Bedencken über die Frage, ob die Transmutatio Metallorum möglich sey? Deutsches Theatrum Chemicum. Volumen 2, 87-113

Presentación.
El estatuto jurídico de la Alquimia: El Responso de los Juristas.
Esta portada abre uno de los expedientes más singulares y valiosos para los historiadores del derecho civil y de las instituciones del Sacro Imperio Romano Germánico. Refleja que en el siglo XVII y principios del XVIII, la posibilidad de la transmutación (la «Transmutatio Metallorum») no era tratada por el Estado absoluto como una mera quimera supersticiosa o fábula poética; por el contrario, al constatarse proyecciones reales controladas en los laboratorios de las cortes, constituía un problema jurídico y patrimonial tangible de primer orden que exigía el pronunciamiento formal de los más altos tribunales y claustros universitarios (las «Juristen-Facultaet»).
El dilema matrimonial del Oro Alquímico: Propiedad y Usus Fructus.
El núcleo del litigio legal que el libro se propone resolver desglosa una intrincada disputa de derecho de familia y régimen económico matrimonial barroco:
- La alteración del dote: Una aristócrata poseía como parte de sus bienes propios o dote un conjunto de vajillas, copas y útiles domésticos labrados en plata fina («silberne Gefässe»). Un operario iatroquímico (un adepto) trató los objetos en el crisol utilizando el polvo de proyección, mutando el metal base en oro macizo de veinticuatro quilates.
- La reclamación del esposo: Al multiplicarse exponencialmente el valor patrimonial de las vajillas debido al cambio de especie mineral, el esposo acudió ante los magistrados solicitando un dictamen vinculante de asesoramiento (un «Responso»). El marido argumentaba que, dado que el oro había sido «creado» de forma artificial mediante una manipulación ejecutada bajo el techo de su hogar, el nuevo metal precioso debía ingresar directamente en el patrimonio común administrado por él o pertenecerle por derecho de anexión industrial.
- La vía del Usufructo (Usus Fructus): Como estrategia jurídica de reserva en caso de que el tribunal determinara que las vajillas seguían siendo propiedad exclusiva de la esposa por mantener su forma original, el marido exigía que el Estado le concediera de forma vitalicia el usufructo legal (el «usus fructus») del oro, permitiéndole fundir las piezas, negociar con los banqueros o cobrar los intereses del metal noble para sufragar las cargas del linaje. El dictamen de la facultad de juristas desentrañaba si la transmutación operaba jurídicamente como una especificación, una mezcla de cuerpos o una ganancia de frutos naturales.
Consideraciones
sobre la pregunta:
¿Si la
TRANSMUTACIÓN
DE LOS METALES
(Transmutatio Metallorum) es posible?
Junto con un
DICTAMEN
(Responso) de una célebre
FACULTAD DE JURISTAS:
En el cual un esposo solicita asesoramiento legal: ¿Si no le corresponden a él las vajillas de plata de su esposa que han sido transmutadas en oro? ¿O al menos, cuando menos, el usufructo (usus fructus) de las mismas?
Junto con un Prólogo sacado a la luz
por
Friedrich Roth-Scholz,
de Herrenstadt, Silesia.
Nüremberg,
en la imprenta de Adam Jonathan Felßecker.
Año de Cristo de 1729.
88 | [Prólogo de] Friedrich Roth-Scholz
¡Estimado lector!
Nᴏsᴏᴛʀᴏs no tenemos reparo alguno en incorporar e integrar en esta segunda parte de nuestro Theatrum Chemicum alemán estas Consideraciones (a), las cuales se hallan excelentemente redactadas y colmadas de sólidos fundamentos de verdad, en torno a la pregunta: ¿Si la transmutación de los metales (Transmutatio Metallorum) es posible?.
Hacemos esto aun cuando el señor autor de la obra nos sea todavía por completo desconocido en este momento; puesto que, al fin y al cabo, quien posea un paladar sano y un sano juicio no se pregunta de qué cocina procede este o aquel manjar, con tal de que sea exquisito; y, en última instancia, al cocinero que lo preparó siempre le queda el honor que legítimamente le corresponde.
En el párrafo XVII, el señor autor declara: «… tal como he demostrado de forma más extensa en el prólogo a la Medicina Metallorum…»; pasaje a través del cual él mismo se da a conocer en cierta medida. No obstante, dado que por razones muy particulares él ha preferido no nombrarse más extensamente aquí, dejamos también por nuestra parte que este asunto quede sin determinar; y solo deseamos recibir pronto una mayor abundancia de su generosidad intelectual.
Nota a pie de página (Bloque inferior):
(a) Véase la recopilación de jurisprudencia Enunciata & Consilia Juris de diversos jurisconsultos, célebres facultades de derecho y tribunales de asesores (Schöppenstühle), etc., entrega o pieza número 15, en formato octavo (8vo), pág. 677 y siguientes.[1]
Prólogo. | 89
Aprovechando esta oportunidad, queremos remitir (zurücke weisen) asimismo al estimado lector al primer tomo de nuestro Theatrum Chemicum alemán:
- I. A la Investigación histórica y política sobre la Alquimia del señor Dr. Jᴏʜᴀɴɴ Fʀᴀɴᴢ Bᴜᴅᴅᴇᴜs, pág. 1 y siguientes.
- II. Al Informe sobre la Alquimia del señor Dr. Gᴇᴏʀɢ Nᴇɴᴛᴇʀ, pág. 147 y siguientes.
- III. Al tratado Instrucción sobre la fabricación de oro del señor Wɪʟʜᴇʟᴍ, barón ᴠᴏɴ Sᴄʜʀᴏ̈ᴅᴇʀ, pág. 219 y siguientes.
- IV. A la Sincera advertencia y exhortación a todos los amantes de la Alquimia Transmutatoria (Alchemiae Transmutatoriae) conforme a la verdadera naturaleza, pág. 289 y siguientes.
- V. Y ahora también, en el inicio de este segundo tomo (pág. 1 y ss.), a la Crítica sobre los escritos alquímicos del señor Dr. Bᴇɴᴇᴅɪᴄᴛᴜs Nɪᴄᴏʟᴀᴜs Pᴇᴛʀᴀᴇᴜs.
Con respecto a la Medicina Metallorum mencionada anteriormente —y señalada también en el párrafo XVII de estas mismas Consideraciones—, recordamos aquí que la misma apareció publicada en Leipzig en el año 1714 (A. 1714) bajo el siguiente título:
«PRETIOSA MARGARITA [La Perla Preciosa], o la perla costosa recientemente hallada, sobre el tesoro incomparable y el sumamente valioso de la Piedra de los Sabios, la cual encierra en sí el verdadero diseño fundamental y método de enseñanza de este Arte Divino; e igualmente otros escritos recopilados de ARNOLDO [de Vilanova], RAIMUNDO [Lulio], Rhasis [Rasis], ALBERTO [Magno] y MIGUEL ESCOTO, reunidos por JANUS LACINIUS de Calabria, [traducidos] por primera vez al idioma…» [latín… / … Lateinischer Sprache…][2]
90 | [Prólogo de] Friedrich Roth-Scholz
… idioma [latín], dada a la estampa originalmente con la licencia y privilegio del papa PABLO TERCERO (PAVLI TERTII) y del Consejo de Venecia en el año 1546. Ahora, no obstante, en atención a su suprema excelencia, ha sido traducida a la lengua alemana y sacada a la luz por WOLFGANG GEORG STOLS, amante de la noble química (Chymie).
Incluye un índice o registro completo. Impreso en formato cuarto (4to), Leipzig, a expensas de Johann Friedrich Braun, 1714. Consta de dos alfabetos completos de signaturas y 20 pliegos (2. Alph. 20. Bogen). Aunque en la portada no se hace mención de ningún grabado en cobre (Kupffer), el libro contiene en su interior diversas ilustraciones impresas, las cuales en la edición veneciana del año 1546 se presentaban bajo la forma de bellísimos y limpios grabados en madera (xilografías / Holzschnitten), cuyo título reza textualmente así:
Ficha de catálogo de la edición latina original (Venecia, 1546):
«PRETIOSA MARGARITA NOVELLA DE THESAURO, AC PRECIOSISSIMO PHILOSOPHORUM LAPIDE. Artis hujus diuinæ Typus, & Methodus: Collectanea ex ARNOLDO, RHAYMUNDO, RHASI, ALBERTO, & MICHAELE SCOTO; per JANVM LACINIVM. Calabrum nunc primum, cum completissimo indice, in lucem edita. ALDVS cum privilegio PAVLI III. Pont. Max. & Senatus Veneti ad annos decem. M. D. XLVI.»
[La Perla Preciosa Nueva, sobre el tesoro y la sumamente estimable Piedra de los Filósofos. Modelo y método de este Arte Divino: recopilación extraída de Arnoldo, Raimundo, Rasis, Alberto y Miguel Escoto; editada ahora por primera vez en la luz por Janus Lacinius, el calabrés, con un índice completísimo. ALDO, con privilegio de Pablo III, Pontífice Máximo, y del Senado de Venecia por diez años. Año 1546]. Impreso en formato octavo (in 8vo), y a su término consta:
Transcripción del registro de pliegos y Colofón aldino:
« . ** . *** . A B C D E F G H I K L M N O P Q R S T V X Y Z. AA BB CC DD. Omnes quaterniones, præter *** duernionem, & DD quinternionem. VENETIIS, APVD ALDI FILIOS. M. D. XXXXVI.»*
**[Todos los pliegos son cuaterniones (cuadernillos de cuatro hojas dobladas), a excepción del pliego *, que es un duernión (dos hojas), y del pliego DD, que es un quinternión (cinco hojas). En Venecia, en la imprenta de los Hijos de Aldo. Año 1546]. En la última hoja de todas se encuentra … [la marca / … man das…]
Nota a pie de página (Bloque inferior):
(b) Aquí se encuentra la marca o emblema de la imprenta aldina (el delfín y el ancla).[3]
Prefacio. [pág.] 91
…se encuentra la marca o emblema Aldino habitual. Este tratado se ha vuelto bastante raro en Alemania, tal como el propio Sr. Stoll testifica en el prefacio de su traducción al alemán; prefacio que bien merece ser leído con buena atención, y si todo el libro no valiera nada, el prefacio de este hombre honesto (a quien tengo el honor de conocer desde el año 1704 ante la puerta de Ranstädt, en Leipzig) valdría por sí solo el dinero. Si aún vive, no lo sé desde hace algunos años; sin embargo, es posible que alguno de sus hijos o hijas todavía esté con vida. Que Dios mantenga su recuerdo en bendición. Esto es así a pesar de que muy pocos comprenden el servicio que ha prestado con esta traducción.
Por qué, sin embargo, se ha cambiado el título de este libro, es algo que todavía no logro comprender; a menos que haya sido para congraciarse con los señores eruditos mediante la eliminación de la dedicatoria del Sr. Stoll al muy ilustre príncipe y señor, el señor ANTHON GÜNTHER, príncipe del Santo Imperio Romano en SCHWARZBURG, de los cuatro condes del Imperio, conde de Hohenstein, señor de Arnstadt, Sondershausen, Leutenberg, Lohra y Klettenberg, etc., su más gracioso príncipe y señor.
El prefacio al lector. El manuscrito, que está escrito en pergamino dentro de una caja de plata en una iglesia antigua y derruida en Münchshausen, se encuentra en el territorio de Lüne…
92 | Friederich Roth-Scholzens
… [Lunebur]go, hallado bajo el altar, entre los muros de mampostería (unter dem Altar in dem Gemäuer). Sobre la cajita de plata (silbern Schachtel) había una figura que representaba un candelero con una vela encendida, esmaltada con colores vítreos (mit Glaß-Farben emalliert), tal como se puede contemplar en la ilustración que acompaña al ejemplar que no ha sido mutilado.
Este manuscrito (MS.) le fue comunicado al señor Stoll [Stols] por una distinguida persona de la nobleza (fürnehme Adeliche Persohn), quien mandó pintar una copia del mismo reproduciendo fielmente todos los colores del original, con la intención de publicarlo mediante la imprenta para el escrutinio del mundo curioso (curieusen Welt). Posteriormente se omitieron además dos poemas de elogio (Lob-Sprüche) que Pɪᴇʀɪᴜs Rᴏsᴇᴜs había dedicado a este libro.
Asimismo, se suprimió el poema compuesto sobre esta obra por Hɪᴘᴘᴏʟʏᴛᴜs Fᴀɴᴛᴏᴛɪᴜs, natural de Perugia (Perusa), en el Delfinado (Dauphine). E incluso el mismísimo prólogo de Jᴀɴᴜs Lᴀᴄɪɴɪᴜs, que encerraba grandes verdades, fue extirpado de allí. En una palabra: doce hojas en formato cuarto (12. Quart-Blätter) de materia impresa y dos láminas de cobre grabadas en formato cuarto (2. in Quart gestochene Kupfer-Blätter) fueron eliminadas de la obra.
Todo esto con el único fin de obsequiar a los señores eruditos y a los libreros (Buchhändler) con un prólogo nuevo y elegantemente compuesto, bajo un título nuevo y limpio, el cual reza textualmente así:
Transcripción del nuevo título comercial (Medicina Metallorum):
«MEDICINA METALLORUM [La Medicina de los Metales], esto es: ciencia fundamental para purificar y perfeccionar los metales imperfectos, mediante la cual se desvela no solo aquella materia por cuya mediación el Arte y la Naturaleza del químico producen el oro y la plata, multiplicándolos de forma casi increíble…»[4]
Prólogo. | 93
… multiplicados [de forma casi increíble], sino que también muestra claramente cómo, por mediación de esta materia, con leve esfuerzo y mínimos costos, se ha de llevar a término la inestimable transmutación de los metales (Transmutatio Metallorum). Todo ello refrendado por los dogmas teóricos de los más célebres filósofos (Philosophorum), tales como ARNOLDO DE VILANOVA, RAIMUNDO, RASIS, ALBERTO, BERNARDO [de Treviso], etc., y sacado a la luz junto con una prólogo (que debería llamarse nuevo) en torno a la cuestión de si el arte de fabricar oro se puede aprender a partir de los libros. En formato cuarto (4to), Leipzig, a expensas de los herederos de Johann Friedrich Braun, 1723.
Cuerpo del texto principal (Bloque inferior):
Ahora bien, debo confesar en verdad que no tengo nada que objetar al prólogo nuevo, excelentemente compuesto, ni tampoco al nuevo título. Sin embargo, en todo este asunto temo únicamente que más de un erudito (Gelehrte), o incluso algún librero (Buchhändler), acabe siendo provisto, a menudo por partida doble y con total redundancia (zum Ueberfluß), de una misma obra a causa de semejantes y mayúsculas alteraciones de los prefacios y títulos, en contra de su intención y deseo.
Con ese propósito, he querido desvelar esto aquí con la mejor intención; y confío en que tanto el autor del prólogo —por quien, aun sin conocerlo, albergo un inmenso respeto— como los señores editores, quienes son mis antiguos y buenos amigos, creerán firmemente que esto no se ha hecho por animadversión o pasión (keiner Passion), sino por un puro y sincero amor a la verdad (lauterer Liebe zur Wahrheit).[5]
94 | [Prólogo de] Friedrich Roth-Scholz
… Le ha ocurrido exactamente lo mismo (um kein Haar besser ergangen), sin diferir un ápice, al célebre Aureum Vellus (Avreo Velleri) o Cámara de tesoros y arte de oro, recopilado por Sᴀʟᴏᴍᴏ́ɴ Tʀɪssᴍᴏsɪɴᴜs. Esta obra se publicó originalmente en el año 1598 en Rorschach, a orillas del lago de Constanza (Bodensee), y en Basilea (Basel) en el año 1604, dividida en cinco tratados diferentes bajo el título arriba mencionado.
Posteriormente, el señor Christian Liebezeit, librero de Hamburgo establecido junto a la iglesia de San Juan (St. Johannis Kirch), mandó reeditar dicho libro bajo ese mismo título en el año 1708, reuniéndolo en un solo volumen. Sin embargo, tan pronto como el señor Theodor Christoph Felginer ingresó en dicho negocio en calidad de socio (Compagnon), quiso obsequiar a los eruditos y libreros con un título nuevo. Por ello, este mismo libro pasó a llamarse: Secretos desvelados de la Piedra de los Sabios, o Cámara de tesoros de la Alquimia. Impreso en formato cuarto (4to), Hamburgo, en la casa de Christian Liebezeit y Theodor Christoph Felginer, 1718. Véase mi Bibliotheca Chemica, pág. 15.
Del mismo modo, en el año 1710, los eruditos y libreros fueron provistos por el señor Wolfgang Moritz Endter, en Núremberg, de la obra de Jᴏʜᴀɴɴ Hɪsᴋɪᴀs Cᴀʀᴅɪʟᴜᴄɪᴜs titulada Magnalia Medico-Chymica continuata, en formato octavo (8vo). Pues bien, a partir de ese mismo momento, el libro tuvo que llamarse: Antrum Naturae et Artis Reclusum [La caverna abierta de la Naturaleza y del Arte]. Esto es: La caverna secreta y desvelada de la Naturaleza y del Arte, en la cual se contiene tanto el elevado misterio cabalístico, ejecutado únicamente por la Naturaleza, como también toda clase de obras de arte metalúrgicas que mediante manipu… [laciones].[6]
96 | Consideraciones sobre la pregunta:
Consideraciones sobre la pregunta:
¿Si la
Transmutación de los Metales
(Transmutatio Metallorum) es posible?
I.
Uɴᴏ casi debería albergar serios reparos antes de disponer la pluma, e incluso pronunciar una sola palabra, a propósito de una materia que es despreciada por tantas personas distinguidas, considerada por la mayor parte del populacho (Pöbels) como un juego de prestidigitación (Gauckel-Spiel) bajo el cual no se oculta sino el fraude, tenida por completamente imposible por muchísimos eruditos, y que ha sido ensayada en vano (vergebens probiret) por hombres diestros siguiendo las instrucciones de innumerables libros.
II. Sin embargo, cuando considero: que los grandes hombres también yerran, que los eruditos no lo saben todo, que el vulgo está habituado a equivocarse y que siempre se siguen unos a otros en sus opiniones como lo hacen las ovejas (wie die Schaafe folgen), y que los operadores, cuando experimentan impulsados por falsos principios (falschen Principis), no pueden alcanzar el fin deseado; estimo entonces que bien vale la pena dedicar el esfuerzo a tratar sobre una ciencia de la cual tanto se ha hablado en vano, pero que casi mate… [máticamente…][7]
¿Si la transmutación de los metales es posible? | 97
… [matemá]ticamente (mathematice) puede ser demostrada, y de la cual yo mismo he visto el resultado con mis propios ojos (mit Augen gesehen), para hablar de ella con absoluto fundamento.
III. La pregunta, por lo tanto, es esta: ¿Si es posible fabricar oro por medio del Arte? ¿O bien convertir la plata, el cobre, el plomo y el azogue en oro o en plata? Aquellos que no conocen esta ciencia colmada de secretos, ni poseen este inmenso tesoro, la tienen —como es natural— por completamente imposible; y es precisamente para ellos un imposible por el mero hecho de que la ignoran.
Buscan, no obstante, encubrir la mayoría de las veces su ignorancia con los siguientes argumentos aparentes (Schein-Gründen). Pues he aquí lo que alegan: «Sería ya una cuestión resuelta por todos los filósofos, e incluso una doctrina fundamental y axioma aducido por el mismísimo y excelente ARISTÓTELES, el que una especie (Species) no puede ser transformada en otra».
«Sostienen que los metales, conforme a sus propiedades particulares, son bien distintos entre sí, puesto que no provienen de una misma acción reactiva y, por consiguiente, no comparten una misma esencia, dado que únicamente son idénticos según su concepto general (General-Concepte), el cual consiste en que todos ellos son metales».
«De igual modo [afirman] que resulta imposible que una ardilla (Eichhörnichen) se transforme en una liebre (Haasen), y esta a su vez en un caballo (Pferd); por lo tanto, se ha de contar igualmente entre las cosas imposibles el que a partir de la plata, o peor aún a partir del plomo, se pueda fabricar oro».[8]
98 | Consideraciones sobre la pregunta:
IV. A esto añaden lo siguiente: que sería del todo imposible que los alquimistas conocieran los principios (Principia) que contribuyen a la generación e introducción de una determinada forma en una esencia mixta y, por consiguiente, no serían capaces de confeccionar tal esencia mixta.
Puesto que, de lo contrario, tendrían que saber con exactitud en qué lugar determinado del firmamento habrían de situarse una o más estrellas, de cuya influencia (Influenz) determinada depende que la forma se introduzca en dicha materia en un abrir y cerrar de ojos. Ahora bien, es un hecho indiscutible que ellos no pueden conocer en lo más mínimo la posición y los aspectos (Aspecten) de los astros de los que depende la verdadera formación del oro y de la plata en la materia determinada; por lo tanto (ergo), su arte es fatuo y vano.
Más allá de esto, aquella acción que debe atribuirse exclusivamente a la naturaleza no puede provenir del Arte, debido a que la generación (Zeugung) y la alteración profunda provienen de un principio interno (innerlichen Principio). El principio interno, no obstante, es la naturaleza, la cual produce las formas esenciales (wesentliche Formas) de las cosas; por el contrario, el Arte es un principio externo (äusserliches Principium), el cual se ocupa únicamente de las cosas exteriores, a la manera de una transformación superficial.
La generación de los metales, sin embargo, debe atribuirse propiamente solo a la naturaleza, por lo que jamás podrá provenir del Arte. Del mismo modo, la naturaleza produce las cosas mediante la mezcla de los elementos (Vermischung der Elementen), pero tal mezcla proviene única y exclusivamente de la acción del Altísimo… [y…][9]
¿Es posible la transmutación de los metales? [pág.] 99
de la naturaleza misma, puesto que los metales son engendrados a partir de un principio interno, a saber, el de la naturaleza, a través de la generación y la corrupción mediante una mezcla; todo lo cual parece estar demostrado con suficiente claridad, razón por la cual concuerda perfectamente con la conclusión anterior;
V. Supuesto también que fuera posible hacer oro, se debe considerar bien si aquello para cuya generación no basta la vida entera de un hombre puede ser realizado por medio del arte; cada cosa tiene un tiempo predeterminado en su generación para que pueda adoptar su propia forma, a través de la cual alcanza entonces su esencia perfecta. Los Chymici [químicos] fijan para esto hasta 1000 años, tal como GEBER afirma en su Summa y RASIS en loco perfecti Magisterii [en el pasaje del magisterio perfecto]. Puesto que para la generación de los metales no basta la vida humana entera, parece muy necio [pensar] que un alquimista pueda hacer auténtico y verdadero oro y plata por medio de su arte; por no mencionar que carecen del lugar propio de la generación, razón por la cual la generación misma no puede ocurrir; pues, al igual que el lugar contribuye en gran medida a la conservación de una cosa, de la misma manera contribuye grandemente a su producción. Por ello dice PORPHYRIUS con mucha razón: que el lugar es, tanto como el padre, el principio de la generación; y PLATO demuestra: que la…
100 | Consideraciones sobre la pregunta:
naturaleza generadora (zeugende Natur) ha provisto a los lugares de la Tierra de virtudes singulares, en los cuales se hallan, por así decirlo, selladas diferentes propiedades. Esto es algo que resulta plenamente aplicable tanto a los animales como a los vegetales (wachsthümlichen Sachen) y a los minerales.
De ahí que no en todos los lugares se den todas las plantas ni todos los minerales, ni tampoco se muestren todos los animales, ni habiten por doquier, debido a la distinta condición de dichos parajes. Por el contrario, viven tal y como la naturaleza generadora, por mandato y orden del sabio Creador (Schöpffers), los ha dispuesto de forma particular.
¿Quién ignora, sin embargo, que los alquimistas ejecutan sus operaciones en vasos de vidrio, de piedra y de barro (gläsernen, steinern und töpffernen Gefässen)? Mientras que la naturaleza opera en el seno recóndito y propio de la Tierra (Schoß der Erden); razón por la cual, por este motivo, ellos no pueden alcanzar su propósito.
VI. Y aun cuando pretendieran alegar que han existido, no obstante, muchísimos eruditos y excelentes filósofos (Phloſophi), como por ejemplo: HERMES TRISMEGISTO, PITÁGORAS, PLATÓN, TEOFRASTO, AVICENA, GALENO, HIPÓCRATES, LUCIANO, RASIS, ARQUELAO, [JUAN DE] ROQUETAILLADE (Rupecissa), MARÍA LA PROFETISA, DIONISIO, ZACARÍAS, HALY, MORIENO EL ROMANO, JALID (Calid), ARNOLDO DE VILANOVA, GEBER, RAIMUNDO LULIO, ROGERIO BACON, ALANO [DE LILLE], BERNARDO CONDE DE TREVISO, FRAY BASILIO VALENTÍN, FELIPE TEOFRASTO PARACELSO…[10]
¿Si la transmutación de los metales es posible? | 101
[Paracelso], y muchísimos otros que han escrito sobre esta materia; a los cuales, a la verdad, uno no podría considerar a todos por locos (Narren) ni por hombres que meramente hubieran querido jactarse o darse grandeza.
Con todo, se descubre por el contrario que en tales libros no se halla sino fábulas poéticas (Poetische Fabeln) que nada sirven al asunto, ciertas ficciones dignas de risa y palabras que se desvían de forma extrema de la materia real, tal como se constata de forma evidente en la operación práctica de laboratorio (Operation augenscheinlich zu ersehen). De lo cual se evidencia de sobra que este pretendido arte no es un arte verdadero, y lo que es peor aún, que tales errores y fantasías (Fantastereyen) se han ido propagando cada vez más por obra de sus sucesores.
VII. Más aún: si este pretendido arte fuera posible, es indudable que tantos reyes y príncipes (Könige und Fürsten) —que invirtieron muchísimo dinero en él y albergaron el ardiente deseo de aprenderlo— habrían alcanzado alguna vez su propósito y habrían desentrañado tal secreto. Sin embargo, se comprueba por el contrario que la mayoría de las veces fueron estafados (betrogen worden), en lugar de haber podido enriquecer sus cámaras del tesoro (Schatz-Kammer).
VIII. Sí, se observa por lo general que aquellos que pertenecen a la profesión de los hacedores de oro (Goldmacher) son las gentes más pobres de todas (allerärmste Leute); y que la mayoría de las veces exigen mucho dinero a cambio de sus recetas y procesos (Processe). Dinero que, a la verdad, no habrían de necesitar en absoluto si su arte fuera eficaz y reproducible, de lo cual se deduce con total claridad que en tales gentes no hay nada … [sino…] [11]
102 | Consideraciones sobre la pregunta:
… sino puro fraude (Betrug); puesto que venden viento (Wind verkauffen) con la mirada fija en la bolsa de su prójimo (ihres Nächsten Beutel segen), buscando enriquecerse a costa de ella. Por esta razón, cualquier persona sensata que no desee caer deliberadamente en la miseria absoluta debería guardarse de semejantes corsarios (Capers).
Y se debe creer firmemente que el Altísimo no creó al ser humano para fabricar oro, sino que más bien le anunció que «con el sudor de su frente comería el pan», impulso mediante el cual es conducido a buscar a DIOS y a depositar su única confianza en Él, como el benévolo sostenedor de todas las criaturas. Esto evita que el hombre encadene su corazón al mundo terreno; pues «aquellos que anhelan enriquecerse caen en tentación, en lazos y en muchos deseos dañinos, etc.».
Además: si este arte existiera en la naturaleza de las cosas (in rerum natura) y fuera conocido, supongamos, únicamente por tres personas, resultaría un imposible que este no se propagara más y terminara siendo descubierto por muchos.
Pues es de sobra conocido que incluso los secretos más grandes, e incluso las conspiraciones (Conspirationes) más peligrosas urdidas contra las testas coronadas (gesalbte Häupter), tan pronto como se conciertan entre más de dos personas, son descubiertas y delatadas de forma fulminante. Por consiguiente, este secreto iatroquímico, dada la inmensa cantidad de investigadores que lo buscan, no habría podido permanecer oculto durante tanto tiempo.
Por el contrario —puesto que los padres se lo habrían transmitido a sus hijos, y un amigo a otro, aun cuando fuera bajo estricto juramento de silencio (sub fide silentii)—, el arte se habría vuelto ya un oficio tan vulgar y común como la fabricación de jabón (Seiffensieden). ¡Y que nos asista el DIOS eterno! ¿Qué vendría a ser entonces de la Repúbli… [ca…? / …que…][12]
¿Si la transmutación de los metales es posible? | 103
no habría de originarse una confusión inexpresable si la fabricación de oro fuera tan conocida? El Soberano (Der Princeps) se vería ciertamente obligado a inventar otro valor o patrón para las cosas (pretium rerum), con el único fin de salvaguardar el orden de una república bien constituida.
De lo cual se extrae esta firme conclusión: que semejante supuesta ciencia ha nacido en el cerebro de gentes codiciosas, se mantiene por obra de la vana fantasía y ha sido propagada por hombres insensatos.
IX. Estos son, estimado lector, los argumentos más poderosos que podré aducir de entre los que esgrimen los antagonistas (Antagonisten) de los alquimistas, a los cuales bien podrían dar su asentimiento muchísimos tanto entre los eruditos como entre los ignorantes. Sin embargo, cuando sopeso la materia con mayor rigor, descubro que tales argumentos (Argumenta), por múltiples razones, no resisten en lo más mínimo un análisis serio (im geringsten nicht Stich halten).
Ahora bien, mi propósito no es, a la verdad, encomiar a las gentes el oficio de hacer oro, y mucho menos persuadirlas para que una multitud se consagre a esta ciencia; puesto que, aun sin ello, ya se encuentran necios (Thoren) más que suficientes que se atreven a acometer esta obra tan importante con las manos sucias (mit ungewaschenen Händen). Pero sí quiero demostrar al menos esto: por qué son tan pocos los que llegan a poseer este tesoro, y que alcanzarlo es perfectamente posible (möglich) y no consiste en una vana quimera.
X. Establezco esto como premisa, y quiero por tanto comenzar hablando del último argumento de los adversarios: [que] este misterio tan grande e importante … [secreto / geheimnuß] [13]
104 | Consideraciones sobre la pregunta:
… [el] misterio depende por completo (allerdings dependire) de la santa y graciosa voluntad del Dios Altísimo; y que Él, ciertamente, no permite que cualquiera acceda a esta ciencia, por cuanto es un DIOS de orden.
Orden que no podría preservarse —sino que, por el contrario, se originaría una inmensa confusión (grosse Confusion) en el mundo— si a muchísimas gentes les fuera posible poseer el secreto de fabricar oro a partir de metales imperfectos (geringen Metallen) en una cantidad tan grande y asombrosa.
Pues, puesto que Él es el único que escudriña los corazones (Herzens-Kündiger) y sabe perfectamente cómo habrán de emplear los seres humanos Sus dones —ya sea que los apliquen a la vanagloria y a la lascivia (eiteler Ehre und Wollust), o bien que únicamente los acumulen para nutrir su infame codicia (schändlichen Geitz)—, no consiente en modo alguno que aquellos que no vayan a emplear semejante tesoro para Su gloria y para el beneficio del prójimo (des Nechsten Nutzen) lleguen jamás a poseerlo.
Por esta causa se ha observado que diversos operarios que se hallaban ya casi en el umbral de un feliz término en su trabajo, o bien fallecieron repentinamente (plötzlich verstorben) sobre el crisol, o bien se vieron impedidos de alcanzar felizmente su propósito a causa de extraños contratiempos y desgracias (sonderbahre Fatalitäten).
De esto se evidencia patentemente cómo ha de estar constituido el espíritu de un investigador (Suchender) antes de disponer la mano sobre esta obra tan importante: cómo debe, ante todas las cosas, volver su corazón hacia DIOS e invocarlo, con el fin de que Él haga nacer en su mente una luz, no solo para operar con la materia genuina (genuina materia), sino también para que se digne conceder la bendición (Seegen) a todos sus proyectos.
Con esto no quiero dar a entender, en modo alguno, que el operador deba sentarse a aguardar revelaciones milagrosas particulares (besondere Offenbahrunge), si… [no…][14]
¿Si la transmutación de los metales es posible? | 105
… sino que únicamente quiero afirmar esto: que no es fácil que alguien acceda a esta ciencia sin la voluntad de Diᴏs; máxime si, junto a esto, no posee la debida paciencia (Gedult), la profunda reflexión (Nachsinnen) y un suficiente espíritu de reserva y secreto (Verschwiegenheit).
XI. De esto se comprende claramente por qué tan sumamente pocos ven cumplido su deseo; puesto que entre miles apenas uno solo posee los requisitos (Requisita) obligatorios que acabo de mencionar, si bien de forma breve. Y por qué, asimismo, no se puede deducir silogísticamente: «Tantos eruditos y grandes hombres han buscado en vano, por lo tanto (ergo) esta ciencia entera ha de ser tenida por una entidad inexistente (non ens)».
XII. Pero aproximémonos aún más a la materia y analicemos con mayor precisión la primera objeción escolástica, a saber: «Que una especie no puede transmutarse en otra especie» (Speciem in speciem non posse transmutari). Frente a esto bien podrían alegarse muchísimas razones, pero dado que no tengo necesidad de desglosarlas aquí, me limitaré a decir: que tal cosa no es, en absoluto, la intención (Intention) de los alquimistas.
Pues una cosa —afirma Kᴜɴᴄᴋᴇʟ en su Laboratorium Chymico, pág. 567— es la transmutación (transmutatio), y otra muy distinta la propagación (propagatio) y la maduración (maturatio). A partir de un huevo, por obra del calor de la gallina, nace un polluelo: esto constituye una propagación (propagatio) dispuesta por Diᴏs en la naturaleza. Nosotros, con todo nuestro arte, no podemos fabricar semejante huevo, ni tampoco extraer un huevo de la gallina; aun cuando el polluelo se resuelva, a su vez, en una materia viscosa (viscolam materiam) o en tierra y agua… [puede…][15]
¿Si la transmutación de los metales es posible? | 107
… valerse de ella de forma plenamente conforme a la naturaleza (Natur gemäß bedienen). Por lo tanto, yerran a la verdad en demasía aquellos que buscan el camino más distante y no comienzan justamente allí donde la naturaleza se ha detenido.
XIII. Establezco, por lo tanto, como fundamento: que la generación (Erzeugung) en los tres reinos [de la historia natural] acontece por mediación de ciertas semillas (Saamen) ordenadas para ello por el sabio Creador (Schöpffer). Esta es una cuestión tan sumamente conocida que nadie que conserve el sano juicio debería albergar la menor duda al respecto.
Pues, ¿a quién le es desconocido que en el reino animal (regno animali), por la mixtura de la semilla masculina con la femenina, surge en un tiempo determinado un nuevo nacimiento? Y en el reino vegetal (regno vegitabili) le es más que bien sabido al jardinero y al agricultor cómo la propagación (propagatio) y la multiplicación (multiplicatio) se ejecutan mediante la semilla arrojada a la tierra, siempre y cuando esta esté debidamente dispuesta, sin requerir mayor intervención del labrador.
¿Quién rehusaría creer, entonces, que también en el reino metálico (regno metallico) la generación (Generatio) de los metales se opera por mediación de una semilla metálica (metallischen Saamens)? La única dificultad aquí radica en descubrir esta semilla, conocida por tan pocos; por lo cual se ha de tener por bienaventurados a quienes la reconocen y saben emplearla rectamente, tal y como la naturaleza lo exige.
Por consiguiente, el operador o artista (Künstler) no tiene la menor necesidad de preocuparse angustiosamente por la posición de los planetas (positum Planetarum) ni por sus aspectos (Aspecten), aun cuando estos contribuyan en algo al crecimiento de los metales…[16]
108 | Consideraciones sobre la pregunta:
… preocuparse; puesto que le basta y sobra, tras haber alcanzado un conocimiento suficiente de la materia genuina (genuinen materie), con continuar madurándola (maturiren) mediante un calor conforme a la naturaleza (Natur gemässe Wärme), para perfeccionarla (perfectioniren) en un grado todavía más elevado que el que ejecuta la propia naturaleza.
XIV. Hablaré de forma aún más diáfana: obsérvese únicamente el grano de trigo (Weitzen-Korn) que se siembra en la tierra: cómo este ha de ser maduro, limpio y estar libre de cualquier defecto o corrupción, y que su sal vegetal (vegitablisches Salz) o principio activo de crecimiento no esté alterado ni dañado, a fin de que pueda dar fruto.
Cuando, por lo tanto, reuniendo las condiciones exigidas, es arrojado en un suelo fértil, bien abonado y labrado, la naturaleza acoge este grano, lo disuelve (resolviret) y lo libera o desata de las primeras ataduras de su fijación (Fixation) o compactación. Esto se hace con el objeto de conducir y encauzar el grano, por este medio, hacia el vigoroso movimiento de la semilla, lo cual acontece por la sola obra de la naturaleza en un suelo fértil y salino (gesalzenen Erdreich), por mediación del aire templado y de los rayos del sol (Sonnen-Strahlen).
Así, se observa: que en primer lugar se pudre (faulet), y por causa de esta putrefacción se vuelve blando y denso, se hincha y se despoja de su piel o vaina; proceso mediante el cual el alma (Seele) que se hallaba oculta en su interior queda libre y expedita y, por así decirlo —tras haber muerto previamente—, recobra la vida. Esta es la que empuja el tallo cada vez más alto y, finalmente, ofrece en él una espiga colmada de granos nuevos.[17]
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XV. Exactamente del mismo modo (Eben also) ocurre en el reino (Regno) metálico. El operador o artista (Künstler), a la verdad, nada puede lograr por sí solo mediante su arte si la naturaleza no le asiste. Él, sin embargo, es plenamente capaz de abrir y disolver (auflösen) el oro filosófico ultrafino (überfeine philosophische Gold) desatándolo de sus ataduras —en las cuales se hallaba retenido por su azufre y su sal (Schwefel und Salz)— por mediación de una purificación (Purification) ejecutada con un agua que mata y vuelve a dar la vida (ein tödtendes und wieder lebendig machendes Wasser).
Y, por medio de una digestión (Digestion) particular, puede disponer la sustancia de suerte que permanezca en su virtud seminal (spermatischen Krafft) y sea encauzada hacia un nuevo nacimiento. De esta manera, el alma y el espíritu (Seele und Geist) del oro vivo son extraídos de su propio cuerpo, en el cual antes permanecían prisioneros e impotentes para una nueva generación.
Aquel, por lo tanto, que sepa sembrar la semilla metálica (metallischen Saamen) del oro vivo de los sabios en un campo debidamente preparado, a saber: en el MERCURIO DE LOS FILÓSOFOS (Mᴇʀᴄᴜʀɪᴜᴍ Pʜɪʟᴏsᴏᴘʜᴏʀᴜᴍ), no ha de dudar en absoluto de que habrá de producir un Árbol de Oro (Gold-Baum) que cargará frutos abundantes.
Y en esto consiste el misterio (Geheimnuß) entero, sobre el cual debo no obstante cesar de hablar más extensamente; puesto que no pretendo que nadie crea que yo puedo y quiero enseñar el Arte en estos pocos pliegos (wenigen Bogen), sino que únicamente he querido responder, si bien de forma breve, a las objeciones (Einwürffe) que habían sido planteadas.[18]
110 | Consideraciones sobre la pregunta:
XVI. Además, cuando la Naturaleza y el Arte se unen e integran, se puede comprender con suma facilidad cómo resulta factible que el químico (Chymicus), en aquellas operaciones (Operationibus) para las cuales la naturaleza por sí sola requiere muchísimo tiempo, sea capaz de abreviarlo y acortarlo (verkurtzen) por medio del Arte.
Y esto es algo tan diáfano y claro como el mismísimo Sol (ganz Sonnen-klar); pues considérese únicamente: ¿Qué no es capaz de ejecutar un jardinero por medio de su arte? ¿Acaso no puede, en pleno invierno (mitten in dem Winter) y mediante un calor particular, hacer brotar toda clase de flores, e incluso variedades bien distintas de frutas, para las cuales la naturaleza por sí sola necesita de meses específicos y determinados?
Y lo que es aún más: ¿Acaso no poseen diversos hombres la facultad de provocar una multiplicación extraordinaria de los cereales y las mieses (Gedreydichts) sobre un campo que ha sido técnicamente preparado por el Arte? De esto yo mismo conozco el ensayo experimental (Probe) más que de sobra, por lo que no hay razón alguna para dudar de ello; tal y como el señor profesor WOLFF ha expuesto con total suficiencia y enseñado con absoluta claridad en un tratado especial.
¿Por qué, entonces, no habría de poder practicarse exactamente lo mismo en el reino metálico, aun cuando resulte algo más difícil? Ello se debe a que la materia idónea —la cual, en cierto modo, yace diariamente ante nuestros propios ojos— no es reconocida por cualquiera. Por el Entrario, aquellos que la conocen y saben cómo debe ser tratada de forma debida, lo practican con éxito y comprenden a la perfección qué tipo de lugar o matriz requieren para la gestación del oro (Gold-Gebährung). Con lo cual respondo a esta objeción: que, por ende, fabricar oro y plata [no es] im[posible]…[19]
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… [un] / [im]posible, [según alegan los adversarios], por el mero hecho de que la naturaleza produce tal cosa en el seno (Schoos) de la Tierra, ¡mientras que el operador se vale de vasos de piedra y de vidrio!
Sin embargo, ¿quién no sabe que el oro y la plata son cocidos (ausgekochet) en la roca más dura y guardados firmemente en su interior, y que esta cáscara (Schaale) o matriz pétrea no contribuye en nada a la verdadera esencia del metal? Ello es así aun cuando en la superficie exterior se hallen indicios suficientes (sattstame Signa) para juzgar con total acierto lo que se oculta en el interior.
Párrafo XVII (Núcleo doctrinal y forense):
XVII. Ante la condición de estas materias, y por lo que he examinado en los párrafos (§§) precedentes, nadie se maravillará de por qué los verdaderos adeptos (wahren Adepti) hablan en sus libros a través de parábolas y analogías (Gleichnüsse), ocultando la materia idónea tanto como les es posible ante los indignos.
Y esto ocurre aun cuando han descrito con bastante claridad el proceso (Process) entero, el cual con justa razón puede denominarse, en cierta medida, una «labor de mujeres» (Weiber-Arbeit) y un «juego de niños» (Kinderspiel); hablando además copiosamente sobre digerir (digeriren), calcinar (calciniren), sublimar (sublimiren), etc.
Con todo, tales términos encierran un significado completamente distinto, debido a que su labor primordial se ejecuta en un solo vaso (einem Gefässe) con un solo horno (einem Ofen), y no mediante una multitud de matracas (Kolben) y retortas (Retorten), tal y como acostumbran a hacer los ignorantes (Unwissenden), quienes se valen de toda clase de materias y aguas corrosivas (corrosiver Wasser) para ejecutar su disolución (Solution).
Por consiguiente, resulta plenamente posible (wohl möglich) que aquel a quien el Altísimo abra los ojos del entendimiento (Augen des Verstandes) para contemplar la luz de la verdad, [pueda extraerla] a partir de los libros (tal como yo mismo [he demostrado] de forma más extensa… [en…][20]
112 | Consideraciones sobre la pregunta:
… [como] / [he] demostrado de forma más extensa en el prólogo (Vorrede) de la Mᴇᴅɪᴄɪɴᴀ Mᴇᴛᴀʟʟᴏʀᴜᴍ (c)), el inmenso tesoro (grossen Schatz) de fabricar oro y plata.
XVIII. Por último, podría aducir todavía muchísimos ejemplos de aquellos que verdaderamente han convertido el plomo, el cobre y el azogue en oro, si me fuera permitido demorarme más tiempo en esta materia.
Aquel, sin embargo, a quien le plazca leer más razones y pruebas documentales de ello, no tiene más que consultar el Laboratorium Chymico ᴅᴇ Kᴜɴᴄᴋᴇʟ. Allí, en el capítulo XLI (De transmutatione metallorum), hallará expuesta con total suficiencia la historia de lo acontecido en Dresde con Dᴀᴠɪᴅ Bᴇᴜᴛʜᴇʀ, en tiempos del príncipe elector Aᴜɢᴜsᴛᴏ (AVGVSTI), de piadosísima memoria.
[Kunckel relata] cómo vio con sus propios ojos todas las cuentas y libros de contabilidad, donde el difunto Príncipe Elector había anotado de su puño y letra (mit eigener Hand hinein geschrieben) cuántas marcos (Marck) de oro se fabricaban diariamente. Con este oro químico se erigieron además, según se afirma, las fastuosas caballerizas reales (Stall) de Dresde.
De igual modo, Hᴇʟᴠᴇᴛɪᴜs, en su Aureus Vitulus [El Becerro de Oro] (d), ofrece suficiente información sobre lo que aconteció entre él y un fundidor de latón (Rothgiesser), quien ejecutó verdaderamente una proyección transmutatoria (tingiret) en su presencia. Como también en la…
Notas a pie de página (Bloque inferior):
(c) Véase nuestro Prólogo [dispuesto por Roth-Scholz en las páginas 88 a 95] al frente de estas Consideraciones.
(d) El cual hallará el estimado lector (G. L. / Geneigter Leser) en la primera parte de nuestro Theatrum Chemicum alemán, pág. 481.[21]
[^1]: Aparato Crítico y Estructura Material: En el ángulo superior izquierdo se localiza con total nitidez el número 112, coronando las líneas de caja gótica de la imprenta de Adam Jonathan Felßecker de Núremberg (1729). El pliego abre engranando de forma lineal con la partícula de enlace del pie de la página 111 (in). El término terminal del extremo inferior derecho der (el / la / en la) actuará como el reclamo regular de taller para engranar de forma fluida con la primera línea de la página 113.
[^2]: Nota lingüística e historiográfica: La expresión de piedad cortesana germánica barroca «Christmildsten Andenckens» (de piadosísima, benigna o cristianísima memoria) aplicada al Elector Augusto de Sajonia era una fórmula de estilo obligatoria en las actas del Sacro Imperio Romano Germánico para legitimar la santidad y veracidad de los documentos públicos emanados de su cancillería en Dresde.
¿Es posible la transmutación de los metales? | 113
…en la Cámara de Arte de Viena [se encuentra] todavía otra medalla, la cual fue hecha de oro filosófico en presencia del Emperador RODOLFO II, en uno de cuyos lados se lee: cómo con un solo grano de tintura se tiñó una cantidad considerable de un metal imperfecto; y la siguiente relación de los hechos (Facti Species) es igualmente una prueba de ello, pues si el asunto no fuera así, tan altas personalidades no habrían solicitado un dictamen (Responsum) al respecto.
[1] Meinig, Johann Christoph, Enunciata Et Consilia Juris : Unterschiedener Rechts-Gelehrten / Berühmter Facultaeten und Schöppenstühle, Uber besondere und im allgemeinen Leben vorfallende merkwürdige und dubiöse Casus. 15, Funffzehendes Stück, Leipzig, Winzern, 1726, 677-ss: XCII. Consideración sobre la pregunta: ¿Si la transmutación de los metales es posible? Junto con el dictamen (Responso) de una célebre facultad de derecho: En el cual un esposo solicita asesoramiento sobre si los utensilios de plata de su esposa, transmutados en oro, ¿no le pertenecen a él? ¿o al menos el usufructo (usus fructus) de los mismos?
La metáfora culinaria de la Ciencia: El valor de la obra anónima. El folio abre con el pronombre de majestad editorial («Wɪʀ« / Nosotros) empleado por Friedrich Roth-Scholz para justificar ante la República de las Letras la inserción de este polémico tratado legal. El silesio formula una magnífica defensa del conocimiento empírico por encima del peso institucional del nombre del autor, recurriendo a una vívida e ilustrativa metáfora culinaria barroca: argumenta que cualquier lector que posea un paladar refinado y un sano juicio crítico («einen gesunden Geschmack») se deleita con el sabor de un manjar exquisito sin exigir de forma obsesiva que se le desvele el nombre del cocinero que operó los fogones.Del mismo modo, dado que estas Consideraciones jurídicas están sólidamente fundadas en verdades científicas («mit Wahrheits-Gründen angefülletes»), la obra merece ser impresa y estudiada de forma independiente, quedando el honor de la invención («gebührende Ehre») reservado al sabio anónimo en el anonimato.
El rastro criptográfico de la Medicina Metallorum. Roth-Scholz, ejerciendo su papel de agudo arqueólogo bibliográfico, ofrece a sus lectores una pista fundamental para intentar levantar la máscara del autor anónimo. Recupera una cita literal del propio texto (del párrafo XVII) donde el escritor declaraba haber redactado previamente el prólogo de la «Medicina Metallorum» (La Medicina de los Metales, tratado clave de la iatroquímica clásica).Esta autorreferencia permitía a los coleccionistas de libros del siglo XVIII acotar la búsqueda a los círculos de médicos reales vinculados a la minería de Sajonia o Turingia. El editor respeta de forma caballeresca el deseo de ocultamiento del autor, reconociendo que operaba bajo un velo de secreto por razones de seguridad personal del máximo nivel («aus besondern Ursachen»), una cautela indispensable en una época donde los estados absolutos perseguían a los químicos para confiscar sus reactivos.
Los Schöppenstühle y las fuentes de la Jurisprudencia Imperial (Nota a). La inmensa nota al pie (a) dispuesta por Roth-Scholz dota a la portada de un valor documental extraordinario para los historiadores del derecho germánico. Revela que este dictamen no era un ejercicio de literatura satírica, sino que procedía de las actas reales de la jurisprudencia del Sacro Imperio:
- Enunciata & Consilia Juris: Es la remisión a las colecciones oficiales de sentencias, consultas vinculantes y dictámenes de derecho común romano-germánico editadas para el uso de magistrados y cancillerías.
- Schöppenstühle (Tribunales de asesores o escabinos): Alude a los históricos y prestigiosos tribunales universitarios de consulta jurídica de Alemania central (siendo los más famosos los de Leipzig, Magdeburgo y Fráncfort del Óder). Las cortes de justicia locales y los señores feudales enviaban los casos más complejos a estos cónclaves de catedráticos de derecho para que emitieran un dictamen técnico vinculante (un Consilium o Responsum).
Roth-Scholz indexa la coordenada exacta de archivo: la pieza número 15, editada en formato octavo, página 677, demostrando que el litigio matrimonial sobre las vajillas de plata transmutadas en oro analizado en la página 87 constituyó un caso judicial real debatido por los mayores jurisconsultos del Imperio, sirviendo este libro como el acta de concordancia entre los códigos civiles y la metalurgia experimental.
[2] El mapa conceptual de Roth-Scholz: Las concordancias del Tomo I. El folio abre engranando linealmente con la palabra de reclamo fijada al pie de la página 88 (Bey) [^1]. Friedrich Roth-Scholz despliega un impecable ejercicio de coordinación editorial e interconexión de datos, remitiendo a sus suscriptores a las grandes piezas historiográficas y críticas que abrían el primer volumen de su enciclopedia (1727). Estructura un sólido canon de autoridades de la Ilustración alemana que habían analizado la validez de los crisoles desde las cátedras universitarias y las cancillerías de estado:
- Dr. Johann Franz Buddeus (Bᴜᴅᴅᴇɪ, 1667–1729): Célebre teólogo luterano, filósofo y catedrático en la Universidad de Jena, cuya disertación auditaba los límites morales y políticos de la crisopeya.
- Dr. Georg Nenter (Nᴇɴᴛᴇʀs): Respetado médico y profesor en Halle, seguidor del vitalismo médico de Georg Ernst Stahl, quien analizaba la química farmacológica.
- Wilhelm von Schröder (Sᴄʜʀᴏ̈ᴅᴇʀɴs): El famoso cameralista y economista de la corte de los Habsburgo, cuya Instrucción fue severamente criticada por Petraeus en la página 68 por carecer de reproducibilidad práctica.
- Dr. Benedictus Nicolaus Petraeus (Pᴇᴛʀᴀᴇɪ): El mismísimo filólogo cuyo monumental tratado crítico (Critique) acaba de concluir formalmente en la página 86, cerrando la red de reenvíos bibliográficos cruzados del taller.
El desciframiento del anónimo: La Pretiosa Margarita de Leipzig (1714). El tramo inferior del folio ejecuta una espectacular labor de arqueología de catálogo e historia del libro antiguo. Roth-Scholz cumple la promesa planteada en la página 88 y levanta definitivamente la máscara criptográfica del autor anónimo de las Consideraciones. Al cruzar las referencias del párrafo XVII con los asientos de las ferias del libro de Sajonia, localiza el tratado exacto: la «Pretiosa Margarita», editada de forma clandestina en Leipzig en 1714.Esta obra era la traducción al alemán vernáculo de uno de los mayores monumentos de la literatura hermética del Renacimiento italiano: la Pretiosa Margarita Novella (Venecia, 1546), compilada originalmente en el siglo XIV por el erudito Petrus Bonus de Ferrara y editada en los talleres de la mítica imprenta aldina de los herederos de Aldo Manuzio por el humanista calabrés Janus Lacinius («Janum Lacinium aus Calabria»).
La cadena de transmisión de los Doctores Medievales. La importancia fundamental de la Pretiosa Margarita residía en que operaba como una antología crítica que limpiaba y resumía los diarios de laboratorio de los cinco grandes astrónomos, teólogos y médicos de la Edad Media occidental, autoridades que defendían la transmutación mineral y que Roth-Scholz indexa en tipografía romana regular destacada:
- Arnoldo (Arnoldo de Vilanova, c. 1240–1311): El gran médico de la corte papal de Aviñón, descubridor de los licores destilados y los ácidos minerales.
- Raimundo (Raimundo Lulio, 1232–1316): El doctor iluminado mallorquín cuyo pacto geopolítico de las Cruzadas con el rey de Inglaterra fue deconstruido en la página 59.
- Rhasi (Rasis / Al-Razi, 865–925): El colosal médico y clínico persa del hospital de Bagdad que introdujo el uso del matraz y la clasificación de las sales.
- Alberto (Alberto Magno, 1193–1280): El teólogo dominico y maestro de Santo Tomás de Aquino que describió el aislamiento del arsénico y la metalurgia del vitriolo.
- Michaele Scoto (Miguel Escoto, c. 1175–1232): El polímatas escocés y astrólogo de cámara del emperador Federico II de Hohenstaufen en Palermo, célebre por sus estudios sobre el oro.
Al demostrar Roth-Scholz que el autor anónimo de este pleito legal sobre las vajillas de plata era el mismo traductor que había depurado este canon de sabios medievales en Leipzig en 1714, legitimaba el valor institucional del texto ante los magistrados y juristas de 1729, abriendo el paso hacia la definición lingüística de la portada que se truncará al pie con el reclamo gótico regular.
[3] El desvelamiento del traductor: Wolfgang Georg Stols. Tras haber mantenido el misterio en las dos páginas precedentes, Friedrich Roth-Scholz desvela formalmente la identidad civil del erudito que tradujo del latín al alemán la Pretiosa Margarita en Leipzig en 1714: se trata del iatroquímico y filólogo Wolfgang Georg Stols (Stolse).Al identificarlo bajo el noble título de «Liebhabern der edlen Chymie» (amante de la noble química), Roth-Scholz legitima el rigor de su traducción frente a las versiones adulteradas de los libreros comerciales [INDEX], demostrando que Stols operaba movido por el progreso de la ciencia y no por un mero interés crematístico. Aporta además la metrología exacta de la tirada de Leipzig: formato cuarto (4to), dos alfabetos completos de signaturas tipográficas y veinte pliegos físicos de papel de trapo («2. Alph. 20. Bogen»).
De la Xilografía veneciana al Calco ilustrado. Roth-Scholz ejecuta un brillante análisis de historia del arte y de la técnica de impresión aplicada a los libros de ciencia. Advierte a los bibliófilos de una peculiar anomalía comercial de la edición de Leipzig de 1714: la portada omitía declarar la presencia de ilustraciones, pero al abrir el volumen se descubría un soberbio programa visual de grabados calcográficos integrados en las páginas de texto.El editor demuestra que estas planchas de cobre del siglo XVIII eran copias minuciosas que reproducían las históricas y bellísimas xilografías o grabados en madera («sehr saubern Holzschnitten») tallados originalmente en Venecia en 1546, los cuales esquematizaban mediante alegorías geométricas las fases de la separación de las sales en los crisoles.
La imprenta de los Hijos de Aldo y el Privilegio Papal. La mitad inferior de la página constituye una obra maestra de la alta paleografía, catalogación y ecdótica. El editor transcribe con fidelidad notarial la portada latina de la mítica edición de 1546, salida de una de las prensas más veneradas y trascendentales de la historia de la cultura universal: la casa editorial de Aldo Manuzio en Venecia, regentada en esa década por sus descendientes bajo la firma «Apud Aldi Filios» (En la imprenta de los Hijos de Aldo).El libro gozaba de la máxima protección legal e institucional de la época: un privilegio exclusivo de propiedad intelectual y monopolio de venta concedido directamente por el papa Pablo III (Alessandro Farnese) y refrendado por el Senado de la Serenísima República de Venecia por un plazo de diez años («ad annos decem»).
El Registro de pliegos y el Ancla Aldina (Nota b). Para los historiadores de la imprenta y los coleccionistas avanzados, el pasaje más deslumbrante es la transcripción literal del registro de signaturas (registrum o índice de pliegos) asentado por los cajistas venecianos en el colofón del siglo XVI:
- Omnes quaterniones…: Instrucción técnica dirigida al maestro encuadernador renacentista. Certificaba que la estructura material del libro estaba compuesta por cuadernillos regulares de cuatro hojas dobladas (cuaterniones), a excepción de las hojas preliminares de dedicatorias que formaban un duernión (dos hojas [«duernionem»]) y el índice final que cerraba en un quinternión (cinco hojas dobladas [«quinternionem»]).
- La nota (b) y el delfín heráldico: Roth-Scholz introduce una aclaración de catálogo fundamental para certificar la autenticidad de los ejemplares en las ferias. Detalla que en el reverso de la última página física («Auf dem allerlezten Blat») se estampaba en solitario el célebre e icónico «Aldinische Signet»: la marca tipográfica aldina que representaba a un delfín enroscado alrededor de un ancla. Este emblema ilustraba visualmente la máxima clásica de Horacio y Erasmo «Festina lente» (Apresúrate despacio), que en el laboratorio iatroquímico adquiría un profundo significado metodológico: ordenaba al operario avanzar con la máxima celeridad mental en la observación, pero con una absoluta, lenta y paciente prudencia en la modulación del fuego de los hornos, un broche de oro bibliográfico que cierra la introducción para dar paso inmediato al inicio del pleito de los juristas.
[4] El secreto bajo el Altar de Walkenried y el esmalte vítreo. El folio abre completando de forma exacta la crónica del hallazgo arqueológico de Münchshausen iniciada en la página 91 [^1]. Se desvelan las coordenadas precisas del alijo clandestino: la caja de plata que custodiaba el pergamino del siglo XV había sido enterrada deliberadamente por los antiguos monjes bajo las piedras de cimentación del altar mayor («unter dem Altar in dem Gemäuer»).El texto detalla la refinada iconografía heráldica y técnica del cofre: lucía un emblema esmaltado al fuego con colores vítreos fundidos («mit Glaß-Farben emalliert») que representaba un candelero con una llama viva encendida. Este símbolo operaba como una doble alegoría: en la vertiente teológica, representaba la luz de la fe brillando en las tinieblas de la disolución conventual; en la vertiente iatroquímica aplicada, esquematizaba el régimen del fuego constante y la temperatura del horno necesarios para madurar las sales sin quebrar los vasos de vidrio. Roth-Scholz confirma que una persona de la alta aristocracia («fürnehme Adeliche Persohn») financió de su bolsillo a pintores de cámara para que calcaran al óleo los colores exactos del códice antes de entregárselo a Wolfgang Stols para su traducción.
El fraude de los Libreros: La amputación de la Pretiosa Margarita. La sección central despliega una feroz y documentada denuncia ecdótica contra los editores comerciales que adulteraban el patrimonio científico para maximizar sus ganancias en las ferias. Petraeus y Roth-Scholz demuestran mediante un inventario de páginas que las imprentas vulgares ejecutaron un drástico expolio sobre la antología renacentista de Janus Lacinius:
- La censura de los humanistas: Se eliminaron los panegíricos y epigramas científicos dedicados por el filólogo italiano Pierio Roseo y por el médico Hippolytus Fantotius, natural de Perugia (designada mediante su grafía italiana barroca «Perusa») pero activo en los laboratorios del Delfinado francés.
- La metrología del expolio: Los editores comerciales mutilaron físicamente el libro al arrancar de las prensas doce hojas enteras impresas en formato cuarto («12. Quart-Blätter»), junto con dos valiosísimas láminas de cobre grabadas en el mismo tamaño («2. in Quart gestochene Kupfer-Blätter») que contenían los diagramas de flujo de los hornos. Esta mutilación reducía el coste del papel y de las tasas de impresión, engañando a los compradores de libros («Buchhändler») mediante el añadido de una portada falsa bien compuesta que ocultaba el vacío textual.
El relanzamiento comercial: La Medicina Metallorum. El tramo inferior transcribe de forma exacta el nuevo título de mercadotecnia editorial bajo el cual se relanzó clandestinamente la obra mutilada de Stols en Leipzig: la «MEDICINA METALLORUM». El subtítulo barroco abandonaba la terminología mística de la Pretiosa Margarita (La Perla Preciosa) para adoptar una retórica utilitaria, racional y mecanicista que atrajera el capital de los inspectores de minas y empresarios metalúrgicos.Prometía una ciencia fundamental («gründliche Wissenschaft») para purificar, limpiar y perfeccionar los metales inferiores o corrientes (como el plomo o el cobre arsenical analizados en la página 42), asegurando que el disolvente extraído del vitriolo y la orina poseía una potencia tan colosal que era capaz de multiplicar el peso molecular del oro y la plata en el crisol de una forma que la ciencia oficial juzgaba como casi increíble («fast unglaublich vermehret»), una transcripción de portada cuyo lema final quedará suspendido con el reclamo.
[5] El análisis del mercado de Leipzig de 1723. El folio abre engranando linealmente con la palabra de reclamo fijada al pie de la página 92 (mehret,) [^1]. Concluye la transcripción del título comercial de la Medicina Metallorum, aportando una valiosísima coordenada de catálogo para los archivistas contemporáneos al datar la tirada en el año 1723, salida de las prensas de Leipzig a expensas de los herederos de Johann Friedrich Braun («Johann Friederich Brauns Erben»).El subtítulo mercantil prometía ejecutar la crisopeya con mínimos costos y leve esfuerzo («wenigen Kosten») y desvelaba el título del polémico ensayo anexo sobre metodología de la ciencia: «Ob man die Kunst Gold zu machen aus Büchern erlernen könne» (Si el arte de fabricar oro se puede aprender a partir de los libros). Este opúsculo discutía el valor de la lectura de manuales frente a la praxis empírica del soplador de vidrio.
La denuncia de las estafas del mercado del libro barroco. En el bloque de prosa inferior, Friedrich Roth-Scholz articula una penetrante y descarnada auditoría sobre las redes de comercio, fraude y reedición clandestina que operaban en las ferias del libro del Sacro Imperio Germánico:
- La trampa de los títulos duplicados: El silesio denuncia que los editores y talleres cambiaban radicalmente los títulos, portadas y prólogos de libros ya existentes en el mercado (como transformar la Pretiosa Margarita en la Medicina Metallorum).
- El perjuicio a Eruditos y Libreros: Esta artimaña comercial provocaba que los bibliófilos, científicos universitarios («Gelehrte») y los propios comerciantes de las gacetas («Buchhändler») compraran por error el mismo volumen dos veces con total redundancia («doppelt und zum Ueberfluß»), creyendo adquirir un tratado de vanguardia inédito cuando en realidad recibían un texto antiguo reempaquetado, vaciando sus presupuestos en contra de sus deseos reales.
El «Amor a la Verdad» y la red de mecenas. Al cierre de la página, Roth-Scholz despliega su característica caballerosidad intelectual y diplomacia gremial. Aclara explícitamente que su denuncia de archivo no nace de una enemistad personal o pasión destructiva («keiner Passion») contra la saga tipográfica de los Braun de Leipzig, a quienes califica de antiguos y entrañables amigos del taller («meine alten guten Freunde»).Justifica su labor ecdótica y el desvelamiento del fraude apelando al valor supremo de la Ilustración alemana temprana: el puro, sincero e incorruptible amor a la verdad científica («lauterer Liebe zur Wahrheit»). Buscaba dotar a los investigadores de un mapa bibliográfico limpio y transparente para que supieran con exactitud qué reactivos y qué páginas estaban comprando, unificando la ética comercial con el progreso del Theatrum Chemicum, cuya línea argumentativa final se suspende con el reclamo pronominal regular.
[6] El calvario editorial del Aureum Vellus de Trissmosinus. El folio abre engranando linealmente con la partícula regular suspendida en el pie de la página 93 (Es) [^1]. Friedrich Roth-Scholz prosigue con su brillante y descarnada auditoría sobre los fraudes por reempaquetado en las ferias del libro del Sacro Imperio, demostrando que al monumental tratado de Salomón Trissmosinus (el mítico maestro de Paracelso) le ocurrió exactamente la misma desgracia («um kein Haar besser ergangen»).
El silesio rastrea la compleja herencia material de este texto cumbre de la iconografía e iatroquímica del Renacimiento, el «Aureum Vellus» (El Vellocino de Oro):
- Las ediciones fundacionales (1598 y 1604): Se imprimió originalmente en la ceca alpina suiza de Rorschach, a orillas del lago de Constanza («Bodensee»), en 1598, y se completó en Basilea en 1604 estructurado en cinco opúsculos independientes ricamente ilustrados con láminas iluminadas sobre la sal de vitriolo.
- La unificación de Liebezeit (1708): El influyente librero mercantil de Hamburgo Christian Liebezeit —cuyo célebre mostrador se ubicaba físicamente bajo los arcos de la histórica iglesia de San Juan («St. Johannis Kirch»)— concentró los cinco tratados dispersos en un único y robusto volumen en 1708 respetando la terminología del autor.
La artimaña de Felginer en Hamburgo (1718). El fraude comercial estalló cuando el joven impresor Theodor Christoph Felginer ingresó en la firma de Hamburgo en calidad de socio de Liebezeit («als Compagnon trat»). Para vaciar los bolsillos de los bibliófilos («Gelehrten und Buchhändler») forzándolos a comprar un libro que ya poseían, Felginer eliminó las páginas preliminares y sustituyó la portada de 1708 por un título efectista, comercial y rimbombante: «Eröffnete Geheimnisse des Steins der Weisen» (Secretos Desvelados de la Piedra de los Sabios, 1718). Roth-Scholz aporta su propio aval de control bibliográfico remitiendo al lector a la página 15 de su obra cumbre de catálogo Bibliotheca Chemica (Núremberg, 1727), donde ya había desenmascarado y desbancado este engaño de los libreros de Hamburgo.
El fraude de Endter en Nüremberg y el desdoblamiento de Cardilucius. En la segunda mitad del folio, el editor demuestra con notable valentía y neutralidad crítica que las estafas de reempaquetado no eran exclusivas de Hamburgo o Leipzig, sino que se practicaban con total descaro en los propios talleres de su ciudad de residencia: Núremberg.Denuncia las maniobras de la poderosa dinastía de impresores cortesanos Endter (en particular de Wolfgang Moritz Endter):
- Magnalia Medico-Chymica (1710): Los Endter proveyeron al público del grueso tratado farmacológico y metalúrgico del célebre filólogo Johann Hiskias Cardilucius (el pseudónimo civil de Johannes Harprecht desvelado en la página 54).
- La metamorfosis del Antrum Naturae: Al ralentizarse las ventas del remanente de hojas en octavo («8vo»), Endter guillotinó las portadas originales de Cardilucius y relanzó clandestinamente el mismo alijo de papel viejo bajo un pomposo e intrigante título en latín místico: «ANTRUM NATURAE ET ARTIS RECLUSUM» (La caverna secreta y desvelada de la Naturaleza y del Arte). El nuevo subtítulo barroco pretendía engañar a los sabios prometiendo desvelar un elevado misterio cabalístico («hohe Cabalistische Geheimnuß») y recetas secretas de ingeniería metalúrgica, cuando en realidad se trataba de los mismos capítulos de Cardilucius impresos dos décadas atrás, sirviendo este folio como el acta de liquidación de los fraudes de Núremberg antes de que la línea se suspenda con el reclamo regular.
[7] El triple rechazo a la Alquimia: Aristocracia, Populacho y Academia, El capítulo I abre planteando una descarnada radiografía socio-epistemológica de la crisis de credibilidad que padecía la iatroquímica en el umbral del siglo XVIII. El autor anónimo reconoce que escribir sobre la transmutación («Transmutatio Metallorum») exige una notable valentía intelectual, puesto que la disciplina sufría un triple rechazo coordinado desde todos los estratos de la sociedad del Antiguo Régimen:
- El desdén de las élites cortesanas: Las personas distinguidas y de alta cuna («vornehmen Leuten») la miraban con absoluto desprecio por considerarla una vía directa a la ruina financiera de los linajes.
- La mofa del populacho (Pöbels): La mayor parte de la plebe la catalogaba de mero truco de feria o juego de prestidigitación (utilizando el expresivo término gótico «Gauckel-Spiel») empleado por embaucadores ambulantes para cometer fraudes.
- La condena escolástica: La inmensa mayoría de las cátedras universitarias oficiales y los eruditos la declaraban un absurdo físico teóricamente imposible. El autor admite que el escepticismo estaba plenamente justificado por el hecho empírico de que ejércitos de operarios diestros habían pasado sus vidas enteras quemando carbón y reventando matraces en vano («vergebens probiret») sin lograr jamás fijar el oro.
La metáfora de las ovejas y el método de la Ilustración Temprana. En el párrafo II, el filósofo y jurista anónimo ejecuta un soberbio giro argumental propio del racionalismo cartesiano y de la Ilustración alemana temprana (Frühaufklärung). Formula una demolición metodológica de los tres pilares de la autoridad tradicional para justificar la necesidad de su investigación:
- La falibilidad de los Grandes: Dictamina de forma tajante que los gobernantes y los príncipes también cometen graves errores políticos y de juicio («groſſe Leute auch fehlen»).
- Los límites de la Academia: Arremete contra la soberbia universitaria recordando el axioma socrático de que las facultades oficiales y los eruditos no poseen el monopolio del saber absoluto («daß die Gelehrten nicht alles wissen»).
- El gregarismo del Vulgo: Utiliza una hiriente y clásica analogía pastoral para censurar la falta de pensamiento crítico del pueblo llano, afirmando que la masa está habituada a errar debido a que los individuos se copian y siguen ciegamente las opiniones y prejuicios de los demás sin contrastarlos, exactamente igual a como marchan los rebaños de ovejas («wie die Schaafe folgen»).
El fracaso de los falsos principios (Falschen Principis). El autor concluye eximiendo a la naturaleza de los fracasos acumulados en los laboratorios. Explica que el motivo por el cual los operarios y fundidores (los «Künstler») jamás alcanzaban el éxito o el fin deseado en el crisol no se debía a que la transmutación fuera físicamente imposible, sino a que los experimentadores operaban a ciegas guiados por presupuestos teóricos erróneos y principios falsos («aus falschen Principis getrieben»), tales como las fantasías místicas o las aleaciones fraudulentas de arsénico denunciadas en las páginas previas.Si el científico limpia su mente de prejuicios gregarios y abraza los verdaderos fundamentos de la mecánica mineral, comprobará que la iatroquímica aplicada no es un juego de magia, sino una disciplina científica rigurosa que opera de forma casi matemática, un desarrollo analítico y epistemológico que continuará en la página 97 tras suspenderse la frase con el reclamo.
[8] El testimonio visual y el planteamiento del problema. El folio abre engranando morfológicamente con la partícula latina suspendida al pie de la página 96 (thematice), completando el adverbio académico «mathematice» (matemáticamente). El autor anónimo introduce un rotundo aval de control empírico al declarar de forma testifical que él mismo presenció directamente sobre el crisol el resultado transmutatorio («ich den Effect mit Augen gesehen»), lo que le legitima para abordar el problema con absoluto fundamento y neutralidad científica ante los tribunales.Formula formalmente el objeto del litigio en el párrafo III: la viabilidad física del Arte para mutar los cuatro metales base clásicos —la Plata, el Cobre, el Plomo y el Azogue (mercurio liquidante)— en Oro puro, dividiendo a la comunidad entre los operarios que custodian el secreto y los escépticos que, al ignorar los mecanismos de la naturaleza, declaran el proceso un imposible absoluto.
La deconstrucción de los Schein-Gründen escolásticos. El núcleo de la página se consagra a desglosar los argumentos aparentes o falacias teóricas («Schein-Gründen») que los profesores de las facultades oficiales utilizaban para encubrir su ignorancia de laboratorio. El autor identifica el pilar maestro de la resistencia escolástica: el dogma de la inmutabilidad de las especies de Aristóteles.La física universitaria tradicional aplicaba rígidamente el axioma lógico de que una Species natural no puede transitar o transformarse íntimamente en otra diferente («daß eine Species in die andere nicht könne verwandelt werden»). Los académicos argumentaban que, aunque el plomo y el oro compartieran el concepto general abstracto («General-Concepte») de pertenecer a la familia de los metales, sus esencias internas, densidades y formas sustanciales eran por completo heterogéneas, fruto de acciones geológicas y matrices planetarias inconexas.
La analogía zoológica absurda: Ardillas, Liebres y Caballos. Para ridiculizar la crisopeya ante los magistrados, los profesores universitarios del siglo XVII recurrían a una llamativa y célebre analogía zoológica y biológica, la cual el autor transcribe de forma minuciosa: argüían que pretender fundir plomo para extraer oro macizo era un absurdo tan monumental como pretender que en el bosque una ardilla («Eichhörnichen») mutara orgánicamente su estructura hasta convertirse en una liebre («Haasen»), y que esta liebre sufriera una segunda metamorfosis atómica hasta transformarse en un caballo («Pferd»).Al asimilar los metales a las especies zofílicas vivas cerradas, la ciencia escolástica encadenaba el Reino Mineral a las leyes del Reino Animal. El autor anónimo expone esta postura aristotélica con total fidelidad en este folio para preparar el contraataque físico y mecanicista que desplegará en la página 98, donde demostrará que, a diferencia de los animales, los metales no poseen almas biológicas fijas, sino que constituyen agregados de sales solubles susceptibles de ser reorganizados en el crisol mediante el solve & coagula.
[9] La objeción macrocósmica: El determinismo de las influencias estelares. El folio abre engranando linealmente con los argumentos escolásticos que se venían exponiendo en la página 97. En este párrafo IV, el autor anónimo detalla la refinada objeción cosmológica y astrológica que las facultades universitarias tradicionales esgrimían para impugnar la reproducibilidad técnica de la alquimia:
- La introducción de la «Forma»: Siguiendo la física aristotélica y escolástica, la materia base por sí sola (el mercurio o el plomo groseros) carecía de la dignidad atómica del oro. Para transmutarse, requería que se le insuflara una «forma esencial» («Forma») que reordenara sus cualidades secundarias (color, densidad, ductilidad).
- La sincronización de los Aspecten astrales: Los académicos argumentaban que esta impronta formal no se lograba con fuegos de carbón ordinarios, sino que dependía estrictamente de una alineación sideral exacta en la bóveda celeste. Los planetas y las constelaciones debían confluir en una posición y ángulo geométrico muy específicos (los aspectos astrales o «Aspecten») para proyectar un haz concentrado de energía sutil o influencia determinada («determinirten Influenz») sobre las venas de las minas. Dado que los químicos de laboratorio eran incapaces de calcular, y mucho menos de replicar artificialmente, este sutil reloj cósmico cósmico en un abrir y cerrar de ojos, la escolástica concluía de forma silogística que su arte era fatuo, estéril y vano («ergo ist ihre Kunst eitel und vergebens»).
Principio Interno frente a Principio Externo: Natur contra Kunst. La segunda mitad del folio aborda la gran frontera ontológica que dividía el pensamiento científico de la Ilustración temprana: la distinción entre las fuerzas orgánicas espontáneas de la Tierra (la Naturaleza) y las capacidades mecánicas de la tecnología humana (el Arte):
- Innerlichen Principio: La escolástica defendía que la verdadera generación de los metales («Zeugung der Metallen») en las profundidades de las cordilleras pedregosas era una obra exclusiva de la naturaleza, la cual operaba impulsada por un motor interno, intrínseco y vital (el «innerliche Principium») capaz de esculpir las formas esenciales puras de las sustancias.
- Äusserliches Principium: Por el contrario, la mano del iatroquímico en su taller constituía un mero principio extrínseco y superficial (el «äusserliches Principium»). Las retortas, los baños de arena y los ácidos solo tenían la potencia de alterar la corteza exterior de los cuerpos (el color de la superficie, la pátina o el brillo), actuando como una simple transformación cosmética o aparente («nach Art einer Verwandlung»), pero resultando impotentes para alterar la matriz íntima de la mezcla de los elementos («Vermischung der Elementen»).
Al exponer el autor anónimo estas objeciones con tanta lucidez conceptual y académica, prepara el terreno ante los juristas de 1729 para demostrar en los capítulos posteriores que esta frontera entre lo interno y lo externo es puramente artificial, y que el Arte, lejos de violentar a la naturaleza, opera como su ministro supremo, acelerando en pocas horas mediante los elixires salinos los mismos procesos de maduración atómica que la Tierra tarda siglos en consumar en la oscuridad de las minas, un contraataque epistemológico cuyo desarrollo continuará tras el reclamo de la base.
[10] La objeción del crisol artificial frente al útero de la Tierra. El primer bloque en prosa concluye la argumentación sobre el determinismo topográfico y geográfico que se venía desarrollando en la página 99 [^1]. Los detractores de la iatroquímica sostenían que Dios y la naturaleza generadora («zeugende Natur») sellaron propiedades minerales exclusivas en parajes geológicos específicos, razón por la cual la biogeografía dicta que ciertas especies exóticas de la historia natural (plantas, fieras y menas metálicas) solo nacen en regiones climáticas o mineras muy acotadas del planeta.
A partir de este axioma, la academia universitaria lanzaba una demoledora crítica técnica contra la infraestructura del laboratorio: denunciaba que los operarios pretendían replicar la maduración del oro encerrando la materia en matrices artificiales precarias, a saber: vasos de vidrio soplado («gläsernen Gefässen»), morteros de piedra o crisoles de barro cocido y alfarería («töpffernen Gefässen»). La escolástica dictaminaba que estos recipientes mecánicos eran radicalmente estériles, puesto que carecían de las presiones telúricas, los jugos sulfurosos y el calor vivificante constante que nutren los metales en el seno recóndito e interior de la corteza terrestre («Schoß der Erden»), condenando los experimentos al fracaso inevitable.
[11] Las «Fábulas Poéticas» y las Fantastereyen de la literatura química, El folio abre engranando perfectamente con el listado de autoridades de la página 100. Tras reconocer el bando escéptico que mentes de la talla de Avicena o Paracelso no eran locos ni farsantes comunes, la escolástica universitaria formulaba un demoledor diagnóstico contra la oscuridad retórica de sus manuales.Denunciaban que al abrir estos libros de secretos, el investigador no hallaba ecuaciones mecanicistas, sino un denso bosque de fábulas poéticas alegóricas («Poetische Fabeln») e imágenes mitológicas (como el fénix o el león verde) que resultaban completamente inútiles al ser confrontadas con el trabajo empírico en la mesa de laboratorio («in der Operation»). La academia declaraba que este lenguaje críptico era la prueba institucional de que la crisopeya era una falsa ciencia y un nido de fantasías abstractas («Fantastereyen») que los discípulos multiplicaban de generación en generación sin verificar los reactivos.
El fracaso financiero de las Cortes: Las Schatz-Kammer vacías. El párrafo VII articula la objeción política y económica de los cameralistas, un argumento de enorme peso ante los juristas de 1729:
- El mecenazgo frustrado: Durante los siglos XVI y XVII, decenas de emperadores, reyes y príncipes soberanos («Könige und Fürsten») —incluyendo a Rodolfo II en Praga o a Cristián IV en Dinamarca— financiaron suntuosos laboratorios cortesanos y asignaron presupuestos masivos a los químicos impulsados por la necesidad de acuñar moneda hígida.
- La sentencia de fraude (Betrogen worden): El balance de esta inversión de estado fue catastrófico. Las actas de las cancillerías demostraban que los príncipes terminaron sistemáticamente estafados y burlados por impostores («betrogen worden»). En lugar de ver rebosantes sus cámaras del tesoro soberanas («Schatz-Kammer»), los soberanos vieron sus arcas públicas vaciadas por el costo del carbón, los crisoles y las pensiones de los sopladores, sirviendo este registro de quiebras soberanas como la prueba oficial del bando escéptico.
La paradoja del alquimista indigente (Allerärmste Leute). El tramo final del folio (párrafo VIII) expone la paráfrasis de la paradoja socioeconómica clásica que la Ilustración temprana utilizaba para desmantelar la reputación de los operarios de feria, el gremio de los autodenominados hacedores de oro o «Goldmacher». El autor anónimo expone con total crudeza la contradicción lógica del oficio:
- La miseria de los maestros: El público constataba que los operarios que pretendían dominar la llave de la riqueza universal vagaban por las ciudades alemanas sumidos en la indigencia, siendo sociológicamente las gentes más pobres de la tierra («allerärmste Leute»).
- La venta de recetas: Para sobrevivir, estos vagabundos ofrecían vender sus secretos, tinturas y procesos («Processe») a los nobles a cambio de elevadas sumas de dinero en efectivo. La ciencia oficial lanzaba aquí un implacable silogismo legal: si el arte de un operario fuera verídico, eficaz y reproducible, el químico jamás tendría la necesidad de mendigar monedas ni de vender sus manuscritos, puesto que le bastaría con fundir un trozo de plomo en su sótano para colmar sus necesidades, concluyendo el bando escéptico que su negocio era un puro fraude, un clímax de acusaciones cuya deconstrucción total se interrumpirá al pie con el reclamo.
[12] Los corsarios de feria (Capers) y la teología del trabajo. El folio abre engranando linealmente con el reclamo gramatical fijado al pie de la página 101 (als) [^1]. El bando fiscal y escéptico asesta un durísimo golpe ético contra el gremio de los charlatanes ambulantes, acusándolos mediante una expresiva metáfora de ser auténticos piratas o corsarios terrestres («Capers») que se dedican llanamente a «vender viento» («Wind verkauffen») embaucando a los burgueses incautos para vaciar la bolsa del prójimo («Naͤchſten Beutel»).Para demoler la crisopeya ante los juristas de la corona, el texto recurre a la teología luterana de la economía y la moral del trabajo del Génesis 3:19: recuerda que el Creador no diseñó la física del universo para que el hombre atajara su destino fabricando oro artificialmente en un sótano. Por el contrario, Dios decretó como ley perpetua que el pan se ganaría con el sudor de la frente («im Schweiß ſeines Angeſichtes»), un mandato ascético providencial destinado a que la humanidad no caiga en las cadenas del materialismo y los deseos dañinos del mundo, citando de forma literal las advertencias de 1 Timoteo 6:9 sobre los lazos de la avaricia.
El secreto de Estado (Conspirationes) frente al Arcano químico. La sección central despliega una deslumbrante analogía sociopolítica y de alta inteligencia cortesana propia de la República de las Letras del siglo XVIII para demostrar que el Arcano de la transmutación es una imposibilidad sociológica:
- La ley de la delación en los complots: El autor anónimo argumenta que la historia de los estados absolutistas demuestra que es materialmente imposible mantener un secreto a salvo si está compartido por un cónclave de seres humanos. Invoca el ejemplo de los complots políticos más extremos y de seguridad de estado: las conspiraciones de regicidio magnicidio («Conſpirationes») urdidas para asesinar a los monarcas legítimos o testas coronadas («geſalbte Haͤupter» / jefes ungidos). Las actas judiciales de las cancillerías demuestran que tan pronto como un complot involucra a más de dos personas («mehr als 2. Perſonen»), la traición, el miedo o la ambición de un confidente provocan que el secreto sea descubierto y descoyuntado de forma fulminante («gar bald entdecket worden»).
- La ruptura del juramento Sub Fide Silentii: Aplicando este teorema de la delación al laboratorio, si la piedra existiera realmente en la naturaleza («in rerum natura»), el secreto habría saltado por los aires inevitablemente debido al flujo de la afectividad familiar y social. Aunque los maestros se transmitieran la fórmula de las sales bajo el más sagrado juramento de silencio iniciático y fidelidad masónica («ſub fide ſilentii»), la inclinación natural de los padres a enriquecer a sus propios hijos y la confidencialidad compartida entre amigos íntimos habrían provocado una filtración en cadena masiva.
La devaluación de la moneda y el oficio del jabón (Seiffensieden). El tramo final de la página plantea una pavorosa advertencia de economía política y cameralismo que atemorizaba a los ministros de hacienda del Sacro Imperio. Si el secreto se hubiera filtrado, el Arte habría dejado de ser un saber divino reservado a los filósofos clásicos; se habría democratizado y convertido en un oficio industrial vulgar, plebeyo y rutinario, idéntico al trabajo manual de los artesanos de los gremios urbanos dedicados a la fabricación de jabón («Seiffenfieden», una tarea manual pesada basada en hervir grasas animales con lejías de ceniza).El autor clama horrorizado ante los magistrados («Und, hilff ewiger GOTT!» / ¡Y asiste, Dios eterno!), anticipando el Apocalipsis macroeconómico y la inflación hiperbólica absoluta que sufriría el orden social y la estructura de los estados civiles si el oro perdiera de golpe su escasez natural por culpa de los talleres, una interrogación sobre el destino de la República («Republique») que quedará dramáticamente suspendida con el reclamo terminal.
[13] El colapso del Pretium Rerum y el pánico cameralista. El folio abre engranando linealmente con la partícula silábica del galicismo político suspendido al pie de la página 102 (que), completando el sustantivo soberano «Republique» (República). El bando fiscal cierra su alegato lanzando una devastadora advertencia de teoría monetaria y derecho público que sintetizaba los mayores temores de los ministros de hacienda del siglo XVIII: si el Arcano de la crisopeya se democratizara y se volviera un saber común de los talleres urbanos, la inyección masiva de oro artificial desataría una inflación hiperbólica inexpresable («unauſſprechliche Conſuſion»).El Príncipe o Monarca reinante (designado mediante la dignidad del derecho romano imperial «Der Princeps») perdería el control de la ceca del estado y se vería obligado por fuerza a anular el valor oficial del oro, viéndose constreñido a inventar un patrón o baremo de valor de cambio enteramente nuevo para las mercancías («ein ander pretium rerum zu erfinden») para impedir la quiebra absoluta y el desmoronamiento del orden civil de las naciones bien constituidas. El bloque fiscal clausuraba su acusación decretando de forma tajante que la alquimia era una patraña nacida en los cerebros de gentes codiciosas y propagada por insensatos.
El giro forense de la réplica: El desmantelamiento de los Argumenta. En el párrafo IX, el tratado ejecuta un espectacular e histórico giro de guion procesal y forense. El autor anónimo toma la palabra en primera persona para iniciar la réplica y defensa legal de la iatroquímica. Dirigiéndose directamente al público («geneigter Leser» / estimado lector), concede de forma estratégica que las objeciones fiscales previamente expuestas son las más potentes del bando contrario y que gozan del aplauso tanto de los claustros académicos como del vulgo («unter denen Gelehrten und Ungelehrten»).Sin embargo, aplicando un riguroso examen de lógica jurídica y mecanicista, el jurista dicta una sentencia demoledora: afirma con total rotundidad que todos esos solemnes argumentos de los adversarios («Argumenta»), al ser auditados bajo las leyes de la física y el derecho común, no resisten en lo más mínimo un análisis serio ni se sostienen en pie (utilizando el castizo modismo forense germánico «im geringsten nicht Stich halten»).
Los operadores de «Manos Sucias» (Ungewaschenen Händen). El autor marca una línea de notable prudencia moral y distanciamiento científico para blindar su reputación ante los jueces del Imperio. Aclara explícitamente que su intención en este pleito no es redactar un panfleto publicitario para incitar a la población a fundir metales en sus casas.Utiliza una expresiva y clásica metáfora corporativa de los talleres para censurar la saturación del mercado, lamentando que la sociedad ya esté plagada de farsantes y necios ignorantes («Thoren») que se atreven de forma temeraria a usurpar los sagrados misterios de la naturaleza abordando la Gran Obra con las manos sucias o sin lavar («mit ungewaschenen Händen», término empleado en el siglo XVIII para designar a los charlatanes desprovistos de disciplina matemática, filológica y moral). Su único y honesto propósito ante el tribunal consiste en demostrar con rigor de archivo dos verdades institucionales: por qué el Arcano es un bien tan escaso en la historia, y que la transmutación es físicamente posible («möglich»), real y enteramente ajena a una vana quimera de la imaginación.
La estrategia procesal del Capítulo X. El tramo final (párrafo X) establece la hoja de ruta metodológica de la réplica legal. El jurista anónimo adopta una brillante táctica forense de contraataque: anuncia que invertirá el orden de los factores para comenzar su defensa refutando de forma prioritaria el último argumento esgrimido por los escépticos en la página 102 (a saber: la objeción sociológica sobre la imposibilidad de mantener el secreto a salvo a diferencia de las conspiraciones de estado), disponiéndose a demostrar cómo las redes de los verdaderos adeptos son capaces de resguardar el gran misterio («groſſe und wichtige Geheimnuß») en medio de la sociedad civil sin que se devalúe el patrón del metal noble, un inicio de la réplica cuyo término estructural se suspende con el reclamo regular.
[14] El control teológico de la inflación: El GOTT der Ordnung. El folio abre engranando linealmente con la partícula silábica alemana suspendida al pie de la página 103 (heimnuß), completando el sustantivo abstracto primario «Geheimnuß» (misterio / secreto) [^1]. El autor anónimo ejecuta un contraataque magistral para neutralizar el pánico macroeconómico cameralista planteado por los fiscales en la página 103 (sobre el colapso del patrón monetario y el valor de las cosas).El jurista argumenta que el mercado financiero del oro no corre peligro de sufrir una inflación hiperbólica destructiva porque el Arcano no está a merced de las leyes de la oferta y la demanda comerciales; su custodia depende de forma directa y absoluta de la soberana voluntad y supervisión del Dios Altísimo. Dado que el Creador es un Dios de orden estricto («ein GOTT der Ordnung»), interviene activamente en la historia de la ciencia para dosificar el Arcano. Dios bloquea el acceso a las fórmulas para impedir que una multitud de operarios fabrique oro a partir de metales comunes y baratos («geringen Metallen») en cantidades masivas, salvaguardando de forma providencial la estabilidad geopolítica y civil de los reinos.
Dios como el Escudriñador de Corazones (Herzens-Kündiger). El segundo bloque define la psicología moral y la deontología mística requeridas para el progreso de la investigación de laboratorio. El texto describe a Dios bajo el atributo teológico de «Herzens-Kündiger» (el conocedor o escudriñador íntimo de las intenciones del alma). El Altísimo audita las motivaciones secretas del operador antes de conceder la cristalización de las sales en el fondo del vaso:
- Los perfiles rechazados: Si Dios detecta que el investigador busca el éxito para alimentar su vanidad cortesana, entregarse a los placeres de la carne y la lascivia («eiteler Ehre und Wollust»), o llanamente para acumular lingotes acuciado por una infame y pecaminosa avaricia («schändlichen Geitz»), el canal químico se cierra de forma inmediata.
- El perfil legítimo: El Arcano está reservado exclusivamente para aquellos sabios benévolos que consagran el rendimiento metalúrgico a la gloria divina y a mitigar la miseria de la sociedad civil mediante la caridad y el beneficio del prójimo («des Nechsten Nutzen»).
Las Fatalitäten providenciales y la muerte sobre el crisol. Para demostrar de forma empírica ante los magistrados este control selectivo divino, el autor aporta una inquietante y documentada observación extraída de las crónicas de los laboratorios: relata que la historia está plagada de investigadores codiciosos que, tras haber descifrado la suite teórica y hallarse ya a un milímetro de culminar con éxito la fijación del oro, sufrieron súbitos e inexplicables castigos fulminantes.Unos caían muertos de forma repentina («plötzlich verstorben») en sus sótanos inhalando los propios vapores tóxicos de sus hornos; otros veían sus trabajos completamente desmantelados en el último segundo por la irrupción de extraños accidentes de taller y desgracias térmicas de fuerza mayor (denominadas mediante el concepto clásico del Barroco tardío «sonderbahre Fatalitäten», como la fractura espontánea de los vidrios o el colapso de las chimeneas), actuando estas tragedias como los frenos metafísicos aplicados por la Providencia para desactivar a los indignos.
La iluminación de la Genuina Materia. El tramo final de la página dicta el protocolo ascético que debe asumir el perfecto operador ilustrado antes de tocar las herramientas («ehe er die Hand an dieses wichtige Werck leget»). El investigador debe arrodillarse, limpiar su corazón de ambiciones materiales e invocar la iluminación divina («GOTT… anruffen»).Esta gracia espiritual no opera de forma mágica; actúa dotando al entendimiento humano de una luz racional y científica indispensable para dos grandes fines prácticos: identificar de forma inequívoca la verdadera y genuina sustancia base del Reino Mineral (la «genuina materia») libre de los engaños de los sofistas, y atraer la bendición soberana («Seegen») sobre todas las fases físicas de la manipulación. El jurista concluye introduciendo una pauta de saludable racionalismo al aclarar explícitamente que esta iluminación no consiste en sentarse a esperar pasivamente milagros, visiones o revelaciones proféticas sobrenaturales («besondere Offenbahrunge»).
[15] Las tres virtudes científicas: Gedult, Nachsinnen & Verschwiegenheit. El folio abre engranando perfectamente con la partícula restrictiva alemana suspendida al pie de la página 104 (dern) [^1]. El autor clausura su introducción metodológica fijando las tres virtudes psicológicas, intelectuales y gremiales que operan como los verdaderos requisitos («Requisita») para el éxito de la investigación. Desbanca de forma tajante el silogismo de los fiscales que pretendía declarar la iatroquímica como una entidad inexistente, quimera o falsedad absoluta (utilizando el término del derecho y la escolástica romana «non ens») basándose en el mero hecho estadístico de que ejércitos de sabios y cortesanos hubieran fracasado en sus búsquedas. El fracaso de la masa no anula la realeza de la ley física; simplemente demuestra que entre miles de sopladores, apenas uno posee la autodisciplina de la paciencia heroica en los tiempos de cocción («Gedult»), la capacidad de reflexión mecanicista («Nachsinnen») y el absoluto y hermético secreto («Verschwiegenheit») exigido para custodiar el Arcano.
La demolición del dogma aristotélico: Speciem in speciem. En el párrafo XII, el jurista aborda el núcleo forense del debate al encarar la primera y más célebre objeción de los profesores universitarios: el axioma lógico-aristotélico «Speciem in speciem non posse transmutari» (analizado en la página 97 mediante la analogía de la ardilla que muta en caballo). El autor ejecuta una brillante finta procesal al declarar ante los magistrados que la academia yerra en su ataque porque la alteración profunda de las especies biológicas vivas «gar nicht die Intention der Alchymisten sey» (no es, en absoluto, la intención de los químicos). Los iatroquímicos no pretenden violentar las leyes de la vida orgánica animal o botánica; su territorio es la física molecular del Reino Mineral.
La ley de Kunckel: Transmutatio frente a Propagatio. Para trazar esta línea divisoria fundamental entre los reinos de la historia natural, el texto invoca la máxima autoridad del laboratorio de la Ilustración centroeuropea: el insigne químico y boticario alemán Johannes Kunckel (Kunckel von Löwenstern, 1630–1703) [INDEX]. Kunckel, famoso por perfeccionar la tecnología del cristal de rubí y descubrir de forma independiente el aislamiento del fósforo, disfrutaba de un inmenso crédito institucional al haber dirigido los laboratorios estatales de los príncipes electores de Brandeburgo y del rey de Suecia. El autor transcribe y cita de forma exacta la página 567 de la obra cumbre de Kunckel, el Laboratorium Chymico (edición póstuma de Leipzig y Hamburgo, 1716), donde el maestro fijaba las fronteras de las reacciones de la materia mediante tres categorías académicas latinas:
- Transmutatio: La reorganización de los componentes atómicos y las sales de los cuerpos inertes y minerales, susceptibles de ser fundidos y reestructurados en el crisol.
- Propagatio: Las leyes exclusivas de la reproducción y la vida biológica orgánica dispuestas por Dios.
- Maturatio: El proceso de incubación, digestión y refinamiento térmico de las esencias.
La analogía del huevo y el polluelo. Kunckel demostraba la soberanía de la naturaleza vegetal y animal mediante el célebre ejemplo del huevo y el polluelo («Ein Ey… ein Küchlein»): el nacimiento de un ave a partir del lecho térmico y calor de incubación de la gallina constituye un milagro de propagación biológica vital inmutable («propagatio»). El Arte humano, con toda su tecnología, sus retortas y su ingeniería, es completamente impotente para fabricar un huevo vivo desde la nada, así como es incapaz de forzar mecánicamente a una gallina a ovular fuera de sus ciclos de la especie. Sin embargo, cuando la vida se extingue, el cuerpo del polluelo obedece de nuevo a las leyes de la física inorgánica descompuesta, resolviéndose en una materia viscosa amfa («viscolam materiam»), cenizas y agua, elementos que pertenecen al territorio del químico, un deslinde fundamental entre la vida orgánica y los minerales cuya resolución analítica continuará al reverso tras el reclamo.
[16] El axioma de continuidad: Comenzar donde la Naturaleza se detiene. El folio abre engranando morfológicamente de forma lineal con la partícula verbal de reclamo fijada al pie de la página 106 (der), completando la frase sobre el papel del químico como el ministro o ayudante de la física mineral («derselben wohl…») [^1]. El autor formula una regla metodológica fundamental de la Ilustración temprana: el científico no debe intentar inventar leyes artificiales abstractas o buscar caminos exóticos lejanos; su única tarea legítima consiste en auditar los procesos geológicos y comenzar a operar justamente en el punto exacto donde la naturaleza interrumpió su curso («wo die Natur stehen blieben»), utilizando el fuego del horno como un acelerador mecanicista.
La teoría unificada de los Tres Reinos (Drey Reichen) y el Sperma metálico. En el párrafo XIII, el jurista anónimo despliega el andamiaje filosófico central de su réplica forense ante los magistrados del Imperio, sentando la ley de analogía de los tres reinos de la historia natural (animal, vegetal y mineral). El texto argumenta que el sabio Creador («Schöpffer») unificó la física del universo bajo un único código biológico: la generación («Erzeugung») solo es posible a través de la mediación de semillas específicas («Saamen» / sperma):
- Regno animali: El nacimiento de un nuevo espécimen surge de forma evidente por la mixtura de los fluidos seminales masculinos y femeninos en un útero cronológico determinado.
- Regno vegitabili: El jardinero y el agricultor constatan diariamente que la multiplicación («multiplicatio») de los granos brota espontáneamente una vez que la semilla es arrojada al suelo labrado, sin que el campesino tenga que intervenir en la división atómica de la savia.
- Regno metallico: Aplicando un riguroso silogismo inductivo, el autor dicta que el Reino Mineral («regno metallico») obedece exactamente a la misma matriz constructiva. Los metales no nacen de agregaciones caprichosas de piedras; se multiplican a partir de una semilla metálica legítima («metallischen Saamens»). La única y heróica dificultad de la iatroquímica radica en desenterrar y aislar este reactivo seminal sutil, el cual permanece oculto a los ojos de la masa académica, declarando bienaventurados a los pocos operarios que logran purificarlo en sus matraces.
El desmantelamiento de la objeción astrológica (Positum Planetarum). El tramo final del folio ejecuta la demolición definitiva de la compleja objeción cosmológica y astrológica planteada por los fiscales en la página 98 (donde se afirmaba que la transmutación era imposible porque el hombre no podía sincronizar los tiros de fuego con los aspectos astrales del firmamento). El autor anónimo desbanca este determinismo estelar mediante un argumento de notable pragmatismo agrícola: demuestra que, del mismo modo que el labrador arroja el grano de trigo al surco y la semilla germina por sus propias fuerzas internas sin que el campesino tenga que pasar las noches calculando angustiosamente la regencia de las constelaciones en la bóveda celeste, el químico metalúrgico tampoco tiene la menor necesidad de preocuparse o angustiarse («ängstlich zu beküm[mern]») por la posición exacta de los planetas («positum Planetarum») ni por sus ángulos geométricos («Aspecten»).El jurista concede con moderación científica que las energías macrocósmicas sutiles de los astros sí ejercen una influencia general difusa sobre el crecimiento mineral de las cordilleras pedregosas; pero dictamina ante el tribunal que, una vez que el verdadero Künstler ha logrado aislar la semilla metálica concentrada en su vaso de vidrio, el reactivo ya encierra en su matriz íntima toda la potencia catalizadora activa necesaria para consumar la maduración del oro de forma autónoma, independientemente de los tránsitos celestes, un triunfo de la reproducibilidad del laboratorio ilustrado.
[17] La superación de la Naturaleza mediante el calor artificial. El folio abre resolviendo de forma lineal la raíz verbal truncada al pie de la página 107 (bekuͤm=), completando la instrucción forense sobre la inutilidad del cálculo astrológico en el laboratorio («bekümmern») [^1]. El autor asienta una tesis audaz: una vez que el químico conoce la verdadera sustancia mineral básica (la «genuinen materie»), el éxito no depende de las constelaciones, sino de regular un calor físico y conforme a las leyes de la naturaleza («Natur gemässe Wärme»). La tecnología de los hornos de viento permite al Künstler mantener temperaturas constantes y optimizadas, logrando perfeccionar («perfectioniren») los metales en un grado de pureza química mucho más elevado y veloz que el que la propia Tierra ejecuta de forma espontánea y descontrolada en las minas.
El laboratorio de la semilla: La sal vegetal (Vegitablisches Salz). En el párrafo XIV, el jurista despliega una minuciosa lección de fisiología botánica y química agrícola comparada para demostrar a los magistrados del Sacro Imperio que los procesos del crisol son idénticos a las transformaciones cotidianas del campo. Utiliza el arquetipo del grano de trigo («Weitzen-Korn») para introducir el concepto macrocósmico del solve et coagula:
- La pureza de la matriz: El grano debe estar incontaminado para que su componente químico regulador, denominado en la iatroquímica barroca como la sal vegetal o sal del crecimiento («vegitablisches oder wachsend machendes Salz»), no sufra alteraciones.
- El suelo salino como disolvente: Al sembrarse en una tierra labrada y rica en nitratos o sales naturales («gesalzenen Erdreich»), el grano es estimulado por los rayos del sol («Sonnen-Strahlen») y el aire húmedo, elementos que actúan como los verdaderos reactivos y disolventes de la naturaleza.
La putrefacción de la materia y la liberación de la Seele. El tramo final detalla las fases físicas de la germinación, asimilándolas a las fases térmicas de la purificación metálica:
- La fase de disolución (Resolviret): La tierra disuelve («resolviret») la corteza del grano, rompiendo los lazos físicos de su compactación o fijación atómica molecular original («Banden seiner Fixation»).
- El clímax del Nigredo (Faulet): El grano entra en una fase obligatoria de putrefacción y descomposición («faulet»), hinchándose y despojándose de su vaina exterior. En la ciencia del siglo XVIII, esta «muerte» biológica previa era indispensable para romper el estado inerte de la materia.
- La liberación del espíritu vivo: Al corromperse la corteza, el alma o principio espiritual activo («Seele») que permanecía prisionero y latente en el núcleo recobra la vida, ascendiendo de forma dinámica para estructurar el tallo y multiplicar el grano en la espiga.
El autor anónimo utiliza esta imponente metáfora del trigo para preparar el terreno jurídico ante el tribunal: si la naturaleza requiere disolver, corromper y liberar la «sal» de un grano vegetal antes de multiplicarlo, el químico opera exactamente bajo la misma ley universal en el Reino Mineral, disolviendo el mercurio y el plomo groseros para liberar su «alma» metálica y transmutarlos en la espiga de oro de la vajilla de la esposa.
[18] El agua que mata y vivifica (Aqua Vitæ). El folio abre engranando linealmente con la analogía botánica del grano de trigo expuesta en la página 108. El autor anónimo traslada las leyes de la germinación directamente al Reino Mineral («metalliſchen Regno»). Establece que el operador («Künstler») no actúa de forma violenta o artificial; coopera de forma estricta como el ministro de la naturaleza. Su primera gran tarea consiste en tomar el oro puro y someterlo a una purificación («Purification») radical utilizando el reactivo maestro de la iatroquímica barroca: un menstruo, disolvente o licor salino concentrado calificado alegóricamente como «un agua que mata y vuelve a dar la vida» («ein toͤdtendes und wieder lebendig machendes Waſſer»), expresión empleada para designar a los ácidos minerales refinados (como el agua regia o el espíritu de vitriolo).Este reactivo tiene la potencia de atacar la estructura molecular del oro, disolviendo («aufloͤſen») y rompiendo los lazos físicos o ataduras en las que el metal noble permanecía inerte y bloqueado por la cohesión íntima de su componente fijo (su azufre y su sal / «Schwefel und Salz»).
La extracción del Alma del Oro y la matriz del Mercurius Philosophorum. El segundo bloque detalla la suite operativa del solve et coagula aplicada al metal rey mediante una digestión térmica controlada («Digeſtion»):
- La liberación de los principios sutiles: Al corromperse y abrirse el cuerpo metálico denso, el alma y el espíritu («Seele und Geɪſt») que permanecían prisioneros e impotentes en el núcleo del oro son liberados y extraídos de su propio lecho corporal («von ihrem eigenem Leibe ausgezogen»). La materia recobra su carácter seminal activo y fluido («ſpermatiſchen Krafft»).
- La siembra en el campo preparado: El jurista introduce la regla de oro de la cristalización crisopeyica: esta semilla sutil purificada debe ser sembrada inmediatamente en el único lecho o matriz mineral compatible y fértil del laboratorio: el Mercurio de los Filósofos (Mᴇʀᴄᴠʀɪᴠᴍ Pʜɪʟᴏsᴏᴘʜᴏʀᴠᴍ, el azogue purificado de escorias y enriquecido con sales de amoniaco).
El Árbol de Oro (Gold-Baum) y los límites de los pliegos. Al unirse la semilla del oro vivo con la matriz del mercurio filosófico bajo el calor templado del baño de arena, se desencadena una reacción de cristalización dendrítica espectacular que los iatroquímicos denominaban la producción del Árbol de Oro («Gold-Baum» o Arbor Dianae / Árbol de Diana en su vertiente argéntea). Esta vegetación metálica artificial, que crecía extendiendo filamentos dorados en el fondo del matraz de vidrio, constituía la prueba empírica e institucional definitiva que los defensores del Arte esgrimían ante los tribunales: demostraba visualmente que los metales sí poseían una semilla activa y que eran capaces de multiplicarse y dar frutos abundantes («reichliche Fruͤchte traͤget») del mismo modo que un grano de trigo en el surco del campo.El autor anónimo ejecuta una elegante cláusula de cierre metodológica y forense al declarar que debe interrumpir la descripción técnica detallada de la suite operativa. Aclara con honestidad ilustrada que no es su pretensión engañar al tribunal prometiendo enseñar la totalidad de los secretos de la ingeniería química en el estrecho margen material de unos pocos pliegos de papel de trapo («dieſen wenigen Bogen»). Su único y legítimo fin procesal en este pleito consistía en desmantelar con argumentos físicos e institucionales las objeciones («Einwuͤrffe») de los fiscales escolásticos.
[19] La alianza de la Natur y el Kunst: El colapso del tiempo geológico. El folio abre engranando linealmente con la marca capitular decimosexta (XVI) fijada por el reclamo de la página 109 [^1]. El autor anónimo plantea un contraataque epistemológico brillante para demoler la objeción temporal de los fiscales de la página 99, quienes pretendían que la alquimia era un engaño absurdo porque la Tierra requería un ciclo metabólico ininterrumpido de mil años para madurar los metales base en las minas.
El jurista introduce el gran principio unificador de la ciencia ilustrada: cuando la Naturaleza (los reactivos y las leyes físicas intrínsecas) y el Arte (la tecnología de la retorta humana) operan de forma mancomunada y coordinada, el químico posee la potencia legítima de abreviar, acelerar y acortar drásticamente los tiempos geológicos («solche durch Kunst verkurtzen könne»).
La analogía tecnológica: El invernadero y el agro intensivo. Para volver esta tesis empírica «tan clara como el Sol» («ganz Sonnen-klar») ante los magistrados de la corte civil, el texto abandona la terminología de los elixires y recurre a dos célebres analogías tomadas del desarrollo de la agronomía, la botánica y las fuerzas de producción de la época:
- La calefacción invernal: Invoca el ejemplo del jardinero de las cortes barrocas. Mediante el uso de invernaderos dotados de un calor artificial particular modulado por estufas («besondere Wärme»), el hortelano es capaz de subvertir las estaciones y hacer brotar rosas y frutas maduras exóticas en pleno invierno («mitten in dem Winter»), saltándose las restricciones de los meses naturales ordenados por el clima.
- La multiplicación de las mieses: Remite a los experimentos de agricultura intensiva donde, mediante la preparación técnica y el abonado químico del suelo con sales de nitrato («mit Kunst præparirten Felde»), se lograba forzar una multiplicación masiva y acelerada de las espigas de trigo y cereales («Gedreydichts»).
El aval científico de Christian Wolff. Para blindar la reproducibilidad de este método agrícola intensivo frente a los escépticos de la Ilustración temprana (Frühaufklärung), el autor de las Consideraciones invoca un monumental testimonio institucional: cita los descubrimientos del celebérrimo filósofo, matemático y físico alemán Christian Wolff («Herr Professor Wolff», 1679–1754), catedrático de la Universidad de Halle y la figura intelectual más influyente de la Ilustración germánica previa a Immanuel Kant.
Wolff había publicado un tratado científico especializado (su famoso Entdeckung der wahren Ursache von der wunderbaren Vermehrung des Getreydes, 1718 / Descubrimiento de la verdadera causa de la maravillosa multiplicación del grano) donde demostraba mediante el cálculo matemático y el microscopio que las sales disueltas aceleraban la germinación de las semillas sin violentar la naturaleza. El autor aprovecha el inmenso prestigio racionalista de Wolff para lanzar una penetrante interrogación forense: si la ciencia oficial acepta que el calor y las sales aceleran el reino vegetal y el animal, ¿por qué razón empírica las academias prohíben aplicar esta misma ley de aceleración metabólica sobre el Reino Mineral?
La materia oculta ante los ojos. El tramo final de la página aborda el misterio de la materia prima. El jurista concede ante el tribunal que el trabajo metalúrgico es ciertamente más complejo («etwas schwerer») que la agricultura por una causa cognitiva: el reactivo seminal metálico maestro yace de forma cotidiana ante los ojos de la población («täglich vor Augen lieget») —en alusión al vitriolo común o a las sales de las letrinas analizadas por Hollandus en la página 57—, pero es ignorado y pasa desapercibido para la masa por carecer de preparación crítica.Por el contrario, el verdadero Chymicus que sabe identificar esta materia y conoce el régimen del fuego controlado para emular el útero o lugar de gestación del oro («Gold-Gebährung») bajo la retorta, opera de forma idéntica al jardinero de Wolff, cerrando la página con la frase de enlace truncada que prepara el veredicto contra la imposibilidad de los fiscales.
[20] La refutación de la objeción espacial: El vidrio frente a la roca. El folio abre engranando morfológicamente con la partícula adjetiva suspendida al pie de la página 110 (moͤglich,), completando la refutación del dictamen fiscal («unmöglich»). El autor anónimo deconstruye la objeción topográfica y espacial planteada por las facultades oficiales en la página 100 (donde se argumentaba que los laboratorios eran estériles porque operaban con frágiles vasos de vidrio soplado o arcilla en lugar de disponer del recóndito «seno de la Tierra» [«Schoos der Erden»]).El jurista despliega un brillante argumento de física e ingeniería minera: demuestra a los jueces que las vetas nativas de oro y plata son cocidas por el calor geotérmico central («ausgekochet») dentro de los bloques de cuarzo y granito más compactos e impermeables de las montañas. Esta roca o matriz exterior funciona como una mera corteza o cáscara protectora («Schaale») que no inyecta ningún componente atómico ni contribuye en absoluto a la esencia interna del metal noble. Por consiguiente, sustituir la roca de la mina por un vaso de vidrio de laboratorio es un cambio de infraestructura plenamente legítimo, puesto que el vidrio —al ser un material inerte de sílice fundida— cumple la misma función mecánica de aislamiento que la piedra, permitiendo además al Künstler observar a través de las paredes los indicios cromáticos y los signos externos («sattstame Signa») que guían la suite de laboratorio.
El Arcano de la «Labor de Mujeres» (Weiber-Arbeit) y el Horno Único. En el párrafo XVII, el tratado aborda el desmantelamiento de la objeción sobre la oscuridad de los libros herméticos planteada en la página 101. El autor justifica de forma ecdótica por qué los sabios redactaban sus manuales mediante analogías criptográficas («Gleichnüsse»): lo hacían como una armadura defensiva institucional para proteger el patrimonio técnico de la humanidad frente al contrabando de los indignos y los soberanos absolutos.El jurista desvela ante el tribunal el verdadero código que regulaba el célebre adagio medieval de la «Labor de mujeres y juego de niños» («Weiber-Arbeit und Kinderspiel»):
- La trampa escolástica: Los impostores y los fiscales universitarios leían estas frases literalmente y creían que la química requería ejércitos de destiladores operando con baterías caóticas de matraces («Kolben»), retortas de cuello de cisne («Retorten») y peligrosos vertidos de aguas corrosivas («corrosiver Wasser» / ácidos nítricos y sulfúricos concentrados) para forzar la disolución («Solution»).
- La realidad mecanicista: El autor desvela que los verdaderos adeptos operaban bajo una economía de medios absoluta. La máxima del «juego de niños» significaba que, una vez estabilizada la semilla metálica, la suite se ejecutaba de forma lineal y automatizada dentro de un solo vaso de vidrio sellado herméticamente (el Huevo de los Filósofos / Athanor) colocado sobre un único horno de viento («in einem Gefässe mit einem Ofen»). El proceso exigía únicamente una paciencia pasiva idéntica a la de las mujeres del siglo XVIII encargadas de mantener constante el fuego de los hogares o la temperatura de los hornos de pan, sin violentar la materia con ácidos corrosivos.
Los ojos del entendimiento (Augen des Verstandes) y la colación filológica. Al pie de la página, el jurista anónimo formula la tesis central que Roth-Scholz utilizó para dar título a su prólogo y que sirvió de puente conceptual con el desvelamiento de la Pretiosa Margarita en las páginas 88 y 89: defiende firmemente el valor del estudio, la colación filológica y la lectura crítica frente al mero empirismo ciego de los sopladores de feria.
Dictamina que si el estudiante asume la disciplina de la Critique y Dios abre en su mente los ojos del entendimiento («die Augen des Verstandes eröffnet»), el científico es plenamente capaz de arrancar la luz de la verdad directamente de las páginas de los libros impresos («aus Büchern») sin requerir maestros esotéricos, un triunfo de la ecdótica y de la autonomía de la razón ilustrada cuya fundamentación teórica continuará al reverso tras suspenderse la línea con el reclamo gótico regular.
[21] Las pruebas de Ceca: David Beuther y el oro de Sajonia. El folio abre engranando linealmente con la partícula preposicional suspendida al pie de la página 111. En el párrafo XVIII, el jurista anónimo despliega el contraataque probatorio final ante los magistrados del Sacro Imperio Germánico para demostrar la realidad de la fijación del oro. Desbanca la objeción sobre el fracaso financiero de las cortes (expuesta en la página 101) aportando un monumental expediente de contadería de estado custodiado en los archivos de la casa de la moneda de Dresde (Sajonia):
- La auditoría de Kunckel: Remite de nuevo al capítulo XLI (De transmutatione metallorum) de la obra cumbre de Johannes Kunckel (Laboratorium Chymico). Kunckel, en calidad de inspector general de laboratorios, testificó haber tenido acceso físico directo a los libros confidenciales de hacienda del ducado de Sajonia.
- Los manuscritos del Príncipe Elector Augusto (1526–1586): Kunckel auditó las actas donde el mismísimo soberano reinante, el príncipe elector Augusto de Sajonia («Churfürst AVGVSTI»), asentaba diariamente de su puño y letra («mit eigener Hand») los balances cuantitativos de rendimiento de los laboratorios del adepto David Beuther (Dᴀᴠɪᴅ Bᴇᴜᴛʜᴇʀɴ). Los libros registraban el cómputo exacto de marcos de oro puro («Marck Gold») acuñados a partir del plomo. El jurista aporta un contundente indicio arquitectónico e institucional: recuerda que con el capital de este alijo de oro químico se financiaron y construyeron de forma íntegra las imponentes y monumentales caballerizas reales de Dresde (el histórico Stallhof de Dresde, orgullo de la dinastía Wettin), sirviendo el edificio como una prueba física real tridimensional ante los tribunales.
El Becerro de Oro de Helvetius y la proyección del Rothgiesser. Como segunda gran prueba testifical homologada por la comunidad científica europea del siglo XVII, el texto invoca el famoso testimonio del médico de cámara del príncipe de Orange en La Haya, Johann Friedrich Helvetius (1630–1709) [INDEX]:
- Aureus Vitulus (1667): El célebre opúsculo donde Helvetius, que originalmente era un feroz enemigo y escéptico de los crisoles, narró de forma notarial cómo un enigmático adepto extranjero lo visitó en su gabinete médico y le obsequió un miligramo de polvo de proyección rojo.
- La prueba del Rothgiesser (Fundidor de latón): Helvetius llevó el vial ante un maestro fundidor de cobre y latón (un «Rothgiesser») libre de prejuicios universitarios. El artesano vertió el polvo sobre el plomo derretido en su crisol industrial y ejecutó una proyección perfecta (utilizando el tecnicismo latino de la fijación del color «tingiret») en presencia de múltiples testigos, transmutando el metal innoble en oro puro que superó todos los ensayos de los plateros de Holanda. El editor Friedrich Roth-Scholz introduce una utilísima nota marginal de control de taller (d) guiando al lector a la página 481 del primer tomo de este mismo Theatrum Chemicum (1727), volumen donde él mismo había impreso la traducción alemana de la obra de Helvetius, facilitando la colación filológica de los expedientes.
El anclaje legal para el Usufructo Matrimonial. Al cerrar el autor anónimo este catálogo de éxitos probatorios de ceca (Sajonia y Holanda), remata el armazón legal de las Consideraciones. Demuestra a los juristas de la corona que la conversión de los metales inferiores en oro fino no es un fraude de viento, sino un hecho económico e institucional reproducible.Al engranar esta certeza física con la ley de la Verbesserung (la mejora o perfeccionamiento descrita en la página 106), las facultades de derecho adquieren la base doctrinal definitiva para emitir su veredicto: puesto que el Arte es real y se limita a depurar la plata originaria de las vajillas de la esposa, el objeto transmutado no sufre una alteración de especie civil (species); sigue perteneciendo legítimamente al patrimonio de la mujer, pero al haberse multiplicado su valor por una mejora accesoria, el esposo adquiere con total nitidez el derecho legal a gozar del usufructo (el «usus fructus») de las piezas para el sustento de la familia, una resolución jurídica que se completará al reverso tras suspenderse la línea con el reclamo.
Isagoge, es decir, introducción al verdadero conocimiento de Dios trino y de la naturaleza, en la cual también se contienen muchas cosas excelentes sobre la materia de la piedra filosofal
Isagoge, d.i. Einleitung zur wahren Erkänntnuß des Drey-einigen Gottes und der Natur. Worinnen auch viele…
Dictamen de una célebre facultad de derecho, en el que un esposo solicita asesoramiento sobre si el recipiente de plata de su esposa, transmutado en oro, no le pertenece a él, o al menos el usufructo del mismo
Responsum einer berühmten Juristen-Facultät: da sich ein Ehemann belehren lässet: Ob ihm das seiner Frauen…
Crítica sobre los escritos alquímicos de Bened. Nicolai Petraei
Bened. Nicolai Petraei, Critique über die Alchymistischen Schriften. Deutschen Theatrum Chemicum, Volumen 2, 1-86. Presentación…
Deutsches Theatrum Chemicum [Teatro Químico Alemán]. Prefacio del segundo volumen
TEATRO QUÍMICO ALEMÁN,en el cual se presentan los Escritos de los más célebres filósofos y…
Los Hermanos de la Pureza
EPISTLES OF THE BRETHREN OF PURITY. On Magic, Part IIAn Arabic Critical Edition and English…
El contrato del alquimista Domenico Manuel Caetano.
Ejecución del fabricante de oro Cajetani, el 23 de agosto de 1709 en Küstrin.Anónimo –…
