D. Joh. Joachim Bechers Oedipus Chymicus, oder Chymischer Rätseldeuter. Deutsches Theatrum Chemicum, volumen II, 619-822.


El Alquimista como Edipo Químico (Oedipus Chimicus):
Sentado frente al horno de ladrillo, un anciano erudito de larga barba y ropajes doctorales (asociado a la figura del propio autor, Bartholomäus Korndörffer, o al sabio mítico) examina una retorta o matraz de destilación. En la tradición hermética barroca, invocar a Edipo no aludía al mito trágico, sino a su condición de descifrador supremo de enigmas (quien resolvió el misterio de la Esfinge). El Edipo Químico es el filósofo capaz de descifrar los acertijos de la naturaleza, las palabras cifradas (como Enuallaf) y los secretos de la transmutación.
Mercurio como Guía de la Obra:
De pie detrás del sabio se encuentra el dios romano Mercurio (Hermes), reconocible por su característico sombrero alado (pétaso) y su actitud de guía. Mercurio señala hacia el paisaje exterior visible a través de la puerta abierta, simbolizando que el mercurio mineral y el principio de la volatilidad son las verdaderas llaves que conducen al laboratorio hacia el éxito de la Gran Obra.
El Paisaje de la Transmutación (La Puerta Abierta):
La escena exterior muestra una montaña escarpada donde se desarrollan tres motivos alquímicos clásicos:
El León Verde o la Fiera: Un animal cuadrúpedo en la base, símbolo de la materia bruta mineral y el vitriolo antes de ser purificados.
El Ave que asciende y el Ave que desciende: En el cielo vuela un águila o cuervo, mientras que otra ave descansa en una roca inferior. Esta es la representación iconográfica universal de la sublimación y la cohobación (el espíritu volátil que asciende por el alambique y vuelve a descender al fondo del matraz en forma de gotas de ácido purificado), el proceso exacto que Korndörffer detalló para elaborar el Agua Mercurial.
El Tablón Criptográfico (El Cuadro de la Pared):
Colgado sobre el horno aparece un marco que contiene una serie de letras y símbolos grabados: b z d o en la línea superior, y los símbolos planetarios/metálicos del Cobre/Venus , el Plomo/Saturno y las letras B C en la inferior. Representa un alfabeto cifrado o tabla de correspondencias astrales que el Edipo Químico debe descifrar para sincronizar las horas planetarias (como la hora de Júpiter o de Venus) con las cocciones en el crisol.
El Utillaje de Laboratorio:
Esparcidos por el suelo ajedrezado y en las repisas superiores se aprecian los instrumentos reales del taller espagírico: crisoles cónicos invertidos, redomas de cuello estrecho, matraces de destilación y tarros de botica para almacenar los polvos minerales (como el bórax veneciano o el alumbre calcinado).

Presentación
Ya desde la misma portada Becher, al definir el libro con el subtítulo alemán de Chymischer Rätseldeuter, esta presentando la obra como un manual de desciframiento, literalmente como un “descifrador de acertijos”. Su objetivo principal consistía en actuar como un diccionario crítico o una «llave» para traducir y explicar los textos deliberadamente confusos, metáforas y términos cifrados (como la alegoría de los animales o los anagramas) que los alquimistas medievales y renacentistas tan abundantemente utilizaban para ocultar sus recetas.
En cuanto a la dedicatoria, se dirige a uno de los médicos y científicos más influyentes de Europa en el siglo XVII: Franciscus Sylvius (1614–1672). Sylvius fue el gran defensor e impulsor de la iatroquímica (la corriente que explicaba los procesos fisiológicos del cuerpo humano a través de reacciones químicas, ácidos y bases, distanciándose de la medicina galénica tradicional). Que Becher le dedique su Edipo Químico demuestra la fortaleza de los lazos científicos e intelectuales entre Alemania y los Países Bajos, el epicentro científico de la época. El texto, por otra parte, captura perfectamente el espíritu de la Revolución Científica del siglo XVII: «Un siglo maravilloso» (wunderliches Jahrhundert). Becher reflexiona de manera ambivalente sobre una era repleta de innovaciones mecánicas, descubrimientos químicos y cambios en la filosofía natural, describiéndola como un tiempo tanto de regocijo (erfreuen) como de honda preocupación intelectual (bekümmern). Estamos en plena crisis del Aristotelismo, en la transición del pensamiento escolástico a la ciencia empírica, y Becher aprovecha para criticar a quienes siguen «tropezando» o estancados en el dogmatismo de Aristóteles. Lo hace defendiendo a la Química como la «verdadera filosofía». En las últimas líneas de la dedicatoria, Becher elogia al destinatario (Franciscus Sylvius) por rescatar una filosofía que considera «mucho más antigua que Aristóteles». Con esto se refiere a la tradición de la filosofía hermética y la alquimia/iatroquímica, argumentando que la verdadera comprensión del mundo no proviene de la lógica abstracta de los libros antiguos, sino del «Werck» (el trabajo práctico de laboratorio) y de la experimentación química real. Es una dura crítica a la educación escolástica, la defensa del empirismo y la enseñanza académica tradicional. Lamenta que los jóvenes estudiantes pierdan tiempo y recursos en las universidades actuando como «papagayos» que memorizan textos antiguos en latín. En contraposición, alaba el aula de Sylvius como un verdadero espacio empírico y sensorial, donde los alumnos pueden «oír, ver y sentir» (hören, sehen, und fühlen) los elementos reales y manipular la materia con sus propias manos (Handgriffe).
Para Becher, al igual que para la mayoría de sus contemporáneos, la química era tanto un arte, aprendido mediante el trabajo con las manos, como una disciplina, aprendida mediante el estudio de los libros («la química es a la vez un oficio y a la vez un estudio»).[1] Era un arte eminentemente práctico que involucraba todos los sentidos —manos hábiles, ojos agudos, olfato, gusto y tacto— y que daba como resultado inventos útiles.[2] La química era un arte mecánico, pero al mismo tiempo formaba parte del reino de las artes liberales como una rama de la física. Producía theoria, el conocimiento natural de la índole más profunda, ya que se ocupaba de la creación, la generación y la desaparición de las cosas de la naturaleza, y aportaba la comprensión de la Creación divina. Hermes, el legendario descubridor de la química, era considerado el inventor y articulador tanto de las artes liberales como de las mecánicas, pues la química unificaba la teoría y la práctica en un conocimiento universal que incorporaba todas las artes y saberes necesarios para la supervivencia y la salvación de la humanidad después de la Caída.
A lo largo de la década de 1660, las obras de Becher continuaron enfatizando el interés de la química por los principios generativos en los tres reinos de la naturaleza. Cuando en 1664 publicó su Oedipus Chimicus, expuso las tres partes de la filosofía hermética: el arte del análisis o separación (“Scheidekunst”) consistía en el conocimiento de descomponer las cosas en sus ingredientes y recombinarlos para poder utilizarlos en las otras dos partes, a saber, la “Chymia” y la “Alchymia”. La Chymia enseñaba acerca de los fluidos vitales, su composición y el método para su análisis, purificación y perfeccionamiento; todo conocimiento necesario para la medicina y para la generación de las cosas. Así, la Chymia se ocupaba de los tres reinos: animal, vegetal y mineral, mientras que la Alchymia se ocupaba únicamente del reino mineral y, dentro de este, únicamente de los metales:
“De acuerdo con la práctica, es necesario que sepas de cuál parte de la filosofía hermética debes ocuparte en primer lugar. Pues la filosofía hermética contiene en sí tres partes: la del análisis o separación (scheidkünstigen), la química (Chymischen) y la alquímica (Alchymistischen). El arte del análisis enseña a separar y dividir los cuerpos, para que queden dispuestos para el tratamiento de los otros dos métodos. Por lo tanto, el arte del análisis es la sirvienta de la Chymie y de la Alchymisterey. Así pues, es necesario que, antes que de las otras, te ocupes de esta conforme a sus fundamentos. La Chymia enseña a extraer el jugo y la mejor esencia esencial, a purificarlos y a perfeccionarlos, tanto para el uso del arte de la medicina como para la generación de las cosas. Por consiguiente, la Chymia no solo se ocupa de los metales, sino también de las plantas de la tierra y de los animales. La Alchymisterey tiene que ver únicamente con la preparación del oro y del gran Elixir. A esta última se adscribe, por lo general, el tratamiento de los metales”.[3]
De hecho, Becher contrastó el tipo de explicación que se obtenía al “filosofar a la manera aristotélica” (“Aristotelisch zu philosophiren”) y al “filosofar a la manera química” (“Chymisch zu philosophiren”). La ventaja de esto último era que uno comprendía las causas de las cosas (teoría) y, simultáneamente, adquiría el conocimiento de las cosas materiales (práctica), en lugar de simplemente soltar palabras vacías, lo cual Becher afirmaba que era característico del filosofar aristotélico:
“§. 7. De la ventaja de filosofar a la manera química [Chymisch zu philosophiren].
Bajo el actuar químico, la gente común comprende en su mayor parte el arte del análisis y la Alquimia; aunque esto es impropio: puesto que, aun siendo prácticas emparentadas, son no obstante algo diferentes entre sí, tal como se ha mencionado en lo que antecede.
Pero respecto a la ventaja de filosofar —o bien, aunque estas tres ciencias comúnmente se mezclen entre sí, esta ventaja debe desglosarse en sus partes, según las cuales es de tres tipos—.
La primera ventaja consiste en tratar estas ciencias mediante los principios de los que se componen los cuerpos: a saber, a través de la sustancia o materia y la forma; a través del Mercurium [mercurio], el azufre y la sal; a través del espíritu, el alma y el cuerpo.
La segunda explica las cosas a través de la disposición y alteración de los elementos.
La tercera explica la doctrina a través de acertijos, fábulas y figuras con significado de animales.
Por lo tanto, se debe prestar atención a cuándo han filosofado de manera propia o impropia. Aquí se debe notar que nadie, durante las operaciones químicas, debe hacerse ilusiones propias, y mucho menos aquellas que no concuerden ni con los escritos filosóficos ni con…”[4].
Consideraba que la actividad química era un método tan importante de filosofar que pensaba que debía enseñarse en un “Collegium Spagyricum” [Colegio Espagírico] especial dentro de una universidad, donde “todo [será] explicado y discutido de acuerdo con la razón y la experiencia tanto en el auditorio como en el laboratorio”:
“Los galenistas, en cuanto galenistas —bajo cuyo nombre incluyo también a los boticarios—, desde hace muchos cientos de años tampoco han entendido ni una sola destilación común; y mucho menos la preparación de los Magisterien [magisterios], de los aceites destilados y de las sales. Pues ellos curaban únicamente con piezas simples y con mixturas poco compuestas. Y lo que posean en cuanto a preparaciones, en su mayor parte lo han tomado prestado de los químicos. Concluyo, por tanto, que es útil y una necesidad que la ciencia de separar lo puro de lo impuro, y de perfeccionar y tratar lo mismo, sea presentada en una cátedra y un escrito particular. Y esto es lo que nosotros hemos pretendido comenzar hasta ahora en este librito. Si Dios nos concede la vida, queremos explicar detalladamente lo que en general se ha mencionado aquí, pieza por pieza, en una extensa exposición; a saber, declarar una instrucción sobre el arte del análisis o separación. Asimismo, en efecto, ante esta loable Universidad de Maguncia [Mäyntz], tal como hemos mencionado previamente respecto a nuestro Collegium Spagyrico (al cual invitamos amigablemente al lector amante de la química), no dejaremos que se escatime ningún esfuerzo para explicar y debatir de acuerdo con la razón y la experiencia, tanto en el auditorio como en el laboratorio”.[5]
Prólogo
Al no poder viajar en persona por la distancia, Becher personifica su propio libro (Oedipus Chymicus) como un «emisario» enviado a Sylvius. Introduce un juego de palabras clásico de la literatura latina: Edipo (el sabio capaz de descifrar el enigma de la Esfinge) contra Davo (personaje cómico de las obras del autor romano Terencio, epítome del sirviente torpe o simplón). Becher anticipa con ironía que los críticos académicos tradicionales y «sabelotodos» (Nasweisen) no entenderán su enfoque químico y querrán hacer pasar a su brillante Edipo por un tonto Davo.
Becher introduce un fragmento poético traducido al alemán rimado que proviene de la famosa comedia Andria (La muchacha de Andros) del autor romano Terencio (página 629). Con estos versos, Becher advierte con ironía que intentar convencer mediante la lógica o la razón a los críticos escolásticos intransigentes (aquellos sabelotodos mencionados en la página anterior) es un esfuerzo inútil que solo genera burlas. Además, Becher realiza un brillante juego de palabras con el mito de Edipo. Afirma que su libro «no es tan ciego como para asesinar a su propio padre». En el contexto de la Revolución Científica, el «padre» de la química y la medicina es la propia tradición y el conocimiento acumulado. Becher asegura a Sylvius que su tratado empírico no busca destruir o «matar» los fundamentos de la ciencia natural, sino descifrar sus enigmas con respeto, desmarcándose del trágico destino de Edipo, en una especie de metáfora del parricidio mitológico.
La petición formal de Becher a Sylvius para que le conceda un «rinconcito afectuoso» en su biblioteca es una fórmula de cortesía cortesana y académica habitual en los prefacios del siglo XVII. Al aceptar el libro en su estudio, el célebre profesor de Leiden le otorgaba de manera implícita su aval institucional y científico, protegiendo la obra de los ataques de los sectores universitarios más conservadores.
El saludo al público
En la página 631, donde saluda al público lector, Becher desvela la estrategia comercial que hay detrás del Oedipus y su relación con la Feria de Frankfurt(Franckfurtischen Catalogo),a la vez que describe los mecanismos del mercado editorial del siglo XVII. Las novedades bibliográficas se anunciaban de forma anticipada en los catálogos de la Feria del Libro deFrankfurt (Frankfurter Buchmesse), el epicentro del comercio de libros en el Sacro Imperio Romano Germánico. Ante la excelente recepción de su Metallurgia[6], fueron los propios impresores quienes le presionaron comercialmente para tener listo un nuevo manuscrito antes de que abriera la siguiente feria. Becher revela que tuvo una “disyuntiva científica” al dudar entre publicar dos textos de naturalezas muy distintas. El tratado sobre el vitriolo (sulfatos metálicos, esenciales en los laboratorios de la época para obtener ácido sulfúrico) poseía un valor eminentemente práctico y experimental (vielfältigen Übung). Por el contrario, el Oedipus Chymicus poseía un valor teórico y conceptual fundamental, destinado a clarificar las bases y los axiomas químicos (Principiorum, und Urhebungen). En la toma de decisión final sobre este asunto, Becher expone una queja generalizada de la Revolución Científica: los autores tradicionales de la alquimia escribían intencionadamente con un lenguaje místico, hermético, «confuso y oscuro» (verwirrt, und dunckel), lo que causaba la frustración de los estudiantes (Lehrlingen). Becher justifica la publicación de este libro precisamente como un acto de transparencia pedagógica, buscando establecer una metodología clara, sistemática y ordenada (Kunstgemäß und der Ordnung).
A continuación, Becher expone de forma explícita el diseño de su ambiciosa estructura intelectual, todo un plan enciclopédico. Concibe sus libros no como tratados aislados, sino como un edificio o «construcción filosófica» (philosophischen Bau). La Metallurgia aportó el origen de la materia; el Oedipus Chymicus proporciona el marco conceptual y el vocabulario; el Elogio del Vitriolo representa la experimentación; y, finalmente, su estudio sobre el magnetismo corona la obra como una «guirnalda» (Krantz), uniendo la química con la física de la época. El Edipo queda como el Cuarto Tratado de la «Physica Subterranea» y no nació como una obra aislada, sino que fue concebido por Becher como el Cuarto Tratado (IV. Tractat) complementario de su obra cumbre de geología y química mineral: el Chymischen Laboratorio o Unterirdischen Natur-Kundigung (más conocido en el entorno académico por su título latino definitivo, la Physica Subterranea de 1669). Becher consideraba que, tras haber explicado las leyes físicas de las tierras y las rocas bajo el suelo, era indispensable entregar este diccionario o descifrador de acertijos para que los estudiosos pudieran comprender los textos clásicos de la metalurgia sin ser engañados por el lenguaje figurado de los antiguos.
Crítica a los diccionarios contemporáneos
Becher defiende la superioridad de su obra argumentando que va mucho más allá de los «léxicos comunes y diccionarios» (gemeinen Lexicis und Wort-Büchern). Durante el siglo XVII abundaban los glosarios rudimentarios que se limitaban a dar sinónimos oscuros de términos alquímicos. Becher promete ir a la raíz del asunto desvelando la verdadera naturaleza de los procesos prácticos (Sachen) y los giros idiomáticos herméticos (Red-Arten). Llama la atención que nos haga ver su intención de usar un estilo pragmático frente a la retórica barroca. Así, el autor define sus principios estilísticos. En una época en la que la literatura científica abusaba de la oratoria barroca y el adorno retórico, Becher declara explícitamente que su estilo «no es elocuente ni oratorio», priorizando la densidad informativa y la claridad material por encima de la belleza formal, un rasgo metodológico definitorio de la transición hacia el lenguaje de la ciencia moderna.
En la página 633, Becher nos reitera las condiciones en las que redactó este tratado (mencionadas en la página 631 debido a las presiones de los impresores de la Feria de Fráncfort). Confiesa que el texto fue compuesto «con gran premura» (in grosser Eil geschrieben). Esta urgencia justifica el uso de términos químicos comunes y cotidianos de los laboratorios alemanes de la época en lugar de proponer una reforma lingüística integral inmediata. De hecho este fragmento contiene una famosa declaración de principios metodológicos de la Revolución Científica. Becher anticipa las críticas de los académicos puristas universitarios que solían desestimar las obras científicas basándose únicamente en la elegancia del estilo de su latín. Su respuesta es tajante: en este tratado de química actúa como un filósofo natural (un científico enfocado en la verdad de la materia y de los experimentos), no como un filólogo (enfocado en el adorno y la pureza de las palabras).
Análisis del Índice
Un simple comentario del Índice nos va a facilitar ver con claridad cuál va a ser el desarrollo posterior de esta obra, por lo que no desaprovecharemos la ocasión. En líneas generales, el Índice refleja el solapamiento teórico del siglo XVII, la transición de la Alquimia a la Química. En los títulos 2 y 3, y usando la “Tria Prima” paracelsiana, Becher analiza el azufre, la sal y el mercurio, pero los divide de forma novedosa entre «sustancia» (Bestandwesen) y «propiedad» (Eigenschafft), sentando las bases de su futura teoría de las tierras. Advierte que estudiará los cuatro elementos, el fuego, aire, agua y tierra, pero «considerados químicamente» (Chymisch genommen), es decir: despojándolos del enfoque puramente abstracto de la escolástica aristotélica. No falta aquí su idea de la metalogénesis a la vez que usa en el título 5 (Las 5 pertenencias de la generación) metáforas de la generación biológica, al usar conceptos de la medicina reproductiva humana como «Monatblühe» (menstruo) y «Beer-Mutter» (matriz/útero) para aplicarlos de forma analógica al comportamiento de los minerales en las entrañas de la tierra o en los matraces del laboratorio.
El último apartado (el título 7) se dedica íntegramente a las herramientas prácticas, textos y la metodología de lo que Becher denomina el «Künstler» (el artista u operador de laboratorio), enfatizando de nuevo el valor epistemológico de «filosofar químicamente», expresando así el deseo de una profesionalización del Químico.
§ 1 y § 2: Al iniciar su tratado sobre la materia elemental abordando «la nada y del vacío» y «la materia de los cielos», Becher inserta la química teórica dentro de los grandes debates de la física de su tiempo, como por ejemplo el debate cosmológico del siglo XVII. La naturaleza del vacío era un tema crucial discutido por pensadores como Descartes, Pascal y Otto von Guericke (con sus famosos hemisferios de Magdeburgo en la década de 1650).
§ 3 frente a § 5: Becher contrasta deliberadamente la noción teórica y abstracta de la materia de los «aristotélicos» (que operaba solo con cualidades primarias) con la «verdadera primera materia de los químicos». Esta última no era un concepto metafísico, sino una sustancia corpórea, tangible y medible en el laboratorio, contribuyendo de esta forma al desmantelamiento de la Escolástica.
En la sección de adiciones, Becher utiliza los términos aristotélicos tradicionales de Materia y Forma, pero dándoles una interpretación iatroquímica y metalúrgica. Al plantear si la piedra filosofal comunica su «forma» a los metales base (como el plomo o el cobre) para transmutarlos en oro, Becher intenta explicar los procesos de aleación, cristalización y cambio químico utilizando la lógica de las escuelas pero aplicada a los fenómenos de la crisopeya. En realidad, nos está ofreciendo una visión de la transmutación como interacción de Materia y Forma.
Preguntas 5 a 7: Becher cierra el Título I con interrogantes fundamentales sobre la ontología del metal más perfecto: el oro. El debate sobre si se puede despojar al oro de su «forma» (sus cualidades visibles como el color amarillo y la maleabilidad) para aislar su «materia prima» pura, o si el químico puede fabricar artificialmente dicha materia prima, constituye el núcleo de la teoría de transmutación de la época.
Al abrir el Título II, Becher acuña o formaliza el término alemán Bestandwesen (Sustancia permanente). Con él busca traducir conceptos latinos como substantia o principia corporalia. Intenta definir qué componentes dotan a los cuerpos de solidez, fijeza y resistencia al fuego en el laboratorio.
Apéndices 1 y 2: La pregunta sobre la existencia de un «aceite sin agua» refleja los esfuerzos de purificación mediante destilación fraccionada en el siglo XVII y el deseo de definir de una vez por todas la naturaleza química de los aceites. En la terminología paracelsiana y barroca, el «aceite» (Oel) y la «oleosidad» (Oeligkeit) eran sinónimos del principio del azufre, responsable de la combustibilidad y, según sugiere Becher en la pregunta 2, un componente esencial que otorga «forma» e identidad a las sustancias.
§ 1: Becher introduce una división teórica clave al separar los «orígenes de la sustancia permanente» (estudiados en el Título II) de los «orígenes de la propiedad» (Urhebungen der Eigenschafft). Con esto argumenta que la sal y el azufre pueden actuar como la base estructural y corpórea de un objeto, mientras que la tríada clásica define las cualidades secundarias observables (color, volatilidad, reactividad), enfrentando así dos conceptos mayores: Sustancia vs. Propiedad.
A diferencia del Título II, aquí se incorpora explícitamente el Mercurio (Mercurius), completando el esquema de los Tria Prima de Paracelso. Becher busca sistematizar esta teoría bajo un prisma mecanicista y clasificatorio precientífico.
Apéndice 2: La pregunta sobre si se pueden extraer los tres principios a partir del caput mortuum (el residuo sólido, seco e inservible que quedaba en el fondo del matraz tras una destilación fuerte) y de la flema (la fracción acuosa, inerte y sin propiedades medicinales o químicas) refleja el gran objetivo técnico de los boticarios y alquimistas de la época: reciclar y hallar valor material en los desechos de laboratorio.
Título IV, Apéndice 3: Becher introduce una distinción conceptual crítica para la evolución de la química. Establece que los «elementos comunes» (el agua del grifo, el aire atmosférico, la tierra del suelo) no son químicamente puros, sino mezclas complejas. En contraste, los «elementos filosóficos» representan los principios puros y abstractos que configuran la materia interna. Esta diferenciación permitió a los químicos del siglo XVII seguir usando la terminología aristotélica clásica mientras avanzaban hacia el aislamiento de sustancias puras en el laboratorio.
§ 6: El estudio de la tierra en este capítulo es el germen directo de la aportación más famosa de Becher a la ciencia. Años más tarde, expandiría este concepto en su obra Physica Subterranea, dividiendo el elemento tierra en tres tipos (tierra vítrea, tierra fluida y tierra grasa o terra pinguis), siendo esta última la base que adoptaría Stahl para crear la teoría del flogisto.
(Título V): Al abrir el Título V con «la semilla» (Saamen) y «el menstruo» (Monatblühe), Becher formaliza el uso de términos biológicos y médicos dentro de los procesos de la transmutación mineral. En la mentalidad precientífica barroca, los metales «nacían» y se «engendraban» en el interior de las montañas de forma análoga a los animales, por lo que el químico debía imitar las condiciones de una matriz o útero en sus reactores para producir cambios químicos. Estamos ante el frecuente uso de la Fisiología aplicada a la materia.
§ 3 a § 5: Becher completa las condiciones de la creación mineral con la matriz (Beer-Mutter, el espacio o vaso receptor), el peso (Gewicht) y el calor (Wärme). El énfasis en el peso es un reflejo de la paulatina transición hacia la química cuantitativa; medir las masas de reactivos y productos se estaba convirtiendo en la norma para validar cualquier experimento.
Apéndice 2: Al preguntar si un metal se puede engendrar artificialmente (durch die Kunst), Becher aborda la legitimidad de la metalurgia de laboratorio. La tradición escolástica afirmaba a menudo que solo la naturaleza, operando bajo tierra durante siglos, poseía la facultad de madurar los metales base hasta convertirlos en oro. Becher defiende la capacidad del operario de acelerar estos procesos reproduciendo las mismas condiciones en su taller. Cabe recordar que la alquimia defendía algo muy parecido: la producción artificial de metales por maduración.
Título VI, Apéndice 2: En la jerga de la crisopeya, el «übervollkommene Gold» (oro sobreperfeccionado o más que perfecto) no hace referencia al oro común de joyería, sino a la Piedra Filosofal en su estado máximo de proyección. Se le denominaba así porque no solo era un metal puro y noble, sino que poseía un «exceso de perfección» tan elevado que era capaz de desbordarse y contagiar esa misma perfección a metales enfermos o imperfectos (como el plomo o el mercurio), transmutándolos instantáneamente.
§ 1 a § 4: Becher cierra el esquema de su obra uniendo los fundamentos conceptuales (Wort-Sätzen) con los aspectos puramente empíricos y físicos del taller en una epistemología y práctica de laboratorio: las herramientas físicas (Instrumenten und Werckzeuge), los reactivos e insumos (Materien) y la ejecución procedimental concreta (Operation- und Werckungen). Esta tetralogía metodológica plasma la mentalidad científica moderna del siglo XVII. En las adiciones finales, Becher recurre al término germánico Scheid-Kunst (literalmente, «arte de separar o discernir»). Esta palabra era el equivalente vernáculo empleado en el área lingüística alemana para referirse a la química analítica y a la metalurgia extractiva (el arte de ensayar minerales y separar metales nobles mediante ácidos o copelación).
Pregunta 2: La Química como disciplina universitaria autónoma. Al interrogarse si la química necesita un «tratado e instrucción particular» al igual que las disciplinas tradicionales (como la medicina, el derecho o la teología), Becher se convierte en un temprano pionero de la institucionalización académica de la química. En su época, la química no se enseñaba formalmente como una carrera propia, sino como un apéndice técnico secundario de los estudios de medicina. Becher argumenta aquí firmemente a favor de su autonomía científica y pedagógica.
Del Doctor Johann Joachim Becher,
Consejero de Cámara y de Comercio de Su Majestad Imperial Romana, etc.
OEDIPUS CHYMICUS
O
Descifrador de Acertijos Químicos,
En el cual
Los modos de hablar más oscuros
y los
Secretos
de los alquimistas son revelados y resueltos.
Traducido del latín al alemán.
Y ahora llevado a la imprenta
por
Friedrich Roth-Scholtz,
de Herrnstadt, Silesia.
Nüremberg,
en casa de Adam Jonathan Felsecker.
Año de Cristo 1729.
620 Friedrich Roth-Scholtz
¡Lector benevolente!
Quién fue el gran Becher (a) es algo de sobra conocido en todo el mundo; por lo tanto, resultaría superfluo que llenáramos este espacio con noticias sobre su vida, dado que en otros lugares ya se puede encontrar un informe suficiente. Para…
(Nota a pie de página)
(a) Véase la obra de Becher Sabiduría necia y necedad sabia (Närrische Weißheit und weise Narrheit), la cual el señor Joh. Friedr. Reismann mandó imprimir en Leipzig, en formato duodécimo (12mo), en el año 1706 con un informe previo para el lector. Asimismo, el Jardín de rosas químico (Chymischen Rosen-Garten) de Becher, junto con un prólogo y una breve biografía del doctor Becher, llevado a la imprenta por Friedrich Roth-Scholtz, en formato octavo (8vo), en Nüremberg, en casa de los herederos del difunto Joh. Dan. Tauber. Asimismo, de BECHER las Opuscula Chymica rariora [Obras químicas menores más raras], enriquecidas con un nuevo prefacio, un índice completísimo e ilustradas con muchas figuras grabadas en cobre por FRIDERICO ROTH-SCHOLZIO, silesio, en formato octavo (8vo), Nüremberg y Altdorf, en casa de los herederos de Joh. Dan. Tauber, 1719; donde yo mismo, en el prefacio, he ofrecido noticias sobre la persona y los escritos del doctor Becher. En particular, el ya difunto doctor Urban Gottfried Bucher, en Dresde, se tomó la encomiable molestia, en un tratado especial, de [escribir] sobre el doctor Bech…[7]
Prólogo. 621
Sin embargo, para [hablar] únicamente de las diversas ediciones de nuestro Descifrador de Acertijos Químicos, algunos…
(Continuación de la nota a pie de página)
… para dar una noticia detallada de la vida y los escritos del doctor Becher, y propiamente bajo el siguiente título: El modelo de un erudito útil en la persona del señor doctor Johann Joachim Becher, consejero de cámara y de comercio de Su Majestad Imperial, juzgado según sus escritos filosóficos, matemáticos, físicos, políticos y morales, y presentado junto con el curso de su vida. Con grabados en cobre, en formato octavo (8vo), Nüremberg y Altdorf, en casa de los herederos del difunto Joh. Dan. Tauber, 1722. Consta de 11 pliegos (Bogen). A este tratado se le ha antepuesto el retrato del doctor Becher grabado en cobre, para el cual yo proporcioné la pintura original; y dado que difícilmente alguien más aparte de mí poseerá una pintura de nuestro doctor Becher, en mi pintura consta la siguiente inscripción: Retrato dibujado del natural de Johann Joachim Becher, celebérrimo médico, químico y polímata, realizado en Viena de Austria en el año de Cristo de 1675.
El lector benevolente encontrará un catálogo extenso de sus escritos en la BIBLIOTHECA CHEMICA ROTH-SCHOLTZIANA, páginas 19 a 22; si bien en los suplementos todavía se habrán de añadir diversas cosas que nos han llegado a las manos desde entonces, en particular, sobre diferentes ediciones.[8]
622 Friedrich Roth-Scholtz
… para dar algún informe; por lo tanto, queremos disponer de forma resumida y con anotaciones aquellas [ediciones] que han llegado a nuestro conocimiento, y propiamente en el siguiente orden:
I. Institutiones Chimicæ Prodromæ [Introducción a las instituciones químicas], esto es, el OEDIPUS CHIMICUS de JOHANN JOACHIM BECHER, de Espira, doctor en Matemáticas y Medicina, que abre y resuelve los misterios de los términos oscuros y de los principios químicos. Una obra menor, sumamente útil y de necesaria lectura para todos los estudiantes de Medicina y Química. En formato duodécimo (12mo). Ámsterdam, en casa de Elizeus Weyerstraten, año 1664, 10 páginas [de preliminares].
Y conforme a esta edición se elaboró nuestro actual Descifrador de Acertijos Químicos en lengua alemana, el cual apareció en el año 1680 bajo el siguiente título:
II. JOAN. JOACHIMI BECHERI, de Espira, doctor en Matemáticas y Medicina, etc., etc. OEDIPUS CHYMICUS, o Descifrador de Acertijos Químicos, en el cual se revelan y resuelven los orígenes y secretos de las oscurecidas palabras y proposiciones químicas. De muy útil y necesaria lectura para todos los dedicados al arte de la Medicina y de la Química. Traducido del latín al alemán a petición y con singular esmero, y llevado a la imprenta. En formato octavo (8vo). Fráncfort, impreso y editado por Johann Maaß, en el año 1680. El cual, respecto al Laboratorio Químico o la Investigación de la Naturaleza Subterránea, constituye el IV Tratado…[9]
Prefacio. [Página] 623
ha sido añadida. Después de esta edición alemana, poseo además las siguientes:
III. Institutiones Chymicæ Prodromae, es decir, del doctor en Matemáticas y Medicina Johann Joachim Becher de Espira, el EDIPO QUÍMICO, que abre y resuelve los misterios de los términos oscuros y de los principios químicos. Una obra pequeña, sumamente útil y necesaria de leer para todos los estudiantes de Medicina y Química. En dozavo [12mo], Fráncfort, en la imprenta de Johann Maximilian van Sande, año 1705. 9 pliegos.
IV. EDIPO QUÍMICO de Johann Joachim Becher de Espira, doctor en Matemáticas y Medicina, o Instituciones Químicas. Una obra pequeña, sumamente útil y necesaria de leer para todos los estudiantes de Medicina y Química. EDICIÓN MÁS RECIENTE. A la cual Johann Jacob Rosenstengel, doctor en Medicina, antepuso un prefacio y una sinopsis de los títulos, añadió notas marginales, distinciones de sentidos y de materias, así como anotaciones, observaciones y un índice, habiéndola librado de infinitos errores. Asimismo, adjuntó los Suplementos Becherianos, que exponen los elementos de la química redactados mediante el método matemático. En octavo [8vo], Fráncfort del Meno, en la imprenta de Johann Maximilian van Sande, año 1716. 1 alfabeto, 4 pliegos.
El célebre señor Johann Jacob Manget, doctor en Medicina, quien se ha hecho sumamente merecedor de distinción por sus bellas obras, así como médico de cabecera de Su Majestad Real en Prusia, etc., ha [considerado] también a nuestro Intérprete de Acertijos Químicos…
624 Prefacio de Friederich Roth-Scholz.
también [incluido] en su Bibliotheca Chemica curiosa, Tomo I, pág. 306 y siguientes, insertado conforme a la edición holandesa, y propiamente bajo el siguiente título:
V. EDIPO QUÍMICO, que abre y resuelve los misterios de los términos oscuros y de los principios químicos. Autor: Johann Joachim Becher de Espira, matemático y doctor en Medicina.
Y estas serían, por lo tanto, aquellas ediciones que han llegado ante nuestra vista de nuestro Intérprete de Acertijos Químicos [Edipo Químico]; y asimismo creemos que, aparte de estas, ninguna otra ha salido a la luz, de modo que la nuestra conservará el sexto lugar en el orden. Con esto queremos darlo por concluido por esta vez. Núremberg, 24 de octubre de 1729.
* )( * [Página] 625
Epístola dedicatoria:
Al noble, firme y muy erudito señor FRANCISCUS DE LE BOE, llamado SYLVIUS, doctor en Medicina y debidamente designado profesor de Medicina común en la facultad de la encomiable Universidad de Leiden, en Holanda; practicante sumamente experimentado y químico, le desea mucha fortuna y salvación IOANNES JOACHIMUS BECHERUS, doctor en Medicina.
Este es verdaderamente un siglo maravilloso, en el cual difícilmente nos topamos, como en cualquier otro, con tantas novedades sorprendentes y extrañas, por las cuales tenemos tanto que alegrarnos como que preocuparnos.
626 D. Johann Joachim Bechers [Prefacio de]
Hemos visto cómo los reinos se transforman, se desmoronan, mueren; y cómo emperadores, reyes, príncipes y señores son coronados, expulsados y nuevamente restituidos: cómo todos los confines de Europa entera han estado envueltos en las llamas de la guerra.
En medio de este estado de agitación general, también las ciencias han experimentado una reforma no menor: puesto que aquello que se consideraba completamente cierto ha sido puesto en duda, y constantemente se ha introducido algo del todo nuevo y recién inventado. De tal manera que la verdadera naturaleza del obrar, impulsada de un lado a otro por tantos exámenes e investigaciones, se nos presenta en este tiempo mucho más hermosa, sustanciosa y contundente. Tenemos motivos para rendir a los artífices de este siglo, cuando han introducido con éxito algo nuevo y útil, el mayor agradecimiento que nos sea posible, e inscribir sus nombres en la inmortalidad.
Asimismo, a nadie se le oculta cuántas diversas formas de filosofar han tropezado en este siglo con ARISTÓTELES, el príncipe de los filósofos, las cuales han tenido sus defensores en todo momento.
No de una filosofía nueva, sino de una mucho más antigua que la de Aristóteles, y fundada notablemente en la obra misma, el impulso y la química [Chymiæ], es de la forma de filosofar de la que usted, muy distinguido señor, se ha hecho cargo, de la que se ha atrevido a emprender, y habiendo asumido su…[10]
Intérprete de Acertijos Químicos. [Página] 627
…de muchos para el mayor beneficio, presentándola ante el escenario público de vuestros oyentes; y demostrando así ser un excelente y poderoso analizador de los tres reinos, siguiendo el ejemplo del constante príncipe de todos los filósofos, TRISMEGISTO. Y por ello, os pertenece con justa razón la gloria principal en aquellos lugares, al haber sido el primero en enseñar públicamente esta antiquísima y sagrada ciencia desde la cátedra pública. De esto da también un magnífico testimonio, por sí sola, vuestra muy erudita disputa sobre la fermentación de los alimentos en el estómago y la transformación del quilo alimenticio en sangre[11].
Ciertamente habéis asumido una obra de extrema utilidad, mediante la cual vuestros oyentes no [perciben] meras palabras, sino cuerpos; no enunciados verbales prodigiosos o quiméricos, sino las operaciones prácticas mismas; y finalmente, no posibilidades vacías e inmateriales, sino que pueden oír, ver y sentir las causas reales de la obra demostrada por vos.
Por lo tanto, no habéis [traído] algo nuevo, sino que habéis rescatado de la ruina algo largamente acreditado por su antigüedad; a lo cual deseamos que prospere y resulte de la mejor manera, sobre todo habiendo cumplido hasta ahora con vuestro deber de manera tan magnífica, a pesar de haber sido perturbado en repetidas ocasiones.
La juventud estudiosa bien puede jactarse de sus maestros, de quienes, con pérdida de tiempo y dinero, ¡ay, por desgracia!, solo [aprenden] como papagayos las palabras…
628 D. Johann Joachim Bechers [Prefacio de]
…han aprendido a parlotear enunciados verbales, habiendo desperdiciado el tiempo que habría sido más útil emplear en la acción misma. Con vos, muy honorable señor, están vuestros oyentes en una deuda mucho mayor, puesto que de vos obtienen aquello con lo que pueden sustentar alma y cuerpo; y así, según el viejo refrán, han pasado de montar asnos a montar caballos. Deseando yo de todo corazón, junto a muchos de ellos, espolear aún mejor a tales jinetes y felicitaros a vos como a un excelente Gran Caballerizo.
Pero dado que mis múltiples ocupaciones me han distanciado de vos de tal manera que —desde aquel tiempo en que, en Leiden, cultivé el trato tanto con vos como, por mediación vuestra, con aquel matemático de fama mundial, el señor von Schoten— no he podido hablar con vos en persona debido a la distancia del lugar y a toda clase de obligaciones, he resuelto enviaros un emisario que renueve nuestra amistad con un lazo fresco.
Su nombre es EDIPO (Intérprete de Acertijos); desearía que, al resolver los acertijos de la Esfinge Química, os complazca tanto a vos como a cualquier otro. Sin embargo, difícilmente podrá evitar que, ante algunos que son demasiado sabelotodos, este Edipo (Intérprete de Acertijos) termine convertido en un DAVO [Davus, un necio]. ¡En fin!, cada cual es libre de juzgarlo como quiera: nosotros consideramos a tal…[12]
Intérprete de Acertijos Químicos. [Página] 629
…oponiendo a tales personas lo que TERENCIO dice allí, en su comedia:
Si quisieras volver seguro lo que es inseguro,
con todo tu arte: no lograrías nada más,
por mucho que te esforzaras,
sino que se reirían de ti como de un tonto.
Mas vos, muy honorable señor, según vuestra afabilidad innata, no le neguéis a este mi Edipo —o Davo, según se mire— un rinconcito afectuoso en vuestro cuarto de estudio. Él reconocerá con gratitud cualquier favor que tengáis a bien mostrarle. Pues no es tan ciego como para asesinar a su propio padre, como se pretende que hizo aquel Edipo profano, el hijo del rey tebano. Recibidlo con seguridad como a un huésped; no tenéis que temer ni a edipódicos ni a tebanos. Lleva en su frente la señal del amor, con la cual acoge a todos los legítimos amantes de la química [Chymia]. Por tales personas será también él recibido, no de otra manera, sino con favor y benevolencia; por cuanto —y con esto deseo exculparlo y dejar que salga públicamente a la imprenta— personas de no escasa reputación me han instado a ello en más de una ocasión.
630 D. Johann Joachim Bechers [Prefacio de]
Con esto, vuestra merced quede con Dios, y muy próspero, muy honorable señor, junto con aquellos tan afortunados defensores, vuestros oyentes; para quien deseamos una larga vida, y para estos últimos, un florecimiento perpetuo y armonía. Dado en Maguncia, en mi cuarto de estudio, en el año 1663.[13]
Intérprete de Acertijos Químicos. [Página] 631
Al lector químico:
Mi saludo.
Cuando, a fin de averiguar si mis escritos químicos agradarían al lector, publiqué con este propósito el tratado sobre la producción, transmutación y refinamiento de los metales bajo el nombre de METALLURGIA, y además, en el Catálogo de libros de Fráncfort, prometí algunos tratados químicos breves más; contra toda expectativa, satisfice de tal manera el deseo de muchos con dicha obra, que una cantidad aún mayor de ellos me solicitó los restantes opúsculos químicos, y los impresores me instaron a entregar a la imprenta algo de mis escritos químicos para la próxima feria. Por ello, estuve dudando durante mucho tiempo sobre cuál de mis escritos debía preferir antes que el otro: si el tratado sobre el Elogio del Vitriolo, o el EDIPO QUÍMICO; el primero, ciertamente, debido a su múltiple práctica; el segundo, en cambio, debido a la útil y sumamente necesaria explicación de los principios y orígenes. No obstante, dado que muchísimos escritores químicos gozan de mala reputación entre los aprendices por haber expuesto sus materias de forma tan confusa y oscura; para no caer yo también en ese mismo juicio, me he propuesto, conforme al arte y al orden…
623 D. Johann Joachim Bechers [Prefacio de]
…proceder conforme al orden. De acuerdo con esto, tras haber dado comienzo con la generación de las cosas —y en particular de los metales— en la Metallurgia, quiero consagrarme ahora a la explicación de aquellas materias y enunciados verbales que son algo oscuros. Una vez asentado este fundamento, pretendo edificar firmemente sobre él el tratado sobre el Elogio del Vitriolo, y coronar esta construcción filosófica con una guirnalda: el tratado sobre la Fuerza Magnética de los Cuerpos.
Entretanto, vivo con la esperanza de que este mi EDIPO no tendrá necesidad de que se le haga demasiada propaganda: él mismo se hará digno de alabanza debido a la aclaración de las oscuras sentencias, materias y modismos propios de la química. Tú mismo podrás juzgar en qué medida aventaja a los léxicos comunes y diccionarios que pretenden explicar los asuntos químicos, así como a otros autores que se han esforzado al máximo en esta materia y se han dedicado a esta labor; siempre y cuando la envidia te conceda el suficiente cerebro sano. Deseo, por lo tanto, que Dios te otorgue la gracia necesaria para que leas, medites y comprendas con una mente sana en un cuerpo sano este EDIPO (Intérprete de Acertijos), el cual, aunque pequeño en su tamaño físico, está asentado sobre pies firmes —a saber, sus fundamentos— y constituye una obra verdaderamente grande; no una simple palabrería. En lo que respecta al estilo de escritura de esta pequeña obra, no es elocuente ni oratorio, puesto que he prestado más atención a la materia que a…
Intérprete de Acertijos Químicos. [Página] 633
…las palabras); por lo demás, sabe que todo cuanto aquí leas ha sido escrito con gran premura: motivo por el cual he tenido que valerme, en la mayoría de los casos, de las denominaciones comunes de los enunciados verbales, ya que así lo exigía la naturaleza del arte. Si alguien me juzgase ahora por mi latín, sabrá con certeza que aquí he actuado como un filósofo, mientras que en otros lugares sabré bien cómo desempeñarme como un filólogo. Queda con Dios.
634 D. Johann Joachim Bechers [Prefacio de]
Contenido sumario
de los siete títulos explicados en esta obra.
- La primera materia [materia prima].
- Los dos orígenes de la sustancia permanente: el azufre y la sal.
- Tres orígenes de la propiedad: la sal, el azufre y el mercurio.
- Cuatro elementos: el fuego, el aire, el agua, la tierra; considerados químicamente.
- Las 5 pertenencias de la generación: el calor, la semilla, el flujo menstrual [o menstruo], la matriz [útero] y el peso.
- Las 6 operaciones prácticas: el crecimiento [o acreción], la disminución, la disolución, la coagulación, la destrucción y la sobreperfección.
- Las 7 pertenencias del artista [químico]: las sentencias [o axiomas], los instrumentos, las materias, las operaciones, los escritos químicos, la ventaja de aprender la química y la ventaja de filosofar químicamente.
Intérprete de Acertijos Químicos. [Página] 635
Registro [Índice]
de los párrafos [secciones] de esta pequeña obra.
El Título I: De la primera materia de los químicos.
Prefacio.
- § 1. De la nada y del vacío.
- § 2. De la materia de los cielos.
- § 3. De la primera materia de los aristotélicos.
- § 4. Del espíritu de todo el orbe del mundo [spiritus mundi].
- § 5. De la verdadera primera materia de los químicos.
Apéndices [Adiciones].
- 1. Cuál sea la materia de los metales.
- 2. Cuál sea la materia de la piedra filosofal [Lapidis Philosophorum].
- 3. De qué manera la forma y la materia de la piedra filosofal se comunican a los otros metales; y ¿pueden coexistir dos formas y dos materias en un solo cuerpo?
- 4. ¿Puede separarse la materia de la forma?
636 D. Johann Joachim Bechers [Prefacio de]
- 5. ¿Si es posible, en qué medida, y si es necesario para el arte, que la primera materia del oro sea separada de la forma del oro?
- 6. ¿Puede la primera materia de los metales ser producida mediante el arte [químico]?
- 7. ¿Por qué se le llama materia sin forma?
El Título II: De los orígenes de la sustancia permanente, a saber, del azufre y de la sal.
Prefacio.
- § 1. De la sustancia permanente de las cosas.
- § 2. ¿Existen orígenes de la sustancia permanente?
- § 3. ¿De cuántas clases son los orígenes de la sustancia permanente?
- § 4. ¿Cuáles y qué son los orígenes de la sustancia permanente?
- § 5. ¿Qué son el azufre y la sal en particular?
Apéndices [Adiciones].
- 1. Se pregunta: ¿Existe algún aceite que carezca por completo de agua?
- 2. ¿Pertenece toda oleosidad a la forma?
- 3. ¿Cómo predomina el azufre en la sal, y viceversa?
Intérprete de Acertijos Químicos. [Página] 637
El Título III: De los orígenes de la propiedad, a saber, del mercurio, del azufre y de la sal.
Prefacio.
- § 1. De la diferencia entre los orígenes de la propiedad y los orígenes de la sustancia permanente.
- § 2. Cómo se demuestra que existen tres orígenes de la propiedad.
- § 3. Qué particularidades tienen los tres mencionados orígenes de la propiedad.
- § 4. Cómo concuerdan entre sí los orígenes de la propiedad y cómo se transforman.
- § 5. Para qué sirve el conocimiento de los tres orígenes de la propiedad.
- § 6. De la tercera propiedad de estos orígenes.
Apéndices [Adiciones].
- 1. ¿Se encuentran los tres orígenes de la propiedad en todos los cuerpos?
- 2. ¿Pueden prepararse estos mismos tres orígenes a partir del caput mortuum y de la flema?
- 3. ¿Por qué son tres los orígenes de la propiedad?
- 4. ¿A qué origen se deben asignar el azufre, el mercurio [azogue] y la sal común?
638 D. Johann Joachim Bechers [Prefacio de]
El Título IV: De los cuatro elementos: el fuego, el aire, el agua y la tierra.
Prefacio.
- § 1. ¿Cómo se entiende la palabra «elemento» entre los químicos?
- § 2. De la alteración y unión de los elementos.
- § 3. Del fuego en particular.
- § 4. Del aire.
- § 5. Del agua.
- § 6. De la tierra.
Apéndices [Adiciones].
- 1. De los efectos de los elementos comunes.
- 2. De las operaciones de los elementos filosóficos.
- 3. La diferencia entre los elementos filosóficos y los elementos comunes.
- 4. De la unión y el predominio de los elementos.
- 5. Qué elementos llaman suyos los filósofos [alquimistas].
El Título V: De las 5 pertenencias de la generación.
Prefacio.
- § 1. De la semilla.
- § 2. Del flujo menstrual [o menstruo].
Intérprete de Acertijos Químicos. [Página] 639
- § 3. De la matriz [útero/recipiente].
- § 4. Del peso.
- § 5. Del calor.
Apéndices [Adiciones].
- 1. ¿Puede formarse un metal únicamente a partir del mercurio de los filósofos [Mercurio Philosophorum]?
- 2. ¿Se puede producir un metal artificialmente mediante el arte [químico]?
El Título VI: De las 6 operaciones prácticas [efectos] de los químicos.
Prefacio.
- § 1. Del crecimiento [o acreción].
- § 2. De la disminución.
- § 3. De la disolución.
- § 4. De la coagulación o cuajado.
- § 5. De la destrucción.
- § 6. De la perfección.
Apéndices [Adiciones].
- 1. ¿Qué es la sobreperfección?
- 2. Qué es el oro sobreperfeccionado.
El Título VII: De las 7 pertenencias del artista [químico].
640 D. Johann Joachim Bechers [Prefacio de]
Prefacio.
- § 1. De las sentencias [o axiomas].
- § 2. De los instrumentos y herramientas.
- § 3. De las materias.
- § 4. De las operaciones y efectos.
- § 5. De los escritos químicos.
- § 6. De la ventaja de estudiar la química.
- § 7. De la ventaja de filosofar químicamente.
Apéndices [Adiciones].
- 1. ¿Es necesario conocer el arte de la separación [Scheid-Kunst / Química Analítica]?
- 2. ¿Requiere el arte de la separación una enseñanza y un tratado particulares, del mismo modo que las demás ciencias y artes?
Fin del registro de los párrafos [secciones].
Intérprete de Acertijos Químicos. [Página] 641
El Título I.
De la primera materia (de prima materia Chymicorum) de los químicos.
Prefacio.
La primera materia [o sustancia original] ha sido considerada por los químicos, desde siempre y en todo momento, como la llave del arte. Por lo tanto, antes de entrar en la cámara real misma, tenemos necesidad de tal llave; de lo contrario, nos esforzaremos en vano por abrir los cofres secretos de la naturaleza y entraremos, no como legítimos hijos, sino como ladrones, valiéndonos de artimañas engañosas y tretas falsas. Me resulta aborrecible constatar con cuánta palabrería inútil y toda suerte de fantasías la mayoría ha buscado esta primera materia, y en qué desiertos intransitables se han extraviado. Yo, no obstante, expondré en primer lugar y brevemente las opiniones que existen sobre esta materia. Algunos sostenían que esta era aquella nada a partir de la cual Dios Todopoderoso creó el mundo; otros la consideraban la materia de los cielos; otros, el espíritu del mundo [spiritus mundi]; otros, la primera materia de los aristotélicos; otros tienen una [opinión] particular…[14]
642 D. Johann Joachim Bechers [Prefacio de]
…reconoce una sustancia seminal particular para la misma. Todas y cada una de estas opiniones discrepantes las voy a investigar y examinar en los siguientes cinco párrafos, tan bien y de acuerdo con la verdad como me sea posible.
§ 1.
De la nada y del vacío.
Que Dios creó el mundo a partir de la nada lo atestigua la Sagrada Escritura. Sin embargo, qué haya sido esa misma nada es algo en lo que se vacila aquí y allá. La opinión presunta y común se toma del significado de la palabra: pues nada es aquello que no es; esto es, nada, o un no-ser. Pero hay quienes demuestran que esta nada, o no-ser, con respecto a sí misma es Algo; pero en comparación con nosotros y con las cosas creadas es Nada, porque no forma parte de esta sustancia material tangible. Del mismo modo, el hombre común llama «vacío» al espacio de aire, cuando en realidad está lleno de aire. Esta opinión la demuestran a partir de Paulo [San Pablo], quien afirma que Dios hizo surgir los seres que no existían. Tal cosa, dicen ellos, es lo que se denomina la «nada» a partir de la cual se dice que Dios creó el mundo. A esa misma nada la llaman la primera materia [materia prima], puesto que, en el orden de la creación, no tiene ninguna otra anterior a ella. De esta proceden todos los cuerpos, y se demuestra tanto a partir de la Sagrada Escritura como de toda clase de escritos filosóficos, especialmente a partir de PARACELSO, que…[15]
Intérprete de Acertijos Químicos. [Página] 641
…que todos ellos [los cuerpos] pueden ser reconducidos y llevados de nuevo a esta [la nada]: por cuanto este [autor] escribe: «Se debe reducir un cuerpo a la nada, y llevar esta de nuevo a algo». Las palabras del autor son: «El Algo [Ichts] debe convertirse en Nada, para que a partir de la Nada surja nuevamente el Algo». Ahora bien, cualquiera que examine lo que precede y lo que sigue, allí donde él trata de la putrefacción y la disolución —operaciones a las que debe referirse lo que aquí dice—, se dará cuenta de que PARACELSO no habla de una transmutación omnipotente, sino de un modo de hablar que corresponde únicamente a Dios. La causa final de esta filosofía es que pretenden reducir los cuerpos a esta nada para, a partir de ella, extraer cuerpos más perfectos. Sin embargo, tales operaciones son meras fantasías: pues, en primer lugar, es contradictorio en sí mismo ser Algo y ser Nada al mismo tiempo. 2. Reducir los cuerpos a la nada es algo posible únicamente para Dios Altísimo, al igual que su creación. 3. Suponiendo que tal reducción fuera posible, no veo causa ni medio alguno para extraer de allí su perfección, pues no hay prueba alguna de por qué, a partir de ella, no se podría extraer con la misma facilidad tanto un asno como el oro. 4. Incluso si esa misma nada fuera el «no-ser» de [San] Pablo, sigo sin ver cómo el artista podría manipularla y trabajarla con las manos o con el fuego dentro de los vasos de vidrio, dado que una cosa no-ser…[16]
644 D. Johann Joachim Bechers [Prefacio de]
…cosa [un no-ser] no posee cualidades accidentales; y, sin embargo, las cualidades accidentales son indispensables para tal manipulación. Pues si no tiene color, tampoco saltará a la vista, y cosas semejantes. Asimismo, están aquellos que sostienen que, antes de la creación del mundo, no había nada excepto Dios: ningún lugar, ningún «dónde»; que Él lo llenaba todo y que no existía vacío alguno. Pues si fuera de Dios hubiera existido un vacío o cualquier otra cosa que Él no hubiese creado, ello habría sido coeterno con Él, lo cual es ciertamente absurdo. Por lo tanto, sostienen que Dios creó el vacío, el cual —según ellos piensan— es esa misma «nada», entendida en sentido impropio; y que el mundo fue creado a partir de este vacío, el cual todavía se extiende en su interior, queriendo demostrarlo únicamente por el hecho de que algunos matemáticos modernos han probado la existencia de un espacio de vacío. Pero este último argumento cojea en su mayor parte; siendo completamente falso que exista un lugar de vacío absoluto en la naturaleza, y la prueba del Padre VALERIANUS MAGNUS, de la Orden de los Capuchinos, y de sus partidarios del vacío [vacuifen], no tiene validez. Pues tras las más sutiles investigaciones y argumentaciones de otros autores, yo mismo he señalado cara a cara al recién mencionado Padre VALERIANO el error de su demostración. Pues aquel espacio en la fiola (un frasco de vidrio llamado así por los químicos, que tiene un cuerpo abombado y un cuello largo), respecto al cual él proclama a los cuatro vientos que está vacío de todo elemento, debe estarlo asimismo de…[17]
Intérprete de Acertijos Químicos. [Página] 645
…vacío de aire; y si así fuera, no debería percibirse en su interior ninguna alteración por enrarecimiento o condensación, puesto que el sujeto del enrarecimiento y la condensación es el aire. Ahora bien, el calor de las manos que se aproximan al vidrio provoca un enrarecimiento dentro del frasco, lo cual se evidencia por el descenso del mercurio en la fiola, y por su ascenso de nuevo cuando se retiran las manos; de tal manera que hasta un ciego podría ver que allí no existe vacío alguno.
Si finalmente este mencionado y ficticio vacío es un no-ser, dejo que lo discutan los teólogos. Lo cierto es que, en el estudio de la naturaleza, aquellos que llenan su cerebro vacío con este vacío imaginario, ciertamente en la práctica de la química no obtendrán sino manos vacías y una bolsa vacía.
El axioma de «reducir a la nada» entre los filósofos químicos significa perturbar y transformar un cuerpo mediante un método que no es conforme a la naturaleza; por lo tanto, «reducir a la nada» es tomado no pocas veces por ellos como calcinar o quemar un cuerpo.
§ 2.
De la materia de los cielos.
GERHARD DORN, junto con sus seguidores, sostiene que la materia de los cielos es la quintaesencia…[18]
646 D. Johann Joachim Bechers [Prefacio de]
…encia de esta materia sublunar; incorruptible, preservadora de este mundo inferior, verdadero florecimiento de todos los cuerpos: en pocas palabras, el alma de los elementos, que protege a los cuerpos sublonares de la putrefacción y los eleva a la mayor perfección de su especie. Sostiene, pues, que esta materia de los cielos ha sido concedida por Dios a todos los cuerpos subterráneos para su conservación, y que, mediante el arte [químico], puede ser separada de ellos y concentrada, para ser comunicada como un gran auxilio a los hombres, a las plantas y a los metales. Afirma, finalmente, que esta materia es el ave de HERMES (avicula), que asciende de la tierra al cielo y vuelve a caer del cielo a la tierra, fecundándola; tal como él expone esta opinión de manera más extensa en el prefacio de su obra Lapidem Metaphysicum.
A continuación, se nos presentan tres puntos que debemos examinar:
- ¿Es la materia de los cielos diferente de nuestra materia sublunar?
- ¿Es necesaria para el desarrollo, conservación y transformación de los cuerpos sublonares?
- ¿Puede ser producida artificialmente y es posible manipularla mediante el arte [químico]?
Con respecto al primer punto, recuerdo que entre los aristotélicos también existe una disputa sobre el mismo; a saber: si en el cielo hay una materia, y si la hay, si es de la misma naturaleza que la nuestra.[19]
Intérprete de Acertijos Químicos. [Página] 647
Aunque, en lo que respecta a la primera pregunta, se presentan muchas disputas por todas partes, nos parece más admisible la opinión que atribuye una materia al cielo. Pues SCALIGER escribe acertadamente en sus Exercitationes 359, sección 11: «Hacer un cuerpo sin materia sería exactamente lo mismo que hacer un sueño sin estar durmiendo»; o, como él mismo dice en su libro primero De plantis, «un pan sin harina». Pues dondequiera que haya una extensión, una forma y un movimiento de un lugar a otro, es necesario que exista una materia subyacente: ya que la extensión sigue por su propia naturaleza los pasos de la materia y no puede existir sin ella en ninguna cosa; y todas las formas y cualidades accidentales no son grandes en sí mismas, sino que se llaman grandes debido a la magnitud de la materia en la cual se encuentran. Por lo tanto, cuando vemos que el cielo es grande, que posee una figura determinada, una extensión limitada y que se mueve de un lado a otro, debemos confesar a toda costa que hay una materia en él. Qué clase de materia sea, si la nuestra o una separada, es algo que está tan oscurecido que, elijas la postura que elijas, encontrarás fácilmente argumentos con los que defenderte.
La opinión de la mayor parte de los filósofos de la Antigüedad era que el cielo se compone de uno o más de nuestros elementos, opinión con la que estamos casi de acuerdo, aunque no consideremos que deba atribuírsele una materia diferente de esta primera materia nuestra. Pues…[20]
648 D. Johann Joachim Bechers [Prefacio de]
…no nos apremia necesidad alguna de introducir una nueva entidad en el gremio de la naturaleza; puesto que todo aquello que le corresponde al cielo en razón de la materia, puede serle atribuido legítimamente a partir de esta nuestra materia. De ahí que SCALIGER, en su Exercitatio 61, resuelva este asunto de la siguiente manera: «Una materia no se diferencia de otra sino por la forma que sobreviene a ella, mediante la cual se convierte en este «Algo» concreto». Pues la materia, en tanto que materia, no encierra en sí acción alguna ni posee nada determinado, sino que recibe toda su determinación a partir de la forma. Además de esto, en el cielo hay una magnitud y algunas otras propiedades que tiene en común con estas cosas inferiores, y que fluyen de la primera materia.
Varios sostienen en contra que el cielo es incorruptible, mientras que nuestra primera materia es corruptible y mutable. Respuesta: Aunque atribuyamos al cielo esta materia nuestra, no por ello se le debe atribuir que haya de colapsar y perecer: puesto que, como atestigua ZABARELLA en su libro De ortu et interitu, capítulo 11: «La primera materia, al ser una entidad de pura potencialidad y al no ejecutar ninguna acción, no es la causa legítima de la generación y de la corrupción de las cosas, sino solo una condición necesaria [causa sine qua non]». Un principio agente, en cambio, es la causa legítima de la generación; y toda acción debe atribuirse al agente, mientras que a la materia solo le corresponde el padecer [la pasividad]. Por lo tanto, la causa de que no ocurra generación ni corrupción en el cielo…[21]
Intérprete de Acertijos Químicos. [Página] 649
…ocurre, por cuanto no hay nada opuesto al cielo por lo cual este pudiera ser destruido; y porque no posee ninguna potencialidad [Mögenheit] particular para adoptar otras formas, la cual se opone únicamente a la obra y se identifica con la privación o decadencia. Pues en el cielo no hay decadencia de formas corruptibles, ya que el cielo no posee la potencialidad inmediata de adoptar las formas sublunares, sino que la forma del cielo vincula y dispone su materia de tal manera que, para adoptar otras formas, no posee ninguna potencialidad particular, sino únicamente aquella misma potencialidad general que consiste en la capacidad apta para recibir todas las formas sin distinción. De lo cual resulta evidente que el cielo ciertamente tiene una materia; pero esta no es diferente de la nuestra, ni es su quintaesencia, sino exactamente la misma, dotada y configurada con una forma perfecta que, si bien no es el alma, es no obstante más noble que las formas de los elementos, y por la cual es, al menos, este «Algo» determinado.
2. Con respecto al segundo punto: Si el cielo afecta a estas cosas inferiores con una fuerza particular y oculta a la que llaman influjo [Einfluß / influjo astral]. La mayor parte de aquellos que contienden con los astrólogos [Gestirnkündigen] afirman que el es solo la luz —la cual se comunica a diversos lugares de manera múltiple según la variedad de los movimientos celestes— lo que basta para realizar todas las obras que…[22]
650 D. Johann Joachim Bechers [Prefacio de]
…se dice que provienen del cielo para llevarse a cabo. Sin embargo, por el contrario, debe sostenerse que el cielo influye en este ser inferior no solo a través del movimiento, de la luz y del calor que de ella emana, sino también a través de ciertas fuerzas particulares a las que llaman influjos. Pues proceden del cielo muchas cosas que no pueden atribuirse a su luz. Ya que la luz puede ser detenida por un cuerpo oscuro o denso, y pese a ello, en las cavernas más profundas de la tierra y bajo las aguas —adonde no penetran ni el calor ni la luz que provienen del cielo— se engendran multitud de cosas con el auxilio del cielo. Y, a decir verdad, si en el imán y en otros cuerpos sublunares existen fuerzas tan admirables que actúan a distancia sobre objetos lejanos sin necesidad de luz, con cuánta mayor razón no habrán de atribuirse estas mismas propiedades al cielo, siendo un cuerpo tan espléndido.
No obstante, hasta dónde se extiende este influjo del cielo y sobre qué cosas actúa, o si es la causa principal del desarrollo y de la conservación de las cosas, es algo que debe investigarse. Desde luego, no se niega que el cielo gobierne todas las cosas materiales y puramente naturales. Pero tenemos motivos legítimos para dudar de si ese mismo influjo celestial sea la causa primordial de todo desarrollo y conservación de las cosas sublunares, si exceptuamos el calor del Sol. Es verdad que él [gobierna] los cuerpos sublunares…[23]
Intérprete de Acertijos Químicos. [Página] 651
No negamos que el cielo pueda alterar los cuerpos sublunares e influir en ellos; del mismo modo admitimos que promueve su desarrollo de manera accidental. Sin embargo, dudamos con razón de que sea el requisito principal, puesto que existen muchos cuerpos sublunares que no experimentan alteración alguna debido a los astros. A esto se suma la alteración o descomposición que sufren algunos cuerpos a causa de los elementos inferiores, la cual no les ocurriría si toda la fuerza de conservación y desarrollo fluyera y emanara de los astros, cuya potencia sería mayor que la nuestra.
3. Si la materia del cielo puede ser producida, manipulada y comunicada a los cuerpos subterráneos para su conservación. El ya mencionado GERHARD DORN es de esta opinión; pero para camuflar sus bufonadas [Possen / insensateces], pretende que no es necesario pretender extraer la materia directamente del cielo, ya que detrás de ello se esconde una imposibilidad. En su lugar, afirma que Dios ha infundido esa misma materia celeste en todos los cuerpos para su conservación y desarrollo, razón por la cual puede ser separada con gran facilidad de los cuerpos subterráneos —y, de hecho, de cada uno de ellos— mediante el arte de la separación [Scheid-Kunst / Química Analítica]. Pero así como esta filosofía presenta inicialmente una apariencia atractiva ante sus oyentes, verdaderamente carece aquí de toda luz de la razón. Pues cualquiera puede ver lo absurdo que resulta que coexistan dos materias y dos formas dentro de un solo y único cuerpo, y del mismo modo…[24]
652 D. Johann Joachim Bechers.
…[de igual modo resulta absurdo] querer separar la materia de la forma y de sus cualidades accidentales, y pretender, a pesar de ello, manipularla con la mano, el vaso de vidrio y el fuego. El propio señor Dorn reconoce en el lugar antes citado que todas las labores espagíricas, referidas únicamente a las mixturas sublunares, son solo transformaciones de las cualidades accidentales; sin embargo, apenas unas líneas más abajo, enseña la separación de una materia que él mismo estipula desprovista de toda forma y cualidad accidental. En verdad, quienes hablan de manera tan necia no harán sino lidiar, tanto en su matraz como en su cerebro, con una perpetua nada.
§ 3.
De la primera materia de los aristotélicos.
No son pocos los químicos que afirman que la materia de los químicos es exactamente la misma que la de los aristotélicos, sosteniendo por tanto que se halla en todos los cuerpos sublunares y que puede extraerse de ellos. Ahora bien, mientras tal materia retenga la forma y las cualidades accidentales de su cuerpo, no puede ser considerada como la primera materia universal y amorfa. Cualquiera se dará cuenta de que una materia de esa naturaleza no puede ser extraída de los cuerpos ni manipulada mediante el arte [química]; pues quienquiera que posea conocimiento sabe que una materia desprovista de forma y de accidentes no se deja manipular, por cuanto es más una entidad imaginaria [Einbildungs-Wesen / abstracción mental] que una materia real.[25]
Intérprete de Acertijos Químicos. [Página] 653
§ 4.
Del Espíritu del Universo (spiritus universi o del ser general).
Están aquellos que sostienen que existe en la Tierra un espíritu particular o spiritus que hace florecer y conserva a todos los cuerpos. Atribuyen su morada, algunos al rocío; otros al agua de lluvia; otros a la glicina o arcilla [tierra]; otros a los guijarros o sílices; y no pocos de ellos al salitre [nitrato de potasio], de donde se afanan por extraerlo con toda suerte de fatigas y trabajos. Sin embargo, parece que tales personas hubieran querido personificar a la naturaleza misma bajo ese concepto, pretendiendo presentarla físicamente ante los ojos. Pues el florecimiento de las cosas es una fuerza intrínseca de la naturaleza, no un cuerpo material o un espíritu [gas] tangible que pueda llegar a las manos del artista [químico]. Pues se considerará una idéntica imposibilidad el pretender ver con los ojos las propiedades ocultas de la naturaleza o palparlas con las manos.
No niego que se encuentren materias sutiles mediante las cuales se promueve el desarrollo y se conservan los cuerpos; pero esto ocurre de manera accidental, no esencial, y además de formas muy diversas. Pues los cultivos de la tierra se ven favorecidos por el estiércol; los animales, por los buenos jugos [nutrientes]; y los metales, por el azufre, ayudándoseles así en su desarrollo. Por lo tanto, pretender buscar un único spiritus universal para el desarrollo de todas las cosas es exactamente lo mismo que [buscar] una sola materia para…[26]
654 D. Johann Joachim Bechers [Prefacio de]
…para los tres reinos; lo cual es ciertamente del todo absurdo.
§ 5.
De la verdadera primera materia de los químicos.
Puesto que la ciencia química consiste en la obra práctica y posee además un sustrato material y tangible, considera como primera materia aquello que se presenta en primer lugar a los sentidos y llega bajo las manos. Pero una materia de tal naturaleza no puede ser la primera materia de los aristotélicos, ya que esta última solo se aprehende con la razón, pero no puede ser captada con los ojos ni con las manos. Por lo tanto, debemos buscar con justicia otra diferente; a saber, lo que para los aristotélicos es lo secundario [los accidentes], para los químicos es lo primero: es decir, las cualidades accidentales de la primera materia aristotélica, pues estas sirven para la manipulación química.
Es necesario saber, sin embargo, de qué manera los químicos consideran las cualidades accidentales como la primera materia de las cosas: a saber, en el orden en que inicialmente saltan a la vista, esto es, en la semilla [Saamen]. Pues la semilla es la primera materia de las cosas en el orden en que se puede operar con ella. Así pues, la semilla de un buey, de un nabo o del plomo es la primera materia del buey, del nabo y del plomo, tal como se nos presenta ante los ojos y a las manos. Por consiguiente, cada vez que entre los químicos se hace mención de la primera materia de los cuerpos, se debe…[27]
Intérprete de Acertijos Químicos. [Página] 655
…debe entenderse siempre la semilla de ese mismo cuerpo. Al considerar la primera materia de los químicos, se presentan varios puntos para examinar:
- ¿Es ella el cuerpo mismo?
- ¿Es la semilla un cuerpo?
- ¿Es exactamente la misma en todos los cuerpos?
- ¿Existe otra materia que proceda de la semilla en un orden sucesivo?
- ¿Para qué es útil y por qué es requerida con tanto celo por los químicos?
1. Si la primera materia de los químicos es el cuerpo mismo, o si el propio cuerpo del buey, del nabo o del plomo debe ser considerado como su primera materia: Respondo que se debe hacer una distinción entre el acto [Werck] y la potencia [Mögenheit]; entre el continente y el contenido. Pues el buey y el nabo contienen su semilla en sí mismos tanto de manera real como potencial. Por lo tanto, puede decirse que el buey o el nabo son, potencialmente, la primera materia química; pero realmente esto se debe a una confusión entre el continente y el contenido. Esto debe entenderse respecto a aquellos cuerpos que llevan la semilla únicamente en recipientes u órganos separados; lo cual, sin embargo, no se aplica a los metales. Pues estos últimos no pueden ser considerados como la primera materia química sino de forma potencial; pero lo serán realmente cuando el metal, mediante una transmutación o reducción [Uberbringung], haya regresado de nuevo a su primera materia. Ya que en los metales la semilla no se encuentra en un lugar separado, como ocurre en los animales y en los [frutos de la] tier…[28]
656 D. Johann Joachim Bechers [Prefacio de]
…ra, sino que [la semilla] se halla dispersa por toda su sustancia material permanente. O bien, el metal entero es en sí mismo una semilla corpórea, diseminada a través de su propia matriz [Beer-Mutter / útero o vaso receptor]. Con todo, el metal en estado de acto [Werck] no debe considerarse como su primera materia sino de forma potencial [mögentlicher Weiß], o bien en la medida en que sea reconducido [reducido] a ella.
2. Si la semilla de un cuerpo es la primera materia química, es algo que ya hemos demostrado y concluido afirmativamente líneas atrás; sin embargo, debe hacerse una distinción entre la semilla masculina y la femenina. Pues, entre los químicos, la primera representa a la forma [Gestalt], mientras que la segunda ocupa el lugar de la materia. Por consiguiente, cuando se hace mención de la primera materia química, generalmente debe entenderse por ella a la semilla femenina, aunque muy a menudo se la tome también por una semilla doble [hermafrodita o andrógina]. Esta última suele designarse asimismo con otros nombres: en efecto, se la llama el Chaos del Arte, debido a que esta semilla doble contiene en sí misma absolutamente todo lo necesario para su propio desarrollo, de modo que el arte [la química] no añade a ella nada más que el fuego. Tal como afirma EMPÉDOCLES: «Podemos auxiliar a la naturaleza con el fuego, puesto que más allá de este no disponemos de ninguna otra ayuda». También recibe los nombres de Hyle, radix duplicata [raíz duplicada] y el vitriolo de la naturaleza; nombres que serán citados y explicados más adelante en su lugar correspondiente.[29]
Intérprete de Acertijos Químicos. [Página] 657
3. Si otra materia que anteceda a la semilla en el orden sucesivo es, o puede ser, la primera materia de los químicos. Respondemos que cualquier materia a partir de la cual pueda formarse una semilla, si se toma en un sentido amplio, puede interpretarse potencialmente como la primera materia de los químicos. De la misma manera, en la Sagrada Escritura se toma con frecuencia la sangre por la semilla misma; por lo tanto, también se puede decir que el ser humano nace de las hierbas y de los otros animales que come, por cuanto a partir de ellos se forma en el estómago el quilo alimenticio [Speißgrütze]; de este, la sangre; de esta, la semilla; y finalmente, a partir de ella, se engendra el ser humano.
Y este modo de hablar filosófico se encuentra no pocas veces en los libros de los químicos, dado que a veces toman la materia más remota por la más inmediata; la potencialidad por el acto, y la causa eficiente por la obra misma. Si uno no presta la debida atención a esta forma de escribir, confundirá por completo al lector. Por lo tanto, para concluir en la descripción de la primera materia práctica, prescindimos de todas aquellas materias a partir de las cuales solo en potencia, y finalmente en acto, pueda fabricarse y engendrarse una semilla. Puesto que únicamente aquel grado exacto en el que consisten las semillas es el apto para la generación. Si una semilla de esta naturaleza es alterada, aunque sea en un solo grado, ya sea por la naturaleza o por el arte [la química], entonces…[30]
658 D. Johann Joachim Bechers [Prefacio de]
…se sale del grado de la primera materia: si lo propagas, se convertirá en un cuerpo y manifestará la forma que le fue infundida; pero si te propones llevarlo a un grado más remoto, dejará de ser una semilla y perderá su fuerza de generación y crecimiento. Esto mismo se observa en las semillas de los frutos de la tierra: pues cuando se las deposita en el terreno adecuado, se desarrollan en un cuerpo; pero si se las trata conforme al arte [químico / destilación], se transformarán en una materia límpida, aceitosa y viscosa, a la cual algunos llaman el «agua elemental inicial» o la verdadera primera materia. Sin embargo, se equivocan, puesto que la experiencia demuestra que a semejante humedad se le ha privado de toda capacidad de generación y crecimiento cuando se la introduce en la tierra. Concluyo, por lo tanto, que la semilla es la verdadera primera materia de los químicos únicamente cuando posee la fuerza plena para engendrar y florecer, la cual solo puede ser puesta en actividad [ins Werck / en acto] mediante el fuego.
4. Si la primera materia de los químicos es exactamente una misma en todos los cuerpos. Respondemos: si tomamos la expresión «primera materia química» en un sentido general, entonces es una misma en todos los cuerpos. Pues no existe cuerpo alguno que no posea un sustrato seminal permanente a partir del cual se origine. Pero si la tomamos de forma particular o fragmentaria, se debe precisar si la consideramos con o sin la forma química (de la cual se tratará más adelante); si la consideramos junto con su forma, entonces decimos que cada…[31]
Intérprete de Acertijos Químicos. [Página] 659
…cada cuerpo posee su propia materia, unida a una forma particular; y existen, por lo tanto, tantas materias como cuerpos o formas existen. No obstante, si consideras la materia por sí sola, desprovista del vínculo de la causa formativa, entonces decimos que esta es únicamente triple: una animal, una vegetal y una mineral. La animal es llamada el menstruo [Menstruum]; la vegetal, el agua de lluvia [Regen-Wasser]; y la mineral, el agua mercurial [Mercurialische Wasser]. Al respecto debe observarse que las semillas masculinas —como causas eficientes o, según los químicos, las formas— se dividen también en tres series idénticas según los tres reinos; pero dentro de cada una de ellas se subdividen de maneras casi innumerables, a saber, tantas como cuerpos diferenciados existan en dicho reino.
Por el contrario, dentro de un mismo reino existe una sola materia, la cual está capacitada para adoptar todas las formas de todos los grados de ese mismo reino. Esto lo vemos de manera evidente en el reino vegetal: donde una misma agua de lluvia es idónea para todas las semillas vegetales, de tal modo que recibe su configuración a partir de ellas. Esto mismo debe entenderse respecto a la sangre menstrual con relación a los metales. A partir de esta exposición, se pueden poner tres puntos en duda:
1. Si es verdad que el menstruo, el agua vegetal y el agua mercurial son aquellas tres materias de los tres reinos. Respondemos: esto es del todo cierto. Puesto que cualquier materia que, por obra de la forma, adquiere una configuración particular…[32]
660 D. Johann Joachim Bechers [Prefacio de]
…[adquiere una configuración] es la materia determinada y correspondiente. Ahora bien, el menstruo, el agua vegetal y el agua mercurial reciben una configuración particular por obra de las formas de su propio reino: se concluye, por tanto, que tales aguas son las materias determinadas, primeras y legítimas de las formas antes mencionadas. Tras esto, alguien podría asombrarse de esta triplicidad de las tres materias. A ello respondemos que, a partir de la experiencia y del orden mismo de las cosas creadas, es manifiesta la triplicidad de los reinos y de los cuerpos contenidos en ellos: pues algunos son animales; algunos vegetales; y otros minerales. Al reino animal pertenece todo lo que vive; al vegetal, todo lo que crece a partir de la semilla sembrada en la tierra; y al mineral, las piedras, piedras preciosas, minerales, metales, sales y menas semejantes. De este modo, todos los cuerpos son clasificados por los químicos en estos tres reinos.
Por otra parte, el hecho de que se postulen asimismo tres materias correspondientes a ellos no ha sucedido por casualidad. Pues, dado que plugo al Creador conceder a las semillas y cuerpos animales una mixtura y estructura particulares que consisten únicamente en la unión [o cópula]; otra diferente a los vegetales, que consiste en la coagulación [o cuajado]; y finalmente otra a los metales, que consiste en la configuración [o solidificación]: se hizo también necesario que, conforme a esta triple diferencia, existieran asimismo tres materias; de las cuales la primera, junto con las semillas, forma una unió…[33]
Intérprete de Acertijos Químicos. [Página] 661
…[adopte una] unión; la otra una coagulación; y la tercera una configuración. Pues el agua de lluvia no es idónea para las formas metálicas, ni el agua metálica para las formas animales. Por último, resulta también digno de conocerse con qué clase de afinidad [Verwandschafft] se vinculan estas materias entre sí, y si una puede convertirse en la otra. Digo que, respecto a su origen más remoto a partir del cual Dios las separó y creó, estas poseen la mayor afinidad al provenir de una misma raíz, a saber, de un agua sutil. Sin embargo, una vez que han sido separadas unas de otras, son por completo desiguales entre sí y, en cierto modo, opuestas.
Ciertamente leemos en las crónicas médicas que la forma vegetal de la cebada —habiendo ido a parar por accidente un grano de ella en una matriz [útero]— se unió con la sangre menstrual como su materia, transformando esta última en múltiples granos que formaban una masa sanguinolenta; a causa de ello, la mujer falleció por un tumor abdominal, y tras abrírsela [hacerle la autopsia], se descubrió este suceso. Asimismo, es bien conocido por muchos cómo ciertas formas vegetales interactúan con el mercurio líquido —el cual encierra en sí mucha materia metálica—, obligándolo por ello a desplegarse y jugar bajo múltiples figuras, especialmente la de un árbol [metálico]. De donde se evidencia que existe una secreta correspondencia y afinidad entre estas tres materias, aunque en su sustancia permanente misma, por…[34]
662 D. Johann Joachim Bechers [Prefacio de]
…son por completo diferentes, y solo mediante un gran esfuerzo del arte pueden llegar a intercambiarse; e incluso rehúyen semejantes alternancias. Pues ¿quién ha visto jamás que el agua de lluvia ocupe el lugar del agua mercurial, o que la sangre se deje mezclar con el azufre o con las formas metálicas, o que sea capaz de resistir el fuego?
5. Por qué el conocimiento de la primera materia es tan necesario y útil para los químicos, y por qué, debido a ello, se busca con tanto afán, es algo que se deduce fácilmente de lo anterior. Puesto que el propósito final del químico consiste en: engendrar, regenerar, perfeccionar, destruir y promover tales operaciones; y dado que estas no pueden ejecutarse ni tratarse de la manera debida sin la alteración de la materia de los cuerpos, se hace indispensable saber qué es esta materia, de qué manera se diferencia de las otras y cómo es descrita por los químicos. Una vez que hemos descifrado este fundamento, nos dispondremos a pasar a las siguientes materias. Aquí correspondería tratar sobre la forma [Gestalt]; pero dado que esta se introducirá en el siguiente título, quiero, para concluir este título, aportar tan solo un breve ejemplo que sirva de aclaración a lo que se ha expuesto sobre la primera materia.[35]
Apéndices al primer título, sobre la primera materia.
1. Cuál sea la materia de los metales.
Respuesta: La remota es un agua pesada que se origina a partir de un vapor mercurial. La inmediata es el agua mercurial que no moja la mano; lo cual atestigua también Santo Tomás en su comentario sobre el libro tercero de Aristóteles, De Meteoris, con las siguientes palabras:
«Se debe considerar, no obstante, respecto a los orígenes materiales de los metales, que estos se dividen en una doble diferencia. Pues algunos constituyen una materia remota, como lo es el vapor atrapado en los lugares pedregosos de la tierra; otros, en cambio, constituyen una materia inmediata, y estos son el azufre y el mercurio [Mercurius]. De este modo, en los mencionados lugares pedregosos de la tierra, y por obra de una fuerza mineral, se engendran el azufre y el mercurio. Con posterioridad, a partir de ellos se producen los diferentes metales, según su diversa mixtura. Por esta razón, incluso los propios alquimistas, mediante el verdadero arte de la alquimia y valiéndose de los orígenes antes descritos o, mejor dicho, de los principios primigenios, logran a veces realizar una verdadera generación de los metales». Hasta aquí las palabras de Santo Tomás.[36]
664 D. Johann Joachim Bechers [Prefacio de]
…[Santo] Tomás, con las cuales llama al mercurio la materia de los metales, y al azufre, en cambio, la forma [Gestalt]; y define a ambos como los orígenes inmediatos; habiendo afirmado que es posible que, cuando estos se combinan adecuadamente, los operarios metalúrgicos puedan también producir metales mediante el arte. El siguiente título ofrecerá más pruebas de ello.
2. Cuál sea la materia del Lapidis Philosophorum (la Piedra de los Sabios).
Respuesta: De acuerdo con los químicos, la causa final de la piedra filosofal es elevar los metales a la condición de oro, por medio de su forma y de su materia, las cuales deben ser forzosamente de naturaleza metálica y mineral. Concluyo, por lo tanto, que la forma de la piedra filosofal es exactamente la misma que la del oro, pero en un grado elevado. Su materia, en cambio, es común a todos los metales, y de ella están constituidos todos ellos; si bien esta materia no está en ellos tan perfectamente madurada ni cocida [gekocht] como en la piedra filosofal. Debido a la forma sobreperfeccionada de esta última, dicha materia se vuelve también mucho más perfecta que bajo las formas deficientes de los metales comunes. Pues vemos que el mercurio es fijado [figirt] por la forma del oro de tal manera que, junto con ella, resiste el fuego en todos los ensayos. Lo contrario ocurre en los demás metales debido a sus formas imperfectas. Ya que la diferencia y la preeminencia de las cosas…[37]
Intérprete de Acertijos Químicos. [Página] 665
…no debe tomarse de la materia, sino de la forma: y es exactamente la misma primera materia la que subyace bajo la forma del antimonio, del mercurio, del plomo, del estaño, del cobre y del hierro, siendo asimismo el sustrato del oro y de la plata.
3. De qué manera la forma y la materia de la piedra filosofal se comunican a los otros metales; y ¿pueden coexistir dos formas y dos materias en un solo cuerpo?
Digo que la forma de la piedra filosofal no es otra sino la forma del oro, pero en un grado elevado y más perfecto. Al comunicarse a los metales (los cuales, estando en estado de fusión [in dem Fluß], la asimilan con gran facilidad debido a la homogeneidad metálica), esta no destruye la forma previa de ellos; y, sin embargo, no se deduce de ello que coexistan dos formas en un mismo cuerpo. Puesto que una forma perfecta perfecciona a aquella que no es tan perfecta: la cual, una vez perfeccionada, es exactamente de la misma naturaleza que la perfecta; de modo que ya no son dos, sino una sola forma.
No obstante, la forma que perfecciona ve disminuida en parte su propiedad debido a la comunicación de su propia perfección: y por ello retrocede tantos grados como aquellos en los que ha perfeccionado a la forma imperfecta. De ahí que la forma configuradora [die gestaltende Gestalt] y la configurada alcancen un temperamento, a saber, el equilibrio del oro. Esto mismo es…[38]
666 D. Johann Joachim Bechers [Prefacio de]
…debe sostenerse también respecto a la materia, la cual es homogénea con todos los metales.
4. ¿Puede la materia ser separada de la forma?
Respuesta: Se debe distinguir entre la forma accidental [zufälligen Gestalt] y la forma esencial [wesentlichen Gestalt]. Pues la accidental sirve a la configuración misma de la materia con la cual una sal, un agua o un metal se encuentra disuelto o coagulado. Esta forma, digo yo, es mutable pero inseparable. Puesto que es indispensable que la materia posea una forma accidental, a saber, cualidades accidentales; de lo contrario, sería exactamente una misma cosa con la materia aristotélica y no podría ser manipulada por la mano del artista [químico].
En lo que respecta a la esencial, que le sirve para su desarrollo y configuración particular, es necesario saber que esta, en ciertos grados, sí puede ser separada de la materia; pero de tal manera que permanezca latente en potencia [mögentlicher Weiß], e integrada incluso en las mota de polvo más diminutas y en la proporción más insignificante. De aquí se toma también su denominación. Pues cuando la materia predomina de forma circular [predominante], se le llama materia; cuando predomina la forma, se le llama forma. Ya que la denominación suele tomarse de aquello que es más eminente. Concluyo, por lo tanto, que la materia jamás puede ser separada de su forma de tal modo que la materia quede por completo desprovista de la…[39]
Intérprete de Acertijos Químicos. [Página] 667
…pueda llamarse forma, y viceversa. Y esta es la consideración por la cual la materia, o bien la forma, ha sido designada por los filósofos con el nombre de Zwydorn [ser hermafrodita o doble]. Esta es también la razón por la cual ellos, para la ejecución de su obra, a menudo requieren solo uno de los dos orígenes antes mencionados; puesto que estipulan que el otro se encuentra integrado de manera individual dentro de aquel. Del mismo modo vemos que a partir de la sola agua de lluvia surgen a veces plantas de la tierra, aun cuando no se haya empleado ninguna otra semilla para ello. Pues existe entre la forma y la materia la misma armonía que entre los elementos, los cuales coexisten mediante un vínculo indisoluble semejante y no permiten ser separados por completo el uno del otro.
5. Si es posible, en qué medida, y si es necesario para el arte, que la primera materia del oro sea separada de la forma del oro.
Es necesario saber que esta separación es indispensable en cada generación para provocar lo contrario. Puesto que las primeras cosas opuestas entre sí son las causas de cada generación. Pues la materia, cuando se halla enredada en su propia forma, está satisfecha, ya que posee aquello que desea. Pero cuando la forma es separada de la materia y esta última es liberada (a saber, de la forma esencial en la medida de lo posible, puesto que apartarla de la forma accidental no es posible ni…[40]
668 D. Johann Joachim Bechers [Prefacio de]
…[ni] conveniente: no obstante, mediante esa misma alteración y separación de la forma esencial, también esta forma accidental se modifica, pero no se elimina por completo (de lo contrario, la materia se volvería invisible al carecer de cualidades accidentales). De este modo, la materia exige una nueva forma, y cuando la recibe, se deja fijar [figiren] de nuevo por ella y comienza una nueva obra de generación. En dicha obra, el arte de la naturaleza puede prestar un gran auxilio y favorecerla notablemente, tanto a través del calor como mediante la eliminación de las cualidades accidentales adversas. Esto lo vemos en aquellas flores producidas artificialmente mediante el arte.
Por consiguiente, cuando los operarios filósofos de los metales se disponen a realizar la regeneración o renacimiento [Wiedergeburth] del oro, es indispensable que la forma del oro sea llevada hacia el centro [Mittelpunct], mientras que la materia sea conducida hacia la periferia [Umkreis]; es decir, que la forma sea separada de la materia en la medida de lo posible. Puesto que, una vez retirada esta forma, la materia del oro comenzará la acción de la generación, en tanto que anhela una nueva forma y padece [permite] ser configurada y modelada por ella; mientras que, por el contrario, cuando esa misma forma original está presente, la materia permanece en reposo. Por esta razón, el oro común es llamado por los filósofos «un oro muerto», y por los metalúrgicos «un metal en reposo» [ein ruhend Metall], debido a que descansa y por el momento es estéril; de la misma manera que una semilla o un cuerpo vegetal parece muerto antes de ser encomendado a la tierra. Sin embargo, esta corrupción o separación…[41]
Intérprete de Acertijos Químicos. [Página] 669
…sino que a este tipo de proceso lo llaman una reducción a la primera materia; esto es, la reconducción de un cuerpo a su sustancia seminal permanente. De ahí que el Aristóteles químico afirme: «Los alquimistas bien pueden regocijarse como quieran, pero no harán más que trillar paja vacía a menos que reduzcan los cuerpos a su primera materia». Por lo tanto, será necesario que examinemos si, y de qué manera, el oro, siendo un cuerpo por completo fijo, puede ser despojado de su forma y destruido.
Que esto no es posible lo sostiene de manera muy burlona ANGELUS SALA en su Chrysologia. Sin embargo, si damos rienda suelta a nuestras pasiones, seremos arrojados también, al igual que ÍCARO, desde el cielo mismo de la sabiduría hacia el mar de la torpeza; que es exactamente lo que le ocurrió a este buen hombre, a Sala. Para que no nos acontezca lo mismo con nuestra afirmación afirmativa, aportaremos argumentos demostrativos. Se debe admitir, por consiguiente, que el oro, en su origen, no fue de inmediato un oro corpóreo y real tal como lo es ahora —bien sea purificado mediante la fundición o hallado así por la naturaleza, al cual llaman comúnmente oro fino y oro de aluvión [oro de lavado]—, sino que tuvo previamente en su orden otra materia a partir de la cual fue hecho; la cual, aunque lo fuera en potencia, en acto todavía no era oro, si bien a largo plazo, cuando concurren los requisitos necesarios, a partir de ella…[42]
670 D. Johann Joachim Bechers [Prefacio de]
…partiendo de esa misma potencia, sea llevada al acto. Así dice Esdras en la Sagrada Escritura: «Existe un pequeño polvo a partir del cual se forma el oro». Y Santo Tomás, en el lugar arriba citado, denomina expresamente al azufre y al azogue [mercurio] la materia del oro. Por lo tanto, concluyo que el oro, en la serie de su producción, tuvo previamente otra materia inferior e imperfecta, a partir de la cual se formó posteriormente.
Que el oro corpóreo puede ser reconducido a esta materia lo demuestra el siguiente argumento: pues si las causas que fijaron la mencionada materia remota y aún no trabajada en un cuerpo tan fijo y noble fueron naturales, por fuerza habrán de hallarse también causas naturales opuestas que disuelvan de nuevo un cuerpo ya terminado y lo reduzcan a aquella materia remota. Cuál haya sido la causa natural de la configuración del oro no le resulta oculto a ningún aprendiz de química: a saber, el azufre más puro del oro; lo cual ha sido enseñado y demostrado con creces mediante las mejores sentencias de los filósofos más antiguos, tales como RAIMUNDO, BERNARDO, BASILIO, RICARDO, RIPLEY, y además de estos otros más, así como por la múltiple práctica expuesta tanto en la primera como en la tercera parte de mi Metallurgia, impresa y editada en Fráncfort. Asentado, pues, este fundamento, ¿quién querrá negar que la materia del oro es fijad…[43]
Intérprete de Acertijos Químicos. [Página] 671
…es apta para ser fijada; mientras que el azufre es el principio fijador. De ahí resulta evidente que el azufre, en tanto que forma, es el principio activo [das Thuende]; mientras que el mercurio, en tanto que materia, es el principio pasivo [das Leidende]. Ahora bien, ningún filósofo ni físico [Naturkündiger] niega que el principio activo y el pasivo constituyen las primeras entidades opuestas entre sí. Por consiguiente, si la forma es el principio activo y su contraparte es el pasivo, y dado que la forma fija, se hace indispensable que su opuesto —es decir, la materia— posea también una acción opuesta: a saber, disolver y volver volátil.
Por lo tanto, si de manera natural la forma del oro fija, coagula y endurece, entonces su materia debe poseer, de manera igualmente natural, un poder opuesto: a saber, el de volatilizar, disolver y ablandar. Concluyo, por ende, que la materia de los metales es la llave para destruir las formas metálicas, concentrarlas y separarlas: y esta operación es una clase de putrefacción [Fäulung]. Puesto que la forma actúa a la manera de una cola o pegamento [Leims] que, en virtud de su propiedad innata, vuelve viscosa a la materia húmeda, la espesa, la aglutina y finalmente la contrae en una estructura determinada; uniendo sin embargo a la materia en una cantidad precisa, conforme a la proporción que le fue asignada por DIOS. Pero en caso de que la materia exceda esta proporción en una cantidad demasiado grande, entonces el principio pasivo se convierte en activo, puesto que [vence] por completo a la forma configuradora y aglutinante, por cuanto…[44]
672 D. Johann Joachim Bechers.
…por cuanto la separa, la pulveriza y la funde, haciéndola entonces pudrir. Esto mismo se nos presenta ante los ojos en el reino vegetal: allí, mientras las semillas vegetales disponen de una cierta proporción de agua como su materia, no dejan de florecer y crecer. Sin embargo, tan pronto como llueve en exceso o la tierra se humedece en demasía por cualquier otra vía —superando la proporción de humedad necesaria con la que aglutinan las semillas y pueden asimilar una forma determinada—, comienzan a pudrirse en una sola noche. Esto sucede porque su forma balsámica no puede sostener semejante cúmulo de materia, sino que ella misma se somete a la licuación y a la putrefacción, las cuales constituyen el primer grado para una nueva generación.
Por lo tanto, nadie pondrá en duda que la primera materia de cada reino es la causa de la putrefacción de sus propias semillas; y que esta es, a su vez, el medio para la disolución, separación y corrupción de la forma; en especial si se lee con esmero y detenimiento lo que se abordará en los títulos siguientes y, ante todo, en el párrafo sexto sobre la disolución [Auflösung]. No obstante, le concedemos al antes mencionado ANGELO SALA que el oro no puede ser disuelto por sí mismo, ni de manera esencial, en una humedad vegetal común; puesto que semejante fluido húmedo, que moja las manos, se halla fuera de la mixtura y de la composición íntima del oro.[45]
Intérprete de Acertijos Químicos. [Página] 673
6. ¿Puede la primera materia de los metales ser producida ojalá obtenida mediante el arte [químico]?
Respuesta: Considerado desde el punto de vista aristotélico, la respuesta es No; pero considerado químicamente, es un Sí. Pues la razón nos dicta que, en los yacimientos y minas [Mineren], no toda la materia mineral ha sido fijada ni coagulada realmente por las formas metálicas; de lo contrario, de hecho no ocurriría ninguna multiplicación ni generación en las minas, ya que todo el desarrollo mineral subterráneo habría concluido por completo, lo cual es ciertamente absurdo. Por lo tanto, si esta materia se encuentra en los minerales de las minas, también se puede extraer de ellos: de donde resulta evidente que todos los metales están constituidos por esta materia, la cual en unos está más y en otros menos unida a la forma. Por consiguiente, en aquellos cuerpos donde no está tan fijada, puede extraerse asimismo con menor esfuerzo.
Tú me objetarás, sin embargo: si la forma se separa de la materia sin mediar la putrefacción, y si no se puede dotar a la materia de una forma distinta; y dado que la putrefacción tampoco puede realizarse sin la propia materia, resulta imposible obtener ambas cosas y llevar a cabo la putrefacción, pues se presenta la contradicción de buscar una cosa a través de esa misma cosa. Respuesta: Se debe distinguir entre la materia que está totalmente fijada por la forma —como ocurre en el oro, en la plata y similares— y aquella materia que solo…[46]
674 D. Johann Joachim Bechers.
…[aquella materia que solo] en cierta medida, y en sus primeras etapas, ha sido modelada por la forma, quedando por así decirlo apenas esbozada con el primer trazo [Griffel]. Respecto a la primera clase [los metales nobles perfectos], digo que es imposible que la materia sea disuelta de su forma y restituida a su estado primigenio. Respecto a la segunda clase [las menas crudas o metales imperfectos], en cambio, no se requiere la putrefacción; por cuanto para un hábil y experimentado maestro de la separación [Scheid-Künstler / Químico Analítico] no resulta difícil, mediante repetidas lixiviaciones, sublimaciones y operaciones semejantes, volver volátil aquello que posee escasa fijeza [Fires].
7. ¿Por qué se le llama materia sin forma [ohngestalt]?
Respuesta: Más arriba se ha mencionado que a la materia le corresponden dos formas: una esencial [Wesentliche] y otra accidental [Zufällige]. La esencial es aquella que restringe y determina a la materia hacia la estructura particular de un cuerpo específico; la accidental, en cambio, es aquella que le compete a la materia en sí misma, consistiendo en las cualidades accidentales de esta.
Y dado que la forma esencial puede ser separada de la materia, de tal modo que aquella retroceda un determinado número de grados, pero sin desprenderse por completo; entonces se le denomina «sin forma» [ohngestalt]. Esto se debe a que, aparte de la forma accidental que le es propia, carece de una figura determinada que la asemeje a un cuerpo concreto; siendo considerada, por lo tanto, con mayor justicia en un sentido real que potencial, al ser comparada en paralelo con aquellos otros cuerpos que han sido singularizados mediante una forma plenamente definida. Sin forma…[47]
Intérprete de Acertijos Químicos. [Página] 675
…forma: unifórmica [eingestaltig], de acuerdo con su propia forma accidental, sobre la cual se trató arriba; omnifórmica [allgestaltig] es llamada por cuanto posee el poder de adoptar, una tras otra, todas las formas posibles.
Y esto sea suficiente respecto al primer título y a la primera materia. Su asimilación o equiparación [Gleichmachung] será explicada en el título siguiente.
El Título II.
De los orígenes de la sustancia permanente: a saber, del azufre y de la sal.
Prefacio.
Habiendo examinado la primera materia de los químicos, así como su forma, justo en el umbral de esta obra, corresponde ahora que nos aproximemos más para observarlas desde su interior. A fin de agilizar esta labor, el presente título, que trata sobre los orígenes de la sustancia permanente, preparará el camino y despejará cualquier escrúpulo [duda] a lo largo de 5 párrafos [secciones]. En el primero se explicará, punto por punto, qué es la sustancia permanente [Bestandwesen]. En el segundo: si existen orígenes de la sustancia permanente. En el tercero: cuántos y de qué clases son. En el cuarto: cuáles y qué son. En el quinto…[48]
676 D. Johann Joachim Bechers
…[En el quinto] qué sean el azufre y la sal, su materia y su forma.
§ 1.
De la sustancia permanente [Bestandwesen] de las cosas.
Por «las cosas» entendemos, en este lugar, todos los cuerpos sublunares en la forma en que existen, mezclados a partir de los 4 elementos. Prescindimos, no obstante, de la materia y la forma aristotélicas; en su lugar, tomamos sus cualidades accidentales, en las cuales consideramos esta sustancia permanente, tomándolas en este contexto por el cuerpo mismo de cuya sustancia permanente tratamos aquí. En pocas palabras: lo que para los aristotélicos es la materia secundaria, o bien un cuerpo conforme a la naturaleza, el cual subsiste por sí mismo a partir de sus propios orígenes.
Sin embargo, se debe advertir que prescindimos de la mezcla conjunta de los cuerpos; por cuanto, al hablar de la sustancia permanente, consideramos a cada cuerpo de manera individual y fragmentaria [Stückweiß]. Por esta razón, la mezcla de cobre y plata suele llamarse a menudo «una sustancia permanente doble» [gezwylfachtes Bestandwesen]; aun cuando, conforme a su propia estabilidad íntima, constituye una sola sustancia permanente. Nosotros lo hacemos de este modo para poder reconocer y distinguir la diferente mixtura y naturaleza de dichos cuerpos. Por consiguiente, cuando hablamos de la sustancia permanente, entendemos un cuerpo sublunar que subsiste por sí mismo, puro, y que no está mezclado con la sustancia permanente de otro cuerpo. Ahora bien, podrías preguntar qué entienden entonces los químicos por su…[49]
Intérprete de Acertijos Químicos. [Página] 677
…¿[esencia o quintaesencia] quieren tener? Respondemos: existe una sustancia permanente doble, una esencial y otra accidental; tal como se demuestra más extensamente en el tercer párrafo, entienden ellos, por lo tanto, a través de la sustancia permanente esencial, la esencia; la quintaesencia, en cambio, está para ellos circulada y templada en el quinto grado [5. Grad], tal como se trata con mayor detalle en el sexto título [6. Titul], bajo el párrafo de la sobreperfección [Mehr-als-Vollkommenheit / más que perfección].
§ 2.
¿Existen orígenes de la sustancia permanente?
La sustancia permanente es una acción que subsiste por sí misma. Ahora bien, todo lo existente sublunar se compone de una materia y una forma. Por cuyo motivo nadie negará si la forma y la materia no habrían de ser los orígenes de una sustancia permanente. No obstante, puesto que toda la química filosófica se refiere a la práctica, se ha mencionado con frecuencia que los filósofos químicos prescinden de todo aquello que no cae bajo los ojos ni en las manos. Por ende, al hablar de la materia y de la forma, no las tratamos al modo aristotélico; sino que subdividimos la materia secundaria de los aristotélicos —a saber, un sustrato, por cuanto es un cuerpo conforme a la naturaleza con sus cualidades accidentales— en una forma y una materia prácticas, corpóreas y materiales.[50]
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Así como los aristotélicos sostienen que todos los cuerpos constan de una materia y una forma: de igual modo los químicos dividen también su otra materia en una forma y una materia. Asimismo, en los siguientes párrafos se explicará y demostrará que todos los accidentes de un cuerpo se pueden dividir en dos partes.
§. 3.
¿Cuántos y de cuántas clases son los principios originarios de la sustancia esencial?
Es de saber que los principios originarios de la sustancia esencial son de dos clases: unos de naturaleza esencial y otros de naturaleza accidental, según esté constituida dicha sustancia. Los esenciales son aquellos sin los cuales un cuerpo no puede subsistir, ni puede ser llamado una verdadera mezcla o un cuerpo perfecto. Los accidentales, en cambio, son los que se incorporan a la mezcla del cuerpo, ya sea para su nutrición o para su crecimiento; de tal manera, sin embargo, que pueden estar presentes o ausentes sin que ello suponga la destrucción real del cuerpo.
Los esenciales son dos: a saber, el aceite y el agua. Pues por la experiencia queda claro que todos los cuerpos sublunares constan, en su sustancia esencial, de estos dos elementos. Porque si sometes los cuerpos a la acción del fuego, encontrarás, en cada operación, agua y aceite. Al aceite deben asociarse el unto, las grasas, el aceite propiamente dicho y el espíritu inflamable [alcohol]…
Descifrador de acertijos químicos. 679
…los espíritus, el azufre puro o condensado; en fin, todo aquello que, por su propia naturaleza, levanta llama en el fuego; lo que es potencialmente inflamable; y lo que, finalmente, es cálido por dentro. En las cosas antes mencionadas encontrarás, en todos los cuerpos, una u otra variedad.
Al agua pertenecen todo lo húmedo e insípido, la flema de los galenistas, las sales (tanto volátiles como fijas, pero separadas de su azufre o grasa); en fin, todas las humedades fluidas, no aceitosas, ya sean puras, coaguladas o húmedas, o bien aquellas humedades que no mojan las manos; lo que, finalmente, es frío por dentro y que, por su naturaleza, no prende fuego. En estas propiedades encontrarás, una vez más, una u otra variedad en cada cuerpo. Que solo estos dos son los principios originarios esenciales de la sustancia fundamental se demuestra porque se hallan en todos los cuerpos; porque si uno u otro se separa de ellos, el cuerpo pierde su esencia; y porque ellos, de acuerdo con su alteración, promueven o impiden de manera única y exclusiva la generación y conservación de dichos cuerpos. Es cierto que algunos objetan que en todos los cuerpos hay azufre y sal: si por ello entienden el azufre y la sal comunes, les damos la razón; pero si despojan a los cuerpos de su oleosidad y acuosidad, según la riqueza de sus propiedades, actúan en contra de la naturaleza y de la experiencia. Pues no se puede hallar ningún cuerpo…[51]
Página 680 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…en el cual no encuentren, dentro de la serie prescrita de los dos principios originarios, una u otra variedad de cada uno de ellos. Pues la práctica química enseña que los animales y los vegetales, al ser destilados, producen un aceite y un agua: un espíritu, que debe contarse junto al aceite; y una sal, que debe computarse junto al agua. De los metales, debido a su naturaleza más fija, cabe esperar otra clase de agua y otra clase de aceite, a saber, un azufre. Pues no puedo dejar de asombrarme lo suficiente de aquellos que no quieren admitir que en los metales hay azufre y sales; sobre todo porque, si comprendieran la naturaleza del vitriolo, al cual pueden reducirse todos los metales, juzgarían de manera muy diferente; en especial si vieran con sus propios ojos y tocaran con sus manos cómo el vitriolo se compone de azufre y sal. Pero sobre esto se hablará más extensamente, en la práctica, bajo el título de los párrafos 6 y 7.
Ya he hecho mención de los principios originarios accidentales de la sustancia esencial. Estos también son dos en número: a saber, la tierra y el agua. Esto lo encontrarás con certeza en la mayor parte de los cuerpos, de lo cual podrás tener un ejemplo en los tres reinos de la naturaleza.
En el reino animal, si te place, coloca un animal en la retorta, acóplale un recipiente receptor y destila por grados (sucesivamente), como es debido, en la mezcla del agua fuerte [ácido nítrico]; de este modo encontrarás en el receptor un agua…[52]
Descifrador de acertijos químicos. 681
…agua, que los galenistas llaman flema, la cual es un principio accidental de la sustancia esencial; asimismo, obtendrás allí mismo una sal volátil, que se atribuye al principio de la sustancia esencial; y finalmente, un espíritu y un aceite, que también deben adscribirse a ese mismo principio de la sustancia esencial. Si rompes la retorta, extraerás del residuo posterior una sal, que pertenece al principio esencial de la sustancia fundamental; pero también una tierra muerta residual, que corresponde al principio accidental de la sustancia esencial. Para comprender esto con mayor precisión, he adjuntado la siguiente tabla, en la cual recibirás una explicación no menor de estas cosas a través de los tres reinos.
Espíritu
Aceite
Sal volátil
Sal fija
Flema
La tierra en la cabeza muerta
Esta exposición sirve para el reino animal, en el cual no encontrarás ningún cuerpo del que no puedas preparar estas sustancias.
Sigue ahora lo correspondiente al reino vegetal [de las plantas terrestres], el cual guarda perfecta identidad con el anterior; con la única diferencia de que no todos los vegetales ofrecen su sal volátil bajo una forma coagulada.[53]
Página 682 — Del Dr. Johann Joachim Becher
Para el reino mineral se puede proponer el siguiente esquema:
Azufre
Sal
En algunos solo de forma fija,
En otros también de forma volátil.
Una tierra mineral, la pirita [o cuarzo], comúnmente la fluorita [piedra de fundición], y un vinagre mineral se obtienen en la destilación de los minerales que contienen todos los metales; por lo cual, cuando estos se transforman en vidrio, los abandonan adquiriendo un aspecto vítreo, tal como se demostrará con mayor detalle en el primer título.
Y son estas sustancias las que, habiendo sido extraídas de todos los cuerpos, se clasifican con justa razón (como se mencionó arriba) en dos tipos de principios originarios, a saber: Esenciales y Accidentales. Los esenciales, a su vez, pueden dividirse en dos, que son el Aceite y el Agua, junto con sus variedades ya enumeradas anteriormente.
Son, por lo tanto, 4 columnas sobre las cuales, a modo de pilares, se asienta la sustancia fundamental de los cuerpos; pero descansa específicamente sobre dos de ellos, a saber, los principios esenciales, como sobre una horquilla o soporte. Si alguien objetara y dudara de que las variedades mencionadas, o sus semejantes, puedan ser extraídas de todos los cuerpos, que nos presente uno u otro cuerpo del cual suponga que carece de estos dos principios esenciales y de los otros dos principios accidentales de la sustancia fundamental…[54]
Descifrador de acertijos químicos. 683
…carece [de estos principios], y lo demuestre ante nuestros ojos, no nos negaremos a ofrecerle una disolución mediante el arte de la separación [análisis químico]; la cual, por lo demás, saldrá al encuentro del lector detalladamente en los títulos sexto y séptimo. Si además alguien quisiera objetar que se pueden extraer de los cuerpos más variedades que las aquí enumeradas, le respondemos que se debe distinguir entre la simplicidad pura y la mezcla de los principios originarios. Si observas la simplicidad pura, con certeza no encontrarás nada que no puedas atribuir a la oleosidad o a la acuosidad. Pero si tu atención se dirige a la mezcla de los principios, entonces lo admitimos: ciertamente se pueden componen muchas variedades a partir de ellos, tales como cenizas, capita mortua [cabezas muertas], mantecas, croci [azafranes químicos], flores [sublimados], vitriolos, mercurios y similares; los cuales no son simples, sino compuestos, y demostrarán al artífice [químico] que aún se dejan disolver y dividir mucho más, hasta quedar reducidos a los ya mencionados principios originarios últimos de la sustancia fundamental, más allá de los cuales nadie encontrará una separación posterior ni otras variedades o principios.
§. 4.
¿Cuáles y qué son los principios originarios de la sustancia fundamental?
A decir verdad, de lo arriba mencionado se desprende con suficiente claridad cuáles y qué son los principios originarios de la…[55]
Página 684 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…de la sustancia fundamental: pero aún nos queda por explicar con qué nombre se designan estos principios originarios. Se ha mencionado que los principios de la sustancia fundamental son de dos clases: a saber, Esenciales y Accidentales. De los esenciales se hablará en el párrafo siguiente; de los accidentales, en cambio, se hará mención en este lugar.
Los principios originarios accidentales de la sustancia fundamental, como ya he señalado, son dos: a saber, la tierra y el agua.
La tierra es considerada como las heces, el sedimento o la madre; el agua, en cambio, se toma por el alimento y la flema. Estos dos elementos se mezclan en todo compuesto y, mediante el arte [químico], vuelven a ser separados de él. Por lo tanto, todos los cuerpos poseen su parte terrosa y sus superfluidades; cuando se les separa de estas, solo restan los principios originarios esenciales de la sustancia fundamental, a los cuales los químicos llaman esencias. Conviene saber, no obstante, que en la obra de la generación se requieren necesariamente los principios accidentales, concretamente para que den una madre y alimento a la semilla, y sirvan como medio de unión a través del cual los principios esenciales se mantengan cohesionados e incorporados a las propiedades accidentales, de las cuales reciben un mayor desarrollo y corporeidad: casi de la misma manera en que la materia prima de los aristotélicos se halla imbricada en la otra.[56]
Descifrador de acertijos químicos. 685
§. 5.
¿Qué son el azufre y la sal en particular?
Hasta aquí se ha tratado de los principios originarios de la sustancia fundamental en general: ahora queremos considerarlos detalladamente uno por uno. Trataremos aquí, pues, de los dos principios originarios esenciales de la sustancia fundamental, dado que de los accidentales ya hemos tratado en el párrafo anterior.
El primer principio originario esencial de la sustancia fundamental es el azufre, bajo el cual se comprenden todos los aceites y grasas, así como todas las variedades añadidas en el tercer párrafo de este título. El porqué estas variedades toman su denominación del azufre entre los químicos, se puede imaginar fácilmente: ha ocurrido debido a la grasa y oleosidad de las que se compone el azufre; por lo tanto, han recibido su nombre del azufre por ser este el elemento principal. Así pues, desearía que aquellos que niegan la presencia de azufre en los cuerpos hojearan primero los escritos de los químicos y aprendieran qué entienden ellos por azufre, antes de afirmar algo cuyo contrario demuestra la experiencia. Los químicos llaman al azufre también con muy diversos nombres: pues no raras veces lo denominan un rey…[57]
Página 686 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…rey, hombre, león, sapo, el fuego de la naturaleza, el sebo del sol, el sol de los cuerpos, la arcilla de la sabiduría, el sello de Hermes, el estiércol y la tierra de los filósofos, el aceite incombustible, el mercurio rojo, y lo nombran con muchos otros apelativos con los cuales se puede sugerir una fijeza o una conducción. Pues al azufre le atribuyen la forma, el calor innato, la semilla, el alma, el olor, el color, el sabor, la fijeza o la volatilidad, y la causa entera de la cohesión molecular; y no sin un sólido fundamento, tal como se demostrará a partir de la experiencia en los títulos siguientes. Llegados a este punto, cabe advertir que cada vez que se haga mención del azufre en lo sucesivo, se entenderán también aquellas mismas variedades que hemos enumerado anteriormente bajo dicho concepto.
El segundo principio originario esencial de la sustancia fundamental es la sal: bajo la cual se comprenden todas las variedades mencionadas bajo el concepto de agua en el tercer párrafo de este título. Conviene saber, no obstante, que por la palabrita «sal» no entendemos una sal común, ni la sal de los cuerpos que es ácida, áspera o picante y que quema en la lengua: pues dicho sabor proviene del azufre que tiene mezclado, del cual hay que prescindir como si de la forma se tratase; dado que nosotros, en este lugar, consideremos la sal…[58]
Descifrador de acertijos químicos. 687
…consideramos la sal como una materia. Pues también las sales comunes constan de una materia y de una forma; razón por la cual estas, como tales, no deben ser consideradas principios originarios, sino mezclas compuestos. A la materia, en cambio, los filósofos la han llamado «sal» porque, cuando se la separa de su forma, se deja congelar o solidificar con mucha frecuencia en su aspecto accidental, adquiriendo la apariencia del hielo o de la sal; o bien porque la sal se disuelve pronto en agua, o porque dicha agua es considerada como un estado coagulado.
A esta materia le atribuyen la aptitud de adoptar en sí la forma del azufre, por lo cual la denominan la materia, la humedad radical, el menstruo, el cuerpo potencial, una cosa capaz de recibir todas las formas, y le asignan, además de esto, muchos otros nombres significativos; a saber, la llaman una reina, una mujer, águila, serpiente, el agua celestial, la saliva de la luna, llave, el Mercurium Philosophorum [mercurio de los filósofos], el agua de la vida y de la muerte, la cera en la cual se estampa el sello de Hermes, el agua de hielo, la lluvia filosófica, la fuente, el baño de los cuerpos, el vinagre más agudo y el jabón; cuyos nombres, junto con otros más, serán explicados en el título séptimo, en el párrafo 1.
Por lo que se acaba de exponer, el lector habrá comprendido, sin duda alguna, qué es lo que queremos dar a entender mediante la sal…[59]
Página 688 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…queremos dar a entender: por lo tanto, cuando se haga mención de estas proposiciones y términos más adelante, no causarán confusión si se comprenden de antemano estos epítetos y sinónimos.
Para que el lector tenga una prueba aún más amplia de lo antes mencionado, quiero añadir el siguiente discurso. La mayor parte de los filósofos sostiene que todo proviene del agua; pero que esta, desde el principio, estuvo batida entre sí, constituyendo un Caos y, por así decirlo, un Alcaest o, más correctamente, Alkahest, a saber: una materia jabonosa, semejante a la que surge de la mezcla del aceite y de la sal. Esta agua ha sido llamada el Caos de todas las cosas porque, de manera potencial, contenía en sí todas las formas, siendo después dividida por Dios Todopoderoso en dos partes: a saber, en un agua espesa y un agua delgada. La espesa era oleosa, viscosa y sulfurosa; la delgada, en cambio, consistía en algo salino y mercurial. La tercera la divide en tres partes principales: la más sutil la cuenta entre los animales; la intermedia, entre los vegetales; y la espesa y fija, entre los metales, cuya división también debe entenderse respecto al agua delgada. Pues esta última es asimismo de tres clases. El triple agua espesa, en cada reino, la divide detalladamente en tantas etapas como cuerpos contiene un reino. Estas etapas se dejan alterar por el arte [químico] y por la naturaleza, y…[60]
Descifrador de acertijos químicos. 683
…y transformar; pero el agua espesa y la delgada no se pueden trasladar de un reino a otro, porque DIOS Todopoderoso no quiere que esta separación y división se confundan entre sí, para que el artífice [químico] no se confíe en exceso dentro de su propia capacidad. Así pues, los azufres del reino animal tienen un agua delgada que llaman menstruo; asimismo, los azufres del reino vegetal poseen una materia, el agua de lluvia. Los azufres metálicos tienen también una materia, a saber: el agua mercurial. Y de este modo, todos los cuerpos constan de una doble agua mercurial. La llamamos mercurial, por el lado de la forma, porque es viscosa y pegajosa; pero por el lado de la materia, debido a que es un mercurio que no soporta el fuego, inacabado y capaz de adoptar cualquier forma. Pero para que no pienses que lo aquí expuesto es solo una vana charlatanería, sabe que el muy noble arte de la separación [la química], en la práctica misma, te demostrará la existencia de esta doble agua en todos los cuerpos y reinos según su propia naturaleza; tal como se enseñará más adelante de forma más amplia, especialmente en los títulos sexto y séptimo. Mientras tanto concluimos que el azufre y la sal son los primeros principios originarios esenciales de la sustancia fundamental.[61]
Página 690 — Del Dr. Johann Joachim Becher
Adiciones sobre los azufres y la sal.
1. Se pregunta: Si es posible hallar un aceite sin nada de agua. Yo digo: No; porque el aceite requiere, para su materia, una cierta cantidad de agua, la cual, si es privada del fuego, destruye también al aceite en tanto que forma. Pues ninguna forma puede existir sin una materia. Lo mismo debe sostenerse respecto al agua, la cual nunca jamás encontrarás sin un aceite, del mismo modo que la materia nunca existe sin una forma. Ahora bien, la denominación de la sustancia se toma de aquel elemento que predomina. Y esta es la razón por la cual los filósofos, con mucha frecuencia, toman la materia por la forma y la forma por la materia, debido a que siempre la una contiene a la otra en su interior.
2. Si todo aceite y azufre, o grasa, pertenece a la forma. Respuesta: Algunos son necesarios para la forma de manera esencial, y otros de manera accidental. Para la esencia de la forma se requiere la parte más pura del azufre; las restantes porciones, más espesas y no tan puras, sirven de modo accidental para su desarrollo y sustento. Así, a partir de la sangre se genera la semilla; a partir del azufre común, un azufre de los metales; y a partir de la grasa del estiércol se fortalece la semilla de la tierra.
3. Cómo domina el azufre dentro de la sal, y viceversa. Yo respondo: El azufre…[62]
Descifrador de acertijos químicos. 691
…El azufre domina en la sal mediante la aglutinación, la atracción y la conformación. La sal, en cambio, domina en el azufre mediante la división, la reconversión y la putrefacción. Ahora bien, la sal junto con el azufre constituye, en su primer grado, un agua viscosa, vitriolada, que es la materia prima de la naturaleza y del arte [químico]. Pues el aceite, por mediación de la sal, puede unirse con el agua.
El III. Título.
De los principios originarios de las propiedades, a saber: el Mercurio, el Azufre y la Sal.
Prefacio.
Los químicos sostienen una gran disputa con los aristotélicos y galenistas, por quienes son acusados de poseer principios originarios inciertos y, en consecuencia, de practicar un arte falso; esto se debe a que, ante la gran variedad de opiniones entre aquellos [los químicos], da la impresión de que se contradicen a sí mismos en la descripción y en el número de dichos principios originarios. Pues algunos parecen sostener que son el azufre y la sal; otros, el mercurio, el azufre y la sal; otros, el espíritu, el alma y el cuerpo; y otros, la flema, el aceite, la sal y la caput mortuum [cabeza muerta] como los principios originarios. Pues así habla BASILIUS: Son tres, dos, uno, sobre los cuales…[63]
Página 692 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…si no prestas atención a esto, trabajarás en vano. Por lo demás,
Son dos, y tres, y sin embargo uno solo:
Si no lo comprendes, no acertarás en nada.
Ahora bien, cómo y de qué manera se han de unir entre sí el azufre, la sal, la flema, el espíritu, el aceite y la caput mortuum [cabeza muerta], es algo que enseña el título precedente. En este lugar nos queda por demostrar de qué modo los tres principios originarios de las propiedades se diferencian de los principios originarios de la sustancia fundamental; y asimismo, cómo se examinan [prueban] y concuerdan entre sí.
§. 1.
De la diferencia entre los principios originarios de las propiedades y los principios originarios de la sustancia fundamental.
Ya hemos mencionado respecto a esto qué es la sustancia fundamental y cuáles son sus principios originarios, a saber: el azufre y la sal; de los cuales, en cuanto a la materia, constan todos los cuerpos. Sin embargo, no se excluye mutuamente el hecho de que estos principios posean ciertas propiedades, y que estas sean o bien las primeras o bien las segundas. Las primeras existen en la medida en que el azufre se mezcla con la sal en determinados grados. Pues según en cuántos grados la forma configure a la materia…[64]
Descifrador de acertijos químicos. 693
…[configura a la materia], en esa misma medida se vuelve más perfecta, más seca y más cálida; pero en cuantas partes predomine la materia, en esa misma medida el cuerpo será también más húmedo y más frío. De ahí derivan cuatro grados, y de estos se originan compleciones diversas que tienen sus correspondientes lugares. También la primera diferenciación del sexo toma de allí su origen y causa. Pues cuanto más fuerte es la forma, tanto más perfecta es también, y con mayor perfección configura a la materia; según sea esta conformación, nace una figura masculina o femenina.
Y esta es asimismo la consideración de por qué los galenistas sostienen que los cuerpos constan de cuatro temperamentos y humores. Pues según si se incorpora mucha tierra o mucha agua (a modo de mezcla de los principios accidentales), el cuerpo se volverá melancólico, frío y seco; o bien flemático y húmedo. En cambio, cuando se incorpora mucho azufre o mucha sal (a modo de sustancia de los principios esenciales), el cuerpo se volverá colérico, cálido, sanguíneo y jugoso; del mismo modo que, cuando lo uno y lo otro guardan equilibrio, resultará un cuerpo templado.
Los principios originarios de las otras propiedades son tres: a saber, el Mercurio, el Azufre y la Sal. Pues dos principios originarios de la sustancia fundamental, llevados a su grado más sutil, se designan con el nombre de Mercurio; no porque ellos, por naturaleza o por sustancia fundamental…[65]
Página 694 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…por su esencia, sean un mercurio; sino porque, debido a su volatilidad, poseen una propiedad mercurial. Pues Mercurio es el planeta de la propiedad volátil.
Esas mismas dos raíces o principios (el azufre y la sal) de la sustancia fundamental, cuando se hallan en un estado templado o intermedio, reciben el nombre de azufradas, o bien se sitúan justo en el medio entre la volatilidad y la fijeza. Toman, pues, el nombre de azufre, no porque se requiera en este caso una naturaleza sulfúrea real de su parte, sino porque, al hallarse en esa posición intermedia, imitan la propiedad del azufre; dado que la propiedad del azufre ocupa el lugar medio entre la volatilidad y la fijeza.
Del mismo modo, estas dos raíces (el azufre y la sal) de la sustancia fundamental, cuando son fijas, se consideran salinas, o bien se designan con el nombre de sal; no porque aquí se exija que tengan la forma física de la sal común, sino porque poseen la propiedad de la sal. Pues a la sal se le atribuye comúnmente una fijeza.
De esto se desprende con claridad que los tres principios de las propiedades y los dos de la sustancia fundamental (los cuales también pueden llamarse principios de las propiedades, ya que se dejan separar de los cuerpos en una cantidad determinada) no se excluyen mutuamente. Los principios de las propiedades, sin embargo, no pertenecen a la sustancia fundamental en sí, sino a la propiedad con la que dicha sustancia fundamental está dotada dentro de los cuerpos. Por lo tanto, el princi…[66]
Descifrador de acertijos químicos. 695
…los principios pueden ser cuatro, si se consideran los principios de la primera propiedad; tres, si se consideran los de la segunda; dos, si se consideran los principios de la sustancia fundamental; y uno solo, si se consideran todos ellos comparados entre sí. Y ninguno de estos sistemas excluye al otro, siempre y cuando comprendamos los escritos de los filósofos con una justa medida.
§. 2.
Cómo se demuestra que existen principios originarios de las propiedades; o bien que los principios esenciales de la sustancia fundamental, a saber, el azufre y la sal, se encuentran en los cuerpos bajo una triple propiedad: una mercurial, una sulfúrea y una salina.
Ya he expuesto anteriormente que en los cuerpos existen esencialmente un azufre y una sal; pero que cada uno de ellos participa de la ya mencionada triple propiedad es algo que demostraré en lo que sigue. Para ello se requiere una prueba tangible, por lo cual queremos abordar en primer lugar el reino animal. En la destilación de un cuerpo animal, una vez realizada la evacuación de los gases y la separación de todos los principios, se debe apartar, ante todo, la caput mortuum [cabeza muerta] —habiéndola liberado de su sal— junto con la flema, por tratarse de un principio accidental. Posteriormente, lo que queda como residuo suele denominarse con el nombre de espíritu, de aceite…[67]
Página 696 — Del Dr. Johann Joachim Becher.
…de aceite, de sal volátil y fija. Que el espíritu es azufre es algo que ya se ha demostrado arriba: por lo tanto, debes colocar a este, junto con la sal volátil, en la serie mercurial. Pues el espíritu es azufre y la sal volátil es sal mercurial debido a su sutileza y volatilidad, tal como se mencionó antes en la descripción del principio mercurial.
El aceite que flota por encima del espíritu —el cual no carece de agua para su conservación, como comprobarás cuando lo vayas a rectificar— debes situarlo, junto con dicha agua, en el principio intermedio de las propiedades. De este modo, al final obtendrás una sal fija lixiviada a partir de la caput mortuum [cabeza muerta], cuya sal manifestará en su sabor un gran calor de azufre, demostrando que encierra en sí una sustancia sulfúrea. Así pues, separarás el azufre fijo de la sal fija y obtendrás el tercer principio de las propiedades, a saber: una sal fija y un azufre fijo. En el siguiente esquema podrás ver un resumen de todo este asunto según los tres reinos; allí encontrarás tres azufres que, sin embargo, pertenecen a una sola sustancia fundamental, a pesar de que manifiestan una triple propiedad. De ahí se debe deducir la diferencia entre los principios de las propiedades y los de la sustancia fundamental, lo cual también debe entenderse de igual modo respecto a la sal.[68]
Chymischer Rätseldeuter. 697
A \(\begin{cases} \text{1. Der Spiritus des Geblüts:} \\ \text{2. Der Spiritus des Buch-Ampfers.} \\ \text{3. Die schwefliche Blumen.} \end{cases} \left. \begin{matrix} \text{Schweff.} \\ \text{Mercur.} \end{matrix} \right\}\) Merc.
D \(\begin{cases} \text{1. Das flüchtige Salz des Geblüts:} \\ \text{2. Das flücht. Salz des Wermuhts.} \\ \text{3. Das flüchtige mineralische Salz.} \end{cases} \left. \begin{matrix} \text{Salz} \\ \text{Mercur.} \end{matrix} \right\}\)
B \(\begin{cases} \text{1. Oel des Geblüts;} \\ \text{2. Oel des Weins.} \\ \text{3. Metallischer Schweffel.} \end{cases} \left. \begin{matrix} \text{Mittler} \\ \text{Schweffel.} \end{matrix} \right\}\) Schweffel.
E \(\begin{cases} \text{1. Mit dem Oel des Geblüts} \\ \quad \text{vermischt Wasser.} \\ \text{2. Crystallen des Buch-Am-} \\ \quad \text{pfer Salzes.} \\ \text{3. Das salpetrische Salz der} \\ \quad \text{Metallen.} \end{cases} \left. \begin{matrix} \text{Das mitt-} \\ \text{lere Salz.} \end{matrix} \right\}\)
C \(\begin{cases} \text{1. Der Schwefel in dem fixen Salz} \\ \quad \text{der Thiere.} \\ \text{2. Der Schwefel in dem fixen Salz} \\ \quad \text{der Erdgewächse.} \\ \text{3. Der fixe Schwefel der Metallen.} \end{cases} \left. \begin{matrix} \text{Der fixe} \\ \text{Schwefel.} \end{matrix} \right\}\) Salz.
F \(\begin{cases} \text{1. Das fixe Salz derer Thiere.} \\ \text{2. Das fixe Salz der Erdgewächse.} \\ \text{3. Das fixe Salz der Mineralien.} \end{cases} \left. \begin{matrix} \text{Fix Salz.} \end{matrix} \right\}\)
Aus diesem Aufsatz fliest folgende Tabell:
Flüchtiger Schweffel und mercurialisch Salz.
Mittler Schweffel, und schwefflich Salz.
Fixer Schweffel, und saltzig Salz.
\(\begin{matrix}\mathbf{U}\text{rhebungen\ des}&\mathbf{D}\text{er\ Eigenschafft}\\ \mathbf{B}\text{estandwesens}&\mathbf{d}\text{rey}\\ \mathbf{z}\text{wo}&\end{matrix}\)
Xx 5
Dann
Traducción fluida al español
Descifrador de acertijos químicos. 697
| A | Mercurio | ||
| D | Sal mercurial | ||
| B | Azufre | ||
| E | La sal intermedia | ||
| C | Sal | ||
| F | 1. La sal fija de los animales | Sal fija | |
| 3. La sal fija de los minerales |
De esta exposición fluye la siguiente tabla resumen:
Azufre volátil y sal mercurial.
Azufre intermedio y sal sulfúrea.
Azufre fijo (Principios originarios de la propiedad) y sal salina (sustancia fundamental).[69]
Página 698 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…Pues aunque se cuenten tres sales y tres azufres, en la sustancia fundamental solo hay dos de ellos.
A partir del esquema mencionado, el lector químico, y especialmente el que trabaja en el laboratorio, deducirá fácilmente a qué apuntan los filósofos con esta división. Pero para que ningún principiante e inexperto vaya a pensar que las variedades enumeradas en dicho esquema son oscuras o dudosas, y que carecen de fundamento para constituir una prueba principal, quiero examinar todas y cada una de ellas brevemente: en particular, sopesaremos la sal y el azufre mercuriales, designados con las letras A y D en los 3 reinos, y señalados con los números 1, 2 y 3. Por el espíritu de la sangre entiendo un espíritu rectificado de la mejor manera posible, de tal suerte que sea enteramente ígneo y sulfúreo. Que existe un espíritu semejante en todos los cuerpos animales, tras haber realizado la destilación y la rectificación, es algo que ningún químico experimentado negará. En el reino vegetal [de las plantas terrestres], se le suma el aguardiente [Brantwein], el cual es un azufre puro y claro, tal como la llama capturada lo pone de manifiesto ante nuestros ojos. A este ámbito vegetal pueden asociarse todos los espíritus vegetales rectificados hasta el extremo, los cuales son llamados «inflamables» [die Brennende] debido a su naturaleza sulfúrea. Pero para que el lector sepa de dónde proviene la fuerza y el olor de tales espíritus, no le ocultaré que estos espíritus no son otra cosa que un aceite intermedio de un…[70]
Descifrador de acertijos químicos. 699
…de uno que ha sido vuelto poroso, al cual también pueden ser reducidos, tal como se demostrará en el siguiente párrafo mediante la comparación de las propiedades de sus principios originarios. En lo que concierne al azufre de los metales —a saber, cómo este se halla en todos ellos—, se puede apreciar claramente por el hecho de que todos emiten un vapor sulfúreo en el fuego, así como ocurre con los minerales crudos; especialmente cuando se opera con ellos en los procesos de sublimación y evacuación de gases. Ahora bien, este azufre volátil se obtiene de la mejor manera a partir de los minerales metalíferos que aún no han sido tratados ni sometidos a la acción del fuego: por esta razón, las flores [sublimados] obtenidas de ellos se convierten fácilmente en cinabrio. De qué se compone el cinabrio, sin embargo, es algo conocido hasta por el más pequeño estudiante del abecé de la química; motivo por el cual tengo que reírme de la torpeza y la osadía de aquellos que niegan que en los metales haya azufre, siendo esto contrario a las mejores sentencias de los filósofos, a la razón y a la experiencia. Sería de desear que cada uno se dedicara a sus propios asuntos y no negara ni despreciara aquellas cosas que no comprende. Conozco a varios de ellos que hace uno o dos años no entendían lo más mínimo de los asuntos químicos, y ahora niegan todo lo que les viene a la boca: como muestra de ello está el impertinente escritor de las «cosas inexistentes»; e igualmente aquel escritor que se opone recalcitrante a los fundamentos de la verdad, un mero recopilador de textos viejos y desde hace mucho tiempo refutados…[71]
Página 700 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…de objeciones refutadas contra los químicos, a los cuales el testarudo buscador de tres pies al gato suele denominar de tal modo. Por no hablar de otros que, siendo por lo demás bastante doctos, meten la mano con la hoz en una cosecha ajena, cuando en la suya propia tendrían ya bastante que segar.
Regresemos ahora a la sal volátil, sobre la cual ningún artista de la separación [químico] experimentado negará que se encuentra en los animales. Esta es, en verdad, un agua sutilmente congelada; por lo cual también se deshace con gran facilidad ante el fuego y se disuelve por la acción de la humedad. Podrías objetar: ¿Por qué en el reino vegetal [de las plantas] se encuentra tan raras veces una sal volátil en estado sólido, sino que se manifiesta bajo la forma de un agua (denominada por algunos, de manera impropia, una flema; en la medida en que la flema pesada residual se deja distinguir del agua volátil o de la sal volátil disuelta)? Yo digo que la sal volátil es una materia gregaria y afín al azufre volátil, del cual no puede ser separada sino mediante repetidas destilaciones, y aun así no de forma total y absoluta; por esta razón, debido a dicha vecindad, experimenta no pocas alteraciones por parte del azufre. Pues cuando la sal es quemada por este último durante la destilación, adquiere un olor y sabor a chamuscado [das Brentzeln]. Puesto que los azufres mercuriales en el reino vegetal son mucho más cálidos (ya que todos ellos son inflamables, motivo por el cual de cada vegetal se obtiene un espíritu inflamable…[72]
Descifrador de acertijos químicos. 701
…[un espíritu inflamable] pueda ser preparado) y tengan, además, sales volátiles mezcladas consigo; por lo tanto, no es de extrañar que estas se derritan y desvanezcan debido al calor interno del azufre. Esto mismo lo confirma también la práctica en el reino animal: en el cual, si una sal volátil coagulada y sólida se destila repetidas veces, se deshace y se vuelve tan fluida que después ya nunca más se puede obtener bajo una forma sólida o coagulada. La causa es que, mediante el fuego externo, se auxilia, estimula y acrecienta el fuego interno y natural del azufre oculto en el centro mismo de la sal volátil (pues nunca se encuentra la una sin el otro, de modo que no deje de conservar el sello del otro); por lo cual la sal volátil se calienta, se disuelve y jamás se coagula debido a ese calor interno, a menos que sobrevenga un frío mucho más intenso, como en el invierno, cuando todo se congela. Es entonces cuando vemos la prueba de este fenómeno en el aguardiente [Brantwein]. Pues este mismo espíritu, aun cuando no esté del todo rectificado, protege de igual modo al agua mezclada bajo él contra el frío y la congelación; mientras que cualquier otra agua, carente de él, se congelaría de inmediato. Y esta es la diferencia de por qué en el reino animal hay una sal volátil coagulada, pero en el vegetal hay una disuelta; y aunque algunos nos objeten que se trata de una flema, no me importa en absoluto,[73]
Página 702 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…porque la diferencia entre la sal volátil separada de su azufre mercurial (entiéndase, en la medida de lo posible y según lo permita la naturaleza) y la que no lo está, es tan grande como la que existe entre el agua común y el agua destilada. Y esta misma consideración tiene lugar también en el reino mineral: allí donde la sal volátil se vuelve líquida cuando se la junta con el azufre cálido; y si no es así, ocurre todo lo contrario. Que el Spiritus Salis [ácido clorhídrico], Nitri [ácido nítrico], Vitrioli [ácido sulfúrico] y similares son un azufre volátil es algo que nadie negará si tiene una lengua en la boca que pueda sentir el fuego de este azufre; por no hablar de que una mano diestra, con poco esfuerzo, puede separar este azufre de ella en la medida de lo posible. A lo restante, que va incorporado con dicho espíritu, la gente común lo llama flema; pero se equivocan, porque cuando el azufre se separa de ello, aquello se coagula y demuestra ser una verdadera sal volátil. Dicha coagulación ocurre precisamente debido a la ausencia del espíritu sulfúreo cálido, tal como se demostró anteriormente. Yo mismo, de esta manera y por un camino corto, he obtenido más de una vez una sal volátil a partir del Spiritus Vitrioli, y una sal volátil insípida a partir del espíritu de la sal común; porque en el azufre mercurial reside el poder corrosivo y la fuerza de los espíritus. Una vez que este poder se separa de ellos, se puede obtener de cada agente corrosivo una sal de sabor muy suave, tal como se demostrará con mayor extensión en el siguiente título. Que, sin embargo, también…[74]
Descifrador de acertijos químicos. 703
…[Que] en los metales hay una sal volátil se puede demostrar porque se disuelven en ella: a saber, en flores [sublimados] solubles, volátiles y corrosivas. Cómo y de qué manera se extrae de ellos dicha sal volátil es algo que se puede deducir de lo expuesto arriba; concretamente, mediante la separación del azufre mercurial que actúa como la forma configuradora. A esto se suma la autoridad de Basilio Valentín y de otros conocedores de los minerales, así como la experiencia de los mineros, la cual demuestra que en las menas metalíferas es necesaria una sal volátil para la aglutinación y formación de los metales. Sin embargo, la manera de proceder en esto se podría mostrar aquí con pocas palabras si esta labor no estuviera reservada para otro lugar, y si no importara más reservarla para otro fin, en vez de exponerla públicamente a la luz del día de forma temeraria. Esto es todo cuanto hay que decir sobre el principio del Mercurio, el cual algunos se empeñan y comprometen torpemente en defender, esforzándose por extraer un mercurio líquido y corriente [corredizo] de todos los cuerpos; pero no hacen más que charlatanería, dado que ni el azufre mineral ni el mercurio líquido mineral pueden considerarse un principio simple y puro de la sustancia fundamental. Pues hay una gran diferencia entre el mercurio común y la materia prima de los metales: porque esta última es un principio simple; mientras que el primero se compone de una mezcla de azufre y sal, igual que los demás cuerpos, tal como lo demuestra su descomposición analítica.[75]
Página 704 — Del Dr. Johann Joachim Becher
Sigue ahora el azufre junto con la sal, designados con las letras B y E; cuyos ejemplos se han propuesto en los tres reinos, 1, 2 y 3: el animal, el vegetal [de las plantas] y el mineral. Por el aceite de la sangre entiendo aquel aceite que flota por encima del agua, al cual pueden asociarse todas las grasas que sobrenadan en el agua. Y no encontrarás ningún cuerpo animal que no produzca una clase semejante de aceite, aunque huela mal debido a la acción del fuego [combustibilidad]. En los vegetales, en cambio, no ocurre de la misma manera, ya que poseen una cohesión o unión más fuerte; por esta razón, sus aceites no adquieren tan pronto un olor a chamuscado ni se vuelven rancios. Es ciertamente sorprendente que no se halle ningún vegetal que, al ser destilado, no ofrezca un aceite intermedio de este tipo. Se le denomina «intermedio» precisamente porque no es ni volátil ni fijo. No es fijo, pues de lo contrario no flotaría sobre el agua; tampoco es volátil, ya que de ser así pasaría a través del cuello de la retorta [el yelmo] del mismo modo que los espíritus. Queda, por lo tanto, diferenciado tanto del aceite volátil como del fijo. Cómo y de qué manera se prepara un aceite tal a partir de las piedras es algo que enseñará el título séptimo. Pues has de saber que todos los cuerpos que pueden ser reducidos a una cal [ceniza de calcinación] emiten de sí un aceite graso e inflamable cuando dicha cal es separada de ellos de la forma debida; porque incluso en la cal común hay un azufre que chisporrotea en el crisol como el tocino, lo cual ha sido observado por algunos no sin un feliz resultado…[76]
Descifrador de acertijos químicos. 705
…[buen] resultado se emplea contra el cáncer de mama. Queda por examinar, sin embargo, si los metales poseen un azufre intermedio. De lo anterior se desprende que tienen un azufre volátil: no hay ningún metal del cual este no pueda extraerse, ya sea en forma de flores [sublimados], en la preparación del cinabrio, o mediante la sublimación con salmiac [cloruro de amonio] o con lejías. Si después de esto se procede a operar con el metal que ha sido privado de dicho azufre volátil, empleando especialmente la «extracción simpática» —es decir, mediante un menstruo graso como el Spiritus Terebinthinæ [espíritu de trementina] o similares—, verás cómo este se tiñe de muy diversos colores según la variedad de los metales. Esta tintura proviene ciertamente del azufre; porque cuando se la condensa [inspisita] y se la evapora hasta espesar, no nos deja ningún residuo salino, sino que permanece como un azufre seco. Pues así como los aceites intermedios en el reino animal son sutiles, fuertemente penetrantes y, por ende, puros; de igual modo en el reino vegetal son algo más espesos; pero en los metales, al ser estos cuerpos terrenos, son por completo secos, y debido a su gravedad y cohesión molecular no flotan sobre el agua, sino que se hunden hacia el fondo; tal como se puede apreciar en el azufre del antimonio [vidrio de antimonio], del vitriolo y de otros minerales, así como en los metales comunes. Esta triple disparidad en los restantes principios originarios de la sustancia fundamental, según las…[77]
Página 706 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…los tres reinos también tiene lugar: siendo las variedades animales más sutiles que las vegetales [de las plantas terrestres], y estas últimas, a su vez, más penetrantes que las metálicas.
Resta ahora, pues, que tratemos de la sal intermedia. Se ha mencionado con frecuencia que por «sal» no entendemos ni la sal común de gusto picante, ni una materia que se halle en todo momento en estado sólido o coagulado. Esto mismo debe estipularse de antemano en este lugar, especialmente para el reino animal; allí jamás verás una sal intermedia en estado sólido debido al calor, sutileza y poder penetrante del aceite que se halla mezclado con ella, tal como se discute más ampliamente al tratar de la sal volátil. No obstante, esta sal se adhiere firmemente al aceite mismo bajo la forma de un agua, tal como la práctica demostrará durante la rectificación de dicho aceite. En el reino vegetal, en cambio, encontrarás esta sal en forma de cristales en algunas plantas —a saber, aquellas dotadas de una menor cantidad de aceite y de naturaleza menos ígnea— mediante los puros procesos de expresión [prensado] de la hierba, filtración [colado] y evaporación [exhalación] hasta alcanzar el espesor adecuado; tal como se deja ver en la acedera [Buch-Ampfer] y similares. A esta sal la llamamos, con justicia, una sal tartárica y nitrosa, porque los vegetales se transforman en vinagre en proporción a la cantidad que contienen de ella, y no existe vinagre alguno que no esté saturado de esta sal. Por esta razón, como se ha dicho, con mucha frecuencia esta sal se obtiene de los cuerpos bajo la forma de vinagre, incluso durante la propia destilación. Que, sin embargo, también…[78]
Descifrador de acertijos químicos. 707
…[que] se produzca esta sal intermedia en los metales, ciertamente nadie lo comprenderá a menos que entienda el uso del azufre y del mercurio; con los cuales, a modo de herramientas, no solo se pueden extraer las sales intermedias y el azufre de los metales, sino que también se transforman en vitriolos. A partir de estos, y con muy poco esfuerzo, se pueden preparar verdaderas sales ácidas y nitrosas que resultan muy beneficiosas para el cuerpo humano en caso de inflamaciones; tal como ocurre con el vinagre de antimonio [Spießglas] y de otros minerales, cuya sal ácida y deliquescente [soluble] se manifiesta en forma de cristales, poniéndonos ante los ojos un magnífico ejemplo.
Me dirijo ahora hacia el último principio originario de la sustancia fundamental: a saber, el azufre y la sal fijos, designados en el esquema con las letras C y F a lo largo del triple reino, 1, 2 y 3. Que existe una sal fija es algo que ningún químico negará si lixivia la caput mortuum [cabeza muerta] de un cuerpo. Por sal fija, sin embargo, no entendemos una fijeza que sea idéntica o absoluta en todos sus cuerpos. Pues, tal como se mencionó anteriormente, existen ciertos rangos en los reinos dentro de lo denso y lo basto; e igualmente existen determinados grados en los reinos antes referidos. Porque ninguna sal fija animal iguala en su fijeza a una vegetal, ni esta última a una metálica. Por lo tanto, en este lugar llamamos «fijo» a aquello que, dentro de su propio reino y esfera, es más fijo en comparación con los demás componentes. Que, sin embargo, también esta sal, que en…[79]
Página 708 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…[que] se encuentra en las cenizas de los cuerpos, sea más fija que las otras, se demuestra por el solo hecho de que no pasa a través del cuello de la retorta [el yelmo] sino con gran fuerza y extrema dificultad; mientras que las otras sales, a saber, la volátil y la intermedia, se pueden llevar a ello con muy poco esfuerzo. Pues en el arte de la química llamamos «fijo» a aquello que no huye del fuego, y cuanto más tiempo lo resiste, tanto más fijo se le considera; tal como se explicará con mayor extensión en el título séptimo bajo los enunciados correspondientes. Que en los metales existe una sal fija de este tipo lo demuestran a ojos vistas los vidrios, las cales [óxidos] y también los vitriolos de los mismos.
En lo que concierne al azufre fijo, nadie que reconozca la naturaleza de los azufres a partir de los experimentos y de su gusto ígneo negará que se halla en su interior, sobre todo cuando estos son fijos. Pues ese mismo picor ígneo [aspereza] de la sal no proviene de la naturaleza propia de la sal, sino del azufre que se encuentra presente junto a ella; por lo tanto, tales azufres también deben llamarse fijos, porque se adhieren con total firmeza a las sales fijas y soportan esa misma fijeza en el fuego; es más, aumentan junto a ella bajo la acción del fuego. Que en los metales existen azufres fijos lo dan a conocer igualmente los vidrios de los metales o los filisteos; de manera especial cuando ese mismo azufre fijo es extraído de ellos junto con la sal; en los demás cuerpos, en cambio, lo demuestra la cal ígnea de cada cuerpo…[80]
Descifrador de acertijos químicos. 709
…cal [ceniza de calcinación] manifiesta de sobra, por medio de sus propiedades, qué clase de azufre encierra en su interior. Y no tienen mucho que parlotear algunos al sostener que estas propiedades les son impresas a los cuerpos por obra del fuego o del agua. Pues aquí solo se hace mención de los azufres y de las sales; los cuales, en caso de haber sido fabricados artificialmente por la preparación [de laboratorio], tendrían que haber sido provistos en su momento por aquellos mismos medios de los que se vale la preparación, a saber: el fuego y el agua. Puesto que por medio del fuego los cuerpos son destilados o calcinados, mientras que con el agua son lixiviados, extraídos y disueltos. Ahora bien, que es imposible que a partir del fuego se engendre agua es algo que enseña su propio principio opuesto; pero más imposible aún es que el aceite le sea aportado a los cuerpos a partir del fuego. Pues el aceite se quema: de este modo, el fuego es sustentado por el aceite, y no el aceite por el fuego. En caso de que alguien, durante la calcinación de los cuerpos (donde se opera con ellos en el fuego), pretendiera opinar que los cuerpos han adoptado una naturaleza sulfúrea debido a esa misma oleosidad ígnea, que nos aclare por qué esa supuesta oleosidad o naturaleza sulfúrea sobrevenida no se consume en el propio fuego antes de ser aportada; dado que el fuego también destruye, arruina y consume cualquier otro aceite. Sí, nos gustaría mucho saber de qué manera y bajo qué forma el fuego podría transportar la oleosidad sin destruirla. Ciertamente no negamos lo que, por naturaleza,…[81]
Página 710 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…el azufre y el aceite implantados por la naturaleza en los cuerpos sean sustentados y avivados por el fuego elemental común y externo; esto ocurre no por una mera yuxtaposición [adición externa], sino por una alteración, cocción y una mayor dosificación [asimilación].
En lo que concierne al agua, no son pocos los que sostienen que, cuando se opera con ella sobre los cuerpos, estos adquieren por esa vía cierta oleosidad y salinidad, dado que es bien sabido que toda agua lleva consigo algo de aceite y de sal. Sin embargo, un carro entero lleno de agua apenas dará unas pocas onzas de aceite y no mucha más cantidad de sal; mientras que un carro lleno de lejía de ceniza proporcionará varios quintales de sal. Por lo tanto, esta objeción es bastante endeble. De igual modo, nada impide que algunos sabelotodos se asombren con sorna sobre la coagulación de las sales, atribuyendo dicho fenómeno mucho más al frío circundante que al agua misma. Pues el frío condensa el aire que ha sido vuelto poroso; por lo cual el cuerpo, para que no quede ningún espacio vacío, se comprime necesariamente de forma más estrecha entre sí y, por ende, se congela. Esto debe entenderse respecto a las verdaderas sales, concretamente aquellas que han sido privadas de su azufre. Las sales comunes están coaguladas y unidas, por su propia naturaleza, a partir de su azufre. Y esto es todo cuanto hay que decir sobre este párrafo.[82]
Descifrador de acertijos químicos. 711
§. 3.
Qué propiedades específicas poseen los tres ya mencionados principios originarios de las propiedades, y cómo se comparan y alteran entre sí.
Habiéndose explicado la naturaleza de los tres referidos principios originarios, queremos considerar ahora las propiedades y características particulares que los químicos les atribuyen. De lo anterior se desprende, tal como sostienen los químicos, que todos los cuerpos constan de azufre y sal en cuanto a su sustancia fundamental. Sin embargo, el párrafo precedente ha demostrado que estos principios de la sustancia fundamental se diferencian bajo una triple propiedad. Resta ahora, pues, que interpretemos qué clase de naturaleza y qué tipo de función [obra] se asigna a cada parte, y de qué manera ocurre esto; asimismo, cómo estos tres ya mencionados principios originarios coinciden entre sí al alterarse, y cómo se opera con ellos mediante el arte [químico].
Al principio originario del Mercurio —a saber, al azufre y a la sal mercuriales— le atribuyen el color, el olor y el sabor más sutiles; denominan al Mercurio un espíritu [Spiritum] y la vida de las cosas. Que el color más sutil sea asignado al principio mercurial es algo que no considero injusto; puesto que vemos públicamente que cuando…[83]
Página 712 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…cuando estos [los principios] se evaporan de los vegetales, vemos cómo desaparece el color más hermoso, especialmente en las flores. Es indudable que el color reside en el azufre mercurial; porque cuando este cesa, o cuando el calor se altera y se apaga, dicho color decae de inmediato, dejando tras de sí únicamente una base áspera y basta. Puesto que el azufre mercurial es sumamente intolerante al fuego y se altera con la más mínima variación de calor, es inevitable que su color sea también en extremo mudable y propenso a transformarse según las variaciones de su propio azufre; todo lo cual se ajusta a la perfección a la naturaleza del color más sutil de las cosas. A esto se suma el hecho de que no se halla ningún color cuya base subyacente no sea grasa, oleosa e inflamable. Cabe advertir que por «azufre», en todas las atribuciones, se entiende en todo momento la forma [Gestalt]; mientras que por «sal» se entiende la materia [Materi]. Por lo tanto, en este caso, la base material del color sutil es la sal volátil, mientras que la forma configuradora es el azufre volátil. Que existe un color sutil tanto en los animales como en los metales (los cuales, todos y cada uno, como se ha demostrado arriba, encierran en su interior azufres mercuriales) es algo de lo que da testimonio la experiencia, especialmente en el oro, el vitriolo y el antimonio [Spießglas]. Pues el azufre mercurial del oro, junto con su color sutil, que es amarillo, se extrae con muy poco esfuerzo; y el oro puede volver a recibir dicho azufre, junto con su color, a partir del antimonio o del vitriolo. Asimismo, se debe advertir…[84]
Descifrador de acertijos químicos. 713
…[y que] no se produce, por tanto, ninguna destrucción del cuerpo debido a la pérdida del azufre mercurial, aun cuando este carezca ya de las propiedades y atribuciones propias de dicho azufre mercurial.
Que al principio originario mercurial se le asigna un olor más sutil es algo que ya hemos mencionado arriba, y no sin un sólido fundamento; porque un cuerpo que ha sido privado de su azufre mercurial queda despojado absolutamente de todo olor. Esto lo hemos comprobado en las flores, en las cuales, cuando el azufre mercurial se destruye junto con el color sutil, cesa también el olor. Puesto que el azufre mercurial es un azufre que ha sido vuelto poroso [esponjoso], posee una naturaleza mucho más penetrante que los demás; razón por la cual emite vapores con facilidad y arrastra consigo aquel olor que se atribuye al azufre o al aceite. ¡Sí!, todos los olores poseen como base subyacente una grasa, la cual, al evaporarse en épocas de calor, hace que huelan con mayor intensidad. En tercer lugar, se desprende de su propia naturaleza el porqué atribuyen el sabor más sutil a este principio originario. Dado que cada sabor varía y se transforma según los grados de su condición ígnea, resulta fácil deducir de ello que el sabor más sutil reside en el azufre mercurial a modo de un fuego penetrante; lo cual podemos experimentar, por encima de todo, en el vino: cuyo poder penetrante sobre la lengua consiste precisamente en su sal y azufre mercuriales. Pues cuando…[85]
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…cuando estos [los espíritus] se separan de él, lo restante ya no tiene el gusto del vino, sino un sabor insípido [como a gotas de agua] o puramente neutro. En este lugar conviene saber qué es la causticidad [corrosión o Etzung] y a qué principio originario debe atribuirse. Yo digo que la causticidad es un azufre y una sal en extremo porosos [esponjosos], volátiles y mercuriales, los cuales, con su poder penetrante y su ígnea naturaleza sulfúrea, queman y corroen la lengua y los cuerpos. Que esta causa de la corrosión es el azufre mercurial lo demuestra el propio agua fuerte [Scheid-Wasser], cuyo azufre mercurial, cuando precipita, pierde de inmediato todo su ardor ígneo y su poder corrosivo. Ahora bien, este precipita mediante la fijación [Figirung] del azufre mercurial; y dicha fijación ocurre, a su vez, por la condensación [espesamiento] del mismo. Esta condensación se produce mediante un enfriamiento interno, el cual es provocado por las sales con las que se preparan las lejías que se vierten en el agua fuerte. Pues, por medio de estas lejías, el azufre mercurial se fija de inmediato, y el agua fuerte pierde todo su poder corrosivo. De ahí resulta claro y manifiesto que la corrosión ocurre por obra del azufre vuelto poroso. Y esta es la razón por la cual a partir de cualquier azufre mercurial o espíritu, cuando se le vuelve en extremo poroso mediante repetidas destilaciones, se puede obtener un gran agente corrosivo; naturaleza bajo la cual debe considerarse también al aguardiente [Brantwein], en tanto que azufre mercurial y poroso del vino. De esto se ha de reconocer que el sabor…[86]
Descifrador de acertijos químicos. 715
…el sabor consiste en una condición ígnea; y esta última se halla encerrada en el azufre y en la sal volátiles.
El hecho de que, finalmente, los químicos atribuyan a este principio originario una espiritualidad, un desarrollo y una vitalidad [fuerza vivificante] no lo hacen de forma desacertada. Pues la experiencia enseña que, cuando este principio está ausente, ninguna forma de la naturaleza se imprime por completo. Y esto mismo testimonia también que en este principio reside una parte no pequeña de la fuerza plástica [Bildkrafft]; puesto que la sal volátil, con mucha frecuencia, durante la destilación del cuerpo del cual emana, reproduce un sutil diseño material y una silueta de este: tal como enseñaremos más abajo, de forma más detallada, al tratar de la sal fija.
Como conclusión, conviene saber que todos los químicos atribuyen las propiedades de los espíritus materiales —a saber: el olor, el color y el sabor en el grado más alto de su sutileza— a este azufre y sal volátiles; dado que, con fundamento en la verdad, cualquier espíritu destilado se compone de ellos: de ahí provienen tanto su poder penetrante como su fragancia.
Me dirijo ahora hacia el principio originario del azufre, concretamente al segundo principio de las propiedades, al cual le asignan el resto de los colores, el sabor un tanto apagado [insípido o romo], así como también el olor. A este principio originario lo denominan el alma [Seel], el bálsamo [Balſam] y la cola [Leim] de los cuerpos.
Que el color se atribuye de la mejor manera posible al aceite o azufre intermedio es algo
Página 716 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…de dudar; puesto que, cuando este se retira del cuerpo, se desvanece al mismo tiempo el color innato y natural de dicho cuerpo. Esto lo demuestran las extracciones de este color junto con el azufre, ya que el color permanece adherido al azufre extraído; el cuerpo, en cambio, del cual se ha extraído el azufre, queda privado de tal color. De igual modo, no todos los colores intermedios pueden ser separados de su azufre, sino que permanecen unidos de forma totalmente rígida y firme a él; es más, no se queman de otra manera que el propio aceite del que forman parte.
Al azufre intermedio le atribuyen un sabor un tanto apagado [denso o dusamen], porque está en cierta medida condensado [espesado], y no es tan espiritual, poroso y penetrante como lo es el azufre mercurial. Por esta razón, tampoco puede poseer un poder penetrante; no obstante, proporciona el fundamento y la diferenciación del sabor. Pues, según sea la mezcla de este azufre con su sal, se originan también diferentes sabores: acres, amargos, salados, dulces y mixtos. Puesto que, al igual que se dijo antes, en la tercera parte de mi Metallurgia también se ha demostrado con total sobreabundancia que el sabor proviene del azufre; porque, de acuerdo con la alteración de este azufre, cambian a la vez los colores, los olores y los sabores, tal como nos lo manifiesta y hace saber la experiencia diaria. Dado que nosotros, cuando operamos con el azufre, mediante el arte [químico] damos a las flores diferentes…[87]
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…[diferentes] colores; y al alterar este mismo [azufre], se provocan diferentes sabores, modificándolos y transmutándolos unos en otros.
Sobre el olor no es necesario gastar muchas palabras, puesto que es evidente [está claro como el día] que todo aceite huele. Pero huele debido a que una parte del aceite se halla en estado poroso [esponjoso] y volátil. Por lo tanto, con muy poco esfuerzo, cualquier aceite destilado puede ser vuelto poroso y volátil, de tal suerte que, a modo de un espíritu, emita un vapor sumamente fuerte; mientras que, por el contrario, cualquier azufre mercurial puede condensarse [espesarse] mediante la digestión de tal manera que se transforma en un aceite intermedio y flota sobre el agua. Por consiguiente, el olor del agua de rosas no debe atribuirse a otra cosa que a esa misma porción de aceite vuelto poroso; el cual, si se condensa y se separa de ella, pierde absolutamente todo olor. Esta es también la causa de por qué las rosas, al ser destiladas, producen tan poca cantidad de aceite intermedio, a saber: de aceite destilado que flote sobre el agua. Pero sobre esto se hablará en lo que sigue, al tratar de la alteración de estos principios.
El porqué los químicos llaman a este principio originario de las propiedades —a saber, al azufre intermedio— el alma [Seel] y el bálsamo de la vida [Balsam des Lebens], posee un fundamento suficiente. Porque de igual modo que el alma preserva y mantiene unido al cuerpo en su estructura molecular [cohesión] mediante el calor y la humedad adecuados: así también este azufre intermedio, actuando como un bálsamo y una mumia, mantiene cohesionado con su pegamento [Leim] el andamiaje entero y la sustancia…[88]
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…sustancia fundamental de los cuerpos. Porque cuando este azufre se evapora y se desune, toda la materia y la forma del cuerpo se desmoronan por completo [caen en un montón] y se corrompen. Que esto es verdad lo demuestra la experiencia. Pues si este aceite intermedio se retira de los cuerpos, todo el andamiaje esencial y la forma colapsan. Porque este es el azufre que aglutina [anleimt, pega] y configura la materia; cuya base es la sal fija y el azufre fijo, y cuyo refinamiento supremo es la sal y el azufre mercuriales.
Me dirijo ahora hacia el último principio originario de las propiedades: a saber, la sal. A esta le asignan los filósofos el último grado del color, del olor y del sabor; además de esto, la denominan el cuerpo [Cörper].
En lo que concierne al color, aunque las sales fijas suelen tener por lo común una apariencia dispar —a saber, un color blanco o, cuando el azufre ha sido extraído de ellas, un color rojo, siendo así diferentes del color propio del cuerpo original—, no obstante, proporcionan el fondo y la base [Grund] para el color mercurial y sulfúreo. Esto ocurre de la misma manera en que el color blanco o el color de la ceniza sirve a los pintores como imprimación, sobre la cual, por ser la más excelente, pintan toda clase de colores y, finalmente, la adornan por encima con matices cromáticos; todo lo cual sucede de igual modo con el triple color de los tres principios originarios de los azufres. Pues el color del azufre fijo sirve como fondo; el color del azufre intermedio…[89]
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…[el azufre intermedio sirve] para la pintura del cuerpo mismo; y, finalmente, el color del azufre mercurial sirve para el adorno y realce superior. Esto constituye, verdaderamente, una grandiosa y admirable configuración y pintura de la naturaleza.
En lo que concierne al olor, conviene saber que este se halla aquí en su grado más bajo. Puesto que el olor es un azufre vuelto poroso, pero en este principio fijo de las propiedades el azufre esencial de la sustancia se encuentra condensado [espesado], resulta fácil de comprender que el mismo no pueda oler con fuerza; no obstante, compensa en el sabor lo que le falta en el olor. Pues dado que el azufre, en este caso, es más fijo que los otros dos, produce un ardor ígneo que no es penetrante, sino más fuerte y sordo [apagado o stumpffer] que el de los otros azufres, y contrae la lengua: tal como se deja comprobar a través del gusto en todas las sales fijas.
Por último, denominan a este principio originario un «cuerpo» [Cörper], y esto es así porque es la morada y el lazo del alma, a saber, del ya mencionado azufre intermedio; y también porque imprime al cuerpo su configuración final y su consistencia fundamental. De ahí provienen, según la variedad de este principio originario, las diferentes condiciones de los cuerpos: que sean largos, pequeños, gruesos, esbeltos [delgados], duros, blandos, lisos, rugosos, y, en fin, muchas y muy diversas cualidades. Por lo cual, en lo que atañe a la forma externa, este principio coincide no poco con la sal volátil, cuyo comportamiento…[90]
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…[el cual] imprime el primer sello a la materia: la función de este principio originario [la sal fija], en cambio, es endurecer, perfeccionar y dar el acabado final a dicho sello. Y para que nadie piense que atribuimos aquí la configuración final a este principio de manera arbitraria y sin el respaldo de otros, quiero citar lo que el muy erudito señor Dr. SCHRÖDER afirma (en el prefacio de la Pharmacopoea Spagyrica, en su quinta parte, a saber, la Zoologia); concretamente, lo que el excelente varón JOHANN DANIEL HORST, profesor público de Medicina en la Universidad de Marburgo, le escribió en una carta. Adjuntaré aquí literal y fielmente el texto del escrito de HORST, tal como él lo cita en el lugar mencionado.
«En lo que atañe a la fuerza plástica [formativa] latente, en verdad el señor Dr. GEORG MOLTER, médico en Wetzlar, ha relatado a menudo que vio —y no solo una vez— una ortiga plasmada en el interior de un trozo de agua congelada.
Poseo una sal de ajenjo con la ayuda de la cual (digo la verdad) puedo poner ante sus ojos el ajenjo entero. A lo cual el autor añade también el hecho de que, mediante una operación determinada, la sal volátil de ajenjo, al ascender y quedar adherida a las paredes del yelmo del alambique, reproduce de forma evidente la silueta de su propia hierba». Esto es lo que el señor Dr. SCHRÖDER sostiene en el lugar citado. Esto mismo lo confirma SENNERT, basándose en QUERCETANUS y en un erudito polaco; como también…[91]
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…[y] también a partir de LIBAVIUS. Esto mismo lo atestigua VIGENÈRE EL GALO en un tratado francés, De Igne & Sale [Del fuego y de la sal], en el folio 262. El ya mencionado Dr. SCHRÖDER escribe en el lugar citado que, durante su estancia en París, un hombre valeroso, un doctor en Medicina llamado CERTAIN, le relató cómo en la maceración de las cenizas de cangrejos —tanto perfectos como imperfectos— que flotaban en ese mismo líquido, así como, de igual modo, en el agua destilada de freza [huevos] de rana, las siluetas de estos animales se dejaron ver en varias ocasiones. Esto mismo lo confirma el ya referido Dr. HORST. Lo cual también ratifican ROBERT FLUDD (de Fluctibus) en sus escritos y el muy respetable filósofo inglés Dr. DIGBY en su Dissertatio de rerum Vegetatione [Disertación sobre la vegetación de las cosas]. Cuando estuve en Breslavia y entablé relación con el muy experimentado Dr. SCHEFFLER, este me contó que poseía una sal fija que, al ser expuesta al calor dentro de un recipiente de vidrio, formaba toda clase de pequeñas montañas y otras figuras. En una ocasión en que yo mismo destilaba cuerno de ciervo, se acumuló una sal volátil en los laterales del recipiente receptor que reproducía, de la manera más natural posible, la silueta de los propios cuernos de ciervo. Que esta fuerza plástica [formativa o Bildungs-Krafft] reside tanto en la sal y el azufre volátiles como en los fijos, es algo que se demuestra tanto en la tercera parte de mi Metallurgia como en el…[92]
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…química [Scheid-Waſſer o arte de separar] se demuestra con total claridad: cuando, durante la preparación del así llamado «Árbol de los Sabios» [Baums der Weiſen], este reduce el mercurio a una estructura ramificada en forma de árbol; cuya fuerza plástica [Bildungs-Krafft] debe atribuirse, en su mayor parte, al azufre del salitre y del vitriolo. Esto mismo, confirmado tanto por la experiencia práctica como por la autoridad de los escritores antes citados, es puesto en duda (y no de forma muy encomiable) por HEINRICH MEIBOM en el prefacio a la obra Corpus Gloriosum de Spizelius, llegando finalmente a negarlo por completo. No obstante, dado que no dudo de que tendrá más peso la autoridad de quienes lo afirman que la lógica de este que lo niega, no veo razón alguna por la cual deba conducirse hacia la verdad, mediante abundantes pruebas, a aquel que se aparta de ella y que con empeño no desea aportar nada en su favor. Entretanto, consideremos suficiente lo que se ha expuesto sobre este párrafo.
§. 4.
De qué manera los tres ya descritos principios originarios de las propiedades concuerdan entre sí y cómo se transforman.
En primer lugar, conviene saber si los azufres se pueden unir con la sal: esto es, los aceites con el agua. Yo respondo que sí; en la medida en que vemos que las fábricas de jabón [Seyffen-Werck] realizan dicha labor, puesto que el jabón une lo aceitoso con lo acuoso; de igual modo que todas las sustancias puramente pulverizadas…[93]
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…[y] pulverizadas hacen esto: especialmente cuando los aceites se digieren por un tiempo en la humedad de una sal fija, o cuando se coloca en digestión un aceite destilado junto con un Oel per deliquium [aceite por delicuescencia]. Pues en ambos casos adquieren una naturaleza intermedia, a saber: una condición jabonosa [geſeyffte] que se mezcla con toda clase de aguas. De ahí que la laboriosa naturaleza pueda producir muy diversas maravillas. Puesto que esto ya no requiere de mayor disputa, consideremos ahora si los azufres mismos se pueden transformar unos en otros. En este punto debemos excluir a los diferentes azufres de los reinos; pues ni a partir de los azufres animales se pueden obtener vegetales, ni a partir de estos últimos se pueden preparar minerales, tal como sueña GLAUBER, ni se pueden disponer por medio del arte. Entendamos, por lo tanto, la transformación de dichos azufres entre sí únicamente dentro de su propio reino. Por ello pregunto aquí: ¿Puede un azufre mercurial transformarse en un azufre intermedio, y puede este intermedio, finalmente, convertirse en uno fijo? Yo digo que sí: que puede, y que esto ocurre tanto de manera natural como por medio del arte [químico]. Pues la diferencia entre la volatilidad, la fijeza y la condición intermedia radica en la porosidad [liviandad], la condensación, la cocción y la dosificación; todo lo cual el arte puede lograr y transformar tanto a través del fuego como de la humedad. Por lo tanto, no es de extrañar que incluso a partir de las sales y azufres más fijos se obtengan espíritus, bien que con el uso de una gran fuerza del fuego…[94]
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…[con extrema] fuerza, se extraen; por el contrario, todos los espíritus sutiles apenas se dejan fijar de nuevo. Si digieres el aguardiente [Brantwein] o lo destilas [abstraes] sobre una sal, verás cómo su azufre mercurial pasa finalmente a una naturaleza intermedia, a saber: una aceitosa; lo cual también debe entenderse de igual modo para los restantes espíritus. Es, verdaderamente, una gran muestra de sensatez y de ciencia el ser capaz de transformar adecuadamente sus principios originarios con moderación y sin la destrucción total de las cosas. Para qué utilidad deba explorarse la naturaleza de los cuerpos es algo que debe ser fundamentado: a saber, cuál es la piedra imán [Magnetſtein] de los cuerpos; cuál es su lazo; y cuál es la causa de su perfección y de su desmoronamiento. Pues si sopesas esto rectamente, verás maravillas en el arte de la separación [la química] de las cosas, y no te será difícil provocar la transmutación [metamorfosis o Vergeſtaltung] de las mismas. Pero sobre esto queremos tratar con mayor extensión en los títulos sexto y séptimo.
En este lugar conviene saber, como conclusión, que puesto que cada uno de los tres ya mencionados azufres se deja intercambiar por otro —bien que dentro de su propio reino—, no se ha de dudar de que los mismos se encuentran en los cuerpos; lo propio ocurre también con las sales. Yo, a decir verdad, no quiero empeñarme aquí demasiado en discutir si estos tres principios existen realmente en todos los cuerpos. Pero esto sí lo concluyo firmemente: que el principio originario del azufre de la sustancia fundamental se halla en todos los cuerpos, y que este se manifiesta en estos tres grados…[95]
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…[en estos tres] grados se deje alterar. Se hablará más de esto en las adiciones.
De qué manera y bajo qué forma los sabores, los olores, los colores y otros accidentes de los cuerpos —a saber, la volatilidad y la fijeza, así como la gravedad y la ligereza, e incluso, finalmente, la configuración de los cuerpos— pueden ser alterados, transmutados, destruidos y perfeccionados por medio de estos tres principios originarios de las propiedades (a saber: el Mercurio, el Azufre y la Sal), es algo que explica en parte la tercera sección de mi Metallurgia; y lo exponen detalladamente, y con no pocas muestras, los títulos cuarto, sexto y séptimo.
§. 5.
Para qué utilidad sirve la ciencia de los tres principios originarios de la sustancia fundamental.
Respuesta: Para una doble utilidad; una física [de la historia natural] y otra médica [farmacéutica]. Al conocedor de la naturaleza le sirve la ciencia de estos tres principios originarios para que comprenda la cohesión molecular [estructura] de los cuerpos, y para que sepa cómo abrir [disolver] y coagular adecuadamente dicha estructura; es más, para transmutar los cuerpos entre sí según su voluntad. Pues ese mismo es el fin de esta noble ciencia del arte de la separación. Por esta razón, ella ha recibido también su nombre a partir de la palabra griega σχίζω [schizo], que significa «yo separo» [o hiendo]. Podrías objetar que es una…[96]
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…ligera tarea [fácil esfuerzo] disolver los cuerpos, destruirlos y alterarlos, puesto que estos hacen tal cosa por sí mismos y por su propio impulso. Yo, sin embargo, digo todo lo contrario; sí, es en verdad sumamente difícil, respetando el desarrollo y la perfección del cuerpo, disolverlo, purificarlo y volverlo a acoplar [reunir] correctamente; y culminar toda esta labor con verdadera utilidad. Existen muchos parásitos, muchos embaucadores, estafadores y sopladores de carbón [Kohlenſchürer]; en fin, muchos destructores y verdugos [Hencker] de los cuerpos naturales, que no son anatomistas ni verdaderos artistas de la separación [químicos], los cuales sepan separar los cuerpos según sus principios originarios y unirlos de nuevo de acuerdo con las reglas de la naturaleza. Muchos de tales socios, digo yo, se encuentran por ahí: pero cuán alejados están de esta ciencia y del conocimiento de sus principios es algo que sus propias obras ponen de manifiesto, a través de las cuales podréis conocerlos: a saber, por los frutos que muestran ante los ojos aquellos cuerpos que han sido tratados con su cuchillo de desollar [Schind-Meſſer]. Encontrarás a muchos hombres eruditos, además de los aristotélicos, que conocen o inventan innumerables causas de las cosas; pero sobre de qué manera se debe abrir [disolver] debidamente un cuerpo, purificarlo [o alcalinizarlo], hacerlo volátil, sublimarlo [erhöhen], consumarlo y, en fin, proceder con ellos según las reglas de la naturaleza, de eso no saben absolutamente nada, y enmudecen ante tales asuntos; visto que en la filosofía natural aristotélica no se halla lo más mínimo de estas cosas.[97]
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…Pues tales filósofos de pacotilla [aficionados] opinan que solo ARISTÓTELES fue inteligente; razón por la cual desprecian todo aquello que no se encuentra en sus escritos. Y es que se avergüenzan de ser capaces de hacer lo que su maestro no supo hacer. Mi consejo sería que, a la filosofía natural de ARISTÓTELES, se le añadiera la doctrina de la separación y la unión de las cosas [la química]; de este modo, no se dejaría tan de lado aquella parte de la física que constituye el fundamento y la base de los fenómenos más ingeniosos y de los efectos naturales más dignos de reflexión.
A la medicina, ciertamente, los fundamentos del arte de la separación le son de la mayor utilidad posible. Puesto que las enfermedades que se manifiestan en nuestro cuerpo se originan, en su mayor parte, a partir de la corrupción de la sangre y de los restantes humores. Pero, ¿cómo va alguien a comprender debidamente esta corrupción si no reconoce la sustancia fundamental que les sirve de sustrato? Que todos los humores, la carne misma y la sustancia de los huesos constan de los ya mencionados principios de la sustancia y de las propiedades —a saber, el azufre y la sal— es algo que enseñan el fuego y Vulcano, el artífice de la anatomía [química]. A partir de la alteración de estos principios se producen muy diversas y peligrosas transformaciones y estragos en el cuerpo humano; a los cuales, con certeza, nadie puede poner remedio de acuerdo con el arte si no comprende los primeros principios materiales de los cuerpos y sus accident[es]…[98]
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…[sabe cómo] transformar los accidentes. Pues al enfermo no se le ayuda únicamente con el nombre de la enfermedad; ni tampoco los puros nombres constituyen las causas de las dolencias del paciente. Muchos hablan de las inflamaciones, muchos de la putrefacción de la sangre, del destemplamiento del cerebro y cosas similares. Sin embargo, de dónde brotan tales causas es algo que, por mucho que charlataneen y culpen a esto o a aquello, no logran acertar; por no hablar de que aquello que ignoran terminan atribuyéndolo, finalmente, a una cualidad oculta e imaginaria. Mas para que yo demuestre la utilidad en la práctica médica de los principios químicos descritos anteriormente, y descomponga las enfermedades y los remedios de acuerdo con dichos principios químicos, se ha de saber que los químicos curan por medio de cosas semejantes y por medio de cosas contrarias.
Por cosas semejantes: en la medida en que una enfermedad mercurial debe ser curada mediante un principio mercurial. Pues lo que es fijo no se adapta a lo volátil, ni lo que es volátil a lo fijo, tal como se desprende del análisis [disolución] de las cosas. De ahí se deriva toda la ventaja que los químicos obtienen en la elaboración de los medicamentos.
Por cosas contrarias curan cuando se opone un elemento opuesto al principio originario de la sustancia fundamental: como cuando una enfermedad es de naturaleza mercurial-salitrosa, a la cual se debe poner remedio mediante una medicina mercurial-salina. Pues esto es lo que nos dictan la razón y la exper[iencia]…[99]
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…[y la] experiencia nos guían: se debe armonizar el temperamento de la medicina con la causa de la enfermedad. Puesto que el beneficio de los medicamentos es doble: uno sustractivo [privativo o Nehmender] y otro aditivo [nutritivo o Gebender]. El método sustractivo elimina la causa de la enfermedad a través de la evacuación; el método aditivo, en cambio, oponiendo un elemento contrario a la causa de la enfermedad, la modera y transforma dicha causa en alimento (pues los humores, según los galenistas, causan daño precisamente cuando se alteran y se desvían de su temperamento óptimo). De esto se deduce fácilmente cuál de los dos métodos resulta más conforme y respetuoso con la naturaleza. Pues si nosotros apaciguáramos aquel humor en el lugar mismo donde aflora y se excede, en vez de empeñarnos en evacuarlo, transformaríamos la causa de la enfermedad en sustento y nutriríamos el cuerpo, al cual, de lo contrario, debilitamos con las evacuaciones. El exceso de sangre que alguien pudiera alegar aquí como objeción, se corrige tanto mediante el ayuno como con el movimiento moderado. Conzco a médicos ilustres que curan incluso las enfermedades más peligrosas únicamente mediante la moderación, y no extenúan [vacían] el cuerpo con evacuaciones, técnica que no puede ser más habitual entre los galenistas comunes. Pues estos últimos no creen ser verdaderos médicos si no prescriben purgas. Pero, ¡ay de mí!, ¿qué curáis vosotros? ¿Qué es lo que expulsáis alegando que no es conveniente para el cuerpo humano? Sangre, bilis negra…[100]
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…[bilis] negra; ¿bilis amarilla, o humores flemáticos [mucosidades]? Pues ¿de qué son culpables estos humores para que se deba decretar su proscripción y expulsión? Tú dirás: o bien fallan en su propiedad, o bien en su cantidad. Si fallan en su cantidad [por exceso], me maravilla que la naturaleza sea tan codiciosa como para exigir más de lo que necesita o de lo que puede producir; cuando, en verdad, estaríamos en una situación deplorable si tuviéramos que evacuar con tantas purgas aquello que nuestra propia naturaleza reclama para su sustento. Por no hablar de que, si una expulsión fuera necesaria, existen muchas otras vías más fáciles para evacuar, sin que sea preciso violentar [irritar] a la naturaleza de ese modo. ¿Acaso fallan los humores en su propiedad? Amigo mío, ¿en qué clase de propiedad? ¿En su corrupción, alteración, inflamación o en alguna otra desviación? Pero ¿qué es la corrupción o la inflamación? ¿No es acaso una desviación del temperamento óptimo? Si es así, deberíais más bien templar [neutralizar] y pacificar semejante humor defectuoso en lugar de evacuarlo, puesto que el fallo no radica en su sustancia, sino en su propiedad. Pues un humor templado no perjudica, sino que presta auxilio para nutrir el cuerpo. Si vuestra intención es expulsar lo corrompido, sería entonces necesario que lo evacuarais hasta la última gota, ya que esa última gota está tan corrompida como el todo. Y nada impide que, mediante la extracción o la disminución del humor corrompido, lo restante mejore. El cuerpo enfermo se volverá…[101]
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…[El cuerpo enfermo se volverá] ciertamente más escaso en la cantidad del humor corrompido; sin embargo, el humor que todavía resta en el cuerpo no queda exento de la ruina, ni es mejorado desde su interior. Se obraría de forma muy correcta si comprendiéramos rectamente la porosidad [liviandad o evaporación] y la condensación [espesamiento] de los humores: verdaderamente, podríamos evitar muchas desgracias. Puesto que este mismo fenómeno no es la menor de las causas de tales corrupciones; en la medida en que los humores, debido a ello, entran en ebullición [fermentan] o bien se contraen de forma muy estrecha entre sí. Pero regresemos de nuevo a nuestros principios, según los cuales queríamos clasificar las enfermedades.
Las enfermedades mercuriales son de dos clases, de acuerdo con el doble principio originario de la sustancia mercurial: a saber, la sulfúrea [azufrada] y la salina. Las enfermedades mercuriales-sulfúreas son todas aquellas inflamaciones agudas [sutiles] y punzantes del cuerpo, de manera especial las del cerebro y las de la sangre, no sin una condición maligna. En estas enfermedades se corrompe el azufre mercurial de la sangre y de los restantes humores mezclados con ella; cuya corrupción proviene de una excesiva porosidad [gaseosidad] y, por consecuencia, de la inflamación de los mismos. Esto posee, no obstante, muy diversas causas desencadenantes. Este azufre mercurial, habiéndose desviado de su temperamento óptimo, domina sobre su sal homóloga (a saber, la volátil), exactamente igual que la forma [Gestalt] actúa sobre la materia [Materi], hasta que ella…[102]
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…[hasta que ella] la arruine [la destruya] y, finalmente, eche a perder también los restantes principios originarios. Pues esta penetra en todo el cuerpo, arrecia en la torta de la sangre [Kuchen des Geblüts], perturbando el cerebro y los espíritus animales [vitales], y extinguiendo [sofocando] por último el calor natural. Por lo tanto, esta causa de la enfermedad no puede curarse de forma más pronta y favorable que mediante un principio contrario, a saber: a través de una sal volátil. Puesto que por medio de ella —que es una materia fría pero también penetrante— este azufre vuelto poroso [gaseoso] es condensado, refrenado y restituido de nuevo a su temperamento óptimo. Así pues, el uso de tales sales volátiles resulta, en estos casos, sumamente acertado; es más, se halla en uso incluso entre los propios galenistas en circunstancias semejantes. Pues aunque dicha sal promueva el sudor, no por ello causa perjuicio alguno al cuerpo, sino que lo alivia y lo templa. La causa de este sudor puede consultarse en otros lugares de mis escritos. Curamos, por consiguiente, esta enfermedad mediante un principio idéntico de las propiedades, a saber: uno mercurial; pero mediante un principio desigual de la sustancia fundamental, templamos concretamente el azufre por medio de la sal, y el aceite por medio del agua. Pues se requiere una igualdad de los principios en lo que respecta a la operación, pero una desigualdad debido al temperamento. Porque si alguien le administrara a un enfermo afectado por un azufre mercurial tan desmedido un principio idéntico de la sustancia fundamental, a saber: uno sulfúreo…[103]
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…[un principio] sulfúreo, como un aguardiente [Brantwein] o algo similar, aquello sería verdaderamente echar aceite al fuego. Sirva, por tanto, este único ejemplo para demostrar que la naturaleza busca un equilibrio [temperamento], y que la razón misma dicta qué clase de principio debe buscarse como remedio. La misma consideración se aplica al exceso de la sal volátil o mercurial. En este caso, el fallo puede radicar en su cantidad o en su propiedad: en esta última, cuando la sal se condensa o bien se sutiliza y se altera [corrompe] en demasía; en la primera, en cambio, cuando hay una carencia del azufre mercurial, puesto que de ese modo la sal volátil se multiplica. En ambos casos, esto perjudica gravemente al enfermo. Puesto que este principio mercurial es, por así decirlo, la sede de los espíritus animales y vitales, estos se ven fácilmente perturbados por tal alteración; de donde se originan el vértigo [Schwindel], el destemplamiento frío del cerebro, la epilepsia [Hinfallender, mal caduco], los desmayos y la pérdida extrema de fuerzas. Que estas dolencias se curan con el mayor éxito por medio del azufre mercurial (que concuerda con la tercera clase de las propiedades), es algo que nos dan a entender la experiencia y la razón. Pues ningún médico experimentado negará que los espíritus aromáticos [buen olor] fortalecen el cerebro y el corazón, y vigorizan los espíritus vitales, especialmente en el cerebro; a lo cual se suma también la razón. Porque cuando la sal mercurial falla, debe ser moderada por medio de un principio contrario, a saber: el azufre. De este modo, tienen…[104]
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…[asimismo,] los azufres mercuriales poseen también un gran poder penetrante: tal como vemos en los dientes de los hombres, los cuales se hallan sometidos a una alteración no menor por obra del azufre mercurial, al quedar manchados y teñidos por este; lo cual se deja ver asimismo en las propias medicinas mercuriales, las cuales, con su sutileza, penetran en el cuerpo entero. Ahora bien, son medicinas mercuriales, por el lado de la sal volátil, todas las humedades sutiles; y por el lado del azufre, todos los espíritus rectificados. Compuestos mixtos, en cambio, son las sales volátiles comunes, puesto que estas, debido a su sabor, albergan también un azufre consigo.
Pasamos ahora a las enfermedades que provienen de la sal y del azufre intermedios. Estas se originan bien a partir de la disolución [apertura] del azufre, o bien a partir de su excesiva coagulación. Puesto que, así como las enfermedades mercuriales son las más nobles y sutiles, estas otras atacan comúnmente, de acuerdo con su principio originario, a una región intermedia. Asimismo, por lo expuesto anteriormente, es conocido que el andamiaje sustancial entero y la cohesión molecular de un cuerpo constan de un azufre intermedio, a modo de un pegamento [Leim]. Por lo tanto, cuando este se disuelve [desvanece], se originan peligrosas enfermedades: decaimientos [atrofias], úlceras [Geſchwäre] y, finalmente, desuniones de los tejidos adyacentes, putrefacciones, licuaciones y flujos; por el contrario, a partir de su excesiva condensación [espesamiento] se originan…[105]
Página 735 — Descifrador de acertijos químicos.
…entstehen Verſtopffungen [se originan obstrucciones]. Pues todo lo sulfúreo es viscoso y espeso, tal como lo demuestran de sobra las secreciones y los azufres en el cuerpo humano. De acuerdo con esto, aquellas enfermedades que provienen de la disolución [apertura] del azufre se curan mediante su aglutinación: razón por la cual los bálsamos oleosos y otros azufres intermedios aglutinantes —a saber, los aceites destilados— ocupan el lugar principal. Por el contrario, aquellas enfermedades que se originan a partir de una excesiva condensación [espesamiento] de tales azufres se disuelven mediante una sal intermedia, la cual se encuentra en abundancia en los cuerpos. Puesto que una sal de este tipo es tartárica y nitrosa, posee la propiedad de dividir y limpiar. Por lo tanto, con tales sales intermedias se disuelven toda clase de salivas espesas, mucosidades y obstrucciones. Que en el ser humano se encuentra un azufre intermedio semejante, expuesto a tales obstrucciones, lo demuestra el propio análisis [descomposición] de la sangre. Pues la sangre deshidratada [seca] se vuelve dura como un pegamento, y arde y chisporrotea al ser arrojada al fuego exactamente igual que el tocino; cosa que con certeza no haría si no fuera una sustancia oleosa. Si deshidratas la bilis, encontrarás que contiene en sí más sal que aceite. Con todo, la porción [de aceite] que hay en ella no es tan aglutinante como la que existe en la sangre, de la cual hemos hablado anteriormente. De donde resulta evidente qué clase de utilidad [posee] la bilis…[106]
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…[qué clase de] utilidad posee [la bilis], a saber: disolver y limpiar, tal como se mencionará más adelante con mayor extensión.
En lo que concierne a las enfermedades salinas, que provienen del principio originario de la sal y del azufre fijos; estas son de hecho más penosas [graves] que las otras. Puesto que poseen una base material [Subjectum] que, aun cuando subsista por sí sola en el cuerpo, hace que el ser humano se encuentre mal; resulta por tanto fácil de ponderar qué tan grande dolor causará cuando además adolezca de un exceso en su propiedad. Pues del mismo modo que, de acuerdo con los tres reinos, existen tres clases de cuerpos; de igual manera poseen tres clases de composiciones estructurales: los metales tienen una cohesión molecular fija; las plantas terrestres [vegetales], una intermedia; y los animales son de una arquitectura escasa y ligera. De ahí se deduce, tal como enseña también el propio análisis químico [ſcheid-künſtige Zerlegung], que los metales contienen una gran cantidad de sal y azufre fijos; los vegetales, no tanta; y los animales, de entre todos, la menor cantidad. Razón por la cual los animales tienen también aversión hacia las sales y azufres fijos. De ahí nos es conocido que la naturaleza de estos últimos siente asco ante dicho principio y lo expulsa de sí a través de una hiper-purgación [diarrea severa]. Y esta es la causa de por qué los galenistas llaman diuréticas [Harn-treibend] a las sales fijas, o consideran que estimulan la orina; porque la naturaleza no admite tales sales fijas y las expele a través del propio orín. De igual…[107]
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…Exactamente esto mismo ocurre también con el azufre y la sal fijos del antimonio [Antimonii], concretamente con aquel que se halla en su estado vítreo [vidrio de antimonio] y que es lixiviado [extraído] por medio del vino. Pues el cuerpo expulsa esto a través del vómito, por resultar ajeno a la naturaleza humana e incompatible con las funciones orgánicas del hombre. Lo mismo debe sostenerse respecto a la sal fija del vitriolo. De todo lo cual se desprende claramente cómo la naturaleza animal siente aversión hacia el azufre y la sal fijos, puesto que los elimina a través de las excreciones, tanto del orín como de las heces. Por esta razón, los propios galenistas consideran que cuanto más pesadas sean tales excreciones corporales, y cuanto más saturadas estén de este azufre y sal fijos, tanto más sana se juzga a la persona que los evacua. Puesto que, tal como se demostró anteriormente, en cada cuerpo existen los tres ya descritos principios originarios de las propiedades, y estos mismos se hallan también en el ser humano, es una necesidad absoluta que sean sustentados a través de la comida y la bebida. Por lo tanto, los alimentos junto con la bebida no hacen sino aportar estos principios al cuerpo humano —y en un principio dentro del estómago— por mediación de una lixiviación [extracción]; y deben ser separados de aquellos alimentos que resultan útiles para el cuerpo humano, debiendo eliminarse el resto. Son útiles, no obstante, el principio mercurial y el intermedio: motivo por el cual el agente lixiviante debe estar constituido de tal manera que…[108]
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…deje intactos el azufre y la sal fijos; lo cual ella [el agua gástrica] puede lograr si posee una naturaleza semejante a la de aquello que debe disolver. Por consiguiente, la bebida, al verse impregnada en el estómago por la bilis —actuando esta a modo de un jabón [Seyffen]—, constituye una lejía mercurial y sulfúrea, a través de la cual se lixivia [extrae] de los alimentos todo lo que se requiere para el sustento y la nutrición de dichos principios en el cuerpo humano. Es, por tanto, este extracto lixiviado, o quimo [Speiß-Grüße], de naturaleza mercurial y sulfúrea; sobre lo cual he aportado en otros lugares pruebas y demostraciones claras y evidentes. Sentado esto, se ha de saber que una gran parte de la buena nutrición reside en esta lejía. Pues si esta disminuye en su fuerza, lixiviará demasiado poco y dejará tras de sí toda la oleosidad o naturaleza sulfúrea sin disolver. Porque un agua frotada con jabón elimina las manchas aceitosas, cosa que no logra hacer sin el jabón. Y esta es la verdadera razón por la cual necesitamos añadir a todas las comidas sal y aceite, o mantequilla [Butter]: concretamente para que se fortalezca dicha lejía en el estómago. Ocurre por ello, como se ha dicho con frecuencia, que esta lejía estomacal [Magen-Lauge] (la llamo así por la acción que tiene en común con las lejías de laboratorio, pues del mismo modo que la lejía disuelve todo lo que es salino, ácido, dulce, oleoso o acuoso, así también esta lejía estomacal descompone [abre] todos los alimentos de los que disfrutamos, a saber: queso [Käß], carne, mantequilla, lo salado, lo ácido, lo dulce y cosas semejantes), final-[109]
Página 739 — Descifrador de acertijos químicos.
…mente todo [lo cual, por otra parte, también disuelve aquello que impide la fermentación], o bien se ve obstaculizada, o bien se promueve en demasía. Se ve obstaculizada, no obstante, por todas las cosas acuosas: por lo tanto, el uso excesivo de agua impide una buena lixiviación [extracción] y, posteriormente, bloquea también una buena digestión [Dauung]; a lo cual siguen una indigestión de todo el cuerpo, dolores de vientre, cólicos [Grimmen], sudoración abundante, sarna [Krätze] y toda clase de putrefacciones, licuaciones y flujos. Por el contrario, la bilis se estimula en exceso, y a través de ella la lejía estomacal [Magen-Laugen], y por medio de esta la lixiviación, cuando todo se vuelve demasiado salado o demasiado aceitoso. Por este motivo, los vinos un tanto cálidos provocan una buena digestión si se usan con moderación; pero si se toman desmedidamente, lixivian con demasiada fuerza. Esto mismo debe entenderse respecto a las especias y a los alimentos en extremo salados o muy encurtidos [conservas]; de cuyo uso conviene abstenerse, porque de las lixiviaciones excesivas brotan peligrosas enfermedades. Pues cuando dicha lixiviación es desmesurada, extrae también —además del azufre y de la sal mercurial y sulfúrea, a saber, la intermedia— el componente salino, esto es, el fijo. De ahí que el azufre y la sal fijos sean extraídos de los alimentos e incorporados al quimo [Speiß-Grüße], cuando en realidad deberían ser desechados. Razón por la cual el quimo, vuelto de este modo sulfúreo y salino, es separado de los desechos corporales en los intestinos, siendo [conducido] hacia el hígado, a modo de un…[110]
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…[recipiente de] filtración [sifón], es conducido; mientras que los desechos corporales se vuelven áridos y secos, y la orina sale clara [delgada]. Ocurre esto, concretamente, cuando el azufre y la sal fijos de los alimentos se incorporan al quimo [Speiß-Grüß] debido a una lixiviación demasiado intensa, y no son separados por el hígado, sino que llegan al corazón a través de una vía libre. Allí, este principio atrae la naturaleza de la sangre, en la cual estampa este sello [Sigill] salino y sulfúreo; por cuya razón muchas partes del cuerpo padecen dolores. Puesto que las partes del mismo —los nervios, las articulaciones [Gelencke] y otros órganos internos de la nutrición— son sustentadas y nutridas por la sangre, se ven atrapadas con gran penuria por la salinidad y la fijeza sulfúrea de esta. Por el contrario, cuando dicho azufre y sal en el quimo son separados por el hígado, la sangre ciertamente no resulta mancillada por ellos, pero los riñones y la vejiga se ven no poco afectados; de manera especial cuando el azufre supera en cantidad a la sal. Pues en tal caso, este azufre fijo coagula a su sal: de ahí nacen la arenilla, el gravamen, y los cálculos renales y vesicales [Nieren- und Blaſen-Steine]; exactamente del mismo modo que genera tofos calcáreos [Kalch-Steine] en la sangre y en las articulaciones. Sostengo, por lo tanto, que el primer origen de la gota [Zipperlein] es el estómago, debido a una lixiviación desmedida; pero el origen subsiguiente se halla en un hígado mal dispuesto, por el cual el azufre y la sal, que debían haber sido separados, no son eliminados: y constituye, pues, exactamente un origen…[111]
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…origen de la gota [Zipperleins] y del cálculo, diferenciándose única y exclusivamente en el taller del hígado, a través del cual la materia es conducida hacia la sangre o hacia la vejiga, o bien es rechazada. Por lo tanto, tales personas deben evitar todos los alimentos dotados de una gran cantidad de azufre y sal fijos, a modo de cales [cenizas minerales]. Asimismo, se debe andar con cautela frente a los vinos azufrados y colmados de sal fija, a los que se suele llamar calcáreos [kalchigt] y que se encuentran en Francia; razón por la cual en esos mismos lugares se halla a no pocas personas afectadas por el cálculo y por la gota. También se han de evitar todas las alteraciones del ánimo [emociones fuertes], mediante las cuales se agita la bilis, provocando que esta se vierta en el estómago e impregne la bebida allí contenida. A esto se suman otras medidas que protegen al estómago de una lixiviación [extracción] desmedida de esa clase, e incluso disuelven los tofos calcáreos coagulados, el cálculo renal y la arenilla. Sobre la causa de dicha disolución, no obstante, se tratará con mayor extensión en el título sexto. En este lugar no es mi propósito escribir un tratado de medicina química, dado que cumpliré con ello suficientemente en otra parte, en el tratado De corporum Magnetismo [Sobre el magnetismo de los cuerpos]. Por lo demás, podría aportar aquí muchísimos ensayos y más demostraciones con los cuales se evidencie y corrobore esto que se ha expuesto. Pero eso debe reservarse para el lugar que le corresponde. Aquí basta con que, por así decirlo, a modo de un…[112]
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…un preludio [atizadura] o espejo de muchas cosas ocultas, de muchas enfermedades, y de pautas, causas, medios y caminos de medicinas hábilmente dispuestas, haya sido descubierto y expuesto para desentrañar muchas otras materias. En otro lugar, si DIOS quiere, se hablará más de esto.
Sin embargo, percibo que, al cerrar este párrafo, alguien me replica; a mi juicio, un torpe e ignorante seguidor de GALENO, de esos que solo han jurado fidelidad a las palabras de un único maestro, argumentando casi de esta manera: «Es bien cierto lo que se ha expuesto hasta aquí, y es de admitir; pero no por ello es necesario que se califiquen las cosas con nombres nuevos e inusuales; siendo en verdad ridículo que se cambien los nombres antiguos sin necesidad, y que se les añada a las cosas el Mercurio, el Azufre y la Sal a modo de apellido». Yo respondo: la denominación debe concordar con la realidad práctica [la acción]. Si el Azufre y la Sal, y asimismo el Mercurio, el Azufre y la Sal, concuerdan con la sustancia fundamental y con las propiedades de las cosas más o menos de lo que lo hacen las proposiciones galénicas habituales hasta ahora, que cada uno sea su propio juez. Lo cierto es que, a partir de una descripción o nomenclatura química de cualquier enfermedad o remedio, se descubren de un solo vistazo la naturaleza de la cosa, su sustancia fundamental, la enfermedad, el accidente, la cura y el medicamento; de lo cual la siguiente tabla puede dar testimonio.[113]
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Por lo demás, conviene saber que estas proposiciones y términos no son nuevos, sino más antiguos que el propio GALENO; tal como se pondrá de manifiesto ante vuestros ojos en el título séptimo, bajo el primer párrafo dedicado a los enunciados de las palabras. El motivo de que estas expresiones no prosperen del mismo modo que las aristotélicas, y que no todo el mundo las traiga en la boca como ocurre con la bilis, la sangre, la melancolía, los humores flemáticos o la pituita [mucosidad] y similares, se debe a que la práctica de la química no es tan común ni es una actividad al alcance de cualquiera como para que sus términos y materias sean conocidos por todos esos filósofos de pacotilla [aficionados].
Una tabla para reconocer, discernir [resolver] y describir químicamente las enfermedades y los medicamentos.
| Mercuriales | Enfermedades | Mercuriales | Medicamentos |
| Sulfúricas / Salinas | Sulfúricas / Salinas | ||
| Sulfúricas como intermedias | Sulfúricas como intermedias | ||
| Sulfúricas | Salinas | ||
| Salinas | Sulfúricas | ||
| Salinas como fijas | Salinas | ||
| Sulfúricas / Salinas | Salinas / Sulfúricas[114] | ||
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A estas enfermedades se les pone remedio mediante estos medicamentos.
Esto poco puede ser suficiente respecto a la utilidad del conocimiento de los tres principios originarios de las propiedades en la práctica médica. En otra parte describiremos detalladamente, caso por caso, las enfermedades con sus correspondientes remedios de acuerdo con la tabla adjunta; cuya regla fundamental consiste en que las enfermedades se curan mediante la igualdad en las propiedades, pero por medio de la oposición en los principios de la sustancia fundamental. Así pues, una enfermedad mercurial se cura mediante un principio mercurial; pero una de naturaleza sulfúrea-mercurial se trata mediante un medicamento salino-mercurial. Y así sucesivamente con las demás.
§. 6.
De las terceras propiedades de los principios originarios.
En lo anterior se ha expuesto de qué manera los principios de la sustancia fundamental, de acuerdo con su mezcla, dan origen a cuatro temperamentos y a cuatro compleciones. Asimismo, cómo según la naturaleza triple de los principios —a saber: el Mercurio, el Azufre y la Sal— se producen tres propiedades principales, además de muchas otras cualidades accidentales en lo que respecta al color, al olor, al sabor, a la cohesión molecular [estructura], a la corporeidad, a la volatilidad, a la fijeza y cosas semejantes. Resta ahora únicamente…[115]
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…resta únicamente que consideremos la tercera propiedad; pues a la precedente la llamamos la segunda. Esta tercera propiedad se halla en las ya descritas primera y segunda; dentro de las cuales establece sus determinadas posiciones y grados, ya sea en las cualidades visibles o en las ocultas, de acuerdo con la naturaleza implantada en ellas por DIOS. Pueden, no obstante, reconocerse comúnmente a partir de la primera y de la segunda propiedad, desde donde toman su origen. Pues, de acuerdo con los principios originarios de la sustancia fundamental, los componentes sulfúreos [azufrados] son comúnmente los encarnativos [que forman carne], aglutinantes, remedios vulnerarios [para heridas] y cicatrizantes [que forman costra]; y cosas semejantes.
Los componentes salinos, en cambio, son los emolientes [ablandadores], los que dilatan las aberturas de los vasos sanguíneos y los purgantes [laxantes]; y cosas semejantes.
Según esto, y de acuerdo con los principios originarios de las propiedades, estas sustancias se asignan a uno u otro miembro y región del cuerpo, tal como expliqué anteriormente. Pues las mercuriales se atribuyen, por lo general, a la cabeza [el cerebro]. Estas mismas, según las raíces de su sustancia fundamental, cuando son sulfúreas, resultan analgésicas [mitigadoras del dolor], diluyentes, porosas [atenuantes], resolutivas [disolventes] y corrosivas; y cosas semejantes. En cambio, cuando son mercuriales-salinas, resultan absorbentes [atractivas], repulsivas [restringentes], condensantes [espesantes] y narcóticas [relajantes/somníferas]; y cosas semejantes.
De igual manera poseen también las restantes raíces sus virtudes particulares y, dentro de estas, determinados grados; tal como se tratará de cada una en su lugar de forma más de-[116]
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…[de forma más de]tallada se demostrará. Resta ahora únicamente que, para concluir este título, analicemos algunos errores comunes.
Adiciones [Adendas] al tercer título.
¿Se encuentran los tres principios originarios de las propiedades —a saber: la Sal, el Azufre y el Mercurio— en todos los cuerpos, y pueden ser extraídos de ellos?
Respuesta: Se debe hacer una distinción entre los cuerpos en sí mismos y las partes de estos. Puesto que los azufres, el sebo [Schmeer] y las grasas no pueden ser descompuestos en estos principios originarios; debido a que no constituyen un cuerpo completo, sino únicamente una parte de este. De igual modo, se encuentran muchas variedades metálicas que no son cuerpos metálicos enteros, sino que constituyen o bien los desechos de los metales, o bien sus nutrientes. De la misma manera se hallan también piedras que no son enteramente minerales ni otros cuerpos perfectos, sino únicamente partes endurecidas de los mismos, de las cuales no se deben extraer los 3 ya mencionados principios originarios; si bien, cuando se posee uno solo de ellos, este se puede transformar fácilmente en los otros dos.
En lo que concierne a los cuerpos en sí mismos, algunos son perfectos y otros no tan perfectos. De estos últimos se extraen los principios originarios con muy poco esfuerzo; pero de los primeros resulta mucho más difícil obtenerlos, especialmente el azufre intermedio, en tanto que alma de la cohesión molecular [Gepacks Seel].[117]
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2. ¿Se pueden preparar estos mismos tres principios originarios a partir de la caput mortuum [cabeza muerta] y de la flema?
Yo digo que la caput mortuum, o la flema, tal como se toman comúnmente, pueden en gran parte ser transformadas en estos principios originarios mediante operaciones repetidas de calcinación y destilación. No obstante, si consideramos estrictamente las ya mencionadas caput mortuum y flema, estas se manifestarán ante nuestros ojos como una porción aislada, independientemente de cómo se opere con ellas.
3. ¿Por qué existen tres principios originarios de las propiedades: la Sal, el Azufre y el Mercurio?
Respuesta: Así le ha placido a DIOS y a la naturaleza, para que lo más sutil se halle imbricado en lo intermedio, y esto último, a su vez, quede cubierto por el cuerpo [la parte sólida]. Pues, de este modo, siempre un principio actúa como el lazo [Band] del otro, y por lo tanto la masa entera [el bloque completo] no se desmorona, aun cuando uno de ellos llegue a tambalearse. De esta manera, cada uno es sustentado por el otro, y uno es la matriz [Beer-Mutter, útero] del otro.
4. ¿A qué principio originario deben adscribirse el azufre, la sal y el mercurio comunes?
Respuesta: El mercurio común [el azogue líquido] no es un principio puro y simple, sino un cuerpo mixto y compuesto que consta de azufre y sal en tanto que raíces de la sustancia fundamental; los cuales pueden ser descompuestos en los principios de las propiedades, aun cuando este carezca de azufre y sal fijos.[118]
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…[carece]. Pues los principios originarios de la sustancia fundamental aún no están del todo mezclados o cocidos en él; por esta razón, este requiere de toda clase de azufre y sal de forma simultánea. Tal como se deja ver en la preparación del cinabrio [Zinnobers], donde se une con el azufre común y asciende junto a este a través del alambique [Alembico], recibiendo por ello el nombre de cinabrio. De igual manera, en la sublimación con el vitriolo y la sal, atrae hacia sí una sal y se reviste con la forma de esta, siendo denominado sublimado [Sublimat]. De esto se desprende con total claridad que el mercurio [azogue] exige azufre y sal para su coagulación [solidificación]. Existen también muchas sales y azufres mediante los cuales este cristaliza de forma accidental, a pesar de que tales compuestos de coagulación no participan de esa misma naturaleza. Por lo tanto, si se puede demostrar con suficiencia que el mercurio vivo [Queckſilber] se compone de azufre y de una sal volátil e intermedia, se ha de concluir a partir de ello que este es un cuerpo imperfecto, y por ende, no constituye un principio puro ni aislado.
El azufre común se aproxima más a la condición genuina [pureza] del principio originario del azufre; sin embargo, alberga además en su interior un jugo ácido [ſauren Safft], una porción terrosa y algo de sal fija. Por esta causa, no puede ser llamado un principio puro del azufre.
La sal común es, de entre todas las sustancias, la que menos puede ser considerada un principio puro e independiente de la sustancia fundamental; porque ella consta de tres…[119]
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…[porque ella consta de] tres clases de oleosidades, e igualmente abarca en sí otras tantas acuosidades, tal como lo demuestra su descomposición analítica.
El motivo de que los filósofos hayan tomado la denominación de sus principios a partir de los tres ya referidos cuerpos [el mercurio, el azufre y la sal comunes] se debe a la naturaleza de estos, a la cual los principios abstractos imitan en cierta medida; tal como se ha demostrado anteriormente con mayor abundancia de detalles.
El IV. Título.
De los cuatro elementos, considerados químicamente: A saber, del Fuego, el Aire, el Agua y la Tierra.
Prefacio.
Hasta aquí hemos tratado de los principios originarios y de su conocimiento, según el parecer de los químicos. Ahora el orden exige que consideremos los elementos. En este lugar no tengo nada que ver con las especulaciones de los aristotélicos acerca de los elementos, en tanto que se suponga que son o bien cuerpos simples, o bien los principios originarios de los compuestos; y finalmente, de qué manera dominan, padecen y se mezclan entre sí. En este sitio escribo para los químicos; porque si escribiera de otro modo, o para o-[120]
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…[si usara] otros términos y proposiciones, ellos no me entenderían. Dejo de lado, por lo tanto, las disputas aristotélicas acerca de los elementos, y en este lugar mantendré una discusión, tanto a nivel general como detallado, sobre aquello que sirve a la práctica de la química, en la medida en que lo permitan la brevedad de la obra y la estrechez del papel.
§. 1.
De qué manera adoptan los químicos la palabra «elemento».
La palabra «elemento» es adoptada por los químicos bajo cuatro acepciones distintas. En primer lugar, según el sentido común aristotélico, en tanto que constituye un cuerpo simple que, junto con el cielo, compone esta estructura del universo. En segundo lugar, en tanto que es un principio originario de las mezclas y se encuentra en los cuerpos sublunares [terrenales], ya sea de forma real [efectiva] o potencial. En tercer lugar, según subsista de forma física [natural] o matemática. Pues cuando actúa de manera física, en la medida en que produce, nutre o destruye los cuerpos, se le denomina físico: a saber, tal como es considerado por el conocedor de la naturaleza. Pero si se le emplea para una utilidad práctica u oficio manual —como para la quema de madera, para la propulsión y la navegación, o para mover cargas—, entonces lo llaman matemático: puesto que se le considera, en efecto, desde un punto de vista matemático [mecánico]. En cuarto lugar, se toma un elemento, con mucha frecuencia, por…[121]
Página 751 — Descifrador de acertijos químicos.
…[por] la forma de un cuerpo, por su esencia misma o consistencia: de este modo, el elemento de Venus es la esencia del cobre. Porque del mismo modo que a los axiomas básicos de una ciencia se les llama «elementos», así también a las raíces y principios originarios de la sustancia fundamental se les denomina «elementos» de esas cosas: a saber, aquello a partir de lo cual el cuerpo se constituye, como brotando de su cimiento original.
§. 2.
De la alteración y el entrelazamiento de los elementos.
No se encuentra ningún elemento en un estado tan simple y puro que no contenga algo de otra sustancia mezclada en él. Pues ninguno puede subsistir desprovisto de los demás. De este modo, la tierra tiene mezclados en sí el agua, el aire y el fuego; y lo mismo debe considerarse respecto a los otros elementos, bien que la denominación de la sustancia se toma de aquel componente que resulta predominante. Los elementos provocan una alteración debido a su exceso, mientras que el equilibrio [temperamento] les otorga el reposo: nunca se unen de forma tan íntima entre sí como para no tener que experimentar una alteración; a menos que cada elemento sea modificado y dispuesto a través de los restantes grados, tal como se trata con mayor extensión en la primera parte de mi Metallurgia, bajo el título dedicado al intercambio de dichos elementos. El fuego ejerce su dominio a través del aire hacia el interior del agua, y nutre por medio de esta a la tierra; pues de lo contrario, la quemaría y…[122]
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…[la quemaría y] la destruiría. De la misma manera ejercen su dominio los restantes elementos entre sí, unos en otros, por mediación de elementos intermedios; acerca de cuya interacción y compenetración química mutua, CORNELIS DREBBEL ha publicado un tratado específico, del cual uno puede informarse con mayor abundancia. Conviene saber, no obstante, que la tierra es el alimento del fuego, mientras que el agua es el alimento del aire; el agua, a su vez, se halla acoplada con la tierra. Aquel elemento que, con su engranaje [rueda], deba ser abierto y liberado del cuerpo, tiene que ser despojado de su lazo [Band], pero abandonado a su propio alimento. La tierra ejerce su dominio en el agua a través de la conformación y la generación; esta última, en cambio, actúa en la tierra por medio de la disolución y la destrucción; exactamente de la misma forma tiene que operar el fuego con el aire. Por lo tanto, cuando la alianza mutua es firme, y cada elemento atrae la naturaleza del otro, se aproximan fácilmente y entran en movimiento. Pues la tierra puede ser transformada y alterada en agua, aire y fuego; e igualmente los restantes elementos. Sin embargo, el agua transformada en aire no es un aire común, sino uno acuoso; lo mismo debe entenderse respecto a los demás elementos tratados de igual manera. A partir de los cuales, una vez conciliados de nuevo entre sí, surge un lazo incorruptible [unverweßlich Band]. Pero sobre esto se hablará más ampliamente en el título sexto.[123]
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§. 3.
Del Fuego en particular.
Los químicos adoptan el fuego bajo dos acepciones distintas: como un fuego común y como un fuego filosófico.
Por el común entienden un fuego elemental y solar, al cual también llaman un fuego natural, porque la naturaleza misma nos lo proporciona. No obstante, también llaman «natural» a aquel fuego que se aplica a los objetos por medio del arte [la técnica]: como a través de espejos ustorios [Feuer-Spiegel], por fricción [rozamiento] y por movimientos mecánicos. Este fuego común se aplica de cuatro maneras distintas. En primer lugar, cuando se dispone como un fuego de putrefacción [fermentación] por medio del estiércol [Mist] o de la tierra. En segundo lugar, el fuego de unión y de separación, mediante agua tibia, denominado comúnmente baño María [Balneum Mariæ]. En tercer lugar, el fuego de la generación, a través de aire tibio: denominado comúnmente Balneum roris (baño de rocío o Thau-Bad). En cuarto lugar, el fuego de la perfección: denominado comúnmente ignis arenæ [fuego de arena], baño de arena o fuego de horno; al cual también se le llama inflamable, secante [torrefactor], incandescente, sofocante o cálido. Es digno de admiración que, aun cuando el fuego externo que opera sea el fuego común derivado de la leña y del carbón, este provoque efectos [obras] tan diferentes según se aplique de acuerdo con las cuatro maneras antes mencionadas. Pues no comprobarás jamás que los cuerpos se pudran [fermenten] en la arena; por el contrario, en el baño…[124]
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…[En el baño] María se desecan [o asfixian]. Y esta es la verdadera razón de por qué los cuerpos que se colocan en digestión, según la diferencia del fuego aplicado, se vuelven unas veces secos y otras húmedos, cálidos o fríos. Se debe, por lo tanto, prestar atención no tanto al fuego en sí mismo como a la manera [el método] de aplicar dicho fuego. Puesto que también el fuego, en las 4 formas antes mencionadas, posee sus 4 grados específicos en cada una de ellas; cuyos grados se cuentan de acuerdo con la potencia de dicho fuego. El uso común del fuego consiste en despertar el fuego propio de los cuerpos —del cual queremos hablar a continuación— y en modificarlo. Pues únicamente con este fuego podemos auxiliar a la naturaleza, ya que no disponemos de ninguna otra ayuda más allá de él, tal como afirma el filósofo EMPÉDOCLES.
En lo que concierne al fuego de los filósofos, se ha de saber que este es el fuego propio de los cuerpos. Ellos denominan a este fuego la calidez natural, a saber: el azufre de la naturaleza del que ya hemos tratado en las secciones precedentes. Por esta razón, al azufre de los cuerpos se le llama su calor innato [angebohrne Wärme] y el fuego de los filósofos. Y esta es la causa de por qué los filósofos, con mucha frecuencia, distinguen su fuego del fuego común y le atribuyen propiedades marcadamente distintas: a saber, que el fuego común quema y consume [deseca]; mientras que el de los filósofos nutre, humedece y es, en efecto, un fuego húmedo y frío. A este fuego lo llaman también incombustible, una luz eterna, la chin-[125]
Página 755 — Descifrador de acertijos químicos.
…[la chin]cha [centella] de los cuerpos. Este se diferencia, no obstante, del fuego corrosivo o de las aguas fuertes [ácidos], los cuales ciertamente constan de azufre, pero de un azufre en extremo poroso [gaseoso], tal como se ha demostrado más arriba.
Finalmente, del mismo modo que el fuego común quemaría los cuerpos si uno no los protegiera con agua (pues mientras se cueza una pieza de carne en el agua, esta no se chamusca), así también el fuego de los filósofos destruiría su propia sustancia fundamental si no fuera refrenado [sustentado] por su correspondiente agua. Pero sobre esto se hablará más ampliamente en otro lugar. Añado aquí lo siguiente: el fuego elemental está en estado poroso [expandido]; el fuego de los filósofos, en cambio, está condensado [espesado]. El asiento y el alimento del fuego común se hallan en el aire; pero el de los filósofos reside en el agua. Por lo tanto, todo lo que está arriba es igual a lo que está abajo.
§. 4.
Del Aire.
Después del fuego le llega el turno al aire: el cual es de dos clases, según los químicos: el común y el filosófico.
El común es, a su vez, de dos tipos: a saber, el natural y el hecho por el arte [artificial]. El aire natural es aquel que inspiramos día tras día y el que se halla en todos los poros de la piel [Schweißlöchleinen] de los cuerpos. Por causa de esto…[126]
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…[Por causa de esto] se disuelven los cuerpos y se coagulan, tal como se demuestra con mayor extensión en mi Metallurgia.
Un aire hecho por el arte [artificial] es aquel que, mediante el calor, el frío u otros medios empleados por el arte, se vuelve poroso [se expande] o se condensa de una manera ajena a su condición natural. Es por esta causa que, con mucha frecuencia, ocurre que durante la destilación los recipientes de vidrio se rompen.
El aire de los filósofos es un agua de los cuerpos vuelta porosa [gaseosa], a saber: una sal mercurial. Por esta razón, a menudo se le denomina un aire coagulado; e igualmente el aire de los cuerpos, el cual, durante la generación —especialmente la de los metales—, se inspira, se exhala y resplandece. Este es el aire de los cuerpos, su Mercurius [mercurio] o principio mercurial, del cual ya se ha tratado arriba de forma más amplia. El aire común es el sustrato del aire filosófico. Pues, por medio de este, el aire filosófico es transportado a muy diversos lugares. Cuando este impregna al aire común mediante su constante exhalación, se transmite a sí mismo hacia los demás cuerpos. Este se delata, no obstante, a través del olor y por medio de la secreta atracción y correspondencia mutua [simpatía]. Esto se ejecuta a través de este doble aire. Tal como lo demuestra con gran amplitud el excelente DIGBY en su Tratado de la simpatía. Y del mismo modo que la acción propia del fuego común es consumir y destruir, mientras que la del fuego filosófico es preservar; de igual manera penetra y deseca…[127]
Página 757 — Descifrador de acertijos químicos.
…el aire común; el aire de los filósofos, en cambio, humedece y hace reverdecer.
§. 5.
Del Agua.
El elemento del agua es de dos clases: pues existe un agua común y el agua de los filósofos.
El agua común se halla en estado puro [líquido] o congelado. En estado puro puede ser líquida, vaporosa [dúnstiga] o destilada, y cosas semejantes. En estado congelado, lo está bien por obra del frío, como el hielo, o bien por obra de la naturaleza, como un cristal.
Al agua de los filósofos se la denomina la humedad radical [Wurzelfeuchten] o el agua primigenia y original de los cuerpos. Esta es de tres clases: animal, vegetal [de las plantas] y mineral. Al estar dotada para adoptar en sí las formas del azufre dentro de su propio reino, se la llama la vida y la muerte de las cosas en el reino mineral, un agua incombustible y un agua celestial. A esta agua le atribuyen los filósofos el elogio de que en ella los cuerpos de su respectivo reino se disuelven debidamente, cobrando de nuevo vida y renaciendo. Por lo tanto, se debe distinguir cuándo los filósofos hablan de su agua, la cual no es un agua común, sino un baño y la materia de los cuerpos, de triple sustancia fundamental, de acuerdo con la naturaleza triple de los reinos y de los cuerpos, los cuales uno [puede tratar] con…[128]
Página 758 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…[con la cual] se debe lavar por medio de esta agua. Pues al hablar de los cuerpos de los metales, entienden bajo este concepto una que les es propia, a saber: una mercurial, la cual no moja las manos, dotada en su exterior de una naturaleza volátil, pero en su interior de una condición fija. Y cuando hablan de los demás reinos y cuerpos, entienden asimismo otra clase de agua. Es, no obstante, el agua de los filósofos el medio con el cual su tierra —al ser cocida en esta agua— queda protegida ante el fuego, para que no se chamusque, sino que domine al fuego en una fijeza constante.
§. 6.
De la Tierra.
La última serie de los elementos la concluye la Tierra, en tanto que madre de todas las cosas. Esta imita a sus hermanas, a saber, a los restantes elementos, y es también doble: a saber, una común y una filosófica.
La común es de tres clases: animal, vegetal [de las plantas] y mercurial [mineral]. Del mismo modo se subdivide también la filosófica. La diferencia, no obstante, entre la común y la filosófica radica en que la primera es estéril y muerta, mientras que la segunda es viva y fructífera [hace reverdecer]. Se la denomina también matriz [Beer-Mutter], tierra foliada [hojeada], tiza [greda], tierra virgen [Jungfer-Erden], el estiércol de los filósofos, la tierra que lleva al aire en su vientre, y un sepulcro y simultánea resurrección de las cosas.[129]
Página 759 — Descifrador de acertijos químicos.
De esto, no obstante, hablaré más ampliamente en otro lugar.
Adiciones.
1. Las funciones [obras] de los elementos comunes son aquellas para las cuales los químicos los emplean.
La Tierra condensa [espesa], filtra [percola/cola] y atrae hacia sí.
El Agua hierve, disuelve [abre] y purifica.
El Aire volatiliza [hace flúgido], penetra y deseca.
El Fuego separa [analiza], altera [transmuta] y consuma [perfecciona].
2. Las funciones [obras] de los elementos filosóficos son:
La Tierra hace reverdecer, nutre y proporciona el cuerpo [sustrato].
El Agua lava [depura], humedece y aglutina [pega].
El Aire penetra, configura [da forma] y envuelve.
El Fuego sublima [eleva], une y fija.
3. La diferencia entre los elementos filosóficos y los comunes es la siguiente:
En la Tierra de los filósofos, en tanto que verdadero bálsamo, los cuerpos se preservan; en la tierra común, por el contrario, se corrompen.
El Agua de los filósofos es fijada por el fuego; el agua común, en cambio, se vuelve porosa [gaseosa/vapor] por la acción del fuego.[130]
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…El aire de los filósofos resiste al fuego; el común, en cambio, huye ante él.
El fuego de los filósofos hace reverdecer; el común destruye [devasta].
4. El fuego y la tierra, así como el aire y el agua, son términos homónimos [que designan cosas equivalentes] para los filósofos. La tierra contiene al fuego; el agua, al aire. El fuego común, por mediación del agua, ejerce su dominio en la tierra de los filósofos.
5. Nota [Advierte]: Todo aquello que los filósofos califican como «suyo» [lo filosófico], lo refieren propiamente al reino mineral. Puesto que es en el reino metálico donde los filósofos se hallan más ocupados; debido a que allí se encuentra oculto el tesoro más noble de la naturaleza, libre de toda corrupción.
El V. Título.
De la generación de las semillas, el flujo mensual [menstruo], la matriz [Beer-Mutter], el peso y el calor.
Prefacio.
El propósito del arte de la separación [la ciencia química] consiste en purificar los cuerpos, perfeccionarlos y transformarlos. Esto se divide convenientemente en dos…[131]
Página 761 — Descifrador de acertijos químicos.
…[Esto se divide convenientemente en] dos clases de enfoques [maneras]. Para la medicina, y para la generación de las cosas. Para ambos fines resulta útil la disolución [análisis] de los cuerpos. Esta, sin embargo, no la podemos conocer a la perfección a menos que nos sea familiar su arquitectura corporal [estructura o Gebäu]. Pero dicha estructura no podrá ser comprendida plenamente a menos que se conozcan la generación de las cosas y los principios originarios de estas. Por lo tanto, no alcanzará una ciencia menor de los asuntos químicos aquel que se dedique con esmero a los fundamentos de la generación; cuyos fundamentos son 5, tal como se explicarán en los siguientes parágrafos de este título. Ante todas las cosas, no obstante, conviene saber que los químicos tienen más que hacer en aquel reino que es más noble, más fijo en su cohesión molecular [Gepack] y que no se halla tan severamente sometido a las alteraciones elementales. Por un reino tal se tiene al mineral: de donde el lector deducirá fácilmente que aquello que exponemos debe ir dirigido hacia él. Pero no por ello se ha de pensar que cualquiera pueda llegar a este conocimiento, a menos que posea una ciencia excepcional de los dos reinos precedentes. Razón por la cual, en lo que sigue, realizaremos en cada ocasión una comparación [concordancia o Schlichtung] de estos con el reino mineral; a pesar de que cada reino posee algo particular que lo distingue de los demás. Así, los animales tienen, a diferencia de los otros, un alma irracional; el ser humano, en cambio, una racional; las plantas terrestres [vegetales] poseen la facultad vegeta-[132]
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…[facultad vege]tativa; los minerales poseen, como algunos sostienen, una acreción [crecimiento por aposición o Anwachſung]. Del mismo modo, el arte [la técnica humana] puede operar en un reino con preferencia sobre otro, siempre y cuando las correspondencias naturales hayan sido debidamente dispuestas. Así, mediante el arte, se incuban huevos en Egipto y se tiñen los polluelos artificialmente; y mediante el arte se producen toda clase de plantas vegetales, diferenciándolas en su forma, color, olor y sabor. Que, finalmente, también los metales puedan ser producidos por medio del arte no es algo imposible ni contrario a la naturaleza; puesto que ambas cosas las confirman la experiencia (de que tal cosa ha ocurrido) y la razón (de que puede ocurrir), e incluso el propio padre de toda la filosofía natural, Santo Tomás, en su escrito Authentica arriba citado, concretamente en su comentario sobre el tercer libro de ARISTÓTELES, De Meteoris [Sobre los meteoros], con las siguientes palabras. De ahí que los propios alquimistas, mediante una Nota Bene [NB.], consideren que el verdadero arte de la alquimia, por medio de los ya descritos principios originarios, o más bien a través del ensamble y ordenamiento de dichos principios primigenios, efectúa verdaderamente una auténtica generación de los metales. Hasta aquí las palabras de oro de Santo Tomás, aportadas en apoyo de la verdad de la alquimia.[133]
Página 763 — Descifrador de acertijos químicos.
§. 1.
De la Semilla.
Nadie niega que la semilla consta de la mejor sustancia fundamental de la sangre y que es, en efecto, una humedad densa [viscosa/turbia]. Qué sea y de qué clase en el reino animal, cómo se obtenga, cuál sea su diferenciación y su secreta afinidad, alteración, destrucción y unión, y finalmente su generación junto con el flujo mensual [menstruo], no es necesario cuestionarlo en este lugar, puesto que la naturaleza misma nos proporciona el conocimiento de estas materias.
El sperma del ámbito vegetal [de las plantas] es la semilla de las mismas, poseedora de una sustancia fundamental oleosa y densa, tal como lo demuestra su expresión [prensado]. Pues no se encuentra ninguna semilla vegetal que, ya sea por destilación o por prensado, no rinda una abundante cantidad de aceite. Y esta es la verdadera razón por la cual llamamos «azufre» a las semillas o spermata: concretamente debido a su oleosidad, su capacidad aglutinante [Anleimigkeit] y su forma [Gestalt]. Puesto que esta sustancia fundamental oleosa y viscosa impregna, condensa, une y configura finalmente sobre un agua ligera. Por cuya causa, no sin justicia, se la denomina un bálsamo del azufre de los filósofos.
Qué sea el sperma o azufre de los metales, y de qué manera opere tanto por vía natural como artificial, es algo que pasaré a explicar asimismo en pocas palabras.[134]
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…[pasaré a] explicar. Que los metales se engendran a partir de un doble vapor [humo o gedoppelten Rauch] y de una piedra fundible [gísea], a lo cual se suma su nutrición, es algo que enseñan la razón misma, la experiencia y la naturaleza. ARISTÓTELES sostiene que estos nacen de las exhalaciones, lo cual, según defienden sus comentaristas, debe entenderse respecto a los vapores densos [viscosos], sulfúreos y mercuriales. MARÍA, la hermana de MOISÉS, dice: «el vapor envuelve al vapor, y la alta hierba sobre las montañas —a saber, la piedra o la matriz mineral [mineraliſche Mutter]— contiene a ambos». A esto se suma la descomposición analítica de los metales: en la cual la práctica y la experiencia atestiguan que estos se disipan en forma de vapor. No menos lo confirma la inspección ocular directa en las propias minas. Pues los mineros perciben con mucha frecuencia tales vapores, a menudo con daño para su salud; vapores a los que ellos denominan exhalaciones mineras [Witterungen]. Bien pueden los mineros llamarlo un vapor sulfúreo, y los filósofos una humedad aérea; este resulta curativo [saludable], en la medida en que, con su densidad [viscosidad], sana a los tísicos [Schwindſüchtigen] en las minas y los libera de aquellas enfermedades con las que se hallan peligrosamente afectados a causa del vapor mercurial.
En pocas palabras: este vapor es un azufre mineral que penetra las piedras minerales y se fija en ellas junto con el vapor mineral aliado. Que la raíz remota de este vapor sea un [azufre] común…[135]
Página 765 — Descifrador de acertijos químicos.
…[azufre] común, al cual le sobreviene una mejor cocción y purificación por obra de la naturaleza, es algo que no negamos; en la medida en que vemos que también los metales poseen una gran afinidad con el azufre común, y que ninguna mina metalífera es rica si no contiene azufre común o vitriolo. Con todo, sostenemos que solo la naturaleza puede llevar este azufre, o elemento espermático de los metales, a semejante estado de pureza, y perfeccionarlo con su calor natural, cocerlo y, mediante toda clase de circulaciones cíclicas [Cirkel-Gängen] en el interior de la tierra y dotes ocultas o celestiales, singularizarlo de tal modo que, según los grados de su pureza y fijeza, produzca diferentes metales. Sobre este azufre se ha tratado más ampliamente en la tercera parte de mi Metallurgia. En este lugar afirmamos que es verdadero lo que GEBER dice de este esperma mineral: «Todo lo hemos experimentado y discurrido con gran prudencia; y sin embargo, nada hemos hallado que resista la prueba [mantenga el tipo], a excepción de una humedad densa [turbia] que persevera en el fuego». Pues este azufre no se quema, sino que es un aceite incombustible dotado de una fuerza fija, la cual es perfecta, tal como habla HERMES. Transmútese este en tierra: esto es, fíjesele en su matriz [madre]. Él es el Sol de los filósofos, el cual, estimulado a través del arte por medio del sol común o fuego, en…[136]
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…en las minas, por el contrario, es sustentado por medio del calor mineral.
§. 2.
Del flujo mensual [Monat-Blühe / Menstruo].
Hasta aquí hemos tratado sobre la semilla masculina; ahora sigue la femenina, a la cual ellos [los filósofos] denominan el flujo mensual [Monat-Blühe]: por la razón de que, en el reino animal, constituye aquella sangre que cada mes, a través de una evacuación [flujo], es conducida hacia el exterior desde la matriz [Beer-Mutter] en las mujeres. Por ello, a causa de dicha evacuación mensual, se le llama sangre mensual o flujo mensual; lo cual, no obstante, concierne propiamente al reino animal. En sentido figurado [impropio], sin embargo, se acostumbra llamar así a la humedad de las plantas vegetales y de los minerales. De ahí que al agua de los metales se la denomine flujo mensual; en pocas palabras: de manera abusiva [metafórica], cualquier agente disolvente [Auflößſtuck] es llamado del mismo modo.
Tiene, por tanto, el flujo mensual de los metales —para que emplee el término habitual— la consideración de ser el agua de los metales; y esta es, a su vez, de naturaleza mercurial. Este carácter mercurial, no obstante, no se ha tomado del mercurio líquido corriente [azogue], sino a partir de la propiedad de su propia volatilidad, de donde ha recibido dicho nombre. Finalmente, a esta agua menstrual y mercurial se la denomina el Mercurius Philosophorum [Mercurio de los Filósofos]: porque el reino mineral y, posteriormente, el disolvente [Menstruum] de este, constituyen el ámbito en el cual los filósofos se hallan más afanosamente ocupados. Razón por la cual a esta agua regia de su propio reino, o men[struo]…[137]
Página 767 — Descifrador de acertijos químicos.
…[disolvente] o MERCURIUS PHILOSOPHORUM [Mercurio de los Filósofos]. No es, sin embargo, el Mercurio de los Filósofos un agua que moje las manos, sino un vapor [Rauch, humo] sutil, frío, crudo, mercurial y emponzoñado. En pocas palabras: una sal volátil mineral que, bajo la forma de una exhalación [vapor], se mezcla con el ya mencionado vapor denso [turbio] y sulfúreo, o semilla [ſpermate], recibiendo de este su configuración [Geſtalt]. Y esto es lo que MARÍA, hermana de MOISÉS, afirma: «El vapor envuelve al vapor»; a saber: el vapor sulfúreo envuelve al vapor mercurial. Esto mismo lo confirma ARNOLDO DE VILLANUEVA cuando dice: «A partir del Azufre y del Mercurio, exactamente igual que la naturaleza, así también el arte produce metales». Por último, de la misma manera que el agua vegetal adopta todas las formas de las muy diversas semillas de las plantas, así también la materia o agua de los metales adopta la forma de toda clase de diferentes azufres minerales y, de acuerdo con su condición, se coagula y se configura. De qué manera deba coagularse la materia por medio de la forma, y cómo esta última deba disolverse a través de aquella, es algo que se enseñará en el título séptimo, dedicado a la disolución. Ahora queda claro que la semilla, sin el flujo mensual [menstruo], no puede alcanzar una generación perfecta; lo cual debe entenderse del mismo modo para el reino mineral: en el cual el menstruo opera como el agua vegetal (del…[138]
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…[al cual se le llama] reverdecer y crecer (no en el sentido del reino vegetal, como BASILIO distingue muy diestramente); el cual [menstruo] se requiere para que las cosas sustanciales y metálicas —a saber, el azufre del Sol [el oro] y de la Luna [la plata]— puedan ser plantadas en él; tal como RAIMUNDO LULIO filosofa con profunda agudeza.
§. 3.
De la Matriz [Beer-Mutter / Útero mineral].
La matriz de los metales es entendida por los filósofos bajo tres acepciones distintas: en primer lugar, como el MERCURIUS PHILOSOPHORUM [Mercurio de los Filósofos]. Puesto que este es la madre, el recipiente y el huevo en el cual se cuece y se perfecciona el azufre de aquellos. En segundo lugar, como la matriz misma en sentido estricto; a saber, la piedra mineral con la cual los dos ya descritos vapores o exhalaciones son capturados, y en cuyo interior acontece la generación entera. Pues el metal no crece en cualquier clase de piedra, sino únicamente en aquellas que el fuego puede volver fluidas. Que tales piedras constituyen la auténtica matriz de los metales es algo que demuestran tanto la inspección ocular directa como la descomposición analítica. Pues los metales más duros [violentos], al ser tratados mediante el fuego, se deshacen y se corrompen; los dos vapores huyen alterados y escapan de ellos, dejando tras de sí una piedra fluida, similar a un vidrio. Por esta razón, los metales pueden ser reducidos a vidrio o a filisteos. En la obra filosófica se [requiere] también una matriz tal…[139]
Página 769 — Descifrador de acertijos químicos.
…[Se] requiere una matriz tal: motivo por el cual, para su inicio, emplean un metal perfecto, a fin de que el vidrio [escoria vítrea] de este sirva a la operación; o bien dejan después fermentar la masa del metal dentro del crisol. En tercer lugar, la matriz [Beer-Mutter] se toma por las propias minas o yacimientos metalíferos en cuyo interior opera todo esto; por lo cual los filósofos, en lugar de estos, emplean un matraz ancho de vidrio [ein weit Glas]. Pues no es válido que objetemos que las minas y los yacimientos están dotados, por obra de un arte singular e inimitable, de un espíritu vivificante. ¡A fe mía! El recipiente de vidrio de los filósofos, al cual también se le llama su huevo [Ey], cuando se halla colmado con el aire filosófico antes descrito y se emplean además los restantes elementos, resulta justamente tan fructífero [próspero] como el propio yacimiento o la mina natural. Pero sobre esto se hablará más ampliamente en otro lugar, de manera especial en la exposición sobre estas materias.
§. 4.
Del Peso.
Se requiere una determinada proporción y equilibrio entre la semilla [Saamens] y el flujo menstrual [menstruo o Monath-Blühe]. Pues, a falta de esto, la mezcla o bien se corrompe [se pudre], o bien se deseca; tal como se deja ver en la generación de las plantas vegetales, donde la carencia o el exceso de lluvia altera de forma notable a la vegetación.[140]
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…El peso, sin embargo, es de dos clases: el uno respecto a la magnitud [volumen/tamaño masivo]; el otro respecto a la propiedad de las mezclas. A este último peso, al que se denomina el más secreto de los filósofos, se le reconoce a partir de la operación [de laboratorio]: cuando el fuego externo aviva al fuego de la naturaleza en el interior, y este último altera la materia. De ahí brota una determinada correspondencia de las propiedades. De ahí surge el equilibrio [temperamento] frente a la balanza [Wag] y frente a la justicia [proporción correcta].
§. 5.
Del Calor [La Calidez].
También se requiere el calor, a modo de herramienta, para la generación: en el reino animal este exige un grado; en el vegetal [de las plantas] dos; en el mineral tres; y en la operación filosófica cuatro grados o escalas. El primero es el de la putrefacción [fermentación]; el segundo el de la condensación [estancamiento]; el tercero el de la coagulación [cristalización]; el cuarto es el grado de la sobreperfección. No obstante, sobre el fuego, el calor y su sustrato ya he tratado más arriba de forma general en el título dedicado a los elementos, bajo el párrafo del fuego. Por lo tanto, me eximo de cualquier otra discusión posterior sobre el mismo.
Adiciones.
¿Puede un metal llegar a formarse a partir únicamente del MERCURIUS PHILOSOPHORUM [Mercurio de los Filósofos]? Yo digo:[141]
Página 771 — Descifrador de acertijos químicos.
…[Yo] digo: que jamás existe ningún agua de los metales [disolvente] que esté desprovista de azufre, el cual lleva siempre consigo incorporado en sus partículas más diminutas, exactamente como en un punto central. Del mismo modo, no existe ningún azufre desprovisto de materia. Y bajo una forma tal, esta centella [Füncklein] del azufre oculto en el interior del agua mercurial puede ser avivada [insuflada] durante largo tiempo, a fin de que cueza las partes mercuriales, las temple y las transforme en metal; es más, incluso en la propia LAPIDEM PHILOSOPHORUM [Piedra Filosofal].
¿Se puede producir un metal por medio del arte? Yo respondo que Sí. Puesto que, del mismo modo que una semilla vegetal arrojada a la tierra —la cual se acostumbra tener en macetas [Scherben, tiestos de barro] frente a las ventanas—, cuando se la riega con agua a su debido tiempo y se la expone al sol, crece ni más ni menos que de forma natural; exactamente de la misma manera se pueden producir también los metales, siempre y cuando se posean y se apliquen las cinco condiciones correspondientes de una generación mineral, y a decir verdad, de una forma más perfecta y fuerte. Puesto que el arte puede auxiliar a la naturaleza, tal como se deja ver en la generación artificial de las flores. Se auxilia a la naturaleza a través del arte, concretamente, mediante la aplicación legítima y correcta de las cinco condiciones antes mencionadas.[142]
Página 772 — Del Dr. Johann Joachim Becher
El VI. Título.
De las seis operaciones prácticas [efectivas] de los químicos: La acreción [adición/crecimiento externo], la sustracción [disminución], la disolución, la coagulación, la destrucción y la sobreperfección.
Prefacio.
Hasta aquí hemos prestado atención a los principios y fundamentos originarios: siguen ahora las operaciones [efectos/acciones de laboratorio], cuyas causas y propósitos se deben comprender correctamente. Puesto que ellas sirven para el conocimiento de muchos refinamientos [elaboraciones] de la naturaleza. Se dirigen, por lo general, bien hacia el arte de la medicina, o bien hacia la generación y el perfeccionamiento de las cosas; y de manera detallada hacia los seis ámbitos [reinos] que hemos enumerado al comienzo de este título, y que pasaremos a explicar en los parágrafos siguientes.
§. 1.
De la acreción [Beywachsung / Adición por crecimiento].
Antes de que analicemos la acreción, conviene que sepamos cuáles partes son llamadas por los químicos heterogéneas [de distinta especie o anderartig] y cuáles homogéneas [de la misma especie o gleichartig]. Se denomina heterogéneo a cada reino cuando se le compara frente a otro diferente. De este modo, se…[143]
Página 773 — Descifrador de acertijos químicos.
…**[se deen]**ominan heterogéneos [de distinta especie] en su mezcla a los animales cuando se les considera respecto a las plantas vegetales; y a estas últimas, a su vez, cuando se las compara con los minerales. Puesto que es heterogéneo aquello que se mezcla con otro cuerpo desde la raíz, de tal manera que pase a formar parte de la naturaleza misma de este o constituya una mixtura perfecta. Por lo tanto, siendo un hecho sabido que las plantas vegetales no se amalgaman con los metales, y que estos, por el contrario, no se mezclan con aquellas; deducimos de ello que estos reinos, con sus respectivos cuerpos, son heterogéneos entre sí. Según esto, se denominan heterogéneos aquellos elementos que no pueden transmutarse [pasar] a la naturaleza de otro ni unirse a él por acreción [cohesión]; tal como ocurre con los huesos respecto a la carne, o con las piedras respecto a los metales en bruto.
Se denominan homogéneos [de la misma especie], por el contrario, aquellos componentes que pertenecen a un mismo reino y que poseen una naturaleza tal que pueden intercambiarse o sustituirse entre sí. Sin embargo, lo «completamente heterogéneo» consiste en elementos que, siendo por entero de una naturaleza distinta, al ser acoplados o unidos, llegan a constituir una sustancia contigua y cohesionada [ein aneinander-weſendes].
Según la primera acepción, son homogéneos [afines] la plata y el oro, la cebada [Gerſten] y el grano [trigo], la carne de buey [Rind-Fleiſch] y la carne humana, y cosas semejantes. Según la segunda acepción, en cambio, son estrictamente idénticos el agua con el agua, el aceite con el aceite, el ser humano con el ser humano y el oro con el oro. Y del mismo modo que las partes heterogéneas y las homogéneas son de dos clases, así también las acreciones [adiciones materiales o Beywachſungen] son dobles: a saber, la heterogénea y la homogénea; de las cuales la primera es una im[propia]…[144]
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…impropia, mientras que la otra es llamada una acreción [adición/crecimiento externo o Beywachſung] propia.
La primera, a saber, la acreción impropia, ocurre cuando en la mixtura se agregan [crecen] y se adhieren algunas cosas heterogéneas [de distinta especie]. Estas son llamadas por los galenistas cosas antinaturales; como, en el reino animal, los gusanos, los cálculos [piedras] y cosas semejantes; en las plantas vegetales, las estructuras óseas [médulas duras], las arañas y los pelos; y en los minerales, las tierras, las piedras, etc. También acontece una acreción impropia de lo heterogéneo cuando se colocan cosas de distinta especie unas al lado de otras y se aglutinan [pegan] exteriormente; como cuando dos cosas desiguales se adhieren por medio de una cola [pegamento] o de cualquier otra manera, tal como la hiedra [Epheu] a la pared, y la saxífraga [Steinbrech, rompepiedras] a las rocas. Finalmente, ocurre cuando cosas desiguales se mezclan durante la generación: como cuando los metales se incorporan de tal modo a una planta vegetal que crecen junto con ella, y se les encuentra en sus hojas con su sustancia fundamental inalterada mediante el proceso de reducción [transporte/reducción química].
La otra, a saber, la acreción propia, acontece de dos maneras distintas, de acuerdo con el doble grado de las sustancias homogéneas. En primer lugar, por yuxtaposición [adición externa], cuando una cosa se acrecienta por medio de su semejante; como cuando se añade vino al vino, ojalá oro al oro. En segundo lugar, a través de una verdadera acreción interna, la cual ocurre por medio de la alteración y la generación: cuando algunas…[145]
Página 775 — Descifrador de acertijos químicos.
…[algunas] partes, dispuestas para la adopción de otra sustancia fundamental y de otras propiedades, son modificadas e incorporadas por acreción mediante un cambio adecuado a su naturaleza. La causa eficiente de esta acreción verdadera le corresponde únicamente a la semilla, actuando a modo de un pegamento activo. Puesto que, al ser esta de una sustancia fundamental densa [turbia] y viscosa, primero cuaja al agua ligera (la cual debe asimilarse por acreción) exactamente como si fuera un queso [wie ein Käß], la condensa y, tras completarse el espesamiento y la acreción, le imprime finalmente aquella forma [Geſtalt] que Dios le otorgó por naturaleza. Transmuta y altera, asimismo, una parte de lo que ha sido mezclado y añadido para la multiplicación de la semilla, convirtiéndola en una sustancia seminal propia; tal como vemos que ocurre visiblemente en las plantas vegetales con la propia semilla en todas y cada una de las generaciones. Y esta es la verdadera diferencia entre la acreción [asimilación de masa] y la transmutación [transformación], la cual presenciamos de forma evidente en los vegetales: allí, una parte de lo añadido se convierte en semilla, mientras que el resto se incorpora por acreción. Esta misma acreción tiene lugar en la generación de los metales, y no aquella otra que algunos suponen que ocurre de forma puramente externa por medio de una mera yuxtaposición; tal como he demostrado con mayor extensión en mi Metallurgia. Conviene advertir, no obstante, que la acreción se promueve mediante el incremento del azufre o de las grasas [der Fetten]: por esta razón, el suelo agrícola se abona con estiércol graso [fettem Miſt]. Pues de esta manera las semillas y su…[146]
Página 776 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…[su fuerza] aglutinante y la causa de la acreción se ven promovidas; seguidamente, con la dosificación del calor. Puesto que, a medida que este cuece lo fluido [delgado], lo condensa en alguna sustancia, volviendo así la materia más propensa a incorporarse por acreción.
§. 2.
De la sustracción [Abnehmen / Disminución de la materia].
La sustracción se opone a la acreción, en tanto que constituye su contrapartida [antítesis]. Se ejecuta por medio de recursos opuestos a aquellos con los que se realiza la acreción. Por esta causa, ella es también de dos clases: pues consiste bien en la sustracción de las partes heterogéneas [de distinta especie], o bien en la de las partes homogéneas [de la misma especie].
La sustracción de las partes heterogéneas ocurre mediante la eliminación del pegamento o del lazo [Bandes] con los cuales aquellas se adhieren a las partes de forma ajena a su naturaleza [extranatural]. Al igual que en los metales, mediante el ensayo del fuego, se separa lo heterogéneo de lo homogéneo; de la misma manera, en el reino vegetal, las partes heterogéneas —a las que se llama impuras— se separan o disminuyen por medio de la destilación o el lavado; y en los animales, mediante la remoción, ya sea por vía purgante o quirúrgica [vulneraria].
La sustracción de las partes homogéneas, en cambio, acontece bien en la magnitud [volumen] o bien en la propiedad. En la magnitud, cuando una porción es dividida de la otra: como cuando de una marca de oro se toman cuatro onzas, tomán[dose]…[147]
Página 777 — Descifrador de acertijos químicos.
…la marca disminuye exactamente en la misma medida en que se le han retirado sus onzas.
En lo que respecta a la propiedad, la sustracción [disminución] acontece de dos maneras: parcial [pieza por pieza] y total. Parcial, cuando la mezcla disminuye en una porción densa [turbia] o húmeda, de tal suerte que o bien se retira por completo un fragmento de ella, o bien una porción se transforma en otra, por lo cual se vuelve después más pequeña; en tal caso, disminuye la parte desde la cual ocurrió la transformación. Total, en cambio, se dice de una mezcla que disminuye no ciertamente en su magnitud [volumen], sino en su propiedad, cuando retrocede en su cualidad intrínseca y aquello que previamente había sido cocido [madurado], ahora se vuelve nuevamente crudo [wieder rohe wird].
Esta sustracción, no obstante, es opuesta a la acreción verdadera, y se ejecuta por medio de recursos contrarios. Hemos dicho anteriormente que la acreción verdadera se produce mediante la aglutinación [pegamento].
De ahí se ha de ver que la auténtica sustracción se produce mediante la adición de cosas contrarias a la acreción. Ahora bien, lo opuesto a la aglutinación es la licuación [desintegración / Zuſammenſchmelzung], la cual se origina a partir de una putrefacción [fermentación / Fäulung].
Consideremos, por lo tanto, a la putrefacción como la causa eficiente de la sustracción. De qué manera acontece a los cuerpos la putrefacción y, por medio de ella, la licuación, es algo de la mayor importancia conocer.[148]
Página 778 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…A partir de los títulos precedentes, de manera especial del segundo, se hace evidente que todos los cuerpos se componen de una porción densa y de una porción fluida [delgada]; un agua fuerte, grasa y oleosa que configura a lo fluido y le confiere su folium [hoja], a saber, su forma [Geſtalt]. En pocas palabras: esta agua sulfúrea y densa [turbia] constituye el bálsamo de los cuerpos, dotada por Dios de la propiedad de que, por cada cantidad de agua ligera, pueda dar forma, condensar, coagular, fijar y contraer en un solo cuerpo exactamente la misma cantidad de materia, siendo capaz de preservarlo y custodiarlo. De este modo, el azufre del romero [Schweffel des Roßmarins] posee una determinada proporción que observa estrictamente para la preservación del agua que tiene mezclada; con respecto a la cual, cuando aún no la posee por completo, absorbe toda el agua ligera que fluye desde su propio reino y le da forma. Sin embargo, tan pronto como se le añade un agua que sobrepasa esta proporción, la cantidad de agua supera de inmediato al azufre, es decir, a la causa coagulante; y de esta manera, el azufre pasa de ser el agente activo [Thuenden] a ser un elemento pasivo [leidender Schweffel]. Mientras que, por el contrario, a partir de lo pasivo surge un agua activa, por cuanto la grasa del azufre se disuelve en medio de un agua excesiva y, por lo tanto, colapsa en su estructura [se licúa]. Puesto que el azufre, al desistir de su acción, se repliega y busca su preservación, razón por la cual se contrae hacia su centro [se atomiza en puntos]; y de ahí que, durante la putrefacción [fermentación], se observen toda clase de colores debido a la mutación del azufre. La putrefacción se ve impedida por un calor excesivo, el cual, antes de que la hume[dad]…[149]
Página 779 — Descifrador de acertijos químicos.
…[la] humedad la preserva; e [impedida por] un frío excesivo, el cual hace congelar los humores; [por el contrario, la putrefacción] se ve promovida por el aire cálido y húmedo. Y del mismo modo que el azufre ha sido la causa de la acreción y de la coagulación debido a su propiedad aglutinante: así también el agua es la causa de la sustracción y del desvanecimiento, debido a la licuación y dispersión del azufre. Y esta es la verdadera razón de por qué los filósofos han llamado a la humedad «la vida y la muerte» de las cosas: la vida, porque ella ha proporcionado los cuerpos a las cosas; la muerte, porque ella disuelve de nuevo esos mismos cuerpos. Pero sobre la acreción y la sustracción se hablará más ampliamente en el siguiente apartado, dedicado a la licuación y a la coagulación.
§. 3.
De la licuación [Zerlaſſung / Disolución].
La disolución y el análisis son de tres clases entre los químicos: a saber, la separación de lo contiguo [cohesionado o aneinander-weſenden], la de una parte, y la del todo.
La separación de lo contiguo ocurre cuando un cuerpo que forma una estructura unificada se desune. Denominan, no obstante, «cuerpo contiguo» a aquello que pertenece a una unidad, tanto en lo que respecta a sus partes semejantes como a las desiguales. De este modo, el cuerpo humano es llamado contiguo [cohesionado] con todos sus miembros; e igualmente una planta herbácea [Kraut] con su raíz, su tallo, sus hojas y cosas semejantes.[150]
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…Ningún cuerpo se puede hallar que esté tan fuertemente cohesionado [sea tan contiguo] como un cuerpo metálico. Por lo tanto, cuando estos cuerpos se desunen en su unidad, se dice que colapsan en su estructura contigua. Esta desagregación de lo contiguo es de dos clases: la primera se ejecuta por medio de la trituración y la pulverización, ya sea con el mazo [pisón / Stempffel], con la lima [Feylen] o de cualquier otra manera en que pueda ocurrir. Como cuando se machaca una planta herbácea en un mortero [Mörfner]; cuando un metal es batido en láminas [hojas] o es pulverizado; o cuando los animales son cortados o triturados. Semejante fragmentación sirve de apoyo a las subsiguientes disoluciones, de las cuales es su sierva [auxiliar]. Puesto que, al dividirse un cuerpo en su estructura contigua, sus partículas microscópicas [Punctlein] quedan más expuestas en su superficie; por cuya razón, posteriormente, se disuelven [abren] con mayor rapidez en los otros disolventes. Podría, de acuerdo con esto, llamarse a esta fragmentación una disolución preparatoria [Præparatorische].
La segunda clase de disolución de lo contiguo se ejecuta mediante aguas fuertes [ácidos o Etz-Waſſer], a las que llaman corrosivos [Corroſiven]: poseen su mayor utilidad en los metales, cuyos cuerpos devoran [corroen] punto por punto, reduciéndolos de este modo a un polvo impalpable [insensible]. En esta disolución [apertura] se debe observar, en primer lugar, la naturaleza propia del agua corrosiva. Pues al oro le corresponde el Aqua Regis [agua regia]; a los demás metales, en cambio, el Aqua fort [agua fuerte]. Cuanto más graso es un metal, tanto más de buen grado se deja disolver por el Aqua Regis:[151]
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…Pues la porción grasa [del oro] resiste al Aqua fort [agua fuerte]. La causa de esto puede consultarse en la tercera parte de mi Metallurgia. En segundo lugar, se debe considerar la fragmentación de la estructura contigua [cohesionada] en sí misma, con respecto al agente disolvente [Solvirſtückes] y a aquello que se va a disolver. Por esta razón, para disolverlo en su estructura contigua según el primer método, se le debe batir previamente en pequeñas láminas u hojas delgadas, y poner estas al rojo vivo [glüend machen]. Pues de este modo se disuelven [abren] con mucha mayor rapidez; y esto se hace también para que el agente disolvente mantenga una determinada proporción cuantitativa. Finalmente, se debe observar el principio, el medio y el fin de la disolución; como también el calor, los recipientes, el trípode [Treyfuß] y los demás instrumentos que se requieren para semejante proceso de disolución [apertura]. En tercer lugar, se debe atender a la precipitación [Præcipitation], a saber: de qué manera lo disuelto debe ser precipitado [batido hacia abajo] y separado del agua corrosiva [Fretzwaſſer]. En cuarto lugar, el lavado y dulcificación [Abſüſſung] para limpiarlo de los espíritus corrosivos, y su desecación: asimismo, se ha de observar la propiedad que ha adquirido el metal disuelto por los espíritus corrosivos, al cual, una vez precipitado y lavado, se le denomina cal [Kalch]. De este modo, la cal de oro adquiere una propiedad fundible [cerrada], mientras que las cales de los metales obtienen por lo común una volatilidad, o bien se reducen [recuperan] de nuevo con gran dificultad, tal como ocurre con la Luna Cornua [plata córnea] y cosas semejantes. En quinto lugar, la utilidad y la reducción [aislamiento químico]. La utilidad de la disolución de la estructura contigua de los metales es doble: bien para la separación de un metal de otro, como…[152]
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…del oro respecto de la plata, o para la elaboración de medicamentos; para cuyo beneficio, cuando los recolectes, es absolutamente necesario que sean liberados de la mejor manera posible de los espíritus corrosivos; entonces se efectúa la reducción del cal metálico empleando sales fundibles y aglutinantes: cuya transmutación del cal de nuevo en una estructura contigua [sólida] demuestra que la disolución corrosiva de los metales es únicamente una fragmentación de su estructura contigua.
La disolución de una parte ocurre cuando un principio originario, tanto de la sustancia fundamental como de la propiedad, es separado del cuerpo: como cuando se elabora o se extrae un espíritu, un aceite o una sal a partir de un cuerpo. Esto se ejecuta de dos maneras distintas: en primer lugar, por medio de la destilación, la fermentación, la calcinación, la vitrificación, la reverberación y cosas semejantes. En segundo lugar, por afinidad [simpatía] a través de la extracción: de este modo, las sustancias grasas y sulfúreas extraen de los cuerpos a sus semejantes. Esta es la verdadera razón de por qué los espíritus del aguarrás [turpentina] o el aceite común extraen de todos los cuerpos a sus semejantes y quedan teñidos [pigmentados] por ellos.
La disolución de las partes sirve al arte de la medicina. Puesto que a veces no requerimos de todas las partes de un cuerpo, sino que para diferentes dolencias empleamos diferentes principios originarios: por esta causa se separan los aceites, los espíritus y las sales…[153]
Página 783 — Descifrador de acertijos químicos.
…separados [los aceites, espíritus y sales] deben estar en las boticas; de este modo, el arte de la separación [la química] ha enseñado de qué manera pueden extraerse los principios originarios a partir de los cuerpos. Así, la fermentación [Gährung] rompe el lazo de los tres principios de las propiedades; la destilación [Diſtillirung] extrae el principio mercurial [volátil] y el intermedio [aceite]; la calcinación [Calcinirung], en cambio, pone ante nuestros ojos a este último, a saber, la sal. Razón por la cual la disolución de una parte sirve propiamente a la medicina, no tanto para preparar los remedios, sino para reconocer aquellas enfermedades que provienen de la fragmentación de una parte de los humores. Puesto que, del mismo modo que un cuerpo puede disolverse parcialmente por medio del arte, así también acontece en el cuerpo humano una disolución de su andamiaje contiguo [tejidos], de sus partes, e incluso a veces de su totalidad; explicar aquí las causas de tal disolución sería, por cierto, útil y necesario, pero dado que se discutirán de forma más detallada en la exposición posterior sobre esta materia, no hemos debido ni querido rebasar en este sitio las reglas de un compendio breve. Un amante de la química, a menos que esté completamente loco o sea un necio, aprenderá y discernirá con facilidad, a partir de lo expuesto anteriormente, las causas de la licuación y de la coagulación, tanto en su vertiente activa como pasiva; tanto en lo que concierne a las causas de las enfermedades como a las preparaciones de los medicamentos.
La separación del todo [disolución total] ocurre cuando un cuerpo se disuelve de tal manera que su forma y sus propiedades se transmutan [transforman] por completo. Es de dos clases: antinatural y natural.[154]
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…[na]tural. La antinatural [fuera de la naturaleza] acontece cuando un cuerpo, por obra del fuego, se quema alterando el orden y su condición natural: por cuyo motivo la forma esencial de su sustancia, a saber, la cualidad sulfúrea, se condensa hacia su centro [se atomiza en puntos] y se reduce a carbón; mientras que la porción húmeda se separa y se expande, exhalándose por la potencia del fuego y transformándose en humo o en hollín [tizne]. La disolución natural de un todo, por el contrario, ocurre cuando el cuerpo se corrompe [putrefacta] y, por vía natural, transita hacia sus principios originarios. Esta transmutación recibe el nombre de disolución radical [desde la raíz] y filosófica: puesto que, dado que el propósito de los filósofos es la regeneración [resurrección química]; y para dicha regeneración es indispensable la reducción del cuerpo a la materia prima o a su sustancia seminal; y como esto no puede suceder sino únicamente a través de la putrefacción [fermentación]; con justa razón puede llamarse a la putrefacción, o disolución radical, una operación filosófica. No obstante, dado que en las secciones precedentes —en particular en el título dedicado a la reducción a la materia prima, e igualmente en el título de la sustracción— ya he escrito de forma suficiente sobre la putrefacción, resultaría tedioso y un exceso repetir la misma materia una y otra vez.
Como conclusión, exhorto al artífice [operador] a que preste suma atención a la diferencia entre la primera y la segunda clase de disolución del todo. Pues estas son entre sí diametralmente [directamente] opuestas: en la calcinación de es-[155]
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…[En la calcinación de es]tos cuerpos, el azufre resulta dañado [corrompido] y la humedad es destruida; en la putrefacción, por el contrario, o calcinación filosófica, lo húmedo se preserva junto con lo cálido [mediante el calor moderado]. Pues de esta manera, ambos componentes pueden ser reunidos a través de un nuevo lazo [enlace]: en la medida en que el azufre, que previamente se había condensado hacia su centro [atomizado en puntos], tiende finalmente de nuevo hacia su periferia [perímetro] y fija su propia humedad; a partir de lo cual se origina una nueva generación, de acuerdo con la doctrina filosófica: «La corrupción de uno es la generación de otro» [Corruptio unius est generatio alterius]. Por este motivo se aclara la razón de por qué los filósofos han afirmado que ellos calcinan los cuerpos por medio del agua o del fuego húmedo, mientras que el vulgo [el hombre común] los calcina con el fuego común, quemándolos, desmoronándolos y destruyéndolos.
Después de esto, preste el lector atención al propósito final de las disoluciones precedentes, a fin de que no cometa error. Pues la disolución de las partes nos indica cuál es la porción más excelente y la más adecuada para nuestros remedios; pero se halla muy distante de la verdadera generación, la cual se ejecuta mediante la disolución del todo según el segundo método. Puesto que todo aquello que ha sido fermentado, destilado, lixiviado, calcinado o, en fin, tratado mediante la disolución de una parte, se vuelve completamente estéril [incapaz] para una posterior generación. Puesto que ha perdido un principio originario en dicho proceso de disolución y separación; ya sea un principio de la propiedad, o bien de la sustancia fundamental, indispensable para la generación…[156]
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…[para la genera]ción, y se requiere para la constitución del todo.
Por lo tanto, andan errados aquellos que se atreven a preparar medicamentos mediante la putrefacción completa, o los que pretenden lograr una nueva generación a través de la disolución de las partes; puesto que las cosas corrompidas [putrefactas], debido a la alteración extrema de sus propiedades, son más bien veneno [Gifft] y destrucción que medicamentos. Por el contrario, los aceites, espíritus y sales son medicamentos, y no principios originarios que sean aptos para una nueva generación o para la multiplicación de sí mismos. En lo que concierne a la disolución de la estructura contigua [molienda mecánica], sepa el lector que esta es la servidora [auxiliar] tanto de la disolución de una parte como de la del todo; y por sí misma no puede lograr otra cosa sino volver a los cuerpos más aptos y manejables para la segunda y la tercera clase de disolución.
§. 4.
De la coagulación o cristalización [Gerinnung].
Del mismo modo que existen tres clases de disoluciones, así también hay tres clases de coagulaciones, las cuales, con respecto a los reinos de la naturaleza, son asimismo triples entre sí. Pues en el reino animal consiste únicamente en la unión [Einigung] de ambas sustancias seminales; en el vegetal [de las plantas], en la coagulación [Coagulirung]; y en el reino mineral, en la fijación [Figirung]. Cuantas tres variedades englobaremos, en lo sucesivo, bajo el nombre único de coagulación. Es por lo tanto…[157]
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…esta coagulación [es] de tres clases: bien de la estructura contigua [cohesionada], bien de una parte, o bien de la totalidad. En estas tres escalas se sitúa como la antítesis de la triple disolución.
La coagulación de la estructura contigua es de dos tipos, y acontece bien por medio del aglutinamiento [Anknettung / amasado], o bien por condensación [Andickung / espesamiento]. Por aglutinamiento, ocurre cuando los polvos se mezclan con agua o con pegamento [cola / Laimen]; por cuya causa, cuando la humedad se evapora, la mezcla se coagula [solidifica]; pero si se le añade agua de nuevo, se disuelve otra vez. Así, el fuego lo coagula todo, pero el agua lo disuelve todo. Por condensación se ejecuta cuando el agua, por obra de su frío, congela una cosa y luego esta vuelve a derretirse por acción del calor, tal como el hielo y cosas similares. En pocas palabras: en esta doble coagulación de la estructura contigua se debe observar la siguiente máxima [proverbio científico]: Lo que se coagula por medio del fuego, se disuelve por medio del agua; por el contrario, lo que se coagula por medio del agua, se disuelve de nuevo por medio del fuego.
La coagulación de una parte ocurre cuando la naturaleza oleosa se une a la salina, el azufre a la sal, el aceite al agua, el varón a la hembra, lo seco a lo húmedo y lo volátil a lo fijo, tal como se ha mencionado anteriormente en el parágrafo dedicado a la acreción, se [reúnen]…[158]
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…[con]cluyen por afinidad mutua [simpatía] o por oposición [antipatía]. Por afinidad mutua, con sus semejantes; por oposición, con sus contrarios. En esta coagulación de las partes se deben observar las siguientes máximas [proverbios científicos]: Lo débil cede ante lo más fuerte; lo semejante se une a lo semejante; la naturaleza aspira a la perfección; y la vida de uno es la muerte del otro. Toda separación química debe realizarse con prudencia [moderación] y razón. Si sopesas esto rectamente, se te concederá el acceso a los grandes secretos de la naturaleza.
La coagulación del todo es de dos clases: antinatural y natural. Antinatural, cuando se solidifican cosas heterogéneas; natural, en cambio, cuando lo hacen cosas homogéneas. En lo que respecta a la vía de la generación, esta ha sido explicada junto con su disolución radical en el apartado dedicado a la putrefacción, y en el parágrafo sobre la verdadera y filosófica acreción y sustracción. Por lo tanto, doy por concluido aquí lo relativo a la coagulación, recordando al artífice [operador] que no confunda las clases de coagulación entre sí. Puesto que el agua común jamás se coagulará [fijará], con la fijeza debida, junto con el oro. Por esta causa, cualquier agente disolvente que en la coagulación y fijación se enlace radicalmente al cuerpo disuelto —según el método de la tercera disolución y coagulación— debe ser considerado como un verdadero reactivo disolvente [Solvir-Stück], y semejante proceso como una auténtica operación filosófica; lo contrario se en[tiende]…[159]
Página 789 — Descifrador de acertijos químicos.
…[se en]tiende bajo este concepto. Por lo tanto, si uno observa estrictamente las reglas de la naturaleza, no cometerá error fácilmente; mientras que, por el contrario, se extraviará en un laberinto laberíntico e incalificable [sin salida].
§. 5.
De la destrucción [Zerrüttung / Desorganización molecular].
La destrucción es de dos clases: una común, y la filosófica.
La común acontece cuando se trata a los cuerpos de manera directa en contra o fuera de la naturaleza; lo cual sucede de muy diversas maneras.
- Cuando se mezclan e incorporan cosas heterogéneas [de distinta especie] entre sí.
- Cuando en la disolución y coagulación de dichos cuerpos se procede en contra del orden de la naturaleza y del propósito deseado.
- Cuando se les trata con sustancias incompatibles [no apropiadas], o cuando se pretende exigir de ellos aquello que por sí mismos no poseen, o cuya posesión no les ha sido concedida por la naturaleza.
- Estrictamente, no obstante, se dice que son destruidos según el primer método de la tercera disolución; a saber, cuando son devastados y separados de forma ajena a la naturaleza.
- Son destruidos cuando se acoplan o encajan principios originarios defectuosos o contrarios, o bien cuando, debido a un exceso de preparación [manipulación repetida], pierden sus propias cualidades y virtudes, atrayendo propiedades desagradables y ajenas a su naturaleza.[160]
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…La destrucción filosófica, por el contrario, acontece con provecho [ganancia]. Consiste en la transmutación y el repliegue retrógrado del cuerpo, ejecutados según el segundo método de la tercera disolución; a saber, mediante la disolución radical [desde la raíz]. Puesto que, a través de semejante operación, los cuerpos se vuelven, por así decirlo, incorpóreos y son reducidos a la nada ante nuestros propios ojos, siendo devueltos a aquella tierra original de la que habían brotado. No obstante, a partir de una destrucción tal se produce una nueva regeneración [resurrección química], y, en esta, un incremento glorioso y sobreperfeccionado. ¡En verdad, aquello que de este modo se derriba, se edifica! Por este motivo dicen los filósofos: «Es más fácil fabricar el oro que destruirlo»; por cuanto aquello que se ha destruido a la manera filosófica se reedifica a sí mismo mediante el impulso natural y su propio pegamento [aglutinante molecular], pero exige ser desmantelado por la mano experta [no inexperta] del artífice.
§. 6.
De la Perfección.
La perfección es de dos clases: natural y hecha por el arte [artificial].
La perfección natural ocurre cuando un cuerpo alcanza aquel grado de madurez en el cual ha sido situado por la propia naturaleza. De este modo, un engendro [monstruosidad / malformación], comparado con un ser humano sano, es imperfecto. El vino es más perfecto que los restantes líquidos; el oro, más que los demás metales.[161]
Página 791 — Descifrador de acertijos químicos.
…La perfección hecha por el arte [artificial] ocurre cuando se auxilia a la naturaleza en su propio proceso de perfeccionamiento, a fin de que opere con mayor rapidez y de manera más perfecta. Se la auxilia, concretamente, mediante la separación de los componentes heterogéneos [de distinta especie] y a través de la concentración molecular [coagulación en puntos] y el perfeccionamiento de las partes homogéneas [de la misma especie].
Las partes heterogéneas son de dos clases: acuosas o terrosas. Estas se separan de dos maneras: en primer lugar, diferenciándolas entre sí de forma directa; en segundo lugar, clasificándolas internamente. Para separarlas entre sí de forma directa, las partes acuosas se apartan de las terrosas por medio de la destilación, la filtración, la congelación, la precipitación o la evaporación [exhalación]. Las partes acuosas de carácter heterogéneo se separan de las acuosidades puras por medio de la destilación o la precipitación; y las terrosas, de las demás sustancias terrosas, por medio de la calcinación o la sublimación. De este modo, el agua se separa de la tierra por medio de la destilación; la sal se separa de la caput mortuum [cabeza muerta] por medio de la calcinación; la sal se separa de las cenizas por medio de la lixiviación [lavado o Auslegung]; y la sal se separa del agua por medio de la evaporación. El propósito de estas labores consiste en que las partes impuras sean separadas de las puras; cuya separación se ejecuta convenientemente a través del fuego, el aire y el agua. A través del fuego, el cual purifica los cuerpos de los componentes combustibles [inflamables]; a través del aire, el cual los libera de la humedad por medio de la desecación; y a través del agua, la cual los lava…[162]
Página 792 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…lava y purifica. Los cuerpos que se quieran purificar por medio del fuego deben estar secos; los que se hayan de limpiar por medio del aire conviene que se vuelvan porosos y ligeros [abiertos]; y los que se purifiquen por medio del agua se deben volver líquidos [fluir].
Las partes homogéneas [de la misma especie] se concentran [coagulan en puntos] mediante la separación de las heterogéneas, y se alteran tanto de manera accidental como de manera esencial. De manera accidental se transforman y se preservan. Se transforman en su color, olor, sabor, configuración, rugosidad y tersura [lisura], así como en su peso [gravedad y ligereza]; cuyas causas de todas estas mutaciones combinadas se hallan en la tercera parte de mi Metallurgia. Se preservan mediante la eliminación de los agentes dañinos y mediante su adecuada disposición, de suerte que nada pueda perjudicarlas. No obstante, del mismo modo que todo esto acontece en los accidentes [cualidades secundarias], así también brotan originalmente a partir de la sustancia fundamental, la cual puede ser modificada y consumada de manera esencial. Se modifica, ciertamente, en la medida en que el azufre se cuece más, y la humedad se dispone de tal modo que, gracias a dicha cocción, alcance su perfección. Pues en este punto el arte [la química] puede socorrer a la naturaleza [tomarla bajo el brazo], por cuanto, si se poseen los principios originarios naturales, el arte puede suministrarles el calor [das Warme] y la humedad [das Feuchte]. Por medio de la humedad las cosas se multiplican, y por medio del calor se sustentan.[163]
Página 793 — Descifrador de acertijos químicos.
Adiciones.
¿Qué es la sobreperfección [Ubervollkommenheit]? Respuesta: Según los químicos, esta consiste en un cuerpo que ha surgido a través de los principios originarios naturales, pero que ha sido de tal manera elaborado por medio del arte [la técnica] que resulta más perfecto de lo que la naturaleza por sí sola, desprovista de este, habría podido producir.
2. ¿Qué es un oro sobreperfeccionado?
Respuesta: Según los químicos, este es un oro renacido, o bien un oro traído hacia una nueva actividad de generación y que, dentro de esta misma, ha sido de tal modo elevado por medio del arte y la administración del fuego [Verwaltung des Feuers] que supera al oro natural en muchos grados; y que, cuando se introduce o comunica a otros metales, los vuelve tanto más perfectos en la misma cantidad de grados en que este supera la perfección común del oro. En pocas palabras, el oro al que se refieren los químicos es el oro muerto del hombre común, por cuanto este, al hallarse fuera de la actividad de generación, se encuentra por así decirlo extinto; exactamente como cualquier cosa que no se multiplica ni prospera. El oro vivo, por el contrario, es aquel oro que ha sido conducido hacia la actividad de la generación. Finalmente, el oro sobreperfeccionado es la Tintura, el Elíxir y la Piedra Filosofal.[164]
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…[considera]ciones: se deben observar las características particulares de los animales. Las sustancias venenosas y volátiles señalan a la materia; la tierra fija, por el contrario, indica la forma [Geſtalt]. De ahí que el siguiente acertijo deba resolverse de esta manera: «El León Rojo combate con el Lobo Gris»; y cuando este lo venza, se convertirá en un glorioso príncipe de la victoria. Después de esto, enciérralo en una prisión transparente junto con diez o doce águilas virginales, y entrégale la llave de la prisión a Vulcano; entonces las águilas comenzarán a combatir, a vencer al león y a desgarrar y despedazar su cuerpo, el cual, cuando se corrompa [putrefacte], hará que las águilas pretendan huir de allí para escapar del hedor, rogándole a Vulcano que abra las puertas y examine todas las rendijas de la prisión. Mas dado que Vulcano no se deja ablandar por ruegos, y todos los extremos de la prisión se hallan perfectamente sellados, las propias águilas acabarán destruidas, infectadas y corrompidas por el hedor que emana del cadáver del león. De ahí resulta una espantosa putrefacción. Sin embargo, puesto que la corrupción de uno es la generación de otro, a partir de este doble cadáver se originan muy diversas cosas: en primer lugar, emerge un Cuervo [Raab] que, al corromperse de nuevo, desaparece; del cual surge un Pavo Real [Pfau] con una cola polícroma [de muchos colores]; y cuando este fenece, aparece una Paloma [Taube], la cual, dado que el cuervo no pudo hallar ningún lugar seco, encuentra uno, pero un lugar nuevo, puesto que la tierra anterior [ha sido anegada] por el Diluvio Universal…[165]
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…[considera]ciones: se deben observar las características particulares de los animales. Las sustancias venenosas y volátiles señalan a la materia; la tierra fija, por el contrario, indica la forma [Geſtalt]. De ahí que el siguiente acertijo deba resolverse de esta manera: «El León Rojo combate con el Lobo Gris»; y cuando este lo venza, se convertirá en un glorioso príncipe de la victoria. Después de esto, enciérralo en una prisión transparente junto con diez o doce águilas virginales, y entrégale la llave de la prisión a Vulcano; entonces las águilas comenzarán a combatir, a vencer al león y a desgarrar y despedazar su cuerpo, el cual, cuando se corrompa [putrefacte], hará que las águilas pretendan huir de allí para escapar del hedor, rogándole a Vulcano que abra las puertas y examine todas las rendijas de la prisión. Mas dado que Vulcano no se deja ablandar por ruegos, y todos los extremos de la prisión se hallan perfectamente sellados, las propias águilas acabarán destruidas, infectadas y corrompidas por el hedor que emana del cadáver del león. De ahí resulta una espantosa putrefacción. Sin embargo, puesto que la corrupción de uno es la generación de otro, a partir de este doble cadáver se originan muy diversas cosas: en primer lugar, emerge un Cuervo [Raab] que, al corromperse de nuevo, desaparece; del cual surge un Pavo Real [Pfau] con una cola polícroma [de muchos colores]; y cuando este fenece, aparece una Paloma [Taube], la cual, dado que el cuervo no pudo hallar ningún lugar seco, encuentra uno, pero un lugar nuevo, puesto que la tierra anterior [ha sido anegada] por el Diluvio Universal…[166]
Página 794 — Del Dr. Johann Joachim Becher
El VII. Título.
De los siete complementos [pertenencias/requisitos] del artífice [químico]: A saber, de los enunciados de las palabras [nomenclatura], los instrumentos [herramientas], las materias, las operaciones, los escritos químicos, la ventaja de estudiar la química, y el beneficio de filosofar químicamente.
Prefacio.
Resta ahora únicamente que, en este último título, expongamos las siete pertenencias con las cuales el artífice [Künſtler] debe estar provisto y equipado. Puesto que estas se deben emplear exactamente como si fueran un carro [carruaje / Wagen]; razón por la cual su conocimiento resulta útil y necesario. Pretendemos, no obstante, exponerlas aquí con la mayor brevedad posible; considerando que es mucho mejor conocerlas a través de la práctica en el taller [la obra] que hacer uso de muchas palabras a la manera especulativa.
§. 1.
De los enunciados de las palabras [Nomenclatura / Enunciados].
Los enunciados de las palabras son adoptados por los químicos bajo tres acepciones distintas: a saber, por alegorías de animales [significado zoológico], mediante cifras [símbolos o caracteres], y finalmente, a través de palabras directas.[167]
Página 795 — Descifrador de acertijos químicos.
…La práctica [ejercicio] de la química, al ser la más antigua de todas, fue conocida principalmente por los egipcios, quienes, según su costumbre, la transmitieron a la posteridad esculpida en columnas dotadas de significados zoológicos [figuras de animales]. Tal como PIERIO, y MAIER, que tanto mérito tiene respecto a la esencia química, y finalmente, a partir de estos, lo ha interpretado con profunda erudición el venerable padre ATHANASIUS KIRCHER. Se debe hacer, no obstante, una distinción entre los caracteres de los chinos [Sineſer] y los significados zoológicos de los egipcios con los cuales registraron sus crónicas e historias y sus secretos químicos. Los secretos químicos se tratan comúnmente mediante figuras de animales: de este modo, el León Rojo significa el Sol o el Oro; el Sapo [Krot] y el Cuervo [Raab], la putrefacción; la Paloma, el Águila, la Serpiente, el León Verde y la Luna Philosophorum significan su Mercurio. A través del Sol se entiende el oro; a través de la Luna [Lunam], la plata; a través de Venus [Venerem], el cobre; a través de Marte [Martem], el hierro; a través de Júpiter [Jovem], el estaño; a través de Saturno [Saturnum], el plomo; y a través de Mercurio [Mercurium], el mercurio vivo [azogue]. A través del Lobo [Wolff] se denota el antimonio; a través del Dragón [Drachen], el salitre [nitro]; y a través de la Serpiente [Schlange], el arsénico, y cosas semejantes. Conviene saber, sin embargo, que esta rotulación [inscripción] no se realizó de manera fortuita, puesto que los símbolos elegidos poseen una propiedad o característica real que corresponde legítimamente a la sustancia indicada. Por lo tanto, al descifrar [abrir] las alegorías de animales…[168]
Página 796 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…[considera]ciones: se deben observar las características particulares de los animales. Las sustancias venenosas y volátiles señalan a la materia; la tierra fija, por el contrario, indica la forma [Geſtalt]. De ahí que el siguiente acertijo deba resolverse de esta manera: «El León Rojo combate con el Lobo Gris»; y cuando este lo venza, se convertirá en un glorioso príncipe de la victoria. Después de esto, enciérralo en una prisión transparente junto con diez o doce águilas virginales, y entrégale la llave de la prisión a Vulcano; entonces las águilas comenzarán a combatir, a vencer al león y a desgarrar y despedazar su cuerpo, el cual, cuando se corrompa [putrefacte], hará que las águilas pretendan huir de allí para escapar del hedor, rogándole a Vulcano que abra las puertas y examine todas las rendijas de la prisión. Mas dado que Vulcano no se deja ablandar por ruegos, y todos los extremos de la prisión se hallan perfectamente sellados, las propias águilas acabarán destruidas, infectadas y corrompidas por el hedor que emana del cadáver del león. De ahí resulta una espantosa putrefacción. Sin embargo, puesto que la corrupción de uno es la generación de otro, a partir de este doble cadáver se originan muy diversas cosas: en primer lugar, emerge un Cuervo [Raab] que, al corromperse de nuevo, desaparece; del cual surge un Pavo Real [Pfau] con una cola polícroma [de muchos colores]; y cuando este fenece, aparece una Paloma [Taube], la cual, dado que el cuervo no pudo hallar ningún lugar seco, encuentra uno, pero un lugar nuevo, puesto que la tierra anterior [ha sido anegada] por el Diluvio Universal…[169]
Página 797 — Descifrador de acertijos químicos.
…[Súnds]fluth [por el Diluvio] corrompida, siendo esta última la greda [tiza] virginal y de los filósofos. Esta Paloma, aunque todavía no se halla del todo libre de toda impureza, se transmuta gradualmente en un Fénix [Phönix], al cual Vulcano quema [calcina] dentro de la propia prisión [matraz]. Razón por la cual, a partir de sus cenizas, surge un fruto nuevo, incorruptible e inmortal, mediante el cual todas las cosas sublunares [terrenales] son vivificadas.
Este significativo acertijo de los animales lo interpretarás de la siguiente manera: Se purifica el oro por medio del antimonio [vidrio de antimonio / Spießglaß], se le coloca en un matraz de vidrio junto con 10 o 12 partes del MERCURIUS PHILOSOPHORUM [Mercurio de los Filósofos] o del agua mercurial de los metales. Séllese herméticamente el matraz, colóquese en un calor adecuado; entonces la forma formal del oro será doblegada por la sustancia mercurial y se corromperá [putrefactará]. Por cuyo motivo se dejarán ver una negrura [oscuridad / Schwärze] y toda clase de colores. Cuando, finalmente, concluya la putrefacción, la materia tenderá hacia la blancura [el blanco] pasando por un color grisáceo; y si se le aplica un fuego más intenso, quedará teñida con un color citrino [amarillo] y, por último, con un color rojo, transitando de este modo desde la volatilidad hacia su fijeza absoluta. A partir de la resolución de este acertijo se puede establecer una analogía con los demás.
La otra serie de enunciados químicos comprende los CHARACTERES [caracteres] o cifras, los cuales son de dos clases y muestran bien…[170]
Página 798 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…[muestran] bien una materia o bien una operación. Las cifras [caracteres] que denotan materias atienden a su origen histórico [Herkommen] y a su diferenciación específica. Explicar en este lugar dicho origen —a saber, por qué motivo se le atribuye este o aquel signo a esta o aquella materia— no lo permiten ni la estrechez del papel ni nuestro actual propósito; por lo cual hemos reservado esta materia para otro lugar. Mientras tanto, el lector puede consultar a JOHN DEE en su obra Monas Hieroglyphica. En lo que concierne a la diferenciación de las cifras —concretamente, de qué manera y bajo qué método cada materia es designada con su símbolo particular—, es algo que enseñaremos, si a DIOS le place, en la exposición complementaria sobre estas cuestiones. Las cifras que se asignan a las operaciones van unidas a las precedentes, de acuerdo con su origen y su diferenciación. Las operaciones, no obstante, que se vinculan a las cifras —de manera especial el desciframiento de las cifras paracelsianas—, pretendemos interpretarlas en otro lugar: a saber, qué es lo que debe sostenerse respecto a ellas.
Sigue la tercera serie de enunciados de palabras, la cual aclara las materias y las acciones químicas tanto con vocablos propios [directos] como impropios [figurados]. Mas por cuanto resulta indispensable asignar nombres con palabras a las cosas al tratar semejantes materias, damos por concluido este punto en este lugar, a fin de no volvernos tediosos con repeticiones innecesarias.[171]
Página 798 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…[muestran] bien una materia o bien una operación. Las cifras [caracteres] que denotan materias atienden a su origen histórico [Herkommen] y a su diferenciación específica. Explicar en este lugar dicho origen —a saber, por qué motivo se le atribuye este o aquel signo a esta o aquella materia— no lo permiten ni la estrechez del papel ni nuestro actual propósito; por lo cual hemos reservado esta materia para otro lugar. Mientras tanto, el lector puede consultar a JOHN DEE en su obra Monas Hieroglyphica. En lo que concierne a la diferenciación de las cifras —concretamente, de qué manera y bajo qué método cada materia es designada con su símbolo particular—, es algo que enseñaremos, si a DIOS le place, en la exposición complementaria sobre estas cuestiones. Las cifras que se asignan a las operaciones van unidas a las precedentes, de acuerdo con su origen y su diferenciación. Las operaciones, no obstante, que se vinculan a las cifras —de manera especial el desciframiento de las cifras paracelsianas—, pretendemos interpretarlas en otro lugar: a saber, qué es lo que debe sostenerse respecto a ellas.
Sigue la tercera serie de enunciados de palabras, la cual aclara las materias y las acciones químicas tanto con vocablos propios [directos] como impropios [figurados]. Mas por cuanto resulta indispensable asignar nombres con palabras a las cosas al tratar semejantes materias, damos por concluido este punto en este lugar, a fin de no volvernos tediosos con repeticiones innecesarias.[172]
Página 799 — Descifrador de acertijos químicos
§. 2.
De los Instrumentos.
Los instrumentos de los químicos son de dos clases: a saber, los indispensables para el gobierno [manejo] del fuego, y aquellos destinados a las materias.
Para el manejo del fuego se requieren: carbón seco y duro [hardte Kohlen], crisoles [Tiegel] o copelas que resistan el fuego; escudillas de barro, vasijas para cenizas, recipientes de cementación, vasijas de alfarería o muflas de mano; un cono metálico macizo, denominado comúnmente cono de fundición [Giesbuckel], que se utiliza para verter el régulo de antimonio [Regulum Antimonii]; tenazas para colocar el carbón, otras para manejar los crisoles y una varilla de hierro para mezclar las materias entre sí dentro del fuego. Asimismo, guantes de lino mojados [genetzte Handſchuhe]; un plato de madera con un agujero en su centro, a través del cual el operador puede observar la materia en el fuego sin sufrir lesiones en los ojos [unverletzt der Augen]; un paño de lino para cubrir los vestidos y evitar que se quemen; un morrillo [morillo de hogar], una tenaza de atizar, una cuchara de hierro, un pequeño tenedor de hierro, un martillo, una pequeña hacha, carbón, arena, agua, madera seca y serrín, y cosas semejantes. Estos son, a grandes rasgos, los instrumentos necesarios para regir y manejar el fuego. Por otra parte, los instrumentos requeridos para el tratamiento de las materias son de vidrio [gläſern], de barro [terracota], de piedra, metálicos, de cobre, de hierro o de madera. De vidrio son los capiteles [alambiques / Helm], los matraces [balones / Kolben], las retortas [Retorten] y los recipientes receptores [colectores / Vorlagen],[173]
Página 800 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…[vola]gen [recipientes receptores], vasos de sublimación, viales [fiolas], escudillas de vidrio, vasos de separación para los aceites, vasos de circulación y cosas semejantes. Los instrumentos de barro [cerámica] y de piedra comprenden marmitas [ollas], retortas, matraces, capiteles, vasos de sublimación, escudillas y fuentes. De piedra son el mármol, la piedra de toque [para ensayos / Probiers-Stein], el pórfido y un mortero de piedra. Metálicos son los morteros, las ollas y las fuentes. De cobre son: un recipiente de cobre para secar y hervir el salitre, así como para precipitar la Luna [la plata / Lunam] y para lavar [dulcificar] la cal de la Luna; e igualmente un alambique de cobre, ollas y fuentes. De hierro son: fuentes, candeleros y una marmita. Asimismo, una balanza con sus pesos; a saber, de dos clases: una mayor y una más pequeña, a la que llaman balanza de precisión [de resorte / Aufzieh-Wag]. De madera son: un mortero, un tamiz [criba], fuentes, cajas, botes, cucharas y platos. A esto se añaden papel secante [filtro], e igualmente otros utensilios como la manga de Hipócrates [manica Hippocratis]; un reloj de sonería [péndulo], hilos comunes y azufrados, un calendario y cosas similares.
Estos son, a grandes rasgos, los instrumentos necesarios para el tratamiento de la materia y para el manejo del fuego: a ellos se suman toda clase de hornos de fundición [fogonas / Brenn-Oefen], de acuerdo con los muy diversos efectos del fuego. Con todo, advierto al lector que no sea demasiado afanoso en acopiar todo esto, sino más bien en aprender los fundamentos mismos. Puesto que debe atender más a la esencia de la obra que a los preparativos accesorios [Nebenwerck]. Yo tengo en mi laboratorio…[174]
Página 801 — Descifrador de acertijos químicos.
…[Laboratorios / Aposentos] he visto que estaban por completo y de la mejor manera provistos de utensilios accesorios, hornos de fundición, instrumentos y materias, de suerte que cualquiera habría pensado que el mismísimo HERMES habitaba allí junto con todos sus discípulos. Sin embargo, yo mismo he presenciado que de allí salían obras de menor relevancia que las producidas habitualmente con el hornillo más insignificante [Oefelein], sobre el cual no se encendía ningún costoso fuego de lámpara alimentado con aguardiente [Brantwein], y donde no había dispuestos vidrios venecianos o cristalinos, sino meras vasijas de barro. Por lo tanto, es tanto menos de extrañar por qué los grandes señores rara vez alcanzan la verdadera esencia del arte, por cuanto ponen su empeño más en acumular instrumentos que en el fundamento de la materia. Tampoco es de extrañar que unos pobres diablos [arme Schlucker] vislumbren los aposentos más internos del arte, aun contando con un instrumental miserable, al estar provistos de un sólido y polifacético andamiaje de conocimiento científico. Puesto que, del mismo modo que la naturaleza se contenta con poco, así también uno no debe jactarse [ostentar] en este lugar. Por esta causa, los investigadores hábiles de la naturaleza rechazan con frecuencia semejante y costoso ajuar doméstico. Con todo, sería de desear que el amante de la química se proveyera de los instrumentos indispensables y manejara estos con sus propias manos [mit eigenen Händen damit umgienge], en el tiempo y lugar oportunos. Puesto que uno no debe entregarse a esta actividad con tanta ansiedad que el buen nombre y la vida misma [se pierdan] por ello…[175]
Página 803 — Descifrador de acertijos químicos.
…o bien constituyan sus productos [Werck]: como la miel [Hönig], la cera [Wax], o sus desechos, como la bilis [Gall] y la orina. Las plantas [hierbas] se toman enteras o bien por partes, como las raíces, maderas, médulas, cortezas, hojas, ramas, flores, semillas, humedades, jugos, resinas [Hartze], gomas, aceites, licores, o aguas y vinos.
Los metales los emplean por encima de lo demás, así como sus desechos o escorias [Schlacken]. A esta categoría pertenecen toda clase de variedades de tierras, piedras, piedras preciosas, sales y jugos coagulados en el interior de la tierra, como la nafta [Naphtha], las aguas termales [Wildbad-Waſſer], el maná y cosas semejantes.
Las materias filosóficas son aquellas que conciernen de manera especial al perfeccionamiento y a la generación de los metales. Se denomina, no obstante, «materia filosófica» al doble agua mercurial, la cual constituye por sí sola la única llave de todo el arte. Por esta causa, se debe distinguir entre la materia puramente preparada y limpia, y la materia remota en cuyo interior se halla contenida la materia de los filósofos. Puesto que estos últimos toman con mucha frecuencia a esta última por la materia misma; como cuando el continente es tomado por el contenido. A esta materia la llaman también, no raras veces, la matriz [Beer-Mutter] de su agua. Por cuya razón el lector debe prestar atención cuando ellos hablan de la larga preparación, puesto que consideran a esta materia como un brote de la primera a partir de la cual debe ser preparada; pero en caso de que afirmen que su materia no requiere prepara[ción]…[176]
Página 803 — Descifrador de acertijos químicos.
…o bien constituyan sus productos [Werck]: como la miel [Hönig], la cera [Wax], o sus desechos, como la bilis [Gall] y la orina. Las plantas [hierbas] se toman enteras o bien por partes, como las raíces, maderas, médulas, cortezas, hojas, ramas, flores, semillas, humedades, jugos, resinas [Hartze], gomas, aceites, licores, o aguas y vinos.
Los metales los emplean por encima de lo demás, así como sus desechos o escorias [Schlacken]. A esta categoría pertenecen toda clase de variedades de tierras, piedras, piedras preciosas, sales y jugos coagulados en el interior de la tierra, como la nafta [Naphtha], las aguas termales [Wildbad-Waſſer], el maná y cosas semejantes.
Las materias filosóficas son aquellas que conciernen de manera especial al perfeccionamiento y a la generación de los metales. Se denomina, no obstante, «materia filosófica» al doble agua mercurial, la cual constituye por sí sola la única llave de todo el arte. Por esta causa, se debe distinguir entre la materia puramente preparada y limpia, y la materia remota en cuyo interior se halla contenida la materia de los filósofos. Puesto que estos últimos toman con mucha frecuencia a esta última por la materia misma; como cuando el continente es tomado por el contenido. A esta materia la llaman también, no raras veces, la matriz [Beer-Mutter] de su agua. Por cuya razón el lector debe prestar atención cuando ellos hablan de la larga preparación, puesto que consideran a esta materia como un brote de la primera a partir de la cual debe ser preparada; pero en caso de que afirmen que su materia no requiere prepara[ción]…[177]
Página 804 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…[prepara]ción forzosa, sino que es «un trabajo de mujeres» [Weibers-Arbeit], debido a que solo requiere de una cocina, [entonces] ellos se refieren a la materia prima.
§. 4.
De las Operaciones.
Las operaciones de los químicos son de dos clases: comunes y filosóficas. Las comunes se ejecutan por medio del fuego o del agua. Los efectos [acciones] del fuego son cuatro: la digestión [Digerirung], la sublimación [Sublimirung], la calcinación [Calcinirung] y la fundición [Gieſſung]. A estas se pueden reducir todas las restantes: pues por medio de la digestión se ejecutan la disolución, la putrefacción [fermentación] y la evaporación; la sublimación comprende la destilación, la rectificación, la separación [fraccionamiento] y la cohobación; la calcinación abarca en sí la cementación, la reverberación y la vitrificación [hacer vidrio]. A través de la fundición se gobiernan el derretimiento y los ensayos [Proben] de los metales. Resta ahora únicamente que interpretemos todos y cada uno de estos efectos en pocas palabras. La digestión consiste en colocar la materia en un fuego muy suave, concretamente en el primer grado de calor, y sirve a la materia para que las cuatro cualidades [accidentes] en ella contenidas se alteren y se templen. Mediante este grado térmico, si se prolonga en el tiempo, se provoca la putrefacción y la disolución de la materia, por cuanto la humedad, calentada por un calor lento y continuo, penetra en los componentes terrosos…[178]
Página 806 — Del Dr. Johann Joachim Becher
La rectificación [Rectificirung] consiste en separar la humedad superflua —a la que se denomina flema [phlegma]— por medio de un calor lento, ya sea apartándola del espíritu (cuando este último es demasiado pesado) o bien apartando el espíritu de la flema (cuando esta es más pesada que el espíritu), empleando el método de destilación descrito anteriormente.
La cohobación [Cohobatio] es en esencia idéntica a la impregnación [Antränckung]. Pues cuando a una parte fija se le añade una porción volátil-mercurial ya destilada y sublimada, y luego se la vuelve a separar de ella mediante la destilación, repitiendo esta labor con mucha frecuencia, las partes fijas se vuelven también volátiles gracias a dicho proceso junto con las volátiles; e inversamente, las volátiles atraen hacia sí la naturaleza de las fijas. Para esta labor sirven los matraces [balones], los capiteles [alambiques], y los vasos de sublimación y de circulación; no obstante, esta operación se ejecuta la mayor parte de las veces en baño de arena [cenizas / Aſchen].
La calcinación [Calcinirung] requiere el tercer grado de fuego. La empleamos para la separación de las partes volátiles mediante la fuerza [violencia] del fuego [Feuers-Zwang]. Se diferencia de las operaciones precedentes en que quema el cuerpo hasta reducirlo a cenizas, a partir de las cuales se puede preparar la sal de dichos cuerpos. Recibe el nombre de calcinación precisamente porque reduce los cuerpos a una cal [Kalch].
La cementación [Cementirung] ocurre cuando un cuerpo cualquiera, reducido bien a polvo o bien a finas láminas [planchas / Blechlein], se mezcla con otras sustancias de tal manera que las láminas, dentro de una mufla [Püren / caja de cementar], con las sustancias…[179]
Página 806 — Del Dr. Johann Joachim Becher
La rectificación [Rectificirung] consiste en separar la humedad superflua —a la que se denomina flema [phlegma]— por medio de un calor lento, ya sea apartándola del espíritu (cuando este último es demasiado pesado) o bien apartando el espíritu de la flema (cuando esta es más pesada que el espíritu), empleando el método de destilación descrito anteriormente.
La cohobación [Cohobatio] es en esencia idéntica a la impregnación [Antränckung]. Pues cuando a una parte fija se le añade una porción volátil-mercurial ya destilada y sublimada, y luego se la vuelve a separar de ella mediante la destilación, repitiendo esta labor con mucha frecuencia, las partes fijas se vuelven también volátiles gracias a dicho proceso junto con las volátiles; e inversamente, las volátiles atraen hacia sí la naturaleza de las fijas. Para esta labor sirven los matraces [balones], los capiteles [alambiques], y los vasos de sublimación y de circulación; no obstante, esta operación se ejecuta la mayor parte de las veces en baño de arena [cenizas / Aſchen].
La calcinación [Calcinirung] requiere el tercer grado de fuego. La empleamos para la separación de las partes volátiles mediante la fuerza [violencia] del fuego [Feuers-Zwang]. Se diferencia de las operaciones precedentes en que quema el cuerpo hasta reducirlo a cenizas, a partir de las cuales se puede preparar la sal de dichos cuerpos. Recibe el nombre de calcinación precisamente porque reduce los cuerpos a una cal [Kalch].
La cementación [Cementirung] ocurre cuando un cuerpo cualquiera, reducido bien a polvo o bien a finas láminas [planchas / Blechlein], se mezcla con otras sustancias de tal manera que las láminas, dentro de una mufla [Püren / caja de cementar], con las sustancias…[180]
Página 807 — Descifrador de acertijos químicos.
…[sustan]cias, apilándolas una sobre otra, en lo que ellos denominan Stratum ſuper ſtratum [capa sobre capa]. Finalmente, se coloca la mufla [caja de cementar] en un horno rodeada por completo de fuego de carbón, y el fuego se incrementa gradualmente [Stuffenweiß], hora tras hora; en cuya labor las láminas son penetradas y alteradas por los espíritus o por las sustancias añadidas.
Un fuego de reverberación [Reverberir-Feuer] ocurre cuando la materia se dispone de tal manera ante la llama que resulta atravesada por ella y envuelta por todas partes, pero cuidando de que no se funda [fluya]; pues de lo contrario, la materia se obstruiría de tal forma que el fuego no podría penetrar en sus poros [conductos de transpiración / Schweißlöcher]. De este fuego nos servimos para la purificación y fijación [Figirung] de los cuerpos, los cuales comúnmente son depurados y reducidos a un polvo rojo; a partir del cual ellos preparan la tintura del azufre fijo y lixivian [lavan] la sal.
La fundición [Gieſſung] consiste en que un cuerpo metálico se derrite y fluye por la violencia del fuego. Se ejecuta en el cuarto grado de fuego, mediante el cual también los metales son refinados, ensayados [probiret] y vitrificados [convertidos en vidrio].
Resulta, no obstante, de absoluta necesidad que se guarde un orden riguroso en estas operaciones enumeradas: pues perderá el lúpulo y la malta [echará a perder todo el esfuerzo] aquel que pretenda coagular lo que debe fundirse, y fundir lo que debe coagularse. Es, por lo tanto, provechoso y de extrema necesidad seguir el método [la ventaja] de la naturaleza y del arte, a fin de que aprendamos…[181]
Página 809 — Descifrador de acertijos químicos.
…[Eſpíritus], aceites y flemas se preparan cuando los cuerpos, tras una fermentación [Gährung] previa, son sometidos a destilación: pues aquello que se halla en el recipiente receptor [Vorlage] es el espíritu, el aceite y la flema; y se separan unos de otros por medio de la rectificación y por decantación [Abneigung], utilizando el vaso de separación [embudo de decantación / Scheid-Gefäß]. La flema [Phlegma] es la porción acuosa del cuerpo; el espíritu [Spiritus], por el contrario, así como el aceite, constituyen su fracción más excelente e ígnea [feuriger Theil]. De la sal se sostiene que posee una naturaleza fija.
A partir de los metales y de los minerales se obtienen tinturas, e igualmente las denominadas esencias, mediante una extracción y disolución por afinidad mutua [simpatía / zuſammenneigige]: sobre la cual se trató más arriba.
Los aceites se obtienen a partir de los metales cuando sus cales [óxidos] se digieren con los espíritus salinos [ácidos].
En espíritus se convierten, en parte por sí mismos; pero en parte también cuando se los transforma en vitriolos, o se los calcina, o se los amortigua [fija / ertödtet] con el mercurio.
Las sales se obtienen a partir de los metales, ya sea por medio del mercurio o bien por medio de la calcinación.
Los azufres de los metales se conservan mediante la licuación y extracción de diversos reactivos disolventes y lejías.
Los mercurios se obtienen a partir de los metales mediante la adición de sales de reanimación [sales activas / wiederaufweck-Saltze], a través de la putrefacción, la sublimación y la revivificación [Wiederbelebung].[182]
Página 810 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…Se convierten en flores [Flores] cuando se las sublima, tal como ocurre con el antimonio [Spießglaß], el azufre y sustancias similares.
Los metales se preparan en forma de cales [óxidos] y azafranes [Crocos], tanto por medio de aguas fuertes [ácidos / Etz-Waſſer] como a través de la calcinación.
Los vitriolos se obtienen a partir de los metales cuando sus virutas [limaduras / Späne] se mezclan con flores de azufre, se calcina la mezcla, se lixivia [lava / ausgelüget] y finalmente se condensa [espesa] hasta obtener una sal cristalizada.
En polvos impalpables [insensibles] se convierten cuando los metales batidos en láminas se trituran con las manos y se hacen pasar a través de un tamiz [criba]. Las escorias de alambique, amalgamas y costras vítreas [Philiſturen] se producen mediante la calcinación y la vitrificación, con la adición de piedras de sílice [Kiſelſteine], sal de tártaro [Weinſtein-Saltzes] o salitre.
Estas y otras variedades más constituyen las operaciones comunes y las preparaciones de los cuerpos; por cuyo motivo, cuando se opera con ellos bajo estos métodos, reciben toda clase de nombres, concretamente según la cualidad de la preparación.
Conviene saber, no obstante, que todas estas operaciones comunes, consideradas también bajo la vía filosófica, se aplican en la práctica [im Werck] con miras a la generación y sobreperfección de los metales, bien que se adopten en un sentido marcadamente diferente. De este modo, la sublimación común, cuando se la comprende bajo la vía filosófica, constituye la liberación del espíritu [Spiritus] a partir de un cuerpo, por mediación de la disolución filosófica. La destilación, la impregnación y la cohobación representan justamente [el retorno] de ese mismo…[183]
Página 811 — Descifrador de acertijos químicos.
…[Eſpíritu], es decir, el descenso del espíritu hacia el interior del cuerpo, lavándolo y dándole vida [animándolo]. Por este motivo, este modo de hablar se encuentra en el ROSARIO [ROSARIO] con las siguientes palabras:
Ahora cae el rocío desde el cielo,
y lava por completo al cuerpo muerto en el sepulcro.
A esta tarea se la denomina también una rectificación [Rectificirung].
La inceración [Inceratio / ablandamiento] ocurre cuando el MERCVRIVS PHILOSOPHORUM [Mercurio de los Filósofos] se une y unifica con su propio azufre, exactamente como si fuera con cera [Wax] y con el verdadero pegamento [aglutinante] de los filósofos.
La reverberación de los filósofos es el dominio y la acción del fuego interno dentro de su propia porción húmeda.
La calcinación de los filósofos acontece cuando un cuerpo es reducido a una cal [Kalch] por medio de una apertura radical [desde la raíz] y por putrefacción [fermentación], sin la intervención del fuego. Razón por la cual la calcinación propia de los filósofos se ejecuta a través del fuego húmedo, a saber, su mercurio. La calcinación común, por el contrario, se realiza mediante un fuego seco y destructivo [verderbendes Feuer]. Bajo modos de hablar similares se pueden catalogar también las restantes operaciones. Sobre las cuales se tratará más ampliamente en otros lugares.
§. 5.
De los Escritos Químicos.
Los escritos de los químicos son de dos clases: sofísticos y filosóficos.[184]
Página 812 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…Los [escritos] sofísticos son falsos: se reconocen en que exponen públicamente a la luz del día el método para transmutar los metales al modo de los charlatanes de feria [Marckſchreyer], desprovistos de toda razón; lo cual va en contra de la costumbre de los verdaderos filósofos, por cuanto estos escriben mucho más acerca de las causas de las cosas que sobre sus efectos y resultados terminales. Se debe considerar, por tanto, que los autores de tales escritos —en los cuales se incluyen toda clase de recetas [procesos]— son unos embusteros, que con semejantes pasquines [libelos / Scarteken] hacen que todo el mundo los mire boquiabiertos, y seducen a los aficionados para que les compren por mucho dinero la aclaración de tales procesos. (a) De donde se ha de saber que, cuando los procesos se presentan claros, es porque han sido fabricados para ser vendidos. (b) Pues, ¿quién querría ser un necio de tal calibre que enseñara públicamente, y de forma gratuita, (c) el arte de hacer oro? En caso de que, por el contrario…
[Anotaciones de Friedrich Roth-Scholz al pie de página:]
(a) Podría imprimirse un catálogo inmenso de estos mercaderes de recetas [Proceß-Krämern]. Véase nuestro prefacio en la parte I de este Deutschen Theatr. Chem., pág. 5 y siguientes.
(b) Eso no se deduce de ninguna manera [es una conclusión apresurada].
(c) Un verdadero ADEPTO [ADEPTVS] no es por ello un necio si se le permite y desea revelarte algo de forma gratuita. Un pintor virtuoso querrá enseñar a un discípulo de forma gratuita, mientras que otro deberá pagarle varios miles de florines [Gulden]; y no por ello se ha de considerar que el pintor sea un necio.[185]
Página 813 — Descifrador de acertijos químicos.
…[Wofern] [En caso de que], por el contrario, tales procesos se hallen velados con cierta oscuridad, preste atención el lector al hecho de que el autor de los mismos codicia el oro a cambio de su aclaración. (d) Con todo, se debe establecer una distinción entre los verdaderos filósofos y los ya mencionados sofísticas. Puesto que también los más grandes filósofos han registrado a veces procesos [recetas], bien para enseñar la manipulación práctica [Manipulation] o el ordenamiento [Rottirung / clasificación], o bien para confundir al hombre común [vulgo]: por cuanto ellos mismos confiesan abiertamente que jamás han escrito menos la verdad que allí donde han escrito de forma completamente clara y evidente. No obstante, yo no desecho sin más toda clase de procesos aunque estos, por su propósito aparente, sean falsos, siempre y cuando contengan buenas manipulaciones prácticas; puesto que, al ser recopilados uno a uno, prestan gran ayuda. Por no hablar de que, a partir de ellos, se puede aprender mucho acerca de la destreza práctica [Ubung], bien que no sin incurrir en gastos [costes de material]. (e)
Entre los escritos filosóficos son los mejores aquellos que enseñan las reglas y los fundamentos de la generación, la descomposición [caída], la disolución y la coagulación de las cosas.
[Anotaciones de Friedrich Roth-Scholz al pie de página:]
(d) Ante semejantes estafadores debe cada cual guardarse muy bien, puesto que son como la serpiente en el Paraíso.
(e) Si alguien quiere ir desde Núremberg hasta Leipzig, es mejor que viaje pasando por Coburgo, antes que por Praga y Breslavia; a pesar de que yendo por Breslavia también se puede llegar finalmente al destino, bien que un camino resulta más corto que el otro.[186]
Página 814 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…En este apartado me han complacido, por encima de los demás, RAIMUNDO LULIO, ALANO, el CONDE BERNARDO, ARTEFIO, BASILIO VALENTÍN —de manera especial su teoría sobre Las doce llaves—, RICARDO, RIPLEY, SENDIVOGIUS, y otros. Una vasta colección de escritores químicos nos la proporcionan el THEATRUM CHEMICUM y la Bibliotheca Chemica de ALBINEUS. En ambas obras se hallan contenidos los químicos más selectos. (f) Y aun cuando no se deba considerar como verdaderos filósofos a todos aquellos cuyos escritos están allí recopilados, a partir de las contradicciones contrapuestas entre unos y otros resplandece la verdad con mucha mayor fuerza.
Allí donde las espinas te causen aflicción,
detén tu paso y ve en pos de la rosa.
Los escritos de los químicos se dividen bien en alegorías de animales [significado zoológico], bien en cifras [caracteres], o bien en una escritura ligada [en verso] o libre [en prosa]. A los escritores químicos de todas las naciones los compendia Michael Maier en su obra Mensa aurea [La mesa de oro]. Cuyo libro, por estar colmado de antiguas crónicas y acontecimientos, alabo y recomiendo encarecidamente a todos los devotos de la química.
[Anotación de Friedrich Roth-Scholz al pie de página:]
(f) A esta categoría pertenece también la Bibliotheca Chemica curiosa en folio de JEAN-JACQUES MANGET. Y ahora, nuestro Theatrum Chemicum Alemán [Deutſches Theatr. Chem.].[187]
Página 815 — Descifrador de acertijos químicos.
§. 6.
De la ventaja [el método] para aprender la química.
El beneficio para estudiar la química requiere de tres condiciones: la disposición preliminar [los discursos previos / Vorgeſpräche], la lectura [das Leſen] y la práctica [ejercicio / die Ubung].
La disposición preliminar consiste en que aquel que se dedica con esmero a la química posea un espíritu devoto hacia DIOS, e investigue la ciencia natural única y exclusivamente a través de medios naturales.
Deje de lado y mantenga lejos de sí la vieja CÁBALA [CABALA] y la brujería sobrenatural [auſſer-natürliche Zauberey]. Que se convierta en un maestro de la investigación de la naturaleza, especialmente de la ciencia de la separación [la química / Scheidkünſtigen] que yo abordo en esta obra introductoria; que comprenda los enunciados de las palabras [nomenclatura] del arte. Investigue los principios originarios naturales y aprenda las manipulaciones prácticas [operaciones manuales / Manipulationen], a fin de abrirse un acceso tanto a la especulación teórica como a la obra práctica [Werck] en sí misma.
En lo que concierne a la lectura, recorra a aquellos escritores que hayan tratado sobre los principios originarios de las cosas. Beba, por lo tanto, la ciencia directamente de las fuentes mismas [los manantiales originales / Quellen ſelbſt]; mantenga una elección rigurosa y selectiva entre los escritores, y no ande husmeando o divagando de aquí para allá en sus lecturas. Preste atención a las concordancias entre los filósofos, pues allí donde concuerdan, es porque sostienen de manera mutua una misma opinión; y reúna sus contradicciones bajo un determinado enfoque analítico.[188]
Página 816 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…[reúna] [sus contradicciones]. Puesto que los verdaderos filósofos jamás se han contradicho: como cuando afirman que el oro del hombre común no es el suyo, establece tú allí una distinción: el oro, en tanto se halle fuera de la actividad de la generación, es estéril y está muerto; por cuya causa no es un oro filosófico. No obstante, por medio del agua de la vida —a saber, la humedad radical [wurzelmäßige Feuchte] de los metales—, este es renacido y devuelto a la vida, y cosas semejantes. Sobre los caracteres, los enunciados de las palabras y las figuras con significados de animales, ya se ha hecho mención al comienzo de este título.
En lo que concierne a la práctica [Ubung], resulta indispensable que sepas a qué área de la filosofía hermética debes entregarte en primer lugar. Puesto que la filosofía hermética comprende en sí tres ramas [partes]: la de la separación [Scheidkünſtigen], la química [propiamente dicha] y la alquímica. El arte de la separación enseña a desarmar [separar] y dividir los cuerpos, a fin de que se vuelvan aptos y manejables para el tratamiento de los otros dos métodos. Por esta razón, el arte de la separación es la servidora [auxiliar] de la química y de la alquimia. Es, por lo tanto, necesario que te apliques antes que nada a esta rama, siguiendo sus fundamentos. La química enseña a extraer el jugo [Safft] y la sustancia fundamental más excelente, a purificarlos y a perfeccionarlos, tanto para el uso del arte médico [farmacia] como para la generación de las cosas. Por cuyo motivo la química no opera únicamente con metales, sino también con las plantas vegetales y con los animales. La alquimia, por su parte, tiene…[189]
Página 816 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…[reúna] [sus contradicciones]. Puesto que los verdaderos filósofos jamás se han contradicho: como cuando afirman que el oro del hombre común no es el suyo, establece tú allí una distinción: el oro, en tanto se halle fuera de la actividad de la generación, es estéril y está muerto; por cuya causa no es un oro filosófico. No obstante, por medio del agua de la vida —a saber, la humedad radical [wurzelmäßige Feuchte] de los metales—, este es renacido y devuelto a la vida, y cosas semejantes. Sobre los caracteres, los enunciados de las palabras y las figuras con significados de animales, ya se ha hecho mención al comienzo de este título.
En lo que concierne a la práctica [Ubung], resulta indispensable que sepas a qué área de la filosofía hermética debes entregarte en primer lugar. Puesto que la filosofía hermética comprende en sí tres ramas [partes]: la de la separación [Scheidkünſtigen], la química [propiamente dicha] y la alquímica. El arte de la separación enseña a desarmar [separar] y dividir los cuerpos, a fin de que se vuelvan aptos y manejables para el tratamiento de los otros dos métodos. Por esta razón, el arte de la separación es la servidora [auxiliar] de la química y de la alquimia. Es, por lo tanto, necesario que te apliques antes que nada a esta rama, siguiendo sus fundamentos. La química enseña a extraer el jugo [Safft] y la sustancia fundamental más excelente, a purificarlos y a perfeccionarlos, tanto para el uso del arte médico [farmacia] como para la generación de las cosas. Por cuyo motivo la química no opera únicamente con metales, sino también con las plantas vegetales y con los animales. La alquimia, por su parte, tiene…[190]
Página 818 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…Prueba [ensayo], entresacada de las muchas de nuestro siglo, ejecutada en Praga en presencia del gloriosísimo emperador FERNANDO III, y traerla aquí grabada en bronce [metal]. (f) Hace ahora cinco años, esta misma persona que operó en Praga demostró también aquí, en Maguncia [Meynz], ante la presencia del reverendísimo príncipe elector y de otros grandes señores, semejante arte en una cantidad bastante considerable: cuyo oro todavía se conserva guardado, y el administrador de la casa de moneda de este lugar, el cual acuñó ducados [Ducaten] a partir de dicho oro, puede servir como testigo. Por lo tanto, no desaconsejo a nadie que reflexione sobre la verdad de este arte; sin embargo, en consideración a los costes del taller [Unkoſten] —y por el bien del propio artífice, no por desmérito del arte—, no se lo recomiendo a cualquiera, por cuanto en este asunto se cumple el dicho de que no cualquiera puede viajar a Corinto. Mas si alguien, en esta actividad, quisiera probar fortuna a la ventura, que guarde un orden riguroso en su proceder, y que no se aplique a dicha tarea a menos que haya escudriñado [recorrido] a la perfección el arte de la separación [Scheid-Kunſt] y la química. Puesto que la alquimia [Alchymiſterey] no puede acometerse con provecho si se carece del conocimiento científico de la separación.
Se anula [contradice], por lo tanto, mutuamente la afirmación de que un buen alquimista pueda ser un mal analista de separación y un mal químico.[191]
El descifrador de acertijos químicos. — 819
Químico. Sin embargo, no se contradice el hecho de que un buen artista de la separación [ensayador/metalúrgico] y químico no pueda ser un buen alquimista; puesto que él, si tan solo quiere, puede convertirse en ello en poco tiempo con la adición de algunas materias especiales.
§ 7.
De la ventaja de filosofar químicamente.
Bajo el quehacer químico, la gente común comprende en su mayor parte el arte de la separación y la alquimistería; aunque de manera impropia, puesto que, si bien son prácticas emparentadas, deben ser en cierto modo diferentes, tal como se mencionó en lo precedente.
Pero la ventaja de filosofar, aunque por lo común mezcla estas tres ciencias entre sí, debe no obstante ser desglosada en sus partes, según las cuales es de tres tipos.
La primera ventaja
es tratar con estas ciencias a través de los principios fundamentales de los que constan los cuerpos: a saber, mediante la materia (Zeuch o Materi) y la forma (Gestalt); mediante el Mercurio, el Azufre y la Sal; mediante el Espíritu, el Alma y el Cuerpo.
La otra [segunda] explica las cosas a través de la disposición y alteración de los elementos.
La tercera explica la enseñanza a través de acertijos, fábulas y figuras significativas de animales.
Página 820 — Del Dr. Johann Joachim Becher
…Por lo tanto, se debe prestar atención a cuándo ellos han filosofado en sentido propio [literal], o bien en sentido impropio [figurado / uneigentlich]. Es de advertir aquí que nadie, al ejecutar las operaciones químicas, debe forjarse fantasías e imaginaciones propias [Einbildungen], concretamente aquellas que no concuerden ni con los escritos filosóficos ni con la práctica del taller [Ubung]. Pues lo que el santo JERÓNIMO afirmó respecto a la Sagrada Escritura —a saber: que es por entero semejante a una perla que puede ser perforada desde cualquier dirección—, eso mismo se puede sostener, con pleno derecho, sobre los escritos filosóficos herméticos, por cuanto estos pueden ser torcidos [adaptados] hacia cualquier opinión e imaginación particular. Sin embargo, aquel que confronte rectamente la concordancia mutua de las palabras de los filósofos y, de manera primordial, la práctica experimental coincidente, tomándolas como su brújula [Compaß], ese filosofará con destreza y a partir de la experiencia; y aprenderá el verdadero método para filosofar cuando logre comprender a los demás filósofos verdaderos. Entonces, yo digo, experimentará, no sin gran alegría [groſſe Freud] y verdadera contemplación, la inmensa dulzura [Süßigkeit] que arrastra consigo el método hermético de filosofar; y no necesitará ya que nadie le explique la diferencia entre la filosofía aristotélica y la hermética, de manera especial en lo que concierne a la investigación de la naturaleza [naturkündigen].[192]
Página 821 — Descifrador de acertijos químicos.
Adiciones.
1. ¿Es necesario comprender el arte de la separación [química analítica]?
Respuesta: Sí. Porque ningún medicamento puede prepararse correctamente sin la separación de las partes impuras; separación que se realiza mediante destilaciones y de muchas otras maneras. Por lo tanto, el arte de la separación es de suma necesidad, ya que sin él no se sabe absolutamente nada del interior de las cosas. Sin él, filosofaríamos solo con palabras y no con hechos [en la acción]. Finalmente, sin él, el discernimiento entre lo bueno y lo malo (a saber, lo puro y lo impuro) nos abandonaría, con gran perjuicio y daño para nosotros, los enfermos y todos los investigadores de los secretos de la naturaleza.
2. ¿Requiere el arte de la separación una enseñanza y un tratado particular, al igual que las demás ciencias y artes?
Respuesta: Sí. Porque Aristóteles, en sus Physica, no hace mención alguna con ninguna palabra sobre esta separación, alteración y perfección de las cosas.
Los galenistas, en tanto que galenistas (bajo cuyo nombre incluyo también a los boticarios), desde hace muchos siglos ni siquiera han entendido una destilación común; y mucho menos…[193]
822 — D. J. J. Bechers Chym. Rätseld.
Magisterios, la preparación de los aceites destilados y de las sales. Pues ellos [los médicos comunes] curan únicamente con elementos simples y mixturas poco compuestas; y lo que poseen en cuanto a preparaciones, en su mayor parte lo han tomado prestado de los químicos.
Concluyo, por lo tanto, que es útil y una absoluta necesidad que la ciencia que enseña a separar lo puro de lo impuro, y a perfeccionar y tratar esto mismo, sea expuesta en una doctrina y escrito particular. Y esto es lo que hasta ahora nos hemos propuesto comenzar en esta pequeña obra.
Si Dios nos da vida, queremos explicar detalladamente y pieza por pieza, en una extensa exposición sobre esto, una instrucción para el Arte de la Separación [Química/Metalurgia]; puesto que, en efecto, no dejaremos nada por intentar en esta loable Universidad de Maguncia para explicar y discutir según la razón y la experiencia —tanto en el auditorio como en el laboratorio— lo que previamente hemos anunciado en nuestro Collegio Spagyrico (al cual invitamos amigablemente al lector amante de la química).
F I N .
Del descifrador de acertijos químicos del señor D. Johann Joachim Becher.
[1] Becher, Chymischer Glücks-Hafen, p. 791, y Natur-Kündigung, pp. 159–61ff.
[2] El químico saboreaba y olía las sustancias químicas para comprobar sus cualidades. En Oedipus Chymicus, p. 734, Becher señaló que el azufre mercurial tiñe y mancha los dientes («an den Zähnen derer Menſchen ſehen […] befleckt und gefärbt werden»). Becher se quejó en varias ocasiones sobre el peligro físico del trabajo químico.
[3] Becher, Johann Joachim, Oedipus chymicus,Mayntz, 1680,152. Una descripción más completa del conocimiento de las cosas naturales que se podía obtener mediante el trabajo en el laboratorio apareció en la Physica Subterranea (1669), la más exhaustiva de las obras químicas de Becher.
[4] Oedipus Chymicus, 154.
[5] Oedipus Chymicus, p. 156.
[6] Becher, Johann Joachim, Natur-Kündigung der Metallen, mit vielen curiösen Beweissthümen … Zu Erhaltung der Warheit, Erläuterung der Spagirischen Philosophi, und Gefallen der Liebhabern …, Frankfurt, Bey Christian Hermsdorffen zu finden, 1679.
[7] Estatus Global de Becher (Welt-kündig): Roth-Scholtz comienza afirmando que la fama de Johann Joachim Becher es «notoria en todo el mundo» (Welt-kündig). Al ser una de las mentes más brillantes del siglo XVII en el Sacro Imperio, el editor prefiere ahorrar espacio biográfico y remitir al lector directamente a la bibliografía especializada de la época.
«Närrische Weißheit» (1706): Se cita uno de los libros más curiosos de Becher, Närrische Weißheit und weise Narrheit (Sabiduría necia y necedad sabia). Es un compendio histórico y crítico donde Becher analiza diversos inventos, proyectos económicos y propuestas técnicas de su tiempo, catalogando cuáles eran ideas geniales incomprendidas («sabiduría que parece necedad») y cuáles eran fraudes absolutos ejecutados por charlatanes («necedad vestida de sabiduría»).
Grabados en Cobre (Figuris æneis): Al describir la edición latina de 1719 de las Opuscula Chymica rariora, el texto destaca en latín que la obra está multisque Figuris æneis illustrata (ilustrada con muchas figuras de bronce/cobre). Refleja el gran valor que editores como Roth-Scholtz daban a los diagramas técnicos y emblemas grabados en planchas de metal para facilitar la comprensión de los laboratorios.
Urban Gottfried Bucher: La nota menciona al doctor Urban Gottfried Bucher (1679–1722), médico de la corte de Dresde y un ferviente defensor de Becher en el siglo XVIII, quien escribió tratados defendiendo el sistema de Becher frente a las críticas de la medicina y la física universitaria tradicional.
[8] El Modelo de Erudito Útil (Das Muster eines nützlichen Gelehrten): La nota detalla el título completo del libro publicado por Urban Gottfried Bucher en 1722. La definición de Becher como un «erudito útil» (nützlichen Gelehrten) refleja perfectamente el cambio de mentalidad de la Ilustración temprana en Alemania. Ya no se valoraba al sabio puramente contemplativo o teórico de las universidades medievales, sino al científico y economista práctico cuyos conocimientos (en física, matemáticas o minería) aportaban un beneficio material directo al Estado y al comercio.
La Anatomía del Libro Antiguo (Bogen): Roth-Scholtz especifica que el tratado de Bucher consta de 11 Bogen (pliegos). En la imprenta antigua, un pliego era la hoja grande de papel antes de ser doblada y cortada. Sabiendo que el libro está en formato octavo (8vo), cada pliego se doblaba en 8 hojas (16 páginas). Por lo tanto, el texto nos revela con precisión matemática que la biografía de Becher constaba exactamente de 176 páginas (11 pliegos × 16 páginas).
La Pintura Original del Natural (Effigies ad vivum delineata): El editor revela un valioso testimonio histórico sobre la iconografía de Becher: él poseía en su colección privada el cuadro original al óleo del sabio, afirmando con orgullo que «difícilmente alguien más poseerá una pintura de nuestro doctor Becher». A partir de ese lienzo, Roth-Scholtz encargó a un artesano realizar la plancha de cobre para estampar el retrato en el libro. La inscripción en latín del cuadro data la obra en Viena en 1675 (Viennæ Austr. 1675), la época en la que Becher se encontraba en el cenit de su carrera política como consejero de la corte del emperador Leopoldo I de Habsburgo y trabajaba en la fundación de fábricas y compañías comerciales estatales.
[9] La Edición Prínceps de Ámsterdam (1664): El editor registra la rarísima primera edición de la obra. Becher la publicó originalmente en latín bajo el título general de Institutiones Chimicæ Prodromæ (que actuaba como un «pródromo» o introducción general a la ciencia de los elementos). El impresor fue Elizeus Weyerstraten en Ámsterdam, una ciudad que en el siglo XVII gozaba de total libertad de prensa y se había convertido en el principal refugio europeo para la edición de tratados herméticos y científicos libres de la censura religiosa continental. El formato original era de bolsillo o duodécimo (12.).
La Identidad de Becher (Spirensis): En ambas descripciones bibliográficas se resalta el origen del autor como Spirensis o «von Speyer» (nativo de la ciudad de Espira, en el Palatinado). Becher combinaba de forma característica los títulos de doctor en Medicina y matemático, un reflejo de cómo la física, el cálculo astrológico y la farmacia estaban firmemente entrelazados en los planes de estudio universitarios del Barroco.
La Primera Traducción Alemana (Fráncfort, 1680): El punto II describe la histórica primera versión alemana (Deutsch-Redend / que habla en alemán), editada dos años antes de la muerte de Becher por el impresor Johann Maaß en Fráncfort del Meno (Franckfurth). La traducción vernácula respondía a un fenómeno de democratización del conocimiento en la Alemania de finales del siglo XVII, permitiendo que mineros, metalúrgicos y boticarios prácticos que no dominaban el latín académico pudieran asimilar las claves de la disciplina. El formato aumentó al tamaño mediano de octavo (8vo).
[10] El contexto de las guerras europeas: La mención de Becher a una Europa «en llamas por la guerra» hace alusión directa a las devastaciones de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) y los conflictos subsiguientes que marcaron su juventud en Alemania. Becher vincula este colapso del viejo orden geopolítico con el colapso paralelo de las certezas científicas medievales.
[11] Sobre esta cuestión, ver el post de esta web “La batalla ácido álcali”.
[12] La conexión con Frans van Schooten: Becher menciona haber entablado relación en Leiden con «el señor von Schoten». Se refiere a Frans van Schooten el Joven (1615–1660), un matemático neerlandés fundamental en la difusión de la geometría cartesiana en Europa y maestro de Christiaan Huygens. Este dato confirma que Becher estuvo inmerso en los círculos científicos de vanguardia más importantes de la época, vinculando la química, la medicina y las matemáticas.
[13] La etapa de Maguncia (Mayntz): Becher firma el documento en su cuarto de estudio en Maguncia (Mainz). Históricamente, este año coincide con un periodo de gran esplendor profesional para él. En 1663, Becher ejercía como médico personal e influyente consejero económico-político del Príncipe Elector de Maguncia, Johann Philipp von Schönborn. Fue en esta misma ciudad donde empezó a concebir sus grandes proyectos mercantilistas y de reforma educativa para el Sacro Imperio Romano Germánico.
[14] La «Llave del Arte» y los Hijos Legítimos: Becher recurre a una alegoría clásica de la literatura hermética: la búsqueda del conocimiento como el acceso a una «cámara real» (Königliche Zimmer) que custodia los secretos de la naturaleza. Los verdaderos operadores e iatroquímicos son denominados los «legítimos hijos del arte» (rechte Söhne), quienes operan con método racional, contraponiéndose a los «ladrones» o sopladores de carbón fraudulentos que usan trucos vulgares (Hilpertsgriffen).
Crítica al misticismo descriptivo: El autor expresa su absoluto rechazo («Es ist mir ein Greuel») hacia la literatura alquímica alegórica tradicional, caracterizada por un lenguaje que tilda de «palabrería inútil» (Plauderment). Becher se posiciona firmemente del lado de la corriente desmitificadora del siglo XVII, la cual buscaba purgar la disciplina de supersticiones y fantasías para convertirla en una ciencia natural sistemática.
Sistematización de teorías sobre la Materia Prima: En el último párrafo, Becher demuestra su rigor enciclopédico al resumir las grandes corrientes cosmológicas de la época sobre el origen material del universo. Enumera de forma concisa las visiones teológicas de la creación ex nihilo (creación a partir de la nada), las teorías astrológicas de la materia celeste, el concepto vitalista neoplatónico del Spiritus Mundi, y la doctrina clásica material de la escolástica aristotélica. El propósito de Becher en las páginas venideras es rebatir cada una de ellas para ofrecer la verdadera definición química.
[15] La Creación Ex Nihilo y la Física del Vacío: Becher abre el cuerpo doctrinal del libro abordando el dilema de la creación a partir de la nada. Analiza una postura filosófica muy avanzada para su tiempo: la idea de que la «nada» bíblica originaria no era la inexistencia absoluta, sino una sustancia espiritual o primordial no detectable por los sentidos humanos («con respecto a sí misma es Algo; pero en comparación con nosotros… es Nada»).
La analogía del Aire: Para explicar este concepto abstracto a los estudiantes, Becher recurre a un ejemplo físico brillante: el pensamiento del vulgo o del «hombre común» (der gemeine Mann), que considera que una habitación o recipiente cerrado está «vacío» (ein Leeres) simplemente porque no ve objetos sólidos en él, ignorando que el espacio está totalmente saturado de materia gaseosa (aire).
La influencia de Paracelso y la Teología: Becher vincula la teología bíblica (citando las epístolas del apóstol San Pablo) con las teorías cosmológicas de Paracelso (1493–1541). En el sistema paracelsiano e iatroquímico, la creación del universo se entendía frecuentemente como un magno proceso de separación química o destilación cósmica ejecutado por Dios (el Archeus Supremo) a partir de una masa primigenia indiferenciada (el Iliaster o Materia Prima), la cual los teólogos llamaban textualmente «nada».
[16] El juego de palabras Paracelsiano (Ichts vs. Nichts): Becher cita una de las máximas más crípticas de Paracelso, construida sobre el término arcaico alemánico Ichts (el «Algo» o el ser manifiesto) en oposición a Nichts (la «Nada» o el ser latente). Los alquimistas espirituales tomaban esto de forma literal como un proceso de aniquilación y recreación mística de la materia.
Desmitificación operativa (Putrefacción y Disolución): Becher ejecuta una brillante corrección metodológica. Despoja la frase de Paracelso de su misticismo y demuestra que el viejo maestro se refería simplemente a procesos físicos de laboratorio: la putrefacción (Fäulung) y la disolución (Aufschliessung). Cuando un metal se disuelve en un ácido fuerte, parece «desaparecer» en el líquido (convertirse en «nada»), pero para el químico racional no ha dejado de existir, solo ha cambiado de estado y puede volver a precipitarse («algo»).
La ironía del asno y el oro (Argumento 3): Con un afilado sentido del humor, Becher ataca la falta de lógica de los alquimistas puramente teóricos. Argumenta que si la materia se destruyera hasta convertirse en una nada absoluta y abstracta, se perdería toda su información química fundamental. Por lo tanto, al reconstruirla, el operador carecería de mecanismos de control, ironizando con que daría exactamente igual intentar producir oro que un asno (einen Esel, als Gold).
Defensa del Materialismo de Laboratorio (Argumento 4): Becher sienta un principio clave de la química moderna al apelar a la tangibilidad. Un químico u operario (Künstler) no puede trabajar con abstracciones metafísicas; necesita sustancias que pueda manipular «con las manos o con el fuego dentro de los vasos de vidrio» (mit den Händen, oder dem Feuer, wie in den Gläsern). Si la materia prima de la química fuera un «no-ser» absoluto, sería imposible contenerla o someterla a procesos térmicos.
[17] Rechazo de las Cualidades Metafísicas: En las primeras líneas, Becher utiliza la lógica aristotélica contra los propios metafísicos. Argumenta que para operar sobre una materia en el laboratorio, esta debe poseer «cualidades accidentales» (Zufälligkeiten) perceptibles, como el color o la extensión. Un «no-ser» abstracto carece de accidentes, volviéndose invisible e inmanipulable para el químico.
El debate del Vacío en el Siglo XVII y Valeriano Magno: Becher ataca de forma directa las teorías de los vacuistas o «vacuifen». Menciona explícitamente al célebre fraile capuchino, filósofo y diplomático italiano Valeriano Magno (1586–1661). En 1647, en Varsovia, Valeriano Magno publicó experimentos sobre el vacío empleando columnas de mercurio (similares a los de Torricelli y Pascal), pretendiendo demostrar la existencia de un vacío absoluto e increado, lo que desató agrias polémicas teológicas y físicas en toda Europa Central. Magni, Valeriano, Demonstratio ocularis : loci sine locato: corporis succesive moti in vacuo, luminis nulli corporis inhaerentis,Venetiis, Herz, 1649.
La Fiola como contraargumento empírico: Becher recurre al propio instrumental del laboratorio químico para impugnar las tesis de los físicos. Describe de manera sumamente gráfica una fiola (Phiolen): un matraz de destilación de base esférica u ovalada (Bauch) dotado de un cuello o tubo largo (langer Schnabel), comúnmente denominado matraz de cuello de cisne o retorta. Becher afirma con contundencia que el espacio superior que queda libre en estos recipientes, y que los físicos consideran «vacío de todo elemento», está en realidad completamente saturado de materia sutil o gases, alineándose con las posturas plenistas (como la de Descartes) que negaban la posibilidad del vacío absoluto en la naturaleza (horror vacui).
[18] La termodinámica del mercurio: Becher ofrece una explicación física brillante para desmontar los experimentos de barometría de su época. Argumenta que el movimiento del mercurio dentro del tubo de vidrio no demuestra el vacío, sino la dilatación térmica del aire (Erluckerung) provocada por el simple calor corporal de las manos del experimentador al sostener el instrumento.
Crítica económica a los falsos alquimistas: Con gran ironía barroca, Becher asocia el «vacío intelectual» de los filósofos especulativos con el fracaso financiero. Advierte que quienes operen basándose en fantasías abstractas terminarán con «manos vacías y una bolsa vacía» (leere Hände, und ein leeren Beutel), una alusión directa a la ruina económica que sufrían los falsos alquimistas al intentar transmutar la nada.
Traducción operativa de la «Aniquilación»: Becher define de forma pragmática qué entendían los verdaderos químicos cuando utilizaban la expresión clásica de «reducir a la nada». Explica que no se trata de una destrucción mística de la materia, sino de un proceso físico-químico destructivo muy común en el laboratorio: la combustión o calcinación extrema de un cuerpo (einen Cörper verbrennen) mediante el fuego.
Gerhard Dorn y la Quintaesencia (§ 2): Al abrir el segundo párrafo, Becher introduce a Gerhard Dorn (c. 1530–1584), uno de los más célebres comentaristas y editores de Paracelso del siglo XVI. Dorn defendía una cosmología fuertemente mística donde la materia de las estrellas y los cielos era la quintaesencia o el eslabón de unión entre el mundo espiritual y el físico, una tesis que Becher se propone examinar bajo su filtro crítico en las páginas siguientes.
[19] La Quintaesencia y el Alma de los Elementos: Becher continúa exponiendo las teorías iatroquímicas de Gerhard Dorn. En este sistema, la quintaesencia actúa como una fuerza vital e incorruptible, descrita poéticamente como el «alma de los elementos» (Derer Elementen Seel). Dorn argumentaba que esta fuerza cósmica no solo impedía la descomposición orgánica de la materia terrestre, sino que el químico podía aislarla en su laboratorio para crear elixires medicinales supremos idóneos para curar a seres humanos, vegetales y perfeccionar metales base.
El Ave de Hermes (Avicula Hermetis): El texto cita textualmente el símbolo hermético del ave de Hermes, una de las alegorías más famosas de la alquimia occidental (popularizada en textos como el Tablero de la Esmeralda). El constante vuelo ascendente y descendente del ave simboliza el proceso macrocósmico y microcósmico de la destilación y la condensación cíclica. Representa cómo el espíritu sutil se espiritualiza al evaporarse y se corporifica al precipitarse de nuevo sobre la base del reactor, fertilizando la materia.
El Lapis Metaphysicus de Dorn: Becher cita directamente su fuente bibliográfica: la obra De Duello Animi cum Corpore o prefacios similares de Dorn sobre la «Piedra Metafísica» (Lapidem Metaphysicum), publicada a finales del siglo XVI, demostrando la vasta cultura y el manejo de fuentes de Becher.
Sistemática de la Revolución Científica: Al plantear las tres preguntas clave, Becher aplica el método analítico racionalista. En lugar de aceptar ciegamente la mística del influjo estelar, subdivide el problema en preguntas físicas concretas: si la materia celeste posee una ontología distinta de la terrestre, si es mecánicamente indispensable para las reacciones de la Tierra, y si es tangible y reproducible en el matraz. Al final, recuerda la histórica discusión de los físicos aristotélicos sobre la inmutabilidad de las esferas celestes frente al mundo corruptible sublunario.
[20] Julio César Escalígero (Scaliger): Becher fundamenta su defensa de la materialidad de los cielos citando a Julio César Escalígero (1484–1558), uno de los más célebres eruditos, médicos y humanistas italianos del Renacimiento. Cita concretamente sus Exotericae Exercitationes (1557), un tratado de física y filosofía natural sumamente influyente en las universidades de la época. Becher rescata el mordaz ingenio de Escalígero al comparar la idea de un cuerpo celeste inmaterial con absurdos lógicos como «un sueño sin dormir» o «un pan sin harina».
La Física Mecanicista de la Extensión y el Movimiento: El argumento central de Becher es puramente geométrico y mecanicista, adelantándose al materialismo científico. Establece que los astros y las esferas celestes poseen propiedades mensurables: magnitud o extensión (Grösse), forma geométrica (Gestalt) y desplazamiento espacial (Bewegung). Siguiendo los principios de la física corpuscular, estas propiedades o «accidentes» no pueden flotar en el vacío metafísico; requieren obligatoriamente una sustancia material corpórea que las sostenga.
Unificación Material del Cosmos: Becher adopta una postura revolucionaria para su época al distanciarse parcialmente del dogma aristotélico tradicional. La escolástica medieval afirmaba que el cielo estaba hecho de un elemento incorruptible radicalmente distinto a los de la Tierra (la quintaesencia o éter). Becher, apoyándose en los «filósofos de la Antigüedad», sugiere que los cielos y la Tierra comparten en el fondo la misma materia original (diese unsere erste [Materi]), unificando las leyes físicas de la química terrestre y la astronomía.
[21] La Navaja de Ockham en la Física Barroca: Becher abre la página aplicando un principio metodológico fundamental de la ciencia: no introducir «ninguna nueva entidad en el gremio de la naturaleza» (einig neues Wesen in die Zunfft der Natur einzuführen) si los fenómenos pueden explicarse con las ya conocidas. Al rechazar el éter místico o la quintaesencia celeste de Dorn, Becher unifica el cosmos bajo una sola materia elemental compartida.
Materia y Forma según Escalígero: Para sostener su tesis, cita la Exercitatio 61 de Julio César Escalígero. Siguiendo el hilemorfismo tradicional, define la materia como un sustrato puro, amorfo e indeterminado que carece de acción propia. Lo que otorga propiedades físicas específicas, texturas o identidades a los cuerpos (ya sea un metal en la Tierra o un astro en el firmamento) es la forma (Gestalt) que se imprime sobre dicho sustrato.
Jacopo Zabarella (Zabarella) y la Incorruptibilidad: Becher aborda la gran objeción teológica de su época: si el cielo comparte la materia de la Tierra, ¿por qué los astros no envejecen ni se descomponen? Para responder, recurre a Giacomo Zabarella (1533–1589), el más célebre filósofo aristotélico de la Universidad de Padua. Citando su comentario a la obra de Aristóteles De ortu et interitu (Sobre la generación y la corrupción), aclara que la materia en sí misma es puramente pasiva y potencial (Mögensheit). La destrucción o el cambio no nacen de la materia, sino de los agentes físicos activos (fuego, ácidos, intemperie). Como en las esferas celestes no operan estos agentes corrosivos destructores, la materia se conserva intacta, resolviendo elegantemente la paradoja física sin necesidad de inventar elementos químicos extraterrestres. Zabarella, Giacomo, Iacobi Zabarellae Patauini Commentarii in magni Aristotelis libros physicorum;: item: in libros de generatione & corruptione. Item: in meteora. Quorumpriores iam ante ed. sunt: Reliqui vero posteriores… ex libro manuscripto diligenter impressi, novi prodeunt…. His accesserunt insuper De augmentatione & putrefactione tractatus singulares, autoris eiusdem, primo iam lucem videntes, Venetiism, apud Io. Antonium & Iacobum de Franciscis, & Franciscum Bolzetam,1601.
[22] Hilemorfismo y Estabilidad Cósmica: Becher concluye su argumentación hilemórfica (materia y forma). Explica que la inmortalidad o incorruptibilidad del cielo no se debe a que posea una composición química exótica (como la quintaesencia), sino a que la forma perfecta (vollkommenen Gestalt) del firmamento satura por completo las capacidades de su materia, careciendo de la «potencialidad inmediata» (nechste Mögenheit) de degradarse en elementos terrestres corruptibles.
La Revolución Científica contra la Astrología: Al introducir la segunda gran pregunta del Título I, Becher aborda de manera directa el espinoso asunto del influjo astral (Einfluß). En el siglo XVII, la frontera entre la astronomía y la astrología judicial todavía se estaba delimitando. Becher se alinea aquí con la corriente racionalista y antiastrológica al citar a los filósofos naturales que «contienden con los astrólogos» (Gestirnkündigen).
Reducción Mecanicista del Influjo Astral: El fragmento contiene una tesis física crucial para la época: el rechazo de las «fuerzas ocultas y místicas» de las estrellas. Becher abraza el mecanicismo al señalar que el supuesto poder transformador del cielo sobre la Tierra se reduce única y exclusivamente a un fenómeno físico y mensurable: la luz (allein das Licht) y las variaciones térmicas o lumínicas derivadas de las posiciones y órbitas astronómicas (himmlischen Wegungen). Con esto, desmitifica el misticismo astrológico transformándolo en física óptica y meteorología aplicadas a la tierra.
[23] El enigma de la generación mineral profunda: Becher plantea un problema físico y geológico fundamental para la minería centroeuropea de su tiempo. Si la luz y el calor solar son los únicos motores de cambio, ¿cómo es posible que en lo profundo de las minas y cavernas (in den untersten Hölen der Erden), en la oscuridad absoluta, se sigan formando vetas metálicas y cristales? Para explicar este fenómeno sin recurrir a la magia, Becher se ve obligado a teorizar la existencia de sutiles fuerzas físicas radiantes que atraviesan la materia densa.
El magnetismo como modelo físico de acción a distancia: Para validar su hipótesis de forma racional, Becher utiliza como analogía el fenómeno del imán (Magnet). La fuerza magnética demostraba empíricamente a los científicos del siglo XVII que la materia podía ejercer un influjo real, medible y poderoso sobre objetos distantes sin necesidad de emitir luz visible ni calor. Becher argumenta que si un simple mineral terrestre posee esa propiedad, los grandes cuerpos celestes deben poseer interacciones gravitatorias o radiantes similares.
Escepticismo frente a la Astrología Dogmática: A pesar de conceder la existencia de estas fuerzas físicas cósmicas, Becher introduce una advertencia escéptica muy nítida. Afirma que «tenemos motivos legítimos para dudar» (haben wir billich zu zweiffeln) de que los astros controlen de forma mística el destino o la vida de la materia terrestre. Fuera del evidente y medible impacto termodinámico del calor del Sol (Wärme der Sonnen), Becher aboga por buscar causas endógenas y puramente químicas dentro de la propia Tierra para explicar la metalogénesis.
[24] El enigma de la generación mineral profunda: Becher plantea un problema físico y geológico fundamental para la minería centroeuropea de su tiempo. Si la luz y el calor solar son los únicos motores de cambio, ¿cómo es posible que en lo profundo de las minas y cavernas (in den untersten Hölen der Erden), en la oscuridad absoluta, se sigan formando vetas metálicas y cristales? Para explicar este fenómeno sin recurrir a la magia, Becher se ve obligado a teorizar la existencia de sutiles fuerzas físicas radiantes que atraviesan la materia densa.
El magnetismo como modelo físico de acción a distancia: Para validar su hipótesis de forma racional, Becher utiliza como analogía el fenómeno del imán (Magnet). La fuerza magnética demostraba empíricamente a los científicos del siglo XVII que la materia podía ejercer un influjo real, medible y poderoso sobre objetos distantes sin necesidad de emitir luz visible ni calor. Becher argumenta que si un simple mineral terrestre posee esa propiedad, los grandes cuerpos celestes deben poseer interacciones gravitatorias o radiantes similares.
Escepticismo frente a la Astrología Dogmática: A pesar de conceder la existencia de estas fuerzas físicas cósmicas, Becher introduce una advertencia escéptica muy nítida. Afirma que «tenemos motivos legítimos para dudar» (haben wir billich zu zweiffeln) de que los astros controlen de forma mística el destino o la vida de la materia terrestre. Fuera del evidente y medible impacto termodinámico del calor del Sol (Wärme der Sonnen), Becher aboga por buscar causas endógenas y puramente químicas dentro de la propia Tierra para explicar la metalogénesis.
[25] Contradicción interna de la Alquimia Espagírica: Becher expone con agudeza la contradicción lógica en la que cae Gerhard Dorn. Por un lado, Dorn acepta el principio químico de que la espagiria (término paracelsiano para la química de laboratorio) solo altera los accidentes superficiales de las mezclas terrestres (unter-mondischen Gemenge). Por el otro, afirma contradictoriamente que se puede aislar en un matraz una sustancia totalmente pura, desprovista de toda forma física y accidente. Becher sentencia con dureza que operar bajo premisas tan místicas conduce a trabajar con una «perpetua nada» tanto en el laboratorio (Glas) como en la mente (Gehirn).
La embestida contra la Escolástica Aristotélica (§ 3): En este nuevo apartado, Becher ataca el puente conceptual que muchos químicos contemporáneos tendían hacia el aristotelismo. La universidad medieval definía la materia prima como un sustrato puro, universal, amorfo y carente de toda cualidad física activa hasta que recibía una forma. Becher objeta que un concepto puramente metafísico no tiene cabida en una ciencia práctica.
La Materia Prima como «Entidad Imaginaria» (Einbildungs-Wesen): El fragmento contiene una de las declaraciones fundacionales de la química moderna y el materialismo científico. Becher establece que si una sustancia carece de cualidades físicas palpables (peso, textura, color), es materialmente imposible que un operador la extraiga o la someta a procesos térmicos. Califica la materia prima aristotélica como un mero constructo teórico o «entidad imaginaria» (Einbildungs-Wesen). Para Becher, la verdadera materia prima de la química debe ser un cuerpo físico, real, concreto y experimentable.
[26] La crítica al Spiritus Mundi Vitalista: Becher ataca una de las doctrinas centrales del neoplatonismo y la alquimia renacentista: la existencia de un Spiritus Mundi o fuerza vital única y universal que impregnaba el cosmos. Los filósofos herméticos creían que este espíritu caía del cielo y se concentraba en sustancias cotidianas como el rocío matutino, la lluvia o, muy especialmente, en el salitre (visto como el «nitro de los filósofos», un imán de la fuerza aérea vital). Becher desacredita las extenuantes jornadas de laboratorio que los alquimistas dedicaban a destilar toneladas de estos materiales buscando capturar el hálito de la vida.
Fuerza Abstracta vs. Cuerpo Tangible: El autor realiza una demarcación epistemológica crucial. Explica que el «florecimiento» o crecimiento de las cosas (Grünung) es una ley o fuerza natural (Natur Krafft), no una sustancia material o destilado físico que el operador (Künstler) pueda ver, tocar o almacenar en un frasco. Querer materializar las «propiedades ocultas» de la física es un absurdo categórico.
Pluralismo Químico y Especificidad Agrícola y Metalúrgica: En la segunda mitad de la página, Becher abraza una visión moderna y fragmentada de la química frente al monismo místico antiguo. Argumenta que la naturaleza no utiliza un único agente mágico para nutrir el mundo, sino reactivos e insumos específicos y diferenciados para cada reino:
- El estiércol (Mist) actúa como el agente químico que estimula de forma empírica el crecimiento vegetal en la agricultura.
- Los jugos y fluidos corporales sostienen la vida animal.
- El azufre (Schwefel) actúa como el principio mineral endógeno que rige el desarrollo y la cohesión de las vetas metálicas bajo la tierra.
[27] Inversión Epistemológica: Becher realiza un giro conceptual brillante que fundamenta la química como ciencia empírica. Los filósofos aristotélicos llamaban «materia prima» a un sustrato abstracto e ideal, y relegaban las propiedades físicas visibles (color, peso, densidad, textura) a la categoría de simples «accidentes» o cualidades secundarias (Zufälligkeiten). Becher invierte los términos: dado que la química es un trabajo práctico de laboratorio (im Werck bestehet), lo que para el filósofo abstracto es un accidente, para el químico experimental es la verdadera materia prima, pues es lo único que se puede medir, pesar y manipular.
La Semilla como Materia Prima Operativa (Saamen): Becher redefine el concepto de materia prima vinculándolo a la idea de especificidad y origen biológico o mineral. La materia prima de una sustancia no es una abstracción cósmica idéntica para todo el universo, sino el punto de partida físico y concreto de cada cuerpo, al que denomina analógicamente «semilla».
La «Semilla» del Plomo (des Bleys): Fiel a la mentalidad de la metalogenia del siglo XVII, Becher equipara los tres reinos de la naturaleza. Así como un buey nace de su semilla animal o un nabo (einer Ruben) de su semilla vegetal, los metales como el plomo o el oro poseen en el interior de la tierra su propia «semilla mineral» (sus menas crudas, soluciones salinas o vapores sulfurosos condensados). Esa sustancia tangible inicial es la única materia prima real con la que un metalúrgico o químico puede operar en sus crisoles.
[28] Acto y Potencia en la Química Racional (Werck vs. Mögenheit): Becher adopta los conceptos aristotélicos tradicionales de acto (Werck / actus) y potencia (Mögenheit / potentia) para resolver un dilema de la filosofía natural. Responde a la pregunta de si un objeto maduro (como un lingote de plomo) puede considerarse «materia prima». Explica que un cuerpo completamente formado solo es materia prima en potencia, porque encierra la capacidad de ser descompuesto y transformado en otra cosa.
La distinción biológica de los Reinos: El texto ofrece una clara frontera entre la reproducción orgánica y la formación mineral. En los reinos animal y vegetal (el buey y el nabo), las «semillas» o principios reproductivos se albergan de forma visible en «recipientes u órganos separados» (absonderlichen Gefässen) destinados específicamente a la generación. Existe una clara diferencia física entre el contenedor (el animal) y lo contenido (la semilla).
La Metalogenia y la Reducción Química: Becher destaca que en el reino mineral y los metales (nicht aber von den Metallen) no existen tales órganos reproductores aislados. El plomo o el cobre no guardan una semilla en un rincón de su estructura. Por lo tanto, para que un metal revele su «semilla» u origen material, el químico debe intervenir obligatoriamente en el laboratorio ejecutando una reducción o regresión termoquímica (durch die Uberbringung… wieder zuruck gegangen), deshaciendo la fijeza del metal mediante el fuego o ácidos para devolverlo a su estado fluido original.
[29] La dispersión de la semilla mineral: Becher culmina el argumento de la página anterior explicando que, a diferencia de los animales o frutos de la tierra (Erd-Gewächsen), el metal no tiene órganos reproductores aislados. Todo el cuerpo metálico es en sí mismo una semilla materializada y solidificada que se ha expandido en su matriz geológica (Beer-Mutter). Por ello, para usarlo como materia prima en un experimento, el químico debe licuarlo o disolverlo (devolverlo a su estado de potencia).
Dualidad Sexual de la Materia (Macho y Hembra): El texto recoge la arraigada tradición alquímica que dividía los principios reactivos mediante metáforas de género. Becher asimila la semilla masculina a la forma aristotélica (Gestalt, el principio activo, fijador y estructurante, históricamente ligado al azufre) y la semilla femenina a la materia (Materi, el principio pasivo, plástico y receptivo, históricamente ligado al mercurio).
El Chaos del Arte y el Principio Andrógino: Al hablar de la «semilla doble» (gedoppelten Saamen), Becher alude al concepto alquímico del hermafrodita o Rebis. Cuando una sustancia reúne en un solo cuerpo tanto el principio masculino como el femenino, los iatroquímicos la denominaban el Chaos de la obra. El valor de este compuesto radicaba en que era autosuficiente: no requería reactivos externos para transformarse, bastando únicamente el calor externo para madurar.
La cita de Empédocles y el Fuego como único Agente: La invocación al filósofo presocrático Empédocles (famoso por su teoría de los cuatro elementos y las fuerzas del amor y el odio) sirve para legitimar el uso del fuego (Feuer) como el único motor legítimo de la química. En la metalurgia y la destilación del siglo XVII, el fuego no era un ingrediente que se combinara materialmente con el compuesto, sino un catalizador indispensable que aportaba la energía necesaria para que la naturaleza interna del mineral se autodesarrollara.
Sinónimos Herméticos Clásicos: Becher enumera los nombres técnicos tradicionales que recibía esta materia prima compuesta: Hyle (término griego para la materia informe primordial), radix duplicata y el Vitriolo de la naturaleza (no referido al sulfato de cobre común, sino al solvente o principio ácido universal de los filósofos).
[30] La fisiología iatroquímica de la nutrición: Becher ilustra de forma magistral la cadena de transformaciones materiales en el cuerpo vivo, siguiendo las tesis de su colega Franciscus Sylvius. Explica la generación humana como una sucesión de refinamientos químicos o «digestiones»: los alimentos (hierbas y carne animal) se convierten en el estómago en quilo (Speißgrütze), este se transforma en sangre (Geblüt) a través de procesos de fermentación, la sangre se destila internamente para dar lugar a la semilla seminal (Saame), y de esta nace finalmente el individuo.
Materia Remota vs. Materia Inmediata: Becher lanza una advertencia metodológica crucial para desentrañar los textos de los antiguos alquimistas. Explica que la literatura hermética suele incurrir en el error conceptual de llamar «materia prima» a sustancias primordiales muy lejanas (como los alimentos en el ejemplo biológico, o los elementos puros en el mineral). Becher exige rigor: el químico práctico no puede operar con la materia remota, sino únicamente con la materia inmediata (allernächste Materi), que es la que se halla en el punto exacto de reactividad.
La teoría de los «Grados» químicos: El texto introduce la noción de que la materia operativa está dispuesta en un equilibrio o «grado exacto» (Grad). Si el operador en el laboratorio o la propia naturaleza alteran las propiedades físicas de esa semilla química básica en lo más mínimo, la sustancia pierde su identidad y su capacidad específica de reaccionar o generar cuerpos nuevos.
[31] La primacía de la Experiencia de Laboratorio (Die Erfahrung weiset): Becher lanza un golpe definitivo contra los alquimistas puramente especulativos. Muchos autores herméticos afirmaban que al destilar una semilla vegetal o mineral hasta transformarla en un fluido viscoso o «agua primordial», se alcanzaba la materia prima pura del cosmos. Becher los contradice apelando directamente al método empírico: si tomas ese líquido destilado e intentas sembrarlo en la tierra, verás que ya no crece nada. Al destruir su estructura física íntima mediante una manipulación remota excesiva, se ha extinguido la «fuerza de generación» (Wachsthums-Krafft), demostrando que un líquido inerte de laboratorio no puede ser la materia original de la vida.
El Fuego como Activador Mecánico: Reafirma el papel del fuego (Feuer). El fuego no es un elemento que aporte masa o propiedades mágicas a la semilla química, sino el motor energético encargado de poner en marcha o «llevar al acto» (ins Werck überbracht) la potencia latente que ya reside en el sustrato material.
Universalidad vs. Especificidad (Pregunta 4): Becher aborda de forma analítica el dilema de si la materia es una sola para todo el universo (monismo) o si existen materias distintas (pluralismo). Introduce una sutil distinción hilemórfica: en un plano puramente abstracto e indeterminado (sin forma), toda la materia comparte un origen común. Sin embargo, en el plano de la química aplicada (Stuckweiß / de forma particular), la materia siempre se presenta indisolublemente unida a una forma química (Chymische Gestalt), lo que obliga al científico a tratar cada cuerpo según sus propiedades específicas y singulares.
[32] La Trinidad del Pluralismo Químico: Becher formula aquí una de sus tesis más influyentes, rompiendo con el monismo de la materia prima única de los aristotélicos. Establece que la materia pura no es una abstracción universal e idéntica para todo el cosmos, sino que está dividida de forma endógena en tres matrices o sustratos específicos, uno para cada gran reino de la naturaleza (drey Reiche):
- Reino Animal: Su materia original es el Menstruum (asimilado en este contexto al flujo o sangre menstrual, visto en la época como el sustrato nutritivo pasivo que el esperma masculino «cuaja» y organiza para formar el feto).
- Reino Vegetal: Su materia original es el agua de lluvia común (Regen-Wasser), que actúa como el vehículo plástico universal que nutre a todas las plantas del planeta.
- Reino Mineral: Su materia original es el agua mercurial o mercurialische Wasser (el principio de fluidez y densidad que sirve de base para la posterior cristalización de los metales).
La especificidad de las Formas frente a la unidad de la Materia: El texto introduce una distinción muy sutil entre materia y forma. Becher argumenta que, dentro del reino vegetal, la materia de partida es siempre pasiva, simple y homogénea (el agua de lluvia). Lo que introduce la infinita variedad de la naturaleza no es el agua en sí, sino las innumerables formas masculinas o semillas particulares (männliche Saamen / Gestalten) que se imprimen sobre ella. Una semilla de nabo y una semilla de roble reciben la misma agua, pero sus «causas formativas» internas modelan ese líquido convirtiéndolo en dos estructuras botánicas completamente distintas.
La analogía de la generación de los Metales: Becher equipara los procesos metalúrgicos subterráneos con la embriología animal. La frase «Esto mismo debe entenderse respecto a la sangre menstrual con relación a los metales» refleja la creencia barroca de que las venas de la tierra actuaban como un útero geológico. En esta matriz, el agua mercurial (materia pasiva) era fecundada y «fijada» por los vapores del azufre (forma activa o semilla masculina) para hacer nacer y madurar los filamentos de oro, plomo o plata.
[33] Taxonomía Química de los Tres Reinos: Becher defiende la validez de la clasificación tripartita de la naturaleza frente al escepticismo de la época. Apelando de nuevo a la experiencia práctica (aus der Erfahrung) y a la observación de la creación, establece los límites físicos de cada reino con un lenguaje sumamente directo y universal, anticipando los criterios de las ciencias naturales de los siglos posteriores.
Sistematización del Reino Mineral: Al definir los componentes del reino mineral, Becher ofrece un catálogo exhaustivo de los intereses de la minería y boticaria centroeuropeas: piedras (Steine), gemas (Edelgesteine), metales (Metallen) y sales (Saltze). Al incluir las sales dentro de este grupo, Becher asienta el marco teórico de la iatroquímica, donde las sales eran los reactivos esenciales para disolver y ensayar la materia.
Las Tres Operaciones Fundamentales del Cosmos: La aportación más original de esta página es el mecanicismo teológico con el que Becher explica el diseño divino. El Creador infundió a cada reino una propiedad macroquímica y mecánica exclusiva que gobierna su existencia:
- El Reino Animal se rige por la Unión (Einigung): La vida animal surge y se sostiene mediante la unión y la combinación de fluidos y órganos complejos.
- El Reino Vegetal se rige por la Coagulación (Gerünnung): El crecimiento botánico se fundamenta en la absorción del agua de lluvia y su posterior transformación y «cuajado» en savia y tejidos fibrosos.
- El Reino Mineral se rige por la Configuración (Figurung): Los metales y cristales se definen por su fijeza geométrica y solidificación estructural estable tras enfriarse los vapores subterráneos. Para Becher, esta triple diferencia mecánica de los cuerpos exige de manera obligatoria la existencia de tres matrices materiales distintas.
[34] Afinidad Química y el Origen Común (Verwandschafft): Becher introduce un concepto seminal en la historia de la ciencia: la afinidad química (Verwandschafft). Aunque defiende que en la práctica los tres reinos están separados y sus materias no son intercambiables de forma directa (el agua de lluvia no genera oro), admite que en el plano macrocósmico original comparten una «misma raíz, a saber, un agua sutil». Esta idea de un fluido primordial unificado permitía a los químicos mecanicistas explicar por qué sustancias de reinos distintos podían reaccionar entre sí.
Un sorprendente caso médico barroco: Para ilustrar de forma empírica cómo una «forma» de un reino (vegetal) puede intentar apoderarse de la «materia» de otro (animal), Becher relata una célebre y truculenta crónica médica de la época. Describe el caso de una mujer que falleció por un tumor abdominal (Bauch-Geschwulst). La autopsia (nachdem sie geöffnet) reveló que un grano de cebada alojado accidentalmente en su útero había utilizado la sangre menstrual como sustrato nutritivo, «engendrando» una masa de tumores con forma de granos. Este tipo de relatos clínicos eran muy comunes en las discusiones iatroquímicas para demostrar la fuerza plástica de las semillas.
El Árbol de Diana y la Cristalización Metálica: Al final de la página, Becher apela a un fenómeno de laboratorio sumamente popular en el siglo XVII: la formación de estructuras ramificadas o vegetales a partir de metales disueltos en mercurio o ácidos, un experimento conocido clásicamente como el Árbol de Diana o Arbor Dianae. Al observar que el mercurio líquido (lauffenden Mercurio) podía «jugar» y cristalizar adoptando la intrincada morfología de un árbol (eines Baums Figuren), los químicos de la Revolución Científica creían hallar la prueba definitiva de una correspondencia geométrica y sutil latente entre las leyes que gobernaban el reino vegetal y el mineral.
[35] Los límites de la Transmutación entre Reinos: Becher concluye la sección anterior estableciendo una barrera empírica insalvable entre los componentes de la naturaleza. Aunque teóricamente existía una afinidad remota, desafía a los alquimistas utópicos con preguntas puramente prácticas de laboratorio: el agua de lluvia (materia vegetal) jamás actuará como base para cristalizar metales en lugar del agua mercurial, y los fluidos orgánicos como la sangre se destruyen y carbonizan al someterse al fuego extremo (das Feuer ausgestanden), a diferencia de los minerales estables que interactúan con el azufre sin volatilizarse.
Los Cuatro Objetivos de la Química Moderna: En el apartado 5, Becher resume de forma magistral los fines operativos de la incipiente ciencia química, despojándola de misticismo y reduciéndola a transformaciones físicas controladas:
- Engendrar (Erzeugen): Sintetizar nuevos compuestos en el laboratorio.
- Regenerar (Wiedergebähren): Recuperar metales o reactivos a partir de sus soluciones.
- Perfeccionar (Ausmachen): Refinar y purificar elementos (química analítica y extractiva).
- Destruir (Zerstören): Descomponer o calcinar cuerpos para estudiar su estructura íntima.
[36] Materia Remota e Inmediata de los Metales: Becher profundiza en la distinción metodológica explicada en la página 657, aplicando el hilemorfismo escolástico a la geología subterránea. Clasifica el origen de los metales en dos etapas físicas:
- Materia remota (materia remota): Un «agua pesada» nacida de la condensación de vapores exhalados por el fuego central de la Tierra y atrapados en las grietas rocosas (eingefangene Dunst).
- Materia inmediata (materia proxima): El agua mercurial seca o «que no moja la mano» (so die Hand nicht netzet), una expresión clásica en la alquimia medieval para describir al mercurio de los filósofos o principio de fluidez metálica ideal.
La Autoridad de Santo Tomás de Aquino y los Meteoros: Para consolidar científicamente su tesis ante el público académico de 1729, Becher cita el comentario atribuido históricamente a Santo Tomás de Aquino sobre los Meteorológicos de Aristóteles. En la Baja Edad Media y el Renacimiento, los escritos pseudo-tomasinos sobre alquimia y física natural gozaban de una inmensa autoridad institucional. Santo Tomás validaba la teoría metalogénica de que el azufre y el mercurio eran los ladrillos inmediatos engendrados por la propia «fuerza mineral» geológica (mineralische Krafft).
Legitimación de la Alquimia Racional: El pasaje citado de Santo Tomás concluye con una rotunda defensa de la crisopeya. Al afirmar que los alquimistas legítimos, imitando los tiempos y «mixturas» (Vermengung) que la naturaleza emplea bajo el suelo, pueden efectuar «una verdadera generación de los metales», Becher halla el respaldo teológico definitivo para justificar el trabajo experimental en los laboratorios químicos frente a quienes tildaban la disciplina de fraude o herejía.
[37] Interpretación Hilemórfica de la Metalurgia: Becher cierra la cita escolástica traduciéndola a la teoría de los Tria Prima. El mercurio representa el sustrato pasivo o matriz elemental (la materia), mientras que el azufre actúa como el principio activo determinándose (la forma o Gestalt). Al unirse correctamente en el crisol, los «operarios metalúrgicos» (Metalls-Arbeiter) replican el proceso geológico natural.
La Ontología Metálica de la Piedra Filosofal: Al abordar la naturaleza de la piedra filosofal (Lapidis Philosophorum), Becher adopta una postura estrictamente materialista dentro de la tradición hermética. Rechaza que la piedra provenga de sustancias orgánicas, vegetales o místicas: su materia y su forma deben ser forzosamente metálicas y minerales. Define la piedra no como una sustancia ajena al oro, sino como un oro potenciado o elevado (erhöhet).
La Teoría de la Cocción (Coctio) y la Fijación: El texto recurre al concepto clásico de la coctio (cocción o maduración mineral subterránea). Todos los metales de la tierra comparten la misma materia original (el mercurio), pero en los metales comunes (plomo, cobre, estaño) esta materia está «cruda» o imperfectamente cocida. La piedra filosofal posee una forma sobreperfeccionada (übervollkommener Gestalt) que actúa como un fermento acelerador: al entrar en contacto con los metales comunes, «vence» sus formas imperfectas y madura instantáneamente su mercurio interno.
El Ensayo del Fuego como Criterio Físico: Como químico práctico, Becher fundamenta la nobleza del oro en una propiedad física medible: su capacidad de ser fijado (figirt) de tal modo que «resiste el fuego en todos los ensayos» (das Feuer, in allen Proben, ausstehet), a diferencia del mercurio común, que se volatiliza, o de los metales innobles, que se calcinan y destruyen al someterse a altas temperaturas en la copela.
[38] Unidad de la Materia Metálica: Becher ratifica uno de los axiomas fundamentales de la metalurgia y la alquimia de su tiempo: todos los metales conocidos (antimonio, mercurio, plomo, estaño, cobre, hierro, plata y oro) comparten exactamente la misma materia base. Lo único que diferencia a un lingote de plomo de uno de oro es la «forma» o el grado de cocción geológica que ha impreso la naturaleza sobre ese sustrato común.
El Mecanismo de Fusión (In dem Fluß): El texto detalla las condiciones físicas necesarias para que ocurra la transmutación en el crisol. Becher especifica que los metales deben encontrarse in dem Fluß (en flujo, es decir, en estado de fusión líquida por el calor del horno). Al licuarse, las barreras moleculares o estructurales rígidas de los metales innobles se abren, permitiendo que asimilen de forma inmediata la sutil influencia de la piedra gracias a su afinidad u homología constitutiva (metallischen Gleichartigkeit).
Resolución de la Paradoja Hilemórfica: En las páginas preliminares (pág. 651), Becher había declarado que era un absurdo lógico que dos formas coexistieran en un mismo objeto. Aquí resuelve cómo opera la piedra filosofal sin violar la lógica aristotélica: la forma perfecta de la piedra no se «añade» al plomo para convivir con él, sino que actúa como un agente asimilador que absorbe, eleva y funde la forma imperfecta en la perfecta, convirtiendo ambas en una sola esencia idéntica.
La Ley Termoquímica del Equilibrio y los Grados: Becher introduce un concepto cuantitativo y mecanicista fascinante para explicar la transmutación. Describe el proceso como una transferencia medible de propiedades donde la forma de la piedra actúa como la «forma configuradora» (die gestaltende Gestalt) y el metal base como la «configurada». Al interactuar, la piedra sufre un desgaste proporcional o retroceso en sus propios «grados» de perfección (gehet sie um so viel Grad zuruck), cediéndolos al metal innoble hasta que ambas fuerzas alcanzan una detención recíproca o punto de saturación al que denomina «equilibrio o temperamento del oro» (Gleichgewicht des Goldes).
[39] Forma Accidental vs. Forma Esencial: Becher introduce una sutil y rigurosa subdivisión dentro del concepto hilemórfico de «forma» (Gestalt) para adaptarlo a la física de laboratorio:
- Forma accidental (forma accidentalis): Es el estado físico observable en el que se halla un cuerpo (por ejemplo, si una sustancia se encuentra en solución líquida, disuelta o cristalizada como una sal o metal). Becher afirma que esta forma cambia constantemente durante las reacciones, pero es físicamente imposible que la materia exista sin un estado u otro. Sin estos «accidentes» (extensión, estado de agregación), la materia se volvería una abstracción ideal e inútil, como la de los aristotelistas, imposibilitando que el operario (Künstler) trabaje con ella en sus hornos.
- Forma esencial (forma essentialis): Es la matriz interna que define la identidad química profunda de la sustancia (lo que hace que el oro sea oro y el plomo sea plomo).
La persistencia microscópica de la Forma: Becher expone una primitiva visión corpuscular y pre-atómica al afirmar que la forma esencial puede ser retirada o atenuada «en ciertos grados», pero jamás aniquilada. Incluso en las fracciones o «motas de polvo más diminutas» (allerkleinsten Stäublein), el principio formal identitario permanece latente en potencia (mögentlicher Weiß). Esta idea era fundamental para justificar por qué un metal disuelto en un ácido y vuelto invisible al ojo humano podía ser recuperado intacto con sus propiedades originales mediante un reactivo precipitante.
Criterio de Nomenclatura por Predominio: El texto ofrece una regla práctica sobre cómo los químicos nombran los compuestos según el equilibrio de sus componentes. Utiliza el término geométrico Kreisweiß (haciendo alusión a un área de dominancia o influencia circular). Si en un compuesto microscópico predomina el sustrato pasivo, los científicos lo clasifican como «materia»; si lo que sobresale es el principio activo estructurante, se le designa como «forma», siguiendo la regla lógica de nombrar las mixturas por su componente «más eminente o noble» (von dem Vornehmern).
[40] El Concepto del Zwydorn (Hermafrodita): Becher rescata un curioso término del alto alemán antiguo o de la jerga de los mineros y alquimistas tradicionales: Zwydorn (asimilado en este contexto a una estructura bifurcada, doble o andrógina, similar al Rebis hermético). Con esta palabra explica la naturaleza dual e íntima de las sustancias puras en las que la materia y la forma están tan compenetradas que el operador puede iniciar su trabajo empleando un solo compuesto, sabiendo que este ya encierra de forma latente su principio complementario.
La Generación Espontánea Vegetal como Analogía: Para validar esta íntima unión ante los estudiantes, Becher recurre a la arraigada creencia barroca en la generación espontánea de las plantas. Observa que el agua de lluvia (Regen-Wasser), al caer sobre la tierra estéril, hace brotar vegetación de la nada sin necesidad de que el agricultor siembre semillas visibles. Para la iatroquímica, esto demostraba que el agua pluvial ya portaba en sí misma las «formas» o principios plásticos del reino vegetal, integrados mediante un «vínculo indisoluble» (unauflöslichem Band).
La Inercia Química y la «Materia Satisfecha»: Al abordar la quinta adición sobre el oro, Becher formula un principio dinámico muy avanzado para la época. Explica que en un metal perfecto y noble como el oro, la materia se halla «enredada en su propia forma» y «está satisfecha» (zufrieden), alcanzando un estado de máxima estabilidad e inercia química. Debido a este perfecto equilibrio íntimo, el oro no reacciona con el ambiente ni se corroe bajo condiciones ordinarias.
La Ruptura del Equilibrio para la Transmutación: Becher establece que para que el oro pueda transformarse, sufrir cambios o actuar como un fermento (la piedra filosofal), el químico debe romper obligatoriamente este estado de satisfacción. Se requiere ejecutar una operación violenta de laboratorio que obligue a la forma esencial a separarse o «liberarse» de la materia. Solo al generar esta oposición o tensión interna (einander entgegene Dinge), la sustancia recupera su reactividad y se vuelve capaz de dar origen a una nueva «generación» o perfeccionamiento metálico en el crisol.
[41] Invisibilidad de la Materia sin Accidentes: Becher reitera su postura estrictamente materialista y anti-metafísica frente a la escolástica. Explica que al descomponer el oro en el laboratorio, se puede retirar su identidad interna (forma esencial), pero jamás se le puede despojar de un estado físico u óptico real (forma accidental). Si un reactivo lograra despojar a la materia de absolutamente todos sus accidentes, «esta se volvería invisible» e inmanipulable, un absurdo insostenible para el trabajo empírico.
La Operación de Inversión Metálica: Para activar el oro inerte, Becher describe una hermosa metáfora geométrica habitual en el Barroco: llevar la forma al centro o punto de fuga (Mittelpunct) y la materia a la periferia (Umkreis). En términos prácticos de laboratorio, esto significaba «abrir» o disolver el oro (por ejemplo, mediante el uso de agua regia u otros disolventes fuertes) para romper su fijeza molecular. Solo al «separar» o eclipsar temporalmente la forma dominante del oro, su sustrato pasivo queda desprotegido y hambriento de una «nueva forma», recuperando su reactividad química para unirse a otros elementos o actuar como agente transmutatorio.
El Oro Muerto frente al Oro Vivo (Ein ruhend Metall): El texto recoge la terminología técnica de los mineros y ensayadores alemanes (Metallwerckern), quienes llamaban al oro común un «metal en reposo o muerto» debido a su extrema resistencia a la corrosión y los ácidos ordinarios. Becher valida esta denominación mediante una brillante analogía botánica: un lingote de oro es como una semilla vegetal guardada en un granero; parece un cuerpo inerte, estéril y muerto, pero encierra en su interior una potencia biológica latente que solo despertará y «germinará» (Wiedergeburth) cuando se le someta a las condiciones adecuadas de humedad y calor (Wärme) en el entorno idóneo.
[42] Trillar Paja Vacía (Leer Stroh dreschen): Becher cita una célebre máxima atribuida en la época al «Aristóteles químico» (frecuentemente asociada a Geber u otros autores fundamentales de la alquimia medieval). El refrán popular alemán leer Stroh dreschen ilustra de forma muy gráfica el esfuerzo inútil de los operarios vulgares que intentaban realizar transmutaciones trabajando únicamente con las cualidades superficiales de los metales, sin lograr «abrir» primero la sustancia hasta su raíz o semilla original (saamentliches Bestandwesen).
La Polémica con Angelo Sala (Angelus Sala): Becher introduce en el debate a Angelo Sala (1576–1637), un médico y químico de origen italiano que trabajó en Alemania y fue uno de los grandes pioneros de la química transicional y el rechazo a la alquimia mística. Sala publicó la Chrysologia (1618), un tratado donde sostenía de forma «burlona» (spöttisch) que el oro era un cuerpo absolutamente indestructible e inalterable por el arte humano debido a su fijeza molecular perfecta. Becher, que defiende la posibilidad de la palingenesia o renacimiento del oro, acusa a Sala de soberbia intelectual, comparándolo con el mito de Ícaro por haber caído en el «mar de la torpeza» al negar los límites operativos del laboratorio.
Origen Geológico del Oro (Wasch-Gold): Becher diferencia con gran precisión técnica entre el oro procesado en los talleres metalúrgicos y el estado natural del metal. Menciona el oro de fundición (Fein-Gold) y el oro de aluvión o lavado (Wasch-Gold), este último recolectado directamente en las arenas de los ríos centroeuropeos. Argumenta de forma hilemórfica que incluso este oro puro tuvo que pasar bajo tierra por una etapa previa de gestación geológica a partir de una materia primigenia que «en acto todavía no era oro», justificando que el químico pueda revertir artificialmente ese proceso de maduración en sus crisoles.
[43] Citas bíblicas y escolásticas de la metalogénesis: Becher refuerza su tesis de que el oro procede de un estado mineral previo más humilde. Cita los libros apócrifos de Esdras (Esdra) para evocar la idea del «pequeño polvo» primordial y recurre de nuevo a Santo Tomás para ratificar que el azufre y el mercurio constituyen la base de la matriz áurea subterránea.
El Principio de Reversibilidad Química: Becher formula una ley física de simetría natural sumamente avanzada para el siglo XVII, utilizándola como su principal argumento científico para rebatir a Angelo Sala. Sostiene que si la naturaleza emplea fuerzas físicas y «causas naturales» concretas para consolidar y fijar (figirt) un mineral bajo tierra, el químico tiene el derecho teórico de asumir que existen en la naturaleza fuerzas exactamente inversas u opuestas (natürliche entgegen) capaces de deshacer esa fijeza, disolver el metal noble y devolverlo a su estado primitivo de «materia remota». Este concepto de reversibilidad es uno de los pilares de la química analítica moderna.
El Canon de los Filósofos Herméticos: Para validar la teoría del «azufre del oro» como el principio fijador fundamental, Becher invoca los nombres más ilustres y respetados de la tradición alquímica medieval y renacentista europea:
- Raymundi: Raimundo Lulio (Ramon Llull, c. 1232–1316), a cuyo nombre se atribuyó un enorme corpus de alquimia teórica.
- Bernhardi: Bernardo del Trevisano (1406–1490), famoso por sus escritos sobre la paciencia en la transmutación.
- Basilii: Basilio Valentín, el mítico monje benedictino del siglo XV, autor de Las doce llaves de la filosofía.
- Richardi: Ricardo el Inglés (Richardus Anglicus), alquimista del siglo XIV.
- Riplaei: George Ripley (c. 1415–1490), célebre canónigo agustino e influyente alquimista inglés.
Autocita de la Metallurgia: Al final de la página, Becher remite al lector a los experimentos prácticos y demostraciones de laboratorio desarrollados en su propia obra previa, la Metallurgia de Fráncfort, consolidando el lazo enciclopédico de sus publicaciones (tal como detalló en el plan de su «edificio filosófico» en la página 632).
[44] Mecánica Hilemórfica de la Reacción (Das Thuende vs. Das Leidende): Becher define la interacción química mediante las categorías físicas clásicas de agente activo (das Thuendo / agens) y sujeto pasivo (das Leidende / patiens). El azufre (forma) aporta la energía cohesiva que consolida la materia, mientras que el mercurio (materia) representa la fluidez plástica receptiva. Becher deduce de forma lógica que si el azufre fija y endurece, las propiedades intrínsecas del mercurio deben ser simétricamente opuestas: licuar, ablandar y volatilizar.
La Putrefacción como Descomposición Operativa (Fäulung): Becher define el proceso de disolución de los metales mediante ácidos o amalgamas como una forma de putrefacción o corrupción controlada (Fäulung). En la química del siglo XVII, la putrefacción no se limitaba a la descomposición orgánica de la carne o las plantas; se entendía como el proceso físico general mediante el cual las partículas unidas de un cuerpo sólido se aflojaban, permitiendo romper la rigidez del metal para reorganizar sus componentes.
La Metáfora Química de la Cola o Pegamento (Leims): Para explicar de manera sumamente visual y universal el concepto de fijeza metálica a los estudiantes, Becher compara la acción de la forma (el azufre) con la de una cola, pegamento o aglutinante (Leims). El azufre actúa «atrapando» y espesando el elemento húmedo o mercurial del metal, contrayéndolo mecánicamente hasta estructurar la red cristalina o el lingote sólido.
Leyes de Proporciones y la Inversión de Roles: El fragmento contiene una intuición cuantitativa fundamental que anticipa las leyes de saturación química. Becher señala que Dios ha impuesto una proporción de masa (Proportion / Menge) estricta para el equilibrio de los cuerpos. Si en el crisol o en el reactor el operario altera este balance y añade un exceso masivo de materia (mercurio fluido), las fuerzas cohesivas de la cola (el azufre) se ven desbordadas. En ese punto, el principio pasivo se transforma en agente dominante activo, disolviendo y licuando por completo la estructura sólida previa.
[45] La analogía agrícola de la inundación: Becher recurre a un ejemplo sumamente universal y comprensible para ilustrar las leyes de saturación de la materia en el laboratorio. Explica cómo un agricultor sabe que el agua es indispensable para que las semillas vegetales (erdgewächsische Saamen) germinen; sin embargo, si cae un exceso masivo de lluvia (etwas zu viel regenet), el equilibrio se rompe y las semillas se pudren en una sola noche. En términos mecanicistas barrocos, la «forma balsámica» (la fuerza vital o cohesiva) colapsa al verse desbordada por un «cúmulo de materia» líquida pasiva, iniciando un proceso de licuación que destruye la fijeza del cuerpo.
La putrefacción como umbral de la disolución: El texto ratifica que en el marco teórico de la Revolución Científica, la putrefacción (Fäulung) y la disolución (Auflösung) no eran procesos biológicos de descomposición orgánica comunes, sino la operación física fundamental para «abrir» los cuerpos sólidos. Al saturar un compuesto, se relajan los enlaces de su pegamento estructural o forma esencial, lo que constituye el indispensable «primer grado para una nueva generación» o síntesis química en el matraz. Becher remite al lector al Título VI de su manual para profundizar en esta técnica cuantitativa.
Concesión científica a Angelo Sala: En el último párrafo, Becher muestra honestidad intelectual al concederle un punto técnico a su gran rival doctrinal, Angelo Sala (quien, como se vio en la pág. 669, afirmaba que el oro era indestructible). Becher concuerda con Sala en que el oro jamás podrá ser alterado ni disuelto de manera esencial empleando «fluidos o humedades vegetales» comunes (como jugos de plantas, vinagres o alcoholes destilados ordinarios que «mojan las manos»). Becher argumenta de forma mecanicista que estos disolventes orgánicos carecen por completo de afinidad estructural con la red molecular densa del metal precioso, hallándose «fuera de la composición íntima del oro», requiriéndose por tanto disolventes minerales específicos y ácidos corrosivos pesados (como el agua mercurial o soluciones ácidas salinas) para romper su fijeza.
[46] Física Universitaria frente a la Práctica de las Minas: Becher vuelve a confrontar el pensamiento teórico tradicional de las aulas universitarias (Aristotelisch genommen) con la realidad empírica de los mineros y ensayadores de laboratorio (Chymisch). La escolástica negaba que el ser humano pudiera aislar el sustrato puro de los metales, mientras que la química de laboratorio demuestra que sí es factible debido a la naturaleza dinámica de los yacimientos.
La Metalogenia y las Minas Vivas (Mineren): Becher defiende la hipótesis, muy común en la minería centroeuropea del Barroco, de que la Tierra es un organismo vivo donde los minerales siguen creciendo y gestándose continuamente en el interior de las vetas rocosas (Vermehr- oder Zeugung in den Mineren). Argumenta de forma muy lógica que si los metales subterráneos ya estuvieran totalmente terminados, fijos y coagulados desde el inicio de los tiempos, la metalogénesis habría cesado por completo. Como las minas siguen produciendo metales de forma activa, queda demostrado que bajo tierra circula de manera constante un flujo libre de materia original inmadura (soluciones salinas o vapores mercuriales).
La Facilidad de Extracción según los Grados de Fijeza: El texto explica que todos los metales conocidos participan de esta misma materia base, pero con diferentes grados de cohesión hilemórfica. En metales imperfectos o menas crudas, la materia no se encuentra fuertemente aprisionada por su forma, por lo que el operador puede aislarla y «extraerla con menor esfuerzo» (mit weniger Mühe), utilizándola como base reactiva para sus experimentos en lugar de intentar destruir la durísima estructura de metales nobles ya consolidados.
La paradoja de la Putrefacción Circular: Al final de la página, Becher introduce una objeción metodológica típica de las discusiones escolásticas y responde asentando los límites de su teoría de las proporciones. Prepara al lector para distinguir entre la inercia atómica absoluta de los metales nobles perfectos (como el oro y la plata, donde la materia está completamente fijada y blindada por la forma) y la flexibilidad operativa de los compuestos intermedios o inmaduros.
[47] Metáfora del Esbozo Artístico (Griffel): Para describir los minerales inmaduros o las menas crudas presentes en las minas, Becher recurre a una hermosa imagen artística. Explica que en estos compuestos la materia apenas ha sido tocada por la forma, quedando como un dibujo o boceto delineado vagamente con el «primer trazo de un buril o estilo» (ersten Griffel). Al no estar fuertemente consolidados, no requieren procesos drásticos de putrefacción.
Operaciones de la Química Extractiva Alemana: El texto detalla el arsenal técnico que definía al auténtico «Scheid-Künstler» u operador analítico centroeuropeo del siglo XVII. Para aislar y purificar estos componentes volátiles o de baja fijeza térmica (wenig Fires), Becher prescribe métodos físicos comunes en la metalurgia de la época: la lixiviación o lavado de sales (Ablügen) y la sublimación térmica (Sublimiren).
La Definición Rigurosa de «Materia sin Forma» (Ohngestalt): Becher concluye solemnemente el Título I resolviendo la séptima y última adición. Aclara que cuando los químicos denominan a una sustancia «materia sin forma» (ohngestalt), no se refieren al concepto abstracto e inexistente de la metafísica escolástica. En el laboratorio, una materia ohngestalt es un cuerpo físico, real y tangible que conserva todas sus propiedades tridimensionales mecánicas (su forma accidental), pero cuya identidad química particular (su forma esencial) ha sido «debilitada» o forzada a retroceder varios grados mediante reactivos, quedando temporalmente en un estado plástico, amorfo y sumamente reactivo, idóneo para recibir nuevas configuraciones.
[48] Materia Unifórmica vs. Omnifórmica: Becher cierra el Título I utilizando dos categorías conceptuales para resumir la dualidad de la materia operativa. Por un lado, la materia es eingestaltig (unifórmica), porque en el laboratorio siempre se presenta bajo un estado físico único, real y concreto (su forma accidental). Por el otro, es allgestaltig (omnifórmica u omnipotente), porque conserva la capacidad intrínseca de ser disuelta y reconfigurada por el químico para adoptar paulatinamente cualquier otra identidad mineral.
La Introducción del «Bestandwesen» (Sustancia Permanente): Al inaugurar el Título II, Becher define el objeto central de su nueva investigación: el Bestandwesen. Este término germánico fue acuñado para describir la fijeza, solidez y resistencia térmica de los cuerpos. Mientras que el Título I abordó la fluidez y la materia prima amorfa, este bloque se consagra a entender qué principios dotan a los minerales de una estructura física duradera que no se destruye en el crisol.
La Estructura de los Cinco Párrafos: Fiel al método didáctico y sistemático que caracteriza al Oedipus Chymicus, Becher traza en este prefacio la hoja de ruta exacta de las secciones venideras. Su objetivo es demoler cualquier «escrúpulo» o duda teórica mediante un análisis fragmentado que va desde la definición ontológica de la fijeza mineral hasta la identificación material de sus dos grandes pilares iatroquímicos: el azufre y la sal.
[49] Redefinición del Cuerpo Químico Puro: Becher abre el Título II aplicando su ya característico enfoque empírico y materialista. Para estudiar la fijeza de los cuerpos sólidos (Bestandwesen), rechaza de nuevo las abstracciones ideales de las universidades medievales. Explica que la «sustancia permanente» no es un concepto metafísico, sino lo que los aristotélicos llamaban despectivamente materia secundaria o accidentes: el cuerpo físico, real y corpóreo que el científico puede ver y tocar.
El análisis de las Aleaciones Metálicas: Becher introduce un ejemplo metalúrgico sumamente avanzado sobre la naturaleza de las mezclas sólidas, analizando la aleación de cobre y plata (Gemenge von Kupffer und Silber). Explica que, aunque los plateros y ensayadores llamen a este metal fundido una «sustancia doble» porque contiene dos elementos, desde el punto de vista de la física mecánica actúa temporalmente como una sola estructura sólida unificada.
Hacia el Concepto de Elemento y Compuesto: El fragmento contiene una temprana y brillante definición de lo que la ciencia posterior llamaría una sustancia pura. Becher establece que para estudiar la verdadera naturaleza de un cuerpo mineral, el analista debe aislarlo de manera individual (insonderheit), despojándolo de agregados externos hasta obtener un cuerpo que subsista por sí mismo, puro y «no mezclado con la sustancia de otro» (nicht mit eines andern Cörpers Bestandwesen vermenget). Este principio de pureza química fue indispensable para el posterior desarrollo de la metalurgia cuantitativa.
[50] Mecanización de la Quintaesencia: Becher despoja al concepto medieval de «quintaesencia» de sus antiguas connotaciones místicas o astrales. Define la esencia simplemente como la base estructural fija del cuerpo (wesentliche Bestandwesen), mientras que la quintaesencia representa un estado material purificado mediante procesos físicos repetitivos de destilación o «circulación en quinto grado», vinculándolo a la teoría de la sobreperfección que analizó previamente en el índice del Título VI (pág. 639).
El Manifiesto del Empirismo Químico: La página contiene una de las declaraciones más célebres e institucionales de la Revolución Científica en Alemania: «los filósofos químicos prescinden de todo aquello que no cae bajo los ojos ni en las manos» (was nicht unter Augen und in die Händ fället). Esto marca una frontera epistemológica radical contra la alquimia espiritual y los textos herméticos alegóricos. Para Becher, la química legítima solo puede operar con fenómenos tangibles, visibles y reproducibles en el taller.
Rechazo al Aristotelismo Abstracto: Al abordar la segunda sección (§ 2), el autor insiste en que las categorías clásicas de materia y forma no deben abordarse al modo escolástico (nicht Aristotelischer Weiß). Su enfoque exige tomar los componentes físicos secundarios (los accidentes reales del cuerpo) y subdividirlos en reactivos y estructuras puramente corpóreas y materiales, consolidando el método de la física corpuscular aplicada a la mineralogía.
[51] Crítica a la medicina tradicional: El autor menciona la «flema de los galenistas». Becher y los iatroquímicos de su tiempo rechazaban la teoría de los cuatro humores de Galeno (sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra) para explicar la materia y las enfermedades, proponiendo en su lugar explicaciones químicas basadas en sustancias de laboratorio.
Redefinición de los Principios Alquímicos (Tria Prima): El texto muestra un debate crucial de la historia de la ciencia. Paracelso había establecido que la materia se componía de tres principios: Azufre (lo inflamable), Mercurio (lo volátil/líquido) y Sal (lo sólido/ceniza). Becher argumenta aquí que la «sal» y el «azufre» vulgares no están en todas partes, sino que deben entenderse de forma abstracta como «oleosidad» (aceite) y «acuosidad» (agua). Esta conceptualización de la oleosidad es el ancestro directo de lo que décadas más tarde se conocería en toda Europa como la teoría del flogisto.
[52] El Vitriolo como prueba empírica: Becher menciona el Vitriolum (vitriolo, tradicionalmente sulfatos metálicos como el sulfato de cobre o de hierro). En la alquimia y química temprana, el vitriolo era una sustancia clave porque actuar sobre los metales con ácidos producía estas sales cristalinas. Becher lo utiliza como «evidencia táctil y visual» para demostrar a los escépticos que los metales contienen componentes salinos y sulfurosos.
Los tres reinos de la naturaleza: El texto introduce el concepto clásico del dreyfachen Reich (el triple reino: animal, vegetal y mineral). Becher afirma que su teoría de los principios esenciales se cumple en los tres ámbitos de la creación por igual.
Técnica de laboratorio (Destilación por grados): El fragmento describe un procedimiento experimental real en el laboratorio del siglo XVII: el uso de una retorta y un receptor, y la instrucción de aplicar el fuego per gradus o Stuffenweiß (gradualmente o por etapas). Esto evitaba que estallara el vidrio y permitía separar los componentes según sus diferentes puntos de ebullición.
Terminología química antigua: Aparecen términos técnicos fundamentales de la iatroquímica: Scheidwasser (literalmente «agua de separación», el término histórico en alemán para el ácido nítrico, usado para separar el oro de la plata) y Spiritum (los componentes más volátiles o gaseosos resultantes de una destilación).
[53] Caput Mortuum (Cabeza Muerta): El texto menciona Die Erde, in capite mortuo. El término alquímico Caput Mortuum (o colcothar) se representaba habitualmente con el símbolo de una calavera. Hace referencia al residuo sólido, seco, inútil y desprovisto de sustancias volátiles que quedaba en el fondo de la retorta tras una destilación extrema. Becher lo clasifica aquí como una «tierra muerta» y un principio puramente accidental.
Romper la retorta (Retorten zerschlägst): En la época, los productos químicos sólidos u oleosos muy densos quedaban incrustados o pegados en el fondo de los recipientes de vidrio o arcilla. Para recuperar el residuo final (Hinderstelligen), los operadores se veían literalmente obligados a romper el recipiente receptor o la retorta tras enfriarse el horno.
Surgimiento de la Química Analítica: Al afirmar que del reino animal se pueden «preparar» (präpariren) obligatoriamente estos componentes exactos, Becher defiende la universalidad del análisis químico. Su enfoque postula que la naturaleza íntima de la materia viva se revela mediante la descomposición sistemática en el laboratorio.
[54] La metáfora arquitectónica de la materia: Becher utiliza una bella alegoría al hablar de las «4 columnas» (4. Säulen) y la «horquilla» (Gabel). Para él, la arquitectura de toda la materia del universo se sostiene sobre un sistema de andamiaje químico de cuatro elementos (dos principales y dos accesorios), desafiando de manera directa los cuatro elementos tradicionales de Aristóteles (tierra, agua, aire y fuego).
Reto empírico a la comunidad científica: Al final de la página, Becher lanza un desafío abierto a los escépticos de su época. Desafía a cualquiera a traer un solo objeto de la naturaleza que no pueda ser descompuesto en sus laboratorios en estos componentes, demostrando la enorme confianza que los primeros químicos premodernos tenían en el poder de la destilación sistemática.
[55] El concepto moderno de Elemento Químico: En este fragmento, Becher se acerca de forma brillante a la definición moderna de elemento químico (que consolidaría Robert Boyle en la misma época). Define los principios últimos como aquellas sustancias puras y simples (Einfächtigkeit) «más allá de las cuales nadie encontrará una separación posterior» (über welche niemand einige fernere Scheidung […] finden wird).
Nomenclatura alquímica de los estados físicos: Becher enumera una serie de términos que describían la apariencia física o consistencia de los compuestos en el laboratorio, antes de que existiera una nomenclatura sistemática:
- Butter (Mantecas): Sustancias cloradas densas y semisólidas a temperatura ambiente (ej. Butter des Antimonii o cloruro de antimonio).
- Croci (Azafranes): Polvos finos u óxidos metálicos calcinados, generalmente de color rojizo o amarillento (ej. Crocus Martis u óxido de hierro).
- Flores (Flores): Sólidos pulverulentos obtenidos por sublimación directa, es decir, al pasar un gas a sólido sin pasar por líquido (ej. Flores de azufre).
- Mercurien (Mercurios): No solo el mercurio líquido común, sino destilados volátiles o esencias que los alquimistas consideraban el «espíritu» de los metales.
El «Artífice» (Künstler): En el siglo XVII, el químico u operador de laboratorio todavía era llamado el Künstler (el artista o artífice). El trabajo de laboratorio se consideraba un arte práctico (Scheid-kunst o «arte de separar») que requería una enorme destreza manual para controlar los hornos, sellar las retortas y manipular sustancias corrosivas.
[56] El concepto químico de «Esencia» (Essenzen): Becher define aquí la Essenz no en un sentido místico o puramente aromático, sino puramente operacional y material. Para los químicos premodernos, la esencia era el núcleo puro o los «principios esenciales» purificados de un cuerpo tras haberlo despojado por completo de sus impurezas y sobrantes accidentales (Erdigkeit- und Überflüßigkeiten).
Analogías orgánicas y biológicas en la materia: El texto utiliza términos biológicos como Saamen (semilla) y Mutter (madre o matriz) aplicados a procesos químicos generales. En el siglo XVII, la formación de los minerales en las entrañas de la tierra o la cristalización en el laboratorio se concebían mediante analogías de la generación orgánica viviente (embriogénesis). Los principios accidentales actúan como el «útero» y el «alimento» que permiten a la semilla mineral tomar forma física.
Vocabulario de los procesos de sedimentación: Becher reúne tres sinónimos muy ilustrativos de las prácticas de laboratorio antiguas para definir el componente terrestre accidental:
- Hefen: Heces o levaduras, el residuo denso o turbio.
- Bodensatz: Sedimento, lo que decanta de forma natural en el fondo de un frasco tras una reacción o maceración.
- Mutter: Madre, la capa o poso espeso que se genera en líquidos fermentados o soluciones saturadas.
Conexión con la escolástica aristotélica: Hacia el final de la página, Becher intenta reconciliar o contrastar sus descubrimientos con la filosofía de las escuelas tradicionales, comparando su mecanismo de fijación material con el concepto aristotélico de la unión entre la materia prima (materia primera e informe) y la forma sustancial.
[57] El Azufre como principio abstracto: Becher insiste en una distinción teórica fundamental para la época: el «azufre» de los químicos no es el azufre amarillo vulgar (sulfur) que se extrae de las minas, sino una categoría macro-química que engloba a todo lo que tenga propiedades grasas, oleosas e inflamables en la naturaleza.
El origen semántico del Flogisto: Este texto muestra el preciso instante evolutivo de la ciencia en el que el antiguo principio paracelsiano del Sulfur se está transformando en la mente de Becher en el concepto de terra pinguis (tierra grasa), sustancia que su alumno Georg Ernst Stahl bautizaría formalmente unas décadas más tarde como flogisto (el principio de la combustibilidad).
Defensa de la tradición química frente a los filósofos puros: El autor lanza una dura crítica contra los teóricos académicos de su tiempo (principalmente físicos y filósofos escolásticos tradicionales) que negaban la existencia de estos principios. Les exige de forma tajante que dejen de especular en abstracto, que «hojeen los libros de los químicos» y que se rindan ante la evidencia empírica del laboratorio («cuya contradicción demuestra la experiencia»).
La jerarquía regia de la materia: Hacia el final de la página se introduce el lenguaje metafórico y alegórico que la química heredó de la alquimia medieval, al mencionar que el azufre es considerado un «rey» (König). En esta tradición, las sustancias que regían las transformaciones energéticas, el fuego y la transmutación (como el azufre o el oro) recibían atributos de la realeza debido a su posición dominante en la jerarquía mineral.
[58] El glosario alegórico de la Alquimia: La primera mitad de la página es un testimonio histórico extraordinario de la sinonimia hermética. Becher recopila los nombres en clave que los alquimistas daban al principio inflamable/activo (el azufre):
- Löwen (León) y Kroten (Sapo): Símbolos tradicionales de las fuerzas fijas y volátiles en plena reacción.
- Sigel Hermetis (Sello de Hermes): Origen de la expresión actual «sellado hermético», referido al cierre perfecto de los recipientes de destilación para que no escapara el alma o azufre de los cuerpos.
- Sonnen Schmeer / Die Sonne (Sebo del sol / El Sol): Vinculación directa con el oro y el fuego celeste.
- Den Mist (El estiércol): Referencia a la materia prima despreciada o en descomposición de la cual nace la gran obra.
El Azufre como portador de propiedades organolépticas: Becher sistematiza la idea de que el azufre abstractamente considerado es el responsable directo de los accidentes perceptibles de la materia: aporta el color (Farb), el olor (Geruch), el sabor (Geschmack) y la cohesión interna (Ursach des Gepacks).
Desmitificación de la Sal: Al igual que hizo con el azufre, Becher redefine el concepto de Sal. Advierte al lector que no piense en el cloruro de sodio de mesa (gemein Salz) ni en los sabores punzantes de los ácidos y álcalis, afirmando de manera muy avanzada para su época que esos sabores fuertes son en realidad impurezas causadas por la interacción secundaria con el principio del azufre.
La Sal como principio de la Solubilidad: Al emparejar teóricamente la sal con el agua (unter dem Wasser), Becher establece que la propiedad fundamental de la sal pura es servir de base pasiva, cristalina y soluble para la materia una vez despojada de su «forma» o energía inflamable.
[59] La Sal como Materia Prima Pasiva: En perfecta contraposición al azufre (asociado previamente al «rey», el calor y la forma activa), Becher expone aquí el glosario femenino y receptivo de la Sal: la llama la «reina» (Königin) o la «mujer» (Frau). En la filosofía iatroquímica, la sal actúa como la matriz o sustancia receptora pasiva, el «cuerpo potencial» capaz de adoptar cualquier propiedad externa.
Fenómenos de Cristalización y Delicuescencia: El texto aporta una observación empírica brillante sobre la física de las sales de laboratorio al mencionar que «se deja congelar como el hielo» (wie ein Eis […] zusammen gefroren) y que «se disuelve pronto en agua» (in ein Wasser zu zerflössen). Becher describe de manera primitiva los fenómenos de la cristalización (formación de cristales salinos con aspecto geométrico translúcido similar al hielo) y la delicuescencia (capacidad de ciertas sales puras de absorber la humedad ambiental hasta disolverse por completo).
Nomenclatura Alquímica de los Disolventes: Aparecen términos técnicos fundamentales del instrumental teórico del siglo XVII:
- Wurzelfeuchte (Humedad radical): Concepto medieval adaptado que hacía referencia al fluido vital primigenio que mantiene unida la materia.
- Menstruum (Menstruo o disolvente): Término utilizado en la química premoderna para designar a cualquier líquido con gran capacidad para disolver, extraer o transmutar sólidos (como los ácidos o el agua regia).
- Mercurium Philosophorum: Al equiparar su principio de la sal con el Mercurio de los filósofos, Becher unifica la tradición paracelsiana de los tres principios (Tria Prima) en su nuevo modelo dual de agua-oleosidad.
Metáforas del cambio de estado: Las expresiones das Wachs (la cera donde se estampa el sello) o der Cörper Bad (el baño de los cuerpos) ilustran cómo los químicos visualizaban la interacción química: la sal actúa como un fluido maleable o un baño líquido purificador que acoge las propiedades fijas del azufre.
[60] El Alkahest y la Materia Jabonosa: Becher introduce uno de los conceptos más fascinantes de la historia de la alquimia: el Alkahest (término popularizado por Paracelso y Jan Baptist van Helmont), considerado el disolvente universal capaz de reducir cualquier cuerpo a su materia prima original. Becher aporta una visión muy física y pre-química al definirlo de manera brillante como una «geseyffte Materi» (materia jabonosa). En términos químicos modernos, Becher entendía intuitivamente que la unión de un aceite (lípido) y una sal soluble (álcali) produce una saponificación, un compuesto intermedio idóneo para mediar entre sustancias grasas e hidrófilas.
Génesis y Cosmología Química: El texto entrelaza la teología barroca con la teoría de la materia. Describe la creación del universo a partir de un Caos hídrico primordial que Dios divide mediante un proceso puramente químico de fraccionamiento o decantación: un «agua espesa» (dickes Wasser, densa y combustible) y un «agua delgada» (dünnes Wasser, fluida y salina).
Teoría de la Evolución de la Materia por Grados: Becher explica que tanto el principio oleoso como el salino se subdividen a su vez en tres niveles de sutilidad para dar forma a los tres reinos tradicionales (animal, vegetal y mineral). Afirma que estas sustancias no son estáticas, sino que se pueden «alteriren» (alterar, transmutar o refinar) de forma continua tanto por los tiempos de la naturaleza como por los hornos del laboratorio (durch die Kunst).
[61] Los límites de la Transmutación: Becher establece aquí una barrera providencialista muy común en la alquimia madura del siglo XVII. Afirma que el ser humano puede transformar la materia dentro de un mismo reino (verwandeln), pero nunca trasladar sustancias de un reino a otro (por ejemplo, convertir materia vegetal en mineral). Atribuye este límite a un mandato de Dios para frenar la soberbia del químico (damit sich der Künstler […] nicht allzuviel getraue).
La teoría de la Doble Agua Mercurial: El autor unifica toda su cosmología material bajo el concepto del «gedoppelten mercurialischen Wasser». Para Becher, la base íntima de la materia es fluida y dual: por un lado posee una propiedad formal (la cohesión, lo viscoso o kläbericht) y por el otro una propiedad material pasiva (la ductilidad y la capacidad de adoptar cualquier diseño o forma externa).
[62] La interdependencia absoluta de los elementos: En la primera pregunta, Becher aborda un problema clásico de la física química del siglo XVII: la imposibilidad de aislar un principio puro en estado absoluto. Argumenta que el agua y el aceite (materia y forma) coexisten indisolublemente en cada sustancia, y que cuando los químicos nombran un compuesto, lo hacen basándose estrictamente en el principio que resulta predominante (von dem Vordringenden).
Teoría de las Fracciones en la Destilación: En la respuesta número dos, el autor fundamenta la técnica de la destilación fraccionada. Explica que al calentar un «azufre» o grasa, las porciones volátiles más puras y espirituales constituyen la auténtica «esencia» formal, mientras que los aceites pesados y densos (die übrige dickere) actúan solo como un vehículo o soporte accidental.
El Estiércol y la «Semilla de la Tierra»: Becher ofrece una explicación pre-moderna muy interesante sobre la fertilidad agrícola al afirmar que «aus der Fetten der Dunge wird der Erden Saame verstärcket» (a partir de la grasa del estiércol se fortalece la semilla de la tierra). Identifica la materia orgánica en descomposición (el estiércol o abono) como una fuente de «azufre/grasa» esencial que nutre el principio germinal latente en el suelo mineral.
Hilemorfismo aplicado a la Química: El texto utiliza de forma constante el binomio aristotélico de Materi (materia) y Gestalt (forma), pero adaptándolo por completo a la práctica de los laboratorios metalúrgicos e iatroquímicos, un paso indispensable en la transición hacia la revolución científica del siglo siguiente.
[63] Mecanismos de Interacción Química: En las primeras líneas, Becher define de forma asombrosa cómo interactúan los dos principios fundamentales. El azufre aporta la cohesión física (anleimen / aglutinar, pegar) y la forma (bilden / conformar). La sal, actuando de manera inversa, divide las partículas del azufre (zertheiten) y permite su fäulen (putrefacción o fermentación), un proceso que los químicos premodernos consideraban indispensable para romper los enlaces de una sustancia y liberar sus componentes.
La Sal como Emulgente: El autor describe con total precisión científica el papel de la sal como un agente mediador: «dann das Oel, vermittelst des Salzes, mit dem Wasser kan vereiniget werden» (pues el aceite, por mediación de la sal, puede unirse con el agua). En términos actuales, describe el principio de una emulsión o la acción de un tensioactivo (jabón), donde la sal actúa de puente entre la fase oleosa (hidrófoba) y la fase acuosa (hidrófila).
La Batalla contra la Academia Tradicional: Al iniciar el Tercer Título, el prefacio introduce al lector en el «grosses Gefecht» (la gran batalla) intelectual del Barroco. Los médicos galenistas y los físicos universitarios aristotélicos acusaban a la naciente química de ser una pseudociencia caótica y fraudulenta porque los textos alquímicos usaban clasificaciones contradictorias (sistemas de 1, 2, 3 o 4 elementos). Becher se propone en esta sección unificar y armonizar todas esas aparentes contradicciones.
Cita a Basilio Valentín (Basilius): El texto menciona a Basilio Valentín, un legendario y enigmático alquimista (presunto monje benedictino del siglo XV, cuyos textos fueron en realidad editados a principios del XVII por Johann Thölde). La frase citada («Es seyn drey, zwey, eins…») alude a la doctrina hermética según la cual todas las clasificaciones de los elementos no se contradicen, sino que representan diferentes niveles de abstracción de una misma y única materia prima universal.
[64] El enigma lírico de la Alquimia: El texto incluye un célebre pareado rimado en el alemán original («…und doch nur eins / …so triffst du keins»). Este tipo de versos crípticos eran extremadamente comunes en la tradición del Theatrum Chemicum. Funcionaban como máximas mnemotécnicas y advertencias para los operadores del laboratorio: el universo material se compone de múltiples clasificaciones operativas (el sistema dual de Becher o los tres principios de Paracelso), pero en el fondo toda la creación remite a una única materia prima unificada y creada.
La distinción entre Sustancia y Propiedad: Becher introduce aquí una fina frontera teórica que prepararía el terreno para la química analítica borbónica e ilustrada. Distingue rigurosamente entre los «Urhebungen des Bestandwesens» (principios de la sustancia fundamental, que operan como los bloques de construcción materiales y pasivos del cuerpo) y los «Urhebungen der Eigenschafft» (principios de las propiedades, que determinan las cualidades activas, los estados de agregación y los reactivos secundarios).
Materia y Grados de Mezcla (Stuffen): En el apartado §. 1, el autor descarta que su teoría de las propiedades contradiga la existencia de la materia subyacente. Explica que las cualidades físicas que observamos en la naturaleza (la dureza de un metal, la volatilidad de un alcohol) dependen estrictamente de los escalones químicos o proporciones exactas (Stuffen) en las que el principio activo (el azufre) satura y configura a la base pasiva (la sal).
El método del ensayo de laboratorio (probirt werden): Al anunciar que va a enseñar cómo se «prueban» o ensayan estos componentes, Becher recurre al vocabulario de los ensayadores de cecas y fundiciones (Probierkunst). Reivindica el examen empírico mediante el fuego, los ácidos y las balanzas como la única vía legítima para validar las teorías cosmológicas sobre los elementos de los cuerpos.
[65] Explicación química de la diferenciación sexual: En la primera sección, Becher adopta una perspectiva aristotélica muy común en los tratados médicos del Barroco, vinculando el sexo del embrión con el grado de calor y perfección de la «forma» (Gestalt) sobre la materia. Si la forma activa (cálida y seca) predomina fuertemente, se genera un varón (Manns-Bild); si predomina la materia pasiva (fría y húmeda), se engendra una mujer (Weibs-Bild).
Quimización de la Teoría de los Humores: El fragmento central es de un valor histórico excepcional. Becher intenta traducir la milenaria medicina humorística de Galeno a la nueva física química. Explica que los cuatro temperamentos tradicionales no se deben a fluidos místicas, sino a la concentración de sus propios principios de laboratorio:
- Melancólico (frío y seco) y Flemático / Schleimigt (húmedo): Causados por el predominio de los principios accidentales (tierra y agua).
- Colérico / Gallisch (cálido y seco) y Sanguíneo / Blutreich (cálido y húmedo): Provocados por la abundancia de los principios esenciales (azufre y sal).
Redefinición del Mercurio Paracelsiano: Hacia el final de la página, Becher aborda un problema de concordancia teórica. Explica que cuando los químicos hablan de la tríada alquímica clásica (Tria Prima: Mercurio, Azufre y Sal), el Mercurio no debe entenderse como un elemento material independiente, sino simplemente como el estado físico resultante de llevar la sal y el azufre esenciales a su «grado más sutil» o volátil (in den subtilern Grad gesetzet).
[66] La Astrología Médica y la Volatilidad: Becher justifica el uso del término «mercurial» recurriendo a la astrología alquímica clásica: «Dann der Mercurius ist der Planet einer flüchtigen Eigenschafft» (Pues Mercurio es el planeta de la propiedad volátil). En la cosmovisión del siglo XVII, el planeta Mercurio (y el dios mitológico asociado) representaba el movimiento rápido, el cambio y la inconstancia, propiedades físicas que en el laboratorio se correspondían con los gases y los líquidos destilados de bajo punto de ebullición.
El Azufre como el Estado Intermedio de la Materia: El autor realiza una sistematización teórica brillante al definir el «azufre» no como un cuerpo, sino como un estado termodinámico intermedio. Para Becher, lo azufrado representa el perfecto equilibrio dinámico o «Mittelplatz» (lugar medio) entre las sustancias que escapan volando ante el fuego y aquellas que resisten inmóviles en el fondo de la retorta.
La Sal como Símbolo de Fijeza: En perfecta simetría, define el concepto químico de sal a través de su propiedad física más evidente: la fijeza (Fixität). Las sales son aquellas estructuras cristalinas que anclan la materia, impidiendo que los aceites e influencias volátiles se disipen.
La Armonización de los Sistemas Químicos: El último párrafo resuelve magistralmente el «gran combate» teórico anunciado en la página 691. Becher demuestra que su nuevo sistema dual (agua/aceite) y la tríada clásica de Paracelso (Mercurio, Azufre, Sal) no se contradicen. Los dos componentes de la sustancia fundamental son los ladrillos materiales, mientras que la tríada describe simplemente los tres estados físicos de agregación (volátil, intermedio y fijo) en los que esos mismos ladrillos se manifiestan ante los ojos del químico.
[67] La armonización matemática de la materia: En el primer párrafo, Becher realiza una brillante síntesis epistemológica para defender la unidad de la química. Explica que las disputas sobre si existen 1, 2, 3 o 4 elementos son un falso dilema. Dependiendo del nivel de abstracción del operador, la materia es una (materia prima universal), dos (los bloques esenciales: agua/aceite), tres (las propiedades físicas: mercurio/azufre/sal) o cuatro (si sumamos las tierras y flemas accidentales). Lo crucial es leer los textos antiguos «mit gewisser Maß» (con una justa medida o criterio), sin caer en dogmatismos literales.
El concepto de fracturación y purificación de la escoria: Al iniciar el protocolo práctico con el reino animal, Becher describe una operación física fundamental: «so muß man das caput mortuum, von seinem Salz loß gemacht» (se debe liberar la cabeza muerta de su sal). Esto alude al proceso de lixiviación. Tras una destilación extrema, el residuo negro y seco (caput mortuum) se lavaba con agua caliente para disolver las sales fijas atrapadas en él. El agua se evaporaba después para recuperar la sal pura, dejando atrás la «tierra muerta» e inútil.
Vocabulario técnico de la destilación barroca: Aparece el término «Auslügs», un tecnicismo de la iatroquímica germana que hace referencia a la fase inicial de la destilación donde se liberan los componentes más volátiles, vapores gaseosos o «espíritus» del espécimen orgánico antes de que empiecen a destilar los aceites pesados.
[68] La densidad y la inmiscibilidad de los líquidos: Becher describe un fenómeno clásico de laboratorio al observar que «Das Oel, so über dem Spiritu her schwimmet» (el aceite que flota por encima del espíritu). Durante la destilación destructiva de materia orgánica (como huesos o tejidos animales), se obtenía una fase acuosa amoniacal (el espíritu) y una fase orgánica aceitosa menos densa e insoluble que flotaba en la superficie (conocida históricamente como «aceite de Dippel» o aceite animal).
El proceso de Rectificación (rectificiren): El texto menciona la necesidad de rectificar el aceite. La rectificación en la química premoderna era una destilación repetida o purificación de un líquido para eliminar el agua remanente o las impurezas carbonosas densas, permitiendo aislar las fracciones más puras de la sustancia.
El Sabor de las Sales como indicador químico: El autor utiliza el análisis organoléptico clásico para identificar los compuestos al afirmar que «welches Salz am Geschmack wird anzeigen eine grosse Hitze des Schweffels» (cuya sal manifestará en su sabor un gran calor de azufre). Al lixiviar la caput mortuum de los restos animales se obtenía carbonato de potasio o sales alcalinas que, al probarse en la lengua, daban una sensación cáustica, punzante o «cálida», lo que Becher atribuía de forma teórica a la retención de partículas de azufre ígneo o flogisto dentro de la red salina fija.
[69] Identificación de sustancias históricas: El cuadro contiene ejemplos de reactivos clave de la iatroquímica barroca:
- Spiritus des Geblüts / Das flüchtige Salz des Geblüts: Se refiere al carbonato de amonio y soluciones amoniacales obtenidas de la destilación de la sangre o cuernos de ciervo.
- Buch-Ampfer: Corresponde a la sal de acedera (Rumex acetosa), de donde se extraería históricamente el ácido oxálico.
- Wermuht: El ajenjo (Artemisia absinthium), planta medicinal por excelencia cuya ceniza proporcionaba ricas sales de potasio.
- Salpetrische Salz der Metallen: Sales derivadas del ácido nítrico (nitratos metálicos).
Conclusión matemática de la materia: En la base de la página, Becher resume de forma definitiva su gran tesis armonizadora frente a las escuelas académicas: existen dos principios fundamentales de la sustancia material (el agua y el aceite), pero se manifiestan a través de tres estados o propiedades en la naturaleza (la tríada paracelsiana de Mercurio, Azufre y Sal).
[70] El «Lector que trabaja» (der werckende Leser): Becher se dirige explícitamente al químico práctico, al operador que ensucia sus manos en el laboratorio (Laborant), marcando una distancia definitiva con los filósofos escolásticos de la época, que solo teorizaban en libros sin tocar jamás un horno de destilación.
El Aguardiente como «Azufre Puro» (Brantwein): El texto aporta un dato valiosísimo para la historia de la ciencia al definir el Brantwein (el alcohol destilado o etanol obtenido por fermentación vegetal) como un azufre puro y claro. En el siglo XVII, el hecho de que un líquido translúcido similar al agua pudiera prender fuego con extrema facilidad era la prueba reina de que contenía una altísima concentración del principio inflamable (el azufre/flogisto).
La prueba de la llama (die gefangene Lohe): Becher apela a la evidencia visual innegable de la combustión. Al encender el alcohol, la «gefangene Lohe» (literalmente, la llama cautiva o el fuego controlado en el plato de ensayo) demostraba a los ojos de los contemporáneos que el fuego estaba materialmente encerrado dentro del líquido vegetal.
La naturaleza íntima de los aromas y la potencia: En las últimas líneas, Becher desmitifica el origen del fuerte olor y la potencia médica de los «espíritus» destilados (los aceites esenciales y alcoholes). Adelanta que no provienen de fuerzas ocultas o astrales, sino de una fracción física muy concreta: un aceite de densidad intermedia que ha logrado ligarse íntimamente con la fase volátil durante el proceso de rectificación.
[71] La metalurgia y el vapor sulfúreo: Becher apela a la experiencia directa de las fundiciones y minas de Centroeuropa. Explica que al calentar minerales metálicos crudos (Mineren), estos emiten un característico «schwefflichen Dunst» (vapor sulfúreo o dióxido de azufre, reconocible por su olor asfixiante). Para los químicos de la época, este fenómeno demostraba que el azufre formaba parte constitutiva de los metales.
El Cinabrio como demostración escolar: El autor menciona el cinabrio (sulfuro de mercurio, \(HgS\)) como la prueba empírica definitiva. Afirma que es un hecho básico de nivel elemental (A. B. C. Schüler) que el cinabrio se sintetiza combinando mercurio líquido con azufre. Dado que el cinabrio está íntimamente ligado a la metalurgia del mercurio, Becher lo utiliza como argumento irrefutable para demostrar la presencia latente de azufre en el reino mineral.
El «Escritor impertinente» (naseweise Scribent): Esta página ofrece un valiosísimo y vivo testimonio de las agrias disputas intelectuales y académicas de la Europa del siglo XVII. Becher rompe el tono estrictamente científico para mofarse y atacar de forma directa la «Ungeschicklichkeit und Frechheit» (torpeza y osadía) de escritores rivales contemporáneos. Los acusa de intrusismo, señalando que son autores advenedizos que hace apenas dos años ignoraban la química y que ahora publican libelos recopilando viejas teorías escolásticas ya superadas por la experimentación de laboratorio.
[72] La metáfora de la hoz y la cosecha ajena: Becher concluye su sátira contra los académicos tradicionales utilizando un conocido proverbio agrícola. Acusa a los filósofos escolásticos de meter su hoz en campo ajeno (in ein fremde Erndte schlagen) al intentar legislar sobre los fenómenos del laboratorio químico sin tener experiencia práctica, descuidando además sus propios campos de estudio.
La naturaleza de la Sal Volátil y la Delicuescencia: Al analizar la sal volátil (principalmente el carbonato de amonio), Becher la define poéticamente como un «subtil eingefroren Wasser» (agua sutilmente congelada). Observa con precisión que esta sustancia es altamente termolábil (se sublima o desvanece fácilmente con el calor) y marcadamente higroscópica o delicuescente, pues «durch die Feuchten zerfleust» (se disuelve por la humedad ambiental).
Afinidad Química y el fenómeno del Empyreuma (Brentzeln): El texto aporta un concepto clave para la historia de la termoquímica al describir la sal volátil como una materia «vergesellige und gättliche» (gregaria y afín) al azufre, anticipando las famosas tablas de afinidad del siglo XVIII. Al explicar que la sal retiene trazas de azufre durante la destilación destructiva, Becher describe la causa del Brentzeln. Este término del alemán antiguo equivale al concepto técnico de empyreuma (el olor y sabor a cuerno quemado, aceite chamuscado o alquitrán que impregnaba los destilados mal controlados cuando el fuego directo degradaba la materia orgánica en el fondo de la retorta).
Diferenciación de las fracciones líquidas: El autor aclara una confusión común entre los destiladores de la época al distinguir netamente entre el agua que porta la sal volátil disuelta y el Phlegma (la flema pesada, inerte y puramente acuosa que carece de propiedades medicinales o reactivas).
[73] La imposibilidad de recoagular tras destilaciones repetidas: Becher describe un fenómeno empírico muy común al destilar repetidamente el carbonato de amonio (la sal volátil animal). Al recalentarlo una y otra vez en presencia de la humedad del aparato, la sal se disuelve por completo en el agua de destilación, transformándose en lo que hoy conocemos como amoníaco líquido o «espíritu de cuerno de ciervo». Para los operadores de la época, parecía que la sal sólida se había «desvanecido» para siempre en un estado fluido.
El concepto termodinámico de Fuego Interno: El autor utiliza una hermosa explicación física de la materia basada en el equilibrio térmico. El «auswendige Feuer» (fuego externo del horno) actúa despertando y potenciando al «inwendigen und natürlichen Feuer» (fuego interno y natural) que reside oculto en el corazón del principio inflamable (el azufre/flogisto). Este calor latente es el responsable de mantener las partículas en constante movimiento, impidiendo su cristalización o coagulación.
El Aguardiente como anticongelante natural: El fragmento central contiene una observación científica extraordinaria sobre las propiedades coligativas de las disoluciones. Becher identifica al Brantwein (el alcohol o espíritu del vino) como un protector térmico capaz de «verwahret doch das drunter gemischte Wasser vor der Kälte» (proteger al agua mezclada bajo él contra el frío y la congelación). Describe de forma pionera la depresión del punto de fusión que el etanol ejerce sobre el agua, un fenómeno que los hombres del Barroco comprobaban en invierno al ver que los barriles de agua se solidificaban por completo mientras que los de aguardiente permanecían perfectamente líquidos.
La Sal Volgátil Vegetal Líquida: El texto resuelve un gran dilema de los boticarios de la época: por qué al destilar plantas casi nunca obtenían cristales sólidos de sal volátil (como sí ocurría al destilar sangre o huesos), sino un líquido espirituoso. Becher demuestra que la sal está allí, pero permanece oculta de forma «zerlassenes» (disuelta o líquida) debido a la alta concentración de espíritu alcohólico que la acompaña y la disuelve.
[74] Identificación de los Ácidos Minerales Fuertes: Esta página posee una enorme relevancia para la historia de la química al nombrar los tres grandes ácidos minerales que revolucionaron los laboratorios de la Edad Moderna y la metalurgia europea:
- Spiritus Salis (Espíritu de sal): El ácido clorhídrico (HCl), obtenido destilando sal común con arcilla o vitriolo.
- Spiritus Nitri (Espíritu de nitro): El ácido nítrico (HNO₃), componente del agua fuerte usado para refinar la plata.
- Spiritus Vitrioli (Espíritu de vitriolo): El ácido sulfúrico (H₂SO₄), el más corrosivo e industrializado de la época.
El Análisis Organoléptico de la Corrosión: Becher recurre a una expresión sumamente gráfica y ruda al afirmar que nadie negará la naturaleza ígnea de estos ácidos «der eine Zunge im Maul hat, die das Feuer dieses Schweffels fühlen kann» (si tiene una lengua en la boca que pueda sentir el fuego de este azufre). El dolor punzante y la quemadura química instantánea que provocaban estas sustancias ácidas al probarse en la lengua eran interpretados teóricamente como la liberación directa de las partículas materiales del fuego y del azufre/flogisto.
Cristalización por Eliminación de Ácido: Becher describe un fenómeno real de laboratorio: al evaporar o neutralizar el espíritu ácido corrosivo de una solución, el líquido remanente pierde su «Atzung und Krafft» (poder corrosivo y fuerza) y precipita en el fondo en forma de cristales neutros o de «gar leichtem Geschmack» (sabor muy suave). Para el autor, esto demostraba que los ácidos no eran líquidos elementales puros, sino sales volátiles minerales disueltas e hiperactivadas por un principio sulfúreo intermedio.
Rechazo al concepto de Flema de la gente común: El autor vuelve a corregir la terminología popular (die gemeine Leut). Explica que el líquido remanente tras un proceso químico no debe confundirse con agua inerte (flema), sino que es el vehículo donde residen las sales capaces de cristalizar (coacularse) en cuanto se retira la influencia térmica del espíritu sulfúreo.
[75] El secreto alquímico y la prudencia (muthwilliger Weiß): Becher interrumpe la explicación detallada de cómo extraer estas sales volátiles metálicas señalando que es mejor no publicarlo «públicamente a la luz del día de forma temeraria». Esta actitud es muy representativa de los químicos y metalúrgicos de los siglos XVI y XVII; a menudo ocultaban u omitían los pasos críticos de un proceso industrial (como la producción de ácidos o el refinamiento de metales preciosos) para proteger sus secretos comerciales o por miedo a que el conocimiento cayera en manos de falsificadores de moneda.
La ciencia de los mineros (Bergwercker Erfahrenheit): El autor valida su teoría no solo citando a autoridades textuales como Basilio Valentín, sino apelando directamente a la experiencia práctica de los mineros de los distritos centroeuropeos (Sajonia, Bohemia). Los mineros sabían que la presencia de vapores y sales volátiles (como los compuestos de arsénico, antimonio y azufre) en las vetas subterráneas estaba íntimamente ligada a la formación y riqueza de los filones metálicos crudos (Mineren).
Crítica a la búsqueda del Mercurio Corredizo (lauffenden Mercurium): Becher lanza un ataque técnico directo contra los alquimistas tradicionales o «sopladores de vidrio» vulgares que pretendían extraer mercurio líquido corriente (azogue o mercurio vivo) de cualquier trozo de plomo, hierro o madera. Los acusa de esparcir «un Geschwätz» (charlatanería) debido a un grave error de concepto.
El Mercurio como compuesto y no como elemento: El fragmento final consolida la teoría analítica de Becher: el mercurio líquido que compramos en los mercados (gemeinen Mercurio) no es un elemento químico simple (schlechte Urhebung), sino un metal compuesto que ya posee su propio equilibrio de azufre y sal. Por lo tanto, buscar mercurio líquido en el fondo de las plantas o los animales es un error metodológico, ya que confunden el metal mercurio con el principio abstracto de la volatilidad mercurial.
[76] Propiedades físicas de los Aceites Intermedios: Becher ofrece una definición puramente operativa de los aceites de densidad intermedia basándose en su comportamiento hidrodinámico y térmico en el laboratorio. Explica que no son fijos porque su baja densidad los hace flotar sobre el agua (auf dem Wasser schwimmen), pero tampoco son plenamente volátiles porque sus altos puntos de ebullición les impiden evaporarse con facilidad y «pasar a través del yelmo» (über dem Helm gehen, es decir, alcanzar la parte superior del alambique o cabeza de destilación) junto con las fracciones alcohólicas más ligeras.
Estabilidad de los aceites vegetales frente a los animales: El autor observa una diferencia analítica crucial: los aceites obtenidos de la destilación destructiva de tejidos animales huelen extremadamente mal (ob es wol stinckt) y se corrompen rápido debido a la degradación de compuestos nitrogenados y azufrados. En contraste, destaca que los aceites vegetales (aceites esenciales y lípidos de plantas) poseen una «stärckern Zusammenverbindung» (unión o estructura más fuerte), lo que los hace mucho más estables ante el fuego y menos propensos a volverse rancios (rantzend).
La Calcinación y la Cal (Kalch): Al extender su teoría al reino mineral, Becher introduce el concepto de calcinación. En el siglo XVII, cualquier piedra, mineral o metal que fuera sometido a un fuego extremo hasta quedar reducido a un polvo seco y blanco era denominado una Kalch (cal o ceniza de calcinación, lo que hoy conocemos como óxidos metálicos o cal viva).
La metáfora del tocino en el crisol (wie ein Speck, im Tiegel): Para demostrar que incluso las piedras calcinadas en apariencia inertes conservan el principio inflamable (azufre/flogisto), Becher describe de manera sumamente costumbrista y gráfica cómo la cal común «chisporrotea en el crisol como el tocino» (wie ein Speck, im Tiegel versprakelt) al ser recalentada. Este fenómeno de decrepitación o liberación de gases atrapados era la prueba física que utilizaban los iatroquímicos para sostener que el «azufre material» estaba presente en toda la creación.
[77] Aplicación médica barroca: El inicio de la página revela una receta médica de la iatroquímica: el uso de derivados de la calcinación mineral en emplastos para tratar el «Krebs derer Brüste» (cáncer de mama). La medicina de la época buscaba en los reactivos químicos corrosivos o absorbentes una cura para los tumores externos.
Extracción Simpática y Espíritu de Trementina: Becher detalla una técnica clásica de laboratorio para aislar el «azufre intermedio» de los metales utilizando la «Sympathischen Extraction». Para ello emplea el Spiritus Terebinthinæ (espíritu de trementina u aguarrás), clasificado como un fett Menstruum (disolvente graso u orgánico). Al digerir los metales en él, el líquido cambiaba de color, lo que Becher denominaba «tingire» (teñir o formar una tintura). Tras evaporar o condensar el disolvente (inspissirt), el residuo seco y resinoso coloreado demostraba, según su teoría, que los metales poseían un componente oleoso/sulfúreo no salino.
Sublimación con Salmiac: Se menciona la técnica de sublimar metales con Salmiak (salmiac o cloruro de amonio, NH₄Cl). Esta sal volátil era crucial en los siglos XVI y XVII porque, al calentarse junto a metales como el hierro, formaba cloruros metálicos volátiles que se depositaban en el cuello de la retorta en forma de polvos coloreados (flores).
Densidad y hundimiento de los Aceites Minerales: Becher resuelve de forma magistral una aparente contradicción de su sistema: si los aceites intermedios flotan en el agua en los reinos animal y vegetal, ¿por qué no lo hacen en el reino mineral? Explica que en los metales y en el Spießglas (antimonio o estibina), el azufre intermedio es «gantz trucken» (completamente seco y denso). Debido a su elevada gravedad y cohesión interna (Schweren und Gepacks), estas fracciones aceitosas minerales se hunden en el agua en lugar de flotar, diferenciándose físicamente según el reino al que pertenecen.
[78] La Sal Intermedia en el Reino Animal: Becher fundamenta por qué la fracción salina intermedia de los animales no se observa como un polvo cristalino en los viales. Explica que permanece oculta en estado líquido debido a la disolución e interacción térmica con los aceites penetrantes y volátiles propios del tejido animal. Durante la operación de Rectification (redestilación), el operador nota que el aceite retiene una porción acuosa-salina de la que cuesta mucho separarlo.
Descubrimiento de Ácidos Orgánicos y Oxalatos (Buch-Ampfer): El párrafo central describe con precisión un método de aislamiento químico vegetal fundamental para la historia de la farmacia y la química orgánica. Becher explica cómo obtener cristales puros a partir de la savia del Buch-Ampfer (acedera o Rumex acetosa) mediante tres pasos operatorios:
- Ausdruckung: Expresión o prensado mecánico de la planta fresca para extraer el jugo.
- Seyhung: Filtración o colado a través de paños para retirar los restos de fibra.
- Aushauchung: Evaporación lenta del agua sobrante por exposición al calor hasta que la solución alcance una «anständigen Dicken» (espesor o densidad adecuada), permitiendo que cristalicen las sales.
(Nota histórica: Lo que Becher obtenía por este método era el oxalato de potasio o «sal de acedera», una sal ácida cristalina).
La teoría de la Sal Tartárica y la Acetificación: El autor unifica las propiedades de las sales vegetales bajo los términos de sal tartárica (derivada del tártaro del vino, rico en bitartrato de potasio) y nitrosa. Propone una teoría premoderna de la fermentación acética al afirmar que el vinagre (Essig) no es un elemento simple, sino el resultado material de la descomposición de estas sales disueltas en los jugos de las plantas.
[79] El Vinagre de Antimonio y el Vitriolo: Becher describe la obtención de sales ácidas a partir del reino mineral empleando el Eßig des Spießglases (vinagre de antimonio o ácido derivado de minerales antimoniales) y los vitriolos. En la medicina de la época, estas soluciones salinas cristalizadas se consideraban remedios excelentes de aplicación tópica o interna para enfriar las «Entzündungen» (inflamaciones o fiebres), un uso muy promovido por los seguidores de Paracelso.
La Lixiviación de la Cabeza Muerta: Al introducir los principios fijos definitivos (letras C y F), el autor apela de nuevo a la técnica analítica de la lixiviación (auslügen) de las cenizas o caput mortuum resultantes de la combustión. Considera que la aparición de sales tras este lavado es la evidencia física que ningún químico osaría refutar.
Fijeza Relativa frente a Fijeza Absoluta: Becher expone una tesis teórica muy avanzada al matizar el concepto de fijeza (Fixität). Explica que la fijeza no es una propiedad homogénea en la naturaleza; las sales fijas de los animales (como los fosfatos de los huesos) no resisten el fuego del mismo modo que las sales fijas vegetales (carbonato de potasio de las cenizas) o las sales metálicas refractarias. Define el término de forma relativa: es fijo aquello que resulta más resistente y duradero dentro de su propio «Reich, und Kreiß» (reino y esfera).
[80] Definición empírica de Fijeza (fix): Becher consagra una de las definiciones operativas más célebres de la química premoderna: «llamamos ‘fijo’ a aquello que no huye del fuego, y cuanto más tiempo lo resiste, tanto más fijo se le considera». Mientras que los «espíritus» escapan volando por el yelmo del alambique, las sustancias fijas (como los silicatos o los óxidos) permanecen inalteradas en el fondo del crisol incluso tras jornadas enteras expuestas a las máximas temperaturas del horno de fundición.
El picor ígneo de las sales (feurige Räsen): Al analizar el sabor fuertemente cáustico o alcalino de ciertas sales de ceniza (como el carbonato de potasio), Becher teoriza que esa aspereza (Räsen) no es una cualidad intrínseca de la sal pasiva. Sostiene que el picor está provocado por trazas de azufre fijo (flogisto o materia del fuego) que han quedado «atrapadas e incrustadas» firmemente en la red cristalina durante la combustión.
Aumento de peso en la calcinación: El fragmento esconde un debate crucial de la revolución científica al afirmar que el azufre fijo y la sal «ja an derselben, im Feuer, zunehmen» (es más, aumentan junto a ella bajo la acción del fuego). Becher observó el misterioso fenómeno por el cual un metal calcinado (como el plomo o el estaño) pesaba más después de ser quemado en el crisol que antes de entrar al horno. Al no conocerse aún el oxígeno, Becher y la posterior escuela del flogisto suponían que el fuego aportaba físicamente «partículas de azufre fijo» densas que se amalgamaban con la escoria.
Jerga metalúrgica (Philister): El texto introduce el enigmático término Philistern (filisteos) aplicado a la metalurgia. En el argot de los antiguos ensayadores y mineros alemanes, se llamaba «filisteos» a las costras refractarias, residuos duros o escorias metálicas densas que se pegaban a las paredes del crisol durante la fundición y que eran sumamente difíciles de fundir o limpiar. Becher los cita, junto a los Glase (vidrios metálicos o escorias vítreas), como la prueba material de la existencia del azufre mineral fijo.
[81] El debate sobre el origen de los productos químicos: Esta página recoge un debate epistemológico crucial de la revolución científica del siglo XVII. Filósofos mecánicos y críticos de la alquimia (como Robert Boyle en El químico escéptico, de 1661) argumentaban que los hornos de laboratorio no «separaban» los elementos preexistentes de un cuerpo, sino que el fuego violento alteraba la materia destruyéndola y creando artificialmente nuevas sustancias (como los aceites y los espíritus ácidos). Becher defiende con firmeza la postura analítica tradicional: las sales y los azufres ya habitaban en el interior de los cuerpos antes de entrar al horno.
La imposibilidad de que el fuego cree aceite o agua: Becher utiliza una lógica empírica aplastante para desarmar a sus oponentes. Sostiene que si el fuego fuera el creador del aceite destilado, el fuego mismo tendría que ser capaz de albergar u originar oleosidad. Sin embargo, la experiencia diaria demuestra que el fuego destruye y devora el aceite (das Feuer auch andere Oel verderbet […] und verzehret). Concluye con una frase que define el principio de la combustión premoderna: el fuego se alimenta del aceite, y no al revés (so wird auch das Feuer vom Oel, und nicht das Oel vom Feuer, unterhalten).
Paradoja de la Calcinación: Becher desafía a quienes intentaban explicar el aumento de peso o la fijación de propiedades durante la calcinación afirmando que el fuego insuflaba «partículas de grasa ígnea» a la piedra. Les pregunta con ironía cómo es posible que esa «oleosidad ígnea» sobreviva a las temperaturas extremas del crisol sin ser incinerada antes de fusionarse con la cal mineral.
[82] El Fuego como catalizador físico (Kochung): Becher concluye el argumento de la página anterior reafirmando que el fuego externo del horno no inyecta nuevos componentes grasos a la materia. Su función es la de actuar como un agente de «Kochung» (cocción, digestión o maduración) que altera, despierta y redistribuye las proporciones de los principios (aceite y agua) que el cuerpo ya poseía de forma nativa o «eingepflanzte» (implantada o sembrada por la naturaleza).
Desmitificación del agua pura mediante proporciones: El autor desmonta una teoría rival que pretendía afirmar que el agua utilizada en los lavados de laboratorio transmutaba los cuerpos aportándoles sales. Para probar la debilidad de este argumento («ziemlich kahl», bastante calvo o endeble), Becher recurre a un razonamiento cuantitativo magistral: un carro entero lleno de agua de río común apenas contiene unas pocas Unzen (onzas) de impurezas salinas u oleosas; en cambio, esa misma cantidad de Aschen-Laugen (lejía de ceniza o agua tras lixiviar maderas quemadas) rinde varios Centner (quintales, antigua medida de peso equivalente a unos 50 kg) de sal pura de potasio. El agua, por tanto, actúa solo como un disolvente pasivo.
La teoría física del horror al vacío (nichts leeres gebe): Al explicar la cristalización o solidificación de las sales puras provocada por el frío, Becher se apoya en el dogma clásico de la física premoderna: la imposibilidad del vacío en la naturaleza (horror vacui). Sostiene que el frío condensa el aire atrapado en los poros de la solución líquida y, para evitar que se genere un espacio vacío absoluto, las partículas de la sal se ven obligadas a comprimirse y aproximarse estrechamente entre sí hasta «congelarse» o precipitar en forma de cristales sólidos.
[83] El Mercurio como el «Espíritu de las Cosas» (der Dinge Leben): Becher formaliza aquí la función dinámica del principio mercurial dentro de su doctrina química. No lo concibe como el metal pesado líquido, sino como una fuerza sutil, volátil y vitalista («ein Spiritum, und der Dinge Leben»). Para los químicos premodernos, el mercurio abstracto representaba el principio de la volatilidad, la fluidez y el movimiento interno que impedía que la materia se volviera puramente inerte y estática.
Sutileza Organoléptica: El texto asigna al principio mercurial la responsabilidad sobre las manifestaciones más refinadas de los sentidos: «die subtilere Farb, Geruch, und Geschmack» (el color, el olor y el sabor más sutiles). Si en la página 694 Becher adscribía las propiedades organolépticas generales al azufre, aquí matiza que los matices más volátiles, gaseosos y etéreos (como los aromas de los aceites esenciales o los colores cambiantes en una destilación) dependen de que el azufre y la sal alcancen su estado de máxima sutileza mercurial.
El método de la Armonización Textual: Becher utiliza el término «proprietäten» (propiedades, derivado del latín proprietas) para tender un puente lingüístico entre la tradición académica universitaria y la jerga de laboratorio alemana (Eigenmässigkeiten). Su objetivo en este tercer párrafo es desglosar de forma didáctica las «obras» o funciones particulares de la tríada para que el operador sepa exactamente cómo alterarlas mediante la «Kunst» (el arte o práctica de la química).
[84] La inestabilidad térmica de los pigmentos: Becher realiza una agudísima observación sobre la botánica química al notar que cuando las plantas o flores se secan o marchitan (aushauchet, exhalan sus jugos), pierden rápidamente la viveza de sus colores. Atribuye este cambio cromático a que el pigmento reside en el «azufre mercurial» volátil, una sustancia termolábil que «se altera con la más mínima variación de calor».
El Azufre como causa de todo color: El autor establece una ley general para la química barroca: «no se halla ningún color cuya base subyacente no sea grasa, oleosa e inflamable». En su andamiaje teórico, cualquier tinte, resina coloreada o pigmento vegetal o mineral es por definición una variedad de azufre (el ancestro conceptual del flogisto), ya que la sal pura y el agua son en sí mismos translúcidos o blancos.
Hilemorfismo del color: Aplicando de nuevo la división de materia y forma, Becher descompone el color sutil en dos variables operativas: la sal volátil proporciona el sustrato material o cuerpo físico reflectante (Materi), mientras que el azufre volátil inyecta la energía lumínica, el matiz cromático y la configuración externa (Gestalt).
La extracción del color del Oro: El fragmento final es fascinante para la historia de la metalurgia y la alquimia. Becher afirma que el color amarillo del oro (die gelb ist) no es una propiedad estática del metal, sino que su «azufre mercurial» puede ser «extraído con muy poco esfuerzo» mediante ácidos u otros disolventes. Más aún, defiende la posibilidad de la transmutación o el enriquecimiento metálico al asegurar que un oro despojado de su color puede volver a recuperar su tonalidad amarilla genuina capturando el azufre cromático remanente en el Spießglas (antimonio) o en el vitriolo durante los procesos de fusión en el crisol.
[85] Persistencia de la Materia Pasiva: En las primeras líneas, Becher insiste en su modelo anatómico de la materia. Si un cuerpo pierde su «azufre mercurial» activo (perdiendo con ello sus colores, olores y volatilidad), el cuerpo físico macroscópico no se destruye ni se desvanece en la nada («keine Zernichtung des Cörpers»), sino que permanece en el fondo del recipiente en forma de sal fija pasiva y tierra inerte.
Teoría Corpuscular del Olfato y los Aceites Esenciales: Becher expone una teoría física sumamente avanzada sobre la naturaleza de los aromas. Define el azufre mercurial como un elemento «erluckerter» (vuelto poroso, laxo o gaseoso), lo que le permite romper sus enlaces moleculares, evaporarse con facilidad (leicht reucht) y arrastrar consigo las partículas odoríferas. Postula una ley general para la boticaria y perfumería barroca: «todos los olores poseen como base subyacente una grasa» (eine Fetten). Identifica de forma premoderna que los aromas de la naturaleza son en realidad aceites esenciales volátiles cuya presión de vapor aumenta y «huele con mayor intensidad en épocas de calor» (bey warmer Zeit verhauchet).
Quimización del Sabor e Ígnea Intensidad (Feuerheit): El autor vincula la intensidad y variedad de los sabores con los «Stuffen seiner Feuerheit» (grados de su condición ígnea o contenido de fuego). Para la escuela pre-flogística de Becher, el sabor de una sustancia no dependía de la geometría de sus partículas (como afirmaba el mecanicismo de Descartes o Gassendi), sino de la cantidad de «fuego material» o energía térmica latente encerrada en su red química.
El Vino como arquetipo mercurial: Becher elige el vino y el espíritu del vino (alcohol/etanol) como el ejemplo supremo del principio mercurial en el reino vegetal. Explica que el característico picor, calidez y «Durchdring-Krafft» (poder penetrante) que el vino ejerce instantáneamente al tocar la lengua humana se debe de forma directa a la altísima concentración de sal volátil y azufre mercurial que viajan entrelazados en el destilado.
[86] Teoría iatroquímica de la Corrosión (Etzung): Becher define el poder corrosivo de los ácidos fuertes no como una propiedad geométrica de las partículas (como las «puntas» de los ácidos que proponía la física de la época), sino como un estado dinámico de la materia: un azufre y una sal vueltos hiperporosos (allzuerluckerter), extremadamente volátiles y portadores de fuego material latente.
Mecanismo de la Neutralización Ácido-Base: El fragmento central describe de manera magistral, bajo la óptica del siglo XVII, una reacción de neutralización y precipitación. Cuando al Scheid-Wasser (agua fuerte o ácido nítrico, HNO₃) se le añade una Lauge (lejía o solución alcalina de carbonato de potasio), el ácido pierde instantáneamente su «Ätz-Krafft» (poder corrosivo). Becher explica este fenómeno afirmando que las sales de la lejía provocan un «enfriamiento interno» que condensa y fija (figirt) al espíritu volátil, obligándolo a precipitar en el fondo del recipiente en forma de cristales salinos neutros e inofensivos (nitrato de potasio).
Potenciación por Destilación Repetida: El autor defiende que la destilación destructiva sucesiva y cíclica de un Spiritum rompe las uniones moleculares de la sustancia fundamental, volviéndola más laxa, porosa y libre. Este proceso incrementa de forma dramática la concentración y la fuerza ácida o corrosiva del destilado finales, transformándolo en un «groſs Ätz-Stück» (un gran agente corrosivo o reactivo fuerte).
El Aguardiente como intermedio: Becher vuelve a conectar esta teoría con el Brantwein (aguardiente). Lo define como el estado mercurial poroso intermedio del vino: un líquido que ha acumulado suficiente «azufre poroso» como para ser inflamable y estimulante al tacto, pero que aún no ha cruzado la frontera de la degradación acética total.
[87] El color como propiedad inseparable del aceite: Becher consolida su teoría del color corporal al explicar las operaciones de extracción con disolventes. Si se extrae el aceite (el azufre intermedio) de un material, el tinte viaja con el líquido, dejando la matriz sólida subyacente completamente descolorida o «blanqueada». Destaca además que en muchas sustancias el pigmento es químicamente indisociable de la matriz lipídica, comportándose frente al fuego exactamente igual que «su propio aceite».
El Sabor denso (dusamen) y la base de los Sabores: El término del alemán antiguo dusamen hace referencia a algo denso, sordo o amortiguado. Al ser una fracción aceitosa condensada («angedicket»), este principio carece del estímulo punzante e instantáneo del alcohol o los gases volátiles mercuriales. Sin embargo, Becher le otorga un papel estructural revolucionario: es el fundamento químico y la matriz («leistet er dem Geschmack den Grund») que, al interactuar y enlazarse en diferentes proporciones con las sales pasivas, genera toda la paleta de sabores de la naturaleza: el acre o áspero (räse), el amargo, el salado y el dulce.
Autocita a su obra Metallurgia: El texto aporta un valiosísimo dato bibliográfico e histórico cuando Becher menciona «in meiner Metallurgia dritten Theil». Hace referencia a su célebre tratado Metallurgia Becheri o sus apéndices, textos fundamentales donde el autor sistematizó las reacciones de los minerales en los hornos de ensayo y defendió que las variaciones en la composición del azufre (flogisto) gobiernan de manera simultánea las mutaciones de color, olor y sabor de los metales calcinados.
[88] Interconversión de los Estados Físicos: Becher expone una visión notablemente dinámica e interconvertible de las fracciones químicas. Explica que mediante operaciones de laboratorio se puede alterar el estado de agregación de una sustancia: aplicando calor y destilación, un aceite intermedio denso puede ser «vuelto poroso» («lucker, und flüchtig gemacht») hasta comportarse como un gas volátil (Spiritum); a la inversa, mediante una Digestion (digestión o calentamiento suave y prolongado a temperatura constante), un espíritu volátil mercurial puede condensarse («angedickt») hasta convertirse en un aceite flotante.
Análisis Químico del Agua de Rosas: El fragmento central aborda un problema clásico de la farmacia y la perfumería barroca: la destilación de la rosa (Rosen-Wasser). Becher identifica de forma brillante que el aroma no reside en el agua misma, sino en una micro-fracción de aceite esencial altamente volátil y poroso disuelta en ella. Explica que la extrema escasez del valiosísimo aceite esencial de rosas puro (esencia de rosas que logre separarse y flotar sobre el agua) se debe a que la mayor parte de este componente aromático se disipa y permanece molecularmente unida a la fase acuosa debido a su estado de extrema porosidad mercurial.
La Metáfora de la Mumia: Al profundizar en el papel del azufre intermedio como cohesionador molecular de los cuerpos, Becher introduce el término técnico-médico de Mumia (mumia o momia). En la medicina e iatroquímica de los siglos XVI y XVII, la mumia hacía referencia a los principios resinosos, balsámicos y bituminosos capaces de detener la descomposición, fijar los tejidos orgánicos y aglutinar los componentes de un cuerpo para evitar que se desmorone.
[89] El colapso estructural de la materia (übern Hauffen): Becher utiliza una expresión alemana muy gráfica (übern Hauffen fallen, derrumbarse o caer en un montón) para describir lo que ocurre cuando un cuerpo pierde su aceite intermedio. Al retirar este elemento aglutinante («der Schweffel, ſo die Materi anleimt»), la materia pierde su cohesión interna y se reduce a un montón de polvo seco, amorfo e inerte, confirmando su papel como el «pegamento molecular» del universo iatroquímico.
La Sal como el «Cuerpo» (Cörper): Al introducir el principio de la Sal, el autor recurre a la tríada clásica paracelsiana (Tria Prima). Si el mercurio representa el espíritu volátil y el azufre representa el alma mediadora, la sal es por definición el soporte físico, tridimensional, pesado y tangible: el Cörper o envoltorio material que fija y condensa a los otros dos.
La analogía artística de la Imprimación (den Mahlern für einen Grund): El fragmento central es de una belleza conceptual extraordinaria. Becher se sirve de la pintura artística de su tiempo para explicar la óptica química. Explica que, aunque las sales fijas puras extraídas de las cenizas suelen ser blancas (weiſſe Farb) o rojizas si retienen óxidos metálicos, actúan exactamente como el lienzo en blanco o la capa de imprimación de yeso o ceniza que aplican los pintores en sus tablas antes de aplicar los óleos. La sal fija proporciona el sustrato material pasivo y el soporte neutro sobre el cual los azufres activos van a «pintar» y desplegar la riqueza de los colores reales del objeto.
[90] La «Pintura de la Naturaleza» (Mahlerey der Natur): Becher concluye de forma bellísima la alegoría artística iniciada en la página 718. El color en el universo físico es el resultado de un taller pictórico tridimensional: la sal fija proporciona el lienzo o imprimación neutra; el azufre intermedio traza los colores corporales densos («dem Gemähld des Cörpers selbst»); y el azufre volátil/mercurial aporta las luces, veladuras y reflejos sutiles de la superficie («zur Ausziehung obenher»). Para Becher, la química de los colores es la gran «pintura de la naturaleza».
La física del olor y el sabor alcalino: El autor explica por qué las cenizas y sales fijas no huelen: el olor requiere que las partículas sean gaseosas y porosas («ein erluckerter Schweffel»), pero en las sales fijas el azufre está aprisionado y condensado («angedickt»). Sin embargo, esa energía concentrada se libera en el paladar. Becher describe de manera precisa la sensación organoléptica de las soluciones alcalinas (como el carbonato de potasio de las cenizas): un sabor ígneo pero sordo y pesado («stumpffer») que «contrae la lengua» («zeucht die Zungen an»), es decir, el característico efecto astringente y cáustico de los álcalis fijos.
La Sal como «Morada del Alma» y Matriz Geométrica: Volviendo a la terminología mística paracelsiana purificada para el laboratorio, Becher define la sal como la «Wohnung und Band» (morada y lazo) del alma (el azufre intermedio). Lo más avanzado de este párrafo es que Becher atribuye a la sal la responsabilidad exclusiva sobre las propiedades mecánicas y estructurales de la materia sólida. La dureza (harte), la flexibilidad (weiche), la rugosidad (rauche) y, sobre todo, la geometría tridimensional de los objetos (si un cristal o mineral crece de forma alargada, gruesa o delgada) dependen del tipo de sal fija que actúe como esqueleto o andamiaje material.
[91] El «Sello» de la Materia (Sigel eindrucken): Becher utiliza la metáfora del cuño o sello de cera para explicar la cristalización y solidificación. Si el principio volátil aporta el primer diseño energético, la sal fija tiene la misión mecánica de «anhärten» (endurecer) y dotar de permanencia física a la estructura material.
Red de Autoridades de la Ciencia Barroca: Para defenderse de las acusaciones de fantasía, Becher despliega un impresionante listado de grandes médicos e iatroquímicos europeos de los siglos XVI y XVII:
- Johann Schröder (1600–1664): Médico alemán cuya obra Pharmacopoeia Medico-Chymica (aquí citada en su traducción o versión espagírica) fue el manual de farmacia más célebre de Alemania durante generaciones.
- Johann Daniel Horst (1616–1685): Anatomista de renombre y médico de la corte de Hesse-Darmstadt, profesor en Marburgo.
- Daniel Sennert (1572–1637): Célebre profesor de Wittenberg que intentó conciliar el atomismo con el aristotelismo y la alquimia.
- Quercetanus (Joseph Duchesne, 1644–1609): Médico de cámara del rey Enrique IV de Francia y uno de los máximas defensores del paracelsismo en Europa.
El Fenómeno de la Palingenesia Vegetal: El fragmento central describe el mito científico de la palingenesia (la resurrección química de las plantas). Figuras respetadas como Horst y Molter afirmaban con total seriedad haber presenciado la silueta perfecta de una ortiga (Brenneſſel) dibujada en el hielo a partir de sus extractos.
Cristalizaciones Caprichosas en el Alambique: La descripción del ajenjo (Wermuth) detalla lo que hoy sabemos que eran ramificaciones dendríticas o cristales caprichosos de sublimación. Cuando las sales volátiles del ajenjo (carbonato de amonio e impurezas) ascendían impulsadas por el fuego del horno y se enfriaban pegándose a las paredes de vidrio del «Diſtillir-Helm» (yelmo del alambique), adoptaban formas ramificadas e intrincadas. Los químicos del Barroco interpretaban de forma mística y vitalista que la «fuerza plástica» o el fantasma de la planta residía intacto en las sales y trataba de «reproducir de forma evidente la silueta de su propia hierba».
[92] Red de autoridades de la iatroquímica barroca: Becher despliega un catálogo de autores europeos emblemáticos para legitimar sus afirmaciones ante los escépticos de la época:
- Andreas Libavius (1555–1616): Médico alemán autor de Alchemia, considerado uno de los primeros libros de texto de química estructurados de la historia.
- Blaise de Vigenère (1523–1596): Diplomático y alquimista francés, célebre por su tratado sobre el fuego y la sal aquí citado (Du feu et du sel).
- Robert Fludd (1574–1637): Médico y místico rosacruz inglés que defendió una cosmología basada en principios químicos y espirituales integrados.
- Sir Kenelm Digby (1603–1665): Filósofo y cortesano inglés, miembro fundador de la Royal Society, conocido por sus disertaciones sobre la vegetación y la cura por simpatía.
Palingenesia en el reino animal: A diferencia de la página anterior, donde la fuerza plástica recreaba plantas (ajenjo, ortigas), aquí se lleva el mito de la palingenesia al ámbito animal. Se afirma que a partir de las cenizas lixiviadas de cangrejos (Krebse) o del destilado de huevos de rana (Froschlaich-Wasser), los compuestos salinos en suspensión eran capaces de reorganizarse hasta proyectar el «fantasma» o silueta tridimensional del animal original.
La destilación del cuerno de ciervo (Hirschhorn): Becher aporta una experiencia propia de su laboratorio. El cuerno de ciervo se utilizaba en el siglo XVII para obtener carbonato de amonio sólido (conocido comercialmente como sal de cuerno de ciervo). Al sublimarse y adherirse a las paredes frías del recipiente receptor (Vorlag), estos cristales adoptaban formas ramificadas o dendríticas. Fiel al pensamiento vitalista de su tiempo, el autor interpreta que la geometría de los cristales no es casual, sino el resultado de la fuerza plástica latente que busca imitar «la silueta de los propios cuernos de ciervo».
[93] El Árbol de los Sabios (Arbor Philosophorum): Becher recurre a un célebre experimento de la metalurgia y la alquimia del siglo XVII (antecedente directo del «Árbol de Diana»). Al disolver plata o mercurio en ácido nítrico (Scheid-Wasser) y añadir otro metal como el cobre, el mercurio o la plata precipitan adoptando una estructura cristalina tridimensional y ramificada que recuerda a un árbol. Becher interpreta esta cristalización arborescente como una manifestación de la Bildungs-Krafft (fuerza plástica), atribuyendo el fenómeno a la acción de los «azufres» (ácidos minerales) derivados del salitre y del vitriolo.
La polémica con Heinrich Meibom: El texto ofrece un magnífico testimonio de las ácidas disputas académicas del Barroco. Becher ataca directamente al médico y erudito alemán Heinrich Meibom (1638–1700) —universalmente conocido hoy por descubrir las glándulas de Meibomio en los párpados—. Meibom había escrito un prefacio escéptico para una obra de Theophil Spizelius (Spizeli), donde negaba la realidad de la palingenesia y las transmutaciones biológicas. Becher lo acusa de terquedad intelectual y decide ignorar sus argumentos, afirmando que no vale la pena gastar energías intentando convencer a quien rechaza la evidencia empírica de los laboratorios.
Explicación química de la Saponificación (Seyffen-Werck): Al iniciar el párrafo 4, el autor formula una pregunta fundamental: ¿cómo pueden unirse dos principios de naturaleza opuesta como el aceite (azufre) y el agua (sal)? Para demostrar que es posible, apela de forma genial a la industria química de su tiempo: las fábricas de jabón. Becher describe intuitivamente el mecanismo de un tensioactivo; el proceso de saponificación (mezclar grasas con sales alcalinas) crea un compuesto intermedio (el jabón) capaz de mediar y unir la fase hidrófoba («das Oelige») con la fase hidrófila («dem Wäſſerigen»).
[94] El Proceso de Saponificación y el Oleum per deliquium: Becher profundiza en la química de los ácidos grasos y álcalis al describir la obtención de una «mittel-Natur» (naturaleza intermedia o jabonosa). Explica que al digerir un aceite orgánico con un Oel per deliquium (término histórico para designar a la solución líquida concentrada que formaba el carbonato de potasio puro al absorber la humedad del ambiente), se produce una reacción de saponificación que permite que la grasa se vuelva soluble en agua.
La Refutación a Johann Rudolf Glauber: El texto contiene un interesantísimo cruce científico de la época al mencionar de forma crítica a Johann Rudolf Glauber (1604–1670) —famoso por el descubrimiento del sulfato de sodio o sal de Glauber—. Glauber, imbuido aún de teorías alquímicas radicales, defendía en sus obras la viabilidad de la transmutación total de la materia a través de los reinos (por ejemplo, transmutar biomasa vegetal en estructuras metálicas minerales). Becher tilda estas ideas de «sueños» («wie GLAVBER träumet»), marcando un límite metodológico estricto: los elementos pueden cambiar de estado físico, pero solo dentro de las fronteras de su propio reino («in ihrem Reich»).
Parámetros de los Estados de Agregación: Becher detalla las variables físicas que el operador puede manipular en los hornos para transformar los principios: la Erluckerung (porosidad o paso a gas), la Erdickung (condensación o espesamiento), la Kochung (cocción o maduración térmica) y la Mäſsigung (dosificación o moderación). Afirma que controlando el binomio fundamental del fuego y la humedad, el químico es capaz de romper incluso las estructuras más refractarias y fijas para extraer de ellas «espíritus» gaseosos empleando una «groſſem Feuers Gewalt» (gran fuerza del fuego).
[95] Fijación del alcohol a estado oleoso: Becher describe un experimento clásico de la iatroquímica al tratar el Brantwein (aguardiente o etanol). Explica que al digerirlo o destilarlo sobre una sal desecada (como el carbonato de potasio, que actúa como deshidratante enérgico), el «azufre mercurial» volátil pierde su ligereza y condensa hacia una «mittlere Natur, nemlich eine öhlige» (naturaleza intermedia, a saber: una aceitosa). Esto reforzaba su teoría de que los alcoholes inflamables eran en realidad aceites altamente espiritualizados y vueltos porosos por el fuego.
La metáfora de la Piedra Imán (Magnetſtein): Para explicar las fuerzas de atracción y afinidad química que mantienen unida la materia, el autor recurre a la analogía del magnetismo. El químico ideal debe descubrir cuál es el Magnetſtein (la piedra imán o el núcleo de atracción) y el Band (el lazo o enlace) que gobiernan la cohesión molecular, permitiendo «perfeccionar» o «desmoronamiento» (Zerrüttung) las sustancias en el crisol de forma controlada.
La Alquimia como «Metamorfosis» (Vergeſtaltung): Becher utiliza el término Vergeſtaltung (cambio de figura, transmutación o metamorfosis) para definir el verdadero fin de la Scheidung der Dinge (la química o arte de separar). Defiende una manipulación racional de los estados de la materia basada en la «Beſcheidenheit» (moderación o prudencia), alejándose de la magia ritual y anticipando los enunciados metodológicos que desarrollará en las secciones prácticas finales del volumen.
Universalidad del Azufre (Flogisto): Al cerrar la página, Becher formula una conclusión teórica de enorme trascendencia para la historia de la ciencia. Aunque prefiere no dogmatizar sobre si la tríada completa está presente en absolutamente todos los rincones del universo, afirma de forma categórica que el azufre esencial de la sustancia («die Urhebung des Schweffels ſeines Beſtandweſens») es un componente universal ineludible de toda materia, el pilar maestro que sostendrá la célebre teoría del flogisto durante el siglo siguiente en toda Europa.
[96] Remisión al plan de la obra: Becher cierra formalmente el bloque teórico remitiendo al lector a los siguientes apartados prácticos de su libro (los títulos cuarto, sexto y séptimo) y a la tercera parte de su renombrada Metallurgia, donde se detalla empíricamente cómo el manejo de la tríada (Mercurio, Azufre, Sal) gobierna los accidentes macroscópicos de los minerales, como su peso específico o su color.
La Doble Utilidad de la Química (ungedoppelten): En el apartado §. 5, el autor define los dos pilares que justificaban el desarrollo de la química en el siglo XVII: la utilidad naturkundiſchen (física o de conocimiento de la naturaleza) y la artzneylichen (médica o farmacéutica, ligada a la iatroquímica). El químico ideal no busca la transmutación mística, sino dos objetivos operacionales claros: el aufzuſchlieſſelf (apertura o disolución de los cuerpos densos mediante ácidos o calor) y la coaguliren (coagulación o cristalización de soluciones).
La curiosa etimología de la Química (σχίζω): El fragmento posee un valor historiográfico extraordinario. Becher intenta dotar de prestigio académico y raíces clásicas a la química, una disciplina que en su tiempo aún luchaba por ser aceptada en las universidades frente a la medicina tradicional. Para ello, propone que la palabra deriva del verbo del griego antiguo σχίζω (schizo, que significa rajar, escindir o separar), justificando que el corazón conceptual de la disciplina es el «arte de separar» o la Scheid-kunst. (Nota histórica: Aunque hoy en día la etimología más aceptada de «química» remite al griego «chymeia» [fusión de metales] o al egipcio «Kemet» [tierra negra], la propuesta de Becher refleja a la perfección la obsesión de los iatroquímicos barrocos por el análisis y la descomposición material).
[97] El Reto Analítico de la Espagiria: Becher define el verdadero núcleo de la química (o espagiria, del griego spao «separar» y ageiro «unir») frente a los críticos que pensaban que destruir un cuerpo con fuego era tarea fácil. El mérito del verdadero científico no es romper la materia, sino ser capaz de desarmarla, purificar sus componentes y «volverlos a acoplar correctamente» («nochmals richtig zuſammen fügen») sin alterar su esencia fundamental.
Ataque a los «Sopladores de Carbón» (Kohlenſchürer): El autor ataca con extrema dureza a los falsos alquimistas y estafadores de su tiempo, a quienes tilda despectivamente de parásitos (Schmarotzer), embaucadores (Gauckler) y Kohlenſchürer (sopladores de carbón o avivadores del fuego, término despectivo de la época para los alquimistas sopladores vulgares). Los llama «verdugos de la naturaleza» (Hencker) porque destruyen los materiales con fuegos descontrolados usando un «cuchillo de desollar» (Schind-Meſſer), en lugar de actuar como finos «anatomistas» químicos de la materia.
Crítica a la Erudición Escolástica Aristotélica: Becher lanza un ataque frontal contra los profesores universitarios tradicionales y los filósofos aristotélicos. Reconoce que son muy hábiles discurriendo en abstracto e inventando intrincadas teorías metafísicas sobre las «innumerables causas de las cosas», pero denuncia que carecen por completo de conocimiento práctico de laboratorio. Ante procesos físicos reales como aufſchlieſſen (abrir/disolver), flüchtig machen (volatilizar) o erhöhen (sublimar, elevar una sustancia por calor), los académicos tradicionales «enmudecen» (verſtummen) porque la física abstracta de Aristóteles es completamente incapaz de explicar u operar con la materia real.
[98] Reforma educativa de la Ciencia Barroca: Becher lanza una dura crítica contra los catedráticos a los que llama con desdén «Gern-Philoſophen» (filósofos de pacotilla o aficionados), acusándolos de un dogmatismo ciego hacia Aristóteles. En un gesto muy avanzado para el siglo XVII, propone una reforma de los planes de estudio universitarios: aconseja integrar de forma oficial la «Lehr von der Dinge Scheidung, und Zuſammenfügung» (doctrina de la separación y unión de las cosas) dentro de las cátedras de Filosofía Natural para dotarlas de un verdadero sustento práctico y experimental.
Iatroquímica y la Corrupción de los Humores: El texto abordar el núcleo de la medicina iatroquímica. Becher redefine el origen de las enfermedades: ya no se deben al desequilibrio místico de los humores de Galeno, sino a una «Verderbung» (corrupción o degradación química) de la sangre y los fluidos. Afirma de forma tajante que es imposible que un médico cure a un paciente si ignora la composición analítica e íntima de la carne, los humores y los huesos.
El Fuego y Vulcano como Anatomistas: El autor personifica al fuego de laboratorio bajo el nombre del dios mitológico Vulcano («der Anatomie-künſtige Vulcanus»). En la literatura premoderna, Vulcano representa el fuego del horno químico que actúa como el verdadero anatomista de la naturaleza: el bisturí de los médicos solo puede cortar las estructuras visibles, pero el fuego de Vulcano separa los componentes microscópicos, demostrando que la base de la vida animal está construida por un andamiaje de azufre y sal.
[99] Crítica al diagnóstico nominalista: Becher ataca de forma brillante la práctica de los médicos académicos tradicionales, quienes se limitaban a poner etiquetas ampulosas a las patologías («mit dem Nahmen allein dem Krancken nicht geholffen wird»). Diagnosticar de oído una «putrefacción de la sangre» o un «destemplamiento cerebral» no curaba al paciente si se ignoraba la alteración química subyacente. El autor denuncia que la medicina tradicional, cuando no sabía explicar el origen físico de un síntoma, recurría al cómodo dogma de las «cualidades ocultas e imaginarias» («eingebildten verborgenen Eigenschafft»), un concepto escolástico que la revolución científica estaba erradicando.
Similia Similibus Curentur (Curación por lo semejante): Becher sistematiza el primer gran método terapéutico de la boticaria química: la curación por semejanza («durch gleiche Sachen»). Siguiendo la tradición paracelsiana de las firmas y la espagiria, sostiene que una dolencia causada por una alteración del principio volátil (enfermedad mercurial) requiere un remedio de la misma naturaleza física. Mezclar un cuerpo fijo con uno volátil alteraría drásticamente el andamiaje molecular del organismo, por lo que los químicos aprendieron a equilibrar los fluidos respetando su estado térmico latente.
Contraria Contrariis Curentur (Curación por contrarios): De forma muy pragmática, Becher no descarta la medicina galénica tradicional de los contrarios («durch widrige Sachen»), sino que la dota de una base puramente química. Ofrece un ejemplo de neutralización médica muy ilustrativo: si un paciente sufre una enfermedad de carácter mercurialisch salpeterisch (volátil y ácida/salitrosa, vinculada históricamente a fiebres agudas o inflamaciones corrosivas), el médico debe contrarrestarla empleando un fármaco de naturaleza mercurialisch saltzige (volátil pero de base alcalina o salina neutra). Describe el concepto de la neutralización química aplicada directamente a la fisiología humana.
[100] Mecanismos de la Farmacoterapia (Nehmender y Gebender): Becher divide los tratamientos médicos en dos categorías operativas muy claras:
- Nehmender (Sustractivo): Basado en la Entleerung (evacuación, purga o sangría), que busca arrancar físicamente la causa de la enfermedad debilitando colateralmente al paciente.
- Gebender (Aditivo o Nutritivo): Un enfoque iatroquímico avanzado que introduce un reactivo contrario específico para neutralizar y pacificar el humor alterado en el lugar donde aflora, llegando a «transformar la causa de la enfermedad en alimento» («in eine Nahrung verwandeln»).
Crítica a la Iatromecánica Extrema y Defectos Galénicos: El fragmento central es una violenta denuncia contra la medicina oficial de las universidades de su tiempo. Becher acusa a los médicos tradicionales («gemeinen Galenisten») de una total falta de empatía y rigor científico, afirmando que padecen de una obsesión dogmática por las purgas (Purgirungen) y que no se sienten verdaderos doctores si no desangran o extenúan al paciente («den Leib nicht mit Entleerungen ausmergeln»).
Alternativa Higienista (Ayuno y Ejercicio): Frente a la agresividad de las Sangrías para combatir la plétora o el «Überfluß am Geblüt» (exceso de sangre), Becher propone métodos higienistas sorprendentemente modernos y conservadores: el Fasten (ayuno) y la mäßige Bewegung (ejercicio o movimiento moderado), demostrando que la corriente química médica también valoraba las fuerzas de autorregulación del cuerpo.
[101] Desarmando la teoría de la Plétora Humoral: Becher utiliza una lógica impecable para desmontar el dogma galénico de la plétora (el supuesto exceso cuantitativo de sangre o humores como causa de la enfermedad). Argumenta que la naturaleza es sabia y eficiente, por lo que resulta absurdo pensar que produce fluidos de más de forma caprichosa para luego tener que arrancárselos al paciente mediante «so viel Purgirungen» (tantas purgas), privando al cuerpo de lo que legítimamente requiere para su «Nahrung» (nutrición y sustento).
Propiedad frente a Sustancia (La tesis química de la enfermedad): El núcleo del argumento de Becher es puramente iatroquímico. Afirma que cuando un humor se corrompe o se inflama, el defecto no radica en la materia o Subſtantz (la sustancia física del fluido), sino en su Eigenſchafft (su propiedad o estado químico alterado) debido a una «Austritt des Temperaments» (desviación de su equilibrio térmico o de acidez). Por lo tanto, el deber del médico no es vaciar al paciente, sino temperiren (templar o neutralizar químicamente) el humor dañado para devolverlo a su estado pasivo y saludable.
La paradoja matemática de la sangría: El autor plantea una paradoja médica irrebatible para los desangradores de su época. Si un humor está verdaderamente corrompido en su totalidad a nivel cualitativo, una sangría o una purga parcial no soluciona el problema, ya que la porción de fluido que se queda dentro del cuerpo «está tan corrompida como el todo» («als der eben ſo verdorben iſt, als ſein Gantzes»). Para sanar al paciente por esa vía, habría que vaciarlo «hasta la última gota» («biß auf den letzten Tropffen»), lo que causaría una muerte inevitable por choque hipovolémico.
[102] Fisiología de los cambios de estado (Erluckerung y Andickung): Becher propone una explicación puramente física y pre-termodinámica para la patología humana. Sostiene que si los médicos comprendieran los fenómenos de la Erluckerung (porosidad, expansión gaseosa o volatilización) y de la Andickung (condensación o espesamiento) de los fluidos corporales, se evitarían «muchas desgracias» («vielen Unheyl»). Cuando un humor pierde su equilibrio dinámico, o bien entra en ebullición y fermenta (aufwallen), o bien se colapsa y se contrae (zuſammen ziehen), originando obstrucciones o fiebres.
Clasificación Química de las Enfermedades: Fiel a su andamiaje teórico general, el autor divide las patologías del principio volátil (enfermedades mercuriales) en dos subgrupos basándose en los componentes de su sistema: las mercuriales-sulfúreas (activas/ígneas) y las mercuriales-salinas (pasivas/volátiles).
Hiperporosidad y Patología Cerebral: Becher define las afecciones mercuriales-sulfúreas como las «inflamaciones agudas y punzantes» («ſubtile, ſcharffe Entzündungen») que atacan de forma maligna a la sangre y al cerebro (apoplejías, delirios febriles, encefalitis). Explica que la causa íntima de la enfermedad es una allzugroſſer Erluckering (una excesiva porosidad o gasificación) del azufre vital de la sangre. Al calentarse demasiado y volverse gaseoso, el fluido expande sus poros y prende fuego en el interior de las venas, desencadenando la inflamación sistémica.
Hilemorfismo Médico Extraviado: Hacia las líneas finales, se recurre de nuevo al binomio aristotélico adaptado al laboratorio. En un estado de salud óptimo, el azufre volátil (forma / Gestalt) y la sal volátil (materia / Materi) coexisten en perfecta armonía. Sin embargo, cuando el componente ígneo se desvía de su rango térmico regular, rompe el equilibrio y tiraniza a la base material pasiva, gobernándola de forma caótica hasta desestructurar el humor por completo.
[103] La «Torta de la Sangre» y los Espíritus Animales: Becher describe la fisiopatología de las fiebres malignas con términos médicos de su tiempo. La «Kuchen des Geblüts» (torta o coágulo de la sangre) hace referencia a la masa densa y oscura que se separaba del suero al extraer la sangre, la cual los iatroquímicos veían alterada o «hirviente» durante las infecciones. Los «Seelen-Geiſter» (espíritus animales o spiritus animalis) eran, en la fisiología de raigambre clásica y cartesiana, los fluidos sutilísimos que circulaban por los nervios transportando los estímulos; al ser perturbados por los vapores ígneos del azufre, provocaban el delirio y terminaban «sofocando el calor natural» vital del paciente.
Mecanismo Químico de la Condensación Terapéutica: El autor fundamenta el éxito de los remedios químicos (como las sales amoniacales volátiles) mediante un proceso de neutralización física. El azufre causante de la fiebre está hiperexpandido y gaseoso («erluckerte Schwefel»); para combatirlo, se administra una sal volátil, clasificada como una «materia fría pero penetrante». Esta sal actúa absorbiendo, condensando («angedicket») y fijando los vapores ígneos corporales en el torrente sanguíneo, actuando como un refrigerante químico interno que devuelve los humores a su equilibrio o «Temperament».
Aceptación Galénica y Acción Diaforética: Becher destaca con orgullo que incluso los médicos tradicionales galénicos, a pesar de su hostilidad hacia la química, empleaban estos preparados en casos de fiebres extremas. Defiende el efecto diaforético (provocador de sudor) de las sales volátiles; el sudor no debilita al enfermo como hacían las sangrías, sino que «alivia y templa» («erlediget und temperirt») el organismo al evacuar los excesos térmicos.
La Regla de la Simetría Farmacéutica: En las líneas finales, Becher resume de forma magistral su sofisticada lógica médica que unifica la homeopatía espagírica y la alopatía contraria: el remedio debe compartir la misma propiedad física que la enfermedad (ser volátil o mercurial para poder viajar y penetrar con rapidez hasta el cerebro afectado), pero debe estar hecho de un elemento material opuesto (utilizar sal para apagar y condensar el azufre inflamable). Advierte que cometer el error de administrar un preparado materialmente sulfúreo a un paciente abrasado por la fiebre avivaría peligrosamente el incendio interno de sus venas.
[104] La metáfora de echar aceite al fuego (Oel ins Feuer gieſſen): Becher utiliza esta expresión popular para ilustrar un error terapéutico grave en la iatroquímica. Administrar Brantwein (aguardiente) u otros elixires alcohólicos calientes a un paciente que ya padece una fiebre mercurial-sulfúrea (combustión interna de la sangre) equivalía literalmente a avivar el incendio de sus venas, reforzando la necesidad de aplicar la lógica de los contrarios materiales para apagar el ardor térmico.
Patologías de la Sal Volgátil y el «Cerebro Frío»: El autor define el segundo gran grupo de enfermedades del principio volátil: aquellas causadas por el exceso o alteración de la sal volátil mercurial. Si el exceso de azufre provocaba fiebres cálidas y delirios agudos, el exceso o corrupción de la sal volátil (asociada al agua y al frío en la pág. 679) provoca un «kaltes Miſtemperament» (destemplamiento frío del cerebro). Al enfriarse y condensarse los fluidos cefálicos, se entorpece la circulación de los espíritus vitales, desencadenando crisis de Schwindel (vértigo, mareo), Hinfallender (epilepsia o mal caduco, caracterizado por la caída fulminante del enfermo) y síncopes.
Fundamento químico de la Aromaterapia Médica: Para combatir este colapso frío del cerebro, Becher prescribe el uso de «wohlriechende Geiſter» (espíritus aromáticos o destilados volátiles perfumados, como el agua de la reina de Hungría o aceites esenciales sutiles). Explica que estos vapores ricos en azufre volátil penetran instantáneamente por las vías nasales hasta el cerebro, actuando como un estímulo térmico activo que disuelve la congelación salina, expande los poros y «vigoriza los espíritus vitales» del corazón y la mente, una práctica aceptada por el consenso de los boticarios de la época.
Lógica Farmacéutica Dual: El fragmento final cierra el círculo de la simetría explicada en la página anterior. Para disolver y contrarrestar una dolencia fría provocada por la sal mercurial, la razón médica exige introducir un elemento material opuesto: el azufre (calor/aceite), pero manteniendo la misma propiedad homeopática volátil (mercurial) para garantizar una absorción inmediata.
[105] Efectos del mercurio en la dentadura y medicamentos sutiles: Becher describe una realidad clínica muy frecuente en los siglos XVI y XVII: los estragos del tratamiento con mercurio (hidrargirismo) en los pacientes. El uso desmedido de ungüentos y vapores de mercurio para tratar enfermedades como la sífilis provocaba salivación extrema, aflojamiento y un característico «teñido y manchado de los dientes» («an den Zähnen derer Menſchen ſehen […] befleckt und gefärbt werden»). Fiel a su doctrina, el autor lo atribuye al «gran poder penetrante» del azufre mercurial.
Farmacología de la fracción volátil: Becher clasifica las medicinas sutiles según sus componentes: las de base acuosa o fluidos destilados ligeros pertenecen al lado de la sal volátil, mientras que los alcoholes altamente destilados y quintaesencias («rectificirte Spiritus») corresponden al lado del azufre. Advierte que las sales volátiles comerciales comunes son en realidad mezclas complejas que retienen impurezas aceitosas, lo que se evidencia a través de su sabor.
Patologías del Azufre Intermedio o «Pegamento Molecular»: El texto introduce un nuevo bloque patológico: las enfermedades causadas por la alteración de los principios de densidad intermedia (el aceite). Becher recuerda al lector que el azufre intermedio actúa como el Leim (pegamento o aglutinante molecular) que mantiene cohesionados los tejidos del organismo. Cuando este pegamento químico se corrompe o se disuelve («wann derſelbe zergangen»), la estructura física del cuerpo colapsa de forma macroscópica.
Licuación orgánica y úlceras: La pérdida de la capacidad aglutinante del aceite corporal desata procesos de degradación física y tisular. Becher enumera los síntomas de esta disolución química del organismo: la aparición de Geſchwäre (úlceras, llagas y abscesos), necrosis, Fäulungen (putrefacciones), licuación de los tejidos y la aparición de flujos o supuraciones crónicas (Abflüſße), donde el cuerpo literalmente parece derretirse al perder su cemento molecular.
[106] Patología de las Obstrucciones (Verſtopffungen): Becher define el origen de los taponamientos y retenciones físicas en los órganos (como los cálculos o la congestión pulmonar). Explica que el principio intermedio sulfúreo es por naturaleza «rotzig und zähe» (viscoso y espeso). Cuando este componente lipídico se condensa en exceso («allzugroſſer Andickung»), paraliza los canales humorales provocando obstrucciones crónicas.
Terapéutica por Sales Tartáricas y Nitrosas: Para disolver mecánicamente estas flemas duras, el autor prescribe el uso de una mittler Salz (sal intermedia), clasificándola como tartárica (tartrato de potasio de las uvas) o nitrosa (nitratos). En la farmacología iatroquímica, estas sales eran valoradas por su capacidad para zertheilt y abſtreicht (dividir, cortar y limpiar), actuando como agentes mucolíticos y desatascadores que disolvían las salivas densas y los esputos.
El Experimento del Tocino y la Sangre Seca: Becher propone una ingeniosa prueba empírica de laboratorio para demostrar que la sangre humana alberga una alta concentración de azufre intermedio graso. Invita al lector a desecar una muestra de sangre («aufgetröcknete Blut») hasta que adquiera la dureza de una cola resinosa; al arrojarla al crisol, esta «arde y chisporrotea exactamente igual que el tocino» («nicht anderſt, als wie ein Speck»). Este ensayo de combustión era la prueba reina que esgrimía la ciencia pre-flogística para certificar la base oleosa de los tejidos vivos.
Análisis Cuantitativo de la Bilis (Gall): El autor extiende su método de deshidratación a la bilis. Al evaporar los fluidos de la vesícula biliar, comprueba que el residuo seco rinde una proporción marcadamente mayor de cristales salinos fijos que de componentes grasos aceitosos. Destaca además que la micro-fracción lipídica de la bilis carece del poder cohesivo y aglutinante («nicht ſo leimend») que caracteriza a la densa red proteica y sulfúrea de la sangre.
[107] Patologías de la Fracción Fija (ſaltziige Kranckheiten): Becher introduce el tercer y más grave grupo de enfermedades de su sistema: las de naturaleza mineral, salina o refractaria, vinculadas al exceso de componentes fijos (como la gota, la formación de cálculos renales o la esclerosis de tejidos). Al poseer un Subjectum (un sustrato material denso, sólido y difícil de disolver en el laboratorio), estas dolencias causan un «groſſen Schmertzen» (dolor inmenso) en el organismo del paciente.
Gradación estructural de los Tres Reinos: El autor realiza una brillante correlación entre la macro-química analítica y la complejidad biológica de los seres vivos. Establece una escala decreciente de fijeza mineral y densidad:
- Metales: Poseen un fixen Gepack (máxima cohesión molecular compacta), constituidos casi en su totalidad por sales y azufres fijos.
- Plantas (Erdgewächſe): Ocupan un escalón intermedio de densidad.
- Animales/Humanos (Thiere): Poseen un leichten Gebäu (arquitectura ligera y sutil), albergando la menor cantidad posible de elementos fijos.
El «Asco» Biológico hacia lo Mineral (eckelt): Debido a que la economía corporal de los animales está diseñada para ser liviana y fluida, Becher afirma que la naturaleza viva tiene un «Abſcheu» (aversión o asco fisiológico) intrínseco hacia las sales densas minerales. Cuando un boticario administra sales fijas pesadas o metaloides en exceso, el estómago reacciona de forma violenta tratando de sacudirse el veneno mediante una Überpurgirung (hiper-purgación o diarrea aguda).
Mecanismo Químico de la Acción Diurética (Harn-treibend): El fragmento final ofrece una explicación iatroquímica genial sobre cómo funcionan los diuréticos. Becher corrige el marco conceptual de los médicos galenistas tradicionales. Explica que las sales fijas purificadas (como el acetato de potasio o las sales de ceniza) estimulan la secreción de orina no por una propiedad mística de atracción humorística, sino por un mecanismo de defensa inmune y de lavado osmótico elemental: dado que el cuerpo «no admite tales sales fijas» por ser ajenas a su delicada y ligera estructura líquida, los riñones reaccionan de inmediato «expeliéndolas a través del propio orín» para limpiar la sangre.
[108] El Vómito Antimonial y las Copas Eméticas: Becher describe con precisión un fenómeno farmacológico sumamente popular en el siglo XVII: el uso del Glas des Antimonii (vidrio de antimonio, una mezcla vítrea de óxido y sulfuro de antimonio). Los boticarios llenaban copas hechas de antimonio con vino; los ácidos del vino (ácido tartárico) lixiviaban («mit dem Wein heraus gelügt») la superficie mineral, formando tartrato antimonioso potásico (tártaro emético). Al ingerirse, el estómago reaccionaba ante el veneno mineral con un violento Erbrechen (vómito). Becher lo justifica mediante su teoría: el cuerpo rechaza lo mineral por ser anderartig (ajeno a la arquitectura ligera del ser vivo).
La función depurativa de las Sales Fijas: El autor señala que la naturaleza animal expulsa de forma constante las escorias fijas densas a través del orín y las heces («ſowol des Harns, als des Stuls»). Explica que la medicina galénica tradicional medía la recuperación del enfermo por la densidad de sus deyecciones: cuanto más pesadas y cargadas de sedimentos minerales estuvieran las evacuaciones, significaba que el cuerpo estaba limpiando con mayor éxito sus humores de las sales densas que causaban obstrucciones o gota.
La Digestión como una Lixiviación Química: El fragmento final expone una teoría iatroquímica de la digestión humana verdaderamente revolucionaria. Becher desmitifica la nutrición al definir el estómago («anfangs in dem Magen») como un recipiente de laboratorio donde acontece una Auslügung (lixiviación o extracción por lavado). Los jugos gástricos actúan como disolventes químicos encargados de extraer los principios sutiles volátiles (mercuriales) e intermedios (aceites) de los alimentos para nutrir el organismo, mientras desechan las sales fijas pesadas sobrantes.
[109] La Bilis como agente Emulsionante (Seyffen): Becher expone una intuición fisiológica verdaderamente asombrosa para su época. Al definir la bilis como un jabón («von der Gall, als von einer Seyffen») que actúa en el estómago impregnando los fluidos corporales, describe de forma premoderna el papel biológico real de las sales biliares: actuar como un tensioactivo o emulgente indispensable para romper los lípidos insolubles y permitir su digestión.
El Quimo como «Lejía Estomacal» (Magen-Lauge): El texto acuña el término Magen-Lauge para definir el quimo o los jugos digestivos («Speiß-Grüße»). Para Becher, el estómago no realiza una trituración mecánica (como defendía la escuela iatromecánica contemporánea), sino una operación puramente química de lixiviación. El jugo gástrico actúa exactamente igual que las lejías cáusticas del laboratorio: un disolvente universal de amplio espectro capaz de «abrir» y digerir por igual estructuras proteicas, lipídicas o glucídicas densas como el queso (Käß), la carne o la mantequilla.
Justificación Química de los Condimentos (Sal y Mantequilla): El fragmento central aporta una interesante racionalización de la dieta humana. Becher afirma que la costumbre universal de sazonar los platos con sal y grasas («Salz und Oel, oder Butter») no es un mero capricho del paladar, sino una necesidad química. Estos condimentos aportan los precursores materiales indispensables para «fortalecer la lejía estomacal», asegurando que el cuerpo tenga suficiente poder solvente para captar los nutrientes volátiles («Schweffelheit») y no los evacue intactos por falta de fuerza reactiva.
La analogía de la mancha de grasa: Para que el lector común entienda el proceso digestivo microscópico, Becher recurre a una analogía doméstica muy clara: el agua sola es incapaz de limpiar una mancha de aceite en la ropa, requiriendo el auxilio del jabón para arrastrar la grasa. Del mismo modo, el agua gástrica requiere el auxilio jabonoso de la bilis para disolver y asimilar los componentes grasos de los alimentos.
[110] El peligro de aguar la digestión: Becher aporta una explicación iatroquímica muy lógica sobre la digestión al advertir contra el «gar zu vieler Gebrauch des Waſſers» (uso excesivo de agua). Al beber agua en demasía durante las comidas, se diluye la fuerza reactiva de la Magen-Lauge (lejía estomacal), impidiendo la correcta extracción (Auslügung) de los nutrientes. Esta falta de energía química deriva en Mißdauung (indigestión), cólicos intestinales severos (Grimmen) y procesos de degradación sistémica como la sarna (Krätze) o flujos humorales por acumulación de residuos mal digeridos.
El exceso de lixiviación por especias y alcohol: En el extremo opuesto, el autor analiza los peligros de hiperactivar los jugos gástricos mediante el consumo desmedido de vinos cálidos, Gewürtzen (especias) y alimentos altamente salados o encurtidos. Estos estimulantes aumentan de forma descontrolada el poder solvente del estómago. Una lixiviación excesiva rompe las barreras protectoras de los alimentos y arrastra hacia el torrente sanguíneo los componentes minerales pesados («das Geſalzene, nemlich das Fixe»), es decir, las sales y azufres fijos que el cuerpo de los animales aborrece y que «deberían ser desechados» de forma natural por vía intestinal.
El Quimo saturado y el Hígado: Al disolverse los componentes minerales fijos por culpa de los excesos dietéticos, el Speiß-Grüße (quimo) se satura de sales densas. Al llegar a los intestinos (Gedärmen), la vellosidad absorbe este fluido espeso y lo envía directamente hacia la Lebern (hígado). En la medicina de la época, el hígado operaba como un órgano de filtrado y transmutación sanguínea primordial, por lo que recibir un quimo hipermineralizado y sulfúreo sentaba las bases para la aparición de dolencias graves como la gota, obstrucciones hepáticas o cálculos.
[111] El Hígado como Sifón de Filtrado (Seyph-Geschirr): Becher concluye la idea de la página anterior definiendo al hígado como un colador o vaso de filtración (Seyph-Geschirr). Si el estómago realiza la extracción química, el hígado tiene la misión mecánica de actuar como una barrera o aduana para retener y separar las escorias minerales pesadas. Cuando el hígado falla o está «übelbeſtellten» (mal dispuesto / enfermo), estas sales cruzan de largo y ganan un «Freyen Paß» (vía libre) directo hacia el corazón y el torrente sanguíneo general.
Fisiopatología Química de la Gota (Zipperlein): El texto ofrece una de las explicaciones premodernas más brillantes sobre la etiología de la gota (denominada en el alemán antiguo con el tierno pero doloroso nombre de Zipperlein). Becher localiza el inicio del mal en la dieta y el estómago: las especias y el alcohol provocan una extracción ácida masiva que disuelve los minerales de la comida. Al no filtrarse en el hígado, estas sales viajan por la sangre y «estampan su sello» (Sigill) sólido en las extremidades. Al nutrirse los nervios y Gelencke (articulaciones), las sales cristalizan localmente, atrapando los tejidos en una red rígida que genera dolores inmensos.
Coagulación de los Cálculos (Nieren- und Blaſen-Steine): El autor describe el escenario alternativo. Si el hígado sí logra retener y separar estas sales pesadas del quimo, desvía las escorias hacia la vía urinaria. La sangre se salva de ser mancillada («nicht beſudelt»), pero la vejiga y los riñones sufren el impacto. Cuando el azufre fijo (flogisto/calor) satura la solución urinaria, actúa como un reactivo que «coagula a su propia sal», provocando la precipitación macroscópica de arenilla (Sand), gravilla (Grieß) y cálculos compactos.
Tofos Calcáreos y Cristales de Urato (Kalch-Steine): Becher correlaciona la formación de las piedras en el riñón con los Kalch-Steine (piedras de cal o tofos), los nódulos duros que aparecen bajo la piel de las manos y pies de los pacientes gotosos crónicos. Lo que la medicina actual define como depósitos e hiperuricemia de cristales de urato monosódico, Becher lo describió con total precisión física como una calcificación o cristalización salina mineral provocada por el colapso del andamiaje fluido del cuerpo.
[112] El Hígado como aduana biológica: Becher consolida de manera brillante la patología unificada del metabolismo mineral. El origen de la gota y los cálculos renales es idéntico; la única diferencia radica en la «Werckſtatt» (taller o laboratorio) del hígado. Si el hígado desvía las escorias fijas hacia la sangre, el paciente sufre de gota; si las filtra correctamente hacia las vías urinarias, el exceso satura la vejiga formando piedras.
Geografía médica y Vinos Calcáreos (kalchigt): El texto aporta un dato de enorme interés para la historia de la epidemiología al vincular la alta incidencia de la gota y la urolitiasis con los vinos franceses («in Franckreich gefunden werden»). En el siglo XVII, era común tratar los barriles de vino con azufre para estabilizarlos o añadirles yeso/cal para regular la acidez. Becher identifica que estos vinos cargados de sales densas y minerales actúan introduciendo un exceso de componentes refractarios en el organismo, saturando el torrente sanguíneo de los consumidores habituales.
Medicina Psicosomática y Agitación Biliar: El autor conecta la química de los fluidos con los estados psicológicos al prescribir evitar las «Gemüths-Bewegungen» (alteraciones del ánimo, pasiones o ira). En la fisiología barroca, una emoción violenta provocaba una contracción espasmódica del sistema hepático que «agitaba la bilis», obligándola a vaciarse de golpe en el estómago. Al entrar en contacto con el quimo, este exceso de bilis jabonosa hiperactivaba el poder disolvente del estómago, desatando la temida sobre-extracción de escorias fijas de los alimentos.
Remisión al De corporum Magnetismo: Becher delimita el alcance de este volumen aclarando que no pretende redactar aquí un vademécum de farmacia química completo. Remite al lector a otra de sus obras teóricas fundamentales, el tratado De corporum Magnetismo, donde explicaba las fuerzas de atracción, repulsión y «simpatía» molecular que gobiernan las reacciones en los seres vivos.
[113] Cierre del preámbulo teórico: Becher concluye formalmente este bloque definiéndolo como un «Vorlauff» (preludio o introducción) que opera como un espejo conceptual para que el médico práctico vislumbre las causas íntimas de las enfermedades antes de pasar a la experimentación real del laboratorio.
La crítica al dogmatismo galénico: El autor introduce una objeción imaginaria (o muy real en las facultades de la época) por parte de un «lincker […] des GALENI Nachfolger» (un torpe e inepto seguidor de Galeno). Describe de forma magistral el principio del dogmatismo escolástico: aquellos médicos conservadores que «solo han jurado fidelidad a las palabras de un único maestro» («zu eines Magiſters ſeinen Worten geſchworen»), negándose a aceptar los avances de la ciencia si estos no figuran en los textos clásicos de la antigüedad.
El debate sobre la Nomenclatura Química: Los galenistas acusaban a los químicos de complicar la ciencia innecesariamente al cambiar los nombres tradicionales de los síndromes o remedios para rebautizarlos utilizando el «apellido» («zum Zunahmen») de la tríada alquímica: Mercurio, Azufre y Sal. Becher responde con un principio epistemológico moderno: «Die Benamſung müſſe mit dem Thun überein kommen» (la denominación debe concordar con la realidad práctica o la acción). Los nombres antiguos eran etiquetas vacías; en cambio, la nomenclatura iatroquímica describe la composición material misma del compuesto o de la dolencia.
La utilidad de la clasificación sistemática: Al final de la página, Becher defiende la ventaja de su método analítico. Sostiene que una clasificación de base química permite al médico conocer «de un solo vistazo» («in einem Anblick») la naturaleza del mal, el sustrato del órgano afectado, el accidente físico que padece (porosidad, condensación) y, en consecuencia, deducir de forma matemática el remedio contrario exacto que se requiere para neutralizarlo. Anuncia además que la demostración gráfica de esta tesis se desplegará en la «folgende Tabell» (siguiente tabla) que comenzará en la página 743.
[114] Defensa de la antigüedad de la química: Becher rebate la acusación de los médicos académicos tradicionales, quienes tildaban de «novedad inútil» a la terminología iatroquímica. El autor sostiene que las nociones de azufre, sal y principios materiales son históricamente anteriores a Galeno (remitiéndose implícitamente a los filósofos presocráticos o a la mítica tradición hermética egipcia), y promete demostrarlo documentalmente en el título séptimo del libro.
Sociología de la ciencia barroca: El fragmento explica por qué la teoría clásica de los cuatro humores de Galeno (sangre, bilis, melancolía y pituita o flema) era popular y «andaba en la boca de todo el mundo» («jederman im Maul umzeucht»). Becher expone que el vocabulario galénico es puramente especulativo y fácil de repetir, mientras que la terminología química exige la experiencia práctica y el trabajo de laboratorio («Ubung der Chymie»), una disciplina técnica que los filósofos universitarios puros («Gern-Philosophen») evitaban por no ensuciarse las manos.
Análisis de la Tabla de Correspondencias: El esquema central con llaves tipográficas formaliza el andamiaje del sistema médico de Becher. Aplica de manera rigurosa la ley de simetría y neutralización que introdujo en las páginas 728 y 732:
- Las enfermedades mercuriales (volátiles/espirituales) se corresponden con medicamentos mercuriales para garantizar una penetración rápida en el organismo.
- En las subcategorías materiales inferiores, el sistema opera por estricta oposición de contrarios: una afección predominantemente sulfúrea (ígnea/ácida) se contrarresta con un remedio de base salina (alcalina/fija); y a la inversa, un colapso u obstrucción de naturaleza salina requiere la reactivación mediante un agente sulfúreo.
[115] Consolidación de la Regla Terapéutica Dual: Becher sintetiza de manera definitiva su axioma médico en el primer párrafo: «las enfermedades se curan mediante la igualdad en las propiedades, pero por medio de la oposición en los principios de la sustancia fundamental». Reafirma que para tratar un trastorno agudo de las vías respiratorias o cerebrales (enfermedad volátil o mercurial), el remedio debe ser homeopáticamente volátil (mercurial) para penetrar con rapidez en el foco; sin embargo, si la patología es de carácter ígneo-sulfúreo, la sustancia material del fármaco debe ser un contrario absoluto, es decir, de base salina (alcalina o pasiva) para amortiguar el exceso térmico.
Transición de la Medicina a la Física de la Materia: Con el cierre del párrafo §. 5, Becher concluye formalmente su incursión en la patología y la farmacia iatroquímica. El inicio del apartado §. 6 marca un retorno hacia la física pura y la química analítica general, proponiéndose desglosar cómo la tríada gobierna las constantes físicas de los reinos de la naturaleza.
La matriz de las Cualidades Accidentales: El autor resume de forma magistral cómo su andamiaje de elementos gobierna los accidentes perceptibles de los cuerpos. Mientras que la mezcla de los dos ladrillos básicos (agua y aceite) rige las variables médicas y los temperamentos humanos en el macrocosmos, la combinación de la tríada (Mercurio, Azufre, Sal) dicta de forma matemática las propiedades físicas de los objetos de laboratorio: su color, su olor, su sabor, su Gepacks (cohesión molecular o densidad), su volatilidad frente al fuego y su fijeza refractaria.
[116] Cirugía espagírica y cicatrización (fleiſchmachende): Becher asigna propiedades quirúrgicas muy concretas a la fracción lipídica intermedia o aceite sulfúreo. Explica que estos elixires grasos operan como medicamentos vulnerarios y fleiſchmachende (encarnativos, término médico histórico para los fármacos que estimulaban el crecimiento de tejido granular sano en heridas abiertas) y Narben-ziehende (cicatrizantes). Actúan uniendo los labios de la herida gracias a la naturaleza aglutinante o de «pegamento molecular» propia del azufre.
Acción osmótica de las Sales (erweichende): En simetría, define la acción fisiológica de la sal. Al ser hidrófila y soluble, actúa como un agente emoliente que relaja los tejidos ásperos, dilata los capilares orgánicos («Gefäß-Mündlein ausſpannende») y actúa como un durchfällig machende (purgante o laxante osmótico) que limpia el tracto digestivo al arrastrar los humores estancados.
Farmacología Cerebral del Mercurio Sulfúreo: Al analizar el principio volátil (Mercurio), reafirma que su área de influencia principal es la cabeza y el sistema nervioso central («dem Haupt zugeſchrieben»). Cuando este principio volátil viaja entrelazado con una matriz sulfúrea (ígnea), actúa expandiendo los poros y disolviendo los coágulos de los nervios, operando como un potente ſchmertzen-ſtillend (analgésico) y resolutivo; aunque si está hiperconcentrado, se vuelve fretzend (corrosivo o irritante).
Acción Narcótica del Mercurio Salino: Por el contrario, cuando el principio volátil viaja acoplado a una estructura salina (fría/acuosa), sus efectos fisiológicos se invierten por completo. En lugar de expandir y calentar, actúa enfriando, repeliendo los humores inflamatorios («zurücktreibend»), condensando los fluidos y operando como un agente ſchlaffen-machend (narcótico, relajante o inductor del sueño), lo que justificaba el uso de destilados salinos amoniacales o acetatos como sedantes en el Barroco.
[117] Cuerpos puros frente a Cuerpos Compuestos: Becher aclara un error común de los técnicos de laboratorio de su tiempo al formular una distinción analítica fundamental: no se puede pretender extraer la tríada completa (Sal, Azufre, Mercurio) de una sustancia que de por sí ya es una fracción aislada. Si un operador introduce en la retorta grasa pura o sebo (Schmeer), no obtendrá sal fija en el residuo, porque esa grasa no es un «völliger Cörper» (cuerpo completo o compuesto), sino un principio aislado en sí mismo («nur deſſelben Theil ſeyn»).
Naturaleza de los Minerales Incompletos: El autor traslada esta misma lógica a la mineralogía y la metalurgia de las minas. Explica que muchas costras, escorias terrestres o «desechos de los metales» («Metallen Auswürffe»), así como ciertas piedras raras, no han alcanzado la madurez de un mineral perfecto. Al ser fragmentos petrificados incompletos, el químico fracasará si intenta obligarlos a rendir los tres principios mediante el fuego, marcando una pauta metodológica para no desperdiciar carbón ni romper retortas en balde.
Interconversión y el Alma de la Cohesión (Gepacks Seel): Becher introduce una regla operativa fascinante: aunque un mineral incompleto no rinda los tres elementos por separado, si el operador logra aislar al menos uno de ellos de forma pura, la destilación y el arte químico permiten «transformarlo fácilmente en los otros dos». Advierte que en los minerales altamente estables y perfectos (como el oro o metales nobles), la extracción es sumamente difícil porque su azufre intermedio actúa como la Gepacks Seel (el alma de la cohesión molecular), un cemento químico tan poderoso que encadena con fuerza extrema a la sal y al mercurio, impidiendo su separación analítica.
[118] El reciclaje analítico de los desechos (caput mortuum): En la segunda pregunta, Becher aborda un problema técnico crucial de la iatroquímica. Los boticarios solían descartar la caput mortuum (el residuo sólido carbonoso del fondo) y el phlegma (el agua destilada insípida) por considerarlos tierras muertas. Becher afirma de manera avanzada que si estos residuos se someten a ciclos repetidos de öfftere Calcinir- und Diſtillirung (calcinaciones y destilaciones sucesivas), aún se pueden romper sus uniones íntimas para extraer trazas remanentes de la tríada, aunque advierte que a nivel analítico estricto representan las porciones terminales e inertes de la materia.
La cebolla cósmica de la materia (La jerarquía trinitaria): La tercera respuesta expone la bellísima arquitectura física y teológica del Barroco científico. Becher justifica por qué existen tres propiedades elementales recurriendo a una estructura de capas concéntricas: el principio sutil y volátil (el Mercurio) está envuelto por el principio intermedio aglutinante (el Azufre), y ambos quedan protegidos exteriormente por el envoltorio sólido y denso (la Sal o Cörper). Este andamiaje garantiza que si una fuerza externa desestabiliza un componente, los otros actúan como un Band (lazo o amortiguador molecular) para evitar que el objeto colapse o «se desmorone por completo» («nicht übern hauffen»). Utiliza el término del alemán antiguo Beer-Mutter (variante de Gebärmutter, útero o matriz) para indicar que cada principio gesta y cobija al siguiente.
El Mercurio líquido como metal compuesto: La cuarta adición zanja uno de los debates más intensos de la historia de la alquimia: la verdadera naturaleza del azogue o mercurio vivo comercial. Becher desmitifica la idea medieval de que el mercurio líquido es un elemento primordial puro. Demuestra analíticamente que el mercurio metálico es un cuerpo mixto («ein vermengter Cörper») sólidamente constituido por la unión de su propio azufre y sal fundamental. Esta tesis fue el cimiento directo sobre el cual Antoine Lavoisier, un siglo más tarde, clasificaría formalmente al mercurio y sus óxidos en la química moderna.
[119] La síntesis del Cinabrio y el Alambique (Alembico): Becher recurre a dos reacciones clásicas del laboratorio del siglo XVII para fundamentar su teoría molecular del mercurio. Explica que el mercurio líquido («Queckſilber») es un metal hambriento de enlaces porque sus componentes no están plenamente «cocidos» o madurados en la naturaleza. Al calentarlo con azufre común en el Alembico (alambique o vaso de sublimación), se une ávidamente a él y asciende en forma de vapores que se condensan en el cuello del recipiente en forma de cristales rojos de cinabrio (sulfuro de mercurio, HgS).
El Sublimado Corrosivo: El segundo ensayo describe la obtención del Sublimat (sublimado corrosivo o dicloruro de mercurio, HgCl₂). El autor detalla cómo el mercurio líquido, al ser calentado junto a vitriolo (sulfato de hierro o cobre) y sal común (cloruro de sodio), «atrae hacia sí una sal y se reviste con la forma de esta», precipitando en forma de agujas cristalinas blancas sumamente venenosas. Para Becher, el hecho de que el mercurio líquido se fije sólidamente gracias al azufre y a la sal demostraba de forma irrefutable que el azogue no era un elemento simple de la naturaleza, sino un «unvollkommener Cörper» (cuerpo imperfecto o compuesto).
El «Jugo Ácido» del Azufre Volgál: Al analizar el azufre amarillo común de las minas, Becher realiza una precisión analítica avanzadísima para la escuela pre-flogística. Advierte que el azufre comercial no es el principio abstracto de la inflamabilidad pura, porque al ser refinado revela contener impurezas de una Erdigkeit (tierra inerte), sal fija y un ſauren Safft (jugo ácido, aludiendo intuitivamente al ácido sulfúrico o los gases ácidos que se desprenden de forma natural al quemarlo).
Desmitificación de la Sal de Mesa: Hacia las líneas finales de la página, Becher descarta de manera tajante que la sal común de mesa sea el principio elemental de la solidez pasiva. Adelanta que es el compuesto menos puro de todos, abriendo la puerta a una división analítica tripartita de su estructura que quedará interrumpida por el corte de página tras la palabra dreyer- (de tres clases…).
[120] La Sal Común como compuesto complejo: Becher concluye la idea de la página anterior afirmando de manera asombrosa para la época que la sal común de mesa no es un elemento simple, sino que encierra en su red tridimensional tres tipos de oleosidades («dreyerley Oeligkeiten») y tres de acuosidades («Wäſſerigkeiten»). Para los iatroquímicos, desglosar la sal mediante ácidos y calor revelaba que lo que parecía un cristal simple era en realidad una matriz mixta compleja, un concepto precursor de la química de los compuestos iónicos.
Justificación de la Metáfora de los Principios: El autor aclara por qué la tradición espagírica adoptó los nombres de «Mercurio», «Azufre» y «Sal» para sus tres principios abstractos (Tria Prima). Explica que no se trata de las sustancias vulgares del mercado, sino que se eligieron esos términos porque las fuerzas sutiles invisibles que gobiernan la materia «imitan en cierta medida» («etlicher maſſen nachahmen») las propiedades físicas macroscópicas más evidentes del mercurio líquido (volatilidad), del azufre amarillo (combustibilidad) y de la sal cristalina (fijeza y solubilidad).
Ruptura con los Cuatro Elementos Aristotélicos: Al inaugurar el Cuarto Título, Becher se propone redefinir la clásica teoría de los cuatro elementos de la antigüedad (Fuego, Aire, Agua y Tierra), pero aclarando tajantemente en el prefacio: «Hie hab ich nichts zu ſchaffen mit den Speculationen der Ariſtoteliſten» (aquí no tengo nada que ver con las especulaciones de los aristotélicos). Becher rechaza las abstracciones de las escuelas universitarias que definían los elementos a través de cualidades primarias místicas (calor, frío, sequedad, humedad), y exige un enfoque puramente experimental e instrumental.
Manifiesto Metodológico Práctico: La frase «Diß Orts ſchreib ich Chymiſten» (en este sitio escribo para los químicos) es un auténtico manifiesto de la Revolución Científica. El autor define su público objetivo: no escribe para filósofos de biblioteca ni para teólogos escolásticos, sino para los operadores prácticos del laboratorio. Su análisis de los elementos no buscará definir esencias metafísicas, sino describir cómo actúan estas sustancias reales dentro de los hornos, las retortas y las mezclas de laboratorio.
[121] Economía del papel y concisión científica: En las primeras líneas, Becher justifica la brevedad de su exposición aludiendo a «die Kürtze des Wercks, und des Papiers Enge» (la brevedad de la obra y la estrechez del papel). En el siglo XVII, el papel de imprenta era un insumo costoso. El autor prefiere ahorrar espacio omitiendo las estériles disquisiciones teóricas de las universidades medievales para concentrarse firmemente en lo que tiene utilidad para el «Chymiſchen Thun» (la práctica o el quehacer químico).
El Elemento como bloque cosmológico y mixto: Al desglosar las cuatro acepciones del término, Becher no destruye el pasado, sino que lo categoriza de forma analítica. La primera acepción respeta la cosmología macroscópica clásica (el elemento como pilar del universo junto a las esferas celestes), mientras que la segunda introduce la dimensión química y microscópica: el elemento como raíz material presente de forma real o latente («nach der Mögenheit», en potencia) dentro de los «untermondiſchen Cörpern» (cuerpos sublunares o materiales de la Tierra).
Distinción entre Física y Mecánica Aplicada: La tercera acepción es extraordinariamente moderna para la historia de la tecnología. Becher divide la acción de los elementos (como el fuego o el agua) en dos campos de estudio diferenciados:
- Naturkündig (Físico/Natural): Cuando el elemento actúa en los ciclos biológicos o geológicos de la naturaleza, «produciendo, nutriendo o destruyendo los cuerpos».
- Mathematiſch (Matemático/Mecánico): Cuando el ser humano instrumentaliza la energía del elemento para la ingeniería, el transporte o los oficios manuales («zu einem handkünſtigen Nutzen»). Pone como ejemplos directos la quema industrial de madera, la navegación y la propulsión hidráulica o eólica para «mover cargas», un área gobernada por las leyes de la mecánica y la matemática aplicada.
[122] El Elemento como Esencia e Identidad Química: Becher culmina la cuarta acepción de la palabra definiéndola como la identidad íntima y formal de una sustancia. Utiliza la nomenclatura astronómica tradicional de la metalurgia al poner como ejemplo que «das Element der Veneris das Weſen des Kupffers» (el elemento de Venus es la esencia del cobre). En la tradición de la época, el planeta Venus y su símbolo alquímico regían al metal cobre; Becher depura el misticismo del término para explicar que el «elemento» es el bloque de construcción constitutivo irreducible que otorga al cobre sus propiedades físicas características. Compara esta definición material con los «elementos» o axiomas lógicos que sostienen una ciencia teórica.
La impureza inevitable de los Elementos Reales: Al abrir el §. 2, el autor establece una ley fundamental de la física química premoderna: en el mundo sublunar no existen los elementos puros y aislados en estado absoluto («Es wird kein Element ſo einfächtig gefunden…»). Cualquier porción de tierra real del suelo contiene de forma microscópica trazas de agua, aire y fuego latente. Para resolver el dilema de cómo nombrar a las sustancias si todas están mezcladas, Becher introduce una regla puramente operacional: la nomenclatura se define basándose estrictamente en el componente que resulta predominante («von deme, was vordringet»).
Dinámica del Equilibrio y el Exceso (Temperament): El texto aborda las fuerzas que gobiernan las reacciones químicas. El equilibrio o Temperament induce un estado de Ruhe (reposo o estabilidad); en cambio, en cuanto uno de los elementos se satura o se encuentra en Ubermaß (exceso), rompe la simetría y desata una Aenderung (alteración, reacción o cambio de estado). Remite al lector a la primera sección de su famosa obra Metallurgia, donde detalló matemáticamente estas dinámicas de transformación.
Ciclos Térmicos en los Elementos: En las líneas finales, Becher describe el flujo de energía entre los cuatro elementos tradicionales como una cadena de transmisión térmica: el fuego viaja a través del aire penetrando en el agua, la cual a su vez actúa como un escudo protector y un vehículo nutritivo para la tierra. Advierte que si el agua faltara en este engranaje físico, el fuego directo calcinaría, «quemaría y destruiría» por completo la base mineral terrestre.
[123] Cita a Cornelis Drebbel y los ciclos de los Elementos: Becher legitima su física de los elementos citando a Cornelis Drebbel (1572–1633), el legendario inventor y alquimista neerlandés célebre por construir el primer submarino operativo y por sus estudios sobre el vacío, los gases y los termómetros. Drebbel escribió un famosísimo opúsculo titulado Tractatus de elementis (Tratado de los elementos), donde explicaba cómo los cuatro elementos tradicionales interactúan de forma cíclica y dinámica en la naturaleza.
La Nutrición Recíproca de la Materia: El texto expone un axioma clásico de la filosofía natural pre-flogística: «la tierra es el alimento del fuego, mientras que el agua es el alimento del aire». Los elementos se consumen y se sustentan unos a otros de forma metabólica. Para «abrir» o disolver un cuerpo en el laboratorio, el químico debe conocer qué elemento actúa como su engranaje o rueda (Rad) y romper su Band (lazo o fuerza de atracción), privándolo de su sustrato nutritivo natural.
Ciclos de Generación y Destrucción: Becher describe las fuerzas opuestas que rigen el cosmos: la tierra aporta la matriz sólida para la cristalización y la Bildung (conformación o generación) dentro del agua; en contraposición, el agua actúa rompiendo las estructuras de la tierra por medio de la Auflöß- (disolución y destrucción). El mismo equilibrio de fuerzas rige la interacción gaseosa y térmica entre el aire y el fuego.
Transformación y Vapor de Agua (Aire Acuoso): El fragmento final es extraordinariamente avanzado al discutir los cambios de estado físicos de la materia. Becher afirma explícitamente que los elementos se pueden transmutar unos en otros (la tierra puede volverse líquida o gaseosa por calor extremo). Al analizar la evaporación del agua, advierte que el vapor resultante («das in Lufft verwandelte Waſſer») no es aire atmosférico ordinario («kein gemeiner Lufft»), sino un wäſſeriger Lufft (aire acuoso, es decir, aire saturado de humedad o gas de agua). Postula que cuando estos componentes alterados por el arte logran reconciliarse bajo una proporción óptima, constituyen un unverweßlich Band (enlace químico incorruptible o de máxima estabilidad), un tema que promete detallar en la sección práctica del Título Sexto.
[124] Clasificación del Fuego Barroco: Becher divide el fuego de laboratorio siguiendo la tradición espagírica. El fuego común abarca tanto la energía térmica natural (como el calor del sol o Solariſches) como el calor provocado artificialmente por el artífice mediante la fricción, movimientos mecánicos o el uso de Feuer-Spiegel (espejos ustorios o lentes de combustión, herramientas muy populares en el siglo XVII para concentrar los rayos solares y calentar sustancias sin contaminarlas con los gases del carbón).
Los Cuatro Grados de Calor del Laboratorio: El fragmento central sistematiza de forma brillante los métodos de transferencia térmica indispensables para la farmacia y la metalurgia del Barroco:
- Fuego de Putrefacción por Estiércol (durch den Miſt): Consistía en enterrar los frascos sellados en camas de estiércol de caballo en descomposición. La fermentación orgánica generaba un calor suave, húmedo y constante ideal para digerir sustancias durante semanas.
- Baño María (Balneum Mariæ): Calentamiento indirecto sumergiendo la retorta en agua hirviendo. Garantizaba una temperatura máxima fija de 100 °C, crucial para destilar alcoholes sutiles sin quemar la materia orgánica del fondo.
- Baño de Rocío (Balneum roris / Thau-Bad): Un método donde el matraz no tocaba el agua, sino que se suspendía sobre el vapor caliente emanado de ella, emulando la calidez húmeda de la atmósfera.
- Baño de Arena (ignis arenæ / Sand-Feuer): Colocar los recipientes sobre un lecho de arena fina calentada directamente por el horno de carbón (Ofen-Feuer). Permitía alcanzar temperaturas muy elevadas y uniformes (calor incandescente o glüend) indispensables para la sublimación de sales y la fundición menor.
Especificidad de la Reacción según el Medio: Becher expone una ley de control de calidad experimental muy avanzada: aunque la fuente primaria de energía sea siempre el carbón del horno, el vehículo físico que transmite el calor (agua, vapor, estiércol o arena) determina por completo el curso de la reacción química. Un calor seco e intenso de arena calcinará el cuerpo, haciendo imposible que acontezca una fermentación o putrefacción orgánica, la cual requiere obligatoriamente la humedad templada de los baños líquidos.
[125] La teoría de los Cuatro Grados de Calor: Becher refina la metodología experimental al explicar que cada una de las cuatro vías de transferencia térmica descritas en la página anterior (estiércol, agua, vapor y arena) se subdivide a su vez en cuatro grados de intensidad medidos por la potencia del horno («des Feuers Macht»). El control riguroso de esta matriz térmica de 16 estados era el núcleo de la destilación barroca para evitar destruir las esencias vegetales.
El Fuego externo como detonador químico: El autor aporta una brillante definición del papel del fuego de carbón: su función no es aportar materia, sino actuar como un catalizador mecánico encargado de erwecke (despertar, activar o desencadenar) el fuego interno latente que ya habita en el interior de los reactivos. Cita al filósofo presocrático Empédocles (célebre por su teoría de las cuatro raíces del cosmos unidas por el amor y separadas por el odio) para justificar que el calor es la herramienta fundamental de la que dispone el ser humano para auxiliar a la naturaleza en sus transmutaciones.
El «Fuego de los Filósofos» como Energía Interna: Becher aborda uno de los conceptos más crípticos de la literatura alquímica y lo desmitifica de forma puramente física. Aclara que el fuego de los filósofos no es una llama mágica, sino el calor innato («angebohrne Wärme») o energía química potencial almacenada en la materia, la cual identifica directamente con su principio del Azufre (flogisto).
La Paradoja del Fuego Húmedo y Frío: El texto contrasta la acción destructiva del fuego ordinario de leña y carbón (que devasta, carboniza y deseca los tejidos) con la acción biológica del azufre vital. Al operar en el interior de las plantas y de los animales, esta energía metabólica actúa de forma inversa: sustenta las funciones vitales, promueve la hidratación celular y mantiene la flexibilidad de los humores, razón por la cual los antiguos textos herméticos la describían poéticamente bajo la paradoja de ser un «fuego húmedo y frío», una «luz eterna» o una centella divina (Füncklein) atrapada en la materia.
[126] El Escudo Hídrico de la Materia (im Waſſer kocht): Becher ofrece una ingeniosa analogía culinaria y física para explicar la conservación molecular. Destaca que, así como el agua de una olla impide que la carne se carbonice directamente ante las llamas del fogón, en el microcosmos biológico el principio del agua (la sal pasiva disuelta) actúa como un escudo protector indispensable. Sin este freno hídrico, el «fuego de los filósofos» (el calor metabólico interno o azufre activo) consumiría y desintegraría los tejidos vivos desde el interior.
El Fuego Condensado frente al Gaseoso: El autor sintetiza las diferencias físicas entre ambos fuegos: el fuego de carbón o elemental es gaseoso y poroso («erluckert»), mientras que el fuego filosófico interno es denso y condensado («angedicket»). Establece además sus afinidades operativas: el fuego común de los hornos necesita alimentarse de la atmósfera («Sitz und Futter ſey im Lufft»), mientras que la energía latente de los cuerpos se cobija y viaja a través de los fluidos acuosos. Culmina con la máxima hermética de la Tabla de Esmeralda: «lo que está arriba es igual a lo que está abajo».
Inicio del Tratado sobre el Aire (Von dem Lufft): Al abrir el §. 4, Becher divide la atmósfera siguiendo el mismo patrón binario que aplicó al fuego. Clasifica el aire común en natural (el gas atmosférico global) y Kunſt-gemachte (hecho por el arte o artificial), un concepto revolucionario para la época que anticipa el descubrimiento de los gases de laboratorio (como el «aire fijo» o dióxido de carbono que Jan Baptist van Helmont ya intuía).
Fisiología de la Respiración Cutánea (Schweißlöchleinen): Al describir el aire natural, Becher no solo menciona la respiración pulmonar diaria («von uns angeathemat wird»), sino que afirma de manera muy avanzada que este elemento penetra y habita de forma constante en los Schweißlöchleinen (literalmente, «los pequeños canales de sudor» o poros cutáneos) de los seres vivos, participando en la transpiración y en el intercambio térmico de la economía corporal.
[127] El peligro de los gases en la destilación (Gläſer zerbrechen): Becher ofrece una descripción empírica excepcional sobre el Kunſt-gemachter Lufft (aire artificial o hecho por el arte). Al calentar drásticamente reactivos químicos dentro de vasijas cerradas, se generaba una intensa presión de vapor o gases de descomposición que Becher define como un aire alterado y «expandido de forma ajena a su condición natural». Advierte con pragmatismo que si el operador no controlaba esta acumulación gaseosa abriendo los respiraderos, la presión acumulada hacía que «durante la destilación los recipientes de vidrio se rompieran» («im Diſtilliren die Gläſer zerbrechen»), un accidente temido en los laboratorios del siglo XVII.
El Aire Filosófico como Sal Mercurial: El texto aclara conceptualmente la nomenclatura hermética. El aire de los filósofos no es un gas atmosférico, sino el principio de la volatilidad o sal mercurial disuelta en estado de vapor («ein erluckertes Waſſer derer Cörper»). Al condensarse, este principio forma cristales ligeros o sublimados, lo que explica que los antiguos textos lo llamaran paradójicamente un «aire coagulado». Becher afirma que este fluido sutil es la matriz energética que «se inhala, exhala y resplandece» en las entrañas de las minas subterráneas guiando la cristalización y el crecimiento de las vetas metálicas.
La atmósfera como vehículo de la Simpatía Universal: Becher postula que el aire común de la atmósfera actúa como el vehículo pasivo o sustrato («Unterhaben») encargado de transportar los efluvios sutiles del aire filosófico a lo largo del planeta. Cuando una sustancia exhala sus partículas microscópicas, estas viajan suspendidas en el viento e impregnan los poros de otros cuerpos. El autor señala que estos fluidos invisibles se revelan ante el ser humano mediante el olor y a través de las fuerzas magnéticas de la «heimliche Zu- und Wieder-Neigung» (secreta atracción y correspondencia mutua o simpatía).
La influencia de Sir Kenelm Digby: Para validar esta teoría corpuscular del contagio y la atracción simpática a través del aire, Becher cita el famosísimo tratado del erudito inglés Sir Kenelm Digby, Discurso sobre la pólvora de simpatía («Tractat de Sympathiâ»). Digby afirmaba que los efluvios químicos viajaban por el aire atraídos por la luz solar, lo que explicaba fenómenos de curación a distancia y la atracción magnética entre reactivos afines. Becher adopta este modelo para consolidar su física del doble aire.
[128] El Aire que hace reverdecer (begrünet): Becher cierra la comparación de los gases con una hermosa distinción vitalista. Mientras que el aire común de la atmósfera reseca y consume la materia, el aire de los filósofos (los vapores sutiles de la sal mercurial transportados por la atmósfera) opera de forma inversa en la naturaleza: aporta hidratación y actúa como el motor que hace «reverdecer» («begrünet») y brotar las plantas en primavera.
Estados Físicos del Agua Común: Al abrir el §. 5, el autor ofrece una taxonomía física del agua común muy precisa. La clasifica en estado fluido (lauter), el cual abarca el agua líquida, el agua dünſtig (vaporosa, gaseosa o nubes) y el agua pura deſtillirt (destilada en el laboratorio). Para el estado sólido (gefroren), Becher introduce una intuición mineralógica fascinante para la época: distingue entre el agua congelada artificial o estacionalmente por el frío de la atmósfera (el hielo común o Eis) y aquella congelada sólidamente «por obra de la naturaleza», categoría bajo la cual engloba al cristal de roca o cuarzo translúcido («als ein Cryſtall»), siguiendo la antigua creencia de que los cristales de montaña eran agua petrificada de forma permanente por presiones geológicas extremas.
La Humedad Radical (Wurzelfeuchten): Al definir el agua de los filósofos, Becher recurre al concepto medieval y renacentista de la Wurzelfeuchte (humedad radical o fluido vital). Explica que no es agua vulgar del grifo, sino la matriz líquida original e incombustible que Dios sembró en los tres reinos (animal, vegetal y mineral). Esta agua actúa como la Materi o el recipiente pasivo idóneo para acoger y fijar las propiedades activas e ígneas del azufre.
El Baño de la Resurrección Química: El texto describe las virtudes disolventes de esta agua filosófica (asociada al concepto del Alkahest o menstruo universal). Los textos herméticos la elogiaban porque funcionaba como un Bad (baño purificador) donde los minerales densos y refractarios «se disuelven debidamente, cobran de nuevo vida y renacen» («wieder lebendig, und wiedergebohren werden»). Para Becher, esto describe los procesos de disolución y posterior recristalización en el laboratorio: el sólido parece morir al disolverse en el líquido, pero «renace» con máxima pureza y geometría perfecta al evaporarse el disolvente.
[129] El Agua mercurial que no moja las manos: Becher alude a un concepto clásico de la alquimia tardía y la metalurgia barroca: el agua que no moja («ſo die Hände nicht netzet»). Se refiere al mercurio líquido o azogue cuando actúa como disolvente metálico en frío (amalgamación). Aunque es un fluido metálico que se comporta físicamente como el agua, posee la propiedad única de no humedecer la piel al tacto. El autor describe su naturaleza molecular dual: externamente es volátil (flüchtigen, puede evaporarse por completo ante el fuego), pero internamente resguarda una fijeza mineral indestructible.
La Tierra como Madre Universal (aller Mutter): Al inaugurar el §. 6, el autor introduce el último de los cuatro elementos tradicionales, otorgándole el título clásico de aller Mutter (madre de todas las cosas), al actuar como el útero y el soporte material pasivo donde los restantes elementos (fuego, aire y agua) depositan sus semillas energéticas.
Tierra Muerta frente a Tierra Viva: Becher aplica su rigurosa división binaria. Clasifica la tierra común (el suelo, los minerales crudos y las cenizas de laboratorio) como una sustancia estéril, inerte y muerta («unfruchtbar, todt»). En contraposición, define la tierra filosófica como una fuerza viva y fructífera («lebendig und grünend»), identificándola con la matriz cristalina activa y pura capaz de nutrir los enlaces de los cuerpos.
Sinonimia y Alegorías Metalúrgicas: El fragmento final compendia los nombres históricos más célebres que recibía la tierra purificada en los textos iatroquímicos:
- Jungfer-Erden (Tierra Virgen): El residuo arcilloso o silíceo purificado al máximo mediante lavados que no ha sido alterado por ácidos.
- Beer-Mutter (Matriz/Útero): El receptáculo que gesta los cristales.
- El Estiércol de los Filósofos (der Philoſophen Dung): Una hermosa paradoja de laboratorio. Así como el estiércol común fertiliza los campos agrícolas acelerando la germinación, esta tierra salina especial aceleraba la fijación y maduración de los metales en el crisol.
- Sepulcro y Resurrección (ein Grab und wieder Auferweckung): Describe el ciclo analítico del laboratorio. Cuando un metal se calcina en el horno y se reduce a ceniza (tierra), esta ceniza es su «sepulcro»; pero al revivir ese polvo reduciéndolo de nuevo a metal fundido mediante carbón, acontece su «resurrección».
[130] Operaciones básicas de la Química Común: En la primera adición, Becher define el papel puramente instrumental y mecánico de los elementos macroscópicos del laboratorio:
- La Tierra: Actúa como agente de condensación y como medio físico de filtración o percolación («durchſeyhet»).
- El Agua: Es el disolvente por excelencia que abre las estructuras por ebullición («ſiedet») y limpia impurezas.
- El Aire: Gobierna la evaporación, arrastrando las fracciones ligeras para volverlas volátiles («macht flüchtig»).
- El Fuego: Es el motor analítico definitivo encargado de separar los componentes («ſcheidet»), provocar la reacción («ändert») y llevar la destilación a su término («vollführet»).
Las Virtudes Vitalistas de los Elementos Filosóficos: En simetría absoluta, la segunda adición describe las propiedades sutiles de las matrices elementales purificadas. Nótese cómo el fuego filosófico realiza la operación inversa al fuego del horno: en lugar de destruir y calcinar, actúa como un pegamento que «sublima, une y fija» («fügt zuſammen, figiret») los enlaces moleculares de los cuerpos.
La Tierra como Bálsamo de Preservación: El apartado tercero ofrece una distinción analítica y biológica deslumbrante. El suelo ordinario o tierra común acelera la putrefacción y la descomposición material de los cadáveres y plantas enterradas («in der gemeinen Erden verderben ſie»). En contraste, la tierra de los filósofos (asociada a las sales minerales puras fijas) actúa como un verdadero bálsamo que embalsama, momifica y preserva la integridad estructural de los cuerpos.
Comportamiento Termodinámico Inverso: Becher concluye la página detallando una paradoja física fundamental que fundamenta la destilación de metales. Cuando el fuego del horno ataca al agua común, la evapora volviéndola porosa, gaseosa y ligera («lucker»); por el contrario, cuando ese mismo calor ataca al agua de los filósofos (el mercurio o la humedad radical íntima de los metales), la energía térmica es absorbida por la red molecular, provocando que el fluido se condense y se solidifique («figirt»), consolidando una fijeza refractaria capaz de dominar al fuego.
[131] Paradojas de los Elementos Puros: Becher concluye la tercera adición confrontando el comportamiento físico de los elementos. El aire de los filósofos (los vapores salinos mercuriales densos) resiste las altas temperaturas en lugar de disiparse, mientras que el aire común de la atmósfera se expande instantáneamente y huye («fleugt davor») ante el calor. Asimismo, reitera que el fuego vital biológico promueve el desarrollo orgánico («begrünet»), en oposición a la acción puramente incineradora del fuego ordinario de carbón.
Afinidades Cruzadas y Homonimia: En la cuarta adición, el autor expone las reglas de correspondencia de la física barroca. Explica que para los alquimistas existe una equivalencia analítica entre parejas de elementos: la tierra actúa como la morada física que encierra al fuego latente, mientras que el agua sirve de vehículo soluble para aprisionar al aire. En el laboratorio, el calor de los hornos («das gemeine Feuer») no toca la tierra pura directamente; requiere la mediación del agua (disolución) para poder operar e introducir alteraciones válidas en la tierra de los filósofos.
La Primacía del Reino Mineral: El apartado 5 formula una advertencia crucial para interpretar los textos herméticos. Becher desvela que cuando los antiguos autores empleaban el adjetivo «filosófico» (el agua, el aire o el oro de los filósofos), se referían estrictamente al reino mineral y metalúrgico. Los laborantes concentraban allí sus máximos esfuerzos porque los metales representan estructuras altamente estables donde «el tesoro más noble de la naturaleza» (la perfección de la materia y el oro) yace protegido de la degradación y de la Verweſung (corrupción o putrefacción biológica) que devasta a las plantas y los animales.
Apertura del Quinto Título y el Fin de la Química: Al iniciar el Quinto Título, el grabado capitular introduce el prefacio metodológico. Becher define el objetivo último de la ſcheid-künſtigen Wiſſenſchafft (la ciencia o arte de separar, es decir, la química): reinigen (purificar), ausfertigen (completar o perfeccionar) y ändern (transformar o transmutar) las sustancias naturales. El título anuncia un estudio riguroso sobre las leyes del desarrollo mineral, las matrices de cristalización, el control del calor y, de forma pionera, el uso de las balanzas y el peso (Gewicht) como criterio de validación científica.
[132] Hilemorfismo e Ingeniería Estructural de la Materia (Gebäu): Becher establece una rigurosa jerarquía metodológica para el científico de laboratorio. Afirma que el éxito en la farmacia (Medicin) y en la transmutación exige disolver (Auflöſung, analizar) los cuerpos. Sin embargo, este análisis resulta inútil si el operador ignora el Gebäu (la arquitectura, andamiaje o diseño molecular) del reactivo. Para comprender este andamiaje, el químico no debe limitarse a pesar los residuos terminales, sino que debe investigar obligatoriamente las leyes de su Erzeugung (generación o cristalización natural), las cuales el autor divide de forma sistemática en cinco fundamentos operativos.
La Supremacía Operativa del Reino Mineral: El texto justifica por qué la verdadera química centra casi todos sus esfuerzos en la metalurgia subterránea. El reino mineral es el más idóneo para el laboratorio porque es «más noble y más fijo en su cohesión» («an ſeinem Gepack fixer»), resistiendo los ataques térmicos ordinarios sin descomponerse de forma caótica como ocurre con la biomasa orgánica. Becher advierte, no obstante, que para ser un maestro en la metalurgia mineral, primero se debe poseer una «ciencia excepcional» («ausbündige Wiſſenſchafft») de los reinos animal y vegetal. Su método avanzará realizando siempre una Schlichtung (concordancia, arbitraje o paralelismo analítico) entre los fenómenos de los tres reinos.
La Escala de las Almas de la Filosofía Natural: El fragmento final es de un valor histórico excepcional al unificar la taxonomía biológica de Aristóteles con la iatroquímica del Barroco. Becher define la esencia de cada reino a través de la teoría clásica de las almas:
- El Ser Humano: Posee una vernünfftige Seele (alma racional), que le otorga el intelecto y la consciencia.
- Los Animales (Thiere): Poseen una unvernünfftige Seele (alma irracional o sensitiva), dotada de movimiento y percepción pero carente de razón.
- Las Plantas (Erdgewächſe): Poseen la fuerza Gewächſig- (vegetativa, creciente o plástica), la potencia pura de captar nutrientes, crecer y multiplicarse a partir del suelo.
[133] El Crecimiento de los Minerales (Anwachſung): Becher culmina la escala de los tres reinos iniciada en la página anterior detallando el mecanismo físico de los minerales. Mientras las plantas crecen por nutrición orgánica interna (facultad vegetativa), los minerales de las minas aumentan su volumen mediante una Anwachſung (acreción, aposición o incrustación superficial de capas salinas externas).
El Arte que emula a la Naturaleza: Para demostrar que el ser humano es capaz de intervenir y acelerar los ciclos de la naturaleza en el laboratorio, Becher expone célebres hitos de la tecnología barroca. Menciona las famosas incubadoras artificiales de Egipto («in Egypten Eyer ausgebrütet»), hornos de estiércol y paja descritos con fascinación por los viajeros del siglo XVII donde se empollaban miles de huevos sin necesidad de gallinas. Alude también a la capacidad de teñir polluelos vivos y a las técnicas agrícolas y hortícolas para alterar artificialmente el color y el sabor de los frutos mediante injertos y abonos químicos.
Legitimación Teológica a través de Santo Tomás de Aquino: En un pasaje de extraordinario valor para la historia de la ciencia y las mentalidades, Becher defiende la posibilidad real de la transmutación metálica («durch die Kunſt Metallen können herfür gebracht werden») recurriendo al mayor peso teológico de la Iglesia católica: Santo Tomás de Aquino («der H. Thomas»). El texto alude al célebre comentario atribuido a Santo Tomás sobre el tratado Meteora de Aristóteles. En la escolástica tardía, este pasaje («güldene Worte», palabras de oro) era el escudo defensivo favorito de los iatroquímicos, ya que el Doctor Angélico sostenía que el arte de los alquimistas podía producir oro y metales verdaderos si lograba imitar con precisión los mismos vapores de azufre y mercurio que la naturaleza emplea bajo tierra.
La Alquimia como Generación Mecánica: Becher redefine la «wahre Kunſt der Alchymy» (el verdadero arte de la alquimia) despojándola de misticismo astrológico. Para él, transmutar o fabricar un metal en el crisol es una operación racional de ingeniería química: consiste en dominar la Zuſammenfüg- und Schlichtung (el ensamble, encaje y ordenamiento) de los bloques de construcción materiales (los azufres y las sales fijos y volátiles), permitiendo que acontezca una legítima generación mineral controlada por el operario.
[134] La Fisiología de la Semilla Animal: Al abrir el §. 1, Becher define la semilla animal (esperma) según los cánones de la fisiología iatroquímica del siglo XVII: como una condensación translúcida de la fracción más pura y refinada de la sangre («aus dem beſten Beſtandweſen des Geblüts»). Decide omitir el debate puramente anatómico sobre la reproducción y el menstruo («Monat-Blühe») por considerarlo un hecho evidente de la historia natural, para centrarse de inmediato en la composición analítica del fluido.
El Prensado (Ausdruckung) y la Química de los Lípidos: El fragmento central expone una ley general de la botánica iatroquímica: todas las semillas del reino vegetal («erdgewächſiſche ſperma») son de base lipídica y densa. El autor demuestra esto apelando a dos operaciones básicas del laboratorio: la Diſtillirung (destilación destructiva) y la Ausdruckung (expresión mecánica o prensado en frío). Al machacar semillas de lino, nueces o almendras en la prensa, estas rinden de forma universal un «häuffig Oel» (aceite abundante).
Las Semillas como el Azufre de la Naturaleza: Becher realiza una brillante unificación teórica al declarar que las semillas vegetales son materialmente Azufre. Justifica esta audaz clasificación analítica basándose en tres constantes físicas ineludibles:
- Oeligkeit (Oleosidad): Su naturaleza inherentemente grasa, insoluble en agua e inflamable.
- Anleimigkeit (Capacidad aglutinante): Su viscosidad densa, actuando como el cemento o pegamento molecular de los tejidos.
- Geſtalt (Forma): Su papel como portadora de la energía y el diseño genético interno.
El Bálsamo del Azufre Filosófico: Debido a esta triple condición, Becher otorga a los aceites de semillas el codiciado título de Balſam (bálsamo). Esta grasa viscosa opera condensando y organizando los fluidos sutiles sobre una base acuosa pasiva («ein dünn Waſſer»), sirviendo de andamiaje formativo para que la vida brote. Hacia las líneas finales, el autor prepara al lector para trasladar esta misma matriz conceptual hacia la metalurgia, prometiendo desvelar en el siguiente folio qué sustancia constituye el verdadero esperma o semilla germinativa de los metales en las profundidades de las minas.
[135] La teoría del Doble Vapor (gedoppelten Rauch): Becher adopta y unifica la teoría geológica de Aristóteles con el dogma alquímico medieval (atribuido a autores como Geber). Sostiene que los metales crecen bajo tierra por la combinación de un doble vapor: una exhalación húmeda/mercurial y una exhalación seca/sulfúrea. Al condensarse estos gases calientes dentro de una piedra porosa o fundible («güßigem Stein»), se desencadena la cristalización metálica.
Cita a María la Profetisa (MARIA, MOYSIS Schwester): El texto aporta un testimonio histórico valiosísimo de la literatura hermética al citar a María la Judía (conocida en la tradición barroca como la hermana de Moisés, inventora del baño María). Becher cita su famoso axioma alegórico: «el vapor envuelve al vapor» («der Rauch umfängt den Rauch»), utilizándolo de forma puramente física para ilustrar cómo los dos gases de la mina se entrelazan y quedan atrapados dentro de la roca madre o mineraliſche Mutter (matriz mineral).
Medicina del Trabajo y Gases de Mina (Witterungen): El fragmento central ofrece una crónica viva de la vida en los distritos mineros alemanes (como el Harz o los Montes Metálicos). Becher alude al peligro real de las Witterungen (término histórico del argot minero germano para designar las exhalaciones de gases asfixiantes o tóxicos en las galerías subterráneas, como el dióxido de azufre o el grisú). Los mineros sufrían «daño en su salud» al respirarlos de forma constante.
Paradoja Terapéutica contra la Tisis (Schwindſüchtigen): Becher describe un fenómeno de la medicina minera barroca muy llamativo: afirma que ciertos vapores sulfúreos espesos eran «saludables» («der iſt geſund») porque actuaban como un remedio empírico contra la Schwindſüchtigen (tisis o tuberculosis pulmonar). Según su teoría de neutralización, la densidad grasa y cálida del vapor de azufre penetraba en los pulmones ulcerados de los mineros, recubriéndolos y neutralizando los efectos corrosivos y fríos provocados por las intoxicaciones crónicas con vapores de mercurio u arsénico («mercurialiſchen Dunst»).
[136] Afinidad geológica entre el Azufre y el Vitriolo: Becher asienta una observación metalúrgica fundamental extraída de la minería centroeuropea: «ninguna mina metalífera es rica si no contiene azufre común o vitriolo». Los mineros sabían que las vetas más ricas en plata o cobre solían presentarse en forma de sulfuros minerales (como la pirita o la calcopirita) asociados al vitriolo. Para Becher, esta coexistencia física demostraba que el azufre crudo era la materia prima rudimentaria que la naturaleza utiliza bajo tierra como base de los metales.
Las Circulaciones Cíclicas Subterráneas (Cirkel-Gängen): El texto expone la teoría de la maduración de los metales («kochen», cocción geológica). Becher propone que la Tierra funciona como un alambique gigante donde los vapores metálicos experimentan constantes Cirkel-Gängen (destilaciones y condensaciones cíclicas por el calor central). Dependiendo del tiempo de cocción y del grado de purificación que la matriz alcance en estos ciclos, el mismo «azufre espermático» original cristalizará en metales viles (plomo, hierro) o madurará hasta convertirse en metales nobles (oro, plata). Remite al lector a la tercera sección de su Metallurgia para ver las demostraciones de este proceso.
Cita al alquimista Geber y la Humedad Ígnea: Becher valida su modelo corpuscular invocando al filósofo más respetado de la alquimia medieval hispanomusulmana, Geber (Jabir ibn Hayyan). Cita una célebre sentencia donde Geber confiesa que, tras ensayar incontables métodos destructivos en el laboratorio, descubrió que la verdadera semilla de los metales no es un polvo seco, sino una «schmutzigen Feuchtigkeit» (humedad densa, viscosa o alquitranosa) que posee la asombrosa propiedad de «perseverar en el fuego» sin evaporarse ni destruirse, sentando las bases de la teoría del azufre incombustible.
Unificación con Hermes Trismegisto y la Fijación (Figire): El fragmento final conecta esta humedad de Geber con los textos fundacionales del hermetismo alejandrino (Hermes Trismegisto y la Tabla de Esmeralda). Becher traduce la enigmática jerga mística a instrucciones operativas claras de laboratorio: cuando Hermes decía «transmútese este en tierra», el iatroquímico debe entender sencillamente la operación de figire ihn in ſeiner Mutter (fijar o cristalizar el aceite volátil dentro de su matriz mineral sólida). A este principio concentrado lo denomina el Sol de los filósofos (el azufre áureo latente), el cual permanece dormido hasta que el operario lo «estimula mediante el arte» aplicando el calor controlado del fuego de sus hornos.
[137] De la Semilla Masculina al Principio Femenino: Tras haber definido en las páginas previas que la semilla masculina (Sperma) equivale al Azufre activo e inflamable, Becher abre el §. 2 para analizar el principio receptivo femenino. Utiliza el concepto clásico de la Monat-Blühe (literalmente «floración mensual», el término del alemán antiguo para designar la menstruación o menstruo). Explica que mientras en la fisiología humana y animal este término describe el flujo uterino regular de las mujeres, la ciencia química adaptó el concepto para explicar los fenómenos de la materia.
El Menstruo como Agente Disolvente (Auflößſtuck): El autor desmitifica la enigmática jerga de los alquimistas medievales. Explica que cuando los textos antiguos hablaban del «menstruo» de las plantas o de los metales, utilizaban el término de forma uneigentlich (figurada o impropia) y Mißbräuchlich (abusiva o metafórica). En el laboratorio, el «menstruo» no es otra cosa que el Auflößſtuck (el agente disolvente o menstruo químico) encargado de abrir, licuar y limpiar los minerales densos dentro de la retorta.
El Verdadero Significado de lo Mercurial: Becher realiza una aclaración metodológica fundamental para evitar que los principiantes cometan errores costosos en el laboratorio. Advierte que cuando el agua de los metales es calificada como Mercurialiſch, no significa que contenga mercurio metálico líquido o azogue común («nicht von des lauffenden Mercurii»). El adjetivo se adoptó exclusivamente debido a la Flüchtigkeit (volatilidad y sutil poder penetrante) que este disolvente comparte con el comportamiento físico del azogue.
El Mercurio de los Filósofos (Mercurius Philosophorum): El fragmento final conecta el disolvente metalúrgico con el eslabón rey de la iatroquímica barroca. Esta combinación de agua ácida, volátil y purificada es el verdadero Mercurio de los Filósofos, la herramienta analítica primordial (Menstruum) en la que los investigadores concentraban sus mayores esfuerzos. Actuaba como el disolvente ideal capaz de romper los metales pesados para extraer sus esencias sin destruir su red cristalina fija elemental.
[138] El Mercurio Filosófico como Gas Venenoso (vergiſſter Rauch): Becher ofrece una definición física y operativa excepcional de este principio elusivo. Aclara definitivamente que el Mercurius Philosophorum no es un disolvente líquido común ni azogue vulgar, sino un «ſubtiler, kalter, roher, mercurialiſcher, vergiſſter Rauch» (un vapor sutil, frío, crudo, mercurial y emponzoñado). Define analíticamente este gas corrosivo como una sal volátil mineral en estado de sublimación ácida (vapores nitrosos, clorhídricos o arsenicales), cuyos componentes gaseosos asfixiaban a los operarios en los laboratorios mal ventilados del siglo XVII.
El Enlace de los Vapores y Arnoldo de Villanueva: El autor recurre a las máximas de la tradición alquímica medieval europea para consolidar su teoría de la atracción de los gases. Al citar de nuevo el axioma de María la Judía («el vapor envuelve al vapor»), Becher explica la formación de minerales como la síntesis molecular entre el vapor ácido-salino (mercurial) y el vapor oleoso (sulfúreo). Para blindar esta tesis frente a sus rivales universitarios, invoca al célebre médico y alquimista catalán Arnoldo de Villanueva (c. 1240–1311), repitiendo su sentencia de que tanto el orden natural como el arte de la retorta fabrican metales verdaderos acoplando mecánicamente el azufre y el mercurio esenciales.
Hilemorfismo Botánico aplicado a los Metales: El fragmento central utiliza una elegante analogía orgánica: del mismo modo que el agua del suelo humedece y disuelve la cáscara de las semillas vegetales permitiendo que desplieguen su diseño genético, el agua o menstruo de los metales actúa como un vehículo hidrodinámico que acoge en su seno a los azufres minerales. Al enlazarse el sustrato material pasivo con el agente configurador activo (Gestalt), la solución saturada se coaguliret (coagula o cristaliza), precipitando en forma de filones metálicos sólidos.
Necesidad del Binomio Reproductor en Mineralogía: Becher concluye estableciendo una ley biológica universal para la materia inorgánica. Así como en los seres vivos la semilla masculina (Sperma) resulta estéril si carece del fluido receptivo femenino o menstruo («Monat-Blühe»), en el reino mineral los metales jamás podrán engendrarse ni crecer en las entrañas de la tierra si el azufre activo no encuentra un Menstruum o disolvente ácido sutil que actúe como el agua germinativa de las rocas.
[139] El crecimiento mineral y Raimundo Lulio: Becher recurre a la autoridad del sabio y místico mallorquín Raimundo Lulio (Ramón Llull, c. 1232–1316), a quien la tradición alquímica medieval atribuía numerosos tratados sobre la transmutación y la quintaesencia. Becher utiliza la metáfora luliana de «plantar» el azufre del Sol (el oro, \(\odot \)) y de la Luna (la plata, \(\left.\mathbb{C}\right)\) en el menstruo líquido para ilustrar cómo el disolvente adecuado actúa como la tierra fértil que permite a los metales desarrollarse. Aclara, citando a Basilio Valentín, que este «reverdecer» (grünen) es puramente químico y no orgánico.
El Mercurio como el «Huevo Filosófico» (das Ey): Al abrir el §. 3, el autor define la Beer-Mutter (término del alemán antiguo que significa literalmente «madre portadora», usado históricamente para designar el útero o la matriz). En su primera acepción, identifica la matriz con el Mercurio de los Filósofos. En la tradición espagírica, este principio volátil actúa como el recipiente y el huevo ideal dentro del cual el componente ígneo (el azufre) es digerido y madurado térmicamente.
La Roca Madre y la Ley de las Gangas Fluyentes: La segunda acepción define la matriz en un sentido geológico y metalúrgico: es la roca encajante o ganga («den mineraliſchen Stein»). Becher expone un principio minero fundamental: los metales no crecen en cualquier pedrusco inerte, sino solo en aquellas piedras refractarias que actúan capturando los vapores del subsuelo («zween Räuche») y que poseen la propiedad de ser «fundibles ante el fuego» («von dem Feuer flüßigen»), como los cuarzos y los silicatos que facilitan la fundición.
La Vitrificación y los «Filisteos» (Philistren): Para demostrar analíticamente que las piedras son el útero material de los metales, Becher describe el proceso de calcinación extrema en el horno de fundición. Cuando un mineral rico se somete a un fuego violento, los dos principios volátiles constitutivos (los vapores de azufre y mercurio) escapan volando («fliehen verändert»), rompiendo el metal. En el fondo del crisol, el residuo remanente se funde transformándose en una escoria vítrea translúcida («einen flüchtigen Stein, wie ein Glas»). El texto recupera el término iatroquímico Philistren (filisteos), que definía a estas costras metalúrgicas vítreas y duras adheridas a las paredes del crisol, como la prueba física de que la piedra es la base corporal que cobijaba al metal.
[140] La Tercera Matriz: La Mina Subterránea (Metall-Gruben): Becher concluye las acepciones de la Beer-Mutter (matriz). Tras definirla como el disolvente (mercurio) y la ganga fundible (piedra), establece que la tercera acepción es el espacio físico macroscópico: la propia mina o galería subterránea donde la naturaleza cocina los metales.
El Matraz como Mina Artificial (ein weit Glas): El fragmento contiene una de las defensas más enérgicas de la legitimidad del laboratorio químico frente a los naturalistas conservadores de la época. Becher combate la idea mística de que las minas poseen un «espíritu biológico» exclusivo e inimitable por el hombre («unnachehnliche Kunſt»). Afirma con rotundidad que un weit Glas (un matraz ancho de vidrio o el «huevo filosófico») puede emular con absoluta precisión matemática el ambiente del subsuelo. Si el operador sella el frasco portando los reactivos gaseosos adecuados («philoſophiſchen Lufft») y controla el calor del horno, el matraz se vuelve «justamente tan fructífero» como la mina real.
Introducción de la Química Cuantitativa (§. 4. Von dem Gewicht): Al abrir el cuarto parágrafo, el texto da un vuelco histórico trascendental hacia la química cuantitativa. Becher establece que el éxito del laboratorio no depende solo de la calidad de los ingredientes, sino de una «gewiſſe Proportion, und Abgleichung» (una determinada proporción y equilibrio de pesos). El binomio entre el principio activo masculino (azufre/semilla) y el principio receptivo femenino (menstruo/sal) debe regirse por un balance estricto.
La analogía agrícola de la lluvia: Para ilustrar la necesidad de pesar con exactitud los reactivos, el autor recurre a un ejemplo agrícola elemental. Si una mezcla química tiene un exceso o un defecto de disolvente, fracasará por completo, exactamente igual que un campo de cultivo se arruina por una sequía extrema («eintrucknet», se deseca) o por una inundación debida al exceso de lluvia («Uberfluſſe des Regens»).
[141] Peso Masivo frente a Peso Específico Fiel (das Gewicht zweyerley): Becher establece una distinción científica de enorme relevancia para la historia de la metrología y la balanza de laboratorio. Divide el peso en dos variables: el peso vulgar o macroscópico basado en el volumen aparente («gegen die Gröſſe»), y el peso interno o relativo basado en la afinidad y saturación química de las mezclas («gegen die Eigenſchafft»). Este último, calificado en los textos herméticos como «el más secreto», es lo que hoy conocemos como peso específico o densidad molecular. Becher explica que se manifiesta dinámicamente durante la Operation cuando el calor del horno actúa expandiendo o contrayendo los enlaces hasta alcanzar un balance de masas perfecto («Temperament gegen die Wag», el temperamento ante la balanza).
Termometría Comparada de los Tres Reinos: Al abrir el §. 5, el autor formula una elegante ley de gradación térmica para la creación. Cada reino exige un nivel de energía térmica latente proporcional a su fijeza mineral y densidad:
- Animal: Requiere un solo grado de calor (el calor suave de la incubación biológica).
- Vegetal: Exige dos grados para gobernar los flujos de la savia.
- Mineral: Requiere tres grados (el intenso calor geotérmico del subsuelo).
- Operación Filosófica (Química): Demanda el dominio absoluto de cuatro grados de fuego («vier Grad, oder Stuffen»).
Los Cuatro Grados de la Destilación: El texto condensa los cuatro estados de maduración térmica aplicados en la retorta: el grado de Fäulung (putrefacción o fermentación, calor húmedo de estiércol), el de Stockung (condensación), el de Gerinnung (coagulación o cristalización) y el grado de Übervollkommenheit (sobreperfección, correspondiente al fuego de fusión y calcinación refractaria del crisol). Dado que ya analizó minuciosamente estos métodos en las páginas 753 y 754, Becher decide dar por cerrado el epígrafe metodológico.
El Enigma del Mercurio Único: La página concluye inaugurando la sección de Zugaben (Adiciones). Formula la célebre disputa metalúrgica de si el Mercurius Philosophorum (el disolvente universal ácido purificado) es autosuficiente para condensarse y transmutarse en un metal noble por sí solo sin necesidad de añadir azufre externo, una de las preguntas operativas más debatidas por los boticarios del Barroco.
[142] La omnipresencia del Azufre en el Disolvente: Becher ofrece una respuesta analítica fundamental a la disputa iniciada en la página 770. Sostiene que no existe en el universo un disolvente mineral puro («nie kein Waſſer der Metallen») que esté completamente exento de azufre. Aunque el líquido parezca translúcido y purificado, resguarda en sus partículas microscópicas una molécula o «Mittelpunct» (punto central o núcleo) de azufre latente. Si el operador aplica calor constante durante semanas, logra que esta centella energética (Füncklein) actúe como un motor térmico interno que «cuece y templa» («koche, temperire») la fase mercurial, condensándola hasta precipitar en metal sólido o, en el límite teórico de la pureza, en la Piedra Filosofal (Lapidem Philosophorum).
La Alquimia emulando la Jardinería de Ventana (in Scherben, vor den Fenſtern): Para defender la viabilidad de la producción artificial de metales en los hornos, Becher recurre a una estampa costumbrista y doméstica sumamente entrañable de la vida barroca: el cultivo de plantas en macetas de barro (Scherben) colocadas en los alféizares de las ventanas de las casas. Argumenta que fabricar un metal es una operación idéntica a la jardinería doméstica: si el jardinero toma una semilla (azufre), la entierra en un tiesto (matriz de piedra), la riega (menstruo) y la expone al calor de la ventana (grados de fuego), la planta brota infaliblemente siguiendo las leyes de la física.
El Arte que supera a la Naturaleza: El autor abraza un optimismo tecnológico radical al afirmar que los metales producidos de forma artificial en el laboratorio pueden resultar incluso «vollkommenere und ſtärckere» (más perfectos y fuertes) que los extraídos de las minas. Justifica esto explicando que el químico es capaz de purificar los reactivos de escorias parásitas y dosificar el calor de los hornos de forma constante, un control óptimo que la naturaleza salvaje bajo tierra no siempre posee, tal como demostraban los floricultores de la época al cultivar de forma artificial flores más grandes y exóticas en los invernaderos mediante fertilizantes químicos y podas.
Las Cinco Condiciones de la Síntesis Mineral: La página cierra consolidando el marco metodológico del Quinto Título. Para que un experimento metalúrgico tenga éxito, el artífice debe aplicar de forma «legítima y correcta» el engranaje de las cinco condiciones de la generación que Becher desglosó minuciosamente en los parágrafos previos de este capítulo:
- Saame / Sperma (La semilla o azufre activo).
- Monat-Blühe / Menstruum (El disolvente o agua mercurial).
- Beer-Mutter (La matriz, matraz o piedra encajante).
- Gewicht (La proporción exacta de los pesos en la balanza).
- Wärme (Los grados del calor aplicados por el horno).
[143] Apertura del Sexto Título y el canon de las Seis Operaciones: Tras haber blindado las bases teóricas y cuantitativas en los capítulos previos, Becher abre un bloque puramente metodológico e instrumental. Clasifica el quehacer práctico del químico en seis acciones u «thätlichen Operationen» (operaciones efectivas o de mano). Estas seis rúbricas estructuraban el trabajo de los boticarios y ensayadores de metales, abarcando desde los procesos físicos de adición de masas y purificación hasta la alteración química profunda.
La utilidad dual del quehacer químico: En la Vorrede (prefacio), el autor recuerda al laborante la doble dirección utilitaria de estas maniobras de laboratorio: o bien se emplean en la «Artzney-Kunſt» (el arte médico o farmacia iatroquímica, destilando elixires y templando humores dañados), o bien se consagran a la «Zeugung, und Vollkommenheit» (generación y perfeccionamiento de las cosas, es decir, el refinamiento metalúrgico y la maduración artificial de metales en los crisoles).
Conceptos de Homogeneidad y Heterogeneidad: Al abrir el §. 1 para examinar la Beywachſung (término histórico que describe la acreción, el crecimiento por agregación de capas externas o la adición material en una aleación), Becher introduce un riguroso criterio taxonómico. Define qué entienden los operadores por sustancias gleichartig (homogéneas o de la misma especie) y anderartig (heterogéneas o ajenas).
Las Fronteras Infranqueables de los Tres Reinos: Para Becher, la heterogeneidad material extrema está marcada por los límites geométricos y físicos de los propios reinos de la naturaleza. Intentar amalgamar o transmutar compuestos reactivos uniendo directamente tejido animal con matrices metálicas secas constituye un error metodológico por combinar materias heterogéneas. El operador sabio debe realizar la Beywachsung operando siempre con elementos afines dentro de su propia esfera para que la adherencia molecular tenga éxito en el horno.
[144] Barreras moleculares entre los Tres Reinos: Becher fundamenta su física macromolecular estableciendo que la combinación cruzada directa entre reinos es imposible a nivel de enlaces íntimos («aus der Wurzel», desde la raíz). El operador de laboratorio no puede fusionar tejidos vegetales («Erdgewächſe») con estructuras cristalinas metálicas para formar un compuesto homogéneo nuevo. Esta imposibilidad de amalgama empírica define las fronteras analíticas de la heterogeneidad («anderartig»).
Teoría de la Cohesión Mecánica e Histología Animal: El autor ilustra el concepto de heterogeneidad utilizando analogías tanto anatómicas como metalúrgicas. Explica que las partes heterogéneas son aquellas que coexisten unidas físicamente en un espacio común, pero sin transmutar sus tejidos ni fundirse molecularmente una en la otra. Pone como ejemplo exacto cómo los huesos («die Bein») se articulan y sostienen a la carne («an das Fleiſch»), o cómo las piedras estériles de la ganga («die Steine») se adhieren de forma puramente mecánica a las vetas de los metales en bruto («die rohe Metallen») en el interior de la mina sin llegar a ser el mismo elemento.
Los Dos Grados de Homogeneidad (Gleichartig): Para sistematizar las operaciones del crisol, Becher divide los elementos de la misma especie en dos niveles de pureza o acepciones cuantitativas:
- Homogeneidad de Afinidad Genérica: Sustancias distintas pero que pertenecen al mismo reino y comparten una geometría o comportamiento químico análogo, lo que permite intercambiarlas en las reacciones. Cita como ejemplos a la plata y el oro (metales nobles maleables), la cebada y el trigo (cereales/semillas ricas en azufre vegetal), o la carne de res y la humana.
- Homogeneidad de Identidad Absoluta: Sustancias que son químicamente idénticas y puras, donde un elemento se acopla perfectamente con su igual sin alterar las constantes físicas de la mezcla: «el agua con el agua, el aceite con el aceite, el oro con el oro».
Estructura de la Beywachsung (Acreción): El párrafo final prepara el terreno para la descripción técnica de la primera operación del laboratorio: la Beywachsung (adición de masa, aleación o crecimiento por depósito externo). Al ser las partes de dos clases (afines o idénticas), las adiciones en los hornos también se dividirán en procesos homogéneos (como añadir oro puro a un lingote de oro) y heterogéneos (como unir metales de distinta especie mediante fundición).
[145] Acreción Impropia y Parasitismo Orgánico: Becher define la acreción impropia como una agregación puramente externa, mecánica o parasitaria de cuerpos heterogéneos que no llegan a fusionar sus estructuras químicas. Cita que los médicos galenistas llamaban a estos fenómenos «cosas antinaturales», aludiendo a la aparición de parásitos o gusanos (Würmer) en los intestinos o a la dolorosa formación de cálculos y piedras (Steine) en los riñones y la vejiga, procesos en los que un sólido mineral se adhiere y crece de forma exógena dentro del tejido blando animal.
Mecanismos Botánicos de Adherencia (Epheu y Steinbrech): Para ilustrar la acreción mecánica externa, el autor recurre a ejemplos de la botánica clásica: la forma en que la hiedra (Epheu) trepa y se pega a los muros mediante raíces aéreas que actúan como un pegamento (Leimen), o el crecimiento de la saxífraga (Steinbrech o rompepiedras) incrustada en las fisuras de las rocas. Coexisten en un mismo espacio, pero la piedra sigue siendo piedra y la planta sigue siendo planta.
Fitoextracción de Metales en el Barroco: El fragmento central expone una observación fascinante para la historia de la geoquímica y la botánica: la fitoextracción o absorción vegetal de metales. Becher describe cómo ciertas plantas que crecen en suelos mineros absorben los metales disueltos del subsuelo a través de sus raíces, incorporándolos a su estructura de tal forma que «crecen junto con ella». Destaca que el metal viaja y se deposita en las hojas «con su sustancia fundamental inalterada», permitiendo al químico extraerlo y recuperarlo intacto en el crisol tras calcinar la biomasa mediante el proceso de Überführung (reducción o aislamiento químico).
Acreción Propia e Identidad Cuantitativa: En la segunda mitad de la página, el autor introduce la acreción propia, aplicable únicamente a cuerpos homogéneos (de la misma especie). El escalón más sencillo es la Nebenſetzung (yuxtaposición o adición pasiva), una operación cuantitativa donde se incrementa la masa de un sistema añadiendo exactamente el mismo elemento puro sin alterar la naturaleza química del receptáculo: «como cuando se añade vino al vino, ojalá oro al oro». Deja planteada la transición hacia el escalón superior: la acreción interna verdadera, donde los cuerpos homogéneos se fusionan íntimamente alterando y transformando la materia a través de una verdadera generación en el crisol.
[146] La analogía química del Queso (wie ein Käß): Becher ofrece una brillante explicación de la acreción interna o asimilación de materia utilizando un proceso lácteo doméstico: la fabricación del queso. Explica que la semilla química activa (el azufre denso y viscoso) actúa sobre la solución acuosa líquida pasiva exactamente igual que el cuajo sobre la leche líquida: primero la «cuaja como un queso» («wie ein Käß»), aglutinando las partículas dispersas para condensar («erdicket») y espesar la masa antes de imprimirle una nueva geometría o Gestalt.
Acreción frente a Transmutación: El autor traza una frontera conceptual muy clara entre dos operaciones básicas del laboratorio. En la transmutación, un cuerpo altera por completo su naturaleza original. En la acreción verdadera, en cambio, acontece un proceso de nutrición y replicación: cuando se añade un sustrato afín al sistema, la semilla asimila una fracción de este convirtiéndola en más «semilla» para multiplicarse (crecimiento), mientras que el sobrante se fija sólidamente al andamiaje estructural.
El Crecimiento de los Metales en las Minas: Becher traslada esta ley biológica vegetal al reino mineral para combatir las teorías de sus oponentes mecánicos. Refuta a quienes creían que los metales crecían bajo tierra por mera Nebenſetzung (yuxtaposición de capas de polvo externas, como quien amontona arena). Remitiendo a su obra maestra Metallurgia, defiende que las vetas metálicas crecen por una auténtica asimilación interna, absorbiendo los vapores de la roca e incorporándolos a su red cristalina.
El Estiércol Graso como fertilizante químico (fettem Miſt): El fragmento final unifica la agronomía con la iatroquímica. Becher explica por qué los agricultores abonan los campos empleando estiércol denso y graso («fettem Miſt»). El estiércol no actúa por un principio mágico, sino porque suministra al suelo un alto contenido de azufre y grasas («Zunehmung des Schweffels, oder der Fetten»). Al cargarse la tierra de estos componentes oleosos aglutinantes, las semillas vegetales encuentran el combustible material idóneo para activar su «pegamento molecular» («Anleim-«) y expandir su masa con rapidez.
[147] El calor como agente condensador: En las primeras líneas, Becher concluye el proceso de la Beywachsung (acreción) explicando el papel del fuego del horno. El calor actúa «cociendo lo fluido» («das dünne kochet»), forzando la evaporación de las aguas sobrantes para que el residuo se condense («andick») y las moléculas remanentes alcancen el estado óptimo para asimilarse firmemente a la red sólida.
La antítesis de la Acreción: La Sustracción (Abnehmen): Al abrir el §. 2, el autor define la segunda gran operación práctica del laboratorio: el Abnehmen (la sustracción, disminución o pérdida de masa). Aplicando un rigor geométrico y lógico, establece que esta maniobra es el espejo inverso («Widerſpiel») del crecimiento y que se ejecuta empleando reactivos y técnicas diametralmente opuestas. La divide de forma sistemática en dos ramas: la remoción de partes heterogéneas (purificación) y la de partes homogéneas (división cuántica).
El Ensayo del Fuego en Metalurgia y Medicina: El fragmento central describe la operación reina de la metalurgia práctica: la separación de impurezas de los metales valiosos en el horno de ensayo («durch die Prob des Feuers»), donde el fuego destruye el lazo mecánico («Bandes») que unía la escoria estéril (heterogénea) con el metal puro. Becher unifica este concepto metalúrgico con las técnicas de los otros dos reinos: en las plantas, las impurezas se eliminan mediante la Diſtillation o lavados; en la medicina humana, el médico purga los humores dañados por vía farmacéutica («Purgir») o retira el tejido necrosado mediante cirugía de heridas («Wundartztiſche Weiß»).
Metrología y la División del Oro (Marck Goldes): Para ilustrar la sustracción de partes homogéneas, el autor recurre a las unidades de peso monetarias y de ensayo de su tiempo. Pone como ejemplo exacto la acción de tomar cuatro onzas («vier Untzen») de una marca de oro («Marck Goldes»). En el sistema de peso germánico del siglo XVII, la Mark era la unidad base para los metales preciosos y equivalía a 8 onzas (unos 230-234 gramos); sustraer cuatro onzas significaba realizar una división física exacta de la masa por la mitad, fraccionando la cantidad pero conservando intacta la pureza y las propiedades homogéneas del lingote de oro en el crisol.
[148] La regresión química al estado crudo (wieder rohe wird): Becher introduce un concepto fundamental de la termodinámica y la estabilidad de los compuestos del siglo XVII: la disminución cualitativa o total («gantzlich»). Explica que un cuerpo puede perder masa cualitativa sin variar su volumen aparente. Esto acontece cuando una sustancia experimenta un retroceso en su rango de pureza, provocando que una materia que previamente había sido destilada, digerida o gekocht (cocida/madurada en el horno) pierda sus enlaces estables y degenere, volviéndose otra vez rohe (cruda, basta o ruda), un fenómeno que hoy asociamos a la degradación química o la descomposición de polímeros y óxidos.
Licuación frente a Aglutinación: Aplicando las leyes de contrarios que gobiernan su sistema, el autor determina las fuerzas mecánicas opuestas del laboratorio. Si la operación de acreción (Beywachsung) sumaba materia uniendo las partes mediante la Anleimung (aglutinación o pegamento molecular), la operación de sustracción actúa de forma inversa mediante la Zuſammenſchmelzung (licuación, fusión degradativa o colapso estructural), rompiendo el cemento que mantenía unida a la red cristalina.
La Putrefacción como Causa Eficiente (würckende Urſach): Becher eleva la Fäulung (putrefacción, corrosión o fermentación) al rango de fuerza física elemental de laboratorio, definiéndola como la «causa eficiente» de la destrucción de la materia. Para los iatroquímicos, la fermentación húmeda era el bisturí químico de la naturaleza: ablandaba los metales, corrompía los tejidos y deshacía los enlaces más duros, permitiendo iniciar el análisis de los cuerpos.
Importancia de la Cinética de Degradación: La frase final subraya el valor metodológico de este proceso: «es algo de la mayor importancia conocer» («iſt zu wiſſen hochangelegen»). El químico que opera los hornos de ensayo o elabora elixires médicos debe dominar las leyes de la putrefacción para saber exactamente cómo desarmar una sustancia densa sin calcinarla de forma destructiva.
[149] El Aceite Esencial como el «Bálsamo» Protector: Becher recuerda los cimientos de su física hilemórfica: la materia consta de una fase fluida pasiva («einem dünnen») y una fase grasa activa («einem dicken, fetten, öhligen») que actúa infundiendo la Gestalt o diseño geométrico de la especie («folium» o estructura foliada). A esta fracción oleosa y densa la define bajo el concepto paracelsiano de Balſam derer Cörper (bálsamo de los cuerpos), el principio aglutinante cuya misión es retener, contraer y fijar al agua libre para evitar que el objeto se desintegre.
El Romero como Modelo de Equilibrio Molecular (Roßmarins): El autor recurre a un bellísimo ejemplo de la botánica iatroquímica: el romero (Roßmarins). Explica que el azufre del romero (su aceite esencial) vigila una estricta proporción cuántica de hidratación. Si la planta sufre sequía, sus aceites actúan como una «piedra imán» hidrodinámica que succiona el agua ligera de su entorno para «darle forma» y mantener con vida la consistencia y fragancia de sus hojas.
Inversión de Roles: El Azufre Pasivo (leidender Schweffel): El fragmento central describe el mecanismo químico exacto que desata la Fäulung (putrefacción o fermentación). Si se inunda el sistema con un exceso de agua que rompe la proporción óptima, la cantidad de líquido sobrepasa la fuerza del azufre. En ese instante acontece una inversión de roles termodinámica: el azufre pierde su soberanía aglutinante y pasa de ser el agente activo («Thuenden») a convertirse en un componente pasivo y subyugado («leidender Schweffel»). Al volverse el agua el agente activo dominante, la grasa esencial se disuelve y la red molecular colapsa por licuación («zuſammen ſchmeltzet»).
Cromatografía de la Putrefacción y Contracción Central (zuſammen punctet): Cuando el azufre se ve vencido por el agua, desiste de su acción cohesiva global y se repliega buscando defender su propio núcleo, «contrayéndose hacia su centro en forma de puntos o gotas» («zuſammen punctet», atomización o formación de micelas hidrófobas libres). Esta degradación y cambio químico en las cadenas del azufre desata un fenómeno óptico muy llamativo en las fermentaciones de laboratorio: la aparición de «allerhand Farben» (toda clase de colores, como los mohos cambiantes, irisaciones oleosas o el ennegrecimiento de la materia corrompida).
El Fuego como Conservante Técnico: Las líneas finales introducen una regla práctica de la conservación biológica: la putrefacción húmeda requiere un rango de temperatura templado; un «allzu groſſe Wärme» (calor excesivo o fuego directo del horno) bloquea la fermentación, ya que evapora de forma fulminante la humedad libre antes de que esta pueda disolver el bálsamo graso protector de la planta.
[150] Termodinámica de la Descomposición Orgánica: Becher culmina el parágrafo sobre el Abnehmen (sustracción/degradación) acotando los límites climáticos de la fermentación bacteriana o química (Fäulung). Explica que el proceso se detiene en los extremos: bien por un fuego seco que evapora el disolvente, o bien por un «allzu groſſer Kält» (frío excesivo) que congela los fluidos deteniendo el movimiento corpuscular. Por el contrario, la degradación material se ve catalizada de forma óptima por el binomio de un «warmen feuchten Lufft» (aire cálido y húmedo), describiendo las condiciones ideales de incubación.
La Humedad como «Vida y Muerte» de las Cosas: El fragmento central sintetiza la profunda paradoja iatroquímica de la fase líquida o agua de los filósofos. El agua es simultáneamente la vida y la muerte del microcosmos: es la vida porque actúa como el vehículo hidrodinámico indispensable que transporta y aglutina las sales y azufres para materializar los cuerpos sólidos; pero es la muerte porque, en cuanto rompe su rango de proporción y satura el sistema, activa su poder solvente, devora el «bálsamo graso» protector y «zerlöſt» (disuelve o desarma) la red cristalina del objeto, reduciéndolo a la nada.
Apertura del §. 3 y la Anatomía de la Disolución (Zerlaſſung): Al inaugurar la tercera operación fundamental del Sexto Título, el autor desglosa el concepto de Zerlaſſung (licuación, disolución o análisis por vía húmeda). Fiel a su método analítico, la fragmenta en tres niveles mecánicos de profundidad decreciente: la separación de los órganos o tejidos cohesionados (Zertrennung des aneinander-weſenden), la separación de una facción de la mezcla, y la disolución molecular total del todo en el solvente.
El Concepto de Cuerpo Contiguo (aneinander-weſendes): Becher define de forma magistral lo que hoy entendemos en biología como un organismo pluricelular o un sistema macroscópico integrado. Un cuerpo contiguo es una unidad funcional compuesta tanto por partes homogéneas (similares) como heterogéneas (órganos desiguales) acopladas sólidamente entre sí. Pone como ejemplos perfectos de esta cohesión anatómica al cuerpo humano (integrado por la unión solidaria de todos sus miembros, huesos y músculos) y a las plantas herbáceas (Kraut), donde la raíz, el tallo y las hojas cooperan enlazados constituyendo un único ser físico.
[151] La Cohesión Metálica Absoluta: Becher arranca situando al reino mineral en la cúspide de la resistencia física: «Ningún cuerpo se puede hallar que esté tan fuertemente cohesionado como un cuerpo metálico». Debido a la fijeza de su red salina y azufrada, romper la contigüidad de un metal exige una fuerza mecánica o química muy superior a la necesaria para desarmar los tejidos blandos de plantas y animales.
Mecánica de Superficies y «Disolución Preparatoria» (Præparatorische): El autor define con asombrosa precisión física la primera vía de disolución: la fragmentación mecánica mediante limas (Feylen), mazos de trituración (Stempffel) o morteros (Mörfner). Desarrolla de forma pionera el concepto de área de superficie específica: al pulverizar un sólido, sus partículas microscópicas («Punctlein») quedan «más expuestas en su superficie» («mehr ober-randiſch»), multiplicando las zonas de contacto para que los ácidos ataquen con mayor velocidad en la fase química posterior, bautizando legítimamente a esta molienda como una fase preparatoria.
Química de los Corrosivos (Etz-Waſſer): El segundo bloque introduce la disolución por vía húmeda mediante ácidos minerales fuertes («Etz-Waſſer» o aguas de grabado). Becher explica que los ácidos actúan de forma corpuscular, «devorando punto por punto» la red sólida del metal hasta romper sus enlaces y hacer que los cationes precipiten en el fondo del matraz en forma de un polvo microscópico e impalpable («unbefühlig Pulver»).
Especificidad de los Ácidos (Agua Regia y Agua Fuerte): El fragmento final es un hito de la metalurgia analítica del siglo XVII al establecer las leyes de afinidad química de los disolventes. Becher sistematiza que el oro (\(\odot \)) solo puede ser disuelto por el Aqua Regis (agua regia, mezcla de ácido nítrico y ácido clorhídrico), mientras que los metales restantes ceden ante el Aqua fort (agua fuerte o ácido nítrico puro). Justifica esto mediante su teoría pre-flogística: dado que el oro es el metal más denso y maduro, posee la mayor concentración de azufre fijo o «grasa mineral» («Je fetter ein Metall»), una condición molecular óptima que muestra una afinidad selectiva hacia los componentes clorados del agua regia.
[152] Preparación mecánica para el ataque ácido: Becher detalla con precisión las operaciones metalúrgicas previas a la disolución química. Para vencer la extrema cohesión de los metales, no basta con arrojarlos enteros al ácido; el operario debe batirlos hasta convertirlos en «Blätlein, oder Blechlein» (hojas delgadas o láminas de pan de oro/plata) para maximizar el área de contacto. Además, instruye ponerlas glüend machen (al rojo vivo o calcinarlas), un tratamiento térmico que eliminaba tensiones mecánicas y grasas superficiales, abriendo los poros del metal para que el reactivo (Solvirstück) actuara con máxima rapidez.
El instrumental del Laboratorio Barroco (Treyfuß): El texto ofrece un inventario del utillaje clásico de los iatroquímicos. Destaca la necesidad de controlar las fases de la reacción y de emplear herramientas específicas como el Treyfuß (trípode de hierro), soporte indispensable colocado sobre el hornillo de carbón para sostener los matraces de vidrio de fondo redondo donde se hervían los ácidos.
Precipitación y Dulcificación (Abſüſſung): Becher describe la secuencia analítica completa para recuperar un metal disuelto:
- Præcipitation (Precipitación): Añadir un reactivo (como sal común o un metal menos noble) para obligar al metal disuelto en el Fretzwaſſer (agua corrosiva) a precipitar en forma de polvo en el fondo.
- Abſüſſung (Dulcificación o lavado): Lavar repetidamente este polvo con agua destilada caliente hasta eliminar por completo los restos de los eßenden Spirituſen (espíritus corrosivos o ácidos), seguido de su desecación. Al residuo mineral purificado resultante se le llamaba, en la nomenclatura de la época, una cal metálica (Kalch).
El descubrimiento de la Luna Cornua (Plata Córnea): El fragmento aporta un dato de inmenso valor para la historia de la química al citar explícitamente a la Luna Cornua (término alquímico para designar al cloruro de plata, AgCl, donde Luna representa a la plata). Cuando la plata se disolvía en agua fuerte y se precipitaba con agua salada, se formaba un polvo blanco que, al fundirse suavemente, se enfriaba adoptando una consistencia resinosa y translúcida similar al cuerno de un animal. Becher advierte con precisión técnica que este compuesto adquiere una gran Flüchtigkeit (volatilidad) y que es sumamente difícil de überbracht (reducir o recuperar a metal puro en el crisol) porque tiende a evaporarse antes de fundirse si no se añade un fundente reductor adecuado (como el carbonato de sodio).
[153] Separación de Metales Nobles y Refinamiento Comercial: En las primeras líneas, Becher establece la utilidad industrial y analítica de la disolución ácida: la separación del oro (\(\odot \)) de la plata (\(\left.\mathbb{C}\right)\). Al tratar una aleación con agua fuerte, la plata se disuelve en forma de nitrato de plata mientras el oro precipita intacto como un lodo negro en el fondo, una operación metalúrgica de refino conocida históricamente como Inquartation.
La Reducción Metalúrgica como Prueba del Hilemorfismo: El autor expone un argumento epistemológico crucial. Cuando la cal metálica o polvo de óxido («metalliſchen Kalchs») se funde en el crisol empleando sales alcalinas reductoras («güßigen und zuſammenpunctirenden Saltzen», como el bórax o el tártaro), los átomos metálicos vuelven a aglutinarse recuperando su brillo, peso y maleabilidad macroscópica («wieder in ein aneinander-weſendes»). Para Becher, la reversibilidad de esta reacción demuestra de manera irrefutable que los ácidos corrosivos no destruyen la esencia íntima ni los elementos transmutables de los metales, sino que actúan meramente de forma mecánica fragmentando su andamiaje o estructura contigua.
Taxonomía de la Extracción por Afinidad Química: Al definir la disolución de una parte, Becher describe las dos metodologías clásicas de la iatroquímica para aislar las fracciones puras de la tríada (Tria Prima): las operaciones térmicas secas destructivas (destilación, calcinación, reverberación en hornos) y las operaciones por vía húmeda basadas en la afinidad o simpatía molecular («mitneigig durch die Extraction»).
Solubilidad Selectiva de los Aceites y el Aguarrás: El fragmento central detalla el principio fundamental de la boticaria barroca: «lo semejante disuelve a lo semejante» («ziehen fette und ſchweffeliche Sachen aus den Cörpern ihres gleichen heraus»). Becher explica que los disolventes orgánicos grasos, como el Spiritus Terpenthins (espíritu de trementina o aguarrás) o los aceites fijos comunes, poseen una afinidad selectiva hacia las fracciones sulfúreas (resinas y aceites esenciales) de las plantas. Al sumergir raíces o cortezas en ellos, el disolvente extrae limpiamente los principios activos oleosos afines, quedando cromáticamente impregnado o teñido («tingirt») por los pigmentos vegetales, sirviendo de base para la elaboración de tinturas y extractos medicinales puros aislados de la biomasa inerte.
[154] Operaciones para aislar la Tríada (Tria Prima): Becher ofrece una guía de laboratorio excepcional que vincula cada operación clásica con la extracción de un principio fundamental de Paracelso:
- Gährung (Fermentación): Actúa debilitando y rompiendo el Band (lazo o fuerza de atracción molecular) que mantenía unidos al Mercurio, al Azufre y a la Sal en la materia viva cruda.
- Diſtillirung (Destilación): El calor del alambique arrastra las fracciones más ligeras: el principio mercurial (los espíritus gaseosos o alcoholes) y el principio intermedio (los aceites esenciales).
- Calcinirung (Calcinación): Al quemar el residuo seco a altas temperaturas en el crisol, se destruye todo componente orgánico volátil, dejando expuesta de forma pura en las cenizas a la sal fija sólida («nemlich das Salz»).
Química analítica como herramienta diagnóstica: El texto plantea un paralelismo epistemológico muy avanzado entre las reacciones del matraz y la patología del cuerpo humano. Becher defiende que comprender cómo el arte separa las partes de un compuesto sirve al médico para diagnosticar las enfermedades. Si el médico sabe cómo se desmorona un aceite o una sal en la retorta, podrá deducir clínicamente cómo acontece la descomposición y disolución de los tejidos («des aneinander-weſenden») y los humores en el cuerpo del enfermo.
Manifiesto del «Compendio Breve» (kurtzen Begriffs): El autor justifica la concisión de su texto aclarando que esta sección opera como un manual sintético o prontuario. Promete desplegar las explicaciones médicas detalladas en las secciones prácticas complementarias («in der Auslegung»), ironizando que cualquier Liebhaber der Chymie (amante o aficionado a la química) que posea un sano juicio será capaz de correlacionar estas leyes térmicas de la licuación y la coagulación para aplicarlas con éxito tanto en la cabecera del enfermo como en los hornos de la botica.
La Disolución del Todo como Transmutación Química: Al final de la página, Becher introduce el escalón más profundo de la tercera operación (la Zerlaſſung o disolución). A diferencia de la molienda mecánica o la extracción de aceites, la Zertrennung des Ganzen (disolución o fragmentación del todo) describe un cambio químico irreversible: el reactivo original se disuelve de tal suerte que su Geſtalt (forma) y sus propiedades intrínsecas se alteran de forma absoluta («durchaus verwandeln»), abriendo las puertas al estudio de los procesos químicos naturales (como la digestión o la corrosión geológica) y artificiales (antinaturales) inducidos en los hornos.
[155] Mecánica de la carbonización destructiva: Becher detalla de forma corpuscular qué ocurre al quemar materia orgánica en el horno. El fuego violento destruye el orden natural del cuerpo. Su fracción ígnea activa, la Schwefelheit (la cualidad sulfúrea o principio del azufre/flogisto), pierde su andamiaje, se contrae en microgotas («zuſammen gepunctet wird») y colapsa transformándose en carbón sólido. Al mismo tiempo, la facción acuosa pasiva es expulsada por la Feuers-Macht (potencia del fuego) en forma de gases volátiles, humo y hollín («Rus»).
La Putrefacción como «Disolución Radical»: Frente a la violencia destructiva de las llamas, Becher ensalza la Fäulung (putrefacción o fermentación húmeda templada) como la verdadera vía analítica de la naturaleza. Al descomponer los cuerpos de forma lenta y endógena, no los aniquila, sino que ejecuta una separación wurzelmäßige (radical, desde las raíces mismas de la materia), devolviendo cada componente a sus principios originarios puros.
El dogma de la Regeneración (Wiedergeburt): El fragmento central devela el gran objetivo de la iatroquímica barroca: la Wiedergeburt (regeneración, renacimiento o resurrección de la materia). Inspirándose en nociones teológicas y en el paracelsismo, Becher postula que para purificar u optimizar una sustancia (metal o fármaco), primero se la debe hacer morir reduciéndola a su erſte Materi (materia prima) o estado seminal primigenio. Dado que el fuego destruye esta semilla, la putrefacción húmeda es la única Philoſophiſche Operation legítima capaz de desarmar la materia conservando su fuerza germinativa intacta.
Exhortación al Artífice (Künſtler): Becher cierra el capítulo advirtiendo firmemente al operario del laboratorio («Künſtler», el artista o químico práctico) que no confunda estas dos vías. La calcinación por fuego seco y la putrefacción por vía húmeda son operaciones «ſchnur-ſatracks entgegen» (absoluta y diametralmente opuestas). La palabra de reclamo al pie de la página, ſer, anuncia que en el folio 785 continuará detallando los efectos opuestos que sufren estos compuestos en el crisol de calcinar.
[156] La Calcinación Filosófica (Philoſophiſchen Calcination): Becher acuña un término fundamental de la iatroquímica avanzada al equiparar la putrefacción húmeda y templada con una calcinación filosófica. A diferencia de la calcinación metalúrgica ordinaria en muflas abiertas —que destruye la fase líquida y abrasa el azufre activo—, este método disuelve los lazos del sólido conservando intacto el binomio de la humedad radical y el calor latente («das Feuchte bey dem warmen erhalten»).
Dinámica Corpuscular de la Reconstitución: El autor detalla el proceso físico de reversibilidad del sistema. El azufre que durante la putrefacción inicial se había encogido y aislado en microgotas («zuſammen gepuncte Schweffel», pág. 778) expande sus fuerzas dinámicas buscando de nuevo su periferia («nach ſeinem Umkreiß trachtet»). Al estirarse estas cadenas químicas, atrapan y enlazan firmemente a las moléculas de agua circundantes, logrando «figiret» (fijar o cristalizar la humedad), dando vida a una síntesis molecular completamente nueva en el matraz.
El Axioma de la Transmutación y el Fuego Húmedo: El texto celebra uno de los principios rectores más famosos de la alquimia medieval y la física premoderna: «Deß einen Verderbung iſt eines andern Erzeugung», traducción germana del adagio aristotélico y escolástico Corruptio unius est generatio alterius [La corrupción de uno es la generación de otro]. Justifica así el uso de los fuegos húmedos o baños digestivos por encima del gemeine Feuer (fuego común de carbón), al que acusa de actuar de forma tosca quemando, desmoronando («zerrüttet») y exterminando las virtudes internas de la materia.
La Esterilidad por Análisis Fraccionado: En la segunda mitad de la página, Becher formula una ley analítica crucial que anticipa los debates sobre el vitalismo orgánico. Explica que la disolución de las partes (las técnicas de farmacia e iatroquímica para aislar aceites, destilar espíritus o lixiviar sales fías) es excelente para manufacturar medicamentos puros, pero resulta inservible si el objetivo del operador es la transmutación o la reproducción de metales. Cualquier compuesto que haya sido sometido a fermentaciones severas, destilaciones fraccionadas o lixiviaciones industriales con ácidos se vuelve «gantz untüchtig» (completamente estéril o incapaz para la reproducción), debido a que el análisis químico agresivo arranca de forma irreversible uno de los eslabones sutiles de la tríada (Tria Prima) indispensable para que acontezca una nueva cristalización o generación mineral autónoma.
[157] El peligro de los productos de la putrefacción (Gifft): Becher establece un límite terapéutico fundamental para la farmacia de su tiempo. Aunque en las páginas previas alabó la putrefacción como el método «filosófico» ideal para desmontar los metales sin romper sus gérmenes, advierte con dureza que en la elaboración de remedios vegetales o animales comunes, la putrefacción extrema e incontrolada altera radicalmente las propiedades de los humores, convirtiendo las sustancias en «Gifft und Verderben» (veneno y corrupción). Los verdaderos medicamentos de la botica espagírica son las fracciones puras, estables y aisladas de la tríada: los aceites, espíritus y sales.
Jerarquía de las Operaciones Analíticas: El autor consolida la función de la primera clase de disolución (la molienda mecánica o fragmentación de la estructura contigua explicada en la página 780). Reitera al lector que esta molienda es simplemente una Dienerin (servidora o auxiliar). No altera la esencia química por sí sola, pero es mecánicamente indispensable para romper la compacidad del sólido, aumentando su superficie de contacto para volverlo «más apto y manejable» antes de someterlo a los ataques de los ácidos (segunda disolución) o a las transmutaciones del horno (tercera disolución).
Apertura del §. 4 e Inversión Simétrica del Sistema: Becher inaugura la cuarta gran operación práctica del Sexto Título: la Coagulir- oder Gerinnung (coagulación o cristalización). Aplicando un riguroso criterio geométrico de simetría especular, postula que si el químico dispone de tres vías para desarmar la materia (vía húmeda, mecánica y térmica), la naturaleza y el arte disponen asimismo de tres vías para volver a solidificar los fluidos.
Taxonomía de la Solidificación en los Tres Reinos: El fragmento final es de un valor historiográfico extraordinario al clasificar cómo se condensa la materia sólida según la escala de complejidad de los tres reinos de la naturaleza:
- Reino Animal: La solidificación es una Einigung (unión, concepción o fusión de fluidos seminales), la fuerza orgánica más sutil.
- Reino Vegetal: Se manifiesta como una Coagulirung (coagulación o espesamiento de jugos), donde la savia líquida se espesa y se transforma en fibras duras, resinas o maderas.
- Reino Mineral: Recibe el nombre técnico de Figirung (fijación o cristalización refractaria), la operación metalúrgica y geológica por excelencia donde los vapores de las minas o las sales disueltas en los matraces se consolidan bajo redes cristalinas estables y densas capaces de resistir el embate directo del fuego.
[158] Simetría Especular de las Coagulaciones: Becher estructura formalmente la operación de la Gerinnung (coagulación) fragmentándola en tres niveles mecánicos que actúan como el reflejo inverso exacto («entgegen geſetzt») de las tres fases de disolución descritas en las páginas 779 y 780: la solidificación macroscópica de las mezclas, la fijación fraccionada de un componente y la cristalización química total.
Mecánica del Aglutinamiento por Desecación (Anknettung): El autor describe el primer método de fijación física macroscópica: el amasado o Anknettung. Pone como modelo la mezcla de polvos secos inertes con agua o Laimen (colas resinosas o pegamentos). Al someter la pasta al calor del horno, la humedad libre huye por evaporación («Feuchtigkeit verdämpffet»), obligando a las partículas secas a contraerse y endurecerse en una masa sólida. Becher destaca el carácter reversible de este enlace mecánico: basta con reintroducir el agua para que la estructura colapse y se disuelva de nuevo.
Termodinámica del Cambio de Estado por Frío (Andickung): En contraposición al calor que deseca, Becher analiza la solidificación por pérdida de energía térmica o Andickung. El agua actúa aquí por su cualidad fría intrínseca, retirando el movimiento molecular hasta lograr que el fluido «gefröret» (se congele), tomando como ejemplo cotidiano la formación y posterior derretimiento del hielo («Eyß»).
La Máxima de la Física Barroca (Lehr-Spruch): El fragmento central inmortaliza un célebre axioma corpuscular y de laboratorio de la química pre-flogística: «Was durch das Feuer gerinnet, das zergehet durch das Waſſer…». Becher esquematiza la naturaleza dual de las uniones materiales: los cuerpos cuya solidez depende de la evaporación del agua (como las arcillas secas o las colas) se desarman ante la humedad; mientras que los cuerpos cuya solidez depende del frío condensador (como las grasas heladas, las ceras o el hielo) se licúan de inmediato al tocar las llamas.
Hilemorfismo Farmacéutico y de Género: Al introducir la coagulirung de una parte, Becher describe los enlaces moleculares de afinidad íntima recurriendo a polaridades paracelsianas y naturales: el azufre buscando a la sal, lo volátil anclándose a lo fijo y, de manera bellísima, la atracción biológica del «der Mann am Weib» (el varón unido a la hembra), operando como la matriz explicativa de cómo las esencias se entrelazan en la retorta. El folio cierra con la signatura editorial Ddd 2 y el nexo tipográfico ſammen (continuación de zuſammen / en común).
[159] Afinidad y Oposición (Zusammenneigig y Wiederneigig): Becher concluye la idea de la página 787 sobre la cohesión molecular. Explica que las partes se enlazan mediante dos fuerzas dinámicas: la Zusammenneigigkeit (atracción por afinidad mutua o simpatía, entre elementos del mismo reino) y la Wiederneigigkeit (atracción por oposición o antipatía, donde un ácido y un álcali se buscan ávidamente para neutralizarse).
Los Grandes Axiomas de la Física Barroca: El texto compendia cuatro máximas fundamentales que gobernaban la ciencia pre-flogística:
- Das Schwache weicht dem Stärckern: Ley de desplazamiento químico; un reactivo con mayor afinidad expulsará al más débil de su unión.
- Gleiches geſellt ſich zum Gleichen: Base de la solubilidad (similia similibus solvuntur).
- Die Natur trachtet auf das Vollkommene: Tendencia teleológica de la materia hacia la estabilidad mineral.
- Des einen Leben iſt des andern Tod: Reedición del principio de conservación y transmutación (Corruptio unius est generatio alterius).
El Oro frente al Agua Común: El autor lanza una advertencia crucial para los metalurgistas y alquimistas sopladores vulgares. Afirma de forma tajante que «el agua común jamás se coagulará, con la fijeza debida, junto con el oro». Disolver oro en un ácido y pretender evaporar el líquido ordinario esperando que el agua se fije permanentemente en la red metálica es un error físico absoluto. El oro, por su extrema fijeza, rechaza los enlaces con líquidos volátiles comunes.
El Verdadero Reactivo (Solvir-Stück): Como conclusión del parágrafo, Becher redefine qué es un verdadero disolvente químico de alta escuela. Si el operador descubre un menstruo o agente («Ausflöß-Stück») que, tras disolver un metal noble, experimenta una cristalización conjunta y se enlaza «radicalmente» («wurzelmäßig») a él resistiendo el fuego del crisol (operación de la tercera coagulación), se halla ante un verdadero Solvir-Stück y una legítima Philoſophiſche Operation, abriendo las puertas a la transmutación y al refinamiento avanzado de los metales.
[160] El peligro del Laberinto Químico (unausfindlichen Labyrinth): Becher abre la página advirtiendo con una metáfora clásica de la Revolución Científica sobre el peligro de trabajar a ciegas. El operador que ignora las leyes de afinidad de la materia y violenta los reactivos se condena a «extraviarse en un laberinto sin salida» («unausfindlichen Labyrinth»), perdiendo el tiempo, el carbón de los hornos y destruyendo costosos metales preciosos.
Apertura de la quinta operación: La Zerrüttung (Destrucción): El §. 5 introduce la penúltima operación del Sexto Título. El término aleman antiguo Zerrüttung (asimilable a desarreglo, desorganización, resquebrajamiento o destrucción) define la ruptura definitiva de los lazos materiales de un compuesto. Fiel a su estructura simétrica, Becher la subdivide en una vía común (destrucción destructiva y errónea) y una vía filosófica (descomposición analítica útil).
Los cinco errores de la Destrucción Común: El fragmento central funciona como un manual de advertencias técnicas de laboratorio para evitar malas prácticas. Becher codifica cinco errores fundamentales que arruinan las mezclas:
- Combinar materiales heterogéneos que se repelen.
- Forzar ciclos inversos o contrarios de disolución y cristalización («wider die Ordnung der Natur»).
- Utilizar disolventes o sustancias incompatibles («nicht anſtändigen Sachen»), exigiendo transmutaciones físicamente imposibles para esa especie mineral.
- Someter los cuerpos a la violencia del fuego del crisol (tercer método de disolución), «devastándolos» y calcinándolos de forma destructiva fuera de su rango térmico regular.
- Acoplar principios defectuosos o pecar por sobre-manipulación («durch viel Præparation»). Becher advierte de forma muy avanzada que limpiar o destilar demasiadas veces un compuesto puede debilitarlo, forzándolo a perder sus «propias cualidades y virtudes» y provocando que el residuo inerte absorba impurezas indeseables del aire de los hornos.
[161] La Destrucción Filosófica como Análisis Reversible: Becher define la Philoſophiſche Zerrüttung (desorganización o deconstrucción molecular útil) como un proceso «con provecho». Utiliza el concepto de Hinderſichweichung (literalmente, el reblandecimiento retrógrado o repliegue hacia atrás), una operación donde el metal denso pierde sus propiedades macroscópicas, se vuelve unächtig (incorporal, frágil o etéreo) y se desvanece ante los ojos del operario, reduciéndose a la tierra mineral primigenia de la que brotó en la mina.
El Axioma del Oro Indestructible: El texto rescata uno de los adagios más célebres de la alquimia de los siglos XVI y XVII: «Es iſt leichter das Gold machen, als verwüſten» (Es más fácil fabricar el oro que destruirlo). Becher explica la física corpuscular de esta paradoja: el oro (\(\odot \)) posee una red salina tan perfecta y un aglutinante molecular o Leim (pegamento) tan poderoso que, si el químico logra desarmarlo mediante ácidos sutiles sin calcinarlo destructivamente, el metal tiende de forma espontánea a «reedificarse a sí mismo» y recristalizar gracias a su impulso natural. Para romper definitivamente esta cohesión áurea sin posibilidad de retorno, se requiere obligatoriamente la intervención técnica avanzada y la «mano experta» («nicht unerfahrne Hand») del metalurgista.
Apertura del §. 6: La Operación de la Perfección (Vollkommenheit): El parágrafo final introduce la sexta y última gran operación práctica del Sexto Título: la Vollkommenheit (el perfeccionamiento, maduración o quintaesencia). El autor divide esta meta en una vía natural (el desarrollo intrínseco de los cuerpos en el tiempo) y otra artificial o hecha por el arte en los hornos.
La Jerarquía de la Perfección Natural: Becher define la perfección natural como la consecución del rango óptimo asignado por el diseño de la naturaleza. Para ilustrarlo, equipara de forma brillante la embriología con la boticaria y la metalurgia: una malformación biológica («Mißgeburt») es un estado incompleto frente a la armonía del cuerpo humano; de igual forma, en los fluidos orgánicos, el vino representa el estado más noble y perfeccionado de los jugos fermentados, y en las entrañas de la tierra, el oro constituye el ápice absoluto de la madurez mineral, situándose por encima de todos los demás metales viles que aún no han completado su cocción geológica.
[162] Aceleración Tecnológica de la Naturaleza: Becher define la esencia de la química aplicada («durch Kunſt-gemachte Vollkommenheit») bajo un enfoque estrictamente moderno y pre-industrial: el arte no crea elementos de la nada, sino que actúa como un catalizador que auxilia a la naturaleza para que ejecute sus ciclos de purificación «con mayor rapidez y de manera más perfecta» («deſto geſchwinder und vollkommener würcke»). Esto se logra mediante dos pasos correlativos: expulsar las impurezas heterogéneas ajenas al cuerpo y condensar («Zuſammenpunction») las fracciones homogéneas útiles.
Taxonomía Analítica de las Impurezas: El autor reduce las impurezas macroscópicas a dos matrices físicas elementales: las fracciones flemáticas/acuosas («wäſſerig») y las fracciones refractarias/terrosas («erdiſch»). Sistematiza las operaciones físicas y mecánicas del taller para purificar mezclas cruzadas:
- Para apartar líquidos de sólidos: Emplea la Diſtillirung (destilación), Filtrirung (filtración por tamices o paños), Gefrierung (congelación fraccionada, donde el agua se hielo dejando los elixires concentrados), Præcipitirung (precipitación) y Auſhauchung (evaporación al aire libre).
- Para purificar tierras y minerales entre sí: Prescribe operaciones térmicas secas extremas, a saber, la Calcinirung (calcinación para quemar escorias) y la Sublimirung (sublimación para elevar en forma de cristales puros las sales volátiles del fondo del crisol).
El Ciclo de Aislamiento de las Sales: El fragmento central describe con nitidez el proceso iatroquímico para obtener sales puras. Al calcinar un material, el residuo negro del fondo es la caput mortuum (cabeza muerta o escoria terminal); mediante una posterior Auslegung (lixiviación, lixiviado o extracción por lavado con agua caliente), la sal soluble se disuelve abandonando la ceniza estéril; finalmente, mediante una Auſhauchung (evaporación o concentración del líquido al fuego), el agua se disipa dejando en el fondo del recipiente los cristales puros de sal listos para la botica.
La Tríada Instrumental (Fuego, Aire y Agua): Becher concluye la página otorgando a los elementos el rango de herramientas analíticas de purificación. Cada elemento tiene una misión mecánica asignada en el laboratorio: el fuego limpia los cuerpos destruyendo los componentes combustibles superfluos («von den Verbrennlichen», origen de su posterior teoría del flogisto); el aire actúa como un secante natural que arrastra los excesos de humedad («Feuchte»); y el agua opera como el solvente universal encargado de lavar y purificar las sales estables.
[163] Preparación física según el agente purificador: Becher concluye la idea de la página 791 dictando las reglas físicas de la interfase de purificación. Si el operador usa el fuego, la materia prima debe estar perfectamente desecada («trucken») para evitar explosiones por vapor; si emplea el aire, el sólido debe estar pulverizado, poroso y expandido («porôs und lucker») para que el aire arrastre los efluvios; y si se utiliza el agua, se debe disolver el cuerpo hasta volverlo completamente fluido («flüßig machen»), facilitando la acción de lavado osmótico.
Alteración de los Accidentes Macroscópicos: El texto define la modificación de las cualidades secundarias o accidentes («Zufälligkeiten»). Al purificar las partes homogéneas expulsando las impurezas, el cuerpo muta drásticamente ante los sentidos del boticario: cambia su color, su fragancia, su textura superficial (rugosidad o tersura) y su peso específico («Schweren und Leichten», gravedad y ligereza). Becher elude profundizar aquí en la física corpuscular de estos cambios cromáticos y ponderales, remitiendo formalmente al lector a la tercera sección de su célebre tratado Metallurgia.
La Maduración Esencial del Azufre (der Schwefel mehr gekocht): Más allá de los accidentes superficiales, el autor aborda la transmutación profunda o alteración esencial de la materia. Esta se ejecuta operando sobre la cohesión íntima del compuesto: obligando a que su componente ígneo activo —el azufre— experimente una cocción o maduración térmica más intensa («der Schwefel mehr gekocht»), mientras se regula la fase líquida pasiva («die Feuchte») para que sirva de vehículo idóneo hasta estabilizar una red cristalina perfecta.
El Arte que auxilia a la Naturaleza (unter die Arme greiffen): El fragmento final es un bellísimo manifiesto del pragmatismo de la Revolución Científica. Becher acuña la expresión alemana «der Natur unter die Arme greiffen» (socorrer o tomar bajo el brazo a la naturaleza). El químico no es un mago que crea oro o elixires de la nada; es un ingeniero que, tras aislar los ladrillos elementales de la materia («natürliche Urhebungen»), emula las fuerzas geológicas o biológicas del cosmos controlando de forma exacta las variables macroscópicas de la termodinámica y la hidratación: suministrando la humedad indispensable para que la masa de los cristales aumente y se multiplique («vermehret»), y dosificando el calor controlado de sus hornos para que los enlaces se sustenten y cristalicen con fijeza eterna.
[164] Definición de la «Sobreperfección» (Ubervollkommenheit): Becher abre la sección de adiciones del Sexto Título acotando el concepto de sobreperfección. Rompe con la física aristotélica al afirmar que el arte humano puede superar los límites de la naturaleza. Si bien el punto de partida son siempre los ladrillos naturales («natürliche Urhebungen»), el refinamiento extremo en el laboratorio purifica la materia a un nivel de excelencia y estabilidad molecular que la naturaleza salvaje bajo tierra jamás habría podido alcanzar por sí sola.
El Oro Muerto frente al Oro Vivo: El fragmento central traza una frontera fundamental en la metalurgia barroca. Becher llama al oro de mesa, los lingotes y las monedas del mercado el «oro muerto del hombre común» («todte Gold des gemeimen Manns»). Al estar solidificado e inerte, carece de dinamismo. En contraposición, el verdadero oro de los químicos es el oro vivo o renacido, un metal que ha sido devuelto a su estado de germen molecular mediante disolventes sutiles y que se halla «dentro de la actividad de la generación», lo que significa que conserva sus enlaces abiertos y listos para reaccionar.
La Administración del Fuego (Verwaltung des Feuers): El autor destaca que la clave para elevar el oro natural a este estado superior reside en la destreza del operador para gobernar las temperaturas del horno («Verwaltung des Feuers»). No se trata de aplicar calor bruto destructivo, sino de una dosificación matemática de los grados térmicos que purifica el principio del azufre fijo áureo sin volatilizarlo.
El Oro sobreperfeccionado como la Piedra Filosofal: Becher desvela la verdadera naturaleza de la transmutación. El oro sobreperfeccionado adquiere una propiedad multiplicadora: cuando una pequeña porción de este compuesto concentrado se proyecta y se «comunica» («mittheilt») dentro de un crisol con metales viles fundidos (como el plomo o el mercurio), actúa contagiando su fijeza y madurez molecular a toda la mezcla, transformándola instantáneamente en oro puro. Becher concluye eliminando las alegorías místicas del pasado al decretar que este oro hiper-refinado es materialmente la Tintura, el Elíxir universal y la Piedra Filosofal («Stein der Weiſen»).
[165] El León Rojo y el Lobo Gris (Oro y Antimonio): Becher aborda en esta sección el desciframiento de las alegorías químicas clásicas más crípticas, desvelando el significado de la primera clave metalúrgica de Basilio Valentín. El rothe Löw (León Rojo) es el símbolo del oro, mientras que el grauen Wolff (Lobo Gris) representa a la estibina o sulfuro de antimonio común. La batalla describe la purificación del oro mediante antimonio: al fundir oro impuro junto a estibina en el crisol, el antimonio devora y se alea con los metales base (cobre, plomo, hierro), purificando al oro nativo, el cual emerge triunfante en el fondo como un «glorioso príncipe de la victoria».
Las Águilas Virginales y la Prisión de Vidrio: La segunda fase del acertijo describe una operación de disolución y digestión hermética por vía húmeda. El oro purificado se introduce en un matraz redondo de cuello largo o huevo filosófico («durchſichtig Gefängnüß», prisión transparente) junto con diez o doce jungfräulichen Adlern (águilas virginales, término técnico para designar porciones de mercurio purificado o ácidos destilados volátiles). Sellar el matraz y «entregarle la llave a Vulcano» significa colocar el recipiente hermético sobre el calor constante y moderado del horno de laboratorio.
El Cadáver químico y la Fase del Cuervo (Raab): Becher describe la cinética de la reacción dentro del matraz cerrado utilizando la metáfora de una batalla donde el ácido («águilas») desgarra la estructura del oro («león») hasta provocar una Erfäulung (putrefacción o descomposición total). Dado que el matraz está sellado herméticamente, los vapores tóxicos no pueden escapar e infectan el sistema entero. Al colapsar los reactivos, brota la primera fase cromática de la Gran Obra: la Nigredo o fase del Cuervo negro (Raab), donde el compuesto se ennegrece por completo y se reduce a su materia prima.
Del Pavo Real a la Paloma (Cromatografía y Fijación): Aplicando de nuevo el axioma Corruptio unius est generatio alterius, el autor detalla la secuencia de virajes de color que experimentan los cristales metálicos durante la digestión continua en el horno:
- El Pavo Real (Pfau): La fase de la Cauda Pavonis, donde la superficie del precipitado metálico empieza a reflejar irisaciones polícromas debido a la formación de finas capas de óxidos cambiantes.
- La Paloma (Taube): La fase de la Albedo o fijación blanca. Becher recurre a la alegoría bíblica del Génesis: así como la paloma del Arca de Noé voló sobre las aguas del Diluvio («Sündsfluth») hasta encontrar tierra seca donde posarse, la sal blanca pura de los metales precipita y cristaliza de forma estable en el fondo del matraz, completando la fijación del componente volátil y marcando el éxito de la operación filosófica.
[166] El León Rojo y el Lobo Gris (Oro y Antimonio): Becher aborda en esta sección el desciframiento de las alegorías químicas clásicas más crípticas, desvelando el significado de la primera clave metalúrgica de Basilio Valentín. El rothe Löw (León Rojo) es el símbolo del oro (\(\odot \)), mientras que el grauen Wolff (Lobo Gris) representa a la estibina o sulfuro de antimonio común. La batalla describe la purificación del oro mediante antimonio: al fundir oro impuro junto a estibina en el crisol, el antimonio devora y se alea con los metales base (cobre, plomo, hierro), purificando al oro nativo, el cual emerge triunfante en el fondo como un «glorioso príncipe de la victoria».
Las Águilas Virginales y la Prisión de Vidrio: La segunda fase del acertijo describe una operación de disolución y digestión hermética por vía húmeda. El oro purificado se introduce en un matraz redondo de cuello largo o huevo filosófico («durchſichtig Gefängnüß», prisión transparente) junto con diez o doce jungfräulichen Adlern (águilas virginales, término técnico para designar porciones de mercurio purificado o ácidos destilados volátiles). Sellar el matraz y «entregarle la llave a Vulcano» significa colocar el recipiente hermético sobre el calor constante y moderado del horno de laboratorio.
El Cadáver químico y la Fase del Cuervo (Raab): Becher describe la cinética de la reacción dentro del matraz cerrado utilizando la metáfora de una batalla donde el ácido («águilas») desgarra la estructura del oro («león») hasta provocar una Erfäulung (putrefacción o descomposición total). Dado que el matraz está sellado herméticamente, los vapores tóxicos no pueden escapar e infectan el sistema entero. Al colapsar los reactivos, brota la primera fase cromática de la Gran Obra: la Nigredo o fase del Cuervo negro (Raab), donde el compuesto se ennegrece por completo y se reduce a su materia prima.
Del Pavo Real a la Paloma (Cromatografía y Fijación): Aplicando de nuevo el axioma Corruptio unius est generatio alterius, el autor detalla la secuencia de virajes de color que experimentan los cristales metálicos durante la digestión continua en el horno:
- El Pavo Real (Pfau): La fase de la Cauda Pavonis, donde la superficie del precipitado metálico empieza a reflejar irisaciones polícromas debido a la formación de finas capas de óxidos cambiantes.
- La Paloma (Taube): La fase de la Albedo o fijación blanca. Becher recurre a la alegoría bíblica del Génesis: así como la paloma del Arca de Noé voló sobre las aguas del Diluvio («Sündsfluth») hasta encontrar tierra seca donde posarse, la sal blanca pura de los metales precipita y cristaliza de forma estable en el fondo del matraz, completando la fijación del componente volátil y marcando el éxito de la operación filosófica.
[167] Estructura Enciclopédica del Séptimo Título: Becher inaugura el último y más célebre bloque de su tratado metodológico, enfocado en dotar al Künſtler (el artista o químico práctico) de las siete herramientas intelectuales y materiales indispensables para no fracasar en el laboratorio. Esta sección unifica el andamiaje del taller desde los reactivos puros y el herramental físico hasta la exégesis de los textos antiguos.
La Metáfora del Carruaje (wie einen Wagen): El autor propone una brillante analogía mecánica al afirmar que estos siete complementos deben articularse y emplearse «wie einen Wagen» (como un carro o carruaje). Del mismo modo que un carruaje se vuelve inútil si le falta una rueda, el eje o el tiro de caballos, la práctica química fracasa por completo si el operario domina los hornos pero ignora la nomenclatura simbólica, o si posee los reactivos pero carece de un método racional de lectura.
Pragmatismo frente a Escolástica (im Werck wiſſen): Becher reafirma su compromiso con la revolución científica al plasmar una severa advertencia en el prefacio: «es mucho mejor conocerlas a través de la práctica en el taller que hacer uso de muchas palabras a la manera especulativa» («beſſer iſt, dieſelbe im Werck wiſſen, als Speculations-weiß…»). Ataca el verbalismo estéril de las universidades tradicionales de su tiempo y exige un conocimiento empírico y táctil fundado en la experiencia de las manos.
Apertura de la Nomenclatura Química (§. 1): El parágrafo primero sistematiza de forma pionera la compleja estructura del lenguaje secreto de la alquimia y la iatroquímica del Barroco. Becher explica que los enunciados farmacéuticos y metalúrgicos se expresan bajo tres códigos lingüísticos diferenciados:
- Thierbedeutſam (Alegorías de animales): El código mitológico y poético que asimila reactivos y virajes de color a combates entre leones, lobos, cuervos y fénix (materia desarrollada en las páginas 796 y 797 que tradujimos previamente).
- Durch Ziffern (Por cifras o caracteres): El uso de símbolos astrológicos y abreviaturas de peso taquigráficas para encriptar las recetas (pág. 797).
- Durch Worte (Por palabras directas): El uso de términos técnicos descriptivos de base mineral, salina o vegetal.
[168] Egipto y el nacimiento de la Química (Allerälteſte): Becher abraza la tradición histórica de su época al situar el origen de la química en el Antiguo Egipto (origen etimológico de Khemia, la tierra negra del Nilo). Explica que los sacerdotes egipcios inmortalizaron el saber metalúrgico y farmacéutico en jeroglíficos tallados en obeliscos y columnas monumentales («Thier-bedeutſamen Säulen»).
La red de autoridades (Maier y Kircher): Para validar su tesis sobre la lectura química de los jeroglíficos, Becher cita a las máximas autoridades coloniales del misticismo y la lingüística del siglo XVII:
- Giovanni Pierio Valeriano (1477–1558): Autor de Hieroglyphica, el tratado de simbología más famoso del Renacimiento.
- Michael Maier (1568–1622): El gran médico y consejero alquimista del emperador Rodolfo II, autor de Atalanta Fugiens, célebre por decodificar los mitos clásicos en operaciones de laboratorio.
- Athanasius Kircher (1602–1680): El célebre erudito jesuita radicado en Roma, a quien Becher llama «venerable padre», que intentó descifrar de forma pionera los jeroglíficos egipcios en obras como Oedipus Aegyptianus, buscando claves físicas, lingüísticas y herméticas unificadas.
El código astroquímico tradicional: El fragmento central compendia la correlación clásica de las siete correspondencias macrocosmos-microcosmos entre los planetas y los metales puros, indispensable para entender los manuales de recetas de las boticas del Barroco: Sol = Oro (\(\odot \)), Luna = Plata (\(\left.\mathbb{C}\right)\)), Venus = Cobre (\venus), Marte = Hierro (\text{\Mars}), Júpiter = Estaño (\jupiter), Saturno = Plomo (\saturn) y Mercurio = Azogue (\mercurius).
La clave iatroquímica de los reactivos: Becher aporta el valor analítico fundamental de la página al decodificar la terminología hermética que los metalurgistas usaban para encriptar las sustancias corrosivas peligrosas de sus laboratorios:
- Der Wolff (El Lobo): El antimonio común o estibina, llamado «lobo de los metales» porque en el crisol devoraba ferozmente a las impurezas de los metales base, dejando libre solo al oro puro (fundamento del acertijo de la pág. 796).
- Der Drachen (El Dragón): El salitre o nitrato de potasio, denominado así por su carácter altamente deflagrante e ígneo al contacto con el carbón en la pólvora, simulando el fuego de un monstruo mitológico.
- Die Schlange (La Serpiente): El arsénico o los óxidos arsenicales, asociados a la serpiente por su naturaleza silenciosa, penetrante y letalmente venenosa.
- Der grüne Löw (El León Verde): El mercurio de los filósofos o menstruo ácido sutil cargado de sales de vitriolo verde.
El realismo de los símbolos (Eigenmäßigkeit): Becher concluye con una afirmación científica trascendental que anticipa la semiótica de la ciencia: el lenguaje secreto de la alquimia no es una fantasía caótica ni azarosa («nicht ohngefehr geſchehen ſey»). Los antiguos sabios eligieron cada animal basándose estrictamente en una Eigenmäßigkeit (una analogía física, propiedad mecánica o comportamiento reactivo real) que el compuesto manifestaba en el crisol o en el matraz, exigiendo al operario comprender la naturaleza del reactivo antes de forzar su unión.
[169] El León Rojo y el Lobo Gris (Oro y Antimonio): Becher aborda aquí el desciframiento de los jeroglíficos y las claves metalúrgicas de la tradición de Basilio Valentín. El rothe Löw (León Rojo) representa al oro (\(\odot \)), mientras que el grauen Wolff (Lobo Gris) denota a la estibina o sulfuro de antimonio común. El combate es la descripción poética de la purificación del oro mediante antimonio: al fundirlos juntos, el antimonio «devora» las impurezas y los metales base aleados (como el cobre o el plomo), dejando al oro puro libre y brillante en el fondo como un «glorioso príncipe de la victoria».
La Prisión de Vidrio y las Águilas Virginales: Tras la purificación, el oro se introduce en un matraz redondo de cuello largo o huevo filosófico («durchſichtig Gefängnüß», prisión transparente) junto con diez o doce porciones de mercurio purificado o ácidos destilados volátiles («jungfräulichen Adlern», águilas virginales). Darle la llave a Vulcano consiste en sellar herméticamente el cuello del vidrio mediante fuego y colocarlo sobre el calor constante y moderado del horno de digestión.
El Cadáver Químico y la Fase del Cuervo (Raab): Al no poder escapar los vapores corrosivos del frasco sellado, las «águilas» atacan el metal hasta que el oro pierde su forma macroscópica y colapsa en una Erfäulung (putrefacción o descomposición total). Este residuo pastoso y oscuro marca la aparición de la Nigredo o fase del Cuervo negro (Raab), paso indispensable donde la materia se reduce a su estado seminal o materia prima.
Del Pavo Real a la Paloma: Operando bajo la célebre máxima aristotélica de la física barroca («des einen Verderbung iſt des andern Erzeugung», la corrupción de uno es la generación de otro), el reordenamiento molecular en el matraz genera los virajes cromáticos tradicionales: primero la cola del Pavo Real (Pfau), irisaciones polícromas debidas a las capas de óxidos, y finalmente la Paloma blanca (Taube), que representa la Albedo o fijación de la greda virginal de los filósofos, donde los cristales metálicos puros precipitan estables tras el «diluvio» ácido interno.
[170] El Fénix y el Fruto Inmortal (unſterbliche Frucht): Becher culmina el desciframiento de la gran alegoría animal de la alquimia tardía. La Paloma blanca de la albedo («Philoſophen Kreide», tiza o greda de los filósofos) da paso a la fase terminal de la Rubedo (fijación roja), escenificada mediante el mito del Fénix (Phönix). Al avivar el fuego del horno («den der Vulcanus verbrennt»), el compuesto blanco se calcina dentro del matraz sellado; de sus cenizas minerales purificadas brota el elixir transmutatorio definitivo, calificado como un «unverweßliche, und unſterbliche Frucht» (fruto incorruptible e inmortal), la Piedra Filosofal capaz de erquickt (vivificar, transmutar o sanar) a todos los metales y cuerpos de la Tierra.
El Desciframiento Técnico (Spießglaß y Mercurius Philosophorum): En el segundo párrafo, Becher abandona la poesía hermética y traduce el acertijo a instrucciones técnicas claras para los metalurgistas y químicos modernos de su siglo. Explica que el león combatiendo al lobo denota purificar el oro fundiéndolo con Spießglaß (término histórico del alemán antiguo para designar al antimonio o estibina). El oro purificado se introduce en el matraz junto con un exceso ponderal exacto (10 o 12 partes) de Mercurius Philosophorum o ácido clorhídrico-nitrosado destilado sutil.
La Secuencia Cromática de la Retorta: El autor codifica la cinética y los virajes de color que guían al químico como indicadores de control de calidad durante los meses que dura la digestión hermética en el baño de arena:
- Schwärze (Negrura): La Nigredo o fase del cuervo, donde el ácido rompe la estructura cristalina del oro y la mezcla se vuelve oscura y fangosa.
- Weiſſen (Blancura): La Albedo o fase de la paloma, alcanzada tras pasar por una fase intermedia grisácea («graulichte Farb»), indicando la limpieza de las escorias carbonosas.
- Citronen-Farb (Color Citrino): La Citrinitas o fase amarilla, que acontece al incrementar la potencia del horno («ein ſtärcker Feuer»), reaccionando los complejos clorados de oro.
- Rothen Farb (Color Rojo): La Rubedo o fase del fénix, donde el compuesto se estabiliza como un polvo rojo denso y pesado que ha perdido toda volatilidad y ha completado su tránsito hacia una «Fixität» (fijeza refractaria absoluta), marcando la obtención de la tintura áurea.
[171] Clasificación de los Símbolos Químicos: Becher concluye la idea de la página anterior organizando los caracteres y símbolos de laboratorio («Characteres, oder Ziffern») en dos grandes familias funcionales: aquellos que representan materias (como el Sol para el oro, el azufre o la sal de mesa) y aquellos que designan operaciones de mano (abreviaturas taquigráficas para indicar destilación, calcinación, solución o filtración).
Cita a John Dee y la Monas Hieroglyphica: Ante la falta de espacio en el papel impreso para explicar el origen místico y geométrico de cada símbolo, Becher remite de forma directa a la máxima autoridad del esoterismo y las matemáticas del Renacimiento inglés: John Dee (1527–1608/9), astrólogo de la reina Isabel I. Dee publicó en 1564 la Monas Hieroglyphica (La mónada jeroglífica), un tratado donde demostraba geométricamente que todos los símbolos planetarios y metálicos de la química procedían de la combinación armónica de un único glifo primordial compuesto por la cruz (los cuatro elementos), el círculo (el Sol) y el semicírculo (la Luna), un texto de cabecera para los iatroquímicos del siglo XVII.
El Enigma de las Cifras de Paracelso: El fragmento central menciona la necesidad de descifrar las Paracelſiſchen Ziffern (cifras paracelsianas). Paracelso (1493–1541) y sus seguidores usaban marcas taquigráficas secretas y sistemas numéricos para ocultar las dosis de venenos metálicos (como el antimonio o el mercurio) en sus recetas médicas para evitar que fueran copiadas por boticarios rivales. Becher promete desvelar esta clave analítica en sus apéndices prácticos de laboratorio («in der Auslegung»).
Cierre del bloque de la Nomenclatura: En el último párrafo, el autor pasa muy por encima de la tercera vía lingüística (el uso de Worte, palabras directas u homónimos figurados). Concluye con pragmatismo que, dado que el uso de vocablos comunes es obligatorio para cualquier operario que redacte recetas, no tiene sentido malgastar papel listando diccionarios de sinónimos, dando por cerrado el apartado para dejar anunciado al pie del folio el inicio del §. 2, el cual pasará a examinar el segundo gran complemento del químico: los instrumentos y las herramientas del laboratorio.
[172] Clasificación de los Símbolos Químicos: Becher concluye la idea de la página anterior organizando los caracteres y símbolos de laboratorio («Characteres, oder Ziffern») en dos grandes familias funcionales: aquellos que representan materias (como el Sol para el oro, el azufre o la sal de mesa) y aquellos que designan operaciones de mano (abreviaturas taquigráficas para indicar destilación, calcinación, solución o filtración).
Cita a John Dee y la Monas Hieroglyphica: Ante la falta de espacio en el papel impreso para explicar el origen místico y geométrico de cada símbolo, Becher remite de forma directa a la máxima autoridad del esoterismo y las matemáticas del Renacimiento inglés: John Dee (1527–1608/9), astrólogo de la reina Isabel I. Dee publicó en 1564 la Monas Hieroglyphica (La mónada jeroglífica), un tratado donde demostraba geométricamente que todos los símbolos planetarios y metálicos de la química procedían de la combinación armónica de un único glifo primordial compuesto por la cruz (los cuatro elementos), el círculo (el Sol) y el semicírculo (la Luna), un texto de cabecera para los iatroquímicos del siglo XVII.
El Enigma de las Cifras de Paracelso: El fragmento central menciona la necesidad de descifrar las Paracelſiſchen Ziffern (cifras paracelsianas). Paracelso (1493–1541) y sus seguidores usaban marcas taquigráficas secretas y sistemas numéricos para ocultar las dosis de venenos metálicos (como el antimonio o el mercurio) en sus recetas médicas para evitar que fueran copiadas por boticarios rivales. Becher promete desvelar esta clave analítica en sus apéndices prácticos de laboratorio («in der Auslegung»).
Cierre del bloque de la Nomenclatura: En el último párrafo, el autor pasa muy por encima de la tercera vía lingüística (el uso de Worte, palabras directas u homónimos figurados). Concluye con pragmatismo que, dado que el uso de vocablos comunes es obligatorio para cualquier operario que redacte recetas, no tiene sentido malgastar papel listando diccionarios de sinónimos, dando por cerrado el apartado para dejar anunciado al pie del folio el inicio del §. 2, el cual pasará a examinar el segundo gran complemento del químico: los instrumentos y las herramientas del laboratorio.
[173] División instrumental del Laboratorio: Becher sistematiza el equipamiento del taller de manera funcional. El instrumental se fragmenta estrictamente entre las herramientas mecánicas de hierro destinadas a regir la combustión del horno y los recipientes de almacenamiento o destilación química encargados de contener las sustancias reactivas («Materien»), adaptando cada material al tipo de agresión física que recibirá.
La metalurgia del Antimonio (Regulum Antimonii): El texto describe una operación reina de la minería de la época: la obtención del régulo de antimonio (antimonio metálico puro extraído de la estibina nativa). Becher menciona el uso indispensable del Giesbuckel (un cono invertido o lingotera de hierro fundido). Al fundir el mineral con hierro y sales fundentes, la mezcla se vierte en este cono metálico; debido a las diferencias de peso específico, el antimonio metálico denso sedimenta en la punta del cono adoptando una morfología de botón metálico brillante que los ensayadores barrocos denominaban «régulo».
Manual de Seguridad y Protección del Alquimista: El fragmento central es de un valor histórico incalculable para el estudio de la higiene y seguridad laboral premoderna. Becher revela que los laboratorios del siglo XVII eran lugares sumamente peligrosos y prescribe protecciones activas contra las quemaduras y la ceguera por radiación infrarroja:
- Genetzte Handſchuhe: Guantes de tela de lino empapados constantemente en agua para poder manipular los crisoles al rojo vivo sin quemarse las manos.
- El plato visor de madera: Un ingenioso escudo facial consistente en una tabla de madera gruesa con una pequeña mirilla central. El operario miraba a través del agujero protegiendo sus ojos («unverletzt der Augen») y su rostro de las proyecciones de escoria hirviente, los destellos incandescentes y los gases ácidos que emanaban de las bocas del horno.
El tren de destilación clásica de Vidrio: Hacia las líneas finales, el autor enumera los componentes de vidrio soplado refractario que conformaban el engranaje de la destilación por vía húmeda: el Kolben (matraz o balón de fondo redondo donde hervía la mezcla), la Retorten (retorta de vidrio con cuello inclinado hacia abajo), el Helm (capitel o alambique que condensaba los vapores en la parte superior) y las Vorlagen (recipientes receptores o alargaderas encargados de recolectar las esencias o ácidos puros destilados).
[174] Materiales específicos para reacciones selectivas: Becher detalla un inventario donde la elección del material responde a criterios químicos rigurosos. El uso de recipientes de cobre («kupffern Geſchirr») se prescribe específicamente para manipular la plata (denominada bajo el código astral de Luna o Lunæ), ya que los ensayadores sabían que al disolver plata en ácido nítrico, introducir placas de cobre provocaba una reacción de desplazamiento que hacía «præcipitiren» (precipitar) el metal noble en un polvo puro que luego debía ser lavado o dulcificado («abzuſüſſen»).
Metrología y Balanzas de Precisión (Aufzieh-Wag): Fiel a la transición cuantitativa del tratado, la balanza es un requisito obligatorio. El texto exige dos escalas de pesaje: una robusta para los reactivos bastos en bruto y una Aufzieh-Wag (término histórico para las balanzas de resorte o balanzas de precisión de platillos colgados), capaz de registrar fracciones mínimas de onza o granos indispensables para la ley de los ensayos de metales preciosos.
Filtración y Cronometría (manica Hippocratis): El catálogo incorpora la manica Hippocratis (manga de Hipócrates), un filtro de tela cónico de lana o lino muy popular desde la Edad Media para clarificar elixires y separar precipitados finos. Llama la atención la inclusión de una Schlag-Uhr (reloj de sonería o péndulo) y un Calender (calendario): el tiempo se convierte en una variable controlada en el laboratorio barroco para medir con exactitud las horas de destilación o las semanas requeridas por los ciclos de digestión húmeda.
Advertencia contra el fetichismo instrumental (Nebenwerck): La sección final del párrafo ofrece un valiosísimo consejo pedagógico. Becher reprende a los aficionados y falsos alquimistas sopladores que gastan fortunas comprando costosos Brenn-Oefen (hornos de fundición o destilación) y vajillas de laboratorio sin comprender la teoría. Exhorta al estudiante a no ser «demasiado afanoso» acopiando herramientas accesorias («Nebenwerck»), recordándole que el verdadero secreto de la ciencia radica en dominar primero los fundamentos teóricos («Fundamenten ſelbſten») en su mente.
[175] Crítica al fetichismo material de la aristocracia: Becher lanza una durísima crítica social y metodológica contra la ostentación barroca en la ciencia. Describe laboratorios principescos tan lujosos que parecían la morada del mítico Hermes Trismegisto, colmados de carísimos vidrios importados de Venecia («Venediische […] Gläſer») y hornillos sofisticados que quemaban Brantwein (aguardiente o alcohol destilado, un combustible de lujo sumamente caro en la época empleado para mantener fuegos suaves constantes). El autor constata con ironía que de estos pomposos palacios químicos solían salir resultados mediocres o nulos, porque los groſſe Herren (grandes señores) confundían la opulencia del mobiliario con el dominio real de la ciencia.
El triunfo científico de los «Pobres Diablos» (arme Schlucker): Frente al despilfarro cortesano, Becher ensalza la figura del operario humilde, al que califica con el modismo alemán «gar arme Schlucker» (pobres diablos, desharrapados o desvalidos). Estos trabajadores, operando en sótanos oscuros con vasijas de barro ordinario («irdene Geſchirre») y el hornillo más pequeño e insignificante («Oefelein»), lograban penetrar hasta los secretos más íntimos de la transmutación y la farmacia. Su éxito radicaba en que suplían la falta de dinero con un andamiaje intelectual superior: un profundo e integral conocimiento de la ciencia («Wiſſenſchafft»).
El principio de parsimonia de la Naturaleza: Para justificar que el químico trabaje con un instrumental austero, Becher evoca una máxima fundamental de la Revolución Científica: «gleichwie die Natur mit wenigen vergnügt» (del mismo modo que la naturaleza se contenta con poco / opera por las vías más sencillas). El verdadero investigador de la naturaleza («Natur Erforſchern») debe rechazar la ostentación y el orgullo, adaptando su laboratorio a la elegante simplicidad de las leyes físicas.
Trabajo manual e higiene laboral: En el último párrafo, el autor introduce una regla pedagógica y de seguridad esencial. Exige que el Liebhaber der Chymie (amante de la química) abandone la comodidad del escritorio y manipule los crisoles y ácidos «mit eigenen Händen» (con sus propias manos). Solo el contacto directo con la materia otorga la verdadera destreza técnica. Sin embargo, añade una advertencia sombría sobre los peligros del laboratorio (gases de mercurio, arsénico, explosiones y deudas): insta al operario a no entregarse al oficio con una obsesión enfermiza o «ansiedad» tal que termine destruyendo su gute Nahm (reputación / buen nombre) ante la sociedad o perdiendo la Leben (la vida misma) entre los vapores venenosos de los hornos.
[176] Productos apícolas y segregaciones orgánicas: Becher concluye la sección del reino animal detallando el uso de subproductos metabólicos muy cotizados en la botánica y farmacia del siglo XVII. Menciona la miel («Hönig») y la cera («Wax»), junto con segregaciones internas humorísticas como la bilis («Gall»), empleada habitualmente en el laboratorio como un agente tensioactivo natural para emulsionar aceites y dispersar bálsamos densos.
La Fitoterapia Analítica: Al abordar el reino vegetal («Die Kräuter»), el autor ofrece una excelente disección anatómica de los insumos botánicos para la botica espagírica. El químico debe fraccionar la planta separando las cortezas («Rinden»), flores («Blumen») o semillas («Saamen») debido a que las concentraciones de resinas («Hartze») y aceites esenciales («Oel») varían en cada órgano, exigiendo técnicas de destilación o prensado diferenciadas.
Geoquímica y Combustibles Fósiles (Naphtha): En el reino mineral, Becher introduce conceptos clave de la minería de su tiempo. Clasifica los metales junto con sus Schlacken (escorias o subproductos de fundición), tierras arcillosas y sales. Llama la atención la inclusión de la Naphtha (nafta / petróleo crudo nativo), definida de forma muy avanzada como un «jugo coagulado en el interior de la tierra». En el Barroco, el petróleo bituminoso filtrado de las rocas se consideraba una variedad de azufre mineral líquido altamente puro debido a su extrema inflamabilidad. Asimismo, cita las Wildbad-Waſſer (aguas termales o minero-medicinales), analizadas en la época por sus altos contenidos de azufre y sales disueltas.
El Doble Agua Mercurial como la Clave del Arte: En la segunda mitad de la página, Becher aborda la física teórica de la alta alquimia. Desvela que bajo el nombre críptico de «materia filosófica» se esconde el «gedoppelte mercurialiſche Waſſer» (doble agua mercurial), un menstruo o disolvente ácido ultrapurificado capaz de abrir los metales nobles. Advierte al estudiante sobre una trampa lingüística recurrente en los textos antiguos: la confusión entre la materia remota (el mineral crudo tal como sale de la mina) y la materia preparada (el principio activo ya aislado). Los autores medievales solían usar el mismo término para ambos estados («tomando el continente por el contenido»), llamando a la roca madre la Beer-Mutter (matriz) de donde nacerá el agua filosofal tras semanas de laboriosa destilación.
[177] Productos apícolas y segregaciones orgánicas: Becher concluye la sección del reino animal detallando el uso de subproductos metabólicos muy cotizados en la botánica y farmacia del siglo XVII. Menciona la miel («Hönig») y la cera («Wax»), junto con segregaciones internas humorísticas como la bilis («Gall»), empleada habitualmente en el laboratorio como un agente tensioactivo natural para emulsionar aceites y dispersar bálsamos densos.
La Fitoterapia Analítica: Al abordar el reino vegetal («Die Kräuter»), el autor ofrece una excelente disección anatómica de los insumos botánicos para la botica espagírica. El químico debe fraccionar la planta separando las cortezas («Rinden»), flores («Blumen») o semillas («Saamen») debido a que las concentraciones de resinas («Hartze») y aceites esenciales («Oel») varían en cada órgano, exigiendo técnicas de destilación o prensado diferenciadas.
Geoquímica y Combustibles Fósiles (Naphtha): En el reino mineral, Becher introduce conceptos clave de la minería de su tiempo. Clasifica los metales junto con sus Schlacken (escorias o subproductos de fundición), tierras arcillosas y sales. Llama la atención la inclusión de la Naphtha (nafta / petróleo crudo nativo), definida de forma muy avanzada como un «jugo coagulado en el interior de la tierra». En el Barroco, el petróleo bituminoso filtrado de las rocas se consideraba una variedad de azufre mineral líquido altamente puro debido a su extrema inflamabilidad. Asimismo, cita las Wildbad-Waſſer (aguas termales o minero-medicinales), analizadas en la época por sus altos contenidos de azufre y sales disueltas.
El Doble Agua Mercurial como la Clave del Arte: En la segunda mitad de la página, Becher aborda la física teórica de la alta alquimia. Desvela que bajo el nombre críptico de «materia filosófica» se esconde el «gedoppelte mercurialiſche Waſſer» (doble agua mercurial), un menstruo o disolvente ácido ultrapurificado capaz de abrir los metales nobles. Advierte al estudiante sobre una trampa lingüística recurrente en los textos antiguos: la confusión entre la materia remota (el mineral crudo tal como sale de la mina) y la materia preparada (el principio activo ya aislado). Los autores medievales solían usar el mismo término para ambos estados («tomando el continente por el contenido»), llamando a la roca madre la Beer-Mutter (matriz) de donde nacerá el agua filosofal tras semanas de laboriosa destilación.
[178] La metáfora del «Trabajo de Mujeres» (Weibers-Arbeit): Becher concluye la nota aclaratoria sobre la materia filosófica citando un famosísimo aforismo de la literatura hermética medieval (atribuido tradicionalmente a autores como Geber o el Pseudo-Lulio): la Gran Obra es «un trabajo de mujeres y un juego de niños» («ein Weibers-Arbeit und Kinder-Spiel»). Explica con pragmatismo que cuando un texto afirma que el secreto no requiere manipulaciones complejas de laboratorio sino que basta con un saber doméstico de cocina, el autor clásico se refiere estrictamente a que se está operando con la materia prima ya pura, la cual solo necesita un calor suave constante similar al de un fogón hogareño para madurar de forma autónoma.
Sistematización de las Cuatro Vías Térmicas: Al inaugurar el §. 4, el texto ofrece una de las clasificaciones operacionales más ordenadas de la iatroquímica del siglo XVII. Becher reduce el caótico universo de las maniobras del taller a cuatro troncos de transferencia térmica gobernados por el fuego («Des Feuers Bürckung ſeyn vier»), actuando cada uno como una categoría madre que engloba técnicas secundarias:
- Digerirung (Digestión): Categoría que ampara los procesos húmedos biológicos lentos como la disolución, la fermentación biliar o putrefacción y la evaporación suave.
- Sublimirung (Sublimación): Matriz que engloba la destilación con alambique, la Rectificirung (rectificación o purificación por segundas destilaciones), la separación fraccionada y la Cohobation (cohobación, técnica consistente en volver a verter el líquido destilado sobre las heces secas del fondo para extraer más esencias).
- Calcinirung (Calcinación): Rúbrica refractaria que incluye la cementación de metales, la reverberación en hornos abiertos de llama directa y la Glaſsmachung (vitrificación de escorias).
- Gieſſung (Fundición): El área de la metalurgia analítica aplicada al derretimiento de lingotes y a los Proben (ensayos de ley de metales preciosos en copela).
Termodinámica del Primer Grado de Calor: El fragmento final define la física corpuscular de la Digerirung. Becher la sitúa de forma matemática en el «erſten Grad der Hitz» (primer grado de calor, el rango más bajo de los hornos, equivalente al calor corporal o al de un baño María templado). El objetivo de este fuego lento y continuo es puramente cinético: no busca romper los enlaces de forma violenta, sino suministrar la energía mínima indispensable para que la humedad latente se caliente y comience a infiltrarse de forma homogénea entre los poros de las partículas terrosas densas, templando («gemäßiget») sus accidentes y preparando el compuesto para una licuación o fermentación perfecta.
[179] Mecánica de Fluidos en la Rectificación (Phlegma): Becher define la Rectificirung (rectificación o destilación fraccionada) basándose en variables de peso específico y densidad de los líquidos. Al calentar una mezcla cruda mediante una langſame Wärme (calor lento), el operador separa la fracción medicinalmente activa (Spiritus) de la porción acuosa inerte e impura, denominada bajo el término griego clásico de phlegma o flema. El autor detalla de forma corpuscular avanzada que, dependiendo de cuál de las dos fracciones sea más densa y pesada, el espíritu ascenderá primero dejando la flema en el fondo, o viceversa.
La Cohobación como volatilizador de los sólidos: El texto describe la Cohobatio (cohobación) como un proceso cíclico de retroalimentación química. Consiste en destilar un líquido volátil sobre un residuo sólido fijo, volver a verter el destilado sobre las heces secas del fondo e iniciar de nuevo la operación repetidas veces. Becher detalla un fenómeno molecular asombroso para la época: mediante este ciclo íntimo constante, las cadenas volátiles consiguen arrastrar y «volatilizar» a las partículas fijas («mit den Flüchtigen, auch flüchtig»), logrando que el sólido ascienda por las paredes del matraz, mientras que el líquido se enriquece fijando las virtudes minerales del fondo. Esta operación se ejecutaba en vasos de circulación colocados en Aſchen (cenizas, el término histórico del argot metalúrgico para el baño de arena fino que rodeaba al matraz para distribuir el calor de forma homogénea).
La Fuerza del Fuego (Feuers-Zwang) y las Cales Metálicas: Al abordar la calcinación, el autor eleva drásticamente la potencia térmica hacia el tercer grado de fuego, caracterizado por el Feuers-Zwang (la fuerza, coacción o violencia de las llamas directas). A diferencia de las digestiones suaves, esta operación destruye de forma violenta todo componente orgánico o volátil, incinerando el cuerpo hasta reducirlo a cenizas estériles. Becher aclara que la nomenclatura procede de que la materia se transforma en una Kalch (cal metálica u óxido de grano fino), residuo poroso indispensable a partir del cual el químico puede lixiviar y aislar las sales esenciales fijas de la sustancia.
La Cementación en Muflas (Cementirung): En las líneas finales, Becher introduce la Cementirung (cementación), una técnica fundamental de la metalurgia aurífera y el endurecimiento del hierro. Consiste en cortar el metal en Blechlein (láminas muy delgadas) para maximizar el área de contacto, empaquetándolas capa por capa alternadas con polvos corrosivos reactivos (como sal, vitriolo o ladrillo molido) dentro de una caja refractaria cerrada o Püren (arca, caja de cementar o mufla), preparándolas para un tratamiento térmico prolongado en el horno sin llegar al punto de fusión.
[180] Mecánica de Fluidos en la Rectificación (Phlegma): Becher define la Rectificirung (rectificación o destilación fraccionada) basándose en variables de peso específico y densidad de los líquidos. Al calentar una mezcla cruda mediante una langſame Wärme (calor lento), el operador separa la fracción medicinalmente activa (Spiritus) de la porción acuosa inerte e impura, denominada bajo el término griego clásico de phlegma o flema. El autor detalla de forma corpuscular avanzada que, dependiendo de cuál de las dos fracciones sea más densa y pesada, el espíritu ascenderá primero dejando la flema en el fondo, o viceversa.
La Cohobación como volatilizador de los sólidos: El texto describe la Cohobatio (cohobación) como un proceso cíclico de retroalimentación química. Consiste en destilar un líquido volátil sobre un residuo sólido fijo, volver a verter el destilado sobre las heces secas del fondo e iniciar de nuevo la operación repetidas veces. Becher detalla un fenómeno molecular asombroso para la época: mediante este ciclo íntimo constante, las cadenas volátiles consiguen arrastrar y «volatilizar» a las partículas fijas («mit den Flüchtigen, auch flüchtig»), logrando que el sólido ascienda por las paredes del matraz, mientras que el líquido se enriquece fijando las virtudes minerales del fondo. Esta operación se ejecutaba en vasos de circulación colocados en Aſchen (cenizas, el término histórico del argot metalúrgico para el baño de arena fino que rodeaba al matraz para distribuir el calor de forma homogénea).
La Fuerza del Fuego (Feuers-Zwang) y las Cales Metálicas: Al abordar la calcinación, el autor eleva drásticamente la potencia térmica hacia el tercer grado de fuego, caracterizado por el Feuers-Zwang (la fuerza, coacción o violencia de las llamas directas). A diferencia de las digestiones suaves, esta operación destruye de forma violenta todo componente orgánico o volátil, incinerando el cuerpo hasta reducirlo a cenizas estériles. Becher aclara que la nomenclatura procede de que la materia se transforma en una Kalch (cal metálica u óxido de grano fino), residuo poroso indispensable a partir del cual el químico puede lixiviar y aislar las sales esenciales fijas de la sustancia.
La Cementación en Muflas (Cementirung): En las líneas finales, Becher introduce la Cementirung (cementación), una técnica fundamental de la metalurgia aurífera y el endurecimiento del hierro. Consiste en cortar el metal en Blechlein (láminas muy delgadas) para maximizar el área de contacto, empaquetándolas capa por capa alternadas con polvos corrosivos reactivos (como sal, vitriolo o ladrillo molido) dentro de una caja refractaria cerrada o Püren (arca, caja de cementar o mufla), preparándolas para un tratamiento térmico prolongado en el horno sin llegar al punto de fusión.
[181] La técnica del Stratum super stratum y la cementación: Becher concluye la descripción de la Cementirung detallando el empaquetado tridimensional de los reactivos. Utiliza la célebre fórmula técnica latina Stratum ſuper ſtratum (abreviada comúnmente como S.S.S. en los manuales barrocos), consistente en intercalar capas alternas de láminas metálicas y polvos corrosivos. El incremento térmico debe ser Stuffenweiß (gradual o por escalas), permitiendo que los ácidos secos y vapores penetren lentamente la estructura íntima del metal sin llegar a derretirlo.
Dinámica del fuego de Reverberación y los Poros de la Materia (Schweißlöchcher): Al abordar el fuego de reverberación, el autor aporta una definición física brillantísima. La llama debe lamer, envolver y «atravesar» el mineral, pero con el límite estricto de evitar que este se licúe. Becher fundamenta esto bajo una teoría de mecánica de superficies muy avanzada: si el sólido se derrite, la masa fluida colapsa, sellando herméticamente sus Schweißlöcher (poros o conductos de transpiración molecular), lo que impediría que los gases del fuego sigan penetrando para purificar el compuesto. Esta técnica se empleaba para obtener el codiciado polvo rojo u óxido de hierro/mercurio, base de las tinturas y las sales puras lixiviadas.
El Cuarto Grado de Fuego y los Ensayos Metalúrgicos (probiret): La Gieſſung (fundición) corona la escala térmica al situarse firmemente en el vierdten Grad des Feuers (cuarto grado de fuego, la temperatura más alta alcanzable en los hornos de tiro forzado con fuelle). Esta violencia térmica es la herramienta indispensable para romper por completo la cohesión mineral y forzar a los metales a licuarse, permitiendo las tareas de refino, vitrificación de gangas y los Proben (ensayos de copelación y leyes de pureza para la acuñación de moneda).
El Orden Operativo y el Proverbio Cervecero Germano (Hopffen und Maltz verlieren): El fragmento final condensa la filosofía práctica de Becher mediante un refrán tradicional alemán de gran sabor popular: «Hopffen und Maltz verlieren» (perder el lúpulo y la malta), expresión originada en los gremios de maestros cerveceros para denotar que un descuido arruinaba por completo toda la cosecha y el trabajo invertido. El autor advierte que el operario que carezca de un método ordenado e invierta las operaciones (aplicando calor de fusión a lo que debe cristalizar o viceversa) desperdiciará el carbón, romperá los vasos y malogrará los reactivos, exhortando al estudiante a sincronizar sus pasos con los tiempos reales de la naturaleza y del arte.
[182] Mecánica de separación de fases mediante el Scheid-Gefäß: Becher detalla un paso crucial en la destilación de plantas aromáticas. Al hervir la biomasa fermentada, los vapores condensados caen mezclados en la Vorlage (recipiente receptor). Para separar el aceite esencial insoluble del alcohol (Spiritus) y del agua inerte (Phlegma), los iatroquímicos utilizaban el Scheid-Gefäß (vaso de separación, antepasado directo del embudo de decantación de vástago largo). El operario separaba los líquidos por Abneigung (decantación o vertido lateral lento), aprovechando que el aceite flotaba o sedimentaba según su densidad. El espíritu y el aceite representaban la fracción más noble y destructible («feuriger Theil», porción ígnea), mientras que la sal encarnaba la fijeza refractaria absoluta.
Los «Aceites Metálicos» mediante Ácidos: En el bloque mineral, el texto describe la preparación de licores metálicos densos, denominados poéticamente «aceites de metales». Becher instruye tomarlos a partir de las cales (óxidos metálicos de grano fino de la pág. 806) y someterlos a digestión húmeda prolongada con ſaltzigen Spirituſen (espíritus salinos u óxidos ácidos, como el ácido clorhídrico o espíritu de sal), transformando el polvo insoluble en una solución coloreada densa y viscosa de cloruros metálicos.
El Amortiguamiento con Mercurio (ertödtet): Al detallar la conversión de metales en espíritus o vitriolos, Becher emplea el término técnico iatroquímico ertödtet (amortiguar, matar o fijar con mercurio). «Matar» un metal (como el plomo o el estaño) consistía en verter mercurio líquido sobre él para disolver su red cristalina dura y transformarlo en una amalgama pastosa o polvo grisáceo inerte, alterando sus propiedades físicas mecánicas originales para volverlo atacable por los ácidos.
Sales de Reanimación (wiederaufweck-Saltze) y Revivificación: El último párrafo condensa la secuencia metalúrgica para aislar el «mercurio de los metales» (las fracciones volátiles puras). Para arrancar este componente de la red del metal, Becher prescribe añadir witteraufweck-Saltze (sales de reanimación o reactivos alcalinos/amoniacales activos que despertaban los enlaces dormidos), sometiendo la masa a putrefacción húmeda y sublimación térmica hasta lograr la Wiederbelebung (revivificación), operación metalúrgica final donde el metal recuperaba su estado líquido o nativo puro en el cuello de la retorta.
[183] Síntesis Industrial de los Vitriolos (Späne): Becher detalla una técnica clásica de la metalurgia química barroca para manufacturar vitriolos (sulfatos metálicos, como el sulfato de cobre o de hierro) artificiales en el taller. Instruye tomar Späne (virutas o limaduras metálicas de desecho) y triturarlas junto con flores de azufre amarillo. Al calcinar la mezcla al fuego, el azufre se oxida formando sulfatos que luego son ausgelüget (lixiviados o lavados con agua hirviendo); al filtrar el líquido y dejarlo evaporar («angedickt»), precipitan hermosos cristales puros de vitriolo listos para los tintes o la medicina.
Vitrificación con Fundentes (Weinſtein-Saltzes): El texto describe los componentes que se añaden para forzar la vitrificación («Glaſsmachung») de los residuos refractarios y la formación de escorias duras o Philiſturen (filisteos, costras vítreas de fundición descritas en la pág. 768). Para romper la compacidad de las piedras de sílice («Kiſelſteine»), Becher prescribe el uso de fundentes alcalinos potentes: el salitre y la Weinſtein-Saltzes (sal de tártaro o carbonato de potasio obtenido de las liendres del vino), sustancias que rebajaban el punto de fusión del cuarzo en el crisol.
La Transición Lingüística de las Operaciones Filosóficas: En la segunda mitad de la página, Becher formula la regla de oro para descifrar la literatura hermética antigua. Advierte al estudiante que todas las operaciones mecánicas comunes (sublimar, destilar, calcinar) cambian por completo de significado y se adoptan en un unterſchiedlichem Verſtand (sentido marcadamente diferente) cuando los textos clásicos se refieren a la vía filosófica. En este nivel superior, el objetivo no es picar piedras o evaporar aguas vulgares, sino operar en la práctica (im Werck) enfocándose estrictamente en las leyes de la Erzeug- (generación) y la Übervollkommenmachung (sobreperfección) de los metales.
La Sublimación Filosófica como Liberación Corpuscular: Para ilustrar esta dualidad semántica, Becher desmitifica la operación de la sublimación. Mientras que en la vía común sublimar es simplemente evaporar una sal al fuego (pág. 805), bajo la vía filosófica constituye «des Spiritus Loſmachung aus einem Cörper» (la liberación, divorcio o emancipación del espíritu volátil atrapado en el interior de un cuerpo sólido). Esta ruptura íntima de las cadenas de la materia no se logra mediante un calor violento destructivo, sino por mediación de la disolución radical húmeda, sirviendo de base para que la impregnación y la cohobación organicen el posterior renacimiento del metal puro en el matraz.
[184] Poesía Hermética y el Rosarium Philosophorum: Becher concluye la explicación alegórica de las operaciones de retorno citando el Rosarium Philosophorum (El Rosario de los Filósofos), uno de los tratados de alquimia más influyentes de la Baja Edad Media y el Renacimiento (siglo XVI). El poema germano que inserta describe la fase de la condensación del vapor en el matraz sellado: los vapores ácidos que ascendieron al cuello del vidrio vuelven a enfriarse y gotean («cae el rocío desde el cielo»), cayendo sobre el precipitado inerte del fondo («el cuerpo muerto en el sepulcro»), lavando sus escorias carbonosas e iniciando el proceso químico de reactivación molecular o animación.
La Inceratio y el Pegamento de los Filósofos: El autor define la operación de la Inceratio (inceración o ablandamiento ceroso). Consiste en verter fluidos sutiles sobre una cal mineral dura hasta que el sólido absorbe el líquido y cambia su textura física, volviéndose maleable y blando «como si fuera cera» («Wax»). Becher aclara que este cambio denota la unión íntima entre el disolvente (Mercurius Philosophorum) y el principio del azufre fijo, actuando este último como el verdadero cemento o aglutinante molecular de la materia.
El Fuego Húmedo frente al Fuego Destructivo: Al redefinir la calcinación y la reverberación bajo la vía filosófica, Becher consolida los principios de la física química que pavimentaron el camino hacia la ciencia moderna. Refuta de manera tajante el uso del fuego seco ordinario de los hornos de carbón, al que acusa de ser un «verderbendes Feuer» (fuego destructivo o corruptor) que aniquila la fuerza germinativa de los metales. La calcinación avanzada de laboratorio debe ejecutarse «ohne Feuer» (sin fuego), utilizando el fuego húmedo («feuchte Feuer»), expresión técnica con la que Becher designa la acción corrosiva y exotérmica controlada de los ácidos concentrados purificados (su mercurio), capaces de reducir un metal denso a un polvo u óxido poroso (Kalch) mediante una simple wurzelmäßige Aufſchlieſſung (apertura molecular desde la raíz).
Apertura del §. 5 y la Crítica Bibliográfica de la Ciencia: El parágrafo quinto inaugura una sección pionera en la historia de la ciencia: la evaluación crítica de la literatura y las fuentes bibliográficas. Becher divide los libros de laboratorio acumulados en las bibliotecas barrocas en dos bloques infranqueables: los escritos sofísticos (tratados engañosos, oscuros, fraudulentos o llenos de recetas falsas escritos por charlatanes sopladores) y los escritos filosóficos (textos verdaderos dotados de un método racional y reproducible). Abre así la puerta a un análisis bibliográfico destinado a enseñar al estudiante a separar las obras científicas legítimas del fraude impreso.
[185] Sociología del Fraude Científico (Marckſchreyer): Becher ofrece una feroz denuncia contra la proliferación de fraudes bibliográficos en el Barroco europeo. Utiliza la palabra Marckſchreyer (charlatanes de feria o pregoneros de mercado) para describir a los falsos alquimistas que publicaban libros comerciales prometiendo recetas infalibles de transmutación. Explica que el criterio definitivo para identificar un libro falso (sofístico) es su falta de racionalidad y su enfoque exclusivo en el efecto (el oro final) en lugar de explicar científicamente las causas químicas y geológicas que gobiernan la materia.
El Negocio de los «Mercaderes de Recetas» (Proceß-Krämern): El texto expone el modus operandi de la estafa editorial de la época. Los embusteros publicaban manuales atractivos o pasquines («Scarteken») diseñados deliberadamente con lagunas u omisiones calculadas para que los Liebhaber (aficionados o mecenas aristocráticos) mordieran el anzuelo y terminaran comprándoles por «groß Geld» (mucho dinero) el supuesto manuscrito con la clave o aclaración del proceso.
El Axioma del Secreto Económico: Becher plantea una pregunta cargada de pragmatismo económico y lógica barroca: si un autor poseyera verdaderamente el secreto para fabricar oro de forma ilimitada, ¿por qué habría de vender el secreto en un libro público o regalarlo de forma gratuita en lugar de enriquecerse él mismo? Concluye que cualquier proceso que se venda como «sencillo y claro» en el mercado es, por definición, un engaño diseñado para vaciar los bolsillos del comprador.
El Debate Editorial de Roth-Scholz: Las notas al pie añadidas en el siglo XVIII por el erudito editor de Nuremberg, Friedrich Roth-Scholz, enriquecen de forma extraordinaria el texto al entablar un debate crítico con el propio Becher. En la nota (a), Roth-Scholz refuta el escepticismo radical de Becher utilizando la analogía de las bellas artes y los gremios: argumenta que un verdadero ADEPTO (Adeptvs, maestro supremo de la transmutación) o un pintor virtuoso no es un necio si decide transmitir su arte de forma gratuita a un discípulo predilecto que juzgue digno, del mismo modo que un gran maestro enseña gratis a su mejor alumno mientras cobra miles de Gulden (florines) a los estudiantes ordinarios.
[186] La paradoja de la claridad hermética: Becher desvelará una de las reglas de lectura más desconcertantes de la literatura iatroquímica barroca: los grandes maestros del pasado confiesan que «jamás han escrito menos la verdad que allí donde han escrito de forma clara y evidente». Cuando un libro antiguo presentaba una receta de transmutación de forma extremadamente sencilla y explícita, se trataba habitualmente de una trampa deliberada para desviar y «den gemeinen Mann irre zu machen» (confundir al hombre común o profano), protegiendo el secreto de la codicia estatal.
El valor del error procedimental y el coste del taller: En un pasaje que demuestra el pragmatismo metodológico de Becher, el autor aconseja no tirar a la basura los libros de recetas falsas si estos describen de forma rigurosa buenas Manipulationen (manipulaciones prácticas o destrezas manuales). Aunque la meta final de la transmutación enunciada en el libro sea un error, los pasos intermedios enseñan al estudiante a controlar el fuego de los hornos, soldar retortas y lixiviar sales. Becher advierte de forma honesta que esta destreza práctica («Ubung») jamás se adquiere de forma gratuita en los libros, sino «nicht ohne Unkoſten» (no sin costes materiales), debido al gasto inevitable en carbón, vidrio roto y reactivos desperdiciados durante el aprendizaje.
El canon de los Escritos Filosóficos Verdaderos: El fragmento central define de forma moderna el núcleo de un libro científico legítimo. Los mejores escritos son aquellos que abandonan las recetas aisladas de oro y se concentran en enseñar de forma sistemática las leyes fundamentales de la termodinámica y los estados de la materia: las reglas que gobiernan la Zeugung (generación / cristalización), la Verfallung (descomposición / degradación), la Auflößung (disolución) y la Coagulirung (coagulación), es decir, el armazón formal del tratado de Becher.
Geografía del método científico según Roth-Scholz: La nota marginal (e) añadida por el editor de Núremberg, Friedrich Roth-Scholz, es una joya cartográfica e histórica que ilustra las rutas comerciales del Sacro Imperio Romano Germánico. Para explicar que en el laboratorio se puede llegar a un mismo resultado químico por vías directas o tortuosas, utiliza una analogía de viajes: si un comerciante quiere viajar de Núremberg a Leipzig (los dos grandes epicentros de la imprenta y las ferias comerciales alemanas del siglo XVIII), la vía corta y directa exige marchar hacia el norte pasando por Coburgo. Tomar la ruta alternativa hacia el este pasando por Praga (Bohemia) y Breslavia (Silesia) eventualmente le conducirá a Leipzig, pero dando un rodeo geográfico inmenso que multiplicará los costes y los peligros del viaje, comparándolo con el químico descuidado que elige procesos innecesariamente largos en su retorta.
[187] El Canon Bibliográfico de Becher: El autor expone su selecta lista de autoridades de cabecera, legitimando la línea de la iatroquímica y la metalurgia tradicional europea frente a los charlatanes. Cita a Raimundo Lulio, Artefio, Bernardo de Treviso («Comes Bernhardus»), el monje benedictino Basilio Valentín —cuya obra Las doce llaves es la matriz de los acertijos que Becher descifra en las páginas 796 y 797—, el inglés George Ripley y el célebre alquimista polaco Michael Sendivogius (1566–1636), famoso por sus estudios sobre el componente aéreo de la vida y el salitre.
El método de las contradicciones comparadas: Becher recomienda las dos mayores enciclopedias impresas de su tiempo: el monumental Theatrum Chemicum (antología en seis tomos publicada en Estrasburgo) y la compilación de Nathan Albineus (Bibliotheca Chemica Contracta, 1653). Formula un principio metodológico de lectura brillantísimo que anticipa la historiografía de la ciencia: advierte que, aunque estas colecciones incluyan textos falsos u oscuros, el estudiante inteligente extraerá la verdad analizando críticamente las «Widerſprechungen» (contradicciones o refutaciones cruzadas) entre los autores, haciendo que la realidad física resplandezca por contraste.
La poética del laboratorio: El texto inserta un dístico lírico alegórico: «Wo Dörner machen Ungemach…» (Allí donde las espinas causen aflicción, detén tu paso y ve en pos de la rosa). En el contexto del parágrafo, opera como un aviso ético y técnico: el operador debe huir de los libros espinosos, caóticos y oscuros de los embusteros que agotan el bolsillo (pág. 812), para buscar «la rosa», metáfora de la elegancia matemática, la claridad metodológica y la pureza de los fundamentos de la verdadera filosofía natural.
Maier y la actualización de Roth-Scholz: Becher concluye recomendando la Mensa aurea (1617) del médico rodolfino Michael Maier («Michael Meyer»), alabándola como la mejor historia universal de la metalurgia transmutatoria por naciones. Al pie de la página, el editor del siglo XVIII, Friedrich Roth-Scholz, actualiza este catálogo bibliográfico para los lectores ilustrados agregando las dos obras de referencia definitivas de su época: la monumental Bibliotheca Chemica Curiosa (1702) del médico ginebrino Jean-Jacques Manget y, con orgullo gremial, su propio Deutſches Theatrum Chemicum (el volumen físico que el lector tiene en sus manos), consolidando el paso hacia la historiografía moderna de la química.
[188] El Manifiesto del Naturalismo Científico: Becher abre el sexto parágrafo asentando una frontera epistemológica crucial que define el nacimiento de la ciencia moderna durante el siglo XVII. Exige de forma tajante que el estudiante busque la natürliche Wiſſenſchafft (ciencia natural) utilizando única y exclusivamente «durch natürliche Mittel» (a través de medios y causas naturales). Expulsa de forma explícita del laboratorio a la vieja CABALA (Cábala mística) y a la auſſer-natürliche Zauberey (brujería o magia sobrenatural), corrientes que habían contaminado la alquimia renacentista. Para Becher, los fenómenos del crisol se rigen por leyes físicas y mecánicas, no por conjuros ni correspondencias astrales ocultas.
El binomio entre Teoría y Manualidad (Manipulationen): El texto define el perfil del químico del Barroco, el cual debe dominar por igual la Speculation (el andamiaje teórico o hipótesis mental) y el Werck ſelbſt (la obra misma o el trabajo manual con los carbones). Para unir ambos mundos, el alumno debe adiestrarse de forma obligatoria en las Manipulationen (manipulaciones o destrezas corporales): saber cortar el vidrio, sopesar con precisión en la balanza, regular el aire de los fuelles y limpiar los vasos, fundando un saber táctil.
El retorno a las fuentes originales (Quellen ſelbſt): En el apartado de la lectura («das Leſen»), Becher introduce una regla de crítica bibliográfica fundamental para la época: «Schöpffe derhalben die Wiſſenſchafft aus den Quellen ſelbſt» (beba o extraiga la ciencia de los manantiales mismos). Exhorta al estudiante a ignorar los manuales comerciales de divulgación de segunda mano o los pasquines de los estafadores (pág. 812), para leer directamente las obras originales de los grandes maestros del canon (Lulio, Valentín, Sendivogius, descritos en la pág. 814).
El método del consenso y el análisis de contradicciones: El fragmento final propone un método de lectura comparada sumamente avanzado. El alumno no debe asimilar un libro como un dogma absoluto; debe confrontar los textos buscando las Ubereinſtimmungen (concordancias o consensos). Si varios maestros que trabajaron en siglos y países distintos coinciden en un mismo viraje cromático o en una misma proporción de sal, el alumno puede dar por sentado que ahí reside una verdad física universal. Asimismo, Becher instruye estructurar y clasificar las Widerſprüche (contradicciones) bajo un enfoque crítico, usándolas como un motor de investigación experimental en su propia fogona para discernir cuál autor operó con pureza y cuál erró en su manipulación.
[189] El Oro Muerto frente al Oro Filosófico: Becher retoma la distinción conceptual analizada en la página 793 para ilustrar cómo el estudiante debe resolver las aparentes contradicciones de los textos antiguos. El oro comercial ordinario está «estéril y muerto» («unfruchtbar und todt») porque sus enlaces cristalinos están cerrados; para convertirlo en oro vivo o filosófico, el operador debe disolverlo empleando el Waſſer des Lebens (agua de la vida), término metafórico con el que designa la wurzelmäßige Feuchte (humedad radical o disolvente ácido salino), la cual abre el metal permitiendo su posterior renacimiento o Wiedergeburt.
Sistematización de la Filosofía Hermética: El fragmento central es de un valor historiográfico extraordinario para la Revolución Científica al parcelar y ordenar el confuso universo de las ciencias del fuego en el siglo XVII. Becher divide la Hermetiſchen Philoſophy en tres etapas metodológicas progresivas e interconectadas: el análisis de separación (Scheidkunst), la química (Chymia) y la alquimia (Alchymisterey).
La Scheidkunst como Servidora Analítica: El autor define la Scheidkunst (término germánico tradicional para el arte de separar o análisis químico mineral). Su función es puramente instrumental y mecánica: enseña a triturar, calcinar, fraccionar y dividir los cuerpos densos. Becher la declara explícitamente la Dienerin (servidora o auxiliar) de las otras dos ramas superiores; sin dominar la balanza y la molienda de la separación, es físicamente imposible tener éxito en las fases posteriores.
La Definición de la Química y su carácter universal: Becher define la Chymia (química) bajo un enfoque farmacológico y vitalista que anticipa la bioquímica: su misión es extraer el Safft (jugo, esencia o savia) y aislar las fracciones puras de la materia para refinarlas con un doble propósito: el «Gebrauch der Artzneykunſt» (uso de la medicina / farmacia iatroquímica) y el estudio de la generación de los cuerpos. A diferencia de la metalurgia estricta, la química es descrita como una ciencia universal que transita e interconecta obligatoriamente los tres reinos de la naturaleza, operando por igual con metales, plantas vegetales («Erdgewächſen») y estructuras animales.
[190] El Oro Muerto frente al Oro Filosófico: Becher retoma la distinción conceptual analizada en la página 793 para ilustrar cómo el estudiante debe resolver las aparentes contradicciones de los textos antiguos. El oro comercial ordinario está «estéril y muerto» («unfruchtbar und todt») porque sus enlaces cristalinos están cerrados; para convertirlo en oro vivo o filosófico, el operador debe disolverlo empleando el Waſſer des Lebens (agua de la vida), término metafórico con el que designa la wurzelmäßige Feuchte (humedad radical o disolvente ácido salino), la cual abre el metal permitiendo su posterior renacimiento o Wiedergeburt.
Sistematización de la Filosofía Hermética: El fragmento central es de un valor historiográfico extraordinario para la Revolución Científica al parcelar y ordenar el confuso universo de las ciencias del fuego en el siglo XVII. Becher divide la Hermetiſchen Philoſophy en tres etapas metodológicas progresivas e interconectadas: el análisis de separación (Scheidkunst), la química (Chymia) y la alquimia (Alchymisterey).
La Scheidkunst como Servidora Analítica: El autor define la Scheidkunst (término germánico tradicional para el arte de separar o análisis químico mineral). Su función es puramente instrumental y mecánica: enseña a triturar, calcinar, fraccionar y dividir los cuerpos densos. Becher la declara explícitamente la Dienerin (servidora o auxiliar) de las otras dos ramas superiores; sin dominar la balanza y la molienda de la separación, es físicamente imposible tener éxito en las fases posteriores.
La Definición de la Química y su carácter universal: Becher define la Chymia (química) bajo un enfoque farmacológico y vitalista que anticipa la bioquímica: su misión es extraer el Safft (jugo, esencia o savia) y aislar las fracciones puras de la materia para refinarlas con un doble propósito: el «Gebrauch der Artzneykunſt» (uso de la medicina / farmacia iatroquímica) y el estudio de la generación de los cuerpos. A diferencia de la metalurgia estricta, la química es descrita como una ciencia universal que transita e interconecta obligatoriamente los tres reinos de la naturaleza, operando por igual con metales, plantas vegetales («Erdgewächſen») y estructuras animales.
[191] La Transmutación Imperial de Praga: Becher introduce como su Prob (prueba reina) uno de los sucesos más célebres de la historia de la alquimia estatal del siglo XVII: la transmutación realizada en la corte de Praga ante el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Fernando III de Habsburgo (quien reinó entre 1637 y 1657). El artífice al que alude de forma anónima era el misterioso viajero Richthausen (más tarde ennoblecido como el barón Chaos), quien empleando unos granos de un polvo rojo transmutó una barra de mercurio ordinario en oro puro de la más alta ley.
La Acuñación de los Ducados Alquímicos (Ducaten): Para blindar la veracidad del suceso frente a los escépticos, Becher aporta un testimonio económico institucional. Relata que esa misma porción de polvo transmutatorio se utilizó años más tarde en una exhibición pública en la corte de Maguncia (Meynz), ante el príncipe elector Johann Philipp von Schönborn. El oro resultante no se quedó en un cajón, sino que fue entregado de forma oficial al Münz-Verwalter (administrador o director de la casa de moneda), quien procedió a fundirlo y acuñar ducados de oro reales de circulación legal. Al pie de la página, la nota editorial de Friedrich Roth-Scholz (f) confirma que en el tomo I de su Theatrum Chemicum incluyó los grabados calcográficos en cobre («in Kupffer nachgeſtochen») reproduciendo exactamente las caras de estas monedas históricas con sus inscripciones conmemorativas.
El Adagio de Corinto (nicht ein jeder gen Corinth reiſen kan): El autor matiza su defensa de la transmutación recurriendo a un famosísimo proverbio de la antigüedad clásica griega atribuido a Estrabón y Horacio: Non licet omnibus adire Corinthum (No a todos les es dado viajar a Corinto). Corinto era una de las polis más opulentas, lujosas y caras del Mediterráneo; Becher utiliza el adagio en la pedagogía de la ciencia para advertir que el laboratorio de alta escuela exige una fortuna en infraestructuras. Los Unkosten (costes de material, carbón refractario y vajillas de vidrio) son tan sumamente elevados que la mayor parte de los operarios amateurs se arruinarán en el intento antes de ver el primer gramo de oro.
Unificación de las Ciencias del Fuego: La sección terminal de la página constituye un pilar metodológico fundamental para la consolidación de la química científica moderna. Becher decreta la destrucción definitiva del mito del alquimista místico o soplador empírico ignorante: «la alquimia no puede acometerse con provecho si se carece del conocimiento científico de la separación». Quien intente buscar la síntesis de metales sin dominar de forma matemática y sistemática las leyes de la Scheid-Kunst (química analítica de separación y pesos) y la Chymia (iatroquímica de soluciones y esencias), solo logrará provocar explosiones y destruir sus reactivos. Becher destruye la dicotomía medieval al afirmar que un gran alquimista debe ser, por definición forzosa, un maestro consumado del análisis y de la química práctica.
[192] El peligro de la imaginación en el laboratorio (Einbildungen): Becher cierra el Séptimo Título y la obra con una advertencia metodológica de corte moderno. Exige al operador desterrar las «Einbildungen» (fantasías, conjeturas subjetivas o sesgos de confirmación) que no hallen un sustento riguroso en el binomio de los textos canónicos y la Ubung (la práctica reproducible del crisol). El químico no debe forzar a la materia a cumplir sus deseos místicos; debe interrogarla con objetividad.
La metáfora de San Jerónimo y la Perla Perforada: El autor introduce una brillante analogía teológica al citar a San Jerónimo de Estridón (c. 347–420), el traductor de la Biblia Vulgata. Jerónimo afirmaba que las Sagradas Escrituras eran como una perla porosa que los exégetas podían perforar e interpretar desde cualquier ángulo según sus intereses. Becher traslada esta advertencia hermenéutica directamente a la literatura química y hermética de su tiempo: dado que los textos de los antiguos alquimistas recurren a un lenguaje metafórico oscuro, un lector descuidado o un estafador puede retorcer las palabras para justificar cualquier teoría absurda o receta fraudulenta (pág. 812).
La brújula del Consenso y la Experiencia (Compaß): Frente al caos de las interpretaciones libres, Becher dota al científico de una herramienta de validación epistemológica infalible, a la que bautiza poéticamente como su «Compaß» (brújula). Esta brújula consta de dos agujas que deben apuntar en la misma dirección: la Zuſammenſtimmung (concordancia, consenso o sintonía de los textos) y la übereintreffende Ubung (la coincidencia empírica en la mesa de trabajo). Si la lectura teórica se valida mediante un experimento que rinde el mismo peso o color de sal en laboratorios distintos, el químico ha hallado una verdad física objetiva.
La culminación del tratado y la Síntesis del Conocimiento: Las líneas finales coronan la obra con un profundo tono de optimismo intelectual y místico propio del Barroco tardío. El estudiante que domine este método racional experimentará la «Süßigkeit» (dulzura o deleite íntimo) de comprender los mecanismos internos de la creación, sintiendo una groſſe Freud (gran alegría o gozo intelectual). Becher concluye su manual fusionando las dos grandes corrientes de la filosofía natural de su siglo: afirma que el químico filósofo alcanzará una madurez tal que logrará disolver las viejas disputas universitarias, integrando de forma armónica la física hilemórfica de Aristóteles con la tradición práctica de la filosofía hermética, unificando la teoría de las causas con la ingeniería real de la materia.
[193] Filosofía basada en hechos: Becher defiende la química como una ciencia fáctica. Sin ella, los filósofos solo operan con palabras vacías. Criterio de pureza farmacéutica: La separación (Scheidung) define el límite moral y técnico de la medicina. Permite aislar lo puro de lo impuro. Insuficiencia de Aristóteles: El texto justifica la necesidad de un tratado químico independiente. Denuncia que la física de Aristóteles ignoró por completo los cambios de composición material. Ataque a la medicina académica: El autor arremete contra los galenistas y boticarios tradicionales. Los acusa de ignorar las leyes básicas del alambique y la destilación.
Dessens, Alexander Scott: The alchemical order: reason, passions, alchemy and the social world in the philosophy and cosmology of Jean d’Espagnet (Tesis doctoral)
Department of History, West Lafayette, Indiana, May 2022. Descargar aquí.
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