Pantaleonis, Tumulus Hermetis Apertus; oder: das eröffnete Hermetische Grab. Deutches Theatrum Chemicum. Volumen 2, 197-258.

Presentación
Aunque en 1729 la Ilustración y la química moderna ya ganaban terreno gracias a academias científicas europeas, las imprentas alemanas mantenían un mercado vigoroso y sumamente lucrativo de textos esotéricos. Esta obra se enfoca en el Mercurio Filosófico (Anima Mundi), considerado por los alquimistas como la sustancia base o «materia prima» indispensable para realizar la transmutación de los metales y alcanzar la Piedra Filosofal. El tratado Tumulus Hermetis apertus (La tumba de Hermes abierta), publicado originalmente en latín en 1676 por Franz Gassmann bajo el seudónimo de Pantaleón, es una obra dedicada por entero a explicar la naturaleza, obtención y usos del «Mercurio Filosófico» (Mercurius Philosophorum). El contenido de la obra gira en torno a tres ejes principales:
Revelación de las verdades físicas ocultas
Tal como indica el extenso subtítulo de la obra, el propósito de Pantaleón es poner «a la luz del sol del mediodía» los misterios de la materia que los filósofos y alquimistas más antiguos mantuvieron ocultos. Sostiene la tesis de que existe una materia prima primordial (la raíz) que contiene en sí misma el germen del oro. Por lo tanto, argumenta que el verdadero adepto no necesita metales externos costosos para iniciar la transmutación, ya que la materia purificada provee todo lo necesario para formular el Elixir.
Refutación de los «modernos» y falsos alquimistas
Una gran parte del libro funciona como un texto de teología y práctica química correctiva. Pantaleón ataca con dureza lo que considera las «opiniones erróneas» de los químicos contemporáneos de su época, a quienes tacha de confundidos. El autor explica detalladamente cómo limpiar la materia de impurezas, feculencias y superfluidades, asegurando que lo que los ignorantes descartan en sus laboratorios es precisamente lo que debe transmutarse en la verdadera medicina hermética.
La guía práctica hacia el Mercurio Filosófico
A lo largo de sus capítulos, el texto traza lo que denomina una «vía regia» (camino real) transitable y comprensible incluso para mentes con un ingenio moderado. Expone instrucciones simbólico-químicas destinadas a:
- Perquirir e identificar la materia correcta en la naturaleza.
- Encontrar y aislar el principio líquido del mercurio alquímico.
- Preparar el disolvente, lo que da pie a los famosos experimentos mecánicos de Gassmann que veíamos en los textos anteriores (como su llamativo «mercurio magnético» capaz de seguir al oro sobre una mesa).
Precisamente por prometer una vía tan accesible y «abrir» el secreto de Hermes, la obra enfureció a científicos críticos como Johann Joachim Becher, quien no tardó en publicar un contraataque titulado Pantaleon delarvatus (Pantaleón desenmascarado), acusándolo de vender procesos fraudulentos envueltos en pura fanfarronería mística.
El autor
En los años setenta vivía y publicaba en Viena el alquimista Franz Gassmann, nacido en Silesia. Gassmann, que se hacía llamar Pantaleon, era famoso por sus experimentos con mercurio líquido (Schmieder 1832, p. 443). Pudo demostrar que las gotitas de mercurio seguían al oro que se les presentaba por delante. ¿Se sirvió simplemente de un truco para ello? ¿O se debería valorar el experimento de Gassmann como un paso previo a los estudios del químico francés Louis Bernard Guyton de Morveau (1737–1816), quien hacia 1780 midió las fuerzas entre placas metálicas que flotaban en mercurio[1]. y, con ello, fue el primero en registrar cuantitativamente la afinidad química entre los metales? El hecho es que entre 1674 y 1676 aparecieron impresas una serie de escritos de Gassmann (en parte en Viena, en parte en Nüremberg).
Las noticias de Karl Christoph Schmieder[2]:
“Menos credibilidad merece otro alquimista de aquella época, el cual se hacía llamar Pantaleon, pero que en realidad se llamaba Franz Gaßmann, nacido en Silesia, y que vivió como médico en Passau y más tarde en Viena. Vendía procesos alquímicos, y con eso ya se ha dicho suficiente para calificarlo. Se hizo mucho revuelo principalmente con su mercurio filosófico. Se dice que el Dr. Volkamer en Nüremberg le compró una libra de este por mil táleros del Imperio (Reichsthaler), probablemente por cuenta de la sociedad de alquimistas. Volkamer también mantenía con él, como se desprende de las Noticias Literarias de v. Murr, pág. 92[3], una correspondencia continua en 1677, y la autoridad de este último puede bastar para certificar que algo, aunque no mucho, había de cierto en el asunto.
El Mercurius philosophicus del Dr. Gaßmann era, según la descripción, un mercurio líquido (laufendes Quecksilber) que él sabía cómo hacer «magnético» mediante un tratamiento químico, como se le llamaba. Cuando se vertía sobre una mesa, seguía al oro que se le presentaba por delante, igual que la aguja sigue al imán, de modo que se le podía guiar de un lado a otro a voluntad. Si esto era realmente así, como es de creer, se trataba ciertamente de un experimento físico interesante, y es de lamentar que fuera sustraído de la ciencia debido al secretismo. Con la alquimia no tenía relación alguna; pero como los alquimistas buscaban un Mercurius sophicus que solo conocían de nombre por los libros, se dejaban convencer fácilmente de que este lo era. Compárese con Edelgeborne Jungfrau Alchymia, pág. 102[4].
Se cuenta que Gaßmann sabía madurar el mercurio mediante una calcinación de cuarenta días en ollas de hierro, obteniendo así una plata con forma de piedra pómez. Esto puede haber ocurrido de forma muy natural. Si calcinaba amalgama de plata y la tapa de la olla no cerraba herméticamente al vapor, el mercurio se evaporaba poco a poco y la plata quedaba en una forma esponjosa, exactamente como ocurre en los hornos de cilindro de las plantas de amalgamación. Esta artimaña es, en realidad, demasiado simple; pero el mercurio magnético le daba una apariencia plausible. Compárese con el Nothwendigen Unterricht [Instrucción necesaria] de v. Schröder, pág. 53. Edelgeborne Jungfrau Alchymia, pág. 100.
Como es habitual en estos casos, las opiniones estaban divididas. Algunos, junto con Schröder, elevaban al «gran Pantaleón» hasta las estrellas, mientras que, por el contrario, el honrado Becher lo consideraba un embaucador completamente común y corriente. Este último escribió un tratado especial sobre él, bajo el título: Pantaleon delarvatus [Pantaleón desenmascarado], el cual está impreso en la edición de Faust de Philaletha[5].
Las obras de Gassmann
Los escritos alquímicos que este Gaßmann envió al mundo creyente bajo el nombre usurpado de un santo sirven como pruebas históricas para el juicio de Becher, ya que están llenos de las más desvergonzadas fanfarronerías. Sin embargo, encontró su público. Se conservan de él:
Tumulus Hermetis apertus
[La tumba de Hermes abierta], in quo ad solem meridianum sunt videndae antiquissimorum philosophorum absconditae veritates physicae, et recentiorum quorundam erroneae opiniones de laudatissimo illo liquore, Mercurio philosophorum, ita ut jam cuilibet, etiam mediocriter ingenioso, regia via pateat, etc. [en la cual, a la luz del sol del mediodía, se han de ver las verdades físicas ocultas de los filósofos más antiguos, y las opiniones erróneas de ciertos modernos sobre aquel celebérrimo licor, el mercurio de los filósofos, de modo que la vía regia queda ya abierta para cualquiera, incluso para el medianamente ingenioso, etc.]. Núremberg, 1676, en octavo. Una nueva edición apareció en 1684, en octavo; una reimpresión en la Bibliotheca chemica de Manget, Tomo II, Nº 120; y una traducción al alemán de Christoph Viktorin, bajo el título: Pantaleonis Neu eröffnetes Grab [La tumba recién abierta de Pantaleón], etc., en Núremberg, 1677, en octavo.
Bifolium metallicum
seu Medicina duplex, pro metallis et hominibus infirmis, a Proceribus artis sub nomine Lapidis philosophici inventa, elaborata et posteritati transmissa, etc. [La doble hoja metálica, o Medicina doble, para metales y hombres enfermos, inventada por los próceres del arte bajo el nombre de Piedra Filosofal, elaborada y transmitida a la posteridad, etc.]. Núremberg, 1676, en octavo. Nuevas ediciones aparecieron en el mismo lugar en 1679 y 1684, en octavo. Una reimpresión se encuentra en la Bibliotheca chemica de Manget, Tomo II, Nº 119. Viktorin publicó una traducción al alemán junto con «La tumba recién abierta» en 1677, en octavo.
Examen alchymisticum,
quo ceu Lydio lapide Adeptus a Sophista, et verus philosophus ab impostore dignoscuntur, etc. [Examen alquímico, mediante el cual, como con una piedra de toque, se distingue al Adepto del Sofista, y al verdadero filósofo del impostor, etc.]
. — ¡Una obra pequeña necesaria y sumamente provechosa, como ninguna otra que se haya impreso desde la creación del mundo! Núremberg, 1676, en octavo. Una nueva edición apareció en 1684, en octavo. Una reimpresión se encuentra en la Bibliotheca chemica de Manget, Tomo II, Nº 121. Una traducción al alemán de Viktorin se incluyó junto a «La tumba de Pantaleón».]
Disceptatio de Lapide physico
[Disputa sobre la piedra física], etc.; es un escrito polémico contra la Tumba Semiramidis, publicada en 1674 por H. V. D. Nüremberg, 1676, en octavo; reimpreso en Manget, Tomo II, Nº 122. Una traducción al francés apareció en París en 1689, en octavo.]”
Las noticias de Christoph Gottlieb von Murr (1733-1811)
Veámos qué dijo Christoph Gottlieb von Murr:
El Dr. J[ohann] G[eorg] Volkamer, el Viejo*[6]) mantenía correspondencia con muchos de los llamados «adeptos», como por ejemplo con Pantaleón (el Dr. Franz Gaßmann en Viena) en 1676**)[7]; …[continuación de la lista de corresponsales de Volkamer:] Joh[ann] Ludwig Hannemann *[8]) en 1692; con Kunkel, a causa del fósforo y del cristal de rubí; y con Georg Ferdinand von Perney o Pernauer, desde el año 1678 hasta 1685.
En el año 1678 estuvo con él en Nüremberg un químico que se hacía llamar Salzacker, o también Rothmeyr; y en el año 1680 un tal Damascenus, quien también realizó muchos trabajos de laboratorio con el boticario Johann Leonhart Stöberlein. Este Damascenus decía con razón que se debía proceder únicamente a través de la fermentación y la precipitación, que las sales eran las llaves de los cuerpos, pero que antes debían ser liberadas de su azufre (Schwefel) y homogeneizadas mediante ambos procesos (al igual que el vitriolo y el antimonio); asimismo, el verdadero espíritu del vino (Spiritus Vini / alcohol) debía ser despojado de su azufre y elaborado según la doctrina de Basilius Valentinus. Él utilizaba esto para su disolvente universal (soluente universali / Alkahest).
Entre otras cosas, Volkamer le escribió a Gaßmann lo siguiente:
«En el Examen Alchymisticum, (Núremberg, 1676, en octavo) pág. 15, hiciste mención de un licor lácteo pesado… Recuerdo que hubo aquí en Nüremberg cierto doctor inglés llamado Schildkrot, quien gracias al beneficio de tal licor llegó incluso a extraer la tintura. Pero ¿quién, excepto un Adepto, habría podido interpretar su descripción sófica?
Erasmus Schildkrot no era inglés, sino prusiano, nacido en Königsberg; un médico famoso de quien se decía en Núremberg que poseía el secreto para hacer oro. No él, sino Marx Landauer, fundó ya en 1467, el día de Pentecostés (jueves) posterior al día de San Miguel (según dice el acta de fundación), el reparto que se hace todas las semanas, cada viernes, a las dos horas del día, a veinte personas pobres de solemnidad
(Hausarmen Menschen) que son ciudadanos y ciudadanas de Nüremberg y que no mendigan públicamente, así como tampoco reciben la limosna del Imperio que Burkart Sayler, que en gloria esté, instituyó (el sábado anterior al día de San Vito de 1388) para el sustento de sus cuerpos; a cada uno se le debe dar un chelín de oro, de los cuales veinte hacen un florín (Gulden), etc. Este Marx Landauer era un rico comerciante de cobre y batidor de latón en la calle inferior de los batidores de latón (Beckschlagergasse). Su hijo, Matthäus Landauer (†1515), compró el día de Pentecostés posterior al día de San Otmar de 1501 el terreno y el suelo para la Casa de los Doce Hermanos (Zwölbrüderhaus) detrás de Todos los Santos. El acta de fundación está fechada el lunes posterior al día de San Sebastián, el día veintiuno del mes de enero, tras el nacimiento de Cristo, nuestro amado Señor, en el año mil quinientos diez. Él fue el 23 de enero de ese mismo año 1510, confirmado por un muy noble Consejo. Por aquel entonces la enfermedad francesa (die französische Krankheit / la sífilis), debió de ser ya muy común*[9]), pues aparece una sección propia sobre ella:
Hinfallend siechtagen, Aussatz, und mala Franzosa. [Epilepsia o desmayos recurrentes, lepra y el mal francés].
«Si alguno de los hermanos contraía la lepra, la epilepsia o la enfermedad de los franceses, no debía ser tolerado entre los demás hermanos, sino que debía ser expulsado de inmediato». Considero que toda la historia de la amistad del Dr. Schildkrot con Matthes Landauer es un cuento de hadas, al igual que la descripción de la «Flor de Oro»
(Goldblume) en los prados de Mögeldorf, cerca de Núremberg, que fue impresa en 1633 y que se repite bajo el número 7 en la obra El Sol resplandeciente en el firmamento alquímico de Peter Johann Fabri (Núremberg, 1705, en octavo). El retrato de Matthes Landauer fue grabado en cobre por J. A. Boener en 1666.
De una carta de P. Leinkers al Dr. J[ohann] G[eorg] Volkamer, el Viejo.
Viena, a 26 de septiembre de 1675.
— «En lo que respecta a Wenzel, [se dice] que un conde lo habría importunado y habría querido extorsionarle la tintura ante un prior, etc. Esta historia se reporta de otra manera aquí: Se dice que hace unos 4 o 5 años, un conde de Bahr (Paar), el cual estuvo la mayor parte del tiempo en España en la Embajada Imperial, elaboró u obtuvo allí una Lapidem [Piedra Filosofal], la cual ciertamente mostró a Su Majestad Imperial, pero le fue devuelta.
Dicho conde cayó enfermo después y, en presencia del confesor de la reina española, de la Orden de San Francisco (Ordinis s. Francisci), hizo su testamento y legó, entre otras cosas, la tintura a su hermano, el conde*) de Bahr (Paar) de aquí, que fue Maestro Mayor de Postas (el cual también falleció hace dos años), revelando que esta se encontraba en un cofrecito cerrado.
Se dice que Wenzel estuvo previamente relacionado y familiarizado con este conde, y que habría observado esto. Tras transcurrir algunos días, al abrirse el testamento, el hermano del difunto quiso sacar el tesoro que le había sido legado del cofrecito señalado, pero no encontró ninguna tintura; por lo cual, en plena noche, corre a toda prisa al monasterio de los franciscanos y solicita ver al clérigo o confesor español.»[10]
El Edelgeborne Jungfrau Alchymia
Leámos ahora el Edelgeborne Jungfrau Alchymia[11]:
§. XVI.
Solo esto único, que él tiene de Pantaleón (pág. 53), quien es muy conocido entre los químicos más modernos y que vivió en Viena en tiempos de Leopoldo, no lo podemos pasar por alto, ya que nosotros, a partir de [los escritos] de un viejo químico… (o: «cartas de correspondencia legadas») también hemos obtenido diversas noticias sobre este Pantaleón. Las palabras de B. Schröder sobre él son las siguientes:
— «Me da la impresión de que el señor Hellwig ataca al señor Pantaleón con demasiada dureza cuando le echa en cara el humo de los filósofos [alusión al Mercurius philosophicus, vendido en Núremberg al Dr. Volkamer, una libra por 1000 táleros del Imperio (Reichsthaler). Pues aunque yo no conozco íntimamente a este Pantaleón, sé de sus andanzas, de la riqueza acumulada por él en poco tiempo, de sus señoríos y, finalmente, sobre su plata: cuándo, cuánta y a dónde ha sido vendida, más de lo que quizás cualquier otro pueda saber, etc. Eso es todo lo que sé con certeza sobre Pantaleón y su trabajo.
Él posee una preparación de mercurio líquido el cual, una vez así preparado, lo introduce en una caja de hierro y lo coloca durante 40 días a la mayor temperatura en la arena [baño de arena / in arenam], allí donde el mercurio permanece hermoso, brillante y claro en su forma líquida.
Luego, en una fiola [frasco de vidrio], lo junta en cierta cantidad con una sal determinada y con plata —hecha precisamente a partir de este mercurio— y lo encierra en el mismo grado de fuego [gradu ignis] que en la caja de hierro durante otros 40 días, tiempo en el cual este se coagula y, tras fundirse posteriormente como una piedra pómez, se convierte con ello en Luna [plata].**
Yo mismo he [visto] —dice B. Schröder— la caja de hierro con el mercurio fuera del fuego, así como también la plata con forma de piedra pómez en la fiola, obrtenida bajo… la última revuelta de los turcos pasada»], y todavía lo conservo en mis manos. Por lo tanto, dado que Pantaléon pudo poner en práctica algo con su mercurio así preparado, cosa que ningún mercurio común es capaz de hacer, no lo llama sin razón «mercurio de los filósofos» [Philosophorum].**
Es conocido cómo el erudito y sumamente experimentado Dr. J[ohann] J[oachim] Becher opinaba de manera muy despectiva tanto de B. Schröder como del propio Pantaleón; en particular, relata sobre este último en su Pantaleone delarvato (el cual el Dr. J[ohann] Mich[ael] Faust adjuntó, aunque sin imprimir los nombres, en su Philalethae editado en Fráncfort en 1706) que en 1676, en Viena, ofreció su proceso y su librito al emperador Leopoldo y a otros a cambio de dinero, y que posteriormente, desde Ratisbona, lo ofreció en venta al Rey de Inglaterra por 50 000 libras esterlinas.
A partir de los escritos privados de un químico que estuvo con él en Passau y Pührenstein desde el año 1675 hasta 1677, se ve claramente que este Pantaleón se llamaba Franz Gafsmann [Gassmann], que era doctor en medicina (M. D.) y un par de años antes había sido físico de la ciudad (Physicus) en Passau, y que era natural de Silesia. Y Becher también lo llama expresamente Gasmannum en su Alphabeto minerali (pág. 137). A partir de esto y de los relatos del Dr. Becher se ve claramente que por aquel entonces él no era en absoluto un Adeptus, sino más bien, después de haber abandonado su puesto de médico municipal (Physicat) en Passau»] y haberse dedicado a las labores de laboratorio, emprendió por pobreza muchas cosas de dudosa reputación; por lo tanto, dado que el Dr. Becher no pudo saber nada más de él más allá de aquella época, no es de extrañar que lo trate con tanta dureza. Y es seguro que escribió sus tres libritos, a saber: el Tumulum Hermetis, el Examen Alchymisticum y el Bifolium metallicum (en los cuales se daba tanta importancia que creía que nunca había existido nadie igual a él), antes de encontrarse en una buena posición económica.
A partir de las cartas del mencionado químico se pudo conocer la preparación del mercurio de Pantaleón, la cual aprendió del Sr. Dr. Jehlin, pastor en Weißen-Kirch —de quien Becher también hace mención—, y del Sr. Obispo de Passau. Esta preparación consiste en una animación por medio de Saturno [el plomo] a través de un constante cernido (Beuteln) y diversos trabajos lentos y laboriosos, mediante los cuales se volvía supuestamente tan «magnético» que, sobre una mesa, corría detrás del oro hacia dondequiera que se moviese dicho oro.
Por lo tanto, B. Schröder y el Dr. Becher habrán de conciliarse mediante el principio de distingue tempora [distingue los tiempos], etc. Antes de que Gaßmann obtuviera realmente este mercurio, y además en cierta cantidad, y conociera su uso, debió de ser sin duda un pobre diablo, aunque ya supiera la preparación; pero posteriormente bien pudo llegar a convertirse en aquella persona que B. Schröder describe.
Las noticias del barón Johann Wilhelm von Schröder (1640-1688)
El barón Johann Wilhelm von Schröder escribió[12]:
“De ahí proviene el hecho de que los filósofos hayan escrito de maneras tan diferentes; y me da la impresión de que el señor Hellwig ataca al señor Pantaleón con demasiada dureza cuando le echa en cara el mercurio de los filósofos (Mercurium Philosophorum) vendido en Núremberg.
Pues aunque yo no conozco íntimamente a este Pantaleón, sé de sus andanzas, de la riqueza acumulada por él en poco tiempo, de sus señoríos y, finalmente, sobre su plata: cuándo, cuánta y a dónde ha sido vendida, más de lo que quizás cualquier otro pueda saber.
Por lo tanto, para mantenerme dentro de los límites (in terminis): del mismo modo que el mercurio se disfraza de diferentes maneras y actúa de distintas formas, así también admito que algo del mercurio de Pantaleón le fue entregado al Sr. Dr. Volkamer en Nüremberg. Pero si este era precisamente aquello que él [Volkamer] había esperado o lo que consiguió con ello, no lo sé, y propiamente por las razones ya mencionadas. Esto es todo lo que sé con certeza sobre Pantaleón y su trabajo. Él posee una preparación de mercurio líquido (Mercurii currentis), el cual, una vez así preparado, lo introduce en una caja de hierro y lo coloca durante cuarenta días a la mayor temperatura en la arena [baño de arena / in arenam], allí donde el mercurio permanece hermoso, brillante y claro en su forma líquida.
Luego, en una fiala [frasco de vidrio], lo junta en cierta cantidad con una sal determinada y con plata —hecha precisamente a partir de este mercurio— y lo encierra en el mismo grado de fuego (gradu ignis), como en la caja de hierro, durante otros cuarenta días, tiempo en el cual este se coagula y, tras fundirse posteriormente como una piedra pómez, se convierte con ello en Luna [plata].
Yo mismo he obtenido la caja de hierro con el mercurio fuera del fuego, así como también la plata con forma de piedra pómez en la fiala, bajo la última revuelta de los turcos pasada, y todavía lo conservo en mis manos. Por lo tanto, dado que Pantaleón, a partir de su mercurio así preparado, pudo poner en práctica algo que ningún mercurio común es capaz de hacer, por lo que lo llama mercurio de los filósofos (Mercurium Philosophorum). En eso no puedo quitarle la razón; pues tal mercurio suyo hace algo que no se le puede atribuir a ningún otro sino a un verdadero mercurio, a saber: él mismo se calienta [se madura por el calor] y se convierte en el metal perfecto de la plata.
Pero si este es el mercurio desnudo y desvestido, eso es otra cuestión; y no dudo que, si el señor Dr. Volkamer hubiera conocido el uso de este mercurio del mismo modo que Pantaleón, él mismo habría tenido que juzgarlo como un mercurio filosófico. Si bien yo, por mi parte, no habría querido pagar mil táleros del Imperio (Reichsthaler) por una libra de este, ya que, según creo, no se puede esperar obtener tanto valor a partir de él.”
Los ataques a Pantaleón.
Como bien registraba la página 92 de las Noticias Literarias de von Murr que tradujimos arriba, la hostilidad contra los textos de Pantaleón fue tan grande en el gremio que autores, anónimos o famosos, cercanos a esta postura publicaron panfletos satíricos dedicados exclusivamente a destruir sus libros.
Johann Joachim Becher
De todos los ataques, el más conocido y el de mayor alcance fue el del “erudito y sumamente experimentado Dr. J[ohann] J[oachim] Becher [que] opinaba de manera muy despectiva tanto de B. Schröder como del propio Pantaleón; en particular, relata sobre este último en su Pantaleone delarvato (el cual el Dr. J[ohann] Mich[ael] Faust adjuntó, aunque sin imprimir los nombres, en su Philalethae editado en Fráncfort en 1706) que en 1676, en Viena, ofreció su proceso y su librito al emperador Leopoldo y a otros a cambio de dinero, y que posteriormente, desde Ratisbona, lo ofreció en venta al Rey de Inglaterra por 50 000 libras esterlinas[13]. Por su extensión e importancia, hemos decidido publicarlo entero en esta web. Entre los panfletos satíricos anónimos, destaca Falx in Bifolium (La hoz en el Bifolium), diseñado para metafóricamente «cortar» los argumentos de su obra Bifolium metallicum[14].
Otto von Hellwig
Pero también ya hemos leído arriba que Otto von Hellwig atacó a Pantaleón, sin más referencias que las dadas por Johann Conrad Creiling y el barón Johann Wilhelm von Schröder, que en realidad son copia una de otra ¿Dónde atacó Hellwig a Franz Gassman? Lo hizo en un minúsculo y no muy conocido libelo de apenas 46 páginas titulado Juicio sobre los Duunviros Herméticos Federados y la segunda epístola pregonera de estos[15]. Veamos qué dijo:
“Para llenar las páginas vacías, agradó añadir el juicio del Señor de Helbig sobre la Entrada al abierto palacio del Rey de Philaletha, y sobre Pantaleón, extraído con las siguientes palabras de una epístola que me fue enviada hace algunos meses.
En lo que atienes a la Entrada de Philaletha, desconozco a su autor. Aunque cierto amigo en Londres, cuando estuve recientemente en Inglaterra, me confió su sospecha sobre Philaletha, y que este todavía viviría bajo el Imperio Británico, en cierta isla inglesa. Entretanto, quién sea o haya sido finalmente él nada me importa.
Esto sé ciertamente: que el Autor de la Entrada al abierto palacio del rey es un verdadero Philaletha [amante de la verdad], y que posee el conocimiento de los más íntimos secretos de la naturaleza. Pues la teoría de este, y la praxis sobre el Imán y el Acero de los filósofos (de Magnete & chalybe philosophorum), hasta llegar a la amalgamación, están tan egregiamente escritas que, si bien podrían proponerse con mayor claridad, no podrían hacerse con mayor verdad.
Yo mismo preparé su metal fluido (el azogue / Argentum vivum), procediendo ambos por la misma vía. Y aunque nada aprendí de Philaletha, ya era yo poseedor del mercurio de los filósofos antes de haber visto el librito de Philaletha. Surge, sin embargo que el Mercurio (o con cualquier otro nombre que desees designar a este metal fluido) de Philaletha no proviene del antimonio [♁] ni del hierro [♂], sino de una materia aérea, la cual, desde el principio de su preparación hasta el fin y hasta la producción misma del metal fluido, jamás tocó la tierra que pisamos.
Encuentro, por lo demás, que este mismo es un supremo Sofista, que ha engañado a muchos, que de hecho engaña y que todavía engañará a muchísimos más. Para desvelar con las palabras más claras sus erróneos discursos escritos por él de forma oscura, he aquí todo su método: Primero hace un régulo de antimonio [♁] Marcial, etc.»
[Retorno a la voz de Johann Otto von Hellwig:]
Yerra también, y con frente obstinada engaña a muchos, aquel famoso Pantaleón; cuyos libelos desbordan plenos de mentiras, y el cual ni en sueños poseyó aquello sobre lo que, como un supuesto poseedor de un secreto real (realis cani philosophici), ha querido instruir hasta ahora a su miserable prójimo. Este es un médico de Viena. Me he olvidado de su nombre, aunque el Celebérrimo Señor Doctor Volckhammerus [Volkamer], a quien hace algunos años una [libra] íntegra de Mercurio, ¡si a los dioses place!, Filosófico, le vendió por mil florines imperiales.
De lo cual la falacia del hombre queda abundantemente patente. Puesto que tal proceder no conviene a un verdadero Artista y Filósofo, el cual está seguro de sus materias y de sus artes. Sobre la fabricación de oro (aurificio) de Philaletha nada añadiré.
Porque declaro haber sido siempre inexperto en esto, es más, no haber deseado jamás la Crisopeya [la fabricación de oro]. Bástate para mí que, por la gracia de Dios, pueda elaborar los Metales a partir de su primer principio en pequeña cantidad. Mi intención fue, por lo demás, [responder] mediante una amplia y amistosa epístola al Celebérrimo Señor Doctor Hertodt; por causa de Philaletha, por lo tanto, publicamente interpelarlo, al mismo tiempo que demostrar largamente al mundo los fraudes de Pantaleón (Pantaleonis fraudes). Pero hasta ahora asuntos más graves me lo han impedido, etc.
F I N I S .”
Volkamer
A lo largo de las noticias dadas en este estudio introductorio ha aparecido el nombre de Volkamer y una “famosa” carta que envió a Gassman. Se trata de Johann Georg Volkamer el Viejo (1616-1693),médico, naturalista y escritor alemán y apenas conocido por su afición a la alquimia, que mantuvo durante cuarenta años. Según Christoph Gottlieb von Murr, como ya hemos visto antes, mantenía correspondencia con muchos de los llamados «adeptos», como por ejemplo con el citado Pantaleón en 1676); Johann Ludwig Hannemann (1640-1724) en 1692; con Kunkel, a causa del fósforo y del cristal de rubí; y con Georg Ferdinand von Perney o Pernauer, desde el año 1678 hasta 1685.
Al parecer esta carta circuló manuscrita en varias versiones, como podemos comprobar en las palabras, de nuevo, deChristoph Gottlieb von Murr[16]:
… [de la facul]tad, por instigación de la esposa de este, que no le deseaba precisamente el bien, le fue denegado por esa vez, tal como él mismo me relató en varias ocasiones. Esto le dolió tanto que, inmediatamente después, viajó hacia Altdorf, y allí, con el mayor de los aplausos, en ese mismo año de 1666 se convirtió en Doctor en Derecho (Doctor Juris). Su Disputatio Inauguralis allí versó sobre de Casibus perplexis in Jure [Sobre los casos perplejos en el Derecho]. Todas estas obras jurídicas suyas fueron impresas conjuntamente más tarde, en 1672, bajo el título: Specimina Juris : I. Specimen Difficultatis in Jure, seu Dissertatio de Casibus perplexis [Muestra de la dificultad en el Derecho, o Disertación sobre los casos perplejos] : II. Specimen Encyclopaediae in Jure, seu Quaestiones Philosophicae amoeniores ex jure collectae [Muestra de enciclopedia en el Derecho, o Cuestiones filosóficas más amenas recopiladas del derecho]. III. Specimen certitudinis, seu demonstrationum in jure, exhibitum in doctrina conditionum [Muestra de certeza, o de las demostraciones en el derecho, expuesta en la doctrina de las condiciones], cuyo autor es Gottfried Wilhelm Leibniz.
Mientras nuestro difunto [Leibniz] vivía de ese modo en Altdorf, y Leipzig se lamentaba demasiado tarde del agravio que le había infligido, él siguió adelante y buscó perfeccionarse tanto en el Derecho como en otras ciencias. Visitó a todas las personas eruditas en la vecina Núremberg y buscó beneficiarse de ellas; entre otras cosas, obtuvo conocimiento sobre una cierta sociedad de hombres eruditos y de otra clase, quienes, aunando consejo y manos, realizaban en secreto toda clase de operaciones químicas y querían encontrar la piedra filosofal (lapidem Philosophorum). Como él era curioso por todo, y por lo tanto también deseaba ejercitarse gustosamente en los asuntos químicos (in Chymicis), ideó toda clase de medios sobre cómo [tener acceso] a estos secretos .El director de la sociedad era un sacerdote. *) Por lo tanto, él [Leibniz] urdió esta estratagema:
*) Daniel Wülfer, predicador en San Lorenzo, era el director de esta sociedad fundada ya desde 1654, en la cual había varias personas célebres; como por ejemplo, Joh[ann] Georg Volkamer y Justus Jakob Leibniz, predicador en San Jaime, etc.
El primero [Volkamer] escribió en una de sus cartas (de las cuales poseo los borradores manuscritos del propio puño de Volkamer) al adepto Franz Gaßmann en Viena, quien comúnmente se hacía llamar Pantaleón, en marzo de 1676: «Yo, para confesar la verdad, me he dedicado seriamente a este estudio de la Química ya durante cuarenta años, etc.»
Los trabajos de ellos partían principalmente del vitriolo. El señor von Leibniz tradujo por aquel entonces el acertijo de Basilius Valentinus: «Cinco libros nos han preparado, etc.» en versos latinos, los cuales mandó imprimir en la primera parte de los Miscellaneorum Berolinensium, pág. 22, y añade además esto: «»¡Nuestro Vitriolo, nuestro Arsénico!», claman aquellos que sostienen que ellos solos deben ser llamados filósofos. Ciertamente existe en sus legajos secretos —a los cuales alguna vez fui admitido como si se tratara de los sagrados misterios de Eleusis— cierta materia a la que no de forma inepta se le podría atribuir ambos nombres».
EL TÚMULO DE PANTALEÓN / O EL MITO DE HERMES ABIERTO;
O bien:
La tumba
hermética
abierta,
En la cual se pueden ver de forma tan clara como la luz del sol las verdades naturales ocultas de los sabios ancestrales, así como las opiniones erróneas de algunos modernos sobre la muy célebre agua:
el
Mercurio Filosófico.
Traducido del latín al alemán, y ahora promovido de nuevo para su impresión
por
Friedrich Roth-Scholtz,
De Herrenstadt, Silesia.
Nüremberg
Por Adam Jonathan Felsecker.
Año de Cristo 1729.
198 [Ornamentos tipográficos: ❀ )( ❀]
Al crítico.
¡Mi querido crítico! Conforme a tu costumbre, sigue censurando aquello que no comprendes; pero pronto llegará el momento en que habrás de llorar por aquello de lo que ahora te burlas. Pues demasiado tarde aprenderás cuán verdadero es aquel proverbio de los griegos traducido al alemán:
Es más fácil criticar algo que imitarlo (o hacerlo uno mismo).[17]
Inscripción de la Tumba.
¡Amable y querido lector! Quienquiera que seas, presta atención:
Aquí se halla
La tumba de la verdad
natural;
la cual, si bien nació por el bondadoso favor del cielo y con la ayuda de la diligencia humana, ha vuelto a palidecer en la muerte debido a la envidia mortal, y esto por decreto de la implacable providencia del Altísimo.
Mientras ella aún vivía, fue una madre sumamente honrada, cuyo esplendor superaba al del oro y las piedras preciosas.
Ahora, se ha convertido en una fábula entre el pueblo, y descansa cerca de la caverna, en un lugar espantoso al que nadie puede acceder.
Custodian la tumba, en una oscuridad densa como la pez, búhos nocturnos que se lamentan junto al cruel poder del infierno.
En caso de que desees examinar sus restos, debes saber que a nadie le está permitido acercarse, a menos que sea con el permiso de los espíritus celestiales de servicio, bajo severa pena corporal y de muerte.
Entra, pero no sin un entendimiento iluminado y la compañía de un amigo fiel.[18]
200 [Ornamentos tipográficos: ❀ )( ❀]
Prefacio.
¡Lector sincero! He aquí a un nuevo combatiente que, según debo confesar, me he dejado convencer recientemente de enviar a este campo de batalla. Pues jamás estuvo en mi ánimo labrarme un nombre mediante la pluma de escribir, dado que desde hace ya mucho tiempo los escritores químicos gozan de mala reputación, e incluso los alquimistas y los impostores son considerados comúnmente como la misma cosa. Si esto ocurre con justa razón o no, que lo juzguen los entendidos. Sin embargo, la causa de tan vergonzoso calificativo parece ser la siguiente; y es que la mayoría actúa de esta manera: cuando tras algunos años de intensa especulación han perdido su dinero y su salud en el proceso, y a pesar de todo no ven resultados por ningún lado, para no perder el gran renombre que con tanto tiempo se han labrado, toman la pluma y ponen sobre el papel sus supuestos y respetables procesos. En ellos colocan un hueso duro de roer en el camino de cada lector, no para que su trabajo sea menospreciado, sino para que, a través de su deliberada oscuridad, adquiera mayor impacto. Y aunque a veces obtengan de ello un beneficio muy pobre, prefieren mantener su prestigio y ante…[19]
Prefacio. 201
…ser considerados como aquello que en realidad no son, con gran remordimiento de su conciencia, en lugar de confesar abiertamente su error o guardar silencio. Tal vez piensan de este modo: «Si no obtengo ninguna otra cosa de mis hornos, al menos conservaré el renombre de ser un hombre erudito y elocuente; quién sabe cómo me podrá ser útil, aun si no es aquí en esta tierra», tal como dice el poeta:
Deja siempre tu red y tu manga colgadas en la corriente del agua,
pues donde menos lo esperes, allí pescarás peces.
Yo, en cambio, como alguien que desde su juventud ha sido siempre de pocas palabras, tras haber advertido el pésimo uso de la palabrería académica y habiendo visto que a esta por lo general le falta una demostración real, siendo en ese aspecto sumamente miserable, la he rechazado. Me he propuesto consagrarme más a las obras que a las palabras; lo cual, por la bendición de Dios, me ha resultado tan próspero que no cambiaría todo mi conocimiento real por todo el tesoro de la retórica y la disputa. Si bien alabo a ambas, no las comparo con aquello.
Dado que veo que, con el clima actual que atraviesan las artes, muchos navegan sin timón…[20]
202 Prefacio.
…y son arrastrados de un lado a otro por simples vientos de opiniones. Además, no saben a dónde quieren dirigirse realmente, sino que andan errantes como piratas bajo cielos inciertos, pretendiendo labrarse un nombre en el arte de la navegación mediante sus descabelladas empresas. Por lo tanto, para que no sigan vendiendo tantas densas nieblas a la juventud crédula ni borren por completo nuestra ciencia natural de la memoria de los hombres con semejantes mentiras, he decidido finalmente ponerme a disposición. Y no lo hago para perseguir la fama a través de esta modesta obra, sino para guiar por el camino correcto a quienes andan descarriados entre tantos miles de escritores, y para preservarlos de los peligrosos arrecifes contra los cuales uno puede chocar fácilmente y naufragar. Es verdad que dudé durante mucho tiempo si debía exponerme también entre tantos charlatanes y someterme al juicio del público; sin embargo, me ha vencido el amor hacia el prójimo que busca la verdad. Pues lo que a mí me ha complacido, tampoco desagradará a los demás. En verdad es lamentable que los sastres, zapateros y curtidores se comporten con mucha más honestidad que muchos de nuestros escritores. Pues aquellos cumplen lo que prometen y por ello son dignos de honor; pero estos creen haber cumplido con su deber si, con elocuencia…[21]
Prefacio. 203
…pulcra y astuta han hecho publicar muchos libros impresos. Si lo que han escrito es verdadero o no, no les importa a ellos, sino al vulgo común; se limitaron a las palabras y cumplieron así lo que prometieron. Como si la valiente nobleza hubiese obtenido su linaje a partir del pestilente estiércol de las mentiras. Ciertamente algunos juran por todo el ejército del cielo y maldicen al abismo del infierno a todos aquellos que sostienen una opinión diferente. Pero cuán vergonzosamente yo y otros hemos sido engañados por estas bestias con forma humana y modales pícaros, no es algo para contar en este lugar, pues de ello saldría un libro grande y no un pequeño tratado. Porque es una cosa muy necia, y además una canallada irresponsable y digna de castigo, escribir simples palabras sin obras y engañar a sabiendas a la posteridad. ¿Qué es lo que estáis pensando, por el amor de Dios, oh cristianos? Si el Juez Supremo exige cuentas de cada palabra inútil, ¿cómo os irá a vosotros, que vendéis a la posteridad libros enteros vacíos de hechos, y priváis a sus queridos hijos de sus años, salud, dinero, honor y vida? ¿Quién hay entre nosotros a quien no le aflija haber sido seducido durante tantos años por unos y otros escritores? Cuántas veces exclamo: ¡Oh, si fuera la voluntad de Dios que mis…[22]
204 Prefacio.
…mis años pasados me fuesen devueltos. No porque los haya malgastado inútilmente con prostitutas y glotonerías, sino porque he arruinado mi tiempo y mi salud a causa de tantos trabajos estériles extraídos de semejantes libros malditos. Pero, ¿qué os pasa a vosotros, charlatanes escupidores de libros, que no podéis cerrar la boca cuando no tenéis nada que ofrecer más que simples palabras que no sacian el estómago? La pura vanidad os atormenta y os desata la lengua, ninguna otra cosa. De vosotros es bien verdadero aquel proverbio alemán: Mucho ruido y pocas nueces (literalmente: Mucho grito y poca lana). Aguardad, crueles enemigos de la posteridad, que el Día del Juicio os dará vuestra recompensa y os explicará la Primera Tabla de los Diez Mandamientos de tal manera que no necesitaréis la otra. ¿No habría sido acaso mejor haber permanecido como un sabio maestro mediante el silencio, que convertirse en un impostor a través de la escritura? Aquel que no desea sacar a la luz los artificios secretos —puesto que es una artimaña excelente tapar misterios con más misterios— bien puede guardarse sus mentiras en casa y engordar con ellas. Mucho mejor cuidó de su nombre honesto y de su conciencia el excelente holandés Helmontius; pues aunque no todo el mundo lo comprenda, él sí escribió la verdad. Porque no es precisamente necesario…[23]
Prefacio. 205
…necesario que cualquier bribón se pavonee como un pavo real con semejantes artificios secretos; por el contrario, basta con que alguien deje la verdad a la posteridad a través de su propia experiencia, para que la ciencia y las artes no perezcan. Quien sea ingenioso y haya sido elegido para esto, encontrará a su debido tiempo lo que ha buscado, aun cuando todos los escritores de procesos guarden un silencio sepulcral al respecto. Esto sí lo puedo decir con total certeza: si hubiera preferido mi propia reflexión a la lectura de libros, y la hubiera vinculado directamente con el trabajo manual, no habría tenido que soportar tantos innumerables trabajos y penalidades.
¡Prestad atención, por lo tanto, mis queridos compañeros! Es verdad que no os presento una comida ya masticada, pero seguid mi consejo: abandonad vuestros procesos, observad conforme a la razón la materia adecuada que tenéis ante vosotros, orad y trabajad. Yo os guiaré iluminando vuestro camino, y os nombraré explícitamente el lugar y la materia, enseñándoos también el modo y la manera —tanto como mi conciencia me lo permita— en[24]
206 Prefacio.
…cómo debéis proceder. No escribo nada que no sea verdadero y de mi propia autoría, y que no me haya sido concedido por nadie más que por DIOS mismo, a través de un pesado trabajo hercúleo que he soportado año tras año durante mucho tiempo. Los libros solo me enseñaron el fundamento y la certeza de las cosas, nada más. Sin embargo, he descrito en estas páginas materias tales que jamás antes han sido publicadas en un libro impreso. Por lo tanto, tened buen ánimo, sed diligentes y constantes, y no desesperéis si las cosas no marchan de inmediato según vuestros deseos; antes bien, recordad que, conforme al proverbio griego vertido al alemán: Las cosas hermosas son difíciles de alcanzar.[25]
El Capítulo I. 207
El Capítulo I.
Prueba el título
de este pequeño tratado.
Es evidente, y nadie lo negará fácilmente —a menos que sea alguien carente de experiencia en las cosas de la naturaleza—, que extraer la única verdad natural del pozo de Hipócrates exige mucho más entendimiento, más fuerzas, trabajo y tiempo que vaciar por completo la fuente Hipocrene con toda su charlatanería escolástica. Pues esta última tiene su origen en las instituciones, leyes y percepciones de los hombres, y se aprende en los momentos de ocio; aquella, en cambio, tiene su origen en la naturaleza misma, en el espíritu invisible que actúa como el administrador del Dios Todopoderoso. Sin embargo, se encuentra a la vez tan reprimida por una oscuridad nocturna y órfica que, para que de vez en cuando pueda salir a la luz, no se requeriría meramente a un Hércules, sino al mismísimo conquistador del mundo, junto al elemento del fuego y su terrible martirio. E incluso de esta manera no aparece fácilmente, si a ello no se suma el mandato de Aquel ante quien las montañas se resquebrajan y el abismo se eleva a las alturas. Si esto los [ejem…][26]
208 El Capítulo I.
…ejemplos quisiéramos demostrarlo, habría en todos los tiempos una gran multitud de aquellos que han perseguido a la desvestida y desnuda DIANA por toda clase de medios y con gran empeño, a través de bosques y pedregales; pero ellos, o bien no la encontraron, o bien, si la encontraron, no la reconocieron con su torpe entendimiento de ciervo, y terminaron siendo despedazados por los mismos perros de su propia y aplicada diligencia. Hoy en día todavía lloran en muchos lugares viudas y huérfanos la prodigalidad despilfarradora de sus difuntos esposos y padres, la cual emplearon en las artes alquímicas sin obtener ganancia alguna; excepto que, en lugar de la Piedra Filosofal, obtuvieron la piedra de la vejiga, y en vez de la tintura de oro, contrajeron el temblor y la parálisis de los miembros.
Sin embargo, de ello no se deduce en absoluto que lo que buscan los alquimistas no valga ni una cáscara de nuez vacía, o que sea un sueño e ilusión platónica. Pues la verdad natural está enterrada bajo la tierra y es, además, una virgen casta, no una ramera mercenaria común. Los zapateros bien pueden culparse a sí mismos de quedarse pegados a su propia pez. Los charlatanes vendedores de ungüentos bien pueden desearse el mal a sí mismos por abandonar las medicinas humanas para, en su lugar, pretender idear de forma absurda elixires a partir de metales mucho más sólidos. ¿Qué tiene que ver nuestra Reina con los…[27]
El Capítulo I. 209
…barberos y ancianas. Por la misma razón, un orfebre no conoce el origen de los metales simplemente porque sepa darles a ellos y al oro una forma artística. ¿Qué comunión tienen los campesinos con esta princesa nuestra, que habita en plazas fuertes y en un castillo rodeado por una triple muralla? Por último, querido lector, ¿crees acaso que esta criatura celestial carece de la protección y el amor paternos, de modo que cualquier macho cabrío lascivo, sin el consentimiento del padre, pueda arrastrarla a su lecho nupcial y deshonrarla? De ninguna manera. Es más, para que tal cosa no suceda, ha sido retirada de la vista de los hombres y encomendada a la Tierra como hija de Júpiter, quedando sepultada en su regazo. Ella no reposa sobre blandos cojines, ni resplandece en púrpura y vestiduras bordadas de oro; tampoco pasea de aquí para allá entre alegres matorrales y campos idílicos, ya sea porque desee mirar a su alrededor o porque quiera ser vista por otros. Mucho menos danza o anda persiguiendo galanes a la manera de otras doncellas; al contrario, prefiere por real magnificencia yacer oculta entre brazos de piedra y en una densa oscuridad, antes que dejarse besar por gentes indignas bajo un mullido lecho de plumas. Tal ha sido hasta ahora nuestra TITHONIA, y así continuará…[28]
210 El Capítulo II.
…y así continuará hasta que el mundo sea consumido y reducido a cenizas por el fuego.
El Capítulo II.
Expone las causas.
Se dice comúnmente de forma burlona que los conocedores de la naturaleza son, por lo general, personas impías; lo cual, dicho sin distinción, es totalmente falso y una gran mentira. En cambio, el siguiente proverbio de los antiguos sabios es verdadero, y más que verdadero, cuando afirman: Nuestra arte, o bien encuentra a un hombre bueno, o bien hace a un hombre bueno. Es verdad que admito de muy buena gana, y así lo atestigua la experiencia diaria, que muchos apasionados del arte de hacer oro se pasan el año entero viviendo entre borracheras y glotonerías, preocupándose muy poco por el servicio divino. Sin embargo, también puedo afirmar con seguridad que, según mi juicio y el de todas las personas de recto pensar, tales falsos chapuceros se encuentran tan alejados del Vellocino de Oro como el cielo de la tierra, el amanecer del anochecer y lo blanco de lo negro; es más, casi me atrevería a decir que jamás ha existido un poseedor de tal condición, pues un sabio impío es una contradicción absoluta. Por lo menos, es una gran verdad que una vida impía, espe…[29]
El Capítulo II. 211
…especialmente la lujuria bestial es un signo infalible de un impostor y de un hombre insensato. Pues el sabio Escudriñador de los corazones jamás ha confiado a nadie las llaves de la Fuente de la Vida sin haber previsto antes que llevaría una existencia digna de tan alto don. Por lo tanto, harían bien en fijarse aquellos que estiman a tales hombres salvajes y bestias racionales debido a su supuesta ciencia, para que no esperen en vano cosechar uvas de un espino o higos de los cardos. Pues la causa principal de que nuestra verdad hermética esté enterrada es el Dios de infinita bondad, que es el Padre de todos los misterios. Él mismo, así como por lo demás es invisible a los ojos humanos, del mismo modo oculta también sus tesoros ante ellos. Es verdad que los buenos amigos pueden aportar algo en este asunto, pero esto no sucede sin la providencia especial del sapientísimo Maestro Supremo, quien actúa de manera mediada. Y aunque a veces ocurra, por medio de astutas intrigas, que una cerda inmunda sea conducida al santo templo de la Naturaleza, ella de todos modos o bien no entenderá nada, o bien no logrará nada, porque de múltiples maneras ha sido cegada e impedida por el justo juicio de DIOS.
La otra causa de este sepultamiento son los poseedores de la tintura. Pues rara vez se encuentra un hombre…[30]
212 El Capítulo II.
…humano que, por el solo hecho de serlo, no tienda a ser envidioso, sobre todo en asuntos de la más alta importancia, tal como se puede ver en el príncipe de nuestro arte, HERMES. Pues, ¿qué hay más oscuro que su Tabla de Esmeralda? Antes te liberará Pegaso de la Quimera de tres formas asombrosas, que un Edipo pueda resolverte este acertijo laberíntico. A este le han seguido fielmente GEBER, RAIMUNDO LULIO, ARNALDO DE VILANOVA y otros. El árabe, del mismo modo que por lo demás estaba dotado de un entendimiento más iluminado y grande, expuso también sus asuntos de manera mucho más ordenada e instructiva, aunque casi siempre silenció o recortó precisamente aquella pieza de la cual dependía la mayor parte. LULIO, quien fue una mente sutil y astuta, se burló bastante de la gente (literalmente: les puso una buena nariz). Es decir, cuando advirtió que las escuelas latinas habían sido seducidas por las griegas, al considerar estas como la máxima prudencia el que alguien pudiera hablar de forma fluida, capciosa y elegante, empleó todos los medios del arte de la disputa y la retórica para camuflar su verdad, extinguirla y enterrarla por completo. Así lo atestiguan suficientemente sus escritos —los cuales contienen contradicciones y tocan siempre la misma cuerda—, los cuales, sin embargo, agradaron sobremanera a los eruditos de aquella época. Semejante elogio ha…[31]
El Capítulo II. 213
…perseguido ARNALDO DE VILANOVA, a quien le placía más emplear palabras oscuras y brevemente truncadas que valerse de charlatanerías engañosas; y escribió su espinoso Rosario, el cual sería difícil de explicar incluso para el mismísimo APOLO. Y aun suponiendo que el arte del fuego en tiempos pasados haya obtenido algún provecho de sus escritos, todo ello fue nuevamente derribado por la nueva doctrina del conde trevisano BERNARDO, quien tomó un camino en el arte completamente distinto al de los antiguos. Pues los primeros sabios ensalzaron ante la posteridad la simple uniformidad del mercurio. Este último, sin embargo, tras haber rechazado aquello, puso en circulación su mercurio doble, con un asentimiento tan firme y clamoroso de los dedicados al arte que, hasta donde sé, ni un solo maestro ha dudado jamás de la excelencia de su ventaja; al contrario, todos unánimemente han considerado a este hombre casi como un ídolo, y han sostenido entre sí que la Naturaleza sigue las reglas de la aritmética, y que lo doble es preferible a lo simple. Si esto se hizo con acierto o no, se manifestará más adelante. Solo queda notar aquí que un singular espíritu de confusión, enviado a los hombres desde lo alto, ha introducido tal disparidad, para que la razón humana —si dirigiese sus pensamientos de continuo hacia una sola cosa— no terminase…[32]
214 El Capítulo II.
…terminase por descubrir el secreto, le arrebatase a HÉRCULES su clava de la mano y pudiese derribarlo todo por completo. Pues se habría acabado la comedia de la vida en este redondo escenario del mundo si los hombres, sin distinción, fueran sanos y ricos; y todo se transformaría, de hecho, en un triste espectáculo. Pues nadie serviría a otro a menos que hubiese sido vencido por la fuerza y obligado a ello. Por no hablar de las frívolas canalladas que el diablo ideó en sus miembros para deshonra del Creador. Pues, de por sí, el mundo entero está sumido en la maldad y ya no hay nada bueno que esperar en él. Los vicios han arrebatado el lugar a la virtud. Los aduladores (lisonjeros), los bufones maliciosos, los charlatanes fanfarrones y los astutos estafadores cabalgan a caballo; por el contrario, los hombres sabios y agraciados por DIOS ante los demás con magníficos dones deben andar a pie. Por consiguiente, no se debe tomar a mal que nuestros antepasados se demostraran fieles y secretos escritores de la Naturaleza, porque de lo contrario el arte de la transmutación cobra ventaja de día en día en lo que respecta a las costumbres, y no a la Naturaleza. En casi todas partes el oro se convierte en plomo; es decir, la paz dorada, el amor, la equidad y la verdad son destruidos por el fuego frío de la envidia, y transformados en escorias de plomo de una maldad infernal. ¡Ay! ¿Qué sucedería entonces si también la…[33]
El Capítulo II. 215
…otra transmutación natural se hiciera pública, ¿no se matarían los hombres unos a otros, dejando así el mundo desierto y desolado? Mirad, estas son las causas determinantes de que nuestra verdad natural esté enterrada; las cuales ciertamente son de gran importancia, y bastan para apagar todo el amor de los poseedores del secreto hacia el género humano.
Sin embargo, para que la posteridad no me anote a mí también junto a los otros escritores de libros en la lista negra y se burle de mí, quiero dar cumplimiento a mi promesa: romperé las columnas de mármol de nuestra tumba y abriré la puerta cerrada. No obstante, lo haré de tal manera que no cualquier bribón carente de razón y trabajo pueda extraer a esta hermosa diosa y someterla a su antojo. Basta con que yo, como un fiel pretendiente (o intermediario), conduzca a la novia anhelada ante los maestros y ante aquellos que se han sacrificado día y noche con un trabajo extenuante. A los estudiantes, en cambio, los preservo en su salud y con el dinero en su bolsa, mostrándoles el camino hacia esta tumba cerrada e iluminándolos al frente con la antorcha.[34]
216 El Capítulo III.
El Capítulo III.
Prepara el camino.
Pero para que podamos alcanzar con mayor facilidad la meta que nos hemos propuesto, es absolutamente necesario que las espinas y los setos que se encuentran en el camino sean previamente cortados y amontonados, a fin de que el caminante venidero no vaya a clavarse una espina punzante en el pie, o incluso se vea obligado a detenerse por completo. Fuera de esto, ya quedarán bastantes acantilados de piedra elevados que son imposibles de escalar, los cuales harían que a cualquiera le diera vueltas la cabeza, y ante los que a un viejo y curtido soldado se le pondrían los pelos de punta. Pues todos cuantos han escrito hasta ahora sobre los misterios de la Naturaleza han mezclado en sus textos muchos discursos inútiles, con el objeto de apartar a los legos insensatos del núcleo del verdadero entendimiento.
Entre estos hijos de la naturaleza madrastra, parece ocupar el puesto principal TEOFRASTO PARACELSO, quien, si bien había estudiado poco, fue un hombre dotado de altos dones en la sabiduría oculta. Sin embargo, se contradice a sí mismo con mucha frecuencia, y lo que alaba en un lugar, lo desestima (o contradice) de nuevo en otro. Por ejemplo, en el capítulo séptimo sobre la transmutación de los metales, declara que la materia de la Piedra Filosofal es…[35]
El Capítulo III. 217
…de la naturaleza de los vegetales, animales y minerales. Sin embargo, poco tiempo después rechaza todos los minerales y dice que, aunque los sabios maestros llamaron mineral a su Piedra, su intención no era que debiera tomarse de ningún mineral. No obstante, en el capítulo undécimo de ese mismo tratado cambia otra vez de opinión y elogia un electrum mineral inmaduro como la indudable y verdadera materia. Ahora rechaza el mercurio común y de pronto lo vuelve a proponer, como se puede ver en el mencionado tratado y en el libro décimo de los Archidoxa. En un lugar eleva el plomo hasta el cielo y en otro lo desprecia, por no hablar del trabajo que se debe realizar con el azufre y el agua de cobre común (vitriolo). Lo cual, ciertamente, no es otra cosa que burlarse del mundo y sembrar cizaña entre el trigo. Si la materia de la Piedra Filosofal no es triple según la letra, sino en un sentido secreto, se deduce entonces que es mineral o metálica en su sentido real, y la diferencia radica únicamente entre la materia remota y la materia próxima. Pues dentro de un mineral bien puede esconderse un metal. Ahora bien, quien conozca la diferencia entre la vía húmeda y la vía seca, entre la materia en la cual y de la cual, ese podrá leer los escritos de Paracelso sin peligro. De ambas vías se obtiene el mercurio uniforme, y es la misma cosa, ya sea por una vía húmeda o se…[36]
218 El Capítulo III.
…forma seca. El escrúpulo (o dilema) radica únicamente en la uniformidad y en la materia en la cual debes trabajar, la cual es completamente diferente. Si sigues las huellas de PARACELSO y eliges la vía húmeda, primero debes proveerte del electrum mineral inmaduro, que es difícil de conseguir, y luego proceder conforme al arte, de modo que tomes las puras y brillantes garras de águila, tal como él enseña en el capítulo 14 sobre las transmutaciones; e indica el lugar cuando dice: «No encontrarás mejores herramientas que en Hungría e Istria«.
En resumen, PARACELSO tuvo cuatro aguas disolventes secretas con las cuales realizó aquello que se le atribuye: a saber, su llamada sal grande y sal pequeña circuladas, el agua Alkahest, y el mercurio filosófico en forma fluida. La sal grande circulada se hace a partir de la sal común; la más pequeña, a partir de la sal de tártaro (cremor tártaro); el agua Alkahest se elabora a partir del mercurio, y el mercurio filosófico en forma fluida se obtiene del electrum mineral inmaduro o del plomo filosófico. La diferencia entre estos dos últimos radica únicamente en que el Alkahest simple se prepara a partir del mercurio de los sabios, el cual con justa razón puede ser llamado un mercurio doble. Si buscas una medicina para mejorar los metales, deja a un lado las tres primeras y busca esta…[37]
El Capítulo III. 217
…mineral con esta; entonces encontrarás en poco tiempo, y no con un trabajo excesivamente grande, aquello de lo que se jacta este suizo [Paracelso]. El proceso posterior de la tintura lo ha detallado, en su mayor parte, el monje BASILIO VALENTÍN. Aquí tienes el núcleo de los escritos de PARACELSO; dale un buen uso y deja que las polillas se coman todo el resto de ese gran y grasiento papeleo. Si ahora objetas: «Querido maestro, enséñanos el método que PARACELSO omitió», yo te respondo: Él mismo enseñó los dos primeros secretos de forma bastante extensa en el libro décimo de sus Archidoxa [aquí escrito erróneamente Arabidoxor]. En lo que respecta a los últimos, te digo: haz uniforme el mercurio común mediante la eliminación de sus partes terrenales y acuosas superfluas, y llévalo después a un estado líquido a través de la disolución con su propia madre o el estómago de avestruz; entonces verás por qué VAN HELMONT dijo en su tratado sobre el Árbol de la Vida que para la preparación del agua Alkahest se requiere un doble adepto, y me darás las gracias por ello.
En cuanto a RAIMUNDO LULIO, le aconsejo al estudiante principiante que lo deje por completo en paz, pues es sumamente confuso, prolijo y un mentiroso. La verdad que él ocultó bajo tantos halagos y toscos discursos circulares, la encontrarás de forma mucho más clara y rápida…[38]
220 El Capítulo III.
…aprender de GEBER, pues él comparte la misma opinión en cuanto a considerar que el mercurio simple y uniforme es la materia principal correspondiente al arte. Sin embargo, los procesos particulares de GEBER, fuera de lo tocante al mercurio uniforme, son cáscaras vacías sin núcleo, y no más que ratoneras para los indignos. ARNALDO DE VILANOVA toca la misma cuerda que LULIO (o toca el mismo violín). Deja en paz su trabajo de sublimación del mercurio común con toda clase de sales, así como su revitalización mediante cal viva y sales reanimadoras; pues de esta manera jamás conseguirás blanquear a este negro etíope. A estos maestros del arte los menciono brevemente, en parte porque su engaño ya ha sido dado a conocer a los laborantes de hoy por medio de otros autores; y en parte también porque no son demasiado sutiles por sí mismos, a menos que uno quiera ser excesivamente crédulo y, desoyendo una fiel advertencia, llegue a escarmentar demasiado tarde por cabeza propia. Entre los maestros legítimos más recientes del arte, después de BERNARDO, los más célebres son SENDIVOGIUS y el más reciente, el llamado FILALETO. Ellos, aunque en verdad fueron poseedores de la tintura, se apartan sin embargo considerablemente de la doctrina de los antiguos; a tal punto que, en lo tocante a la ciencia profunda de las cosas naturales, bien podría decirse de ellos que…[39]
El Capítulo III. 221
…han tomado a un ratón cubierto de polvo de harina por el mismísimo molinero. Sin embargo, entre estos, BERNARDO fue un hombre sumamente instruido y experimentado. Él, aunque bien fue el primero en mencionar su mercurio doble antes de la conjunción con los cuerpos perfectos, no rechaza del todo la simple uniformidad (en consideración a sus fundamentos), sino que recomienda en su epístola —aquella que comienza con obsequiis, etc.— ambos tipos de sublimación del mercurio a partir de los cuerpos con los cuales no concuerda, y de aquellos con los que posee una afinidad. No obstante, prefiere la última a la primera; con qué derecho, se mencionará más adelante. El escritor polaco SENDIVOGIUS y el más reciente FILALETO —quienes, aunque en verdad poseyeron la tintura, la recibieron de manos de otros— se han atrevido a derribar por completo todo el edificio de los antiguos sabios. Ellos, especialmente este último, pretenden sostener de manera constante y con palabras explícitas que el mercurio uniforme de los sabios no puede elaborarse de ninguna otra manera sino mediante la mezcla con el régulo de antimonio marcial estrellado.
Cuán miserablemente son engañados ellos, y cómo engañan a los demás, lo demostraré en breve de forma tangible, puesto que en los asuntos de la naturaleza la prueba real es mucho más fuerte que cualquier…[40]
222 El Capítulo III.
…cualquier silogismo o deducción lógica. Que SENDIVOGIUS comparte la misma opinión que FILALETO, y que este último no hace más que explicar al primero, se puede apreciar en diversos pasajes de su muy oscuro libro. Pues con el fin de desorientar aún más al lector en los doce capítulos de su opúsculo y en su discurso de clausura, tras haber hablado largo y tendido sobre materias salinas no metálicas, se vuelve de inmediato, mediante el siguiente acertijo, hacia el ya mencionado régulo marcial. Esto mismo lo repite posteriormente en el Diálogo sobre la Piedra Física, pero lo expresa de la manera más clara hacia el final de su pequeño tratado sobre el azufre, donde dice: «Alrededor de una fuente andaban la sal y el azufre, y tenían una disputa entre sí, hasta que finalmente se tomaron de los cabellos y pelearon mutuamente; en cuya escaramuza la sal le propinó al azufre una herida espantosa de la cual, en lugar de sangre, fluyó leche», etc. ¿Quién no ve retratadas aquí las palomas de Diana de FILALETO y todo su procedimiento? Así es exactamente.
Pasemos ahora al propio FILALETO. Este no se desvía ni el ancho de una uña del estilo de escribir de otros maestros legítimos, y afirma: «De esta y de muchas otras maneras se elabora el mercurio de los sabios». Como si hace poco hubiese recorrido todos los rincones secretos de la Naturaleza, a pesar de que considera muy poco…[41]
El Capítulo III. 223
…considera que llegó a realizar su obra maestra no a través de la disolución y el verdadero desentrañamiento de las cosas naturales, sino ya sea por sustracción (robo), como algunos sostienen, o por la comunicación de un tercero, y esto precisamente en el trigésimo tercer año de su edad. Pues yo pregunto a todos los sabios maestros conocedores del fuego: ¿qué clase de íntima relación y amor pudo haber entablado un muchacho tan joven con nuestra venerable Matrona de la Naturaleza? Verdaderamente, esta habría sido muy pobre. Pero dado que su pequeño tratado está en manos de casi todo el mundo, será igualmente conocido que el fundamento de su mercurio filosófico es el hierro, el cual, mediante la fundición, se transmite al régulo de antimonio, para unirse luego minuciosamente con el mercurio común; de tal modo que el mercurio del antimonio bruto (estibina) sea revivido y enlazado con el mercurio común, y que ambos arrojen de sí sus escorias. El trabajo funcionará sin lugar a dudas, siempre y cuando se disponga del medio, es decir, de las palomas de Diana. Pero que el fuego del hierro, el cual yace oculto en el mercurio antimonial, sea la causa única de la purificación del mercurio común, y que esto no pueda ocurrir de ninguna otra manera, a eso yo digo no, basándome en las siguientes razones y pruebas tangibles.
En primer lugar[42]
224 El Capítulo III.
En primer lugar, es falso que el mercurio del hierro se mezcle en el régulo con el mercurio del antimonio bruto, algo que él [Filaleto] sostiene descaradamente en varios pasajes, y con total claridad en el segundo capítulo de su Entrada abierta, con estas palabras: «Puesto que nuestro dragón, que todo lo vence, es sin embargo penetrado por el olor de la pequeña hierba saturnina; su sangre corre junto con el jugo saturnino en un cuerpo prodigioso que, no obstante, sigue siendo volátil», etc. Aquí él da firmemente por sentado, sin objeción alguna, que la mejor parte del metal —a saber, el mercurio del hierro— se une en la fundición con el antimonio bruto; lo cual se demuestra falso en la siguiente operación práctica. Toma una libra (℔) de antimonio bruto (estibina), colócala en un crisol de fundición y déjala derretir allí dentro. Cuando se haya licuado, introduce en ella un trozo de acero que esté completamente al rojo vivo y chispeante; verás entonces que la materia fundida se eleva y consume (o disuelve) el acero. Cuando esto cese, añade de inmediato y del mismo modo otro trozo completamente al rojo vivo, hasta que el acero ya no sea atacado por el antimonio bruto. Cuando observes esto, funde de nuevo inmediatamente toda la materia con el fuego más intenso y, cuando fluya bien, viértela en un cono de vertido (mortero de fundición) caliente, que esté engrasado por dentro con sebo, y golpéalo para que el rey [régulo] se separe mejor…[43]
El Capítulo III. 225
…se asiente en el fondo. Cuando la materia se haya enfriado, separa el rey (régulo) mediante un golpe, purifícalo por tercera vez con salitre y tártaro, y pésalo; el cual tendrá un peso aproximado de 8 Loth [onzas antiguas]. Ahora funde también un rey con partes iguales de antimonio bruto, salitre y tártaro, de la manera común mediante ignición en un mortero grande. Vierte la materia restante a toda prisa con un fuego intenso y golpea con fuerza el cono de vertido, para que el rey se separe correctamente de sus escorias en el fondo; obtendrás exactamente el mismo peso si has procedido de forma correcta. Pulveriza las escorias de hierro y, en un fuego lento de carbón sobre un plato de copelación, evapora el antimonio restante; entonces te quedará un polvo de hierro casi con su peso original, el cual posee todas las propiedades de un hierro calcinado por el azufre común. Esto se disuelve mediante humedades ácidas y produce un hermoso vitriolo, lo cual no sucedería si el acero hubiese sido despojado de su mercurio, tal como reconocen todos los maestros entendidos.
Si el mercurio marcial, con su alma dorada, se hubiese unido en el rey con el mercurio antimonial, se deduciría, en primer lugar, que mediante el hierro se obtendría una cantidad mayor de régulo…[44]
226 El Capítulo III.
…en comparación con el obtenido mediante las sales, lo cual es falso. En segundo lugar, que el hierro remanente en las escorias debería pesar al menos una cuarta parte menos, lo cual asimismo es erróneo. En tercer lugar, que el mercurio común no podría purificarse con el régulo simple, lo cual resulta nuevamente errado, puesto que no existe diferencia alguna entre ambos [régulos], tampoco en lo que respecta a la estrella. Pues yo mismo he visto varias veces el régulo simple bellamente estrellado, y yo mismo, hace diez años, elaboré un régulo estrellado de esa clase, adornado a veces con estrellas amarillas y otras veces blancas, según la oportunidad del momento, con pocas o más estrellas, empleando para ello una gran cantidad de sales añadidas; y me comprometo todavía hoy a demostrar la verdad de lo que he afirmado. Además, nadie se equivocará fácilmente en esto si tan solo añade suficientes sales al proceso y lo funde al tiempo debido; de lo contrario, tampoco el Regulus Martis recibirá su ornamento [su estrella], por más que fuese fundido cien veces. Puesto que no cualquier momento, sino un tiempo determinado es requerido para obtener la estrella. Pues los movimientos de la Naturaleza están en todas partes medidos y ordenados, y poseen sus influencias particulares según los aspectos del cielo. Por consiguiente, si el fuego del hierro que yace oculto en el mercurio del hierro fuese la causa de la purificación del mercurio común…[45]
El Capítulo III. 227
…como FILALETO pretende sostener, y por cuyo motivo hace pasar su mercurio sófico resultante como si estuviera completamente lleno de un azufre espiritual interno. ¿Cómo es posible, entonces, que el mercurio antimonial extraído del rey de hierro (régulo marcial) no actúe de esa misma manera? Pues yo mismo he comprobado que no ha querido hacer tal cosa. Es muy cierto que los cuerpos perfectos y sus azufres o almas buenas internas purifican al mercurio común mediante la iluminación de su parte mercurial, la cual es igualmente pura y uniforme; de tal modo que, tras esto, los azufres venenosos externos son rechazados y descartados como elementos hostiles. Sin embargo, a los azufres metálicos arsenicales tampoco les falta esta capacidad de purificación, y esto ocurre precisamente por una suerte de afinidad y atracción natural (literalmente: similitud y amor propio), aunque ellos no puedan infundir ninguna alma dorada, sino que únicamente atrapan aquello que es afín a su propia naturaleza.
Por lo tanto, la verdadera causa de la purificación del mercurio, la cual ocurre a través de la amalgamación del régulo, no es ese supuesto fuego solar que en absoluto se encuentra en su mercurio doble; sino que se debe a la cantidad de azufre arsenical presente en el propio rey (régulo). Este azufre, mediante el arte de las palomas, es liberado de sus ligaduras y, por una necesidad natural, atrapa a sus semejantes dentro del mercurio común, dejando…[46]
228 El Capítulo III.
…dejando atrás, mientras tanto, al tercero. Pues lo que ocurre con el acero y el antimonio bruto, sucede también con el rey (régulo) y el mercurio, por medio de una operación práctica particular. Cuando el hierro sulfúrico atrapa al antimonio, que es igualmente sulfúrico, entonces el mercurio del antimonio —el cual no está ligado con tanta fuerza como el hierro— se precipita al fondo. Pero dado que por este medio no puede ser liberado por completo de sus guardianes, sino que retiene consigo todavía aproximadamente una décima parte de azufre arsenical, este último —una vez que ha sido tratado y preparado previamente— vuelve a absorber a sus semejantes dentro del mercurio común, dejando finalmente atrás su propio mercurio como algo desigual. Esto mismo se puede observar también en la purificación de otros minerales metálicos; cuando los fundidores, por ejemplo, añaden mineral de hierro a un mineral de plomo si este es arsenical o está lleno de otro tipo de azufre, para extraer de él una mayor cantidad de metal, etc. Pero suponiendo que en el mercurio del régulo resida alguna fuerza áurea capaz de animar al mercurio común, ¿por qué no hace eso mismo con su propio y predilecto mercurio antimonial? [228] ¿Por qué debe tomarse el mercurio común para que ocurra este efecto? [228]
Si objetas que esto no puede suceder de una sola vez debido a tantas diferen…[47]
El Capítulo III. 229
…diferente azufre del antimonio bruto. Respondo yo: Sea así, aceptemos que la primera vez no quede completamente purificado; entonces uno lo repite por segunda vez, una vez que el rey (régulo) se haya formado, y de este modo será finalmente suficiente. Sin embargo, tampoco funciona de esta manera; no porque el mercurio del antimonio bruto esté lo bastante limpio en el rey, sino porque falta el azufre combustible común que disuelve el hierro, lo cual demuestro mediante otra prueba práctica (operación manual). Extrae el azufre antimonial combustible del antimonio bruto crudo, de tal forma que el azufre extraído sea tan idéntico al azufre común como un huevo a otro, y que el antimonio bruto no pierda su forma exterior previa, exceptuando que ya no brillará de la misma manera que antes. Funde este antimonio bruto e introduce en él un hierro al rojo vivo y chispeante, tal como si quisieras hacer un rey de hierro (régulo marcial); verás entonces que el proceso no funcionará y que el hierro permanecerá intacto. La causa es que el antimonio bruto ya ha perdido su azufre combustible, mediante el cual se disuelve el hierro. Si objetas más adelante que esa misma fuerza áurea del hierro es un puro vapor espiritual, tal como el ya mencionado FILALETO parlotea en su Birrhio y en otros lugares; entonces yo pregunto: ¿cuál es la causa de que ese mismo fuego inestable, siendo espiritual,[48]
230 El Capítulo III.
…y no esté ligado al mercurio del hierro; que no sea expulsado por el fuego de fundición ni por las repetidas calcinaciones en las casas de fundición (cecas), sino que aguarde únicamente al antimonio bruto, el cual, cuando se aproxima, abandona a su antiguo hospedador —el mercurio del hierro, que es mucho más noble que el antimonial— y, como un huésped ingrato, busca uno nuevo para perfeccionarlo? Asimismo, ¿por qué este espíritu áureo habría de esconderse sin un cuerpo dorado únicamente en el hierro, como en la casa del Carnero (Aries), y no encontrarse también en el cobre, siendo que a partir del cobre, por la misma causa y método, se elabora un rey (régulo) sumamente hermoso? A pesar de que en todas partes corre el clamor común entre los alquimistas de que el cobre está lleno de azufre áureo, y de que los tejados de cobre son finalmente cocidos y transformados en oro por el mismísimo Sol.
Si respondes: «El FILALETO se opone expresamente a esto en su capítulo undécimo, afirmando que los sabios maestros habían buscado en vano en el cobre». Yo objeto de nuevo que el FILALETO ha sido engañado en este punto, tal como se puede apreciar por lo expuesto anteriormente. Del mismo modo que no se deduce que, por conocer un alto misterio mediante la revelación de un tercero, me sea conocida de inmediato la Naturaleza entera. Puesto que se debe aprender a conocer la Naturaleza entera a partir de puros géneros y cosas individuales. Además…[49]
El Capítulo III. 231
…este buen hombre no siempre se prestó atención a sí mismo. Pues tras haber negado con pomposas palabras que el mercurio antimonial simple y común contenga en sí un azufre activo, afirma finalmente en el capítulo undécimo que el mercurio común lleva consigo un azufre fermentante, es decir, activo, cuyo grano más diminuto basta para cohesionar (o fijar) todo su cuerpo, siempre y cuando se le pueda despojar de su hostil inmundicia; lo cual ciertamente es verdad, pero contradice la propia opinión de FILALETO. A partir de esto, considero que resulta bastante claro que la ciencia de este poseedor del secreto no tiene gran valor, aun cuando su trabajo práctico posea exactitud. Pues no es ninguna contradicción que alguien conozca la esencia de una cosa, pero ignore los mecanismos de cómo sucede. Sí, es un hecho casi común entre grandes y chicos, entre eruditos e ignorantes, que captan el objeto en sí mismo, pero se preguntan muy poco cómo está constituido internamente. De este pozo de la negligencia brotan males en abundancia, los cuales saturan el mundo de errores y lo transforman en un valle de lágrimas.[50]
—✥ (0) ✥—
232 El Capítulo IV.
El Capítulo IV.
Enseña qué es comúnmente el
mercurio de los sabios.
He dudado durante mucho tiempo dentro de mí si debía presentar aquello que otros ya han tratado y, por así decirlo, intercalar en estos platos eruditos un mismo alimento que ha sido recalentado tantas veces que a uno le podría provocar náuseas; puesto que casi ninguno de los escritores de libros, tanto antiguos como modernos, pasa por alto esta pieza en silencio. Es más, aquellos que son completamente inexpertos en esta sabiduría y que, al igual que la corneja de Esopo, se adornan con plumas ajenas, arman una gran charlatanería sobre esta materia con el cuello muy abierto, como gansos entre cisnes. Porque, dado que no pueden aproximarse más a este fuego, se maravillan desde la distancia de su brillo incomparable y arman tal alboroto en todos los callejones y calles como si las montañas mismas fueran sus oyentes. Entre los antiguos existía el proverbio de que, cuando se quería dar a entender que algo era sumamente conocido y común, se decía que «era sabido incluso por todos los barberos y bañeros».[51]
El Capítulo III. 233
Pero el alcance de esta expresión es demasiado estrecho para nuestro propósito, puesto que en este tiempo muchos campesinos que no saben leer ni escribir, e incluso mujeres ignorantes detrás del arado y del hogar, saben disertar a fondo y comúnmente sobre el mercurio de los sabios. No obstante, tal como VAN HELMONT dividió muy acertadamente a los animales irracionales en dos clases: en animales diurnos (del Sol), que ven de día por medio del Sol, y animales nocturnos (de la Luna), que ven de noche por la Luna y bajo la tierra; del mismo modo, a pesar de que esta ciencia del mercurio de los sabios es comúnmente muy clara y evidente, se encuentran sin embargo personas tan cegadas por el brillo que, al igual que los murciélagos, odian este de la verdad o no lo pueden comprender, arrastrando a otros consigo a su oscuro abismo. Sería perdonable que los zapateros juzgaran erróneamente sobre cosas que van más allá de sus chanclas; pero que semejantes sofistas procedan de las filas de los doctores legítimamente graduados, y que bajo un título tan respetable ataquen con palabras a los verdaderos poseedores del secreto —como lo es FILALETO—, acusándolos de mentiras y descarriando al mundo, es algo que no se les puede pasar por alto (literalmente: mirar a través de los dedos). Al contrario, se debe trabajar firmemente para que los hombres valientes y sinceros queden protegidos de tales lenguas venenosas y, en la medida de lo posible, el entendimiento tosco de tan insensata…[52]
234 El Capítulo IV.
…doctor insensato, sea pulido y conducido a un mejor entendimiento para comprender el mercurio de los sabios. Pues no se puede negar que VAN HELMONT, quien es casi el principal entre los filósofos más sensatos, sostiene que, cuando se quiere comprender una cosa verdaderamente bien, se requiere que el entendimiento se vuelva, en cierta medida, una sola cosa con el objeto comprendido, y que se transforme casi en él mismo. Pero para que la debilidad de su entendimiento —por no llamarla una locura— se manifieste con la mayor claridad ante todos los servidores de nuestra reina, coloquemos bajo todo el edificio natural dos pilares: el entendimiento y la experiencia; y rechazaremos aquel edificio que no se sostenga sobre ninguno de estos dos, por ser una obra que no ha sido levantada conforme al arte de la arquitectura.
Contemplemos brevemente los tres reinos de la naturaleza, colocando a la cabeza a Moisés, el más antiguo y verdadero descriptor de las cosas naturales; a saber, que todo cuerpo viviente ha recibido del más alto Maestro Artesano de todas las cosas, como un regalo de la creación, la fuerza para multiplicarse. En el reino de los animales, las criaturas perfectas se multiplican mediante la mezcla de la semilla, cada una según su origen y especie. Sin embargo, los gusanos que crecen a partir de la putrefacción por la similitud de una semilla requieren para su nacimiento desordenado una materia ya preparada…[53]
235 El Capítulo IV.
Y por lo tanto, los gusanos que brotan bajo la madera mohosa no son iguales a aquellos que crecen a partir de la carne podrida. Pues no surge cualquier cosa a partir de cualquier materia, sino que en los animales perfectos se requiere siempre y de la forma más precisa una materia común preexistente, y de la manera más amplia en los imperfectos. En estos últimos, la fuerza fermentativa ocupa el lugar de la materia verdaderamente añadida, la cual no se encuentra en los primeros. Por esta razón, la vida de los seres imperfectos es corta, debido a la desigualdad de sus causas primigenias. La generación de estas alimañas se halla más distante del origen de los metales que lo que está un carbunclo de una piedra de sílex. Por consiguiente, queremos dejar esto de lado y apresurarnos hacia el origen de los vegetales. Puesto que la materia próxima primigenia de todos ellos es una savia leñosa, en estos se multiplican todos los cultivos del campo en su totalidad a través de su semilla, como en una materia de origen femenino. Por brevedad, pasamos por alto su demostración en silencio. En el reino mineral y metálico, la materia próxima primigenia es una esencia mercurial, pesada y uniforme. La diferencia entre estos tres reinos radica en que, entre los animales perfectos, debido a la multitud de sus diferentes miembros nobles, se requiere la unión de los sexos masculino y femenino. En los reinos vegetal y mineral, basta con un [jugo] sulfúrico…[54]
236 El Capítulo IV.
…un olor acidificante, el cual ocupa el lugar del causante seminal, junto con la preexistente causa material o de origen femenino. Nadie duda de la causa material femenina en los dos primeros reinos, pero esto último podría ser puesto en duda por los ignorantes. Por consiguiente, es necesario remitirse a los testimonios de los antiguos adeptos, ya que, por lo general, este tipo de uniones matrimoniales ocurren en las cavernas ocultas de la tierra de este reino mineral.
No obstante, la sana razón dicta que cada cosa está constituida, en cuanto a su materia, de aquello en lo cual se disuelve, operando un retroceso proporcional. Ahora bien, todos los metales se disuelven en un mercurio. Por lo tanto, también deben estar compuestos de ese mismo elemento; lo cual confirman todos los antiguos y sabios maestros. El primero de ellos ha de ser ARNALDO, quien en el capítulo segundo del Rosario afirma: «Es indiscutible que cada cosa proviene y está hecha de aquello en lo cual se disuelve. Pues cuando el hielo se convierte en agua por medio del calor, es evidente que primero debió haber sido agua». Y en el capítulo segundo del primer libro del Rosario: «Del mercurio proceden todos los metales, y en él vuelven a disolverse». Y en el capítulo primero: «La Naturaleza, que actúa de manera natural, moldea todos los metales a partir del mercurio y a partir de la esencia de su azufre». Dado que el mercurio posee la propiedad de que a través del…[55]
236 El Capítulo IV.
…del azufre, su calor y su vapor se fusionan. A esto no se opone el más principal entre los alquimistas, GEBER, en los capítulos 3, 8 y 9 de su Summa; pues allí da a entender claramente que el origen de los metales, sobre el cual la Naturaleza fundamenta su acción, está compuesto por el mercurio, el azufre y su compañero, el arsénico.
Que los sabios maestros entienden por dicho mercurio el fluido metálico común, con y sin preparación filosófica, se puede comprobar en primer lugar a partir de ARNALDO, en el capítulo 4 del primer libro del Rosario. Con él concuerda GEBER en el capítulo 8 del segundo libro, donde dice: «¡Alabado sea el Creador Todopoderoso, el digno de elogio DIOS! Quien a partir de una cosa insignificante ha creado una cosa preciosa, y le ha otorgado una esencia independiente y la propiedad de un ser autónomo, como no le ha sido concedida a ninguna otra cosa en la Naturaleza; la cual vence al fuego y no es vencida por él. Puesto que ella sola es un metal, posee en sí misma todo cuanto necesitamos para nuestra obra maestra. Pues dado que todas las demás cosas son combustibles, huyen del fuego y perecen en la llama». Y este mismo autor, en el capítulo 2 del primer libro del Rosario, afirma: «El mercurio contiene en sí mismo su buen azufre, mediante el cual se solidifica (o reúne) en oro y plata». A esto se adhiere BERNARDO en su epístola Obsequiis, etc., el cual dice expresamente: «El…[56]
238 El Capítulo IV.
…lo disolvente no es diferente de aquello que debe ser disuelto, excepto en lo que concierne a la cocción y la maduración. Por consiguiente, debe ser de naturaleza metálica. Y añade él mismo en ese mismo pasaje: «Ningún agua disuelve a la inversa un metal de manera natural, sino únicamente el mercurio. Y la disolución natural de los metales no puede realizarse por ninguna otra cosa, ni es útil, sino sola y exclusivamente a través del mercurio». Por tanto, el mercurio crudo, actuando como un agua, se une al cuerpo por medio del espíritu, el cual debe ser disuelto en la primera cocción. Y prosigue diciendo: «Que toda aquella doctrina es falsa, la cual enseña a alterar el mercurio antes de la conjunción del cuerpo con él». Por consiguiente, este debe permanecer en su fluidez metálica, lo cual enseña él mismo allí de forma expresa más adelante cuando dice: «No es de censurar que el mercurio cargado de escorias pueda y deba ser elevado hacia lo alto por otros caminos mediante la sal común, para limpiar externamente sus escorias mineras; siempre y cuando conserve en todo momento su flujo mercurial y su humedad radical; esto es, que su naturaleza mercurial permanezca indestructible, la cual proviene de su proporción natural. Puesto que el género y la forma mercurial deben permanecer indestructibles en nuestra obra». ¡Querido lector! ¿Qué puede decirse con mayor claridad? Por este motivo, alaba él también su sublimación a través de la…[57]
239 El Capítulo IV.
…amalgamación del rey antimonial, diciendo: «Existen ciertas sublimaciones del mercurio a partir de sus propios cuerpos, las cuales se unen y mezclan de manera muy precisa con él a través de la amalgamación; entre ellas, aquel que ha sido elevado hacia lo alto con mayor frecuencia y vuelto a condensar, desecha lo superfluo y permanece con su naturaleza intacta. Por consiguiente, resulta útil para el artista a fin de fundir y disolver con él el género metálico, y tampoco cambia sustancialmente en su interior para nuestra obra, sino únicamente por los cuerpos resistentes al fuego que se disuelven en él».
Si objetas, en primer lugar, que aquí se confunden de forma desordenada la materia de los metales con el mercurio de los sabios, respondo yo que son la misma cosa. En segundo lugar, objetas que los sabios entienden por su mercurio algo distinto al mercurio común; respondo yo: «Juzgas rectamente, pero no concluyes rectamente». No se deduce que, porque los sabios rechacen el mercurio común, deban por ello alabar el salitre, la tierra virginal, toda clase de sales y otros materiales de desecho («trapacerías») que se hallan fuera del género metálico. ¿Qué más da? Aceptemos que el mercurio común sea la materia de la cual [se hace la obra], tal como el propio FILALETO confiesa con total franqueza; sin embargo, no es todavía ni mucho menos la materia en la cual [se realiza]. ¿Crees acaso que cuando HERMES u otro sabio maestro al que tienes en gran honor, deba…[58]
240 El Capítulo IV.
…te resucitara, y te revelara en lugar de DIOS que el mercurio común es la verdadera materia de la cual se prepara el mercurio de los sabios; ¿serías acaso de inmediato tan erudito y diestro como para ejecutar este secreto con las manos sin lavar? En absoluto. Pues este trabajo es tan oculto e insondable que, aun si alguien te lo enseñara y te pusiera a la mano todos los utensilios necesarios, no por ello podrías cantar victoria; antes bien, te aseguro que, tal como dicen los conocedores del arte, dejarías fuera precisamente aquello por donde debías comenzar. El arte químico no es cosa vulgar, ni se aprende en el ocio voluntario. Si los sabios maestros no hubieran sabido que esta obra es tan difícil, no habrían escrito de ella con tanta claridad. Escucha, pues, lo que dice GEBER en el capítulo 45 de su Summa: «El mercurio debe ser purificado a fondo, de tal modo que se vuelva blanco como la nieve. Pues según sea el grado de purificación, recibirá esa misma perfección en la transmutación. Por lo tanto, si lo purificas sutilmente y lo perfeccionas, surgirá de él una tintura blanca tal que no se encontrará otra semejante».
Y lo que debe ser separado de él, lo enseña asimismo el mencionado GEBER en el capítulo 9 del segundo libro: «Existe un doble azufre y humedad en el mercurio; uno que se halla en su seno más interno, en el principio de su mezcla…[59]
241 El Capítulo IV.
…mezcla. La otra es accidental, ajena a su naturaleza y corruptible. La primera no puede ser eliminada por ningún arte, puesto que forma parte de la perfección del cuerpo; y este azufre protege al mercurio de la combustión. La otra, en cambio, se separa no sin dificultad mediante el esfuerzo y el trabajo. El mismo autor afirma en el capítulo 37 del segundo libro que el propósito principal de todo el trabajo es que se tome la piedra, la cual es conocida por los capítulos anteriores, y que se proceda diligentemente con la labor de sutilización del primer grado, para limpiarla por medio de esta de su corruptible impureza. A pesar de estas enseñanzas tan claras, el verídico GEBER afirma al final del capítulo 32: «Que ningún artista tosco llegará a descifrar este artificio». Lo cual también confirma ARNALDO en el capítulo 2 del primer libro del Rosario. Por lo tanto, ¡querido amante de la química! Aunque seas receloso (o envidioso), ten buen ánimo y no temas que este secreto llegue a divulgarse. Te juro por el GOTT inmortal que entre miles apenas uno alcanza su propósito, aun cuando conozca perfectamente las materias correspondientes. No obstante, si pretendes grandes cosas y desprecias las cosas comunes, alégrate de todos modos; a través de este trabajo tendrás una excelente oportunidad de poner a prueba la perspicacia de tu entendimiento, pues aquí no hay nada…[60]
242 El Capítulo IV.
…malo ni vulgar sucederá aquí. Si se valora aquello que ha sido logrado a través de mucho esfuerzo y trabajo, mira, aquí se hallan los establos de Augías; demuestra si eres un HÉRCULES, pues experimentarás que este verso es ciertamente verdadero:
Ningún blando lecho de plumas otorga
al estudiante el arte ni la ciencia.
Si te complacen las cosas ocultas, no desesperes, sino busca con diligencia durante muchos años; al final te lamentarás de no haber encontrado nada, a menos que te guíe la mano de un buen amigo o la de DIOS. Si sientes inclinación por la simplicidad de las cosas, mira, aquí te llevaré de la mano: querido lector, permanece en el camino simple de la Naturaleza, pues en él palparás más pronto con tus manos lo que jamás lograrás ver en medio de sutilidades [teóricas], tal como atestigua SENDIVOGIUS.
Por lo tanto, la gestación y multiplicación de los tres reinos ocurre dentro de su propia especie y género. Y aunque debido a la falta de órganos [visibles] no se produzca en la reproducción metálica una unión tan evidente entre macho y hembra como en el reino de los animales vivos, no se puede negar, sin embargo, una mezcla similar de semillas masculina y femenina; puesto que el elemento activo (como semilla masculina) se une de forma natural con el elemento pasivo (como semilla femenina), cuidando en ello la proporción particular y debida de la Naturaleza…[61]
243 El Capítulo IV.
…cuidado. Por lo tanto, a esta primera mezcla se la denomina una cocción material, en la cual la potencia se manifiesta en acto; a saber, a partir de la tierra y del agua se originan el aire y el fuego por medio de la pura cocción y sutilización de las mismas. Tampoco existe ningún otro aditivo en el vientre de la tierra, excepto la cocción y condensación del mercurio, tal como GEBER filosofa y BERNARDO expone en su comentario sobre ARNALDO. Basándose en este fundamento, los antiguos sabios descubrieron su mercurio, puesto que imitaron rigurosamente a la Naturaleza; de modo que añadieron oro puro a ese mercurio puro y uniforme, y lo maduraron a través de los distintos grados de calor. Esto no se debe a que en el oro resida un azufre diferente al del mercurio —que no sea también un mercurio—, sino a que en el oro se ha operado una cocción mucho más perfecta y madura que en el mercurio ordinario. Por esta razón, un maestro del arte lleva a cabo la obra mucho más rápido que la propia Naturaleza. Pues el oro no es otra cosa que un mercurio uniforme completamente cocido y condensado. Así, el arte une el oro con el mercurio mediante un procedimiento breve; a partir de cuyas dos semillas se genera en la práctica, de forma secreta, exactamente lo mismo que la Naturaleza produce a partir de una sola semilla en los minerales de la tierra. Sin embargo, el camino de esta decocción y disolución está muy poco abierto; y quien lo conoce, llega a un secreto que es el género…[62]
244 El Capítulo IV.
…géneros que se han de mezclar, y el extraer las naturalezas a partir de las naturalezas, tal como afirma ARNALDO en los capítulos 1 y 2 del Rosario. Por consiguiente, la descripción del mercurio de los sabios permanece firme e inamovible, conforme a la razón y a la experiencia, excluyendo toda clase de sales, excepto una sola, la cual actúa por así decirlo como su madre y que, debido a ello, carece de sabor. Quien conoce esto, descansa en el regazo de la Naturaleza y no se opondrá a mí. Pues aquel que es amigo de la madre, tampoco será enemigo de su hijo ni de sus compañeros.
Por lo tanto, vos, FILALETO, y todos los demás, os burláis con justa razón de aquellos laborantes cegados que, fuera de la naturaleza metálica del mercurio, dedican un esfuerzo y trabajo estériles a las sales, al rocío de mayo, a la lluvia y a semejantes tonterías («burlas»). Pues la sentencia de los antiguos permanecerá ciertamente como una verdad eterna:
Lo único que los sabios buscan con esmero,
se encuentra oculto dentro del Mercurio.
Con esto entienden ellos, sin lugar a dudas, el mercurio metálico, tal como recuerdan y proclaman suficientemente en las siguientes máximas, como la de RIPLEY: «Une un origen con el otro, y un género con el otro. La Naturaleza se multiplica dentro de su propio género y naturaleza, y en ningún otro». Y BERNARDO: «Nuestra medicina se elabora a partir de dos cosas de una misma esencia, esto es, a partir de…»[63]
245 El Capítulo IV.
…de una unión mercurial estable e inestable, espiritual y corporal. Asimismo, no cabe esperar ninguna utilidad de las cosas no metálicas. Y «en, con, de y por medio de los metales se realizan las cosas metálicas», etc. Y si este tan elogiado mercurio de los sabios no debiera ser extraído del reino metálico, GEBER habría escrito un absurdo en el capítulo segundo del segundo libro de la Summa: «No es posible comprender la transmutación de los cuerpos o del mercurio, si el entendimiento del maestro no llega primero al conocimiento de la naturaleza de dichas cosas según sus causas y sus raíces». Este mismo autor afirma también en el pasaje citado: «El maestro no debe ignorar las primeras y principales raíces que constituyen la esencia de la obra. Pues quien no conoce el principio, jamás logrará encontrar el fin». Por consiguiente, a menos que alguien tenga la cabeza completamente llena de vértigo y sea un descendiente de MIDAS, podrá percibir fácilmente y sin necesidad de profundas reflexiones, en primer lugar: que al arte no le está permitido hacer un metal a partir de una cosa que no sea metal; tal como se evidencia asimismo en la proyección de la piedra la cual, aunque consiste en fermentos metálicos sumamente potentes, no actúa en absoluto sino únicamente sobre los metales. En segundo lugar: que toda acción perfeccionadora ocurre entre cosas semejantes, las cuales, debido a que corresponden principalmente a nuestro Sol… [64]
246 El Capítulo IV.
…se atribuye rectamente al matrimonio del Sol y de la Luna, también les será a ellos de no poca utilidad; es más, constituye una alianza necesaria y de gran alcance. Quien sostenga lo contrario sin razón ni experiencia, ese no es un maestro sabio, sino un engreído, un impostor y un charlatán soplador de carbón (literalmente: negro como el carbón), del cual tú, querido buscador (o romano), debes guardarte; hasta que regrese de su sabroso pozo de sal a nuestra insípida sal de la naturaleza, y la tenga en el debido honor. Pues solo de esta última es verdad lo que dicen los sabios maestros: «Por medio del Sol y de la sal de la naturaleza subsisten todas las cosas». Sin embargo, se la llama sal no porque proceda de una materia salina común, sino porque, según su apariencia externa, se asemeja al salitre. Concluye, por lo tanto, con nuestro rey GEBER: «Aquel que se atreve a teñir el metal en oro sin el mercurio, procede ciegamente en su labor, al igual que un asno que acude a una cena».
El Capítulo V.
Enseña en particular qué es el
mercurio de los sabios, y re=
lata su diferencia.
Una vez que las nieblas han sido disipadas por la acción de los rayos de la verdad, resta todavía algo particular… [65]
247 El Capítulo V.
…particular que explicar sobre qué es el mercurio de los sabios maestros, y si en su gran extensión posee también una diferencia especial. Una vez que esto haya sido explicado, añadiremos la preparación real del mismo, en la medida en que nuestro propósito lo permita. El mercurio de los sabios es, tal como se ha mencionado arriba, una esencia metálica muy pura y uniforme, ya sea fluida o corriente, la cual encierra en sí misma un azufre espiritual a partir del cual se congrega (o reúne) y se coagula. A no pocos les parecerá erróneo que yo considere esta humedad de dos maneras: una que moja y otra que no moja; a pesar de que muchos entre los sabios han testificado públicamente que ella no ensucia ni moja las manos. Sin embargo, del mismo modo que no cualquier tierra produce todo, tampoco lo hace cualquier época. Los dones de DIOS no han sido revelados todos a la vez a los hombres. Pero que desde tiempos remotos varios caminos conducían a una misma meta, es algo que el más alto entre los químicos, GEBER, previó agudamente —si es que no lo sabía ya por experiencia— en el capítulo 28 del primer libro de su Summa. El mercurio corriente de los sabios ha sido enseñado por GEBER, ARNALDO, BERNARDO y, entre los modernos, por FILALETO. El mercurio fluido y humectante (que moja) lo han poseído PARACELSO, BASILIO VALENTÍN y, en nuestros tiempos, el gran y el pequeño Bauer.
Estos dos mercurios filosóficos son legítimos, y están adornados con su azufre metálico…[66]
248 El Capítulo V.
…adornados, por medio del cual pueden ser coagulados. Su diferencia, no obstante, consiste en lo siguiente: en primer lugar, que el Mercurius humectante (que moja) es más universal respecto a los metales, mientras que el corriente (seco) está más íntimamente emparentado con ellos. En segundo lugar, el primero se cuece para convertirse en tintura con un fuego completamente distinto al del segundo. La última diferencia radica en la fuerza de la tintura, según se haya repetido y consumado la segunda y tercera rotación (multiplicación). Ambos me son perfectamente conocidos. Con qué destreza u operaciones prácticas (maniobras) deba ejecutarse esta obra, lo explicaré brevemente. Puesto que el arte toma su esencia áurea sobre la tierra precisamente de aquello a partir de lo cual la Naturaleza produce el oro y la plata bajo la tierra, según la declaración de GEBER. Por lo tanto, debemos conocer ante todas las cosas las sustancias primigenias de la Naturaleza; pues de estas fluyen posteriormente los principios del arte, tal como BERNARDO confirma en su comentario sobre ARNALDO, con estas palabras: «Quien desee alcanzar su meta final, debe contemplar maduramente el origen y las causas de los metales, y de qué manera están compuestos y unificados. A quien esto le sea conocido, le resultará después más fácil la obra de la disolución y la cocción. Pues ya se ha mencionado antes cómo están ligados; y lo que ha sido ligado, eso mismo es también disoluble». Cuando se posee este origen, dice GEBER,[67]
249 El Capítulo V.
…conseguirás llegar a la consumación de la obra con escasos costes (o gastos).
Considera, por tanto, un acierto el que cite brevemente la generación de los metales a partir de BACON, quien afirma: «Sucede que en la tierra se producen azufre y mercurio; la naturaleza de estos dos orígenes es tal que, por medio del calor, se transforman en un vapor y son elevados hacia lo alto. Por consiguiente, cuando el calor se enciende en una tierra sulfúrea, tras haber estado emitiendo vapores durante muchos años, ambos elementos se coagulan (o solidifican) juntos en el camino a medida que ascienden continuamente a través de la tierra, y son empujados de regreso por el frío del aire; por esta razón se engendran comúnmente metales en los parajes montañosos, debido a que son más fríos». Esta generación la expone de forma mucho más clara BERNARDO, tal como se indicó en el capítulo precedente, y aquí debe ser reiterado: «La Naturaleza produce un metal en el vientre de la tierra a partir de una sola semilla mediante la cocción y la maduración; a saber, a partir de mero mercurio, y por este motivo no puede llegar en tan poco tiempo a la consumación de un metal. Pues en el mercurio solo se hallan presentes de forma real dos elementos: el agua y la tierra, los cuales son las partes pasivas; en cambio, el fuego y el aire se encuentran únicamente ocultos en su interior. Pero cuando estos son llevados a la acción mediante la cocción prescrita y la legítima condensación, surge entonces un metal, y…»[68]
250 El Capítulo V.
…y no se añade ninguna otra cosa en el vientre de la tierra excepto la cocción y la condensación de ese mismo mercurio. La diferencia depende únicamente de factores accidentales. De este modo, la Naturaleza produce oro a partir del mercurio simple, eliminando sus elementos superfluos. Y puesto que estos son muy difíciles de quitar, por ello también crece tan poco oro. Por consiguiente, todo el arte del mercurio de los sabios consiste en la separación de su impureza terrenal y acuosa, tal como respalda GEBER en su capítulo 19: «El mercurio no se une de forma verdaderamente profunda con el cuerpo mutable si no media la preparación correspondiente». Pues, como afirma el mencionado GEBER en el capítulo 42: «Difícilmente puede hallarse algo que pueda unirse con los cuerpos (o leibern), excepto el espíritu». Y poco después: «Puesto que vemos que ninguna otra cosa, salvo los espíritus, posee la capacidad de adherirse a los cuerpos provocando alguna alteración, ha sido necesario preparar a estos últimos mediante su purificación, la cual se realiza a través de su sutilización». Y añade en el mismo pasaje: «Por cuanto los espíritus arrojados sobre los cuerpos no otorgan un color perfecto sin su purificación previa; al contrario, vemos más bien que todo se corrompe, se quema y se vuelve negro».
Las operaciones prácticas de esta preparación las enseña él con total claridad en varios lugares, y se realizan mediante la sutilización, la cual consiste en la elevación…[69]
251 El Capítulo V.
…elevación de una cosa seca por medio del fuego, de tal manera que se adhiere a las paredes de las vasijas y su parte pura queda separada. Puesto que el mercurio, tal como afirma el ya mencionado GEBER en el capítulo 42, encierra en sí mismo la causa de su propia corrupción; a saber: la parte terrenal combustible sin inflamación y una esencia acuosa. Es necesario separar de él estos componentes superfluos y prepararlo; lo cual se realiza, según enseña el referido GEBER en sus capítulos 43 y 45, por medio del fuego y la mezcla con las escorias remanentes, tal como allí se halla explicado a lo largo y a lo ancho, lugar al que remito al lector. Pues es imposible hablar con mayor claridad, a menos que uno quisiera «arrojar las perlas a los cerdos». Aquel que sea diligente, instruido y constante, y que invoque rectamente a DIOS, encontrará sin duda la verdad junto a este maestro de enseñanza. No hay nadie entre los antiguos ni entre los modernos que se le pueda comparar en lo que respecta a la franqueza y la verdad. A través de él verás, en medio de la oscuridad y del flujo infernal, a nuestra PROSERPINA, la resplandeciente diosa de la riqueza. Pero guárdate del olor repugnante de la tumba: si eres inteligente, podrás imaginarte fácilmente que una sepultura tan duradera y herméticamente sellada no puede ser abierta sin un gran hedor. No obstante, prepara tu tina de baño y lava a esta criatura real hasta que brille como la luna llena; te maravillarás de que, debajo de tanta inmundicia…[70]
252 El Capítulo V.
…inmundicia y escorias negras como el carbón, esta tierna princesa no haya perecido completamente ahogada ni haya caído presa de una muerte perpetua. Ahora notarás por qué GEBER, en el capítulo 26 del primer libro de su Summa, llama «espíritu apestoso» al origen de los metales. Ahora sabrás por qué nuestros antepasados rodearon el caduceo de Mercurio con serpientes. Pues cuando este espíritu es extraído recientemente de su cuerpo desagradable y se lava de la mejor manera, desprende precisamente el mismo olor que suelen tener las serpientes cuando están encerradas en un vaso o en una jarra de vidrio, y conserva este olor hasta que, con el tiempo, se disipa al abrir el recipiente. A partir de este momento comprenderás también la máxima filosófica: «Nuestro Mercurio es un Mercurio extraído del Mercurio, y un Azufre extraído del Azufre». Comprender esto sin recurrir a esta operación práctica (trabajo manual) está, por supuesto, del todo vedado. Con certeza nadie que no lo vea por sí mismo con sus propios ojos podrá creer que en nuestro pozo de color plomizo resida un agua viva; por lo tanto, me abstengo de gastar muchas palabras en ello. Quien haya descifrado este misterio ya lo comprende, aunque yo guarde absoluto silencio al respecto. Pero quien no lo posea, no se dejará convencer de ello, ni aun cuando el mismísimo TEMÍSTOCLES se presentara con toda su elocuencia. Pues los hombres tienen la costumbre de buscar allá arriba, bajo la Luna, lo que aquí abajo se encuentra ante sus…[71]
253 El Capítulo V.
…sus propios pies. Si me replicas que lo que expongo son solo pensamientos vacíos, yo te respondo: Esos son puros pensamientos que se basan en la especulación teórica sin una demostración real. Yo, en cambio, puedo poner esto en práctica tan a menudo como lo desees. Pero si aun así no quieres otorgarme tu voto de confianza por el momento hasta que yo transforme un quintal de plomo en oro ante tus propios ojos, entonces quédate mientras tanto acostado en tu casa sobre tu blando lecho de plumas, para que no te resulte molesto permanecer de pie esperando hasta que la gata ponga huevos. Por lo que a mí respecta, puedes creerlo o no; el cielo no se va a desplomar por ese motivo. El sapientísimo Padre de todas las cosas ha ocultado desde el principio del mundo estos dones de su gracia bajo un humilde arbusto de tamarisco, para que las altas copas de los cedros, si llegaran a poseerlos, no pretendan elevarse por encima de las nubes e imitar a la Torre de Babel. He escrito lo que sé que es verdadero, y que no ha sido concedido a los poderosos, sino a los miserables y desventurados.
El Capítulo Sexto.
Aborda las operaciones particulares.
En estos tiempos miserables, entre tan grandes multitudes de personas perversas, no hay nada más común que el fraude; pues aquel que apenas…[72]
254 El Capítulo VI.
…apenas ha aprendido a encender correctamente un fuego, se atreve de inmediato a convencer a otros de que posee tal o cual operación particular (receta menor), con la que puede ganar muchos miles, tal como yo mismo he experimentado en repetidas ocasiones. Sin embargo, en ningún momento de mi vida —la cual, a la verdad, no he pasado detrás del hogar de mi madre ni sobre blandos cojines— he visto entre tantos particularistas a uno solo que hubiera sido capaz de alimentar a un perro o a un gato con ese oro fabricado por él. Pues es imposible que exista operación particular alguna en el sentido en que nuestros buhoneros de procesos (vendedores de recetas) interpretan esta palabra; a saber, que el azufre del antimonio bruto (estibina) y su tintura extraída del matraz, o bien otra materia sulfúrea tomada del cobre, del hierro y de otros minerales de mina, puedan ser introducidas en la plata por medio de ciertos flujos fijadores y conductos especiales para teñirla. La causa de ello es que tales materias sulfúreas no pueden unirse de ninguna manera con el mercurio corporal de forma tan precisa y profunda como para que este pueda protegerlas después en el fuego durante la fundición. Puesto que este mercurio del mercurio ya ha sido condensado por su propio azufre y su grado de cocción; de modo que no requería de ningún otro elemento, y menos de un aglutinante tan torpe; y aunque hubiese sido vuelto volátil, sigue siendo exclusivamente una obra de la Naturaleza, la cual…[73]
255 El Capítulo VI.
…unirse profundamente con los mercurios sin una putrefacción previa. Admito de buen grado que esto pueda ocurrir en y a través de una putrefacción artificial. Sin embargo, en tal caso también se requiere que estas materias sulfúreas sean al mismo tiempo de naturaleza mercurial; de lo contrario, jamás en la eternidad se unirán con las sustancias mercuriales, ni tampoco entrarán en el proceso de putrefacción. Este matrimonio (o unión) le da mucho que hacer a la Naturaleza, pero muchísimo más al arte; puesto que a este último solo le está permitido elevar las cosas ya creadas a un estado superior, pero de ninguna manera recomponerlas a partir de sus componentes primigenios originales. Y aun cuando, por medio de una torpe descomposición y preparación de ciertos cuerpos con apariencia de oro, se lograra amalgamar algo, este producto jamás resistirá todas las pruebas legítimas del oro, sino que fracasará en una u otra.
Ciertamente, siempre me he burlado de los deseos estériles de nuestros operarios de laboratorio cuando dicen: «Si tan solo tuviera una operación particular (receta menor) para poder mantenerme, dejaría de buen grado de lado esta Piedra Filosofal tan célebre en el mundo; no busco nada más que una receta particular segura», etc. Pero escucha, mi querido e ingenuo operario: producir y fabricar un solo grano de oro a partir de algo que no es oro exige exactamente el mismo procedimiento y el mismo trabajo que se requiere para un quintal entero. Quien conoce la pieza individual, conoce también el Todo…[74]
256 El Capítulo VI.
…entero, el cual se compone a partir de las piezas individuales. En lo que respecta a la extracción áurea (lixiviación) o disolución a partir de minerales de mina que a veces contienen oro, no hablo de ello aquí, puesto que en este caso no ocurre ninguna transmutación, sino simplemente una pobre extracción de oro ordinaria. Mayor consideración se debe tener por la fijación (figirung) de las materias mineras volátiles por medio de sales ígneas, a pesar de que se consuma mucho tiempo en ello. Del mismo modo, se debe valorar la reducción (regreso) de los metales y la maduración de los mismos; puesto que en tales procesos la parte mercurial no se separa de los componentes sulfúreos, sino que el azufre simplemente se cuece y refina aún más dentro de su propio mercurio. No obstante, un verdadero Particular, en el sentido legítimo, no es otra cosa que una tintura imperfecta; al igual que todas las tinturas, tras su primera rotación (multiplicación), tiñen muy poco y solo atacan la parte más pura del metal. Por lo tanto, aconsejo a todos los investigadores de este arte que no vayan detrás de tales recetas particulares engañosas, sino que escarmienten en cabeza ajena (con el peligro y daño de otros), e incluso que huyan de las tramas de estas tonterías insensatas peor que de una serpiente. Pues ellos son, por lo general, embaucadores deliberados o imprudentes, lo cual resulta evidente por lo siguiente: si en unas pocas semanas o escasos meses pueden fabricar oro y plata en cantidad considerable con tan poco esfuerzo, ¿por qué mendigan financiamiento (medios) a los príncipes y señores, y por qué no guardan absoluto silencio al respecto, tal como hacen aquellos que verdaderamente poseen la tintura?[75]
257 El Capítulo VI.
…guardan silencio, ¿por temor al peligro evidente que de ello se derivaría? Esto es, precisamente, lo que ya he afirmado: o bien su oro falso no resiste el martirio del fuego ni la devoración del lobo hambriento, o bien se produce sin ganancia alguna debido a su origen engañoso. Pues siempre se mantendrá como una gran verdad lo que ARNALDO DE VILANOVA cita de ARISTÓTELES en el libro cuarto de los Meteorológicos, en el capítulo cuarto de su Rosario: «Los géneros de los metales no pueden ser transmutados a menos que se reduzcan primero a su materia primigenia, la cual es azufre y mercurio; no tomados por separado, sino considerados en su conjunto».
Conclusión.
Aquí tienes, ¡lector sincero!, lo que te prometí al comienzo de este tratado. Se te ha advertido lo suficiente sobre aquello de lo que debes guardarte en tu viaje hacia esta tumba. Avanza sin temor; la puerta ya está abierta para ti y no te falta nada más excepto que tú mismo pongas manos a la obra. Si DIOS te otorga su gracia, verás con tus propios ojos a tu amada oculta bajo sudarios sumamente desagradables. Lllámala por su verdadero nombre, que te ha sido revelado, y ella te abrazará de inmediato; y…[76]
258 El Capítulo VI.
…así obtendrás el Mercurium que los sabios maestros tanto han amado. Es verdad que, además de este, existe todavía otro, el cual me es igualmente conocido y que es denominado el mercurio doble. Sin embargo, si consigues el primero, no necesitarás de este último, puesto que no existe diferencia real entre ambos, debido a que brotan de una misma raíz y materia. La única variación radica en que el modo y la manera de extraerlos es diferente. No obstante, para no dejar de lado este único punto, te digo en verdad: que el primer mercurio se elabora a través de la sublimación a partir de aquellas materias que no son afines a su propia naturaleza. Por el contrario (de forma opuesta), se prepara el segundo, tal como con abundantes palabras enseña el conde de Treviso, BERNARDO, en su epístola Obsequiis, etc., la cual te encomiendo; y permanezco mientras tanto como tu
Dedicado al Arte.[77]
[1] Stengers, I., 1998, »Die doppelsinnige Affinität : Der Newtonsche Traum der Chemie im achtzehnten Jahrhundert«, en M. Serres (ed), Elemente einer Geschichte der Wissenschaften, Frankfurt, Suhrkamp, 1998, 527-567.
[2] Schmieder, Karl Christoph, Geschichte der Alchemie, Halle, Verlag der Buchhandlung des Waisenhauses, 1832, 442-445
[3] Murr, Christoph Gottlieb von, Litterarische Nachrichten zu der Geschichte des sogenannten Goldmachens, Leipzig, Kummer, 1805, 92.
[4] Creiling, Johann Conrad, Die Edelgeborne Jungfer Alchymia, Oder: Eine durch Rationes, viel Exempla und Experimenta abgehandelte Untersuchung, Was von der Alchymia zu halten und vor Nutzen daraus zu schöpffen seye : Nebst einem Zusatz Von der Medicina Universali, Universal-Process und Einigen Kunst-Stücken Aus der Alchymie, Tübingen, bey denen Gebrüdern Cotta, 1730, 99-102.
[5] Becher, Johann Joachim, Philaletha Illustratus, Sive Introitus Apertus Ad Occlusum Regis Palatium : Novis quibusdam Animadversionibus explanatus. Cum Nova Præfatione Qua Vita pariter ac Scripta, tum edita tum inedita, Æyrenæi Philalethæ breviter exponuntur. Accessit his Narratio De Vita Et Scriptis Starckii, Nec non Dn. Doct. Becheri Pantaleon delarvatus. Operâ Joh. Michaelis Faustii, Medic. Doct. Reiquepublicæ Francofurtensis ad Mœnum Physici Ordinarii, In Collegio Curiosorum dicti Theophili, Francofurti ad Mœnum, Sumpt. Joh. Philipp. Andreæ, 1706, 196-122.
[6] *) [Nota al pie sobre Volkamer] En el año 1662, él había inventado el famoso «polvo de piedra» (Steinpulver), con el cual realizó importantes curaciones, especialmente al Consejero Secreto Imperial en Innsbruck, el Sr. Isaak Vollmar. Véase su epístola dirigida al Sr. Sebastian Scheffer, célebre doctor en medicina en Fráncfort, sobre la cura de los cálculos vesicales y lumbares. Con motivo del matrimonio de su hija con el Dr. Gottfried Thomasius en 1691, entregó a esta pareja casada dicho arcanum [remedio secreto] como regalo para el inicio de su hogar. A menudo se le ofrecieron en vano varios miles de florines (Gulden) a cambio de él. Del Prof. G. Will, Diversiones Numismáticas de Núremberg, Parte I, pág. 272.
[7] **) [Nota al pie sobre las obras y debates de Pantaleón] Bifolium metallicum de Lapide philosophorum de Pantaleón. Núremberg, 1676, en octavo. Contra esta y las otras dos obras del Dr. Gaßmann (Examen Alchymisticum y Tumulus Hermetis apertus, que también aparecieron en alemán en Nüremberg en 1677, en octavo), se publicó posteriormente: Falx in Bifolium [La hoz en el Bifolium]; Processus contra Examen alchymisticum; Tumulatio tumuli Pantaleonis [El sepelio de la tumba de Pantaleón], publicadas por un autor anónimo, etc. De la Biblioteca de Friedrich Roth-Scholtz, 1752, en octavo. Volkamer también mantenía correspondencia con él sobre el Sulphur antimonii [Azufre de antimonio] de Alexander von Suchten, cuya obra, de secretis Antimonii, liber unus [Un libro sobre los secretos del antimonio], se publicó en Basilea en 1575, en octavo, y en alemán ya previamente en 1570 y publicado de nuevo en Gera en 1613, en octavo, bajo el título: Antimonii mysteria gemina [Los misterios gemelos del antimonio]. En el año 1680 se editaron conjuntamente sus escritos químicos en Fráncfort del Meno en formato octavo. De los imitadores de este [Alexander von] Suchten proviene el refrán: Fige sulphur antimonii cum oleo Vitrioli
[8] *) Véase su Ouum hermeticum [Huevo hermético], etc. Fráncfort, 1694, en octavo, pág. 384-387: “Al Señor Doctor Volckammer, el Viejo.
¡Arbitro que no te es oculto [sé que no ignoras], Magnífico Señor Presidente, cómo hace algunos años te transmití el esbozo (delineationem) de mi tratado sobre el oro! Sin embargo, para que yo editara aquella obra, lo impidieron muchos negocios que acometían por todas partes. Pero no solo ahora… … [ofrezco no solo el] prometido estudio (meletema) sobre el oro, sino que además presento al mundo erudito un comentario sobre la Epístola de Mezahab. El índice muestra ciertamente el argumento de dicha obra; no obstante, con ocasión de la Epístola de Mezahab, he disertado larga y tendidamente sobre el oro producido mediante la Crisopeya [la fabricación de oro], y he defendido ese arte con algunas historias dignas de fe. Existen, además, algunas historias conocidas que les sucedieron a ciertos Serenísimos Príncipes (quienes tuvieron la dicha de ser tan afortunados que llegaron a ver muestras de este divino Magisterio), pero no las traigo a colación.
Muchas razones me mueven a que mi pluma se haya ocupado también aquí cerca de este argumento sobre el oro químico; razones que, sin embargo, callo en este lugar. Pero lo que principalmente me motivó a dirigirme a Ti con este diálogo literario fue el saber que en otro tiempo mantuviste una correspondencia epistolar con un Adepto indudable, como por ejemplo con Pierre-Jean Fabre; es más, Tú mismo fuiste en su día un esforzadísimo cultivador del arte químico y ahora eres un Iniciado (Mysta).
¿Y por qué no habría de apelar a Ti públicamente en esta obra, si Dios te ha constituido en el más digno Presidente de aquella sociedad que se enorgullece con el nombre de la compañía que en su día emprendió la expedición de los Argonautas hacia el Vellocino de Oro? [la Academia Naturae Curiosorum / los Argonautas de la naturaleza]. Por lo tanto, si la realidad se corresponde con su propio nombre, vale la pena que también tratemos ese asunto con ardiente unanimidad.
Pues hay muchos en esta ilustre Sociedad a quienes el dulzor y el placer de este arte no solo los deleita de un modo admirable, sino que además están sumamente ejercitados en los ritos sagrados de este arte. Por lo demás, es bien sabido cómo hasta ahora hemos deleitado al Mundo Erudito con nuestras observaciones, hasta el punto de que incluso Príncipes y Varones han encontrado algún deleite para sus espíritus con la lectura de las mismas. ¿Y qué no sucedería si una [filosofía] más sublime cultiváramos con mayor diligencia de lo que se ha hecho hasta ahora. Ciertamente no niego que esta es demasiado sagrada y arcana como para que sus misterios puedan divulgarse públicamente. Entretanto, aunque la Crisopeya propiamente dicha permanezca oculta y sea conocida solo por unos pocos, la Química, no obstante, podría cultivarse con un esfuerzo y estudio más unánimes.
Pues la Naturaleza esconde en su interior muchísimos más secretos que, de ser desenterrados, prestarían también su utilidad al género humano. El estudio de la Química les parece a algunos una labor deshonrosa (inglorius). Pero no es deshonrosa por otra cosa sino porque hombres que no son de gran valía la cultivan, y porque los sofistas la mancillan con sus imposturas. De ahí que oiga tan malas críticas aquel arte divino. El cual en otro tiempo fue el más agradable ejercicio de Grandes Reyes y Príncipes, hoy la plebe rehúsa tratarlo. Y así hemos caído en esta época, en la que la parte más noble del arte decae en el oprobio.
Pero ¿para qué extenderme?, ese mismo destino muerde no solo a la Química, sino también al arte médico mismo, del cual se apropian los peores charlatanes (Agyrtae). Por no decir nada ahora de cuando la Cirugía se ve privada de su porción más principal y noble, la llamada cirugía mayor, la cual también ejercen charlatanes de feria (agyrtae circumforanei).
¡Ánimo, varón de generosa virtud y de experiencia de muchos años! Te ruego que, con la autoridad que posees, impulses conmigo esta obra, para que podamos atraer a más miembros a nuestra compañía, quienes unan sus manos y su mente para desenterrar los misterios de la naturaleza. Hay, en verdad, en nuestra ilustre sociedad hombres que se distinguen por tan divino aguzamiento de ingenio y por tanta experiencia, que el mundo erudito bien puede prometerse algo grande de ellos. Existen también en los tomos de nuestras Efemérides muchos experimentos de esa clase, los cuales son de gran momento y peso, y otros mayores pueden sucederles, si tan solo se unieran las manos derechas (dextrae) [en señal de alianza]. Pero ¿a qué fin tiende esta exhortación (paraenesis) mía, cuando desde hace tiempo todos han consentido en ello, y a ellos Tú, ¡Magnífico Señor presidente!, los alientas con tu propio ejemplo? ¡No insistiré, por tanto, más ampliamente en ello! Sino que pongo fin; que Dios te conserve. Adiós, sé favorable! [de quien] soy
Kiel, Año [16]92.
Día 1 de febrero, lunes.
[9] *) Se tenía muy poca precaución: uno podía contagiarse también (aunque ciertamente de forma muy poco frecuente) de una manera inocente, al menos con una especie de lepra. Por ello, en 1506, Albrecht Dürer [Alberto Durero] escribió desde Venecia, el 18 de agosto, a [Willibald] Pirckheimer:
— «¡Ruégale a Dios por mí (con los Agustinos) para que me proteja, y especialmente del «francés» [la sífilis]!, porque no sé de nada a lo que le tema más, ya que casi todo el mundo la tiene aquí. A mucha gente carcome por completo, tanto que mueren a causa de ella». Véase mi Journal zur Kunst und Litteratur [Diario de Arte y Literatura], Tomo X, pág. 24.
[10] Murr, Christoph Gottlieb von, Litterarische Nachrichten zu der Geschichte des sogenannten Goldmachens, Leipzig, Kummer, 1805, 96.
[11] Nota 4.
[12] Schröder, Wilhelm von, Wilhelm Freyherrn von Schr. aus der Royal Societät von Engelland Nothwendiger Unterricht Vom Goldmachen, Leipzig, Gerdesio, 1684, 82-84. También en esta web: En Wilhelm Greyherr von Schröderns Unterricht zum Goldmachen, Deutsches Theatrum Chemicum, Volumen 1, 219-288).
[13] Ver nota 5.
[14] Falx in Bifolium. Processus contra examen Alchimisticum Tumulatio Tumuli Pantaleonis ab anonimo Auctore edita in comodum Filiorum artis ut caveant ab eiusdem iactabundi Pantaleonis inorpellatis erroribus et imposturis. Amsterodami. Apud Johannem Janssonium M.IDC.IXXVIII, Wellcome Library, MS.3574/37, Miscellanea Alchemica XXXIX, 295v-304v. University of Glasgow Special Collections, MS FERGUSON 333/3, 12 folios (194-205). Friedrich Rothscholz poseyó un manuscrito con este texto.
[15] Hellwig, Johann Otto von, Iudicium de Duumviris Hermeticis Foederatis et horum epistola buccinatoria secunda …,Amstelodami, Waesberg, 1683. Crítica en páginas 41 a 46.
[16] Murr, Christoph Gottlieb von, Journal zur Kunstgeschichte und zur allgemeinen Litteratur. 7. 1779, Nürnberg, Zeh, 1779, 131-138.
[17] La defensa ante el escepticismo: En 1729, los editores y autores de tratados alquímicos sufrían constantes ataques por parte de los filósofos racionalistas de la incipiente Ilustración, quienes tildaban la transmutación de metales de charlatanería. Colocar esta advertencia justo detrás de la portada era una estrategia defensiva muy común para desacreditar al lector escéptico antes de que comenzara a leer.
El tono profético y hermético: La frase «llorar por aquello de lo que ahora te burlas» alude directamente a la creencia hermética de que los secretos de la naturaleza solo se revelan a los puros de corazón. El texto advierte que los soberbios se arrepentirán de su ignorancia cuando descubran de primera mano la verdad de la Piedra Filosofal.
[18] La alegoría de la Verdad Muerta: Este texto utiliza una retórica puramente rosacruz y hermética. Presentar a la «Verdad Natural» como una madre muerta y enterrada simboliza la caída de la humanidad y la pérdida del conocimiento adámico (el saber perfecto que tenía Adán antes de la expulsión del Edén).
El secretismo y los peligros del arte: Las advertencias sobre la «oscuridad densa» y las «penas de muerte» reflejan el peligro espiritual y físico de la Alquimia. No cualquiera podía operar el laboratorio; se requería una preparación moral estricta para evitar la locura o el castigo divino por revelar los secretos de la creación.
El «Amigo Fiel» como guía: La recomendación final de no entrar sin la compañía de un amigo fiel tiene un doble sentido en la literatura hermética: puede referirse a un maestro físico (adepto) que guíe al iniciado, o bien al propio Espíritu Santo o Anima Mundi, indispensable para iluminar la mente del operador.
[19] La crisis de la Alquimia en el siglo XVIII: Este prefacio es un testimonio histórico excepcional de la decadencia social de la alquimia. Para 1729, proliferaban los llamados Goldmacher (sopladores de carbón o estafadores que prometían transmutar oro para reyes y nobles a cambio de financiamiento). El autor legítimo se ve obligado a desmarcarse explícitamente de estos criminales para que su texto sea tomado en serio.
El perfil del «Falso Alquimista»: La descripción psicológica que se hace de los falsos eruditos es asombrosamente moderna. Explica cómo la soberbia y el miedo a quedar en la ruina y el ridículo (tras haber perdido salud y dinero en el laboratorio) empujaba a los operadores a escribir tratados deliberadamente confusos para justificar su fracaso y recuperar algo de inversión vendiendo libros falsos.
La paradoja del anonimato y los seudónimos: Al presentarse como alguien que «se dejó convencer» por terceros (en este caso, el editor Roth-Scholtz), el autor busca proteger su honor. En la Europa premoderna, los verdaderos científicos y filósofos herméticos solían publicar bajo seudónimos (como Pantaleón) justamente para evitar el estigma social y los ataques descritos en este folio.
[20] El empirismo alquímico frente a la Escolástica: El fragmento refleja una de las grandes tensiones del siglo XVIII: el choque entre la vieja ciencia universitaria (basada en la retórica y en memorizar textos de Aristóteles o Galeno) y la nueva ciencia experimental. El autor defiende el axioma hermético clásico de «proceder mediante las obras (hechos) y no mediante las palabras», posicionándose a favor de la experiencia directa en el laboratorio.
El conocimiento como bendición divina: Al afirmar que su éxito se debe a la «bendición de Dios» (GOttes Seegen), el autor se alinea con la corriente de la Teosofía y la Alquimia Espiritual. Para los verdaderos adeptos, el descubrimiento de los secretos de la materia no era un logro puramente racional, sino un don divino (Donum Dei) otorgado únicamente a los operadores humildes y devotos.
La metáfora de la navegación sin rumbo: La frase final «muchos navegan sin timón» (ohne Ruder fahren) es una alusión directa a la proliferación de manuales de química mal redactados y recetas falsas que circulaban en el Sacro Imperio Romano Germánico, los cuales hacían que los estudiantes principiantes perdieran su rumbo y encallaran en la bancarrota.
[21] La responsabilidad ética del Adepto: El texto resalta un principio fundamental de la fraternidad hermética y rosacruz: la obligación moral de guiar al «prójimo que busca» (suchenden Nächsten). Para el autor, publicar este libro no es un acto de vanidad personal, sino un sacrificio caritativo destinado a salvar a los jóvenes científicos de la ruina económica y espiritual.
La crisis de legitimidad de la literatura científica: Al comparar desfavorablemente a los intelectuales de la química con los humildes artesanos de la sociedad (zapateros y sastres), el texto ofrece una crítica social mordaz. En el siglo XVIII, los gremios de artesanos tenían regulaciones estrictas sobre la calidad de sus productos; el autor denuncia que el mercado de libros de alquimia carecía por completo de ese control ético, permitiendo que cualquier charlatán publicara recetas falsas.
La metáfora del naufragio científico: Los «peligrosos arrecifes» (gefährlichen Klippen) y el «naufrago» (Schiffbruch) representan la pérdida de la salud por respirar vapores tóxicos de mercurio o arsénico en el laboratorio, así como la quiebra financiera que sufrían los estudiantes al comprar materiales caros siguiendo instrucciones falsas de escritores incompetentes.
[22] El juicio divino y la Alquimia: El autor apela directamente al tribunal de Dios (Höchste Richter) y al vocabulario teológico cristiano. En el siglo XVIII, la ciencia y la fe no estaban separadas; el autor argumenta que escribir un libro de alquimia falso no es solo un fraude económico, sino un pecado mortal que arruina la creación de Dios al destruir la vida de los jóvenes.
El daño humano de la falsa Alquimia: El texto enumera las pérdidas reales que sufrían las víctimas de los charlatanes: «sus años, salud, dinero, honor y vida». Muchos entusiastas pasaban décadas respirando mercurio (pérdida de salud), gastando fortunas en materiales (pérdida de dinero) y terminando en la indigencia o el manicomio (pérdida de honor y vida).
El tono de confesión personal: Al exclamar «cuán vergonzosamente yo y otros hemos sido engañados», el autor revela que él mismo fue víctima de estos libros falsos en su juventud. Esta experiencia personal es lo que dota de tanta pasión y agresividad a su advertencia en el prefacio.
[23] La reivindicación de Jan Baptist van Helmont (1580–1644): La mención de Helmontius es de un valor histórico fundamental. Este médico, filósofo y químico flamenco fue el descubridor del dióxido de carbono y el creador del término «gas». Aunque Van Helmont era un místico devoto y practicaba la iatroquímica (alquimia médica aplicada al cuerpo), el autor lo destaca como el ejemplo perfecto de un científico honesto que jamás inventó procesos en sus libros, contraponiéndolo a los estafadores de su propio siglo.
El silencio hermético frente a la falsedad: El texto introduce un gran dilema de la filosofía hermética clásica: «es mejor permanecer como un maestro sabio en silencio que convertirse en un impostor por escribir». En la tradición esotérica, si un adepto no tenía el permiso divino o la capacidad de explicar un secreto de forma clara, la ética le exigía callar en lugar de rellenar páginas con acertijos engañosos (tapar misterios con misterios).
La condena del hedonismo y el rigor de laboratorio: Al aclarar que no perdió su juventud en la «glotonería y con prostitutas», el autor defiende el estilo de vida ascético y monacal que se exigía a los verdaderos investigadores de la naturaleza. Los años no se le fueron en vicios mundanos, sino respirando los humos tóxicos de los reactivos guiado por libros falsos, lo que acentúa su amargura.
[24] El axioma místico del Ora et Labora: La frase «betet und arbeitet» (orad y trabajad) es la traducción directa del famoso lema benedictino medieval Ora et labora, adoptado con fervor por la alquimia espiritual europea. Para los químicos del siglo XVIII, el éxito en la transmutación de la materia requería una dualidad indivisible: la pureza moral y la conexión con Dios obtenida mediante el rezo (ora), sumada a la disciplina científica rigurosa en el laboratorio (labora).
La teoría de la predestinación o elección mística: Al afirmar que «quien haya sido elegido para esto (erwehlet ist) encontrará lo que busca», el texto se sumerge en la doctrina hermética del Donum Dei (el Don de Dios). Se creía firmemente que los secretos de la Piedra Filosofal no podían ser descifrados por pura fuerza bruta o inteligencia lógica; la propia naturaleza o la divinidad seleccionaban a las almas nobles y rechazaban a los codiciosos.
Los límites éticos de la revelación: El autor promete guiar al lector e incluso darle nombres de materiales, pero añade una condición crucial: «so viel mein Gewissen zulässet» (tanto como mi conciencia me lo permita). Los verdaderos adeptos juraban mantener un estricto código de secreto para evitar que el poder de la transmutación cayera en manos de tiranos o personas inmorales que pudieran desestabilizar la economía mundial imprimiendo oro falso.
[25] La experiencia personal frente a la autoridad de los libros: El autor define aquí su epistemología científica: los libros antiguos solo sirven para dar «el fundamento y la certeza» teórica, pero el verdadero conocimiento alquímico es un don que proviene de Dios a través del sudor y la experiencia práctica. Este equilibrio entre revelación divina y experimentación empírica es el rasgo definitorio de la transición de la alquimia a la iatroquímica.
El valor de la perseverancia en el laboratorio: La advertencia de «no desesperar si las cosas no marchan de inmediato» refleja la realidad del laboratorio del siglo XVIII. Los procesos de destilación, calcinación y fijación de sustancias como el mercurio o el antimonio tomaban meses o incluso años de atención ininterrumpida, y un leve cambio de temperatura en el horno podía arruinar el trabajo de todo un año.
[26] La Naturaleza como administradora de Dios: El texto define una visión cosmológica típicamente hermética y paracelsiana. La naturaleza no es un mecanismo ciego, sino un «espíritu invisible» que actúa como el mayordomo o administrador directo de Dios (GOTTes Verwalter). Descubrir las leyes químicas es, por tanto, un acto de comunión teológica.
El fuego como el «terrible martirio»: La referencia al «elemento del fuego y su terrible martirio» (greuliche Marterung) describe el violento proceso de purificación en el laboratorio alquímico. Para separar la esencia pura de los metales, la materia debía sufrir un «martirio» de calor extremo en los crisoles, imitando los procesos de purificación geológica de la Tierra.
El mandato divino sobre la materia: El autor enfatiza que la verdad natural no cede ante la pura fuerza de la técnica humana («no basta un Hércules»), sino que responde en última instancia a la voluntad divina («Aquel ante quien las montañas se resquebrajan»). Esto reitera la naturaleza sagrada de la Gran Obra, donde el éxito químico está subordinado al permiso del Creador.
[27] El hidrargirismo y la salud de los Alquimistas: La frase «el temblor y la parálisis de los miembros» (Zittern und Lehmung der Glieder) es una descripción clínica perfecta de los síntomas del envenenamiento crónico por mercurio (hidrargirismo o eretismo mercurial). Al calentar el cinabrio o el mercurio vivo en hornos mal ventilados, los operadores inhalaban vapores altamente neurotóxicos que destruían su sistema nervioso, provocando temblores incontrolables —conocidos históricamente como el «temblor del sombrerero»— y parálisis.
La ruina económica familiar: El texto denuncia el impacto social de la «fiebre del oro» alquímica. Al describir el llanto de «viudas y huérfanos», retrata la tragedia de miles de burgueses que hipotecaban sus casas y gastaban los patrimonios familiares comprando costosos reactivos, carbón y vasijas de vidrio, dejando a sus familias en la absoluta miseria tras su fallecimiento.
La Verdad como «Virgen Casta»: Frente al menosprecio de los racionalistas modernos (quienes tildaban la alquimia de «ilusión platónica»), el autor defiende la legitimidad de su ciencia utilizando una metáfora nupcial típica de los Rosacruces: la sabiduría de la naturaleza es una virgen casta que solo se entrega al filósofo puro y honesto, ocultándose activamente de los «zapateros y vendedores de ungüentos» que solo buscan prostituir el arte para enriquecerse rápido.
[28] El elitismo intelectual de la Alquimia: El fragmento refleja el marcado carácter elitista y esotérico de la literatura hermética del siglo XVIII. Al contraponer a la «princesa» con los «campesinos, barberos y orfebres», el texto deja claro que la alquimia no se consideraba un oficio técnico común, sino una ciencia sagrada reservada a una aristocracia del espíritu.
El Castillo de la Triple Muralla: Esta descripción es una imagen arquetípica muy común en los grabados del Theatrum Chemicum. La triple muralla simboliza los tres reinos de la naturaleza o las tres etapas fundamentales de la Gran Obra (Nigredo, Albedo y Rubedo) que el operador debe descifrar y atravesar para acceder a la sustancia pura.
La Tierra como el vientre de Júpiter: La idea de que la verdad está «sepultada en el regazo de la tierra» entronca directamente con las teorías de la iatroquímica y la escuela de Paracelso sobre la gestación astral de los metales. Se creía que las influencias de los planetas (como Júpiter) depositaban sus semillas espirituales en las profundidades de las rocas, donde maduraban lentamente a lo largo de los siglos.
[29] El estigma de la impiedad en la Ciencia Antigua: El capítulo abre defendiendo a los investigadores de los ataques de la ortodoxia religiosa, que solía asociar la manipulación de la materia en laboratorios con la brujería, la magia negra o el ateísmo. El autor revierte el argumento señalando que la verdadera ciencia aproxima al hombre a la obra del Creador.
La Alquimia como herramienta de reforma moral: La máxima «nuestra arte encuentra a un hombre bueno o lo hace bueno» resume el núcleo de la Alquimia Espiritual. No se trataba meramente de una transmutación metalúrgica, sino de una transmutación del alma humana. El proceso de purificar los metales en el crisol corría en paralelo con la purificación de los vicios del propio operador.
El «Sabio Impío» como imposibilidad teológica: Al declarar que «un sabio impío es una contradicción absoluta» (ein ungereimt Ding, um einen weisen Gottlosen), el texto se sitúa firmemente en la corriente teosófica de la época. Dado que la Piedra Filosofal se consideraba una revelación o don divino (Donum Dei), era lógicamente imposible que Dios concediera el secreto de la creación a los «falsos chapuceros» que vivían en el pecado.
[30] La Alquimia como Donum Dei (Don de Dios): El texto refuerza la doctrina fundamental de la iatroquímica del siglo XVIII: el conocimiento de la materia prima no se alcanza por simple acumulación de datos o astucia técnica («kluge Räncke»), sino que es una concesión directa del «Maestro Supremo» (Obermeister). Si el operador es indigno, el juicio divino opera una ceguera espiritual sobre él, impidiéndole ver la verdad en el laboratorio aunque la tenga delante.
El secreto como mecanismo de seguridad cósmica: Al equiparar la invisibilidad de Dios con la ocultación de los «tesoros» de la tierra, el texto justifica el oscuro lenguaje alegórico de los alquimistas. El hermetismo se presenta como un filtro ético diseñado por la propia providencia para proteger al mundo de los efectos catastróficos que provocaría el uso de la Piedra Filosofal en manos de hombres dominados por la lujuria o la avaricia.
La introducción a la «Segunda Causa»: En las últimas líneas, el autor realiza la transición hacia el segundo gran motivo del ocultamiento: el comportamiento de los propios adeptos o «poseedores de la tintura» (Besitzer der Tinctur), quienes históricamente juraban pactos de estricto silencio para no perturbar el orden social y político de su época.
[31] La genealogía de la Alquimia Occidental: Este folio proporciona un mapa perfecto de las autoridades alquímicas reconocidas en el siglo XVIII. Conecta la tradición egipcia/helenística antigua (Hermes) con la alquimia árabe medieval del siglo VIII (Geber, seudónimo de Yābir ibn Hayyān) y la posterior asimilación cristiana de los siglos XIII y XIV (Raimundo Lulio y Arnaldo de Vilanova).
El «Secreto del Árabe» (Geber): El autor elogia el rigor de la alquimia árabe, la cual introdujo la clasificación sistemática de las sustancias químicas y el control de laboratorio. Sin embargo, denuncia que Geber utilizaba la técnica del ocultamiento por omisión, explicando bellamente todo el proceso técnico pero borrando deliberadamente el nombre del ingrediente clave o la temperatura exacta del horno.
La crítica de Lulio a la Escolástica: El fragmento describe un fenómeno histórico fascinante: cómo Raimundo Lulio (o los textos pseudo-lulianos de los siglos XIV-XV) utilizó la propia retórica y lógica retorcida de las universidades medievales («las escuelas latinas») para esconder secretos científicos. Sabiendo que los intelectuales de su tiempo amaban los debates abstractos y la elocuencia hueca, redactó sus tratados con un laberinto de términos lógicos para que los científicos oficiales se quedaran atrapados en la gramática mientras el verdadero operador buscaba la práctica.
[32] Dornichten Rosens-Kranz: «Rosario espinoso». Alusión directa al Rosarium Philosophorum (El Rosario de los Filósofos), uno de los tratados más influyentes de la alquimia tardomedieval atribuido tradicionalmente a Arnaldo de Vilanova. El autor lo califica de «espinoso» por sus densas alegorías e impenetrables metáforas. Apollini: Apolo. En la mitología grecorromana, es el dios de la luz, la poesía, la profecía y la verdad. El autor recurre a una hipérbole barroca clásica: el texto de Arnaldo es tan oscuro que ni el mismísimo dios de la luz y la claridad intelectual podría descifrarlo sin esfuerzo. Trevisanischen Grafens Bernhardi: Bernardo de Treviso (1406–1490). Célebre alquimista italiano que dedicó toda su vida y fortuna a viajar por Europa y Oriente buscando el secreto de la transmutación, convirtiéndose en una autoridad mística indiscutible para los químicos del siglo XVIII. Rechen-Kunst: El «arte del cálculo» o la aritmética. El texto alude de forma crítica a la tendencia de aplicar reglas matemáticas rígidas y simetrías numéricas puramente teóricas al comportamiento biológico y químico de la naturaleza.
El debate del Mercurio Simple frente al Mercurio Doble: Este folio documenta una de las mayores controversias teóricas de la historia del hermetismo. La alquimia antigua y árabe defendía que la materia prima era un mercurio único y purificado (el Mercurio de los Filósofos). Sin embargo, Bernardo de Treviso revolucionó la disciplina al proponer la existencia de un «mercurio doble» (generalmente asociado a la conjunción perfecta y simultánea del principio masculino/fijo y el femenino/volátil, o el azufre y el mercurio filosóficos en un mismo compuesto), una doctrina que el autor califica con ironía como un ídolo académico intocable.
El «Espíritu de Confusión» como filtro divino: El fragmento introduce un concepto teológico y epistemológico fascinante: la existencia de un «espíritu de confusión enviado desde lo alto» (von oben herab den Menschen zugeschickter Verwirrungs-Geist). De acuerdo con la cosmovisión hermética y pietista del siglo XVIII, Dios introduce deliberadamente contradicciones teóricas en la mente de los científicos para evitar que la razón humana descifre los misterios de la creación con demasiada facilidad o soberbia.
La transición hacia la resolución del enigma: En las líneas finales, el autor deja en suspenso su veredicto sobre si Bernardo de Treviso estaba en lo cierto o no («se manifestará más adelante»), preparando al lector para ofrecer su propia solución empírica y de laboratorio en los capítulos subsiguientes.
[33] Lebens-Comödie / Schau-Platze: «La comedia de la vida» y «el teatro del mundo». Típicas metáforas barrocas derivadas del concepto del Theatrum Mundi (El teatro del mundo), donde la sociedad se concibe como una obra teatral donde cada persona debe cumplir el rol socioeconómico asignado por la providencia. Fuchsschwänzer: Literalmente «menea-colas de zorro». Expresión idiomática del alemán antiguo para designar a los lisonjeros, aduladores o personas falsas que medran en las cortes ganándose el favor de los poderosos mediante el engaño. Das Gold zu Bley: «El oro se convierte en plomo». Antítesis poética de la transmutación alquímica. El autor describe una crisis ética generalizada donde las virtudes más puras (el oro espiritual) se degradan en vicios pesados y burdos (el plomo). Kalte Feuer der Mißgunst: «El fuego frío de la envidia». Metáfora oximorónica barroca para expresar cómo los celos y el rencor consumen silenciosamente los lazos de equidad y fraternidad humana sin la pasión abierta del fuego ardiente.
La justificación sociopolítica del secreto: Este fragmento ofrece una cruda defensa del hermetismo desde una perspectiva de control social del siglo XVIII. El autor sostiene que la desigualdad y la necesidad son los motores que sostienen la estructura social («nadie serviría a otro si todos fuesen ricos»). Si la Piedra Filosofal democratizara la riqueza y eliminara las enfermedades, las jerarquías feudales y el orden económico del Sacro Imperio Romano Germánico colapsarían.
La crisis moral y la crítica a las cortes: La queja de que los estafadores y aduladores «cabalgan a caballo» mientras los verdaderos sabios bendecidos por Dios «andan a pie» refleja la amargura de los intelectuales y químicos de la época. Muchos filósofos de laboratorio vivían en la pobreza mientras nobles y príncipes financiaban a charlatantes vistosos que prometían oro instantáneo en las cortes cortesanas europeas.
La transmutación a la inversa como diagnóstico social: Al afirmar que el arte de la transmutación está avanzando «en las costumbres, no en la naturaleza», el autor ironiza amargamente. Mientras que en el laboratorio es dificilísimo transmutar plomo en oro, en la sociedad de 1729 ocurre lo contrario de forma diaria: el oro de la verdad moral se degrada constantemente en el plomo de la corrupción y la maldad.
[34] Schwarze Register: La «lista negra» o el registro de infamia. El autor teme perder su prestigio intelectual y ser catalogada su obra como un fraude más por parte de las generaciones futuras, lo que lo impulsa a ser honesto en los capítulos siguientes. Blutsauer: Expresión idiomática germánica sumamente intensa que se traduce como «volverse ácido como la sangre», equivalente a extenuarse al máximo, sudar sangre o sacrificarse hasta el agotamiento físico en una tarea. Freywerber: «Pretendiente por cuenta ajena» o intermediario matrimonial (casamentero). Hermosa metáfora donde el autor no se adjudica la propiedad de la verdad, sino que se define como el emisario fiel encargado de desposar al científico honesto con la sabiduría natural. Mit der Fackel für: «Iluminar con la antorcha». Símbolo clásico de la Ilustración y el Hermetismo; el libro actúa como la luz guía que evita que el caminante tropiece en la oscuridad del laboratorio.
El peligro del colapso global: La advertencia apocalíptica de que si el secreto se revelara «los hombres se matarían unos a otros dejando el mundo desolado» refleja el miedo geopolítico de la época a la hiperinflación y a las guerras de conquista. Si un Estado lograra producir oro ilimitado o elixires de inmortalidad, rompería el equilibrio de poder en Europa, desatando conflictos bélicos devastadores.
La metáfora nupcial de la Ciencia: Al describir la verdad como una «hermosa diosa» (schöne Göttin) y una «novia anhelada» (verlangte Braut), el texto se sitúa firmemente en la tradición alquímica de las Bodas Químicas (como las de Christian Rosenkreutz). El proceso de la Gran Obra se concebía como un matrimonio sagrado entre el operador humano y el espíritu femenino de la naturaleza.
La función del libro como protector económico: El autor define un propósito muy noble para su tratado: «preservar a los estudiantes en su salud y con el dinero en su bolsa». Su objetivo inmediato no es regalar oro, sino actuar como un manual de prevención de riesgos y estafas, evitando que los jóvenes gasten sus recursos en recetas falsas o dañen sus pulmones con malas praxis químicas.
[35] Stiffmütterlichen Natur: «La naturaleza madrastra». Interesante concepto filosófico de la época. A diferencia de la «madre naturaleza» generosa, la naturaleza actúa aquí como una madrastra severa que esconde deliberadamente sus tesoros y riquezas bajo cerrojos difíciles, obligando al investigador a sufrir para ganarse su favor. Thädigungen: Término del alemán antiguo derivado de Tegeding o Tätigung. En este contexto literario, hace referencia a discursos dilatados, rodeos retóricos, digresiones vagas o palabrería introducida adrede por los autores para confundir. Laigen: Legos o profanos. Aquellas personas que carecían de formación en el laboratorio químico y que se aproximaban a los textos movidos únicamente por la codicia del oro fácil. Kopff schweimeln: Modismo arcaico equivalente a padecer vértigo, desorientación o sufrir un mareo mental debido a la complejidad inabordable de un problema.
La labor de desbroce de Roth-Scholtz: El inicio del capítulo expone una metáfora agraria y militar muy potente. El editor y el autor asumen el rol de ingenieros que avanzan cortando las «espinas y setos» (las falsas recetas) para que los estudiantes no «se claven espinas en los pies». Reconocen de antemano que la alquimia es de por sí tan difícil («acantilados que dan vértigo») que no necesita que los malos escritores la hagan aún más compleja.
La ambivalencia histórica ante Paracelso (1493–1541): La valoración de Paracelso en esta página es un testimonio historiográfico excepcional de la Ilustración temprana. Por un lado, se le reconoce como el eslabón maestro de la «sabiduría oculta» y la iatroquímica; por el otro, se le critica con dureza y honestidad su falta de rigor académico formal («había estudiado poco») y su caótico estilo literario, lleno de contradicciones internas donde afirmaba una tesis en un folio y la negaba en el siguiente.
El ataque al oscurantismo deliberado: El texto denuncia abiertamente una práctica común de los maestros antiguos: mezclar mentiras y desvíos técnicos adrede para proteger el «núcleo del verdadero entendimiento» de los profanos. El autor se propone en este capítulo descifrar y corregir específicamente estos errores paracelsianos para dejar el camino limpio de cara al experimento real.
[36] Unreiff mineralisch Electrum: El «electrum mineral inmaduro». En la iatroquímica paracelsiana, el electrum no era solo la aleación clásica de oro y plata, sino una sustancia compuesta primordial o un estado intermedio de los minerales que contenía las virtudes de los siete planetas, considerada una matriz idónea para la transmutación. Kupfferwasser: Literalmente «agua de cobre». Término histórico para designar al vitriolo verde o sulfato ferroso (y a veces sulfato de cobre), un reactivo ácido esencial utilizado en los laboratorios para la disolución de metales y la creación de tinturas. Materia remota und nächsten Materie: Materia remota y materia próxima. Distinción escolástica aplicada a la química: la remota es el mineral bruto tal como se extrae de la mina (la veta rocosa); la próxima es el principio ya purificado y aislado (el metal esencial) listo para operar en el crisol.
El caos de los Archidoxa de Paracelso: El autor fundamenta su crítica citando los Archidoxa (escritos hacia 1524), una de las obras teóricas más famosas de Paracelso sobre los elixires y los arcanos de la vida. Denuncia que Paracelso confunde deliberadamente al lector al defender simultáneamente el origen vegetal, animal y mineral de la Piedra en un capítulo, para luego descartarlos. El texto califica esta estrategia de «sembrar cizaña entre el trigo» (Unkraut unter dem Weizen säen), una metáfora bíblica para describir el oscurantismo intencionado.
La clave metodológica: Vía Húmeda y Vía Seca: Esta página ofrece una magnífica aclaración científica sobre los dos grandes procedimientos operativos de la alquimia premoderna. La vía húmeda (nassen Wege) se basaba en la disolución de sustancias en ácidos, digestiones lentas a bajas temperaturas y destilaciones en baños de arena o María (alambique); la vía seca (trockenem Wege) utilizaba crisoles expuestos a altas temperaturas en hornos de fundición (athanor) para provocar la vitrificación y fusión directa de los componentes.
El Mercurio Filosófico como meta unificada: El autor desvela una regla de oro para los estudiantes: no importa si se elige la vía húmeda o la seca, el objetivo final de ambas operaciones de laboratorio es aislar el «mercurio uniforme», es decir, la esencia metálica pura y maleable despojada de sus impurezas terrestres. Quien comprende esto, afirma, está a salvo de caer en los engaños y contradicciones de los manuales antiguos.
[37] Adlers-Glauen: «Garras de águila». En el lenguaje cifrado (Deckname) de la alquimia alemana, las garras de águila o el «águila» hacían referencia común al cloruro de amonio (sal ammoniac) o a la sublimación del mercurio, sustancias indispensables para volatilizar y disolver los metales en el matraz. Weinstein salze: Sal de tártaro o carbonato de potasio obtenido mediante la calcinación de los sedimentos del vino (tártaro bruto). Era un reactivo alcalino esencial para neutralizar ácidos en la iatroquímica médica. Alkahest: Término acuñado originalmente por Paracelso para designar al hipotético disolvente universal, capaz de reducir cualquier cuerpo sólido a su materia prima líquida original sin alterar sus virtudes medicinales.
La geografía minera del Sacro Imperio: La mención de Hungría (que incluía las ricas regiones mineras de la actual Eslovaquia) e Istria (famosa por sus minas de mercurio en Idrija) no es casual. El autor ancla las alegorías de Paracelso en la geografía minera real de la Europa Central del siglo XVIII, indicando dónde debían comprar los estudiantes los minerales de antimonio, cinabrio y cobre más puros.
El sistema de las Cuatro Aguas Disolventes: Esta página sistematiza de forma brillante la compleja teoría de los disolventes paracelsianos. El autor desmitifica las recetas explicando que detrás de nombres pomposos como «sal grande circulada» o «agua Alkahest» se esconden procesos químicos reales de laboratorio: la destilación y purificación de soluciones saturadas de sal común, sales de potasio extraídas del vino, y la destilación repetida de ácidos mercuriales.
La distinción entre Medicina y Transmutación: En las líneas finales, el texto introduce una regla práctica fundamental de la iatroquímica. Advierte al lector que si su objetivo final es la transmutación metalúrgica o la obtención de una «medicina para mejorar los metales», debe descartar los tres primeros disolventes menores (orientados a la farmacia y preparados vegetales) y concentrarse estrictamente en el mercurio filosófico extraído del plomo o del antimonio inmaduro.
[38] Schmierwerck laß die Schaben fressen: «Deja que las polillas (o cucarachas) se coman ese grasiento papeleo». Una expresión sumamente mordaz y despectiva de la época para referirse a los cientos de páginas de comentarios inútiles y tratados apócrifos que abarrotaban las librerías colonas. Strauffenmagen: «El estómago de avestruz». En la jerga de laboratorio del barroco, el estómago de avestruz era una metáfora para designar a un matraz de destilación o un reactivo ácido sumamente potente, capaz de «digerir» y disolver hasta los metales más duros, tal como se creía popularmente que el avestruz digería el hierro. Zirckelreden: Discursos circulares o razonamientos tautológicos. El autor critica el método luliano de argumentación, el cual daba vueltas interminables sobre los mismos axiomas filosóficos sin llegar jamás a una conclusión práctica de laboratorio.
El puente entre Paracelso y Basilio Valentín: El autor realiza una operación historiográfica crucial al afirmar que el proceso de la tintura que Paracelso dejó incompleto fue «detallado por el monje Basilio Valentín». Basilio Valentín (personaje legendario cuyas obras fueron editadas a partir de 1600) era famoso por introducir el uso del antimonio en la química médica. El texto unifica ambas escuelas para simplificar el mapa de estudio del lector.
El proceso químico de purificación del Mercurio: La instrucción de «hacer uniforme el mercurio común mediante la eliminación de sus partes terrenales y acuosas» describe el proceso real de destilación y filtrado del mercurio vivo. Para despojarlo de su humedad superflua y de las escorias de plomo o zinc que solía contener al salir de la mina, se le hacía pasar por paños de gamuza y se sublimaba repetidamente con ácidos antes de unirlo a su «madre» (su matriz mineral original).
La demoledora crítica a Raimundo Lulio: El pasaje final rompe de manera radical con la reverencia que la Edad Media profesaba hacia el sabio mallorquín. Calificar a Lulio directamente de «mentiroso» (Lügner) y aconsejar al principiante que lo evite refleja el cambio de paradigma de la Ilustración temprana alemana: se rechazan los sistemas lógicos abstractos y las combinaciones alfabéticas del Ars Magna luliana por considerarlos rodeos inútiles que solo hacen perder tiempo y dinero al operador moderno.
[39] Maußfallen für die Unwürdigen: «Ratoneras para los indignos». Metáfora muy viva del barroco alemán. Describe cómo los maestros antiguos colocaban intencionadamente recetas falsas o procesos costosos en sus libros para que los buscadores de oro codiciosos «cayeran en la trampa», perdiendo su dinero como castigo por su falta de pureza moral. Schwartzen Mohren weiß machen: «Blanquear al negro etíope» o «lavar al negro». Famoso adagio clásico de los Adagia de Erasmo (Aethiopem lavas), utilizado de forma unánime en la alquimia para referirse a una tarea absolutamente imposible y absurda. El autor afirma que intentar purificar el mercurio mediante sales vulgares y cal viva es perder el tiempo. Laboranten: Los «laborantes» u operadores de laboratorio. A diferencia de los teóricos académicos, el término designaba específicamente a las personas que trabajaban de forma física y experimental frente a los hornos de fundición y destilación.
El rechazo a la metalurgia de la sal y la cal: El pasaje ofrece una valiosa instrucción técnica sobre la iatroquímica práctica de 1729. El autor condena los procedimientos medievales de Arnaldo de Vilanova que consistían en fijar o sublimar el mercurio común mezclándolo con cal viva (ungelöschtem Kalch) y sales comunes (Salien). Explica que la química moderna de su siglo ya ha demostrado que estos métodos son «engaños» que no alteran la matriz interna del metal.
La transición hacia los Adeptos Modernos: El texto marca una frontera generacional clave al recomendar abandonar a los autores medievales y concentrarse en los investigadores de los siglos XVII y XVIII. Introduce a Sendivogius (Michael Sendivogius, 1566–1636), el célebre alquimista polaco famoso por sus teorías sobre el «alimento de la vida» oculto en el aire (el oxígeno), y a Irenaeus Philaletha (Eirenaeus Philalethes o «El Filaleto», seudónimo del creador de la obra El cielo abierto cerrado de 1667), considerados las mentes más brillantes de la alquimia moderna.
La ruptura con la Antigüedad: El autor destaca que tanto Sendivogius como Filaleto se atrevieron a «apartarse considerablemente de la doctrina de los antiguos». Esto refleja el espíritu de la Ilustración temprana alemana: aunque se respeta que ambos poseían el secreto de la transmutación (Besitzer der Tinctur), se valora que construyeran una «ciencia profunda de las cosas naturales» basada en observaciones físicas nuevas, rompiendo con el principio de autoridad ciega de los textos griegos y árabes.
[40] Mit Meel bestäubte Mauß: «Un ratón cubierto de harina». Refrán popular de la época que alude a las personas superficiales que se dejan engañar por las apariencias externas, confundiendo a un intruso disfrazado con el verdadero especialista o maestro de un oficio. Epistel obsequiis: Hace referencia a la Epistola ad Thomam de Bononia (Epístola a Tomás de Bolonia), un famosísimo tratado epistolar escrito por Bernardo de Treviso en el siglo XV, donde discute las afinidades químicas de los metales. Gestirnten Antimonialischen Regulo Martiali: El régulo de antimonio marcial estrellado (Regulus Antimonii Martialis Stellatus). Una estructura metálica cristalina sumamente codiciada en los laboratorios barrocos. Se obtenía reduciendo el mineral de antimonio (estibina) utilizando hierro finamente fundido (Mars). Si el enfriamiento se realizaba con extrema pureza técnica, la superficie del metal solidificado formaba un patrón de ramificaciones cristalinas que semejaba una estrella resplandeciente.
El secreto del «Régulo Estrellado» de Newton y Filaleto: Esta página documenta la receta central que obsesionó a los científicos más brillantes del siglo XVII y principios del XVIII, incluido el propio Sir Isaac Newton (quien copió y estudió minuciosamente los textos del Filaleto sobre este proceso). Filaleto sostenía que el metal estrellado de antimonio y hierro actuaba como un «imán» capaz de atraer el espíritu vital del aire y purificar el mercurio común para convertirlo en el verdadero disolvente de los metales. El autor de este libro introduce una tesis muy audaz al acusar a Sendivogius y a Filaleto de ser simples «herederos» del secreto («la recibieron de manos de otros») y de haber malinterpretado la química antigua al absolutizar este método.
La epistemología de la prueba real: El fragmento concluye con una poderosa declaración de principios que anuncia el espíritu metodológico de la química moderna: «en los asuntos de la naturaleza la prueba real es mucho más fuerte» (der wirckliche Beweiß viel stärker ist). El autor rechaza los debates de autoridad basados en si Filaleto o Bernardo tenían más renombre, y propone zanjar la disputa mediante la demostración empírica y la experiencia directa en el crisol de laboratorio.
[41] Zwölff Abtheilungen: «Los doce capítulos». Alusión directa a los doce tratados o secciones que componen la famosa obra de Michael Sendivogius, Novum Lumen Chymicum (La Nueva Luz Química, 1604), estructurada de forma alegórica para guiar al lector a través de las doce operaciones de la Gran Obra. Milch geflossen: «Fluyó leche». En la imaginería química de la época, la aparición de un fluido blanco o lechoso durante la reacción de la sal con el azufre mineral simbolizaba la etapa de amalgamación o la obtención de la «leche de virgen» (lac virginis), un estado intermedio de la materia purificada. Dianischen Tauben: Las palomas de Diana (Columbae Dianae). Una de las alegorías más célebres y crípticas creadas por Filaleto en su obra Introitus Apertus ad Occlusum Regis Palatium (1667). Simboliza los vapores blancos y brillantes de la sublimación del mercurio purificado mediante el régulo de antimonio marcial, los cuales se condensan en el cuello del matraz simulando el batir de alas de palomas blancas sobre el baño de la diosa Diana.
La exégesis de la literatura Hermética: Esta página es un documento valiosísimo que demuestra cómo operaba la crítica científica en el siglo XVIII. El autor analiza los textos de Filaleto y Sendivogius no como manuales técnicos modernos, sino mediante la exégesis y el desciframiento de sus fábulas mitológicas. Desvela que el relato de la pelea callejera entre la Sal y el Azufre es un mapa codificado para que el operador realice la reducción metalúrgica del antimonio.
La deconstrucción del mito de Filaleto: El autor adopta una postura sumamente irónica ante Filaleto al afirmar que escribe «como si hubiese recorrido todos los rincones secretos de la Naturaleza». Comienza a preparar al lector para el ataque metodológico definitivo, acusando a Filaleto de dogmatismo por afirmar que su método (el del antimonio marcial y las palomas de Diana) es la única vía válida para obtener el mercurio de los sabios.
El nexo entre los dos Adeptos: El texto subraya la dependencia teórica entre ambos autores al demostrar que Filaleto en realidad actúa como un comentador que «no hace más que explicar» el sistema previo de Sendivogius. Esta visión genealógica permitía a los químicos teutones simplificar las escuelas de pensamiento y aislar los verdaderos procesos empíricos de laboratorio del ruido editorial de la época.
[42] La desmitificación de Filaleto como erudito: El pasaje ofrece un testimonio fascinante del escepticismo de la Ilustración temprana frente a la mitificación de los adeptos del siglo XVII. El autor ataca directamente el prestigio de Filaleto insinuando que no descubrió la Piedra Filosofal mediante el esfuerzo científico propio («el verdadero desentrañamiento»), sino que robó el manuscrito («sustracción») o recibió la receta ya hecha de un tercero, argumentando que la Naturaleza («la Venerable Matrona») no entrega sus secretos más profundos a un «joven de 33 años».
La metalurgia práctica del Mercurio Antimonial: Esta página desvela de forma explícita el proceso químico real que Filaleto escondía bajo sus alegorías. El método consistía en fundir sulfuro de antimonio (Spießglas) con hierro (Eisen) en un crisol de alta temperatura. El hierro despojaba al antimonio de su azufre, aislando el régulo de antimonio. Este régulo metálico se amalgamaba después con mercurio común caliente, provocando una violenta reacción química que purificaba el mercurio y hacía precipitar las escorias metálicas muertas, un proceso que Filaleto bautizó poéticamente como el vuelo de las palomas de Diana.
El choque metodológico: La ruptura del Dogma: El fragmento concluye con el núcleo de la tesis del libro. El autor no niega que el método de Filaleto funcione («el trabajo funcionará sin lugar a dudas»), pero rechaza categóricamente el dogma central de la escuela de Filaleto y Newton, el cual afirmaba que el fuego del hierro oculto en el antimonio era la única vía en la naturaleza para purificar el mercurio. Con un rotundo «A eso yo digo no», el autor abre paso a la demostración empírica de métodos alternativos y más racionales en la página siguiente.
[43] Eröffneten Eingangs: Alusión directa a la obra maestra de Filaleto, Introitus Apertus ad Occlusum Regis Palatium (Entrada abierta al palacio cerrado del rey, 1667). El autor cita este texto de memoria o de traducciones alemanas de la época para confrontar directamente su teoría. Saturnischen Kräutleins: «La pequeña hierba saturnina». En el lenguaje cifrado de Filaleto, esta planta alegórica representa al hierro. Aunque Saturno se asocia tradicionalmente al plomo, en este contexto específico Filaleto llamaba al hierro «plomo saturnino» debido a sus propiedades magnéticas y a su capacidad para fijar o limpiar el azufre del antimonio (el dragón). Gießbockel: Cono de vertido, lingotera o mortero de hierro en forma cónica invertida. Se utilizaba para verter los metales fundidos; debido a la diferencia de densidad, el metal puro y pesado caía al fondo mientras las escorias ligeras flotaban en la parte superior. Unschlit: Sebo o grasa animal. Se empleaba para recubrir las paredes internas de los moldes y crisoles de fundición, evitando de este modo que el metal derretido se adhiriera a las paredes durante el enfriamiento.
El laboratorio como tribunal de la Ciencia: Este folio ofrece un testimonio metodológico de un valor extraordinario para la historia de la transición entre la alquimia y la química. El autor no combate a Filaleto con argumentos teológicos o filosóficos abstractos, sino con un manual de laboratorio explícito. Utiliza expresiones como «en la siguiente operación práctica (Handgriffe) se demuestra falso», obligando al lector a verificar la física de los metales por encima de la autoridad de los libros.
La química real de la reducción del Antimonio: El experimento descrito detalla la reducción directa del sulfuro de antimonio utilizando hierro (acero al rojo vivo). El antimonio bruto fundido ataca al hierro porque el azufre tiene una mayor afinidad química con el hierro que con el antimonio. El hierro se combina con el azufre formando sulfuro de hierro (escoria), liberando el antimonio metálico puro en el fondo. El autor utiliza este hecho para demostrar que el hierro no se está combinando de forma homogénea con el mercurio como pretendía Filaleto, sino que simplemente actúa como un agente de limpieza o reducción mecánica que termina en la escoria muerta.
El origen del término «König» (Régulo): Al final de la página, el texto menciona al «König» (el Rey). En la metalurgia alemana premoderna, el término König (del latín Regulus, o reyezuelo) designaba al botón de metal puro y brillante que cristalizaba en el fondo cónico del molde de fundición tras separarse de las escorias. El autor instruye golpear el molde por fuera («an dem klopffe») para que las vibraciones ayuden a precipitar el metal puro y faciliten su posterior desmolde.
[44] Loth: Antigua unidad de peso utilizada en el Sacro Imperio Romano Germánico para metales preciosos y reactivos de laboratorio. Un Loth equivalía aproximadamente a unos 14.6 gramos, por lo que las 8 onzas resultantes del experimento representan cerca de 117 gramos de metal puro. Treibscherben: Plato de copelación, tiesto de arcilla refractaria o cápsula de porcelana expuesta al fuego. Se utilizaba para calcinar minerales, evaporar sustancias volátiles (como el azufre o el antimonio sobrante) y aislar los componentes fijos pesados en la metalurgia analítica. Schönen Vitriol: Hermoso vitriolo (en este caso, vitriolo de hierro o sulfato ferroso verde). La formación de estos cristales verdes brillantes al disolver el residuo en ácido demuestra al operador que el hierro sigue intacto en su naturaleza química básica.
La introducción de la Química Cuantitativa: Este pasaje posee un valor histórico incalculable para documentar el nacimiento del método científico experimental en Alemania. El autor introduce la balanza de precisión en el debate hermético al exigir pesar el producto final («wieg ihn»). Al demostrar que el polvo de hierro recuperado de las escorias mantiene «casi su peso original» (fast in vorigem Gewicht), arruina la tesis de Filaleto de que una parte del hierro se había transmutado o fusionado secretamente en el interior del mercurio.
El análisis químico de los subproductos: Para blindar su refutación, el autor analiza las escorias muertas (Eisenschlacken). Explica que si se toma ese residuo, se limpia en el tiesto de arcilla y se disuelve en ácido, produce un vitriolo verde perfecto. En la física química de 1729, esto era la prueba irrefutable de que el hierro solo actuó como un reactivo mecánico externo (un imán de azufre) y que no cedió su «mercurio marcial» ni su «alma dorada» al antimonio.
El desprecio a los errores teóricos de la tradición: El texto concluye argumentando por reducción al absurdo. Si Filaleto y Sendivogius tuvieran razón sobre la fusión mística del hierro y el antimonio, las leyes de la masa metalúrgica se romperían y el crisol produciría un peso de régulo mucho mayor al teóricamente posible, una contradicción que el autor expone con total claridad ante los «maestros entendidos» de Núremberg.
[45] La deconstrucción empírica de la Estrella Alquímica: Esta página representa un hito fundamental en la desmitificación de la alquimia operativa. El Regulus Martis Stellatus era considerado por Robert Boyle, Isaac Newton y Filaleto como la materia más sagrada debido a su superficie estrellada, que interpretaban como una firma divina o magnética del hierro. El autor de este tratado arruina ese mito al revelar el secreto puramente técnico de su cristalización: no se necesita hierro; basta con fundir el antimonio con una cantidad masiva de sales fundentes (Salien) como nitrato de potasio y tártaro, y controlar el ritmo de enfriamiento.
El criterio de repetibilidad científica: Al afirmar con audacia que se compromete «todavía hoy a demostrar la verdad de lo que he afirmado» (getraue mir noch alle Tage dessen Wahrheit… zu erweisen), el autor rompe definitivamente con el oscurantismo medieval. Invita a los laborantes a repetir el experimento asegurando que «nadie se equivocará fácilmente en esto» si sigue los pasos físicos correctos, anteponiendo la reproducibilidad técnica al dogma de los libros impresos.
El nexo entre Termodinámica y Astrología premoderna: La observación de que el régulo no se estrellará «por más que fuese fundido cien veces» a menos que se halle en el «tiempo requerido» describe, bajo el lenguaje astronómico de la época, la extrema sensibilidad térmica del antimonio. Para que las dendritas cristalicen formando una estrella perfecta, el crisol requiere un enfriamiento sumamente lento y protegido de corrientes de aire, un fenómeno físico que los operadores del siglo XVIII asociaban a los influjos ordenados y medidos de la naturaleza.
[46] Arsenicalischen metallischen Schwefeln: Los azufres metálicos arsenicales. En la terminología iatroquímica del siglo XVIII, el arsénico y el azufre no se veían como elementos aislados de la tabla periódica moderna, sino como principios o «humos» minerales volátiles presentes en los minerales refractarios (como el antimonio), responsables de las reacciones de enlace y purificación de los metales nativos. Gleichniß und Eigenliebe: «Similitud y amor propio». Expresión premoderna para describir lo que la química de la Ilustración bautizaría formalmente como afinidad química (Affinitas chimica). Los operadores explicaban el comportamiento de los reactivos bajo metáforas antropomórficas, sosteniendo que las sustancias se unían en el crisol empujadas por «simpatía», «amor» o afinidad de su misma especie. Sonnenfeuer: El fuego solar o fuego del Sol. En la tradición hermética, el oro estaba regido por el Sol; por tanto, el «fuego solar» hacía referencia al principio sulfúrico fijo y áureo que Filaleto pretendía haber introducido en el mercurio a través del hierro marcial.
La sustitución del misticismo por la Afinidad Química: Esta página es un monumento al nacimiento de la química racional en el Sacro Imperio. El autor asesta el golpe definitivo a la escuela de Filaleto: niega de forma tajante que la purificación del mercurio se deba a un «fuego solar místico» (Sonnenfeuer) introducido por el hierro. Explica el fenómeno mediante una observación estrictamente material: el antimonio bruto contiene de forma natural una gran cantidad de componentes arsenicales y sulfúricos. Al amalgamar el régulo con el mercurio común, estos componentes actúan mecánicamente debido a su afinidad natural, atrapando las impurezas del mercurio común y arrastrándolas hacia la escoria.
La deconstrucción del «Mercurio Sáfico»: El texto demuestra que el «Mercurio Sáfico» o mercurio de los filósofos del que se jactaba Filaleto no requiere propiedades mágicas ni operaciones teúrgicas. El autor expone que el proceso es una reacción de limpieza metalúrgica ordinaria. El residuo o escoria que se genera en el matraz es simplemente el azufre arsenical uniendo sus ligaduras a los metales base del mercurio comercial.
El «Arte de las Palomas» explicado sin metáforas: Al ligar «la cantidad de azufre arsenical» con «la kunst de las palomas» (Kunst der Tauben), el autor descodifica el gran secreto de la obra de Filaleto (Introitus). Las famosas «palomas de Diana» no son más que la manifestación visual de los vapores arsenicales y mercuriales purificados que cristalizan y se subliman en las paredes del vaso de destilación.
[47] La desmitificación mediante la Metalurgia Industrial: Esta página posee un valor histórico excepcional porque une de forma definitiva la alquimia teórica con la ingeniería metalúrgica de las minas. El autor demuestra que el gran secreto de Filaleto para purificar el mercurio con hierro no es más que una reacción de reducción ordinaria que los fundidores de plomo y cobre realizaban a gran escala todos los días en las fundiciones colonas («Eben dieses ist auch zu sehen in Reinigung anderer metallischen Minern»). Al añadir hierro (Eisen-Ertz) a la galena sulfúrica (Bley-Ertz), el hierro secuestra el azufre y libera el plomo líquido, el mismo principio mecánico que opera en el crisol de antimonio.
El dilema lógico contra la Fuerza Áurea: El autor lanza una pregunta capciosa de una lógica aplastante para desarmar a los seguidores de Filaleto e Isaac Newton. Si el régulo de antimonio marcial estuviera preñado de una «fuerza áurea mística» (güldische Krafft) transmitida por el hierro, esa fuerza debería actuar primero sobre el propio mercurio interno del antimonio. El hecho de que se necesite añadir obligatoriamente mercurio común líquido externo para arrastrar las impurezas demuestra que no hay transmutación espiritual, sino una disolución física ordinaria y una precipitación de escorias arsenicales.
El concepto premoderno de Precipitación Química: El texto describe con gran precisión el mecanismo de lo que hoy llamamos reacciones de desplazamiento. Explica que el mercurio del antimonio «no está ligado con tanta fuerza como el hierro», por lo que al entrar el hierro en el sistema, rompe los enlaces del azufre, haciendo que el metal puro «se precipite al fondo» (zu Grunde fället), un paso fundamental en la deconstrucción de la alquimia hacia la química moderna.
[48] El aislamiento del Azufre como prueba científica: El experimento descrito en esta página es de una elegancia química asombrosa para el año 1729. El autor propone una contraprueba perfecta: si se toma el mineral de antimonio (Spießglas) y se le extrae previamente su azufre combustible ordinario mediante calcinación suave o lixiviación, el mineral resultante conserva su forma pero pierde su brillo. Al intentar repetir el proceso de Filaleto introduciendo el hierro al rojo vivo, la reacción no ocurre («das Eisen werde unberühret bleiben»). Esto prueba que el hierro no entra en el sistema atraído por una afinidad alquímica noble, sino que es atacado y disuelto vulgarmente por el azufre del mineral.
El ataque al lenguaje místico de Filaleto: El autor eleva el tono crítico utilizando un lenguaje directo y despectivo al afirmar que Filaleto «parlotea» (schwatzet) sobre un «puro vapor espiritual» (lauterer geistlicher Dunst). Esta postura marca la línea divisoria de la Ilustración temprana: se rechazan los términos imprecisos y pseudorreligiosos como «fuegos inestables» o «espíritus metálicos» si estos no pueden medirse, pesar u observar bajo las leyes físicas del laboratorio.
La deconstrucción de la disolución metalúrgica: El pasaje aclara que el mecanismo por el cual el hierro ayuda a obtener el régulo de antimonio es puramente químico y no esotérico. El hierro se corroe y se disuelve porque se combina con el azufre disponible. Al demostrar que sin azufre el hierro permanece «unberühret» (intacto), el autor destruye el mito de que el hierro transfiere voluntariamente un «alma marcial» al mercurio del antimonio para crear la Piedra.
[49] Wirth / Undanckbarer Gast: Hospedador (anfitrión) y huésped ingrato. Una brillante metáfora barroca de carácter antropomórfico para describir los procesos químicos de desplazamiento. El autor ridiculiza la idea de que el azufre «elija» abandonar al hierro (un metal considerado noble por su fuerza marcial) para unirse de forma «agradecida o ingrata» al antimonio basándose en afinidades espirituales imaginarias, cuando en realidad se trata de una reacción forzada por el calor. Hause des Widders: «La casa del Carnero». Alusión a la astrología y la alquimia clásica, donde el signo zodiacal de Aries (el carnero) correspondía al domicilio del planeta Marte, el cual regía al hierro. Kupfferne Dächer zu Golde gekochet: «Los tejados de cobre son cocidos hasta convertirse en oro». Referencia a una famosísima superstición popular de los siglos XVII y XVIII que afirmaba que las planchas de cobre de los tejados de las grandes catedrales, tras pasar siglos expuestas a los rayos intensos del Sol (fuego solar celeste), maduraban de forma natural transmutándose paulatinamente en oro puro.
La deconstrucción del monopolio del Hierro: El pasaje aporta un argumento demoledor desde la química analítica comparada. El autor cuestiona por qué Filaleto y sus seguidores mitifican el uso del hierro en el crisol si es un hecho perfectamente demostrable en el laboratorio que, utilizando cobre, se puede obtener de la misma manera un régulo de antimonio purificado y brillante («ein sehr schöner König gemachet wird»). Si el fenómeno de purificación dependiera del «espíritu áureo marcial» exclusivo del hierro, el proceso con cobre sería imposible, lo que demuestra que la reacción se debe simplemente a la reducción del azufre por acción de un metal captor.
La epistemología de la Ilustración frente al Principio de Autoridad: La réplica del autor contra la cita de Filaleto («el Filaleto ha sido engañado en este punto») resume perfectamente la transición hacia el método científico moderno. Ataca el dogma generalizado de la época según el cual, si un adepto había logrado el éxito en un proceso («mediante la revelación de un tercero»), automáticamente se convertía en una autoridad infalible sobre todas las leyes de la física. El texto defiende un enfoque inductivo y experimental: el conocimiento de la Naturaleza no se obtiene por decretos o revelaciones absolutas, sino estudiando pacientemente cada género y cada reacción individual («aus lauter Geschlechten und einzeln Dingen»).
[50] La contradicción final de la Escuela de Filaleto: El autor remata su crítica señalando el tropiezo lógico fundamental en la obra de Filaleto (Introitus). Filaleto construyó todo su sistema afirmando que el antimonio simple carecía de azufre activo y que por ello requería obligatoriamente ser fundido con hierro. Sin embargo, en el capítulo 11 de su propio libro admite que el mercurio ordinario ya posee un «azufre fermentante interno» poderoso («einen gährenden, das ist, würckenden Schwefel»). El autor aprovecha este desliz para demostrar que el misticismo del hierro marcial era una teoría superflua.
Práctica acertada frente a Teoría Errónea: El pasaje ofrece una de las reflexiones epistemológicas más modernas e importantes de todo el volumen. El autor introduce una separación tajante entre la técnica empírica y la ciencia teórica. Reconoce con honestidad que el experimento de Filaleto funciona en la práctica («su trabajo práctico posee exactitud»), pero sentencia que «su ciencia no tiene gran valor» (die Wissenschafft dieses Besitzers nicht viel werth sey). Explica que Filaleto operaba como un artesano que acierta un proceso por azar o herencia («por la revelación de un tercero»), pero que ignoraba por completo las verdaderas leyes químicas y mecánicas que hacían que los metales reaccionaran en su crisol.
El manifiesto de la Ilustración contra el Dogmatismo: Las líneas finales funcionan como un auténtico manifiesto de la Ilustración temprana alemana frente al oscurantismo hermético. El autor denuncia que la tendencia humana a aceptar los resultados sin investigar el cómo y el porqué de los mecanismos de la materia («cómo está constituido internamente») es un «pozo de negligencia» que propaga el error. Con esta sólida base metodológica, el autor clausura las refutaciones del Capítulo Tercero y prepara al lector para exponer sus propios descubrimientos sistemáticos en la sección subsiguiente.
[51] La saturación editorial de la Alquimia en el siglo XVIII: Este prefacio del capítulo cuarto es un documento sociológico magnífico sobre la crisis de sobreproducción literaria que vivía la disciplina en 1729. El autor confiesa con notable cinismo que le produce «náuseas» (eckeln möchte) volver a tratar el tema del mercurio de los sabios porque es un plato «recalentado» (wieder aufgewärmet) miles de veces por escritores que solo copian las recetas de otros sin haber operado jamás un laboratorio real.
La crítica al cientifismo de fachada: El texto traza una línea divisoria perfecta entre los verdaderos investigadores del fuego y los charlatanes callejeros. Describe de forma poética a los falsos eruditos como personas que se limitan a gritar en las plazas maravillándose del brillo del fuego «desde la distancia» (von ferne), delatando que eran incapaces de «aproximarse más» debido al miedo a fracasar en el laboratorio o a respirar los humos tóxicos de los crisoles.
El objetivo de originalidad de Roth-Scholtz: Al titular el capítulo «Enseña qué es comúnmente el mercurio de los sabios», el autor prepara el terreno. Promete que, a pesar de la redundancia del tema en las bibliotecas de la época, él romperá con la charlatanería común y aportará una definición estrictamente operativa, útil y despojada de las fábulas lulianas o paracelsianas analizadas en las páginas previas.
[52] La democratización y vulgarización de la Alquimia: El inicio del folio ofrece un diagnóstico social fascinante sobre el Sacro Imperio Romano Germánico en 1729. El autor señala con ironía que el saber hermético se ha abaratado tanto en los libros de masas que ahora hasta los «campesinos que no saben leer ni escribir» y las «mujeres en el hogar» debaten con aparente profundidad sobre el mercurio de los sabios, evidenciando el nacimiento de una cultura de divulgación pseudocientífica descontrolada.
La guerra intelectual entre la Universidad y el Laboratorio: El texto saca a la luz el violento conflicto institucional de la Ilustración temprana. El autor estalla en indignación al constatar que los ataques más feroces contra los verdaderos científicos del fuego no provienen del vulgo ignorante, sino de las cátedras universitarias y de los «doctores legítimamente graduados» (promovirten Doctoren). Acusa a estos catedráticos oficiales de actuar como sofistas arrogantes que usan sus títulos para tildar de «mentirosos» a investigadores de la talla de Filaleto, camuflando su propia incapacidad operativa detrás de la retórica académica.
La defensa corporativa de los verdaderos Adeptos: A pesar de haber criticado duramente las contradicciones teóricas de Filaleto en el capítulo anterior, el autor opera aquí un giro solidario fundamental. Lo reconoce explícitamente como un «verdadero poseedor del secreto» (würckliche Besitzer). Con ello, traza un pacto de fraternidad hermética: prefiere defender la honestidad experimental de un colega químico (aunque disienta de sus teorías sobre el hierro) antes que tolerar las calumnias de los intelectuales teóricos universitarios que jamás han encendido un horno.
[53] La Epistemología de la Identidad de Van Helmont: El texto rescata un concepto filosófico de una profundidad asombrosa atribuido a Jan Baptist van Helmont. Sostiene que el verdadero conocimiento de la naturaleza exige que la mente del investigador «se transforme casi en el objeto comprendido» (Verstand mit der verstandenen Sache… verwandelt werde). En el laboratorio hermético, esto significaba que el operador no debía limitarse a observar los metales de forma externa y desapegada, sino que debía sintonizar su intelecto con las dinámicas internas, los pesos y los ritmos térmicos de las sustancias que pretendía purificar.
El Manifiesto de la Ilustración contra la Escolástica: El fragmento donde el autor exige colocar bajo la ciencia natural los dos pilares del Entendimiento y la Experiencia, decretando que cualquier teoría que carezca de ellos debe ser «rechazada por no estar levantada conforme al arte de la arquitectura» (vor ein nicht nach der Bau=Kunst aufgerichtes Werck verwerffen), constituye un auténtico manifiesto ilustrado. Es un ataque frontal a la vieja Escolástica universitaria, la cual construía inmensos tratados teóricos basados únicamente en discutir silogismos lógicos de biblioteca sin pisar jamás un taller práctico.
El inicio del análisis de los Tres Reinos: Para demostrar cómo opera el mercurio de los sabios de manera racional, el autor inicia una lección de taxonomía y biología comparada. Comienza con el reino animal explicando que las criaturas complejas requieren la unión de dos semillas («Vermischung des Saamens»), mientras que los insectos inferiores nacen por generación espontánea en entornos corruptos. Utilizará esta escala biológica en las páginas siguientes para argumentar, por analogía, cómo nacen, maduran y se multiplican los metales en el vientre mineral de la tierra.
[54] La especificidad de la Materia en la Ilustración Temprana: El pasaje destruye las viejas teorías de que la putrefacción era un proceso caótico y universal. El autor expone de forma racional que los gusanos de la madera no son iguales a los de la carne podrida («es wird nicht ein jedwedes Ding aus jederweder Materie»). Exige que para cada ser vivo o compuesto químico exista una «materia común preexistente específica», un principio de conservación y especificidad material que anticipa las leyes de la química moderna.
La Taxonomía de los Tres Reinos: El texto ofrece una magnífica síntesis de la filosofía natural barroca al unificar el comportamiento de los tres reinos. Explica que el reino animal es el más complejo debido a la especialización de sus «miembros nobles» y su división sexual obligatoria («männliche und weibliche Geschlechts-Zusammenhaltung»). En cambio, al descender hacia los vegetales y minerales, las estructuras se simplifican drásticamente: ya no se requieren órganos complejos ni apareamientos animales; la naturaleza opera los metales de forma puramente química mediante la interacción de una matriz mercurial fluida activada por un agente sulfúrico.
El Mercurio como Matriz Universal de los Metales: Al definir el origen mineral como una «esencia mercurial, pesada y uniforme» (ein Quecksilbernes, schweres, gleichförmiges Wesen), el autor se desmarca tanto del oscurantismo medieval como del monopolio del antimonio marcial de la escuela de Filaleto. Sienta las bases para demostrar en las páginas siguientes que el verdadero mercurio de los sabios se obtiene trabajando de forma directa sobre la pureza intrínseca de esta matriz metálica pesada.
[55] La disolución como prueba de composición: El núcleo lógico de esta página es de una importancia monumental para documentar el pensamiento precientífico. El autor establece un axioma analítico claro: si al aplicar un disolvente o calor intenso a un metal (como el oro o el plomo), este se reduce y se amalgama convirtiéndose en un fluido mercurial, la lógica material obliga a aceptar que su sustancia base original es el mercurio. Es la deconstrucción empírica de la materia: el análisis inverso sirve como plano arquitectónico de la creación.
La paradoja del uso de Arnaldo de Vilanova: Resulta históricamente fascinante que, a pesar de haber calificado a Arnaldo de Vilanova de «confuso» y de afirmar que «tocaba el mismo violín de engaños que Lulio» en la página 220, el autor recurra aquí a su Rosarium Philosophorum como la máxima autoridad histórica. Esto demuestra que los autores de la Ilustración temprana operaban una rigurosa selección crítica: rechazaban los laboriosos e inútiles manuales de recetas con cal y sales de los antiguos, pero rescataban con sumo respeto sus principios filosóficos universales sobre la unidad de la materia.
La unificación de la teoría Azufre-Mercurio: El folio concluye consolidando la clásica teoría mineral de la iatroquímica. Al citar que la naturaleza moldea los metales «a partir del mercurio y del azufre» (aus Quecksilber, und aus dem Wesen seines Schweffels), el autor se prepara para desvelar el secreto de su método propio. Despoja al proceso de los requerimientos exclusivos del hierro de Filaleto y demuestra que la clave de la Gran Obra consiste en saber equilibrar estos dos principios universales presentes en cualquier mineral metálico corriente.
[56] Summa: Se refiere a la Summa Perfectionis Magisterii (La suma de la perfección del magisterio), el tratado alquímico más importante de la Baja Edad Media, atribuido históricamente al sabio árabe Geber, aunque hoy se sabe que fue redactado en latín hacia el siglo XIII por el monje franciscano Pseudo-Geber (Taranto). Geringen Dinge / Köstliches: Una cosa insignificante (o vil) y una cosa preciosa. Axioma hermético fundamental derivado de la paradoja de la Piedra Filosofal: la materia prima de la Gran Obra no es un mineral caro ni exótico, sino una sustancia común, barata y despreciada por el vulgo (el mercurio comercial ordinario). Vence al fuego: Característica metalúrgica del mercurio y los metales nobles. El texto resalta la fijeza e indestructibilidad de la matriz metálica frente a los compuestos orgánicos vegetales o animales, los cuales se carbonizan y «perecen en la llama».
La Trinidad Mineral de Geber: El autor rescata una de las aportaciones más importantes de la alquimia árabe medieval al citar que el origen de los metales se basa en una tríada fundamental: el mercurio (flujo), el azufre (combustión) y el arsénico (fijeza/coloración). Al incluir explícitamente al arsénico como el «compañero» (Mitgesell) indispensable, el autor blinda el argumento que expuso en la página 227, donde demostró que la purificación de los metales en el crisol ocurre por afinidades arsenicales naturales y no por el influjo místico del hierro de Filaleto.
La Teología de la Materia en el Barroco: El fragmento de Geber que comienza con una ferviente alabanza a Dios («Gelobet sey der Allmächtige Schöpffer») refleja el carácter profundamente sagrado que tenía la investigación de la materia antes de la separación contemporánea entre ciencia y religión. Descubrir que el mercurio líquido es capaz de resistir el martirio del fuego sin destruirse se interpretaba como una firma de la sabiduría e ingeniería del «Máestro Artesano» del universo.
La autosuficiencia del Mercurio Común: Esta página marca el punto de inflexión del Capítulo Cuarto. Al citar de forma consecutiva al Rosarium de Arnaldo y la epístola de Bernardo de Treviso para asegurar que «el mercurio tiene en sí mismo su propio buen azufre interno» (Das Quecksilber hat in sich seinen guten Schweffel), el autor formula su tesis central: el mercurio ordinario es autosuficiente. No se necesitan las complejas recetas de aleación con antimonio marcial de Filaleto ni las palomas de Diana. El verdadero camino de la Gran Obra consiste en saber despertar y madurar ese azufre que el mercurio ya lleva sepultado en su propio vientre mineral.
[57] Wurzeliche Feuchtigkeit: Humedad radical (humidum radicale). Concepto alquímico fundamental derivado de la medicina premoderna. Hacía referencia al fluido vital primigenio e indestructible que otorgaba la vida a los cuerpos; en el reino mineral, la «humedad radical» era la responsable de mantener al mercurio en su estado líquido y maleable frente a la acción del fuego. In die Höhe getrieben: «Elevado hacia lo alto». Término técnico tradicional de la metalurgia alemana para designar el proceso físico de la sublimación o destilación ascendente, mediante el cual una sustancia sólida o líquida se evapora por el calor y se condensa en la parte superior del matraz. Schlackigte Quecksilber: Mercurio cargado de escorias o mercurio comercial bruto. El mineral tal como se extraía de las minas (frecuentemente contaminado con trazas de plomo, zinc o azufre), el cual requería una limpieza mecánica previa.
El axioma de la homogeneidad de los metales: Esta página consolida el argumento central del Capítulo Cuarto al recuperar la famosa tesis metalúrgica de Bernardo de Treviso: «lo disolvente no es diferente de aquello que debe ser disuelto» (Auflösende ist nicht unterschieden von dem, das soll aufgelöset werden). Bernardo defendía que para disolver un metal noble de forma perfecta y radical (es decir, devolviéndolo a su estado de materia prima universal), no se debían utilizar los ácidos corrosivos de los boticarios (aguafuerte o agua regia), los cuales destruían la matriz del metal; la única «agua natural» legítima era el propio mercurio líquido, debido a su idéntica naturaleza metálica.
La condena a la alteración del Mercurio: El texto lanza una dura advertencia contra los químicos que intentaban «fijar» o transformar el mercurio en polvos precipitados (óxido de mercurio o cinabrio artificial) antes de realizar la Gran Obra, decretando que «toda aquella doctrina es falsa». El autor exige que el mercurio conserve intacta su fluidez líquida («metallischen Flüssigkeit») y su naturaleza indestructible durante los primeros pasos en el matraz.
La validación de la limpieza con Sal Común: El pasaje introduce una sutil pero crucial matización técnica de gran interés histórico. El autor aclara que Bernardo de Treviso no prohibía purificar el mercurio comercial; consideraba legítimo sublimarlo utilizando sal común («durch gemeines Salz») para despojarlo de sus «escorias mineras» externas. Lo imperativo era que esa purificación fuera puramente mecánica, cuidando de no destruir la proporción natural ni la esencia fluida del metal viviente.
[58] Lumpenwerck: Literalmente «obra de harapos» o trapacerías. Término despectivo y muy vivo del alemán barroco que el autor emplea para desechar los manuales que proponían recetas con ingredientes ajenos a la metalurgia ordinaria, como jugos de plantas, orina o sales raras. Jungfräuliche Erde: Tierra virginal (terra virginis). En la literatura hermética, designaba a la arcilla o base mineral pura que no había sido trabajada ni alterada, considerada de forma errónea por algunos como la materia prima del elixir. Feuer-beständigen Cörpern: Cuerpos estables o resistentes al fuego. Hace referencia a los metales nobles y fijos —especialmente el oro y la plata— que toleran las temperaturas extremas del crisol sin calcinarse ni volatilizarse.
El secreto de la Sublimación Iterada: La cita inicial de Bernardo de Treviso desvela una de las operaciones prácticas más célebres de los laboratorios del siglo XVIII: la destilación y condensación repetida («zu öfftern in die Höhe getrieben und wieder zusammen gesetzt») del mercurio. Este proceso mecánico purificaba el metal eliminando los componentes heterogéneos y «superfluos», devolviendo al disolvente su fluidez nativa y su «naturaleza intacta», lista para disolver los metales fijos.
La distinción epistemológica entre Woraus y Worinne: El pasaje introduce una aclaración metodológica monumental para la historia de la iatroquímica. El autor zanja la vieja disputa sobre si el mercurio de los sabios es el mercurio común resolviendo la paradoja: el mercurio común comercial es la materia de la cual (Woraus) se parte, pero a través de la purificación y la cocción en el matraz, se transforma en la matriz o materia en la cual (Worinne) se opera la transmutación. Quien no comprende esta transición molecular, afirma, cae en el error.
El rechazo al misticismo no metálico: Al exclamar «Juzgas rectamente, pero no concluyes rectamente», el autor arremete contra los operadores que, al leer que los sabios rechazaban el mercurio crudo, abandonaban la metalurgia para experimentar con «trapacerías» (Lumpenwerck) como el salitre o compuestos orgánicos. Defiende con firmeza el axioma de la homogeneidad mineral: la obra maestra solo puede nacer y gestarse dentro del propio «género metálico».
[59] Mit ungewaschenen Händen: «Con las manos sin lavar». Expresión idiomática de la época de raíz bíblica y clásica (illotis manibus). Significa aproximarse a una tarea sagrada o de alta dificultad técnica con ligereza, presunción y sin la preparación mental o física adecuada. Schnee-weiß: Blanco como la nieve. En la metalurgia del mercurio, alude a la obtención de sales de mercurio sublimadas puras (como el calomelano o cloruro mercurioso), las cuales cristalizan en forma de un polvo blanco deslumbrante que los alquimistas consideraban la base de la tintura blanca para la plata. Zwiefacher Schweffel: Doble azufre. Concepto clave de la iatroquímica. Postulaba que los minerales poseían un azufre externo, denso y combustible (que causaba las impurezas y las escorias), y un azufre interno, fijo y sutil (responsable de fijar el metal).
La advertencia contra la presunción del operador: El inicio de la página contiene una formidable reprimenda moral característica de los prefacios barrocos. El autor argumenta que, incluso si el mismísimo Hermes Trismegisto bajara del cielo y le diera al lector el nombre de la materia prima (el mercurio común), el estudiante fracasaría estrepitosamente si trabaja «con las manos sin lavar». Defiende que la química exige un proceso de disciplina, estudio y «trabajo insondable», combatiendo la idea de que la Piedra Filosofal fuera una receta de cocina mágica que pudiera realizarse «en el ocio» (Müßiggang).
El dogma de la purificación extrema de Geber: Al recuperar el capítulo 45 de la Summa Perfectionis del Pseudo-Geber, el autor establece una ley fundamental de laboratorio: el grado de pureza del disolvente determina la perfección del resultado final («como es la purificación, tal será la transmutación»). Para que el mercurio líquido sea capaz de disolver radicalmente al oro, debe ser despojado por completo de sus trazas de plomo y zinc comerciales hasta cristalizarlo de forma pura e inmaculada («blanco como la nieve»).
La introducción al mecanismo de Separación Química: En las líneas finales, el texto introduce la base teórica de la purificación analítica recurriendo de nuevo a Geber. Explica que el mercurio es un cuerpo complejo que encierra en su «seno más interno» (innersten Schoß) una dualidad de principios húmedos y sulfúricos. El autor prepara al lector para detallar en el folio siguiente cómo el químico debe operar para aislar mecánicamente el principio puro y desechar el contaminante.
[60] La ontología del Doble Azufre Mercurial: Esta página ofrece una magnífica aclaración sobre la física mineral de la Ilustración temprana. El autor desglosa la teoría de Geber: el mercurio encierra un azufre esencial y puro («von des Cörpers Vollkommenheit») que es el responsable de su cohesión e indestructibilidad frente al fuego, y un azufre accidental e impuro («zufällig… und verderblich») que causa las escorias. El trabajo del laboratorio no consiste en añadir elementos extraños como el hierro, sino en limpiar diligentemente el metal hasta eliminar únicamente el componente corruptible.
El juramento del Secreto Blindado: El pasaje donde el autor realiza un solemne juramento teológico («Ich schwere dir bey dem unsterblichen GOTT») refleja el profundo elitismo intelectual de la disciplina. Consuela de forma irónica al lector celoso asegurándole que no debe temer que el secreto se divulgue, puesto que la complejidad del proceso es un filtro natural tan estricto que, incluso si el vulgo conociera el nombre exacto de la materia prima (el mercurio común), «entre miles apenas uno alcanza su propósito».
La Alquimia como gimnasia mental de la Ilustración: Las líneas finales formulan una sutil y elegante apología de la investigación de laboratorio. El autor argumenta que, aun si el estudiante fracasa en la transmutación metalúrgica, el esfuerzo no habrá sido en vano: la exigencia técnica del matraz y el crisol constituye una «excelente oportunidad» para pulir y demostrar la agudeza y perspicacia del intelecto humano («deines Verstandes Spitzfindigkeit sehn zu lassen»), elevando la iatroquímica a la categoría de una alta disciplina filosófica.
[61] El rechazo al facilismo científico: El poema intercalado por el autor («Kein weiches Federbette schafft…») funciona como una dura amonestación contra los diletantes de la época. Advierte a los estudiantes que la química real no se domina leyendo cómodamente desde un diván o un lecho de plumas; exige quemarse las pestañas frente al tiro del horno, soportar los humos del laboratorio y dedicar «muchos años» de esfuerzo manual.
El binomio Razón-Providencia: El texto reitera la necesidad de una guía ética al afirmar que el investigador fracasará «a menos que le guíe la mano de un buen amigo o la de Dios». Esta visión entronca con la hermandad Rosacruz del siglo XVIII, donde el intercambio de bitácoras entre científicos legítimos (el buen amigo) y la rectitud moral ante el Creador se consideraban indispensables para alcanzar el éxito científico.
La teoría de la Sexualidad Mineral: Al abordar la reproducción de los metales, el autor resuelve de forma brillante un gran dilema de la época. Admite de manera racional que los minerales carecen de órganos sexuales visibles («aus Mangel der Werckzeuge»); sin embargo, valida la analogía biológica al explicar que la matriz subterránea opera mediante un apareamiento estrictamente químico. La semilla masculina es el principio activo sulfúrico volátil y la femenina es el fluido mercurial pasivo; su unión exacta bajo una «proporción natural» (gehörige Maß) da origen a las vetas metalíferas en el interior de la corteza terrestre.
[62] La teoría de la unidad mercurial de los metales: Esta página contiene el núcleo doctrinal más revolucionario del Capítulo Cuarto. El autor formula de manera contundente la teoría de la homogeneidad mineral al sentenciar que «el oro no es otra cosa que un mercurio uniforme completamente cocido y condensado» (Denn das Gold ist nichts anders, denn ein gar gekochtes und dick gemachtes gleichförmiges Quecksilber). Para la iatroquímica del siglo XVIII, el oro y el mercurio comercial no eran elementos químicos totalmente independientes, sino la misma sustancia base en dos etapas evolutivas distintas: el mercurio era oro inmaduro y líquido, mientras que el oro era mercurio madurado y fijado por el calor central de la tierra.
La superioridad del Científico sobre la Naturaleza: El pasaje introduce un rasgo de notable orgullo técnico característico de la Ilustración temprana alemana al afirmar que «un maestro del arte lleva a cabo la obra mucho más rápido que la propia Naturaleza» (bringet auch viel eher ein Meister der Kunst das Werck zu wege, als die Natur). Mientras que la geología subterránea requiere milenios de calor difuso para madurar el mercurio y convertirlo en oro, el químico legítimo, imitando las leyes naturales en su laboratorio («der Natur nachgefolget»), acelera el proceso en pocos meses mediante el control exacto de los «grados de calor» (Grad der Wärme) en su horno.
La amalgama de Oro como las Dos Semillas: El texto desvela el procedimiento práctico derivado de Bernardo de Treviso y los pseudo-geberianos: la disolución de oro puro dentro de mercurio purificado. Al unir el oro (el principio fijo, maduro y masculino) con el mercurio líquido (el principio volátil, inmaduro y femenino), el artista reúne las «dos semillas» (zweyen Saamen) en un solo matraz. El oro actúa como un fermento químico que contagia su fijeza al mercurio líquido, forzando su transmutación de manera controlada, un camino operativo que el autor advierte que «está muy poco abierto» debido a su extrema dificultad de ejecución.
[63] Mayenthau: El rocío de mayo (ros maialis). En las corrientes marginales de la alquimia de los siglos XVII y XVIII, se creía que el rocío recolectado durante las mañanas de la primavera (especialmente en mayo) estaba impregnado del «espíritu cósmico universal» (spiritus mundi) y de fuego astral, utilizándolo erróneamente como disolvente en lugar de los metales. Ohne Geschmack: Sin sabor u soso. Alusión química críptica al regulador o fundente mineral específico (asociado a la matriz original del mercurio, como el cinabrio purificado), que carece de las propiedades corrosivas o los sabores ácidos de las sales vulgares de vitriolo. Bossen: Tonterías, niñerías o fraudes. Término del alemán antiguo empleado para denotar desprecio hacia los manuales de recetas pseudocientíficas que apartaban al estudiante del trabajo metalúrgico serio.
El rechazo a la Alquimia Meteorológica y Cósmica: Esta página posee un valor histórico excepcional al documentar la línea fronteriza que la Ilustración temprana trazó para purificar la química. El autor, uniendo su voz a la de Filaleto, se burla abiertamente de los operadores que pretendían hacer la Piedra Filosofal utilizando lluvia, nieve o «rocío de mayo» (Mayenthau). Al calificar estos métodos de «tonterías» viles (Bossen), exige un retorno estricto a la realidad tangible de los laboratorios mineros, decretando que la obra solo puede gestarse dentro de la «naturaleza metálica del mercurio» (Quecksilbernen Metallheit).
El Dogma de la Homogeneidad de George Ripley: Al rescatar la máxima del célebre alquimista inglés del siglo XV, Sir George Ripley («La Naturaleza se multiplica dentro de su propio género…»), el autor apuntala su defensa del método inductivo. Argumenta por analogía biológica elemental: del mismo modo que un caballo solo puede engendrar un caballo y una semilla de trigo solo produce trigo, el oro de laboratorio solo puede multiplicarse si se siembra dentro de su propia matriz de origen, que es el mercurio líquido purificado.
La Consolidación del Mercurio Común como Base: El pareado central («Was die Weisen suchen nur, Ist zu finden im Mercur») funciona como el gran epitafio del Capítulo Cuarto. El autor clausura de forma monumental el debate demostrando que, frente a los laberintos alegóricos de las escuelas antiguas, la verdad de la ciencia es de una «simplicidad» radical. El mercurio comercial ordinario, una vez despojado mecánicamente de sus impurezas mediante sal, es el único y verdadero disolvente natural legítimo de los metales.
[64] El axioma de la pureza del Reino Metálico: Esta página actúa como el gran compendio ideológico del Capítulo Cuarto al formular la regla de oro de la metalurgia analítica del siglo XVIII: «en, con, de y por medio de los metales se realizan las cosas metálicas» (in, mit, aus und durch die Metall werden Metallische Sachen). El autor destruye cualquier puente con la alquimia orgánica, vegetal o meteorológica (criticada en el folio anterior). Sentencia que la matriz de un metal es un circuito cerrado que solo responde a su propio género mineral.
La epistemología de las Raíces de Geber: Al rescatar las máximas de la Summa Perfectionis, el texto establece una severa advertencia metodológica. Geber exigía que el operador dominara las «causas y raíces» del compuesto antes de encender el horno. El autor utiliza esto para blindar su cruzada contra el dogmatismo escolástico: el verdadero científico no sigue recetas ciegas; comprende la anatomía molecular interna de las sustancias que manipula.
La prueba de la Proyección como límite químico: El fragmento aporta un argumento físico impecable basado en el comportamiento de la etapa de proyección. Explica que el polvo transmutatorio, a pesar de su inmenso poder energético («mächtigen metallischen Fermenten»), es completamente inerte si se arroja sobre madera, piedra o agua. Al demostrar que el agente catalizador «solo actúa sobre los metales», la sana razón obliga a deducir que toda la gestación previa en el matraz debió ocurrir de forma homogénea dentro del propio género del mercurio común.
[65] La definición de la «Sal de la Naturaleza»: El texto ofrece una magnífica aclaración física sobre la iatroquímica práctica de 1729. El autor define el «Salz der Natur», un componente crucial de la matriz mineral. Advierte explícitamente que no se trata de sal de mesa común ni de un compuesto ácido sabroso («nicht daß es aus einer salzichten Materi herkomme»), sino de una sustancia cristalina pura que se «asemeja al salitre» en su brillo y geometría, reafirmando que el proceso se mantiene estrictamente dentro de la metalurgia nativa.
El Matrimonio del Sol y la Luna: La conclusión del Capítulo Cuarto insiste en la icónica alegoría alquímica de las Bodas Químicas. El Sol (el azufre/oro) y la Luna (el mercurio/plata) deben contraer un matrimonio indisoluble en el matraz. El autor sentencia que quien intente «teñir» o transmutar metales despreciando el papel del mercurio líquido como base conyugal, comete un error absurdo que Geber ya había condenado en el medievo.
La metáfora de la Disipación de las Nieblas: Al dar apertura al Capítulo Quinto, el texto adopta el clásico tono de la Ilustración temprana alemana: «una vez que las nieblas han sido disipadas por la acción de los rayos de la verdad» (Nachdem nunmehr die Nebel durch der Wahrheit Strahlen-Würckung zertrieben worden). El autor se presenta a sí mismo como el filósofo que ha limpiado el terreno científico tras refutar los errores de Paracelso y Filaleto, prometiendo que el nuevo capítulo ofrecerá la clasificación taxonómica definitiva del mercurio de los sabios.
[66] La taxonomía de los dos Mercurios Filosóficos: Esta página ofrece una magnífica lección sobre cómo la Ilustración temprana clasificó las contradicciones de los manuales antiguos. El autor no rechaza los textos dispares; los unifica de forma racional al demostrar que en la historia de la iatroquímica han existido dos escuelas operativas legítimas: la vía del mercurio corriente (seco, pesado y purificado mediante sales, defendido por la línea clásica de Geber y Filaleto) y la vía del mercurio humectante (ácido, líquido y disolvente, trabajado por la línea médica de Paracelso y Basilio Valentín).
La evolución del Conocimiento como Don Divino: El pasaje donde el autor reflexiona que «los dones de Dios no han sido revelados todos a la vez a los hombres» (GOTTes Gaben sind nicht alle auf einmal den Menschen offenbahret worden) define la mentalidad del siglo XVIII. Rompe con la idea renacentista de que todo el saber perfecto ya había sido entregado a los antiguos y que solo cabía copiarlo. El texto defiende el progreso científico acumulativo: cada época («jede Zeit») y cada investigador descubren nuevas facetas mecánicas de la materia.
La unificación de las Autoridades en la Summa: Al recurrir al capítulo 28 de la Summa Perfectionis de Geber para demostrar que «varios caminos conducían a una misma meta», el autor valida la física de su propio laboratorio. Sostiene que ambos tipos de mercurio, a pesar de sus diferencias físicas externas (mojar o no mojar), son científicamente válidos porque ambos han sido despojados de sus escorias heterogéneas y permanecen «adornados con su azufre metálico interno» puro, listos para actuar como catalizadores.
[67] Netzende / Lauffende Mercurius: Mercurio humectante (que moja) y mercurio corriente (seco). El autor profundiza en la física de los dos disolventes definidos en la página anterior: el humectante (ácido mercurial líquido) actúa como un disolvente general o universal («generaler»); el corriente (mercurio puro nativo) posee una afinidad o parentesco molecular mucho más estrecho («näher verwandt») con la estructura del oro. Rotation: La rotación. En la jerga de laboratorio del siglo XVIII, la rotación o circuito describía el proceso de multiplicación de la Piedra Filosofal. Consistía en volver a disolver la piedra ya terminada en mercurio nuevo y cocerla otra vez; cada «rotación» o ciclo repetido multiplicaba exponencialmente el peso, el volumen y el poder transmutatorio del elíxir. Auflößlich: Disoluble o descomponible. Principio analítico de la Ilustración temprana: cualquier compuesto o amalgama que la naturaleza haya unido mecánicamente en la mina mediante el calor, puede ser desarmado y devuelto a sus componentes puros por el químico en su crisol.
El control de la Termodinámica en el Laboratorio: El pasaje aporta un valioso detalle técnico sobre la iatroquímica práctica de 1729 al revelar que el mercurio humectante y el corriente «se cuecen con un fuego completamente distinto» (mit einem andern Feuer zu einer Tinctur gekocht). Esto demuestra que los operadores controlaban con precisión matemática el tiro y los registros de temperatura de sus hornos (athanor), aplicando calor húmedo y moderado (baño María o arena) para las vías líquidas, y fuegos intensos de carbón directo para las amalgamas secas.
El postulado de la replicabilidad geológica: El texto establece el axioma central que unificaba la minería y el laboratorio en el Sacro Imperio Romano Germánico: «el arte toma su esencia áurea sobre la tierra precisamente de aquello a partir de lo cual la Naturaleza produce el oro bajo la tierra» (Weil aber die Kunst eben daraus über der Erden ihr Goldwesen hernimmet…). La alquimia se concebía como una geología acelerada; el químico legítimo no inventaba leyes mágicas, sino que estudiaba las sustancias primigenias en las minas para reproducir las mismas reacciones de presión y calor en sus matraces.
La lógica inversa de la disolución de Bernardo de Treviso: Al recuperar la máxima de Bernardo de Treviso sobre Arnaldo de Vilanova («lo que ha sido ligado, eso mismo es también disoluble»), el autor dota a su discurso de una sólida base lógica. Utiliza este principio como la llave maestra del Capítulo Quinto: si el oro y la plata comerciales se formaron originalmente a partir de la condensación natural del mercurio en el subsuelo, la labor del operario consiste simplemente en revertir esa unión en su matraz para liberar la matriz pura y realizar la Gran Obra.
[68] La teoría de la Destilación Geológica de Roger Bacon: La extensa cita extraída de las obras atribuidas al monje franciscano del siglo XIII, Roger Bacon (como el Speculum Alchemiae), ofrece una magnífica muestra de la meteorología subterránea premoderna. Bacon explicaba la formación de los metales como una gigantesca destilación industrial natural: el calor interno de la tierra evapora el azufre y el mercurio; estos vapores ascienden por los poros de las rocas hasta chocar con las capas superiores frías de las montañas («Kälte der Lufft»), condensándose y cristalizando en forma de vetas metalíferas de plomo, cobre o plata, un modelo mecánico que fascinaba a los mineros sajones del siglo XVIII.
La maduración temporal del Mercurio según Bernardo: El pasaje de Bernardo de Treviso introduce una regla temporal crucial al afirmar que la Naturaleza «no puede llegar en tan poco tiempo a la consumación de un metal» (kan sie en so kurtzer Zeit zu keiner Verfertigung… gelangen). Explica que, en el subsuelo, el mercurio necesita milenios para que sus principios activos latentes (el aire y el fuego ocultos en su interior) despierten y logren fijar y espesar la materia líquida («rechtmäßiger Dickmachung») hasta convertirla en oro sólido, justificando así por qué el químico debe intervenir en el laboratorio para acelerar el proceso de forma artificial.
El tránsito hacia la resolución del Misterio: Al fundar su Capítulo Quinto sobre estas dos citas físicas monumentales, el autor prepara al lector para el desenlace. Demuestra que si la propia naturaleza genera todos los metales del mundo partiendo únicamente de los vapores condensados de un mercurio purificado en el frío de las montañas, la labor legítima del operador consiste en recrear ese mismo microclima y esa misma proporción elemental en sus vasijas de vidrio, desbancando de forma definitiva las complejas e inútiles amalgamas de hierro de Filaleto.
[69] La escasez del Oro explicada por la Geología: El texto ofrece una explicación estrictamente material y lógica sobre la escasez del oro en la corteza terrestre. El autor argumenta que, dado que la purificación geológica natural del mercurio subterráneo exige desbastar impurezas sumamente duras y adheridas, la propia naturaleza tarda milenios en limpiar una pequeña veta, razón por la cual «crece tan poco oro» (dahero wächst auch wenig Gold) en las minas en comparación con metales abundantes y sucios como el plomo.
La teoría de la penetración de los Espíritus Químicos: Al recuperar el capítulo 42 de la Summa Perfectionis, el autor fundamenta la mecánica de la transmutación. Explica que los metales sólidos ordinarios son estructuras compactas e impermeables que rechazan los aditivos externos; la única sustancia capaz de penetrar los poros de un metal fijo para alterar su color y su peso es un «espíritu» volátil y sutilizado. Esto justifica por qué el mercurio líquido es el catalizador perfecto de la obra maestra.
La Sutilización como método de limpieza ilustrado: El folio concluye introduciendo el concepto operativo de la «Subtilmachung». Para la iatroquímica de 1729, «sutilizar» no era un acto místico, sino una purificación mecánica estricta que consistía en la «Erhebung» (sublimación o destilación ascendente). Al evaporar el mercurio y forzarlo a cristalizar repetidamente, el operario aislaba el espíritu puro de sus ligaduras acuosas, impidiendo la combustión y la temida degradación hacia el residuo negro.
[70] La definición exacta de Sublimación: Al iniciar la página, el texto ofrece una definición conceptual perfecta de la sublimación inversa en la química premoderna: la evaporación de una sustancia por el calor y su cristalización directa en estado sólido («eines trockenen Dinges») al adherirse a las zonas frías de las paredes del recipiente («an den Gefässen anhänget»), lo que permitía aislar el compuesto puro de los residuos fijos del fondo.
La canonización del Pseudo-Geber en la Ilustración: El pasaje opera una firme apología de la Summa Perfectionis al decretar que «no hay nadie entre los antiguos ni los modernos que se le pueda comparar en franqueza». El autor prefiere el rigor metodológico y estructural de los textos de Geber por encima de los caóticos tratados de Paracelso o los engaños de Lulio, convirtiéndolo en el «Lehrmeister» u homólogo docente del estudiante del siglo XVIII.
La metáfora del Lavado del Niño Real: La instrucción de «preparar la tina de baño y lavar a esta criatura real hasta que brille como la luna llena» describe la operación práctica de amalgamación y lavado químico del mercurio. Para despojarlo de la «inmundicia» terrenal de las minas, el operario lavaba el metal líquido frotándolo repetidamente con agua destilada, vinagre o soluciones salinas puras hasta que recuperaba su deslumbrante espejo metálico plateado (el brillo de la Luna).
[71] Stinckenden Geist: «Espíritu apestoso». Concepto químico arcaico acuñado en la Summa de Geber para definir a los gases efluvios pesados, volátiles y asfixiantes (compuestos arsenicales y sulfurosos) que se desprenden al calentar los minerales de antimonio o cinabrio. Mercurii Stab mit Schlangen: El caduceo de Mercurio (el bastón rodeado por dos serpientes). En la iconografía hermética del siglo XVIII, las dos serpientes entrelazadas no solo representaban la dualidad del comercio, sino la interacción química indisoluble entre las dos fuerzas de la materia prima: el azufre fijo (principio masculino) y el mercurio volátil (principio femenino). Bleyfarbigen Brunnen: Pozo de color plomizo o grisáceo. Metáfora visual de laboratorio que describe el color opaco, denso y metálico que adquiere el mercurio líquido comercial bruto o el baño de metales fundidos en el crisol antes de ser purificados.
La descodificación química del Caduceo y el olor a Serpiente: Esta página es un documento extraordinario para comprender la transición de la alquimia hacia la química descriptiva. El autor desmitifica el símbolo del caduceo de Mercurio y el relato del «olor a serpientes» aportando una observación estrictamente empírica de laboratorio. Explica que, al destilar y lavar el mineral, los vapores concentrados en el matraz cerrado desprenden un olor penetrante y peculiar que los antiguos asociaban al almizcle o nido de las serpientes, demostrando que detrás de las fábulas mitológicas siempre existió un hecho físico constatable.
El principio de Autogénesis de la Materia: Al analizar la máxima «Nuestro Mercurio es un Mercurio del Mercurio y un Azufre del Azufre», el autor refuta definitivamente los complejos métodos de Filaleto. Sostiene que la sustancia transmutatoria no requiere aditivos de otros reinos ni aleaciones con hierro marcial; es una sustancia autógena, lo que significa que el disolvente perfecto se extrae purificando y concentrando la propia esencia intrínseca encerrada en el mercurio comercial ordinario.
El manifiesto del Empirismo frente a la Retórica: El fragmento donde el autor invoca de forma hiperbólica al general y orador griego Temístocles sintetiza el espíritu de la Ilustración temprana. Sentencia que la verdad científica no se rige por la elocuencia de los discursos universitarios ni por silogismos teóricos; exige la verificación sensorial directa («wer es nicht selbst mit Augen siehet»). Critica con dureza la ceguera de los intelectuales que buscan explicaciones abstractas y metafísicas «allá arriba, bajo la Luna», ignorando las leyes físicas y las reacciones materiales que tienen lugar directamente ante sus propios ojos en el laboratorio.
[72] El desafío empírico contra la Escolástica: El inicio de la página es un monumento al nacimiento del espíritu experimental frente a los prejuicios teóricos. El autor separa los «pensamientos vacíos» basados en la mera especulación escolástica de su propia capacidad operativa, lanzando un audaz desafío: «puedo poner esto en práctica tan a menudo como lo desees» (Ich aber kan dieses so offt zu Wercke richten…), un claro criterio de reproducibilidad técnica frente al tiro del horno.
La justificación teológica del Secreto y la Torre de Babel: El texto recurre a una poderosa exégesis bíblica para explicar la ocultación de la Piedra Filosofal. Sostiene que Dios depositó este arcano bajo el humilde tamarisco para evitar que los «poderosos» (Gewaltigen) y soberbios replicaran el pecado de la Torre de Babel, intentando asaltar los cielos mediante el poder del oro ilimitado. El autor defiende que el conocimiento es un don providencial otorgado por gracia divina únicamente a los «miserables y desventurados» (elenden Tropffen) de corazón puro.
[73] Particularisten: Los particularistas. En la taxonomía iatroquímica del siglo XVIII, designaba a los operadores de baja categoría que no buscaban la Piedra Filosofal Universal, sino que se limitaban a ejecutar procesos «particulares» o recetas metalúrgicas menores orientadas a blanquear el cobre o teñir la plata de amarillo para hacerla pasar por oro. Process-Kramer: Buhoneros, mercachifles o traficantes de recetas. Expresión despectiva muy viva de la lengua alemana barroca para denunciar a los charlatanes que recorrían las ciudades vendiendo manuales con instrucciones falsas a los artesanos incautos. Figirende Flüsse: Flujos fijadores (fluxes). Compuestos salinos fundentes (como el bórax o el nitrato de potasio) que los operadores añadían al crisol para disminuir el punto de fusión de los metales y fijar los componentes volátiles.
La defensa del rigor de la bitácora personal: El autor defiende su legitimidad científica desmarcándose de los teóricos de diván mediante una frase de gran orgullo técnico: «mi vida… no la he pasado detrás del hogar de mi madre ni sobre blandos cojines» (welches ich fürwar nicht hinter meiner Mutter Herde, und auf weichen Polster zugebracht). Reivindica sus décadas de sudor frente al tiro del horno para certificar que, tras ver a cientos de timadores de recetas («Particularisten»), ninguno logró producir un oro que sirviera siquiera para «alimentar a un perro o a un gato».
La refutación química de las Tinturas Superficiales: El pasaje ofrece una magnífica aclaración de metalurgia analítica. Los estafadores pretendían que al disolver cobre o antimonio bruto (Spießglas) y arrojar ese azufre coloreado sobre la plata fundida, esta se «teñiría» transformándose en oro de forma permanente. El autor desmiente este fraude explicando que se trata de una mezcla heterogénea y «torpe»: al someter el compuesto al «fuego de fundición» (im Feuer im Flusse), los enlaces débiles se rompen, el azufre se quema y la plata recupera su color original, demostrando que no hubo transmutación real.
La homogeneidad inalterable del Mercurio: El folio concluye reforzando el dogma central de toda la obra: la estructura del mercurio metálico es un sistema perfectamente equilibrado por la naturaleza a través de su propio azufre interno y su grado de cocción. El autor advierte a los estudiantes que desconfíen de cualquier buhonero que prometa alterar este equilibrio e introducir principios extraños mediante mezclas mecánicas groseras en el crisol.
[74] El principio de Homogeneidad Mercurial: Esta página formula una ley química de exclusión de gran interés para la historia de la ciencia. El autor determina que para que un compuesto sulfúrico vegetal o mineral pueda enlazarse con el mercurio líquido, debe ser «al mismo tiempo de naturaleza mercurial» (daß diese Schweffelische Materien auch zugleich mercurialisch seyen). Establece el principio de que los opuestos absolutos no se mezclan en la naturaleza, acotando el trabajo de laboratorio estrictamente al reino de las aleaciones metálicas homogéneas.
El Arte como Perfeccionador y no como Creador: El texto introduce un postulado epistemológico fundamental de la Ilustración temprana alemana al definir los límites de la tecnología humana frente a la naturaleza: el arte químico solo tiene permitido «elevar las cosas ya creadas a un estado superior» (erschaffene Dinge in einen höhern Stand zu bringen), es decir, purificar, madurar y refinar los metales existentes, pero carece de la facultad divina de crear la materia prima o recomponer los elementos desde cero, combatiendo la charlatanería de la magia creadora.
La deconstrucción del mito del «Particular» menor: El pasaje final asesta un golpe definitivo a la psicología del operario codicioso e ignorante («mein lieber einfältiger Laborant»). Los sopladores de carbón solían consolarse pensando que, al ser la Piedra Filosofal Universal demasiado difícil, podían conformarse con encontrar un «Particular» (una receta menor y simplista para hacer unos pocos granos de oro y salir de la pobreza). El autor desmitifica este facilismo mediante una verdad científica rotunda: la física molecular que gobierna la transmutación de un solo grano de oro («ein einziges Goldkörnlein») es exactamente la misma que rige para un quintal entero («ein gantzer Centner»). Exige el mismo rigor, el mismo gasto de carbón y el mismo proceso de laboratorio, concluyendo con la máxima de que no existen atajos en las leyes de la naturaleza («Quien conoce la pieza, conoce el Todo»).
[75] La definición racional del «Particular» Legítimo: Esta página ofrece una magnífica aclaración teórica que unifica la metalurgia y la química analítica del siglo XVIII. El autor despoja al término «Particular» de sus connotaciones fraudulentas y lo redefine científicamente: un Particular legítimo no es una receta mágica para blanquear cobre, sino una tintura imperfecta («eine unvollkommene Tinctur»), es decir, un catalizador transmutatorio real que aún no ha completado las fases avanzadas de la «Rotation» (multiplicación por cocciones repetidas) [248] y que por ello posee un poder energético limitado, capaz de actuar únicamente sobre los metales más limpios y puros.
La deconstrucción económica del Fraude Alquímico: El pasaje final formula un argumento de demolición lógica y económica que resume el espíritu crítico de la Ilustración temprana frente a la proliferación de estafadores en el Sacro Imperio Romano Germánico. El autor destruye la credibilidad de los «buhoneros de procesos» [254] lanzando una pregunta demoledora: si estos operadores poseyeran recetas tan rápidas y efectivas para fabricar quintales de oro y plata en pocas semanas, vivirían en la opulencia y guardarían el secreto para proteger su vida; el hecho de que acudan a las cortes europeas a mendigar financiamiento («Mittel von Fürsten und Herren») a los nobles y príncipes demuestra de forma incontestable que son criminales que buscan financiamiento para camuflar su propia bancarrota.
El llamado al Empirismo Crítico: Al exigir a los estudiantes que «escarmienten en cabeza ajena» («mit anderer Leute Gefahr und Schaden lernen») y que huyan de estos manuales de recetas baratas como de una serpiente, el texto promueve una metodología científica basada en la prudencia, el escepticismo y la observación objetiva de la economía y la física material, clausurando los desvíos técnicos de esta sección.
[76] El Canon Aristotélico en la Alquimia Barroca: Resulta históricamente extraordinario comprobar cómo en pleno 1729, los tratados químicos seguían sosteniendo su legitimidad científica recurriendo al libro IV de los Meteorológicos de Aristóteles (a través de la célebre glosa medieval de Arnaldo de Vilanova: «Sciant artifices alchemiae…»). El autor blinda su método inductivo recordando que es físicamente imposible transmutar una barra de plomo o plata mediante tinturas superficiales de buhoneros; la física elemental exige desarmar el metal por completo disolviéndolo en mercurio purificado hasta devolverlo a su matriz celular de azufre y mercurio homogéneos («en su conjunto»).
La Tumba de la Verdad Abierta: El epílogo se enlaza de forma perfecta con la alegoría de la Tumba de la Verdad presentada en la página 199. El autor concluye su labor pedagógica con orgullo ilustrado: afirma haber roto los «muros de mármol» y los candados del oscurantismo mediante sus demostraciones cuantitativas contra Filaleto y Paracelso. La puerta de la ciencia legítima ya está abierta («die Thür ist dir aufgemachet»); el éxito del estudiante depende ahora únicamente de su constancia manual y de la bendición providencial de Dios (Donum Dei).
La Metáfora Nupcial Rosacruz: El cierre utiliza el icónico lenguaje nupcial y erótico de la teosofía cristiana y los Rosacruces del siglo XVIII. La verdad de la materia es descrita como la «amada» (Deine Liebste), que yace sepultada bajo los «sucios sudarios» del laboratorio. Si el operador es humilde e instruido y sabe llamarla por su «verdadero nombre» científico (el mercurio común unificado), la naturaleza cederá a sus leyes físicas y lo «abrazará» entregándole el secreto de la transmutación.
[77] Geduppelte: El mercurio doble (mercurius duplicatus). Concepto metalúrgico avanzado que Bernardo de Treviso introdujo en el siglo XV. Hacía referencia a la amalgama perfecta donde el mercurio había disuelto y asimilado una cantidad proporcional de su propio azufre o de un metal noble fijo, doblando su densidad energética antes de la cocción final. Auf widrige Manier: De forma opuesta, contraria o a la inversa. Término técnico de laboratorio que describe la inversión de los pasos operativos: mientras que la primera vía purificaba el mercurio destilándolo con agentes externos heterogéneos (sales), la segunda vía operaba de forma endógena trabajando sobre las afinidades directas de los metales estables. Kunstbeflissener: Dedicado, apasionado o estudiante diligente del Arte. Rúbrica epistolar típica del barroco tardío y de las hermandades de filósofos naturales (como los Rosacruces). El autor renuncia a firmar con su nombre de pila y adopta este apelativo para denotar humildad, presentándose ante el lector no como un dios omnipotente, sino como un obrero fiel que sirve a las leyes de la naturaleza.
La disolución del Dogma del Mercurio Doble: En sus últimas líneas de instrucción técnica, el autor realiza un magnífico ejercicio de síntesis científica de la Ilustración temprana. Resuelve la gran controversia metalúrgica que dividía a los laboratorios de la época al decretar que el mercurio simple y el doble de Bernardo de Treviso son, en esencia molecular, «una misma cosa» («es ist zwischen ihnen kein Unterscheid»). Explica al estudiante que ambos disolventes operan bajo las mismas leyes físicas porque «brotan de una misma raíz» (aus einer Wurzel und Materie entspringen); la única diferencia es el orden técnico en que el operador decide aplicar los fuegos y las sales en el matraz.
La recomendación de la Epístola a Tomás de Bolonia: Al encomendar formalmente la lectura del tratado que comienza con la palabra Obsequiis (la Epistola ad Thomam de Bononia escrita por Bernardo en 1453), el autor fija el mapa de lecturas obligatorias para la posteridad. Consideraba este texto medieval como el tratado más honesto y geométrico de la historia de la iatroquímica, indispensable para comprender las leyes de atracción y las disoluciones radicales de los metales nobles sin caer en los fraudes de los buhoneros particulares.
La firma corporativa Hermética: La monumental rúbrica final «Kunstbeflissener» clausura el tratado dotándolo de una alta dignidad ética. Refleja el código de conducta de las primeras academias científicas de la Europa premoderna, donde el anonimato protegía al investigador de la persecución política de los príncipes ávidos de oro y de los ataques de los teólogos de las universidades, sellando esta bitácora de laboratorio como un regalo caritativo y desinteresado para los «amantes de la verdad».
Johann Joachim Becher: Pantaleon delarvatus
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