comerciales del contrabando de alta literatura científica en el siglo XVII.
El enigma resuelto de Cardilucius. El tramo final desvela una de las sorpresas biográficas más espectaculares de la enciclopedia: la fusión de identidades de Harprecht y Cardilucius. Petraeus relata que tras enriquecerse con la venta de los manuscritos de Stralsund en Livonia, Johannes Harprecht ejecutó una perfecta operación de desaparición y lavado de imagen cortesano:
- El cambio de identidad: Cambió su nombre civil de forma legal y clandestina para borrar su turbulento pasado de alquimista perseguido por las deudas.
- El matrimonio estratégico: Contrajo nupcias con una acaudalada aristócrata de la región («eine reiche Frau geheyrathet»), lo que le dotó de un inmenso capital líquido y estatus social.
- El nacimiento de Cardilucius: Reapareció formalmente en la República de las Letras haciéndose pasar por un nuevo erudito bajo el nombre de Johann Hiskia Cardilucius (el célebre editor y filólogo de Paracelso que Petraeus precisamente ensalzaba por su rigor en la página 52). Bajo esta nueva máscara académica y senatorial, publicó docenas de respetados y oficiales tratados impresos sobre medicina teórica, epidemiología y química farmacológica («Medicin. Chym. bekannte Bücher») en Núremberg, demostrando que uno de los mayores filólogos críticos de la medicina oficial alemana procedía, en realidad, de las redes clandestinas de los transmutadores de plomo del mar Báltico.
[55] Isaac el Holandés como el «Elías Artista». El cuerpo superior de la página contiene una de las máximas cumbres de la apologética iatroquímica barroca, unificando los testimonios de grandes autoridades del siglo XVII para ensalzar a Isaac el Holandés (Hollandus).
- El dictamen de Penotus: El médico francés Bernard Georges Penot (Penotus) recurre a la famosa profecía mesiánica de Paracelso analizada en la página 15: decreta solemnemente que la comunidad científica no debe seguir esperando la llegada física de un hombre que encarne al Elías Artista («Eliam Artistam»); ese redentor del conocimiento ya ha llegado a la Tierra bajo la forma del corpus textual de los manuales de Isaac el Holandés, debido a que sus recetas de laboratorio abandonaron el código criptográfico tradicional y describieron las destilaciones con una claridad sin parangón en la historia de la ciencia.
- El nuevo Hermes de Cocheim: Refrendando a Penotus, se cita al filósofo alemán Johann Valentin Cocheim (Cocheim von Hollrieden), quien en sus prefacios afirmaba que toda la química germánica bajomedieval y moderna constituía una herencia gregaria derivada de los crisoles de Hollandus, elevándolo al estatus místico de un segundo Hermes Trismegisto.
Arqueología bibliográfica: La conexión con Georg Ernst Stahl. El catálogo razonado que abre en la mitad inferior ofrece un extraordinario testimonio del nacimiento de la historia de la ciencia a través de la filología crítica. Petraeus rastrea el itinerario editorial del primer opúsculo de Hollandus, el tratado De Salibus & Oleis Metallorum (impreso originalmente en 1604 en el minúsculo y portátil formato duodécimo o «12mo»):
- La edición latina de Núremberg (1723): El autor desvelará una valiosa concordancia académica: demuestra que el célebre médico y químico prusiano Georg Ernst Stahl (1659–1734) —médico de cámara del rey de Prusia, catedrático en la Universidad de Halle y creador de la trascendental teoría del flogisto— respetaba tanto el valor metalúrgico de Hollandus que insertó textualmente este tratado de las sales en la página 237 de su obra cumbre Fundamenta Chymiae, editada en Núremberg en formato cuarto («4to»).
- La edición alemana de Leipzig (1729): Petraeus aporta una actualización bibliográfica rigurosamente contemporánea al momento de la impresión de este tomo. Confirma que el texto de las sales de Hollandus acaba de ser vertido al alemán vernáculo e incorporado en la página 521 de la versión abreviada de Stahl Chymia rationalis & experimentalis, editada en Leizpig en 1729 en formato octavo («8vo»). Esta doble inserción por parte de Stahl —el químico oficial más importante e influyente de la Ilustración alemana— constituía la prueba institucional definitiva de que los escritos de los adeptos no eran delirios metafísicos, sino la base empírica de la farmacopea y la metalurgia modernas.
[56] Rigor bibliográfico barroco: Metrología del libro antiguo. Esta página es un testimonio excepcional del nacimiento de la ciencia de la bibliografía y la ecdótica modernas en el siglo XVIII. Petraeus no se limita a citar títulos de memoria; ofrece una ficha catalográfica perfecta utilizando la metrología del taller impresor barroco:
- Formatos físicos: Todas las ediciones reseñadas se publicaron en formato octavo («8vo»), el tamaño estándar y portátil predilecto de los investigadores y operarios para tener los manuales abiertos junto a las retortas.
- Cómputo de pliegos y signaturas: Utiliza las fórmulas de taller romano-germanas como «1. Alph. plag. 5.» (un alfabeto de signaturas completo y cinco pliegos sueltos) o «11½. Bogen» (once pliegos y medio de papel de trapo). Este conteo de hojas físicas permitía a los coleccionistas y boticarios del siglo XVIII verificar en las ferias del libro de Leipzig o Fráncfort si el ejemplar que iban a comprar estaba completo o si el librero les vendía una versión mutilada por la censura.
Análisis de los pies de imprenta: Schilders y Janssonius. El catálogo indexa dos hitos de la imprenta científica de los Países Bajos de principios del siglo XVII, núcleo de la tolerancia religiosa y la edición hermética:
- Richard Schilders (Midelburgo, 1600): Célebre impresor de origen flamenco que ostentaba el prestigioso cargo de tipógrafo oficial de los Estados de Zelanda («Ordinum Zelandiæ Typographus»). Schilders imprimió la traducción latina de la obra mineral de Hollandus ejecutada bajo las siglas P. M. G., incorporando además las notas teóricas que el médico francés Bernard Georges Penot («Penotus») había rescatado. Petraeus advierte críticamente que estas versiones varían y muestran divergencias textuales («doch variiren diese Editiones») con los manuscritos directos.
- Jan Jansson (Arnhem, 1616): Uno de los editores y cartógrafos más célebres de Holanda (asociado a la gran saga de Janssonius-Blaeu). Su edición unificó por primera vez las obras minerales y las codiciadas recetas del reino botánico («Opera Mineralia, & Vegetabilia»), traduciéndolas con el máximo rigor filológico («fidelissime») desde el bajo alemán vernáculo al latín académico.
Las andanzas de Harprecht y el mercado de Leipzig (Puntos 5 y 6). El punto 5 recupera el rastro biográfico de Johannes Harprecht —cuyo asombroso cambio de identidad bajo el nombre de Cardilucius fue desvelado de forma novelesca en la página 54—. El texto detalla que Harprecht operaba en Ámsterdam en 1659 bajo las siglas «J. F. H. S.» (un anagrama que condensaba su lealtad al sabio polaco Sendivogius: Johannes Fredericus Harprecht, Silesius / Juan Federico Harprecht, de Silesia).Harprecht localizó manuscritos medievales de Hollandus escritos en lengua holandesa y los vertió al alto alemán normativo («verhochdeutschet»), publicándolos a través de los talleres del célebre impresor hermético Henricus Betkius en Ámsterdam. Petraeus aporta una magnífica precisión sobre el mercado de falsos pies de imprenta de la época al desvelar que la supuesta reedición holandesa de 1695 fue en realidad un fraude comercial ejecutado de forma clandestina en los talleres del librero Johann Caspar Meyer en Leipzig (Sajonia), quien colocó un pie de imprenta falso de Ámsterdam en la portada para saltarse los impuestos y la rígida censura eclesiástica sajona.El punto 6 indexa la célebre edición de Fráncfort del Meno de 1669, costeada por el gran editor de la feria de Fráncfort Thomas Matthias Götz e impresa físicamente en las prensas de Blasius Ilsner, una de las versiones en alemán vernáculo más limpias y completas que servía a los boticarios para estabilizar las sales minerales.
[57] El emblema de «La Mano de los Filósofos» y el Opus Saturni (Punto 7). El punto 7 del catálogo indexa una de las obras iconográficas más famosas y enigmáticas del siglo XVII: Die Hand der Philosophen. Este tratado giraba en torno al célebre emblema de la «Mano Hermética» o Mano de los Adeptos, una ilustración donde cada dedo de la mano sostenía un símbolo coronado (una llave, una corona, una estrella, un sol, una linterna) que sintetizaba nemotécnicamente los reactivos y las fases de la transmutación.Se complementaba con el Opus Saturni, manual especializado en el trabajo metalúrgico con el plomo (Saturno), editado en Fráncfort por el gran librero Thomas Matthias Götz en 1667.
El secreto de las Letrinas: El Gran Elixir Ex Stercore Humano (Punto 8), El punto 8 aporta un pasaje historiográfico y técnico de inestimable valor sobre las líneas de investigación de Isaac el Holandés:
- La iconografía de los hornos: La tercera parte de su obra mineral incluía los planos técnicos («Figuren und Instrumenten») indispensables para que los boticarios pudieran mandar a fabricar las retortas y los hornos de viento con los tiros de aire correctos.
- La Cábala de los Tiempos Astrales: El texto detalla que los manuscritos originales holandeses contenían una sección criptográfica (la «Cabala») que los editores alemanes omitieron o censuraron en más de la mitad de su volumen («manqviret noch fast über die Helffte»), haciendo desaparecer los mapas de caracteres astronómicos, las regencias de los planetas y las horas astrales calculadas para encender los fuegos.
- La matriz orgánica de la riqueza: Petraeus rompe los velos alegóricos desvelando que este tratado explicaba la síntesis del Gran Elixir extraído a partir de las letrinas y los pozos ciegos (utilizando la fórmula de la iatroquímica orgánica latina «ex stercore humano»). Lejos de ser una metáfora espiritual, Hollandus declaraba explícitamente en sus memorias que fue precisamente procesando y destilando estas materias fecales del microcosmos —ricas en nitratos, fosfatos y sales amoniacales puras— como logró acumular el inmenso capital líquido y los bienes patrimoniales que financiaron sus fastuosos laboratorios, lamentando el autor que estas valiosas páginas siguieran inéditas y sin ser traducidas del neerlandés antiguo.
Las ediciones periféricas: Bautzen y Gardelegen (Puntos 9 y 10), Los últimos dos puntos del folio demuestran el rastreo minucioso de Petraeus por las imprentas provinciales del ámbito germánico:
- La edición de Bautzen (1677): El punto 9 localiza el tratado De Vitriolo impreso en la ciudad de Bautzen (Sajonia, designada mediante su nombre histórico eslavo-latino «Budissin»), manual clave que Petraeus utilizó para fundamentar su defensa del ácido del vitriolo en las páginas 44 y 45.
- La edición de Gardelegen (1714): El punto 10 indexa las Chymische Operationes, editadas bajo las misteriosas siglas de un editor anónimo (R. H. C.) en la pequeña ciudad de Gardelegen (Sajonia-Anhalt) a expensas de Ernst Heinrich Campen, aportando el conteo de control de taller («1. Alph. und 3. Bogen») que cerraba el estudio crítico de las fuentes impresas de la época.
[58] El cierre del inventario de Hollandus y el enigma del Opus Saturni. El folio clausura formalmente el minucioso catálogo bibliográfico de Isaac el Holandés que se venía desarrollando en las páginas 55, 56 y 57.
- La Orina como disolvente (Punto 11): Indexa el Tractatus de Urina, texto fundamental que Petraeus utilizó en las páginas 46 y 48 para demostrar la validez del fósforo y del Acidum Urinæ como disolventes de los metales.
- La edición de Hofgeismar (Punto 13): Registra el fragmento teórico incluido en la antología Tractatus aliquot Chemici singulares, impresa en la ciudad de Hofgeismar (Sajonia, designada mediante su topónimo latinizante «Geismariæ») en 1647 por el impresor Salomon Schadewitz, una de las versiones colectivas más buscadas por los coleccionistas del siglo XVIII.
- La inserción en el Carro Triunfal (Punto 14): Petraeus ejecuta un brillante ejercicio de control hemerográfico y bibliográfico al rastrear el itinerario del Opus Saturni (la obra metalúrgica sobre el plomo). Desvela que los editores del siglo XVII respetaban tanto este texto que lo incorporaron de forma íntegra como un apéndice en las páginas finales de las ediciones oficiales del famoso libro de Basilio Valentín Triumph-Wagen Antimonii, indexando cronológicamente las cuatro grandes tiradas del mercado germánico: tres de la feria de Leipzig (1604, 1611, 1624) y la célebre reimpresión barroca de Núremberg de 1676, facilitando así las concordancias de página para los investigadores de laboratorio.
El escepticismo crítico contra Borel y Combach. En el bloque inferior de prosa, el autor asume su papel de historiador analítico y distanciado de la ciencia. Examina el catálogo general de literatura química publicado por el erudito francés Pierre Borel (Borellus) en su influyente Bibliotheca Chimica (París, 1654).Borel pretendía que existían docenas de folios inéditos de Hollandus circulando por las cortes. Petraeus desbanca esta afirmación manifestando un saludable escepticismo metodológico («daran aber zweiffle daß sie gedruckt seyn»); dictamina que el investigador solo debe dar por válidos los fragmentos reproducibles impresos en la enciclopedia de Zetzner o recopilados por el filósofo y profesor de medicina de la Universidad de Marburgo Johannes Combach (Combachio, 1585–1651).
El análisis de las variantes francesas de Gabriel de Castaigne. El tramo final de la página ofrece una magistral lección de ecdótica y colación filológica aplicada comparada, rastreando las redes de traducción del Proceso Universal de la Sal Marina:
- Las ediciones de Saigner: Insta al estudiante a confrontar la versión latina oficial de Bremen de 1664 en formato cuarto (editada por el iatroquímico Johann Saigner).
- El contrabando de Castaigne: Saigner tradujo sus textos a partir de la obra del monje franciscano y limosnero del rey de Francia Gabriel de Castaigne (R. P. Gabriel de Castaigne), cuyas obras completas (Les Oeuvres) fueron editadas en París en 1661 en formato octavo.
- La denuncia de la omisión (Ausgelassen): Petraeus demuestra empíricamente que las ediciones latinas alemanas sufrieron una severa censura técnica, puesto que al cotejarlas con el octavo original de París de Castaigne, se constata que los impresores de Bremen omitieron («ausgelassen») párrafos enteros que contenían las proporciones exactas de la destilación ácida. Concluye advirtiendo que para alcanzar la máxima pureza textual, el bibliófilo no debe detenerse en Castaigne, sino remontarse a confrontar el texto impreso con los cuadernos en francés antiguo manuscritos, un análisis filológico circular que continuará en la página 59.
[59] El análisis filológico del manuscrito de Saigner. El folio abre concluyendo de forma exacta el complejo análisis ecdótico e histórico-crítico iniciado en la página 58. Petraeus insiste en que para comprender el verdadero mapa conceptual de la destilación de la sal marina de Johann Saigner, el bibliófilo no debe fiarse de las ediciones impresas vulgares. Debe ascender a confrontar el texto con un códice escrito en francés antiguo («Französischen Sprache geschriebenen Exemplar»), puesto que solo en el prólogo manuscrito puro se halla la documentación teórica (la «Confirmation») que dota de validez histórica a una de las leyendas geopolíticas más trascendentales de la tradición hermética occidental.
El pacto secreto de las Cruzadas: Lulio y Ricardo de Inglaterra. La sección central desarrolla el mito pseudo-luliano de la financiación alquímica de las Cruzadas, adaptándolo a la cronología de la historia medieval de Inglaterra. La leyenda combina elementos verídicos con narrativas alegóricas del Barroco:
- La juventud en París: Relata que el filósofo mallorquín Raimundo Lulio coincidió en las aulas de la Universidad de París (la «hohen Schule zu Paris») con el príncipe Ricardo (identificado popularmente en la tradición anglo-germana como Ricardo Corazón de León o vinculado a la dinastía Plantagenet), forjando una entrañable camaradería estudiantil.
- El presupuesto de la guerra (Cien mil hombres durante siete años): Al asumir Ricardo el trono inglés tras la muerte de su padre, Lulio le desveló su maestría en la transmutación crisopeyica. Le propuso un pacto geopolítico de escala colosal: si la corona inglesa consagraba sus ejércitos a fletar una cruzada santa para recuperar Jerusalén combatiendo a los sarracenos («Saracenen» / los musulmanes), Lulio fundiría secretamente en la Torre de Londres una cantidad monumental de oro y plata líquida capaz de sufragar el sueldo, las raciones y los pertrechos de un ejército inmenso de 100,000 soldados durante siete años continuos, añadiendo un fondo de reserva soberano de un millón de monedas de oro adicionales.
- La traición geopolítica y el cautiverio en la Torre: El desenlace de la crónica adquiere tintes dramáticos. El joven monarca inglés, una vez que recibió los lingotes de oro de alta ley en sus arcas, traicionó el pacto sagrado y desvió los fondos presupuestarios y las tropas para financiar las campañas militares de la Guerra de los Cien Años contra Francia («seine Armee gegen Franckreich gewendet»). Al verse burlado en sus ideales religiosos y comprobar que su oro se empleaba para derramar sangre cristiana entre naciones europeas, Lulio se negó a continuar encendiendo los hornos. El Rey ordenó entonces su arresto inmediato, manteniéndolo encerrado bajo estricto cautiverio y confinamiento militar («ziemliche Verwahrung»), obligando al filósofo a trabajar («wacker hat laboriren müssen») de forma forzada en los sótanos reales para la acuñación de la corona. Esta leyenda intentaba explicar históricamente el origen de los famosísimos e hígidos «Nobles de la Rosa» (monedas de oro inglesas de una pureza de quilates tan extraordinaria que los ensayadores de cecas del siglo XVIII afirmaban que solo podían provenir de un proceso iatroquímico artificial).
El aval historiográfico: Michael Maier, Morhof y el Abad de Westminster. Para blindar esta novelesca crónica ante los escépticos de la Ilustración, Petraeus despliega un impresionante aparato crítico remitiendo al lector a las mentes más brillantes de la historiografía científica y el humanismo del siglo XVII:
- Michael Maier (Symbola Aureæ Mensæ, Fráncfort, 1617): El célebre médico de cámara del emperador Rodolfo II dedicó un extenso capítulo de su monumental enciclopedia histórica a auditar la estancia de Lulio en Inglaterra, dando por válidas las pruebas documentales de la Torre de Londres.
- Daniel Georg Morhof (Epistola de Transmutatione Metallorum, Hamburgo, 1673): Catedrático, polímata y uno de los fundadores de la historia literaria y bibliográfica en Alemania. En su famosa epístola dirigida al científico Joel Langelott, Morhof analizaba con rigor filológico las fuentes inglesas del suceso.
- El Testamento del Abad de Westminster (Testam. Abbatis Westmonaster.): Es el documento fundacional de la leyenda. Alude al manuscrito atribuido a John de Feckenham o a los abades medievales de la Abadía de Westminster, quienes custodiaron en sus archivos eclesiásticos las actas notariales e inventarios secretos que detallaban el alijo de oro depositado por el alquimista en los sótanos monásticos antes de su huida de Gran Bretaña.
[60] La Alquimista del Delfinado y el método del Curioso. El folio abre cerrando la auditoría bibliográfica sobre el método de extracción a partir de la sal marina de Johann Saigner. Petraeus sale en su defensa frente a los científicos escépticos recurriendo a un argumento empírico de Gabriel de Castaigne (Pere de Chataigne): relata que el proceso no es una fantasía absurda o vacía («nicht de nihilo» / no de la nada), a pesar de ser técnicamente complejo y laborioso (utilizando el galicismo de los talleres barrocos «operös»).Castaigne testificó en sus diarios franceses que el método fue verificado experimentalmente por una aristócrata y científica anónima de la provincia del Delfinado («eine sehr tugendsame Dame in der Provintz Dauphiné»), quien dominaba de tal manera el régimen del fuego que ejecutó ante el monje proyecciones perfectas en seco, tanto para la fijación de la plata («auf Weiß» / sobre lo blanco) como para la del oro («auf Roth» / sobre lo rojo). Petraeus utiliza este éxito para insistir en su tesis ecdótica: el verdadero investigador («Curioso») que desee encender los hornos («laboriren») debe obligatoriamente ejecutar estos cotejos de textos («Collationes») para estructurar en su mente una idea cognitiva limpia («nöthige Idée») antes de arriesgar su patrimonio en carbón y vasos. Como guía complementaria de alta claridad teórica, recomienda el tratado trinitario de Fráncfort de 1619 fundado en el Sol, la Luna y el Mercurio, rico en sólidas razones mecanicistas («Phil. Raisons»).
El escándalo de la Aurora Consurgens y la censura de Waldkirch. La segunda mitad del folio despliega una de las denuncias documentales más trascendentales de la historia de la edición hermética universal, desvelando cómo los prejuicios religiosos de los impresores corrompían el patrimonio científico de Europa:
- La Aurora Consurgens: Es uno de los manuscritos iluminados medievales más célebres y bellos del siglo XV (atribuido por teólogos e historiadores como Carl Jung a las lecciones finales de Santo Tomás de Aquino). El texto es un tratado de alta mística iatroquímica que entrelaza los procesos de purificación de los metales en el crisol con los cánticos, parábolas y visiones del Antiguo Testamento (especialmente el Cantar de los Cantares).
- La gran antología de Basilea (Artis Auriferæ, 1610): Este tratado fundamental fue incorporado en el primer volumen de la célebre enciclopedia impresa en Basilea (Suiza) en 1610 bajo el título alternativo de Aurea hora.
- La confesión del censor (Ex pio Zelo): Petraeus ejecuta un brillante ejercicio de deconstrucción editorial al denunciar que a la versión impresa de Basilea le falta por completo («manqviret») el tratado principal inicial compuesto por doce capítulos enteros. El culpable directo de esta mutilación textual fue el influyente impresor, editor y librero suizo Conrad von Waldkirch (Wᴀʟᴅᴋɪʀᴄʜ). Waldkirch, imbuido de una rígida ortodoxia reformada calvinista, confesó con total descaro en el propio prefacio de la obra («Præloquio») que había eliminado activamente esos doce capítulos de forma intencionada («mit Fleiß»).
Waldkirch justificó su censura alegando que lo hacía impulsado por un «ex pio Zelo» (por un celo piadoso o devoto): consideraba un sacrilegio intolerable e indecoroso que el autor medieval utilizara los textos sagrados de la Biblia de forma mística y alegórica («mystice & allegorice») para describir reacciones químicas, escorias y destilaciones ácidas de laboratorio. Esta mutilación puritana dejó ciegos a los químicos alemanes del siglo XVII, quienes leían un texto descabezado, una amputación que Petraeus y Roth-Scholz se encargaron de subsanar en este Theatrum Chemicum restituyendo los doce capítulos censurados a partir de los códices en pergamino puros.
[61] El principio de integridad hermenútica contra la censura. Petraeus concluye de forma brillante su célebre denuncia contra el impresor suizo Conrad von Waldkirch iniciada en la página 60. Califica sus motivos de puros «Gewissens-Scrupeln» (escrúpulos de conciencia) infundados que solo habitaban en su mentalidad doctrinaria imaginaria. El autor formula un principio cardinal de la filología y la hermenéutica de la ciencia: los tratados antiguos de iatroquímica constituyen un sistema circular cerrado donde cada alegoría y proceso están interconectados («referiret sich immer eins auf das andere»); por ende, amputar un capítulo rompe la red semántica (la «Connexion») de la receta de laboratorio, volviendo el manual inservible para el investigador. Al confrontar las ediciones con los manuscritos puros («MS.»), queda demostrado que el entrelazamiento de la Biblia con los crisoles no poseía una intención sacrílega o profana, sino que constituía el lenguaje técnico natural de la Edad Media.
El método ilustrado del lector de Ciencia: La crítica del Judicium. El segundo párrafo define el perfil metodológico del perfecto estudiante ilustrado frente al caos bibliográfico del mercado de libros del siglo XVIII. El lector no debe operar a ciegas («blindlings»); debe llevar un cuaderno de notas para registrar los pasajes truncados («defectueuse Passagen») y los cotejos de variantes («Collationes Processuum») que sigan una lógica racional («raisonnabel»).Al acumular un catálogo crítico e histórico de los autores (una «Notice» o noticia bibliográfica), el científico consolida un «Judicium» (juicio crítico autónomo), impidiendo que caiga en la trampa escolástica de aceptar dogmáticamente cualquier manual antiguo como una verdad absoluta o revelación divina infalible, descrita mediante la célebre locución clásica latina «quasi ex Tripode dictum esset» (como si fuera una sentencia dictada desde el trípode de la pitonisa del Oráculo de Delfos).
El discernimiento de los expertos y las máximas de Propercio. El tramo final de la página formula un descarnado y realista balance sobre la saturación y la charlatanería en el mercado editorial hermético. Petraeus recurre a un expresivo refrán popular germánico de raigambre gremial: «alle nicht gute Köche seynd, die lange Messer tragen» (no todos son buenos cocineros por el mero hecho de portar cuchillos largos). Con esta analogía advierte que la inmensa mayoría de los manuales sobre la Piedra Filosofal («de Lapide») fueron redactados por sopladores codiciosos, impostores o médicos ineptos, siendo los «veri Adepti» (los verdaderos sabios experimentales) una absoluta y escasísima minoría histórica.
Para equilibrar este escepticismo, introduce dos adagios clásicos de la literatura latina:
- Sæpe Olitor valde opportuna locutus: Aforismo tradicional (atribuido a las colecciones de sabiduría popular de Erasmo de Rotterdam y Catón) que recuerda que incluso un humilde hortelano o un operario rústico puede, a veces, desvelar una verdad empírica u operativa de máxima oportunidad y valor para la ciencia.
- Propercio (Elegías, III, 3, 22): El autor corona la hoja citando al poeta elegíaco romano Sexto Propercio. La máxima «Non est Ingenii cymba gravanda tibi» («No debes sobrecargar la barca de tu ingenio») constituía una advertencia metodológica y ascética fundamental en la iatroquímica dieciochesca: el investigador debe conocer los límites de su propia razón mecanicista y no naufragar en la soberbia intelectual intentando forzar experimentos abstractos que superen las fuerzas de la barca de su intelecto, un sabio consejo de prudencia con el que Petraeus encauza el cierre definitivo de su ensayo crítico.
[62] La navegación prudente de Ovidio. El folio abre de forma soberbia coronado por un célebre dístico elegíaco extraído de los Remedia Amoris (v. 737-738) del poeta romano Ovidio [[^1]]. Esta máxima clásica funcionaba en la iatroquímica ilustrada como un emblema náutico y metodológico: aconsejaba al operador mantener un remo en el agua profunda (la teoría macrocósmica) y el otro rozando la arena de la playa (la praxis empírica segura del boticario). Al navegar cerca de la costa de la reproducibilidad experimental, el científico se blindaba contra los naufragios y las tormentas de la confusión abstracta que aguardaban en medio del mar abierto («Medio maxima turba mari est»).
La teoría del Progreso Científico frente al inmovilismo antiguo. El primer párrafo formula una de las tesis más audaces y revolucionarias de Petraeus, sintonizando plenamente con la Querella de los antiguos y los modernos del siglo XVIII. El autor rompe con el dogma hermético tradicional que pretendía que la verdad absoluta de la naturaleza solo pertenecía a los sabios de la antigüedad medieval o egipcia. Defiende firmemente la noción del progreso acumulativo de la ciencia: la experiencia de laboratorio («Experientia Alchym.») evoluciona y saca a la luz verdades nuevas casi de año en año («fast von Jahren zu Jahren was neues»).Los investigadores contemporáneos y las nuevas gacetas impresas logran desvelar, mediante la invención («Invention») de reactivos e innovaciones en su maduración térmica («Elaboration»), procesos experimentales puros que los antiguos maestros ocultaron maliciosamente en sus acertijos o que ellos mismos ignoraban por completo debido al atraso técnico de sus hornos.
El «Grano de Sal» y el axioma de la Sal de la Sabiduríaç. La sección central aborda un aparente conflicto doctrinal. Los tratados medievales dogmatizaban bajo la máxima clásica: «Ars nostra in rerum multitudine non consistit…» (nuestro arte no se fundamenta en la multiplicidad de sustancias, defendiendo la vía de una sola materia prima). Petraeus argumenta que este inmovilismo debe ser interpretado bajo el criterio escéptico de la Ilustración: «cum grano salis» (con un grano de sal / con beneficio de inventario).Explica que, una vez desentrañados los componentes moleculares, el Arte opera sobre múltiples cuerpos. Introduce la gran máxima iatroquímica escrita en una combinación de latín e italiano barroco: «nulla senza sale Opera nostra vale» (ninguna de nuestras operaciones de laboratorio posee validez si carece de sal) [^3]. En el siglo XVIII, las «sales» (como las sales amoniacales, los nitratos o el vitriolo) eran los verdaderos agentes catalizadores fijos de la química mecanicista. El autor aconseja al estudiante no perder el tiempo en vagas búsquedas místicas («Inqvisitiones»), sino buscar el «Sal Sapientiæ» (la sal de la sabiduría) de la forma más pragmática posible: en aquellas sustancias de la historia natural donde se halle más próxima, económica y accesible al crisol, blindando los verdaderos fundamentos («vera fundamenta Artis») contra las estafas de los falsificadores ambulantes («Proceſſus circumforaneos»).
[63] El testamento hermenéutico de Petraeus: Ad Finem Optatum. El bloque superior en prosa condensa la gran conclusión metodológica y moral del tratado crítico de Petraeus, formulando un axioma definitivo que enlaza el pasaje evangélico de 1 Tesalonicenses 5:21 («Examinadlo todo; retened lo bueno») con el empirismo de la Ilustración temprana:
- La regla de la Critique: El Studiosus Phil. (estudiante de filosofía natural) debe someter todo el patrimonio de libros acumulados a una rigurosa auditoría textual («Philosof. Critique») para separar las recetas falsas de los procesos mecanicistas viables.
- La fijeza de la Suite experimental: Aunque el saber se extraiga de múltiples autores, la ejecución física del laboratorio no debe dispersarse en una infinidad de pruebas inconexas («non consistit in multitudine»). Una vez que el científico ha estructurado una hipótesis sólida fundada en razones experimentales e institucionales indiscutibles («Rationes tam theoreticas quam practicas»), debe blindar su mente, perseverar en esa única línea de investigación y perfeccionar el fuego de la retorta hasta coronar el éxito o el fin deseado («ad finem optatum»).
El misterio de Sendivogius y el secreto del cosmopolita Alexander Seton. Inmediatamente después de fijar su lema, Petraeus abre el último gran expediente biográfico del volumen, lanzando una controvertida tesis histórica: afirma de forma tajante que el coloso polaco Michael Sendivogius (1566–1636) —venerado en Europa como el gran maestro descubridor del oxígeno latente en el nitro— no fue en realidad un verdadero creador o inventor científico originario de la sustancia («kein Adeptus realis gewesen»), sino que su celebridad internacional derivó de haber heredado o incautado una tintura transmutatoria ajena.
El mentís bibliográfico de Roth-Scholz contra el Dr. Hannemann. La descomunal nota al pie (c) ofrece un testimonio historiográfico de primer orden sobre las feroces disputas de autoría y las redes de control de datos que libraban los editores del siglo XVIII. El editor Friedrich Roth-Scholz interrumpe el ensayo de Petraeus para asumir la voz en primera persona, remitiendo al lector a la biografía crítica de Sendivogius que él mismo había redactado e impreso en Núremberg en 1718. Utiliza su archivo para ejecutar un implacable ataque hemerográfico contra el prestigioso médico y catedrático de la Universidad de Kiel, el Dr. Johann Ludwig Hannemann (1640–1724):
- La burla del refrán popular (Hören läuten): Roth-Scholz ridiculiza el capítulo 23 del libro Jason (Kiel, 1709) de Hannemann empleando el expresivo modismo germánico medieval: «er hat zwar hören läuten, aber nicht zusammen schlagen» (oyó repicar las campanas, pero no sabe dónde repican / oyó campanas y no sabe dónde). Le acusa de ser un recopilador negligente que mezcló fechas, nombres y crónicas judiciales sin cotejar las fuentes primarias.
- La verdadera crónica de Alexander Seton (Sitonio): Hannemann erraba en la geografía y los nombres al datar el suceso en la ciudad holandesa de Enkhuizen («Enckhausen») en 1602. Roth-Scholz restituye la intrahistoria real del umbral del siglo XVII: el verdadero poseedor del polvo transmutatorio rojo era el enigmático adepto escocés Alexander Seton (conocido académicamente en el latín de la época bajo el pseudónimo de Sitonius o «El Cosmopolita»). Seton recorrió Alemania ejecutando transmutaciones perfectas ante matemáticos y boticarios, hasta que el codicioso duque Christian II de Sajonia lo mandó apresar en Dresde. Seton fue sometido a espantosas torturas en el calabozo (le aplicaron fuego directo y pinzas candentes) para obligarle a revelar la fórmula de la piedra, pero el escocés guardó un silencio heróico absoluto.
- El rescate y el equívoco de la viuda: El joven Michael Sendivogius, enterado del martirio del científico en Dresde, vendió sus propiedades, sobornó a la guardia de la fortaleza sajona y logró rescatar a Seton en una novelesca huida en carro. Seton, con el cuerpo completamente llagado y destruido por los tormentos, falleció pocas semanas después en los brazos de su salvador en Cracovia. En señal de infinita gratitud, el escocés moribundo le obsequió a Sendivogius el alijo de polvo rojo que le restaba.
Roth-Scholz concede un único punto de victoria teórica a Hannemann: es físicamente verídico que Sendivogius no obtuvo la tintura mendigando o robándosela a la viuda supérstite de Seton («nicht von der hinterlassenen Wittib des Sitonii»), puesto que él ya custodiaba el vial desde el lecho de muerte del maestro. No obstante, tal como el editor desglosará en la interrupción de la página 64, Sendivogius terminaría desposando a la viuda de Seton para apoderarse de los cuadernos de notas de laboratorio que la mujer conservaba en su dote, unificando así el reactivo físico con los manuscritos explicativos.
[64] El escepticismo sobre el Proceso del Nitro (Ex Nitro Terræ). El cuerpo superior de la página remata la tesis crítica de Petraeus sobre Michael Sendivogius. Apoyándose en la biografía de 1683 y en la historiografía del danés Ole Borch (Borrichius), el autor insiste en que el sabio polaco no operaba con un secreto de autoría propia.Lanza una demoledora sospecha epistemológica sobre el célebre manual de Sendivogius: el «Proceſſus ex Nitro Terræ» (el proceso del nitro de la tierra o nitrato de potasio). Esta fórmula —que pretendía extraer el espíritu vital universal disolviendo el salitre y que el economista Johann Joachim Becher elogió e incorporó en su famoso tratado de química y tecnología minera Glücks-Hafen (El Puerto de la Fortuna, 1682)— es catalogada por Petraeus como una instrucción dudosa o estéril si se intenta reproducir al pie de la letra en la práctica («in der Praxi»), sugiriendo que los adeptos añadían estas vías secundarias del nitro para desviar la atención del verdadero compuesto metálico.
Altdorf y la alianza de Seton y Sendivogius. La extensa nota al pie (c) redactada por el editor Friedrich Roth-Scholz concluye la reconstrucción biográfica real del maestro. Desmiente el mito del robo y detalla que la alianza científica entre Sendivogius y el escocés Alexander Seton (Sitonio) nació mucho antes de las torturas de Dresde. Ambos investigadores se habían conocido en la ciudad universitaria de Altdorf (cerca de Núremberg), famosa por su puntero laboratorio iatroquímico academia-alquímico.Allí, el joven polaco actuó como asistente de laboratorio ayudando a Seton a purificar sus reactivos, ganándose su amor y amistad perpetuos («beständige Liebe und Freundschafft»). Tras el fallecimiento de Seton en Cracovia a causa de las heridas del calabozo, Sendivogius se casó con su viuda por pura gratitud feudal y caballeresca, unificando el reactivo heredado con los manuscritos que la mujer custodiaba, tal como Roth-Scholz documentó en su edición de 1718.
La estampa de Fleischmann y los Tres Emperadores. El tramo final del folio funciona como un catálogo iconográfico del mercado del libro ilustrado del siglo XVIII. El editor remite al lector al primer tomo de su monumental obra de grabados calcográficos Philosophischen Bilder-Saal (Núremberg, 1728), donde indexaba los retratos físicos de los científicos de la naturaleza [^2]. Transcribe literalmente la inscripción en latín que coronaba el grabado de Sendivogius, aportando sus títulos oficiales:
- Alias Woysky: Su cargo civil militar en Polonia (Wojski de Cracovia, oficial encargado de la seguridad de los distritos).
- Trium Imperatorum Consiliarius: Un extraordinario rango diplomático y político. Sendivogius sirvió como consejero secreto de estado de tres emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico consecutivos: Rodolfo II, Matías de Habsburgo y Fernando II, quienes financiaron sus laboratorios y le encargaron misiones de inspección minera en las provincias de Silesia y Bohemia.
- C. C. Fleischmann sculpsit: Firma del célebre artista y grabador de Núremberg Christian Carl Fleischmann, quien trasladó la efigie al cobre a partir de las pinturas de la pinacoteca y colección privada de Roth-Scholz.
[65] El enigma de Carnobe y la transmisión literal (Sonder Tropis). Petraeus resuelve de forma brillante la sospecha lanzada en la página 64 sobre el proceso metalúrgico del nitro de Sendivogius. Para rescatar la validez técnica de la receta, aporta un hallazgo de archivo extraído de manuscritos («MStis») clandestinos: desvela que el verdadero creador del proceso, el escocés Alexander Seton («Sitonius»), utilizaba el alias y anagrama secreto de «Carnobe» en las redes internacionales de espionaje científico.Seton entregó una copia exacta de esta instrucción por escrito en el puerto de Flesinga («Flissingen», Holanda) en 1638 al célebre erudito y médico de cámara del rey de Bohemia, Andreas ab Habernfeld (autor de tratados epidemiológicos fundamentales sobre la peste y creador del Elixir aureum). El dato metodológico más trascendental que Seton dejó firmado en el pergamino es que la receta estaba redactada «sonder Tropis» (en latín, libre de tropos o figuras alegóricas retóricas). Ordenaba al médico leer el texto de forma estrictamente literal, según dictaba la letra del alfabeto («den Buchstaben nach»), rompiendo así el código hermético tradicional para asegurar que los boticarios pudieran estabilizar las sales de forma lineal y exacta.
El testamento de Christian Gottfried y el misterio de la estirpe. La segunda sección aporta una pieza de arqueología biográfica de gran relevancia para los historiadores de los Habsburgo y la corte de Polonia. Las gacetas oficiales y las biografías impresas clásicas de Michael Sendivogius solo indexaban en sus registros la existencia de una única hija legítima y heredera (Maria Veronika). Sin embargo, Petraeus desvela el rastro secreto de un hijo varón ilegítimo o no registrado: el noble «Christian Gottfried B. von Sendivog».Christian Gottfried custodió el manuscrito original del nitro que su padre le había legado en su lecho de muerte («auf seinem Tod-Bette erhalten») y vendió o entregó oficialmente («extradiret») este protocolo de laboratorio a un alto mando del ejército, un Mayor General polaco («Pohlnischen General Major»), demostrando cómo los secretos de la iatroquímica del siglo XVII circulaban de forma clandestina como valiosos activos de tecnología militar y de estado entre las cancillerías de Europa central.
El criterio de la reproducibilidad empírica: Elaboration. El tramo final de la página formula la validación epistemológica definitiva de la receta del salitre. Petraeus argumenta que el proceso no puede ser ignorado o menospreciado («negligiren») por las facultades oficiales, puesto que ya no depende de crónicas mitológicas. El autor cita el informe de un laboratorio independiente: el tratado anónimo Curieusen Untersuchung etlicher Mineralien (Curiosa investigación de algunos minerales), donde el científico operador certificaba ante la República de las Letras que la elaboración física («Elaboration») y la cristalización de las sales le habían resultado completamente exitosas («sehr wohl gelungen») al replicar de forma literal la descripción dada en el texto de Seton, unificando así la teoría literaria con el canon de la reproducibilidad científica ilustrada.
[66] Cohausen y la Correspondencia de Waldeck. El folio abre cerrando el análisis de la correspondencia epistolar de Michael Sendivogius analizada en la página 65. Remite al lector al catálogo del médico y erudito alemán Johann Heinrich Cohausen (1665–1750) en su obra Curiosen Decaden, donde se custodiaban las cartas científicas cruzadas entre el adepto polaco y el conde-químico de la casa de Waldeck, sirviendo como control documental de sus experimentos con el salitre.
Leonhard Thurneisser y el Onomasticum de Paracelso, El texto introduce formalmente la biografía de una de las figuras más fascinantes, ricas y extravagantes del Renacimiento centroeuropeo: el iatroquímico, astrólogo y médico suizo Leonhard Thurneisser zum Thurn (1531–1596). Petraeus lo define como un «groſſer Paracelſist» (un devoto seguidor del canon de Paracelso).Thurneisser redactó una obra filológica y científica monumental: el Onomasticum (Berlín, 1574), el primer gran diccionario especializado en descifrar, traducir y sistematizar los oscuros tecnicismos, términos enigmáticos y neologismos de raíz caldea y médica que Paracelso había diseminado en sus tratados de iatroquímica. Gracias a su pericia médica y a sus destilaciones, se ganó la confianza absoluta del príncipe elector Juan Jorge de Brandeburgo, convirtiéndose en el hombre más rico de Berlín al monopolizar los laboratorios farmacéuticos, la tipografía y las fundiciones de la corte.
El misterio del asesinato de Siebenfreund y la censura del Quadratus. La sección central aborda un oscuro y dramático expediente criminalístico que unía la andadura de Thurneisser con el martirio de Sebastian Siebenfreund (cuya ejecución política en Wittenberg fue descrita en la página 40):
- La acusación de homicidio (Entleibung): Ciertos libelos y crónicas de la época acusaban a Thurneisser de haber sido el autor material o intelectual del asesinato de Siebenfreund en 1593 para robarle el vial de la Piedra Filosofal.
- La mutilación del Quadratus Alchymicus: Petraeus denuncia que la crónica de este crimen fue editada de forma completamente sesgada y fragmentaria («ſehr zerſtümmelt» / muy mutilada) en el compendio impreso Quadratus Alchymicus, donde se afirmaba que Thurneisser había huido a Italia acosado por la culpa, falleciendo en la miseria absoluta.
- La rehabilitación de Schaubert: El autor rebate este mito histórico apelando al informe del científico Johann Schaubert en su tratado sobre la Voarchadumia (término alquímico veneciano clásico que designaba la metalurgia de alta purificación del oro), editado en 1600 en formato octavo. Schaubert, que auditó el proceso, demostró que Thurneisser no estuvo implicado en el crimen y que sus fechas biográficas reales sitúan su muerte el 8 de julio de 1596 en Colonia del Rin, habiendo recibido una sepultura eclesiástica de alto honor en las criptas del Monasterio de los Predicadores Dominicos («Prediger-Kloſter»), rehabilitando su honor como un hombre de gran ingenio y espíritu científico.
El manuscrito de la Biblioteca Real de Berlín. Al pie del folio, el texto aporta una valiosa referencia de archivística al documentar la existencia de un manuscrito físico real («MS.») resguardado en las colecciones de la Königlichen Bibliotheck zu Berlin (la Biblioteca Real de Prusia, núcleo de la actual Biblioteca Estatal de Berlín). El códice, titulado De Transmutatione Veneris in Solem, detallaba las operaciones de laboratorio diseñadas por Thurneisser para transmutar el cobre (designado mediante su correspondencia astrológica clásica: «Veneris» / Venus) en oro de alta ley (el Sol / «Solem»), una receta que Petraeus pasará a desglosar al reverso.
[67] Las pensiones mineras de Thurneisser (Berg-Particular). El folio abre cerrando el examen de los manuscritos de Berlín de Leonhard Thurneisser. Petraeus aporta un sólido dato de contabilidad áulica: documenta que el Elector de Brandeburgo concedió a Thurneisser y a su linaje una astronómica pensión estatal de 500 táleros anuales («500. Rthlr. Pension»). En la política económica del Barroco, los soberanos solo asignaban rentas vitalicias tan elevadas a los científicos si estos demostraban de forma fehaciente en los ensayos de ceca poseer una verdadera «Berg-Particular»: una fórmula química menor o particular capaz de enriquecer los rendimientos de la extracción de oro y plata en las explotaciones mineras del Estado.
La crítica filológica de Dorneus y el dialecto suizo de Paracelso. El segundo bloque despliega una de las piezas más brillantes de la filología crítica e historia de la medicina aplicadas del siglo XVIII, analizando las redes de traducción del canon paracelsista:
- Gerardus Dorneus (Gerard Dorn, c. 1530–1584): Célebre médico y iatroquímico belga-holandés que dedicó su vida a verter las caóticas obras en alemán de Paracelso al latín académico para su difusión en la República de las Letras.
- El sesgo del idioma suizo (Schweizerische Idioma): Petraeus ejecuta un certero diagnóstico lingüístico. Explica que al ser Dorneus holandés de nacimiento, fue incapaz de asimilar e interpretar correctamente el sentido íntimo del «Schweizerische Idioma» de Paracelso (quien redactaba sus cuadernos utilizando un tosco y oscuro dialecto suizo-alemán alpino de la región de Einsiedeln, plagado de modismos locales germánicos). Por ello, las traducciones latinas oficiales de Dorn desvirtuaron gravemente los pasos de laboratorio del maestro, un fracaso filológico que ya había denunciado el médico humanista Michael Toxites (Johann Michael Schütz, 1514–1581) en su célebre Onomasticon Paracelsi (Estrasburgo, 1574).
El desciframiento de Hugo à Barma (Saturnia Regna). El autor resuelve otra gran incógnita criptográfica de la bibliografía de coleccionista al desvelar la verdadera identidad oculta tras el enigmático pseudónimo francés de Hugo à Barma (autor del famoso libro de metalurgia del plomo Saturnia Regna, impreso originalmente en el minúsculo formato dieciseisavo o «in Sedec.» en 1657). Petraeus devela que tras el anagrama S. M. T. F. P. se escondía un monje de la Orden de San Pablo Primer Eremita («Frater Paulinus») de apellido Talberus, cuyo texto fue traducido e integrado en la antología alemana Dreyfachen Chymische Fackel, advirtiendo de forma crítica que los tipógrafos comerciales mutilaron la edición al omitir las láminas y grabados calcográficos técnicos originales («Figuren weggelassen»).
El Minium Naturale de Rothmaler y la crítica de Philaletha. El último tramo detalla la receta de un operador llamado Rothmaler, fallecido en la ciudad de Hanau (Hesse). El proceso se fundaba en una materia prima concreta del Reino Mineral: el minio natural o mena roja de plomo («rothe Minera plumbi» / «Minium naturale») que el investigador importaba directamente de los yacimientos mineros centroeuropeos de Nitra («Neutra», actual Eslovaquia, perteneciente entonces al Reino de Hungría).Rothmaler amalgamaba este mineral de plomo utilizando el símbolo químico del mercurio virgen purificado (☿ virginio) para ejecutar una operación denominada en el argot del taller como el «Tere Tere» (término derivado del griego terein / triturar, moler o digerir intensamente las sales). Petraeus ejerce una notable neutralidad crítica al advertir al estudiante que este proceso de Rothmaler fue impugnado y declarado erróneo por las máximas autoridades de la Ilustración, figurando su refutación explícita en los prefacios de las obras del filósofo Jean D’Espagnet («Espagnet») editadas conjuntamente con los famosos comentarios del inglés Irenaeus Philaletha («Philaleth.») sobre las epístolas metalúrgicas de George Ripley.
[68] El fraude de Spira: El autor que no sabía destilar agua de rosas. El folio abre resolviendo la identidad del autor de Mercurii zwiefachen Schlangens Stabs (El báculo del doble caduceo). Petraeus deshace el engaño criptográfico revelando que el pseudónimo Spira era un mero anagrama de su nombre civil real: Saphir.Para desbancar su reputación académica («gar kein Practicus Philos.»), recurre al testimonio del célebre médico real germánico Rosinus Lentilius (1657–1733) en su monumental enciclopedia médica Iatromnemata (Stuttgart, 1712). Lentilius, que convivió con Saphir, desveló que era un escritor mercenario o «negro» literario acuciado por la miseria que redactaba manuales de química por encargo para ganarse el pan («sein Brod mit Schreiben»). Lanza un dardo humillante sobre su competencia técnica al afirmar que carecía de la destreza elemental para ejecutar una destilación simple de agua de rosas («Rosen-Wasser»), el ensayo más básico que realizaban los aprendices de botica.
El Barón von Schröder y la carta de Knorr von Rosenroth. El segundo párrafo indexa críticamente el tratado del Barón Wilhelm von Schröder (famoso economista y cameralista del Sacro Imperio), autor de Unterricht vom Goldmachen (1684), impreso en el pequeño formato duodécimo («12mo»). El editor Roth-Scholz añade una valiosa nota marginal (g) indicando que este tratado abre la página 219 del primer tomo de este mismo Theatrum Chemicum (1727).Petraeus aporta una prueba epistolar inédita para desmontar la praxis de Schröder: cita una carta manuscrita («Epist. MS.») que el célebre filósofo, cabalista y poeta alemán Christian Knorr von Rosenroth (1636–1689) envió al erudito Daniel Georg Morhof. Rosenroth —identificado en las actas de la República de las Letras bajo el título de honor de «Vir Nobilis» por sus inmensos conocimientos metalúrgicos— confirmaba a Morhof que los laboratorios de Schröder eran puros fraudes teóricos fundados en meras conjeturas y suposiciones abstractas («lauter Muthmaßungen»), desprovistas de cualquier reproducibilidad empírica o realeza material («nichts reelles»).
El Barón Urbigerus y los hornos del Duque de Sajonia-Gotha. El tramo final de la página rescata y rehabilita la figura de un operador fundamental del Barroco tardío: el enigmático Barón Urbigerus (quien utilizaba los alias de Borghese o C. de Siebenburen / Conde de Transilvania). Urbigerus, fallecido a principios del siglo XVIII en los estados sajones, fue el autor del influyente tratado Aphorismi Urbigerani (Londres, 1690).A diferencia de Saphir o Schröder, Petraeus determina que la literatura de Urbigerus sí encierra una verdad física real («eine Wahrheit verstecket»). Para blindar esta afirmación frente a los escépticos, el autor aporta un aval de mecenazgo institucional del máximo nivel: documenta que el propio príncipe soberano Federico II de Sajonia-Gotha-Altenburgo (1676–1732) —a quien Urbigerus dedicó sus tablas de aforismos— mandó replicar los pasos de la receta en los hornos de su palacio de Friedrichstein. Los químicos de la corte de Gotha experimentaron el protocolo de fijación de las sales («nach seinem gegebenen Process experimentiret») y dictaminaron ante el ducado que el proceso era rigurosamente certero, justo y reproducible («gerecht befunden»), validando la obra como un manual legítimo para el trabajo con los vitriolos.
[69] El talismán numismático de Gotha (1685). El folio abre con una de las descripciones numismáticas más célebres y codiciadas por los historiadores de la metalurgia barroca: la medalla de transmutación de Gotha de 1685. El texto detalla el diseño iconográfico exacto de esta pieza de coleccionista, acuñada con el metal supuestamente fijado en los hornos del duque Federico II de Sajonia-Gotha (analizado en la página 68):
- La inscripción superior (à Numine Lumen): Divisa teológica que recordaba que la iluminación científica procede directamente de Dios, escoltada por los caracteres planetarios del Oro (☉ / Sol) y la Plata (☽ / Luna).
- El doble triángulo: El sello de Salomón o estrella de seis puntas, que en el laboratorio esquematizaba la conjunción perfecta de los opuestos (el triángulo del Fuego entrelazado con el de la longitud del Agua).
- El Fénix del Antimonio: El ave mitológica que renace de sus cenizas, coronada por el glifo del antimonio (un orbe rematado por una cruz). El fénix sostiene en su pico los tres principios de Paracelso (Sal, Sulphur, Mercurium) y la divisa «suscipio & reddo» (Recibo el metal impuro y devuelvo oro transmutado), fijando la fecha de ceca en el año 1685.
- El desciframiento de Sorberger: En el reverso heráldico del duque Federico, aparecía estampado al pie el apellido Sorberger. Petraeus y Roth-Scholz deshacen el enigma revelando que era el anagrama oficial que utilizaba el barón Urbigerus para firmar sus trabajos bajo el alias italiano de Conde de Borghese, sirviendo como acta notarial de su presencia en Turingia.
Las Fatalitäten del laboratorio y la defensa de la claridad de Urbigerus. El segundo párrafo introduce una conmovedora y humana dosis de candor científico. El autor desvela que el propio Urbigerus, a pesar de dominar la teoría y haber diseñado los planos de la medalla de Gotha, jamás logró culminar el proceso absoluto de la multiplicación masiva en sus propios matraces debido a la irrupción de constantes e inevitables accidentes de taller (descritos mediante el expresivo término barroco «Fatalitäten»), tales como la fractura inesperada de los vidrios por sobrepresión o desequilibrios en el tiro térmico de los hornos de viento.No obstante, Petraeus rescata el valor pedagógico de Urbigerus y del inglés Irenaeus Philaletha: resalta que el autor del influyente catálogo Unvergreifflichen Gedancken (las Reflexiones Imparciales) los elevó por encima de toda la literatura de la época debido a que ambos rompieron el juramento del secreto y explicaron los grados del fuego con una claridad diáfana sin precedentes, contrastando con la censura y la dureza («sehr hart taxiret») con la que dicho catálogo desbancaba al resto de los escritores mercenarios.
La dualidad de los Philalethas: Eugenius frente a Irenaeus. El tramo final de la página aborda uno de los mayores dolores de cabeza de la bibliografía hermética del siglo XVII: la distinción entre las identidades de los autores que firmaban bajo el prestigioso nombre de Philaletha (amigo de la verdad) en las redes de contrabando de libros de Londres:
- Eugenius Philaletha (Thomas Vaughan, 1621–1666): Filósofo, clérigo galés y iatroquímico místico. Petraeus ejecuta un crudo balance sobre su figura al confirmar que en los salones de la incipiente Royal Society de Londres fue considerado únicamente como un intelectual teórico o filósofo especulativo («pro Philosopho Speculativo»), carente de destreza metalúrgica real en el crisol, lo que le llevó a vivir en una condición económica sumamente mísera y precaria (utilizando el galicismo de la indigencia «pauvre»).
- Irenaeus Philaletha (El Anónimo): El verdadero y escurridizo operador práctico cuyas recetas metalúrgicas sí eran reproducibles. Para agigantar su leyenda ecdótica frente al declive de Vaughan, Petraeus recoge el informe histórico de que este Philalethas anónimo se introdujo secretamente en los laboratorios privados del palacio de Whitehall para ejecutar una transmutación masiva testifical ante los ojos del propio rey Carlos II de Inglaterra («König Carl II.»), un hito político-científico.
[70] Revelaciones de autoría: Dorothea Wallich y Samuel Richter. El folio abre con un pasaje de altísimo valor para la historiografía de la ciencia y los estudios de género en la iatroquímica, desvelando las verdaderas identidades civiles ocultas tras famosos criptónimos del Barroco centroeuropeo:
- Dorothea Juliana Wallich (Wallichin): El autor levanta el velo de las iniciales D. I. W. para adjudicar formalmente la autoría de tres influyentes tratados de laboratorio (Mineralisches Gluten, Der von den SOPHISTEN verfinsterten… y Perlen-Baum, 1705) a esta investigadora, metalúrgica y boticaria activa en Turingia. El sufijo germánico -in denota su condición femenina. Wallich operaba de forma rigurosa con la cristalización de las sales de cobalto y el bismuto, siendo una de las poquísimas científicas documentadas en el compendio.
- Sincerus Renatus (Samuel Richter): Identifica al teólogo luterano Samuel Richter, figura cumbre del esoterismo germánico que en 1710 redactó en Breslavia el reglamento definitivo y las ordenanzas de laboratorio de la orden mística de los Hermanos de la Rosa Cruz de Oro (Gold- und Rosenkreuzer).
Catálogo de Bruselas y Leipzig: La Alquimia al Desnudo. El segundo párrafo indexa dos hitos de la literatura médica y metalúrgica del cambio de siglo:
- La Brosse (Bruselas, 1707): Atribuye el Traite de la poudre de projection a este médico francés que ejercía en los Países Bajos españoles, especializado en medir los rendimientos cuantitativos de los polvos transmutatorios.
- Johann Erhard Neithold: Desvela que bajo las siglas de las portadas de la popular Alchymia denudata (Leipzig, 1708) y de la Sancta Veritas se hallaba este filólogo y médico sajón, cuyo texto era muy buscado por los ensayadores de minas debido a la claridad mecanicista de sus recetas de ácidos.
El desciframiento de las máscaras (Larve) y las cifras criptográficas. En la sección central, Petraeus articula el núcleo defensivo de la filología crítica aplicada a la historia de la ciencia. Explica que los verdaderos investigadores de la naturaleza se veían obligados a ocultar sus identidades civiles bajo iniciales aisladas, anagramas o complejas combinaciones matemáticas y numéricas denominadas cifras («Chifren») para protegerse de la persecución política de los soberanos absolutos o de los dragones de los príncipes, quienes buscaban capturarlos para forzar la producción de oro en las fortalezas estatales (como le ocurrió a Böttger o a Caetano).
Sin embargo, el autor denuncia que esta armadura defensiva fue aprovechada de forma masiva por los charlatanes y los timadores de feria, calificados académicamente como los «Sophisten». Estos embaucadores utilizaban el anonimato como una máscara teatral o disfraz (utilizando el término clásico de los bailes cortesanos «Larve») para estampar recetas falsas y procesos estériles en portadas solemnes, timando a los compradores de libros sin arriesgar su efigie en la horca.
Los grandes Polyhistores del archivo científico. Al cierre de la página, el texto ensalza el valor de la disciplina bibliográfica y lamenta el profundo desinterés de las facultades universitarias tradicionales hacia la conservación documental de la historia de las ciencias naturales («sehr sparsam anzutreffen»).Determina que levantar las máscaras criptográficas de los códices medievales requiere bucear de forma infatigable en legajos de manuscritos («MStis») y minutas judiciales privadas («Relationen») ocultas en archivos eclesiásticos y de cancillería. Honra a los tres únicos grandes polímatas e historiadores universales («Polyhistores») que dedicaron su ingenio y su fortuna a inventariar científicamente la literatura iatroquímica: el humanista Michael Maier en Praga, el danés Ole Borch (Borrichius) en Copenhague y el profesor Daniel Georg Morhof en la Universidad de Kiel. Petraeus aplaude su diligencia histórica («Fleiß») y justifica el nacimiento de este Theatrum Chemicum como la continuación legítima de ese esfuerzo por dotar a la Ilustración de un mapa textual limpio y verídico.
[71] La condena a Söldner y el rigor de la Critique. El folio abre con una implacable ejecución de juicio crítico por parte de Petraeus contra los malos historiadores de la ciencia de la época. Arremete contra el tratado de iatroquímica mística Fegfeuer der Chymisten (1692), publicado bajo el pseudónimo de Dr. Söldner.El autor acusa a Söldner de ser un compilador negligente que se limitó a remendar de mala manera («zusammen gestümmelt») mitos, consejas y rumores de taberna escuchados a terceros sin verificar su procedencia («ex aliorum Narrationibus sive veris sive falsis»). Petraeus dicta que semejante literatura comercial sin rigor documental jamás podrá ser homologada ante la República de las Letras como una verdadera y bien fundamentada crítica filológica («ausstudirte Critique»).
El archivo de Isaac Vossius en la Universidad de Leiden. Para ofrecer un contraejemplo de alta erudición institucional, el texto traslada al lector a uno de los templos de la investigación documental europea: la biblioteca de la Universidad de Leiden en Holanda. Esta institución había adquirido en bloque la colosal colección privada de códices y manuscritos («MStis») que perteneció al célebre filólogo, teólogo y coleccionista holandés Isaac Vossius (1618–1689).Petraeus audita el inventario buscando el rastro de un enigmático tratado sobre las biografías de los químicos medievales («Vitæ quorundam Chymic.»). Examina una hipótesis formulada por Daniel Georg Morhof en su famosa Epistola de Transmutatione, donde el polímata pretendía que este cuaderno contenía la traducción perdida de la obra del gran geógrafo e historiador andalusí León el Africano (al-Hasan ibn Muhammad al-Wazzan, c. 1488–1554) sobre las vidas de los alquimistas del islam («de Vitis Philos. Arab.»).Petraeus ejerce un control de archivo directo y modesto al advertir que, tras revisar el catálogo que el propio Morhof redactó de su puño y letra («mit eigener Hand»), el título está truncado y no aporta prueba alguna que vincule el manuscrito con León el Africano, demostrando la necesidad de verificar físicamente las signaturas de los legajos.
El saqueo del Castillo de Praga y el manual de Apinus. La segunda mitad del folio despliega una apasionante crónica sobre el contrabando de libros y los botines de guerra en la Europa barroca:
- Iconologia Virorum Illustrium: Remite a un rarísimo y desaparecido libro de efigies y retratos calcográficos grabado en cobre («in Kupffer… gestochen») atribuido a Nicolás Asvero, custodiado originalmente en las arcas de la Biblioteca Imperial de Viena («Kayserl. Bibliotheck»).
- El robo del botín sueco (Prager Schloß): El autor conecta este libro con un monumental manuscrito de laboratorio en formato folio («MSto Alchym. in Fol.») que el consejero de la cancillería danesa Johann Dippel (Dipelius) había logrado auditar físicamente en Fráncfort. Dicho códice procedía del histórico Saqueo del Castillo de Praga de 1648, acontecido en los últimos meses de la Guerra de los Treinta Años (denominada en el texto como la última Guerra de Bohemia / «letzten Böhmischen Kriege»). Las tropas suecas al mando del general Königsmarck asaltaron el palacio imperial capturando la fastuosa y secreta cámara de arte y el laboratorio (Kunstkammer) del emperador Rodolfo II, dispersando sus inestimables cuadernos de notas químicos por los mercados negros de Alemania central, proceso que se completará en el salto a la página 72 con el término de desvalijamiento («entwendet»).
- La nota metodológica de Apinus (Nota h): Para el lector interesado en la incipiente disciplina de la catalogación y el coleccionismo de estampas eruditas, Friedrich Roth-Scholz añade una valiosísima referencia a un libro rigurosamente contemporáneo recién salido de las prensas de Núremberg en 1728 [^3]: el manual del filólogo e historiador Sigismund Jacob Apinus (1693–1732), rector de la escuela de San Egidio, considerado uno de los primeros tratados metodológicos sistemáticos de Europa que enseñaba a los bibliófilos las reglas para clasificar, conservar e identificar los retratos grabados de los hombres célebres de la ciencia.
[72] El Códice Rodolfino y los Colores del Arte. El folio abre completando de forma deslumbrante la crónica del saqueo del castillo de Praga de 1648 que se inició en la página 71 [^1]. Petraeus describe las características materiales y estéticas de un espectacular manuscrito iluminado encargado personalmente por el gran protector del esoterismo renacentista, el emperador Rodolfo II de Habsburgo. El volumen poseía un valor científico e histórico-artístico incalculable debido a su programa iconográfico:
- Coloribus Artis: Las láminas estaban iluminadas con pigmentos e imansaciones de una viveza cromática sin parangón para representar de forma visual y exacta los cambios de color de la materia en el fondo del matraz a lo largo de las fases de la Gran Obra: el negro de la putrefacción (nigredo), el blanco de la purificación (albedo), el amarillo de la sublimación (citrinitas) y el pardo-rojo final del elixir de proyección (rubedo).
- El Retrato del Círculo de Praga: En la cabecera de cada grabado calcográfico aparecía pintado el propio emperador Rodolfo II presidiendo las operaciones, escoltado por los científicos, astrólogos y sopladores de su corte de Praga (m mentes estelares como Michael Maier, Tycho Brahe o Oswald Croll), aunque el escribano omitió registrar sus nombres civiles. El texto teológico-químico abordaba la fijación del oro («ex Mercurio Solis»), aunque los filólogos ilustrados criticaban que su sintaxis estaba redactada en un tosco latín medieval alejado de la pureza clásica.
- La codicia de los Maestros Flamencos: El impacto estético del códice era tal que un afamado pintor de la escuela holandesa («Holländischer Mahler», perteneciente a los círculos de Amberes o Ámsterdam) exigió que se le financiara un estipendio de miles de florines de oro («Gülden») y un plazo de seis años de trabajo continuo únicamente para trazar una copia exacta de las láminas, confesando con honestidad que la tecnología de sus óleos contemporáneos era incapaz de emular el brillo y la transparencia mineral de las tinturas del original rodolfino.
La Bibliografía Luliana: De París a los talleres del Siglo de Oro. La segunda mitad de la página constituye un monumento a la bibliografía comparada internacional, sirviendo de guía para los coleccionistas de libros antiguos de 1729 al indexar las biografías fundamentales de los tres astros del hermetismo medieval:
- La Clavícula de Colletet (París, 1647): Registra el tratado del célebre poeta, filólogo y miembro fundador de la Academia Francesa, Guillaume Colletet (1598–1659), impreso por el librero Jacob en formato octavo.
- La joya bibliográfica en Castellano (Mallorca, 1605): Petraeus introduce una rarísima e importantísima pieza de coleccionista en lengua española de la época de Felipe III: la Vida del admirable Dottor Roman Lull, redactada por el historiador mallorquín Juan Segura (deformado por la imprenta alemana como «Juan Segrien») e impresa en Palma de Mallorca («Malong.») en 1605 [^3]. La inclusión de la grafía original en castellano antiguo («Vida del admirable Dottor Roman Lull…») demuestra el acceso directo del editor Roth-Scholz a los catálogos de los bibliófilos hispánicos.
- Charles de Bouelles (París, 1511): Indexa la biografía redactada por el humanista y matemático francés Charles de Bouelles (Carolus Bovillus), salida de las célebres prensas del gran impresor renacentista parisino Jodocus Badius Ascensius (apud Ascens.).
Las fuentes francesas de Flamel y Alberto Magno. El catálogo de cierre remite a los grandes monumentos impresos de Francia y Flandes:
- Pierre Borel y el Tesoro Galo (París, 1655): Remite al monumental volumen Tresor de recherches editado en formato cuarto («in 4to») por el médico real Pierre Borel (Borello), pieza cumbre donde se rescataron las actas notariales de Nicolás Flamel y las crónicas de Alexander Seton (El Cosmopolita).
- El Abad de Bruselas (1637): Indexa la biografía francesa de Alberto Magno (1193–1280), el sabio dominico y obispo de Ratisbona que dominaba la metalurgia de los vitriolos, editada en los Países Bajos católicos (Bruselas) en formato octavo a partir de las compilaciones de las crónicas medievales críticas («Auteurs Anciens»).
[73] Las fuentes del ocultismo isabelino: Casaubon y Ashmole. El folio abre remitiendo a los coleccionistas del siglo XVIII a los dos monumentos bibliográficos absolutos de la historia de la ciencia y el misticismo de la Inglaterra isabelina:
- Meric Casaubon (Londres, 1659): Indexa el célebre volumen en formato folio editado por el erudito Casaubon a partir de los diarios íntimos y cuadernos manuscritos robados al astrólogo real John Dee y a su operador de crisoles Edward Kelley. El libro detallaba sus experimentos de transmutación cortesana en Bohemia y sus supuestas conversaciones con entidades angélicas.
- Elias Ashmole (Theatrum Chemicum Britannicum, 1652): La mayor antología poética y técnica de la alquimia británica, costeada por el fundador de la cátedra ashmoleana de Oxford. Petraeus resalta que, gracias a estos esfuerzos de archivo estatales, las vidas de los operadores ingleses eran públicas y conocidas, contrastando con el oscuro enigma que rodeaba a las autoridades alemanas.
El enigma de Basilio Valentín: ¿Hombre o mito etimológico? El núcleo de la página aborda el debate filológico y de ecdótica más apasionante de la República de las Letras barroca: ¿Existió realmente el monje Basilio Valentín o fue un pseudónimo inventado en el siglo XVII por el editor Johann Thölde?. Petraeus expone las tesis escépticas del filólogo holandés Jacobus Tollius en su obra Sapientia Insaniens (Ámsterdam, 1689).Tollius afirmaba de forma brillante que el nombre era un puro «nomen fictum» (nombre falso) de carácter criptográfico diseñado para enmascarar principios químicos mediante raíces latinas y griegas:
- Basilius: Derivado de Basileus (Rey en griego), que aludía al oro de alta ley o al Regulus (el régulo de antimonio, metal rey en la iatroquímica paracelsista).
- Valentinus: Derivado del verbo latino valere (valendo / ser fuerte), en referencia a la tremenda potencia corrosiva y capilar («potentia qua cuncta penetrat») que poseía el espíritu ácido del vitriolo analizado por Petraeus en las páginas 44 y 45.
La inspección del Monasterio de Erfurt y las matrículas vacías. Para justificar el escepticismo de Tollius y del historiador Daniel Georg Morhof, el texto desvela dos investigaciones institucionales e históricas de primer orden:
- La orden del Emperador Maximiliano: El propio emperador del Sacro Imperio (probablemente Maximiliano II de Habsburgo) envió inspectores de la corte para rastrear todos los cenobios de Alemania buscando el taller de Basilio Valentín, fracasando en hallar su rastro.
- La auditoría de Mollenbrocc en Erfurt: El célebre médico y anatomista alemán Valentin Andreas Mollenbrocc (fallecido en 1675, autor del tratado sobre la artritis y el escorbuto citado en el texto) viajó físicamente a la ciudad de Erfurt (Turingia). Se entrevistó personalmente con el Abad del Monasterio Benedictino de San Pedro y San Pablo (lugar donde la leyenda situaba las destilaciones de Basilio en el siglo XV). El Abad desmanteló el mito al certificar ante los investigadores que, tras revisar minuciosamente el libro oficial de registros de profesiones monásticas y la matrícula («Matricel») obligatoria de la orden, el nombre de Basilio Valentín jamás había sido inscrito por los escribanos de la abadía.
Petraeus, ejerciendo un notable rigor de archivista e historiador crítico, no se adhiere ciegamente al veredicto negativo del abad dominico. Concluye introduciendo una pauta de saludable escepticismo documental en el último párrafo: advierte que los dignatarios eclesiásticos de la época eran a menudo negligentes y perezosos a la hora de desenterrar los legajos de pergamino medievales carcomidos por la polilla («daß der Abt ſich nicht die Mühe genommen»), abriendo la puerta a que el registro siguiera sepultado en los fondos del Monasterio de Erfurt.
[74] La pista de Walkenried y las monedas de Reyher. Frente al dictamen negativo del abad de Erfurt expuesto en la página 73, Petraeus despliega una audaz e instructiva hipótesis filológica y geográfica. Sugiere que el vacío documental en las listas de Erfurt se debía simplemente a que Basilio Valentín pertenecía originalmente a la comunidad de la célebre Abadía de Walkenried («Walckenriedt», en la región del Harz), monasterio que, aunque de fundación cisterciense, albergó temporalmente a comunidades benedictinas vinculadas a la minería y la metalurgia metalúrgica local.Para refrendar esta vía, cita el testimonio del Dr. Weitius incluido en uno de los tratados de numismática y química más importantes del siglo XVII: el De Nummis Chymicis (Kiel, 1692), redactado por el polímata y profesor de la Universidad de Kiel, Samuel Reyher (Reyhero). Weitius aportaba la confidencia de un anciano investigador e iatroquímico («alten Curioso») que afirmaba haber auditado cuadernos antiguos de Walkenried donde se registraba la larga estancia del maestro en sus celdas.
El error de Morhof y el control de Placcius. En el segundo párrafo, el autor ejecuta una brillante deconstrucción de las fuentes historiográficas de la Ilustración temprana. Analiza el capítulo 9 (De pseudonymis & Anonymis) del monumental Polyhistor de Daniel Georg Morhof. Demuestra que la afirmación de que el emperador Maximiliano I había ordenado una búsqueda alquímica estatal era una conjetura errónea de Morhof, quien se había limitado a copiar ciegamente el testimonio de Raschius recogido por el gran bibliógrafo Vincent Placcius (Placcius) en su influyente diccionario de autores anónimos y pseudónimos Theatrum Anonymorum et Pseudonymorum. Petraeus resalta con agudeza que el propio Morhof, al percatarse de su ligereza de archivo, revocó y rectificó públicamente su juicio («wieder revociret») en las adendas de su obra al hallar pruebas documentales más robustas.
La Historia de Erfurt de Gudenus (1413). El clímax probatorio de la página radica en la recuperación de un valiosísimo testimonio cronológico e institucional: la Historia Erfordiensis, redactada y editada en formato octavo en la ciudad de Duderstadt en 1675 por el historiador, diplomático y canciller de Maguncia, Johann Mauritius Gudenus (Gudenius, 1639–1688).Al ser Gudenus natural de la propia ciudad de Erfurt («selbsten ein Erfurter gewesen»), poseía un acceso civil y eclesiástico privilegiado a los fondos archivísticos medievales locales que les estaban vetados a los investigadores extranjeros. Gudenus localizó una crónica oficial fechada exactamente en el año 1413 de la era cristiana («A. C. 1413») donde los escribanos capitulares asentaron de forma fidedigna que el monje benedictino Basilio Valentín residía físicamente en las celdas del Monasterio de San Pedro de Erfurt («in St. Peters Closter»), rindiéndole un alto testimonio institucional al calificarlo como una mente verdaderamente asombrosa y milagrosa en la praxis de la farmacopea médica y en el escrutinio de las ciencias de la naturaleza («natürlichen Wissenschafften sehr verwundersam»).
Los Manuscritos de la Edición de Roth-Scholz. Al cierre del folio, Petraeus utiliza el testimonio de Gudenus para validar y prestigiar el armazón filológico del presente volumen de Friedrich Roth-Scholz. Anuncia con orgullo que la datación de la crónica de 1413 coincide cronológicamente con los datos internos contenidos en los dos manuscritos inéditos de laboratorio («zwey MSta») que el editor Roth-Scholz logró rescatar de colecciones privadas para imprimirlos de forma pionera en el tercer tomo de las obras completas de Basilio integradas en esta enciclopedia, cerrando de forma magistral el debate a favor de la existencia histórica del benedictino antes de que la línea se suspenda con el reclamo terminal.
[75] Las coordenadas cronológicas de 1401 y 1417. El folio abre engranando perfectamente con el reclamo de la página 74 [^1]. Petraeus aporta las pruebas cronológicas definitivas extraídas de los dos manuscritos rescatados por Roth-Scholz. Los textos aportan citas en primera persona firmadas por el monje benedictino («nahm ich Bas. Val.»), fijando su actividad de laboratorio en el año 1417.Asimismo, documenta que en 1401 Basilio transmitió formalmente las instrucciones para la destilación de su «Phalaja» (un término técnico derivado del argot hermético empleado para designar un tipo de menstruo, disolvente o licor salino altamente refinado) al noble Johann von Ebers en su propiedad de Eberß-Felde, blindando la existencia histórica del benedictino en el umbral del siglo XV.
El contrabando de manuscritos en Dürnstein y Krems. El segundo bloque despliega una valiosa pista de archivística sobre la dispersión de los cuadernos de notas químicos inéditos en la Europa del este:
- Dürnstein (Thurnstein) y Krems (Crems): Localiza un importantísimo e inédito manuscrito de Basilio titulado Via Veritatis (El camino de la verdad). El código se custodiaba en los archivos de la imponente colegiata de los Canónigos Regulares de San Agustín («Canonicis Regulares») de Dürnstein, una abadía barroca situada a orillas del Danubio, en la Baja Austria, célebre por sus scriptoriums y sus colecciones científicas.
- El control de la nota (k): El editor Friedrich Roth-Scholz interrumpe al pie para aportar un valioso testimonio de control de su propio taller: confirma que él mismo localizó y transcribió este manuscrito de Dürnstein, incorporándolo de forma pionera como apéndice en su célebre edición de Núremberg de 1718 de las obras de Sendivogius, y remitiendo al lector a las concordancias del famoso tratado de Fráncfort del Meno Wasserstein der Weisen (1619).
Los manuscritos censurados de la Biblioteca de Viena. El tramo final remite a los fondos de la Biblioteca Imperial de Viena (la «Wienerischen Bibliotheck», actual Biblioteca Nacional de Austria). Apoyándose en las cartas del profesor Daniel Georg Morhof (pág. 233), Petraeus denuncia que los códices manuscritos de Basilio resguardados por los Habsburgo en Austria exhibían variantes y recetas metalúrgicas radicalmente distintas («die viel abgehen von den gedruckten») de las versiones que los libreros comerciales imprimían en el mercado alemán, sugiriendo que la censura institucional había modificado los manuales impresos corrientes para evitar la divulgación de las verdaderas proporciones del vitriolo.
Indexa finalmente la rarísima edición de Fráncfort de 1613 editada en formato cuarto, un volumen excepcional que unificaba las máximas operativas de Hermes Trismegisto con las del benedictino bajo la alegoría botánica y alquímica de la «Gold-Blume» (la flor de oro o el elixir de proyección fijado en el crisol), cuyo inventario bibliográfico continuará al reverso tras suspenderse la línea con el término heráldico clásico de la piedra («Lap.» / Lapis).
[76] El enigma de la edición de Fráncfort y la orden de Basilio. El folio abre engranando linealmente con el reclamo heráldico de la página 75 [^1], completando el título de la rara edición de Fráncfort de 1613 («Lapi[dis] Phil[osophici] cum figuris»). Petraeus ejerce una notable honestidad y madurez bibliográfica al confesar que prefiere no emitir un dictamen dogmático sobre si dicho libro contenía las llaves definitivas del laboratorio, puesto que, a pesar de sus incansables rastreos de catálogo, jamás había logrado tener un ejemplar físico entre sus manos («weiln das Buch nimmer gesehen»).Acto seguido, recopila los pasajes internos donde el propio Basilio Valentín (como en el capítulo 6 de Von den natürlichen und übernatürlichen Dingen) se autoidentificaba formalmente ante sus lectores como un clérigo profeso de la orden benedictina («Benedictiner-Orden zugethan»), sirviendo de aval contra quienes pretendían disolver su existencia en un mito filológico.
El gran debate epidemiológico: La Sífilis y el Descubrimiento de América. La segunda mitad del folio introduce una de las discusiones historiográficas, médicas y cronológicas más apasionantes de la Edad Moderna en Europa Central: la datación del origen de la sífilis (denominada en el ámbito germánico barroco bajo el extendido nombre de la «enfermedad de los franceses» o «Frantzosen-Kranckheit»). En el siglo XVIII existía un firme consenso doctrinal defendido por múltiples historiadores («Historici») que sostenía la hipótesis del origen americano de la sífilis:
- El retorno de Colón (1493): Afirmaban que la patología fue importada a Europa por las tripulaciones de Cristóbal Colón («Columbo») al regresar de su primer viaje a América en 1493.
- La Guerra de Nápoles: El contagio masivo habría estallado de forma fulminante durante las campañas de las Guerras de Italia, cuando los ejércitos españoles del rey Fernando el Católico («FERDINAND. Cath.») combatieron a las tropas del rey Carlos VIII de Francia («König von Franckreich»). El reclutamiento de mercenarios y soldados de fortuna contagiados («con dieser Seuche behafftet») dispersó el mal por los campamentos militares franceses y, posteriormente, por todas las cortes del Viejo Continente.
Los testimonios medievales: De Saliceto y la Escuela de Montpellier. Petraeus rebate esta cronología oficial de la medicina mecanicista mediante un riguroso armazón de fuentes ecdóticas e iatroquímicas bajomedievales. Sostiene de forma brillante que la sífilis no era un patógeno nuevo exótico traído de las Indias, sino una enfermedad endémica europea que los antiguos médicos («alten Medicis») ya habían diagnosticado y tratado de forma clínica siglos antes del viaje de Colón, fijando como frontera el año 1270:
- Guillermo de Saliceto (ᴅᴇ Sᴀʟɪᴄᴇᴛᴏ, c. 1210–1277): Célebre médico y cirujano boloñés. El autor recupera un pasaje literal del tratado Chirurgia de Saliceto, donde el erudito medieval dedicó un capítulo patológico especial a describir con precisión anatómica las pústulas níveas, ulceraciones, fisiones y necrosis corruptas localizadas en los órganos genitales masculinos («quæ fiunt in Virga & circa præputium») tras haber mantenido relaciones sexuales con meretrices o mujeres promiscuas e infectadas («propter coitum cum Meretrice vel fœda»), un cuadro clínico idéntico al de la sífilis primaria y secundaria.
- Bernard de Gordon (Cᴏʀᴅᴏɴɪᴠs): Famoso catedrático y médico de la prestigiosa Facultad de Medicina de Montpellier («Prof. Monspeliensis»), autor del Lilium medicinae (1303), citado de forma errónea por el cajista de Núremberg con una C inicial (Cordonius).
- Valescus de Taranta (Vᴀʟᴇsᴄᴠs): Médico portugués y rector en Montpellier a inicios del siglo XV. Ambos eruditos medievales registraron tratamientos mercuriales para contener estas llagas venéreas antes de la época de Basilio Valentín.
El autor corona su argumentación recordando que ciertos filólogos clásicos pretendían incluso demostrar el carácter milenario de la epidemia rastreando las sátiras eróticas y descripciones de úlceras contenidas en las obras clásicas de los autores romanos Plinio el Viejo y Marcial («ex Plinio und MARTIALI»). Petraeus introduce este imponente balance epidemiológico con una clara intención metodológica: si la enfermedad ya existía en Europa en el siglo XIV y XV, el hecho de que Basilio Valentín describiera en su libro El Carro Triunfal del Antimonio remedios químicos y específicos destilados para sanar la sífilis no constituía un anacronismo histórico que invalidara su existencia en el año 1413, descarrilando los ataques de los críticos racionalistas que pretendían retrasar la fecha del benedictino hasta después del descubrimiento de América, una resolución analítica que se completará al reverso tras suspenderse la línea con el reclamo gótico regular.
[77] Las Guerras Husitas y la geopolítica de la enfermedad. El folio abre engranando linealmente con la deconstrucción epidemiológica de la sífilis iniciada en la página 76 [^1]. Petraeus analiza las notas marginales añadidas en el siglo XVII por el primer editor de Basilio, Johann Thölde (Thölden). Thölde justificaba que Basilio llamara a la sífilis una «enfermedad nueva» en el siglo XV vinculándola con las devastadoras Guerras Husitas (1419–1434).Bajo las banderas del emperador Sigismundo de Luxemburgo (Sigismundo), los ejércitos imperiales reclutaron batallones de mercenarios internacionales de todas las naciones de Europa para combatir a los herejes seguidores de Jan Hus en Bohemia. El hacinamiento, el pillaje y la violencia de los campamentos militares actuaron como el caldo de cultivo idóneo para que el patógeno venéreo (bautizado por Basilio en latín clásico como el Morbum o la enfermedad de los galos) rebrotara de forma explosiva.Petraeus ejerce un notable equilibrio historiográfico y neutralidad crítica al advertir que, puesto que los anales oficiales husitas no registraron informes clínicos específicos sobre la epidemia, esta correlación cronológica debe ser tratada únicamente bajo beneficio de inventario o como una hipótesis conjetural («bloße Muthmaſſungen»).
La patria de Alsacia y el viaje a Santiago de Compostela (España). En la segunda sección del folio, el autor reconstruye la verdadera geografía autobiográfica de Basilio Valentín analizando los datos internos dispersos en sus manuales:
- El origen báltico-renano (Elsaß): El propio benedictino asentó que su patria («Vatter-Landes») se localizaba en la Alta Alemania, en los territorios situados en la margen superior del río Rin, lo que permitía a los archivistas del siglo XVIII fijar su cuna en la provincia de Alsacia (región histórica franco-alemana, centro neurálgico de la metalurgia y la minería bajomedieval).
- La Peregrinación a Santiago (St. Jacob): Uno de los datos más trascendentales para la historia de la ciencia y los caminos de comunicación de la Europa medieval. Basilio confiesa que en su juventud ejecutó un arduo, largo y penoso viaje de fe («schwere Reise… als ein Pilgrim») para cruzar los Pirineos y postularse ante la tumba del apóstol Santiago en Santiago de Compostela, Galicia (España). Esta peregrinación jacobea poseía una inmensa relevancia iatroquímica: los científicos e investigadores centroeuropeos realizaban el Camino de Santiago no solo por devoción espiritual, sino para visitar los laboratorios de los boticarios españoles y auditar las técnicas de transmutación y destilación que los químicos árabes habían asentado en la península ibérica.
El veredicto final: Los milagros de la Adepterie. El tramo final de la página funciona como el alegato de clausura y balance epistemológico de Petraeus sobre la legitimidad del benedictino. Defiende que el hecho de que todos sus compañeros de celda y frailes («Ordens-Brüder») practicaran la transmutación y las operaciones de laboratorio demuestra que los monasterios de la orden de San Benito funcionaban en los siglos XIV y XV como verdaderos institutos de investigación científica avanzada antes del nacimiento de las academias de la Ilustración.Petraeus certifica de forma rotunda que Basilio Valentín existió como un religioso real («als ein Ordens-Mann») que consagró su vida a operar milagros («Miracula») en dos vertientes perfectamente coordinadas: las curas farmacológicas y médicas terapéuticas de los enfermos («Curen») y el perfeccionamiento físico de los metales en el crisol mediante el arte supremo de los adeptos («Adepterie»), un legado científico que el autor defenderá hasta la interrupción terminal del reclamo.
[78] El fraude de los copistas comerciales y la corrupción del estilo. El folio abre engranando linealmente con el reclamo verbal de la página 77. Petraeus formula una severa denuncia contra la falta de rigor de las redes de escribanos y amanuenses comerciales que operaban en el mercado negro de libros en los siglos XVI y XVII. Los califica con desdén irónico de «super-kluge Copiisten» (los copistas sabelotodos o pedantes).Explica que, al transcribir los viejos pergaminos del siglo XV, estos escribanos alteraron de forma irreversible el estilo («Stylum») gramatical original y corrompieron el texto mediante cortes caprichosos, omitiendo los pasos metalúrgicos que no comprendían y remendando fórmulas falsas de su propia cosecha («hineingeflicket») para inflar el volumen de los pliegos. Esta mutilación sistemática impedía a los boticarios del siglo XVIII reproducir las destilaciones con exactitud, justificando la necesidad de la presente edición crítica de Roth-Scholz para depurar las erratas a partir de las fuentes más limpias.
El programa del Dr. Wedel y el archivo oculto de Erfurt. En el segundo bloque de prosa, el texto introduce el aval institucional y científico de uno de los máximos pilares de la medicina académica y la iatroquímica del Barroco tardío: el Dr. Georg Wolffgang Wedel (Wedelius, 1645–1721), célebre catedrático de medicina en la Universidad de Jena y médico de cámara de los príncipes electores.Wedel había publicado un histórico manifiesto o lección académica (su «Programmate» de 1704) dedicado exclusivamente a auditar los archivos del Monasterio de Erfurt. Wedel localizó las minutas que detallaban el destino de los diarios de laboratorio de Basilio Valentín tras la disolución de las celdas del convento de San Pedro. Petraeus rinde un alto elogio a esta pieza filológica latina y el editor Roth-Scholz introduce una utilísima nota marginal (l) indicando que él mismo ha traducido y estampado de forma íntegra este informe de Wedel a partir de la página 669 del primer tomo de este mismo Theatrum Chemicum, facilitando las concordancias para los investigadores.
La refutación de la hipótesis vaticana de Cluverio. El tramo final de la página se consagra a debatir y refutar una de las hipótesis historiográficas más hiperbólicas y descabelladas de la época sobre el origen de la literatura hermética alemana: la teoría del célebre geógrafo, filólogo e historiador germano-holandés Philipp Clüver (Cluverius, 1580–1622), el gran fundador de la geografía histórica e intelectual clásica en la Universidad de Leiden.En su influyente gaceta periódica de divulgación y noticias de la República de las Letras, el Curieuser Welt-Mercurius, Cluverio defendía una posición radicalmente escéptica:
- Erdichteten Basilii: Cluverio pretendía que el personaje de Basilio Valentín era una completa invención literaria o ficción romántica («erdichteten») del siglo XVII.
- El manuscrito árabe del Vaticano: Para justificar la tremenda profundidad científica de los textos metalúrgicos alemanes, Cluverio lanzó un asombroso testimonio verbal: aseguró a sus colegas de Leiden haber leído personalmente, oculto entre los fondos confidenciales de la Biblioteca Apostólica Vaticana en Roma (designada en el texto como la Biblioteca del Papa o «des Pabsts Bibliotheck»), un antiquísimo códice manuscrito redactado en lengua árabe clásica («Arabischen Text»). Sostenía que este códice árabe contenía el mapa experimental exacto de los vitriolos y que había sido contrabandeado a Alemania durante las Cruzadas en tiempos del emperador Federico II de Hohenstaufen («Kayser Frider.»), siendo traducido de forma clandestina al alto alemán vernáculo.
Petraeus desmonta con agudeza filológica ecdótica esta novelesca teoría vaticana de Cluverio: demuestra que el análisis comparado de las sintaxis revela que los libros de Basilio no guardan relación estructural con los manuales hispano-árabes de la escuela de Geber, y que la inmensa cantidad de variantes y lecturas fragmentarias corrompidas («variantes Lectiones») halladas en las copias alemanas derivaba del desorden de las imprentas locales y no de un ejercicio de traducción medieval desde el Vaticano, un análisis crítico cuya deconstrucción se completará al reverso tras suspenderse la línea con el reclamo terminológico clásico de los filólogos.
[79] El foso de los sofistas y el valor material de Basilio Valentín. El folio abre engranando perfectamente con el reclamo bibliográfico de la página 78 («Lectio[nes]»). Petraeus concluye su advertencia metodológica contra quienes se pierden en las variantes de lectura corruptas del mercado, afirmando que seguir ciegamente las ediciones adulteradas comerciales conduce al estudiante a sepultarse de lleno en el foso de los sofistas («Sophistische Grube»), término iatroquímico empleado para designar la ruina económica y el engaño de laboratorio.Frente a esto, el autor ensalza el valor material legítimo del canon de Basilio Valentín: defiende de forma pragmática que si el texto es previamente depurado de erratas por un editor filológico y se restituyen sus pasajes fragmentados o mutilados por la censura («das Gestümmelte ersezet»), los procesos metalúrgicos con el vitriolo son tan sumamente rentables y exactos que son plenamente capaces de «llenar el bolsillo» del investigador («den Säckel füllen»), validando la química como una ciencia productiva.
La deconstrucción filológica del «Manuscrito Árabe» de Cluverio. En los puntos 1 y 2, Petraeus ejecuta una brillante demolición de la teoría del geógrafo Philipp Clüver (Cluverio), quien pretendía que los libros del benedictino eran traducciones de un códice árabe del Vaticano:
- La falta de pruebas notariales (Punto 1): El autor denuncia que Cluverio pasó de forma sumamente superficial y vaga por encima de su supuesto hallazgo, cometiendo el gravísimo error filológico de no aportar ni un solo título, signatura de archivo ni pasaje literal («weder die Titel, noch einige Loca») que permitiera a la República de las Letras auditar y verificar la existencia real de dicho pergamino en Roma.
- La contradicción de la divergencia (Punto 2): Resalta una flagrante contradicción en la confesión de Cluverio, quien admitió que el texto árabe difería radicalmente («weit differiret») de los manuales alemanes impresos. Petraeus argumenta con lógica ecdótica impecable que si las estructuras moleculares y operativas no coinciden, resulta un absurdo metodológico sostener que los tratados de Erfurt proceden de una traducción («übel vertirt») de la fuente vaticana, desbancando el mito del contrabando de las Cruzadas.
La venganza académica: La disputa con Johannes Clingius. El punto 3 desvela la verdadera intrahistoria de las bajezas humanas y las rivalidades personales que a menudo contaminaban los debates científicos en los siglos XVII y XVIII. Petraeus revela que la agresividad de Cluverio al tachar a Basilio Valentín de personaje ficticio («erdichteten Basilio») no nacía de un desapasionado celo filológico, sino de un deseo deliberado de causar un agravio académico (utilizando el galicismo de las afrentas barrocas «Tort zu thun») a su gran enemigo intelectual: el médico y erudito Johannes Clingius (Clingius).Clingius había publicado un célebre manual de laboratorio titulado Wegweiser (La Guía o Estrella Polar del investigador), donde había defendido con una tremenda valentía y virilidad teórica («mascule defendiret») la existencia real del monje benedictino, incorporando detallados comentarios matemáticos y físicos («Explicationes») para descifrar sus famosas doce llaves operativas. Para destruir el crédito de Clingius, Cluverio atacó la raíz de su autoridad negando la existencia misma del monje, demostrando cómo los prejuicios personales deformaban la historiografía oficial de las ciencias naturales.
El protocolo de enmienda de la Edición de Roth-Scholz. El último párrafo abre el balance final sobre el titánico esfuerzo técnico y filológico materializado en esta gran edición alemana coordinada por Friedrich Roth-Scholz. El autor introduce el inventario de las obras cumbre que abren el primer tomo del compendio —las Doce Llaves del Antimonio, el tratado De Microcosmo, la Occulta Philosophia y el inmortal Triumph-Wagen Antimonii (El Carro Triunfal del Antimonio)—, explicando las dificultades críticas de composición que los cajistas tuvieron que subsanar debido a la escasez y corrupción de las copias previas, una crónica técnica de taller que se interrumpirá de forma abierta al pie de la página con el reclamo regular.
[80] El primer tomo y la iconografía calcográfica de Thölde. El folio abre engranando linealmente con la partícula regular suspendida en la página 79 («weiln man…» / debido a que uno…). Petraeus expone los límites y los éxitos de la maquetación del primer volumen de Basilio Valentín. Explica que, al carecer de un códice medieval puro para el cuerpo general, el taller de Felßecker se limitó a limpiar las erratas evidentes («Druck-Fehler») de las ediciones comerciales previas.Sin embargo, el gran avance de la Ilustración se concentró en la iconografía técnica: se volvieron a tallar las planchas de cobre para que los grabados emblemáticos de las famosas Doce Llaves se estamparan con la máxima precisión milimétrica («accurater gestochen»), rescatando además un grabado calcográfico inédito que se custodiaba únicamente en la rarísima tirada renacentista editada por Johann Thölde («Thölden») a inicios del siglo XVII.
La enmienda filológica del Berg-Buch (Libro de las Minas). El núcleo de la página constituye un documento excepcional para los historiadores de la ecdótica y la lingüística aplicadas a la mineralogía barroca. El autor desglosa el titánico trabajo de colación ejecutado sobre el segundo tomo, centrado en el «Berg-Buch» (el tratado de minería, geología subterránea y metalurgia extractiva atribuido al benedictino).Petraeus denuncia que los antiguos impresores vulgares de folletines comerciales habían corrompido el léxico minero tradicional de los operarios sajones, publicando pasajes que resultaban ridículos, caóticos e inteligibles («gantz verrückte und unverständliche Loca»). Para sanar el texto, confrontó las ediciones con un valioso cuaderno manuscrito de archivo («aus einem MS. gecorrigiret»), restituyendo la sintaxis técnica original a través de seis correcciones paradigmáticas (introducidas mediante la abreviatura latina clásica «pro», que significa en lugar de o corregido por):
- La enmienda de los filones (Libro 1, cap. 14): Los tipógrafos comerciales leían vagamente «fuentes» (Brunnen) de agua donde el manuscrito original minero especificaba de forma exacta las sinuosidades, curvaturas o meandros (Krümmen) de las vetas metalíferas subterráneas.
- La termodinámica de la forja (Cap. 17): Una absurda frase que hablaba de un «soplo de acumulación para coagular» (Hauffen blasen) fue corregida por el término iatroquímico real: un tiro forzado de aire incandescente o soplado a alta temperatura (heiß-blasendes) en el horno de viento.
- La estabilidad del sedimento (Cap. 29): Las portadas vulgares describían de forma delirante un «vapor sano y pestilente» (gesunder stinckender Dunst). El manuscrito de control demostró que el texto original se refería a la precipitación de las harinas de las sales, indicando que la materia no se evaporaba, sino que permanecía asentada como un sedimento constante y denso (steter Satz) en el fondo de la retorta.
- La densidad de la pizarra (Libro 2, cap. 3): Los cajistas confundieron la dureza de la roca metamórfica inventando una metáfora sobre la «cera con filones grises» (grüngreissigen Gängen). La filología crítica restituyó la verdadera descripción de la ley del mineral: una pizarra arcillosa tan compacta y maleable como la cera, veteada por filones de color verde y verdusco (grünen-grünsichten), indicadores de la presencia de carbonato de cobre.
- La riqueza de las vetas cruzadas (Eodem Cap.): Las variantes espurias atribuían la ley de los filones de plata a un mero borboteo ordenado de la naturaleza. El texto enmendado desveló una regla de oro de la ingeniería de minas del Barroco: los yacimientos de plata alcanzan su máxima riqueza ley y concentración material («da sind sie am reichsten») precisamente en los puntos tectónicos donde las vetas se cruzan, caen y se entrelazan unas con otras («da sie durch einander fallen»), demostrando que la naturaleza opera con una geometría previsora.
- El tecnicismo gremial (Ganghafftig, Cap. 5): Los impresores vulgares leían un adjetivo común: «por completo violento» (ganz hefftig). Petraeus aplicó el rigor léxico minero al rescatar el verdadero término técnico gremial germánico bajomedieval: una formación «ganghafftig» (un filón continuo, constante y firmemente asentado en la roca madre, que garantizaba la rentabilidad de la explotación frente a las vetas efímeras).
Geografía de las Cecas: Estrasburgo frente a Hamburgo. El tramo final de la página abre una ecuación de geografía bibliográfica comparada fundamental para los archivistas: insta al estudiante e investigador a confrontar la célebre edición de Estrasburgo (el «Straßburger Druck», un taller puntero en la impresión de grabados metalúrgicos de la cuenca del Rin) con las tiradas del norte de Alemania editadas en Hamburgo («Hamb. Edit.»).Petraeus demuestra que las prensas comerciales de estas dos capitales mercantiles habían omitido párrafos enteros («ganze Passagen, so ausgelassen») para ahorrar papel y acelerar las tiradas, concluyendo que solo este nuevo compendio de Núremberg de 1729 había tenido la disciplina filológica de reincorporar las lagunas técnicas para el avance de la iatroquímica, una argumentación cuyo cierre se suspende con el reclamo heráldico de la ceca.
[81] La traslocación de los capítulos y el triunfo de la Edición de Hamburgo, El folio abre engranando morfológicamente con la palabra suspendida en el pie de la página 80 («Stadt…» / … de dicha ciudad), completando el apellido del famoso editor de minas Stadtländer [^1]. Petraeus expone un grave problema de la ecdótica y la imprenta barroca centroeuropea: al cotejar las ediciones del Berg-Buch impresas en Estrasburgo con las tiradas comerciales de Hamburgo, los investigadores se topaban con un absoluto desorden en el índice. Los tipógrafos de una provincia habían traslocado, movido e invertido el orden de los capítulos respecto a la otra, provocando una inmensa confusión («Confusion») técnica. Para sanar el texto en este compendio de 1729, los editores ejecutaron un control de daños dictaminando que la versión de Hamburgo era la más íntegra y completa («completeste»), fijándola como el texto base del cuadernillo.
El enigma de Nicolai Solea, el Bohemio. En la sección central, el autor introduce un espectacular debate de atribución autoral y desenmascaramiento de pseudónimos que dividía a los bibliófilos del siglo XVIII. Revela que el mismo texto metalúrgico y geológico sobre los filones de las minas circulaba por Alemania bajo dos firmas completamente distintas: unas veces atribuido al monje benedictino Basilio Valentín y otras editado bajo la efigie del misterioso filósofo y naturalista checo Nicolaus Solea, el Bohemio («Nicolai Soleæ Boemi»). La inmensa divergencia («differiren») entre los ejemplares impresos hacía sospechar a la academia que los libreros estaban traficando con el patrimonio de los investigadores.
La mano de Paracelso y la edición de Brzeg (1600). Para arrojar luz sobre el misterio de Solea, Petraeus aporta una valiosísima referencia de catálogo remitiendo a una rarísima edición de la minería de Silesia: el Büchlein vom Bergwerck, editado en la ciudad de Brzeg («Brieg», actual Polonia) en el año 1600 en formato cuarto («in 4to») por el erudito Elias Montanus.Montanus introdujo en el prefacio de ese libro un extraordinario hallazgo de archivo paleográfico y pericial: testificó que el manuscrito original («Original-MS.») a partir del cual se imprimió el tratado de Solea exhibía una caligrafía taquigráfica e inclinación de letras idénticas a la mano física real de Paracelso («Hand des Paracelsi»), de tal manera que cualquier archivista experto habría dictaminado que el propio Teofrasto lo había redactado de su puño y letra.
El dilema de la autoría paracelsista. Al comprobar que en las páginas internas del propio libro de Nicolaus Solea se citaba de forma explícita la autoridad médica de Theophrastus Paracelsus, Petraeus plantea una penetrante disyuntiva metodológica y epistemológica:
- La hipótesis de la influencia: Que Nicolaus Solea existió realmente y fue un discípulo avanzado o iatroquímico que devoró y asimiló los escritos de Paracelso antes de redactar su manual de minas.
- La hipótesis del pseudónimo apócrifio: Que el Berg-Buch de Solea (y por extensión, el atribuido a Basilio Valentín) es en realidad una obra póstuma e inédita de Paracelso. Paracelso, que pasó años de su juventud trabajando físicamente como metalúrgico e inspector de fundiciones en las ricas minas de plata de Schwaz (en el Tirol) bajo el patronazgo de la dinastía Fugger, poseía un saber mineralúrgico inigualable. Al morir de forma turbulenta en Salzburgo, sus cuadernos clandestinos de minería habrían sido incautados por libreros que los editaron bajo los prestigiosos pseudónimos de Solea o Basilio Valentín para multiplicar sus ventas en las ferias, un dilema filológico cuya resolución continuará al reverso de la página.
[82] El debate del plagio: Penotus, Severinus y las fuentes de Paracelso. El folio abre engranando linealmente con la partícula regular suspendida en la página 81 («gar»), completando la frase sobre la hipótesis de la autoría paracelsista del Berg-Buch. Petraeus introduce una de las controversias historiográficas y éticas más encendidas de la medicina del Renacimiento: la acusación de que Paracelso operaba como un plagiario sistemático que saqueaba el saber de los autores medievales.Para blindar esta afirmación, cita a dos colosos de la República de las Letras:
- Bernard Georges Penot (Penotus, c. 1522–1620): Médico e iatroquímico francés que auditó los archivos de Basilea.
- Petrus Severinus (Peder Sørensen, 1542–1602): Célebre médico de la corte real de Dinamarca y autor del fundamental Idea medicinae philosophicae (1571), tratado cumbre que sistematizó la filosofía paracelsista.
Tanto Penotus como Severinus documentaron en sus cartas críticas latinas («in Epistol. scripta») que Teofrasto Paracelso se había apropiado de forma ilícita de los diarios de laboratorio de Basilio Valentín y de los manuales prácticos de los antiguos cirujanos medievales («Chirurgis»), desmembrando sus capítulos e introduciendo de contrabando sus fórmulas de vitriolos bajo su propio nombre sin rendirles el debido honor académico.
El Bergwercks-Schatz de Anhalt y la edición de Claromontanus. En la sección central, el autor despliega un riguroso rastreo de catálogo sobre las ediciones mineras y metalúrgicas del siglo XVII, sirviendo de guía para los coleccionistas contemporáneos de 1729:
- La edición de Fráncfort (1618): El tratado de Nicolaus Solea editado por el médico real del principado de Anhalt, Elias Montanus, fue reeditado en formato cuarto en Fráncfort del Meno bajo el sugerente título mercantil y técnico de Bergwercks-Schatz (Tesoro de las Minas), volumen fundamental para el ensayo de las menas de plata.
- La mutilación de Jena (1626): Petraeus lanza una severa censura ecdótica contra la tirada en octavo editada en la ciudad universitaria de Jena por el erudito silesio Georg Claromontanus (pseudónimo latinizante del médico Georg Hellmann). Acusa a Claromontanus de haber cometido un grave fraude editorial al corromper el texto («sehr corrumpiret»): Claromontanus, acosado por prejuicios corporativos, aplicó una censura radical amputando hojas enteras («gantze Blätter weggelaſſen») y borrando sistemáticamente todas las líneas y reenvíos donde se vinculaba el saber de la minería de Solea con la figura de Paracelso, dejando al público un texto descabezado y adulterado.
El Códice de 1630 y la restitución del Universal del Mundo. El tramo final de la página se consagra a detallar el minucioso protocolo filológico empleado por el taller de Friedrich Roth-Scholz para restaurar el tercer libro de Basilio Valentín, el célebre tratado cosmológico e iatroquímico Universal der Welt (Universal del Mundo), considerado de forma unánime por la academia como la obra cumbre del benedictino.Petraeus explica que para purificar el texto de las lagunas comerciales, Roth-Scholz localizó un valiosísimo manuscrito de archivo fechado en el año 1630 («A. 1630. geschrieben»). Al auditar el tipo de letra y las fórmulas salinas, determinaron que este legajo constituía una copia directa, rigurosa y fielmente transcrita a partir de un original medieval sumamente antiguo e incontaminado por las imprentas.El protocolo de enmienda tipográfica aplicó una técnica revolucionaria: se sustituyeron los modismos modernos por términos de un alemán genuinamente arcaico que conservaban el mismo mapa semántico conceptual original («einerley Sinn»). Lo más trascendental para la historia de la ciencia es que este manuscrito de 1630 permitió a Roth-Scholz reincorporar e introducir pasajes históricos e instrucciones de laboratorio enteras («ganze Passagen und Historien daraus mit eingerücket») que faltaban por completo («manqviren») en todos los catálogos impresos de Europa, ofreciendo por primera vez a la Ilustración un mapa real de la destilación del vitriolo, cuyo desglose analítico continuará al reverso tras suspenderse la línea con el reclamo gótico.
[83] La ceguera del Franciscano: La censura de las maldiciones. El folio abre engranando morfológicamente con la palabra gótica de enlace suspendida al pie de la página 82 (offen), completando el adverbio offenbahr (manifiestamente) [^1]. Petraeus analiza un fascinante y sombrío relato medieval rescatado del códice manuscrito de 1630. La crónica narraba el castigo divino y preternatural sufrido por un monje de la Orden de San Francisco («Bruder Francisc. Ordens»): el religioso, quebrantando los votos de estricto secreto de la fraternidad hermética, intentó dictar («dictiren wollen») las proporciones moleculares y los tiempos del horno para la obtención de la Piedra Filosofal («Proceſs des Lap.») a un profano codicioso, impío y criminal.Al instante, el Demonio intervino quemándole y ennegreciéndole las cuencas de los ojos («dem der Teuffel das Gesicht angeschwärhet» / a quien el Diablo tiznó la vista), dejándolo ciego en el acto. El autor realiza una brillante observación de ecdótica al demostrar que el tosco estilo gramatical germánico del pasaje certificaba que la historia procedía del puño original de Basilio Valentín.Sin embargo, los editores comerciales del siglo XVII censuraron y omitieron deliberadamente el pasaje («mit Willen ausgelassen») por un falso pudor ilustrado, al considerar que la presencia de semejantes imprecaciones y terribles maldiciones medievales («starcke Flüche») resultaba vulgar, supersticiosa y poco acorde con la dignidad académica de la filosofía de la naturaleza («unphilosophisch»). Aunque el filólogo Cardilucius (Harprecht) intentó rescatar el mito, solo la presente edición de Roth-Scholz de 1729 restituyó la crónica con todo su detallado dramatismo gótico de archivo.
Las enmiendas metalúrgicas particulares: El Sol y la Luna. En el segundo bloque, el texto detalla el riguroso protocolo de corrección química y metalúrgica aplicado al cuarto libro de Basilio Valentín, consagrado a las transmutaciones de metales menores o procesos particulares («Proceſſu Partic.»). Los cajistas de Núremberg depuraron las proporciones de los reactivos empleando los caracteres planetarios clásicos de la historia natural y la metalurgia barroca:
- ☉ (Sol / Oro): Métodos de cementación y purificación capilar del oro nativo.
- ☽ (Luna / Plata): Separación de la plata fina en el crisol de copela.
- ♂ (Marte / Hierro): La vitrioliación y calcinación del hierro para extraer el Crocus Martis.
- ♀ (Venus / Cobre): El blanqueamiento del cobre mediante baños de arsénico (proceso denunciado por Johannes de Laaz en la página 42).
Se restituyó además un prólogo fundamental que los libreros anteriores habían extraviado («manqviret»), devolviendo la coherencia interna a los diarios de fundición.
Condesianus y la apología de Cocheim von Hollrieden. Para blindar el tratado anexo La revelación de las manipulaciones ocultas («Offenbahhrung der verborgenen Hand-Griffe»), Petraeus explica que se adoptó el canon fijado en la célebre antología Dyas Chymica Tripartita (Fráncfort, 1625), editada por el iatroquímico alemán Henricus Condesianus (pseudónimo del médico Heinrich Hermann).Para prestigiar la autoridad de Condesianus ante los científicos de la Ilustración, el texto invoca al filósofo cortesano Johann Valentin Cocheim (Cocheim von Hollrieden), quien en su influyente ensayo historiográfico Reductio Errantium in rectam Viam (Fráncfort, 1623 / Conducción de los descarriados hacia el camino recto) elevaba los escritos de Condesianus al rango de manuales perfectos e indispensables debido a la pureza y fidelidad de su fraseología germánica antigua («nach der alten Phrasi besser»).
El Espíritu de Vino y los nuevos planos del Horno de Sublimación. El tramo final de la página detalla las adiciones de alta tecnología química y destilación farmacológica que Roth-Scholz anexó en la sección final («In Fine») de los capítulos sobre el espíritu de vino concentrado o ígneo («feurigen Wein-Geistes» / alcohol rectificado de alta graduación):
- La amalgama cum Augmento: Se incorporó una receta menor de incremento de peso molecular operando con la Plata (☽) y el Mercurio líquido (☿ / azogue).
- La calcografía del Sublimir-Ofen (Horno de Sublimación): La mayor joya bibliográfica del pliego consiste en la inserción de una lámina calcográfica enteramente nueva («neuen Figur») grabada a partir de los diagramas del manuscrito de 1630. Ilustraba los planos de un horno de sublimación especializado en calentar sustancias volátiles (como el azufre, el arsénico o el mercurio) para forzar su evaporación térmica y capturar sus cristales puros en la cúpula o alambique del aparato, unificando la ingeniería metalúrgica con el patrimonio gráfico de la ciencia, cuyo inventario continuará en la página 84 tras suspenderse la línea con la partícula de reclamo.
[84] Las notas marginales de Condesianus y los cuadernos de archivo. El folio abre engranando linealmente con la partícula regular de enlace suspendida al pie de la página 83 (ches). Petraeus concluye el inventario técnico de las correcciones del cuarto tomo de Basilio Valentín. Explica que las piezas de cierre (las «Conclusiones» o discursos teóricos terminales) y las adendas físicas (los «Supplementis») se incorporaron adoptando la maquetación de la Dyas Chymica de Henricus Condesianus.El gran avance filológico de esta edición de Núremberg consistió en intercalar entre los párrafos de Condesianus las anotaciones escolásticas marginales del propio erudito («cum notis ipsius Condesiani»), reforzadas mediante el contrabando legítimo de anotaciones operativas extraídas de fragmentos de manuscritos puros («ex MStis») que aclaraban el peso de las sales.
El descubrimiento de los manuscritos de Etschenreuter. El segundo bloque desvela una de las mayores novedades editoriales y bibliográficas del volumen: la inserción en la tercera sección de las obras completas de Basilio de un corpus de textos enteramente inédito para la comunidad científica de 1729. Se trata de los cuadernos de notas de laboratorio atribuidos al médico y químico renacentista Gallus Etschenreuter (autor de tratados sobre las aguas termales y la destilación mineral del siglo XVI).Los papeles de Etschenreuter («des so genannten Etschenreuters in MS.») habían permanecido sepultados y ocultos en colecciones privadas. Petraeus y Roth-Scholz ejecutaron sobre ellos un colosal trabajo de ecdótica: recopilaron docenas de copias e inventarios dispersos y, tras purificar el inmenso caos de variantes de lectura y erratas de los copistas («variantes Lectiones»), unificaron los textos bajo el título institucional de los «Medicinalia des Basilii» (los Escritos Médicos de Basilio Valentín), manual consagrado a la preparación de fármacos iatroquímicos a partir del antimonio y el mercurio.
El enigma del Testamento y la autoría conventual. El tercer párrafo plantea una de las reflexiones historiográficas más profundas y maduras de todo el tratado, abordando la legitimidad del «Last Testament» (Último Testamento) del benedictino. Petraeus recuerda que en las líneas de su inmortal Triumph-Wagen Antimonii, el monje había prometido solemnemente a sus discípulos legar en las postrimerías de su vejez un testamento memorable («denckwürdiges Testament zu stifften») que sirviera como vademécum de todas las curaciones terapéuticas reales («Curen») que completó con éxito en el hospital del monasterio.El autor plantea una penetrante disyuntiva hermenéutica que somete de forma abierta al arbitrio de la crítica filosófica («Philosophischen Critique») de los lectores de la Ilustración:
- La vía autógrafa: Que el texto fue dictado y firmado directamente por el puño de Basilio Valentín antes de morir en Erfurt.
- La vía comunitaria: Que el testamento fue redactado por un cónclave de sus propios hermanos de orden y frailes del convento (sus «Confratren»), quienes, impulsados por los ruegos e instigaciones de su maestro moribundo, recopilaron las minutas de las recetas para proteger la memoria científica del cenobio.
El valor intrínseco de los Medicamenta de los Monjes. Al cierre de la página, Petraeus ejecuta un brillante y pragmático ejercicio de neutralidad científica y epistemológica. Dictamina que el debate académico sobre el nombre civil exacto del autor viene a importar muy poco al avance del laboratorio. Lo verdaderamente trascendental e indiscutible para la historia de la ciencia es que estas recetas fueron redactadas físicamente por monjes («von Mönchen geschrieben») en el siglo XV y resguardadas celosamente en los archivos secretos de los monasterios («ins Verborgene hingeleget»).Los compuestos farmacéuticos («Medicamenta») y las crónicas de curación de la sífilis y las fiebres allí contenidos poseen un valor empírico tan inmenso que exigen del estudiante e investigador contemporáneo ser abordados con una profunda meditación y reflexión filosófica («Philosophischen Nachdencken») para extraer de ellos las leyes de la química médica, abriendo paso a las últimas observaciones de Condesianus sobre las manipulaciones secretas antes de que la línea se suspenda con el reclamo.
[85] La Ley de Hipócrates y el veto a los profanos. El folio abre engranando morfológicamente con la palabra de reclamo de la página 85 (ſpricht:) para completar la monumental cita en latín del padre de la medicina, Hipócrates [^1]. El pasaje (extraído del célebre opúsculo hipocrático Lex o La Ley) constituía el pilar deontológico fundamental de las ciencias iatroquímicas y farmacéuticas barrocas. Establecía una frontera epistemológica inquebrantable: las verdades más profundas de los crisoles son calificadas de cosas sagradas («res Sacræ») y solo pueden ser transferidas de forma legítima a hombres de espíritu puro y científico («sacris hominibus»).A los charlatanes y operarios codiciosos les está prohibido por ley divina («prophanis id fas non est») acceder al núcleo de la naturaleza, obligándolos a someterse a un riguroso y reverente rito de iniciación intelectual y empírico en los misterios de la ciencia («Scientiæ Orgiis initientur»).
El epigrama satírico: De Momo al hermano de Midas. Para resumir la tesis de su tratado introductorio, Petraeus corona el folio con un bellísimo dístico poético rimado en alemán gótico que funciona como un testamento moral contra los detractores de la ciencia:
- La figura de Momo (Momus): Personificación mitológica griega de la burla, la crítica maliciosa y la censura injusta. Representa al académico pedante que codicia el oro («Des Goldes wollt’ er wohl») pero que es incapaz de operar en el laboratorio. Momo ataca de forma constante la oscuridad literaria y el estilo de los adeptos («den Stylum stets anklagt») por pura ceguera mental («gar zu blind»), al no comprender que el secreto es el arca que protege el conocimiento.
- El sentir de Cos (Coi Sinn): Elegante metonimia lírica para aludir a la isla de Cos, cuna natal de Hipócrates en el mar Egeo. El «sentir de Cos» designa el juramento hipocrático de rigor y honestidad científica.
- El Hermano de Midas (Midas-Bruder): Alusión al rey Midas, quien por pura codicia pidió al dios Dioniso el don de transmutar en oro todo lo que tocara, muriendo casi de hambre al convertirse sus raciones en metal noble. El «hermano de Midas» es el soplador ignorante e impostor que busca la alquimia solo como un artificio de riqueza inmediata; Petraeus decreta que por la puerta del verdadero Theatrum Chemicum («durch diese Pfort») jamás se permitirá el ingreso de semejantes mercenarios de la ciencia.
El colofón bibliográfico de Friedrich Roth-Scholz. Bajo la monumental palabra gótica E N D E (FIN), que cierra el primer gran tratado introductorio del volumen, el editor Friedrich Roth-Scholz despliega el colofón tipográfico e inventario de sección para fijar la genealogía del texto ante sus suscriptores:
- La edición base de Hamburgo (1712): El texto original que sirvió de matriz fue redactado por el Dr. Petraeus como un prólogo de control («Neue Vorrede») para los Chymischen Schrifften de Basilio Valentín editados en Hamburgo en 1712 en formato octavo.
- La transformación en Critique (Núremberg, 1729): Roth-Scholz explica que para esta gran enciclopedia rescató las hojas de Hamburgo, las sometió a un intenso proceso de corrección tipográfica en el taller de Felßecker, y expandió masivamente sus párrafos mediante notas al pie e inserciones de manuscritos inéditos, convirtiendo un simple prólogo regional en una monumental CRITIQUE (Crítica General) historiográfica y filológica universal sobre la totalidad de la literatura alquímica europea.
Deutsches Theatrum Chemicum [Teatro Químico Alemán]. Prefacio del segundo volumen
TEATRO QUÍMICO ALEMÁN,en el cual se presentan los Escritos de los más célebres filósofos y…
Los Hermanos de la Pureza
EPISTLES OF THE BRETHREN OF PURITY. On Magic, Part IIAn Arabic Critical Edition and English…
El contrato del alquimista Domenico Manuel Caetano.
Ejecución del fabricante de oro Cajetani, el 23 de agosto de 1709 en Küstrin.Anónimo –…
ÍNDICE analítico de El Carro Triunfal del Antimonio de BASILIUS, y de las Anotaciones de KERCKRING.
Register. Deutsches Theatrum Chemicum, Volumen 1, 331-350. ⁘ ( 0 ) ⁘ 331 Letra…
El carro triunfal del antimonio de Fr. Basilio Valentín, con anotaciones de Theodori Kerckringii. Precedido además por: Noticia y recomendación otorgada sobre Basilio Valentino en un programa del año 1704 por el Sr. D. Georg Wolfg. Wedel, célebre profesor en Jena (págs. 654-668: Prefacio de Friedrich Roth-Scholtz), seguido de una nueva numeración de páginas: págs. 1-350, págs.
Fr. Basilii Valentini, TriumphWagen des Antimonii, mit Theodori Kerckringii Anmerckungen. Deme noch vorgesetzet: Herrn D….
Índice de la Primera Parte del TEATRO QUÍMICO alemán de Friedrich Roth-Scholtz
638 Índicede laPrimera PartedelTEATRO QUÍMICOalemán deFriedrich Roth-Scholtz A.Egipcios: ¿qué debe pensarse de sus figuras jeroglíficas?…
