Johannes de Monte Raphaim, Vorbothe der am Philosophischen Himmel hervor brechenden Morgenröthe, Deutsches Theatrum Chemicum, Volumen 1, 597-638

Introducción.
Dado que el texto Precursor de la aurora que rompe en el cielo filosófico de Johannes de Monte Raphaim, que ahora presentamos se centra en dos conceptos clave de la alquimia, quizás de los más arraigados que hay, como son el de la Multiplicación y el de la Fermentación, presentaremos primero un breve estudio sobre el nacimiento y desarrollo de estas dos ideas clave desde la Altigüedad hasta principios del siglo XVIII, en concreto hasta el año 1703, cuando fue publicado el texto de Juan de Monte Raphaim por primera vez, y por cuya edición nos guiaremos.
Nota preliminar sobre el método y las posiciones fundamentales seguidas.
Partiremos de tres puntos de partida. El primero es considerar que el oro al que se refiere la alquimia es oro tal como lo conocemos hoy, el oro es oro, la plata es plata, etc. El segundo es que en la reconstrucción de los procesos histórico-científicos, se debe permitir la categoría del error; en consecuencia, esta también puede desempeñar un papel en la interpretación de los textos alquímicos. Y el tercero es que, dado que el conocimiento se define en relación con un estado del saber alcanzado, hoy en día se considera conocimiento algo que un estado anterior del saber permite identificar, dado el caso, como erróneo. Para las reconstrucciones histórico-científicas y de la historia del conocimiento, esto no significa descartarlo, sino explicarlo, si es necesario, como un error condicionado. A diferencia del caso de la referencia al oro, que permanece inalterada, los estados del conocimiento histórico pueden, por lo demás, organizarse mediante otro concepto de conocimiento.
Respecto al primer punto: En varias teorías del significado se considera que una clase natural como el oro (pero también el agua, el tigre, la carga eléctrica, etc.) se designa mediante el término común para esta clase (como «oro», etc.) de tal manera que existe un proceso de introducción para el uso del término al que se vincula una comunidad de hablantes.[1] La comunidad de hablantes está dividida en lo que respecta a la distribución del conocimiento, es decir, hay expertos que tienen una experiencia más precisa con una determinada clase natural y, en consecuencia, más conocimientos sobre ella que los no expertos. Además, la comunidad de hablantes está extendida históricamente,[2] lo que significa que puede continuar existiendo incluso a lo largo de miles de años, más allá de las fronteras lingüísticas y ante un inmenso aumento de los conocimientos de los expertos. Al hacerlo, por supuesto, pueden pretender hablar de la misma clase natural. Pueden ser víctimas de un error si, por ejemplo, resulta que en realidad están hablando de dos clases naturales distintas[3] Para una hipotética clase natural (como, por ejemplo, el flogisto) puede resultar que ni siquiera exista. Además, un experto —o varios— puede introducir un uso conceptual especial sin que ello tenga consecuencias para el concepto común. Finalmente, incluso el aumento del conocimiento —así como del conocimiento erróneo— no conduce, o no tiene por qué conducir necesariamente, a un cambio de significado. Por lo tanto, no tiene sentido decir o asumir que alguien pueda descubrir que el oro no es oro. Muy por el contrario, sí puede descubrir que algo es oro falso —o algo diferente al oro—. De esto concluyo que los alquimistas desde la antigüedad tardía, incluso si aún no disponían del concepto moderno de elemento, hablaban del mismo oro del que seguimos hablando hoy en día. Si hacían valer una reserva conceptual para una sustancia hipotética similar al oro o de otro tipo (ver más abajo), esto demuestra su prudencia terminológica y teórica.
Respecto al segundo punto: Existen (al menos) dos tipos de errores: los de origen social o los inducidos por el encuentro con la naturaleza. Uno también puede ser engañado por otros que tengan esa intención, o que simplemente lo causen o lo provoquen. O uno puede equivocarse respecto a la descripción más detallada de las clases naturales. La historia de la ciencia no solo conduce a un aumento del conocimiento, sino también a la corrección de errores en los que se vuelve a caer una y otra vez. En la práctica, por lo demás, uno no desea ser engañado (por ejemplo, mediante oro falso, es decir, una aleación similar al oro). Los errores no constituyen una categoría moral, pero el engaño sí.
La generación de un falso conocimiento posee una función importante para la producción de conocimiento. Si bien la historia de la alquimia, por un lado, produce un enorme aumento del conocimiento, por el otro está caracterizada por todo tipo de errores: aquellos que conciernen a la naturaleza misma de los metales y otras sustancias; aquellos que se basan en un fraude intencionado; y, finalmente, aquellos que están causados socialmente sin haber sido intencionados, como el de los charlatanes. Estos últimos son los errores más interesantes, ya que permiten reconocer a la ciencia como una empresa social compleja. La acumulación involuntaria de errores, junto con los procesos de reinterpretación superpuestos a ellos, probablemente aún no ha sido analizada de manera suficiente, precisamente en lo que respecta a la historia de la alquimia. Esta historia es, además y en gran parte, historia de la religión e historia de la literatura, campos en los que la categoría del error no tiene cabida; sin embargo, en la medida en que es historia del conocimiento, el amplio despliegue de errores involuntarios debe constituir un objeto central de investigación y análisis.
Respecto al tercer punto: La historia del conocimiento y de la ciencia solo puede abordarse desde dos perspectivas: una perspectiva que se adopta desde el estado del conocimiento actual en cada caso, y una perspectiva que se remonta a un estado del conocimiento que sea contemporáneo a la época en cuestión. En este sentido, se encuentra —dado el caso, solo implícitamente— afirmaciones sobre lo que un experto histórico no sabía y creía saber erróneamente, pero especialmente sobre lo que consideraba conocimiento en función de qué presupuestos. Mientras que el oro sigue siendo oro o, mejor dicho, el término mantiene inalterada su referencia, el conocimiento sobre el oro, así como el concepto de dicho conocimiento, están sujetos a un cambio histórico.
La literatura de la alquimia es una literatura que orbita alrededor de una fantasmagoría. Ante la cantidad de textos que esta ha producido desde la antigüedad tardía hasta bien entrada la Edad Moderna,[4] uno se pregunta cómo fue posible que, a lo largo de un milenio y medio, se derivara un texto tras otro —a menudo basándose únicamente en la masa de textos ya existentes— sin que nadie expresara jamás de forma clara y eficaz: «El rey está desnudo; el rey está desnudo, no hay posibilidad alguna de obtener metales preciosos a partir de metales no preciosos».
Se hace imprescindible aquí resaltar una cuestión que, creo, es importante para la historia de la alquimia. Hay que hacer notar que de esta alquimia que se puede denominar alquimia de transmutación, o transmutativa, la original y la troncal (no nos olvidemos) se derivan (como hace el propio Ferguson en el volumen citado en la nota 4, págs. 233-265) muchas disciplinas posteriores que, hay que reconocerlo, han sacado a la luz una gran cantidad de conocimientos médicos, farmacéuticos, metalúrgicos, de tecnología militar, de artesanía artística y de otro tipo. En este sentido, nos encontramos ante un fenómeno de crecimiento involuntario del conocimiento que, desde la perspectiva de la historia de la ciencia, es probablemente único en esta magnitud. Pero otra cosa bien distinta es, al amparo del ímpetu de la novedad historiográfica, pretender elevar algunos de estos crecimientos involuntarios del conocimiento, como el de la alquimia farmacológica, o del elixir, de su naturaleza inicial de una rama emanada de la alquimia transmutativa, a ser una magnitud troncal, como son los casos de las profesoras italianas Chiara Crisciani y Michela Pereira.
Los críticos de la alquimia, siempre presentes, intuían y decían cosas semejantes, pero se limitaban a señalar su fracaso tecnológico y ni siquiera se tomaban la molestia de profundizar en los textos que circulaban con sus esfuerzos teóricos. Esto, en cualquier caso, tras el fin de la Edad Media, se habría convertido en una tarea titánica que quizás se podría y se debería haber ahorrado. Se requiere un interés muy particular para adentrarse en los numerosos textos alquímicos cuyo punto de referencia se encuentra, una y otra vez, en gran medida y casi sin fin, únicamente en otros textos. Este parece ser, precisamente, un atractivo específico de la producción de textos alquímicos: la extensión del lenguaje casi hasta el infinito.
La multiplicatio
A continuación, analizaré más de cerca solo un pequeño fragmento de esto a partir de un concepto central de la alquimia que, por lo general, entra en juego al final de los textos alquímicos. Se trata de que —cuando se quiere preparar el elixir, es decir, el medio para el tratamiento o la transmutación exitosa de metales no preciosos— se puede aumentar su eficacia multiplicado por muchas veces. Se supone que debe producirse un incremento, por un lado, de las fuerzas del elixir y, por el otro, también de la cantidad de la sustancia tratada; teóricamente hasta el infinito, según se asume. Este proceso se denomina multiplicatio. El concepto viaja de un texto al siguiente. Explicaré su uso y su entorno teórico desde la antigüedad tardía hasta principios de la Edad Moderna.
En los papiros químicos griegos del siglo III d.C., el Papiro de Leiden y el de Estocolmo, existen recetas que describen la adulteración o estiramiento de la plata mediante cobre y estaño. Se producen aleaciones que parecen plata, pero que solo constan de una parte de plata. Se habla de una duplicación (el διπλασιασμός) o incluso de una triplicación (la τρíπλωσις) de la plata. La intención de engaño resulta evidente, pero hay formulaciones que hacen reflexionar. Se dice, por ejemplo, sobre el resultado de un procedimiento en el que se fundían cobre y estaño (probablemente con plata): “se convertirá en plata de primera clase (ἄργυρος ὁ πρῶτος), sin que los artesanos puedan notar nada en absoluto“.[5] En una sola frase se condensa aquí el hecho de que se puede fabricar un producto engañoso que escapa al propio conocimiento técnico de los artesanos; pero al mismo tiempo se le describe como plata de primera clase.[6] Si se normaliza este uso del lenguaje, no queda lejos la engañosa afirmación de “hacer que el cobre calcídico se convierta en plata“ (Τὰ χαλκᾶ ἀργυρᾶ ποιῆσαι;[7] título de una receta), lo cual es habitual en las recetas de los papiros. Aquí se declara como plata algo que parece plata y que presenta aproximadamente las mismas propiedades durante su procesamiento, ya que tampoco se deja separar fácilmente en sus componentes originales (solo un calentamiento más fuerte y prolongado destruiría la aleación). Si uno se acostumbra a tal forma de hablar, entonces simplemente se puede aumentar el (supuesto) oro y plata mediante la adición de metales no preciosos.[8] A menos que los artesanos noten algo, estos evitarán indagar en esta forma de hablar. Sin embargo, en las recetas alquímicas posteriores, se habla de la producción de “plata“ y “oro“ de manera totalmente natural. Se puede duplicar y aumentar, según se dice,[9] y no es fácil decidir si en ello interviene un índice implícito («plata en el sentido de que […]»). Donde no es así, la plata y la supuesta plata se agrupan erróneamente bajo un mismo concepto. Sin embargo, todavía hay que considerar otra posibilidad: que la forma de hablar se someta a una reserva teórica, en caso de que realmente se confirmara que la plata (y el oro) se pueden duplicar y aumentar.
La alquimia trabaja con este tipo de reservas desde el principio. A lo largo de toda su historia —ya desde los textos del siglo I d.C. hasta bien entrada la Edad Moderna temprana— se observa una reserva terminológica que demuestra que no se habla de las sustancias mencionadas en el sentido en que se suelen utilizar los nombres de las sustancias. Se señala que no se trata del oro común, sino de «nuestro oro» o del «oro filosófico». «Nuestro oro puede, siempre que posea la propiedad requerida, hacer [oro] o [teñir de oro]» (Ὁ δὲ ἡμέτερος χρυσός, ἐπεὶ κατὰ ποιότητά ἐστιν, ποιεῖν καὶ βάπτειν δύναται),[10] afirma el alquimista griego Zósimo de Panópolis, que trabajó en Alejandría (finales del siglo III, principios del siglo IV d.C.). Aquí la reserva terminológica se convierte en una reserva teórica, ya que la frase intercalada convierte en condición una propiedad que, por el momento, queda abierta sobre cómo se alcanza. Al mismo tiempo, la oración subordinada sugiere involuntariamente que existe dicha propiedad. El hecho de que el oro o lo que es similar al oro —«nuestro oro»— deba a su vez producir oro puede confiar en el principio hipocrático similia similibus curantur, ampliamente difundido en la Antigüedad.[11] No obstante, no hay más que una promesa teórica que primero debe cumplirse.
Esta prometedora forma de hablar se aplica de igual modo a la plata, más tarde especialmente al Mercurius (mercurio) y al azufre, y a cuantos nombres de sustancias más deban caer bajo esta reserva. Sin embargo, se concibe menos como una reserva y más como un componente de un lenguaje de iniciados, así como una cláusula de protección frente a preguntas incómodas. Cuando se dice «nuestro XY», el texto siempre queda inmunizado contra los intentos de fijación procedentes de la práctica. Da la impresión de que el texto solo puede leerse entre iniciados. Los pseudónimos confiaban en que, en caso de duda, nadie pudiera hacerlo, ya que el estatus de iniciado, por principio y por definición, no se ocupa de orientar el lenguaje hacia la comunicabilidad. Una investigación orientada a la reproducibilidad de los procedimientos y respaldada por conceptos fundamentales comprensibles en todas partes representa apenas un ideal científico-natural moderno.
«Nuestro XY» sigue siendo, a lo largo de la historia de la alquimia, un constructo hipotético que, sin embargo, abre involuntariamente un gran margen de maniobra especulativo. La falta de definición y determinabilidad del concepto no impide que los procedimientos y experimentos alquímicos se prueben durante muchos siglos. Sin embargo, los textos alquímicos rara vez proporcionan una base reproducible para una cultura de la experimentación que pueda transmitirse con éxito. Por ello, sus autores prefieren permanecer en el anonimato o esconderse tras pseudónimos, especialmente en la Edad Media. A menudo atribuyen sus textos a autores prominentes para asegurar la lectura y la continuidad de la obra, sin tener que responder por ella ni «responder» con su propio nombre. No obstante, este estado de cosas trae consigo consecuencias imprevisibles, al guiar los esfuerzos empíricos en las más diversas direcciones y obligar, aun de forma involuntaria, a la identificación de las sustancias. En este sentido, produce, en cierta medida, su opuesto.
¿Por qué, desde una perspectiva ingenua, una aleación o mezcla lograda no habría de representar, de hecho, una plata mejor, de modo que las comillas tal vez pudieran eliminarse y la reserva resultara innecesaria? ¿Qué significan en absoluto «aleación» o «krasis» y conceptos similares para los compuestos químicos, y qué ocurre en ellos? ¿Por qué los componentes mezclados habrían de permanecer iguales y no fusionarse en un todo nuevo y mejor, que es, de hecho, el resultado de una reacción química? ¿Quién sabe si en el interior de la naturaleza —ya sea en el interior de la Tierra o en las sustancias mismas— relaciones de mezcla que no llegan hasta lo más mínimo permiten originar una nueva sustancia o, al menos, nuevas propiedades? Precisamente esa es la experiencia en el manejo de las sustancias mediante el fuego o en la destilación. Con ello se empieza a observar los procesos químicos y ya no se basta con limitarse a examinar las sustancias que se encuentran en la naturaleza.
Sin embargo, si (todavía) se desconoce que ciertos metales representan elementos, porque aún no se dispone del concepto químico de elemento; si además se desconoce qué ocurre exactamente al fundir diferentes metales y otras sustancias añadidas como el azufre, sales, entre otras, y no se pueden realizar comprobaciones cuidadosas de peso que permitan determinar y tener en cuenta el peso específico o la densidad de una sustancia, entonces el campo queda abierto a especulaciones de diversa índole. Con ello comienza la alquimia. Los metales preciosos como la plata y el oro podrían, por su parte, representar mezclas en las que solo un componente domina al otro de tal manera que le comunica su calidad,[12] o produce una nueva calidad. O una coloración profunda transforma un metal no precioso en uno precioso; en la coloración se manifiesta una transformación profunda de las propiedades del metal tratado. También serían concebibles otras posibilidades.
Aproximadamente en la época de los papiros citados, la alquimia comienza en el siglo III a.C. a experimentar sobre la base de tales teorías. Las teorías poseen un asidero técnico, pero van más allá en lo especulativo y derivan rápidamente en un lenguaje libre y flotante, que ya en la Antigüedad estaba cargado de alusiones extremas, metaforizado y alegorizado, y que busca la conexión con la filosofía y la religión. Experimentos diseñados a escala milimétrica parecen adecuados para concebir juntos puntos de vista globales y dimensiones macrocósmicas.
El deseo de provocar un aumento del oro y la plata llevó tempranamente a los alquimistas a la idea de que podría existir una acción química comparable a la fermentación. Se dice, entre otros lugares en Zósimo, que se debe arrojar o proyectar una pequeña cantidad de oro o plata sobre una sustancia preparada, para obtener una gran cantidad de oro o plata, de manera similar a como sube la masa de pan tras la adición de levadura (ζύμη τοῦ ἄρτου).[13] Por lo tanto, el fermento debe aumentar notablemente una sustancia al comunicarle al mismo tiempo nuevas propiedades. La alquimia de la antigüedad tardía se caracteriza, en consecuencia, por la búsqueda de conceptos que pudieran explicar la producción de metales preciosos según el proceso de tal aumento y transformación. Entonces, según la suposición implícita, también debería ser posible dominar la producción en la práctica.
Tales conceptos se adoptan, entre otros campos, de la medicina, de modo que en lugar de ζύμη, la levadura para hornear, se habla con mucha más frecuencia de ξήριον (de ahí al iksir o bien “elixir“), es decir, un polvo para heridas, o de φάρμακον, un veneno curativo.[14] Dichos agentes deben actuar sobre una masa preparada, una pasta metálica o similar, y transformarla, tal como ya despliegan su efecto como medicamentos en el cuerpo humano y en ello parecen estar en una proporción notablemente desproporcionada entre su pequeña cantidad y su gran efecto.
Al Medievo se le suministran los conceptos centrales de la alquimia de la antigüedad tardía a través de su recepción árabe; los manuscritos alquímicos griegos no llegarán a ser conocidos fuera de Bizancio sino hasta la Edad Moderna. En cambio, en el marco de las Cruzadas, así como a través de Sicilia y también de España, van llegando paulatinamente manuscritos árabes a Europa y son traducidos. Así, por ejemplo, el Liber de septuaginta (el Libro de los setenta libros) del alquimista árabe Yábir ibn Hayyán (segunda mitad del siglo VIII)[15] es traducido en Toledo durante la segunda mitad del siglo XII por Gerardo de Cremona.[16] El alquimista medieval más conocido, quien ocultándose tras el pseudónimo de «Geber» hizo alusión al nombre de Yábir, conocía este texto y pudo apoyarse en él.
Detrás de Geber se esconde, siempre probablemente, un monje franciscano del sur de Italia de mediados del siglo XIII.[17] En conexión con el Liber de septuaginta, él habla de las medicinae con las cuales se podían curar las infirmitates (enfermedades) de los metales y permitir la perfección de estos.[18] Summa perfectionis magisterii se llama, a su vez, su texto sumamente exitoso, al cual se vinculan posteriormente otros cuya atribución al mismo autor, no obstante, está sujeta a dificultades.[19] Probablemente no coincida del todo por casualidad el concepto de la perfectio de los metales imperfectos con las metas de su orden, que consisten en la perfectio de los fieles —las primeras leyendas sobre Francisco de Asís están recopiladas, por ejemplo, bajo el título Speculum perfectionis—.[20] Los esfuerzos alquímicos de la joven orden, inaugurados posiblemente por el general de la orden Elías de Cortona,[21] se orientan así, evidentemente, también hacia otro tipo de perfectio que concierne a los efectos de la naturaleza, y no solo a los miembros de la orden. Busca llevar también a las sustancias naturales hacia su perfectio.
Geber se ciñe de manera bastante estricta a lo que él mismo debió haber probado en un taller notablemente bien equipado, y describe los procedimientos de trabajo con un lenguaje transparente y comprensible. Sin embargo, al tratar sobre la producción de medicinas de penetración profunda que transforman metales no preciosos y mercurio en una especie de plata y oro, procede de manera esquemática. Mediante la repetición de la preparación, también se puede aumentar la calidad (¿y la cantidad?) de las medicinas, especialmente de la medicina para la producción de oro:
Cuanto más a menudo se repita el tratamiento, tanto más se multiplicará el exceso [¿en efecto o en cantidad?] de la medicina, y su fuerza se incrementará considerablemente y el aumento en perfección se elevará en el grado más alto. (Et quanto huius complementi ordo reiteratur pluries, tanto et huius exuberantia medicine multiplicatur magis, et illius magis augetur bonitas, et multiplicatur illius augmentum perfectionis maxime).[22]
Geber sugiere que existiría una determinada medicina preparada de forma especialmente intensiva, en la cual el azufre puede unirse de manera resistente al fuego hasta en partes mínimas (per minima) con una sustancia de partida, a la que él —conectando con la tradición— denomina lapis (piedra).
La cuidadosa repetición del tratamiento puede finalmente llevar la fuerza de la medicina en la preparación de la piedra hasta el punto en que esta [la medicina/la piedra] finalmente transforme por completo (o, incluso en cantidad infinita) el mercurio en un metal similar al oro o a la plata, basándose esto en su multiplicación [se refiere al número de tratamientos]. (Et huic quidem medicine reiteratio bonitatis administrationis cum talis cautele industria potest in praeparatione lapidis evenire, quousque [medicina/lapis, H.H.] argentum mutet vivum [in?] infinitum solificum et verum lunificum, et non dependet nisi in multiplicatione illius).[23]
Esto debe significar, probablemente, que cuanto más se perfecciona internamente la medicina —o bien hasta en partes cada vez más pequeñas— mediante una preparación continua (disolución y sublimación), más perfectio gana, de modo que puede transferir a su vez esta perfectio al mercurio tratado con ella, y ciertamente hasta el infinito.
Las diversas suposiciones antiguas sobre la sustancia fundamental del oro han sido reemplazadas, mientras tanto, por una teoría según la cual el mercurio representa esta sustancia fundamental; dado que este posee, por ejemplo, la maleabilidad (propiedad de ser martillado) del oro de una manera especialmente destacada y solo necesitaría alcanzar una consistencia nueva y más firme, así como el color, mediante una serie de pasos de trabajo. Esto debe ocurrir mediante la adición de azufre. Sin embargo, según Geber, el mercurio tratado no se transforma inmediatamente en sol y luna, es decir, oro y plata, sino que se transforma en solificum y lunificum, esto es, se vuelve, por así decirlo, «solificado» y «lunificado» (hecho a la manera del oro y de la plata). Aquí resuena de nuevo la reserva mencionada anteriormente de hablar de un tipo especial de oro y plata, uno posiblemente más perfecto. Con ello, sin embargo, Geber no renuncia a la orientación de los procedimientos químicos de trabajo hacia la producción de oro y plata.
En la frase citada de Geber se habla de la transformación del mercurio para la perfectio, la cual debe depender de una multiplicatio: con ello, multiplicatio probablemente se refiere a la multiplicación de las partes involucradas, pero que se vuelven cada vez más pequeñas. Geber parece defender una teoría según la cual las sustancias o los metales son divisibles hasta el infinito. La naturaleza ha logrado en el interior de la Tierra una mezcla de las partes que es especialmente amplia o profunda. En el oro, la unión del mercurio con el azufre es tan fina y sutil, y se ha cocinado en el vientre de la Tierra durante tanto tiempo con el calor adecuado, que supera con éxito cualquier prueba de fuego. El oro no sería, por tanto, un elemento irreducible, sino un producto de mezcla o de combinación sobre el cual las fuerzas habrían actuado durante el tiempo suficiente y en la proporción adecuada. La escala de la perfectio parece extenderse, correspondientemente en Geber, hacia el infinito cuanto más pequeñas sean las partículas que se unen en la mezcla.[24]
Sin embargo, a partir del pasaje citado no queda claro de manera inequívoca si la «solificación», cuando debe ocurrir in infinitum [hasta el infinito], solo alcanza una perfectio cada vez mayor o si produce una cantidad cada vez mayor. En cualquier caso, el concepto de cantidad se vuelve problemático tan pronto como se aplica a las sustancias, y vendría bien una reflexión sobre el peso. Manteniendo una cantidad (volumen) constante con un peso constante, una división en partes cada vez más pequeñas bien puede llegar hasta el infinito (mientras no exista la idea de un átomo), y una división progresiva puede conducir a que la «fuerza» del estado de mezcla alcanzado provenga de una «profundidad» cada vez mayor. Este pensamiento parece estar en el trasfondo de la exposición de Geber. Geber se imagina entonces la medicina como una sustancia que está dividida en partes en lo más profundo y que puede transmitir este estado de división extrema a otros metales. Por lo tanto, el aumento de las partes significa ciertamente un incremento en su número, pero no un incremento en la cantidad (o el volumen) de la sustancia inicial.
En la historia de la alquimia, esta falta de claridad ha dejado huellas, y una y otra vez uno se encuentra con textos y pasajes en los que, con motivo de la multiplicatio, se habla de un aumento de la cantidad (a menudo también se le llama augmentatio); por lo demás, rara vez se tematiza con ello un aumento del peso, aunque Geber ya lo tiene en la mira. En una analogía superficial con la fermentación, esto puede entenderse perfectamente en el sentido de que la cantidad de la sustancia inicial aumenta. Sin embargo, una consideración del problema del peso habría guiado las reflexiones en otra dirección.[25]
Si se observan los textos latinos traducidos del árabe a los que recurrió Geber, a menudo el concepto de multiplicatio se despliega aquí o mediante la indicación de proporciones numéricas,[26] de modo que cada preparación posterior de la medicina transforma un número mayor de partes del metal sobre el cual se proyecta; de manera que una parte de ella tiñe 200 partes de un metal, tras una nueva preparación 400 partes, luego 600, etc.; según los Secreta secretorum del autor árabe Razés (fallecido hacia 825).[27] Según esto, parece que una cantidad determinada —aunque en las recetas de los Secreta permanece indeterminada—del polvo de proyección es capaz, tras un tratamiento posterior, de teñir una cantidad cada vez mayor y regularmente creciente del metal o material tratado con dicho polvo. Tampoco aquí queda claro de inmediato si el polvo debe actuar cada vez más en profundidad, es decir, si con la cantidad creciente de partes teñidas se trata de partes cada vez más pequeñas.[28] Más bien parece que la cantidad de metal a tratar, afectado y/o teñible por el proceso de transformación, puede o debe aumentar.
La multiplicatio como fermentación
En otro texto medieval que se alinea entre los textos de Geber mediante referencias cruzadas —el Liber fornacum—, se utiliza consecuentemente el concepto de fermento en lugar del concepto de medicina.[29] El fermento se añade a una pasta metálica preparada a partir de los metales, a la que luego hace fermentar o leudar[30]. Este es un concepto diferente, y los componentes materiales indicados tampoco coinciden con las demás opiniones de Geber. Aquí, la multiplicatio como leudado o fermentación equivaldría decididamente a un aumento de cantidad; es decir, en realidad a un mero incremento espacial con una alteración de las propiedades materiales.[31] Allí donde este concepto se interfiere, entra en juego otra idea rectora, y el concepto de multiplicatio pierde sus contornos. El concepto de la fermentación se podía tomar, no obstante, de textos del Medievo que asimismo habían sido traducidos del árabe al latín.[32] Sin embargo, independientemente de lo que subyazca conceptualmente en cada caso, la multiplicatio se convierte en un tópico y elemento textual que a menudo constituye el cierre de los textos alquímicos, y esto de manera especial cuando estos textos, como sucede a menudo, desembocan en una receta para la preparación del elixir.[33]
Este es el caso, por ejemplo, de un tratado (De multiplicatione) de Tomás de Aquino, que se dice que escribió a petición de su secretario privado, Reinaldo de Piperno.[34] Sin embargo, Tomás de Aquino ciertamente no se habría involucrado en el lenguaje arcano por el cual el texto está marcado en gran medida. Es más probable que este haya surgido en el siglo XV y que se le haya atribuido a Tomás no sin cierta ironía latente. A esta ironía pertenece también la circunstancia de que se juega con la relación de Tomás con su maestro Alberto Magno, quien de hecho procesó materiales herméticos y en cuyos escritos cae, por ejemplo, el nombre de Hermes. Al final, Tomás aconseja al hermano Reinaldo que se ocupe más bien de su oficio de predicador y de procurar la salvación cristiana. Sin embargo, este manto irónico se ha arrojado sobre un texto alquímico muy característico.
En De multiplicatione se utilizan muchos fraseologismos que recorren toda la literatura alquímica, entre ellos, por ejemplo, el de que “toda nuestra obra se puede expresar en solo cuatro palabras, es decir, representa una opus mulierum und ludus puerorum (obra de mujeres y juego de niños)”.[35] Esto significa cocinar —y esto con resistencia y paciencia.[36] El fraseologismo alquímico se puede rastrear hasta Zósimo. Se habla además de la orina de un niño de doce años, de la leche de virgen y de la cola de dragón, etc., y una y otra vez de nuestro Mercurius (mercurio), el cual —según la teoría de este texto— debe prepararse por sí solo. Tras una serie de pasos de procedimiento, finalmente se produce una amalgama; el término también se repite posteriormente.[37] Esta amalgama —denominada alternativamente también elixir, medicina o fermentum, lo que demuestra involuntariamente la imprecisión conceptual— debe proyectarse luego como polvo sobre mercurio para que, tras una cocción posterior, se pueda encontrar oro o la plata más fina.[38]
Sin embargo, tras una serie de medidas preparatorias, la producción del elixir se considera un procedimiento en tres pasos para comunicarle propiedades que este debe poder transmitir. Este procedimiento desemboca en una multiplicatio. En el primer paso se llega tan lejos que „una parte de nuestra obra [puede teñir] siete partes de mercurio bien purificado» (j pars nostri operis vij tingit partes mercurii bene purgati);[39] es decir, se debe proyectar un polvo preparado, probablemente con un alto contenido de oro, sobre mercurio purificado en una proporción de 1 a 7, con lo cual el mercurio se tiñe (se convierte) con éxito en oro. La coloración, razón por la cual el elixir también se denomina tintura, se entiende en la alquimia como la propiedad identificativa de un metal.
Un paso posterior refina ahora el producto obtenido en el primer paso: El polvo obtenido aquí ya es más sutil, porque está más fuertemente digerido —digestio, «digestión», es un concepto medieval muy extendido—. Sin embargo, el polvo debe volverse aún más sutil. Por lo tanto, se proyecta nuevamente sobre siete partes de mercurio y se trata de nuevo. El autor deja ver cierta experiencia con los procedimientos de trabajo: Así, se debe hacer pasar a través de un cuero y calentarlo en un recipiente cerrado a fuego lento durante mucho tiempo en el horno, etc. Después —probablemente la proporción de mercurio se ha evaporado para entonces— se procesa de nuevo hasta obtener un polvo que ahora debe ser aún más fino. “Por lo tanto, una parte [del polvo obtenido en este segundo paso] tiñe siete veces siete partes en elixir” (Eo quod una pars tingit sepcies septem partes in elixir).[40] Ahora se posee, pues, un polvo que está digerido en una proporción de 1:49.
En el tercer paso se obtiene un polvo muy sutil, „del cual una onza tiñe siete veces 49 partes, esto es, trescientas cuarenta y tres partes“ (quorum [pulveres] uncia j tingit partes sepcies xlix, hec sunt ccc et xlij partes). “La razón de ello es la siguiente: Cuanto más se digiera nuestra materia, tanto más sutil se volverá. Y cuanto más sutil sea, tanto más capaz será de penetrar y tanto más tiñe mediante la penetración” (Racio quia quanto materia nostra plus digeritur, tanto subtilior efficitur, et quanto subtilior tanto penetrabilior et tanto plus ingrediendo tingit).[41]
Según el modelo conceptual subyacente, el refinamiento avanza en el sentido de una serie aritmética basada en potencias de siete. Lo que se presenta como un refinamiento potenciado —en el sentido de una multiplicatio del efecto— es, sin embargo, en primer lugar simplemente una dilución progresiva del polvo inicial; los procedimientos de tratamiento simplemente se repiten. El hecho de que con ello se deba alcanzar una mayor eficacia del polvo se basa únicamente en la sugerencia de la serie aritmética; la indicación de la razón es, en cierta medida, una afirmación vacía, y la indicación de potencias, un farol numérico. Tras el tercer paso, el autor se detiene. Probablemente porque el tres, al igual que el siete, representa un número simbólico. El procedimiento es, en principio, el mismo que en la potenciación homeopática.[42] Para una medicina, la potenciación puede ser eficaz, pero no como procedimiento de amalgamación.[43] Hasta qué punto el refinamiento debe producir partes cada vez más pequeñas o finas, no resulta evidente. El concepto de digestio requeriría, al menos, un mayor desarrollo para hacer previsible una explicación. Al igual que ocurre con el fermento, con una medicina y con un elixir, este primer concepto medieval se vincula a un proceso de transformación profunda sin ser precisado más detalladamente.
Por el contrario, la multiplicatio, especialmente cuando se explicita mediante técnicas de cálculo, despierta fácilmente la impresión de una precisión numérica. Así es como se la presenta a menudo y con gusto en la alquimia de la Edad Moderna temprana; una representación característica se encuentra en la explicación del prominente adepto Nicolás Flamel sobre las llamadas figuras jeroglíficas, que supuestamente se encontraban, entre otros lugares, en el frontón de la puerta de entrada de un cementerio parisino.[44] El Livre des figures hiéroglyphiques representa un intento sumamente original de interpretar un sentido oculto, supuestamente alquímico, en un programa iconográfico cristiano y de desarrollar a partir de ahí un texto alquímico.[45] En el penúltimo capítulo, antes de la obtención definitiva del elixir, (Pseudo-)Flamel expone la multiplicatio siguiendo el procedimiento de muchos otros textos:
[…] tantas veces como disuelvas [solviren] y fijes [figuren, hacer sólido], tantas veces multiplicarás estas naturalezas [es decir, aquí propiamente las propiedades o estados de agregación de la materia sometida a los tratamientos; pero también probablemente: partes] en cantidad o tamaño, forma y virtud; a saber, según el número diez para la multiplicación o aumento, y de este número a cien, de cien a mil, de mil a diez mil, de diez mil a cien mil, de cien mil a un millón o mil veces mil; y de ahí, mediante una operación idéntica, hasta un número infinito, tal como yo mismo lo he intentado y realizado tres veces, ¡alabado sea Dios! Y si ahora tu elixir es llevado de esta manera hasta el infinito, entonces un grano o grano de cebada de este, cuando sea arrojado sobre una cantidad metálica fundida, aunque esta sea tan grande y profunda como el océano o el mar grande,[46] la teñirá y transformará en el metal más perfecto de todos, esto es, en plata u oro, según haya sido imbuido o fermentado, y también hará que toda la suciedad y la materia extraña que se le había unido en la primera coagulación sea expulsada y quede atrás.[47]
El fragmento deja entrever, junto al juego numérico, una falta de precisión: apenas queda claro si ocurre una división hasta el infinito o un aumento de la cantidad; deja escuchar, en cambio, una hipérbole y demuestra una cierta disposición a la fabulación. La acreditación ajena o propia de la ejecución de una o varias transmutaciones pertenece a un género muy difundido en la Edad Moderna temprana: los relatos de transmutación.[48] (Pseudo-)Flamel antepone un relato de este tipo a su explicación de las figuras jeroglíficas. La multiplicatio aquí representada avanza en su obra en potencias de diez. Sin embargo, cuando se habla de multiplicar las naturalezas en cantidad o tamaño, forma y virtud, se están mezclando todos estos factores diferentes de la multiplicatio.
Esto no siempre es así, y ocasionalmente la multiplicatio de la fuerza y la de la cantidad se mantienen muy bien separadas; por ejemplo, en la Philosophia reformata de Johannes Daniel Mylius:
De dos maneras puede ser multiplicada la medicina: Primero, mediante la disolución y la reiterada coagulación, y esta es su multiplicatio en cuanto a su fuerza y calidad. Segundo, mediante la fermentación, y esta es su multiplicatio en cuanto a la cantidad. Sin embargo, completarás más rápido el aumento mediante la fermentación, ya que con la disolución no se puede trabajar bien si antes no fermenta en su propio fermento. Por el contrario, nuestra medicina se vuelve más perfecta mediante el disolver y el sublimar [elevar]. De esta manera se refinará (espiritualizará), y tras la primera disolución, sublimación y coagulación, una parte rinde en la primera proyección (con éxito) sobre cien partes; en la segunda, sobre mil partes, y así se deja seguir decuplicando mediante posteriores sublimaciones hasta el infinito, ¡lo cual es el don más precioso de Dios! (Duo-bus autem modis multiplicari poterit medicina. Primo per solutionem et reiteratam coagulationem, et haec est eius multiplicatio virtualis in bonitate. Secundo per fermentationem, et haec est eius multiplicatio in quantitate. Citius autem augmentationem per fermentationem perficies, eo quod soluta non bene operatur, nisi prius figentat [fermentat? H.H.] in suo fermento. Perfectius ergo per solutionem et exaltationem nostra medicina multiplicatur, et hoc modo spiritualia, et post primum solutionem, exaltationem, et coagulationem pars vna in prima proiectione cadit super 100. secunda super 1000. et sic vlterius decuplare, semper exaltando vsque in infinitum, quod preciosissimum est Dei donum).[49]
En la obra de Mylius queda claro que la multiplicatio virtualis in bonitate debe representar un refinamiento que progresa en potencias de diez, el cual puede continuarse hasta el infinito, y no un aumento de la cantidad mensurable. También se vuelve evidente que el azufre que se va a añadir al mercurio no debe volver a ser volátil y, por lo tanto, la combinación debe llevarse a un refinamiento tal que parezca indisoluble. Independientemente de esto, también puede haber un aumento de cantidad en el sentido de la fermentación.
Formas de escritura desencadenadas permiten romper los formatos de representación tradicionales en la Edad Moderna y convertirse en formas textuales propias. Con frecuencia se vuelcan hacia la burla, tal como los poemas didácticos alquímicos ya en la Antigüedad se vertían en verso, pasar a una fabulación y convertir los nombres encubiertos y conceptos de fantasía, artísticamente acuñados, en cifras.[50] Sin embargo, en la Edad Moderna temprana, el proceso alquímico se extiende también al ser humano, al cosmos y a la historia de la salvación,[51] y el proceso significa de repente mucho más que un simple procedimiento artesanal. Este llega a perderse, dado el caso, en favor de una reinterpretación teosófica. La alquimia de la Edad Media es, en consecuencia, remodelada y generalizada, de modo que de ella surge una amplia y extensa filosofía de la naturaleza en la que confluyen la teosofía judía y la cristiana.[52]
El heraldo de la aurora que rompe en el cielo filosófico
El texto que va a ocupar el centro de atención en lo sucesivo está desarrollado, en gran medida, únicamente a partir de la multiplicatio e intenta darle un nuevo sentido en ese campo expandido de la filosofía de la naturaleza. Se trata del Vorbothe der am philosophischen Himmel hervorbrechenden Morgenröthe [El heraldo de la aurora que rompe en el cielo filosófico] (Ámsterdam 1703) de Johannes de Monte Raphaim.[53] ‘De Monte Raphaim’ significa ‘del Monte de Raphaim’; los Raphaim o refaítas son habitantes de una región determinada de Israel de la época prehistórica. Sobre el autor, quien debió de pertenecer a los judíos residentes en Ámsterdam, no existe noticia alguna, y por lo demás hay muy pocas indicaciones sobre la historia de la impresión de su texto.[54]
Probablemente Johannes se sirva de un seudónimo.[55] Llama la atención el título de su texto (especialmente en lo que respecta a la Morgenröthe [Aurora]). Un cento alquímico que data probablemente del siglo XIII lleva el título Aurora sive aurea hora o bien Aurora consurgens (según el Cantar de los Cantares 6,9); una serie de escritos paracelsistas lleva igualmente «Aurora» en el título,[56] y, por supuesto, cabe pensar también en la Aurora oder Morgenröthe im Aufgang de Jacob Böhme del año 1612. En el contexto alquímico, la aurora debe referirse a la última etapa de la producción del elixir; como «heraldo» (Vorbote), Johannes entiende probablemente la ejecución de la multiplicatio que, por lo general, precede a este paso del procedimiento. Sin embargo, dado que redacta un texto de orientación filosófica, la aurora rompe en el cielo filosófico.
Desde la segunda mitad del siglo XVII, muchos adeptos de Böhme, pero también otros intelectuales de inspiración paracelsista y teosófica, se reúnen en Ámsterdam,[57] donde se imprime por primera vez en 1703 el Vorbothe der am philosophischen Himmel hervorbrechenden Morgenröthe.[58] Johannes de Monte Raphaim debió de pertenecer a un círculo comparable. Tras la primera edición, el texto vuelve a ser reimpreso varias veces en el siglo XVIII,[59] entre otros lugares por Friedrich Roth-Scholtz en 1728 en su Deutsches Theatrum Chemicum, pero también más tarde.[60] La recepción llega incluso hasta la época de la Ilustración.
Johannes, por su parte, menciona de paso a Nicolás Flamel como adepto alquímico, pero se distancia de él.[61] Además, cita del Guldenen Kalb (Vitulus aureus) [Becerro de oro] de Johannes Friedrich Helvetius (primera edición de 1667), un relato de transmutación especialmente prominente.[62] Helvetius, sin embargo, según afirma Johannes, no comprende él mismo lo que ha escrito.[63] Más importante resulta la referencia a la Offenbarung göttlicher Majestat [Revelación de la majestad divina] de Aegidius Gutmann (1619, redactada quizá hacia 1575).[64] Se trata de una interpretación físico-teológica de gran alcance en dos gruesos volúmenes basada en el relato de la Creación del Génesis (primer libro de Moisés), que entrelaza las magnitudes mencionadas en dicho relato con la teoría de los elementos, así como con extensos conocimientos sobre procedimientos alquímicos y sustancias químicas. De manera característica, el papel del agua y de la luz se extiende aquí metafóricamente. El agua es todo lo que es fluido; la luz actúa como una luz oculta que penetra incluso en el espíritu y en la materia.[65]
Johannes se remite a la opinión de Gutmann de que el oro común está lleno de luz y de tinieblas y que uno solo debe separar las tinieblas de la luz, es decir, que debe separar las partes impuras de los metales para que todo el oro se convierta en un cuerpo espiritual rojo / cristalino.[66] Con esto se tendría entonces oro sacado de su estado natural y preparado como una tintura que, como tintura universal, transforme todo aquello sobre lo que sea aplicada.[67] El oro aparece aquí como una sustancia hipotética que es refinable hasta el infinito —existe un oro hiper-perfeccionado [übervollkommene Gold][68]—, que luego puede desplegar efectos físicos pero también médicos insospechados. Sin embargo, para ello debe haber ocurrido una multiplicación, de cuya forma matemática Johannes se esfuerza por dar cuenta.[69] La idea fundamental que recorre el texto de una perfeccionación que llega hasta el infinito ya está planteada en Geber, así como la suposición de una sustancia que se encuentra en el interior de la Tierra y que ya ha alcanzado el estado deseado. Si se quiere producir artificialmente, se debe imitar el proceso de producción de la naturaleza. Como proceso elemental puede considerarse el surgimiento de los elementos unos a partir de otros. En ello debe originarse la tintura:
Dios sin embargo ha creado una cosa / la cual también está en el oro / que es estimada en menos que el oro / a saber, tierra roja / ¡y esa es la tintura! Pero ¿cómo se llega a esta tierra de fuerza tintórea? Respuesta: el oro no debe convertirse en oro / la vida ser matada / el fuego en agua / desde el agua la tierra a través del fuego convertirse en aire.[70]
Johannes utiliza aquí el lenguaje de la alquimia, el cual entiende la variabilidad o alterabilidad del sustrato material encerrado sobre el fuego en el matraz de destilación expresándola convencionalmente mediante la formación de negaciones y oposiciones, así como mediante la circulación de los elementos —entendida como un cambio de los estados de agregación de un mismo sustrato—.
La tintura universal constituye el proceso central del cosmos pero también del espíritu. La proyección sobre el espíritu ya la anuncia la alocución en verso precedente dirigida a los verdaderos hijos de la sabiduría, la cual ensarta una extensa colección de tópicos alquímicos sobre la piedra identificada con el Mercurius, pero que también la concibe como un proceso autorreferencial del espíritu:
Notad / y entended bien / lo que aquí se insinúa
Y que uno solo a través de parábolas es guiado /
Dios sin embargo da el espíritu para la sabiduría y el entendimiento
Hacia allá vaya vuestra mente / hacia allá extended vuestra mano
Los nombres de esta cosa no se han de contar
Si la habéis entonces reconocido podéis vosotros mismos elegir
Cómo queréis que se llame […].[71]
Johannes esboza en su Vorbothe una serie de conceptos globales:[72] una teoría de los Cuatro Reinos con el reino astrálico, animal, vegetal y mineral —Paracelso ya había añadido un correlato astrálico a la tradicional teoría de los tres reinos—, en los cuales originalmente habría estado activa una tintura universal, la cual sin embargo se habría especializado y segregado en los representantes más refinados de estos reinos: a saber, en el Sol, en el ser humano, en el vino y en el oro. Junto a esto, establece una historia de siete mil años que, tras seis mil años, se encamina hacia un gran Sabbat en el que todo aparecerá siete veces más espléndido, poderoso y hermoso. Si hasta entonces todo se ha desplazado hacia la periferia, entonces todo se reunirá de nuevo en el Centrum Divinum. Aplicado al oro, esto significa que se habrá refinado en siete rotaciones. Si la naturaleza ya ha teñido el oro con la ayuda de una tintura muy sutil que se encuentra en el vientre de la Tierra, entonces solo se debe saber cómo lo ha hecho para poder repetirlo con la ayuda del arte, dado el caso, incluso antes del gran Sabbat.
Según Johannes, uno puede hacer que el oro no solo sea perfect, sino plusquamperfect y llevar la perfección y la multiplicación hasta el infinito, tanto en lo que respecta a su peso como a su calidad.[73] Para ello, simplemente se extrae la tintura del oro común (con lo que queda implícito: «nuestro» oro por producir es mejor que el común). Sin embargo, aquí no se habla de ningún tipo de procedimiento de trabajo: Johannes no otorga el más mínimo valor a los conocimientos prácticos ni a las explicaciones en forma de receta. Una vez que se ha extraído la tintura del oro común, se aplica una parte a 24 partes (de una onza) de oro. Si se logra,
multiplicar esta tintura en el cuerpo del oro solo una vez / entonces infaliblemente este oro elevado o teñido todavía hará que veinticuatro partes de plata añadidas sufran [correcto: ¡se conviertan?] y pasen a ser el mejor oro; y si repites esto siete veces / y puedes llevar a cabo la primera gran rotación / entonces te encontrarás con que / al cierre de la primera gran rotación una parte teñirá 1536. En la segunda / 196608. Y en la tercera 25185824. partes.[74]
Esto se repite siete veces. Las series y rotaciones de Johannes no avanzan en potencias de siete, sino en sumandos que se van sumando cada uno consigo mismo. A cada serie de siete la denomina una rotación, la cual engloba en una llave:

Vale la pena hacer una observación marginal: en la obra Kühlpsalter de Quirinus Kuhlmann, aparecida pocos años antes también en Ámsterdam (1684), se utilizan asimismo llaves cuando Kuhlmann conjura su «año del siete cuatro veces repetido» (virmahlsibnes Jahr), el cual es significativo en el sentido de su teología privada (V. 5760f.):[75]

En Kuhlmann se trata de una construcción que abarca el pasado, el presente y el futuro dentro de la historia de la salvación, la cual inscribe en su Kühlpsalter. Llama la atención cómo la especulación numerológica, la combinatoria lingüística y la representación gráfica confluyen aquí de manera similar a como ocurre en Johannes de Monte Raphaim.[76] Existe un trasfondo intelectual compartido, pero también con las posibilidades de los medios de comunicación abiertos por la imprenta, que hacen posibles tales representaciones gráficas.
Johannes, sin embargo, a diferencia de Kuhlmann, coloca inicialmente tres representaciones de rotaciones una detrás de otra, para las cuales calcula (en parte de manera errónea) las sumas de las rotaciones.[77] Estas no significan todavía una perspectiva de salvación por sí mismas, sino que caracterizan la multiplicación de aquella tintura universal integrada en la salvación. Se ahorra las cuatro rotaciones restantes, pero puede especular con que ya desde ahora se vislumbra una suma monstruosa. En efecto, para las siete rotaciones se puede calcular la siguiente cifra: 6.755.399.441.055.744 (seis billardos, 755 billones, 399 millardos, 441 millones, 55 mil, 744). Si el maestro que trabaja en el proceso se pusiera ante los ojos esta cifra de la multiplicación (en realidad una sumación, pero aquí simplemente se refiere al aumento) —según Johannes—, entonces no comprendería la fuerza de la tintura / sino que tendría que dejarlo todo en manos del Sabbatismo.[78] *No obstante, nos corresponde a nosotros buscar e investigar / dónde se esconde el fundamento de la multiplicación / y cómo crecen y se transmutan los metales.*[79]
Y ahora Johannes hace una propuesta sobre cómo puede entenderse este fundamentum. Escribe un pasaje sorprendente que, en el contexto de la filosofía de la naturaleza contemporánea, parece anticipar la tesis de la identidad de Hegel y su dictamen de “El sujeto es la sustancia”, y que merecería ser interpretado a fondo: Reinterpreta, en efecto, la multiplicatio y la tintura universal —siguiendo los múltiples esfuerzos de la Edad Moderna temprana— no en el sentido literal del elixir y la transmutación, sino como una metáfora para una transformación de lo que se encuentra en el ser humano y de lo que este es.[80] La multiplicatio a través de la tintura se concibe como un proceso que no tiene lugar al trabajar en el laboratorio, sino en el interior del ser humano cuando este intenta capturar lingüísticamente la esencia de la sustancia buscada. Entonces las significaciones se le multiplican, y el lenguaje se deja extender hasta el infinito. De la misma manera que uno puede formar infinitas oraciones. Si el sujeto de las oraciones no es una magnitud claramente delimitada, sino una magnitud de transición que cambia al formar las oraciones, y si tampoco está fijada la significación de los conceptos utilizados, entonces la producción de diferenciaciones se encamina hacia el infinito.
Es la autodescripción del ingenium [ingenio/mente] que se deja observar de esta manera; la tintura aparece como el proceso de formulación abierto y que corre hacia el infinito, el cual se establece en el curso de su determinación:
- Notad aquí: si el fuego no se demostrara tan polifacético / entonces se sabría poco o nada de la tintura / por lo tanto / dado que se encuentran tantos grados del fuego / polifacética es también la tintura / pero todo a partir de un único [principio] / el cual ningún hombre puede expresar o nombrar; y quien lo reconoce y lo sabe / no puede enseñárselo a nadie; pues aunque el maestro lo haya hecho a menudo / lo haya meditado largamente y buscado a fondo / encuentra sin embargo siempre algo nuevo en ello / porque comienza sin fin / y termina sin principio / por lo tanto nadie puede dar el entendimiento al discípulo / sino que este mismo [sc. el entendimiento] se manifiesta de muchas maneras según el don y la voluntad de Dios.
- Pues si queremos captar esta esencia de fuerza tintórea en su fundamento / entonces ella misma es el ingenium y fundamento; si juzgamos [iudiciren] sobre ella / entonces ella misma emite el juicio; si reflexionamos y pensamos en ella / entonces se convierte en puros sentidos y pensamientos; si disputamos sobre ella / entonces es pura boca y palabra; si nos volvemos impacientes / porque no podemos tenerla / como de buen grado quisiéramos / entonces se burla de nosotros / porque es capaz de volver lo de arriba abajo; si no le prestamos atención en absoluto / entonces se hace a sí misma / para que aquel no pueda hacerle violencia / que no es digno de ella; los laborantes del proceso quieren, a pesar de todo, gobernarla y forzarla a entrar en el proceso / y creen ser señores de ella / pero son verdaderamente las gotas más sufridas bajo todo el cielo.[81]
La idea del elixir es el elixir mismo y se multiplica hacia el infinito. Pero cuando llega el gran Sabbat, el refinamiento ha avanzado en partes/diferenciaciones de significado cada vez más pequeñas a lo largo de siete rotaciones hasta alcanzar una cifra inimaginable. Ciertamente, en ello radica un proceso cósmico que los químicos que trabajan de forma artesanal solo pueden controlar de manera imperfecta.
La multiplicatio es llevada por Johannes ad absurdum. El proceso alquímico no solo se proyecta sobre el ser humano,[82] sino sobre el proceso mental que se superpone a este, el cual se ocupa de dicho proceso alquímico. De forma involuntaria, el proceso revela con ello su autorreferencialidad. Se descompone a sí mismo hasta el infinito.[83]
El texto.
JOHANNIS DE MONTE RAPHAIM
El Presagio
de la
Aurora
que irrumpe en el
Cielo Filosófico.
Junto con un apéndice
de varias
Máximas [o Proposiciones Doctrinales],
para los
Discípulos de la Sabiduría,
sacado a la luz
por
Friedrich Roth-Scholtz,
de Herrenstadt, Silesia.
Núremberg,
en la imprenta de los benditos herederos de Adam Jonathan Felsecker.
1733.[84]
598 Joannis de Monte Raphaim
Alocución [o Discurso]
A
los verdaderos Hijos de la Sabiduría.
¡Ánimo!, ¡levantaos, hijos, vosotros que camináis en la luz!
Y amáis la verdadera Sabiduría, ¡atended a lo que ahora se trata!
Vosotros, investigadores de la naturaleza y de la verdadera medicina
que Dios ha creado, ¡vamos, acercaos aquí!
Venid, contemplad la mirada que la Sabiduría os concede,
no despreciéis el rayo con el cual podéis vislumbrar
el milagro de la naturaleza al que pertenece la Sabiduría;
si queréis reconocerlo, ¡atended a lo que os es enseñado!
Al principio debéis considerar con la mayor diligencia
lo que es imperecedero, y luego dirigir vuestros sentidos
hacia aquello que lleva a todas las cosas a un hermoso crecimiento,
y que penetra desde el centro mismo hasta la periferia [o circunferencia].[85]
599 El Presagio de la Aurora
Pues esta fuerza es grande y está llena de obras milagrosas,
un fuego vivo y la fuerza más fuerte de todas,
que destruye todo poder; una luz llena de claridad,
que rompe a través de las tinieblas con todas sus fuerzas.
Cuál pueda ser el nombre de esta cosa,
os lo quiero mostrar en este pequeño escrito:
¡atended!, es, en una sola palabra, el Mercurio ígneo (feurige Mercur),
que en la obra de la Creación partió hacia la libertad.
Él abre y rompe; él mata, hace vivir,
él une, vence, hace volátil y permanente [fijo],
transmuta lo que toca según su propia naturaleza,
y da a cada cosa la fuerza que le ha sido asignada.
En este espíritu de fuego (Feuer-Geist) se halla oculto todo el poder,
mediante el cual el cuerpo muerto es completamente despertado;
el primer hombre recibió también de allí su forma,
y se erguía muy excelso, adornado de múltiples colores.
Esta es aquella masa de la cual el primer ser
tomó también su principio, y aún nada puede sanar [o nacer]…[86]
600 Joannis de Monte Raphaim
…a menos que su fundamento sea volcado hacia fuera;
de lo contrario, permanecerá eternamente como una tierra muerta.
Así pues, esta cosa reside únicamente en dos cosas,
de las cuales se aplica, tal como cantan nuestros sabios,
la naturaleza celestial y la alta espiritualidad,
y de tal medida se manifiesta la eternidad a partir del tiempo.
Lo que el macrocosmos [la gran ley del mundo] nos pone claramente ante los ojos,
y se guarda oculto en lo profundo de la tierra,
cada cosa tiene su parte de ello junto a sí y dentro de sí;
sin embargo, el microcosmos [el mundo pequeño] va también más allá de ti y de mí.
Pues este sobrepasa los reinos de esta tierra,
ninguna otra cosa puede en absoluto comparársele;
DIOS mismo depositó en él esta prenda celestial:
la luz eterna, que a pocos es conocida.
Por eso el microcosmos está lleno de fuerzas balsámicas,
destila continuamente de sí los jugos más puros;
un espíritu de sal (Saltz-Geist) brota de él y lo vuelve completamente puro,
como lo atestigua aquella mujer que de pronto se convirtió en piedra.[87]
601 El Presagio de la Aurora
Mi Jesús, el Hijo de Dios, da sobre esto hermosas enseñanzas;
quienquiera que dirija su alma hacia este fundamento,
puede deducir fácilmente por qué la Sal de la Tierra (Erden-Saltz)
es tan altamente elogiada, con su dulce sabor.
Atended y comprended bien lo que aquí se insinúa,
y que uno os guía únicamente a través de parábolas [o alegorías];
pero Dios da el Espíritu para la Sabiduría y el Entendimiento:
¡hacia allí dirigid vuestra alma, hacia allí extended vuestra mano!
Los nombres de esta cosa son innumerables;
si la habéis reconocido, podéis elegir vosotros mismos
cómo queréis llamarla. ¡El número tres veces doce (dreymal zwölffte Zahl)!
os da la palabra correcta; ahora os dejo la elección.
Solo el Oro se le parece, y se le aproxima bastante,
y sin embargo no es oro; cuando el sabio lo vio,
se regocijó grandemente, y pensó en su interior:
¿A dónde llevaré este tesoro a toda prisa?[88]
602 Johannis de Monte Raphaim
Al rico no tengo necesidad de ordenárselo por esta vez,
el pobre mismo me lo puede contar por sesentenas [por montones],
pues aquel [el rico] no lo estima, y este lo tiene en demasía;
sin embargo, yo no lo desecho por eso, me sirve como juego.
¡Atendid, hijos! Esta cosa abre las ligaduras metálicas,
y las cierra de nuevo con un fuego [o combustión] suave,
entrega su propio jugo como botín,
y lo recobra otra vez con una ganancia importante.
Pero antes debe ella misma morir de una amarga muerte,
antes de que pueda heredar el poder del cielo;
porque ella es nuestra piedra, nuestro vaso, el horno y el fuego,
la llave de nuestro Arte, que es vil [barato] y también precioso [caro].
Por lo tanto, al principio no sirve para esta magna obra
la masa de oro rojo, hasta que haya alcanzado plenamente
su mayor fuerza; entonces abre el oro,
y reparte generosamente a los servidores su paga.[89]
603 El Presagio de la Aurora
Perfeccionada está la cosa según su primera esencia,
pero más perfecta se vuelve cuando una vez se ha recuperado
de la muerte sufrida; entonces ya no morirá jamás,
y gobernará eternamente, según la enseñanza de todos los sabios.
Este es, pues, el Mercurio que todos los sabios aman,
no el azogue común (Quick), el sexto entre los siete [metales],
pues este sería demasiado vil; este proviene de aquel,
aquel desciende de sí mismo, ninguno existe por azar.
Con este espíritu de fuego (Feuer-Geist) se han de obrar milagros,
él suele dirimir [concluir] toda disputa en la naturaleza.
Une el agua y el fuego, deseca lo que está demasiado húmedo,
humedece lo que está demasiado seco, quema lo que está marchito [exprimido].
En suma: su poder es del todo insondable,
y es una cosa extraña que pocos pueden encontrar,
aun cuando a todos sea igualmente conocida; es sumamente agradable,
y sin embargo a menudo resulta muy incómoda para muchos.
Nada puede subsistir ante ella, devora lo que ha engendrado,
y presenta lleno de vida aquello que se inclinaba hacia la muerte.[90]
604 Joannes de Monte Raphaim
Al águila se asemeja: desciende desde el cielo,
y vuelve a subir hacia el cielo desde su profunda
tumba.
Esta es la única cosa tras la cual los hombres
ansían,
el instrumento de la naturaleza, que es vida de todas las cosas,
y permanece eternamente como el verdadero fundamento de la Sabiduría;
el Altísimo sea por ello alabado a cada hora.
En el Nombre de Dios.
I.
Al igual que en el tiempo presente el sol
del cielo, por medio de su calor natural
y lleno de jugo, no produce ninguna nueva
criatura en este gran espacio del mundo, sino que en todo momento trabaja y opera con miras a la fuerza vivificante [crecedera] plantada en él por DIOS, el Creador todopoderoso, para no solo conservar todas y cada una de las cosas, sino también para promover su reproducción y sus partos; de la misma manera el sol terrenal, el Oro, no puede sobrepasar la meta que le ha sido fijada de una vez por todas, sino que permanece de una vez y para siempre en la esencia y el estado en el que ha sido puesto por la naturaleza, y tampoco engendra por sí mismo ni ante sí ningún otro oro, por más tiempo que permanezca en el vientre de la tierra; y es todavía menos capaz de esta facultad…[91]
605 El Presagio de la Aurora
…[capacidad de] elevar otros metales imperfectos y hacerlos semejantes a sí mismo, por cuanto no posee en sí nada más que aquello que necesita para su propia y particular nobleza [o dignidad].
2. Reparad en esto, investigadores de la naturaleza, y contempladlo muy bien, pues aquí yace oculto un gran secreto que el libro de la verdad divina nos da a entender, por así decirlo, bajo un enigma cuando dice: El sol brillará siete veces más deslumbrante, y la luna como el sol.
3. Pues si el oro ha de hacer y operar algo más, también es necesario que sea siete veces más poderoso y que sea puesto en un estado de sobreperfección; esto es, primero debe ser él mismo teñido o tinturado hacia la unvollkommenheit [aparente imperfección/apertura], antes de que sea capaz de comunicar algo a los demás; por lo cual el sabio dijo con razón: El oro nada tintura, a menos que primero sea él mismo tinturado.
4. Porque así como la palabra divina da a entender claramente que cuando en su día todo este edificio del mundo sea glorificado, el sol brillará siete veces más deslumbrante; de la misma manera dicen también los sabios que el oro, antes y primero de que pueda operar algo glorioso, debe ser él mismo glorificado previamente entre sus hermanos; entonces la luna brillará como el sol, y las estrellas como la luna, esto es, los metales inferiores serán transmutados en oro y plata, para…[92]
606 Joannes de Monte Raphaim
…honra de DIOS y preservación de sus pobres creyentes.
5. ¿Acaso puede hallarse entre los mortales uno solo en cuyo corazón vislumbre apenas una chispa de Sabiduría, que no anhele con el mayor deseo este tesoro incomparable para convertirse en su maestro? Ciertamente, la guerra cruel y furiosa ha oscurecido por completo el gran esplendor de esta ciencia, y la ha hecho como olvidada, de modo que los poseedores de tal secreto, espantados y temerosos, se han dispersado [o perdido], al punto de que no se oye de ellos ni la más mínima palabra; y parece como si hubiesen abandonado del todo a esta Europa que casi ha sido despojada de su libertad, porque todo el mundo tiene sed de sangre humana, persiguiendo no tanto la gloria como el oro [físico]; pero desprecian, e incluso se burlan y pisotean, la preciosa sangre de león (Löwen-Blut) de la naturaleza, la cual es, sin embargo, la vida de todas las criaturas. ¡Así de negligente es ahora este mundo chupador de dinero! No obstante, albergo la firme esperanza de que, cuando DIOS ponga fin a esta guerra que destruye tierras y gentes —y que, sin embargo, es amada por altos y bajos— y otorgue la noble paz, esta Sabiduría comenzará a reverdecer de nuevo y brillará con fuerza como la Aurora (Morgen-Röthe).
6. Sí, no cabe duda de que muchos convertirán sus espadas en hoces, maldecirán la necedad que han practicado y contemplarán esta Sabiduría con ojos estupefactos, diciendo: ¡Puaj![93]
607 El Presagio de la Aurora
¡Qué vergüenza [puaj], que hayamos errado de forma tan lamentable el camino de esta Sabiduría! Entre tanto, no se puede negar la máxima de los sabios citada más arriba: a saber, que el oro nada tintura, a menos que primero sea él mismo tinturado.
7. Quien, por lo tanto, piense en alcanzar este secreto, le es imposible proceder de otra manera salvo estando atento y esmerándose no solo en purificar el oro natural común, sino también en tinturarlo tan elevadamente que se vuelva siete veces más hermoso, más rojo y más poderoso, a semejanza del sol celestial, el cual en su día también brillará siete veces más deslumbrante.
8. El número siete encierra en sí un gran secreto: pues el oro, cuando ha sido teñido siete veces, alcanza la Plusquamperfection [sobreperfección], y se vuelve apto para elevar otros cuerpos metálicos imperfectos y transmutarlos en oro. Sí, si este trabajo se repite tres veces siete veces, entonces, a través de estas tres grandes rotaciones [o ciclos], alcanza el número veintiuno, el cual es llamado perfecto. Por esta razón, algunos hombres sabios dicen que han elaborado nuestra tintura en siete, en veintiuno y en cuarenta y dos días; sí, algunos incluso han alcanzado el número sesenta y tres, allí donde el siete y el nueve se cierran juntos.
9. Cuantas más veces sea tinturado el oro común purificado, tantas más veces aumentará en fuerza y…[94]
608 Joannis de Monte Raphaim
…virtud [o propiedad], de tal manera que puede ser multiplicado infinitamente, tanto en su peso como en su calidad.
10. Y es de saber que la bondadosa Naturaleza nos ha concedido una ventaja sumamente grande en esta obra, y nos ha perfeccionado ya el oro para nuestro trabajo hasta tal punto, que nosotros solo debemos comenzar allí donde ella ha terminado, y seguirla según sus instrucciones, pues ella clama, en verdad, sin cesar: ¡detrás de mí, sígueme, yo te sigo! Así como también es imposible proceder de otra manera a como la naturaleza misma lo ha hecho y todavía lo hace diariamente.
11. Ahora bien, la naturaleza ha alcanzado su meta en la perfección del oro; sin embargo, avanzar más allá y hacer que el oro sea plusquamperfect [sobreperfección] no está en su poder, por lo cual debe recibir la ayuda de un juicioso hijo del Arte (Sohn der Kunst), si es que se desea alcanzar el tesoro [joya] de la Sabiduría.
12. Por cuanto es una verdad irrefutable que la naturaleza es una poseedora sumamente rica de la tintura dorada, y que ella misma la prepara igualmente para tinturar con ella el oro en la tierra, a fin de que con toda verdad pueda llamarse oro; a esta debe ahora imitar el artista. Pero cómo suceda esto, y con qué clase de cosa el oro es labrado por la naturaleza para convertirse en oro, y en qué cosas debe el artista imitar a la naturaleza para hallar la tintura de la naturaleza, por la cual él [puede elevar] el oro común…[95]
609 El Presagio de la Aurora
…[para] seguir tinturándolo, y poder, deber y tener que transformarlo en un oro tinctural, físico y sobreperfeccionado; esto requiere investigación, por cuanto al cuervo no se le tiene que meter la papilla en la boca, puesto que de todos modos le queda ante las narices, y solo le basta con agacharse y asirla.
13. A los piadosos y rectos de buen grado les pondría todo de forma clara y evidente ante los ojos, ¿pero dónde están, y quién los conoce? Por no mencionar que el mandato de que no se deben echar las perlas delante de los puercos lo prohíbe claramente. Mire uno bien a su alrededor y considérelo todo con sabiduría, pues no yace tan profundamente escondido aquello que hace noble a un Hijo del Arte.
14. Mira, la naturaleza entera, el cielo y la tierra, no pueden alcanzar la Plusquamperfection [sobreperfección] —a saber, el volverse siete veces más hermosos, agradables, poderosos y gloriosos— a menos que alcancen el número siete en su curso. Porque cuando los seis mil años del mundo se hayan cumplido, entonces comenzará el séptimo milenio y sobrevendrá el Sabbat, en el cual todo aparecerá siete veces más glorioso, poderoso y hermoso de lo que se encuentra ahora; lo cual se nota únicamente en el hecho de que el sol brillará siete veces más deslumbrante, la luna como el sol, y las estrellas, sin duda alguna…[96]
610 Johannis de Monte Raphaim
…[sin duda alguna las estrellas] brillarán como la luna; y exactamente de la misma manera el oro común debe ascender siete peldaños [escalones] en nuestra obra, volviéndose cada vez más perfecto y, finalmente, plusquamperfect [sobreperfeccionado].
15. Pero, ¿cómo se debe proceder en esto y cómo sucede? ¿O cómo se ha de organizar el trabajo? ¡Atiende! Cuando la naturaleza engendra oro en el vientre de la tierra, lo hace con la ayuda de la tintura muy sutil que yace oculta en ella, y tintura con una parte de esta, veinticuatro partes [de materia]; conforme a la naturaleza, ella no puede avanzar más alto ni tiene el poder para ello, por lo cual clama, por así decirlo, al artista: ¡Ayúdame, que yo te ayudaré! Por ejemplo: si descompones el oro común conforme al Arte y buscas en él aquello con lo que la naturaleza lo ha tinturado, hallarás que en una onza entera de oro no hay más que diez granos (Grana) de verdadera tintura, mientras que el cuerpo (Leib) del oro queda rezagado como una tierra blanco-grisácea. Esta tierra, tras la reducción en la fundición, se convierte en una plata tan estable y fija como el oro, la cual puede ser restituida muy fácilmente por un trabajador juicioso a su estado anterior, de modo que recupere el trono de la tierra del sol [el oro].
16. Ahora cuenta estos diez granos de tintura natural como una parte, y divide la onza de oro en veinticuatro partes; así verás, en efecto, que la naturaleza con una parte [tintura] veinticuatro…[97]
611 El Presagio de la Aurora
…y veinticuatro partes tiñe o tintura; si eres astuto y sabes cómo multiplicar la tintura en el cuerpo del oro tan solo una vez, este oro elevado o tinturado admitirá infaliblemente la adición de otras veinticuatro partes de plata, y las convertirá en el mejor oro. Y si repites esto siete veces y logras conducirlo a través de la primera gran rotación (groſſe Rotation), hallarás que, al concluir la primera gran rotación, una parte tinturará 1,536 (a) partes; en la segunda, 196,608 (b) partes; y en la tercera, 25,165,824 (c) partes.
17. Una gran rotación comprende en sí siete pequeñas [rotaciones], como sigue:
- 24.1
- 48.
- 96.
- 162. (Nota: un error o variante en la escala de duplicación geométrica, esperable 192)
- 384.
- 768.
- 1536.
— Todo esto es: La primera gran rotación.
(a) Mil quinientas treinta y seis.
(b) Ciento noventa y seis mil seiscientas ocho.
(c) Veinticinco millones ciento sesenta y cinco mil ochocientas veinticuatro.[98]
612 Johannis de Monte Raphaim
- 3027. (Nota: continuación de la anomalía de escala, teóricamente 3072)
- 6144.
- 12288.
- 24576.
- 49152.
- 98304.
- 196608.
— Todo esto es: La segunda gran rotación.
- 393216.
- 786432.
- 1572864.
- 3145728.
- 6291456.
- 12582912.
- 25165824.
— Todo esto es: La tercera gran rotación.
Y, ciertamente, el maestro podría avanzar aún más y continuar hasta la séptima gran revolución o rotación; sin embargo, no sería capaz de concebir el poder de la tintura, sino que tendría que encomendarlo todo al Sabbatismo (Sabbatismo).
18. En cómo debes ponerte manos a la obra para exaltar de tal modo la tintura oculta en el oro común, de suerte que el oro entero se transforme en pura tintura y pueda tinturar muchos miles de partes de metales inferiores, en eso estriba la maestría por completo. El comienzo te lo muestra la naturaleza, por cuanto ella tintura veinticuatro partes con una sola parte; y si ella no hiciera esto, no se hallaría oro en absoluto, y mucho menos se podría elaborar una tintura.[99]
613 El Presagio de la Aurora
19. De donde se infiere claramente que verdaderamente se halla una Tinctura Metallica [tintura metálica] en la naturaleza, y que solo requiere una multiplicación, y ninguna composición nueva con principios inventados por uno mismo; porque es algo del todo imposible elaborar la Tincturam Sophorum [tintura de los sabios] absque Tinctura Naturae [sin la tintura de la naturaleza]. Y esta [última] nosotros no la podemos hacer, tan poco como un campesino es capaz de fabricar un grano de trigo; puesto que reside únicamente en el poder de la naturaleza, y ya ha sido elaborada por ella misma, e incorporada y asimilada en todas las criaturas y cosas naturales. De suerte que depende meramente de un trabajador juicioso el que, cooperante Natura [cooperando con la naturaleza], la eleve à Specialismo ad universalitatis statum [del estado de lo particular al estado de lo universal] y la multiplique.
20. Pues del mismo modo que ella era universal al inicio de la Creación, antes de ser incorporada a los productis seu rebus creatis [productos o cosas creadas] y volverse así particular (special); de igual manera el maestro puede, debe y tiene que reconducirla, mediante rotaciones (Rotationes) tanto pequeñas como grandes a menudo repetidas, à Specialismo ad gradum Universalitatis [del estado de lo particular al grado de la Universalidad]; de lo contrario, el lúpulo y la malta están perdidos [frase hecha alemana que significa: todo esfuerzo será en vano].
21. Un ejemplo de ello nos lo da la creación del macrocosmos [el gran mundo]: pues así como antes de la Creación todo yacía oculto universaliter [universalmente] en el Centro Divino, pero en la Creatione [Creación] fue conducido à Centro ad Peripheriam [del centro a la periferia] mediante la Palabra Divina («Hágase» / Es sey), de tal manera que hasta el día de hoy, per modum generationis [por vía de la generación], todo es llevado hacia su alumbramiento [desarrollo] y…[100]
614 Johannis de Monte Raphaim
…y se apresura hacia la periferia, y de este modo todo está lleno del Espíritu de DIOS. Del mismo modo, al final del mundo, todo será también renacido y purificado, y lo puro será conducido de nuevo hacia el Centrum Divinum [Centro Divino], para honra de DIOS y gloriosa libertad de sus hijos creyentes; lo impuro, sin embargo, será absorbido en esta victoria, y será mantenido cautivo por toda la eternidad junto con todos los no renacidos en el tenebroso abismo.
22. Por lo tanto, no debes demorarte ni buscar en vano en qué Subjecto [sujeto/materia] has de comenzar, puesto que la bondadosa naturaleza pone en tu mano tanto el Subjectum patiens s. recipiens [sujeto paciente o recipiente] como el verdadero Agens & Augmentans [agente y multiplicador]; y depende meramente de ti el que reconozcas primero correctamente la Tincturam Naturae [tintura de la naturaleza], luego la extraigas ex debito subjecto [del sujeto debido] y, finalmente, la apliques adecuadamente.
23. Ahora bien, es seguro de una vez por todas que la Vera Materia Sophica [verdadera materia de los sabios], o el debitum subjectum artis nostrae [sujeto debido de nuestro arte] es un mineral; pero por cuanto hay muchísimos minerales, ese único en particular es muy difícil de reconocer. Pues, como puede verse en los escritos de los sabios, ellos hablan de todos los metales y minerales a la vez, diciendo algo como «toma metales y minerales», y es digno de nota que siempre ponen ambos juntos, como si fuesen muchas cosas distintas, y sin embargo se refieren a una sola cosa, porque todo está oculto en el Uno, y el Uno en todo; de donde se ha de concluir que debe ser un mineral tal, que…[101]
615 El Presagio de la Aurora
…[un mineral tal, que] debe ser aquel en el cual todos los demás [metales], pero principaliter [principalmente] el oro y la plata, se hallen enterrados conforme a su fuerza [potencial]. Si eres capaz de hacerte con este Subjecti [sujeto], tanto en su conocimiento como en su substancia, ¡bien por ti! Pero si no es así, no te desanimes por ello, y toma simplemente de la mano una sola cosa del Regno Metallico [Reino Metálico] que te plazca; pues si procedes correctamente, hallarás en ella la Tincturam Naturae [tintura de la naturaleza], siempre y cuando la conozcas; porque si no la conoces bien, se te escapará de entre las manos. Esta [tintura], en la Combination [combinación], exaltará y aumentará la tintura del oro, solamente qualitatis als quantitatis ratione [tanto en razón de su calidad como de su cantidad]. No obstante, un Subjectum speciale [sujeto particular] es más rico que otro; y cuál sea el mejor de todos ellos ya ha sido indicado en buena medida; sin embargo, añado por superabundancia que este se halla in domo arietis Saturnini [en la casa del Aries Saturnino]. Pero poco importa de dónde lo extraigas, con tal de que seas lo bastante experimentado como para extraer el Aurum Physicum s. Tincturam Naturae [Oro Físico o Tintura de la Naturaleza] con el debito menstruo h. e. Mercurio nostro [menstruo debido, esto es, nuestro Mercurio].
24. Flamel dice: Muchos lo han buscado en el plomo y el estaño, otros en el acero [hierro] y el cobre; muchos de ellos lo han buscado en la plata y el mercurio común: pero yo lo he buscado y hallado en el oro. Mas yo te digo: si puedes poseer y alcanzar la esencia de la tintura ex Centro Macrocosmico [desde el Centro Macrocósmico], entonces serás maestro sobre todas las cosas.[102]
616 Johannes de Monte Raphim
25. Ahora bien, cada uno es libre de asir lo que desee, pues de esto penden la Ley y los Profetas; pero asegúrate bien de tener un conocimiento recto, verdadero y profundo de esta cosa antes de que te atrevas a extraerla de su cuerpo denso [grobo]. Porque si no la conoces, te será del todo imposible lograrlo; es más, con justa razón habrían de burlarse de ti, pues hasta un zapatero sabe que para su oficio se requiere cuero, y no papel.
26. El fundidor de bronce de La Haya (Gravenhaag) le dijo al Dr. Helvetius, cuando este le preguntó cuál era en verdad la Vera Materia [verdadera materia] de los sabios y de qué fabricaban su tintura: «Nuestra materia es una sal celestial, o una sal de virtudes celestiales, por medio de la cual abrimos el cuerpo terrenal; y durante el tiempo que dura esta disolución (Resolution) nace el Elixir. Y tanto la sal con la que se efectúa la solución, como el mineral del cual se extrae dicha sal, no cuestan gran cosa».
27. Esto puede ser más que suficiente para un Hijo de la Sabiduría, ya que en el Becerro de Oro del Dr. Helvetius (Dr. Helvetii guldenen Kalb) se le pone ante los ojos de forma clara y evidente tanto la Materia ex qua [materia de la cual] como la per quam [por medio de la cual], junto con su perfecta elaboración; de modo que en todos los días de mi vida jamás he visto una receta más perfecta en este Arte, y es de maravillarse que tantos amantes de la disciplina [aficionados] la lean y ni una sola vez logren comprender…[103]
617 El Presagio de la Aurora
…[compro]hender lo que allí se dice; pero no es de maravillarse, puesto que el autor mismo no entiende su propio libro, y mucho menos reconoce lo que ha escrito.
28. Anteriormente he dicho que la tintura (Tinctur) al principio fue universal, pero que después se volvió particular (special), y que por consiguiente se halla en todas las cosas de los cuatro reinos de la naturaleza: a saber, el astral, el animal, el vegetal y el mineral. Specialiter [particularmente], en el regno astrali [reino astral] se encuentra de la mejor manera en el Sol; en el reino animal, la posee el Hombre en su forma más pura; las plantas otorgan la primacía al Vino; mientras que los Mineralia [minerales] se la dan al Oro.
29. Porque el Sol, el Hombre, el Vino y el Oro están estrechamente emparentados entre sí y se aman mutuamente. Ahora bien, la tintura en el Sol es un fuego inconcebible [unbegreifflich], que sin embargo puede ser hecho tangible [greifflich] por un juicioso Hijo del Arte. En los animales, esta tintura es la grasa [oleosidad]; en los vegetales, una esencia aceitosa [Olität]; y en los minerales, el Azufre [Schwefel]; pero aquí no debe entenderse el azufre común de las tiendas, aun cuando este también contenga en su interior su grano de tintura (Granum Tincturae); no obstante, extraerlo es sumamente laborioso y casi imposible, o bien se quedaría todo adherido a las paredes de los vasos, resultando en una utilidad nula o muy escasa.[104]
618 Johannis de Monte Raphaim
30. Así pues, considerando a la tintura in statu adhuc Universalitatis [todavía en su estado de Universalidad], esta es un agua sulfúrica, volátil y sumamente sutil, la cual se mezcla con todas las criaturas en los cuatro reinos, y adopta las propiedades del cuerpo de cada una de ellas: a saber, en los animales se transforma en carne y sangre; en las plantas, en raíces, madera, follaje y hierba; en los minerales, en tierra, arena, grava, arcilla [Letten], piedra, mineral y metal; y en los astros, en luz y fuego.
31. Sin embargo, in einem einzigen Subjecto [en un solo sujeto particular] ella se conserva todavía universal, el cual, no obstante, no corresponde nombrar por esta vez; es de la misma esencia que el oro, pero de forma diferente, por lo cual es llamado Aurum Physicum [Oro Físico], y la tintura elaborada a partir de él, Tinctura Physicorum [Tintura de los Físicos], por medio de la cual el oro común puede, debe y tiene que ser exaltado poderosamente. Por no mencionar que sin este Aurum Physicum ningún oro común podría crecer, asunto sobre el cual habría muchísimo que relatar si la decencia permitiera presentar a la pudorosa Naturaleza tan desnudada de este modo. Conórmese uno por esta ocasión con saber que esta esencia de fuerza tintórea (Tincturische Krafft-Wesen) yace oculta en todas las cosas, y que también puede ser extraída de todas ellas, especialmente si un Filius artis [Hijo del Arte] desea conformarse con la Medicina para la preservación de su débil cuerpo.
32. Pero en cómo suceda ahora el que esta esencia de fuerza sea extraída de los minerales y metales…[105]
619 El Presagio de la Aurora
…[es] traída, y cómo se combina después con el oro, y cómo este se convierte gracias a ello en un cuerpo plusquamperfecten [sobreperfeccionado]; sobre esto, ¡lamentablemente!, se encuentra muy poca información entre los Scribenten [autores/escritores]. Por lo tanto, nos corresponde a nosotros buscar e investigar dónde se esconde el Fundamentum multiplicationis [fundamento de la multiplicación], y cómo crecen y se transmutan los metales.
33. Bien vemos que, cuando el Sulphur [azufre] o Anima [alma] extraído del oro común es proyectado sobre tanta cantidad de plata como oro había antes, la plata se transforma en oro puro y limpio; pero esto no se puede poner en práctica con un excedente demasiado grande. Sin embargo, basta con que este Sulphur Solare [azufre solar] adopte de nuevo un Corpus in Luna [cuerpo en la plata]. Si puedes encontrar ahora aquella cosa que multiplique o aumente el Sulphur o animam solis [alma del sol], habrás hallado verdaderamente lo que los sabios mantienen tan oculto. Sobre cómo sucede esto, jubet Plato quiescere [Platón ordena guardar silencio]; no obstante, los sabios dicen unánimemente que debe acontecer en el oro y con el oro. Pues quien tiene un Loth [medida de peso] de Sulphuris Solaris, tiene también un Loth de tintura; y fabricar esta en cantidad (in quantitate) no consiste en otra cosa sino en su Multiplication [multiplicación].
34. Para esto, sin embargo, se debe buscar una humedad tal que disuelva (solvire) el oro sin ruido ni estrépito, sino que en el Solvente [disolvente] se [funda] como el hie[lo]…[106]
620 Johannis de Monte Raphaim
…[como el] hielo se derrite en agua tibia; y dice un hombre sabio que tal humedad es extraída de los rayos del Sol y de la Luna de una manera maravillosa, por medio de un juicioso maestro del Arte. Esta Aqua Rarefacta [agua rarefacta], sin embargo, es una Materia frente a la luz, una Forma frente a lo creado (Creatis) o elemental (Elementaris), pero en sí misma es una sustancia astral (astralische Substans) y una tintura de todas las cosas naturales.
35. El cómo hacer ahora tangible (greifflich) este agua en tanto que Materia celestial y Forma terrenal —pues visible ya lo es de antemano—, eso yace nuevamente en un gran secreto; algo de ello se percibe cuando se tratan los cuerpos (Corpora) con ella, al ver que se vuelven el doble de pesados de lo que eran antes, lo cual es muy digno de considerar.
36. Reparad bien en esto: si el fuego no se manifestara de formas tan diversas, se sabría muy poco o nada en absoluto sobre la tintura; por lo tanto, así como se encuentran tan variados grados (Gradus) de fuego, de igual manera es de múltiple la tintura; pero todo procede de una sola cosa, la cual ningún hombre puede pronunciar ni nombrar; y quien la conoce y la sabe, no se la puede enseñar a nadie. Sí, aun cuando el maestro la haya elaborado a menudo, reflexionado largamente e investigado a fondo, siempre halla en ella algo nuevo, porque comienza sin fin y termina sin principio; por lo cual nadie…[107]
621 El Presagio de la Aurora
…[nadie] puede dar el entendimiento al discípulo, sino que este mismo se manifiesta de múltiples maneras según el don y la voluntad de DIOS.
37. Porque si queremos aprehender esta esencia de fuerza tintórea (tincturische Krafft-Wesen) en su fundamento, ella misma es el Ingenium [ingenio/intelecto] y el fundamento; si juzgamos (judiciren) sobre ella, ella misma dicta el veredicto; si la meditamos y pensamos en ella, se transforma en puro sentido y pensamiento; si disputamos sobre ella, es pura boca y palabra; si nos volvemos impacientes por no poder poseerla como tanto desearíamos, se burla de nosotros, pues es capaz de volver lo de arriba abajo; si no le prestamos atención en absoluto, ella misma se elabora por sí sola, de modo que no pueda ejercer violencia sobre ella quien no sea digno de ella. Los laborantes de recetas comunes (Process-Laboranten) quieren gobernarla a la fuerza y encadenarla a sus procesos, y se creen señores de ella, pero son verdaderamente los infelices más dignos de lástima bajo todo el firmamento.
38. Pero DIOS ha creado una cosa, la cual está también en el oro, que es tenida en menor estima que el oro: a saber, la tierra roja (rothe Erde), ¡y esa es la tintura! ¿Pero cómo se llega a esta tierra de fuerza tintórea? Respuesta: el oro debe convertirse en no-oro, la vida ser muerta, el fuego convertirse en agua, y de la extracción del agua la tierra debe convertirse en aire por medio del fuego,[108]
622 Johannis de Monte Raphaim
39. Porque así como el fuego se convierte en agua, de igual manera el agua se convierte en tierra, y la tintura queda liberada de sus ataduras; y tampoco puede ser de otra forma, sino que el oro debe pasar tantas veces por el fuego de la tintura hasta que salga por completo de su propia naturaleza y sea transformado en una tierra pedregosa, roja, transparente, ígnea y espiritual, que transmuta todos los cuerpos, y esta es la canción del final [el desenlace de la obra].
40. Por superabundancia dice Guttmann en la Revelación de la Divina Majestad, que el oro común está lleno de luz y de tinieblas; si uno puede separar la luz de las tinieblas o viceversa, y volcar el brillo y la luz interior del oro hacia el exterior, de suerte que las tinieblas desaparezcan y el oro entero se convierta en un cuerpo espiritual, cristalino y rojo, entonces se habrá conquistado la obra maestra.
31.. Pues el oro rojo [vulgar] es una sal estéril, necia e insípida, y no sirve para otra cosa sino para el comercio, donde es, por así decirlo, pisoteado y desgastado. Pero cuando este es invertido, tal como se ha explicado, y se le transforma en una sal sabrosa, roja y espiritual, se obtiene algo extraordinario: a saber, una sal sulfúrica que todo lo penetra, lo regenera y lo transmuta; más claro no se puede exponer, a menos que uno quisiera…[109]
623 El Presagio de la Aurora
…a menos que uno quisiera romper por completo el Sello de la Sabiduría (Siegel der Weißheit).
42. Por superabundancia quiero volver a repetir brevemente lo que se ha dicho hasta ahora: los sabios escriben y claman todos unánimes: Aurum non tingit, nisi prius tingatur [El oro nada tintura, a menos que primero sea él mismo tinturado]; así pues, de esto se infiere que el oro es el único Recipiens [recipiente/sujeto receptivo] que debe y tiene que ser tinturado para alcanzar la verdadera tintura.
43. Pero cabe preguntarse: ¿con qué debe ser tinturado el oro para que alcance la plusquamperfection [sobreperfección], (puesto que ya ha sido hecho perfecto previamente por la tintura de la naturaleza), y pueda después tinturar a los cuerpos innobles? Respuesta: la tintura con la que la naturaleza tintura al oro es, fuera de toda duda, un azufre (Schwefel) fijo, incombustible, espiritual, sutil y sumamente puro, por cuya fuerza el oro ha sido engendrado en el vientre de la tierra. Si el oro ha de ser tinturado todavía más y más elevadamente, de suerte que alcance el eminentissimum & plusquamperfectissimum gradum [el grado más eminente y sobreperfeccionadísimo] y se transforme por completo en una tintura, se sigue necesariamente que esto no puede lograrse por ningún otro medio más que por ese mismo azufre tinctural (tincturalischen Sulphur) que ha recibido y posee de la naturaleza como signo de su perfección; pues no debe ni tiene que añadirse absolutamente nada extraño a ello,[110]
624 Johannis de Monte Raphaim
…para que así se vuelva verdad lo que los sabios repiten y ordenan con tanta frecuencia: a saber, que el oro debe ser primero tinturado si es que ha de tinturar.
44. Pero dirás tú: ¿de dónde he de sacar entonces este azufre tinctural (tincturalischen Sulphur) para tinturar el oro? Respuesta: En el oro hallas los principios más nobles, mejores, más puros, más estables e incombustibles, y por consiguiente un azufre tinctural de lo más precioso, en el cual la tintura solar está presente Actu [en acto], que es precisamente donde también Flamel lo buscó y lo encontró. Sin embargo, aunque este azufre se puede obtener infaliblemente a partir del oro, los costes son tan elevados que un hombre pobre tendría que dejarlo de lado para siempre; y eso a pesar de que la experiencia demuestra que muchas personas pobres y despreciadas han sido, y siguen siendo, verdaderos poseedores de este secreto.
45. Por lo tanto, es absolutamente necesario encontrar y obtener una materia más barata [wohlfeilere Materia], de la cual un pobre pueda tomar y preparar de balde tanto como necesite. Aunque tampoco debe ser tan rematadamente miserable [blut-arm], ya que necesita tener sustento y ropa; además de esto, según le dijo el campesino de La Haya al Dr. Helvetius, la materia cuesta a lo sumo cuatro florines (Gülden).
46. Por encima de todo esto, el viejo Saturno te regala un mineral altamente brillante [hoch-gläntzende Mineram], que en su…[111]
625 El Presagio de la Aurora
…[que en] su montaña ha crecido a partir de la primera materia (ersten Materia) de todos los metales, en el cual este noble azufre solar tinctural (Sulphur solare) se halla en abundancia, si es que eres capaz de extraerlo y aplicarlo después correctamente.
47. Se habla mucho, por cierto, de Saturno [Plomo], Júpiter [Estaño], Venus [Cobre] y Marte [Hierro]; sin embargo, en ellos cabe esperar más trabajo y costes que verdadera utilidad, aunque actúan como peones [ayudantes] en nuestro Arte. El Mercurio [Azogue] parece ser un sujeto (Subjectum) bueno y noble, sobre todo cuando yace todavía incorrupto e intacto en su propia mina (Minera) y llega a manos del artista antes de ser adulterado por esos boticarios (Materialisten) que echan a perder los metales. En el Antimonio y el Vitriolo también se encuentra algo bueno, siempre y cuando uno mismo los extraiga de la montaña; de lo contrario serás engañado, pues los comerciantes de sustancias falsifican todas las cosas y pueden imitar todas las minas de los metales, por lo tanto, ¡guárdate! Mas, tomes lo que tomes, no podrás arrebatar este tesoro del corazón de los metales y minerales a menos que estés bien armado con el Mercurio Universal, el cual es la llave principal de nuestra fortaleza; pues en él estriba absolutamente todo.
48. Ahora bien, este Mercurio Universal (Universal-Mercurius) no es otra cosa sino la sal astral (Sal astrale), la cual algunos llaman celestial, pero que entre los antiguos era conocida como Sal Me[tallorum] [Sal de los Metales]…[112]
626 Johannis de Monte Raphaim
…se llama [Sal Me]tallorum [Sal de los Metales]. Por lo tanto, dado que todos los metales tienen en ella su principio y su crecimiento, ruega a DIOS que ilumine tu espíritu para reconocer y hallar este noble tesoro de la naturaleza, y para sacar a la luz lo oculto y lo tenebroso, para alabanza y gloria de su santo Nombre. Pero queda también advertido de corazón para que te guardes bien de no convertir la luz en tinieblas, de modo que la Naturaleza se vea obligada a clamar ¡ay de ti!; ¡de lo cual Dios te libre misericordiosamente! Amén.
Apéndice
de varias
Máximas Doctrinales [o Proposiciones],
para los
Discípulos de la Sabiduría.
I.
La Naturaleza es un espíritu de luz, el cual ha sido creado substantialisch [sustancialmente] por DIOS y ha recibido un cuerpo; el cual, sin embargo, es invisible e intangible, y yace oculto en todas las cosas creadas.[113]
627 El Presagio de la Aurora
2. El cuerpo de la naturaleza (Natur-Leib), sin embargo, no es otra cosa sino la sal central (Centralische Saltz) oculta en cada cosa, en la cual residen radicaliter [radicalmente / en la raíz] el Azufre (Schweffel) y el Mercurio, en tanto que hermanos de la sal; y no obstante, no es un compuesto (Compositum), sino que los tres juntos constituyen una esencia completamente simple y uniforme, aun cuando conste de tres elementos.
3. Esta sal central es el cuerpo de la naturaleza, en el cual yacen escondidas las propiedades de todas las cosas, y es incorruptible (incorruptibel), aun cuando los cuerpos producidos por medio de dicha sal central sean corruptibles.
4. Pues la sal central, como verdadero cuerpo de la naturaleza, es imperecedera en la eternidad. Quien, por lo tanto, conoce esta sal central, conoce también a DIOS y todo el fundamento de la naturaleza.
5. La naturaleza es un espíritu de luz, creado por GOTT [Dios] en el principio, por el cual todas las cosas llegaron a ser mediante la creación divina, y el cual ha sido, por así decirlo, vertido dentro del cuerpo de la sal central de cada cosa para el sustento, conservación y reproducción de todos los seres.
6. La naturaleza es Una y Trina: Una, debido a su simplicidad (Simplicität); pero Trina, debido a…[114]
628 Johannis de Monte Raphaim
…de los [principios] ocultos en ella: el Azufre, el Mercurio y la Sal; y estos tres, si bien están diferenciados en el espíritu de la luz, no difieren (differiren) en su esencia profunda, pues estos tres constituyen un único espíritu, o la Naturaleza, la cual sostiene, nutre, reproduce y gobierna el mundo entero bajo el mandato divino.
7. Estos tres, a saber, Sal, Azufre y Mercurio, a menudo se denominan conjuntamente con un solo nombre, ya sea Sal, Azufre o Mercurio. A veces se toman en su totalidad y se les llama Naturaleza; asimismo, Espíritu de la Luz o Alma del Mundo (Seele der Welt). Sin embargo, en todas partes no se entiende otra cosa sino esta única esencia de la Naturaleza, la cual es un espíritu de luz que descansa en estos tres principios, los cuales, no obstante, son uno solo en aquella [la esencia].
8. El conocimiento de la Naturaleza es un gran don y regalo del Dios todopoderoso.
9. La esencia de la Naturaleza es una sola unidad y no puede ser dividida de ninguna manera, por cuanto no se halla en ella nada contradictorio [u opuesto]. Sin embargo, se encuentran en ella tres cosas diferenciadas: el calor innato (das eingebohrne Wärme), la humedad primordial (das erst-anfängliche Feuchte) y la sequedad fundamental (das Grund-haltende Trockne); las cuales, en su conjunto, conforman la esencia de la Naturaleza.[115]
629 El Presagio de la Aurora
10. Los filósofos químicos (Chemischen Philosophen) las denominan los tres principios [o comienzos] de la naturaleza, y a saber, los llaman Sal, Azufre, Mercurio; sin embargo, no son tres naturalezas, sino una sola, aun cuando conste de tres elementos, pues estos tres son uno en esencia, por medio de los cuales la naturaleza produce, nutre y conserva todas las cosas.
11. El calor innato engendra propiamente todas las cosas; la humedad primordial nutre todo; la sequedad fundamental conserva todo; no obstante, como se ha dicho, estos tres no difieren (differiren) en el Centro de la naturaleza.
12. Junto a otros innumerables nombres, la naturaleza también es llamada Saturno, por cuanto ella vuelve a devorar a sus propios hijos, a los cuales ella misma ha engendrado.
13. Sin embargo, entre todos los hijos de Saturno se han de hallar tres de ellos a quienes Saturno, su padre, respeta, no los devora ni los puede devorar, debido a su simplicidad y pureza; pues mientras él engulle a los demás hijos en su impureza, estos tres permanecen en todo momento ilesos.
14. Y estos no son otra cosa sino Sal, Azufre y Mercurio; estos son de los…[116]
630 Johannis de Monte Raphaim
…[fueron] llamados por los sabios paganos [griegos/romanos] Júpiter, Neptuno y Plutón.
15. El Azufre (Schweffel) es un padre de la vida; el Mercurio es una fuente [manantial] de la vida; la Sal, en cambio, es el centro de la vida, en el cual todos los tesoros de la naturaleza confluyen, por así decirlo, en una unidad.
16. Las cuatro columnas fundamentales de la naturaleza son los cuatro elementos, entre los cuales la naturaleza misma es la quintaesencia [fünffte Wesen], por la cual los elementos son gobernados; por cuanto la quintaesencia es el principio de los cuatro elementos y aquello de lo que todos ellos proceden.
17. La quintaesencia no es ningún elemento, pero sí el principio de todos los elementos.
18. Asimismo, la naturaleza no posee principios (Principia) de los cuales estuviera compuesta, ya que ella misma es una esencia homogénea y simple (einfältiges simples Wesen).
19. El Azufre tiene una gran simpatía con el Sol, pues el Sol es un manantial de calor vital (Lebens-Wärme) por el cual todas las cosas se conservan. Porque el calor celestial del Sol influye (influiret) a través de sus rayos en todas las cosas, las nutre y las reconforta, de tal modo que bien puede decirse que nuestro Azufre y el Sol celestial se hallan en una extraordinaria con…[117]
631 El Presagio de la Aurora
…[con]cordancia, y son uno ratione calidi innati [en razón de su calor innato].
20. El compañero constante del Azufre es el Mercurio, y jamás se apartan el uno del otro, porque siempre se necesitan mutuamente. La Sal, en cambio, conserva todo lo que el Azufre y el Mercurio producen; así pues, la Sal es un vínculo verdadero (wahrhafftiges Band) entre el Azufre y el Mercurio.
21. En el Azufre gobiernan el cielo, el fuego y el calor; en el Mercurio, el agua y el aire; en la Sal, la tierra y el agua.
22. El fuego opera en el aire, el aire en el agua, el agua en la tierra. Cuando el fuego y el agua operan juntos, surge el Azufre; cuando el aire y el agua actúan (agiren) entre sí, surge el Mercurio; el agua y la tierra producen la Sal; y dado que la tierra no tiene ningún otro elemento después de sí, permanece como el receptaculum [receptáculo] de los elementos restantes.
23. Pero si un maestro fuera tan habilidoso como para purificar la tierra de tal manera que, junto con el fuego, se convirtiera en puro fuego, entonces poseería el cuarto principio, el cual se llama Tintura; la cual es un fuego puro, es decir, que está libre de todas las impurezas y es tenida por el cielo mismo.[118]
632 Johannis de Monte Raphaim
24. Así pues, hay una sola Naturaleza, pero tres Principios y cuatro Elementos.
25. Ningún principio por sí solo es capaz de engendrar algo, sino que los tres juntos producen todas las cosas.
26. De estos tres principios surgió originalmente el Caos o Hyle, en el cual la fuerza y la esencia de todas las cosas estaban mezcladas de forma desordenada; de allí DIOS separó los elementos, dentro de los cuales las tria Principia [los tres principios], en tanto que simientes de todas las cosas, yacen ocultas.
27. El Azufre, como Calidum innatum omnium rerum [calor innato de todas las cosas], es una esencia imperecedera, grasa, jugosa y oleosa, de naturaleza celestial, ígnea y aérea, que tiene su origen en la pura simiente astral celestial y en el limbo elemental, abarcando en sí las formas de todas las cosas, y yace oculto en el Centro de cada criatura.
28. Este Azufre es el Sol central (Centralische Sonne) de todas las criaturas; él es el León Verde (grüne Löwe), o el azufre verde, sí, el azufre verdeante, es decir, la Benedicta Naturae Viriditas [Bendita Verdez de la Naturaleza], pues abarca y contiene en sí todo el Vigor [vigor] y las fuerzas de la naturaleza.
29. El Azufre es celestial, espiritual, sutil, penetrante y todo lo llena,[119]
633 El Presagio de la Aurora
…y común a los cuatro reinos; en el conocimiento, Præparation [preparación] y Application [aplicación] de este Azufre estriba el Arte por completo.
30. Los espagíricos (Spagyrici) lo llaman Cielo, pues es la primera y más alta fuerza de todas las cosas, la cual proviene únicamente del cielo.
31. Y aunque al principio el cielo fue creado primero y elevado a lo alto, siendo el Sulphur [azufre] un padre de todos los efectos, se sigue que también los cielos fueron producidos por la fuerza del azufre.
32. Por lo tanto, no sin razón se dice que el azufre es de estirpe celestial, aun cuando tome su principio ex limbo Elementari [del limbo elemental].
33. Porque el cuerpo del azufre es, ciertamente, elemental (Elementarisch), pero la forma (Forma) es celestial; y de este modo, la naturaleza concurre de manera tanto celestial como elemental en un solo cuerpo.
34. Y permanece irrefutablemente verdadero que el azufre no es solo celestial, como algunos pretenden, sino también elemental; y no es ni un accidente (Accidens) ni una cualidad (Qualitas), sino un manantial del cual brota la esencia y la vida de todas las cosas.[120]
634 Johannis de Monte Raphaim
35. El Mercurio de los sabios (Mercurius der Weisen) es la humedad radical e incorruptible [Wurzel-Feuchtigkeit] de todas las cosas, que se origina a partir de esencias celestiales y elementales, entrelazada con el espíritu etérico (ætherischen Geist) y los cuatro elementos, para el sustento y conservación del Caloris nativi [calor nativo], es decir, del Azufre.
36. El Mercurio o humidum radicale [humedad radical] ha sido creado únicamente para nutrir al calor innato o Sulphur [azufre], y por esta razón está tan firmemente unido al azufre que jamás puede ser separado de él, sino que debe ser y permanecer como un alimento perpetuo (stets-währende Speise) del azufre.
37. Y así como el azufre mantiene al mercurio encerrado para su conservación perpetua, de la misma manera el mercurio retiene incesantemente al azufre junto a sí para su propia fortaleza; lo cual debe entenderse también respecto a la Sal.
38. Por lo tanto, ningún maestro del Arte puede jactarse de saber cómo separar y distanciar las tria Principia [tres principios] de tal manera que se pudiera o tuviera que decir de cada uno por separado: «esto es Azufre, esto es Mercurio, esto es Sal»; porque están entrelazados con un nudo indisoluble (unauflöslichen Knoten) y jamás se dejan separar.[121]
635 El Presagio de la Aurora
39. Este Mercurio comprende en sí las fuerzas de la naturaleza entera, es más, la naturaleza misma.
40. La Sal de la naturaleza es una llave sin la cual nada puede hacerse ni completarse en la naturaleza; por no mencionar que la naturaleza, en tanto que naturaleza, no podría subsistir sin ella.
41. La Sal de la naturaleza es el pegamento [vínculo] incorruptible (unverderbliche Gluten), por medio del cual el Sulphur [azufre] y el Mercurio son mantenidos juntos de forma inseparable para la conservación y estabilidad de todas las cosas en la naturaleza.
42. La Sal de la naturaleza jamás puede existir sin el Azufre y el Mercurio, y viceversa (und hergegen), etc.
43. La Sal, el Azufre y el Mercurio no se encuentran de forma aislada en ninguna criatura; de lo contrario, no servirían para nada.
44. Y nadie debe atreverse, por muy sabio que se crea, a intentar realizar tal separación, por cuanto es algo absolutamente imposible tanto para la naturaleza como para el Arte.
45. Ahora, que los separadores de principios y reconstructores (Principien-Scheider und Wieder-Zusammensetzer) juzguen qué clase de pro[ceso]…[122]
636 Johannis de Monte Raphaim
…[¿qué clase de] producto (Productum) resultará de su tan mal fundamentada separación?
46. Porque de la misma manera que el agricultor no tiene necesidad de separar los principios (Principia) de la semilla para volverlos a unir cuando quiere cultivar cereales, tampoco el artista lo necesita en absoluto para la obra de los sabios.
47. La Sal que buscan los maestros del Arte, y a partir de la cual se prepara el maravilloso licor de Mercurio (Liquor Mercurii) para su Arte, es terrenal y metálica; no porque sea un metal o un mineral, o algo semejante, sino porque está más estrechamente emparentada con una esencia mineral o metálica que con cualquier otra cosa. Por este motivo se la denomina Electrum minerale immaturum [Electro mineral inmaduro], ya que la naturaleza solo ha comenzado a labrarla, pero la ha dejado inconclusa e imperfecta.
48. Con este jugo licoroso (Liquorofſchen Safft), el artista es capaz de reducir todas las cosas a su esencia primordial (in ſein erſtes Weſen zu reduciren), de tal suerte que se conviertan en Sal, Azufre y Mercurio, aunque de forma inseparable.
49. El cielo es un manantial de vida, y la distribuye a todas las criaturas.[123]
637 El Presagio de la Aurora
50. Por lo tanto, el Cielo es el primero y más noble elemento de la naturaleza, al cual algunos han denominado Fuego.
51. Pues este, a través de sus ígneos rayos de influjo (Influens-Strahlen), esparce su sutil simiente en el Aire; con ella se mezcla la simiente del Aire y se arroja hacia el Agua; el Agua, que ha quedado, por así decirlo, preñada por la simiente recibida del Cielo y del Aire, sumerge a ambas junto con su propia simiente en la Tierra; la Tierra, como una Madre, recibe las simientes de los tres, mezcla la suya propia entre ellas, a modo de una oleosidad [grasa] extraordinaria (sonderbahre Fettigkeit), y lo resguarda todo.
52. De todo esto surge el Bálsamo Universal (Universal-Balsam) y el Mercurio del Mundo, el cual comprende en sí las tria Principia [tres principios], a saber: Sal, Azufre y Mercurio. Pues de las simientes del Cielo y del Aire se origina el Azufre; de las simientes del Aire y del Agua se origina el Mercurio; de las simientes del Agua y de la Tierra se origina la Sal; pero de la Sal y el Fuego se origina la Tintura, y con todo, son en su conjunto UN SOLO DING [UNA SOLA COSA], cuyo fin es el principio / y su principio es el FIN.[124]
[1] Sobre esta cuestión, es muy interesante seguir a Hilary Putnam, en The Meaning of ‘Meaning’, Mind, Language and Reality. Philosophical Papers, Volumen 2. Cambridge 1975, págs. 215–271, aquí págs. 227 y sigs. pdf
[2] Hilary Putnam, “Explanation and Reference”, Mind, Language and Reality (nota 1), págs. 196–214, aquí págs. 198–207 y Cf. nota 1, págs. 223–227. pdf
[3] Putnam muestra esto con el ejemplo del «jade», bajo el cual en China se entendían inicialmente dos sustancias químicas completa… comprendían sustancias químicamente diferentes, aunque con propiedades ciertamente muy similares. Cf. nota 1, pág. 241. pdf
[4] Una impresión de ello la ofrece la colección de James Young of Kelly and Durris, modélicamente catalogada por John Ferguson, la cual es sumamente extensa pero todavía no completamente exhaustiva. John Ferguson, Bibliotheca Chemica. A Catalogue of the alchemical, chemical and pharmaceutical books in the collection of the late James Young of Kelly and Durris. 2 vols. Glasgow 1906 (el catálogo abarca más de mil páginas). Mi juicio se refiere a la gran proporción de textos alquímicos en sentido estricto dentro de esta colección (excluyendo, por ejemplo, los textos químico-farmacéuticos).
[5] Otto Lagercrantz: Papyrus Graecus Holmiensis. Recepte für Silber, Steine und Purpur. Uppsala 1913, pág. 3, sig. (una trad. en pág. 150 y sigs.). Robert Halleux (ed. y trad. Les alchimistes grecs. Tomo I. Papyrus de Leiden. Papyrus de Stockholm. Fragments de recettes. París, 1981, Receta nº. 3, pág. 111.
[6] Formulaciones casi idénticas aparecen en el Papiro de Leiden (nota 5), por ejemplo, para la fabricación de Asem (nº. 8, pág. 86; nº. 39, pág. 95).
[7] Papiro de Leiden (nota 5), nº. 26, pág. 91 y Papiro de Estocolmo (nota 2), nº 9, pág. 112.
[8] En correspondencia, se habla de aumento (πλεονασμός), duplicación (διπλασιασμός) y triplicación (τρíπλωσις). Por ejemplo en el Papiro de Leiden (nota 2), nº 15 y 16 (pág. 88), en el Papiro de Estocolmo (nota 5), nº 7, pág. 112 y otros.
[9] Collection des alchimistes grecs. Ed. por Marcellin Berthelot, con la colaboración de Charles-Émile Ruelle. 3 vols. París 1887/1888, reimpresión Londres 1963, vol. 2, texto griego, pág. 38 y sigs., 309 y otros. También se encuentran recetas ya muy extrañas en los papiros: se dice, por ejemplo, que si se tuviera un bloque fundido que constara de ocho partes de plata con dos partes de cobre y estaño cada una, se poseería una masa inagotable (μᾶζα ἀνέκλειπτος) de plata, ya que de ella se podrían retirar partes (como plata) y reemplazar la parte retirada mediante la adición de más partes de cobre y estaño (Lagercrantz: Papyrus Graecus Holmiensis… [Nota 5], págs. 154–156. Sobre la masa inagotable también Halleux, Les alchimistes grecs [Nota 5], pág. 39 s.). Berthelot, ante la expresión μᾶζα, pensó en un proceso de fermentación en esta μᾶζα (Berthelot: Collection des alchimistes grecs, Vol. 1, pág. 270), que es provocado por un fermento. Sin embargo, en las recetas no se habla de otro medio similar, y la proporción de plata tendría que ser, por el contrario, cada vez menor. No obstante, parece que aquí interviene la idea de que el contenido predominante de plata sigue comunicándose al cobre y al estaño añadidos, a pesar de su reducción.
[10] Berthelot, Collection des alchimistes grecs (Nota 9), Vol. 2, pág. 127. Edmund O. von Lippmann aporta más referencias textuales en Entstehung und Ausbreitung der Alchemie. Mit einem Anhange: Zur älteren Geschichte der Metalle. Berlín 1919, pág. 46 y otros lugares.
[11] Sobre la concepción del principio en Zósimo, Lippmann, Entstehung und Ausbreitung der Alchemie (Nota 10), pág. 80.
[12] El dictamen natura naturam vincit atribuido a la obra Physika kai Mystika de Pseudo-Demócrito (probablemente todavía antes de Cristo) (Berthelot, Collection des alchimistes grecs [Nota 9], Vol. 2, págs. 41–53, aquí pág. 43, y otros lugares, expresa esto.
[13] Ὡς γὰρ ἡ ζύμη τοῦ ἄρτου, ὀλίγη οὖσα, τοσοῦτον φύραμα ζυμοῖ, οὕτω καὶ τὸ μικρὸν χρυσίον τὸ πᾶν μέλλει ξηρίον ζυμοῦν, Berthelot, Collection des alchimistes grecs (Nota 9), Vol. 2, pág. 145 („Así como un poco de levadura hace fermentar la masa, así también el pequeño trozo de oro hace fermentar toda la masa seca de oro“), cf. de manera similar también págs. 175 y 248 (cf. también la traducción de Berthelot, Vol. 3, págs. 147, 174, 238). Ver también F. Sherwood Taylor, The Alchemists. Founders of Modern Chemistry, Nueva York 1949, pág. 36f.; Arthur J. Hopkins: Alchemy. Child of Greek Philosophy, Nueva York 1967, pág. 5, 75f.
[14] Algunas referencias en Lippmann: Entstehung und Ausbreitung der Alchemie (Nota 10), pág. 79f. Compárese también con la pág. 68f. y otros lugares. Además, sobre la fermentación, Jack Lindsay, The Origins of Alchemy in Graeco-Roman Egypt. Londres 1970, ver “fermentation” en el índice.
[15] Paul Kraus, Jābir ibn Hayyān. Contribution à l’histoire des idées scientifiques dans l’Islam. Jābir et la science grecque, El Cairo, 1942, reimpresión París 1986. Véase además la edición de textos por el mismo: Jābir ibn Hayyān. Contribution à l’histoire des idées scientifiques dans l’Islam. Vol. I. Le corpus des écrits jabiriens, El Cairo, 1943, reimpresión Hildesheim y otros, 1989. Detrás de los muchos textos atribuidos al Yábir histórico parece esconderse, más allá de Yábir mismo, un colectivo que reunió un corpus de escritos bajo su nombre. El procedimiento literario de entrelazar los textos mediante referencias cruzadas para asignarlos a un solo autor se refleja en el corpus medieval de Pseudo-Geber. Esto sigue una costumbre originada en la Antigüedad, consistente en distribuir componentes de un conocimiento conectado en diferentes rollos de pergamino para dificultar su apropiación y reservarla preferentemente a los iniciados.
[16] Sobre Gerardo: Richard Lemay: “Gerhard von Cremona”, en Complete Dictionary of Scientific Biography, Detroit, 2008, Vol. 15, págs. 173–192. El Liber de septuaginta aparece listado aquí como el nº 65 (según el recuento de Wüstenfeld; nº 84 según el recuento de Sarton) de las traducciones de Gerardo.
[17] Así lo afirma William Newman, “New Light on the Identity of Geber”, Sudhoffs Archiv 69 (1985), págs. 76–90.
[18] Véase una edición del Liber de septuaginta en Marcellin Berthelot, Archéologie et Histoire des Sciences, París, 1906, págs. 308–363. El lenguaje descriptivo correspondiente aquí, por ejemplo, en la pág. 320f., 323 y otros lugares.
[19] Newman en su estudio The Summa perfectionis of Pseudo-Geber. A Critical Edition, Translation and Study by William Newman, Leiden, 1991, Cap. 2.
[20] Estos surgieron de un conflicto interno de la orden entre los zelanti (celantes) contra aquellos hermanos que se orientaban hacia una postura más secular (mitigati). El texto en Paul Sabatier, Speculum perfectionis seu S. Francisci Assisiensis legenda antiquissima, auctore fratre Leone. Ed. por Paul Sabatier, París, 1989. Aquí se propaga la perfectio de los Frailes Menores en su seguimiento de la pobreza (pág. 40), su santa humildad (págs. 70, 116) y otros ideales de la orden. Parece convertirse también en una especie de concepto de combate.
[21] Salimbene de Parma informa que el hermano Elías andaba indagando, que se ocupaba de la alquimia ([…] quod intromitteret se de alchimia; Salimbene de Parma, Cronica. Ed. por Oswald Holder-Egger, Hannover 1913, pág. 160) y que mantenía contacto con todos aquellos de quienes sabía que se ocupaban de la alquimia.
[22] Newman, The Summa perfectionis (Nota 19), pág. 586f.
[23] Newman, The Summa perfectionis (Nota 19), pág. 588. Yo traduzco medicinae bonitas. Newman entiende argentum vivum en la oración subordinada citada como el sujeto de la frase, cf. Newman, The Summa perfectionis (Nota 19), pág. 768. En analogía con una afirmación paralela en el capítulo anterior, según la cual el mercurio puede ser transformado en un corpus lunare (Newman, The Summa perfectionis [Nota 19], pág. 585), entiendo también aquí el mercurio como el componente sobre el cual debe aplicarse la medicina; como sujeto, por lo tanto, habría que complementar medicina o lapis a partir de la oración principal subordinada. Este pasaje central sigue siendo difícil y confuso en varios aspectos.
[24] Una teoría similar, orientada a la profunditas (profundidad) de la mezcla, la defiende el texto De perfecto magisterio, el cual es de corte pseudoaristotélico, se integra en un corpus de Razés, proviene posiblemente (según la atribución de partes del texto en algunos manuscritos) de Elías de Cortona y era conocido por Geber. Véase el texto, entre otros lugares, en Guglielmus Gratarolus, Verae alchemiae artisque metallicae […] doctrina, […], Basilea, 1561, Vol. 2, págs. 188–225. Otras impresiones en Ferguson, Bibliotheca Chemica (Nota 4), Vol. 1, pág. 42. Según la peculiar teoría del texto, todos los metales están contenidos unos en otros, en la medida en que participan de propiedades dimensionadas que pueden ser sacadas a la luz.
[25] Los análisis de peso con determinación del peso específico de los metales como elementos no se impusieron sino hasta finales del siglo XVIII.
[26] Por ejemplo, en el Liber de septuaginta (Nota 18), pág. 362f. También Julius Ruska, Al-Razis Buch Geheimnis der Geheimnisse. Mit Einleitung und Erläuterungen in deutscher Übersetzung von Julius Ruska (Quellen und Studien zur Geschichte der Naturwissenschaften und Medizin, Tomo 6), Berlín, 1937, págs. 111, 116, 122, 124 y otros lugares.
[27] Ruska, Al-Razis Buch Geheimnis der Geheimnisse (Nota 26), pág. 132. Cf. pasajes correspondientes también en una versión latina reelaborada del Secretum secretorum: Julius Ruska, Übersetzung und Bearbeitungen von al-Razis Buch Geheimnis der Geheimnisse, Berlín, 1935, pág. 31. Según Ruska (ibíd., págs. 85–87), el reelaborador es idéntico al autor de la Summa perfectionis magisterii, es decir, al Geber latino (cf. también Newman, The Summa perfectionis [Nota 19], pág. 62f.). Las proporciones numéricas se atienden y consideran tan poco en la Summa como en las partes reelaboradas del Secretum secretorum.
[28] Una serie de formulaciones en la reelaboración del Secretum secretorum (Nota 27) apunta en esta dirección, al igual que muchos pasos de trabajo consisten precisamente en producir partes cada vez más pequeñas. Así, se habla de un penetrare per minima [penetrar hasta lo más mínimo] o de un introducere tincturas per minimas corporis partes [introducir las tinturas por las partes más pequeñas del cuerpo]; se debe provocar una unio bona et intima [unión buena e íntima] que vaya a la profundidad (profunditas), etc. De aquí podría derivarse también el concepto de profunditas de De perfecto magisterio (ver Nota 24).
[29] Si vero utrumque opus album et rubeum perficere conaris, utrumque fermentum per se modo iam dicto dissolve et serva. Et est nostrum argentum vivum de argento vivo extractum, quod volumus pro fermento. Pastam vero fermentandam extrahimus more solito ex imperfectis corporibus. […]. Liber fornacum. En Guglielmus Gratarolus, Verae alchemiae artisque metallicae […]. Basilea 1561, Vol. 1, págs. 193–201, aquí pág. 197.
[30] Ver al respecto las indicaciones de Ernst Darmstaedter en Die Alchemie des Geber. Übers. und erklärt von Ernst Darmstaedter. Berlín, Heidelberg y Nueva York 1922, pág. 180f. Que el Liber fornacum debe atribuirse a otro autor diferente de Geber lo demuestra Newman, The Summa perfectionis (Nota 19), pág. 80f.
[31] Qué sea la multiplicatio sigue siendo confuso incluso en las obras de referencia especializadas sobre la alquimia. Ver Claus Priesner y Karin Figala, Alchemie. Lexikon einer hermetischen Wissenschaft, Münich, 1998, pág. 262, quienes bajo este término solo entienden o indican un aumento de cantidad.
[32] La fermentación mediante un fermentum auri [fermento de oro] se menciona, entre otros lugares, en la Turba. Julius Ruska, Turba philosophorum. Ein Beitrag zur Geschichte der Alchemie (Quellen und Studien zur Geschichte der Naturwissenschaften und Medizin, Tomo 1). Berlín 1931, págs. 140 y 169.
[33] En lo sucesivo, no entraré en la teoría de la multiplicatio specierum defendida por Roger Bacon, la cual requeriría una investigación propia.
[34] Ver la edición del texto en Dietlinde Goltz, Joachim Telle y Hans J. Vermeer, Der alchemistische Traktat von der Multiplikation von Pseudo-Thomas von Aquin. Untersuchungen und Texte. Wiesbaden, 1977.
[35] totum opus nostrum stat in quattuor verbis, eo quod est opus mulierum et ludus puerorum; Goltz, De multiplicatione (Nota 34), pág. 106.
[36] παιδίου παίγνιον καὶ γυναικὸς ἔργον, Collection des alchimistes grecs (Nota 9), Vol. 2, pág. 251. La transmisión del dictamen podría haber corrido a través de la Turba philosophorum (Nota 32), pág. 126 (mulierum opus et ludus puerorum).
[37] Goltz, De multiplicatione (Nota 34), págs. 112–116.
[38] Goltz, De multiplicatione (Nota 34), pág. 120.
[39] Goltz, De multiplicatione (Nota 34), S. 116.
[40] Goltz, De multiplicatione (Nota 34), S. 118.
[41] Goltz, De multiplicatione (Nota 34), S. 118f.
[42] Se agita una sustancia en una solución y una cantidad de esta se vuelve a agitar en una solución, etc. No está excluido que la potenciación de medicamentos de Samuel Hahnemann se haya copiado de la multiplicatio.
[43] Goltz, De multiplicatione (Nota 34), pág. 51, con una reconstrucción del procedimiento.
[44] El Nicolás Flamel histórico (1330–1418) podría haber donado las representaciones en el campo del frontón de la puerta de entrada al Cimetière des Innocents. Estas no se han conservado, pero están reproducidas en un grabado de cobre en el Livre des figures hiéroglyphiques. El Livre, en el cual Flamel comenta (supuestamente) estas representaciones, debe de haber surgido más bien hacia finales del siglo XVI o principios del siglo XVII. Se le ha atribuido ficticiamente al Flamel histórico. Sobre las impresiones (a partir de 1612), ver Ferguson, Bibliotheca Chemica (Nota 4), Vol. 1, pág. 249f. Sobre (Pseudo-)Flamel: Jacques van Lennep, Alchimie. Contribution à l’histoire de l’art alchimique, Bruselas, 1985, págs. 256–262; además, especialmente Jean-Michel Varenne, Nicolas Flamel. Son histoire, sa personnalité, ses influences, París, 2001. — Ya en el siglo XVIII se tenían dudas sobre la autoría del Flamel histórico, ver Johannes Franz Buddeus: Historisch- und politische Untersuchung von der Alchemie und was davon zu halten sey? En: Friedrich Roth-Scholtz: Deutsches Theatrum chemicum. Nüremberg 1728, reimpresión Hildesheim, Nueva York 1976, Vol. 1, págs. 1–146, aquí § 34, y editado en esta web. — Según el grabado de cobre en el Livre des figures hiéroglyphiques (ver más abajo Nota 47), el campo del frontón sobre la imagen de donación representaba la matanza de los inocentes en Belén por parte de Herodes (Mt 2,16–18) y, por encima de ella, a Pablo y Pedro, que flanqueaban una representación de Dios. El programa iconográfico no posee un significado alquímico reconocible.
[45] Mientras que, por ejemplo, la llamada analogía Cristo-Lapis solo pone en juego la equiparación connotativa “Cocinar (del sustrato material) = Torturar (a Cristo)”, en (Pseudo-)Flamel el programa iconográfico cristiano de la portada se interpreta como una alegoría alquímica.
[46] La formulación parece remitir a un pasaje de la Turba (Nota 32), pág. 119 (ver al respecto también la nota en la pág. 189 de la obra de Ruska).
[47] Cito de: Des berühmten Nicolai Flamelli Chymische Werke […]. Viena 1751, págs. 41–88 (el grabado de cobre mencionado tras la pág. 40), aquí pág. 84 y sigs. El texto de la primera edición (P. Arnauld, Trois Traictez de la philosophie naturelle […], París, 1612, págs. 45–88; reimpresión en: Claude Gagnon:, Description du Livre des Figures Hiéroglyphiques attribué à Nicolas Flamel, suivie d’une réimpression de l’édition originale et d’une reproduction des sept talismans du Livre d’Abraham authentique dudit Flamel, Montreal, 1977) tiene el siguiente tenor literal en la pág. 85: Car tout autant de fois que tu dissoudras & fixeras, autant de fois ces natures multiplieront en quantité, qualité & vertu selon la multiplication de dix, de ce nombre venant à cent, de cette à mille, de mille à dix mille, de dix mille, à cent mille, de cent mille à un million, & de là par mesme operation iusque à l’infini, ainsi que i’ay faict trois fois, Loüé soit Dieu. Et quand ton Elixir est ainsi conduit à l’infini, vn grain d’iceluy tombant sur vne quantité metallique fondue, aussi profonde & vaste que l’Ocean, il le teindra et conuertira en tres parfaict metal, c’est à dire, en argent ou en or, selon qu’il est imbibé & fermenté, chassant & laissant loin de soy la matiere impure & estrangere qui s’estoit iointe en sa premiere coagulation.
[48] Cf. Siegmund Heinrich Güldenfalk, Sammlung von mehr als hundert wahrhaften Transmutationsgeschichten. Francfurt am Main, Leipzig 1784. Véanse más ejemplos también en Joachim Telle, Alchemie und Poesie. Deutsche Alchemikerbichtungen des 15. bis 17. Jahrhunderts. Untersuchungen und Texte. 2 vols., Berlín, Boston, 2013, vol. 2, pág. 867.
[49] Johannes Daniel Mylius, Philosophia reformata, Frankfurt am Main, 1622, pág. 132f. Los grabados de cobre de la Philosophia reformata, que han sido reproducidos frecuentemente, vuelven a aparecer en el Chymisches Lustgärtlein de Stolzius von Stolzenberg, Frankfurt am Main, 1624, reimpresión Darmstadt 1975, considerados aquí como un ciclo interconectado con los números 33–60. El grabado dedicado a la multiplicatio, en el cual no entraré aquí, es el número 38. Los grabados de la Philosophia reformata se discuten en John Read, Prelude to Chemistry. An Outline of Alchemy, its Literature and Relationships, Nueva York, 1937, págs. 260–273.
[50] En Bizancio existen por primera vez poemas didácticos alquímicos: Günther Goldschmidt (ed), “Heliodori carmina quattuor ad fidem codicis”, en Religionsgeschichtliche Versuche und Vorarbeiten. Gießen 1923, Tomo 19, Fascículo 2, págs. 1–59. También Herbert Hunger, Die hochsprachliche profane Literatur der Byzantiner. Segundo volumen. Filología – Crítica de fuentes – Música – Matemáticas y Astronomía – Ciencias Naturales – Medicina – Ciencia Militar – Jurisprudencia, Münich, 1978, pág. 280. El repertorio de poemas didácticos de la Edad Moderna temprana lo ha delimitado Joachim Telle (Nota 48) en una obra de toda una vida.
[51] Esto se vuelve claro, por ejemplo, en el Wasserstein der Weisen [La piedra de agua de los sabios] (primera edición de 1619), cuando dice, por ejemplo: Wie nun dieses im Chymischen Werck / sage ich / geschicht [sc. die Bereitung der Tinktur] / vnd geschehen muß: Also auch allhier in unserm Theologischen Werck der geistlichen Ernewrung vnd himmlischen Wiedergeburt deß Menschens / wohl in acht muß genommen werden. [Así como esto ocurre y debe ocurrir en la obra química / digo / [es decir, la preparación de la tintura]: de igual modo debe ser muy tenido en cuenta aquí, en nuestra obra teológica de la renovación espiritual y el renacimiento celestial del ser humano]. Johannes Ambrosius Siebmacher, Wasserstein der Weisen, Frankfurt am Maim, 1661, reimpresión Friburgo 1977, pág. 95. Cf. una reinterpretación de la alquimia que va todavía más allá, por ejemplo, en John Pordage, Philosophisches Sendschreiben vom wahren Stein der Weisheit, en: Roth-Scholtz: Deutsches Theatrum chemicum (Nota 44), Vol. 1, págs. 569–589, ya editado en esta web. Más indicaciones en la Nota 80.
[52] Sigue siendo un desideratum una visión general adecuada que sirva de introducción. Materiales al respecto se encuentran, por ejemplo, en Will-Erich Peuckert, Pansophie. Ein Versuch zur Geschichte der weißen und schwarzen Magie, Berlín, 1976; Antoine Faivre, Accès de l’ésotérisme occidental, París, 1986; Gershom Scholem, La cábala y su simbolismo [o bien: Las grandes tendencias de la mística judía], Frankfurt am Maim, 1980. Cf. muchas indicaciones también en Wilhelm Schmidt-Biggemann, Geschichte der christlichen Kabbala. Vol. 1. Siglos XV y XVI, Stuttgart, Bad Cannstatt 2012; Vol. 2. 1600–1660. Stuttgart, Bad Cannstatt 2013; Vol. 3. 1660–1850. Stuttgart, Bad Cannstatt 2013.
[53] Johannes de Monte Raphaim: Vorbothe der am philosophischen Himmel hervorbrechenden Morgenröthe. Ámsterdam 1703.
[54] Ferguson, Bibliotheca Chemica (Nota 4), Vol. 2, pág. 103f.
[55] Emil Weller, Lexicon pseudonymorum. Reimpresión de la segunda edición de Ratisbona 1886. Reimpresión Hildesheim 1963, pág. 369; lista el nombre entre los seudónimos.
[56] Ver Hermann Kopp, Die Alchemie in älterer und neuerer Zeit. Ein Beitrag zur Kulturgeschichte. Segunda parte: Die Alchemie vom letzten Viertel des 18. Jahrhunderts an, Heidelberg, 1886, pág. 389. Sobre la obra atribuida a Gerhard Dorn —probablemente ficticia— de Paracelso Aurora s. Dorns Brief an Samuel Siderocrates, en Der Frühparacelsismus. Segunda parte. Editado y comentado por Wilhelm Kühlmann y Joachim Telle (Corpus Paracelsisticum, Tomo II). Tubinga 2004, págs. 906–910, con el comentario en la pág. 911.
[57] Ferdinand van Ingen, Böhme und Böhmisten in den Niederlanden, Bad Honnef, 1984; Theodor Harmsen, Jacob Böhmes Weg in die Welt. Zur Geschichte der Handschriftensammlung, editado por Theodor Harmsen. Übersetzungen und Editionen von Abraham Willemsz van Beyerland, Ámsterdam, 2007, págs. 457–483.
[58] En las obras y listas de nombres pertinentes, el nombre no se puede fijar, lo cual —si se trata de un seudónimo— no es de extrañar. El buen alemán del Vorbothe permite deducir que el autor era un alemán; la mención de Saltz / Scheffel und Mercur (Johannes de Monte Raphaim: Vorbothe [Nota 53], pág. 46) apunta a un paracelsista.
[59] Se documentan dos impresiones en Ferguson, Bibliotheca Chemica (Nota 4), Vol. II, pág. 103s.; Kopp, Die Alchemie (Nota 56), pág. 389, menciona otra impresión.
[60] Roth-Scholtz, Deutsches Theatrum chemicum (Nota 44), Tomo 1, págs. 597–637; más tarde, entre otros, en el Hermetischen Museum, Reval, Leipzig, 1782, págs. 65–110.
[61] Flamel se distanciaba de todos los que utilizaban metales no preciosos como material de partida y recomendaba únicamente el oro mismo como materia con la que se debía trabajar (cf. Johannes de Monte Raphaim, Vorbothe [Nota 53], pág. 24). Por el contrario, Johannes favorece la búsqueda de una Tinctur-Wesen ex Centro Macrocosmico [Esencia de tintura desde el centro macrocósmico] (Johannes de Monte Raphaim, Vorbothe [Nota 53]). Es decir, lleva a cabo una generalización macrocósmica.
[62] Helvetius, o bien su interlocutor, denomina en el Guldenen Kalb (Johannes Friedrich Helvetius: Guldenes Kalb […] Nüremberg 1668) a la sal como la materia de partida de la tintura (cf. Vorbothe [Nota 53], pág. 25). De hecho, un adepto muestra ante los ojos de Helvetius la conversión de plomo en oro por medio de un elixir; se trata de un relato de transmutación, y luego desaparece para siempre. A la pregunta sobre la materia de partida, el adepto responde: El menstruo es una sal celestial o de virtud celestial / con la cual los filósofos disuelven el cuerpo metálico terrenal por sí solo / y en la solución se extrae el precioso elixir filosófico. Cito de la impresión posterior: Johannes Friedrich Helvetius, Vitulus aureus […]. Frankfurt, 1726, pág. 32.
[63] Johannes de Monte Raphaim, Vorbothe [Nota 53], pág. 25.
[64] Aegidius Gutmann, Offenbarung göttlicher Majestat […]. Hanau 1619. El texto apareció de forma anónima; al inicio de la Praefatio ad lectorem, sin embargo, el editor menciona a Aegidius Gutmann como autor y refiere este conocimiento, según su propio testimonio, a Julius Sperber, Echo der von Gott hocherleuchteten Fraternität des löblichen Ordens R. C., Danzig, 1616, pág. 12s. (en la edición de 1615 se encuentra el pasaje relativo a Gutmann en la pág. 27s.). Como fecha de la redacción, el editor entiende el año 1575 mencionado en el Vol. 1, pág. 18. Sobre la extensa literatura surgida de la tradición del comentario del Génesis relativa a la Physica Mosaica en la Edad Moderna, ver las indicaciones de Wilhelm Kühlmann en Der Frühparacelsismus (Nota 56), pág. 944s. Ver la edición de 1675.
[65] El agua se trata en Gutmann, Offenbarung göttlicher Majestat (Nota 64) en el primer libro; la luz se aborda en los libros 15 y 16. Tales extensiones conceptuales son también características en Paracelso.
[66] Johannes de Monte Raphaim, Vorbothe [Nota 53], pág. 31. En el capítulo 31 del libro 19, Gutmann trata, por ejemplo, la cuestión De cómo se puede separar la oscuridad de cualquier árbol / madera / planta / producto de la tierra / de modo que se pueda traer a la luz / ver / conservar / y utilizar el ser de la luz que el SEÑOR ha puesto en ellos (Vol. 2, pág. 381). Las afinidades con el paracelsismo resultan evidentes en Gutmann. Cabe pensar especialmente en Gerhard Dorn, quien en la misma época y bajo la influencia de Marsilio Ficino desarrolló una especie de metafísica de la luz. Ver las indicaciones de Wilhelm Kühlmann en, Der Frühparacelsismus (Nota 56), pág. 904s. Johannes de Monte Raphaim puede enlazar con este tipo de posiciones.
[67] Johannes de Monte Raphaim, Vorbothe (Anm. 53), pág. 30.
[68] Johannes de Monte Raphaim, Vorbothe (Anm. 53), pág. 18.
[69] Johannes de Monte Raphaim, Vorbothe (Anm. 53), pág. 14, se refiere a diversos cálculos presentes sobre el efecto de la multiplicación.
[70] Johannes de Monte Raphaim, Vorbothe (Anm. 53), pág. 30, véase también abajo.
[71] Johannes de Monte Raphaim, Vorbothe (Anm. 53), pág. 7. En la extensa recopilación y tratamiento de poemas didácticos alquímicos de Telle (Anm. 47) se encuentra la alocución en verso de Johannes quedó sin ser tenida en cuenta.
[72] El texto está precedido por un grabado en la portada que organiza conceptos alquímicos centrales en un ternario, cuaternario y círculo, sobre los cuales la sabiduría alada con una llave para cerrar y otra para abrir, así como un bastón con una doble serpiente. El cierre del texto está constituido por un Anhang ettlicher Lehr-Sätze vor die Schüler der Weißheit [Apéndice de varias máximas para los discípulos de la sabiduría].
[73] Johannes de Monte Raphaim, Vorbothe (Anm. 53), pág. 15. La imprecisión mencionada arriba en el concepto de multiplicación vuelve a manifestarse aquí.
[74] Johannes de Monte Raphaim, Vorbothe (Anm. 53), pág. 20. El dato sobre la tercera rotación es erróneo, también en el texto posterior; debe decir: 25.165.824. El error es corregido en la reimpresión de Friedrich Roth-Scholtz, Deutsches Theatrum chemicum (Anm. 44), Vol. 1, pág. 612.
[75] Quirinus Kuhlmann, Der Kühlpsalterç, ed. por Robert L. Beare. 2 vols., Tubinga, 1971, Vol. 1, pág. 198. Ver al respecto Harald Haferland, “Heilsbedeutung und spekulative Alchemie. Böhme-Rezeption bei Quirinus Kuhlmann”, en Offenbarung und Episteme. Zur europäischen Wirkung Jakob Böhmes im 17. und 18. Jahrhundert, ed. por Wilhelm Kühlmann y Friedrich Vollhardt, Berlín, Boston, 2012, págs. 143–164.
[76] Las llaves sirven fundamentalmente como un medio gráfico de agrupación. Kuhlmann pudo haberse sentido estimulado a usarlas debido a su empleo por parte de Lulio (cf. al respecto las indicaciones de Erhard Wolfram Platzeck, Raimund Lull. Sein Leben – Seine Werke – Die Grundlagen seines Denkens. 2 vols., Düsseldorf, 1962, Vol. 1, pág. 128 y otros lugares). Ver también Thomas Leinkauf, “Der Lullismus”, en Grundriss der Geschichte der Philosophie. Die Philosophie des 17. Jahrhunderts. Band 4. Das Heilige Römische Reich Deutscher Nation. Nord- und Ostmit… Ed. por Helmut Holzhey y Wilhelm Schmidt-Biggemann, Basilea, 2001, págs. 237–290, aquí pág. 267f. (sobre Kuhlmann).
[77] Johannes de Monte Raphaim, Vorbothe (Anm. 53), pág. 20f.
[78] Johannes de Monte Raphaim, Vorbothe (Anm. 53), pág. 21.
[79] Johannes de Monte Raphaim, Vorbothe (Anm. 53), pág. 27f.
[80] Prescindiendo de muchos reflejos correspondientes —como por ejemplo en Jacob Böhme y Valentin Weigel—, autores como Heinrich Khunrath (Vom hylealischen, Das ist, Pri-Materialischen Catholischen, oder Algemeinem Natürlichen Chaos […]. Magdeburgo 1597) y Georg von Welling (Opus Mago-Cabbalisticum et Theosophicum […]. Fráncfort, Leipzig ³1784, reimpresión Estocolmo 1971) llevan a cabo una reinterpretación a gran escala de la alquimia.
[81] Johannes de Monte Raphaimm, Vorbothe (Anm. 53), pág. 29f.
[82] Ver correspondientemente también el Wasserstein der Weisen, ver Anm. 51.
[83] Es muy sugerente la idea de si el texto de Johannes debe ser leído como una sátira y en qué medida.
[84] El Seudónimo Misterioso (Johannis de Monte Raphaim): Esta portada aclara por qué el grabado anterior tenía las palabras Johannis, De Monte, Raphaim y Morgenröthe en sus márgenes. El autor firma bajo este pomposo nombre esotérico latino. La historiografía académica debate si se trata de un seudónimo del propio místico inglés John Pordage (cuyos textos sobre la Piedra Filosofal estaban incluidos en la misma sección del libro recopilatorio) o de otro autor rosacruz cercano a su círculo teosófico.
La influencia teosófica de la Aurora (Morgen-Röthe): El título del libro hace alusión directa a la obra cumbre de Jacob Böhme, Aurora (1612). En la mística de la época, la «Aurora» representa el estado de iluminación espiritual previo a la plena manifestación de la luz divina en el alma del buscador.
[85] Los Hijos de la Sabiduría (Weißheits-Kinder): Este término (al igual que Soli Philosophiae Filio) era la forma tradicional en que los autores rosacruces y herméticos se dirigían a sus lectores iniciados. No se refiere a filiaciones biológicas, sino a aquellos que han nacido espiritualmente en el conocimiento divino y «caminan en la luz» (im Lichte wandelt), diferenciándose de los profanos y los falsos alquimistas ávidos de oro.
Iatromecánica y Medicina Sagrada (wahren Artzeney): El poema apela de forma directa a los investigadores de la «verdadera medicina que Dios ha creado». En el contexto del siglo XVIII, esto sitúa al texto en la corriente de la Espagiria y la Paracelsiana, donde la transmutación de los metales corría en paralelo a la creación de la Medicina Universal o Elixir para sanar los cuerpos enfermos y prolongar la vida.
La metafísica del Centro y la Periferia: El último verso resume un concepto geométrico-espiritual clave de la teosofía de la época (altamente influenciada por Nicolás de Cusa y Giordano Bruno): el principio divino opera como una fuerza expansiva que nace en un «Mittel-Punct» (punto central incorruptible) y se irradia hacia fuera hasta alcanzar el «Umkreiß» (la circunferencia de toda la creación material), regulando el crecimiento y la vida de todas las cosas.
[86] El Mercurio Ígneo (Der feurige Mercur): El autor revela el gran secreto del «nombre de la cosa». No se refiere al azogue vulgar de los termómetros, sino al principio del Mercurio de los Filósofos. Al calificarlo de «ígneo» o combinarlo con el concepto de «Feuer-Geist» (espíritu de fuego), se alude a la paradoja hermética de un agua que no moja las manos y que contiene un fuego interno capaz de disolver los metales.
La paradoja de los opuestos (Solve et Coagula): Los versos centrales describen la naturaleza dual y omnipotente de este principio: «mata y hace vivir», «hace volátil y permanente». Es el motor de la fórmula Solve et Coagula. Tiene el poder de espiritualizar lo material (hacerlo volátil) y materializar lo espiritual (hacerlo fijo o constante).
Antropogénesis y la Cauda Pavonis (Cola de Pavo Real): El texto conecta la creación de la Piedra Filosofal con el mito del Adán Kadmón (el hombre primordial). Afirma que el primer ser humano cobró vida gracias a este espíritu ígneo y que apareció «adornado de múltiples colores». En el laboratorio alquímico, la aparición de una multitud de colores brillantes (fase llamada Cauda Pavonis o Cola de Pavo Real) es el preludio inmediato a la perfección de la obra antes de alcanzar la fijeza total.
[87] Volcar el Fundamento (Der Grund heraus gekehret): El poema abre con una advertencia operativa clásica. Si la materia prima no se invierte o transmuta radicalmente (un proceso a menudo llamado «extraer lo interior hacia el exterior»), la sustancia se queda estancada como «todte Erd» (tierra muerta), carente de fuerza espiritual o médica.
Macrocosmos y Microcosmos (Die grosse und kleine Welt): El autor juega con los conceptos tradicionales del Hermetismo. La «groſſe Welt» (el macrocosmos) contiene las leyes divinas impresas en la naturaleza visible, pero la «kleine Welt» (el microcosmos, que es el hombre y el matraz del filósofo) posee una dignidad superior porque Dios ha depositado en su centro un «himmelische Pfand» (una prenda o fianza celestial), que es la Chispa Divina o la luz incorruptible.
El Espíritu de Sal (Saltz-Geist) y el bálsamo de vida: Se menciona que del microcosmos brota un espíritu de sal que purifica la materia de forma absoluta. En la Alquimia según Paracelso, la Sal es el principio de la corporeidad, la fijeza y la preservación contra la putrefacción. El «espíritu de sal» purificado actúa como un bálsamo medicinal capaz de limpiar las impurezas tanto del cuerpo humano como de los metales.
La alegoría bíblica de la mujer de sal: El último verso contiene una brillante referencia oculta al relato bíblico de la mujer de Lot (Génesis 19:26), quien al mirar atrás hacia Sodoma se transformó instantáneamente en una estatua de sal. Los alquimistas teosóficos utilizaban este pasaje de forma alegórica para demostrar que la transmutación súbita de la carne viva en una sustancia mineral/salina eterna («ward zum Stein», se convirtió en piedra) es un misterio biológico real codificado en las escrituras sagradas.
[88] La Sal de la Tierra y Cristo: El autor conecta directamente la figura de Jesucristo con el concepto químico-místico de la «Erden-Saltz» (la Sal de la Tierra). Esto alude de forma literal al sermón de la montaña (Mateo 5:13: «Vosotros sois la sal de la tierra»). Para los teósofos, Cristo representa el principio divino fijado y encarnado en la materia pura, actuando exactamente igual que la sal filosófica purificada que preserva el macrocosmos de la corrupción.
El lenguaje de las parábolas (Gleichniß): El texto advierte explícitamente al lector de que la verdadera alquimia sagrada solo puede enseñarse a través de parábolas, analogías y metáforas. El autor recalca que el intelecto humano por sí solo no basta para descifrar el misterio; se requiere que Dios otorgue directamente el «Geißt zur Weißheit» (el Espíritu de Sabiduría) mediante la iluminación interior.
El acertijo numérico Rosacruz (Die dreymal zwölffte Zahl): El poema lanza un reto criptográfico al lector para hallar el verdadero nombre de la materia prima: «¡El número tres veces doce!».
En el contexto cabalístico y de sustitución alfabética de la época (donde A=1, B=2…), el número 36 (3 x 12) posee profundas implicaciones esotéricas vinculadas al Sol, a la progresión geométrica de la Tetraktys y a ciertas palabras clave en latín y alemán que definían al Mercurio central purificado.
La paradoja del «No-Oro»: El tramo final describe una sustancia misteriosa que se asemeja al oro físico en sus propiedades, peso o perfección («kommt ihm ziemlich nahe»), pero que no es oro vulgar. Cuando el operador místico consigue vislumbrar u obtener espiritualmente esta sustancia imperecedera (el Elixir o la Piedra filosofal interior), experimenta un gozo absoluto y un santo temor ante la inmensidad del tesoro divino que ha recibido en custodia.
[89] La paradoja del valor (Omnipresencia de la Materia Prima): Los primeros versos aluden a un tropo clásico de la alquimia: la materia prima de la Piedra se encuentra en todas partes, es vil, abundante y despreciada por los ignorantes. El rico la pisotea sin ver su valor; el pobre vive rodeado de ella (a menudo identificada alegóricamente en los textos con el lodo, los fluidos corporales o la tierra común). El autor la llama su «Spiel» (juego), vinculándolo con el concepto del Ludus Puerorum (el juego de niños), una metáfora que indica que, una vez comprendido el secreto, la Gran Obra es sencilla y natural.
La Disolución y Coagulación Metálica (Solve et Coagula): El texto explica que esta sustancia tiene la propiedad única de «abrir» (schleußt auf) las ligaduras de los metales estables (disolverlos) y volver a «cerrarlas» (schleußt wieder zu) mediante un «sanften Brandte» (calor moderado o digestión). Es el proceso de desestructurar un metal imperfecto para reorganizar sus átomos en una matriz perfecta.
La Putrefacción o Muerte Mística (Nigredo): El párrafo central expone el paso indispensable de la obra: «debe morir de una amarga muerte». En el laboratorio, esto representa la Nigredo (la obra al negro), la putrefacción de la materia donde esta pierde su forma previa, se vuelve negra y fétida. Espiritualmente, representa la muerte del ego del operador. Solo tras esta «muerte» la sustancia resucita para «heredar el poder del cielo», adquiriendo sus propiedades espirituales y volátiles.
El Todo en Uno (Unidad de los Principios): El verso «Denn es ist unser Stein, Gefäß, der Ofen, Feur» (Porque ella es nuestra piedra, vaso, horno y fuego) es una de las declaraciones monistas más famosas de la alquimia mística. El operador avanzado comprende que no necesita ingredientes externos costosos ni aparatos complejos: la materia es, al mismo tiempo, el contenedor, el agente reactivo, la fuente de calor espiritual y el resultado final. Por eso el Arte es calificado como «wohlfeil und auch theur» (simultáneamente barato y sumamente caro/valioso).
La Proyección Final y la Paga de los Servidores: El poema cierra describiendo la Rubedo definitiva. El «rothe Goldes-Klump» (la masa de oro rojo o la piedra filosofal madura) multiplica su fuerza infinitamente. Una vez perfeccionada, es capaz de transmutar los metales innobles y «repartir la paga a los servidores». En el plano espiritual, esto representa la iluminación y la gracia divina derramada sobre aquellos que han servido fielmente a la Sabiduría sufriendo los rigores del proceso.
[90] La materia resucitada e inmortal: Los primeros versos describen el misterio de la regeneración. La sustancia inicial ya posee una perfección latente, pero tras experimentar la muerte mística (la putrefacción en el matraz), «resucita» dotada de una naturaleza incorruptible. Al alcanzar este estado glorificado, el texto afirma que «ya no morirá jamás» (stirbet’s nimmermehr), reflejando la promesa teológica de la vida eterna aplicada a la transmutación mineral.
El Mercurio Filosófico vs. El Azogue Común: El autor insiste en una distinción crítica: el agente de la Gran Obra no es el mercurio líquido común e hidratado. Llama al mercurio común el «Sechste unter Sieben» (el sexto entre los siete metales tradicionales de la astrología/alquimia: Sol-Oro, Luna-Plata, Marte-Hierro, Mercurio-Azogue, Júpiter-Estaño, Venus-Cobre, Saturno-Plomo). El mercurio de los sabios es un principio metafísico y puro del cual deriva el metal físico ordinario.
El pacificador cósmico y la unión de los opuestos: El «Feuer-Geist» (espíritu de fuego) posee la virtud hermética universal de reconciliar los elementos enemigos. En la física barroca, la naturaleza estaba en constante guerra interna debido a las cualidades opuestas (calor contra frío, sequedad contra humedad). Este agente alquímico actúa como un mediador divino que «dirime toda disputa»: equilibra lo húmedo y lo seco, uniendo de forma indisoluble los elementos tradicionalmente irreconciliables del Agua y el Fuego.
El Arquetipo de Saturno / Uróboros: El verso «es friſt was es zeuget» (devora lo que ha engendrado) conecta este principio con dos de los símbolos más antiguos de la alquimia: Saturno/Cronos (el tiempo que devora a sus propios hijos para regenerar el ciclo cósmico) y el Uróboros (la serpiente que se muerde la cola). La materia prima debe disolverse a sí misma, consumirse en su propio veneno o jugo, para poder actuar finalmente como el elixir que devuelve la vida a las sustancias que estaban abocadas a la corrupción y a la muerte (was sich zum Tode neiget).
[91] La alegoría del Águila y la Sublimación: El remate del poema compara el agente de la obra con el Águila (Dem Adler iſt es gleich). En el lenguaje cifrado del laboratorio, el águila denota la sublimación o volatilización. Que «descienda desde el cielo y vuelva a subir desde su profunda tumba» describe la operación repetida de destilar y condensar una sustancia dentro del matraz (ascenso del vapor y descenso del líquido). Cada ciclo purifica la materia, liberándola de sus escorias terrestres («la tumba»).
La analogía macrocosmos-microcosmos (El Sol y el Oro): El axioma I introduce una doctrina fundamental de la alquimia de los siglos XVII y XVIII: la correspondencia exacta entre el sol celeste y el oro metálico, tradicionalmente llamado «Sonne der Erden» (el sol de la tierra).
La fijeza de las leyes naturales: El autor plantea un argumento físico basado en la observación teológica. El sol del firmamento no crea materia de la nada (keine neue Geschöpffe… hervor bringet), sino que actúa como un motor de calor natural que madura, conserva y estimula la fuerza vegetal y animal que Dios ya ha depositado en los seres vivos.
El vientre de la tierra (Im Bauche der Erden): Aplicando esta misma regla al reino mineral, el texto afirma que el oro físico es una meta alcanzada por la naturaleza; es un metal perfecto, cerrado y estático. Desmitifica la creencia popular de la época de que el oro abandonado en las minas seguía creciendo o multiplicándose por sí solo con el tiempo. El oro vulgar es estéril, está fijado en su propio estado y no posee una fuerza generadora activa para transmutar a otros metales, abriendo así el camino para explicar por qué se necesita recurrir al Mercurio filosófico ígneo (el agente del que se habló en las páginas previas) para «romper» esa fijeza y lograr la multiplicación alquímica.
[92] La Esterilidad del Oro Vulgar: El párrafo inicial concluye la idea de la página anterior. El oro común es un final de trayecto para la naturaleza física; posee la perfección justa para mantenerse estable a sí mismo (zu seiner selbst eigenen Hoheit bedürftig ist), pero carece de un excedente energético o espiritual para transformar a los metales que le rodean.
Profecía Bíblica y Alquimia (Isaías 30:26): El autor utiliza una famosa profecía del Antiguo Testamento (el enigma de que «la luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol siete veces mayor»). Para los hermetistas del siglo XVIII, los pasajes apocalípticos o de restauración cósmica eran descripciones exactas de la Gran Obra a escala macrocósmica. El universo entero sufrirá una «crisopeya» o transmutación al final de los tiempos.
El Axioma del Oro Tinturado: El párrafo 3 recoge una máxima atribuida clásicamente a figuras como el Pseudo-Geber o a la Turba Philosophorum: «Das Gold tingiret nichts, es werde denn erst tingiret» (El oro nada tiñe si no es primero teñido). Para que el oro actúe como medicina o tintura mutativa, debe ser abierto, disuelto por el Mercurio ígneo y llevado a un estado de aparente Caos o destrucción estructural (zur Unvollkommenheit). Solo perdiendo su rigidez original adquiere el estatus de Piedra Filosofal, elevando su potencia a un nivel «sobreperfecto».
La Glorificación de los Metales Inferiores: En el párrafo 4, el autor establece una hermosa alegoría planetaria y metalúrgica:
- El Sol es el Oro.
- La Luna es la Plata.
- Las Estrellas son los metales menores o imperfectos (plomo, hierro, estaño, cobre).
- Cuando el Oro es «glorificado entre sus hermanos» (los otros metales en el crisol tras ser transformado en Piedra), arrastra a toda la jerarquía mineral hacia arriba en una reacción en cadena. Al proyectar una sola parte de este oro sobreperfecto, la Plata (Luna) se convierte en Oro (Sol) y los metales básicos (Estrellas) adquieren la dignidad de la Plata y el Oro.
[93] La Alquimia bajo la sombra de la Guerra: El párrafo 5 contiene una queja amarga y vívida sobre cómo la guerra constante en Europa (una clara referencia a los devastadores conflictos de la época, como la Guerra de los Treinta Años o las posteriores guerras dinásticas del siglo XVIII) ha arrasado con el florecimiento intelectual. El autor describe un panorama desolador: los verdaderos sabios y filósofos de la naturaleza se han ocultado por miedo o han huido de Europa, interrumpiendo la transmisión de la Gran Obra.
El Oro Vulgar frente a la Sangre de León (Löwen-Blut): El texto establece una fuerte crítica moral y satírica contra los ejércitos y monarcas de la época. Describe a la sociedad como un «Geld-saugende Welt» (un mundo chupador de dinero) obsesionado con derramar sangre humana para saquear riquezas y oro convencional. A este oro egoísta contrapone la verdadera joya mineral: el Löwen-Blut (la Sangre de León). En la iconografía de la alquimia, el León Rojo representa el Elixir maduro o la Piedra Filosofal en su fase de máxima potencia; su «sangre» es el disolvente universal y el principio vital que sostiene y sana a todos los seres vivos de la creación (welches doch aller Creaturen Leben ist).
Profecía de la Paz y la Aurora Teosófica: El autor recurre a las conocidas profecías bíblicas de restauración del Libro de Isaías 2:4 («Y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces»). Expresa una ferviente esperanza de que el fin de las hostilidades traiga consigo una renovación espiritual. El resurgimiento de la alquimia sagrada es descrito bajo el concepto teosófico bohemiano de la Aurora (Morgen-Röthe), anunciando una era donde la humanidad se avergonzará de su antigua necedad bélica y codiciosa, reconociendo con asombro los milagros escondidos de la creación divina.
[94] La fijación del Axioma Central: El texto reitera con vehemencia la premisa operativa de la página anterior: el oro vulgar es inerte para la transmutación. Debe ser «abierto» y teñido primero para expandir sus virtudes. El color final buscado se describe literalmente como «röther» (más rojo), confirmando que la fijación definitiva del elixir se da en la etapa de la Rubedo.
El Misterio del Siete y la Plusquamperfection: El párrafo 8 introduce el concepto de la sobreperfección de la piedra. En el laboratorio, cada ciclo de disolución, destilación y fijación se considera una «rotación». Siete rotaciones completas confieren a la materia la energía necesaria para actuar como una tintura mutativa real sobre otros metales imperfectos.
Cabalismo Numérico y Tiempos de la Gran Obra: El autor expone un sistema aritmético sagrado basado en múltiplos que determinan la duración y los grados de potencia de la medicina:
- 7 ciclos/días: Primera fijación de la tintura (Apertura y primera sobreperfección).
- 21 ciclos (3 x 7): El número de la perfección absoluta (welche vollkommen genannt wird). Alude a las tres grandes fases clásicas del proceso (Separación, Purificación y Fijación) multiplicadas por el septenario.
- 42 ciclos (6 x 7): Duplicación de la fuerza protectora y de proyección.
- 63 ciclos (9 x 7): El límite supremo donde «el siete y el nueve se cierran juntos». En la astrología caldea y la cábala hermética, el 63 es el gran año climatérico, la conjunción perfecta de las fuerzas de la madurez mineral (el 7 planetario) y los horizontes del firmamento (el 9 de las esferas celestes). Cada ciclo por encima del septenario inicial no cambia los componentes, sino que multiplica geométricamente el poder de proyección de la Piedra: una onza de sustancia en grado 7 transmuta cien onzas de plomo, pero en grado 63 puede transmutar toneladas.
[95] Multiplicación Infinita: El párrafo inicial concluye la idea del sistema cíclico numérico de la página anterior. Una vez que la Piedra pasa por los giros reiterados de disolución y fijación, adquiere una virtud exponencial. El texto afirma que la Piedra se puede multiplicar «unendlich» (infinitamente), lo que significa que un solo grano de este elixir puede transmutar infinitas partes de metal base, adquiriendo una pureza geométrica superior al oro de las minas.
La Alquimia como «Ayuda» a la Naturaleza: El párrafo 11 expone uno de los axiomas centrales de los Rosacruces y los paracelsianos. La naturaleza es sabia y bondadosa, pero opera bajo límites fijos: su meta máxima en el reino mineral es el oro nativo y allí se detiene (hat die Natur bey der Vollkommenheit des Goldes ihr Ziel erreichet). Para romper esa barrera y dotar al oro de propiedades medicinales y mutativas (plusquamperfect), se requiere la intervención del ser humano, a quien el autor llama formalmente un Sohn der Kunst (Hijo del Arte). El hombre actúa como un co-creador que lleva la creación natural a su octava superior.
El principio del Natura overo l’Arte (Imitación de la Naturaleza): El texto enfatiza que el alquimista no inventa leyes nuevas, sino que se sube a hombros de la creación existente: «nosotros solo debemos comenzar allí donde ella ha terminado». La famosa frase que el autor atribuye a la naturaleza («mir nach, folge mir, ich folge dir!») evoca los grabados clásicos de Michael Maier o Jean-Conrad Barchusen, donde el alquimista sigue literalmente las huellas dejadas por una figura femenina que encarna a la Naturaleza.
La Tintura Dorada Endógena: En el párrafo 12 se argumenta que el oro que hallamos en las vetas subterráneas de la tierra llegó a ser tal porque la propia naturaleza utilizó una «guldenen Tinctur» (tintura áurea) original para madurar los metales pesados rudimentarios dentro de las rocas. El trabajo del operario consiste en descubrir cuál es ese agente específico que la tierra usa en secreto, aislarlo en su matraz y acelerar artificialmente un proceso de maduración que a la Tierra le costaría miles de años realizar.
[96] El refrán del Cuervo y la Papilla: En el párrafo inicial, el autor recurre a un dicho popular alemán muy gráfico («dem Raben das Mueß nicht gar in das Maul gestrichen werden muß») para justificar el lenguaje deliberadamente oscuro de los tratados. Argumenta que el secreto está tan expuesto ante los ojos humanos que darlo masticado sería un insulto a la inteligencia del buscador; la materia prima está «ante nuestras narices» y solo requiere el esfuerzo humilde de agacharse a recogerla.
El Mandato Bíblico del Secreto (Mateo 7:6): En el párrafo 13, Johannis de Monte Raphaim utiliza la famosísima advertencia de Jesucristo en el Sermón de la Montaña: «No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos». En el contexto de la crisis moral europea de la época, los alquimistas consideraban que abrir el conocimiento de la transmutación metálica y la prolongación de la vida a una humanidad codiciosa y belicista traería la destrucción absoluta, por lo que el secreto era un imperativo ético.
La Cronología de los 6000 Años y el Gran Sabbat: El párrafo 14 expone la doctrina del Quiliasmo o Milenarismo Cristiano. Basándose en la idea de que para Dios «un día es como mil años» (2 Pedro 3:8) y tomando como referencia los seis días de la Creación del Génesis, la teosofía hermética calculaba que la historia del mundo bajo su estado caído duraría exactamente 6,000 años.
La Gran Crisopeya Cósmica: El fin de este ciclo dará paso al Séptimo Milenio (el Sabbat divino de descanso). El autor afirma que, al igual que la materia mineral en el matraz requiere pasar por la «séptima rotación» para transmutarse en oro sobreperfecto (Plusquamperfection), el macrocosmos entero (el cielo y la tierra) sufrirá una transmutación equivalente en el séptimo milenio. En esta era dorada del espíritu, toda la creación será purificada del pecado y de la muerte, restaurando la luz prístina del universo donde el sol aumentará su brillo siete veces e integrará los astros en una armonía divina.
[97] La Escalera de los Siete Peldaños (Sieben Staffeln): El autor conecta la profecía macrocósmica anterior con la práctica del matraz. El oro debe sufrir siete operaciones sucesivas de purificación y cohobación para alcanzar la sobreperfección. Este motivo de la «Escalera de los Sabios» (Scala Philosophorum) representa las siete fases clásicas del laboratorio: Calcinación, Disolución, Separación, Conjunción, Putrefacción, Sublimación y Fijación.
El Enigma de los 24 Quilates: El párrafo 15 introduce una brillante justificación matemática de la pureza del oro basada en el sistema tradicional de medida. Si el oro puro posee 24 quilates, el autor explica metafísicamente que la naturaleza trabaja en una proporción exacta de 1 a 24: una sola parte de la «tintura sutil divina» subterránea es capaz de madurar y teñir 24 partes de metal base (mercurio y azufre de las minas) para consolidarlo como oro puro. Al llegar a 24, la naturaleza agota su fuerza y se detiene, clamando por la ayuda del alquimista («Hilff mir! so helff ich dir!»).
Análisis Cuantitativo del Oro (Tintura vs. Cuerpo): El texto propone un experimento conceptual de descomposición («Kunst-gemäß zerlegest»). Si se toma una onza de oro puro, según la doctrina hermética, este se compone de dos principios:
10 Granos (Grana) de Tintura: El alma o el azufre espiritual del oro, la esencia ígnea pura que le da el color amarillo y la nobleza. (Nota: Históricamente, en el sistema de pesos de la época, una onza se dividía en dracmas, escrúpulos y granos; aquí se usa de forma proporcional).
El Cuerpo (Leib) o la Tierra Blanco-Grisácea: El residuo material que queda tras extraer el alma. El texto señala un fenómeno metalúrgico real de los procesos de refinamiento (como la copelación o la partición con ácido): al remover el principio amarillo, el remanente se convierte en una plata sumamente pura y fija («beſtändigen Silber»), la cual puede volver a unirse con su «alma» para recuperar el estatus de oro y ascender de nuevo al «Thron der irrdiſchen Sonne» (el trono del sol terrenal).
[98] La plata como alimento del oro: El autor detalla un proceso de transmutación práctica. Al aumentar la «fuerza de la tintura» sobre el cuerpo del oro mediante ciclos repetidos, ese oro hiper-purificado adquiere propiedades de proyección. Es capaz de «digerir» e impregnar químicamente a la plata pura («Silbers Zusatz leiden»), asimilando su estructura hasta convertirla por completo en oro de la más alta ley.
La progresión geométrica de la potencia: El texto describe el poder exponencial que se adquiere al repetir las operaciones. Con cada gran ciclo completo de purificación y fijación (las «Rotaciones»), la capacidad de proyección de la medicina no aumenta de forma aritmética (sumando), sino geométrica (multiplicando). Las notas aclaran las cifras para evitar errores de lectura de la época:
- 1.ª Gran Rotación: 1 parte de piedra proyectada transmuta 1,536 partes de metal base.
- 2.ª Gran Rotación: La potencia se multiplica por sí misma, alcanzando las 196,608 partes.
- 3.ª Gran Rotación: La proyección roza lo milagroso, alcanzando la cifra de 25,165,824 partes transmutadas por una sola porción de elixir. Esto explica por qué los tratados afirmaban que un fragmento del tamaño de un guisante bastaba para enriquecer a un reino entero.
Las siete operaciones menores (Sieben kleine): El esquema numérico muestra cómo se alcanza la cifra final de 1,536. La escala parte de la base áurea original (24) y se va duplicando de forma constante en cada uno de los 7 escalones operativos menores (24 → 48 → 96… hasta coronar en 1,536). El número 162 que rompe momentáneamente la duplicación estricta (que teóricamente debería ser 192) suele responder a desajustes tipográficos de las imprentas del siglo XVIII o a cálculos criptográficos específicos de las proporciones del peso de los granos (Grana) que el autor manejaba en secreto en su propio laboratorio.
[99] Culminación matemática de las Rotaciones: Las tablas desglosan los siete pasos menores para las fases avanzadas de multiplicación. En la segunda rotación se parte del remanente del primer ciclo multiplicándose por duplicación sucesiva hasta consolidar la cifra de 196,608. La tercera gran rotación proyecta de inmediato la fuerza de la piedra desde los centenares de miles hasta rebasar los 25 millones de partes en su escalón definitivo. El desajuste numérico de la primera línea (3027 en lugar de 3072) arrastra la sutil desviación tipográfica o cabalística de la página anterior.
El límite del Sabbatismo (Sabbatismo): El autor afirma que un operador humano podría teóricamente forzar la materia hasta la séptima gran rotación. Sin embargo, advierte que la mente del maestro no lograría asimilar el poder infinito de semejante sustancia. Cruzar ese umbral traslada la obra de lo físico a lo divino: el Sabbatismo, el plano de perfección absoluta y descanso eterno donde la materia se vuelve pura energía espiritual incorruptible.
El núcleo de la Maestría (Meisterſchafft): El párrafo 18 resume el propósito real del laboratorio. El secreto no consiste en añadir compuestos extraños al oro, sino en extraer y magnificar la propia «fuerza germinal» y sutil que ya habita en él de forma latente. El objetivo del artista es transmutar el cuerpo denso del oro metálico ordinario hasta que devenga en pura tintura líquida y radiante, logrando romper su fijeza estéril para proyectarla sobre los metales bajos.
[100] Rechazo a la Alquimia Artificial: En el axioma 19, Johannis de Monte Raphaim condena las «recetas inventadas» por los sopladores de carbón y los falsos químicos que pretendían amalgamar ingredientes exóticos para crear oro. El autor insiste en que el hombre no puede crear la vida ni las propiedades de la materia de la nada, usando la hermosa analogía del campesino: un agricultor prepara la tierra y siembra, pero es incapaz de fabricar artificialmente el código orgánico de un grano de trigo (ſo wenig als ein Bauer ein Weitzen-Korn zu machen capabel iſt).
La Máxima de la Cooperación (Cooperante Natura): El papel del verdadero Hijo del Arte consiste en ser un facilitador de la propia naturaleza. El alquimista toma la tintura latente que Dios ya ha depositado en los metales perfectos (el oro) y, mediante las operaciones cíclicas purificadoras de su matraz (las rotaciones), actúa sobre la materia para expandirla.
El Eje Teosófico (A Specialismo ad Universalitatem): El texto maneja una jerarquía filosófica muy precisa. Cuando la fuerza divina creó el mundo, la energía pura universal se fragmentó y cristalizó al quedar confinada en los cuerpos densos e individuales de las criaturas (res creatis), volviéndose particular o «especial». La labor de la Gran Obra es el camino inverso: disolver la prisión material del oro común para liberar su fuerza interna y elevarla de nuevo a un estado de Tintura Universal, capaz de proyectarse y sanar cualquier cuerpo metálico o biológico enfermo.
Cosmología de la Periferia y el Centro: El párrafo 21 recurriéndose a la máxima geométrica hermética clásica: el universo emanó de un Centro Divino invisible e intemporal, expandiéndose hacia la Periferia material a través de la vibración del Fiat Lux divino («Hágase la luz» / Es sey). El autor argumenta que el laboratorio alquímico replica exactamente este proceso del Génesis, expandiendo y multiplicando la energía del núcleo denso del metal hacia fuera para espiritualizar su forma física.
[101] La Apocatástasis o Gran Disolución Espiritual: El párrafo inicial concluye la analogía macrocósmica. El universo entero materializado se encuentra en una fase de expansión hacia la periferia, pero el fin de los tiempos marcará una contracción mística. Todo lo que es puro «renacerá» y regresará al núcleo original, el Centrum Divinum. Es el reflejo macrocósmico de la operación de laboratorio donde el espíritu volátil es fijado nuevamente en el fondo del matraz. Lo impuro, el desecho o la escoria terrestre, queda segregado en el «finstern Abgrund» (el abismo tenebroso), equiparándose conceptualmente a las caput mortuum (residuos inservibles de las destilaciones).
Las dos fuerzas del Matraz (Agente y Paciente): En el párrafo 22, el autor define los componentes del vaso empleando terminología de la escolástica y la física barroca. La naturaleza otorga dos principios complementarios: el Subjectum patiens (la materia pasiva, plástica y receptiva, asociada a la Luna/Plata o la Sal) y el Agens & Augmentans (el principio activo, ígneo y espiritual que tiñe y multiplica, asociado al Sol/Oro o al Mercurio filosófico). La maestría consiste en saber extraer el alma o tintura del contenedor apropiado e insertarla en la sustancia pasiva.
El Axioma del Omnia in Unum (Todo en el Uno): El párrafo 23 discute la intencionada confusión que los antiguos filósofos sembraban en sus textos. Los textos clásicos prescribían listados enormes de minerales y metales para despistar a los profanos. Johannis de Monte Raphaim rescata el principio monista fundamental de la alquimia: «Eins in allen verborgen» (El Uno oculto en el todo). Aunque los sabios describan procesos aparentemente complejos con docenas de ingredientes, en realidad operan con una sola sustancia mineral base que encierra en sí misma todas las propiedades del cosmos.
[102] La Omnipresencia de la Fuerza Áurea: El autor insiste en el principio monista de la metalurgia hermética. La tintura dorada pura está latente en todo el reino mineral, por lo que, teóricamente, un alquimista avanzado podría extraer la semilla del oro de cualquier metal común (nimm nur eins in Regno Metallico). El peligro radica en la ignorancia del operador: si no se reconoce la sutil presencia espiritual al disolver el mineral, esta «se escapará de entre las manos» en forma de gas volátil inservible.
El Enigma Criptográfico (In domo arietis Saturnini): El párrafo central ofrece la revelación más codiciada del texto mediante una metáfora astrológico-química: la materia prima predilecta se halla «en la casa del Aries Saturnino».
- En la Alquimia práctica, Saturno representa al Plomo (el metal de la densidad y la muerte mineral). Aries es el signo zodiacal de la primavera, regido por Marte (el Hierro) y lugar de la exaltación del Sol (el Oro).
- Esta densa amalgama de conceptos designa de manera cifrada al Antimonio (específicamente a la Estibina o al Regulo de Antimonio Marcial). El antimonio era llamado «el lobo de los metales» o «Saturno de los Filósofos», y al fundirse con hierro (Marte/Aries) formaba una estructura cristalina en forma de estrella (el Regulus Stellatus), considerada el pasaporte o «menstruo debido» (Mercurio nostro) para disolver el cuerpo denso del oro vulgar y liberar su alma.
La Autoridad de Nicolás Flamel: El párrafo 24 introduce una cita directa de Nicolás Flamel (1330–1418), el célebre escribano parisino cuya figura se convirtió en el arquetipo del adepto que alcanzó la inmortalidad y la riqueza mediante la Piedra Filosofal. La cita resume la histórica división entre la Vía Corta (buscar la tintura directamente en el oro perfeccionado, que es más noble pero costoso) y las Vías Largas (partir de metales imperfectos como el plomo, el cobre o el hierro, que requieren largas y fatigosas purificaciones).
El Centro Macrocósmico: El fragmento concluye elevando la obra por encima de la metalurgia simple. La maestría absoluta no estriba en limpiar metales en un crisol, sino en ser capaz de capturar el «Tinctur-Wesen» (la esencia de la luz cósmica o el espíritu de la vida) directamente desde el núcleo del macrocosmos para fijarlo en un soporte físico.
[103] Metáforas bíblicas y el oficio del Zapatero: El autor abre el párrafo 25 adaptando la conocida frase evangélica (Mateo 22:40: «De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas»). Lo utiliza para indicar que el conocimiento exacto de la materia prima es el pilar absoluto sobre el cual descansa todo el éxito del arte. Con un toque de humor popular barroco, señala que intentar hacer alquimia sin conocer la sustancia base es tan absurdo como un zapatero que pretendiera fabricar calzado usando hojas de papel en lugar de cuero limpio.
El Encuentro Histórico de Helvetius (1666): El párrafo 26 alude de forma directa a los acontecimientos reales ocurridos en diciembre de 1666 en La Haya. Johann Friedrich Schweitzer (conocido por su nombre latinizado como Helvetius, 1630–1709) era un respetado médico de la corte del Príncipe de Orange y un firme detractor de la alquimia. Un misterioso fundidor de bronce o latón («Der Rothgiesser», a menudo identificado en las crónicas como un adepto bajo el nombre de Elias Artista) lo visitó en su laboratorio para debatir sobre medicina y acabó entregándole un minúsculo fragmento de Piedra Filosofal. Helvetius, siguiendo las pautas del visitante, realizó la proyección en su crisol ante testigos y logró transmutar con éxito plomo común en oro purísimo de alta ley.
La Sal Celestial y el Bajo Costo de la Obra: El testimonio del fundidor de La Haya ratifica las doctrinas expuestas por Johannis de Monte Raphaim en las páginas precedentes. La llave de la transmutación no requiere oro metálico carísimo en su fase inicial, sino una sal de virtudes celestiales (un fundente purificado o un ácido sutil derivado de minerales comunes como el antimonio o el vitriolo). Esta sal actúa «abriendo» (aufschliessen) los lazos corporales de los metales vulgares mediante un proceso de disolución templada.
El Tratado Vitulus Aureus (El Becerro de Oro): El párrafo 27 cita explícitamente el famoso libro escrito por el propio Helvetius tras su conversión al hermetismo, titulado Vitulus Aureus (publicado en 1667). Este libro conmocionó a los intelectuales de la época, capturando incluso el interés del filósofo racionalista Baruch Spinoza, quien viajó personalmente para examinar el oro transmutado y confirmar la veracidad del suceso. El autor del tratado que estamos traduciendo elogia esta obra como el manual definitivo donde se explican con total nitidez tanto los materiales involucrados (Materia ex qua) como las operaciones de laboratorio (per quam). Lamenta la ceguera intelectual de los «Liebhaber» (los amantes del arte o aficionados), que leen continuamente el texto de Helvetius buscando fórmulas mágicas literales pero son incapaces de descifrar el simbolismo subyacente.
[104] Sátira al Dr. Helvetius: El párrafo inicial remata el análisis de la página anterior con una ironía desbordante muy común en la literatura hermética. El autor afirma que ni el mismísimo Helvetius comprendía el trasfondo esotérico de lo que experimentó y redactó en su libro Vitulus Aureus. Para Johannis de Monte Raphaim, Helvetius fue un mero testigo instrumentalista (un profano a quien un verdadero adepto le dio la Piedra ya hecha), por lo que plasmó el milagro físico sin entender la metafísica sagrada que regía el proceso.
La Teoría de los Cuatro Reinos de la Naturaleza: A diferencia de la división clásica en tres reinos (animal, vegetal y mineral), la teosofía post-paracelsiana y bohemiana añade un cuarto peldaño: el Reino Astral (Astralischen Reich). El cosmos se concibe como una red orgánica donde la misma «tintura vital» divina se halla dispersa en todos los planos, cristalizando en una jerarquía de excelencias o «cúspides» de pureza:
- En el firmamento, la máxima concentración de luz está en el Sol.
- En el reino animal, el templo de la pureza espiritual es el Hombre.
- En el reino vegetal, la quintaesencia sagrada reside en el Vino (el espíritu de la uva).
- En el reino mineral, la perfección estática está en el Oro.
Las Afinidades Electivas (Similia similibus curantur): El párrafo 29 expone el núcleo de la física simpatética: «el Sol, el Hombre, el Vino y el Oro […] se aman mutuamente». Al compartir la misma raíz e idéntica proporción de tintura central, estas sustancias se atraen y tienen el poder de sanarse o exaltarse entre sí. El fuego inmaterial del Sol puede ser «capturado» y corporificado en el matraz por el alquimista para condensar el Elixir.
El Azufre de los Filósofos frente al Azufre Vulgar: El autor ofrece una precisión técnica fundamental para los operarios de laboratorio sobre el principio del Azufre (uno de los tres pilares de la Tria Prima de Paracelso junto al Mercurio y la Sal). El azufre representa el alma, el principio ígneo y el color de los cuerpos. Advierte rigurosamente que no se debe utilizar el azufre amarillo común que se compraba en las boticas de la época («gemeiner Kram-Schwefel»). Intentar destilar azufre vulgar solo arruina los aparatos, pues se sublima pastosamente en el cuello de las retortas («an denen Gefässen behangen bleiben») y carece de la volatilidad espiritual necesaria para unirse con el Mercurio de los Sabios.
[105] El Agua Sulfúrica Universal: En el párrafo 30, el agente transmutador supremo (el espíritu vivificante o Ánima Mundi) es definido físicamente como un «sulphurisches Wasser» (agua sulfúrica o ígnea). Al encontrarse en su estado original indiferenciado o universal, carece de forma fija; es plástica y se amolda al contenedor orgánico donde penetra. Esta concepción proto-científica intentaba explicar la unidad de la materia: la misma energía celestial da origen a la sangre del hombre, a la madera del árbol, a la densidad del plomo y al brillo de las estrellas.
El Enigma del Aurum Physicum: El párrafo 31 introduce el concepto clave del Oro Físico (u Oro de la Naturaleza), advirtiendo que, siguiendo el estricto código de secreto hermético, no es lícito revelar su nombre vulgar por esta vez. El autor aclara que esta misteriosa sustancia comparte la misma esencia (Wesens) interna del oro de las monedas, pero posee una estructura física o exterior radicalmente opuesta (ungleicher Form). Es el oro vivo y vegetal de los filósofos frente al oro muerto y metálico de la joyería.
La Pudorosa Naturaleza Desnuda (Die Scham-volle Natur): La frase del texto acerca de no exhibir a la naturaleza «desnudada» hace referencia directa a un famosísimo motivo iconográfico del hermetismo barroco: La Naturaleza al Desnudo. Los alquimistas consideraban que revelar de manera literal y explícita los mecanismos biológicos del útero de la tierra (cómo se gesta el oro en las minas) constituía una profanación de los misterios divinos, por lo que el uso de alegorías era una obligación moral.
La Tinctura Physicorum como Medicina Universal: El tramo final reorienta el propósito de la disciplina. El texto señala que para un verdadero Filius artis (Hijo del Arte), la transmutación metálica de plomo en oro es secundaria. El fin supremo de extraer esta fuerza oculta de la naturaleza es de carácter terapéutico: fabricar la Tinctura Physicorum o Elixir de la Larga Vida para sanar y vigorizar el «schwachen Leibes» (el cuerpo físico débil) del propio buscador de la sabiduría.
[106] La queja sobre los autores (Scribenten): El autor comienza lamentando la deliberada oscuridad de la literatura hermética previa. Los alquimistas solían describir la obtención inicial de la Piedra Filosofal, pero guardaban celosamente el secreto del Fundamentum multiplicationis (cómo aumentar su cantidad y potencia sin tener que empezar el proceso desde cero).
El Azufre Solar (Sulphur Solare) y el Cuerpo de la Luna: El párrafo 33 describe la operación de transmutación directa. El alma o «azufre» extraído del oro posee una afinidad natural con la Luna (la plata). Al ser proyectada sobre la plata fundida, esta actúa como un contenedor físico perfecto («Corpus in Luna»), absorbiendo la esencia áurea y reorganizando su estructura molecular hasta transmutarse en oro puro. Sin embargo, el texto advierte que este proceso simple tiene un límite físico si no se realiza primero la multiplicación geométrica de la piedra.
El silencio de Platón (Jubet Plato quiescere): La frase latina utilizada es un aforismo alquímico clásico muy repetido en tratados medievales y renacentistas (como el Rosarium Philosophorum o las obras atribuidas a Senior Zadith). «Platón» no se refiere aquí necesariamente al filósofo de Atenas, sino a la autoridad de un texto hermético pseudo-platónico clásico (Platonis Liber Quartorum). La cita se utiliza como un freno de seguridad ético: el mecanismo exacto de la multiplicación es un misterio tan sagrado que el sabio prefiere mandar a callar y detener la pluma antes de profanarlo.
La medida del Loth: El texto emplea el Loth, una unidad de peso tradicional germánica utilizada en las casas de moneda y laboratorios metalúrgicos hasta el siglo XIX (equivalente aproximadamente a unos 14-16 gramos). Indica de manera muy práctica que el peso de la esencia espiritual extraída se corresponde de forma exacta con la cantidad de tintura real utilizable.
La Disolución Silenciosa (La disolución como el hielo): El párrafo 34 introduce una regla de oro para el laboratorio espagírico. El disolvente idóneo («Solvente») no debe ser un ácido violento y corrosivo como el agua regia vulgar, la cual ataca los metales produciendo efervescencia, gases tóxicos y «Geräusch und Getöse» (ruido y estrépito). El fuego secreto de los sabios es un agua templada y simpática que penetra la estructura molecular del oro de forma pacífica, disolviéndolo de manera natural y suave, exactamente igual a cómo el calor del sol derrite un bloque de hielo («wie Eis»).
[107] La captura del Espíritu Cósmico (Aqua Rarefacta): El texto describe un proceso clásico de la alquimia de los siglos XVII y XVIII (muy ligado a autores como Sendivogius y la tradición Rosacruz): la recolección del «rocío de mayo» o la condensación de la radiación celeste. Los sabios afirmaban que mediante espejos ustorios o sutiles técnicas de laboratorio, un maestro del Arte podía capturar el influjo vital de los rayos del Sol y de la Luna, transformándolo en un agua física fluida. Esta sustancia es calificada como una sustancia astral, el eslabón perdido entre el plano espiritual inmaterial (la Luz) y el plano físico denso (los Elementos).
El misterio del aumento de peso específico: En el párrafo 35 se introduce una observación de laboratorio sorprendente para la época. El autor afirma que al tratar los cuerpos metálicos con este agua cósmica, la materia experimenta una densificación tal que su peso se duplica («daß ſie noch eines ſo ſchwer werden»). En la historia de la ciencia, este fenómeno de ganancia de peso durante la calcinación y fijación de los metales (que la química posterior de Lavoisier explicaría mediante la oxidación con el oxígeno del aire) era interpretado por los hermetistas como la prueba física irrefutable de que el espíritu inmaterial del aire y de los astros se había corporificado y fijado en el fondo del crisol.
La escala de los Grados del Fuego (Gradus Ignis): El párrafo 36 destaca la importancia del control térmico en la Espagiria. Siguiendo las doctrinas de Paracelso, la transmutación no depende de la fuerza del fuego vulgar, sino de la sutil manipulación de sus grados (desde el calor del estiércol o baño María, hasta el fuego de fusión). Cada grado despierta una propiedad diferente de la tintura.
El Absoluto Hermético Inefable y el Uróboros: El tratado culmina con una confesión puramente mística sobre la naturaleza de la Materia Prima. Es definida como un principio que «comienza sin fin y termina sin principio», la viva descripción matemática y espiritual de la eternidad y del Uróboros (la serpiente que se devora a sí misma). El autor apela a la naturaleza inefable de la iluminación: es un conocimiento de carácter experiencial que, una vez alcanzado por el maestro a través de la gracia divina, resulta del todo imposible de transmitir mediante el lenguaje humano ordinario a quien no esté espiritualmente preparado para recibirlo.
[108] La Naturaleza Psíquica y Viva de la Materia: El párrafo 37 expone una doctrina puramente mística e idealista. La sustancia de la Gran Obra no se comporta como un mineral inerte en manos de un químico moderno. El autor la describe como un espejo del alma del propio operador: si el alquimista piensa, la materia deviene pensamiento; si discute con soberbia, se desvanece en palabrería vana. Posee una voluntad libre otorgada por Dios que castiga a los impacientes burlándose de sus esfuerzos y ocultándose de los codiciosos.
Crítica a los «Sopladores de Carbón» (Process-Laboranten): El texto lanza un duro ataque contra los químicos racionalistas o sopladores vulgares. Los llama despectivamente «Process-Laboranten» (laborantes obsesionados con recetas fijas o procesos mecánicos). Al intentar dominar y violentar la materia en sus hornos sin una regeneración espiritual previa, el autor los califica de forma poética y tajante como los seres más desgraciados y miserables bajo el cielo («die mühseligsten Tropffen»).
La Tierra Roja (Rothe Erde): En el párrafo 38 se revela la manifestación física final de la Piedra Filosofal. Es la «tierra roja», el polvo de proyección que resulta de la maduración absoluta de la Rubedo. El autor recalca la gran paradoja hermética: esta sustancia se extrae del oro, pero el mundo material la desprecia y la considera inferior al metal acuñado común.
La Gran Inversión de los Cuatro Elementos: El cierre de la página dicta la fórmula exacta de la transmutación a través de la destrucción de la forma física. Para liberar la tintura eterna, el oro metálico denso y fijado debe sufrir una inversión molecular absoluta de sus cualidades naturales:
- Debe volverse no-oro: Romper su rigidez cristalina perfecta.
- La vida debe ser muerta: Someterlo a la putrefacción de la Nigredo.
- El fuego debe convertirse en agua: El principio ígneo y seco del metal denso debe licuarse y volverse un fluido disolvente (volatilización del fijo).
- La tierra debe convertirse en aire por el fuego: El residuo fijo terrestre final debe ser sublimado y purificado por el calor hasta ascender al estado gaseoso y espiritual del aire, completando el axioma de Hermes Trismegisto en la Tabla de Esmeralda: «Separarás la tierra del fuego, lo sutil de lo espeso, suavemente y con gran industria».
[109] La Piedra como «Tierra Cristalina» (Das Lied vom Ende): El párrafo 39 culmina la descripción del laboratorio con una frase lapidaria alemana: «das ist das Lied vom Ende» (literalmente, esta es la canción del final, significando el desenlace absoluto). La Piedra Filosofal en su máximo estado de Rubedo no se describe como oro metálico fundido, sino como una tierra pedregosa, roja, transparente e ígnea. Esta descripción de un «vidrio rojo rubí» maleable y proyectable coincide con los textos clásicos de Ramon Llull y Basilio Valentín.
La Cita de Guttmann y la Teosofía de la Luz: El párrafo 40 introduce como autoridad al místico Aleph-Thau o Aegidius Gutmann (1490–1584), autor de Offenbarung Göttlicher Majestät (La Revelación de la Divina Majestad, escrita en el siglo XVI pero ampliamente impresa en el XVII y XVIII). Gutmann formuló una alquimia puramente espiritual y cabalística, fuertemente vinculada a las visiones del Génesis. Su tesis afirma que los metales densos albergan en su núcleo la Luz Divina primigenia prístina aprisionada por las tinieblas de la materia caída tras el pecado original. La Gran Obra se define de manera bellísima como un acto de «volcar lo interior hacia el exterior» (herauswärts kehren): disolver la costra opaca y tenebrosa para que resplandezca el cuerpo espiritual y cristalino del sol metálico.
Desprecio por el Dinero y el Oro Comercial: El párrafo final (erróneamente numerado como 31) realiza una aguda distinción moral y espagírica. El oro rojo convencional acuñado en monedas es calificado duramente como una sal «taubes, dummes» (estéril, sorda y necia). El autor argumenta que el dinero corriente carece de virtudes vivas y solo sirve para el comercio mundano, donde es «pisoteado y desgastado» pasando de mano en mano.
La Sal Sulfúrica Sabrosa (Schmackhaftigen Saltz): A ese oro mercantil y muerto se le contrapone el resultado de la «inversión» alquímica: una sal sulfúrica y espiritual. Al llamarla «sabrosa» o «con sabor» (schmackhaftigen), el texto alude a la teoría de las sales paracelsianas. La fijeza insípida del metal comercial se rompe para dar paso a una sustancia activa, penetrante y medicinal que posee el poder de la regeneración universal tanto para los cuerpos enfermos del reino animal como para los metales imperfectos.
[110] El Sello de la Sabiduría (Siegel der Weißheit): El fragmento inicial justifica por qué el autor recurre a resúmenes y alegorías en lugar de dar proporciones mecánicas directas. Ir más allá de estos axiomas espirituales equivaldría a «romper el sello», violando el juramento de confidencialidad que unía a la fraternidad de los Discípulos de la Sabiduría para proteger el conocimiento de caer en manos codiciosas.
El Axioma Hermético Clásico: El párrafo 42 insiste en la máxima en latín Aurum non tingit, nisi prius tingatur. Al definir al oro como el «único Recipiens», el autor establece que la meta final de la Gran Obra (la Piedra Roja o Elixir de proyección) solo puede tomar como cuerpo o matriz base al oro purificado. Los metales inferiores no pueden ser la base final porque sus matrices están corruptas o incompletas.
El Azufre Incombustible (Unverbrennlicher Schwefel): El párrafo 43 aborda la pregunta operativa fundamental: ¿si el oro es el recipiente, cuál es el agente que lo abre y lo multiplica? El autor desvela que el motor de la gestación mineral subterránea es un azufre fijo e incombustible. En la química mística barroca, el azufre común de las tiendas arde con una llama azul y se consume (es volátil y combustible). El «Azufre de los Sabios» es un principio puramente espiritual e ígneo que resiste la violencia del fuego sin alterarse, actuando como la simiente de oro viva.
El Principio de Homogeneidad Radical: El tramo final expone una regla inquebrantable de la Gran Obra: «No debe añadirse absolutamente nada extraño» (durchaus nichts Fremdes darzu kommen). Esta doctrina prohíbe el uso de ingredientes ajenos al reino metalúrgico (como la sangre, los cabellos, los ácidos corrosivos artificiales o las sales vegetales comunes). La Piedra se hace del oro, con el oro y para el oro. Para elevar el oro a su grado «sobreperfeccionadísimo», el artista debe aislar el propio azufre puro que el metal ya posee de forma natural, concentrarlo y reintroducirlo en el recipiente. Es una fertilización endógena: el oro se perfecciona a sí mismo utilizando su propia semilla vital potenciada en el matraz.
[111] La paradoja de la Alquimia para ricos y pobres: El párrafo 44 plantea el gran dilema del operador de laboratorio. Si bien la Vía Directa u homogénea (extraer la simiente del azufre a partir de lingotes de oro puro, como hizo Nicolás Flamel) es metalúrgicamente infalible, exige una inversión económica inicial gigantesca en oro metálico y combustibles. Esto convertía la disciplina en un privilegio de monarcas o nobles adinerados. El autor contrapone esto a la realidad de la fraternidad Rosacruz: históricamente, los verdaderos adeptos suelen ser descritos como «arme verachtete Menschen» (personas pobres y despreciadas) que operan con materias humildes.
La Materia de cuatro florines: El párrafo 45 aporta un dato cuantitativo e histórico crucial que conecta con el famoso encuentro de La Haya de 1666 (analizado en la página 616). El misterioso alquimista (llamado aquí popularmente «el campesino de La Haya», en referencia a su vestimenta rústica y modesta) le confesó al Dr. Helvetius que la sustancia base para fabricar la Piedra Filosofal costaba, a lo sumo, cuatro florines («vier Gülden»). En el mercado del siglo XVII y XVIII, esta cantidad era insignificante, lo que confirmaba el axioma de que la Materia Prima es vil, barata y está al alcance de cualquiera. El autor añade con realismo barroco que el operador no debe estar en la indigencia absoluta («blut-arm»), no por el coste de los minerales, sino porque necesita fondos mínimos para cubrir sus necesidades básicas de alimento y vestimenta mientras atiende el fuego del horno día y noche.
El Regalo del viejo Saturno: El párrafo 46 abre la puerta a la identificación exacta de esa materia barata empleando el lenguaje de los códigos planetarios. Saturno es el dios del tiempo, de la melancolía y el regente del Plomo en la metalurgia antigua. El «regalo de Saturno» es una Mineram altamente brillante.
En el contexto de la escuela de Helvetius y Johannis de Monte Raphaim, esta «minera brillante de Saturno» no es el plomo común metálico, sino la Estibina (el sulfuro de antimonio), un mineral grisáceo de brillo metálico intenso y cristalización estriada. Al ser un pariente cercano del plomo en las clasificaciones antiguas, el antimonio se consideraba la llave o el «imán» capaz de limpiar el oro y multiplicar su tintura de forma baratísima, permitiendo a los filósofos de escasos recursos coronar la Gran Obra con éxito.
[112] La crítica a los boticarios del siglo XVIII (Materialisten): El párrafo 47 lanza una durísima advertencia contra los comerciales de productos químicos y boticarios de la época, a quienes llama despectivamente «Metall-verderberischen Materialisten» (los materialistas destructores de metales). En el siglo XVIII, el auge de la química técnica e industrial llevó a la proliferación de imitaciones, amalgamas baratas y minerales lavados artificialmente. El autor insiste en que el alquimista ortodoxo debe actuar como un minero y extraer la materia prima directamente de la montaña («selbst aus dem Berge holet»), puesto que los fraudes del mercado rompen la pureza energética que exige la medicina espagírica.
Jerarquía de los Siete Metales Planetarios: El texto repasa la utilidad de los metales básicos. A los cuatro metales duros convencionales (Plomo, Estaño, Cobre e Hierro) los degrada a la categoría de simples «Handlanger» (peones o sirvientes de laboratorio); son reactivos secundarios que ayudan a limpiar la obra pero no albergan la simiente viva. El mercurio mineral nativo (el cinabrio) es elogiado, pero su manipulación comercializada lo inutiliza.
El Antimonio y el Vitriolo: Se confirma definitivamente que los dos pilares de la Vía Corta y económica del tratado son el Antimonio y el Vitriolo (sulfato de hierro o cobre hidratado). Estos dos minerales eran considerados las «dos llaves de la naturaleza» en la tradición de Basilio Valentín. El vitriolo contenía un ácido bórico/sulfúrico secreto capaz de disolver el oro de forma templada, y el antimonio servía como el imán de Saturno para purificar los metales.
El Mercurio Universal y la Fortaleza Hermética: El autor utiliza una metáfora militar barroca muy expresiva: el Universal-Mercurius es la «llave principal de nuestra fortaleza» (Haupt-Schlüſſel unſeret Beſtung). Sin este disolvente secreto, intentar extraer el alma de los metales es un asalto inútil.
La Sal Astral (Sal Astrale): El párrafo 48 define por fin esta llave principal. No es un metal líquido vulgar, sino una sal astral. En la teosofía post-paracelsiana, la sal astral representa el nexo donde las influencias de los astros (la luz y el magnetismo cósmico) quedan fijadas de forma sólida en el reino terrestre. Los antiguos maestros medievales la denominaban de forma cifrada Sal Metallorum (Sal de los metales) o la sal viva del nitro purificado, la cual tiene el poder de abrir el cuerpo denso del oro sin generar la violencia efervescente de los ácidos artificiales del comercio común.
[113] La Oración como Requisito Operativo (Ora et Labora): El cierre del tratado refuerza el mandato de la corriente Rosacruz y Teosófica: el éxito en el laboratorio no se logra mediante el simple esfuerzo analítico, sino a través de la gracia divina. Se exhorta al buscador a pedir la iluminación del espíritu (bitte GOTT, daß er deinen Geist erleuchte). En la alquimia mística, abrir el metal denso para «sacar a la luz lo oculto» corre en paralelo con abrir la propia conciencia del operador.
La Advertencia del «Ay de la Naturaleza»: El texto lanza una severa advertencia espiritual contra el peligro de «convertir la luz en tinieblas». Esta frase alude a aquellos operadores que, movidos por la soberbia o la codicia mundana, manipulan las fuerzas vitales de la creación de forma destructiva, lo que provoca la reacción cósmica o el castigo de la Naturaleza (und die Natur das Weh über dich zu schreyen gezwungen werde).
La Naturaleza como «Espíritu de Luz» (Vitalismo): La máxima I define de forma categórica la física teosófica que regirá el apéndice. Rompiendo con la visión mecanicista que empezaba a consolidarse en la ciencia de la Ilustración europea del siglo XVIII (como la física de Newton o Descartes), el hermetismo insiste en que la Naturaleza es un ente vivo y espiritual.
El Cuerpo Invisible del Cosmos: El texto afirma que la naturaleza es una emanación de la luz divina que ha tomado un cuerpo «invisible e intangible» (unsichtbar und unbetastlich). Este concepto define a la Quintaesencia o el Cuerpo Etérico/Astral del macrocosmos. Es una sustancia sutil subyacente que interconecta todas las partículas del mundo material y actúa como el motor oculto detrás del crecimiento de las plantas, la gestación de los metales y la vida de los animales.
[114] La paradoja de la Trinidad Material: La máxima 2 aborda un misterio fundamental de la física mística. El autor redefine la Tria Prima de Paracelso (Azufre, Mercurio y Sal). Explica que la Sal Central no es un mero aglomerante físico, sino el receptáculo puro donde el Azufre (el alma, el fuego) y el Mercurio (el espíritu, el agua) descansan de forma arraigada («radicaliter»). Presenta un concepto teológico trasladado a la química: aunque conste de tres principios diferenciados, la raíz de la materia es una «gantz simpel, gleichförmig Wesen» (una esencia totalmente simple y uniforme), un reflejo microcósmico del misterio de la Santísima Trinidad.
Incorruptibilidad frente a Corrupción: Las máximas 3 y 4 trazan la línea divisoria entre el plano arquetípico e imperecedero y el mundo físico visible. Los objetos cotidianos (los cuerpos biológicos o metálicos de la superficie terrestre) sufren desgaste, envejecimiento y muerte («corruptibel seyn»). Sin embargo, la matriz interna, la Sal Central que les dio origen, permanece del todo inalterable e incorruptible («unverweßlich in Ewigkeit»). Se postula que si el operador logra aislar esta sal pura libre de sus escorias perecederas, tendrá en su mano el Elixir capaz de frenar la degradación de cualquier cuerpo enfermo.
El Panteísmo Místico Rosacruz: El cierre de la máxima 4 contiene una de las declaraciones panteístas más audaces y características de la teosofía bohemiana: «Wer nun dieses Centralische Saltz kennet, der kennet auch GOTT» (Quien conoce esta sal central, conoce también a Dios). Para esta corriente espiritual, la divinidad no se halla solo en un plano trascendente lejano, sino encarnada y codificada en el núcleo geométrico y salino de la materia. Por lo tanto, el laboratorio químico es defendido como un templo legítimo de revelación teológica.
El Espíritu de Luz como Motor Vital: La máxima 5 describe la dinámica del universo a través de un vitalismo radiante. La naturaleza material es un contenedor pasivo, pero Dios introdujo en el núcleo de su sal un «Geist des Lichts» (un espíritu de luz) primordial. Esta fuerza vertida endógenamente actúa como la energía cósmica invisible responsable de los procesos que la ciencia moderna catalogaría como biológicos y metabólicos: la nutrición, el crecimiento y la continuidad de las especies.
[115] El Anima Mundi o Alma del Mundo: En la máxima 7, el autor equipara la combinación perfecta de la Tria Prima con el concepto clásico del Anima Mundi (traducido aquí literalmente al alemán como Seele der Welt). Esta idea, heredada del neoplatonismo y la filosofía hermética alejandrina, postula que el planeta Tierra no es un conglomerado de rocas muertas, sino un organismo vivo dotado de una mente y una fuerza vital latente (el «espíritu de luz») que interconecta de forma simpática el microcosmos con el macrocosmos.
El don de la Iluminación Intelectual: La máxima 8 recuerda el carácter sagrado de la ciencia hermética. El conocimiento de las fuerzas naturales no es considerado una conquista puramente racional o académica del ser humano, sino una concesión directa de la providencia divina («Gabe und Geschenck des allmächtigen GOTTes»). Quien alcanza el secreto de la transmutación lo hace por mérito moral y gracia espiritual.
El Monismo Radical sin Oposiciones: La máxima 9 defiende que en el núcleo puro de la naturaleza no existe la dualidad violenta ni las «Widerwärtiges» (contradicciones o fuerzas enemigas). En la física aristotélica vulgar, los elementos chocaban entre sí (el fuego destruía al agua, el frío a la humedad). El autor sostiene que en el plano arquetípico de la naturaleza pura, todas las cualidades conviven en perfecta concordancia y equilibrio absoluto.
Reinterpretación de las Cualidades Primordiales: El tramo final de la página traduce los tres principios paracelsianos (Azufre, Mercurio, Sal) al lenguaje de las cualidades galénicas de la medicina y la física medieval:
El Calor Innato (Calidum innatum): Vinculado al Azufre, es la chispa ígnea del metabolismo y la vida.
- La Humedad Primordial (Humidum radicale): Vinculada al Mercurio, es el fluido portador de la plasticidad y la regeneración orgánica.
- La Sequedad Fundamental: Vinculada a la Sal, proporciona la estructura, la fijación y la densidad de los cuerpos.
- Al unirse armónicamente estas tres variables, se genera la matriz perfecta de la materia incorruptible.
[116] La definición de los «Filósofos Químicos»: En la máxima 10, el autor adopta formalmente el término de «Chemischen Philosophen». En los siglos XVII y XVIII, este título servía para trazar una clara distinción frente a los químicos mecanicistas o los boticarios comunes. Un filósofo químico era un operador que entendía que los componentes básicos del laboratorio (la Tria Prima) eran la firma e impronta trinitaria del Creador en el corazón de la materia visible.
Funciones Metabólicas Elementales: La máxima 11 asigna a cada una de las tres fuerzas una labor biológica y alquímica precisa, heredada de la medicina clásica y reformulada por Paracelso:
El Calor (Azufre): Actúa como la fuerza germinativa y procreadora activa («gebähret»).
La Humedad (Mercurio): Actúa como el vehículo plástico que disuelve y transporta los nutrientes («ernähret»).
La Sequedad (Sal): Actúa como el principio de fijación y coagulación que detiene la putrefacción y preserva la estructura («erhält»).
El Mito de Saturno y la Corrupción: La máxima 12 introduce el arquetipo de Saturno/Cronos, el titán del tiempo de la mitología grecorromana que devoraba a sus propios vástagos para que nada escapara al ciclo de la degradación material. En la filosofía natural de la época, Saturno encarna la ley macrocósmica del desgaste, el envejecimiento y la entropía de la naturaleza caída. Toda la materia densa que nace sobre la tierra está condenada a ser «devorada» por el tiempo a través de la putrefacción.
Los Hijos Inmortales de Saturno: Las máximas 13 y 14 exponen la gran excepción hermética de esta ley destructora. Mientras que Saturno destruye de forma inclemente todas las amalgamas minerales o biológicas complejas debido a su impureza («Unreinigkeit»), el núcleo constituyente de la Tria Prima es del todo indestructible. Debido a su simplicidad y pureza, los principios espirituales de la Sal, el Azufre y el Mercurio filosóficos puros no pueden ser corrompidos por el tiempo ni degradados por el fuego del crisol. Son los ladrillos eternos del cosmos que el alquimista debe aprender a aislar en su estado prístino para confeccionar el Elixir de la Larga Vida.
[117] Los Tres Dioses Paganos: El renglón inicial concluye la alegoría de la página anterior. Los «klugen Heyden» (los sabios paganos, es decir, los filósofos y mitógrafos de la antigüedad clásica) intuían la Tria Prima y la codificaron en la división cósmica de los tres grandes hermanos divinos: Júpiter (el Cielo/Fuego, el Azufre), Neptuno (el Océano/Agua, el Mercurio) y Plutón (el Inframundo/Tierra, la Sal).
Dinámica Vital de los Tres Principios: La máxima 15 define la jerarquía de las fuerzas paracelsianas con términos biológicos y metafísicos claros: el Azufre es la simiente masculina («Vater», el fuego activo), el Mercurio es el fluido generador universal («Quell-Brunn», la corriente pasiva) y la Sal es el ancla cristalina («Centrum») que detiene las fuerzas volátiles y las materializa en un soporte físico.
La Quintaesencia (Das fünffte Wesen): Las máximas 16 y 17 recuperan la teoría aristotélica y hermética del éter o quintaesencia. Los cuatro elementos ordinarios (Fuego, Aire, Agua, Tierra) son concebidos aquí simplemente como «columnas» o manifestaciones densas periféricas. El motor real que los coordina y los gobierna es el fünffte Wesen (el quinto elemento), una sustancia incorruptible de la cual emanan los otros cuatro y que actúa como el principio unificador de la física mística.
Monismo Esotérico: La máxima 18 insiste en que, a pesar de que el filósofo divida la naturaleza de forma pedagógica en elementos o principios para poder entenderla, en su raíz arquetípica pura la fuerza vital de la creación es absolutamente simple e indivisible («einfältiges simples Wesen»).
La Astrología Simpática y el Flujo Solar: La máxima 19 introduce la doctrina de las Afinidades Electivas y el influjo estelar. El azufre de los filósofos (el alma y el color de los minerales) responde armónicamente por simpatía a la radiación de la estrella central del macrocosmos. El calor del Sol no es considerado una mera radiación térmica física pasiva, sino un flujo espiritual cargado de fuerza vital («Lebens-Wärme») que impregna la materia y la hace madurar bajo tierra.
[118] La Sal como Vínculo Hermético: La máxima 20 define la Sal con la terminología de la física espagírica de Paracelso como el wahrhafftiges Band (vínculo verdadero). En la filosofía hermética, el Azufre (fuego, volátil activo) y el Mercurio (agua, volátil pasivo) son principios opuestos que se repelerían o destruirían mutuamente. La Sal actúa como el mediador plástico y neutro que los encadena y pacifica, permitiendo que adquieran un cuerpo físico estable en el mundo visible.
Correspondencia de Elementos y Principios: Las máximas 21 y 22 desglosan la mecánica oculta de la generación de la materia combinando las cualidades aristotélicas con los tres principios químicos. El texto plantea una reacción en cadena descendente en la que los elementos sutiles operan sobre los densos. Lo más destacable es la definición de la Tierra como el receptaculum universal: el elemento más bajo y estático que sirve como matriz física final donde caen y se cristalizan todas las influencias celestes, astrales y elementales.
El Misterio del Cuarto Principio (La Tintura): La máxima 23 rompe con la estructura trinitaria paracelsiana tradicional al introducir un concepto revolucionario: el cuarto principio. En la física de la caída del hombre y de la materia (muy influenciada por Jacob Böhme), la Tierra actual está corrupta y maldita. Si el alquimista en su laboratorio es capaz de llevar a cabo la purificación extrema de la tierra mineral residual, despojándola de toda su escoria opaca hasta obligarla a unirse con el fuego, la materia realiza un salto cualitativo absoluto.
La Tierra Ígnea y Celestial: Este residuo terrestre transmutado ya no se comporta como tierra densa, sino como una tierra de fuego cristalina. Este estado glorificado de la materia es la Tintura Universal o Piedra Filosofal. Al ser calificada como «vor den Himmel geachtet» (tenida por el cielo mismo), el texto denota que el operador ha logrado revertir el estado de corrupción de la materia caída, devolviéndole la condición incorruptible y radiante que el cosmos poseía en el Paraíso antes del pecado original.
[119] La materia prima original (Hyle): La máxima 26 expone la teoría de la creación combinando el relato del Génesis con la filosofía griega clásica. El concepto de la Hyle o el Caos primigenio representa el estado indiferenciado de la materia antes de recibir la ordenación del Fiat divino. Para el autor, Dios no destruyó este caos, sino que separó de él los cuatro elementos estables, dejando dentro de ellos a los tres principios (Azufre, Mercurio y Sal) funcionando como las semillas biológicas y minerales perpetuas de la creación.
La física vitalista del Azufre: La máxima 27 recurre a términos de la física barroca para describir la textura sutil de la fuerza vital. Calificar al Azufre de «fettes, safftiges, schmieriges Wesen» (esencia grasa, jugosa y oleosa) alude al concepto del Óleo Radical o Bálsamo de la Vida. Se creía que el espíritu viviente necesitaba un vehículo viscoso o aceitoso para fijarse en los cuerpos físicos densos y no evaporarse instantáneamente hacia el firmamento.
El Misterio del León Verde (Der grüne Löwe): La máxima 28 es clave para los historiadores del arte esotérico. En los grabados clásicos del siglo XVII y XVIII, el «León Verde» suele representarse devorando al Sol físico. El texto desmitifica la imagen y la define como el Azufre natural incipiente, también llamado la Benedicta Naturae Viriditas (la bendita verdez de la naturaleza).
La Fuerza de la Primavera Cósmica: Este color verde no alude necesariamente al matiz de un mineral ordinario, sino a la fuerza germinativa de la primavera; es el vigor expansivo y vitalizante que hace brotar las plantas y madurar los metales bajo tierra. Al ser llamado el Sol Central, se define como el motor espiritual endógeno que sostiene el calor y el metabolismo interno de cada átomo de la creación.
[120] El Arte Espagírico (Spagyrici): La máxima 30 introduce el término formal de la disciplina: la Espagiria (de los vocablos griegos spao, separar, y ageiro, unir). Para los operadores, el término denota el proceso de purificación mediante el cual se extrae el «Cielo» de la materia densa. Este cielo es la fuerza espiritual pura e imperecedera que sostiene las formas del mundo visible.
La paradoja de la precedencia del Azufre: La máxima 31 plantea un audaz dilema cosmogónico. El Génesis bíblico dicta que Dios creó los cielos en el primer día. Sin embargo, el autor argumenta que el principio activo del Azufre (el fuego y el calor creadores) es el instrumento metafísico real que Dios utilizó para dar forma, expandir y sostener la bóveda celeste, situándolo como el «padre de todos los efectos» en el cosmos.
Hilemorfismo Alquímico (Forma y Cuerpo): Las máximas 32 y 33 resuelven la dualidad de la materia mediante la adaptación de las teorías de Aristóteles sobre la sustancia. El azufre posee un ropaje físico denso que pertenece al limbo elemental (el plano terrestre corruptible), pero su esencia íntima o Forma es puramente divina e incorruptible. El matraz del filósofo replica esta conjunción: unifica las fuerzas cósmicas inmateriales con un soporte mineral denso.
Refutación de la Escolástica Aristotélica: La máxima 34 es un ataque directo a los lógicos de las universidades de la época. En la filosofía académica tradicional, las propiedades químicas (como el color o el calor) se clasificaban como simples «accidentes» o «cualidades» pasajeras de la materia que cambiaban sin alterar la esencia del objeto. El autor defiende el monismo vitalista radical de la Alquimia: el Azufre no es un adjetivo ni un accidente; es un principio sustancial ontológico independiente, un manantial sagrado del cual emana el hálito de vida y la estructura íntima de cada átomo de la creación entera.
[121] La Humedad Radical (Humidum radicale): Las máximas 35 y 36 definen al Mercurio filosófico como la «Wurzel-Feuchtigkeit» o humedad radical de la materia. En la medicina galénica y posteriormente en la espagírica, se creía que cada cuerpo vivo poseía una cantidad limitada de un fluido vital oleoso e incorruptible que evitaba que el fuego interno del organismo (el Calor nativus o Azufre) consumiera el cuerpo. Aquí se traslada esta ley biológica al reino mineral: el Mercurio actúa como el lubricante metafísico y el «alimento perpetuo» que evita que el fuego del Azufre queme la materia hasta reducirla a cenizas estériles.
El Abrazo Hermético de los Opuestos: La máxima 37 ilustra la interdependencia absoluta de las fuerzas cósmicas mediante la figura del confinamiento mutuo. El Azufre (fijo, masculino) envuelve y fija al Mercurio (volátil, femenino) para que no se evapore, mientras que el Mercurio humecta y robustece al Azufre para que no se petrifique. Es la perfecta descripción dinámica del equilibrio de los opuestos que rige el universo.
El Nudo Indisoluble (Unauflöslicher Knoten): La máxima 38 sale al paso de una malinterpretación muy común entre los operarios inexpertos de laboratorio. Muchos creían que la Tria Prima consistía en tres polvos o fluidos físicos burdos que podían verterse en frascos separados. El autor aclara de forma tajante que los tres principios están ligados en la raíz profunda de la materia por un nudo indisoluble. Separarlos físicamente por completo implicaría aniquilar la existencia misma del objeto. El alquimista avanzado no busca romper este nudo, sino purificar la amalgama entera de sus impurezas externas para que los tres principios resplandezcan en perfecta armonía unitaria dentro del matraz.
[122] La Sal como Llave y Cemento Universal (Unverderbliche Gluten): Las máximas 40 y 41 definen a la Sal mística no como un residuo inerte de la combustión, sino como el principio operativo del orden y la fijeza. Al llamarla la «llave» y el «pegamento incorruptible», el autor adopta la terminología clásica paracelsiana: la sal es la fuerza aglutinante que impide que los fluidos volátiles (el Mercurio y el Azufre) se disipen en el espacio. Actúa como el nexo que otorga tangibilidad, peso y resistencia formal a los cuerpos físicos materiales.
La Interdependencia de la Tria Prima: Las máximas 42 y 43 inciden en el carácter indisoluble de los componentes arquetípicos de la creación. Ninguno de estos tres principios posee utilidad ni existencia viable por separado en el plano material manifiesto. Si el Azufre existiera de forma aislada, quemaría todo instantáneamente; si el Mercurio estuviera solo, todo se disolvería en un vapor inestable; y si la Sal careciera de ellos, sería una costra seca y estéril. Su virtud radica estrictamente en su trinidad armónica.
Imposibilidad de la Separación Mecánica Extrema: La máxima 44 reitera el aviso que ya introdujo la página anterior: la separación absoluta y radical de estas fuerzas en tres viales independientes es «bloſſer Dinge unmöglich» (absolutamente imposible), tanto para las fuerzas de las minas subterráneas (Natur) como para los operarios de los laboratorios (Kunst). Esta idea servía como un freno ontológico contra la aproximación puramente analítica o reduccionista a la materia.
Crítica a los «Separadores de Principios»: El párrafo 45 introduce un término satírico muy afilado para la época: los «Principien-Scheider und Wieder-Zusammensetzer». Con esto, el autor se burla abiertamente de la naciente química mecanicista e ilustrada del siglo XVIII, que empezaba a abandonar los fundamentos espirituales del hermetismo para centrarse de forma puramente matemática y física en la descomposición, el análisis mecánico y la posterior síntesis artificial de los compuestos químicos comunes en sus crisoles. Para el teósofo, estos investigadores juegan con la cáscara muerta de la naturaleza sin comprender jamás la vida espiritual que la cohesiona desde su núcleo central.
[123] La Analogía Agrícola frente al Reduccionismo: La máxima 46 refuerza la crítica a los químicos puramente analíticos iniciada en la página anterior. El autor recurre a una metáfora natural contundente: el agricultor («Ackermann») introduce la semilla entera en la tierra y confía en las leyes de la naturaleza para que germine; no necesita desarmar mecánicamente los componentes químicos del grano de trigo para forzar su crecimiento. Del mismo modo, el verdadero alquimista («der Artist») no debe violentar destructivamente los metales separando sus partes a la fuerza, sino sembrar la materia adecuada en su «matriz» para que evolucione orgánicamente.
El Enigma del Electrum minerale immaturum: La máxima 47 desvela el gran secreto de la identidad de la Sal de los Sabios mediante una denominación clásica de la tradición hermética: el Electro mineral inmaduro.
- En los textos de Paracelso y de la tradición Rosacruz, el Electrum immaturum no designa al metal de joyería común (la aleación de oro y plata), sino a una sustancia considerada una «falla» o un proyecto inacabado de la naturaleza en las entrañas de la tierra. Este término se utilizaba para referirse de forma cifrada al Antimonio (específicamente a su mineral base, la estibina). Se concebía como un «oro inmaduro» o un metal abortado que la naturaleza dejó imperfecto, pero que precisamente por estar «abierto» y no haber alcanzado la fijeza estéril del oro común, conservaba intacta toda su fuerza germinativa y disolvente para actuar como el agente de la transmutación.
El Disolvente Universal y la Reducción al Caos: La máxima 48 describe las propiedades de este maravilloso «Liquor Mercurii». Este fluido, extraído de la sal del antimonio, actúa como el verdadero Menstruo o León Verde de los filósofos. Posee la propiedad única de reducir los metales a su materia prima original («reduciren»). Al proyectarse sobre un metal denso y perfecto como el oro, rompe sus ligaduras moleculares de forma pacífica, devolviéndolo a su estado de Caos primordial donde sus tres principios (Sal, Azufre y Mercurio) quedan expuestos y listos para ser multiplicados exponencialmente.
[124] La Lluvia Cósmica de las Simientes: La máxima 51 describe el proceso de condensación de la energía astral empleando una bella alegoría nupcial y generativa. El universo se concibe como una escala descendente en la que el Cielo (Fuego masculino) fertiliza sucesivamente al Aire y al Agua. El Agua actúa como el vehículo conductor que transporta este compendio de «simientes celestes» para depositarlas en el útero de la Tierra, definida de forma clásica como la Madre («als eine Mutter»). La Tierra aporta su propia «Fettigkeit» (su bálsamo u oleosidad radical) para fijar de forma sólida esos influjos espirituales volátiles. Esta teoría explicaba por qué los alquimistas daban tanta importancia a recolectar el agua de lluvia o el rocío de la primavera, considerados portadores físicos directos de esta simiente del macrocosmos.
El Bálsamo Universal (Universal-Balsam): La máxima 52 unifica toda la física del tratado. La amalgama de estas simientes elementales da origen al Universal-Balsam, la fuerza vital única que sostiene la salud del planeta y que en el laboratorio se concentra para dar forma a la Tria Prima.
La Fórmula de la Tintura Extrema: El texto repite de forma matemática la regla de transmutación que ya introdujo en la página 631: «de la Sal y el Fuego se origina la Tintura». Cuando la base fija y terrestre (la Sal purificada) es llevada a una fusión perfecta con el principio ígneo (el Fuego/Azufre), la materia densa se disuelve y resucita transformada en el polvo rojo de proyección o la Piedra Filosofal.
El Glifo del Uróboros (EIN DING): El tratado se clausura con letras capitales enfatizando el axioma monista supremo: EIN DING (Una Sola Cosa). La frase final «dessen Ende ist der Anfang / und sein Anfang das ENDE» (cuyo fin es el principio y su principio es el fin) es la traducción literal del misterio del Uróboros, la emblemática serpiente hermética que se muerde la cola significando la eternidad. El autor nos recuerda que la Gran Obra no inventa nada nuevo; es un proceso circular donde la materia prima es destruida, purificada, espiritualizada y vuelta a fijar, regresando en su estado de perfección absoluta al mismo punto de luz pura del que emanó en el primer día de la Creación.
Índice de la Primera Parte del TEATRO QUÍMICO alemán de Friedrich Roth-Scholtz
638 Índicede laPrimera PartedelTEATRO QUÍMICOalemán deFriedrich Roth-Scholtz A.Egipcios: ¿qué debe pensarse de sus figuras jeroglíficas?…
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